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Godzilla vs. Kong

HISTORIA. El mono gigante de la Isla Calavera y el monstruo japonés tienen larga data en el celuloide

/ 14 de abril de 2021 / 13:05

Los dos míticos y gigantes seres se enfrentan —otra vez— en un espectáculo sin sentido de CGI y luces. El crítico de cine Pedro Susz escribe sobre la cinta

El confinamiento obligatorio de los espectadores, a lo largo de un año y algo, a consecuencia de la pandemia del COVID-19, dejó a muchos de ellos ansiosos por regresar a una sala para ver cine como se debe, y la paralela premura de las productoras para poner en circulación megaproducciones de altísimo presupuesto encajonadas en proyecto, a medio hacer, o totalmente acabadas, parecieran haber abonado el terreno para que Godzilla vs. Kong  el más reciente cometido de la otra pandemia, fílmica esta última: la de las sagas plagadas de efectos especiales y sus inacabables secuelas, precuelas y otras ramificaciones, se convierta en el fenómeno de taquilla codiciado por la sociedad Warner Bros/Legendary Entertainment, propietarias de la franquicia MonsterVerse, la cual conjuntó las dos figuras míticas del cine de monstruos, que vuelven a enfrentarse por cuarta vez, en la ocasión con un presupuesto de 160 millones de dólares.

 El gigantesco simio King Kong, habitante de la Isla Calavera, había asomado por primera vez en las pantallas en 1933 en la película dirigida por Carl Denham, convirtiéndose pronto en un ícono de la cultura popular cebada por la industria del entretenimiento que le exprimió el jugo desde entonces con más de media docena de remakes, amén de algunas series para televisión, libros, comics y, por supuesto, videojuegos.

Por su parte Godzilla, es un kaiju (bestia extraña o monstruo en japonés), que cuenta también con una larga historia desde que en 1954 el director Ishiro Honda rodó la primera cinta abocada a esa suerte de enorme dinosaurio mutante cuya figura fue imaginada por el realizador como una alusión metafórica a la devastación nuclear sufrida por el país asiático sobre el final de la Segunda Guerra Mundial. De allí en más apareció en 33 películas japonesas y tres made in USA, habiendo pasado a convertirse en el referente por excelencia del imaginario colectivo de su país de origen, donde adquirió la dimensión simbólica del antihéroe indestructible que lo pone a buen resguardo del caos, la devastación y la contaminación por culturas ajenas a la nipona.

Si bien ya en 1962 los dos monstruos prehistóricos habían coincidido en King Kong vs. Godzilla, producción japonesa dirigida por el mismo Honda, ambos ejemplares se toparon de verdad por primera vez en Godzilla (Gareth Edwards/2014), se reencontraron en Kong: La Isla Calavera (Jordan Vogt/2017), más tarde en Godzilla: El Rey de los Monstruos(Michael Dougherty/2019).

La tesis transversal de MonsterVerse es que hace millones de años especies gigantes, anteriores a la de los dinosaurios, poblaron la superficie terráquea alimentándose de la radiación sobrante del Big Bang y cuando ésta comenzó a escasear se refugiaron a hibernar en la Tierra Hueca, hasta que los sapiens y su voracidad depredadora los despertaron con explosiones nucleares, la minería intensiva y otros despropósitos similares. Tal supuesto se puso en circulación en la referida franquicia impregnado de un sesgo, por decir ideológico, de acuerdo al cual no es que los kaiju detesten a los humanos, a quienes por consiguiente no desean hacer daño —si bien en alguna oportunidad engullen algunos—. Son tan solo criaturas cuyo instinto los lanza a pelear por el territorio. Y si nosotros no hubiésemos devastado sin medida al globo, habrían seguido hibernando, acunados por fábulas y leyendas, sin sentirse impulsados a despedazar cuanto encuentran a su paso.

Dicho de otro modo, para recubrir de un barniz de significación a emprendimientos que no apuntan sino a sumar millones explotando a fondo las posibilidades de la animación virtual, la saga cuyo cuarto episodio nos cae ahora encima, finge estar molesta con las agresiones ambientales causantes del cambio climático y otras averías provocadas por los sapiens después de apropiarse de un planeta que pertenecía a los titanes.

En la ocasión, tal estrategia de encubrimiento de sus reales objetivos pasa por desparramar a lo largo de la trama livianas y fugaces alusiones a varios temas de candente actualidad, tales como el debate en torno a las alocadas tesis de la filosofía trans/poshumanista; las divagaciones fantasiosas  de varios de los heraldos de la Inteligencia Artificial; los dispositivos activados por las megacorporaciones administradoras de redes y plataformas, puntas de lanza de la mundialización del capitalismo informático, para colonizar las conciencias; y hasta las advertencias de los movimientos ecologistas a propósito de los horrores por venir, algunos ya vinieron, si la soberbia antropocéntrica continúa alimentando la idea de que los humanos poseen el derecho de seguir explotando a su gusto y sabor la tierra entera.

