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Brazos caídos

/ 13 de enero de 2021 / 10:09

Ch’enko total

¿Qué puede hacer hoy un músico sin trabajo? ¿Sin ingresos? ¿Sin tocadas? ¿Sin conciertos? ¿Sin un boliche donde actuar? Somos nomás como aquel desaparecido videoclip de mi canción La mamada, donde estoy en la calle Yungas, sentadito al lado de los plomeros, albañiles, con mi maletín que dice: “músico”. Ningún gobierno se acuerda de nosotros. Ningún gobierno pone fin a la mala administración de nuestros derechos de autor. Este año recibí Bs 86 de derechos de autor del semestre I- 2020. Y eso que mi canción Alasita da vueltas por el país, en Cochabamba la escuché en todos los canales locales por octubre, mes que decidieron hacer la Feria del Ekeko. ¿Entonces, qué pasa? Uno sale pues a tocar, a venderse, saca un disco, va a la radio a anunciar y zas… se contagia con el virus cabrón. En este momento tengo por lo menos 20 colegas que se baten con la muerte en lucha desigual, tocaron en algún pub o en algún teatro con mitad de boletaje o ensayaron en la Sinfónica para tener algún ingreso y les cayó el virus. Por suerte están en el dígito cuatro y su organismo responde, se rebela, saca aire de donde puede, soporta 12 pastillas diarias. Siempre está una madre, una compañera, un novio para cuidarlos y ver cómo enfrentar esta batalla tremenda.

Por eso quiero agradecer a la Universidad Pública de El Alto (UPEA) que se acordó de mí y me dio trabajo estos últimos dos meses en la docencia. El título de Maestro de las Artes, especialidad Música, que me otorgó el Ministerio de Educación en 2017 me habilita para ser docente de la Maestría en Composición y Arreglos Musicales 2020, cursos de Posgrado de la UPEA. Dicto por segundo año consecutivo el Módulo IV sobre Composición de letra y música en la música popular, que estamos por concluir estos próximos días. Pero sobre todo me habilita la experiencia, el oficio de 40 años haciendo canciones además de 20 años de docencia en años pasados, sumados en nuestro querido Conservatorio de La Paz y el Taller de Música de la UMSA.

Siempre me gustó la docencia. Solo que esta vez —acostumbrado a la clase presencial— se puso más complicada la cosa por la pandemia y el tema tecnológico. El 9 de diciembre pasado inicié la primera clase por Zoom, yo había hecho unos cinco programas culturales de televisión, pero ahora temblaba, sentía que de golpe y porrazo era camarógrafo, sonidista, conductor, todo a la vez. No salió tan bien, pedí socorro a mis amigos tecnológicos para afrontar en mejores condiciones la segunda clase del 11 de diciembre, aprendí a perderle miedo a la autoeducación mediante los salvadores tutoriales de YouTube y le agarré al asunto. Mi clase tiene videos, partituras y también audios, mostrarlos por la pantalla de la clase Zoom fue todo un mérito, más aún porque en una de las clases a un alumno se le ocurrió dejar abierto el audio de su celular e irse a pasear… el cuate dejó el celular con sus dos wawas y la tele prendida. 30 minutos hablé a los gritos encima de alaridos de nenes y diálogos de una telenovela, el alumno pensó que con eso yo le iba a poner el puntaje de asistencia. Yo no era el anfitrión de la clase, no podía cortar ese audio abierto, el anfitrión era un técnico de la Universidad que también desapareció del mapa. Me di cuenta de que era muy peligroso esto del Zoom, si no lo manejas con cautela puede darte unas quemadas públicas gigantescas. El asunto es también peligroso porque si no operas esta cuestión tecnológica el alumno te considera un gil, un ignorante… Como si en la tecnología estuviera el conocimiento.

