martes 28 jun 2022 | Actualizado a 20:32

Encuentros cercanos con el tigre

El jaguar celebra su día hoy. Es un llamamiento mundial para asegurar su protección y detener el tráfico ilegal. El jaguar, hasta los años 80, fue cazado por su piel para mercados de Europa y Estados Unidos. Ahora, sus colmillos tienen como nuevo destino China

/ 2 de diciembre de 2020 / 15:21

Panthera onca, nombre científico; jaguar en castellano; inchiquíen tsimané; yagua en guaraní; caatai en ayoreo; imichursh o nuityimish en chiquitano; y tigre en el habla popular. El jaguar es el felino más grande de América, es emblema cultural y orgullo boliviano. Es símbolo de la Amazonía y se adapta a cualquier terreno. Incluso hay registros de tigres a 2.400 metros sobre el nivel del mar en el Parque Nacional Amboró.

Inconfundible por su robusto armazón, sus patas cortas y su cabeza grande, su cuerpo amarillo cubierto por rosetas y ocelos negros lo diferencian de su pariente cercano, el leopardo. El tigre es un animal solitario, ágil, fuerte y muy hábil para trepar y nadar. Para alimentarse, reproducirse y desplazarse, necesita grandes espacios geográficos, 200 kilómetros cuadrados. En la Amazonía, comen chanchos de tropa, taitetús, venados, tejones y especies medianas como armadillos, jochis, caimanes y otros. En el Chaco se alimentan también del chancho solitario que es el endémico de ese hábitat.

Los jaguares han perdido casi la mitad de su distribución geográfica original, aunque en los últimos 20 años están en proceso de recuperación. La fragmentación del territorio ha hecho que estos felinos sean cada vez más vulnerables, ya que no pueden cazar y aparearse en zonas más pequeñas. El hogar del jaguar en Bolivia abarca varios tipos de bosque en las tierras bajas, desde el bosque chaqueño al sur, hasta el bosque amazónico en el norte del país. En Bolivia, se estima la presencia de 12.845 jaguares.

La conservación de los jaguares ayuda a salvaguardar el equilibro de los ecosistemas de los bosques y sabanas tropicales de los que dependen otras innumerables especies. Como depredadores ágiles, ayudan a mantener saludables las poblaciones de las especies de las que se alimentan. También previenen de enfermedades al eliminar individuos enfermos.

El jaguar ha sido considerado una deidad principal en las culturas amazónicas. Hoy en día, es una especie símbolo de los esfuerzos de conservación y en el desarrollo del turismo en áreas protegidas.

Los jaguares se juntan solo para aparearse. Las hembras tienen usualmente menos de tres crías, totalmente dependientes de sus madres para su alimento y protección, hasta que se convierten en adultos. Cuando tienen entre dos y cuatro años son maduros reproductivamente y se dispersan para encontrar nuevos territorios. Su mayor amenaza son los traficantes de fauna silvestre que buscan especialmente sus colmillos, como hasta los años 80 eran sus cueros. Las personas más afortunadas del mundo han podido tener encuentros cercanos con el tigre. El resto nos tenemos que conformar con los gatos domésticos que es “casi” como observar a un jaguar. Estos son seis testimonios de estas mujeres y hombres privilegiados.

Jaguar: Tras los pasos del gran felino

Dos funcionarios del Parque Nacional Madidi.

Mariana Da Silva junto a huellas de jaguar

Foto: JUDITH LARSEN, GUIDO AYALA, MARIA VISCARRA/ WCS

Foto: JUDITH LARSEN, GUIDO AYALA, MARIA VISCARRA/ WCS

Uno

Margoth es de las pocas mujeres guardaparques de Bolivia. Trabaja en la Reserva de la Biosfera y Tierra Comunitaria de Origen Pilón Lajas. Cuando estaba en la “prepromo”, alguien vino a su colegio a dar una charla sobre el área protegida. Margoth Pilco Siviora vio en las fotos que había mujeres y se juró entonces a sí misma que sería una de ellas. “Ese trabajo es para los varones, ustedes no sirven, hay que esperarlas siempre, hay que cargar sus mochilas, nos decían siempre los hombres. A las mujeres nos exigen más: a los hombres con libreta militar es suficiente, a nosotras nos preguntan si seremos capaces”, cuenta Margoth. Ninguna palabra de desaliento, ningún obstáculo pudo con ella. Cuando en 2007 casi 20 personas, la gran mayoría hombres, se postularon para ser guardaparque del Pilón Lajas, ella ganó la única plaza del concurso público.

Margoth siente que las mujeres cuidan mejor y tienen un contacto más auténtico con la naturaleza. Solo ellas pueden hablar con la madre tierra, de tú a tú. “A veces me pongo a conversar con los árboles y siento como si me escucharan, tengo un sentimiento grande de respeto por toda la selva”. Dos veces ha estado delante del tigre: “la primera vez fue a 70 metros, logré sacar dos fotos de un jaguar que estaba muy concentrado tratando de pescar. Cuando nos vio, pegó un salto y desapareció. La segunda vez fue en medio de un patrullaje por el río Quiquibey. Logramos ver los amarillitos del tigre en medio de los arbustos. Muchas veces he visto sus huellas, sus camadas, sus restos de comida”.

Margoth pasa 24 días en la floresta y seis días en casa junto a su pareja y sus dos hijos. Lo mejor de su vida es dormir en un lugar diferente cada noche, respirar aire puro, cuidar a los animales. Lo peor es tratar con los cazadores, con los pescadores, con los taladores. “Recibimos agresiones verbales y hasta físicas. Tratamos de concientizar a los comunarios que no maten al tigre para vender sus colmillos a los chinos. El jaguar es algo nuestro, es sagaz, ágil, fuerte y hermoso. Es el papá de todos los animales. Los comunarios han cazado ancestralmente al jaguar pues mata sus gallinas y hasta a sus perros. Ellos colgaban su piel en sus casas y colocaban los colmillos en el cuello de los niños y los ancianos pues protege del mal viento, de las enfermedades. Pero hace cuatro años que ingresaron ciudadanos chinos y ha crecido la presión para comprar y vender esos colmillos”, cuenta Margoth, una mujer fuerte y sabia que hace patrullajes diarios, especiales y exploratorios que pueden durar hasta dos semanas. Todo para cuidar al tigre.