Sin embargo, pronto queda al descubierto que si algo sobra en Godzilla vs. Kongson los acartonados personajes humanos, algunos de ellos heredados de los eslabones previos de la cadena, otros, nuevos, metidos con fórceps dejando la impresión de que solo se trataba de agregar al listado de intérpretes algunos nombres con cierto prestigio: Millie Bobby Brown, una “estrella centennial” fabricada por las redes o Alexander Skarsgård para el caso, sin que su inclusión en el elenco actoral atienda a ninguna necesidad dramática o a la intención de densificar narrativamente la historia.

Ésta ilustra, mediante el atosigante uso de la técnica denominada Computer Generated Imaging (CGI), o imagen generada por computadora, un deslavado guion, que de acuerdo al criterio expresado en algunas opiniones acerca de la película de Adam Wingard —quien se resigna a ilustrar de modo asimismo falto de toda inspiración ese, en el mejor de los casos, boceto argumental— ameritaría que Eric Pearson y Max Borenstein sus autores fuesen de inmediato dados de baja del sindicato de guionistas.

En la Isla Calavera, habitáculo eterno de Kong, trabaja hace tiempo Ilene, una investigadora dedicada a estudiar el comportamiento del mono, mientras cría a su hija adoptiva Jia, niña sordomuda, única superviviente de los moradores originales del lugar, quien se comunica con aquél mediante el lenguaje de señas, entablando una relación supuestamente apuntada a aportar siquiera una gotas de emoción a la historia. Paralelamente en algún lugar de los Estados Unidos Madison, especialista en informática, ve aumentar día a día sus sospechas acerca de que la empresa cibernética Monarch anda en algo muy turbio, según las pistas que le proporciona su colega infiltrado, bajo el disfraz de empleado de limpieza.

Parece poco creíble que tamaña megacorporación tecnológica, capaz de construir naves habilitadas para llegar hasta el mismo centro de la tierra, no pueda detectar un audio dudoso en internet, ni identificar a su autor, pero ese ejemplo, podrían mencionarse varios otros, desnuda que la credibilidad, o la coherencia, no son algo que les hubiese importado un comino a los libretistas, ni al director. Como tampoco si el humor con el cual quieren aderezar algunas escenas funciona o resultaba pertinente. Menos todavía si las afanosas idas y venidas de los, anotamos, estereotipados personajes humanos conducen hacia algún lugar, dramáticamente digo.

A quienes les satisface la idea de que un pugilato tras otro entre los dos monumentales aspirantes a rey de los titanes en medio de un ruido ensordecedor y de un juego de luces enceguecedor, demoliendo, como mero efecto colateral, ciudades enteras y pisoteando a los miles de aterrados habitantes en su intento de huir —como ya sucedía en la versión de 1954, pero entonces con el arriba colacionado sentido alegórico, o sea con algún sentido—, constituyen suficiente motivo de entretenimiento o diversión podrá antojárseles que Godzilla vs. Kongamerita una pronta, segura, secuela. Conmigo no cuenten.

FICHA TÉCNICA

Título original: Godzilla vs. Kong

Dirección: Adam Wingard

Guion: Eric Pearson,  Max Borenstein – Historia:Terry Rossio, Michael Dougherty,  Zach Shields

Fotografía: Ben Seresin

Montaje: Josh Schaeffer

Diseño: Tom Hammock, Owen Paterson

Arte: Bill Booth, Dawn Swiderski, Mitch Cass, Andres Cubillan

Música: Junkie XL (Tom Holkenborg)

Efectos: Chris Apeles, Shane Bailey, Chris Brenczewski, Adam Avery, Katie Barker

Producción: Jay Ashenfelter, Yoshimitsu Banno, Shauna Bryan, Chen On Chu, Jennifer Conroy

Intérpretes: Alexander Skarsgård, Millie Bobby Brown, Rebecca Hall, Brian Tyree Henry, Shun Oguri, Eiza González, Julian Dennison, Lance Reddick, Kyle Chandler, Demián Bichir, Kaylee Hottle, Hakeem– EEUU/2021

LASTESIS: Un feminismo desde lo colectivo y la performance

'El violador eres tú', pieza performática creada por el colectivo feminista chileno, hizo carne en mujeres de todo el globo

LASTESIS. Dafne Valdés, Sibila Sotomayor, Lea Cáceres y Paula Cometa son las integrantes

Por Claudia Fernández

/ 26 de julio de 2021 / 19:18

Yla culpa no era mía, ni dónde estaba, ni cómo vestía. El violador eras tú”, dice el verso más cantado en España, México, Turquía, Argentina, Chile y Bolivia de la performance creada por LASTESIS, un colectivo feminista fundado por cuatro jóvenes y reconocido por la revista Time como una de las 100 personalidades más influyentes de 2020, aunque la nominación resulta ser un detalle más en medio de una compleja lucha contra el patriarcado. Dafne Valdés, Paula Cometa, Sibila Sotomayor y Lea Cáceres, nacidas en Valparaíso (Chile) y a favor del enfoque interseccional, apuestan por un diálogo entre las tesis feministas y las manifestaciones artísticas como reivindicación de las mujeres y la comunidad LGTBIQ+. Y ahora quieren Quemar el Miedo.

—¿Cómo ven el movimiento feminista en Latinoamérica en un contexto de crisis sanitaria muy distinto a 2019 cuando, por ejemplo, las plazas eran espacios de lucha, de protesta?

