La Revista

viernes 5 mar 2021 | Actualizado a 06:50

Mi partecita en la vida de Canito

La cantante Tere Morales recuerda y se despide del guitarrista Juan Carlos Ríos, recientemente fallecido por COVID-19

El guitarrista Juan Carlos 'Canito' Ríos

Por Tere Morales

/ 18 de enero de 2021 / 21:47

Mejor conocido como Canito, Juan Carlos Ríos fue un guitarrista paceño conocido por tocar junto con el grupo K’ala Marka y el dúo Weimar y Cano. Muy llorado en redes sociales, el artista falleció a sus 47 años.

Canito me contó que consiguió en el colegio un cancionero de Silvio Rodríguez. Fue un descubrimiento que lo deslumbró, tanto por la exigencia en la técnica de la guitarra, como en la poesía de sus canciones. Sacó todas cuando tenía 10 años, más o menos. Luego vino lo demás: un dúo con Franz Valverde (Panchito) en lo que fue El Dúo Criollo. Canito tenía 17 años en ese entonces y según palabras de Panchito, “nuestros dedos volaban en la guitarra”.

En 1993 dieron conciertos y giras junto al grupo folklórico K’ala Marka, realizando conciertos y giras a nivel nacional e internacional. El Dúo Criollo no grabó ningún disco y solo dieron un concierto de reencuentro en 2013, donde hicieron el compromiso de grabar, pero nunca llegaron a concretarlo.

El nuevo desafío de Canito fue Cantares, grupo que existía desde hacía varios años y al que ingresaron junto a Rocío Moreira y Fernando Gutiérrez. Allí, grabaron tres discos y Canito trabajó en el grupo hasta el año 2007.

Al año siguiente, conformó el Dúo Negringo, con Leonardo Egúsquiza, haciendo un variado repertorio latinoamericano y trabajando juntos hasta 2013, cuando empieza una nueva etapa junto a Weimar Baldiviezo, en el exitoso dúo Weimar y Cano, con quien estuvo hasta su partida.

Con Canito nos conocimos en 2011, en un acto de beneficencia escolar, yo no tenía acompañante y me dijeron que un papá de familia acompañaría… yo estaba asustada, porque no es fácil cantar con una persona que no sabe tocar muy bien y menos sin conocerla. “Tere, te presento al Señor Cano, papá del Carlos”. “Mucho gusto, dije yo. Y ahora… ¿qué cantamos?”

Ambos nos vimos en una situación tan divertida, que empezamos a lanzar canciones y a ver qué sabíamos ambos, habíamos definido tres temas y sus tonos y nos llamaron a escenario. Salimos volando y recién allí, escuché la gran calidad de acompañante que me habían obsequiado… Cantamos las tres ¡y una de yapa! Ambos felices habiendo descubierto un encuentro tan afortunado.

Así nos fuimos encontrando en escenarios y tratando de siempre cantar alguito juntos. Cuando necesité acompañante para otra beneficencia, lo busqué y le pedí ayuda. Fue a dos ensayos y llevó a Weimar con él. Ambos ensayaron y dieron el concierto conmigo, sin pedir nada a cambio.

“Teresita, quisiera invitarte a cantar en mi programa de Facebook, los domingos. Hago guitarreadas en vivo y quisiera pedirte que cantes conmigo… ¿te animarías? ¡Ya hice 50 programas!” Así llegó a ensayar a mi casa y se enamoró del arbolito de ciruelo, me contó cómo cantó para los niños cuidadores de autos y lustras de la 21, en época de Navidad. Él solito con su parlante y su guitarra.

«Los niños querían regalarme monedas, Teresita, ¡qué ganas de llorar!” “Quiero hacer este programa con todos los amigos talentosos, para que en otros países los vean y conozcan la calidad de músicos que tenemos… y los lleven y los inviten, ¡que su música se difunda, porque se lo merecen!” Cantamos en su casa, nos aplaudieron mucho y nosotros tan felices.

Fuiste un regalo de la vida, con fecha de expiración muy corta Canito, porque no hay tiempo que alcance para disfrutar un alma como la tuya. Descansa en paz y visita nuestros cantos, con el cariño de siempre.

Tu cantora,

Tere Morales

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Matisse González: Contar historias con dibujos animados

La animadora del corto ‘Era solo una roca que se parecía a alguien’ quiere hacer películas y series con la técnica con la que mejor sabe expresarse

Por Adrián Paredes

/ 3 de marzo de 2021 / 11:51

De repente, cuando el 5 de febrero Cartoon Network Latinoamérica transmitió el corto animado Era solo una roca que se parecía a alguien, la animadora paceña Matisse González Jordán, su directora, se vio convertida en tendencia de redes sociales. El corto sigue a dos astronautas que se encuentran aislados en un planeta desierto, tan aburridos y desesperados que empiezan a tener alucinaciones que los hacen muy felices.

Recién comenzaba 2021 y parecía que todo el mundo estaba viendo en YouTube el corto de la boliviana de 27 años que tuvo la chance de presentar este trabajo como un episodio piloto que, dependiendo del impacto que genere, podría convertirse en una serie del canal.

Cartoon Network llevaba tiempo esperando el momento adecuado para aprobar el estreno del corto cuando, en septiembre del año pasado, se hizo en la octava edición del festival mexicano de animación Pixelatl, resaltándolo como ganador de la convocatoria  del programa Girl power, Pitch me the future.  

