miércoles 28 jul 2021 | Actualizado a 06:52

A mano alzada

La Paz

/ 25 de noviembre de 2020 / 10:52

Escribo a mano alzada. Me cuesta decir algo. Vuelvo a La Paz, mi ciudad, luego de un año. Estamos vivos, la emoción me cubre con este aire andino bendito, no quiero recordar pero el Tata Mururata me dice, sacándose el sombrero: “Memoria, siempre memoria”. Mientras pasamos la tranca, recuerdo. Hace un año los fascistas irrumpen en el Palacio Quemado con una Biblia evangélica, queman oficinas estatales, los militares pisan la Wiphala, se arrancan la  bandera del brazo. Recuerdo, solo fue hace un año, algo le pasó al tiempo que no pasa, hace un año fue la masacre de Senkata, son asesinados jóvenes aymaras, albañiles, caseras, vecinos, cientos de heridos, denuncio esto en las redes sociales, llueven las amenazas. Recuerdo a una Waldita, docente de Literatura gritando histérica: “urgente, toque de queda, intervención militar”. Recuerdo la masacre de puente Huayllani, 15 de noviembre, 11 muertos, más de 200 heridos. Hay causas por las que se puede morir, pero no hay causas por las que se puede matar, dice una viuda llorando. Militares balean por atrás, policías balean por delante. El nuevo Arce Gómez dice que los vecinos se dispararon entre ellos.

Recuerdo cómo salimos de La Paz, sin ningún derecho en la piel, con cuatro fuerzas represoras alrededor: policías, militares, parapolicías, paramilitares; y el nuevo Arce Gómez amenazando con esposas y balas al que se le ponga al frente. Recuerdo a mi esposa temblando en el aeropuerto, nos íbamos a Cochabamba presionados, asustados, llovía a cantaros, militares aprobaban listas de pasajeros, decidimos irnos por separado, ella entra primero, yo al último, el gran Mirkito con su taxi nos ayuda, por fin paso al preembarque con mi sombrerito cocalero y mis lentes de aumento, de pronto dan mi nombre por el parlante y dos nombres más: los pasajeros… deben apersonarse a puerta 3. Me digo: “cagué”. No tenemos ningún derecho, a quién acudir, a quién quejarse, la Defensora del Pueblo está clandestina, es 22 de noviembre, la marcha por los muertos de Senkata ha sido reprimida, los ataúdes caen al piso. Un funcionario de Boa me lleva en silencio, vamos con una señora de pollera y un joven a la pista del avión, nos meten a un cuarto, tres militares gritan: “¡Abran sus maletas!” La mía la revisa uno con pintura de guerra en las mejillas, grita: “¡Por qué va a Cochabamba!”. “Ahí vivo”, le respondo. “¡Cómo lo comprueba!”. Saco de mi billetera el certificado de sufragio, le saca foto, me pide el celular, por suerte había borrado todos los mensajes de cumpas, lo mira sin mirar. El militar de al lado revisa a la señora de pollera: “¡Aquí hay!”, dice. El que está conmigo se va allí, la señora tiene un sobre con muchos dólares escondido en sus ropas. “¡Esto es prohibido, señora!”, gritan. “Estoy yendo a Cochabamba a comprar pollos”, dice la señora. “No se puede, además usted está yendo a financiar a los terroristas”, dice el otro. Se la llevan. “¡Váyase!”, ordena el milico llamando al de Boa. Subo al avión, mi corazón está por explotar, mi esposa llora, le hago la señal del pulgar de todo bien, llegamos a Cochabamba pálidos, nos vamos en taxis diferentes, por suerte el departamento de mi esposa es algo lejano.

