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Ana María Romero de Campero: Años apacibles

Celebración familiar en 2009

/ 28 de octubre de 2020 / 06:02

La periodista Sandra Aliaga escribía la biografía de Ana María cuando fue sorprendida por la muerte. La familia Campero Romero comparte con los lectores este capítulo sobre la vida familiar de la primera Defensora del Pueblo del país

Me alimenté con leche de burra al nacer… Cuando la madre no podía lactar, se tomaba esa leche.  Nosotros teníamos una burrita que me alimentaba y fue mi nodriza. Ana María nació en un Obrajes entre residencial y campestre de los aires paceños.

Venía de la clase media, de un entorno de ideas liberales. Sus orígenes están poblados por un lado, por hombres del mundo de la diplomacia, el periodismo, la política: su bisabuelo Carlos V. Romero, su abuelo Carlos Romero Cavero, su padre Gonzalo Romero Álvarez. Por otro lado, hay genes de mujeres fuertes, de carácter firme: su madre Mary Pringle MacDonald, su abuela Ana Álvarez García de Romero. El encuentro entre un oriundo de la zona rural del sur de Bolivia llamada Cinti y una descendiente de migrantes canadiense/escoceses formaron la familia Romero-Pringle. Mi madre era una mujer de avanzada, hija de un ingeniero que llegó a Bolivia para trabajar en las minas. Bellísima, estudió literatura y teatro en Boston, EEUU. Me dejó un espíritu creador que le mostró el arte de escribir.

Su padre: abogado, parlamentario, historiador, diplomático. Su trayectoria política comenzó cuando él tenía 34 años y Ana María, nueve. Fundó con otros jóvenes intelectuales el Grupo Cívico Pachacuti. Después ingresó a la Falange Socialista Boliviana (FSB) y llegó a ser subjefe de este movimiento político conservador. Era un hombre excepcionalmente humano y estudioso, además de guapo…  Se dio entero a sus ideales, luchó por ellos dejando de lado cualquier interés de tipo material. Estuvo exiliado durante siete años en

el gobierno del MNR, batallando contra la corrupción durante otros cinco años.  Mi padre me inculcó un gran amor por la vida y por mi país.

“Gonzalo Romero se fue al exilio cuando Ana María tenía 10 años y volvió cuando ella tenía 17. El hecho la hizo solidaria con gente que sufre persecución por sus ideas”, cuenta Elsa Dorado de Revilla V.  Mi madre escribía hermosos poemas, escribía a máquina. No logró adaptarse a la sociedad conservadora y prejuiciosa en la que le tocó vivir. Era aficionada a comer verduras crudas, lo que en esos tiempos era una rareza. Era una mujer tierna y muy linda, que llamaba la atención por su garbo al caminar.

Hablaba inglés y leía libros escritos en inglés. Mi hermano fue un tiempo donde unos tíos y él hablaban inglés con mi mamá. Como yo no entendía, agarré un libro dando vueltas por el jardín y aprendí los verbos por mi cuenta.Iba donde mi mamá para plantearle… ella nunca hizo el esfuerzo de decirme “yo te voy a enseñar”. En muchos sentidos, fui una autodidacta.

Sus primeros años de estudiante en el Colegio Sagrados Corazones fueron matizados por vacaciones en la estancia paterna del Valle de Cinti. Fueron años apacibles en casa de sus padres que luego se transformaron en una infancia agitada cuando Gonzalo Romero se convierte en perseguido político y se desbanda la familia. 

El recuerdo más lindo de mi infancia es nuestras vacaciones en Camargo, Cinti, hogar de la familia Romero. Ahí aprendí a usar hondas para ahuyentar a los pájaros, junto a los niños campesinos. Pisé uva junto a los peones, me deleité nadando en el Río Chico y aún recuerdo que cuando llegaba el río, recogíamos agua gredosa y la tomábamos en la mesa como si fuera limonada, moviéndola con la cuchara para que el barro que se había asentado se mezclara. Entonces el agua de los ríos era bebible, hoy está contaminada. 

Mi abuela siempre nos estaba contando historias, cuentos de toda naturaleza. Incluso tenía unos cuentos medio de susto, propios de una familia de origen cinteño, área rural, un poco campesina. Y entonces, allá, los fantasmas son personajes de la vida cotidiana… Mi papá siempre nos mantenía con ese halo de misterio.  Muchas veces mi papá —a veces mi mamá— me leía cuentos.

HE MAMADO ESE AMOR A LA PATRIA

Con la Revolución del 9 de abril de 1952, conducida por el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), la FSB pasa a la oposición. Salía con mis hermanos a recoger cartuchos de los rifles que habían quedado en las calles.  Los recogíamos para jugar con ellos. Los poníamos en fila como soldaditos y con las canicas intentábamos voltearlos. ¡Qué me iba a imaginar yo en esos días, que mientras jugaba con esos cartuchos, el que iba a ser mi marido años después, estaba luchando en uno de los grupos de combate aún siendo estudiante de secundaria, porque el momento así lo demandaba…! Era la generación del Chaco, se exaltaban esos valores de amor a la patria. En mi familia no acaudalada, de profesionales, he mamado ese amor a la patria.

Tras el triunfo de la Revolución, Gonzalo Romero  tuvo que huir. Nos fuimos todos a Cinti antes de que fuera perseguido y exiliado. Tomó esa precaución.  El mundo se me venía abajo.  Todo lo que habíamos tenido… los juegos de niños con mis primos.

Me marcó. Mi mamá no se llevaba muy bien con mi abuelita. Cuando mi papá decidió —al terminar la vacación— volver a La Paz, mi mamá me dijo “no”.  Tenía unas primas queridísimas: Ana María, María Teresa y María René Seoane. Le dije a mi papá: —Quiero ir a Cochabamba, con mis primas.

—Si te aceptan, te vas. 

Fui. La pasé bien. Mi tío tenía una empresa, estaba construyendo la carretera 1 y 4. A nadie se le hubiera ocurrido que este buen señor se meta en política. Nos hacía hacer cosas… nunca mi papá nos había pedido que intervengamos en su proselitismo. Pero este mi tío era diferente. Me daba papelitos y cuando yo iba al colegio, iba con mi montón de papelitos que iba entregando. Cuando llegaba al colegio y cerraban la puerta, yo respiraba.  Estuvo un tiempo en el Colegio Irlandés de Cochabamba. Ponía los papelitos también en los parabrisas de los autos. Tenía que cumplir.  Eso no sospechaba la familia.  Pensaban que yo estaba realmente en un entorno totalmente aséptico.

Ocurre que mi tío se metió a un golpe, a una revolución. Tomaron Cochabamba el 9 de noviembre de 1953. Ese año la Revolución Nacional buscaba asentarse. En agosto salió la Ley de la Reforma Agraria en un contexto de violencia, especialmente en Cochabamba. Se organizó la primera milicia campesina para combatir los brotes contra el MNR. Las cosas no estaban claras, había un cuadro de desacato social. Los emenerristas hacían esfuerzos por controlar las milicias campesinas en Ucureña. Tomaron preso a Juan Lechín…

Este tío estaba administrando un club social. Me acuerdo que yo salí corriendo el momento que escuchamos que había caído Víctor Paz Estenssoro. Era una zona alejada de la ciudad. Entré donde una señora que tenía una chichería y yo decía “Se ha caído el mono, se ha caído el mono”.  En la cara de ella, me di cuenta que no le hacía ninguna gracia porque lo que estaba haciendo mi papá estaba un poco contracorriente, aunque no creo que estaba en contra de sus ideales, de la ética que él predicaba, pero era contra la Revolución.

Ese momento crecí muchísimos años de golpe. Volví a la casa. Mi tío fue tomado preso, descubrieron armas en la casa y fue todo un alboroto terrible. Lechín se portó muy bien. Toda esa gente que lo tomó preso, lo trató bien; pero el hombre estuvo abogando por todos los que cayeron presos. Los hizo liberar. Algunos creo que salieron al exilio. Otros se quedaron. Mi tío se quedó. Pudimos ver cómo se comporta la gente en esas circunstancias.

Era una época en que se acababa de dictar la Reforma Agraria y quizá el país y algunas gentes todavía no estaban preparados para todos los cambios. Yo recuerdo que cuando salíamos del colegio en Cochabamba, a algunos los recogían sus papás, otros se iban no más. Yo rezaba el rosario pensando que nos iba a pasar algo. Y bueno… con el tiempo, una tiene la oportunidad de ver que más bien era un momento excepcional el que me tocó vivir y estar ahí.

Mi padre ya estaba exiliado en Buenos Aires. Cuando supo por lo que había pasado, no lo podía creer. Estuve un año en Cochabamba. Esa Tía Tuti —a quien recuerdo muchísimo— junto a mis primas, me hicieron la vida muy grata en medio de todos esos desasosiegos de ese momento, incomprensibles para una niña de 12 años. El cariño que vi, esa solidaridad, esa manera de aceptarla a una. Era una más, nunca me sentí al margen de la familia. Siempre pensé que esa época me marcó para después.

