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El payaso GARO, libre y presente

El payaso GARO

/ 9 de mayo de 2021 / 19:49

El payaso Garo se llama Édgar Luis Valderrama. O al revés, Édgar es el payaso Garo. Tras viajar por toda Bolivia y parte del extranjero encontró en la plaza San Francisco, esquina Mariscal Santa Cruz, su lugar en el mundo, su ‘oficina’. El trabajo no es nada fácil: hacer reír. Y de yapa, lanzar mensajes para que el mundo sea más humano.

Édgar Luis Valderrama se disfraza para trabajar, como muchos. Se arregla, se maquilla en su cuarto, se coloca el “uniforme” y sale a la calle con su maletín. Mientras camina, devuelve los saludos de la gente. Lo primero que hace en su “oficina” de la plaza San Francisco —su lugar en el mundo— es sacar los bártulos (ora una trompeta, ora unos guantes de boxeo) y poner el termómetro: “La Paz hoy no está para bromas, se respira mala vibra, hoy no está bonito, habrá que entrar por otro ladito, hoy tocará ser paciente”. Entonces Garo, que nunca repite un “show” —porque ni él, ni la ciudad, ni los espectadores somos los mismos— se las busca, se las ingenia para transformar esa bronca en buena onda. “La satisfacción, cuando lo logras, es muy grande, entonces te dices: ‘Hoy sí hice reír; hoy sí me lancé con toda la energía; hoy sí me sentí feliz’”. Édgar Luis Valderrama es el payaso Garo. Y así lleva siete años ofreciéndonos, cuando cae la noche, toneladas de alegría por algunas monedas aunque el mejor pago sea un aplauso y una frase de ánimo al final; solo eso provoca el subidón de las cosas bien hechas.

Hacer reír es un ejercicio que tiene que ver con el talento y el desgaste físico (Álex Ayala Ugarte, Ser payaso es cosa seria, editorial El Cuervo).

PÚBLICO. La interacción es vital para este artista que aborda a los transeúntes o que se sube a los vehículos que pasan por la calle, “siempre con respeto”, dice. Foto: Rodwy Cazón

Para Garo, actuar es una fiesta. El espíritu de la alegría es el único que manda. Solo así le creen al payaso. “La San Fran es mágica. Vine de Tarija hace tiempo con un familiar para estar una semana pero comencé a actuar junto a otro compañero y esa semana se convirtió en un mes y ese mes en años. Noté el cariño de la gente paceña, es como destapar una ollita y ahí está todo hirviendo como una sopa kalapurka. En Bolivia, la gente es, somos, un poco tímidos pero cuando logras meterlos en tu mundo y en tu juego, son increíbles. Te siguen la corriente, están contigo, te cuidan y te protegen. Es algo muy lindo que me pasa por dentro, me fue gustando este escenario con esa mezcla hermosa de gringos y bolivianos”.

 Un payaso es libre, es un ser libre y actúa como tal. El que repite las mismas bromas, los mismos trucos, lo único que hace es transmitir desasosiego y un cierto halo de tristeza. Garo contagia lo contrario, debajo de su barbijo se ve entusiasmo, a pesar de las dificultades. El payaso sabe perfectamente que uno acaba dando lo que es uno: es el poder de la atracción, es el secreto de Garo.

Foto: Rodwy Cazón

Detrás de un payaso alegre suele haber una historia triste, es decir, el cliché se cumple más a menudo de lo recomendable (Álex Ayala Ugarte, Ser payaso es cosa seria, editorial El Cuervo).

Édgar Luis Valderrama nació en Tarija un 19 de septiembre de un año que no dice. Cuando Édgar habla de su infancia, se escucha un triste cuento, el mismo que narró el inglés Dickens una y otra vez hace más de un siglo, el mismo que se puede ver hoy en muchas calles de Bolivia y Sudamérica. Niños que se ven obligados a trabajar para aportar a la casa, niñas que solo quieren quedarse en el hogar para gozar con el juguete que no existe.