Mientras la ciudad se enciende, recuerdo. Unos jóvenes rechonchos arrastran de los pelos a la Alcaldesa de Vinto, la desvisten y patean, le pintan el pelo color sangre, el nuevo Arce Gómez dice que correrá bala si siguen las protestas. Recuerdo. Unas señoras piden de rodillas golpe de Estado. Un exmilitar pide intervención de los marines. Un intelectual cómplice del golpe escribe y desea que este gobierno sea como la UDP. Mi esposa me dice: “párala, no hables con la mente”, se escucha, ya pasó. El Tata Illimani me saluda, tranquilo kilo dice, hay coquita en las calles,  está anocheciendo, el silencio es solemne en la bajada a la hoyada.

Entonces  llegamos a mi departamentito, tiene olor a la vejez, las fotos de mis padres lagrimean, corro detrás de mis guitarras encerradas en un ropero, riego desesperado cadáveres de plantitas, respiro los Andes profundos, pongo una velita por nuestros muertos. Lucho Arce jura como  Presidente del Estado Plurinacional de Bolivia. Hay un Amuki diferente, de duelo, de dolor. Se festeja en silencio. El pueblo aymara  ha vuelto al palacio. El pueblo quechua jura honestidad en la Asamblea. La Bolivia profunda tiene esperanza y memoria. Recuerdo. Silencio. Memoria. Mano alzada, la izquierda. Que será. Que pasará. La dignidad ha vuelto. Amuki activo. La Patria revive herida de bala. Ya tenemos derechos. Nadies nos puede agredir así nomás. Honor y gloria a los que hicieron posible que respiremos esta nuevita libertad.

(*) El Papirri: personaje de la Pérez, también es Manuel Monroy Chazarreta

VERÓNICA Y NICO

Me gustó el programa dos de Ch’utis, que hacemos por Abya Yala Televisión y que se emite los sábados a las 21.00. Pude conocer a Verónica Córdova, mujer, cineasta, escritora, guionista, madre, esposa y una gran sobrina

/ 26 de julio de 2021 / 19:03

CH’ENKO TOTAL

Me gustó el programa dos de Ch’utis, que hacemos por Abya Yala Televisión y que se emite los sábados a las 21.00. Pude conocer a Verónica Córdova, mujer, cineasta, escritora, guionista, madre, esposa y una gran sobrina. Me impresionó Verónica, en su búsqueda hizo dos licenciaturas, una maestría y un doctorado en guion cinematográfico. Tuvo una experiencia vital en Cuba donde afiló el oficio en la Escuela Internacional de Cine de San Antonio de los Baños. La conocí en el set, nunca había conversado con ella, impactó el relato de su próxima película sobre los últimos 10 años de vida del maestro Gil Imaná. La película empieza cuando Gil esparce las cenizas de su esposa, la artista Inés Córdova, en el lago Titicaca. Cuenta Vero que en ese entonces hicieron un pacto con el maestro, filmar sus últimos años hasta que él se una con su esposa en la eternidad de las aguas del lago, hecho que aconteció en enero y que cierra un ciclo de 10 años de filmación que incluye, por supuesto, todo el registro en imágenes de la catalogación y ordenamiento de las obras de ambos, la donación a la Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia —no solo de más de 6.000 piezas artísticas—, sino también de la casa ubicada en la hermosa esquina paceña de la avenida 20 de Octubre con Aspiazu, casa donde deberá funcionar el Museo Inés Córdova-Gil Imaná por legado de estos dos grandes artistas bolivianos. Verónica cumplió militantemente todo lo acordado con sus tíos, terminó de filmar. Hoy la película descansa en duelo hasta que se retome la edición final.

