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Listo Calixto

El Papirri

/ 9 de diciembre de 2020 / 11:07

Este disco contiene 13 canciones que no grabé antes, parece que es el último que hago, el formato ya no existe, así nomás había sido

En los próximos días estoy firmando mi nuevo disco al público amable que me apoyó comprando la obra en preventa para poder financiar parte de la misma. Este disco contiene 13 canciones que no grabé antes, parece que es el último que hago, el formato ya no existe, así nomás había sido. Pero quería sacar éste en físico, más aún porque el CD celebra mi 60 Aniversario. Ha sido un disco muy difícil de grabar, mezclar y concluir, los músicos grabaron desde sus estudios personales, por lo tanto las tomas de sonido eran todas diferentes, ahí lo tenías al sonidista Martino Alvéstegui angustiado desde su estudio Submarine de Obrajes, tratando de igualar las tomas, pidiendo unas nuevas, yo mismo grabando mis voces por primera vez: “Está muy alto tu volumen”, “el cuarto donde grabas genera mucho eco”, “el baterista grabó en su celular, hay que rehacer”, “el tiempo de Ch’utis está lento, no sé qué pasó”, “¿puedes adelantarlo?”. “Por favor, que grabe una percusión encima para llevarlo hacia adelante”, “¿quién de los bateristas tiene home estudio?”. Así pasaron ocho meses, con el afán de la vida en el medio, con las amenazas de los fachos en el medio, con el virus cabrón matando amigos.

Quiero agradecer a los músicos que participaron en el disco 60 A, grabaron con toda la buena onda desde sus casas, repitiendo tomas y más tomas. Gracias a Heber Peredo, pianista, arreglista, gran valor, talentoso y siempre sereno, pese a las mil cosas que hace. La canción Ch’utis, cumbia pandémica, acaba de ser concluida. Construimos dos versiones, Heber se puso en las dos. Gracias a Mauricio Segalez, talento alteño, multiinstrumentista, que además de tocar y cantar hizo el arreglo de dos canciones, la entrañable Amarteloy el raro Bailecito K’onana. Segalez, gran Tigre del pueblo, me ayudó en el peor momento, sus conocimientos técnicos de sonido me socorrieron puliendo mezclas alternativas de varios temas, pues el tiempo con Martino se había acabado. Gracias a Manu Rocha, notable músico y sonidista cochabambino, me enseñó a grabar mis voces y guitarras en el programa Cubase, grabó las nuevas versiones de Camotey A casa de Gaboen su estudio Quintosol, además hizo el arreglo de metales de estos temas y tocó su trompeta poderosa.

Gracias a Diana Azero, amiga y cantante sólida, siempre de buen humor. Gracias al cantante y cantautor David Portillo, que hizo varias tomas de la morenada Mamita Cantila, la había soñado en letra y música, no quería un asunto bailable sino más bien una oración de agradecimiento a la Cantila Morena por dejarnos respirar.  Gracias a Vico Guzmán, tuvo que llevar su batería al estudio de Martino en plena pandemia para grabar varios temas, resalta Ojos de Botón, canción de cuna para un perrito adoptado. Gracias a Raúl Flores por su bajo simple y magistral grabado desde su estudio personal, a Roby Morales por los saxos planetarios, a Ariel Choque por sus charangos caribeños. Gracias a Luchito Mercado, gran percusionista cochabambino siempre solidario, por su precisión en Ch’utisy Camote, este último un caporal bilingüe que tuvimos que grabar toooodo de nuevo con el bajo de Hugo de Lafuente, otro joven músico cochabambino entrañable y talentoso. Gracias a Lucía Cortez y Rodrigo Gozálvez por los respectivos saxo y trombón camoteros, a Iván Guzmán por las percusiones en Gabo, a Fede Gamba por el arreglo de El Barrilito, gato con música de mi abuelo Andrés y letra mía. Fede grabó en Buenos Aires su guitarra y coordinó la grabación de la flauta de Juan Carlos Liendro desde Salta, el violín de Víctor Agüero desde Tucumán, desde Cafayate Lucas Colque mandó el bandoneón, Roberto Auat desde Añatuya el bombo y Mariano Sarquiz el contrabajo desde Santiago del Estero. Gracias a José Carlos Auza por el hermoso arreglo y video de El Kaluyo del retorno, a Mauricio Canedo por el bello arreglo y las guitarras de El Olvidado, canción para mi abuelo paterno. A Cristhian Asturizaga por las cuerdas de Ch’utis.