Garo arrancó a trabajar con apenas cuatro años, ayudaba a su mamá a vender maní dulce, gritando por las calles chapacas: “El mejor maní, a un pesito nomás”. Era mucho trabajo pero el niño Édgar no se enojaba. “Tenía que colaborar para lograr permisos, por ejemplo participar en el concurso de danza de mi curso. Fue complicado pero todo eso me hizo más duro. Y cuando tenía apenas 11 años ya me solventaba solo, haciendo manillas a dos pesitos, que vendía en la plaza principal de Tarija, junto a los artesanos grandes. Así aprendí a ser fuerte”.

Édgar no conoció a su padre y con su madre vivió poco hasta que un día lo entregó a una familia de Tarija. “Me dejó en la puerta de una casa y me dijo: Aquí te vas a quedar”, cuenta. “Mi mamá hizo lo que pudo, hace poco falleció y fui al entierro; a mi familia adoptiva le agradezco muchísimo, pues ahí me formaron y me inculcaron buenos valores, pertenecía a las iglesias evangélicas donde era músico pero algo me faltaba”.

El humor y la risa son vehículos para comprendernos, una especie de magma que ilumina y quema pero sin destruirnos (Álex Ayala Ugarte, Ser payaso es cosa seria, editorial El Cuervo).

La dura vida desde los inicios le enseñó a valorar, apreciando lo que es ganar peso a peso. “Eso me sirvió para trabajar en el campo actoral. Tienes un sueño y tienes que trabajar, más o menos, para lograr la meta. Aprendí a arriesgar y a formarme. No tuve la dicha de ingresar a una escuela de teatro o circo o clown pero aprendí en talleres con muchos maestros de Bolivia y del extranjero que pasaron por esas escuelas. Me sirvió mucho la técnica actoral de la biodinámica, antes de crear y salir a escena. En un momento decidí ser payaso, me gusta mucho esa palabra, en ella me reconozco. No tanto con el mimo, pues el mimo es el que no habla, que te lleva a otros lugares con su cuerpo, con sus técnicas, pero el payaso no tiene tantas cortapisas, todo lo sabe, es independiente al momento de actuar y es libre”.

Con la ayuda de su nueva familia, terminó el bachillerato y comenzó a estudiar una carrera, Industrias de la Alimentación. Duró un semestre. El bichito de la actuación ya estaba inoculado, para bien. De su época de vendedor de manillas, recuerda el compadrerío y la solidaridad de los artesanos. “Poco a poco fue surgiendo un personaje de mimo y entonces me enamoré de la figura del payaso. Fue una consecuencia de estudiar, de aprender, de salir del país a estudiar. Busqué talleres y cursos de técnicas de clown, acrobacia, manejo corporal, danza contemporánea, un sinfín de cositas, de máscaras. Ahora estoy investigando mucho de la comedia del arte para encontrar esa forma de estar presente, de estar vivo”, cuenta Garo.

Al principio, en la esquina de la calle Sagárnaga con la Mariscal Santa Cruz, hay poca gente pero cuando termina el “show” unas horas después, las gradas parecen la curva sur del estadio en un día de clásico. El payaso bromea con los peatones, abraza al más inesperado, hace parar taxis y minibuses, se sube a las vagonetas y se despide sin querer queriendo para volver siempre con su público, su hinchada. “Siempre con mucho respeto, hay que saber tratar a las personas, quienes quieren participar, sería hermoso que todos puedan involucrarse pero no todos están de buen humor, cada uno viene de una vida, tienes que aceptarlos. La calle es un trabajo muy complicado pero es muy satisfactorio escuchar las risas o escuchar las historias que les pasa en los shows y que luego me cuentan en mi Facebook, son muy inspiradoras, dan mucha fuerza para seguir adelante. Y no todos los días son iguales, hay gente que una tarde no se prende por sus problemas pero a la jornada siguiente sí, eso es muy lindo. Hay que estar muy concentrado pero dejar que pasen las cosas”.

