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Gastón Ugalde: ‘El rol del artista es transformar el mundo’

El artista de mayor proyección internacional vivió ‘creativamente’ un año marcado por la pandemia del COVID-19, en el que se dedicó a fotografiar una La Paz en confinamiento.

/ 9 de diciembre de 2020 / 10:38

Este año lo pasé creativamente”, se ufanó Gastón Ugalde sentado en el living de la Galería Puro. El artista, nacido en La Paz en 1944, abrió sus exposiciones presenciales en noviembre con Colección Privada, una muestra que recoge diferentes piezas de su trayectoria artística y que en esta ocasión, mientras conversa apoyado en el sillón y los cojines de awayo —uno de los materiales recurrentes en sus obras y un elemento que le apasiona—, lo lleva a reflexionar sobre más de 50 años de trabajo. Con su característica forma de hablar dispersa, encantadora y extrovertida, Ugalde comparte  que los meses  de confinamiento lo inspiraron, agitaron su creatividad y provocaron nuevos proyectos

—¿Cómo afectó la pandemia del COVID-19 en su trabajo?

— Este año lo pasé creativamente. He caminado La Paz silenciosamente. La ciudad y yo en silencio por varios meses. Los tres primeros fueron un fenómeno de miedo y paranoia, la gente no salía y las calles estaban vacías. Fotografiar la ciudad así no había sido tan bonito, notamos que hasta la Jaén, cuando la ves sola, es un poco artificial. De todo esto tengo muchos registros de video y de fotografía. No sé qué haré con el material. Por otro lado, nos damos cuenta de que las galerías de arte en Bolivia siempre están en cuarentena. La gente no está acostumbrada a visitar galerías y museos.

—¿En qué momento se inició su carrera como artista? ¿Hay algún hecho o influencia en especial que haya sido decisiva en este camino?

—Uno nace artista. Lo que pasa es que la educación y la escuela te enseñan a dejar de ser artista. Tu manera de comunicarte y de sentir, en determinado momento, es de otra forma. Yo siempre estuve apegado a las artes. En 1960 mis padres me pusieron en un taller con Agnès Frank. A ella la considero una de las artistas más importantes del siglo pasado junto a María Luisa Pacheco, María Esther Ballivián, Inés Córdova y Marina Núñez del Prado. En la década de los 60, 70 y 80 hubo una fuerte presencia de la mujer en el arte y con producción, porque siempre he dicho que el artista boliviano no produce. Frank me abrió los ojos a la sensibilidad de la pintura, me transformó la manera de ver las cosas a través de una expresión plástica y pictórica. 

—Trabaja en técnicas muy diferentes, desde las tradicionales a las más relacionadas con el arte contemporáneo (pintura, fotografía, video, grabado, dibujo e instalaciones) ¿por qué?

— El ser multidisciplinario tiene que ver con la interculturalidad que vivimos constantemente en nuestro país y particularmente en la región andina del continente, desde México hasta Chile. En Bolivia es verdad que existen 36 naciones conviviendo dentro de una sola. Yo he caminado mucho por el país en los años 70 y los 80. La presencia de cada cultura influye porque Bolivia es diversa. El boliviano baila y canta, esa es nuestra máxima expresión y el arte siempre es fiesta. La dialéctica del porqué algunas culturas aprecian más la ópera o el teatro o el arte plástico es asombrosa, en algunos está y en otros no. Uno puede expresarse de diferentes maneras, sobre todo en el arte colectivo y trabajando con otros artistas y otras personas, que es la forma en que a mí me gusta, porque te lleva por distintas ramas.

—¿Qué elementos culturales sirven de inspiración para sus obras?

—La coca siempre me ha inspirado. Tuve exposiciones en Bolivia, Brasil, y en España, la Feria Mundial de Sevilla, donde tuve que restaurar la obra porque la gente se comía las hojas y Réquiem a la cocaína en París. La primera instalación de arte que hice fue en el Museo Nacional de Arte en los años 60 con khulas (pedazos de barro) porque vino un momento de sequía. Fue la primera instalación de ese tipo en el MNA. Las personas, sin embargo, no entendieron la exposición, incluso ahora no entenderían. Pero Teresa Gisbert de Mesa, que en ese momento era directora del museo, comprendió y publicó en un periódico un comentario que decía: “Este artista va a dar de qué hablar”.

Desde entonces hago mucha instalación, me gustan mucho las rocas y los proyectos de apachetas. He debido construir más de mil apachetas en todas mis caminatas, muchas de ellas comunitarias. La piedra y la sal siempre han sido un fuerte en mi obra. He hecho muchas performances a nivel mundial con sal. Dos veces he llenado el teatro María Teresa Carreño en Venezuela, el teatro más grande y moderno de Latinoamérica: 4.500 personas y escenario circular.

Foto: María José Richter

—¿A cuál de sus muestras le tiene algún cariño especial?

— Tengo varias, muchas de ellas colectivas. Trabajé con 10 o 12 artistas en un año o año y medio. El mural del bicentenario me gusta, pero nunca se lo ha llegado a ver como estaba propuesto por las bolitas. También tengo mucho orgullo de mis piedras en Tiwanaku, cada vez que voy me siento muy emocionado, me gustaría engrandecerlas. Recolectamos piedras gigantes del cerro y las llevamos hasta el lugar. Muchas de las piezas más importantes de Tiwanaku están en La Paz y en las fachadas de casas o se las han llevado a otros países, como Japón. Esta es la primera vez que alguien está trayendo piedras, he puesto unas 80 hasta la entrada del museo. Ahora quedan muy pocas. Me gustaría mejorarla, buscar financiamiento, pero ese es otro gran problema. En Bolivia no hay mecenas ni filántropos ni coleccionistas de arte, ni uno. El “negro” Romero lo era en su época, creó la primera Bienal de Arte INBO 1975. Gané el primer premio sin ser pintor, y ahí me volví caminante.

— ¿Qué papel, si acaso debe haber uno, tiene el artista hoy en día en Bolivia? ¿Hay alguna relación por parte del Estado?

— El rol del artista siempre es transformar el mundo, cambiar la humanidad y preservarla. El arte siempre es político, social y decorativo, al ser decorativo también tiene una influencia social.  El Estado debe mantener proyectos como Intervenciones Urbanas, cualquier cantidad de dinero que recibe el artista es un estímulo. Se puede vivir del arte si se trabaja con él. Todo el que trabaja vive de su quehacer.

—¿Cómo ve el mercado del artista boliviano hoy en día?

