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Encuentros cercanos con el tigre

Jaguar

/ 2 de diciembre de 2020 / 15:21

El jaguar celebra su día hoy. Es un llamamiento mundial para asegurar su protección y detener el tráfico ilegal. El jaguar, hasta los años 80, fue cazado por su piel para mercados de Europa y Estados Unidos. Ahora, sus colmillos tienen como nuevo destino China

Panthera onca, nombre científico; jaguar en castellano; inchiquíen tsimané; yagua en guaraní; caatai en ayoreo; imichursh o nuityimish en chiquitano; y tigre en el habla popular. El jaguar es el felino más grande de América, es emblema cultural y orgullo boliviano. Es símbolo de la Amazonía y se adapta a cualquier terreno. Incluso hay registros de tigres a 2.400 metros sobre el nivel del mar en el Parque Nacional Amboró.

Inconfundible por su robusto armazón, sus patas cortas y su cabeza grande, su cuerpo amarillo cubierto por rosetas y ocelos negros lo diferencian de su pariente cercano, el leopardo. El tigre es un animal solitario, ágil, fuerte y muy hábil para trepar y nadar. Para alimentarse, reproducirse y desplazarse, necesita grandes espacios geográficos, 200 kilómetros cuadrados. En la Amazonía, comen chanchos de tropa, taitetús, venados, tejones y especies medianas como armadillos, jochis, caimanes y otros. En el Chaco se alimentan también del chancho solitario que es el endémico de ese hábitat.

Los jaguares han perdido casi la mitad de su distribución geográfica original, aunque en los últimos 20 años están en proceso de recuperación. La fragmentación del territorio ha hecho que estos felinos sean cada vez más vulnerables, ya que no pueden cazar y aparearse en zonas más pequeñas. El hogar del jaguar en Bolivia abarca varios tipos de bosque en las tierras bajas, desde el bosque chaqueño al sur, hasta el bosque amazónico en el norte del país. En Bolivia, se estima la presencia de 12.845 jaguares.

La conservación de los jaguares ayuda a salvaguardar el equilibro de los ecosistemas de los bosques y sabanas tropicales de los que dependen otras innumerables especies. Como depredadores ágiles, ayudan a mantener saludables las poblaciones de las especies de las que se alimentan. También previenen de enfermedades al eliminar individuos enfermos.

El jaguar ha sido considerado una deidad principal en las culturas amazónicas. Hoy en día, es una especie símbolo de los esfuerzos de conservación y en el desarrollo del turismo en áreas protegidas.

Los jaguares se juntan solo para aparearse. Las hembras tienen usualmente menos de tres crías, totalmente dependientes de sus madres para su alimento y protección, hasta que se convierten en adultos. Cuando tienen entre dos y cuatro años son maduros reproductivamente y se dispersan para encontrar nuevos territorios. Su mayor amenaza son los traficantes de fauna silvestre que buscan especialmente sus colmillos, como hasta los años 80 eran sus cueros. Las personas más afortunadas del mundo han podido tener encuentros cercanos con el tigre. El resto nos tenemos que conformar con los gatos domésticos que es “casi” como observar a un jaguar. Estos son seis testimonios de estas mujeres y hombres privilegiados.

Jaguar: Tras los pasos del gran felino

Dos funcionarios del Parque Nacional Madidi.

Mariana Da Silva junto a huellas de jaguar

Foto: JUDITH LARSEN, GUIDO AYALA, MARIA VISCARRA/ WCS

Foto: JUDITH LARSEN, GUIDO AYALA, MARIA VISCARRA/ WCS

Uno

Margoth es de las pocas mujeres guardaparques de Bolivia. Trabaja en la Reserva de la Biosfera y Tierra Comunitaria de Origen Pilón Lajas. Cuando estaba en la “prepromo”, alguien vino a su colegio a dar una charla sobre el área protegida. Margoth Pilco Siviora vio en las fotos que había mujeres y se juró entonces a sí misma que sería una de ellas. “Ese trabajo es para los varones, ustedes no sirven, hay que esperarlas siempre, hay que cargar sus mochilas, nos decían siempre los hombres. A las mujeres nos exigen más: a los hombres con libreta militar es suficiente, a nosotras nos preguntan si seremos capaces”, cuenta Margoth. Ninguna palabra de desaliento, ningún obstáculo pudo con ella. Cuando en 2007 casi 20 personas, la gran mayoría hombres, se postularon para ser guardaparque del Pilón Lajas, ella ganó la única plaza del concurso público.

Margoth siente que las mujeres cuidan mejor y tienen un contacto más auténtico con la naturaleza. Solo ellas pueden hablar con la madre tierra, de tú a tú. “A veces me pongo a conversar con los árboles y siento como si me escucharan, tengo un sentimiento grande de respeto por toda la selva”. Dos veces ha estado delante del tigre: “la primera vez fue a 70 metros, logré sacar dos fotos de un jaguar que estaba muy concentrado tratando de pescar. Cuando nos vio, pegó un salto y desapareció. La segunda vez fue en medio de un patrullaje por el río Quiquibey. Logramos ver los amarillitos del tigre en medio de los arbustos. Muchas veces he visto sus huellas, sus camadas, sus restos de comida”.

Margoth pasa 24 días en la floresta y seis días en casa junto a su pareja y sus dos hijos. Lo mejor de su vida es dormir en un lugar diferente cada noche, respirar aire puro, cuidar a los animales. Lo peor es tratar con los cazadores, con los pescadores, con los taladores. “Recibimos agresiones verbales y hasta físicas. Tratamos de concientizar a los comunarios que no maten al tigre para vender sus colmillos a los chinos. El jaguar es algo nuestro, es sagaz, ágil, fuerte y hermoso. Es el papá de todos los animales. Los comunarios han cazado ancestralmente al jaguar pues mata sus gallinas y hasta a sus perros. Ellos colgaban su piel en sus casas y colocaban los colmillos en el cuello de los niños y los ancianos pues protege del mal viento, de las enfermedades. Pero hace cuatro años que ingresaron ciudadanos chinos y ha crecido la presión para comprar y vender esos colmillos”, cuenta Margoth, una mujer fuerte y sabia que hace patrullajes diarios, especiales y exploratorios que pueden durar hasta dos semanas. Todo para cuidar al tigre.