Postales

Un paseo por Laikakota con algunos de los nietos. Foto: Familia Romero Campero

Foto: Archivo

Ana María junto al ganador del Premio Nobel, el escritor colombiano Gabriel García Márquez, Cartagena de Indias, 1994. Foto: Familia Romero Campero

En un acto. Foto: Familia Romero Campero

Paseo. Gonzalo Romero (centro) con Fernando Campero y Ana María Romero. Foto: Familia Romero Campero

Periodismo. En plena conversación, Alberto Zuazo, Ana María Romero de Campero y Francisco Roque. Foto: Familia Romero Campero

ENTRE LIBROS Y PAPELES

La política provocó un desbarajuste en mi vida. Al volver a La Paz, Ana María vivió junto a sus hermanos Gonzalo y Horacio, y su hermana menor Jimena, bajo la tutela de la abuela paterna Ana Álvarez. Gracias a mi abuela, con quien viví buenos años de mi niñez y juventud, aprendí que en la vida hay cosas que están bien y otras que están mal. Así de simple y claro. Ella tuvo una influencia significativa en su formación: carácter firme, tesón y severa disciplina.

Mi padre nos dio una vida —como la de todo político— que no fue la mejor para la familia. En un momento dado tuvo incidencia en nuestra vida. No la hemos tenido fácil… Tuve una niñez más bien complicada. Hemos vivido con mi abuelita, mis tíos y teníamos que vivir con la precariedad de ser una familia opositora al MNR en ese momento. Entonces hacíamos tripas corazón, como se dice, pero la clase media no muestra su pobreza hacia afuera. Nos dábamos modos como fuera. Mi papá le había dejado unos pesos a mi abuelita y cuando comenzó a falta, a ella se le ocurrió pintar la casa, pensando que la podía alquilar, pero era una casa marcada, era casa de político, allanada tantas veces, nadie la quería. Lo que ocurría antes. El político era perseguido en todo, con saña terrible. 

Fueron años duros para nosotros. Hubo años en que no pudieron comprarme los libros que necesitaba. Iba a estudiar con mis amigas e incluso en algún momento pudieron llevarme a un colegio público. No soy prejuiciosa.  Estudió en el Sagrado Corazón de La Paz hasta sus 15 años (1956).  Un día, mi tío me dijo “lo siento hija, pero tus hermanos tienen que ser bachilleres”. Me dijeron que tenía que dejar el colegio, no teníamos dinero. Pero, lejos de quedarme conforme en mi casa, me di modos para estudiar otras cosas.

Un día uno de mis tíos me dijo que me pagaba un curso para estudiar inglés en el Centro Boliviano Americano. Cuando empecé, me enteré de que si obtenía la mejor nota no tendría que pagar las mensualidades. Así aprendí inglés gratis, conseguí la beca.

Al mismo tiempo, me dediqué a la dactilografía y aprendí taquigrafía con mi tía. Tecleaba la máquina todos los días hasta que la dominé. El resto del tiempo, claro, mi abuela me hacía desempolvar la casa, hacía masitas, esas cosas que tienen que aprender las mujeres… O sea que me fui haciendo como sea. Cuando miro atrás, me pregunto ¿de dónde saqué esas ganas? Me iba mal, mi padre en el exilio; mi madre, alcohólica… En realidad, tuve muchos padres; mis tíos, mi abuela… A mi abuelita, la recuerdo con gran cariño. Fue una mujer que me inculcó muchísimos valores. Era cariñosa y estricta. Me enseñó a que no hay que ser ork’ochi , que siempre tienes que estar haciendo algo. A ella le ponía muy nerviosa que una esté sentada mirando el techo. No había televisión en esos tiempos. La cama era para dormir en la noche, estaba prohibida de día.

Hice teatro alguna vez… ‘Barba azul’.  Estaba en un ropero vestida con una sábana. Era una de las esposas muertas, un fantasma. La nueva esposa abrió la puerta, pero no la abrió bien y se desmayó. Como el público tenía que verme a mí también, abrí la puerta… estaban las dos fantasmas, y yo salí… eso se convirtió en comedia. La monja casi nos mata.

Era muy estudiosa y también muy traviesa. En el barrio, la pasábamos muy bien. Jugaba a las muñecas con mis amigas y cuando crecí, me convertí en una arquera muy cotizada por los chicos. En mi casa siempre abundaron los libros… Uno de los tíos con quien viví era periodista: Carlos Romero. Me fomentaba mucho la lectura. Me aficioné a leer… Pensaba que algún día iba a ser escritora.

He vivido y vivo rodeada de libros y papeles. Es casi un vicio.

MI NANO

Conoció con la lectura lo que no podía aprender en el colegio. Leía como loca. Intentó seguir curso de secretariado pero los obstáculos económicos eran muchos… no había caso, no me podían comprar los libros.

Viví mucho tiempo con mis tíos, mi abuelita… La vida me llevó a hacer varias cosas: trabajar desde mis 16 años, estudiar después de casarme. No la he tenido sencilla. Yo misma miro atrás y pienso que he debido tener una gran energía. Cuando mi papá estaba exiliado… mi madre falleció. Murió en 1956, cuando Anita tenía 14 años.

Huérfana de madre, con su padre en el exilio, buscó trabajo a los 16 años pese al escándalo que hizo su abuela. Mi abuelita, que era tirada a la antigua, no quería que yo trabajara. No era bien visto que una “señorita de clase media” trabajara, aún si no tenía dinero. ¿Cómo conseguí mi primer trabajo? Mirando en El Diario, los avisos chiquititos. Fui, rendí examen. Cuando me telefonearon al día siguiente: “Ud. ha dado el mejor examen”. No lo podía creer. Comencé a trabajar en una agencia de turismo.

Yo estaba estudiando un Secretariado Comercial en inglés en el Bolivian Institute en la noche y trabajando en el día cuando conocí a Fernando Campero Prudencio. Era el chico mayor del barrio, estudiante de Derecho. Yo tenía una aversión natural por los movimientistas. Habían sido la causa de tantos conflictos en mi familia. Por eso, cuando empecé a salir con él me cuestionaba, me decía a mí misma “no puede ser”.

Me arreglé un 6 de agosto y nos casamos tres o cuatro años después.  Él fue a hacer su doctorado. 

Se casó en 1961 con Fernando. Casada, a los 19 años, culminó su bachillerato. No sé cómo le hice para estudiar, trabajar y atender a mis dos hijos. ¡Tendría tantas ganas de hacerlo! A pesar de los obstáculos, logró hacer el último año de bachillerato. Egresó de un CEMA  nocturno. 

Yo era de lo más activa, me gustaba bailar el rock. Yo salía con chicos menores, Fernando me llevaba por siete años. Para mí era toda una novedad. Prácticamente iba a ser un abogado. A él había cosas que no le gustaban hacer. El rock and roll por ahí bailaba, pero nunca ha sido fanático del baile. El chachachá nos encantaba. Yo era una bailonguera bárbara. A Nano nunca le gustó. Eso sí, una tiene que adaptarse. Yo siempre digo que el matrimonio es una obra de arte. Lo más fácil es quebrar la cosa. Los que captan la obra de arte son los que, en momentos dados, saben entender al otro. La verdad es que no hemos tenido momentos muy difíciles porque por principio no comenzábamos a discutir muy fuerte el rato en que estábamos enojados.

El contexto social en el cual le tocó desarrollarse era de dominio masculino en la universidad, en el periodismo, en la vida pública. Pero “mi Nano”, como Anita le decía a su marido, no fue tallado a la medida de su época. Era un hombre muy seguro de sí mismo, con ideales claros; que lejos de atraparla, le dio espacio para crecer profesionalmente y como persona, y encima, le dio estabilidad.  ¡Qué importante, ¿no Anita?! ¡Qué afortunada te sentiste con tu Nano!

La apoyó en todo, con pleno respeto, como su par. En su práctica cotidiana, Anita y Nano hacían —por ejemplo— análisis de la realidad nacional e internacional. Reían a menudo, cultivaban un gran sentido del humor.

Una de las prioridades centrales para Ana María era asegurar un hogar estable, acogedor, con un clima de armonía. Ella se esmeró en construir su hogar con estas características. Era la versión contraria al hogar en el que le tocó nacer. Por eso —creo yo— que Anita hacía cuestión de llevar el “de Campero”.  Muchas mujeres con las ideas libertarias que guiaban sus actos, se liberarían también de los apellidos de sus esposos. Sin embargo, Anita cuidaba ese apellido, lo usaba por convicción. Era el apellido de la familia que ella construyó. Desde la familia, hay que empezar a enseñar los valores de igualdad, de equidad.Así lo hizo.