—Está activo, aunque con la pandemia las prioridades van cambiando. La violencia doméstica ha sido un tema muy importante durante este tiempo; el confinamiento finalmente hace evidenciar aún más las formas de violencia contra las mujeres, infancia y personas de las disidencias. Así que hay luchas importantes y que en cuanto se pueda recuperar las calles van a florecer temas como el aborto, mientras tanto América Latina tiene que estar observando y constantemente  poniendo en su lugar a los agentes que finalmente resultan ser quienes proporcionan la violencia; visibilizando las prioridades que no son ni de derecha ni de izquierda, y construyendo las relaciones entre colectivas feministas, transfeministas latinoamericanas con organizaciones africanas, afrodescendientes, europeas y asiáticas que son importantes. Así que tenemos que estar despiertes, atentes y listes para reactivarnos.

—Ustedes incentivan a la acción en la lucha feminista. ¿Cómo hacerlo?

—Nosotras creemos mucho en el “hágalo usted misme” desde las herramientas que tenga, que pueden no ser muchas: no tienen que ser académicas, no tienen por qué tener un grado en arte, teatro o en lo que sea, sino que en verdad teniendo un cuerpo, son muchas las cosas que podemos hacer. Por ejemplo, nuestros vínculos con lo musical son absolutamente autodidactas, no nos dedicamos a la música, sin embargo desde que empezamos a trabajar en 2018 nos daba la sensación de que era muy necesario que tuviera un ritmo. Hay muchas cosas que se pueden hacer solo con el ímpetu y sin temor de nada. También creemos que ese activismo está en el cotidiano: en el cómo nos relacionamos con nuestra familia, cómo entendemos la construcción familiar, cómo comprendemos otros posibles vínculos de distinta filiación que no pasa por lo sanguíneo ni lo sexo afectivo; como también en lo laboral, este  activismo en el cotidiano como cuando voy caminando por la calle. Creemos que hay que estar todo el tiempo operando, lo que es un ejercicio bastante agotador, pero en ese sentido la lucha feminista es constante. Y en el contexto latinoamericano el diálogo entre el arte y el activismo, o sea, el artivismo, es algo muy potente y que a veces en los países del Norte no está instalado de la manera en que está aquí, de la manera en la que está en Chile, Argentina, Bolivia o Perú. Además, en nuestra lucha nos ha hecho sentido el diálogo con las personas de la disidencia del sistema sexo-género, con quienes compartimos tantas opresiones y creemos que tenemos muchos puntos en común en nuestra lucha y que juntes somos más fuertes.

La letra y la coreografía de Un violador en tu camino parecen sencillas, pero por detrás hubo un trabajo de investigación basado en el libro Calibán y la bruja de Silvia Federici. ¿En el camino que eligieron, por qué el cuerpo se convierte en uno de los protagonistas de la lucha feminista?

El cuerpo es el primer territorio que habitamos, y en el caso de mujeres y personas de las disidencias hay un tema de cómo el cuerpo se transforma en un territorio de opresión; un territorio de violencia que nos atraviesan en múltiples ámbitos que no tienen que ver solamente con las personas gestantes o con capacidad de gestar. Nos parece importante esa reivindicación; cuerpo como territorio y esa reapropiación como una herramienta de lucha y de resistencia. Además, eso se vincula directamente con esta creencia que tenemos en el potencial transformador de la performance, cuyo sustento, ya sea artístico o cultural, es el cuerpo. A lo largo de la historia hemos visto cómo las luchas muchas veces parten desde ese territorio oprimido, parten de ese lugar y el tema de vincular la performance con los feminismos o transfeminismos tiene que ver con eso, con esa potencia política que conlleva la apropiación del cuerpo que no es cualquier cosa como pareciera, como algo evidente, pero en verdad creemos que no, que ahí hay una vuelta importante, una lucha de muchos años pero que sigue en la actualidad.

—Son varias las manifestaciones artísticas que realizaron pero Un violador en tu camino reflejó un salto generacional; hubo adultas mayores cantando y realizando la coreografía en diferentes países. ¿Este salto fue buscado?

—Cuando generamos la intervención y definimos la coreografía, intentamos que fuera muy sencilla pensando en que una gran mayoría de personas pudiera ejecutar estos movimientos, eso era muy importante para nosotras. Y que los movimientos y la letra generarán una alianza, no una dicotomía, no una separación, sino que dialogarán. Y lo que sucedió con LASTESIS senior, personas mayores de 40 años, de alguna manera corroboró esa premisa. Era impactante lo que aquello significó, y lo mismo con este efecto sanador de la performance, con ese momento en el cual una misma apunta hacia afuera, algo sucede en torno a su experiencia de violencia sexual y que también fue algo que descubrimos cuando hicimos la performance en la calle por primera vez; como que antes eso estaba en el terreno de las ideas y hay cosas que solo se concretan cuando se realizan a través de la acción, en ese sentido tiene mucho que ver con lo performativo, o sea, con el cuerpo.

—¿Y cuál es el vínculo que tiene con los sectores populares, con los indígenas?

