lunes 19 abr 2021 | Actualizado a 06:37

Piraí Vaca, en Quito

/ 10 de febrero de 2021 / 14:32

Ch’enko total

Se iniciaba el 2011, me encontraba como gestor cultural trabajando en la Embajada de Bolivia en Quito. Había un ambiente difícil de laburo, la frase “no hay presupuesto para cultura” se escuchaba siempre en las reuniones de equipo. Sin embargo, me daba maneras creativas para que Bolivia estuviese en cartelera. Entonces llega a mi correo electrónico un aviso de la Fundación Cultural Sucre (FCS), poderosa institución que operaba los principales teatros quiteños, además de elencos artísticos y festivales. El aviso decía: “Muy pronto, en mayo, Tercera Bienal Internacional de Guitarras en todos nuestros escenarios”. Me escuece el desafío, estábamos en enero, ¿le meto al asunto? “Qué put’s”, digo decidido, investigando el nombre y contacto de la directora de la Fundación y solicitando audiencia. Hago mails a cuatro guitarristas connacionales profesionales, pidiendo que manden urgente su material en físico para postular, les mando el link del evento.

Mientras espero la audiencia y organizo la primera Fiesta de Alasitas en Ecuador con la FLACSO, llega en courrier el material del guitarrista Piraí Vaca con un hermoso video, un disco pulcro, un folder con el CV repleto de links. Le comento al del escritorio del frente, un diplomático de carrera circunspecto, la idea de postular a Piraí en la audiencia con la Fundación. “Para qué vas a hacer eso, la señora es intratable, la conozco. Es en vano, además no tenemos presupuesto, la embajada no es una oficina de contratación de artistas, tienes que pagarte el taxi hasta el centro histórico, eso te cuesta unos 30 dólares, ¿y cómo volverás? ¿En taxi también? Calcula, pues”.

Quince días después llega la audiencia. Me doy maneras de llegar, salgo con una hora de anticipación, un cuate administrativo hecho al jefe de personal me pregunta dónde voy, le explico todo, sonríe como diciendo: “este gil”. Me recibe la directora en su oficina solemne ubicada en la parte trasera del hermoso Teatro Nacional Sucre, un teatro histórico. Era una señora seria, muy protocolar pregunta: “¿Qué le trae por aquí?”. “Mire doctora —le digo— pude ver que están organizando un Festival Mundial de Guitarras… ”. “La Tercera Bienal Internacional de Guitarras”, corrige rígida. “Sí —le digo—, Bolivia tiene un gran guitarrista clásico. Este es su material, quisiéramos que lo considere…” Ella mira el DVD, ingresa a su laptop Mac, revisa obsesiva, una luz azul enciende su cara, silencio tenso. “Bueno, si la Embajada de Bolivia lo postula, lo consideraremos”, dice abriendo más links. “Déjeme el material, lo revisaremos con el Consejo de la Fundación, aunque le adelanto que estamos un poco tarde”. Se para, le doy mi tarjeta, me despide dándome una mano helada.

Al salir de la oficina recojo el tríptico que anunciaba la tercera Bienal. “La primera y segunda Bienal tuvo un contenido más tradicional y clásico, pero en esta tercera queremos mostrar la versatilidad de la guitarra, con la idea de irnos a lo popular, al jazz, bossa nova, recorrer las músicas del mundo en la guitarra”. “¡Uy! —me digo— No importa, lo sustancial es que hice la gestión”, palmeo mi conciencia. Retorno a casa exhausto luego de dar vueltas y vueltas en un bus interminable. En casa reviso mejor el tríptico, “la Tercera Bienal se realizará del 17 al 22 de mayo, están confirmados el estadounidense Stanley Jordan, Fabio Zanon de Brasil y la Orquesta de Guitarras de Quito con el concertista ecuatoriano Terry Pazmiño”, comunica el impreso indicando el precio de las entradas en preventa.