—Hasta hace unos años, yo me moría por ir a bienales, he ido a todas. Creo que soy el único boliviano que ha ido dos veces a la Bienal de Venecia, pero estas no sirven para comercializar, sirven para mostrarte, para conocer gente y para llenar el currículum. Entonces cobraron importancia las ferias en Miami, Sao Paulo y Nueva York, por ejemplo. Hay que vender para sustentar el viaje y ganar algo, pero es importante estar ahí para entrar en el mercado del arte. La realidad es que hay que vender, sino se vuelve a la figura del artista en el cuarto oscuro como Van Gogh y ahí el mercado realmente se vuelve pequeño.

—¿Qué proyectos tiene pensados para el futuro?

—Extraño mucho la integración de las sociedades bolivianas a través del arte. Ese fenómeno sucedió en los años 70 y 80 de una forma fantástica. Había una voluntad extrema de integrar el arte y había grandes artistas en el país. Los festivales de Sucre eran muy lindos, la gente los esperaba cada año. Eso se ha dejado pasar. Quiero ir a Cochabamba y a Santa Cruz para trabajar en ello, traer gente de afuera y promocionar a nuestros artistas. El 26 de enero estamos invitando a seis artistas a Uyuni. Queremos viajar con la muestra para integrarla a otras sociedades, como la cruceña, además de provocar el turismo interno y generar curiosidad.

Soy un improvisador todo el tiempo. Organicé esta muestra en la Galería Puro en muy poco tiempo. Y estaré presentando una instalación en Cochabamba, en la ex Casona Bickenbach, que ahora es el Campus Cala Cala.

Una de las máscaras en exposición. Parte de la exhibición ‘Colección Privada’ presentada en Galería Puro, ubicada en la zona de San Miguel. Foto: María José Richter

Perfil

Multifacético

Desde 1972 formó parte de más de 100 exposiciones colectivas en todo el mundo, incluidas las Bienales de Sao Paulo (1978, 1981, 1985), La Habana (1986, 1999), París (1982) y Venecia (2009, 2011). Montó alrededor de 90 exposiciones individuales.

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CAYARA: Las cuatro estaciones

El hotel museo que está en el valle potosino ofrece a los visitantes la experiencia de una hacienda productiva.

/ 16 de enero de 2023 / 07:02

Cuando se llega a Cayara valle ubicado en el departamento de Potosí, a 23 kilómetros al oeste de la capital, la primera gran impresión es el fresco en el techado de su salón de estar que es el que comisionara Doña Dominga Palomo y Otondo, Marquesa de Cayara, a su sobrino Don Rafael Telleache, para conmemorar sus segundas nupcias. Se titula Las Cuatro Estaciones y muestra con pintura en fresco, las temporadas del ciclo agricultor, además de los cinco continentes.  Esta alusión permanente al ciclo agricultor es lo que hace de este hotel/hacienda una experiencia única para sus visitantes.

Para que la hacienda siga adelante con su vocación productiva se han llevado a cabo diferentes proyectos dentro de ella a lo largo del tiempo. Durante todo el año, la electricidad y el agua están garantizados a través de una hidroeléctrica diseñada y construida por el ingeniero Luis Soux Rives, migrado francés de finales de siglo XIX. En la biblioteca de esta hacienda se encuentran los testimonios de su pasaje a Bolivia, particularmente descritos en una crónica de viaje titulada De Paris à Sucre: Journal de Voyage que comienza el 3 de junio de 1882: “… a las 7.40 am, el cortejo se pone en movimiento y salimos de la Estación de Orléans. Somos seis en el tren: el Sr. Arce, Carlos Arce, la Srta. Morgenstern (una institutriz alemana con la que puedo hablar en francés), la familia Lerda (Sr. y Sra.) y yo.” En las 70 y tantas hojas de viaje, las primeras impresiones del ingeniero se tornan en vivaces experiencias de su nueva vida como migrante en Potosí. Este volumen, al igual que todos sus cuadernos, han sido cuidadosamente resguardados por sus decendientes Aitken Soux en la biblioteca de la hacienda y se componen de todos sus escritos, cartas, correspondencias, notas de venta y pedidos, asi como de una colección de sus dibujos. En pocas palabras, se trata de verdaderas joyas de la historia del diseño industrial de nuestro país.

vista del Museo Hotel Cayara en invierno. Abajo: fotografía de una ciudad que alberga empresas mineras.
vista del Museo Hotel Cayara en invierno. Abajo: fotografía de una ciudad que alberga empresas mineras. Foto. Fernando Arispe Poepsel y Marisabel Villagómez

Rodrigo Equice, guía de la hacienda, relata que el ingeniero Soux llega de Francia a Potosí comisionado por el entonces presidente Aniceto Arce para llevar adelante varios proyectos de modernización industrial de la minería. Siguen en pie muchos de ellos, como los puentes colgantes, algunos ferrocarriles, sistema de cabinas de cables del Cerro Rico, sistemas de procesamiento de minerales en ingenios de Potosí, entre otros. La biblioteca localizada en un eje adjunto al salón de Las Cuatro Estaciones, añade un espacio de reflexión y diseño que perfila el universo de la hacienda con sus tiempos, sus ritmos y sus modos de producción.

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Soux se casa en Potosí y al tiempo se asienta en Cayara, que había quedado rematada a comienzos del siglo XX, y empieza renovaciones entre 1917 y 1918, las que incluyen notablemente la construcción de una moderna hidroeléctrica. Uno de los primeros proyectos es el diseño de la planta hidroeléctrica y un sistema de acueductos de cinco kilómetros que canaliza y asienta una caída de agua sobre una montaña de piedra volcánica con la ayuda de muchos trabajadores, que en cada sector sumaban a más de cincuenta obreros que instalaron tuberías que importaron desde Estados Unidos.

La maquinaria de la hidroeléctrica misma es también de Estados Unidos y de Alemania. Esta tiene una capacidad de cuatro turbinas y en un inicio alimentaba, asimismo, de agua los ingenios localizados en las faldas del Cerro Rico de Potosí. Hoy funcionan dos turbinas (una de 1.5 kilowats por segundo y una de 5.5 kilowats por segundo) que alimentan a todo el valle de Santa Lucía, todo río abajo, La Palca, Caymani y Cayara, donde los cuatro pueblos, el año entero, producen alimentos que se venden en Potosí.

La caída de agua está canalizada por siete túneles que atraviesan los cerros, donde se recuperan las aguas de ojos para formar las piscinas que alimentan la hidroeléctrica. La capacidad de agua es de 400 litros por segundo para 170 metros de caída. Hoy esta hidroeléctrica está a cargo de la COMIBOL.

Las estaciones en la hacienda Cayara

Segundo patio de Hotel Cayara. Abajo: el queso cottage de Lácteos Cayara.