Antes del estreno, el plan de González era irse a México a trabajar en Era solo una roca, pero la pandemia por COVID-19 sucedió y tuvo que quedarse en Berlín, donde pasa sus días dividida entre un trabajo de medio tiempo coloreando en una serie llamada Primal y una rutina que le permite manejar el día a su gusto, con suficiente espacio como para ganar algo de dinero sin descuidar sus proyectos personales.

“Dinero es dinero, pero prefiero no tener tanto y poder dedicarme a hacer mis cosas”, sentencia desde Alemania.

Entre esas “cosas” está su próximo proyecto: una película llamada Condenaditos, el siguiente paso importante que dará. “Hacer un largometraje de animación es tan difícil… Muchos directores alcanzan a hacer solamente uno y después se mueren (ríe). Yo no quiero hacer cortos porque siento que nadie ve los cortos. Quiero hacer o pelis o series o cosas que la gente vea; que sean largas y muy significativas”.

Este empeño lleva con ella muchos años, incluso desde antes de que la animadora lo notara por completo. De niña estuvo rodeada por una atmósfera artística, gracias a sus padres Susana Jordán Camacho y el premiado pintor boliviano-estadounidense Keiko González. Eso la animó a empezar a dibujar desde muy pequeña, aprendiendo mucho sin darse cuenta de que le debía ese aprendizaje a crecer rodeada de pinturas. “Me gustaba mucho dibujar en el cole. Hacía cómics sobre mis profesores, más que todo”, se ríe.

En su último año en el colegio alemán Mariscal Braun de La Paz, tras una experiencia en un taller de animación, decidió aplicar a una beca para estudiar eso como carrera en la academia Baden-Württemberg  de la ciudad de Stuttgart.

“No sabía qué hacer. Quería hacer algo con arte o con literatura o con cine… No sabía que existía la carrera de animación. ¿A quién se le va a a ocurrir? Sobre todo en Bolivia”, dice  pensando en 2012.

Ya era perfecto desde entonces. La animación en su vida siempre ha sido una forma de mezclar la literatura, el dibujo y el cine; es su manera de encontrar qué es lo suyo en el mundo del arte, sin la presión que significa el trabajo de su padre.

Y al mismo tiempo, es una chance como ninguna para poder inventar ficción. “Aquí es donde puedo contar historias, porque lo que a mí más me apasiona es contarlas”, se emociona.

PROFESIONAL. Tras terminar el colegio, González fue a estudiar animación en una academia especializada en Alemania hasta 2019. Foto: Matisse González

Cosas del destino

A Matisse González le fascina trabajar con un dibujo que se mueve. Puede jugar con su desplazamiento, con su fluidez, incluso con el ritmo en general. Mediante el lenguaje cinematográfico puede crear un mundo. “Y te mueves a través de él”.

La paceña es quien decide los límites que tendrán estas historias, pues siempre tienen algo de ella misma. Era solo una roca, de hecho, es un relato bastante personal, que desde Alemania extraña Bolivia y quería jugar con la nostalgia de dejar el hogar para perseguir un sueño, justamente lo que ella hizo cuando eligió convertirse en una animadora.

“No sé qué habré dicho (en el pitch de presentación a Cartoon Network), pero luego me hicieron saber que lo que les gustó era que este era un concepto nuevo que nunca habían visto. Era tan original que trajo un poco de miedo porque no sabían cómo hacer que esto le vaya al ADN de Cartoon, que vaya con lo que el canal generalmente muestra”, relata González.

El corto ya se encuentra en su pasado. Puede o no convertirse en una serie a futuro y eso, según la gente de Cartoon Network, nunca se sabe.

Hay series que se aprueban con base en sus posibles fanáticos y otras que grandes directores miran y resaltan, forzando a la cadena a darles una oportunidad. Ya les sucedió antes con comentarios de Guillermo del Toro.

“Me dijeron: ‘No hay fórmula. No hay nada que lo haga convertirse en una serie o no. Esas son cosas del destino’”.

No importa. Ella simplemente está sorprendida con la buena recepción del público a su corto y, más que nada, contenta de que sus temáticas de soledad y aislamiento hayan sido tan bien asimiladas.

“Me daba miedo que no se entienda la parte más simbólica, pero muchos lo hicieron. Sobre todo con la pandemia, muchos pueden verse en todo esto de la soledad y el aburrimiento y eso me pareció muy genial. Estoy muy feliz”.

El universo de Matisse González

Foto: Matisse González

Foto: Matisse González

TÉCNICA. A González le gusta trabajar con caricaturas 2D dibujadas en PC y stop motion de plastilina

Foto: Matisse González

Foto: Matisse González

Los nuevos desafíos

Animadora en 2D, sus producciones también incluyen la técnica stop motion, realizada con plastilina. Ambas se pueden apreciar en sus cortos previos Gravedad (2019) y Planeta de Queso (2015).

“Me ha debido tomar unos dos o tres meses escribir el guion de Era solo una roca que se parecía a alguien. Después hice lo que se llama un animatic, donde dibujé lo que iba a pasar. Se hace como un videíto con dibujos sencillos, es como un borrador. Así puedes imaginarte más o menos cómo va a ser el humor, la historia, qué funciona, qué no funciona”, explica.

El momento más importante de una animación es el animatic, enfatiza González, por lo tanto está bien tardar en esta etapa. Solo hacer el que después se transformaría en Era solo una roca duró como cinco meses en los que ella definía la historia y Cartoon Network coordinaba  para hacer alguno que otro ajuste.

“Una vez que tienes eso listo, empiezas a hacer los diseños de fondo, de personajes, de props (cosas que usarán los personajes) y cómo se moverán cada uno de estos elementos”.