Me impresionó Verónica y su pluma de fuego, el año pasado en este mismo medio escribió en su columna hechos y pensamientos de gran riesgo en una sociedad comandada por fascistas, ella aceptó el reto de escribir sus pensamientos libertarios y lo hizo incluso con el odio rondando. Conversamos de su película Di buen día a papá, que representó a Bolivia en los Oscar para mejor película extranjera, hablamos de la hermosa Inés, su hijita de 15 años a quien le gusta las canciones del Papirri, compartió con todos nosotros su experiencia en Noruega donde hizo maestría y doctorado, viviendo cuatro años en la ciudad de Bergen. Vero podía quedarse a trabajar para siempre por esos pagos pero decidió volver a la Patria: “Quiero contar his

torias, este es mi lugar”, afirmó rotunda. Al final de la entrevista le dediqué la canción Del amor, su bailecito que la hizo jalear con gustito de picantes y coctelitos del valle.

En cuanto a Nicolás Suárez, ya escribí larguito sobre él. Nico es un gran músico, con una formación académica muy sólida, conversamos sobre sus proyectos, intercambiamos discos, hablamos de su ópera El Compadre. Lo más lindo del Nico es que no se hace problema de transcurrir en el campo de la música erudita y la música popular, escuchamos un blues que le compuso a su hijito, hablamos de su doctorado en Composición en la Universidad Católica de Washington. Acaba de sacar un disco de canciones para niños que quedó muy bonito, nos contó de su experiencia como arreglista y tecladista de la Agrupación Wara, una charla amena que concluyó con una sorpresa, tocamos ahí, en vivo, en el jardín del Nico, la canción Soy atigrado que fluyó fresca, con el cielo paceño de fondo. Hermoso recuerdo que nos llevamos para siempre. Verónica y Nico, dos grandes artistas bolivianos que pese a pandemias, golpes, virus, siguen produciendo arte e ideas.

El programa Ch’utis continúa, pese a grandes dificultades, en un canal que está reviviendo. Yo voy ahora mismo a La Paz a sentarme al lado del editor que necesita algunos consejos respecto a la edición de un programa cultural- musical. Usted puede ver el reprisse del programa tres hoy a las 22.00 con la presencia de Miskicho Valverde, actor, cineasta, fotógrafo de notable creatividad y la figura musical del gran Rolando Encinas, el creador de la orquesta Música de Maestros y —para mi humilde opinión— el mejor quenista de Bolivia. Bien nomás está el asunto. Pa qués decir.

(*) EL PAPIRRI: Personaje de la Pérez, también es MANUEL MONROY CHAZARRETA

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PROGRAMA DE TELE

Solo a mí, el contreras, se le podría ocurrir hacer un programa cultural de tele a estas alturas, en plena pandemia

/ 12 de julio de 2021 / 11:26

CH’ENKO TOTAL

Solo a mí, el contreras, se le podría ocurrir hacer un programa cultural de tele a estas alturas, en plena pandemia. “Qué pasa pues, por qué provocas”, ruge mi tía Lila desde su celular celestial.

Fue en mayo que me llamó el jefe de producción del canal Abya Yala: “Papirri, soy del Tigre, soy de izquierdas, solo que monógamo nomás. Deseamos que hagas un programa cultural”, me dijo en humores y yo me alegré, dos de mis rotundidades estaban como carta de presentación: acepté nomás el reto. Eufóricos, empezamos a grabar y grabar, le dije que no podía hacerlo en el set del noticiero que parece un sótano hitleriano sin aire, probamos en el jardín, no salió bien, entonces ubicamos en la terracita un exbalcón y se armó el set, con plantas, al estilo de los canales nuevos, tal vez un poquito mejor, lo importante: el contenido del programa y revivir el canal.