Usar el apellido de mi marido me ayudó mucho a ser yo misma. Si no, hubiera sido la hijita de… Se me ha criticado por usar mi apellido de casada, pero empecé a trabajar y estudiar después de haberme casado, y en mis tiempos, si me quitaba el apellido de matrimonio hubiera sido un escándalo y bastante injusto con mi propio marido. Las muchachas jóvenes me han recalcado que tengo dueño, y yo les digo: “Para que ustedes se llamen lo que se llaman, hemos tenido que abrir el camino”.

Fernando es un ángel que me ha enviado el Señor. Era mi vecino. La casa de mi abuelita y la casa de sus papás eran colindantes. Su casa daba a la Arce y la mía a la Hermanos Manchego, pero yo lo observaba de ahí y aunque era mayorcito, me gustaba. Se dieron las cosas para que nos conociéramos… 

Es una persona muy apasionada… en ese entonces no había derechos humanos. Se sufría muchísimo. De pronto, apareció él con otra visión. Creo que él me ha ayudado muchísimo en la vida… a mezclar aquello que tenía como algo de la familia, que una no tiene que pensar políticamente igual que sus padres. Él había sido una persona que había participado de estudiante en los prolegómenos del ’52. Sí, me trajo otra visión, me abrió muchos espacios… Era una persona muy comprensiva conmigo, que me acompañó en periodos difíciles para la familia.

A través de su familia política, Ana María se vinculó con una de las principales familias de Tarija y del norte argentino.

Ana María guardó el ejemplar del periódico de los días en que nacieron su hijo Fernando y sus dos hijas, Marcia y Natalia. Quería que supieran qué acontecimientos acompañaron su llegada al mundo. José Gramunt de Moragas bautizó a los tres.

“Fernando Campero fue el oasis de paz cuando el acontecer político y el futuro del país la desesperaba y la rebelaba. Fue el punto de equilibrio y de paciencia… el refugio de amor donde Ana María Romero de Campero cobraba fuerzas y energía para seguir en la brecha noticiosa, en la defensa de la democracia, de las libertades; aún más, de donde ella podía obtener el ímpetu para seguir ayudando a los menos favorecidos”, expresó la premiada periodista Mabel Azcui.

Su hijo Fernando recuerda: “Cuando éramos niños, jugábamos con autitos y ella organizó una vez, una carrera con todos mis amigos del barrio. Había que dar la vuelta a la manzana con los dinkies pero lo planificó de tal forma que habíamos personas que llevaban control con sus cuadernitos. Fue toda una organización que hasta el día de hoy mis amigos se acuerdan: ‘¡Esa carrera que organizó tu mamá hace tantos años!’ Normalmente las mamás te enseñan algo, pero ¡¿tomarse la molestia de organizar una carrera de autitos con niños de 10 años?!”

DE WOODSTOCK, DICTADURAS Y MEDELLÍN

Al volver del exilio, Gonzalo Romero fue parlamentario por tres legislaturas (1966 – 1969). También fue candidato a la vicepresidencia y luego se fue a Brasil en 1969, como Embajador de Bolivia. En su segundo matrimonio con la artista argentina María Esther Repetto, Gonzalo Romero tuvo dos hijos: Marcela y Diego. Mi papá era como un hermano mío. Estuvimos separados tanto tiempo. Era un ser tan particular, muy estudioso, era un humanista. Un gran creyente. Era una persona que se acomodaba a todas las edades. Caía bien a los niños, a los jóvenes, a personas sencillas, a más cultas. Él sí que era un personaje. Su abuelo y su padre le heredaron a Anita la pasión por el periodismo y la atracción por la política.

En 1966, entró a la carrera de Filosofía y Letras en la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA). El estudio del pensamiento y las ideas, la ética y las ideologías le atraía poderosamente. Aunque solo estuvo un año, continuó sus lecturas. 

Dios ha estado siempre muy presente, aunque ha tenido varios rostros —diremos así— porque en esos tiempos yo diría que el catolicismo preconciliar mostraba un ser barbado. Era una imagen muy distinta a la que yo después, ya de casada, hallé en mi propia búsqueda.

Incursioné en el yoga… Tenía una tía que estudiaba teosofía… Me metí. ¿Por qué vuelvo al cristianismo, al catolicismo? Porque resulta que estas doctrinas y estas filosofías son muy respetables todas respecto a ser creyente, sobre todo. No puedo entender a los ateos, pero los respeto… Yo soy un ser que no me explico si no es rodeada de gente y en función de la gente. Eso hizo que yo comenzara a buscar por mi cuenta…

Era una época en que la Iglesia latinoamericana tomaba conciencia del carácter dependiente/sometido de la realidad social, política, económica y cultural a los centros hegemónicos de decisión. Comenzaba a hablar de la liberación como un proyecto de identificación y autodeterminación en todos los órdenes. Anita —como su padre— era una gran creyente y ésta era la Iglesia a la que apostaba.

En agosto de 1968 se desarrolla la II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano en Medellín, Colombia. “Un sordo clamor brota de millones de hombres, pidiendo a sus pastores una liberación que no les llega de ninguna parte…”  El programa de acción pastoral instó a que “se presente cada vez más nítido en Latinoamérica el rostro de una Iglesia auténticamente pobre, misionera, pascual, desligada de todo poder temporal y audazmente comprometida en la liberación de todo hombre y de todos los hombres”.

Si bien Anita aplaudía esta vocación, hay quienes sintieron amenazados sus seculares privilegios, incluso sectores de las jerarquías eclesiásticas y, ante la puesta en práctica de los compromisos de Medellín, arremetieron contra esta Iglesia.

La periodista Lucía Sauma caracteriza a los años 70a en la Llave del tiempo como una “década de rebeldía, de la minifalda en las mujeres y del pelo largo en los hombres. Es la época de Woodstock, del movimiento punk y del ‘no future’ de los jóvenes”. Una década en la que se inicia “las dictaduras en América Latina: Bolivia, Chile, Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay, se unen en el denominado ‘Plan Cóndor’, creado para intercambiar detenidos políticos opositores a las dictaduras”. Se radicaliza la lucha y los discursos por la igualdad para las mujeres en todo el mundo. Se acaba Vietnam pero no las guerras en Camboya, Afganistán, Mozambique…

Surge universalmente Paulo Freire en Brasil, con su “práctica de la libertad” a través de la educación: “Todos nosotros sabemos algo. Todos nosotros ignoramos algo. Por eso aprendemos siempre”. Visión aprehendida en su esencia por Ana María. Mientras que en Bolivia “la dictadura de Banzer hace lo suyo: no hables, no escribas, no mires… Los mineros enseñan que no se rinden… Raúl Lara pinta sus cuadros de realismo mágico trasuntando el dolor y la impotencia ante el asesinato de su hermano por la dictadura argentina”… Fueron “años de reuniones a ocultas… Había un solo Canal de TV, el 7” .

MATRIMONIO: UNA OBRA DE ARTE

Ana María y Fernando vivieron muchos años en su casa de la calle Capitán Ravelo, un poco más abajo de donde vivieron siempre en la Hermanos Manchego, en el barrio tradicional de Sopocachi de la ciudad de La Paz. Y entonces llegaron los ocho nietos. Anita tenía una relación especial con cada uno y una de ellas. Conversaba, iba al cine, de paseo. Compartía juegos y travesuras. Escribió un diario para contar el nacimiento de cada uno de sus nietos y su vida durante el primer año. Al igual que con sus hijos, guardó un ejemplar del periódico del día en que nacieron.

“Los nietos amaban estar con su abuela, los involucraba en sus actividades. Mi hija Julia compartió mucho con ella, la acompañaba a reuniones, actividades sociales y otros que iban surgiendo en su trabajo. Los otros nietos disfrutaban mucho ir a dormir a su casa. No era extraño verla en la matinée en el cine, San Miguel, El Prado o en el mercado con sus nietos. En las épocas de más trabajo, se daba tiempo entre semana para venir a verlos.

No era extraño que traiga regalitos de sus viajes para cada uno de nosotros, incluidos los nietos, acertando en los gustos de todos… Mi hija Matilde nació planificadamente el día de su cumpleaños, y los cinco años que les tocó estar juntas lo festejaron juntas aun cuando nosotros vivíamos en Santa Cruz”, cuenta su hija Natalia Campero Romero.

Mabel Azcui guarda “recuerdos simpáticos del espíritu casi infantil de Anita que, desde fines de octubre, empezaba a organizar lo que serían las fiestas religiosas de fin de año en su casa. Empezando por las galletas y dulces que haría con sus hijas, luego con sus nietos, los adornos, los regalos… un largo listado de actividades que realizaba con dedicación y cariño.”