Con todo eso terminado, se procede a la animación, se agregan sonidos y música hasta que se completa la posproducción.

Entre chiste y chiste, Era solo una roca… estuvo completado tras un año de trabajo.

Ahora González se alista para repetir todo el proceso con Condenaditos, una película cuya protagonista será Kiki, la miembro más joven de una familia maldecida, pues cada miembro está condenado a sufrir una tragedia arruinavidas.

Coproducida junto a su prima Yashira Jordán, directora y guionista, que forma parte de la generación 2007 del Berlinale Talent del Festival de Cine de Berlín; la historia tomará algunos elementos de la novela de Junot Díaz La maravillosa breve vida de Óscar Wao y los juntará con algunas memorias de la familia de ambas.

“Kiki ve cómo todos sus tíos y primos están en este estado de no poder vivir sus vidas por la injusticia de la maldición y quiere romperla. Así que va conociéndola mejor hablando con cada familiar”.

González solo espera poder conseguir suficientes fondos que, a diferencia de Era solo una roca, le permitan vivir de su arte mientras se dedica tiempo completo a este nuevo proyecto, un paso más en su sueño de ser una reconocida animadora.

Si bien más de un millón de euros son necesarios para hacer el filme, por ahora la ilustradora se conforma con pitchear el concepto por Europa y América. Si logra financiar la realización del guion, podrá centrarse en, pasito a pasito, ir llegando a la meta.

“¿Por qué me hago esto a mí misma?, ¿por qué me odio?”, bromea González ante esa perspectiva. Pero está contenta de poder dedicarse a algo donde pone su alma y su imaginación.

“Quiero hacer pelis, para poder hacer más pelis”, declara entre seria y alegre.

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Psicólogos al rescate: el golpe del COVID-19

La salud mental de la población se ha visto atacada por la pandemia y el confinamiento. Los profesionales, a través de teleconsultas, también han dado batalla en este flanco

Por María José Richter

/ 3 de marzo de 2021 / 11:42

Miedo, culpa y amenaza son palabras que, durante estos meses, fueron conformando una sola isotopía: enfermedad. Otras, como encierro, pandemia, distanciamiento, incertidumbre y espera, se fueron inscribiendo en esta agrupación semántica que quedará marcada en la historia. Un periodo en el que no solo la salud física se vio muy afectada, sino también la salud mental, el reverso de esta totalidad.

En ese frente estuvieron los psicólogos para contener los efectos provocados por el duelo, el aislamiento, la pérdida de ingresos económicos, el miedo y otras sensaciones y situaciones. Más allá de los síntomas propios del coronavirus, vivencias como las mencionadas han impactado en la salud mental desde aquel 22 de marzo, cuando el país cerraba sus puertas y las familias se guardaban esperando que el virus fuera una vieja historia.

Desde entonces, la pandemia del COVID-19 ha saturado los servicios de salud mental en el 93% de los países del mundo, según un estudio de la Organización Mundial de la Salud (OMS). La demanda de atención, tras varios confinamientos, pasada la primera ola de contagios y en pleno pico de la segunda, continúa en aumento, al igual que la incertidumbre que golpeó a muchas personas. La cercanía de la enfermedad y de la muerte, las reiteradas historias de sus efectos y las noticias que desde diferentes rincones llegaron a los oídos de todos, acrecentaron el impacto de la pandemia en la gente.

“Estaba segura de que ya tenía el virus antes de saber el resultado de la prueba. Me empezó a incomodar todo. Tenía miedo. Pero lo peor lo viví al terminar la enfermedad: el pánico de volver a salir”, contó una mujer de 38 años a la que atendió Marisa Peláez Somoza, psicóloga cognitiva de atención presencial y virtual.

El miedo es una constante en los testimonios de pacientes que no necesariamente estuvieron contagiados. “Me siento culpable de tener miedo y no ayudar ni siquiera a mi familia. Sé que mis padres están bien, pero me aterra saber que no estoy con ellos y que cualquier cosa les puede pasar”, expresa una estudiante de veterinaria de 22 años.

PANDEMIA. Las teleconsultas por ansiedad, temor y depresión se hicieron frecuentes. Foto: FREEPIK

El impacto del encierro

Como sucede con el Síndrome de la Cabaña (el miedo que se produce por cambiar de entorno), las personas tienen miedo a salir con “normalidad” del espacio que tanto tiempo los acogió. “Después de dar negativo dos veces no quería salir de mi casa ni para comprar pan, todo por el miedo de volver a enfermarme o pensar que algo puede pasar. Tuve que quedarme varias semanas encerrada”, compartió otra de las mujeres en su testimonio.

Estos y otros elementos se instalaron con fuerza en la mente de las personas. “Si podría armarse una generalidad, serían aspectos relacionados con las crisis de angustia, el incremento de situaciones fóbicas, las situaciones de duelo, los síntomas obsesivos relacionados al excesivo cuidado, interpretaciones paranoides recurrentes, crisis depresivas con importante ideación suicida, ataques de pánico y somatizaciones entre las manifestaciones sintomáticas más recurrentes”, cuenta Leonardo Prado, miembro asociado a la Nueva Escuela Lacaniana y psicólogo con especialidad en Clínica Psicoanalítica.

Los aspectos que afectaron la salud mental de la gente fueron analizados, sin embargo, a través de una pantalla. El confinamiento limitó la posibilidad de que los psicólogos puedan leer los gestos corporales de sus pacientes y profundizar en el tratamiento. “No se puede contar con la riqueza que ofrece una interacción real y sin intermediarios tecnológicos que suprimen muchos detalles, como el hecho de desplazarse y poner la corporalidad como parte del compromiso con el tratamiento”, expone Prado.