El disco está dedicado a mis dos abuelos que tuvieron destinos tan opuestos, también está dedicado a los mártires por la democracia en Bolivia. Gracias a Diego Echevers, Adriana García y Alejandra Gamboa por el hermoso video de El Olvidado, disponible en las redes. Gracias al Papirri’s Kinder, bellos niños que fueron a grabar sus vocecitas al Submarino para Ojos de Botón. Gracias a Luis Soria, notable sonidista cochabambino que me ayudó en la desesperada última mezcla de Ch’utis. Gracias a Laurita Mercado por la foto de la portada y el diseño del cuadernillo full color, a Carlos Fiengo por el apoyo en las redes sociales y el video de Amarteloque ojalá salga, a Nelson Lima que trabaja en un videíto para Ojos de Botón, a Katsunori Osoegawa por la foto de la contraportada. Gracias a Marcelo Navia de Lado B por la masterización de todo el disco. Gracias a la imprenta Cibeles por el precio pandémico del cuadernillo de 16 páginas que contiene letras, fotos, fichas técnicas. Más de 20 músicos, cuatro arreglistas, cinco sonidistas, videastas, fotógrafos… Uy cará ¡tanto cariño se agradece! Solo falta que nos apoyes. Puedes comprar el CD 60 Aen el acto presencial de firma de discos a realizarse el 16 de diciembre en el hall del Cine 6 de Agosto de La Paz de 11.00 a 17.00 o tomando contacto con Amalia Canedo watsap 707 6461, Iris Mirabal watsap 705 43667. Gracias, gracias. Hey dicho.

(*) El Papirri: Personaje de la Pérez, también es Manuel Monroy Chazarreta

PROGRAMA DE TELE

Solo a mí, el contreras, se le podría ocurrir hacer un programa cultural de tele a estas alturas, en plena pandemia

/ 12 de julio de 2021 / 11:26

CH’ENKO TOTAL

Solo a mí, el contreras, se le podría ocurrir hacer un programa cultural de tele a estas alturas, en plena pandemia. “Qué pasa pues, por qué provocas”, ruge mi tía Lila desde su celular celestial.

Fue en mayo que me llamó el jefe de producción del canal Abya Yala: “Papirri, soy del Tigre, soy de izquierdas, solo que monógamo nomás. Deseamos que hagas un programa cultural”, me dijo en humores y yo me alegré, dos de mis rotundidades estaban como carta de presentación: acepté nomás el reto. Eufóricos, empezamos a grabar y grabar, le dije que no podía hacerlo en el set del noticiero que parece un sótano hitleriano sin aire, probamos en el jardín, no salió bien, entonces ubicamos en la terracita un exbalcón y se armó el set, con plantas, al estilo de los canales nuevos, tal vez un poquito mejor, lo importante: el contenido del programa y revivir el canal.

El primer entrevistado se sintió incómodo, rarísimo cuando le dije: “Hermano, te llamo para hacerte una entrevista”. “Pero yo estoy detrás de cámaras siempre, nunca me entrevistan”, respondió Milton Guzmán con voz temblorosa… “De eso se trata, jefe”, le dije, “entrevistar a artistas técnicos que no están en la cartelera pero que la sudan jodido con sus obsesiones estéticas”. Milton contó su participación como camarógrafo en la peli Cuestión de fe, en el guion y dirección de la serie Oro verde, recordó sus más de 40 años de vida en el mundo audiovisual que incluye ser hoy responsable académico de la Escuela de Cine de Ukamau. Me estremeció su siguiente relato: al inicio de su carrera estaba como camarógrafo de Canal 7 y fue a cubrir la reunión de la COB aquel fatídico 17 de julio de 1980. Terminando la rueda de prensa llegaron los paramilitares de García Meza en una ambulancia a disparar ráfagas de metralleta a mansalva. Milton pudo refugiarse, el líder socialista Marcelo Quiroga Santa Cruz salió a enfrentar a los golpistas y lo masacraron. Tal vez fue el último en cruzar unas palabras con Marcelo. Milton nos contó además que filmó desde 5.400 metros en el Illimani, más abajito de la cima, un documental europeo; hoy está en la selva peruana, en el guion y cámaras, filmando un documental para la tele de EEUU sobre la medicina ancestral en Latinoamérica. Al final me pidió leer un poema que le hice a La Paz, mi ciudad, y enganché a guitarra pelada con mi canción Pepino pandillero, no teníamos condiciones técnicas para enchufar la guitarra, ahí me di cuenta de que el programa sería una guitarreada móvil y que hay que cascarle así nomás, espero sinceramente que salga bien, pues el micrófono corbatero agarra el audio de la guitarra.