Arriba: juego de “trompe d'oueil” que dejó Werner Herzog en la Biblioteca de Cayara y otras piezas que se resguardan allí.

TECNOLOGÍA. La hiodroeléctrica fue diseñada por Luis Soux Rives en 1918. Las piezas llegaron de EEUU y Alemania. Abajo: el cactus cayara en invierno.

Dentro de los predios de la hacienda también se encuentra una lechería que comenzó a funcionar a finales de 1990 con apenas 15 vacas holandesas de Cochabamba. Hoy esa cantidad se ha incrementado gracias a la inseminación artificial y a la compra de suizas pardas; se cuenta con alrededor de 150 vacas. De estas se ordeñan 46 cada día para producir los mejores productos lácteos de altura. En dos ordeños se recolecta la cantidad de leche suficiente (mil litros) para producir derivados como quesos frescos, yogures, natas, dulce de leche, helados y la novedad de este verano: el queso cottage, que pronto estará en los mercados de delicateses de todo el país. Se anticipa la construcción de una planta nueva con mayores capacidades y tecnologías que mantengan la visión artesanal de esta producción.

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Además se encuentra el huerto de la hacienda, donde se cultivan, desde hace muchos años, alcachofas que se comercializan en Cochabamba. Dependiendo de las estaciones, se producen también papas y otros comestibles que siempre se consumen en la mesa del hotel. Los desayunos son principalmente preparados, salvo por la mantequilla, exclusivamente con los productos de la lechería y el huerto. Y las comidas preparadas por el personal del hotel tienen la característica de ser equilibradas y muy sanas.

Cayara, siendo una de las haciendas coloniales más antiguas del país, se asentó en el valle más cercano a Potosí y es desde estos asentamientos tempranos, un eje de la producción de la región. Es notable que hasta el día de hoy siga siendo una hacienda productiva. Y esto tiene que ver con que los diferentes propietarios de esta,  hasta el día de hoy, mantengan una visión de productividad que se asienta en estas cuatros estaciones. Cada visita a su hotel y museo, además de los puntos que sostienen su productividad, es una lección del óptimo funcionamiento de Potosí de innovación minera.

Texto: Marisabel Villagómez

Fotos: Fernando Arispe Poepsel y Marisabel Villagómez

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El murmuro del EUCALIPTO

Los artistas Adrián Zapata y Katé Aráoz presentan en la galería Puro de San Miguel una exposición que explora la relación del arte con la magia, la ciencia y la naturaleza.

Exposición. Para ver todas las obras de la muestra, se puede solicitar el catálogo al 79522372.

Por Juan Fabbri

/ 15 de enero de 2023 / 21:46

El murmuro del eucalipto es una exposición bipersonal realizada por Katé Aráoz y Adrián Zapata que invita a explorar y recorrer las inquietudes de dos jóvenes artistas que habitan y observan la ciudad de La Paz, refrescando la escena de arte local.  Es una muestra en galería Puro —calle Enrique Peñaranda 1034, San Miguel— con la que se inicia el año y en la que se explora la relación del arte con la magia, la ciencia y la naturaleza.

La exposición plantea cómo el arte encuentra diversos canales para investigar y tratar de comprender la complejidad de la existencia humana y la relación con nuestro entorno. La muestra nos propone dos caminos artísticos que se encuentran en esta exposición y nos permiten preguntarnos sobre cómo conocer e investigar la vida y la naturaleza. En el caso de Zapata, a través de relacionar el arte con la magia. Por su parte, Aráoz, a través de relacionar el arte con la ciencia.

El arte, la ciencia y la magia en la modernidad estuvieron construidos como terrenos separados, donde era imposible su interrelación. Dentro del surgimiento de la ciencia moderna, incluso se jerarquiza la producción de conocimiento, donde la ciencia era superior frente al arte, la magia o la religión. Conocer la vida, interna o externa al ser humano, solo era posible de manera científica. La ciencia construía conocimiento a través de la experimentación, la neutralidad, la objetividad y el uso de instrumentos que podían evitar la subjetividad.

Frente a este paradigma moderno de la ciencia, podemos ver cómo en la presente exposición el arte desafía su lugar e importancia en la producción de conocimiento. El arte se vuelve un vehículo para conocer e investigar la complejidad de la vida utilizando la magia, la poesía y el conocimiento sensible. Es así que desobedece el discurso de la ciencia como única manera de producir conocimiento e investigación de la vida y pretende repensar la relación que hemos establecido como humanos con la naturaleza.

INSTALACIÓN. Las obras de ambos artistas implican también experiencias sensoriales.
INSTALACIÓN. Las obras de ambos artistas implican también experiencias sensoriales. Foto. Valentina Luizaga y Puro galería

Adrián Zapata, en su interés por la magia, menciona: “Utilizo las imágenes como portales mágicos”. Zapata entiende la magia como un canal de descubrimiento del conocimiento de su propia existencia. Por medio de esculturas y pinturas podemos encontrar su interés por el inconsciente. El artista se interesa por los procesos irracionales que le permiten crear desde la magia una posibilidad de descubrir y conocer el mundo. Explora la subjetividad a través de la producción de formas y poéticas donde las materialidades de los objetos cobran mucho interés. La magia como arte tensiona el academicismo dentro la historia del arte y a la vez la racionalidad científica.

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Por su lado, Katé Aráoz viene investigando la relación entre arte y naturaleza. Siendo su obra parte de los debates que reflexionan las dicotomías entre cultura/naturaleza, ciencia/arte y naturaleza/humanidad. Para la ciencia moderna, uno de los ejes fundamentales es la separación entre naturaleza y cultura. La obra de Aráoz busca quebrar esta dicotomía, construida por la modernidad, donde nos separan a los seres humanos de la naturaleza. Desarrolla su obra a través de la poesía visual, entendiendo esta como un canal que le permite quebrar las fronteras y nos plantea nuevas maneras de acercarnos a un conocimiento sensible de la naturaleza, en particular a los árboles. En esta ocasión investiga la especie del eucalipto y sus hojas, que retuvo su atención por las contradicciones de su presencia en La Paz, siendo una especie no nativa, lo hemos adaptado a nuestros rituales mágicos locales e incluso medicinales. Observando la falta de árboles en La Paz, Aráoz cuestiona esta intención de compensar su falta con esta especie, siendo que otras nativas podrían ser más benéficas para el ecosistema de la ciudad. Es una invitación a pensar, ver y oler las contradicciones de este árbol.

El murmuro del EUCALIPTO

ARTISTAS. Adrián Zapata y Katé Aráoz presentan ‘El murmuro del eucalipto’.