“Hay limitantes como la falta de contacto visual y kinestésico con las personas que son una forma de técnica psicoterapéutica: el lenguaje no verbal del cliente como el tono de voz, postura o gestos son insumos importantes para los psicoterapeutas en las sesiones”, dice Callisaya.

Foto: Freepik

Consultas a distancia

A pesar de los obstáculos, el trabajo de los psicólogos ayudó a que las personas encontraran formas de retener, por ejemplo, la ansiedad o el pánico excesivo. “Los pacientes tomaron conciencia de que tenían un cuerpo y que éste funciona en otro registro, valoraron su presencia y se adentraron a leer sus signos”, dice Prado.

En ese afán, varios profesionales se unieron para ofrecer sus servicios por la vía digital, como es el caso de la Red Médica Solidaria Covid Online, Mi médico solidario, PsicoEscucha de la Universidad Mayor de San Simón (UMSS), el equipo de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA) el Colegio de Psicólogos Cochabamba y el Servicio Departamental de Salud. La mayoría de estos grupos tienen la opción de atención gratuita. También se puede llamar a los números 69050641, 76073448, 70966054 y 69050645 del grupo de voluntarios Ángeles contra el COVID-19.

Así como la enfermedad deja secuelas físicas, también hay que ocuparse de los daños en la psique. La salud mental, más que nunca, debe ser una prioridad.

Foto: Freepik

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Don Pedro

/ 3 de marzo de 2021 / 11:38

Ch’enko total

El recuerdo más añejo que tengo de Don Pedrooo… tengo siete añitos, camino de la mano de mi mamá la calle Rosendo Gutiérrez de La Paz, llegamos a la esquina de la avenida 6 de Agosto, entonces súbitamente empiezo a volarrrrr: dos manotas seguras, fuertes me hacen dar vueltas y vueltas. Asustado miro el rostro de Don Pedro y sus bigotes de galán mexicano, miro sus músculos poderosos y vuelo, vuelo como nunca me había pasado. Mi papá no me hacía volar. Don Pedro me hacía volar mientras mi madre iba escogiendo las revistas. “¿Me da por favor Vanidades para la Cristinita, para los chicos El Gráfico, para mí Siete Días, por favor, Don Pedro?” Entonces aterrizaba, lo veía absorto desde mi pequeñez. Era un gigante, un gladiador mestizo que sonreía, siempre sonreía, acariciaba mi pelo y me regalaba un Mu mu. El abuelo Andrés había hecho llegar platita de sus derechos de autor y felices nos dábamos el lujo de comprar revistas y un par de chocolates Nestlé, unos rojitos que tenían un papel estañado que a veces servía para la camiseta de mis arqueros de tapagol. Entonces mi mamá le paga a don Pedro, como despedida me regala su más franca sonrisa y me sube a su muslo de mármol, me ata los zapatitos. “chau, Manuelito”, me da un beso sonoro en la cabeza… Lo veo despedirse. Mi héroe se queda en la esquina, en la revistería para atender al público, solo deseo volver pronto a dar vueltas y vueltas en la calesita poderosa, a volar en los brazos de Don Pedro.

A los nueve años me recuerdo de arquero, toda la semana practicábamos en el callejón los pelotazos que se venían en serio los sábados en la tarde, trancábamos la Rosendo Gutiérrez con nuestras chompas de arcos. “¡No hay paso!”, indicábamos felices, jugábamos  tres horas un fútbol bastante violento. Allí aparecía otro Don Pedro, un aguerrido defensor con muslos de acero, yo suplicaba en oraciones personales ser de su equipo; a veces me tocaba, a veces no, dependía de los que escogían ganando la última pisada. Me decían Gatti, sobre todo por mi actitud suicida. Desde el arco lo veía a Don Pedro lanzar remates certeros que me doblaban las manos, pero como era defensor mis delanteros sufrían mucho más con aquel poderoso marcador de punta izquierda. En esa época los muchachos contaban historias épicas de Don Pedro, decían que era cachascanista, el tercer Don Pedro era Cruz Diablo, contaban que  había dejado de luchar por su familia, yo soñaba con Cruz Diablo haciéndolo papilla a Blue Demon, defendiéndome de la momia… con esto más, Don Pedro era mi principal héroe de la infancia, mejor que Batman, porque además lo tenía en vivo y en directo en la esquina de la revistería.

Luego nos prohibieron trancar la calle los del Tránsito, entonces descubrimos una canchita en la avenida Arce, donde hoy es la plaza Bolivia. Le llamamos la Bronco, una cancha de a ocho, de tierra, con arquitos de madera, allí veías la peregrinación de todos los changos. Yo había cumplido 11 años, era puntero derecho, por suerte no me marcaba Don Pedro sino el Pardal, pero lo mejor era jugar en su equipo. Fueron miles de meses que jugamos con Don Pedro en la Bronco, que era nada menos la cancha del Hospital Broncopulmonar. Nuestros camerinos eran la cocina del hospital, a veces pecábamos y le dábamos un manotazo al arroz que bullía furibundo, el árbitro —que además nos alquilaba la canchita— era el Mallku, el jefe de los enfermeros, siempre de blanco impecable. Tardes heroicas en la Bronco. Jugábamos hasta que la noche nos empujaba a las casas. No olvido un sábado de aquellos: llegó un cuate de  barrio ajeno directamente a anular mis gambetas con violencia; era mayor, me daba patadas por todo lado hasta que me calenté y le di un buen empujón que lo tiró de culo. Se levantó para sacarme la mierda y entonces apareció Don Pedro, se puso en el medio, Cruz Diablo lo puteó al extraño, le dijo que aquí venimos a jugar, no a pegar. Lo sacó de la cancha y de un grito le ordenó al Mallku sacar la roja. Todo volvió a su curso porque lo teníamos a Don Pedro, el Padre del barrio, la moral de nuestra comunidad.