Mi clase tiene una visión histórica, con una mirada global desde los paradigmas del conocimiento y como guía, el encuentro intercultural de saberes. Esto lo aprendí en el Diplomado en Educación Superior que realicé en la UMSA en 2008, cuando era docente de la extinta carrera de Música de esa casa superior de estudios, diplomado que realmente me dio muchos insumos. Un shock para mis alumnos fue pedirles que manden sus trabajos a mi correo electrónico, no al watsap, muchos ¡no tenían correo electrónico! Tuvieron que sacar uno y mandar por esta vía los audios y las partituras para hacer seguimiento personalizado a sus trabajos creativos. Uno de los trabajos claves era componer una canción con el texto en décima, cuyo modelo es la bella canción Volver a los 17de Violeta Parra. Vino el cuestionamiento ético, yo pedía como tarea algo que no había hecho nunca: una décima. Entonces me puse a construir una canción en décima, demoré tres semanas pero lo logré. Concluir las clases con una nueva canción compuesta fue algo grandioso. Ahora tengo la resaca de final de clase. La incertidumbre laboral me come el sueño. Agradezco de verdad a la UPEA por esta hermosa experiencia y por darme trabajo aunque sea un par de meses pues sufrimos la ingratitud de una sociedad boliviana que nos ningunea, nos invisibiliza. Oremos por la recuperación de Canito, Pamela, Miguel, Carlitos, Weimar, Randolph, Diana y tantos colegas artistas que —con gran dificultad— luchan contra este virus cabrón.

(*) El Papirri: personaje de la Pérez, también es Manuel Monrroy Chazarreta

Chau 2020

Ch’enko total

/ 30 de diciembre de 2020 / 11:23

Levanto mi copa y brindo por aquel Capitán M. (me pidió no dar su apellido) que me detuvo el 22 de diciembre de 2019 en el aeropuerto de Cochabamba, me sacó de la fila del chequeo de pasajes llevándome a un cuarto y me dijo: “Papirri, sé que estás yendo a la Argentina, yo soy del Tigre Campeón… Te aconsejo dejar tu guitarra, no te van a dejar pasar en sala de internacionales, hay listas, estás ahí, trata de pasar desapercibido, yo me encargo de que partas”. Así fue. Llamé al amigo querido, por quien levanto mi copa, hermano Ricardo que nos llevaste al aeropuerto pasando alambres de púas y tuviste que volver a recoger mi guitarra, la Sevillana, que se quedó con las ganas de conocer la Argentina. Levanto mi copa por el hermano Carlos que nos esperaba en Ezeiza, trabajador de la Universidad Jauretche, que nos llevó a la casa de María en el Barrio de Florencio Varela. Levanto mi copa por María y su familia florida, herida de guerra por el macrismo, que compartió sus panecillos y mantequilla con la alegría del mate mañanero. Levanto mi copa por el arquitecto Bartolucci, el compañero Bartolo, que nos llevó a compartir una Navidad marítima con los hermanos y las hermanas del Faro de la memoria en homenaje a los desaparecidos en la costa marplatense y nos hizo escuchar un Piazzolla inédito aquel año nuevo desde su balcón de cara al Japón.

Levanto mi copa por la solidaridad, por los que comparten su pan herido, por los que saben que estás jodido y te reinventan, por el arquitecto Giovanni que nos llevó a su casita de San Clemente del Tuyu y nos abrió su heladera, por aquel paseo bordeando el mar y sus delfines extintos… Por el Dúo Coplanacu levanto mi copa, artistas populares de Santiago del Estero que me abrieron su escenario en el Festival Internacional de Cosquín 2020 para cantarle a la Wiphala en aquel febrero de penas. Levanto mi copa por Teresa del Teatro Café Vinilo de Buenos Aires, que nos hizo un campito en su fina programación y pudimos trabajar y tocar y reír y bailar en aquel escenario de Palermo. Levanto mi copa por los músicos argentinos que hicieron el aguante, aquel bajista notable de Tucumán Jero Santillán, aquel percusionista amado Juan Cruz que nos dio su casa para ensayar con Pato Molina y su flauta mágica, levanto mi copa por mi hermano Jorge Luis Carabajal que vino desde Córdoba para apoyar a este boliviano descarriado al borde de los 60 que trastabillaba en aquel febrero de sudores.

