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Cumple

/ 23 de septiembre de 2020 / 07:15

El Papirri cuenta cómo fue el V 18 S, el día de su paso al dígito 6

Este V 18 S fue mi cumple 60 A. He recibido pocos regalos pero todos muy significativos. El Papirri regaló unas salteñas delis y prohibidas a las 11.00, luego mi compañera me entregó, feliz en su sonrisa de niña, un regalo muy especial: un retrato mío al óleo del artista José Carlos Auza (37, Sucre), dos veces Premio de Artes Plásticas Pedro Domingo Murillo. Mientras saboreamos las salteñas, pongo el cuadro en el sofá, nos sentamos al frente y quedamos en silencio absoluto. Entonces dice el Manuel: “El óleo de Auza es conmovedor, desnuda mi vida bien vivida y bebida, llama la atención una lágrima gris corrida debajo de la mejilla izquierda, esa lágrima perenne es por la muerte de mi madre cuando aún era un niño”. Mientras ella sorbe todo, continúo: “Auza es de una expresividad implacable, insobornable, recuerda que ingresé a la tercera y última edad, aquel jodón recuperándose del último ch’aquies parte de mi anterior vida, la cuarta: ahora ingreso a mi quinta y última vida”. Carolina opina, levantando algo: “El óleo me gusta, es arte total, cambia de colores y de estado de ánimo según la hora, es una pintura enérgica, no es un retrato/foto que alegra la vanidad, es una interpretación del alma”. Entonces aparece el Papirri a recoger su segunda salteña, ve la pintura de reojo y dice: “Parece mi retrato después de dos días de muerto, un muerto caliente aún, un muerto con vida”. Carolina sonríe, “es el estilo Auza”, dice con la zeta en su labio inferior, “además me encanta cómo logra que me mires…” El cantautor le guiña un ojo y se aleja a ver fútbol en la tele. “Golpe a la vanagloria, mapa de las heridas de la vida, tiene un aire de dignidad que valoro cada minuto”, dice el Manuel lamiendo un locoto. En aquel tiempo aparece Cock, el niño de mis adentros, va detrás de una salteña humeante, es el guitarrista exigente, presumido. —¿Qué miran?, pregunta. —El cuadro, coreamos con una sodita… —¿Quién es ese?, interpela masticando su salteña. —Eres tú, o sea yo, le digo saboreando una aceituna. —¿¿Yo??… no creo, ese pareces tú después de un cachascán, agarra la salteña y se va corriendo. 

Carolina recoge todo, me quedo inquieto contemplando la obra, hay una herida debajo del ojo izquierdo que recuerdo, fue un puntazo de paramilitar; la sombra debajo de la nariz denuncia al llockallita moco tendido pata pila puntero derecho; los pelos lanudos protegen como árbol añejo a la pobre calavera a punto de estallar; la mano izquierda gigantesca parece la de mi abuelo Andrés, esa me alegró la vida con sus acordes enredados, la izquierda tenía que ser… Llega el Papirri a servirse soda, mira el cuadro. —Uy cara, ¿qué regalito, no?, parece que ya no te quiere mucho la que sabemos, acota atorándose con algo. Justo tocan el timbre, cosa rara en esta época, es mi compadre Silverio con mi calefón en su espalda. Se descarga. —Compadre yashta, dice, y se queda paralizado ante el cuadro. —Comadreeee… ¿este es el cuadro que decías?… —Sí compaaaadre, se escucha desde la cocina. —Ayshta, compadrito, ya tienes tapa para tu próximo disco que está tan triste como este cuadro, vas a disculpar pero ese tu disco nuevo sin la metafísica popular no compraría nica, además ni siquiera estás poniendo las últimas canciones para nuestro Tigre, o sea que cabal casero.

—Compadre, es pues un cuadro artístico, hay que verlo desde varios perfiles, es una interpretación personal plástica… — Ya, ya compadre, está bien, te lo pondré más bien tu calefón, apenas lo he arreglado, yo creo que en unos añitos más es chau.