Era el primero en llegar a la cancha y precalentar, era el único que compartía su papaya Salvietti cuando ganaba. Dicen que su puesto cumplió 60 años, o sea que Don Pedro llegó al barrio cuando yo nacía. La revistería sigue en la esquina. Hoy está cerrada, solita, nuestro Tata Mayor, nuestro Jach’a Pedro, nuestro papá comunitario ha partido de este mundo a los 82 años. Se fue el pilar, el último que daba sentido al barrio. Don Pedro Arratia descansa ahora, nos mira desde alguna nube con sus bigotes de galán mexicano y sonríe, siempre sonríe.

Su esposa Doña Exalta, sus hijos de verdad Eli, Cruz y Wilma; sus nietos Pedro, Claudia, Gabriela, Paola, Rodrigo, Isabel, Maggy; sus bisnietos Carlos, Alejandra, Valentina, Samantha y Sofia; sus hijos adoptivos del barrio Gafo, Carlos, Germán, Chiri, Jacinto, Sevas, Paco, Andrés, Rodrigo, Felico y yo, el Manuelito, lo lloramos y oramos para que su presencia pueble siempre nuestros corazones y que sus valores de solidaridad y respeto guíen nuestro camino. 

(*) El Papirri: personaje de la Pérez, también es Manuel Monroy Chazarreta

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Don Guillermo, el creador del ‘Universo’

Pocos pueden decir que crearon el ‘Universo’. Wiener es uno de ellos. También fundó el cine más grande que haya tenido jamás Bolivia, el ‘Monumental Roby’

Guillermo Wiener

Por Ricardo Bajo H.

/ 3 de marzo de 2021 / 11:34

Don Guillermo cree en el destino “universal”, no en el fatal. Jamás pensó que el cine se iba a cruzar en su camino pero las películas —sin querer queriendo— siempre acompañaron sus mejores y peores momentos. En el barco que lo trajo de Europa a América, huyendo de los nazis desde su Viena natal, Wily pasaba clandestino de la tercera clase a la segunda porque proyectaban filmes para amenizar una dura travesía de tres semanas hacia lo desconocido. “Me trepaba por una escalerilla por el exterior del buque Oceanía que estaba destinada solo a los marineros, empotrada en el costado de la nave. Si me soltaba, caía al mar irremediablemente, luego entraba de contrabando a la sala de cine”, se acuerda hoy, ochenta años después, con una memoria de elefante.

Cuando cuatro años después, el niño Guillermo Wiener entró al poderoso Colegio Nacional Ayacucho en 1944 (estuvo ahí seis años) no se perdía ni una de las películas antinazis que se pusieron de moda tras el alineamiento del gobierno de Gualberto Villarroel con las potencias aliadas. En el Club Austriaco también disfrutaba del teatro, del Café Concert, de los musicales… Y por las mañanas, cuando tenía plata, semana de por medio, iba a las matinales —eran más baratas— del cine Roxy (que luego fue cine Manfer) y del cine París de la plaza Murillo.

Faltaban diez años todavía para que don Guillermo viajara por primera vez de La Paz a los Estados Unidos —julio de 1957— en un avión DC-4 de la Panagra con escalas en Arequipa, Lima, Ecuador, Colombia, Panamá y Miami. Cuando llegó por fin al Times Square Hotel, los cines de la Gran Manzana maravillaron al joven vienés expulsado de su país por la pesadilla nazi. “Aquella habitación con baño privado me costó tres dólares y medio”, se acuerda hoy desde su casa en la miraflorina calle Iturralde, muy cerca del estadio.

Tres años después herr Wiener fundaba el (cine) “Universo”, en un principio destinado a ser la nueva sala de los franciscanos de La Recoleta. El 29 de enero de 1960 una película con guiños a la Resistencia antinazi (no podía ser de otra manera), La historia de una monja, dirigida por Fred Zinnemann y protagonizada por Audrey Hepburn, abría el telón de la primera sala situada en un barrio popular. “Entonces, otra vez el destino se cruzó en mi vida, da la casualidad que Audrey era vestida en Estados Unidos por mi tía Edith, esposa de mi tío Víctor, los dos huyeron también de Viena pero acabaron en Nueva York vía Inglaterra. Mi tía era una hábil costurera e inventó un cuello especial muy estrecho para Hepburn, que era muy linda. Después de ese logro, siguió haciendo para ella varios vestidos y fue una clienta de por vida de mi tía Edith. Más de dos meses estuvo en cartelera La historia de una monja en matiné, tanda y noche”.

Pero la competencia —todos cines céntricos, el Monje Campero, el 6 de Agosto, el Tesla y La Paz— no se quedó tan contenta y puso antes todas las piedras posibles. Las dos películas llamadas a inaugurar el Universo tenían que ser Los diez mandamientos del gran Cecil B. DeMille con Charlton Heston y Yul Brynner y La vuelta al mundo en ochenta días de Michael Anderson, con David Niven en el papel de Phileas Fogg y Mariano Moreno “Cantinflas” haciendo de Picaporte. El productor Michael Todd inventó para este segundo filme el “cameo” y por la película pasaron celebridades como Marlene Dietrich, Buster Keaton, Frank Sinatra, Peter Lorre, Charles Boyer, John Gielgud o el torero Luis Miguel Dominguín, padre de Miguel Bosé y novio de Ava Gardner.