Levanto mi copa por Carolina, esposa y compañera que decidió retornar a la tierra. “Quiero morir en mi cama”, me dijo una noche de insomnios. “Entonces volvamos en martes de ch’alla, cuando los milicos estén chupando, pues”, le dije entre sueños. Levanto la copa por la funcionaria de BoA de Buenos Aires que nos cambió el pasaje con tarifa mínima, retornamos renovados pero aterrados por el nuevo Arce Gómez y sus secuaces que producían penas y masacres. Levanto la copa por los fallecidos en Puente Huayllani, jóvenes quechuas que con su sangre libertaria dieron el camino a la hoy bendita libertad, levanto mi copa por los masacrados en Senkata, vecinos aymaras, su memoria nos acompañará hasta los últimos días. Por ese pueblo boliviano humilde, admirable, valeroso que salió a marchar en agosto, en plena pandemia, pidiendo elecciones democráticas, desafiando virus, balas y aviones. Levanto la copa por Eva Copa, warmi valiente, aymara valerosa, que en los peores momentos se convirtió en la voz de los callados. Levanto mi copa por Sonia Brito, que en los peores momentos hacía sentir su voz desde la Asamblea denunciando corrupciones, desapariciones y detenidos en este 2020 teñido de violencia. Levanto mi copa por las enfermeras y enfermeros que combaten día a día contra el virus, por el personal de servicio de los hospitales, por los médicos de base que desafían a la muerte, levanto mi copa por esta Bolivia entrañable que eleva su alma hundida en el silencio por el fascismo y sus secuaces y que, sin ningún rencor ni pizca de odio, comienza a renacer. Levanto mi copa por mi querido Club The Strongest que puntea la tabla y quiere levantar la copa. Levanto mi copa por la democracia, por la libertad, por la solidaridad, por la música, por mis músicos, por las canciones, por el respirar, por saber que es la vida que se va, se va, es el tiempo que no queda ya; por esta Navidad solitaria pero feliz con los pies bien clavados en nuestra Pachamama y las antenas abiertas al mundo.

Levanto mi copa por los que se nos adelantaron, por los que nacen, por los que crecen, por los que creen en una patria grande latinoamericana sin colonias ni fronteras. Bienvenido 2021.Como en el Titanic, cantaremos hasta el último segundo de nuestra existencia.

(*) EL PAPIRRI: personaje de la Pérez, también es MANUEL MONROY CHAZARRETA

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Listo Calixto

Este disco contiene 13 canciones que no grabé antes, parece que es el último que hago, el formato ya no existe, así nomás había sido

El Papirri

/ 9 de diciembre de 2020 / 11:07

En los próximos días estoy firmando mi nuevo disco al público amable que me apoyó comprando la obra en preventa para poder financiar parte de la misma. Este disco contiene 13 canciones que no grabé antes, parece que es el último que hago, el formato ya no existe, así nomás había sido. Pero quería sacar éste en físico, más aún porque el CD celebra mi 60 Aniversario. Ha sido un disco muy difícil de grabar, mezclar y concluir, los músicos grabaron desde sus estudios personales, por lo tanto las tomas de sonido eran todas diferentes, ahí lo tenías al sonidista Martino Alvéstegui angustiado desde su estudio Submarine de Obrajes, tratando de igualar las tomas, pidiendo unas nuevas, yo mismo grabando mis voces por primera vez: “Está muy alto tu volumen”, “el cuarto donde grabas genera mucho eco”, “el baterista grabó en su celular, hay que rehacer”, “el tiempo de Ch’utis está lento, no sé qué pasó”, “¿puedes adelantarlo?”. “Por favor, que grabe una percusión encima para llevarlo hacia adelante”, “¿quién de los bateristas tiene home estudio?”. Así pasaron ocho meses, con el afán de la vida en el medio, con las amenazas de los fachos en el medio, con el virus cabrón matando amigos.

Quiero agradecer a los músicos que participaron en el disco 60 A, grabaron con toda la buena onda desde sus casas, repitiendo tomas y más tomas. Gracias a Heber Peredo, pianista, arreglista, gran valor, talentoso y siempre sereno, pese a las mil cosas que hace. La canción Ch’utis, cumbia pandémica, acaba de ser concluida. Construimos dos versiones, Heber se puso en las dos. Gracias a Mauricio Segalez, talento alteño, multiinstrumentista, que además de tocar y cantar hizo el arreglo de dos canciones, la entrañable Amarteloy el raro Bailecito K’onana. Segalez, gran Tigre del pueblo, me ayudó en el peor momento, sus conocimientos técnicos de sonido me socorrieron puliendo mezclas alternativas de varios temas, pues el tiempo con Martino se había acabado. Gracias a Manu Rocha, notable músico y sonidista cochabambino, me enseñó a grabar mis voces y guitarras en el programa Cubase, grabó las nuevas versiones de Camotey A casa de Gaboen su estudio Quintosol, además hizo el arreglo de metales de estos temas y tocó su trompeta poderosa.