—Sí pues, como yo, compadre… mejor nos serviremos un vasito de cerveza y brindaremos por estos mis 60, afirmo creando la espuma en su vaso. —Feliz tienes que estar, grita desde el baño, vas a cobrar Renta Dignidad, además el pasaje en avión es más barato, te digo por experiencia, yo hace cinco años que cobro. —Ojalá que mantengan los bonos, porque si siguen los neoliberales con su nación camba administrando nuestro Estado, grave va a ser, le respondo en sordera…

Entonces Carolina llama: “A la mesaaaa…”, todos salen de sus guaridas. —Nos vas a acompañar por favor compadrito, mi sobrino español me ha regalado esta deliciosa paella… —Uytutuy… eso sí, lo mejor, pa’kes decir, se alegra el Silverio frotándose las manos. Me pongo serio, recuerdo mi época diplomática y digo cuasi solemne: “Ahora que celebramos nuestro inicio al dígito 6, deseo abrazar a Uds., mi familia más querida, ahora que se escuchan otra vez soles democráticos, ahora que el movimiento popular levanta la cabeza, ahora que en la tele salen por fin hermanos indígenas denunciando tanto abuso, ahora que se vislumbra un futuro donde los masacradores serán juzgados, ahora les digo que los amo… ¡salud!”, le digo al cuadro. 

Así, va fluyendo mi cumple cuarenta y veinte, brindis tras brindis, bocado a bocado, ya al anochecer, Carolina se entra a dormir con el nene en brazos, el Papirri se k’onaneacon el compadre, le explica con dibujitos y alineación por qué el Tigre no está en la Copa, y yo que me descubro brindando con el cuadro de Auza que me mira con su mirada más piadosa, como diciendo tranquilo kilo, no pasa nada empanada, mientras le respondo suavito: “No te olvides de hacerme recuerdo”.

(*) El Papirri: personaje de la Pérez también, es Manuel Monroy Chazarreta

Mi bombo

/ 7 de octubre de 2020 / 08:44

Siempre quise tener un bombo legüero, aquel hecho de corteza de árbol, con cuero repujado de oveja, arito de palo blanco cantor, tientos de cuero crudo torcido y dos palitos para chacarerear. Se le dice bombo legüero porque es tan poderoso que suena a leguas. En mi infancia le saqué jugo al bombo de mi abuelo, pero nunca pude tener uno. Aquella tarde andaba vuelteandopor Cosquín, caminando la peatonal, había pasado una siesta agobiante, el atardecer se venía manso con un heladito de dulce de leche, cuando de pronto la peatonal se estremece con gente en remolinos en torno a un pajpaku que tocaba su bombo y gritaba: ¡¡remate, remate¡¡ Me acerco con mi heladito a dar una chequeada, un joven cara de buena gente, peladito, con barba rala, animoso, con acento salteño grita: ¡se remata el último bombo, único saldo de nuestros bombos “Ninguno es igual”, anímese caballero, ya comienza la puja, sobre la base 1.000 pesos  argentinos. Muevo las cejas, el cálculo es fácil, 100 bolivianos de base: “le voy a entrar”, le digo a mi compañera que sonríe. Un señor cara de jubilado porteño y una señora cuarentona pinta de profesora empiezan la puja. El jubilado grita 2.000, la profesora 2.200, la gente late, el peladito anima, da redobles, baila castañeando, me animo y digo: 2.400… Silencio, todos me miran petrificados…Vamos con 2.400 a la una, a las dos… 2.500, grita el jubilado mirándome con rabia… “Ehhh, ya no me da”, dice la profesora rascándose la cabeza. “Es para tu clase, yo te presto 100”, le dice su amiga: ¡¡2.500!!, grita la profesora, el salteño se pone feliz.