Dos

La primera vez que Marcos estuvo delante de un jaguar fue inolvidable y marcó su vida para siempre. “Tenía 12 años y estaba pescando con mi hermano a orillas del río Beni, cerca a Riberalta, selva muy adentro junto a la barraca San Luis. De repente apareció un tigre y pudimos apreciar su fuerza y su majestuosidad. Fue algo fascinante pues nos dio miedo, temor y respeto”. El jefe de Protección del Parque Madidi zona B, Marcos Enrique Uzquiano, creció escuchando las historias que contaba el “taita” Roberto de San Buenaventura, un curandero que hacía las veces de médico de cabecera y hablaba en las noches del “tigre gente”, la leyenda de un hombre que se convierte en un jaguar para poder cazar y llevar comida a su familia.

Marcos soñaba de joven con conocer el secreto para convertirse en un “tigre gente”. Siguió las huellas de las hojas señaladas en la selva que el “taita” le había enseñado. Se convirtió en guardaparque del Madidi y ya lleva 15 años llevando el sustento a la casa y chocando con los traficantes de fauna silvestre, incluso a tiros, arriba de un motor fuera de borda. Las veces que ha tenido encuentros cercanos con el jaguar son ya innumerables. Las más recordadas son tras caminar un mes por la selva y acampar en medio del todo. Ha perdido el miedo y han nacido lindos recuerdos, espectaculares fotos, bromas con sus compañeros y una admiración extraña hacia este animal totémico pues Marcos se identifica con el jaguar, especie paraguas, clave para mantener el equilibrio en la selva. Marcos, sin saberlo, es ya un “tigre gente”.

Tres

Robert Wallace es el director del Programa del Gran Paisaje Madidi-Tambopata de la Wildlife Conservation Society (WCS), una organización mundial fundada en 1895 para la conservación de la vida silvestre y los paisajes naturales. El programa centra sus esfuerzos en la conservación de especies icónicas y amenazadas (cóndor, oso andino, jaguar, londra, borochi) y busca compatibilizar las necesidades de desarrollo humano con las necesidades de la vida silvestre.

Su primera vez ante un tigre fue memorable: “Encontramos una cría en la senda mientras realizábamos un conteo de fauna nocturno. El cachorro tenía mucha curiosidad hacia nosotros y nada de miedo, lo cual fue increíble. Estuvimos disfrutando todo el tiempo su presencia, pero al mismo tiempo nos preguntábamos: ¿dónde estará su mamá? Cuando el cachorro se fue, detectamos a la madre que había estado mirándonos todo el rato”.

La WCS trabaja en 12 países que tienen el privilegio de contar con jaguares. “La buena noticia es la creación de sistemas de áreas protegidas impresionantes en América Latina, el reconocimiento de territorios indígenas y el monitoreo y documentación de los tigres, por ejemplo en la región del Madidi. La mala noticia es la amenaza relativamente incipiente del tráfico de partes de jaguar, lo cual puede amenazar las poblaciones si no trabajamos juntos —organizaciones indígenas, comunidades, municipios y estancieros— para combatir este problema”, cuenta el jefe “Rob”.

Cuatro

José Luis ha tenido la oportunidad de ver varias veces al tigre. “Fueron momentos muy gratificantes, lo vi caminando a 15 metros, lo vi en la playa, en la senda, lo vi rugiendo, comiendo y cazando. La adrenalina es muy grande por el peligro y la emoción. Para nosotros que vivimos en la selva, el jaguar —que puede llegar a caminar 50 kilómetros diarios— es parte de nuestra cultura, es mito y leyenda y da sentido a nuestras vidas. Es sinónimo de grandeza pero también de templanza y paciencia. El tigre con su mirada fija lo dice todo. Por eso no entendemos a los traficantes que nos enfrentan con armas blancas y hasta de fuego”, cuenta José Luis Howard Ramírez, jefe de protección de la Zona A del Parque Madidi. Lo peor que vio en el monte fue un tigre sin patas ni cabeza, totalmente desollado. “Lastimosamente había sido víctima de un comunario tacana”.

Cinco

Guido ha tenido muchos encuentros con jaguares, pero el más increíble fue cuando, en una oportunidad se encontraba fotografiando aves en un salitral en el río Tuichi dentro del Parque Madidi. “Estaba muy concentrado en fotografiar aves, cuando de pronto escuché un mínimo ruido de hojarasca a mis espaldas, giré muy despacio para mirar y quedé sorprendido al ver echado a un jaguar a unos 10 metros, que me miraba y movía su cola de un lado al otro. Al darse cuenta de que lo vi, se paró, se dio la vuelta y se fue de lo más tranquilo. Fue tan rápido que solo logré fotografiar su cola”, cuenta entre risas Guido Ayala, el coordinador de investigador de la WCS en Bolivia.

También ha visto al tigre en tiempo de celo: “En el Madidi tenemos registros de la época de celo, entre julio y septiembre. En estos meses se escuchan rugidos y bramidos. La hembra ruge llamando al macho y éste contesta con fuertes bramidos. También en Santa Cruz, en la zona del bajo Paraguá, hay registros fotográficos de parejas en enero y febrero”.

Seis

Mariana ha visto muchas veces huellas de jaguar muy frescas. “Tal vez el tigre me estaba mirando mientras yo fotografiaba sus huellas, pero aún no he tenido la suerte de encontrarme con uno libre en su hogar. Estoy esperando ese momento con ansias”. Lo que sí ha tenido es “encuentros” con el enemigo público número uno del tigre: el traficante.  El caso más escandaloso que recuerda fue en 2018 cuando se encontraron casi 200 colmillos y hasta piezas de marfil de elefante. También se acuerda que en 2015 encontraron en el aeropuerto de Pekín a una persona con más de 100 colmillos de jaguar provenientes de Bolivia.

Mariana Da Silva es jefa de investigación para combatir el tráfico de la WCS. “La xenofobia hacia la gente de origen o ascendencia china no ayuda, solo perjudica porque distrae y simplifica un tema muy complejo. En las cadenas de tráfico de animales silvestres hay gente de muchas nacionalidades, no solo una. Así como existen bolivianos involucrados en el tráfico de vida silvestre, hay conservacionistas chinos combatiendo este crimen”.