FOTOS: Valentina Luizaga y Puro galería

Por otro lado, la exposición tiene una importante exploración por formas, colores, aromas y texturas. Zapata nos presenta una serie de pinturas y dibujos donde hace uso de materiales como cera, carbón, trementina, óleo, aserrín, barniz, generando obras abstractas que se interesan por la expresión del gesto y de la materia. Cada obra repleta de manchas, huellas, gestos y texturas nos propone sentir cada uno de sus elementos. Paletas de colores a base de ocres y grises que nos convocan a pensar en las mezclas. Materialidades de objetos de construcción en vínculo con óleos, pinceles y tintas. Búsquedas por encontrar espacios de encuentro entre sustancias diferentes. Líneas veloces. Manchas. Sus obras tienen el vértigo y el dinamismo de imaginar al artista trabajando como un explorador de materias, formas y texturas.

Aráoz nos plantea un recorrido a través de hojas de eucalipto, hilos, pigmentos naturales, agua, acrílicos, óleo, lino, yute, cola de piel, tiza y yeso. Trabaja los lienzos en la búsqueda por los detalles, pero también la búsqueda por la simpleza y la suavidad por medio de sus tonos y colores. Una línea conductora en su obra es el azul. Ella mencionará: “Siempre uso el mismo tono de azul. Busco evocar en los troncos la fluidez y el encuentro del aire, el agua y la luz. Propongo recordar el proceso de fotosíntesis que no ocurre en ningún otro ser más que en las plantas. Le doy mucha importancia a la fotosíntesis, ya que esta es el fundamento de la atmósfera que permite la vida”. Es así que vemos cómo su trabajo se convierte en una exploración por las formas, texturas y aromas del eucalipto.

Texto: Juan Fabbri

Fotos: Valentina Luizaga y Puro galería

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Una biblioteca quijotesca, acaso una ínsula

La Biblioteca Bedregal Iturri es una de las bibliotecas particulares más asombrosas de La Paz. Alberga 3.700 libros y reliquias; algunas, verdaderas joyas de un pasado presente.

JOYAS. La máquina postal, en medio de la Biblioteca Bedregal Iturri.

Por Ricardo Bajo H.

/ 15 de enero de 2023 / 09:35

Una biblioteca es una isla, una isla abarrotada de tesoros. Una ínsula es un lugar paradisíaco de evasión, de fuga, de exilio y desilusión, de mares perdidos. El escudero Sancho y su panza lo saben a templanza. El ahora gobernador vitalicio de la ínsula llegóse a La Paz, barranco inmenso, a principios del siglo pasado, en el Año del Señor de 1924. Hizóse como personaje de ficción en un novelín de don Juan Francisco Bedregal Lecaros; titulóse el relato, Aventuras de Don Quijote en la ciudad de La Paz. Acusadme si queréis de fantasear este nuevo cuento, una centuria después, pero bien sabido es que Don Quijote y Sancho son tan reales como Napoleón, Bolívar y su hijo, Chávez. No os acongojéis si pensaran lo contrario.

En el Diccionario de lugares imaginados de Alberto Manguel apareciera esta biblioteca/isla y su naturaleza quijotesca. “Es la única isla rodeada de tierra”. Está sobre la calle Goitia, en cuesta como los dioses mandan en esta urbe de cerros asfixiantes y ríos invisibles.

La Biblioteca Bedregal Iturri es resguardada por este Sancho del siglo XXI que tanto se pareciese al mismísimo arquitecto Francisco (“Pancho”) Bedregal Villanueva. A su lado, retornando de mil aventuras, el Flaco de la Triste Figura, un escritor que se pareciera el mismísimo escritor chapaco Ramiro Antelo León.

Las habitaciones de esta isla trepan hasta los tejados con libros catalogados. Todos los jueves de Dios, reunióse una pléyade de voluntarios y voluntarias para poner ley y orden; son archivistas, bibliotecólogos, filósofos, médicos y arquitectos; parecieran un ejército de hormiguitas incansables al desasosiego, impertérritos al desaliento. Ya fueron titulados 3.700 volúmenes. Y van por más. Un día de estos incluso la puerta de fierro con letras en molde se verá abierta para que el soberano disfrute estas delicias de papel.

LIBRO. Pancho Bedregal Villanueva con una joya de la sección bolivariana. Abajo: Parte del equipo de catalogación.
LIBRO. Pancho Bedregal Villanueva con una joya de la sección bolivariana. Abajo: Parte del equipo de catalogación. Foto. Ricardo Bajo

Cuando la tarde cae sobre la dichosa calle, poco alumbrada como un siglo atrás, Sancho/”Pancho” toma entre sus manos un ilustrativo cuaderno/libro de 1840, Figuras de geometría para el uso de Gregorio de José y Afos. Entre líneas se habla de tiralíneas, de puntos interseccionales, de hexágonos/pentágonos, de figuras de trigonometría, de volúmenes y prismas, de planos y cosenos. Sobre la mesa yace un viejo taquímetro de la abuela Dominga. Con estos tesoros en alrededores, percatóse uno que las tristezas no se “faceron” para las bestias, sino para los hombres; y —advertencia mediante— solo si los hombres sintiesen demasiado aquellas tristezas se volverían bestias. Eso aprende vuestra merced con aquel libro dichoso que diera nacimiento a la novela moderna.

En la otra esquina del aposento divaga y recuerda el ingenioso hildalgo su paso por la urbe otrora llamada Chuquiago Marka, la heroica. Recordáse que arribara a la ciudad más cerca del cielo para acuchillar malandrines, bellacos y follones, para sembrar semilla libertaria pues “por la libertad, así como por la honra, se puede y se debe aventurar la vida”.

El Caballero Andante, embriagado pero no olvidadizo, acordóse de su estancia fugaz en el Tambo del “Quirquincho”; de su paso rebelde por un lupanar de Chijini donde no pudiera salvar de los pecados a las “fermosas” doncellas condenadas al cautiverio y el placer sumiso. Quien sabe si atrapado en el tiempo en esta biblioteca no está agazapado hoy el mismísimo Quijote —esperando como esperaba Godot— a su dulcísima Dulcinea de Supu Kachi.

¿Y si el ejército de hormigas encontráse una de estas jornadas una misiva que comenzáse así: “Soberana y alta señora, si tu fermosura me desprecia, si tu valor no es mi pro, si tus desdenes son en mi afincamiento, maguer que yo sea asaz de sufrido, al podré sostenerme en esta cuita, que además de ser fuerte es muy duradera. Oh, bella ingrata, amada enemiga mía”. Amada enemiga mía, amada enemiga mía, “si gustares de socorrerme, tuyo soy. Y si no, haz lo que te viniere en gusto, que con acabar mi vida habré satisfecho a tu crueldad y a mi deseo. Tuyo hasta la muerte”. Y no tengáis envidia de esta pasión quijotesca por el amor cautivo pues es sabido que “donde reina la envidia no puede vivir la virtud”.