Gracias a Diana Azero, amiga y cantante sólida, siempre de buen humor. Gracias al cantante y cantautor David Portillo, que hizo varias tomas de la morenada Mamita Cantila, la había soñado en letra y música, no quería un asunto bailable sino más bien una oración de agradecimiento a la Cantila Morena por dejarnos respirar.  Gracias a Vico Guzmán, tuvo que llevar su batería al estudio de Martino en plena pandemia para grabar varios temas, resalta Ojos de Botón, canción de cuna para un perrito adoptado. Gracias a Raúl Flores por su bajo simple y magistral grabado desde su estudio personal, a Roby Morales por los saxos planetarios, a Ariel Choque por sus charangos caribeños. Gracias a Luchito Mercado, gran percusionista cochabambino siempre solidario, por su precisión en Ch’utisy Camote, este último un caporal bilingüe que tuvimos que grabar toooodo de nuevo con el bajo de Hugo de Lafuente, otro joven músico cochabambino entrañable y talentoso. Gracias a Lucía Cortez y Rodrigo Gozálvez por los respectivos saxo y trombón camoteros, a Iván Guzmán por las percusiones en Gabo, a Fede Gamba por el arreglo de El Barrilito, gato con música de mi abuelo Andrés y letra mía. Fede grabó en Buenos Aires su guitarra y coordinó la grabación de la flauta de Juan Carlos Liendro desde Salta, el violín de Víctor Agüero desde Tucumán, desde Cafayate Lucas Colque mandó el bandoneón, Roberto Auat desde Añatuya el bombo y Mariano Sarquiz el contrabajo desde Santiago del Estero. Gracias a José Carlos Auza por el hermoso arreglo y video de El Kaluyo del retorno, a Mauricio Canedo por el bello arreglo y las guitarras de El Olvidado, canción para mi abuelo paterno. A Cristhian Asturizaga por las cuerdas de Ch’utis.

El disco está dedicado a mis dos abuelos que tuvieron destinos tan opuestos, también está dedicado a los mártires por la democracia en Bolivia. Gracias a Diego Echevers, Adriana García y Alejandra Gamboa por el hermoso video de El Olvidado, disponible en las redes. Gracias al Papirri’s Kinder, bellos niños que fueron a grabar sus vocecitas al Submarino para Ojos de Botón. Gracias a Luis Soria, notable sonidista cochabambino que me ayudó en la desesperada última mezcla de Ch’utis. Gracias a Laurita Mercado por la foto de la portada y el diseño del cuadernillo full color, a Carlos Fiengo por el apoyo en las redes sociales y el video de Amarteloque ojalá salga, a Nelson Lima que trabaja en un videíto para Ojos de Botón, a Katsunori Osoegawa por la foto de la contraportada. Gracias a Marcelo Navia de Lado B por la masterización de todo el disco. Gracias a la imprenta Cibeles por el precio pandémico del cuadernillo de 16 páginas que contiene letras, fotos, fichas técnicas. Más de 20 músicos, cuatro arreglistas, cinco sonidistas, videastas, fotógrafos… Uy cará ¡tanto cariño se agradece! Solo falta que nos apoyes. Puedes comprar el CD 60 Aen el acto presencial de firma de discos a realizarse el 16 de diciembre en el hall del Cine 6 de Agosto de La Paz de 11.00 a 17.00 o tomando contacto con Amalia Canedo watsap 707 6461, Iris Mirabal watsap 705 43667. Gracias, gracias. Hey dicho.