Un jueves de mayo nos fuimos a completar el primer programa a la casa de Heber Peredo, joven pianista y compositor paceño que nos recibió con gran amabilidad en el jardincito de su casa ubicada en la zona de Aranjuez. El canal llevó tres cámaras, gran apoyo al escobita nueva que se preguntaba si habría sostenibilidad. La entrevista con Heber salió bonita, normal, hasta que ingresamos a su estudio y ahí me confesó que tenía oído absoluto, un mito entre los músicos, en este caso un mito viviente de 28 años con súper talento musical. Me impresionó el asunto, yo tocaba un si bemol desde uno de sus teclados y él, de espaldas, decía si bemol, es decir, reconocía las notas con solo oírlas. Heber, siempre humilde y con sabiduría, me dijo: “Papirri, no pasa nada empanada, el estudio es lo que importa”. “Oído absoluto tienen pocos músicos, Hebercito”, le subrayé. Difundimos la hermosa cueca de su autoría en letra y música Desde la luz, dedicada a La Paz, mi ciudad, mediante un video hecho en casa con imágenes hermosas de la ciudad.

Nos animamos a tocar mi Zamba Geisha, en dúo piano y guitarra: ¿cómo saldría aquello?, hoy lo sabré. Tiene sus riesgos no revisar la edición, pero en los canales siempre están todos muy ocupados.

El programa de tele se llama Ch’utis y trata de visibilizar a los artistas, difundir sus obras, sus sueños, sus trabajos, sus ganas de vivir frente a tanta muerte. Según contrato debo hacer 30 programas hasta diciembre. ¿Será que me alcance la vida? ¿Será que las olas no me trituren antes? ¿Quiénes serán los entrevistados en estos 30 programas? ¿Será que consigo cámaras desde Cochabamba? Bueno, por ahora usted puede ver este primer programa de Ch’utis, arte viral por la tele, esta misma noche mediante el reprisse del domingo desde las 22.00 horas. Chu’tis se emite los sábados a las 21.00. Esito sería. A ch’allar se dijo.

(*) EL PAPIRRI: personaje de la Pérez, también es MANUEL MONROY CHAZARRETA

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LOS WALDITOS

El cantautor paceño recuerda un episodio en la Av. 6 de Agosto

Por El Papirri

/ 27 de junio de 2021 / 21:19

CH’ENKO TOTAL

Voy caminando por mi avenida 6 de Agosto de La Paz, la siento mía de mí, toda la infancia y adolescencia la aplané con mis cachitos poblados de barro. Percibo que ahora tiene un olor diferente, a tucumana mezclada con hamburguesa, a donuts baboso y mayonesa. Entonces aparece al fondo aquel cuate con chuspa multicolor, botas de cowboy, sombrerito de hacendado que esconde la pelada, chamarrita de cuero rockero, docente de tiempo completo de la universidad pública, el típico intelectual joven centenario. Hace un año era un pita desenfrenado que salía a bloquear con los Walditos y publicaba por el Face insultos contra Evo, el indio ignorante, el narcococalero. Cuando en su muro apoyó a Camacho tomando el poder a patadas, le mandé por el messenger una nota que decía: “che, hermano, está bien que lo apoyes al Mesa, pero no pues a estos fascistas… ¿acaso no te acuerdas que nos sacaron al exilio en el 80? Son los mismos”. Su respuesta fue lamentable: “nos sacaron al exilio los narcomilitares, ahora lo sacamos al exilio al narcococalero”. Era la respuesta de un tipo con maestría y cursos europeos. Recuerdo que gruñó desesperado por el face: “Estado de sitio ¡¡cierre urgente de la Asamblea Legislativa!!”. Recuerdo que leí aquello, respiré hondo, coloqué saliva al índice y apreté bloqueo, como si fuera  algo importante.