—No hay un vínculo directamente, pero nuestras convocatorias apuntan a todos los sectores económicos pero evidentemente hay una necesidad mucho más fuerte de hablar de feminismos en sectores populares en donde también los Estados y sus aparatos educacionales han minimizado de alguna manera la posibilidad de mayor información, por ejemplo, respecto al género. Eso quizás es una de las deudas que tenemos las feministas que venimos de la academia.

ACCIÓN. El violador eres tú de LASTESIS se replicó en las calles de diferentes países. Foto: LASTESIS

—“Feminazi” es un insulto que utilizan para descalificar el movimiento feminista. ¿Qué opinan sobre el adjetivo?

—Hicimos un video como respuesta en base a un texto corto de Paul B. Preciado que se llama Quemar el miedo, que va definiendo también un poco la idea de por qué te llaman feminazi, qué podría significar, qué pasaría si realmente fuésemos feminazis y si ejecutáramos las mismas violencias que el opresor histórico a la manera de los nazis. Como dice Paul B. Preciado, nos queda mucho, pero mucho margen para que nos llamen feminazis.

—En esta entrevista no colocamos las respuestas individuales, sino la postura de LASTESIS. ¿Cuál es la importancia que le dan al trabajo colectivo?

—Lo colectivo dialoga con lo político, con esa idea de potencia desde la colectividad y sin abandonar nuestras luchas personales, nuestras vivencias, nuestras propias realidades, violencia, etcétera; sino cómo a partir de lo colectivo logramos luchar en contra de estas violencias y opresiones comunes que compartimos. En esta idea del nosotras y no de la experiencia de una. Entonces, desde un principio para nosotras tenía mucho sentido el conformarnos como un colectivo porque también alude a una estructura que no es jerarquizada, que no es vertical.

—Este año presentaron dos libros. ¿Sobre qué escribieron?

—Por un lado está la Antología, donde compilamos teoría feminista de varies autores y escribimos el prólogo pero hay también poemas, dramaturgia, arte textil, diseño, fotografía, mostramos cómo las manifestaciones artísticas dialogan con lo teórico. Con el libro pensamos en acercar a personas que no tienen relación con los feminismos, que fuera introductorio, y también fue pensado para las personas que están dentro de los feminismos donde pudieran encontrar otras cosas. Y por otro lado está Quemar el Miedo, escrito en primera persona plural y desde el nosotras, considerando que la experiencia de una es la experiencia de todes. Lo que sale de ese libro son cosas que nos han pasado, pero lo que nos parecía muy importante era no hablar de nuestra biografía, por eso no le ponemos nombre y apellido, sino que desde el nosotras mostrar el cómo, en ese ejercicio de que la experiencia de una es la experiencia de todas.

—¿Y cuál será su próximo trabajo?

—Estamos entrando en una discusión con las pistas que nos entregan los estudios de urbanismo feminista; ver la relación del espacio público y el género como esta idea de que el espacio público, el urbanismo, digamos las ciudades están pensadas para el “sujeto masculino o neutral”, esta discusión en torno a la organización, pero desde esta perspectiva de género.

Libros indispensables según LASTESIS

— Género y disputa – Judith Butler

— La guerra contra las mujeres – Rita Segato

— Manifiesto contra sexual- Paul B. Preciado (Última edición)

— Calibán y la bruja- Silvia Federici

— Mujeres artistas- Flavia Frigeri

— Teoría King Kong- Virginie Despen

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INVINCIBLE: La sangrienta esencia del ser humano

Un análisis de la primera temporada de la nueva serie de animación de Robert Kirkman para Amazon Prime

Toda la temporada desarrolla lentamente el choque que protagonizan padre e hijo al final

Por Adrián Paredes

/ 26 de julio de 2021 / 19:13

Las llamamos maravillas. Pueden ser edificaciones o monumentos, la cosa es que simbolicen nuestros logros como humanidad. Esa capacidad nuestra de crear hitos, construir imperios, moldear el mundo que nos rodea en representaciones de nuestra grandeza.

Y en Invencible, la serie animada producida por Amazon Prime, todas esas construcciones son destruidas con asombrosa facilidad, en un show sangriento sobre el significado de ser humano.

Creada por Robert Kirkman para Image Comics y adaptada para la televisión por el mismo autor —la mente detrás de The Walking Dead—, Invencible sigue a Mark Grayson, un joven con superpoderes que está aprendiendo a ser un héroe, bajo la siempre presente sombra de su padre, Omniman — un Superman con bigote—, el alienígena más poderoso del mundo.

La primera temporada de esta serie, que contiene ocho episodios que duran entre 40 y 50 minutos cada uno, ha sido muy bien recibida entre los fanáticos del género de superhéroes, felices de contar con algo producido por Seth Rogen y Evan Goldberg, como el otro éxito de superhéroes de Amazon Prime, The Boys.

Pero mientras The Boys satiriza y critica a este género, Invencible explora los lados más crudos y humanos de los superpoderosos al seguir a un novato que decide bautizarse como Invencible para pelear contra el crimen.