Caballero al fin y al cabo, llegóse el de la Mancha hasta el altiplano sin fin (“nunca huye el que se retira”) para romper su lanza y rendir a los que os rindieron, honorables habitantes originarios de estos pagos bendecidos por madre luna y padre sol. Y ya no importa nada, si antes como hoy, los enemigos se disfrazan con vestimentas de magos, gigantes o ministros diabólicos con oscuras esposas. Serán solo molinos de viento que pronto desaparecerán de la historia, condenados al olvido como las piedras del molino. Y entonces citáse el libro, una y mil veces: “sábete, Sancho, que no es un hombre más que otro si no hace más que otro”. No todo son dineros y patrañas. Diminuto tiene el magín quien pensara lo contrario.

PIEZA. El taquímetro de doña Dominga Rocabado, esposa del arquitecto Emilio Villanueva.

COLECCIÓN. Retratos de Juan Francisco, Laura Villanueva y esculturas de Marina Núñez del Prado y Yolanda Bedregal.

PIEZAS. Izquierda: Una obra de Juan Rimsa. Abajo: ‘Discurso sobre las tragedias españolas’.

Con el taquímetro de doña Dominga Rocabado (que se uniera en sacro matrimonio con el mismísimo arquitecto Emilio Villanueva Peñaranda) salen Sancho y Quijote a trazar la ciudad imaginada, a fundar plazas y calles desde el “lugar de arriba” que eso había querido significar en la lengua de los vascos el vocablo “goitia”. Dejan atrás en la biblioteca/ínsula los viejos retratos de las dos hijas: Julieta y Laura Villanueva. La primera, a la postre madre del “Pancho”; la segunda, más conocida en el mundo como “Hilda Mundy”.

A su regreso bucean de nuevo en el archivo personal de las familias Bedregal/Iturri/Villanueva donde brotásen verdaderas joyas como los documentos personales de Armando Chirveches. En la esquina del otro aposento, medio centenar de libros sobre Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar cautivan las fantasías del eterno viajero. Se sienten hermanos de lucha, don Simón y don Quijote; los siglos y las leguas de distancia desaparecen porque así lo quieren ambos y soñamos todos.

Un voluminoso libro, nacido a la luz en Santiago de León de Caracas, concita las miradas. Es “Espejo de Justicia: esbozo psiquiátrico social de don Simón Rodríguez”, publicado en el Año del Señor de 1954. Es el maestro, el hombre, el enfermo, el pensador. Dentro del libro, hallóse una tarjeta personal del mismísimo autor, don Arturo Guevara.

En el capítulo tercero, el caro lector se topa con grabados de Emilio Pérez Alcalá que retratan la Plaza Mayor de La Paz y la Catedral de Chuquisaca. Es la misma plaza paceña que nunca llegóse a pisar don Miguel Cervantes y Saavedra tras la negativa del monarca Felipe II en 1590 para que aquél fuera elegido como corregidor de Nuestra Señora de La Paz. Nunca os lo perdonaremos, maldito rey. No quiero volver a ser uno más de sus vasallos, —siempre arrodillado—, no quiero volver a ser un siervo de los del rey. Soy más Sancho que Quijote, como sabréis.

La biblioteca privada más particular de estos pagos también alberga 500 libros sobre filosofía y varios centenares sobre historia en general e historia boliviana en particular. Una de las perlas escondidas rezáse así: La máscara de estuco: divagaciones perogrullescas sobre sociología boliviana, política, derecho público y otras menudencias de actualidad permanente (1924), escrito por el padre cuyo hijo predilecto resguardáse esta isla soñada por donde pasara incluso el mismísimo Mariano Fuentes Lira, maestro gran de la pintura del Cusco, también poeta.

En la mesa que fuera del primer rector electo de la UMSA en la década de los 30 del siglo pasado, hay todavía un tintero del siglo XIX. Y junto a él, un libro de teatro fechado en el Año del Señor de 1750. El autor es el ilustre caballero conocido como Agustín de Mondiano y Luyando, director perpetuo por Su Majestad de la Real Academia de Historia y Secretario de la Cámara de Gracia del Estado Avasallador de Castilla.

Son tragedias españolas que vieron la luz en la Imprenta del Mercurio de don Joseph de Orga, sita en la calle de las Infantas, de la villa de los Madriles. Su valor en monedas de este siglo se elevan, dicen los que saben, a los tres mil pesos bolivianos o su valor en monedas de plata acuñada en la Villa Imperial de Potosí. La lujosa encuadernación trae pergamino de época con tejuelo en los lomos. Sus delicados grabados calcográficos fueron realizados por don Juan de la Peña, nacido en 1729. Por eso juzgo y discierno, por cosa cierta y notoria que debe ser el primer intento de carácter científico de realzar de forma sistemática el aporte de la cultura castellana a la creación trágica. Y eso no es poca cosa, maese.

“Tiene el amor su gloria a las puertas del infierno”, piensa para sí mismo, Sancho/Pancho en su biblioteca/ínsula. No es una Barataria cualquiera, apenas llega a ser secreto. Lo hace vislumbrándose con unas bellas esculturas indigenistas de Marina Núñez del Prado y de Yolanda Bedregal, cuadros autografiados del pintor lituano Juan Rimsa y una máquina de escribir marca The Postal, fabricada en Norwalk, Connecticut, en el Año del Señor de 1902. Llovióse harto desde entonces. Está fabricada en hierro fundido y esmaltada en color negro.

Es una máquina diferente, no tiene barras de tipos y en su lugar apareciése una ingeniosa rueda que dispone de todos los caracteres. Parece un engendro del demonio o un invento mágico del último dios sobre la faz de esta tierra. Dispone de un teclado formado por tres hileras de teclas y una única tecla “shift”. Se me hace curioso el sistema de cinta por detrás del carro. ¿Pudiera alguien escribir en este artilugio/artefacto otro libro infinito, otra joya que se pensara a sí misma y no terminara de hacerse nunca?

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Nadie tiene la respuesta, nadie llama ya al teléfono negro pegado a la pared añeja. Todos los que llamaron alguna vez al 29673 están muertos. Entonces calo el chapeo como andariego común, requiero la espada, miro al soslayo, fuese la puerta de la biblioteca cerrada y no encuentro nada. ¿Y si esta Biblioteca de la Goitia al final de unas escaleras existe tan solo en mi imaginación calenturienta? No me quedáse entonces otra que  soñar el sueño imposible de una isla rodeada de libros, luchar contra los enemigos imposibles y alcanzar la estrella inalcanzable, como nos enseñó el caballero y su fiel escudero aquel día que caminaron las calles de (la) paz profunda, el mayor bien que los hombres pueden desear en esta vida y en la otra.