El tráfico involucra cadenas complejas desde la cacería del animal, acopio de sus partes, transporte, hasta la venta y consumo por los compradores finales. Una parte tiene consumo dentro del país y otra, probablemente mayor, es internacional, principalmente para mercados asiáticos. “Por esta complejidad, es imprescindible que el Estado y la sociedad civil colaboren para actuar en las distintas partes de la cadena de tráfico. Hay más compromiso y colaboración de instituciones como la Policía Forestal y de Medio Ambiente, las fiscalías, las autoridades nacionales y subnacionales a cargo de ese tema, y muchas otras además de la ciudadanía en general que ha mostrado su claro rechazo al tráfico de jaguar en las ciudades y en áreas rurales. Un ejemplo son las declaraciones contra el tráfico de vida silvestre que emitieron las organizaciones de las naciones indígenas del norte de La Paz, el Consejo Indígena del Pueblo Tacana (CIPTA) y el Consejo Regional T’smane Mosetenes (CRTM Pilón Lajas), además del Consejo de Turismo Sostenible del Destino Rurenabaque: Madidi-Pampas, y los emprendimientos turísticos comunitarios Mashaquipe y Chalalán”, dice Mariana.

Jaguares muertos, colmillos traficados

La expansión urbana y agrícola, la deforestación, los incendios y quemas no controlados amenazan su hogar. El tráfico de vida silvestre ocasiona la caza furtiva del jaguar para el comercio ilegal de sus partes corporales (dientes, garras, piel entre otras).

Desde 2014 se han registrado 36 casos verificables de tráfico de las partes corporales del jaguar en Bolivia y se han decomisado 786 colmillos en o desde Bolivia, que representan la muerte de al menos 197 jaguares. Estas cifras devastadoras demuestran la importancia de tomar acción sobre la conservación del jaguar. El comercio de jaguares está prohibido en todo el mundo y es un delito que implica pena de cárcel en Bolivia.

Otra de las amenazas a su conservación tiene relación con la práctica de la ganadería. Debido a la pérdida de sus presas naturales y de su hábitat para crear campos de pastoreo de ganado, los jaguares en ocasiones se ven obligados a alimentarse de animales domésticos. El resultado de este conflicto es la matanza ilegal de los jaguares.

Con motivo del Día del Jaguar se ha lanzado el concurso “Creando arte en el mes del jaguar” para promover que jóvenes y adolescentes bolivianos plasmen su creatividad, investiguen y conozcan más sobre esta especie icónica.

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Revolución Orgullo: voces que se alzan por los derechos

Colectivas transfeministas, LGBTQI+, hombres y mujeres trans son parte de esta muestra cruceña

El Carnaval de las mujeres trans

/ 27 de junio de 2022 / 11:15

Creyeron que lo destruyeron, pero el Escudo Plurisexual de Bolivia, violentado, se luce aún con orgullo en el Museo de la Ciudad El Altillo Beni de Santa Cruz de la Sierra, reflejando un país que si en los papeles reconoce la diversidad sexual, en la práctica no defiende los derechos de la población LGBTQI+ (lesbianas, gais, bisexuales, transgénero/transexuales, queer, intersexuales y demás realidades no citadas en el acrónimo). Una docena de individuos, cerca de las 11.00 del martes 14 de junio, ingresaron al centro cultural, gritando e insultando, y destruyeron la obra diseñada por La Pesada Subversiva, pieza que es parte de la exposición Revolución Orgullo, que se verá hasta el 30 de junio.

Se trata de una muestra que ve el orgullo más allá de la agenda tradicional del amor y parte desde una perspectiva feminista y antipatriarcal. Es sobre todo informativa y se concentra en la definición de las diferentes palabras que forman parte del abanico LGBTQI+, además de mostrar recortes de prensa sobre la primera marcha de las diversidades sexuales del país en 2000 y sobre crímenes de odio. Una parte muy importante son los retratos de las y los integrantes de las diferentes comunidades: mujeres trans en sus actividades anuales, hombres trans, incluyendo uno gestante y otros que se realizaron la mastectomía (retiro de los senos), las disidentes sexuales de La Pesada Subversiva y los movimientos transfeministas. En el último piso se pueden ver biografías de personalidades del movimiento y el trabajo de la drag queen Andrómeda. 

“Sobre la orientación sexual e identidad de género y población LGBTI se han realizado importantes avances normativos constitucionales y legales (art. 14.2 CPE y Ley 807 de Identidad de Género), reconociendo en forma expresa la prohibición de discriminación por motivos vinculados a la orientación sexual e identidad de género (…) Sin embargo, no se ha juzgado a ningún responsable por los asesinatos y crímenes de odio, de alrededor de 80 personas del colectivo LGBTI ocurridos desde 2004 en Bolivia”, señala La Pesada Subversiva, colectiva transfeminista y disidente sexual que propone la muestra con colectivas de hombres trans, mujeres trans y feministas, con curaduría de Nadia Callaú.

Quedan temas pendientes: el sistema judicial es reticente a proteger contra la violencia cuando se trata de parejas del mismo sexo (Ley 348) o aplicar el tipo penal de feminicidio cuando se trata de mujeres trans. El Tribunal Constitucional ha dictado la SC 0076/2017 que declara inconstitucional un párrafo de la Ley 807 que reconocía todos los derechos fundamentales, sociales, económicos, culturales y otros a las personas transexuales y transgéneros que cambiaron de dato de sexo, imagen e identidad. Esta sentencia es restrictiva en relación al matrimonio igualitario, adopción y participación política, impidiendo el acceso y ejercicio a derechos en condiciones igualitarias que la población heterosexual.

Por eso, respondiendo a la invitación de las autoridades del municipio —la secretaria de Culturas, Sarita Mansilla, ha expresado su firme apoyo a la muestra, pese a presiones desde el Concejo Municipal— se organizó esta muestra para que con orgullo y esfuerzo se construya “una sociedad para todas, todes y todos, haciendo frente a la violencia, el odio y la discriminación, poniendo en valor los principios de diversidad, pluralidad y justicia”.