Dos

La primera vez que Marcos estuvo delante de un jaguar fue inolvidable y marcó su vida para siempre. “Tenía 12 años y estaba pescando con mi hermano a orillas del río Beni, cerca a Riberalta, selva muy adentro junto a la barraca San Luis. De repente apareció un tigre y pudimos apreciar su fuerza y su majestuosidad. Fue algo fascinante pues nos dio miedo, temor y respeto”. El jefe de Protección del Parque Madidi zona B, Marcos Enrique Uzquiano, creció escuchando las historias que contaba el “taita” Roberto de San Buenaventura, un curandero que hacía las veces de médico de cabecera y hablaba en las noches del “tigre gente”, la leyenda de un hombre que se convierte en un jaguar para poder cazar y llevar comida a su familia.

Marcos soñaba de joven con conocer el secreto para convertirse en un “tigre gente”. Siguió las huellas de las hojas señaladas en la selva que el “taita” le había enseñado. Se convirtió en guardaparque del Madidi y ya lleva 15 años llevando el sustento a la casa y chocando con los traficantes de fauna silvestre, incluso a tiros, arriba de un motor fuera de borda. Las veces que ha tenido encuentros cercanos con el jaguar son ya innumerables. Las más recordadas son tras caminar un mes por la selva y acampar en medio del todo. Ha perdido el miedo y han nacido lindos recuerdos, espectaculares fotos, bromas con sus compañeros y una admiración extraña hacia este animal totémico pues Marcos se identifica con el jaguar, especie paraguas, clave para mantener el equilibrio en la selva. Marcos, sin saberlo, es ya un “tigre gente”.

Tres

Robert Wallace es el director del Programa del Gran Paisaje Madidi-Tambopata de la Wildlife Conservation Society (WCS), una organización mundial fundada en 1895 para la conservación de la vida silvestre y los paisajes naturales. El programa centra sus esfuerzos en la conservación de especies icónicas y amenazadas (cóndor, oso andino, jaguar, londra, borochi) y busca compatibilizar las necesidades de desarrollo humano con las necesidades de la vida silvestre.

Su primera vez ante un tigre fue memorable: “Encontramos una cría en la senda mientras realizábamos un conteo de fauna nocturno. El cachorro tenía mucha curiosidad hacia nosotros y nada de miedo, lo cual fue increíble. Estuvimos disfrutando todo el tiempo su presencia, pero al mismo tiempo nos preguntábamos: ¿dónde estará su mamá? Cuando el cachorro se fue, detectamos a la madre que había estado mirándonos todo el rato”.

La WCS trabaja en 12 países que tienen el privilegio de contar con jaguares. “La buena noticia es la creación de sistemas de áreas protegidas impresionantes en América Latina, el reconocimiento de territorios indígenas y el monitoreo y documentación de los tigres, por ejemplo en la región del Madidi. La mala noticia es la amenaza relativamente incipiente del tráfico de partes de jaguar, lo cual puede amenazar las poblaciones si no trabajamos juntos —organizaciones indígenas, comunidades, municipios y estancieros— para combatir este problema”, cuenta el jefe “Rob”.

Cuatro

José Luis ha tenido la oportunidad de ver varias veces al tigre. “Fueron momentos muy gratificantes, lo vi caminando a 15 metros, lo vi en la playa, en la senda, lo vi rugiendo, comiendo y cazando. La adrenalina es muy grande por el peligro y la emoción. Para nosotros que vivimos en la selva, el jaguar —que puede llegar a caminar 50 kilómetros diarios— es parte de nuestra cultura, es mito y leyenda y da sentido a nuestras vidas. Es sinónimo de grandeza pero también de templanza y paciencia. El tigre con su mirada fija lo dice todo. Por eso no entendemos a los traficantes que nos enfrentan con armas blancas y hasta de fuego”, cuenta José Luis Howard Ramírez, jefe de protección de la Zona A del Parque Madidi. Lo peor que vio en el monte fue un tigre sin patas ni cabeza, totalmente desollado. “Lastimosamente había sido víctima de un comunario tacana”.

Cinco

Guido ha tenido muchos encuentros con jaguares, pero el más increíble fue cuando, en una oportunidad se encontraba fotografiando aves en un salitral en el río Tuichi dentro del Parque Madidi. “Estaba muy concentrado en fotografiar aves, cuando de pronto escuché un mínimo ruido de hojarasca a mis espaldas, giré muy despacio para mirar y quedé sorprendido al ver echado a un jaguar a unos 10 metros, que me miraba y movía su cola de un lado al otro. Al darse cuenta de que lo vi, se paró, se dio la vuelta y se fue de lo más tranquilo. Fue tan rápido que solo logré fotografiar su cola”, cuenta entre risas Guido Ayala, el coordinador de investigador de la WCS en Bolivia.

También ha visto al tigre en tiempo de celo: “En el Madidi tenemos registros de la época de celo, entre julio y septiembre. En estos meses se escuchan rugidos y bramidos. La hembra ruge llamando al macho y éste contesta con fuertes bramidos. También en Santa Cruz, en la zona del bajo Paraguá, hay registros fotográficos de parejas en enero y febrero”.

Seis

Mariana ha visto muchas veces huellas de jaguar muy frescas. “Tal vez el tigre me estaba mirando mientras yo fotografiaba sus huellas, pero aún no he tenido la suerte de encontrarme con uno libre en su hogar. Estoy esperando ese momento con ansias”. Lo que sí ha tenido es “encuentros” con el enemigo público número uno del tigre: el traficante.  El caso más escandaloso que recuerda fue en 2018 cuando se encontraron casi 200 colmillos y hasta piezas de marfil de elefante. También se acuerda que en 2015 encontraron en el aeropuerto de Pekín a una persona con más de 100 colmillos de jaguar provenientes de Bolivia.

Mariana Da Silva es jefa de investigación para combatir el tráfico de la WCS. “La xenofobia hacia la gente de origen o ascendencia china no ayuda, solo perjudica porque distrae y simplifica un tema muy complejo. En las cadenas de tráfico de animales silvestres hay gente de muchas nacionalidades, no solo una. Así como existen bolivianos involucrados en el tráfico de vida silvestre, hay conservacionistas chinos combatiendo este crimen”.