“Nuestros competidores, o sea los empresarios cinematográficos ya establecidos en La Paz, no se quedaron de brazos cruzados y consiguieron anular los preacuerdos que se habían logrado entre la DUP (Distribuidora Universal de Películas) que habíamos fundado dos años antes y la Warner Bros en Lima. Así, esos dos filmes se estrenaron antes de la inauguración del cine ‘Universo’”.

El entonces presidente Hernán Siles Suazo estuvo presente en la inauguración del cine Universo en 1960

Estas dos no fueron las únicas piedras contra el “Universo”. Muchos miembros de la colectividad judía paceña advirtieron a Wiener —dirigente comunitario judío pero gentil— que se había metido en un mal negocio: “La única chance de recuperar tu plata es convertir a la sala en un cine de reestrenos, en una sala popular barata, me dijeron”. Pero cuantos más obstáculos, más peleaba don Guillermo por su sueño. La DUP había sido fundada a mediados de 1958, conformada por los socios Rodolfo Berkowitz, su hermano Bernardo, un palestino/árabe llamado José H. Nijme —dueño después de los cines Tauro y Orrantia de Lima— y el propio Wiener. Tres judíos y un palestino iban a trabajar juntos codo a codo para crear el “Universo”. Semejante osadía solo podía pasar en La Paz. “El director de un periódico comunista, El Pueblo, de apellido Siñani, tituló así: “Judíos y árabes se juntaron para explotar a la ciudadanía de La Paz”, recuerda don Willy con sorna.

Nijme trajo las mejores y más cómodas butacas desde Inglaterra —“un total de 949, si no me equivoco”— gracias a un amigo suyo británico  de la época del Protectorado en Tierra Santa y el aparato de sonido llegaría directamente desde los Estados Unidos. Solo faltaba un detalle: convencer al mismísimo presidente de la República, don Hernán Siles Suazo, para acudir a la “premiere”. Dicho y hecho.

El abogado de la productora y el cine, don Carlos Galleguillos Fajardo, se “coló” una tarde en Palacio Quemado y tras tomar unos cafés con los edecanes, dejó la invitación para el presidente y sus ministros. “En esa época, hacer una cosa así era factible, eran otros tiempos. Desde ese mismo día, el ‘Universo’ se convirtió en la sala de más prestigio y éxito de toda la ciudad”, se acuerda con una sonrisa de pícaro don Guillermo en el living de su casa propia, otro sueño que persiguió y logró después de que los nazis le quitaran la suya en su Viena natal. “Desde aquella jornada yo me encargaba personalmente de mandar cortesías gratis a Siles Suazo para que viniera a ver todas nuestras películas”. De bien nacido es ser agradecido.

Wiener con su esposa Eva Berkowitz

Para entonces, la rutina de don Guillermo había cambiado. Estaba a punto de dejar de trabajar para la firma importadora de EXIMA (de harina) de don Rodolfo Berkowitz y comenzaba a codearse con los dueños de los cines de La Paz, en especial con Gerardo Lindo, el capo del mítico cine Princesa, fundado el 10 de enero de 1918 por el catalán Gabriel Camarasa. “Don Gerardo era el típico bohemio europeo, murió con 84 años y nunca le importó la plata. Me decía siempre que el dinero le servía para dos cosas: para gastarlo en la noche y para comprar películas para el Princesa y para el París”. Luego llegaría su amistad con el resto de empresarios cinematográficos: Ackermann del Tesla, el “Pollo” Guzmán del Murillo y el Mignon, la familia Soligno y doña Rosita del Scala, la saga del Monje (Santis, los hermanos Lucio y el sobrino Luis Quintela), con Renzo Cotta del 16, con don Raúl Garafulic del 6 de Agosto….

El destino cumplía, poco a poco y en silencio, su sortilegio. Las películas que persiguieron a don Guillermo a lo largo de su vida lograban su objetivo. “Me gustaba entonces tremendamente el cine pero todavía creo que no sospechaba aún que iba a convertirse en el negocio principal de mi vida adulta, seis años después me comprometí el día de mi cumpleaños, un 7 de febrero, con Eva, la hija de mi socio Bernardo Berkowitz, nacida y criada en Villamontes”.

El matrimonio feliz tuvo una hermosa luna de miel por medio Europa durante cinco semanas. Pasaron por Madrid, Londres, Roma, París, ciudades alemanas y de vuelta a Estados Unidos, periplo por Nueva York, Chicago, México y Lima. Todos menos Viena y su parque más lindo, el Prater. “Cuando tenía siete, ocho años, antes de partir al exilio de Bolivia, mi padre Bernardo me llevaba a pasear a los jardines del Prater. En plena arremetida nazi tras la ‘Noche de los Cristales Rotos’, fuimos humillados por los de la S.S, el escuadrón de seguridad del III Reich, en aquel mismo parque y nos dijeron: carguen una rama y recuerden el éxodo judío de Egipto, nunca más, a partir de ahora, los judíos podrán pisar el Prater”. A finales de los años 30, en el tren que salía de Viena con dirección al puerto italiano de Trieste rumbo a Buenos Aires, Lily, su progenitora, pronunció estas palabras: “Mi linda Viena, nunca más te volveré a ver”. Por aquellas lágrimas de madre, don Guillermo juró nunca más volver al Prater.