Ahora lo veo repartiendo eufórico unos panfletos por la carrera de Literatura, me da su panfleto, no me reconoce por el barbijo y sombrerito, el panfleto tiene un logo en blanco y rojo con la cara de Marcelo Quiroga Santa Cruz. “Vota por SU, Socialismo en la Universidad”, dice. Ahí está la foto del cuate para jefe de carrera. “Honestidad y Revolución”, concluye el panfleto. Me río. Error. Parece que reconoce mi risa.

“¡Papirri! Cómo es, hermano. Espero que hayamos superado el impasse del año pasado”, dice. “Estoy postulando en mi carrera, voy a ganar, haremos algo pues, no sé… un recital en el paraninfo, me voy la próxima semana a Barcelona a exponer sobre Los fantasmas de Facoult en la literatura, ojalá este virus me deje ir. Bueno, chau hermano, llegó mi mujer…”. Se sube al vuelo a un auto. El auto es un Mitsubishi negro del año, enorme, parece un buque, lo maneja la esposa, está empapelado de la formula SU con el logo de Marcelo, pero los afichetes muestran —no la cara de él— más bien la cara de ella, que candidatea para decana o algo así. El cuate se va saludando a nadie.

Sigo caminando la avenida 6 de Agosto, miro el cielo sublime paceño, respiro mi barrio. “Hay que sopocachear”, me digo tranquilo. Llego a la plaza Abaroa, me siento en un banquito, en medio de la plaza se realizan actividades por las víctimas de las masacres de Senkata y Pedregal, una joven aymara se acerca y me vende un periodiquito. Lo leo, veo en las páginas centrales un collage de noticias del año pasado: Murillo en primera plana amenaza con sus esposas; llegan respiradores de China, el gobierno lucha contra el coronavirus; el Tata Quispe es posesionado como director del Fondo Indígena; en Senkata se dispararon ellos mismos, declara el viceministro Santamaría; la Universidad apoya con comida y alojamiento a la resistencia cochala,  dice otro  titular con la foto de los Walditos repartiendo almuerzos.

Entonces me llega un watsap: “hermano, nos acabamos de encontrar, mi mujer dice que este sábado vamos a hacer unos tacos en casa, ven pues, vendrá la Isa y su marido, tráete la guitarra y así cantamos como antes nuestras canciones de protesta, la Isa canta canciones de la trova cubana, los clásicos de Violeta, te esperamos, ¡no  falles!”. Manda la ubicación de la casona de la zona Sur y un saludo de la fórmula Socialismo en la Universidad, “vota por SU”.

Respiro hondo, pongo saliva al índice y aprieto bloqueo del watsap, como si fuera algo importante. Me levanto del banquito y sigo sopocacheando.

(*) El Papirri: personaje de la Pérez, también es Manuel Monroy Chazarreta

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DÉCIMA VEZ

El talento valeroso de Violeta Parra (Chile, 1917-1967) y los insumos que me dio el poeta y cantautor Vadik Barrón fueron más que suficientes para entender lo que era la décima