El tráfico involucra cadenas complejas desde la cacería del animal, acopio de sus partes, transporte, hasta la venta y consumo por los compradores finales. Una parte tiene consumo dentro del país y otra, probablemente mayor, es internacional, principalmente para mercados asiáticos. “Por esta complejidad, es imprescindible que el Estado y la sociedad civil colaboren para actuar en las distintas partes de la cadena de tráfico. Hay más compromiso y colaboración de instituciones como la Policía Forestal y de Medio Ambiente, las fiscalías, las autoridades nacionales y subnacionales a cargo de ese tema, y muchas otras además de la ciudadanía en general que ha mostrado su claro rechazo al tráfico de jaguar en las ciudades y en áreas rurales. Un ejemplo son las declaraciones contra el tráfico de vida silvestre que emitieron las organizaciones de las naciones indígenas del norte de La Paz, el Consejo Indígena del Pueblo Tacana (CIPTA) y el Consejo Regional T’smane Mosetenes (CRTM Pilón Lajas), además del Consejo de Turismo Sostenible del Destino Rurenabaque: Madidi-Pampas, y los emprendimientos turísticos comunitarios Mashaquipe y Chalalán”, dice Mariana.

Jaguares muertos, colmillos traficados

La expansión urbana y agrícola, la deforestación, los incendios y quemas no controlados amenazan su hogar. El tráfico de vida silvestre ocasiona la caza furtiva del jaguar para el comercio ilegal de sus partes corporales (dientes, garras, piel entre otras).

Desde 2014 se han registrado 36 casos verificables de tráfico de las partes corporales del jaguar en Bolivia y se han decomisado 786 colmillos en o desde Bolivia, que representan la muerte de al menos 197 jaguares. Estas cifras devastadoras demuestran la importancia de tomar acción sobre la conservación del jaguar. El comercio de jaguares está prohibido en todo el mundo y es un delito que implica pena de cárcel en Bolivia.

Otra de las amenazas a su conservación tiene relación con la práctica de la ganadería. Debido a la pérdida de sus presas naturales y de su hábitat para crear campos de pastoreo de ganado, los jaguares en ocasiones se ven obligados a alimentarse de animales domésticos. El resultado de este conflicto es la matanza ilegal de los jaguares.

Con motivo del Día del Jaguar se ha lanzado el concurso “Creando arte en el mes del jaguar” para promover que jóvenes y adolescentes bolivianos plasmen su creatividad, investiguen y conozcan más sobre esta especie icónica.

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Desde el cielo: las mejores fotografías del mundo captadas por drones

Drone Photo Awards premia las imágenes logradas por profesionales y aficionados de más de 100 países

PREMIO. Los gansos de patas rosas se encuentran con el invierno, de Terje Kolaas

Por Claudia Fernández

/ 6 de diciembre de 2021 / 20:27

Miles de gansos de patas rosadas volando por encima de campos cubiertos de nieve y con destino a los criaderos de Svalbard, en el Ártico, fue la imagen captada por Terje Kolaas, un fotógrafo y observador de aves noruego. El ángulo de la fotografía no hubiera sido posible sin un dron, uno de esos vehículos aéreos no tripulados que puede alcanzar los 12 km de altura, aunque la distancia depende del modelo y marca del equipo. Esta captura de los gansos se convirtió en la mejor fotografía del mundo 2021 en los Drone Photo Awards, un concurso que destaca la fotografía aérea y video, cuyas plataformas también incluyen aviones, helicópteros, globos dirigibles, cohetes o paracaídas.

“Sobre nosotros, solo el cielo”, fue el lema elegido para la tercera versión del concurso que reunió a fotógrafos profesionales y aficionados de más de 100 países y que forma parte del festival internacional de artes visuales Siena Awards.

Cosecha de chiles rojos, de MD Tanveer Hassan Rohan

Este género, captado por drones, es diferente y “deliberadamente separado de ser comparado con la fotografía tradicional”, muestra contrastes desde lugares a los que solo con tecnología se puede acceder, como mirar desde el cielo.

El primer lugar en la categoría Urbano muestra un antiguo monasterio cerca de Moscú con una gran planta eléctrica al fondo. El vapor de las torres de enfriamiento es particularmente denso debido a las fuertes heladas en Rusia. La imagen fue captada por el fotógrafo ruso Sergei Poletaev, y fue titulada como Declaración metafórica sobre la ciudad y el invierno.

Otra de las mejores fotografías fue tomada por Tomás Neuwirth en el laberinto del parque. El fotógrafo checo realizó un collage de dos imágenes tomadas en el mismo lugar en diferentes estaciones del año: primavera e invierno.

RUSIA. Declaración metafórica sobre la ciudad y el invierno, de Sergei Poletaev

“Al seleccionar ubicaciones inusuales y utilizar completamente el procesamiento de posproducción, está llevando la fotografía con drones al siguiente nivel. Del paisaje al campo de las bellas artes”, destacó la página oficial de Neuwirth.

Y con un tono rojo que sobresale en la imagen, MD Tanveer Hassan Rohan captó la cosecha de chiles que realizan mujeres en Bangladesh. El fotógrafo de Your Shot escribió: “Hay casi 100 fábricas y más de 2.000 personas que trabajan todos los días. Reciben casi $us 2 después de 10 horas de trabajo, y en algunos lugares obtienen menos de esta cantidad. Trabajan muy duro”.

COLLAGE. Laberinto del tiempo, del fotógrafo checo Tomás Neuwirth

Los Drone Awards, con sede en Italia, premiaron ocho categorías: Naturaleza (muestra el entorno y paisajes capturados desde el cielo), Animales, Gente (imágenes de grupos de personas), Abstracto (representa una imagen visual que no se asocia inmediatamente con los objetos reales del mundo), Boda (imágenes de personas y actividades relacionadas con bodas o ceremonias de compromiso o tradiciones), Deporte (todo tipo de eventos deportivos), Urbano (fotografías que muestran la arquitectura, como puentes, edificios, espacios históricos, industrias e interiores, entre otros) y Video.