Al día siguiente hago el informe escrito detallado de la gestión al Jefe de Misión. Pasan los días, llega la primera Fiesta de Alasitas en Ecuador que organizamos con los estudiantes bolivianos maestrantes de la FLACSO en su explanada; sale bien, lindo presagio del Ekekito. A principios de febrero llama la doctora de la FCS a mi celular. “Señor Monrroy —patina la erre— el consejo ha aprobado la postulación del guitarrista Piraí Vaca, le llamará el encargado de la Bienal, muchas gracias”. Cuelga. Salto de alegría. El gran guitarrista había convencido al Consejo y sus doctores. Bolivia estaría presente en semejante evento. Días después, llama el encargado de la Bienal. “Nosotros nos encargamos de todo, por favor deme los contactos con el artista”. “Le ruego poner el logo de nuestra misión en el programa”, le ruego. “Hummm, haremos lo posible”, responde en quiteño.

Todo fluye perfecto. Piraí coordina directamente con la FCS todos los detalles de su arribo, pasajes aéreos, caché, lo alojan en el hermoso Hotel Quito, con alimentación incluida. El viernes 20 de mayo de 2011 da un concierto magistral en el Teatro Nacional Sucre con full público que lo ovaciona. El sábado 21 toca el genial Stanley Jordan en el mismo escenario. El día del concierto de Piraí, aquel funcionario diplomático de carrera mira circunspecto desde palco. En el vino de honor posterior saca cientos de fotos al Embajador con el artista, me saluda con las cejas. Ahí va la foto con Piraí Vaca en el aeropuerto de Quito, el artista la puso hace unos días en su ‘face’ y motivó este recuerdito. El minibús es de la Fundación Cultural Sucre, por si acaso.

(*) El Papirri: Personaje de la Pérez, también es Manuel Monroy Chazarreta

CH’ALLA DEL CD 60 A

Nos hemos inventado esta ch’alla de mi último disco 60A porque es triste vivir sin dar conciertos, sin el afán de las tocadas; es triste estar sin el contacto con la gente

Por El Papirri

/ 14 de abril de 2021 / 13:02

CH’ENKO TOTAL

Nos hemos inventado esta ch’alla de mi último disco 60A porque es triste vivir sin dar conciertos, sin el afán de las tocadas; es triste estar sin el contacto con la gente, sin el murmullo de la butaca; es triste estar sin música en los dedos, sin letras dando vueltas la cabeza; es triste sacar todo un disco con 13 canciones y sentir que no vuelan, que creaste canciones sin alas. Nos inventamos esta ch’alla gracias a los jóvenes gestores culturales de 8B Departamento Cultural de Cochabamba. El 8B se debe a la generosidad del cantautor y guitarrista Mauricio Canedo y de su esposa, la artista audiovisual Gabriela Olivera, quienes decidieron abrir las puertas de su casa a los artistas, entonces el living y comedor hacen de pequeño teatro algunas veces, otras de set de fotos y sesiones de video, en el fondo de la casa hay pequeñas aulas; es departamento porque al inicio, hace tres años, todo transcurría en un departamento, sin embargo la pareja se animó a cambiar el departamento por una casita, está lindo, extenso, el 8B.

Decidí tocar con el mismo trío del anterior streaming, el de inicios de octubre del año pasado. El  Papirri y su trío Cochala suena sólido, Luis Mercado en la batería y percusión es un músico cabal, un artista que ve la batería como un instrumento de percusión y eso se agradece. Hugo de Lafuente es un excelente bajista, ambos estudiaron en la Escuela de Música Popular de Avellaneda (EMPA), una institución pionera del Gran Buenos Aires que forma a músicos populares. Sinceramente, en Bolivia no creo que haya músicos solo de música “culta”, todos hacemos música popular, sin embargo los Conservatorios no lo consideran y nos alejan de los centros de formación, en mi generación teníamos que estudiar teoría de la música cuatro años para recién hacer sonar algo, aunque sea una lata de aceite. La EMPA llena este vacío, los chicos agarraron sus maletas y se fueron para allá, su formación no es solo musical sino también de tecnología del sonido, están bien actualizados, ensayar con ellos es un gran alivio, tocar un enorme sostén pues ya los años pesan. Más aún porque —a la vejez viruela— me dieron ganas de tener una guitarra eléctrica, todo el mes de marzo estuve con esa idea adolescente, tomé contacto con un excelente guitarrista eléctrico, Juan Ernesto Saavedra, fue mi guía sobre las alternativas, precios, modelos, una búsqueda tensa que concluyó con la compra de una guitarra que estabaen remate, de media gama, una estilo Stratocaster medio chutita, pero bien nomás está.