Por El Papirri

/ 14 de junio de 2021 / 09:02

CH’ENKO TOTAL

El talento valeroso de Violeta Parra (Chile, 1917-1967) y los insumos que me dio el poeta y cantautor Vadik Barrón fueron más que suficientes para entender lo que era la décima, porque cada vez que la explicaban musicólogos, compositores o poetas, la explicación parecía cantinflesca, me cansaba y me decía: “menos mal que no existe este jeroglífico en la canción boliviana”. Dicen los que saben que la décima nació en España en el siglo de oro y se extendió a nuestras tierras, desapareciendo en España y renaciendo de manera intercultural en Latinoamérica. Hay una gran tradición en la potente décima cubana, los payadores argentinos parece que levitan cuando de pronto empiezan a improvisar en décima, los cantores populares chilenos improvisan décimas con gran maestría y humor, tengo un amigo cantautor chileno que trabaja sobre ella y se hace ovacionar con la wiskizquierda chilena en un pub muy chic del barrio de Bella Vista con sus décimas improvisadas de manera brillante. El uruguayo Jorge Drexler trabaja sobre la décima con obsesión artística y con gran solvencia por ancestros propios, los payadores uruguayos que le cascan décimas, inclusive en uruguañol.

Gracias al módulo IV que dicté durante tres años seguidos para la Maestría en Composición y producción musical de la UPEA, hoy entiendo un poco más el tema. En enero concluimos el módulo IV sobre Composición de canciones en letra y música (así se llama el módulo) y me pregunté con toda la rigurosa autocrítica posible: ¿cómo era posible que yo les dé de tarea componer una décima si yo mismo no había compuesto una? Vadik me había pasado el mejor ejemplo: Volver a los 17 de Violeta. Era el modelo a imitar en cuestión de forma y estructura. Es decir, había que construir un poema con ocho sílabas que rime así: ABBA BCCD DC. ¿O sea, otra vez el asunto cantinflesco? No. Repita usted, amable lector, Volver a los 17 y verá cómo las terminaciones de la última silaba del verso coinciden en esa estructura de rima. ¿Qué tal, metal? ¿Grave, jarabe? ¡Of course, my horse!, no es cosa fácil construir una décima estricta. Intenté 20 días construir una. Y no lo logré. Pero sí logré mi última canción compuesta, que me gusta mucho y que intitulé Décima vez. No es una décima estricta, pero la libertad que se da al final es en función de la propia canción, es decir, de la melodía y de la rítmica sostenida en la homofonía en primera ley tonal. En realidad, en cadencia clásica de la escala menor melódica. Listo, soy académico. ABBA BCCD AA. Así salió mi décima. Es que la última AA tiene una fuerza de estribillo, con estos dos versos le hice llorar a mi esposa (¿de emoción? ¿de tristeza?), no lo sé, se conmovió pues y eso dice mucho de una canción.

Hace mucho que dejé de pensar en la próxima canción. Creo que hice todo lo que ya hice, que si me da la gana puedo seguir cantando y repitiendo las ahora casi contadas 243 canciones que compuse en letra y música en 42 años. Pero es siempre bonito el sabor que deja una nueva canción, es como si el alma, el subconsciente o lo que sea, renacieran de la manera más natural y desencajante, mágica, solo que esta vez impulsados, el alma, el subconsciente o lo que fuera, por un desafío académico. Ahí me vino la disyuntiva, no estaba cumpliendo completamente la regla que yo mismo daba. Y se los dije en la cara a los 23 alumnos: yo me pongo un 7 sobre 10. Me salí de la regla para crear, la melodía también manda con su rítmica implícita, la armonía con su cadencia conclusiva, la rítmica, un joropo suave al estilo Violeta, justifica esa ruptura. ¿Otra vez cantinfleando?, me reñiría mi amigo el padre Mateo. “No, padre, soy pues académico”, justificaría.

Debo decirles que de los 23 alumnos solo tres pudieron con la décima estricta con buenos trabajos… aunque un poco carentes de poesía. Me di cuenta ahí de que la mayoría de mis alumnos eran músicos, no les interesaba mucho el texto, no les salía esa cosa mágica del alma en la palabra, pero sí en la música. Solo que el chiste del ejercicio deseaba cumplir con el capítulo de la importancia del texto en la canción. Para concluir, les presento el texto.