Cuento los billetes que tengo, dan 2.000. Mi compañera me dice al oído “tengo 50 dólares para prestarte”, ahhh, súper… ¡¡3.000!!, grito emputante, tácito, seguro. El jubilado trastabillea dos pasos, consulta a su esposa, “por favor un minuto”, pide nervioso, llama por celular; el salteño da más redobles de chacarera sobre el bombito color crema que busca un hogar. —¿Me lo prestas?, le solicito. —¡Claro!, responde con cara de bueno. Lo alzo, es liviano, “no es tan grave trasladarlo”, le digo a mi compañera que empieza a preocuparse. La profesora sigue su camino riéndose con la amiga, la gente espera la decisión, el jubilado cuelga el celular y dice suavito: 3.100, es lo último… Entonces como estocada final grito desde el fondo de mi alma: ¡¡3.200!!… “3.200 a la unaaaaa”, dice el pelado… “3.200 a las dosssss… 3200 a las tresssss… ¡¡se lo lleva el señor de los rulos!!, bravo, bravo”, grita el peladito tocando el bombo como llamando a una asamblea… La gente se va desconcentrando en su rumor, me acerco al salteño.

—Te estas llevando un lindo bombo, cuesta el doble, dice. Debo llevarlo hasta Bolivia. ¿Tienes un estuche? —Claro, te lo doy en 300 pesos, o sea el total da 3.500, dice en salteño. El estuche estaba bien hecho, era negro con dos orejas para poner al bombito de mochila, cuando me lo pongo en la espalda me entra el pánico, genera una joroba incómoda, no se lleva bien con la columna vertebral. Pero ya está, me digo nervioso. De reojo veo al jubilado que se va puteando, peleando con su mujer. — Bueno hermano salteño, acá tienes, son 50 dólares, cabalito…—Uyyy pero… ¿y dónde cambio esto? Acá en Cosquín nadie cambia dólares, qué hacemo?… —Mira, yo toco mañana en el escenario mayor invitado por el Dúo Coplanacu, toco dos temitas, le digo… —¿En el escenario mayor? ¿En el Atahualpa Yupanqui? No puede ser, yo soy primo de uno de los Copla… Le muestro desde mi celular el afiche donde aparecía mi fotito como invitado. —¿Y de aquí a dónde te vas?, pregunta  invitándome un mate. A Buenos Aires, tengo que tocar en el Café Vinilo… —¿En Palermo? Yo puedo llevarte el bombo hasta allí, dame lo que tengas … —Te agradezco hermano, nos veamos en 10 días, cerca del Vinilo. — Dale, en la parada del Subte más cercano… Me da su celular, nos watsapeamos, le doy un abrazo y todos mis fondos de 2.000 argentinos, mi mujer dice “eres un loquillo”.

Así fue. Diez días después nos encontramos con Víctor (así se llamaba el amigo), en la parada del subte Plaza Italia, allí estaba con su pajlita y con mi bombo bien cubierto en su estuche negro. Nos abrazamos, tomamos un mate mientras los autos pasaban como ráfaga por avenida Santa Fe. Le di el saldo, nos despedimos con afecto, comienza la caminata con la joroba embarazada hasta el dpto de un pariente. Pues sí. Este bombito ha sido fundamental en la grabación de mi nuevo disco El Papirri 60 Aque sale en físico este 15 de diciembre 2020. Su corazón le ha dado un latido profundo a varias canciones. El disco solo podrá salir si ustedes me apoyan con la adquisición del Combo Papirri, con Bs 70 compras la entrada a un concierto exclusivo para 100 personas vía YouTube, por transmisión oculta que será el 10 de octubre a las 20.00, el monto incluye el nuevo disco que se te hará entrega en diciembre. Contactos al watsap 707 64618. A pujar se dijo.

(*) El Papirri: personaje de la Pérez, también es Manuel Monroy Chazarreta

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Disco 60 Aniversario

El disco avanza como gusanito ciempiés, a pasito tun tun, hoy grabar un disco con 11 canciones es una tontería para muchos

Manuel Monroy Chazarreta, El Papirri

Por El Papirri

/ 9 de septiembre de 2020 / 07:35

Había anunciado al mundo mundial la salida de mi nuevo disco online hace un par de meses. El disco avanza como gusanito ciempiés, a pasito tun tun, hoy grabar un disco con 11 canciones es una tontería para muchos. Los colegas músicos, sobre todo los más jóvenes, ya no graban discos, graban cuatro temas y hacen videoclips tremenduferos, los ponen en todas las plataformas digitales y redes regalando su laburo al ciberespacio. Triple crisis: de formato, de concepto y de…dinero.