(*) El Papirri: Personaje de la Pérez, también es Manuel Monroy Chazarreta

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A mano alzada

La Paz

Por El Papirri

/ 25 de noviembre de 2020 / 10:52

Escribo a mano alzada. Me cuesta decir algo. Vuelvo a La Paz, mi ciudad, luego de un año. Estamos vivos, la emoción me cubre con este aire andino bendito, no quiero recordar pero el Tata Mururata me dice, sacándose el sombrero: “Memoria, siempre memoria”. Mientras pasamos la tranca, recuerdo. Hace un año los fascistas irrumpen en el Palacio Quemado con una Biblia evangélica, queman oficinas estatales, los militares pisan la Wiphala, se arrancan la  bandera del brazo. Recuerdo, solo fue hace un año, algo le pasó al tiempo que no pasa, hace un año fue la masacre de Senkata, son asesinados jóvenes aymaras, albañiles, caseras, vecinos, cientos de heridos, denuncio esto en las redes sociales, llueven las amenazas. Recuerdo a una Waldita, docente de Literatura gritando histérica: “urgente, toque de queda, intervención militar”. Recuerdo la masacre de puente Huayllani, 15 de noviembre, 11 muertos, más de 200 heridos. Hay causas por las que se puede morir, pero no hay causas por las que se puede matar, dice una viuda llorando. Militares balean por atrás, policías balean por delante. El nuevo Arce Gómez dice que los vecinos se dispararon entre ellos.

Recuerdo cómo salimos de La Paz, sin ningún derecho en la piel, con cuatro fuerzas represoras alrededor: policías, militares, parapolicías, paramilitares; y el nuevo Arce Gómez amenazando con esposas y balas al que se le ponga al frente. Recuerdo a mi esposa temblando en el aeropuerto, nos íbamos a Cochabamba presionados, asustados, llovía a cantaros, militares aprobaban listas de pasajeros, decidimos irnos por separado, ella entra primero, yo al último, el gran Mirkito con su taxi nos ayuda, por fin paso al preembarque con mi sombrerito cocalero y mis lentes de aumento, de pronto dan mi nombre por el parlante y dos nombres más: los pasajeros… deben apersonarse a puerta 3. Me digo: “cagué”. No tenemos ningún derecho, a quién acudir, a quién quejarse, la Defensora del Pueblo está clandestina, es 22 de noviembre, la marcha por los muertos de Senkata ha sido reprimida, los ataúdes caen al piso. Un funcionario de Boa me lleva en silencio, vamos con una señora de pollera y un joven a la pista del avión, nos meten a un cuarto, tres militares gritan: “¡Abran sus maletas!” La mía la revisa uno con pintura de guerra en las mejillas, grita: “¡Por qué va a Cochabamba!”. “Ahí vivo”, le respondo. “¡Cómo lo comprueba!”. Saco de mi billetera el certificado de sufragio, le saca foto, me pide el celular, por suerte había borrado todos los mensajes de cumpas, lo mira sin mirar. El militar de al lado revisa a la señora de pollera: “¡Aquí hay!”, dice. El que está conmigo se va allí, la señora tiene un sobre con muchos dólares escondido en sus ropas. “¡Esto es prohibido, señora!”, gritan. “Estoy yendo a Cochabamba a comprar pollos”, dice la señora. “No se puede, además usted está yendo a financiar a los terroristas”, dice el otro. Se la llevan. “¡Váyase!”, ordena el milico llamando al de Boa. Subo al avión, mi corazón está por explotar, mi esposa llora, le hago la señal del pulgar de todo bien, llegamos a Cochabamba pálidos, nos vamos en taxis diferentes, por suerte el departamento de mi esposa es algo lejano.

Mientras la ciudad se enciende, recuerdo. Unos jóvenes rechonchos arrastran de los pelos a la Alcaldesa de Vinto, la desvisten y patean, le pintan el pelo color sangre, el nuevo Arce Gómez dice que correrá bala si siguen las protestas. Recuerdo. Unas señoras piden de rodillas golpe de Estado. Un exmilitar pide intervención de los marines. Un intelectual cómplice del golpe escribe y desea que este gobierno sea como la UDP. Mi esposa me dice: “párala, no hables con la mente”, se escucha, ya pasó. El Tata Illimani me saluda, tranquilo kilo dice, hay coquita en las calles,  está anocheciendo, el silencio es solemne en la bajada a la hoyada.