“La familia unida, para ella era importante” manifiesta su hijo Fernando. Hizo múltiples viajes a Cinti con sus hijos y evocaba la belleza de su geografía y la fuerza de los cerros colorados.

“Era sencilla y firme en sus decisiones. Sabía cómo poner las cosas en orden de una manera sutil. Siempre certera, nos aconsejaba, nos daba mucha confianza. Incentivó en nosotros el amor por la lectura y la escritura. Aunque ninguno salió periodista, las dos hijas optamos por el camino de la comunicación: Marcia es productora audiovisual y yo, diseñadora gráfica. Como esposa, siempre cariñosa, estuvo casada 50 años. Debo destacar la inteligencia de mi papá, pues dejó que ella se desarrollara sin poner peros.  Fue siempre partícipe de sus logros y frustraciones y ella siempre recurría a él por consejos”, agrega Natalia.

Anita era una buena cocinera. Aprendió de su abuela paterna los secretos gastronómicos de Cinti y una de sus especialidades era la picana navideña de ese rincón del país. La Nochebuena era una tradición imperdible para la familia Romero Campero. Ella en persona dirigía la adoración al Niño al estilo Cinti, con villancicos, trajes de ángeles, alas y togas que todos usaban felices.

Creo que he sido una buena madre. Si bien he tenido un marido excepcional, he dado de mi parte. Hemos construido un hogar porque el matrimonio es una obra de arte. En las primeras de cambio, una puede aburrirse y tirar la toalla, como hace mucha gente. Esos son los matrimonios exprés que no duran nada. Hay que esforzarse para que las cosas vayan adelante. Sobre todo cuando hay coincidencias importantes de vida… la honestidad y la integridad son valores imprescindibles. Eso es lo que me dio fuerzas para construir y seguir luchando.

Mi esposo es un hombre que siempre me ha alentado en mi carrera profesional, pero ha sido un papá muy a la antigua que jamás cambió un pañal, jamás dio una mamadera. Yo veo hoy día que ambos participan en la crianza de los hijos…

Pese a ocupar cargos importantes, se dedicó a su familia. Siempre hay tiempo cuando hay la voluntad de hacer. Valoraba el entorno familiar. Daban ganas de quedarse ahípara asegurar un clima de armonía para sus hijos. “Fue la mamá-periodista que enseñó a sus pequeños —un varón y dos mujeres— las primeras letras en las máquinas de escribir de la radio, del periódico y la agencia de noticias, en los turnos de fin de semana, como lo hace la mayor parte de las madres periodistas del país. Fue la madre que vivía las angustias de los golpes de Estado en las siempre frías madrugadas de La Paz y, también, la periodista que, impelida con la fuerza de un resorte, salía a cumplir su deber de informar; un deber nacido de la vocación de servicio a su pueblo”, agrega Azcui.  

“Con ella se podía hablar absolutamente de todo. Y de hecho sabía mucho de varios temas. Siempre fue una mamá cariñosa, en quien uno se podía apoyar.  Participaba de cada proyecto nuestro, muy involucrada en las actividades familiares”, subraya su hija Natalia.

En la mañana, leía todos los diarios. En las noches, leía libros, escribía artículos, columnas, prólogos de libros. Era una lectora empedernida… literatura, política, filosofía… Tenía una gran biblioteca en su casa. 

Ordenaba papeles… escuchaba música. Siempre activa, les decía a sus hijos que la realización personal jamás debe depender de la voluntad ajena. Tenía una debilidad muscular en el cuello que le ocasionaba un leve temblor en la cabeza, especialmente cuando estaba nerviosa o cansada y cuando hablaba frente a las cámaras o a grandes audiencias. Ella lo llamaba mi “noneo”. Había gente que —equivocadamente— pensaba que era Parkinson. 

“Si bien estaba consciente del entorno social al que pertenecía, evitaba la ostentación. Le indignaba la injusticia y decía que no era necesario ser comunista para optar por los pobres. Admiraba a Mahatma Gandhi por haber logrado cambios importantes para su país por la vía pacífica”, cuenta su hijo Fernando. “Mi mamá odiaba a los chupamedias”, concluye Natalia.

Junaro, un canto a la voz que nunca se marchará

Excompañeros del grupo de folklore latinoamericano Savia Nueva recuerdan al músico y al ser humano que conocieron

Jaime Junaro, cantautor y guitarrista

Por Iván Paredes

/ 14 de junio de 2021 / 09:23

El 3 de septiembre de 1976 se iniciaba una leyenda: los hermanos Jaime y César Junaro, junto a Carlos López (fallecido el 21 de diciembre de 2019) fundaban Savia Nueva, agrupación dedicada a la nueva canción latinoamericana que marcaría época en Bolivia y el mundo con temas como Mientras estás ausente, Los mineros volveremos o Paloma.

Jaime, cantautor y guitarrista, falleció el 7 de junio a los 72 años debido a un estado de salud muy delicado que arrastraba hace tiempo, agravado por complicaciones con el COVID-19.

El orureño de la voz privilegiada recorrió el mundo como un innovador de la nueva música folklórica de la región. Su música fue la banda sonora de esperanza en una época marcada por la dictadura y con la urgencia de la democracia. Con sus hermanos Emma y César produjo el disco ‘Tu semilla’, en que reunieron sus talentos. Y acompañando a Jaime siempre, como amuleto de la buena suerte, sus zapatos rojos.

La muerte no ha apagado su voz. Ésta persiste en un invaluable legado discográfico y, sobre todo, en la memoria de una generación que creció con ella.

Recuerdos de una persona maravillosa, gran aficionado de los trenes a escala

Hablar de Jaime, el compositor, el maestro, sería tan extenso que faltarían palabras para expresar lo importante que fue su aporte para la cultura de nuestro país.

Es aún más complicado hablar de Jaime como la persona maravillosa que fue: siempre un maestro, un amigo, un compañero y un confidente.

Siempre tenía un chiste o algo nuevo que contar, algo nuevo que cantar; la música y las letras le salían del alma, no necesitaba buscar un momento especial, de repente él cantaba sin nada más que pensarlo.  

Recuerdo con mucho cariño cuando preparábamos un concierto con Savia Nueva en la zona de San Pedro. Por alguna razón coincidimos en llegar a la sala de ensayo algo temprano y, también por casualidad, nos pusimos a conversar y le comenté que estaba buscando un tren a escala para mi hijo. Ahí descubrí que a él le encantaban los trenes a escala y que empezó desde muy joven a quererlos y coleccionarlos. Y comenzamos a soñar con la variedad de cosas que se podía hacer con tan atractivo pasatiempo. Me comentó que cuando estaba en Francia creció su gusto por los trenes y empezó a adquirir algunos modelos, que después trajo a Bolivia, para atesorarlos.

Pero luego de algún tiempo, y por situaciones que no pudo solucionar, estos trenes se perdieron, dejándolo con una gran aflicción.

Entonces hizo una promesa: cuando volviera a Francia adquiriría nuevamente estos trenes y luego mi hijo podría disfrutar de éstos. Eso lo tengo en mi mente y corazón, este gran gesto de empatía hacia mi hijo y mi persona.

Realmente admiro al gran compositor y músico, pero aún más a la persona, al amigo, al maestro. ¡Gracias Jaime Junaro por todo lo vivido!

(Freddy Candia – charanguista)

Foto: Carlos Fiengo

La potencia de una voz presente desde la infancia

Son alrededor de diez años que llevo haciendo música como parte de la agrupación Savia Nueva por invitación del maestro César Junaro.

En ese tiempo he tocado junto a grandes músicos como Verónica Guardia, Andy Burnett, Freddy Mendizábal, Estanly Marin, René Alinas, Benjo Chambi y muchos otros músicos más.

Pero conocer a Jaime fue, en su  momento, uno de los grandes sueños de mi vida.

Desde niño recuerdo que en casa sonaba música de Savia Nueva. Siempre. Por lo tanto, las letras y las melodías de sus canciones estaban ya en mi memoria.

Yo siempre me preguntaba cómo era esa persona con esa voz tan bella y me emocionaba con ‘La niña de Guatemala’, ‘Los caballitos del río’, ‘Paloma’ y tantas otras canciones del grupo, así que cuando lo conocí en persona —yo tendría 13 años— fue impresionante ver a ese ser humano enorme, sonriente, cariñoso y, sobre todo, sencillo.

Ya años después, cuando llegó el momento del primer concierto con Savia Nueva, los nervios me invadían en varios de los temas y no contuve las lágrimas de la emoción al estar en escenario junto a esos ídolos con los que siempre quise estar.

Era impresionante la energía que desbordaba Jaime y el cómo levantaba al público no tenía igual.

La potencia de su voz resonaba en cada rincón del teatro.

Querido Jaime, siempre te tendré en el corazón junto con tus canciones.