¿Y la obra destruida? Permanece, más fuerte que nunca. “Tiraron la obra al piso y se rompió en al menos siete partes. Pero no la destruyeron. En un acto de enorme dignidad, el colectivo transfeminista La Pesada Subversiva agarró las partes y re-colocaron la obra. El escudo retornó a su lugar, pero ya no unificado, sino resquebrajado —resalta la escritora y periodista trans Eva Sofía Sánchez—. He aquí el valor del Escudo Plurisexual: esa obra consiguió lo que pocas obras de arte logran: tocar un nervio, interpelar, reaccionar. El escudo Plurisexual original, con las banderas de los colectivos LGBTQ+, inmaculado y hermoso, era un ideal. La obra que ahora tenemos, resquebrajada pero aún impactante, es una fiel representación de la realidad. Esa obra no fue asesinada. Esa obra vive. Esa obra quedó registrada. Y esa obra trascendió. Esa obra tocó un nervio en el sentir del boliviano promedio. Recuerden, fachos: la obra no es el objeto. La obra es lo que ustedes sienten al verlo”.

LA GRÁFICA

‘Escudo Plurisexual de Bolivia’

Colectiva. Las integrantes de La Pesada Subversiva, de disidencia sexual

Lucha. Las mujeres trans y las feministas son parte de actividades de interés común

‘La muestra va a quedar para el recuerdo y la historia

Revolución Orgullo es una muestra de arte sobre diversidades y disidencias sexuales, en busca de reivindicar las causas LGBTIQ+ desde un enfoque plural, feminista y antipatriarcal.

Es la primera vez que una instancia municipal cruceña abre sus puertas para conmemorar el mes del orgullo y no podíamos montar una exhibición reducida al tema del amor, lo tocamos claro que sí, desde una visión crítica con la violencia, pero la muestra tiene un horizonte transversal con muchas otras causas de las diversidades: las mujeres, los pueblos indígenas, la despenalización del aborto, las mujeres y hombres trans, la no binariedad, etc. Es una muestra transgresora y rabiosamente diversa.

Este es un tema que todavía genera grandes discusiones dentro de las colectivas feministas y LGBTIQ+, pero no nos importa, no podemos estancarnos en ese debate muchas veces violento y sin rumbo, nosotras y nosotros defendemos la pluralidad de las luchas, creemos que si alguna otra colectiva logra algo tan importante como ha sido esta muestra y lo hace desde una visión separatista o excluyente, va a estar retrasando. Las diversidades son feministas y los feminismos son diversos, es un lema que hemos producido con La Pesada Subversiva y lo hemos puesto con letras grandes en los dos muros principales de la primera sala del museo.

También nos parece que, con todo lo sucedido en torno a la muestra, las amenazas de quemar las banderas que se colgaron en la fachada del museo, la destrucción de una de las obras, el pronunciamiento fascista de la Unión Juvenil Cruceñista y la insistencia del Concejo Municipal por querer sacarnos y censurar la muestra, le ha devuelto al movimiento LGBTIQ+ de Santa Cruz su tono político y subversivo con el que nació en 2000 en la primera marcha del orgullo.

Hemos logrado que el orgullo vuelva a ser un tema de discusión general, demostrando que todavía hay muchas razones para luchar y organizarse. El movimiento nos ha acompañado en los momentos más duros y se han apropiado de la muestra porque se ven reflejados y reflejadas en ella, porque la sienten suya y, de hecho, es suya.

Ante la trayectoria machista, tiránicamente conservadora de las instituciones cruceñas, esta muestra es un acto de reparación histórica para las personas gais, lesbianas, bisexuales y trans que vivimos en Santa Cruz. No es una muestra simplemente artística y estética, es política, es de protesta, es de disputa con las hegemonías cruceñas que se niegan a ver la diversidad como un valor profundo de la cruceñidad.

De todas maneras, rescatamos el masivo interés, no ha habido ni un solo día que no recibiéramos visitantes, algunos jóvenes se nos acercan con lágrimas en los ojos y nos agradecen por la exposición. Ninguna exhibición artística en un museo público había logrado tamaña convocatoria, eso también nos emociona mucho.

Obviamente que ha sumado muchísimo la firme defensa que tuvo la Secretaría de Culturas encabezada por Sarita Mansilla y la jefa de patrimonio Benicia Chávez, nos ha sorprendido gratamente. La muestra va a quedar para el recuerdo y para la historia de las luchas LGBTIQ+ y feministas.

(*) Christian Egüez, Marica Marginal, integrante de La Pesada Subversiva

FOTOS: MARCO HURTADO, ÁLVARO SOLIZ Y LA PESADA SUBVERSIVA

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Casacor: arquitectura, diseño y paisajismo

El exhotel Asturias de Santa Cruz recibió a 55 profesionales del área que marcaron las tendencias de la época

Esencia. Alma Camba, espacio ideado por Juan Carlos Menacho

Por Miguel Vargas

/ 27 de junio de 2022 / 11:02

El buen vivir es el principal objetivo que persiguen los 55 profesionales de la arquitectura, el diseño y el paisajismo que formaron parte de la exposición Casacor Bolivia, realizada del 18 de mayo al 25 de junio en las instalaciones del exhotel Asturias de Santa Cruz de la Sierra. Cada uno de los ambientes sirvió para que estos creadores mostraran sus propuestas, las que marcan las líneas a seguir en la temporada 2022.

La exhibición que tuvo su primera versión en Bolivia, en 2013, se desarrolló este año en un inmueble situado en pleno centro histórico de Santa Cruz de la Sierra y que pertenece a los herederos del empresario español Pedro Díaz González. Sus instalaciones hoteleras también sirvieron como punto de encuentro para familias y amigos, así como para celebraciones sociales: allí se casó el cantante brasileño Roberto Carlos con Cleonice Rossi en 1968.

Sobre 4.800 metros de superficie, estos profesionales transformaron espacios en lofts, salas de estar, cocinas, churrasqueras, restaurantes, escritorios, restaurantes, galería de arte y otros. “Casacor es una vitrina de exposición del trabajo de profesionales en arquitectura, diseño y paisajismo. Además, se les ofreció la posibilidad de contactarse con los proveedores de productos del rubro”, señalan los organizadores, muy satisfechos con los resultados de esta nueva versión.