Entonces  llegamos a mi departamentito, tiene olor a la vejez, las fotos de mis padres lagrimean, corro detrás de mis guitarras encerradas en un ropero, riego desesperado cadáveres de plantitas, respiro los Andes profundos, pongo una velita por nuestros muertos. Lucho Arce jura como  Presidente del Estado Plurinacional de Bolivia. Hay un Amuki diferente, de duelo, de dolor. Se festeja en silencio. El pueblo aymara  ha vuelto al palacio. El pueblo quechua jura honestidad en la Asamblea. La Bolivia profunda tiene esperanza y memoria. Recuerdo. Silencio. Memoria. Mano alzada, la izquierda. Que será. Que pasará. La dignidad ha vuelto. Amuki activo. La Patria revive herida de bala. Ya tenemos derechos. Nadies nos puede agredir así nomás. Honor y gloria a los que hicieron posible que respiremos esta nuevita libertad.

(*) El Papirri: personaje de la Pérez, también es Manuel Monroy Chazarreta

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Chancho pelado

El 18 de octubre de 2020 es un día histórico para la democracia y el movimiento popular progresista de Bolivia y América Latina.

Por El Papirri

/ 28 de octubre de 2020 / 06:04

El 18 de octubre de 2020 es un día histórico para la democracia y el movimiento popular progresista de Bolivia y América Latina. Soy solo un cantautor y escribidor de crónicas, no soy analista político ni comentador, soy uno de los tantos ciudadanos de minibús que por sus ideales y convicciones progresistas fue insultado, amenazado y perseguido desde el golpe cívico-militar de noviembre de 2019. Por eso estoy feliz. Porque vuelve la democracia y renace la libertad. Porque la mayoría del pueblo boliviano, el pueblo más pobre, el trabajador, el del día a día, ha ganado las elecciones en primera vuelta por mayoría y con una diferencia de más de 20 puntos sobre el segundo.

Ha ganado la casera que se vende manzanilla y eucalipto en la esquina, ahora tendrá la certeza de que el pasaje del minibús o del bus desde su comarca a la avenida citadina no subirá de precio, porque el gas y la gasolina es de los bolivianos y no de las transnacionales. Ha perdido el que quiere entrar al Estado a saquear, a beneficiar a grupos faranduleros y familiares, el que añora Miami y desprecia Bolivia. Ha ganado el obrero de la empresa de electricidad, sabe que ahora no se hundirá su empresa, que la luz es de los bolivianos, la electricidad que nace de nuestras aguas volverá a los pueblos más remotos como derecho humano. Ha perdido el que quiere separar a Bolivia, el que sueña con una Bolivia de blancos, el que patea a las mujeres de pollera, el inventor de ejércitos irregulares separatistas. Ha ganado el maestro plomero que sabe que el precio de sus repuestos se mantendrá, ha ganado el maestro minibusero que tiene la certeza que podrá pagar el crédito bancario de su vehículo sin abusos, con intereses decentes, con una banca privada controlada en su angurria de ganancias. El maestro taxista ha ganado, el cambio de su autito de gasolina a diésel realizado de forma gratuita por el Estado en 2013 se mantendrá, como se mantendrá su hijito en la escuela gracias al Bono Juancito Pinto. Ha ganado la estabilidad, la dignidad del hogar honesto. Ha perdido el ratero, el que entra a patadas a tomar el gobierno solo para beneficio de unos cuantos, ha perdido el violento, el motoquero fascista que cañonea indígenas siendo que su abuelo es un indígena.