Y durante el recorrido entre las mejores fotos del mundo captadas por un dron se ve también la arrogancia de un deportista en medio de tiburones. Tal vez desde su kayak no veía la hazaña que realizaba, y que fue captada desde el cielo, que permite tener una perspectiva nueva, una forma de redescubrir el mundo.

FOTOS: DRONE PHOTO AWARDS

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Carlos Rosso, apuntes y recuerdos

El maestro cumplirá 75 años. El músico Sebastián Zuleta escribe sobre el director de orquesta, gestor cultural y educador

/ 6 de diciembre de 2021 / 20:21

Del maestro Carlos Rosso, quien el 6 de diciembre cumple 75 años, pueden decirse tantas cosas que ningún artículo las contendría satisfactoriamente. A través de Google puede uno saber que es un músico y director de orquesta, y estar más o menos informado con respecto a sus estudios en Bolivia, España y Polonia; a su orgulloso origen sucrense; a los numerosos cargos de gestión pública y diplomacia que ha realizado con excelencia; a las también numerosas distinciones que ha recibido en Bolivia y otros países; a su desempeño al frente del Departamento de Cultura y Arte que creó y dirigió por más de 20 años en la Universidad Católica Boliviana ‘San Pablo’, por la cual fue nombrado Doctor Honoris Causa, y donde también creó y ejecutó los Programas de Licenciatura en música —junto a Alberto Villalpando— (1974-78, 1999-2003), literatura (1999-2004) y cine (2006-2010), y la revista Ciencia y Cultura, indexada en Scielo y Redalyc.

Muy poco o nada puede encontrarse acerca de las publicaciones sobre la riqueza patrimonial del país y todos los proyectos de música, literatura, pintura, teatro y danza que creó, apoyó, ejecutó y/o publicó como gestor, en un trabajo sostenido y realmente infatigable a lo largo de los últimos 50 años, desde esa primera vez en que fuera nombrado, con poco más de 20 años de edad, Director Nacional de Cultura.

Cada uno de estos aspectos podría ser desarrollado ampliamente, encontrándonos maravillados ante tan hidalga singladura. Sin embargo, este pequeño artículo pretende ser más que un listado de lo que de por sí sería un recorrido muy difícil de abarcar y hace apenas mención a algunos apuntes personales y recuerdos sobre sus facetas como músico y como educador.

Como director de orquesta generó en el contexto boliviano, desde su regreso de Polonia en 1973, un tiempo de prosperidad musical con memorables conciertos en los que coexistían piezas del repertorio sinfónico clásico y la música contemporánea de vanguardia de Alberto Villalpando, de quien estrenó varias de sus piezas orquestales fundamentales. Cergio Prudencio afirma lúcidamente —en un artículo escrito en 2013 que me fue imposible encontrar digitalmente, y por eso la paráfrasis— que si bien el planteamiento de que Villalpando es la piedra fundacional de nuestra música académica de vanguardia es a esta altura por demás contundente, lo que muchas veces es pasado por alto es que Carlos Rosso, con sus encargos y sus interpretaciones, fundó también conjuntamente esa piedra. En términos generales, el binomio Villalpando-Rosso fue el eje de nuestra vida musical en el ámbito académico de la época entre los años 70 y parte de los 80. Su trabajo por supuesto que ha seguido hasta el día de hoy y el alcance de su influencia sigue siendo fuertemente tangible y podrá medirse solo con el paso del tiempo.

Durante ese periodo de auge Rosso tenía una fórmula impecable. Su carácter fuerte y carismático atraía y comprometía a los músicos, mientras una indoblegable voluntad le permitía, por ejemplo, dirigir en un mismo periodo a la Orquesta de Cámara Municipal y la Orquesta Juvenil de La Paz, ambas fundadas por él, logrando resultados musicales notables y giras nacionales e internacionales. Por otra parte, ha sido escrito, tanto en críticas de la época como posteriores, que sus interpretaciones cautivaron de manera inusual al público, particularmente con sus celebradas interpretaciones de ópera; lo cual debió seguramente también colaborar a la estabilidad de los elencos. A esto se sumaban sus innatos dotes de liderazgo y capacidades de gestión, los que tantas veces lamentablemente no acompañan figuras de tan grande talento y conciencia ética. Su energía era pues el resultado de una alineación portentosa.

Su paso tuvo siempre rasgos legendarios, y el siguiente fue su repentino e inexplicable retiro de la actividad musical pública en la segunda mitad de los años 80. Esta decisión, que atañe a la figura pública, pues no dejó de ser músico ni un solo día; y cuya razón, más allá de conjeturas, nunca ha sido esclarecida, se prolongó de forma desmesurada. Su regreso al frente de una orquesta sucedió casi tres décadas más adelante, en 2013, cuando dirigió la Orquesta Sinfónica Nacional, invitado por su entonces director artístico Mauricio Otazo. El programa concatenaba nuevamente una obertura de ópera, una pieza sinfónica de repertorio clásico y una obra de talante histórico de Villalpando—el Concertino semplice per flauto e orchestra— en dos conciertos absolutamente inolvidables a los que asistí, como muchos, deslumbrado.

Su obrar como músico, educador y gestor tiene efecto directa o indirectamente en la mayor parte de la música académica boliviana de los últimos 50 años. Para comprender la magnitud del alcance de su “epopeya vital”, como la llama Cergio, no habrá uno de tomar en cuenta solo los grandes logros, que, aunque lamentablemente no sean ampliamente conocidos, son fácilmente comprobables; sino llegar a las esferas remotas donde el eco de su paso ha instaurado, en distintas formas y medidas, el bienhacer, y entender entonces que el alcance de su presencia en Bolivia es en verdad imposible de mensurar. Tal debiera de ser también nuestra gratitud.

Para tratar de llegar a aquellas instancias a las que no llega Google me serviré de un par de recuerdos.

MAESTRO. El músico y director de orquesta Carlos Rosso Orozco nació en Sucre

El primero es de una vez en que fui a tocar a Villamontes, bajo el solazo de sus 46 grados de temperatura. No tenía teclado, así que el amigo que me había invitado a tocar y yo fuimos a la escuela de música local para que nos prestaran una clavinova. El director de la escuela me preguntó con quién había estudiado y al escuchar el nombre Rosso se alegró, accedió inmediatamente a prestarnos el teclado y luego buscó —y halló— programas de conciertos impresos que atesoraba de cuando había tocado corno francés en su orquesta, y nos retuvo más de una hora contando embelesado sobre lo que él consideraba sus “años dorados” como músico.