El premio Semilla que fue entregado a Wiener en 2015

Por el cine Universo y sus dioses de platea y “mezzanine” (Gina Lollobrigida y Charlton Heston estaban pintados a la entrada) pasaron miles de paceños y paceñas para disfrutar películas míticas que se quedaron en la retina. Incluso los viejos y aventajados alumnos del Colegio San Antonio de Padua recuerdan cómo entraban a la sala oscura por la puerta de escape del cine que daba al patio de la escuela de los Franciscanos en la avenida Pando. El planeta de los simios, Ben Hur, Espartaco de Kubrick, El Cid de Anthony Mann, la saga de Rocky y la de La guerra de las galaxias, Karate Kid y otros grandes éxitos como El patrullero 77 provocaban enormes colas hasta la plaza Alonso de Mendoza. “Mis favoritas siempre fueron las de ‘Cantinflas’ y si tuviese que elegir una para ver de nuevo sería El mundo está loco, loco, loco de 1963 de Stanley Kramer, con los Tres Chiflados o El barrendero de Cantinflas del 81. Con el mexicano cargo una frustración, siempre quise conocerlo y estuve en México dos veces para tal fin, la primera vez estaba en líos y la segunda vez don Mario se enfermó”.

El vestíbulo y la inolvidable confitería del “Universo” era el lugar ideal para aprovisionarse de “Berlinas”, turroncitos Namur y chocolates Rolo. Ninguna cantidad era suficiente para aguantar las películas de tres horas de la época. En las filas superiores de “mezzanine”, la juventud paceña “empanadeaba” en la oscuridad y presidentes como Víctor Paz Estenssoro se camuflaba por temor. “Don Víctor me hacía llamar para tener primera fila de ‘mezzanine’ pero pasados unos años siempre me pedía la última fila. No quería que nadie se sentase detrás suyo, por temor a un atentado. Con el que tuve algún problema fue con su ‘vice’, René Barrientos. Iba a pasar una película en 1964 llamada Siete días de mayo de John Frankenheimer con Burt Lancaster y Kirk Douglas, que narraba un complot de la Fuerza Aérea para tumbar al presidente de EEUU por firmar un acuerdo con la URSS. Me hicieron llamar con un primo del coronel Faustino Rico Toro, hombre fuerte del Ministerio de Gobierno. Pasé la película una mañana solo para el presidente Paz. Don Víctor me dijo: ‘Por mí, no hay problema’. Luego la exhibí para el séquito de Barrientos Ortuño, que venía de la Fuerza Aérea y acababa de ser nombrado como vicepresidente. El General salió del cine sin comentar nada y unas pocas semanas después dio el golpe. Tiempo después pude preguntarle por la película, pues aquel día no me dio su opinión y me dijo: ‘En aquel momento no era conveniente’. Pasó bastante hasta que el “Universo” pudiera proyectar Siete días de mayo, en que Ava Gardner tenía un papel secundario, la llamaban “el animal más bello del mundo”.

El mayor gusto de Wiener, sin embargo, fue exhibir El violinista en el tejado de Norman Jewison en 1971, un musical que pareciera contar la propia existencia de Wiener: la tradición, la dificultades de ser pobre, el hostigamiento antisemita, la supervivencia. “Me advirtieron que era un tema delicado, que iba a ser un fracaso de taquilla, no lo fue y estuvo casi dos meses. El otro gran placer fueron las habituales “premieres” con fines benéficos a solicitud de las esposas de los presidentes. “El dinero para iniciar la construcción de la iglesia de San Miguel en Calacoto se recaudó con la ‘premiere’ de El viejo y el marcon Spencer Tracy. El auspicio lo hizo doña Teresa Cortés de Paz Estenssoro, cobró precios muy elevados y vendió a todo el cuerpo diplomático, a los ministros y a los parlamentarios. El prestigio del ‘Universo’ estaba por las nubes”.

Wiener a sus 89 años, en su casa de Miraflores

Quince años después de la inauguración del “Universo”, Wiener dobló la apuesta: construir el cine más grande de Bolivia en una zona más popular, la Garita de Lima. El nombre era más que obvio: “Monumental” y el apellido iba a rendir tributo a su hijo, Roby, que había logrado cumplir el sueño frustrado de su padre, ser ingeniero electrónico de la UMSA, primera promoción. En octubre de 1975, Los tres mosqueteros—“una colosal superproducción llena de humor, acción y simpatía”— inauguraban por todo lo alto las 1.700 butacas, dos mil según el anuncio de prensa. Luego llegaron otros taquillazos como Tonta, tonta pero no tan tonta (1972) con la “India María” (María Elena Velasco), La niña de la mochila azul (1979)  y las películas “prohibidas” de Sanjinés. “He tratado y soy amigo de todos los cineastas bolivianos, yo estrené Mi socio en 1982. Cuando vino Jorge fue chistoso. Había estado exiliado en Perú y Ecuador por las dictaduras y era muy temeroso. Me dijo: ‘Vengo de parte de don Jorge Sanjinés, quisiera saber si se anima a pasar sus películas’. Fueron un éxito total, colas de colas, a 2,50 y 3 bolivianos, para ver Las banderas del amanecer, entre otras. Otros taquillazos fueron las añoradas Tiburón y Superman, disfrutadas siempre en familia. “La cola para ver Terminator 2en 1991 llegó hasta bien arriba, hasta la Calatayud y los revendedores hacían de lo suyo”.