DÉCIMA VEZ

Quererte es un trago fuerte Que hiere y calma la pena Quererte es cal, es arena Es vida y pulso de muerte Razón sopadita en suerte Es sol derretido en nube Es un barranco que sube Es luz que se apaga y prende Quererte siempre quererte Es una verdad que miente

Amarte es siempre perderte Te aferras y yo me alejo Te apagas y yo me enciendo Floreces en pleno invierno… Me agobia esta mala suerte Es ilusión es conjuro Es pampa infinita y muro Es mar que se seca al frente, Quererte siempre quererte es una verdad que miente…

Que te me vas, que ya volví Que encallas pronto cuando me fui Tu risa clara es mi dolor Quiero atraparte, quieres partir. Quererte siempre quererte Es una verdad que miente…

(*) EL PAPIRRI: Personaje de la Pérez, también es MANUEL MONROY CHAZARRETA

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MI PRIMERA GUITARRA

He recuperado mi primera guitarrita, la tenía mi sobrina en resguardo. Me acordé de ella cuando subí la anterior semana a la estación central del teleférico rojo

Por El Papirri

/ 23 de mayo de 2021 / 20:15

CH’ENKO TOTAL

He recuperado mi primera guitarrita, la tenía mi sobrina en resguardo. Me acordé de ella cuando subí la anterior semana a la estación central del teleférico rojo, o sea a la antigua estación de trenes, me emocionó pararme en el lugar donde nos despedían parientes y amigos, era por  noviembre, nos íbamos por tres meses a la casa del abuelo, al chaco argentino, el recorrido total: cuatro días y cinco noches de chucuchucu. La subida a El Alto era alucinante, mi madre afanosa había comprado con meses de anticipación los boletos en el vagón cafecito argentino, en un camarote dúplex con camitas de cuartel, mi madre y yo en un camarote, mis hermanos en el otro, en el medio una puerta corrediza. Éramos felices. Yo entraba corriendo al camarote con mi guitarrita en la espalda, tenía siete añitos, me habían regalado el instrumento dos meses antes, el 18 de septiembre de 1967 para ser exactos, me subía a la cucha de arriba y empezaba a estudiar las primeras melodías.

Ahora que la veo de nuevo, adentro de su cuerpo tiene el sello de marca, dice: “Luciano Mancilla R, Fabricante de instrumentos de cuerda, recibe toda clase de trabajos concernientes al ramo, puntualidad, esmero. Av. Buenos Aires 1493, esquina 3 de mayo, La Paz, Bolivia”. Un día de estos iré por ahí a husmear, quién te dice que aún están ahí los herederos porque el maestro Mancilla ya ha debido fallecer, aunque nunca se sabe, por ahí tenía 20 años cuando hizo la guitarrita y ahora tiene 80. Con esta guitarrita aprendí los primeros acordes, recuerdo tocar con gran esmero la Zamba de Vargas de mi abuelo Andrés, Adelita de Tárrega. Lo lindo es que mi mamá no se hacía problema de que tocara variopintas melodías, pero eso sí, la media hora de técnica era obligatoria con los ejercicios de arpegios de Sagreras y las escalas de Tárrega. En su tapa o cara externa tiene las marcas del tiempo, arrugas casi humanas la pueblan, recuerdo haber escrito con un lapicito “Las voces del chañar”, aún se lee algo… era el nombre de un dúo que armamos con mi amigo santiagueño Cunino Vega, quien tocaba muy bien el bombo legüero, hacíamos dos voces muy bonitas. Ya ese mismo febrero del 68 debutamos en el patio del abuelo con tres canciones, fuimos ovacionados por parientes y vecinos pero olvidados rápidamente porque la fiesta continuaba, mi madre tocaba en su guitarra Antigua Casa Núñez los preludios de Villalobos, todavía el cáncer no le había paralizado el brazo izquierdo, luego invitaba a su hermana menor, la tía Negra, para que toque el piano y a la hermana del medio, la tía Cote, para que baile la Zamba, mientras el esposo de la tía Cote, el querido tío Dardo, le daba al legüero; yo miraba desde una esquina con mi guitarra y trataba de memorizar los acordes, los ritmos y corriendo me iba al patio del fondo, al patio de la parra, a tratar de imitar lo que tocaba mi madre.