Yo vengo de la antigua generación, mis primeros dos discos salieron en formato vinilo, eran LP, el disco contenía un Lado A con cinco temas, supuestamente los más fuertes, dabas la vuelta el redondo negro con surcos y veías el Lado B; ambos lados eran picados por las agujitas hermosas del pick up, tenían un ruidito analógico entrañable: ya no tengo esos medios para poder escuchar unos 100 LP que duermen en una repisa.

En febrero, por Baires, pude comprobar que la nueva edición en vinilo de Artaud, el bello disco del Pescado Rabioso de Spinetta de 1973, había vendido 5.000 copias en tres meses a un precio aproximado de 40 dólares el vinilo. Increíble… y con la crisis que tienen… eso es valoración total, apreciación al antiguo formato y apoyo al flaco que se nos fue y que ahora tendría 70 abriles. La tapa es hermosa, rarísima, no es cuadrada, es todo un diseño pop de la época.

Mis dos LP tienen dueño, son de una empresa discográfica de la década de 1980, la empresa nos daba unos mangos y firmábamos contratos leoninos con letra ilegible; recuerdo que se sacaba primero un disco simple pequeñito con una canción por lado para regalar a las radios. Varios discos importantes de la audio/memoria boliviana han quedado en el limbo, pues aquella empresa aun controla y no deja que el autor o los herederos puedan sacar una edición que reviva sus músicas.

Luego llegó el casete, con su cinta entrañable, sus lapiceros haciendo correr cinta, tengo unos 1.000 casetes en cajones. Mi tercer disco Bien le cascaremos (1994), también de propiedad de aquella empresa, es uno de los primeros discos bolivianos que salió en CD, nuevo formato de la década del ‘90. Ese disco salió en casete y en CD. En aquella época empezó a moverse la piratería y a irse al carajo la industria. Recuerdo las campañas de lucha contra la piratería, un vejestorio total.

Mis próximos siete discos salieron en CD y en formato DVD con imágenes de conciertos en vivo. Al ser estos de propiedad mía, era todo un drama financiarlos, pero lo lográbamos con la venta del CD o DVD en los conciertos: el público iba al concierto y compraba su disco. El último DVD, El retorno del Papirri de 2018, todavía recibió el apoyo del público y se pudo autogestionar. Ahora ya no hay conciertos por el virus cabrón. Y para colmo Bill Gates, de la fraternidad Illuminatis, anuncia que se viene un virus peor para el próximo año. ¿Entonces, para que grabar un disco? No sé, che, solo sé que me está dando vida, conmueve el apoyo de todos los músicos amigos que empujan con gran amor la nave al precipicio.

La primera canción que terminamos, Kaluyo del retorno, sale en mis cumpleaños, el 18 de septiembre; el nuevo disco se llama 60 Aniversario.

Hice lo posible por no vivir tanto, pero los espíritus superiores aún me tienen aquí y ahora. Al kaluyo lo compuse en el avión de retorno a Bolivia luego de ocho años de ausencia, fui cantando la melodía despacito a 10.000 metros de altura en el vuelo Quito-Bogotá, mientras mi esposa escuchaba y lagrimeaba a mi lado. ¿De dónde saldría esa melodía con su letra más?… no tenía guitarra para armonizar, el asunto es que en la escala de Bogotá lo grabé en el celular y se quedó ahí. El año pasado me acorde de él cuando fui de visita al taller de mi amigo el artista plástico y compositor sucrense José Carlos Auza, joven talento boliviano y gran kaluyero.

Luego de pasar una tarde de arte volví desesperado a buscar aquel celular, no me acordaba de la melodía. Lo encontré entre las ropas, ocultito, lo prendí, pude revisar los audios, ahí estaba el Kaluyo del retorno aguardando sus alas.