El primer entrevistado se sintió incómodo, rarísimo cuando le dije: “Hermano, te llamo para hacerte una entrevista”. “Pero yo estoy detrás de cámaras siempre, nunca me entrevistan”, respondió Milton Guzmán con voz temblorosa… “De eso se trata, jefe”, le dije, “entrevistar a artistas técnicos que no están en la cartelera pero que la sudan jodido con sus obsesiones estéticas”. Milton contó su participación como camarógrafo en la peli Cuestión de fe, en el guion y dirección de la serie Oro verde, recordó sus más de 40 años de vida en el mundo audiovisual que incluye ser hoy responsable académico de la Escuela de Cine de Ukamau. Me estremeció su siguiente relato: al inicio de su carrera estaba como camarógrafo de Canal 7 y fue a cubrir la reunión de la COB aquel fatídico 17 de julio de 1980. Terminando la rueda de prensa llegaron los paramilitares de García Meza en una ambulancia a disparar ráfagas de metralleta a mansalva. Milton pudo refugiarse, el líder socialista Marcelo Quiroga Santa Cruz salió a enfrentar a los golpistas y lo masacraron. Tal vez fue el último en cruzar unas palabras con Marcelo. Milton nos contó además que filmó desde 5.400 metros en el Illimani, más abajito de la cima, un documental europeo; hoy está en la selva peruana, en el guion y cámaras, filmando un documental para la tele de EEUU sobre la medicina ancestral en Latinoamérica. Al final me pidió leer un poema que le hice a La Paz, mi ciudad, y enganché a guitarra pelada con mi canción Pepino pandillero, no teníamos condiciones técnicas para enchufar la guitarra, ahí me di cuenta de que el programa sería una guitarreada móvil y que hay que cascarle así nomás, espero sinceramente que salga bien, pues el micrófono corbatero agarra el audio de la guitarra.

Un jueves de mayo nos fuimos a completar el primer programa a la casa de Heber Peredo, joven pianista y compositor paceño que nos recibió con gran amabilidad en el jardincito de su casa ubicada en la zona de Aranjuez. El canal llevó tres cámaras, gran apoyo al escobita nueva que se preguntaba si habría sostenibilidad. La entrevista con Heber salió bonita, normal, hasta que ingresamos a su estudio y ahí me confesó que tenía oído absoluto, un mito entre los músicos, en este caso un mito viviente de 28 años con súper talento musical. Me impresionó el asunto, yo tocaba un si bemol desde uno de sus teclados y él, de espaldas, decía si bemol, es decir, reconocía las notas con solo oírlas. Heber, siempre humilde y con sabiduría, me dijo: “Papirri, no pasa nada empanada, el estudio es lo que importa”. “Oído absoluto tienen pocos músicos, Hebercito”, le subrayé. Difundimos la hermosa cueca de su autoría en letra y música Desde la luz, dedicada a La Paz, mi ciudad, mediante un video hecho en casa con imágenes hermosas de la ciudad.

Nos animamos a tocar mi Zamba Geisha, en dúo piano y guitarra: ¿cómo saldría aquello?, hoy lo sabré. Tiene sus riesgos no revisar la edición, pero en los canales siempre están todos muy ocupados.

El programa de tele se llama Ch’utis y trata de visibilizar a los artistas, difundir sus obras, sus sueños, sus trabajos, sus ganas de vivir frente a tanta muerte. Según contrato debo hacer 30 programas hasta diciembre. ¿Será que me alcance la vida? ¿Será que las olas no me trituren antes? ¿Quiénes serán los entrevistados en estos 30 programas? ¿Será que consigo cámaras desde Cochabamba? Bueno, por ahora usted puede ver este primer programa de Ch’utis, arte viral por la tele, esta misma noche mediante el reprisse del domingo desde las 22.00 horas. Chu’tis se emite los sábados a las 21.00. Esito sería. A ch’allar se dijo.