Mi guitarrita me acompañó hasta el fallecimiento de mi madre, tenía 13 años, entonces agarré la Antigua Casa Núñez, como tratando de en contrarla a ella, pero no pude con el dolor y dejé de tocar por la rabia de no tener madre, de haber perdido a mi maestra. Sin embargo, rápido caí en cuenta de que a nadie le importó. Fue con mi primera enamorada que volví a la guitarra, yo tenía 16, ella 14, me di cuenta de que cuando tocaba se generaba una especie de magia, me ponía a colores, salía del montón, volviéndola loca de amor a la Lolo, que inmediatamente me llevó a presentar a sus papás, quienes quedaron impresionados con mi repertorio clásico/popular. Ahí me di cuenta de que la guitarra me iba a acompañar toda la vida, pues me abría las puertas y los corazones de los otros. Mi padre feliz me presentaba a sus amigos, el Chueco Céspedes me pedía con su whisky en la mano La López Pereira, el Pato Cárdenas solicitaba entusiasmado que lo acompañara en el tango Sur. En el barrio, en la plaza Abaroa, los chicos de mi grupo, el Aps, hacían aparecer unas lámparas como luces de escena para que toque Sui Generis, que cantábamos a los gritos hasta que los papás nos iban a recoger a carajazos.

Recuerdo un sábado con los chicos del Aps (se llamaba así porque si te preguntaban ¿cómo se llama tu grupo?, tú decías: “Aps”… cartuchitos, no?), fuimos al aeropuerto, tremendo viaje para la época, éramos unos 10, yo con la guitarrita colgada a la espalda, fuimos a despedir a uno de los changos más queridos del grupo que se iba a vivir a Santa Cruz. En coro y llanto general le cantamos en la sala de preembarque Canción para mi muerte, no sé por qué decidimos retornar caminando y cantando, yo con la guitarrita iba adelante. A la altura del cuartel Tarapacá salió un tanque a apuntarnos, nos metieron a patadas dentro del cuartel. Estábamos marchando en fila india y cantando: “Mirá para arriba, mirá para abajo”… pero los milicos paranoicos escucharon: “andate al carajo”. Resultado: nos raparon a los diez, nos dieron una buena tunda y me hicieron cantar Viva mi Patria Bolivia, pálido y murucullu.

Una verdadera emoción haber recuperado mi primera guitarra, su estuche nomás es un colerón, es de plástico celeste. La tengo que hacer restaurar con mi querido amigo, el lutier alteño Leonardo Yavincha, ojalá en mi próximo concierto presencial en el Teatro Municipal pueda tocar con esta mi linda guitarrita.

(*) El Papirri: personaje de la Pérez, también es Manuel Monroy Chazarreta

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VOLVER AL ESCENARIO

Qué hermoso fue volver al escenario, reencontrarme con mis músicos paceños, las luces de colores dándote en la cara, los monitores orejones, los micrófonos puntiagudos, la distancia de la escena con el público (¿público?, sí… había unas 25 personas)

Por El Papirri

/ 9 de mayo de 2021 / 19:52

CH’ENKO TOTAL

Qué hermoso fue volver al escenario, reencontrarme con mis músicos paceños, las luces de colores dándote en la cara, los monitores orejones, los micrófonos puntiagudos, la distancia de la escena con el público (¿público?, sí… había unas 25 personas), una emoción nuevita luego de haber realizado cuatro streamings medio cojudos en soledad total. Sí pues, el último concierto en serio en La Paz fue en mayo de 2019, dos años habían pasado, che. Considerando que toqué en el Teatro Vinilo de Buenos Aires el 23 de febrero del año pasado, pues sí… es muuucho tiempo lejos de escena.

El concierto del viernes 23 de abril de 2021 en el Patio del Ministerio de Culturas, espacio denominado la Casa del Artista, fue gracias a que postulé al programa Encuentro con los Artistas que está promoviendo esta cartera de Estado. Otra vez tocar con la batería alegre de mi amigo Vico Guzmán, con el bajo sensato de Raúl Flores, con la sorpresa de saxos y flautas de Roby Morales, el charango posmoderno de Ariel Quispe y con la presencia de un gran artista, un cantante único, además de creador de bellas canciones: el notable David Portillo.