Foto: Amazon Prime

Grayson es arrogante y no sabe lo que hace, pero sus intenciones son nobles. Interpretado por Steven Yeun (Minari), el viaje de Grayson es el de un joven que comete muchos errores, que en su línea de trabajo no solo conducen a ser constantemente zarandeado sin piedad, sino a que se pierdan varias vidas inocentes que pesan en sus hombros. Muchísimo.

Y, a la vez, desde el primer episodio vemos que su padre, Omniman, magistralmente interpretado por la voz de J.K. Simmons (Whiplash), no es el héroe que el mundo cree que es, sino un ser despiadado, todopoderoso, que asesina a sangre fría.

Mientras crecemos junto a Grayson, vamos comprendiendo las motivaciones de Omniman y, en el ínterin, vemos cómo las peleas entre héroes y villanos de este mundo destruyen todos esos símbolos del poderío de la raza humana, poco a poco estableciendo el mensaje de que para estos seres los logros de la humanidad no son más que daño colateral.

Nunca es más claro que en la mortandad de la batalla del cierre de temporada, cuando padre e hijo se enfrentan. Omniman quiere dominar a los humanos, pues para él solo somos mascotas, pero Grayson se opone y así reafirma su humanidad. Claro, recibe una soberana paliza en una batalla a la que solo sobrevive a fuerza de resistir hasta poder contagiar a Omniman un poquito de compasión, forzándolo  a dejar la tierra mientras derrama una lágrima por su hijo.

Y eso es un drama bien logrado en un género que muchos subestiman.

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El propósito o la promesa, o el intento de construir algo

La dramaturga Katy Bustillos escribe sobre El propósito, obra que presentará el Taller Ser y Estar

Por Katy Bustillos Vila / Dramaturga

/ 26 de julio de 2021 / 19:08

Al salir de la casa siempre le pregunto a mi madre si estoy peinada o despeinada. Me dice: “Es lo mismo, siempre pareces peinada en lo despeinado de tu cabello”.

De camino a los ensayos veo una casa no terminada. Paso cada día por la misma calle y la vislumbro. No sé si es una casa destruida o una casa a medio construir. Cierto día ando apresurada y, al pasar por la casa, veo unas sombras moviéndose en una de las habitaciones. Mientras corro al ensayo, me pregunto si habré imaginado eso o si habré visto bien.

En medio de la cuarentena rígida empecé una relación de pareja. Cuando me preguntaban si estábamos juntas, no sabía qué responder. Cuando nos volvimos a encontrar había tanto guardado, tanto no vivido en carne propia, que, con la primera brisa, la relación se desvaneció.

Cada vez que paso por la casa, de camino a los ensayos, me detengo y me pregunto: ¿Estará construyéndose recién o la estarán demoliendo? Y cuando paso al día siguiente, sigue igual. Pienso: lo que estaba por pasar no pasa.

Llego al ensayo y veo a los actores con un miedo terrible a habitar la nada: la creación, el teatro. Pienso en el edificio y digo: “En realidad tienen miedo de habitar la casa a medio construir/destruir”.

Un escrito sobre la pandemia

El texto nació a partir de la dramaturgia de la escena propuesta por los actores del Taller Ser y Estar. Ellos abordaban la construcción/reconstrucción a partir de la nada, exploraban momentos bisagra donde las situaciones construidas estaban a punto de estallar, y luego, sin embargo, se diluían. En el encuentro con el otro, experiencia tan vedada por la pandemia, se establecían construcciones de cuerpos y presencias. 

La pandemia no posibilita el continuar, nos deja estancados. No se vislumbra una posibilidad de reconstrucción, de salida, ya que poco a poco nos vamos dando cuenta de que no sabemos nada de este fenómeno. Este es el momento después de la cuarentena rígida, ya pasó lo peor “aparentemente”. Este es un momento donde nadie sabe nada.

Esta época nos deja la sensación de un interminable domingo, agotado en la nada, una construcción en stop, como un edificio o una casa vieja y olvidada. Lo que estaba por pasar no pasa. La promesa, el propósito se quedan como eso, simplemente como expectativas.

Ante esta situación aparece el miedo a la nada, el malestar de la época. Un miedo a no poder accionar con la nada. Un quedarse paralizados ante una situación que nos supera.

Como la tragedia griega, en estos tiempos de pandemia vivimos día a día en manos de un orden oculto que no conocemos, que nos aterra, que no entendemos, a punto de estallar, así repentinamente, sin previo aviso.

La casa que habitamos es una casa con rajaduras, a punto del colapso, una casa desconocida, una casa en crisis.

La promesa es un texto que aborda la resistencia ante esta crisis a partir de la reescritura de varios fragmentos de tragedias. Es un trabajo que parte de lo íntimo hacia lo público, parte de exponer la propia casa para exponer la casa en la que vivimos como humanidad. Explora la cotidianidad de los personajes trágicos que conviven en un edificio destruido/construido, adormecidos ante tanta crisis. La única salvación es el amor, sin embargo, éste se queda en promesa, en un tránsito que nunca llega. Se devela una cuestión fundamental: ¿Sabemos cómo habitar esta casa que se destruye?

La obra transita el tema de la resistencia, el vivir el día a día enfocándose demasiado en un hecho más lejano, impidiendo ver así el verdadero propósito del propio existir.