En su 35 aniversario, la casa matriz ideó el concepto “Infinito Particular”, que hace referencia a las casas biográficas, las que cuentan historias y son afectivas. Luis Alberto Quito Velasco, director de la franquicia, explicó: “En la pandemia por el COVID hemos demostrado ser capaces de transformar nuestro hogar, cada persona lo ha hecho según sus necesidades. Ahora buscamos ambientes versátiles, ambientes que se adapten a cada situación”.

Los profesionales de Casacor Bolivia trabajaron en dos bloques, un conjunto de casas y áreas comunes del antiguo hotel de la calle Moldes 154. Sus características corresponden a los centros hoteleros de mediados de los años 50. Los ambientes destacan con elementos naturales como la madera, piedra, ladrillo, cerámica, hierro, textiles y lo reciclado. El resultado: la vanguardia en diseño y construcción.

LA GRÁFICA 

Naturaleza. Natalia Murillo realizó El Jardín del Edén, un espacio rico en flora exótica.

Baño. En la Master Suite Nativa, de Fabiola Subirana Soria, Lissy Añez y Verónica Paz

Detalles. Así lucen los baños de la piscina, un elegante trabajo de Carlos Morales

Hogar. El Loft Memorias, de Kelly Leite, se caracteriza por su funcionalidad y estilo acogedor

Tienda. La Bottega Mediterránea de Carlos Xavier Araúz y Fernando Justiniano

Piscina. Patio Alberca es obra de la diseñadora Tassiana Oshiro

Esencia. Alma Camba, espacio ideado por Juan Carlos Menacho

Cafetería. La Vie en Rose, una creación de Alejandra Iriarte y Alejandro Díez de Medina Iriarte

Bebés. Bruna Añez Shraer y Guido Justiniano Rivero crearon la Suite de Mellizos

Recepción. El acogedor hall ha sido diseñado por Harold Anzoátegui y Natalia Torres

FOTOS: CASACOR

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Jorge Ortiz, a contracorriente

El actor y poeta tiene más de 60 poemarios inéditos. Viene de actuar en ‘La reina del sur’. Colecciona aguayos y ha comenzado a tocar trompeta

Jorge Ortiz, actor y poeta

/ 27 de junio de 2022 / 10:43

Jorge Ortiz es actor y poeta. No tiene celular, no tiene televisión por cable, no tiene computadora ni correo electrónico. No es que no entienda la tecnología sino que la tecnología no le entiende a él. Escribe a mano, con lápiz en papel sábana rayado y luego pasa todo a limpio en una vieja máquina de escribir turquesa de fabricación rumana. Si alguien quiere contactarlo, tiene un número fijo en casa. Hasta hace poco tenía un teléfono de discar. No usa ni siquiera tajador, prefiere afilar a punta de navaja. Colecciona aguayos, desde ponchos hasta tejidos pasando por “taris” y “lluchus” (de éstos tiene más de 120 diferentes).

Dejó de fumar y beber alcohol el día que cumplió 50 años. Hoy sus pulmones, tras fumar dos cajetillas al día, lucen como nuevos y su salud está mejor que nunca, incluso ha abandonado aquel bastón. Su cuerpo está completamente tatuado, es la historia de su vida. “Es la necesidad de comunicar algo que está muy dentro de mí, no es para mostrar, tengo 72 palabras en griego, 20 misterios de la ofrenda/mesa para la Pachamama, seis símbolos japoneses y muchas más figuras, ya no me queda casi espacio en mi cuerpo”.

Quisiera haber nacido en otra época, a finales del siglo XIX o principios del pasado siglo “porque era todo más humano y menos competitivo, porque el tiempo útil de vida era más disfrutable, menos degradante”. Arregla cosas con las manos y le gustaría haber inventado algo, como el telégrafo, el candil o la lámpara a petróleo, por ejemplo.

Tiene más de 60 poemarios inéditos, dos o tres guiones guardados en un cajón y carga a sus espaldas con una fama —inmerecida— de persona/personaje problemático (y febril), de inaccesible; por exigir lo justo ante el silencio cobarde de los demás. Jorge camina lento y a contracorriente en este mundo acelerado. Por las tardes toca la trompeta porque su sonido relaja y lo lleva a otro lugar. Antes se veía con los amigos en los boliches; ahora, en las farmacias.

Jorge Ortiz Sánchez empieza tarde haciendo teatro. Después de estudiar arquitectura en la UMSA, entra a trabajar al CBA (Centro Boliviano Americano) donde está a cargo de la coordinación del programa cultural y la sala de exposiciones. Un día, al director Michael Donahue le falta un actor y ahí arranca todo. Su primer papel protagonista lo logra en Woyzeck del alemán Georg Büchner.

Ortiz Sánchez nace en Tarija el 26 de octubre de 1956, es un escorpio con una imaginación, fuerza de voluntad y una potencia/energía emocional única. Con cuatro años su familia se traslada a La Paz por cuestiones de trabajo. Su abuela Clotilde que vivió en el castillo de La Glorieta en Sucre le enseña a leer y escribir. Estudia en el colegio San Calixto donde tiene las peores notas de todos y luego parte a la Capital para estudiar en el Liceo Militar de Sucre durante dos años y medio. “Había que cambiar de medio, el ambiente estaba feo”, dice el actor/poeta. Son los años setenta y gobierna de facto un señor apellidado Banzer Suárez. Cuando vuelve a Chuquiago, entra al Domingo Savio. “He probado militares y curas y salí anticlerical aunque me gustan las iglesias, no hay nada más tranquilo, sosegado y fresquito que entrar a la iglesia de San Francisco una tarde de calor”.

El chango Ortiz quiere estudiar pintura pero los padres nunca cambian: “te vas a morir de hambre”. Cuando esta frase suena en la mente de un estudiante con inquietudes artísticas, el atajo se llama siempre: Arquitectura. Ahí van a parar los y las que luego serán actores/actrices, pintores, cineastas, teatreros, artistas, tatuadores.