Ha ganado una Constitución Política de vanguardia que decidió que los derechos básicos son derechos humanos y que los privatizadores no pueden entrar así nomás a apropiarse del bien público. Ha ganado la enfermera de base, el técnico de hospitales que arriesga la vida en la lucha contra el COVID, el médico consciente de su juramento que no tiene clínicas privadas. Ha perdido el médico que es dueño de moteles, que no atiende pacientes sino negocios, ha perdido el doctorcito que, en el peor momento de la pandemia, hizo aparecer unos respiradores que no servían para nada y con un sobreprecio descomunal cometiendo genocidio solo por llevarse dólares malhechos al bolsillo. Ha ganado la Patria, ha perdido la anti Patria. Ha ganado la memoria de Juana Azurduy, la memoria de los guerrilleros anticoloniales, han ganado los niños multicolores que nacen en esta tierra bendita y que en 14 años de Revolución democrática y cultural salieron de la pobreza extrema, y luego salieron bachilleres y técnicos, y ahora ingresan a las universidades gratuitas. Han ganado las carreteras de Bolivia. Han perdido los latifundistas, los que ejercían la esclavitud en sus tierras y a los que mediante referéndum popular se les frenó los abusos. Ha ganado el llockallita moco tendido que tiene internet en su pueblo por el satélite Túpac Katari, ha ganado la Bolivia trabajadora que no quiere más violencia, la Bolivia que quiere su mar, la Bolivia que quiere sumar, la Bolivia digna que no agacha la cabeza ante mentes y armas coloniales. Ha perdido el pitita que quiere irse ahora de un país con tanto indio, el clase media que está mirando por dónde enriquecerse rápido, ha perdido el que compra gases lacrimógenos con sobreprecio cuando lo que se necesita son vacunas, ha perdido el fascista que masacró en Senkata y Puente Huayllani. Ha ganado la viuda del mártir pobre, su memoria será honrada por el nuevo gobierno popular que ha ganado con más del 53 por ciento. Ha ganado el litio para los bolivianos. Ha perdido Almagro con su fraude violento. Ha perdido el que hace desaparecer ayuda internacional en sus cuentas truchas. Ha ganado el Abya Yala con su wiphala al viento. Ha perdido la dictadura. Ha ganado la democracia.

Sabemos ganar. Sabemos perder. Sabemos cantar. Sabemos callar. Sabemos llorar. Sabemos reír. Sabemos que hoy es el momento de alegrarnos porque la Patria Grande levanta la cabeza, sabemos también que el imperialismo y sus operadores nacionales acechan para que nos vaya mal, sabemos que no tenemos rencor, sabemos de nuestra sed de justicia y soberanía. Ha ganado Espinal, ha ganado Marcelo, ha ganado Simón y su sueño de integración, ha ganado mi comadre que hoy tiene su conexión a gas domiciliario y que cuando enciende sus hornillas cotidianas enciende la llama de la gratitud. Hemos ganado chancho pelado. Acepten su derrota, separatistas, racistas y fascistas que son el 15% del país. Hagan el esfuerzo de hacer una oposición sana, Bolivia necesita de todos para salir de una crisis múltiple.  Jallalla pueblo de Bolivia ¡ Jallalla Patria Grande! Hey dicho.

(*) EL PAPIRRI: Personaje de la Pérez, también es MANUEL MONROY CHAZARRETA

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Mi bombo

/ 7 de octubre de 2020 / 08:44

Siempre quise tener un bombo legüero, aquel hecho de corteza de árbol, con cuero repujado de oveja, arito de palo blanco cantor, tientos de cuero crudo torcido y dos palitos para chacarerear. Se le dice bombo legüero porque es tan poderoso que suena a leguas. En mi infancia le saqué jugo al bombo de mi abuelo, pero nunca pude tener uno. Aquella tarde andaba vuelteandopor Cosquín, caminando la peatonal, había pasado una siesta agobiante, el atardecer se venía manso con un heladito de dulce de leche, cuando de pronto la peatonal se estremece con gente en remolinos en torno a un pajpaku que tocaba su bombo y gritaba: ¡¡remate, remate¡¡ Me acerco con mi heladito a dar una chequeada, un joven cara de buena gente, peladito, con barba rala, animoso, con acento salteño grita: ¡se remata el último bombo, único saldo de nuestros bombos “Ninguno es igual”, anímese caballero, ya comienza la puja, sobre la base 1.000 pesos  argentinos. Muevo las cejas, el cálculo es fácil, 100 bolivianos de base: “le voy a entrar”, le digo a mi compañera que sonríe. Un señor cara de jubilado porteño y una señora cuarentona pinta de profesora empiezan la puja. El jubilado grita 2.000, la profesora 2.200, la gente late, el peladito anima, da redobles, baila castañeando, me animo y digo: 2.400… Silencio, todos me miran petrificados…Vamos con 2.400 a la una, a las dos… 2.500, grita el jubilado mirándome con rabia… “Ehhh, ya no me da”, dice la profesora rascándose la cabeza. “Es para tu clase, yo te presto 100”, le dice su amiga: ¡¡2.500!!, grita la profesora, el salteño se pone feliz.