Don Guillermo no es un hombre de nostalgias, como pudiera parecer. No extraña esa Bolivia con 220 cines en todo el país, 32 de ellos en La Paz. “Hace años creía que el pasado era mejor, luego comencé a leer y leer y me di cuenta de que mi idolatrado Renacimiento de Los Médici no era tan hermoso, que moría mucha gente por hambre e injusticias, que siempre combatí desde mi época de dirigente estudiantil en el Ayacucho, cuando íbamos  a apedrear a los colegios privados para que se unieran a las huelgas”. Tampoco es un coleccionista de objetos y recuerdos. “No hay que enamorarse de las cosas, porque siempre se terminan por perder”, dice con un dejo de tristeza este vienés enamorado de La Paz, un boliviano más. Tal vez, “el judío más antiguo de Bolivia”, como se autodefine, recuerde la infancia perdida en Viena y todas las cosas arrebatadas por otro “caballero” también nacido en Austria y cuyo nombre no será escrito en esta nota. Hoy el cine “Universo” es el coliseo deportivo del colegio San Antonio y el “Monumental Roby”, una galería comercial con nombre victorioso. Don Guillermo jamás ha vuelto a pisar sus dos cines queridos, incluso cuando cerró el “Universo” fue incapaz de pasar a recoger sus cosas. Su mujer Eva y sus dos hijos lo hicieron por él. Tampoco ha vuelto a pisar los jardines del Prater.

Wiener vivo, stronguista y lector

Obviamente el creador del “Universo” tenía que ser stronguista, no podía ser de otra manera. El elegante bigotito que hoy luce todavía Guillermo Wiener hace recuerdo al bigote de Vicente Arraya Castro, la Flecha Andina, el arquero del Tigre que luego jugara en Atlanta de Buenos Aires, el Bohemio de Villa Crespo. “En el Ayacucho jugábamos con pelota de trapo, la primera vez que acudí al viejo Hernando Siles fue con mi amigo José Silfen, llevaba un año de duelo por la muerte de mi padre y no podía escuchar música —tradición judía religiosa—, así que me iba a ver al Tigre para disfrutar con Arraya, con Achá y los chicos, entrenados todos por Julio Borelli Viterito. Me gustaba ver al arquero pues mi hermano Hans jugó en esa posición en el club Macabi en La Paz y luego en Bolívar Nimbles de Oruro”.

Hoy, con 89 años recién cumplidos el pasado 7 de febrero, don Guillermo gusta de leer mucho, especialmente en inglés, cuyo idioma aprendió en los años 40 en el Instituto Anglo-Americano con su director, don Jaime Álvarez Daza, como profesor (también lo era de ese idioma en el Ayacucho). En estos días de pandemia está leyendo un libro sobre los inicios de la independencia de Estados Unidos. Tiene una cuenta en Amazon y quizás su afán lector es otra venganza personal contra los nazis que impidieron a su familia cargar con la gran cantidad de libros que tenían en su casa natal de Austria. La mejor forma de fomentar un hábito es prohibirlo. En eso coincide con su viejo amigo, el librero don Werner Guttentag. Don Guillermo no solo lee, también escribe, consecuencia fatal. Tiene tres libros publicados en la editorial Cima: Recuerdos de un judío boliviano (2004), La década olvidada de Bolivia, los años 40(2005) y Bolivia, los primeros cien años de su vida (2006). “Me acuerdo de todo lo que pasó hace 40 o 50 años pero se me olvida lo que hice ayer o anteayer”, dice, “ni mi hija que es neuropsicóloga, Patricia, es capaz de explicar este fenómeno”. Don Guillermo, stronguista y lector, siempre se hace al vivo.

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Abraham Lincoln y el síndrome de Marfan

De familia humilde, vio de cerca los abusos contra los esclavos. Estudió Derecho mientras fue soldado y fue diputado por Illinois de 1834 a 1842

Abraham Lincoln

/ 3 de marzo de 2021 / 11:24

El político Abraham Lincoln nació en Hodgenville (EEUU) en 1809. De familia humilde, vio de cerca los abusos contra los esclavos. Estudió Derecho mientras fue soldado y fue diputado por Illinois de 1834 a 1842, destacándose por su oratoria y su política contraria a la esclavitud, abogando por mejores condiciones de vida.

Se mantuvo firme en su oposición a la guerra con México, lo que le costó las elecciones a senador. Se retiró de la vida política hasta 1854, cuando se volvió a tocar el tema de la esclavitud. Ganó las elecciones para la presidencia en 1861, lo que ocasionó que algunos estados del sur se declaren independientes. La guerra de secesión se tornó inevitable y Lincoln promulgó en 1863 la emancipación de los esclavos en todo el territorio de la Unión. Fue reelegido tras controlar la guerra civil, pero cinco días después fue asesinado por un actor fanático mientras asistía a una obra de teatro.

Si bien murió por heridas de arma de fuego, el político arrastró toda su vida el Síndrome de Marfan, enfermedad en que se compromete el tejido conectivo del paciente, se transmite a través de los genes, se presenta con alteración de la formación ósea. Los brazos y las piernas suelen ser desproporcionadamente largos con respecto al cuerpo, y los dedos, alargados, parecen patas de araña (aracnodactilia). Están comprometidos también el corazón, la aorta, la vista y hay deformación por la mala calidad del colágeno. No existe un tratamiento específico para esta enfermedad y solo se tratan las complicaciones de este mal.

Lincoln decía: “La mejor justicia no siempre es la mejor política”.

Dr. Aníbal Romero Sandoval En esta sección se abordan patologías relacionadas con personajes célebres

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