Garo tiene nostalgia del circo, de aquellas carpas que llegaban a los barrios más alejados, a los pueblos escondidos. A veces, Garo pronuncia la palabra “circo” como si ésta existiera. ¿Dónde están/viven ahora los magos, los tragasables, los acróbatas y el resto de la fauna circense? ¿Por qué los payasos abandonaron esa vida errante de feriante? Garo cambió el circo por la calle, que no es lo mismo pero es igual. De su educación cristiana/evangélica todavía arrastra mañas: cita la Biblia (“hay que seguir en el camino”) y de vez en cuando termina/inicia sus frases con un “gracias a Dios”. El payaso Garo es una persona agradecida, con la vida, con la gente, con las sonrisas contagiosas que logra robar tras un “show” callejero.

CUERPO. El trabajo del payaso Garo es bastante físico. Se lo puede encontrar todos los días en la Plaza Mayor (San Francisco). Foto: Rodwy Cazón

En el nombre de un payaso suele haber rastros escondidos de su identidad (Álex Ayala Ugarte, Ser payaso es cosa seria).

Garo no se acuerda desde cuándo lo llaman así. “En la escuela ya me decían así, no recuerdo por qué, así que cuando tuve que buscar una chapa de payaso, la tuve fácil pues me pareció un nombre agradable, bonito, que iba conmigo”. Los colores chillones de su uniforme son más fáciles de explicar. Con un damero gigante en oro y negro, el disfraz, como el humor, colabora en la misma causa: ahuyentar las penas y el dolor de la gente.

Un payaso, confiesa Garo, siempre dice que sí. Aunque no sepa, dice que sí. Aunque no quiera, dice siempre que sí. Si sabe, bien; si no sabe, también pues toca inventar o aparentar. Si te dice que no, ese es su fracaso. El payaso, en este mundo de pantallitas y encierro individualista, se resiste a morir. Sabe que es un personaje del pasado pero mientras existen hombres y mujeres que se sientan en una grada de la calle a ver lo que hace el payaso, el oficio no morirá nunca. Son catorce los años que lleva Garo buscando y construyendo su personaje. Y lo que queda. Garo sigue siendo un chiquillo de la calle pero no es uno cualquiera. Es aquel que organiza/prepara un montón de platos de ají de fideo para los habituales de la plaza San Francisco. Lo hizo a finales del año pasado cuando la pandemia hacía sonar los estómagos vacíos.

Foto: Rodwy Cazón

Édgar no es solo un payaso que hacer reír sino que también gusta de transmitir mensajes. “Me nace de corazón, no es para las cámaras y mi ego, es para lanzar un mensaje que todos somos hermanos, bolivianos, que todos tenemos un corazón que late, dos brazos, dos piernas, dos ojitos y estamos en la misma tierra. Quisiera mostrar en la calle y en las redes que nos tenemos a todos, que seamos un poquito más humanos, es mi manera de pensar, de ver el mundo. A veces, no es necesario tener mucho, quisiera tener mucha plata para poder ayudar pero a veces una simple sonrisa, una simple palabra que tal vez nunca alguien ha recibido en su vida, ayuda más, levanta el ánimo”.

Y de las risas y los mensajes, Garo pasa a los sueños. “¿Dónde te ves como payaso en 20 años?” Édgar se ríe. “Uf, soy un hombre, soy un niño de sueños muy grandes, quisiera muchas cosas, ser un empresario de la animación y andar viajando a festivales de circo, mostrando mi show, dando talleres. Me veo en las calles y en lugares muy grandes”. El payaso te puede enseñar, te puede educar, te puede hacer reír. Garo lo hace todos los días en las fiestas infantiles, en las transmisiones en vivo en sus redes sociales y por supuesto lo hace todas las tardes cuando cae la noche en la “San Fran”, la oficina del payaso Garo.