Cuento los billetes que tengo, dan 2.000. Mi compañera me dice al oído “tengo 50 dólares para prestarte”, ahhh, súper… ¡¡3.000!!, grito emputante, tácito, seguro. El jubilado trastabillea dos pasos, consulta a su esposa, “por favor un minuto”, pide nervioso, llama por celular; el salteño da más redobles de chacarera sobre el bombito color crema que busca un hogar. —¿Me lo prestas?, le solicito. —¡Claro!, responde con cara de bueno. Lo alzo, es liviano, “no es tan grave trasladarlo”, le digo a mi compañera que empieza a preocuparse. La profesora sigue su camino riéndose con la amiga, la gente espera la decisión, el jubilado cuelga el celular y dice suavito: 3.100, es lo último… Entonces como estocada final grito desde el fondo de mi alma: ¡¡3.200!!… “3.200 a la unaaaaa”, dice el pelado… “3.200 a las dosssss… 3200 a las tresssss… ¡¡se lo lleva el señor de los rulos!!, bravo, bravo”, grita el peladito tocando el bombo como llamando a una asamblea… La gente se va desconcentrando en su rumor, me acerco al salteño.

—Te estas llevando un lindo bombo, cuesta el doble, dice. Debo llevarlo hasta Bolivia. ¿Tienes un estuche? —Claro, te lo doy en 300 pesos, o sea el total da 3.500, dice en salteño. El estuche estaba bien hecho, era negro con dos orejas para poner al bombito de mochila, cuando me lo pongo en la espalda me entra el pánico, genera una joroba incómoda, no se lleva bien con la columna vertebral. Pero ya está, me digo nervioso. De reojo veo al jubilado que se va puteando, peleando con su mujer. — Bueno hermano salteño, acá tienes, son 50 dólares, cabalito…—Uyyy pero… ¿y dónde cambio esto? Acá en Cosquín nadie cambia dólares, qué hacemo?… —Mira, yo toco mañana en el escenario mayor invitado por el Dúo Coplanacu, toco dos temitas, le digo… —¿En el escenario mayor? ¿En el Atahualpa Yupanqui? No puede ser, yo soy primo de uno de los Copla… Le muestro desde mi celular el afiche donde aparecía mi fotito como invitado. —¿Y de aquí a dónde te vas?, pregunta  invitándome un mate. A Buenos Aires, tengo que tocar en el Café Vinilo… —¿En Palermo? Yo puedo llevarte el bombo hasta allí, dame lo que tengas … —Te agradezco hermano, nos veamos en 10 días, cerca del Vinilo. — Dale, en la parada del Subte más cercano… Me da su celular, nos watsapeamos, le doy un abrazo y todos mis fondos de 2.000 argentinos, mi mujer dice “eres un loquillo”.

Así fue. Diez días después nos encontramos con Víctor (así se llamaba el amigo), en la parada del subte Plaza Italia, allí estaba con su pajlita y con mi bombo bien cubierto en su estuche negro. Nos abrazamos, tomamos un mate mientras los autos pasaban como ráfaga por avenida Santa Fe. Le di el saldo, nos despedimos con afecto, comienza la caminata con la joroba embarazada hasta el dpto de un pariente. Pues sí. Este bombito ha sido fundamental en la grabación de mi nuevo disco El Papirri 60 Aque sale en físico este 15 de diciembre 2020. Su corazón le ha dado un latido profundo a varias canciones. El disco solo podrá salir si ustedes me apoyan con la adquisición del Combo Papirri, con Bs 70 compras la entrada a un concierto exclusivo para 100 personas vía YouTube, por transmisión oculta que será el 10 de octubre a las 20.00, el monto incluye el nuevo disco que se te hará entrega en diciembre. Contactos al watsap 707 64618. A pujar se dijo.

(*) El Papirri: personaje de la Pérez, también es Manuel Monroy Chazarreta

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