Un buen tiempo atrás de esto yo era alumno suyo en la Universidad Católica, en el segundo Taller de Música. Si bien le teníamos un poco de miedo debido a su enorme rigor —durante esos nueve semestres no llegó ni una sola vez tarde, ni un solo minuto—, había también desde el principio una gran calidez y una flexibilidad de pensamiento. Este rigor, fui entendiendo en el tiempo, no estaba fundamentado en sí mismo. Es decir que no era el rigor por el rigor, lo cual sería a mi entender el error de una espiritualidad mediocre, sino que era solamente el camino más práctico para alcanzar resultados musicales, y provenía más bien de un amor desmedido, verdaderamente irracional, por ese fenómeno que llamamos música.

En la primera semana del semestre universitario casi no se pasaban clases, pero las suyas en cambio comenzaban tenazmente el primer lunes por la mañana. Una de esas primeras veces el maestro planteó que daríamos un vistazo a la obra significativa de Beethoven, y cada grupo de cuatro alumnos expondría esa misma semana un específico género. A mi grupo le tocó los cuartetos de cuerda y resultamos en el sorteo primeros para exponer, lo que significaba que debíamos analizar los 16 cuartetos y exponerlos al día siguiente. Pensábamos que era broma y no lo era. No lo creíamos posible, pero él sabía que, en una cierta medida, sí lo era. Nos fuimos asustados y trabajamos todo el día y la noche sin dormir, y al día siguiente expusimos, como pudimos, nuestro análisis. En una intensa semana teníamos todos una idea, por supuesto completamente general, del catálogo de Beethoven. Ese era el nivel de intensidad de sus clases, un contexto en el que uno descubría que era capaz de más de lo que creía.

A veces, cuando quería mostrar cosas específicas de una pieza, se subía a la pequeña tarima y dirigía. Aquella leyenda de la dirección de orquesta dirigiendo a los alumnos que a duras penas podíamos tocar bien las reducciones al piano de las piezas sinfónicas que trabajábamos. Y de repente todo sonaba mejor, incluso los pasajes que antes no parecían particularmente dotados de belleza, se revelaban, bajo la claridad de su batuta, con una expresividad nueva, que esa partitura de alguna forma contenía y de alguna forma no, pues es ese el arte de la interpretación. Todos tocábamos mejor, alcanzando una precisión técnica que no podíamos más tarde reproducir. En ese momento tenía uno la percepción de que no había nada más importante ocurriendo en el mundo. Su mirada exigía una entrega verdaderamente absoluta, un desempeño musical muy por encima de nuestras reales capacidades, que de forma inexplicable sucedía, una especie de encantamiento. Eso era la música. Y lo más importante: no era un concierto, ni un teatro, ni una orquesta, no había pompa; era una fría aula de universidad a las diez de la mañana, con un piano y un teclado cuyos parlantes integrados saturaban en los fortes. Ahí entendí que la relación era con la música; y que la música es una presencia cotidiana, pero es también un enigma, y que se la hace siempre por razones finalmente inexplicables.

Es de esa forma, mediante encantamientos, como entiendo que fueron posibles las versiones suyas de piezas sinfónicas que escuché de forma clandestina, cuando para un homenaje suyo en 2006, en complicidad con su esposa Norma, me tocó ir a su casa por las tardes, mientras él trabajaba en la universidad, a digitalizar las grabaciones que él conservaba en cintas de carrete, en las que me encontré frente una altísima musicalidad que me abrió la puerta a la dimensión de una dignidad para mí entonces conocida solo como postulado y no como revelación: el hacer música en Bolivia.

El maestro Rosso odia su cumpleaños, una vez viajamos juntos a la Cochabamba de Villalpando para huir de la amenaza de los festejos, pero yo pienso que es solo una buena excusa para celebrar una vida, que es lo que también pretende este pequeño texto, agradeciéndole a algo que finalmente será el destino, el haberme regalado el privilegio de su guía y su amistad.

FOTOS: TONY SUÁREZ

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Gaspar

La ópera prima del director de cine tarijeño Guido Pino fluye gracias a que apuesta por el minimalismo

Por Pedro Susz K.

/ 6 de diciembre de 2021 / 20:18

CINE

Si hace algunos años la sorpresa llegó de Santa Cruz con El ascensor (Tomás Bascopé/2009), esta vez viene de Tarija con Gaspar, ópera prima en el largometraje de Guido Pino (n.1984). En ambos casos el secreto de los aciertos pareciera estar en la opción de los respectivos guionistas-realizadores por el minimalismo. Y me apresuro a despejar el reiterado equívoco que equipara ese término con la pequeñez o inclusive con la insignificancia, siendo que alude por el contrario, en el caso del cine y otros rubros creativos, a un estilo expresivo limitado al recurso a lo esencial para desarrollar una historia, dejando de lado las demasías, que tanto abundan en la producción al día de hoy. Quien mejor definió de qué va la cosa fue Van der Rohe: “Menos es más”.

Vale decir, el secreto no se halla, como de igual manera según daría la impresión se asume en otro persistente malentendido, de estar dándole al inflador a cada momento para autoconvencerse y de paso, si se puede, impresionar a los demás, exhibiéndose enfrascado en plena faena de invención del agua tibia.

Una década le consumió a Pino transitar desde la idea inicial de una serie televisiva hasta completar el proyecto, ya readecuado a un largo, gracias al decisivo aporte del PIU (Programa de Intervenciones Urbanas), a la fecha lamentablemente dejado de lado, siendo que sus beneficios resultan patentes con la sucesión de filmes nacionales estrenados en los últimos meses, todos los cuales de igual modo pudieron concretarse merced a la mencionada ayuda.