Luisa Molina: Un legado de amor al prójimo

Será recordada por su voz y su entrega al acervo boliviano, pero también por su sencillez y su cariño y respeto hacia los demás

La cantante Luisa Gabriela Molina Terrazas, conocida como Luisa Molina

/ 6 de junio de 2021 / 19:32

Uyuni, tierra mágica que por su encanto cautiva a propios y extraños la vio nacer, Luisa Gabriela Molina Terrazas, conocida como Luisa Molina, se nos fue dejando un legado muy importante para el repertorio musical boliviano”, escribe el comunicador Ramiro Plata para despedirse de su gran amiga. 

Pero en su memoria la cantante es Luchita, a secas, ese ejemplo musical y de vida que luchó contracorriente para hacer carrera en una sociedad que todavía no asimilaba la presencia de mujeres en el escenario.

VISITA. Una de sus últimas entrevistas fue en el galpón de LA RAZÓN, donde cantó y habló sobre su carrera.

Y si bien Molina, la mujer, la cantante, la profesora, la madre, libró en vida todas esas luchas, nunca se dio por  vencida y por eso ahora será recordada como la embajadora del folklore nacional. “Una de las mejores y máximas exponentes y voces de Bolivia”, apunta Wilson Molina, fundador del grupo Sin Fronteras.

“La música era su vida. El canto ha sido el amor de mi madre. Uno apasionado, que le da a la gente alegría, regocijo en los corazones y levanta el ánimo”, dice Luis Patricio Pavez, su hijo, con la voz ligeramente llorosa, recién salido de la Asamblea Legislativa Plurinacional de Bolivia de la Cámara de Senadores, donde el 2 de junio la cantante recibió un homenaje póstumo.

“Mi madre fue la embajadora nacional del folklore y ha cruzado océanos llevando el rojo amarillo y verde”, agrega.

Desde niño, Pavez recuerda a una madre cantora, proveniente de una familia muy musical, pero que pese a la fama que alcanzó y a los honores que le rindieron, nunca dejó de enseñarle que lo más importante era respetar y ayudar a los demás. Amar al prójimo y ser humilde, “con los pies sobre la tierra”.

Así también la recuerda Wilson Molina. “Nunca ha buscado un brillo ficticio, de apariencia. Era una artista realmente humilde y sencilla. Su voz, su carisma, su talento y su humanidad han sido lo que han llevado a Luisa Molina a la grandeza”, rememora en su despedida a la cantante que murió el domingo 30 de mayo debido a complicaciones con el COVID-19.

“Su carisma afloraba por su sencillez y su apasionamiento para con la música y, a través de ella, el apasionamiento para con nuestra Bolivia. Cuando tuve el honor de ser el presentador de muchos de sus conciertos, percibía cómo ella nos transportaba a través de cada canción, cómo el escenario se convertía en un lugar mágico desde donde Luisa hacía que el público cante, llore y, sobre todo, se enamore de nuestro país”, rememora el locutor Ramiro Plata, quien a lo largo de su carrera pudo ser testigo del alcance de la voz de Molina y su carismática humildad, sea en radio, televisión y en los propios escenarios donde tanto brilló.

Sea en el Festidanza de Arequipa (1986), o con el grupo femenino Bolivia, Molina siempre supo generar aplauso

‘Luchita, luchadora

“Mi madrecita era un ser humano muy grande de corazón, muy humilde y sencilla, muy devota de su pueblo, su cultura y su canto. Ahora tengo que aprender a vivir sin esa inspiración profunda que era mi madrecita. Pero hay que seguir haciendo música, hay que seguir haciendo arte”, dice Pavez, quien no puede creer que una persona así se haya ido a sus 66 años.

Su hermana y él atraviesan un momento muy difícil con esta pérdida repentina y fulminante, pero a la vez se sorprenden gratamente al ver el legado de su madre reflejado en el cariño de la gente. “Estamos viviendo la cosecha de tanto amor sembrado por mi querida madre”.

“Luchita, luchadora, emprendedora, supo transmitir esos valores a sus retoños, a las generaciones que tuvimos el gusto de escucharla y conocerla. Deja un legado muy profundo y a la vez deja un dolor inexplicable”, agrega Ramiro Plata. “Desde donde te encuentres, Luchita querida, sabemos que seguirás cantándonos”.