Ser y Estar es un espacio de formación actoral para poder habitar la nada y crear a partir de eso. Nada más apabullante y aterrador. 

Patricia García invita a los actores a poder habitar el escenario, tan lleno de posibilidades, tan lleno de nada, incluso en estos tiempos tan vacíos.

Este espacio de formación nos impera una necesidad fundamental: es el momento de volver a la nada, al arte que no fue hecho para ser arte, según las palabras de Eugenio Barba. Es el momento de regresar a un arte que se desvive por desaparecer: el teatro. Es momento de actuar, es decir, construir a partir de la nada.

Foto: Daniela Gandarillas

La obra

El Taller Ser y Estar dirigido por Patricia García, espacio formativo de Teatro Nuna (C. 21 de Calacoto), presentará la obra El propósito como cierre de su novena versión. Tras un proceso semipresencial de cinco meses, 21 actores atravesarán el texto La promesa de la multipremiada dramaturga Katy Bustillos, escrito para este taller desde un acercamiento al trabajo sin la palabra y continuando con su labor de fomento a la nueva dramaturgia boliviana.

La experiencia se llevará a cabo el domingo 1 de agosto a las 17.00 cumpliendo con un aforo muy reducido y respetando las normas de bioseguridad. En caso de completar aforo, se hará una segunda función a las 19.00.

Venta de entradas en taquilla del teatro el mismo día de la función. El costo: Bs 40.

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VERÓNICA Y NICO

Me gustó el programa dos de Ch’utis, que hacemos por Abya Yala Televisión y que se emite los sábados a las 21.00. Pude conocer a Verónica Córdova, mujer, cineasta, escritora, guionista, madre, esposa y una gran sobrina

/ 26 de julio de 2021 / 19:03

CH’ENKO TOTAL

Me gustó el programa dos de Ch’utis, que hacemos por Abya Yala Televisión y que se emite los sábados a las 21.00. Pude conocer a Verónica Córdova, mujer, cineasta, escritora, guionista, madre, esposa y una gran sobrina. Me impresionó Verónica, en su búsqueda hizo dos licenciaturas, una maestría y un doctorado en guion cinematográfico. Tuvo una experiencia vital en Cuba donde afiló el oficio en la Escuela Internacional de Cine de San Antonio de los Baños. La conocí en el set, nunca había conversado con ella, impactó el relato de su próxima película sobre los últimos 10 años de vida del maestro Gil Imaná. La película empieza cuando Gil esparce las cenizas de su esposa, la artista Inés Córdova, en el lago Titicaca. Cuenta Vero que en ese entonces hicieron un pacto con el maestro, filmar sus últimos años hasta que él se una con su esposa en la eternidad de las aguas del lago, hecho que aconteció en enero y que cierra un ciclo de 10 años de filmación que incluye, por supuesto, todo el registro en imágenes de la catalogación y ordenamiento de las obras de ambos, la donación a la Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia —no solo de más de 6.000 piezas artísticas—, sino también de la casa ubicada en la hermosa esquina paceña de la avenida 20 de Octubre con Aspiazu, casa donde deberá funcionar el Museo Inés Córdova-Gil Imaná por legado de estos dos grandes artistas bolivianos. Verónica cumplió militantemente todo lo acordado con sus tíos, terminó de filmar. Hoy la película descansa en duelo hasta que se retome la edición final.

Me impresionó Verónica y su pluma de fuego, el año pasado en este mismo medio escribió en su columna hechos y pensamientos de gran riesgo en una sociedad comandada por fascistas, ella aceptó el reto de escribir sus pensamientos libertarios y lo hizo incluso con el odio rondando. Conversamos de su película Di buen día a papá, que representó a Bolivia en los Oscar para mejor película extranjera, hablamos de la hermosa Inés, su hijita de 15 años a quien le gusta las canciones del Papirri, compartió con todos nosotros su experiencia en Noruega donde hizo maestría y doctorado, viviendo cuatro años en la ciudad de Bergen. Vero podía quedarse a trabajar para siempre por esos pagos pero decidió volver a la Patria: “Quiero contar his

torias, este es mi lugar”, afirmó rotunda. Al final de la entrevista le dediqué la canción Del amor, su bailecito que la hizo jalear con gustito de picantes y coctelitos del valle.

En cuanto a Nicolás Suárez, ya escribí larguito sobre él. Nico es un gran músico, con una formación académica muy sólida, conversamos sobre sus proyectos, intercambiamos discos, hablamos de su ópera El Compadre. Lo más lindo del Nico es que no se hace problema de transcurrir en el campo de la música erudita y la música popular, escuchamos un blues que le compuso a su hijito, hablamos de su doctorado en Composición en la Universidad Católica de Washington. Acaba de sacar un disco de canciones para niños que quedó muy bonito, nos contó de su experiencia como arreglista y tecladista de la Agrupación Wara, una charla amena que concluyó con una sorpresa, tocamos ahí, en vivo, en el jardín del Nico, la canción Soy atigrado que fluyó fresca, con el cielo paceño de fondo. Hermoso recuerdo que nos llevamos para siempre. Verónica y Nico, dos grandes artistas bolivianos que pese a pandemias, golpes, virus, siguen produciendo arte e ideas.