(*) EL PAPIRRI: personaje de la Pérez, también es MANUEL MONROY CHAZARRETA

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LOS WALDITOS

El cantautor paceño recuerda un episodio en la Av. 6 de Agosto

Por El Papirri

/ 27 de junio de 2021 / 21:19

CH’ENKO TOTAL

Voy caminando por mi avenida 6 de Agosto de La Paz, la siento mía de mí, toda la infancia y adolescencia la aplané con mis cachitos poblados de barro. Percibo que ahora tiene un olor diferente, a tucumana mezclada con hamburguesa, a donuts baboso y mayonesa. Entonces aparece al fondo aquel cuate con chuspa multicolor, botas de cowboy, sombrerito de hacendado que esconde la pelada, chamarrita de cuero rockero, docente de tiempo completo de la universidad pública, el típico intelectual joven centenario. Hace un año era un pita desenfrenado que salía a bloquear con los Walditos y publicaba por el Face insultos contra Evo, el indio ignorante, el narcococalero. Cuando en su muro apoyó a Camacho tomando el poder a patadas, le mandé por el messenger una nota que decía: “che, hermano, está bien que lo apoyes al Mesa, pero no pues a estos fascistas… ¿acaso no te acuerdas que nos sacaron al exilio en el 80? Son los mismos”. Su respuesta fue lamentable: “nos sacaron al exilio los narcomilitares, ahora lo sacamos al exilio al narcococalero”. Era la respuesta de un tipo con maestría y cursos europeos. Recuerdo que gruñó desesperado por el face: “Estado de sitio ¡¡cierre urgente de la Asamblea Legislativa!!”. Recuerdo que leí aquello, respiré hondo, coloqué saliva al índice y apreté bloqueo, como si fuera  algo importante.

Ahora lo veo repartiendo eufórico unos panfletos por la carrera de Literatura, me da su panfleto, no me reconoce por el barbijo y sombrerito, el panfleto tiene un logo en blanco y rojo con la cara de Marcelo Quiroga Santa Cruz. “Vota por SU, Socialismo en la Universidad”, dice. Ahí está la foto del cuate para jefe de carrera. “Honestidad y Revolución”, concluye el panfleto. Me río. Error. Parece que reconoce mi risa.

“¡Papirri! Cómo es, hermano. Espero que hayamos superado el impasse del año pasado”, dice. “Estoy postulando en mi carrera, voy a ganar, haremos algo pues, no sé… un recital en el paraninfo, me voy la próxima semana a Barcelona a exponer sobre Los fantasmas de Facoult en la literatura, ojalá este virus me deje ir. Bueno, chau hermano, llegó mi mujer…”. Se sube al vuelo a un auto. El auto es un Mitsubishi negro del año, enorme, parece un buque, lo maneja la esposa, está empapelado de la formula SU con el logo de Marcelo, pero los afichetes muestran —no la cara de él— más bien la cara de ella, que candidatea para decana o algo así. El cuate se va saludando a nadie.

Sigo caminando la avenida 6 de Agosto, miro el cielo sublime paceño, respiro mi barrio. “Hay que sopocachear”, me digo tranquilo. Llego a la plaza Abaroa, me siento en un banquito, en medio de la plaza se realizan actividades por las víctimas de las masacres de Senkata y Pedregal, una joven aymara se acerca y me vende un periodiquito. Lo leo, veo en las páginas centrales un collage de noticias del año pasado: Murillo en primera plana amenaza con sus esposas; llegan respiradores de China, el gobierno lucha contra el coronavirus; el Tata Quispe es posesionado como director del Fondo Indígena; en Senkata se dispararon ellos mismos, declara el viceministro Santamaría; la Universidad apoya con comida y alojamiento a la resistencia cochala,  dice otro  titular con la foto de los Walditos repartiendo almuerzos.

Entonces me llega un watsap: “hermano, nos acabamos de encontrar, mi mujer dice que este sábado vamos a hacer unos tacos en casa, ven pues, vendrá la Isa y su marido, tráete la guitarra y así cantamos como antes nuestras canciones de protesta, la Isa canta canciones de la trova cubana, los clásicos de Violeta, te esperamos, ¡no  falles!”. Manda la ubicación de la casona de la zona Sur y un saludo de la fórmula Socialismo en la Universidad, “vota por SU”.

Respiro hondo, pongo saliva al índice y aprieto bloqueo del watsap, como si fuera algo importante. Me levanto del banquito y sigo sopocacheando.