En abril de este año lo llamé a Auza y le mandé la pieza pidiéndole que le haga arreglitos, que le ponga vestidito, mucha serpentina, chichita, guitarra punteada, charanguitos y la nueva incorporación kaluyera, el guitarrón mexicano. Auza me devolvió en mayo la pieza con un sentido planteamiento sonoro que me hizo pecar vía coktelitos de colores. Además de gran pintor y músico, Auza tiene el talento de manejar las nuevas tecnologías, en agosto le pedí por favor haga un video más del kaluyito: ayer lo vi, está entrañable. Es un homenaje a nuestros valerosos migrantes que sueñan con volver a Bolivia, muchos de ellos no cumplen la quimera y sucumben esparcidos por el mundo. El plan, si lo hay, es que el CD 60 Aniversarios alga en físico el 10 de diciembre, aunque no sé bien con qué medios, esta vez no hay conciertos, ni público, ni formato, ni fábrica de discos, ni discos, ni imprentas. Si tienen alguna idea me avisan nomás. Sin motivo es.

(*) El Papirri: personaje de la Pérez, también es Manuel Monroy Chazarreta

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Este virus cabrón

El Papirri: personaje de la Pérez, también es Manuel Monroy Chazarreta

Por El Papirri

/ 24 de agosto de 2020 / 06:59

Mucho la estoy extrañando a mi comadre, la llamo luego de un par de meses a su watsap. A continuación, la transcripción del diálogo. —Comadrita querida, cómo estás, cómo está mi ahijado el Rafito, ¿y tu nietito?

—Ayy compadre, así te pierdes pues, no te recuerdas, pero cuando te lo cocinaba, todos los días me llamabas, ¿no? El Rafo me ha hecho ver un video del virus, dice una doctora gringa, una Maikovich creo es, que lo han creado shempre, en un laboratorio de los militares gringos, así decía esa doctora, lo han manipulado, no había sido eso del caldo de murciélago en el mercado.

—Así dicen, comadre, he visto un video parecido, parece que era un regalito para los chinos, por estar fuertes en plata y en armas, querían exterminarlos, genocidio mismo para reducirla población… en vez de guerra, virus dice.

—Mirá a ver éstos, qué se creen pues para querer reducirnos… a los pobres nos quieren matar, a los que nos vendemos en las calles para sobrevivir, o como el Rafito con su taxi, andando nomás para, nos trae la comida pues, a mí ya no me dejan vender.

—Pero les ha rebotado, comadre, jodido, eso no han calculado, los chinos han arquereado bien la agresión y como escudo han hecho rebotar.

—Y como mueren los pobres, mejor para ese gringo malo, compadre, ese con su cresta amarilla, ese es el más malo, el Rafo dice que 50 porciento de sus muertos son como nosotros, gente trabajadora, humilde, ladino les dice… después 25 por ciento de negros y 25porcientodeviejitos,entoncesellos,losplatudos, chanquilos, ni barbijo quiere ponerse ese Trampa.

—Lo mismo el del Brasil, ni se preocupa de que mueran los hermanos de las favelas, una gripeziña, un resfriíto es dice, y ya han muerto más de 100mil.

—Ese bolsonudo… pero hasta él se ha contagiado compadre, solo que éstos se curan rápido, después de su cuarentena aparecen con cirugía estética más, pero nosotros morimos en las calles, como animales; si no es por bala es por virus, compadre.

—Sí pues comadrita, pero ahora yo estoy chanquilo de que estés bien, ¿y el nietito cómo está?

—Liiiindo compadre, gooordo es… con él nomás estoy en la casita, me ayuda a cocinar, a lavar, un año ya tiene, si vieras lo que escucha tus canciones, el Rafo se lo pone, bien se baila con Alasita, compadre. Pero no me cambies de tema, ¿ahura vamos a seguir muriendo los pobres así?

—Sí, comadrita, por eso no hay de otra, no hay que salir…

—Estos que han manipulado el virus deben ser unos amargados, malvados, k’enchas, qué cosa pues quieren, no quieren que salgamos, que nos abracemos, que nos charlemos, no quieren que vaya a verlo jugar al Rafo, no quieren que tomemos sol, distanciamiento, eso nomás saben hablar, no quieren que nos concentremos en la zona, que me baile morenada para la Virgencita; diablos, satanases deben ser para matar así a la gente, ¿no compadre?