(Roberto Morales saxofonista, flautista, vientos andinos)

Foto: Carlos Fiengo

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Ubaldo Nallar: La pasión por la vida fue su escenario

Amigos y colegas se despiden del actor, gestor cultural, director y dramaturgo, fallecido el 7 de junio por coronavirus

ESPACIO.En 2005 Nallar fundó el Café Lorca en Santa Cruz, refugio de artistas, epicentro cultural y centro gastronómico

/ 14 de junio de 2021 / 09:17

En 2005 los sueños de una sola persona, pero capaz de guardar muchos perfiles —gestor cultural, artista, dramaturgo, actor y director, amigo, anfitrión, maestro, entre otros—  se reunían en un solo lugar de la ciudad cruceña: Café Lorca. Sin embargo, estos proyectos se fueron gestando durante  toda una vida marcada por el arte.

Desde joven, Ubaldo Nallar (1978-2021) relució su afición por el teatro. Como actor integró los elencos: Casateatro (19961999) y La Gruta de Macondo (19982000). Estuvo del otro lado del escenario, como director, junto a Panicum-Teatro, fundado por él en 1998. Desde tragedias griegas, hasta el teatro de lo absurdo, Nallar gestó representaciones del teatro universal en el país. En 2013 fundó la compañía Otero Moreno Teatro, nombre que dedicó a los escritores bolivianos y supo homenajear en vida. Fue figura central del Fitaz (Festival Internacional de Teatro de La Paz) durante muchos años, desde 2002 hasta 2016, dirigiendo importantes representaciones. Trabajó con la compañía Santa Cruz Shakespeare Company.

Café Lorca resumió una parte de su vida y de su intención que sobrepasaba lo personal e íntimo: dar cabida a otros artistas, a otras artes y regalar cultura. El espacio, que dirigió por más de una década, se convirtió en un café, un restaurante, una sala de conciertos, un teatro, también una carpa de circo, un espacio familiar y muchas veces una galería de arte. Se convirtió en uno de sus tantos legados.

El imposible mutis por el foro de Ubaldo Nallar

Mis muertos nunca se van, o si lo hacen tardan mucho. Siguen viviendo a mi lado como fantasmas, aparecen sin avisar a cualquier hora del día, unas veces me hacen reír (¿Recuerdas amigo aquella vez que robé un jamón asado de la boda de otro amigo y hui con él debajo del brazo a las 7 de la mañana de un domingo embutido en un traje blanco?) y otras llorar (Me regalaste toda tu vajilla con pequeñas fallas y me es imposible comer, hacerme un té o tomar una cerveza sin acordarme de vos). Y todos sabemos, incluso tú, amigo, que tu fantasma es “rompebolas”, perfeccionista, sarcástico, amable… el peor fantasma para tratar de librarse de él. Tu fantasma es más grande que tu cuerpo, tu leyenda del “vampiro inmortal” era cierta, pero no de la forma que todos esperaban.

Si me pudieras hablar me dirías que por qué un obituario tan largo, y yo te diría que mi enfermedad es la verborrea y que se contagia por vía textual. Y nos reiríamos a mandíbula batiente. Pero esta pena, la de ahora, la que no está reposada, la cruda, me mata de llanto y de risa al mismo tiempo. No me deja saber cuánto tiempo seguiré por las calles, por los objetos, por lo escenarios, tropezando con tu fantasma terco, imprescindible, incansable.

Quisiste hacer un “mutis por el foro”, irte de forma discreta, sin llamar la atención, pero no te salió bien esta vez, querido amigo, todos pudimos ver cómo te ocultabas por última vez tras el telón de fondo y solamente pudimos deshacernos en aplausos. (Marcos Vecin, actor)

La compañía que seguirá sus pasos

“Ha y almas a las que uno tiene ganas de asomarse, como una ventana llena de sol”, escribió Federico García Lorca. Esta frase de este poeta y dramaturgo a quien tanto admiraba Ubaldo, lo describe a la perfección. Era luz pura, que encantaba y atraía a cada ser que pasaba cerca suyo, muchos que solo iban de paso y otros para quedarse a su lado, pero siempre que compartieras con él sentirías la calidez y alegría de un náufrago que vislumbra un faro y llega a su hogar. Así fue conmigo. En 2015 vine a Bolivia con el elenco en el que formaba parte en Uruguay. Recuerdo que entre copas en la fiesta del festival conversamos sobre realizar intercambios internacionales y trabajar juntos.

Meses después volví a Santa Cruz. Ubaldo se convirtió en mi socio, director, hermano, amigo, familia, padrino de boda, en parte de mí. Me dio un hogar y sueño común como es Otero Moreno y Santa Cruz Shakespeare Company y la familia que se conformó con los artistas de las compañías. Pero la pasión y dedicación de Ubaldo por el teatro existen desde mucho antes de que lo conociera: su importante carrera teatral, el amor por su familia, la oficina de su casa y su biblioteca, su jardín de ensueño que parecía jardín de hadas sacado de “Sueño de una noche de verano” y tanto más por decir.

Ubaldo está vivo en su teatro, en sus obras, en sus textos, en  sus espectadores. Y sobre todo en nosotros, su elenco y su amada compañía, que sabrá mantener su legado. (Diego Cowks, teatrista)

Ubaldo: amigo y conector de almas

Entre las tantas conversaciones que tuvimos juntos, lo que más me impresionaba de Ubaldo era su constante motor por vivir la vida hacia adelante, de no mirar hacia atrás, de ser emprendedor, con su negocio, su teatro, su dramaturgia, con sus amistades, su familia y sus relaciones. Y sonreía.

Era implacablemente honesto. Quizás por eso se convirtió en el confidente de muchos. Era generoso porque te compartía sus historias, sus problemas, sus miedos y también te escuchaba. En un instante, te hacía parte de él, de su mundo. Te hacía creer en la amistad. Y sonreía.

Si era al degustar un delicioso plato que se había ideado, al tomar una ginebra con tónica, o una cerveza, al desmontar una obra de teatro, al terminar un ensayo, o simplemente sentado en su patio mientras escuchábamos el viento azotar las hojas de los árboles, nuestras charlas constantemente terminaban en temas íntimos: sueños, logros, preocupaciones. ¿Qué más se puede pedir de un amigo? Y entonces, como buen amigo que era, él trataba de orquestar tu vida, para bien, claro. Y sonreía.

Lo conocí hace poco más de seis años. En la primera charla que tuvimos me dijo: “Fer, quiero plantar una hilera de árboles desde mi casa hasta mi local de trabajo, de esta forma habrá sombra en mi camino, y en el de muchos”. Y sonreía.

Que nos ilumine desde donde esté. Nos toca hacer la sombra a nosotros, como aquellos árboles. (Fernando Arze, actor y director)

Soñar una noche de verano

Ubaldo, vos y yo sabemos que, tanto en narrativa como en dramaturgia, alguien puede morir en una línea y reaparecer en la siguiente página. Voy a contar una historia que se siente como un sueño, aquella de telones que es tu vida, y escribo “es” porque a los seres humanos como vos nunca se les corta el diálogo; son lo que conocemos como protagonistas. Escribiré primero que pasas horas de tus días cuidando plantas y árboles, que sabes nombres, cualidades y las exigencias de cada especie: eres un artesano fino de la vida. Así también nutres tu hermosísima biblioteca, una de lector ávido y clásico. De la misma forma operas en la comida y la bebida, motivación para despertar.

¿Qué más escribo? Que en todo buscas la belleza absoluta. En la luz con la que iluminas el escenario y a la gente que coleccionas para trabajar tus sueños de verano. Tus relaciones también las pones bajo la luz más encantadora, observas a cada persona, recuerdas sus particularidades y así todas nos sentimos especiales bajo tu mirada, que nunca es complaciente ni zalamera. Eres firme y honesto como pocos, pero sabes que serlo no significa ser grosero. Eres el imán más elegante que atrae y aloja solitarios y extraviados.

Es imposible el trabajo de esta escritora cuando el protagonista hizo tanto, entonces te conviertes también en la historia, el clímax, el contexto, que se ubicará en el centro de una ciudad calurosa, en la esquina frente a la Catedral, donde pasa la fiesta, la discusión intelectual, el arte. Donde se refugian y se presentan los artistas, porque el escenario es pequeño pero gigante como el corazón del perfecto anfitrión: vos.  (Paola Senseve, poeta)

Fotos: Julio González y Archivo La Razón

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TRECE COSAS que no sabías del club The Strongest (y nunca te habías atrevido a preguntar)

El monumental libro del historiador/arquitecto Iván Aguilar Murguía ‘Rugido centenario: Historia de The Strongest Football Club’ tiene fotografías inéditas y datos desconocidos de la historia del club.