En el primer ensayo, hace una semana, me emocionó tocar Un k’usillo en Nottingham con esa guitarra eléctrica, se me salieron unas lágrimas al cantar y pensar en mi hermano que está como la canción, el sonido de mi Tocai (así es la marca) salió pleno en esta canción, mis dedos buscaban sosiego y a la vez emoción, eso era lo mejor, hacer menor esfuerzo articular con resultados sonoros extendidos a diversos timbres debido a una palanquita que te lleva a cinco diferentes. Lo jodido es acostumbrarse a las cuerdas de metal, che, las cuerdas son rudas, las yemas se fríen en un sartén metálico, hay que acostumbrarse, sin llorar.

También me emocionó mucho ver mi cuadernito de canciones donde pongo las letras, estaba desabandonado, polvoriento, tenía anotaciones del concierto anterior, decía 10 de octubre de 2020, se notaba temor para cantar algunas canciones, los golpistas todavía estaban en el gobierno, los motoqueros fascistas podían lastimarnos. Hoy cantamos lo que el alma pida, por eso este concierto es una celebración, un agradecimiento a los poderes superiores que nos permiten aún cantar, una celebración a la vida, un disfrute democrático, el placer de cantar nuevas canciones en libertad y aún con salud. 

Hoy martes grabamos el concierto que se emitirá el sábado 10 y domingo 11 de abril, apóyennos llamando a la productora Amalia Canedo a los celus del artecito. Interesante ver al Papirri con su guitarra eléctrica, interesante ver un streaming con cuatro cámaras, con buen sonido y luces, interesante escuchar las nuevas canciones del disco 60 A, mezcladitas con varios hits, interesante apoyar a los artistas nashonales. Estamos vivos. Respiramos. Todavía cantamos. Estamos algo solos. Algo gordos. Bastante achacosos. Entonces, mientras se pueda: ¡bien le cascaremos con un Ch’utis!

(*) El Papirri: personaje de la Pérez, también es Manuel Monroy Chazarreta

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Carta de mi papá

Una carta de don Germán Monroy Block a su hijo el cantautor

Por El Papirri

/ 31 de marzo de 2021 / 12:46

CH’ENKO TOTAL

Querido hijo:

La última vez que estuvimos juntos tenías 26 años, yo estaba en el Hospital Obrero, enfermo, me contaste que te habían designado director del Taller de Música de la UMSA con examen de competencia estricto, me puse muy feliz por aquel logro. Siempre estoy contigo, aunque me sientas distante. Estoy pendiente de lo que haces y de lo que no haces, no es fácil la comunicación, pero me doy formas de saber de ti y —aunque no lo creas— de intervenir de alguna manera cuando veo que estás en riesgo. El año pasado me preocupaste de verdad. Tú, hijito, estabas destinado a los grandes escenarios de Segovia, al arte de la guitarra, pero te inmiscuyes demasiado en las cuestiones políticas. Sabes que nunca estuve de acuerdo con que cantaras, yo quería para ti los escenarios donde conocí a tu mamá, los grandes teatros, que interpretes la guitarra con orquestas sinfónicas. Pero bueno, yo también tengo la culpa de haberte inculcado los ideales sociales, esa preocupación por una Bolivia más justa. Es cierto, no fui un padre muy cercano, cuando eras niñito ya había irrumpido el fascismo de Barrientos en Bolivia, 20 años de dictaduras me tuvieron un tanto lejos de ustedes. Y no sabes cuánto lo siento. Y me arrepiento. Pero eran mis ideales, hijito, aquellos que nacieron en mi corazón cuando, saliendo bachiller, fui a pelear a la Guerra del Chaco. Allí, entre balas, muertes y sangre pude ver que los que combatíamos éramos los pobres, porque yo era hijo de un obrero de ferrocarril y de una hermosa ama de casa… No fue fácil agarrarse a tiros con los pilas, pero eso templó nuestro carácter, nació la visión de derrotar a un gobierno y a un estado manejado por  la rosca minero feudal, ellos no fueron a combatir por la Patria. Por eso organizamos un partido revolucionario, por eso fui ministro de Gualberto Villarroel (te mando adjunta la foto cuando fundamos la FSTMB), por eso luchamos para que no haya esclavitud indígena, para que se organicen los mineros, los obreros y defiendan sus derechos. Por eso salí urgido al exilio escapando de la horca y allí tuve la bendición de conocer a tu madre. Por eso yo no quería que tú te involucraras en los afanes políticos, quería para ti una vida más apacible, de arte, academia y teatros, pero la realidad boliviana hizo que cantaras, y que cantaras cosas peligrosas.

El año pasado te vi en el 60 Festival Internacional de Cosquín, dije: “¡ahí está!”, su abuelo lo llevó a ese escenario, porque tu abuelo, mi suegro, fue un gran luchador, pero desde las fronteras musicales, la revolución de tu abuelo Andrés Chazarreta fue intrínseca, él reivindicó al arte popular, luchaba para que sus músicos, sus bailarines, muchos de ellos quechua parlantes, artistas populares de verdad, sean aceptados como artistas en una Argentina oligárquica que les negaba los teatros. Cuando conocí a tu mamá en 1947, tu abuelo ya era un ídolo popular, pero antes le costó 15 años insistir y persistir en sus ideales musicales. Este 21 de marzo se cumplieron 100 años de que Don Andrés triunfara en Buenos Aires, en el teatro Politeama. Ese triunfo fue el triunfo del pueblo, del arte popular. Entonces, cuando cantaste en Cosquín yo creí que ibas a cantar sus canciones, y le metiste tu canción Wiphala… me hiciste preocupar de verdad, tenías que retornar a Bolivia, el fascismo había tomado el poder otra vez y te tenían en la mira, me dolía tanto cómo te insultaban y amenazaban, creo que no deberías haber cantado esa canción, hijo, deberías haber interpretado a tu abuelo y disfrutar más de aquella estadía. En fin, es cierto, juntos salimos al exilio en 1980, ahí pude ver que también eras un guerrero, saliste a trabajar con tu guitarrita nada menos que en México DF, era mi tercer exilio, estaba cansado llegando a los setenta abriles, no sabes cuánto me costó dejarte en el DF pero no pude con esa ciudad, en Lima por lo menos estaba el Chueco Céspedes y nos acompañábamos. Me sentí muy orgulloso cuando en mi cumpleaños de 1981 me mandaste cien dolarcitos como regalo.