Antes, en 1976, año sabático, Jorge hace de todo: encuestas en la cárcel, empedrados en su barrio de Sopocachi, ayudante de mecánico en Hansa… Cuando llega a la carrera de Arquitectura, va a odiar las matemáticas. Hasta hoy. “Soy de la última generación que trabajó codo con codo con Juan Carlos Calderón junto a Carlos Adriázola, Carlos Ramírez, Mario Torrico, Gonzalo Maldonado”. De aquellos años, Ortiz recuerda las exposiciones locas de pintura en el patio. Y las lecciones que aprendió del extrañado Robertito Valcárcel. “Fue un genio, te podía hablar durante horas de arte y filosofía, era el summum y tenía mucho humor”.

En los años 80, después de aquel debut en el teatro del CBA, conoce a Guido Arce y entra al elenco del Pequeño Teatro de la calle Murillo en 1984. Las obras de aquella década y las de los noventa, efímeras como todas, han quedado hoy en el olvido: Ojos de perro azul con Omar Fuertes y Cindy Morales; Los reyes (texto de Julio Cortázar) con Virna Rivero y Ortiz haciendo de “monstruo”; La presa de Miguel Medina Vicario junto a David Mondacca; Alguien desordena estas rosas (un monólogo basado en el cuento homónimo de Gabriel García Márquez); El cofre de selenio (texto de Luis Ramiro Beltrán y dirección de Maritza Wilde) junto a “Pitín” Gómez y David Mondacca; Las troyanas (dirección de Tota Arce y vestuario de “Morita” Ibáñez junto a Norma Merlo, Sergio Ríos Hennings e Isabel del Granado; y otros monólogos como Estrategia para dos jamones de Raymond Cousse, El río de Julio Cortázar (una sola función) y Macario de Juan Rulfo.

De todas, Jorge Ortiz tiene gratos recuerdos de dos obras basadas en textos del inolvidable/querido Víctor Hugo Viscarra: Anoche… en un putero y El corredor de la catedral. El primero solo tuvo una función (Teatro de Cámara del Municipal) y el segundo, un par de representaciones en Cochabamba con la presencia “in situ” del mismísimo Viscarrita en el escenario, llorando ante los aplausos y el homenaje del público cochala. Anoche… en un putero es el espectáculo de su vida. Ortiz —desnudo— coloca una silla y una botella de agua, da la espalda al público. Borracho está pero se acuerda de vestirse poco a poco mientras las señoras de la primera fila no saben dónde mirar. Al editor de Viscarra, Manuel Vargas, tampoco le gustó.

LA GRÁFICA

En el filme ‘Cuestión de fe’

Inauguración del Teatro de Cámara del Teatro Municipal en 1990, junto a sus colegas

En 1992, Jorge Ortiz (al medio) durante el rodaje de ‘Para recibir el canto de los pájaros’, de Jorge Sanjinés

Con el elenco de la telenovela ‘Radio Pasión’

—¿Quién es el mejor director de teatro y el mejor actor con los que has trabajado?

—Pepetus Aramayo ha sido el mejor director por su manera de laburar, amena, seria, divertida. Con él tenías que ensayar duro y parejo, full disciplina. No había feriados, el compromiso era altamente exigente y todos hacíamos de todo, desde buscar en la basura para reciclar algo para el vestuario o decorado hasta poner plata. Acepta tus sugerencias y opciones mientras éstas funcionen. Él me enseñó a aprender. Con Pepe actuamos en un espacio llamado Microclima de Jenny Cárdenas en el Montículo con una obra llamada Decir sí de la argentina Griselda Gambaro, un juego de poder entre un peluquero y un cliente. Fundamos el Café con malicia, la ‘malicia’ era una tapita de singani. Otro director es Guido Arce por su gran capacidad para cautivar, para seducir, te metía en el proceso sin darte cuenta. De los actores y actrices, me quedo con Raúl, el ‘Conejo’, Beltrán, es mi compadre, siento pena por no haber trabajado más con él, me acuerdo de una obra que hicimos de Juan Claudio Lechín, 1491, los cóndores en España.

Del teatro al cine, solo hay un pasito. Su amigo arquitecto Mario Torrico está haciendo la escenografía para una película de Sanjinés. Jorge terminará, después de varias idas y venidas, haciendo del personaje de Pedro Berrón. Tras semejante debut cinematográfico llegarán otras películas con los más grandes del cine boliviano: Cuestión de fe de Marcos Loayza, El día que murió el silencio y El atraco de Paolo Agazzi, American Visa de Juan Carlos Valdivia y Los Andes no creen en Dios de Antonio Eguino. También participa en películas en el extranjero como Amigo mío (filme argentino/alemán de Meerapfel y Chiessa); La cacería del nazi del francés Laurent Jaoui; También la lluvia de Icíar Bollaín; y Olvidados del mexicano Carlos Bolado. Trabaja también, entre otros, con Rodrigo Bellott, Diego Torres, Jac Ávila, Adán Saravia, Guillermo “Gordo” Aguirre, Thomas Kronthaler, Anna Kalashikova, Fernando Vargas, Davide Sordella y Mela Márquez.

En la televisión debuta con “Radio Pasión” de Marcos Loayza en 1993 para luego actuar en Fuego cruzado (1995) de Rodrigo Ayala, en Historias del vecino y Tres de nosotras del recordado Fernando Aguilar y hace poco en La entrega de Gory Patiño y La reina del sur.

Con casi todos los directores, Jorge Ortiz ha tenido problemas a la hora de cobrar sus honorarios. Dice que no le han cerrado puertas por eso, “yo me las he cerrado”. Incluso casi se pone en huelga de hambre para cobrar el salario no pagado de una de sus películas más famosas. “Cuando me llaman para actuar, pongo mis condiciones, negociamos, he colaborado en más de cien cortos de estudiantes, pero ya no soy el tonto útil, exijo respeto porque yo también respeto”.

Jorge Ortiz cree en el trabajo y en la disciplina. Llega siempre diez minutos antes; da igual si se trata de un ensayo, un rodaje o una cita. Cuando quedamos frente a la iglesia de San Miguel en Calacoto cerca de su casa en Los Pinos, compruebo que efectivamente es así. Ortiz es un asiduo de la Cinemateca Boliviana donde no se pierde un estreno de cine nacional. Entra por el garaje y se va camuflado porque no quiere que le pregunten su opinión. De los últimos filmes, rescata a duras penas a Rojo, amarillo, verde, la trilogía de 2009 de las tres B: Bastani, Boulocq, Bellott. “Soy un mal espectador”. Ha dado talleres de dirección de actores y actuación en cine en la ECA y ha diseñado el taller de técnicas para cine y televisión “El ser imaginario”. Ha pasado clases con el cubano Humberto Solas, el brasileño Chico D’Assis, la española Assumpta Serna y el escocés Scott Cleverdon.