(“Cambiar el mundo, amigo Sancho, no es locura ni utopía, sino justicia”).

Texto y Fotos: Ricardo Bajo H.

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Viento, agua y roca: la fuerza de la montaña

VASSIL ANASTASOV: ‘En las alturas’ es la muestra de 14 piezas que exhibe el reconocido fotógrafo en Khofisuyo

‘En las alturas’ es la muestra de 14 piezas que exhibe el reconocido fotógrafo en Khofisuyo

/ 9 de enero de 2023 / 07:15

Las montañas de la Cordillera Real de Los Andes que rodean La Paz, “aquellas envueltas en neblina y viento, de aguas escondidas, personajes líticos y luminosidad enceguecedora”, según describe el fotógrafo Vassil Anastasov —Sofía, Bulgaria (1965)—, son protagonistas de la exposición En las alturas, que se exhibirá hasta el 31 de enero en Khofisuyo Artesanal (Calle 16 de Calacoto 8215).

El fotógrafo y artista que ganó en 2004 el Gran Premio del Concurso Municipal de Artes Plásticas Salón Pedro Domingo Murillo presenta una serie de 14 fotografías digitales impresas a microinyección de tinta sobre papel Epson Legacy Etching de 314 g,100% fibra de algodón.

“Con una mirada sensible y poética, Vassil Anastasov trabaja su arte y a través de sus fotografías nos invita siempre a contemplar lo que muchas veces para nosotros es desconocido o pasa desapercibido. Narrador de imágenes y de diversos ensayos fotográficos, Vassil nos lleva a recorrer la silueta de la montaña delineada o conquistada por la neblina, la fuerza de sus estructuras, lo misterioso de su atmósfera”, dice Tania Aneiva (Lúmina Galería) sobre la muestra del artista formado en dibujo y pintura en la Escuela de Arte FORUM y en Historia de arte y Fotografía en la Universidad de Lund, Suecia.

— ¿Cómo surge esta exposición?

— Puedo afirmar con toda certeza que con la llegada de la pandemia del COVID-19 empecé a sentir una mayor necesidad de escapar de la ciudad: A cualquier lugar fuera de ella, lejos de ella, que sea distante de las contaminaciones ambientales, acústicas y paranoicas de la ciudad, pero con especial preferencia hacia las cumbres andinas de La Paz. A lugares donde no necesitabas portar el barbijo, obligatorio en toda la urbe, incluso en tu propio coche. En una de esas primeras salidas hacia la cumbre me pararon en un control policial por la Avenida Periférica, observándome que no usaba barbijo en mi coche. Argumenté que no estaba en un espacio público, pero me contestaron que si voy con un acompañante, y aunque esté en mi propio auto, todos los ocupantes debíamos usar barbijo para no contagiarnos. Hasta ese punto llegaba la histeria pandémica en esos primeros meses tras su llegada. Justamente esa histeria y la paranoia colectiva en la ciudad me convencieron de que los escapes hacia la libertad en las montañas era una necesidad imperante.

Vassil-Anastasov

— ¿Por qué las montañas?

— Las montañas siempre han sido parte de mi vida desde una edad muy temprana; ya desde mi niñez, cuando hacíamos con mi papá caminatas en las montañas en Bulgaria, país donde nací y viví mis primeros 14 años. Ese amor a las montañas y la naturaleza en sí se lo debo, por lo tanto, a mi difunto padre. Y, como es de suponer, en todas mis subidas a las montañas me acompañaba, y lo sigue haciendo, mi cámara fotográfica. Es así que después de muchas visitas a las cumbres andinas, y con un material bastante extenso, decidí hacer una exposición fotográfica en la que apenas puedo mostrar una fracción del sinfín de maravillas que esconden las alturas paceñas. La exposición fue posible gracias al constante apoyo moral de Tania Aneiva, quien también fue la curadora.

— ¿Cuáles son los desafíos de la fotografía de montaña?

— Hay varios. En primer lugar está el clima, que en época de invierno llega a bajo cero y muchas veces es acompañado de fuertes vientos, lo que provoca una sensación térmica más baja aún, con dedos congelados y gafas empañadísimas por consecuencia, como también resequedad de ojos con consecuente enrojecimiento y lagrimeo excesivo. También te puede tocar una tormenta de nieve con ráfagas de viento repentinas que golpean tu cara y que dificultan el uso del equipo fotográfico. Hace poco fui con mi compañera y nuestros dos perros, que siempre me acompañan en las aventuras montañosas, a Pampalarama, donde escalé hasta un glaciar que está ya en estado de descongelación, es decir, de desaparición. Al regreso, hacia la represa de Pampalarama, donde estaba el coche estacionado, ya casi anocheciendo, nos tocó una espectacular tormenta eléctrica con rayos que caían en los montes alrededor nuestro, acompañados de estruendos truenos y nevada. Admito que fue un poco aterrador.

Otro gran desafío es el tipo de terreno que debes atravesar, que puede ser muy pedregoso, variando desde rocas bastante grandes hasta piedras medianas pero extremadamente filosas hasta terreno de piedra muy menuda y resbaladiza —en muchas ocasiones son terrenos pendientes que varían de inclinación y pueden llegar a tener más de 45º de ángulo— todo aquello dificulta muchísimo más el traslado al lugar de meta, que puede ser un glaciar, laguna o cascada de agua, que en época de invierno se vuelve una cascada de hielo.

También te puede tocar terreno demasiado suave y mojado, como bofedales donde los pies se hunden en la suave vegetación y en ocasiones puedes caer en un pozo pequeño de agua escondido entre los bancos de vegetación.

Viento, agua y roca: la fuerza de la montaña

Fotos: Vassil Anastasov

Fotos: Vassil Anastasov

— ¿Qué ha encontrado en la Cordillera Real que le ha cautivado?

— No hay nada en la Cordillera Real de Los Andes que no me provoque algún estado emocional peculiar: imponentes “apus” (señores) que emergen de las nubes, neblinas que juegan a escondidas con las rocas, lagunas prístinas que son formadas por el deshielo de hermosos e imponentes glaciares, abismos rocosos embriagantes, cascadas que súbitamente se te aparecen entre rocas o alguna ave solitaria que atraviesa la neblina que recorre las montañas; solo para dar algunos pocos ejemplos.

— Ya entrando en la impresión de las fotografías ¿Cuáles son las bondades del papel de algodón para un resultado óptimo en la exhibición?