El programa Ch’utis continúa, pese a grandes dificultades, en un canal que está reviviendo. Yo voy ahora mismo a La Paz a sentarme al lado del editor que necesita algunos consejos respecto a la edición de un programa cultural- musical. Usted puede ver el reprisse del programa tres hoy a las 22.00 con la presencia de Miskicho Valverde, actor, cineasta, fotógrafo de notable creatividad y la figura musical del gran Rolando Encinas, el creador de la orquesta Música de Maestros y —para mi humilde opinión— el mejor quenista de Bolivia. Bien nomás está el asunto. Pa qués decir.

(*) EL PAPIRRI: Personaje de la Pérez, también es MANUEL MONROY CHAZARRETA

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LA TEA INCENDIARIA

¿Cuál es el origen de las últimas palabras de don Pedro Domingo Murillo? Existen tres versiones al respecto

/ 26 de julio de 2021 / 18:59

La fría noche del 16 de julio de 1809 es recordada por el primer grito de la Independencia nacional, encabezada por el criollo paceño Pedro Domingo Murillo. Sucedió después de la procesión de la Virgen del Carmen, cuyo templo queda aún ubicado a dos cuadras de la Plaza de Armas, que en conmemoración al caudillo revolucionario fue rebautizada, durante la República, bajo el nombre de Plaza Murillo. La fiesta de la Virgen, como se acostumbra hasta hoy, estuvo acompañada por el profuso consumo de alcohol. 

El sonido de la Revolución se distinguió por los disparos de fusiles, que permitieron a los insurgentes asaltar el cuartel y apoderárselo; el repique arrebatado de las campanas de la Catedral, que reunió al vecindario en la plaza, hizo de fondo para los gritos del tumulto: “¡Muera el mal Gobierno!, ¡mueran los traidores!, ¡viva el rey Fernando VII!”.

La sublevación tuvo resultado victorioso. Logró deponer a las autoridades que fueron acusadas de conspirar a favor de la heredera borbónica Carlota Joaquina en contra del rey de España Fernando VII. Días después, el 24 de julio, se creó la Junta Tuitiva en la que Murillo, con el grado de coronel, fue nombrado presidente de la misma. Los objetivos fueron la proclama de la Independencia, el plan de Gobierno que cuestionaba algunas de las reformas borbónicas de finales del siglo XVIII, estableciendo el fortalecimiento del mercado interno y la alianza con los indígenas, quienes dejarían de pagar tributo.

Posteriormente, el comandante del Ejército Militar español, José Manuel de Goyeneche, hizo replegar a los revolucionarios hasta disolver la Junta Tuitiva, el 30 de septiembre de 1809. Murillo comenzó a ser perseguido hasta que fue apresado el 11 de noviembre y amarrado a la cola de una mula. Lo interesante es que, cuando rememoramos el aniversario de la ciudad de La Paz, cada 16 de julio, recordamos que el caudillo de la Revolución, antes de ser ejecutado en la horca el 29 de enero de 1810, dijo: “Compatriotas, yo muero, pero la tea que dejo encendida, nadie la podrá apagar, ¡viva la libertad!”. Frase que se ha convertido en un símbolo de la emancipación.

PATRONO. San Antonio de Padua,  en la iglesia de Santo Domingo de La Paz

El fuego ya estaba encendido

Murillo comenzó su carrera militar al servicio de la Corona Española. Tenía 29 años cuando fue nombrado teniente de fusilería para enfrentarse al ejército aymara comandado por Julián Apaza “Tupaq Katari” (Serpiente Luminosa) en 1781. Su primera hazaña fue retirar a varias familias españolas y criollas que vivían en los Yungas de La Paz, hacia la ciudad de Cochabamba. Así, alcanzó el título de capitán.

También lideró un ejército de 200 hombres al servicio del comandante Sebastián de Segurola. Y, según el historiador José Luis Roca, fue carcelero del comandante aymara. Al respecto, el movimiento indianista-katarista de la ciudad de El Alto construye la memoria del diálogo entre ambos líderes revolucionarios, previo a la ejecución de Tupaq Katari, el 15 de noviembre de 1781.

Durante una entrevista, el maestro amawta Mario Rayo, de la zona de Corazón de Jesús de la Ceja de El Alto, relató que Tupaq Katari se dirigió en idioma aymara a Pedro Domingo Murillo diciéndole: “Lunthat q’ara ninax wiytataxiwa, inapiniyatawa”. Entonces Murillo solicitó la traducción de esta frase, que puede ser interpretada como: “Ladrón opresor, el fuego ya está encendido, en vano nomás vas a hacer todo”.

Según esta versión, también reproducida en el libro Wiphala guerrera. Contra símbolos coloniales 1492-1892de Inka Waskar Chuquiwanka, el caudillo Pedro Domingo Murillo modificó la frase antes de ser ahorcado, plagiando al líder de la gran rebelión indígena. Por eso, Mario Rayo sostiene que “el 16 de julio, nosotros (los kataristas) recordamos el asesinato de nuestro Achachila, nuestro abuelo Tupaq Katari, no así la Independencia de La Paz, porque su lucha del Murillo es una mentira ¿no?”.