—Sí comadre, dice que son un grupo de matones masones multimillonarios, en el video dice, se han reunido hace años en Londres, la capital del capital, para crear este virus cabrón, unos 40 nomás son, toditos anglo cabrones, a los japoneses los han raleado porque no han hecho bien su  trabajo que era detener el crecimiento de los chinos, ahí se han reunido y han decidido dice, hay que matar gente, reducir falsos consumidores, reducir ilegales y migrantes, y a los viejitos más porque son un costo alto, su fraternidad dice se llama los Auténticos Iluminatis, hasta un Tiwanaku falso se han construido en Georgia, falso como ellos comadre, ahí en esas piedras gigantes han puesto, hay que reducir la población a 500 millones de personas. ¿Será? Cómo será…

—Mirá a ver, estos desgraciados¡ por eso están militarizando todo compadre, control, miedo y muerte son… yo jamás pensé que iban a llegar a tanto estos k’enchas , tienen sus aliados locales que suspenden el año escolar, hacen negociados con respiradores, más bien mi Julián todavía tiene un añito, pero las demás wawas… eso sí, los únicos que ganan son los que tienen ítem, sus empleados fijos, los controlados, nosotros los informales, los migrantes vamos a morir… compadre (se escuchan sollozos)

—Ya comadrita, no llores, calmate pues, tus defensas tienes que cuidar, más bien tienes que cocinar rico, con haaarta cebolla para los chicos, cómprate jengibre, manzanilla, no hay de otra comadrita.

—Sí compadre, yo por ejemplo estoy haciendo pancito, eso me vendo a los vecinos, mi horno a leña está funcionando bien, porque ya no hay gas, las garrafas no están llegando a la villa compadre, una desgracia.

—Bueno comadrita, ya no tengo megas ni pegas, te vas a cuidar por favor, me lo saludas al Rafito, dile que se acuerde pues, y eso sí, por favor, el Julián tiene que ser del Tigre, ese encargo te estoy dando.

—Ya compadre, me lo saludas a la comadre, ¿cuándo te volveré a ver, no?, te lo voy a rezar, si puedes al Julián se lo cantas pues, por audio me mandas, su ajayu me preocupa, asustado está, ya no vemos ni la tele. Un abrazo compadre.

—Chau comadrita, harto te extraño (se escuchan sollozos).

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Con Luis Salinas

Un entrañable encuentro en Buenos Aires con el célebre guitarrista argentino.

Manuel Monroy Chazarreta "El Papirri" junto a Luis Salinas.

/ 12 de abril de 2020 / 07:30

Vuelvo a escribir como una pulsación vital, sintiendo en las tripas la emoción del reencuentro. Alguien shempre leerá p’s estas huevadit’s, me digo como cholita, soplando el cerquillo. El asunto es que llegamos a Mar del Plata, el Espacio Cultural Bronzini me había invitado a dar una charla- concierto sobre Bolivia, eran todos cumpas progresistas de diversas tendencias, peronistas, humanistas, socialistas, anarquistas; gente linda, soñadora, la que me esperaba en una salita modesta. Decidí combinar la charla con canciones. Por ejemplo, en el primer bloque de las culturas originarias hablé del Ekeko y claro, canté la canción Alasita. Un éxito la charla. Al final, en representación del centro cultural, el arquitecto Bartolucci, viejo soñador de la Patria Grande, me dio un diploma y dos entradas para ver a Adriana Varela la noche siguiente en el Teatriz. Yo, feliz.

El Teatriz tenía en vez de butacas mesitas comilonas con candelabros en platea. Nuestras entradas eran para alta nomas, con butacas y sin comilona. Por fin entró Adriana Varela con un notable pianista. Felina total, personalidad descollante, con voz de trueno, nos brindó un conciertazo inolvidable cantando tangos veteranos remozados, concluyendo con La Gata Varela que le dedicara el gran Cacho Castaña.