Francamente el streaming es demasiado desértico, más aún para mi música, que convoca la participación de la gente. No existe retroalimentación alguna, el streaming es un concierto sordo, una especie de ensayo con cibercuriosos. Yo amo la improvisación en escena, el mover los pisos del protocolo teatral, convocar al “error”, inquietar, alegrar y hacer pensar a la gente.

Llegué a La Paz, mi ciudad, un domingo helado. Es cierto, se notan los mil metros de subida desde Cochabamba y los 10 grados de bajada de “la clima”, pero mi La Paz me recibe siempre con inmensa ternura, arropándome en sus polleras gigantescas. El Illimani está cada día más hermoso (pese a algunos chinos que dice están merodeando por ahí), la luna paceña en estas noches fue magnífica, romántica. Lo más chistoso fueron los ensayos vía Zoom, debería crearse una plataforma para ensayo de músicos, el sonido llega muy retrasado. Me dejó pasmado que mis músicos no tenían el libro 40 años de canciones que presentamos un mes antes del golpe, tuve que enviarles vía delivery. Ahí nos veías ensayando con el Raúl a destiempo, con el Roby directamente decidí escuchar y corregir sus melodías porque si yo tocaba encima lo confundía más, el Arielito con su charango llegó el miércoles a casa y repasamos no solo las canciones sino también tragedias personales y públicas.

Luego del concierto que fue temprano, a las 19.00 horas, queríamos ir a festejar el encuentro pero nos dio miedo a todos y salimos corriendo rumbo a nuestras camas. Me gustó tocar canciones de mi nuevo CD 60A. Empecé el concierto con El Olvidado, canción dedicada a mi abuelo paterno y al mar boliviano. Me gustó que estén presentes aunque sea 25 personas permitidas por la pandemia. Me gustó escuchar mis canciones conociditas otra vez en la sensibilidad de mis músicos y en los barbijos de los presentes, me emocionó hasta las lágrimas tocar la canción Wiphala con tanta libertad en la garganta, recordando a los mártires que hicieron posible la recuperación de la democracia en Bolivia. Mi canción Ch’utis hizo levantar a la gente de sus asientitos, vi cómo movían las caderas, cómo se reían con sus ojitos con las nuevas metafísicas populares.

En estos días y para generar un poco de billete, puse un aviso de promoción en el Face: Directamente del productor al consumidor, sin intermediarios. Quedan 20 CD’s de la primera Edición del disco 60A, precio oficial 70 bs, oferta a 50 bs. El maravilloso libro 40 años de canciones, precio oficial 100 bs, oferta 80 bs. Aproveche la firma del autor y fotito más de yapa, nos encontremos por la avenida Arce. Interesados contactarse al watsap 732 21878. Y llovieron los watsaps. Gente entrañable vino desde El Alto, desde Laja hasta la avenida, ahí me veías correteando la Arce firmando discos y libros, haciendo el saludo de ch’utis con todo tipo de gentes y edades, familias enteras con wawitas como zampoña pedían sus fotos y dedicatorias a nombres difíciles, una señora se prendió de mi cuello sin ningún protocolo, algunos querían también los libros de Crónicas, di fin a los cuatro libros de Crónicas volumen 1 que tenía en un cajón, las cinco Crónicas volumen 2 que tenía en mi biblioteca también volaron, tendré que conseguir un par aunque sea del almacén de la editorial El Cuervo.

Todavía estaré unos días más en mi ciudad, el invierno nos hace partir de nuevo, tengo la certeza de que mi ajayu está aquí, amo La Paz, sobre todo por su gente tan solidaria, educada y entrañable. Ahora empieza a sonar mi timbre de nuevo. Llegará un joven paceño melómano, dice en su watsap que se compró mi disco Cuentacantos en formato vinilo en Bs 180 ¡No me quiero irrrr! Sin embargo, como dice el tango, mi cuerpo enfermo no resiste más. Gracias La Paz por tanto cariño. Gracias gente hermosa paceña. Gracias Ministerio de Culturas por la oportunidad de volver a un escenario. Bien le hemos cascado. ¡Pa qués decir!

(*) El Papirri: Personaje de la Pérez, también es Manuel Monroy Chazarreta

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