El proyecto de Katari veló por la autodeterminación política ante las reformas borbónicas de finales del siglo XVIII que, como describe la investigadora Silvia Rivera, fueron el emblema de la modernidad colonial, caracterizada por la violencia que impuso el régimen tributario: el quinto real, las alcabalas, diezmos u otras cargas fiscales, el monopolio de la coca, el reparto forzoso de mercancías y el reclutamiento de cargadores y llameros. Estas medidas afectaron el espacio del trajín colonial y, por eso, desataron la furia de la rebelión Katari-Amaru.

San Antonio Chapetón  En ese tiempo (1781), el criollo Murillo luchó contra las milicias indígenas que buscaban emanciparse de la Corona Española. Aunque, años más tarde (1809), las determinaciones más grandes de la Revolución coincidieron con el proyecto de Katari, pues los sublevados quemaron las listas de deudores y comprobantes de la Caja Real, declararon la inexistencia de los tributos e impuestos a las ventas, manifestándose en contra de las reformas. La diferencia fue que la primera lucha sometió a la población de la ciudad de La Paz a la privación de alimentos y agua, mientras que el proceso revolucionario de 1809 tuvo alcance popular.

Al terminar la rebelión, Murillo se dedicó a la actividad minera y ejerció el derecho en calidad de autodidacta. En 1805 participó en la fundación de “Los caballeros de América”, grupo de la masonería fundado en la ciudad del Cuzco. Allí comenzó a desarrollar ideas liberales. Ese tiempo, los rumores sostenían que los masones eran ateos, pero él fue devoto de San Antonio de Padua.

El historiador Ismael Sotomayor relata que, desde 1797, el español Agustín Bravo de Bobadilla instaló una botica en los alrededores de la Plaza Mayor, donde consagró a la imagen de San Antonio de Padua como patrón de su negocio. El boticario español era amigo de la causa libertaria, así que su negocio se transformó en espacio de tertulias.

A las siete de la noche, la botica de “don Acuti” cerraba sus puertas para recibir a Pedro Domingo Murillo, Mariano Graneros, Juan Cordero y Damián Vicuña. Los camaradas revolucionarios debatían sobre la política colonial y un día decidieron realizar el juramento patriótico: “¿Juráis, pues estar resueltos a llevar adelante nuestra obra y no temer sus consecuencias?”. Fue ante la imagen de San Antonio, quien al igual que el boticario era chapetón, es decir, recién llegado de Europa.

Meses más tarde, cuando Murillo fue apresado, su mujer llevó una imagen de San Antonio a la cárcel pública para que lo amparase. Él rezaba diariamente por su libertad, “pero el de Padua se hizo al sordo”. Llegó entonces el 29 de enero de 1810, y antes de dirigirse hacia la horca, encendió una vela al santo de su devoción diciéndole: “Esta velita que dejo encendida para San Antonio no me la han de apagar, porque es mi última ofrenda”. Según Sotomayor, este es el origen auténtico de la famosa frase de la revolución.

HOMENAJE. ‘Glorificación de Murillo’, de Joaquín Pinto (artista ecuatoriano, 1876). Está en el Museo Casa de Murillo

Versiones en la historia

La revolución del 16 de julio es un acontecimiento que debemos recordar casi por obligación para ser conscientes de los procesos históricos y sociales de Bolivia. En este caso, los recuerdos construidos en torno al proceso de emancipación se enfocan en las últimas palabras de Murillo, dejando de lado los procesos económicos que permitieron abolir la lucha independentista. 

Y es que, como describe el teórico literario Geoffrey Hartman, las explicaciones sociales de la destrucción pueden lograr lo imposible: permitir que los límites de la representación sean curativos, pero sin ocultar los acontecimientos que estamos obligados a recordar e interpretar para tener conciencia de nuestras sombras. Aquí existen varias versiones de la historia.

Para la historia oficial de Bolivia, las últimas palabras de Pedro Domingo Murillo simbolizan la lucha por la libertad y por la Independencia del yugo español. Contrariamente, el movimiento katarista interpreta las últimas palabras de Murillo como una modificación de las palabras que dijo el líder indígena Tupaq Katari, descalificando los alcances del proceso revolucionario y denunciando que criollos y mestizos de La Paz plagiaron un proyecto político que había sido planteado hace dos décadas. Finalmente, la versión de Sotomayor retrata al revolucionario católico que, sin haber recibido milagro alguno, nunca abandonó la fe.

No se trata entonces de encontrar la versión correcta o verdad histórica, sino de comprender cómo la historia se construye desde diferentes perspectivas, posturas y procesos ideológicos, que permiten construir las identidades sociales. Al igual que la tea de Pedro Domingo Murillo, la historia puede ser un instrumento incendiario que permite generar sentidos de pertenencia, reivindicación o la condena de diferentes grupos sociales. Algo que nunca se podrá apagar.

PINTURA. ‘La Ejecución de Murillo’, de Bernardino de Olivares (1900). El cuadro se halla en el Museo Casa de Murillo

FOTOS: GABRIELA BEHOTEGUY Y MUSEO CASA DE MURILLO

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