En el ínterin de ese prolongado tiempo de espera Pino rodó cerca de una veintena de cortometrajes, poco difundidos ciertamente, no obstante que uno de ellos, El General(2012), proyecto cuya hechura no demandó más de 300 dólares (Pino dixit), llegó a ser elegido finalista en el Festival de Venecia de aquel año. Otros cortos que tuvieron alguna repercusión fueron Augusto (2013), El sastre (2019) y Estados de demencia, ganador del Fenavid 2019 en el rubro de videoclips. 

Gaspar, el protagonista, es un niño de ocho años, el cual no habla y vive encerrado en sí mismo. La causa de ese distanciamiento queda enseguida develada, cuando a los pocos minutos de arrancar el relato una tormentosa discusión entre Martín, el padre, y Linda, la madre, ambos muy jóvenes aún, da cuenta de que allí, en esa familia al borde de hacerse trizas, hay algo que no funciona bien. Más adelante algunos fogonazos retrospectivos permitirán imaginar que el problema fue la prematura decisión de  contraer matrimonio, y concebir ese hijo, sin que la pareja se hubiese tomado el tiempo necesario con el fin de conocerse a fondo. Y los constantes entredichos entre ambos, queda sugerido —puesto que el arriba referido estilo de exposición elude los subrayados, dejando al espectador la tarea de ir armando el rompecabezas—, provocarán que Gaspar presienta que es una suerte de estorbo.

Por su lado, la inmadurez de Martín, si de sintonizar con las preocupaciones del hijo se trata, es igualmente sugerida cuando en el afán de mostrar su afecto resuelve regalarle un reproductor de audio con sus respectivos auriculares, ahondando aún más el retraimiento del vástago, lo cual igualmente hubiese sucedido si papá, tal cual acontece demasiado a menudo (¡atención padres/madres!), tenía la peregrina ocurrencia de obsequiarle una laptop.

Linda, no obstante sus sesiones de yoga y meditación, vive agobiada, librada a su suerte, con la obligación de atender sola las necesidades del chico entretanto Martín, mientras se gana los pesos trabajando en una fábrica de materiales para construcción, vive obsesionado por la banda de rock que formó soñando con alcanzar cuanto antes la popularidad, ergo, en última instancia, la bonanza financiera, contingencia que, supone, pudiera concretarse gracias a los contactos de Cacho. Es una suerte de “representante” con acento rioplatense —en el fondo un pajpaku—, de los contados clichés que se permite Pinto, en este caso adicionalmente matizado cuando en cierto momento de la trama resuelve al parecer partir en busca de su amor de antaño, dejando al desnudo una sensibilidad común a todos los protagonistas, debidamente equilibrados, justo para evitar el estereotipado usual en los dramas de este género.

Tal delicadeza para aproximarse a sus criaturas y sus sentimientos resulta transparentada incluso en el personaje de la niña vecina, con la cual Gaspar entabla una amistad no necesitada de explicaciones y sostenida únicamente por una suerte de complicidad inocente mostrada de igual manera absteniéndose de cualquier énfasis sobrante, lo propio que en una breve escena donde vemos a Gaspar imaginando, cuando solo cree estar jugando, la posibilidad de escapar de su incómodo ensimismamiento parricidio mediante.

Pino aprovecha al máximo la flexibilidad de la narrativa cinematográfica para desplazarse en el tiempo, hacia adelante o atrás, y para superponer múltiples capas connotativas. La narración atraviesa varios flashbackde los inicios de la relación entre Martín y Linda, así como otras tantas secuencias en las cuales la realidad (la virtual de la ficción que viven los personajes, me presto uno de los lugares comunes de la jerga digital) deja paso a la prospectiva imaginaria saltando al futuro deseado. Pero ese ir y venir está expuesto con la fluidez necesaria como para evitar enredar el relato desorientando a quien ve (no solo mira) cuanto ocurre en la pantalla.

Es sin duda uno de los aportes esenciales de la destacable labor de montaje a cargo de Juan Pablo Richter, tanto como de la certera contribución en el armado de la banda musical por Nicolás Blusque y en la de Sergio Bastani con una fotografía que saca el mejor partido del juego con los planos y los fondos, permitiendo imprimir visualmente esas varias capas de significación, la forma ideal de dispensar al espectador del facilismo del recurso a los diálogos para transmitir aquello que puede lograrse a través del cabal uso del potencial de las imágenes que retan a aquel a trabajar sus propias conclusiones mediante una visualización activa y no de mera ingestión pasiva.

Sabiendo cuán dificultoso resulta conseguir que un niño asuma el protagonismo central de una película con la debida naturalidad, para no poner en entredicho la credibilidad de su personaje, es preciso destacar la asombrosa composición de Dragos Popescu en el rol de Gaspar. Tampoco desentona, y no era tarea sencilla, ninguno de los adultos, logro atribuible, en partes iguales, al cuidado puesto por el realizador en la dirección de sus actores, y a la esforzada simbiosis de estos con sus personajes.

Hay por cierto unos cuantos momentos en los cuales el trabajo de Pino da la sensación de estar escorando hacia los tópicos de la telenovela. Más bien corta a tiempo para reenderezar el afinado volviendo sus pasos hacia la exploración de la clave que permitiría sanar las relaciones en ese grupo familiar, cifra, bien se sabe, inencontrable en cualquier manual, puesto  que únicamente consigue ser localizada en el propio trato con los demás, aun a costa de archivar algunos de los sueños/proyectos personales, según le explica Cacho a Martín en quizás la única secuencia donde las ideas son vocalizadas por los protagonistas en lugar de llevarlas directamente a la práctica para que la platea infiera sus propias conclusiones.    

En suma el primer largo de Pino, sin llegar a ser una obra maestra debido a detalles observables como los recién mencionados, más alguna que otra salida de tono, es, se dijo, una bienvenida sorpresa. Ojalá encuentre la manera de darle continuidad a su labor creativa y no le ocurra lo mismo que a Bascopé, de quien no volvió a saberse en los 12 años transcurridos desde el estreno de El ascensor, igual cómo ocurrió con otras varias otras prometedoras apariciones.