Hijo, debes cuidarte más, ya tienes 60, trata de no meterte en política, los fascistas son terribles, no miden su odio, para colmo increíblemente La Paz les dio su apoyo. Cultiva tu arte, no bebas tanto, no fumes, el virus parece que seguirá, yo hago lo posible por protegerte, pero a veces tú remas para el otro lado. Ya has sufrido demasiado defendiendo los mismos ideales que yo tenía, pero tú eres un artista, no eres político, el político era tu hermano Germán, pero ese es un tema muy doloroso que algún día lo compartiremos en una futura carta. Bueno, traten de vacunarse pronto. Cuida de tu esposa, a quien quiero y admiro profundamente, aunque no tuve el gusto de conocerla en persona. Aliméntate mejor, toma tus medicamentos, no pienses tanto en la gente, en el público, piensa en los tuyos. Ya ves mi letra, hijito, estoy cada vez más viejito, pero no dudes que estoy contigo, que estoy presente en tus momentos felices y en los más difíciles. Nunca te lo dije: te amo, hijito. Disculpa que me haya ido cuando eras tan joven. Disculpa tantos ideales que te transmití sin querer. Disculpa a este tu padre que, si estuvo lejano, fue por la revolución. Disculpa no haber ido a las reuniones de los padres de familia de tu colegio, no llevarte a jugar al fútbol. Discúlpame, hijito. Y por favor, no repitas historias que no te pertenecen, sigue el camino de tu madre, el arte siempre te va a dar alegrías y emociones sanas. Abrígate, hace frío en La Paz.

Te besa, desde el cielo, tu papá, Germán

(*) El Papirri: Personaje de la Pérez, también es Manuel Monroy Chazarreta

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AYMARA BASIC

El Papirri

Por El Papirri

/ 17 de marzo de 2021 / 12:28

Ch’enko total

He concluido el curso de Aymara básico al cual voluntariamente me sometí indagando mi infancia junto a la cholita sorateña Hilaria Chami, mi madre adoptiva. Estaba buscando otra cosa en el internet y apareció como magia un aviso de cursos.bo ofreciendo el taller que lo coordina el Instituto Técnico de Formación Superior Intercultural Khana Marka de Oruro, Bolivia. Yo solo sabía de la lengua milenaria ciertas palabras del aymara urbano, motor de algunas de mis canciones. Todo febrero me veías de lunes a viernes durante tres horas diarias en un nudo de nervios escolar, esperando el inicio del curso vía Zoom que 24 alumnos cursamos bajo la tutela del profesor Ubaldo Morales, a quien le agradezco la paciencia. Transcribo un diálogo que me lo sé ya de memoria, es muy básico pero me hace sentir más cerca de la Pacha.

—Aski aruma, jilata.

—Aski Aruma, yatichiri.

—Kamisaki, jilata.

— Waliki, yatichiri.

—Kunasa sutimaxa, jilata?

—Nayaxa sutija Manuel. Sutimasti, yatichiri…

—Sutiñaxa Ubaldo, jilata. Kawki markatatasa, Manuel.

—La Paz markatatwa, yatichiri Ubaldo, jumasti kawki markatatasa…

—Nayaxa Oruro markatatwa…

—Jisa, jisa…

—Kunsa lurta, jilata Manuel…

—Nayaxa irnaqtwa, yatichiri.

—Kawkina irnaqta…

— Nayaxa yateqaña utana irnaqtwa. Jumasti?

—Nayaxa aymara yatichirithwa, yatiqaña utana irnaqthwa. Qhawqa maranitasa…

—Nayaxa suxta tunka maranitwa. Jumasti, qhawka maranitasa, yatichitri…

—Nayaxa pisqa tunka maranitwa, Manuel…

— Ahh, jiwasa jach’a tatawa…

—Jumaxa kuna phaxsisa yurta…

—Nayaxa sataqallta phaxsi yurtwa. Jumasti?

—Nayaxa marat’aqa phaxsi yurtwa.

—Waliki, waliki. Nayaxa tunka kimsakallkuni uru sataqallta paxi waranwa llatunka pataka suxta tunka mara turtwa, yatichciri.

—Uhhh, bien alaraco… jisa. Jilata, kuna samisa akaxa…

—Ukaxa ch’iyara wa q’illu samiwa, jiwasawa tigre campeón, pues.

—Ay, tatay. Janiwa, janiwtikithi, Oruro Royal campeón wa. Ya, ya qharuru kama, jilata.

—Yuspayarpama, yatichiri Ubaldo.