— El papel de 100% de fibra de algodón tiene una superficie mate aterciopelada de agradable apariencia y sensación orgánica debido a la ligera textura que presenta el papel, lo que lo hace óptimo para la reproducción de fotografías con elementos de la naturaleza. Otra gran ventaja: este papel es libre de ácido y lignina, dos factores que aceleran el envejecimiento del papel y pueden alterar los tintes de larga duración, que son usados para la reproducción de las imágenes. Tampoco hay que olvidar que, a pesar de ser un papel de aspecto mate, tiene una amplia gama de tonalidades (rango dinámico), desde negros muy profundos hasta grises intermedios y claros muy sutiles.

— La luz en cada lugar hace que las imágenes obtenidas sean únicas ¿Cómo es su experiencia con la luz de los paisajes en Bolivia?

— En general la luz en las alturas es de gran intensidad, lo que resulta en muchos casos en imágenes de alto contraste, que en este caso de fotografías que contienen paisajes y elementos de la naturaleza, ayuda a resaltar sus texturas. Eso ocurre en las ocasiones de tener un cielo despejado con un sol resplandeciente. Pero lo increíble de las montañas es que tienes situaciones de luz muy variadas; desde una luminosidad y contrastes intensos hasta luz tenue y de poco contraste por la causa del filtro natural de reducción de densidad de la neblina.

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Texto: Miguel vargas

Fotos: Vassil Anastasov

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‘Crapula et lascivia’: Una advertencia alegórica

Una singular pintura virreinal del templo de San Miguel de Carma esconde, bajo su apacible apariencia, un terrible mensaje dirigido a los licenciosos habitantes del Potosí del siglo XVIII.

ANÁLISIS. ‘Crapula et lascivia’, grabado de Jan Sadeler I con base en el diseño de Marten de Vos.

Por Reynaldo J. González

/ 9 de enero de 2023 / 05:26

Un banquete festivo de alegre opulencia y sensualidad. Esa es acaso la primera impresión que causa la pintura virreinal  Crapula et lasvia perteneciente hasta 1948 al templo de San Miguel de Carma en Potosí y hoy conformante de la colección del Blanton Museum of Art de la Universidad de Texas, Estados Unidos.

La colorida obra que por años adornó el comedor de sus anteriores dueños, los coleccionistas norteamericanos Roberta y Richard Huber, es, sin embargo, más de lo que presenta a simple vista.

La identificación de su ubicación original, su pertenencia a una serie conformada por otras cinco imágenes y el estudio del grabado flamenco en el que se basa permiten develar, tras su apacible apariencia, una prefiguración de desgracia y muerte.

Crapula et lascivia, consignada actualmente en inglés como Drunkenness and Wantonness, es un óleo sobre lienzo de mediano formato datado hacia mediados del siglo XVIII. Originalmente perteneció al templo de San Miguel de Carma del municipio de Porco, a 48 kilómetros al suroeste de la Villa Imperial de Potosí. Su comitente seguramente fue el acaudalo e influyente Conde de Carma, don Matías de Astorayca y Cereceda, Alguacil Mayor de la Real Audiencia de Charcas y Oficial Real de las Cajas de Potosí hacia 1738, o alguno de sus descendientes.

Se desconoce el nombre del autor de la pintura, siendo este consignado actualmente como “Bolivian master” (maestro boliviano).  En 1949 el primer investigador en referirse a la obra, Martín Noel, especuló que se trataba de Melchor Pérez Holguín, siendo este dato improbable en el análisis estilístico de la pintura.

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Personajes de ‘Crapula et lascivia’, grabado de Jan Sadeler I con base en el diseño de Marten de Vos, 1682-1683. Foto. Web de The British Museum of Art: www.britishmuseum.org/

El cuadro es una adaptación pictórica de un grabado flamenco homónimo datado hacia 1582-1583, estampado por el taller de Jan Sadeler I (1550-1600) en la ciudad alemana de Colonia, en base a un diseño hoy perdido del influyente y prolífico artista Marten de Vos (1532–1603).

El grabado de pequeño de formato (20.5 x 26.5 cm) formaba parte de una serie de seis estampas que circuló por Europa y América bajo distintos títulos: Adventus Christi, Las desgracias del mundo, The sorrows of the world, Allegories of the misfortunes of the world y Die sorgen der welt.  Originales de esta serie son resguardados por importantes bibliotecas y museos de Europa y EEUU.  

No se conocen en el arte del periodo virreinal americano otras pinturas basadas en la serie, además de las que pertenecieron a San Miguel de Carma. En el arte europeo puede encontrarse solamente una adaptación pictórica de Crapula et lascivia en los pinceles del artista holandés Dirck de Vries (15__ -1609), quien habría realizado su versión durante su estancia en Venecia entre 1590 y 1609. La extrema rareza de adaptaciones pictóricas de la serie creada por de Vos evidencia que las imágenes de Las desgracias del mundo no llegaron a constituirse en una iconografía difundida en el arte europeo o el americano, lo que sin duda aumenta el valor artístico de las obras pertenecientes a la iglesia boliviana.

Fotografías de interiores de San Miguel de Carma publicadas en el libro Rutas Históricas de la Arquitectura Virreinal Altoperuana (1948) de Noel dan cuenta de que, además de Crapula et lascivia, en las paredes del templo se encontraban al menos otras dos pinturas inspiradas en la serie de grabados: Bella, Rerum Caritas, Pestilentiae (Guerra, hambre y pestilencia) y Persecutio Servientium Christo (Persecución de los sirvientes de Cristo). Actualmente se desconoce el paradero de estas y de otras obras del templo potosino.

Crapula et lascivia fue probablemente objeto de uno de los robos que la iglesia habría sufrido después de 1948.  Entre ese año y 2012 llegó a la colección de Roberta y Richard Huber, los coleccionistas privados más importantes de arte virreinal de EEUU, quienes tienen antecedentes de haber comprado obras de procedencia boliviana en el mercado negro. Se desconoce si fueron investigados oficialmente por la Interpol cuando en 2012 se descubrió que tenían en su poder dos obras robadas en 2002 del templo potosino de San Martín.

La pintura estuvo en custodia de los Huber en su residencia en Manhattan hasta 2019, cuando fue vendida en un lote de 119 obras al Blanton Museum of Art por el monto de 2.5 millones de dólares.  Por el monto total de la venta y por la importancia del lienzo dentro del conjunto de la colección, se puede presumir que el valor individual de Crapula et lascivia podría haber alcanzado entre los 50 y 100 mil dólares, sino más.