Foto: Libro “Rugido Centenario” de Iván Aguilar

/ 14 de junio de 2021 / 09:13

Uno: los dos primeros legionarios.Los dos primeros futbolistas en jugar en el extranjero fueron stronguistas. El primero fue Eduardo Chato Reyes Ortiz, que compitió en Chile e Inglaterra (en Tradesman F.C. y en Trinity Rangers F.C.). Don Eduardo tuvo el privilegio de ser el autor del primer gol anotado en el estadio Hernando Siles, en enero de 1930. El segundo “player” en demostrar su fútbol allende nuestras fronteras fue miembro del cuerpo diplomático boliviano. Su nombre, Humberto Montes; su destino, Bogotá; su equipo, el Gun Club/Sport Colombia. Montes jugaba de “centre forward” —delantero centro— y lo fue todo en The Strongest: hincha, goleador, presidente (en cinco ocasiones) y director técnico. Fue bajo la presidencia de don Humberto que el club —en mayo de 1922— pasó de llamarse The Strongest Football Club (F.C.) a simplemente The Strongest. El arquitecto Aguilar sostiene en su libro póstumo que esa medida fue antiestatutaria, pues la decisión se tomó en una reunión ordinaria y no en una asamblea general de socios. A esta condición de Tigre de exportación hay que sumar al tercer y cuarto boliviano que jugaron para clubes extranjeros: los también stronguistas Vicente Arraya (Atlanta de Buenos Aires) y Alberto Achá (club mexicano San Sebastián del Oro).

Dos: el primer grito de guerra en aymara fue en la Capital.El mítico “Huarikasaya, kalatakaya” fue idea de un periodista. Su nombre, Francisco Villarejos; su chapa, Pancho. Don Francisco era el presidente de la Asociación de Periodistas de La Paz y un insigne aymarista en una década, los años 30, donde el indigenismo hacía furor en las clases intelectuales del país con pintores como Cecilio Guzmán de Rojas y David Crespo Gastelú, entre otros. La primera ciudad que escuchó el grito no fue La Paz sino Sucre. Fue un 25 de mayo de 1931 con motivo de la visita stronguista a la Capital por sus fiestas, donde se disputó un cuadrangular para asentar la hermandad con el club gualdinegro sucrense, el mítico Junín. En esa década y la posterior, 30 y 40, los jugadores al mando de su capitán Gerardo El IndioPeláez —nacido en Chayapampa y “centre half” del equipo y la selección— acostumbraban a hablar en aymara en la cancha.

Tres: el arquero de la valla invicta era pianista. Don José Bascón ha pasado a la historia del fútbol boliviano por ser el primer/último “goalkeeper” en ganar un campeonato sin encajar un solo gol. Fue en 1930, un año inolvidable. Bascón acostumbraba a tocar el piano en el Hotel Torino junto a su orquesta. Lo hacía hasta que la hora —las dos de la tarde— indicaba la marcha hacia Miraflores. Con las manos delicadas de pianista, don José atajaba toda pelota que llegaba por sus alrededores.

Cuatro: la primera hinchada organizada de Bolivia.Su nombre, la Murga Stronguista. El motivo, alentar a los jugadores en los primeros clásicos contra el club Bolívar. Cuando se iba a jugar el “match” número 10 entre ambos rivales (marzo de 1931, el primero fue en 1927 y acabó cero a cero), los hinchas gualdinegros se agruparon para disfrazarse de oro y negro con una “S” gigante alrededor de una murga con instrumentos de verdad y otros de cartón. La Murga no solo animaba sino que arrancaba sonrisas y simpatías en su caminata por el centro de la ciudad hacia el Gran Stadium La Paz.

Cinco: el stadium gualdinegro de Tembladerani. En 1945 el gobierno donó dos extensos terrenos en Tembladerani para los dos clubes más importantes de la urbe. En Bolivia, por aquel entonces solo el decano, Oruro Royal, contaba con cancha propia. Uno de los barones del estaño, Víctor Manuel Aramayo, hincha stronguista y a la sazón presidente honorario del club, donó 100.000 bolivianos y el estadio gualdinegro en “territorio comanche” se hizo realidad. Tres años después, un turbión que bajó desde Pasankeri y El Alto borró del mapa el stadium atigrado de Tembladerani. La Alcaldía, a modo de compensación, ofreció al club otros terrenos en Alto Obrajes que al final fueron canjeados por otros en Achumani. El sueño de la cancha propia iba a hacerse realidad 40 años después, en 1986 en la zona Sur de la ciudad.

Seis: miles de cartas al Chaco. Durante la Guerra del Chaco, el Tigre organizó innumerab l e s actividades de apoyo a los soldados stronguistas de las cañadas y los fortines. Una de ellas fue la “Correspondencia del Soldado”. Bajo la dirección del dirigente Manuel Benito Sagárnaga —uno de los primeros directores del Conservatorio Nacional de Música—, el club mandó miles de misivas desde La Paz, no solo a las posiciones de combate sino a la propia capital paraguaya donde había prisioneros gualdinegros, como los capturados al inicio de la guerra en Fortín Boquerón. Todas las cartas llevaban el sello del club The Strongest. La “Correspondencia del Soldado” nació en febrero de 1933, cinco meses antes de la fundación de Radio Illimani, otro nexo de unión entre las ciudades/pueblos y el lejano campo de batalla. A los familiares que no contaban con papel, esquelas del club, certificados y solicitudes al Estado Mayor, el club se los proporcionaba de manera gratuita.

Siete: del Tonguito al Chupa. El club siempre ha contado con hinchas apasionados, desde sus inicios hasta la actualidad. Varios de ellos se destacaron como “hinchas número uno”. El primero fue Tonguito (década del 10 y del 20 del siglo pasado) seguido por José Negro Fernández (vestía en los años 40 chompa amarilla y negra a cuadros y alentaba con megáfono: falleció el 18 de mayo de 1970) y RocotoMárquez hasta llegar a Humberto ChinoRiveros y su sobrino, el inolvidable Raúl ChupaRiveros.

Ocho: las vicuñas del arriero David Guardia. Pasada la Guerra del Chaco, The Strongest arrancó con una tradición que iba a perdurar durante décadas: la entrada al “field” con una vicuña, considerada un símbolo de buen augurio. Durante más de 20 años, las vicuñas eran adornadas por la tienda “Bueno, bonito y barato” de don Gastón Velasco. Su más popular arriero fue don David Guardia, que tenía cuatro vicuñas siempre a disposición del gualdinegro.

Nueve: la chapa de Tigre fue inventada por un rival. ¿Por qué al club The Strongest le dicen Tigre? Por nuestros colores. Pero, ¿quién fue el primero en llamarlo así? Fue don Max de la Vega, el histórico fundador/presidente de la Asociación de Fútbol de La Paz, allá por 1914. De la Vega fue el máximo impulsor del primer clásico rival del gualdinegro: Nimbles Sport Association. Con motivo del aniversario XXXIII en 1941, don Max tomó la palabra en los festejos del 8 de abril de aquel año y dijo: “¡Yo les llamo Tigres! porque lleváis en la piel los colores máximos del club, que en las sombras densas han recibido el beso del sol para que con sus rayos luminosos puedan hacer de la penumbra el emblema gualdinegro. ¡Yo les llamo Tigres! porque en los campos de la lid, vuestra garra y tesón me recuerdan al tigre feroz. ¡Yo les llamo Tigres! porque cuando el score os es adverso, lucháis, cual tigre herido, para reconquistar el laurel”. Cuando Nimbles desapareció, don Max pasó a ser hincha y formar parte de la dirigencia stronguista. Murió en Cochabamba el 21 de julio de 1967.

Diez: el otro accidente. Viloco está en el corazón de todos los stronguistas pero en la década anterior a aquel accidente aéreo fatal, los años 50, el club también perdió a jugadores por un trágico accidente al regresar de Cochabamba en un automóvil Mercury. Ocurrió en enero de 1953 y fallecieron arrollados por un tren tres “players”: Ezequiel Calderón, Alberto El CholoRamírez y el paraguayo Eusebio Martínez. El arquero Raúl Reynoso, el kinesiólogo Alberto Molina, el chofer Gerardo Maida, un amigo del grupo Luis Ramírez y el pequeño de 10 años Eloy Stemberg salvaron la vida, pudiéndose escapar de las vías del ferrocarril donde el auto había quedado trancado. Los tres atigrados fueron velados en el estadio Hernando Siles y enterrados en el Cementerio General de La Paz.

Once: el primer Cóndor de los Andes. El club gualdinegro fue la primera institución deportiva en recibir el Cóndor de los Andes. Fue con motivo de los 50 años del club en 1958, en sus Bodas de Oro. El presidente de Bolivia, doctor Hernán Siles Suazo, fue el encargado de colocar la distinción. En aquel año, el Tigre también recibió el “Cordón de Oro”, el máximo galardón de la Federación Boliviana de Fútbol a cargo de su presidente, coronel Luis Saavedra Camacho.