El aymara es un idioma muy difícil, me pareció más difícil que el idioma japonés que estudié durante cinco meses en 1990 en el Ryo Gakusei Kaikan de la Universidad de Kyushu, Fukuoka, Japan. Este diálogo debí aprenderlo en 1ro básico, pero no, en la época y en la ciudad, lo aymara era de indios, era marginal. La educación eurocéntrica y pseudo yankee que nos dieron nos negó la posibilidad de hablar fluidamente esta lengua que debió ser nuestra lengua materna pues La Paz fue, es y será siempre territorio aymara. Es verdad, fui uno de los más chacritas, la mayoría de mis compañeros tenían apellidos de origen aymara, aprendían más rápido, interesante era cuando contestaban la pregunta sobre ocupación, respondían servidor público en español. Con mucho esfuerzo logré tener una nota de 86 sobre 100, solventada aún más por la canción que canté la última clase con mi guitarrita y de la que ¡por fin! ahora entiendo la letra. El gran día ha llegado:  Uka jach’a uru, jutaskiwa/ Amuyasipxañani jutaskiwa/ Taqpachani llakinakasti/ uka jacha uru jutaskiwa/ tatanaka mamanaka amuyasipxañani jutaskiwa/ wawanaka waynanaka/ uka jacha uru jutaskiwa. ¡¡Jallalla Kollasuyu Marka!!

(*) El Papirr: personaje de la Pérez, también es Manuel Monroy Chazarreta

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Don Pedro

/ 3 de marzo de 2021 / 11:38

Ch’enko total

El recuerdo más añejo que tengo de Don Pedrooo… tengo siete añitos, camino de la mano de mi mamá la calle Rosendo Gutiérrez de La Paz, llegamos a la esquina de la avenida 6 de Agosto, entonces súbitamente empiezo a volarrrrr: dos manotas seguras, fuertes me hacen dar vueltas y vueltas. Asustado miro el rostro de Don Pedro y sus bigotes de galán mexicano, miro sus músculos poderosos y vuelo, vuelo como nunca me había pasado. Mi papá no me hacía volar. Don Pedro me hacía volar mientras mi madre iba escogiendo las revistas. “¿Me da por favor Vanidades para la Cristinita, para los chicos El Gráfico, para mí Siete Días, por favor, Don Pedro?” Entonces aterrizaba, lo veía absorto desde mi pequeñez. Era un gigante, un gladiador mestizo que sonreía, siempre sonreía, acariciaba mi pelo y me regalaba un Mu mu. El abuelo Andrés había hecho llegar platita de sus derechos de autor y felices nos dábamos el lujo de comprar revistas y un par de chocolates Nestlé, unos rojitos que tenían un papel estañado que a veces servía para la camiseta de mis arqueros de tapagol. Entonces mi mamá le paga a don Pedro, como despedida me regala su más franca sonrisa y me sube a su muslo de mármol, me ata los zapatitos. “chau, Manuelito”, me da un beso sonoro en la cabeza… Lo veo despedirse. Mi héroe se queda en la esquina, en la revistería para atender al público, solo deseo volver pronto a dar vueltas y vueltas en la calesita poderosa, a volar en los brazos de Don Pedro.

A los nueve años me recuerdo de arquero, toda la semana practicábamos en el callejón los pelotazos que se venían en serio los sábados en la tarde, trancábamos la Rosendo Gutiérrez con nuestras chompas de arcos. “¡No hay paso!”, indicábamos felices, jugábamos  tres horas un fútbol bastante violento. Allí aparecía otro Don Pedro, un aguerrido defensor con muslos de acero, yo suplicaba en oraciones personales ser de su equipo; a veces me tocaba, a veces no, dependía de los que escogían ganando la última pisada. Me decían Gatti, sobre todo por mi actitud suicida. Desde el arco lo veía a Don Pedro lanzar remates certeros que me doblaban las manos, pero como era defensor mis delanteros sufrían mucho más con aquel poderoso marcador de punta izquierda. En esa época los muchachos contaban historias épicas de Don Pedro, decían que era cachascanista, el tercer Don Pedro era Cruz Diablo, contaban que  había dejado de luchar por su familia, yo soñaba con Cruz Diablo haciéndolo papilla a Blue Demon, defendiéndome de la momia… con esto más, Don Pedro era mi principal héroe de la infancia, mejor que Batman, porque además lo tenía en vivo y en directo en la esquina de la revistería.