La comparación de fotografías de 1949 y de la actualidad evidencia que la pintura fue objeto de al menos una restauración. Este hecho puede corroborarse en su colorido actual, así como en la restitución de algunas de las áreas que se encontraban borradas seguramente por el paso del tiempo y el estado de abandono sufrido por el templo de Carma.  El trabajo de restauración de la pintura fue más allá, sin embargo, de las simples correcciones, tomándose libertades cuestionables como la sobreposición de rasgos fisionómicos indígenas andinos en algunos de los personajes de la obra, específicamente, a los vasallos que sirven los alimentos a los comensales. 

Prefiguración de muerte y desgracia

La escena principal del cuadro está compuesta por un banquete en el que seis gentilhombres son acompañados por una cantidad igual de damas que los alimentan y les dan de beber, además de tres sirvientes que les sirven alimentos y bebidas.  Por la calidad de sus vestimentas se puede presumir que los varones participantes de la orgía son de alta alcurnia, mientras que las mujeres podrían ser, por los corsés que exponen sus senos en completa desnudez, personas dedicadas a la prostitución. 

‘Crapula et lascivia’

Foto. Web de The British Museum of Art: www.britishmuseum.org/

Personajes de ‘Crapula et lascivia’, grabado de Jan Sadeler I con base en el diseño de Marten de Vos, 1682-1683. Foto. Web de The British Museum of Art: www.britishmuseum.org/

Frente a la mesa, en la parte derecha del lienzo, se puede observar a dos hombres y una mujer que acaban de ingresar al salón y avanzan raudamente. Los tres cubren sus rostros con grotescas máscaras. Los dos varones llevan en sus cinturones dagas de gran tamaño, mismas que anuncian un acto de violencia inminente contra los participantes del banquete y, pueden evocar, asimismo, el órgano sexual masculino.

En la parte inferior izquierda del lienzo se ve a una pareja besándose. Como uno de los enmascarados, la mujer toca un laúd, lo cual señala que probablemente tenga un vínculo con los recién llegados, sugiriéndose así la complicidad entre estos y las prostitutas que emborrachan y alimentan a los hombres. Como señal adicional del peligro, el artista incluye la representación de un perrito avizor entre los personajes del banquete y los enmascarados.

Como queda referido en su título, Embriaguez y lascivia trata sobre las consecuencias negativas de los placeres de la carne y los excesos vistos desde la perspectiva cristiana. Estos placeres son representados no solo en los comportamientos licenciosos de los participantes del banquete, sino también en la abundancia de alimentos y bebidas. En el grabado original los alimentos que se consumen son faisanes, panes y un pastel; en la versión del cuadro de Carma, el artista ha remplazado algunos de los panes por locotos, un alimento americano, conservando el pastel y un faisán. En ambas obras se ven lujosas copas y tinajas de vino.

Complementan la imagen las escenas que pueden verse a través de las ventanas del edificio que acoge el banquete. En la primera, dos personajes derriban árboles sin hojas, mismos que denotan la temporada invernal. En la segunda, se ve a un grupo de campesinos en plena cosecha y a otro subiendo escaleras para trabajar en la construcción o reparación del techo de un edificio. Ambas escenas son el contrapunto del banquete: Mientras los borrachos se deleitan en los placeres de la embriaguez, la música, la comida y el sexo, a las afueras se ve a hombres cautos que trabajan y se alistan ante la llegada de una posible tormenta.  

Si las grotescas máscaras, las dagas y la complicidad de las prostitutas no fuesen suficientes para reconocer la advertencia de peligro contenida en la imagen, las inscripciones que se encuentran en la parte inferior del grabado original que la inspira la explicitan. Se trata de dos textos bíblicos inscritos en latín derivado del de la Vulgata.

El primero, del libro de Joel, reza: “Despertad, borrachos, y llorad y aullad, todos los que bebéis vino dulce, porque se ha acabado de vuestra boca. Porque ha subido a mi tierra una nación fuerte y numerosa: sus dientes como dientes de león, y sus muelas como cachorros de león. Puso mi viña en el desierto, y despojó mi higuera”.

El texto de la segunda columna, proveniente de la primera epístola de San Pablo a los Tesalonicenses, reza: “El día del Señor vendrá como ladrón en la noche. Porque cuando decís: La paz sea con vosotros, entonces vendrá mal de repente, y vendrá destrucción, y vendrá dolor sobre la que está de parto, y no escaparán”.

Ambos pasajes son advertencias sobre las consecuencias del pecado. El primero se dirige específicamente a los borrachos, es decir, a los que disfrutan en exceso de los placeres de la carne. En el segundo, el apóstol de los gentiles evoca el mensaje evangélico de la llegada imprevista del Reino de Dios, es decir, del Juicio Final, como “un ladrón en la noche”, y anuncia para los pecadores sufrimientos similares a “los dolores del parto”, otro tópico apocalíptico.  Ambos textos predicen una situación de despojo, destrucción, dolor y llanto.

Para ser comprendida a cabalidad, la obra tiene que ser analizada además en su relacionamiento con la serie a la que pertenece. Sin analizar a detalle las temáticas de cada una de las imágenes conformantes de la misma, basta para comprender su sentido general tan solo mencionar sus títulos: Desolatio Sacrorum Locarum (La desolación de los Lugares Sagrados), Terribilis Christi Adventus (La terrible venida de Cristo) y Premonitio adversus voluptatem ac certitudinem (Una advertencia contra el placer y la certeza).  Como Crapula et lascivia, todas las demás obras de la serie llevan textos bíblicos explicativos, todos ellos de contenido apocalíptico.

Que una obra de sensualidad explícita como Crapula et lascivia haya tenido como emplazamiento original un lugar de culto religioso no es extraño en la Historia del Arte. Desde el medioevo, el arte cristiano recurrió con frecuencia a la representación del pecado y sus consecuencias con el fin de efectuar una advertencia a los creyentes para su conversión. Marten de Vos, creador original de la imagen, sigue en esta obra no solo una larga tradición de arte europeo particularmente acentuada en el Renacimiento, el Manierismo y el Barroco italianos, sino también la tradición del arte flamenco de imágenes sensuales de oscuro sentido alegórico como las imaginadas por El Bosco y Brueghel el Viejo.

Crapula et lascivia resulta, sin embargo, una obra única en todo el arte de los virreinatos americanos. Su inclusión en el templo de San Miguel de Carma, junto a otras imágenes de la misma serie, se debe probablemente a un programa iconográfico muy meditado cuyo fin pudo haber sido el presentar una imagen fuerte de San Miguel Arcángel como alegoría de la victoria de Dios sobre el pecado en el contexto de un Potosí opulento y licencioso.

Texto: Reynaldo J. González

Fotos: web de The British Museum of Art: www.britishmuseum.org/

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