Doce: el presidente vasco que abogó por Bolívar. Uno de los más grandes patriarcas atigrados fue el vasco José Luis de Aranguren y Núñez. Nacido en Bilbao el 5 de octubre de 1904, llegó a Bolivia en 1943 como experto en peritaje mercantil. De ideología franquista — fue militante de la Falange— se desempeñó como cónsul de España en nuestro país durante 20 años (1953-72). También colaboró por sus creencias católicas con el periódico El Diario y Radio Fides. El Vasco, como era conocido en La Paz, fue durante 30 años dirigente stronguista y presidió el club durante cuatro mandatos diferentes: 1947-50, 1952-56, 1958-59 en las Bodas de Oro y 1964-65. Precisamente aquel año, 1964, The Strongest salió campeón y descendió su rival, club Bolívar. En una entrevista publicada en el periódico Última Hora a finales de aquel año, Aranguren se opuso al descenso celeste a la B. “Sus argumentos rayaron dentro de una caballerosidad sin par, digna de todo stronguista, cosa no vista hasta los tiempos que corren. Con una propuesta imaginativa, Aranguren pidió que no haya descensos para que suba el campeón de la segunda división y al año, 1965, desciendan dos equipos”, dice don doceIván Aguilar en su libro. El Vascotambién fue el (decimotercer) presidente de la Federación Boliviana de Fútbol (1969). “La figura de José Luis de Aranguren refleja el amor puro y verdadero de un no paceño hacia el pueblo paceño. Se transformó el Vascoen uno de los stronguistas más memorables, cubierto hoy por el polvo del olvido”, añade don Iván Aguilar Murguía, también de ascendencia vasca. Tuvo dos hijos de su primer matrimonio de nombres José María y Alfredo; en su segundo matrimonio tuvo cuatro hijas de nombres Regina, Pilar, Begoña y Milagros; y cuatro hijos en su tercer matrimonio, de nombres José Luis, Ana María, Juan Carlos y Amparo. Don José Luis falleció en La Paz el 13 de abril de 1972.

Y trece: la primera mujer en formar parte de una dirigencia deportiva fue la stronguista Hortensia Taboada.Fue secretaria de actas en 1941 bajo la presidencia del periodista Gustavo Otero.

El libro Rugido centenario: Historia de The Strongest Football Clubde Iván Aguilar Murguía tiene un costo de 250 bolivianos (tapa dura) y 180 bolivianos (tapa normal). Se puede adquirir en la Biblioteca del Fútbol de Iván Aguilar, ubicada en la calle Indaburo y Junín 1089, a una cuadra de la plaza Murillo, o en el Edificio 4660, entre la calle cero y uno del barrio de Obrajes, sobre la avenida Ormachea.

LA GRÁFICA

El monumental libro delhistoriador/arquitecto Iván Aguilar. Foto: Libro “Rugido Centenario” de Iván Aguilar.

AUTOR. El historiador y arquitecto Iván Aguilar Murguía es el autor del libro ‘Rugido centenario: Historia de The Strongest Football Club’. El texto tiene 570 páginas. Foto: Libro “Rugido Centenario” de Iván Aguilar.

Foto: Libro “Rugido Centenario” de Iván Aguilar.

Foto: Libro “Rugido Centenario” de Iván Aguilar.

La vicuña, presente en la entrega del Cóndor de los Andes (1958). Foto: Libro “Rugido Centenario” de Iván Aguilar.

José Bascón, el pianista arquero. Foto: Libro “Rugido Centenario” de Iván Aguilar.

El equipo en 1913. Foto: Libro “Rugido Centenario” de Iván Aguilar.

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DÉCIMA VEZ

El talento valeroso de Violeta Parra (Chile, 1917-1967) y los insumos que me dio el poeta y cantautor Vadik Barrón fueron más que suficientes para entender lo que era la décima

Por El Papirri

/ 14 de junio de 2021 / 09:02

CH’ENKO TOTAL

El talento valeroso de Violeta Parra (Chile, 1917-1967) y los insumos que me dio el poeta y cantautor Vadik Barrón fueron más que suficientes para entender lo que era la décima, porque cada vez que la explicaban musicólogos, compositores o poetas, la explicación parecía cantinflesca, me cansaba y me decía: “menos mal que no existe este jeroglífico en la canción boliviana”. Dicen los que saben que la décima nació en España en el siglo de oro y se extendió a nuestras tierras, desapareciendo en España y renaciendo de manera intercultural en Latinoamérica. Hay una gran tradición en la potente décima cubana, los payadores argentinos parece que levitan cuando de pronto empiezan a improvisar en décima, los cantores populares chilenos improvisan décimas con gran maestría y humor, tengo un amigo cantautor chileno que trabaja sobre ella y se hace ovacionar con la wiskizquierda chilena en un pub muy chic del barrio de Bella Vista con sus décimas improvisadas de manera brillante. El uruguayo Jorge Drexler trabaja sobre la décima con obsesión artística y con gran solvencia por ancestros propios, los payadores uruguayos que le cascan décimas, inclusive en uruguañol.

Gracias al módulo IV que dicté durante tres años seguidos para la Maestría en Composición y producción musical de la UPEA, hoy entiendo un poco más el tema. En enero concluimos el módulo IV sobre Composición de canciones en letra y música (así se llama el módulo) y me pregunté con toda la rigurosa autocrítica posible: ¿cómo era posible que yo les dé de tarea componer una décima si yo mismo no había compuesto una? Vadik me había pasado el mejor ejemplo: Volver a los 17 de Violeta. Era el modelo a imitar en cuestión de forma y estructura. Es decir, había que construir un poema con ocho sílabas que rime así: ABBA BCCD DC. ¿O sea, otra vez el asunto cantinflesco? No. Repita usted, amable lector, Volver a los 17 y verá cómo las terminaciones de la última silaba del verso coinciden en esa estructura de rima. ¿Qué tal, metal? ¿Grave, jarabe? ¡Of course, my horse!, no es cosa fácil construir una décima estricta. Intenté 20 días construir una. Y no lo logré. Pero sí logré mi última canción compuesta, que me gusta mucho y que intitulé Décima vez. No es una décima estricta, pero la libertad que se da al final es en función de la propia canción, es decir, de la melodía y de la rítmica sostenida en la homofonía en primera ley tonal. En realidad, en cadencia clásica de la escala menor melódica. Listo, soy académico. ABBA BCCD AA. Así salió mi décima. Es que la última AA tiene una fuerza de estribillo, con estos dos versos le hice llorar a mi esposa (¿de emoción? ¿de tristeza?), no lo sé, se conmovió pues y eso dice mucho de una canción.

Hace mucho que dejé de pensar en la próxima canción. Creo que hice todo lo que ya hice, que si me da la gana puedo seguir cantando y repitiendo las ahora casi contadas 243 canciones que compuse en letra y música en 42 años. Pero es siempre bonito el sabor que deja una nueva canción, es como si el alma, el subconsciente o lo que sea, renacieran de la manera más natural y desencajante, mágica, solo que esta vez impulsados, el alma, el subconsciente o lo que fuera, por un desafío académico. Ahí me vino la disyuntiva, no estaba cumpliendo completamente la regla que yo mismo daba. Y se los dije en la cara a los 23 alumnos: yo me pongo un 7 sobre 10. Me salí de la regla para crear, la melodía también manda con su rítmica implícita, la armonía con su cadencia conclusiva, la rítmica, un joropo suave al estilo Violeta, justifica esa ruptura. ¿Otra vez cantinfleando?, me reñiría mi amigo el padre Mateo. “No, padre, soy pues académico”, justificaría.

Debo decirles que de los 23 alumnos solo tres pudieron con la décima estricta con buenos trabajos… aunque un poco carentes de poesía. Me di cuenta ahí de que la mayoría de mis alumnos eran músicos, no les interesaba mucho el texto, no les salía esa cosa mágica del alma en la palabra, pero sí en la música. Solo que el chiste del ejercicio deseaba cumplir con el capítulo de la importancia del texto en la canción. Para concluir, les presento el texto.