Lleva mucho tiempo, demasiado para mi gusto, sin hacer teatro. La última obra donde pudimos ver a Jorge fue en Di cosas bien de Eduardo Calla en 2006 junto a Patricia García, Marcelo Sosa, Mariana Vargas y Roberto Barbery. Cuando insisto en la necesidad de su retorno a los escenarios, lanza una de sus frases lapidarias: “sería como dar margaritas a los chanchos”.

Entonces cambiamos de tema y hablamos de fútbol. Ortiz es hincha del club Bolívar por su padre —Jorge Ortiz Reynolds, sobrino/nieto de don Gregorio, el gran poeta modernista— y porque a dos cuadras de su casa vivía nada más y nada menos que el “Maestro” Ugarte. “Cerca de donde hoy está la Red Uno había una canchita, nos juntábamos los chicos del barrio y con poleras de Boca Juniors armamos un equipo, Boca de Sopocachi. Los sábados por la tarde escuchábamos por radios argentinas los partidos de Boquita. En el barrio nos entrenaba Víctor Agustín Ugarte. Yo jugaba de back, ambidiestro”.

La poesía es su pasión clandestina desde la secundaria, “es un acto de purificación, me sirve para exorcizar mis benditos pecados capitales, mis culpas, mis dolores, para conjurar mis fantasmas perseguidos, no necesito expiar ni lavar mi conciencia sino que es una manera de sentirme bien conmigo mismo”.  Vive su temperatura a través de los poemas, que no son espejos que no son bitácoras, son casi un listado de sus comportamientos, son su paisaje.

Sus poetas favoritos siguen siendo Huidobro, Vallejo, Lezama Lima, Carpentier, los clásicos franceses y mexicanos, Whitman y entre los bolivianos: Quino, Campero, “Zeque” Rosso y Juanito Conitzer. Dice su colega Juan Carlos Ramiro Quiroga que hay poetas que escriben con palabras, otros con líneas y algunos —como Jorge— con el silencio. “Ortiz ha ideado su propia estrofa: escribe poesía desde la intermitencia de los adverbios y verbos castellanos. Sin disciplina pero con insistencia; sin claridad pero con insistencia; sin orden pero con la fuerza de las palabras”, dice en el prólogo del poemario Autorretrato acodado, su tercero y último libro de poemas publicado (Plural editores, 2006).  Los dos anteriores se llaman: El agua cóncava del ciego (1991) y La vida (edición artesanal, 1999, un texto libre para Teatro Grito).

Los otros, los inéditos, esperan por un buen editor/antologador, incluso los publicados en los ochenta/noventa en la revista Siesta Nacional de Marcela Gutiérrez y Jorge Campero. “Durante la pandemia me he sentido realmente productivo, he reescrito y escrito poesía como nunca”.

De su obra prosa/poética, el evocado Fernando Lozada, en una lectura “avesolera”, dijo: “la profusa producción poética de Jorge Ortiz muestra una cualidad extraña, una exuberante y caudalosa producción de imágenes y conceptos que nos recuerda la prosa de Lezama Lima o la lucidez delirante de un monólogo”. El último libro que ha comprado —en su librería favorita, Yachaywasi— es Vocabulario aymara del parto de Denise Arnold y Juan de Dios Yapita. “Es un poema, te hace entender la gestación como una siembra en la misma tierra, tiene dos mil palabras en aymara, es maravilloso”. Lo dicho, Jorge Ortiz es un salmón que remonta el río a contracorriente en un viaje de regreso hacia otro tiempo, hacia otro lugar (tal vez a principios del siglo pasado), hacia los territorios de una vieja canción con trompeta.

FOTOS: RICARDO BAJO, MARCOS LOAYZA Y ARCHIVO DE JORGE ORTIZ

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Un paraíso cultural: puerta que se cierra, ventana que se abre

Tercera parte del texto sobre el festival Theatertreffen de Berlín del crítico boliviano Camilo Gil Ostria

Por Camilo Gil Ostria

/ 27 de junio de 2022 / 10:34

Berlín es un paraíso cultural, pero también en el sentido dantesco. Es decir, un espacio habitado por la máxima libertad, incluso la libertad de poner en el lugar de Dios a quien uno mismo ha decidido: Beatriz. Sujeto de deseo que mueve un viaje alucinante y un descubrimiento sobre las idas y venidas, las oposiciones que cualquier espacio de potencia artística pone en juego. Pero poner a quien quieras sin anular la posibilidad ética de que el otro haga otra cosa, lo suyo. Es decir que si la excesiva y funcional institucionalidad berlinesa está poniendo en crisis la posibilidad de un arte arriesgado y experimental en esa ciudad, si lo más “remarcable” del teatro de este mundo estatal no le llega a los talones al teatro boliviano a pesar de tener presupuestos de producción multimillonarios, algo interesante sí se posibilita en esta ciudad de ensueño. El dinero, en fin, no es culpable de nada.

Se posibilita, por la institucionalidad de su movimiento, por el enfoque hacia el extranjero claramente marcado de la ciudad, por el presupuesto y la cultura de asistencia del público…, por todo eso y más que sea lo marginal lo que en Berlín brille. El último día de estadía en la ciudad, el domingo 15 de mayo, asisto a ver una obra de danza contemporánea: Encantado, de la coreógrafa brasileña Lia Rodrigues. A pesar de ser ella ya una coreógrafa que muestra sus obras hace mucho tiempo en Europa, de haber ganado muchos premios, de ser ya parte de un circuito elitista, su obra va en sentido contrario y sus raíces se vuelven base fundamental de su creación.