(*) El Papirri: personaje de la Pérez, también es Manuel Monroy Chazarreta

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DÉCIMA VEZ

El talento valeroso de Violeta Parra (Chile, 1917-1967) y los insumos que me dio el poeta y cantautor Vadik Barrón fueron más que suficientes para entender lo que era la décima

Por El Papirri

/ 14 de junio de 2021 / 09:02

CH’ENKO TOTAL

El talento valeroso de Violeta Parra (Chile, 1917-1967) y los insumos que me dio el poeta y cantautor Vadik Barrón fueron más que suficientes para entender lo que era la décima, porque cada vez que la explicaban musicólogos, compositores o poetas, la explicación parecía cantinflesca, me cansaba y me decía: “menos mal que no existe este jeroglífico en la canción boliviana”. Dicen los que saben que la décima nació en España en el siglo de oro y se extendió a nuestras tierras, desapareciendo en España y renaciendo de manera intercultural en Latinoamérica. Hay una gran tradición en la potente décima cubana, los payadores argentinos parece que levitan cuando de pronto empiezan a improvisar en décima, los cantores populares chilenos improvisan décimas con gran maestría y humor, tengo un amigo cantautor chileno que trabaja sobre ella y se hace ovacionar con la wiskizquierda chilena en un pub muy chic del barrio de Bella Vista con sus décimas improvisadas de manera brillante. El uruguayo Jorge Drexler trabaja sobre la décima con obsesión artística y con gran solvencia por ancestros propios, los payadores uruguayos que le cascan décimas, inclusive en uruguañol.

Gracias al módulo IV que dicté durante tres años seguidos para la Maestría en Composición y producción musical de la UPEA, hoy entiendo un poco más el tema. En enero concluimos el módulo IV sobre Composición de canciones en letra y música (así se llama el módulo) y me pregunté con toda la rigurosa autocrítica posible: ¿cómo era posible que yo les dé de tarea componer una décima si yo mismo no había compuesto una? Vadik me había pasado el mejor ejemplo: Volver a los 17 de Violeta. Era el modelo a imitar en cuestión de forma y estructura. Es decir, había que construir un poema con ocho sílabas que rime así: ABBA BCCD DC. ¿O sea, otra vez el asunto cantinflesco? No. Repita usted, amable lector, Volver a los 17 y verá cómo las terminaciones de la última silaba del verso coinciden en esa estructura de rima. ¿Qué tal, metal? ¿Grave, jarabe? ¡Of course, my horse!, no es cosa fácil construir una décima estricta. Intenté 20 días construir una. Y no lo logré. Pero sí logré mi última canción compuesta, que me gusta mucho y que intitulé Décima vez. No es una décima estricta, pero la libertad que se da al final es en función de la propia canción, es decir, de la melodía y de la rítmica sostenida en la homofonía en primera ley tonal. En realidad, en cadencia clásica de la escala menor melódica. Listo, soy académico. ABBA BCCD AA. Así salió mi décima. Es que la última AA tiene una fuerza de estribillo, con estos dos versos le hice llorar a mi esposa (¿de emoción? ¿de tristeza?), no lo sé, se conmovió pues y eso dice mucho de una canción.

Hace mucho que dejé de pensar en la próxima canción. Creo que hice todo lo que ya hice, que si me da la gana puedo seguir cantando y repitiendo las ahora casi contadas 243 canciones que compuse en letra y música en 42 años. Pero es siempre bonito el sabor que deja una nueva canción, es como si el alma, el subconsciente o lo que sea, renacieran de la manera más natural y desencajante, mágica, solo que esta vez impulsados, el alma, el subconsciente o lo que fuera, por un desafío académico. Ahí me vino la disyuntiva, no estaba cumpliendo completamente la regla que yo mismo daba. Y se los dije en la cara a los 23 alumnos: yo me pongo un 7 sobre 10. Me salí de la regla para crear, la melodía también manda con su rítmica implícita, la armonía con su cadencia conclusiva, la rítmica, un joropo suave al estilo Violeta, justifica esa ruptura. ¿Otra vez cantinfleando?, me reñiría mi amigo el padre Mateo. “No, padre, soy pues académico”, justificaría.