El asunto pasa por tomar conciencia  de que habiendo salvado los innumerables escollos atingentes a la producción y posproducción de cualquier película boliviana, restan aún los todavía, quizás mayores, relativos a la promoción y difusión. Pero los directores bolivianos, al igual que los productores, tendrán que asumir en algún momento que una película no se encuentra del todo terminada sino después de haber sido compartida con los espectadores, lo cual supone que en el lanzamiento y la exhibición debiera tenerse el mismo cuidado con la planificación y ejecución que durante el rodaje. Lo contrario conduce al riesgo de dejar a medias todo el esfuerzo invertido en la creación, financiamiento y desarrollo de emprendimientos que luego pasan por la pantalla en puntas de pie algunos, pocos, días, sin que nadie se percate.

Desde luego me quedó muy en claro cuán amplia y flexible es la voluntad de apoyo al cine boliviano por parte de los exhibidores. En esa certeza desembarqué habiendo constatado que en una de las multisalas Gaspar se proyectaba una vez al día a las 14.00, horario ideal para atraer multitudes, ¿verdad?, mientras en tres salas se exhibía a diario, en cada una, tres y cuatro veces el mismo superbodrio distribuido por cualquiera de las filiales del cine madeen el norte. Sin embargo, tal es otro de los envites que ineludiblemente retan a imaginar estrategias de promoción y lanzamiento creativas y efectivas. Mas no gratuitas por cierto.

FOTOS: PELÍCULA ‘GASPAR’

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Diálogo postmarcha

Por El Papirri

/ 6 de diciembre de 2021 / 20:14

CH’ENKO TOTAL

El Papirri se encuentra con su compadre. — ¿Cómo es Papirri?, te he visto tocando en la Marcha por la Patria. Qué pasa pues, otra vez te estás manchando con la política, medio masoquista eres, ¿no?— increpa el compadre Silverio en su llamada mañanera.

 — Sí, compadre, el viernes, quinto día de marcha, ya no pude con el escozor, viendo todo por la tele como “ociólogo”, una vergüenza, hasta que vi a una awicha marchando y me dije : ¡Jallalla, basta ya! Entonces fue naciendo una canción de emergencia para esta marcha valiente. El sábado empezó a nacer la idea, apareció la letrita: “Ya llega la marcha, vida y, por la democracia / polleras, wiphalas, k’epis de la vida…”.

— ¿Y para qué pues te metes en problemas? Estabas bien, tranquilo caminabas, otra vez la zozobra. Mi comadre, preocupada, seguro bien te insultan en las redes, ¿eso querías? ¿No querías que te quieran?

— Compadre, bien clarito te digo, esta marcha es en defensa de la democracia, te guste o te asuste. Lucho ganó con el 55 por ciento, un 15 por ciento quiere otra vez entrar a la fuerza al palacio, ya sabemos cómo son los fascistas, en un año han destruido al país, han negociado con los respiradores para los enfermos, han saqueado Entel, mejor no me hagas renegar…

— Sí, pero tu habías dicho que no eres del MAS, que no tienes militancia…

— Así es, yo no soy de ningún partido, soy de izquierdas, apoyo a las organizaciones sociales, no tengo gremio ni sindicato, tal vez puedes decir que soy del Instrumento…

— Yaaaa, quéspseso… solo te digo que después no estés pidiendo favores cuando te persigan… ¿Por qué te jodes tanto la vida, compadre?  Ya estás mayorcito, deberías retirarte y cantar de vez en cuando, hacer reír con la Metafísica, estar con tus artistas, acaso te han dado algo estos? ¿Acaso tienes un buen trabajo?

— Yo no he compuesto ni he cantado en la marcha en busca de pegas, compadre. Es mi ideología, mis sentimientos, ¿o no te acuerdas cuando tocaba en la Marcha por la Vida? En el Teatro al Aire Libre cantábamos  Los mineros volveremos, vos también cantabas, éramos changos. Sé que has cambiado tus ideas, pero yo no… sigo nomás como me conociste…

— Lo que pasa es que al Evo no lo queremos en La Paz, sabes ¿no ve?

— ¿Y quién ha hecho el teleférico? ¿El Murillo ha hecho el teleférico? Han entrado a robar al teleférico, a BoA la estaban destruyendo, han  puesto a sus queridas de personal con ítem, a sus compadres en impuestos para no pagar…

— Y vos ni siquiera le consigues una pega a tu ahijado, ¿no? Tu ahijado ya es profesional, hasta ahora no lo puedes acomodar. Háblale pues al Evo, tanto se lo cantas. Bien ingenuo eres, compadre, ya me da rabia, pareces chango, uno se preocupa por vos y te enojas todavía.

— No me enojo, compadre. Solo deseo que entiendas, todo fluyó con esa canción, la compuse el sábado, el domingo lo llamé a mi amigo Álvaro…

— Al Lineras?

— Nooo, al Álvaro Montenegro. Tiene su estudio en Achocalla, hasta allí me fui a grabar el tema todito el domingo, tuve que tocar todos los instrumentos, mezclar, masterizar… Mientras trabajaba en eso pensaba en las marchistas, seis días de marcha, valientes warmis, durmiendo en el altiplano, entonces nacía: “ya llega la marcha, jajay, contra los fascistas/ con lluvia, con trueno, viday, marcha por Bolivia…”

– Y ahora… ¿Qué has ganado, pues? Ni siquiera te pagan, te haces odiar, insultar, una vergüenza están hablando de vos en las redes, nadies va a ir a tus conciertos, después vas a estar puteando de que el teatro está vacío; y mi comadre, preocupada…

— Tu comadre me dijo que estaba orgullosa de mí… — ¿Orgullosa de que te jodas la vida? Lo único que te pido es que no me busques si te buscan…

— Ya, compadre, ni modo Cuasimodo, ideales son, democracia, una Bolivia digna, con autodeterminación, un país más igualitario…

—Ya, ya, ya, esa cantaleta todo el día en los spots y contigo más… mejor hablemos del Tigre, parece que va a salir campeón, compadre, ¿vamos al partido? Después de ocho años vamos a saltar…

— Ya, compadre Silverio, vamos al partido.

— No, mejor no, compadre, no quiero que me vea la gente con vos, me van a decir “masista” y eso no me gusta. Yo soy librepensante, además soy de la iglesia de todos los santos vivos, estamos bien ahí con mi familia, con el pastor Kevin.

—Ya, compadre, andá nomás solito al partido entonces.