Luego nos prohibieron trancar la calle los del Tránsito, entonces descubrimos una canchita en la avenida Arce, donde hoy es la plaza Bolivia. Le llamamos la Bronco, una cancha de a ocho, de tierra, con arquitos de madera, allí veías la peregrinación de todos los changos. Yo había cumplido 11 años, era puntero derecho, por suerte no me marcaba Don Pedro sino el Pardal, pero lo mejor era jugar en su equipo. Fueron miles de meses que jugamos con Don Pedro en la Bronco, que era nada menos la cancha del Hospital Broncopulmonar. Nuestros camerinos eran la cocina del hospital, a veces pecábamos y le dábamos un manotazo al arroz que bullía furibundo, el árbitro —que además nos alquilaba la canchita— era el Mallku, el jefe de los enfermeros, siempre de blanco impecable. Tardes heroicas en la Bronco. Jugábamos hasta que la noche nos empujaba a las casas. No olvido un sábado de aquellos: llegó un cuate de  barrio ajeno directamente a anular mis gambetas con violencia; era mayor, me daba patadas por todo lado hasta que me calenté y le di un buen empujón que lo tiró de culo. Se levantó para sacarme la mierda y entonces apareció Don Pedro, se puso en el medio, Cruz Diablo lo puteó al extraño, le dijo que aquí venimos a jugar, no a pegar. Lo sacó de la cancha y de un grito le ordenó al Mallku sacar la roja. Todo volvió a su curso porque lo teníamos a Don Pedro, el Padre del barrio, la moral de nuestra comunidad.

Era el primero en llegar a la cancha y precalentar, era el único que compartía su papaya Salvietti cuando ganaba. Dicen que su puesto cumplió 60 años, o sea que Don Pedro llegó al barrio cuando yo nacía. La revistería sigue en la esquina. Hoy está cerrada, solita, nuestro Tata Mayor, nuestro Jach’a Pedro, nuestro papá comunitario ha partido de este mundo a los 82 años. Se fue el pilar, el último que daba sentido al barrio. Don Pedro Arratia descansa ahora, nos mira desde alguna nube con sus bigotes de galán mexicano y sonríe, siempre sonríe.

Su esposa Doña Exalta, sus hijos de verdad Eli, Cruz y Wilma; sus nietos Pedro, Claudia, Gabriela, Paola, Rodrigo, Isabel, Maggy; sus bisnietos Carlos, Alejandra, Valentina, Samantha y Sofia; sus hijos adoptivos del barrio Gafo, Carlos, Germán, Chiri, Jacinto, Sevas, Paco, Andrés, Rodrigo, Felico y yo, el Manuelito, lo lloramos y oramos para que su presencia pueble siempre nuestros corazones y que sus valores de solidaridad y respeto guíen nuestro camino. 