DÉCIMA VEZ

Quererte es un trago fuerte Que hiere y calma la pena Quererte es cal, es arena Es vida y pulso de muerte Razón sopadita en suerte Es sol derretido en nube Es un barranco que sube Es luz que se apaga y prende Quererte siempre quererte Es una verdad que miente

Amarte es siempre perderte Te aferras y yo me alejo Te apagas y yo me enciendo Floreces en pleno invierno… Me agobia esta mala suerte Es ilusión es conjuro Es pampa infinita y muro Es mar que se seca al frente, Quererte siempre quererte es una verdad que miente…

Que te me vas, que ya volví Que encallas pronto cuando me fui Tu risa clara es mi dolor Quiero atraparte, quieres partir. Quererte siempre quererte Es una verdad que miente…

(*) EL PAPIRRI: Personaje de la Pérez, también es MANUEL MONROY CHAZARRETA

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Marcos Santana: ‘La exposición que tendrá Bolivia será positiva y hermosa’

Un viaje a Bolivia hace más de 20 años animó al presidente de NBC Universal Telemundo Global Studios a filmar en el país

Marcos Santana, presidente de NBCUniversal Telemundo

Por Miguel Vargas

/ 14 de junio de 2021 / 08:57

Llega un equipo de filmación hasta el hotel Casa Grande de La Paz tras realizar tomas en los Yungas. Con una gran sonrisa les recibe Marcos Santana, presidente de NBCUniversal Telemundo Internacional, quien emocionado les pregunta por el viaje y aprovecha para compartir cómo, en una mañana libre, realizó el descenso por el llamado Camino de la Muerte en bicicleta. La pasión brota en cada palabra y gesto del empresario venezolano, que además es el showrunner de la tercera temporada de La reina del sur, serie protagonizada por la mexicana Kate del Castillo y en la que actúan los bolivianos Cristian Mercado, Pedro Grossman y Ariel Vargas, entre otros. En su fase en Bolivia se filmará en La Paz, El Alto, Sucre, Potosí y Uyuni.

—¿Cómo surgió la idea de filmar en varias locaciones de Bolivia?

—Es un sueño hecho realidad. Yo conocí Bolivia hace más de 20 años, estuve por Santa Cruz, me hicieron una invitación. Regresé hace unos 15 años a La Paz y a través de la familia Crespo Parkerson conocí este maravilloso país. De ese viaje recuerdo —aparte del sorojchi, que me pegó durísimo— que me lancé por la carretera de Yungas en bicicleta y empecé a entender estas ciudades como Potosí, Sucre, Uyuni… Y pensé que algún día iba a rodar acá y se dio esta maravilla.

—¿Cómo se une esto a La reina del sur?

—Cuando empezamos a desarrollar la tercera temporada —que es básicamente una historia de acción, de persecución y de amor, alejada completamente del narcotráfico, algo que ya hicimos en la segunda temporada—, dijimos: “vamos a viajar al sur”. La anterior temporada estuvimos en Moscú, La Toscana, Madrid, Málaga, Washington, Belice… Ahora vinimos al Sur. Nunca antes una serie de 60 episodios había hecho algo parecido: mostrar los grandes monumentos naturales de la región. En esta tercera parte, Teresa Mendoza irá país por país buscando pruebas contra la CIA, el FBI y la DEA, pruebas que comprometan al Gobierno norteamericano con el fin de negociar su indulto. Vamos a estar en Bolivia, en La Paz; en El Alto, donde arrendamos tres edificios de eventos, a los que mucha gente les dicen cholets; ahí habrá acción, como la pelea de  cholas. Estaremos en Sucre, Yungas y Uyuni: en el salar y en el Cementerio de Trenes.

—¿Cuál será el alcance de la serie como plataforma para mostrar al país?

—Bolivia va a estar al lado de escenarios en Buenos Aires, las misiones, Bariloche, Lima, Machu Picchu, Bogotá, Santa Marta, El Peñón y así sucesivamente. Vamos a mostrar lo que realmente somos: una potencia cultural y natural  para el mundo. Creemos que La reina del sur, que es vista por más de 180 millones de personas alrededor del mundo, va a ser el vehículo perfecto para mostrar cuán bella es esta región. Además, queremos reflejar a la población indígena. En esta temporada quise incorporar nuestros idiomas, con subtítulos, y nuestras raíces.

—¿Cómo fue el contacto con el equipo humano en el país?

—El proyecto se inició hace dos años. Buscamos productores en Bolivia y seguimos un proceso de selección hasta que llegamos a Pucara Producciones, con Paola Gosálvez, con quien venimos trabajando desde comienzos de abril. Primero llegó un grupo gigante de 60 personas para el scouting (búsqueda de locaciones), luego Paolo colaboró con el casting boliviano. Es una producción que involucra a unas 5.000 personas. En Bolivia hemos movilizado a unas 300 personas.

SERIE. ‘La reina del sur’, teleserie inspirada en su primera entrega en la novela homónima del español Arturo PérezReverte, se estrenó en 2011 y tiene ya dos temporadas. Foto: Rodwy Cazón

—Eso implica una inversión económica considerable…

—Desde el hotel está tomado por nosotros. Estamos hablando de millones de dólares con un factor multiplicador. Por cada persona que toca directamente la producción, afectamos a otras 10.  Además, la exposición que va a tener Bolivia es positiva y hermosa. Si el Estado tuviese que invertir para llegar a 200 millones de personas de forma eficiente, la inversión tendría que ser de millones y millones de dólares. Nosotros tendremos tomas cinematográficas de las locaciones, de los paisajes naturales y de su gente, todo muy bien cuidado. Hay además un proceso de edición, lo que estamos filmando en junio va a salir en año y medio.

—¿Cómo ha sido la filmación en pandemia? ¿Qué medidas se tomaron?

—La responsabilidad que hemos asumido con la empresa local es única. Establecimos pruebas diarias en locación y producción,  PCR y antígeno, a todas las personas. Es para proteger no solo al crewy al talento, sino a las comunidades.

Estas medidas significan una inversión gigantesca, es como una producción aparte. Si acaso una persona llegase a dar positivo, inmediatamente se investiga con quién ha estado más de media hora en las últimas 48 horas y las personas son aisladas y sometidas a pruebas diarias hasta que puedan regresar. Rodar en medio de la pandemia es una cruzada, una epopeya: en más de 30 años en la industria, nunca había pasado por nada parecido.

—En Telemundo siempre se ven diferentes nacionalidades latinas en un solo programa, pero no había sucedido lo mismo con paisajes de varios países.

—Somos una empresa hispana  en Estados Unidos y allí somos más de 60 millones de hispanos. En cualquier reunión en la oficina de Telemundo estamos con 15 nacionalidad diferentes, fácil. Somos la única empresa que produce con este arco iris de nacionalidades y lo venimos haciendo desde hace más de 15 años. Hemos sido pioneros en grabar en distintos países, pero esta es la primera producción que se trasladará por toda la región. Y no es nada fácil. No conseguimos un avión para llegar a Uyuni, entonces el scouting tuvo que hacer ocho horas de viaje para ver las locaciones. Por suerte ahora conseguimos los permisos y aviones para filmar allí.

—¿Cómo ha sido el trabajo del equipo boliviano?

—Maravilloso. Todos han puesto una pasión única, es un trabajo de 12 a 18 horas por día. Hemos encontrado que la gente aquí solo sabe decir sí. En las filmaciones en El Alto, alrededor de los edificios de eventos había cientos de personas. Cuando el director decía ‘acción’, no se movía ni una mosca. Eso no lo he visto nunca en Latinoamérica. La gente espera a que el actor se acerque a ellos. El boliviano es gente muy hermosa. Creo que dentro de las cosas que me llevo es la alegría que el mundo conozca un país que subestima. 

Cuando comencé las reuniones de producción y escribía en una pizarra electrónica los lugares en los que quería grabar, la gente googleaba: no sabía dónde es Yungas,  Uyuni. Ahí me di cuenta de que no todos conocen Bolivia.

—La promoción de la cultura boliviana no se limita al audiovisual. ¿Cómo conoció a Vero Pérez, que tuvo la oportunidad de cantar para Telemundo?

 —Estaba con mi amiga María Elisa Parkerson Crespo manejando en Miami, sonó una canción y le pregunté quién era. “Me mandó mi mamá”, me dijo. Al día siguiente me vuelvo a topar con la canción y me dice: “Vero Pérez”. Yo estaba en la producción de 100 días para enamorarse y decidí que esa era la canción. Le dije a mi equipo: “Lo único que sé es que Vero Pérez es boliviana” y la ubicaron por Instagram. Le pedimos un número y la llamamos. Cuando se fue formalizando la cosa, ella preguntó cómo llegamos a ella y le dijeron: “El presidente de la empresa te escuchó  y le encantaste”.

Fui descubriendo más de esta artista que canta en portugués, italiano y francés. Tenía un evento en enero de 2020, que se llama NATPE Miami, donde hay una presentación de 40 minutos. Un equipo de producción de más de 100 personas trabaja ocho meses para esos 40 minutos. Esta vez quería algo diferente. Para cuando ya esté todo el mudo, quería que vayamos a negro y que aparezca Vero Pérez cantando La vie en Rose. Ella voló de La Paz a Miami a cantar una canción. Cuando terminó de cantar, yo dije: “Ella es Vero Pérez, de La Paz, Bolivia, donde estaremos filmando posiblemente en un año parte de la tercera temporada de La reina del sur.

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