Salimos emocionados, la noche estaba fresca, lloviznaba, pero la conmoción iba detrás de una cervecita. Justo nos topamos con Bartolucci, un pajlita barbudo imposible de olvidar, nos abrazamos. “Dejame invitarte una birra”, dice en porteño haciendo un cigarro de tabacos olorosos. Me acordé que los cumpas del Bronzini le decían Bartolo, escogió un local cercano de nombre Dickens con sillas callejeras, la llovizna daba para sentarse debajo del toldo, adentro del boliche una banda de blues tocaba en vivo con todo. “Aquí vengo siempre, me encanta el jazz”, dijo Bartolo. Se acercó el dueño con pinta de Dickens, le dio un beso afectuoso, Bartolo me presentó como un músico boliviano comprometido.

Mi compañera entró al trote al baño, mientras Bartolo trataba de explicarme algo que no se podía: el 40 por ciento de los argentinos había votado por Macri. “No se puede creer, este tipo nos mató de hambre, nos endeudó por 100 años con los gringos y los imbéciles lo votan, acá en Marpla ganaron estos gorilas”, decía con voz grave absorbiendo un tabaco balsámico. “Ni modo cuasimodo, amigo Bartolo”, le dije planteando un salud de cristales y recordando la voz de la Varela susurrando en su ronquera vital: “que le habrán hecho mis manos, que le  habrán hecho, para dejarme en el pecho, tanto dolooor….” Entonces vuelve mi esposa consternada. “No vas a creer, ¿sabes quién está ahí adentro? ¿quién crees?”, increpan sus ojitos ansiosos de niña. “¿Quién?”, preguntamos a coro. “¡Luis Salinas está ahí!”, dice tomando con agitación un buen sorbo de birra. “No puede ser —le digo—, te confundiste”. “¿Querés que pregunte?”, dice Bartolo llamándolo al dueño que viene y confirma: “Sí, Luis está adentro, el que está tocando es su hijo y vino a apoyarlo”.

Empecé a temblar, Salinas estaba ahí. El dueño del boliche, siempre solidario, me lleva de la mano y me sienta en un banquito de la barra. “Allá está”, señala. Luis emocionado en una mesita al lado del escenario movía la cabeza, sus ch’askas volaban azules, daba un sorbo de vino y aplaudía a rabiar a Juan, su hijo virtuoso de 20 años. Salinas es, para mí, el mejor guitarrista de música popular del continente. Nacido en Monte Grande, provincia de Buenos Aires en 1958, el gran Tomatito afirma que es uno de los más grandes guitarristas del mundo. Autodidacta total, Luis ha tocado con Paco de Lucía, BB King, interpreta con virtuosismo la guitarra eléctrica, la clásica, la goudin midi, la acústica de metal. No se hace problemas de pasar del bolero al jazz, del blues a la chacarera, del plectro al dedo. Este genio estaba allí, a cinco metros. Entonces se para y toca un tema con el hijo y su banda, la noche hace magia, la luna se estremece, Salinas toca un blues poderoso en este boliche marplatense ante unas 40 personas turbadas y un boliviano colado. Cuando termina, lo ovacionamos. Yo —como siempre— tímido de mierda, no me animo a acercarme hasta que mi compañera me lleva a los empujones, lo agarra a los besos. “Somos de Boliviaaa, mi esposo te amaaa”. “¡Ah! Bolivia… yo toqué en La Paz”, dice. “Yo soy de La Paz, Luis, y teníamos que tocar La Telesita de mi abuelo Chazarreta, pero vivía en Ecuador”, le digo temblando. “Vos eres el boliviano santiagueño”, dice y me abraza midiendo su fuerza de osito regalón. Entonces, siento atrás a todo el boliche haciendo cola tras una foto. “Una fotito, maestro, por favor”, le digo, y sale esta instantánea temblorosa, gloriosa, inolvidable, mientras Bartolo brinda con su sonrisa tierna por detrás de la ventana tras aquellos arboles añejos de fondo.

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