La obra empieza en el silencio y la lentitud del movimiento de los bailarines que van desenroscando una alfombra que rememora al espectador motivos africanos/brasileros. Un collage de alfombras sería mejor decir. Por un lado, es un gesto amoroso: el bailarín preparando el espacio que va a habitar frente a los ojos del público. Por otro lado, es meta-dancístico, nos avisa que la obra se compone de retazos, hilados y unidos sí, pero retazos a fin de cuentas. Y este segundo gesto nos habla también de la variedad cultural de Berlín: ahí donde cientos de tiempos, de nacionalidades, de culturas, de espacios se ponen en diálogo. El espacio que a fin de cuentas posibilita el encuentro.

Una vez la alfombra es puesta sobre el escenario, los bailarines salen y vuelven, uno por uno, todavía en la quietud, a la escena, desnudos. Poco a poco se meten en la alfombra, primero a realizar poses estáticas, esculturales, donde ya la variedad de cuerpos y expresiones se avisa. Pero nada hace decir: “hay variedad de cuerpos” si es que esa variedad no se vive. En la obra sí se vive y con creces. Siguiendo la metáfora anterior, Berlín no será entonces más que un medio, donde formas y expresiones de todo el mundo puede hallar cobijo, pero de todas formas el encuentro no sería posible sin él. La variedad está, ahora, ¿se vive? Difícil decirlo sin haber visto su movimiento cultural en complejidad, el Theatertreffen haría creer que no.

La alfombra, en la obra de Rodrigues, juega un papel similar aunque mil veces más problemático y es ahí en el problema donde, de nuevo, surge lo estético. Pues pronto el ritmo surge y los bailarines ya no solo habitan con timidez entre ellos y su espacio: forman un ritual de transformación y continuo devenir. Donde lo individual, sin perderse, es potenciado por su movilidad: la música es generada por ellos mismos y percusión grabada. La fiesta enloquece, ellos enloquecen, pero sin perder el juicio, el juego con la alfombra: ésta se hace vida y brilla en frenesí y razón. La alfombra deviene caballo, el caballo cabello, el cabello vestido… En primera instancia, ese devenir hace que los bailarines pierdan así su sexo de nacimiento, en el que nadie se fija, y la estética de lo andrógino se alza en erótico e hipnótico movimiento. Esa neutralidad de los bailarines, y ese devenir en segunda instancia, permiten al espectador fijarse en cualquier lugar de la escena: en una esquina estará pasando algo, en la otra, de forma simultánea también. El protagonismo no existe y no por ello se cae en la homogeneidad. Los bailarines, de técnica no solo pulcra, sino energía subversiva, hacen de puerta para el espectador a un sueño que habla de la ética del vivir juntos que las otras obras no permitían.

Quizás, así, Berlín también brilla en un movimiento más independiente y extranjero que, lastimosamente, yo no llegué a conocer: ahí donde lo marginal recuerda que el arte también es político y que la política de agenda es pobre y peligrosa. Quizás, ahí donde el inglés parece ser la verdadera lengua y la nacionalidad poco importa (o así también parece en una corta mirada). No por no haber visto esa escena dejaría de agradecer al Ministerio Federal de Asuntos Exteriores de Alemania y al Goethe Institut, que vía la Embajada de Alemania en Bolivia han hecho posible ver brevemente su movimiento. Además de saber oralmente del movimiento en otros 12 países, compartir sobre Bolivia y volver al país con ganas de, por lo menos, escribir lo vivido y algún cambio tratar de movilizar en nuestras selvas burocráticas y nuestra gran ausencia de institucionalidad. Porque, digámoslo para terminar, a Bolivia solo le falta la institucionalidad para que la fiesta de una alfombra que deviene se abra, porque el teatro ya lo tiene…

FOTOS: CAMILO GIL OSTRIA

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El lugar fantástico de Chimal

Valery Gismondi reseña el libro ‘La ciudad imaginada’ del escritor mexicano

/ 27 de junio de 2022 / 10:27

En su último libro, La ciudad imaginada (Yerba Mala Cartonera, 2022), Alberto Chimal logra transportarnos —como lo indica su título— a ese lugar que tan finamente nos describe y el cual es tan fácil de imaginar. Un lugar que se divide entre una realidad reconocible y ese mundo de fantasía que marca el tono de su obra a lo largo de los once cuentos que nos presenta. Lograr que nos perdamos en un universo construido con ese propósito tiene mucho que ver con la manera en que el autor juega con el lenguaje de manera precisa y fluida, haciéndolo reconocible, visual, pintoresco y sobre todo, fácil de leer, que a diferencia de lo que pueda creerse, es una tarea extremadamente difícil. Se trata de acortar ese puente entre autor y lector haciendo de la comunicación que significa la palabra escrita, una forma sublime de mirarnos los unos a los otros.

La manera en que Alberto es capaz de hacerlo gira en torno a cómo se nos presenta la fantasía: tan cercana y tangible. Las referencias que surgen como un guiño cómplice de mundos reales entremezclados con aquellos que él inventa, como en Corredores, hacen que cada relato sea una ventana diferente. La que nos introduce al libro —La ciudad imaginada— es una ventana que nos atrapa lo suficiente como para querer atisbar las restantes. De inmediato nos topamos con Mesa con mar que supone una exquisita expresión de realismo mágico, que podría confundirse por literatura fantástica, pero al devolvernos al universo de la niñez —en donde todo es posible y real— nos recuerda a ese lugar donde lo inconcebible puede hacerse concebible y lo imposible se sitúa codo a codo con lo cotidiano. 

Porque los cuentos han sido escritos con años de distancia y sin intención de convertirse en parte del mismo libro, supone una propuesta diversa y divertida, como Variación sobre un tema de Coleridge, que es sumamente ameno sin comprometer la profundidad del relato. Resulta una combinación casi estremecedora entre lo que te provoca reír y lo que te sumerge en la reflexión y la catarsis de cualquier expresión de arte. Y creo que al situarnos como lectores de esta obra, nos situamos también, ante justamente eso: una expresión de arte honesta, transparente, tan largamente y pulidamente trabajada en cuyo universo infinito alberga sirenas y mujeres atrapadas por ellas, charlas con ese Yo del pasado que no termina de encajar en el presente, monedas mágicas y misteriosas, películas de la cultura popular. Un sinfín que vale la pena explorar personalmente.

* Valery Gismondi Avendaño nació y vive en La Paz. Es licenciada en Ciencias Políticas y máster en Literatura Comparada, lectora, escritora y aprendiz.

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