— Cuando se pase esto te llamo, saludos a la comadre. No te olvides de tu ahijado, una pega pues  en el Estado Plurinacional, ya que has cantado…

Mientras, en la radio suena mi canción:

“Es el pueblo unido, con su wardat’ojo/ lluch’us y chicote, jajay, son los ponchos rojos/ Polleras al viento, pidiendo justicia/ Senkata, Huayllani, viday, no se nos olvida”…

(*) El Papirri: personaje de la Pérez, también es Manuel Monroy Chazarreta

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Horizonte del quinto año del ‘Ser y Estar’ de Pati García

La directora y dramaturga Diego Aramburo escribe sobre la obra que el taller presentará el 8 de diciembre en el Teatro Nuna

/ 6 de diciembre de 2021 / 20:12

El Taller Permanente de actuación “Ser y Estar”, dirigido por Patricia García, está de aniversario y lo celebra con la presentación de Horizonte, décima escenificación de fin de curso, en la que la docente, actriz y directora toma 10 textos cortos escritos para “Ser y Estar” por diferentes autoras y autores del teatro de Bolivia y los recupera en esta puesta que presenta el miércoles 8 de diciembre, a las 19.30, en el Teatro Nuna.

El siempre desafiante mundo del arte, en Bolivia, suma la complejidad, para quien quiera dedicarse a ese tipo de rubro, de la falta de espacios formativos que den alguna pista sobre las calidades y herramientas con las que se cuenta para sobrevivir a un mercado hipercompetitivo y sin apoyo estatal ni privado. En cuanto a la actuación, esta condición hace más necesario y más urgente prepararse en niveles que permitan enfrentar un escenario o una cámara con ciertas garantías de no estar cometiendo el clásico suicidio de pensar que “lograr fingir llorar” te convierte en actriz o actor.

Una de las alternativas más potentes al respecto es el “Ser y Estar” que, por quinto año consecutivo, trabaja en formación y culmina con la presentación de una creación en la que los alumnos de la gestión ponen en práctica lo aprendido, a través de escenas y obras en las que se ponen a disposición de “decires” que transforman su presencia en la escena.

Pero, ¿en qué consiste específicamente este espacio formativo? Primero, en la preparación de las personas que quieren actuar para aquello que es la base misma de ese trabajo y arte. Es decir, disponerse a percibirse y ofrecerse como un todo físico y sensible. Percibir-se, digo para comenzar, porque en la base está la consciencia propia, consciencia del aspecto exterior-material, así como del aspecto interior (llámese ‘estado’), consciencia profunda y, a la vez, relajada, que abre el camino a la posibilidad de recibir y entregar. Recibir lo que conlleva una situación enmarcada por la palabra (que se dice o que describe lo que sucede), y entregar precisamente lo que contiene aquella palabra-texto antes mencionado, devolviéndolo en un accionar dado por movimientos o enunciaciones —sensible, una vez más—, a las que este ser-actoral se lanza en una suerte de caída libre ‘a ojo cerrado’, para la cual la única red de contención es la confianza en que el disponerse de manera tan amplia y completa a que esas palabras, ficciones y testimonios, una vez vivenciados en primera persona, por mucho que gusten o disgusten, y por más que ensalcen o duelan (en la caída), enriquecerán tanto a la persona actuante como a quien entre en contacto con este hacer y decir profesional sea en un escenario o captado por una lente para la pantalla.

Luego de lograda esa base, y en un estado de ‘limpieza actoral’ —para nada sencillo de alcanzar—, los alumnos de Pati suelen enfrentar textos que ella pide que sean creados para provocar de alguna forma a quienes han de encarnarlos. La provocación suele recaer en la necesidad de una aguda y sutil escucha que logra, en tiempo simultáneo, el reaccionar-accionar por parte de cada “actuante-diciente-sensible”. Se reacciona a lo que se dice y hace proveniente de la obra-texto-guion y se acciona la sensibilidad con la que esto se realiza-entrega. El balance entre ese reaccionar y accionar, mucho más instintivo que racional o “cabezón”, es el secreto detrás del éxito de este trabajo. Pero esto para nada consiste en un trabajo sobre el principio o método de la improvisación, sino todo lo contrario, consiste en un profundo trabajo para masterizar el estado propio inicial, lo que precede a escuchar una y vil veces los ‘decires’ y ‘accionares’, siempre vivos, que salen al relacionarse con palabras y situaciones cada vez más conocidas y experimentadas (cada vez más, a medida que se repite y repite el encuentro con las mismas pautas), pero que son cada vez más potentes y más cargadas de una diversidad implícita en cada repetición no-nueva, pero sí renovada, fortalecida y fresca.

Surge así una actuación que genera curiosidad, misterio y plena de potencialidad. Surge así el tipo de actuación que propone Patricia García y que ella busca transmitir a quienes aprenden con ella. Surge así un espacio en el que se experimenta una comprensión completa e inquietante de la actuación, que otorga bases sólidas para poder pensar en actuar “sin morir en el intento”.

Se trata de una formación desafiante que busca una actuación orgánica e integral, cargada de posibilidades tanto para quien la realiza como para quien la recibe. Y quienes encarnan el desafío en esta ocasión son los alumnos del segundo semestre del año del “Ser y Estar” que protagonizarán los fragmentos El desmayo, Morir gritando, de Denisse Arancibia; Este no es un ejercicio de amor, de Darío Torres; Disfuncional, de Julio César Benítez; Los panes de hoy en día, de Freddy Calderón; El mejor de los intentos, de Jorge Alaniz, y La promesa, de Katy Bustillos, que conforman la obra Horizonte.

INTEGRANTES. Nathaly Alarcón, Valentina Tiffany Luna, Valeria Balderrama, Orietha Castillo, Ítalo Fernández, Yineth Gandarillas, Lua P .P .G. Guardia, Pacho Góngora, Paolo Iotti, Lorena Iturralde, Inés Langosch, Ramiro Mendoza, Devin Mercado, Isabel Nina, Letty Orellana, Paul Santos, Romi Silva, Torito Solares, Stephanie Toussaint y Eduardo Uzquiano.

FOTOS: DANIELA GANDARILLAS

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