(*) El Papirri: personaje de la Pérez, también es Manuel Monroy Chazarreta

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Chiquinha

/ 27 de enero de 2021 / 09:27

Ch’enko total

Está difícil escribir hoy, amigos queridos sucumben cada día por este virus cabrón. Por eso, mejor recordar. Recordar a los pioneros de la canción latinoamericana. Buena idea. Es cierto que los géneros musicales como el minué, el vals, el chotis, la polka eran cultivados en estas tierras con la llegada de los europeos. Sin embargo, por 1850 llegan los encontronazos musicales interculturales y nacen géneros propios en nuestro territorio, especies mestizas que nutrirían el cancionero latinoamericano. Un hermoso ejemplo es el de Francisca de Gonzaga, Chiquinha (1847- 1935), carioca de luz propia, hija de un general del ejército imperial brasileño, heredera de tierras y esclavos, tocaba en su piano, como muchacha decente, minuetos, polkas y rondós que salían de sus deditos virtuosos en los atardeceres plácidos, mientras su madre seguramente cosía y tomaba té con las amigas. De pronto, la joven se complica la vida, comienza a escuchar y a mirar los barrios populares poblados de afrobrasileños, observan sus ojos hermosos los ritmos y melodías nacidas de esos poblados: eran muy interesantes… Observan sus ojos curiosos los abusos de la esclavitud colonial: eran muy dolorosos.

Chiquinha es obligada a casarse con un militar, tiene tres hijos, su carácter rebelde enoja a la sociedad colonial. Allá por 1870, con 22 años, invita a algunos músicos negros y mulatos a poblar el patio del fondo de la casona, a ocultitas empieza a formar ruedas de música con los músicos de las favelas. A Chiquinha le fascinó la concepción melódica rítmica de estas músicas, las cadencias cromáticas, así como también sus armonías inusuales. En 1877 compone en estos Rodos de Choro (Ruedos de lloro), una polka extraña, pero: ¿era una polka? La bautiza como Atraente, los músicos arrastraban la melodía, jugaban con los instrumentos, latía la sensualidad afro, circulaba la caipirinha. Un lúcido editor imprime la partitura que empieza a invadir los salones coloniales, los bares, las fiestas, los rodos de esclavos, en fin, sonaba un nuevo género: el choro. El choro había sido alguna vez una polka pero ya no era polka, era un género nuevo, mestizo, mulato, creado esta vez por una niña blancona. El padre y el marido contratan niños esclavos para que quemen las partituras de Atraentepero la música ya había invadido el alma de la brasileñidad.

El choro fue un encuentro de saberes, lo menos esperado por la sociedad imperial. Además era creación de una joven mujer de la corte que es expulsada de la familia patriarcal. Francisca de Gonzaga debe mantener ahora a sus hijos con clases de piano, vive en una pensión, prueba y afina pianos en las tiendas, esa mujer despreciada por la sociedad patriarcal y esclavista es la pionera de la canción latinoamericana, y no solo eso, poblada de rebeldías se enamora de nuevo y vuelve a separarse de un amor infiel, vende partituras de casa en casa para poder comprar la libertad de su flautista, un negro hermoso y virtuoso llamado Ze, antecedente del gran Pixinguinha. Es militante de la abolición de la esclavitud negra que por fin triunfa en 1888.

Chiquinha decide probar suerte en Portugal, vive en Europa algunos años, compone más de dos mil canciones, choros, chorinhos, maxixes, lundus… Dirige orquestas populares, es creadora de operetas, obras de teatro y, para rematar la cosa, a los 52 años se enamora de uno de sus músicos, un joven de 17 años a quien decide adoptar para tapar ese amor prohibido. Feminista, antiesclavista, primera compositora del Brasil contemporáneo, todo un personaje, muere a los 83 años poblada de éxitos, pero no de fortuna, pues la industria musical brasileña recién nacía.

Si uno analiza la partitura de Atraente analiza el espíritu del Brasil antropofágico, el ahora choro incorpora forma e intenciones de la polka pero se fecunda en la sensualidad rítmica  y en la alegría triste del pueblo africano traído en redes a tierras sudamericanas. Nuestro homenaje sentido a esta mujer valiente. La brasileñidad, en la segunda mitad del siglo XX, le reconoce sus méritos, crea líneas de investigación, editoriales, ensambles y sellos musicales sobre su obra y hasta  realiza telenovelas en su honor. Nada es suficiente para honrar esta vida valiente poblada de sufrimientos y tropezones que florece en creaciones musicales, hoy patrimonio musical de nuestro continente. Esito sería. Hey dicho.

(*) EL PAPIRRI: Personaje de la Pérez, también es Manuel Monroy Chazarreta

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