Debo decirles que de los 23 alumnos solo tres pudieron con la décima estricta con buenos trabajos… aunque un poco carentes de poesía. Me di cuenta ahí de que la mayoría de mis alumnos eran músicos, no les interesaba mucho el texto, no les salía esa cosa mágica del alma en la palabra, pero sí en la música. Solo que el chiste del ejercicio deseaba cumplir con el capítulo de la importancia del texto en la canción. Para concluir, les presento el texto.

DÉCIMA VEZ

Quererte es un trago fuerte Que hiere y calma la pena Quererte es cal, es arena Es vida y pulso de muerte Razón sopadita en suerte Es sol derretido en nube Es un barranco que sube Es luz que se apaga y prende Quererte siempre quererte Es una verdad que miente

Amarte es siempre perderte Te aferras y yo me alejo Te apagas y yo me enciendo Floreces en pleno invierno… Me agobia esta mala suerte Es ilusión es conjuro Es pampa infinita y muro Es mar que se seca al frente, Quererte siempre quererte es una verdad que miente…

Que te me vas, que ya volví Que encallas pronto cuando me fui Tu risa clara es mi dolor Quiero atraparte, quieres partir. Quererte siempre quererte Es una verdad que miente…

(*) EL PAPIRRI: Personaje de la Pérez, también es MANUEL MONROY CHAZARRETA

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MI PRIMERA GUITARRA

He recuperado mi primera guitarrita, la tenía mi sobrina en resguardo. Me acordé de ella cuando subí la anterior semana a la estación central del teleférico rojo

Por El Papirri

/ 23 de mayo de 2021 / 20:15

CH’ENKO TOTAL

He recuperado mi primera guitarrita, la tenía mi sobrina en resguardo. Me acordé de ella cuando subí la anterior semana a la estación central del teleférico rojo, o sea a la antigua estación de trenes, me emocionó pararme en el lugar donde nos despedían parientes y amigos, era por  noviembre, nos íbamos por tres meses a la casa del abuelo, al chaco argentino, el recorrido total: cuatro días y cinco noches de chucuchucu. La subida a El Alto era alucinante, mi madre afanosa había comprado con meses de anticipación los boletos en el vagón cafecito argentino, en un camarote dúplex con camitas de cuartel, mi madre y yo en un camarote, mis hermanos en el otro, en el medio una puerta corrediza. Éramos felices. Yo entraba corriendo al camarote con mi guitarrita en la espalda, tenía siete añitos, me habían regalado el instrumento dos meses antes, el 18 de septiembre de 1967 para ser exactos, me subía a la cucha de arriba y empezaba a estudiar las primeras melodías.

Ahora que la veo de nuevo, adentro de su cuerpo tiene el sello de marca, dice: “Luciano Mancilla R, Fabricante de instrumentos de cuerda, recibe toda clase de trabajos concernientes al ramo, puntualidad, esmero. Av. Buenos Aires 1493, esquina 3 de mayo, La Paz, Bolivia”. Un día de estos iré por ahí a husmear, quién te dice que aún están ahí los herederos porque el maestro Mancilla ya ha debido fallecer, aunque nunca se sabe, por ahí tenía 20 años cuando hizo la guitarrita y ahora tiene 80. Con esta guitarrita aprendí los primeros acordes, recuerdo tocar con gran esmero la Zamba de Vargas de mi abuelo Andrés, Adelita de Tárrega. Lo lindo es que mi mamá no se hacía problema de que tocara variopintas melodías, pero eso sí, la media hora de técnica era obligatoria con los ejercicios de arpegios de Sagreras y las escalas de Tárrega. En su tapa o cara externa tiene las marcas del tiempo, arrugas casi humanas la pueblan, recuerdo haber escrito con un lapicito “Las voces del chañar”, aún se lee algo… era el nombre de un dúo que armamos con mi amigo santiagueño Cunino Vega, quien tocaba muy bien el bombo legüero, hacíamos dos voces muy bonitas. Ya ese mismo febrero del 68 debutamos en el patio del abuelo con tres canciones, fuimos ovacionados por parientes y vecinos pero olvidados rápidamente porque la fiesta continuaba, mi madre tocaba en su guitarra Antigua Casa Núñez los preludios de Villalobos, todavía el cáncer no le había paralizado el brazo izquierdo, luego invitaba a su hermana menor, la tía Negra, para que toque el piano y a la hermana del medio, la tía Cote, para que baile la Zamba, mientras el esposo de la tía Cote, el querido tío Dardo, le daba al legüero; yo miraba desde una esquina con mi guitarra y trataba de memorizar los acordes, los ritmos y corriendo me iba al patio del fondo, al patio de la parra, a tratar de imitar lo que tocaba mi madre.

Mi guitarrita me acompañó hasta el fallecimiento de mi madre, tenía 13 años, entonces agarré la Antigua Casa Núñez, como tratando de en contrarla a ella, pero no pude con el dolor y dejé de tocar por la rabia de no tener madre, de haber perdido a mi maestra. Sin embargo, rápido caí en cuenta de que a nadie le importó. Fue con mi primera enamorada que volví a la guitarra, yo tenía 16, ella 14, me di cuenta de que cuando tocaba se generaba una especie de magia, me ponía a colores, salía del montón, volviéndola loca de amor a la Lolo, que inmediatamente me llevó a presentar a sus papás, quienes quedaron impresionados con mi repertorio clásico/popular. Ahí me di cuenta de que la guitarra me iba a acompañar toda la vida, pues me abría las puertas y los corazones de los otros. Mi padre feliz me presentaba a sus amigos, el Chueco Céspedes me pedía con su whisky en la mano La López Pereira, el Pato Cárdenas solicitaba entusiasmado que lo acompañara en el tango Sur. En el barrio, en la plaza Abaroa, los chicos de mi grupo, el Aps, hacían aparecer unas lámparas como luces de escena para que toque Sui Generis, que cantábamos a los gritos hasta que los papás nos iban a recoger a carajazos.

Recuerdo un sábado con los chicos del Aps (se llamaba así porque si te preguntaban ¿cómo se llama tu grupo?, tú decías: “Aps”… cartuchitos, no?), fuimos al aeropuerto, tremendo viaje para la época, éramos unos 10, yo con la guitarrita colgada a la espalda, fuimos a despedir a uno de los changos más queridos del grupo que se iba a vivir a Santa Cruz. En coro y llanto general le cantamos en la sala de preembarque Canción para mi muerte, no sé por qué decidimos retornar caminando y cantando, yo con la guitarrita iba adelante. A la altura del cuartel Tarapacá salió un tanque a apuntarnos, nos metieron a patadas dentro del cuartel. Estábamos marchando en fila india y cantando: “Mirá para arriba, mirá para abajo”… pero los milicos paranoicos escucharon: “andate al carajo”. Resultado: nos raparon a los diez, nos dieron una buena tunda y me hicieron cantar Viva mi Patria Bolivia, pálido y murucullu.

Una verdadera emoción haber recuperado mi primera guitarra, su estuche nomás es un colerón, es de plástico celeste. La tengo que hacer restaurar con mi querido amigo, el lutier alteño Leonardo Yavincha, ojalá en mi próximo concierto presencial en el Teatro Municipal pueda tocar con esta mi linda guitarrita.

(*) El Papirri: personaje de la Pérez, también es Manuel Monroy Chazarreta

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