Fotos: Ramiro Plata, Verónica Pavez, Archivo La Razón

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‘CACHO’ SORIA, un secreto profundo

El gran guionista de nuestro cine verá pronto su obra completa editada, incluidos sus cuentos ocultos y sus cuatro novelas breves inéditas. Hablamos con su recopilador, el poeta Álvaro Díez Astete

Óscar Cacho Soria, guionista de la cinematografía boliviana

/ 6 de junio de 2021 / 19:26

El poeta, novelista y antropólogo Álvaro Díez Astete tiene un proyecto/sueño desde hace años: recuperar la figura e importancia de Óscar Cacho Soria para la literatura y el cine boliviano. Una institución pública cultural editará en breve las obras completas del gran guionista de nuestra cinematografía, del responsable de guiones como Ukamau y Yawar Mallku de Sanjinés; Chuquiago de Eguino; y Mi socio de Agazzi. No obstante, sus cuentos y sus novelas breves siguen siendo hasta hoy obras desconocidas. De gran sentido del humor —inteligente y crítico—, Soria Gamarra nunca se interesó en promover sus trabajos literarios. Fue un “escritor recoleto”, como dice Díez Astete. El silencio sobre su obra responde a un silencio sobre sí mismo, “estaba más cerca del pudor y la decencia que de la timidez”. La literatura de Soria es como él: comprometida, disciplinada, cauta y sobria. “No tenía un aire demoniaco creador como el de Saenz, pero su ángel interior era furioso a la hora de enfrentar las injusticias”, añade Álvaro. Leyendo los relatos del Cachoentendemos mejor a Bolivia, lo bueno y lo malo; entendemos a sus gentes y a sus “despreciables malandrines”, como dijo alguna vez el “secreto profundo” de nuestras letras.

—Conociste a Cacho Soria en 1969 a través de los amigos de Jaime Saenz, ¿qué recuerdos tienes de aquella primera vez?

—No, conocí al Cacho como parte de los amigos de Saenz, aunque éste me hablaba de él, sino en 1971, en la UMSA, donde yo era dirigente universitario y en esa época con Extensión Social organizamos una visita a las minas para proyectar las películas Ukamau y Yawar Mallku en Siglo XX y Llallagua. Fue en ese viaje que se inició y selló mi amistad con el formidable Cacho Soria.

—Tras su muerte en 1988 (por un tumor cerebral) editó junto a Antonio Eguino su libro/antología Sepan de este andar, ¿por qué no se pudo antes recopilar toda su obra completa más allá de las dificultades económicas?

—Óscar era un escritor recoleto, “secreto profundo” le decíamos con Pepe Ballón; no se interesaba en promover su obra, quién sabe por qué; él era reservado en todas las cosas de su vida, sin llegar a extremos por supuesto;  al mismo tiempo he visto al recopilar sus cuentos y tres novelas cortas (una de ellas publicada en 1957, Contado y Soñado) que no era nada ordenado con sus papeles, al menos no como alguien que los destina para una publicación. En su mayoría me los entregaron en forma dispersa en una caja, aunque todos los originales copiados a máquina de modo prolijo y con pocas correcciones, tal vez pensando calladamente en una futura edición. En el prefacio de su antología Sepan de este andar doy más referencias al respecto.

—¿Está en los planes publicar las cuatro novelas breves inéditas de Soria La señorita Beatriz, El viento en las cortinas, Tatamayu y Los días Martes y reeditar la novela corta publicada en 1957 Contado y Soñado?

—Sin mayores detalles te diré que estoy preparando un trabajo para recuperar la figura e importancia del Cacho para la literatura y el cine, publicando sus cuentos completos y tres novelas cortas, más un estudio crítico mío, todo acompañado de un conjunto de entrevistas valiosas de la gente próxima que trabajó con él.

—¿Crees que la proyección esencial de Cacho como hombre de cine opacó sus logros/trabajos literarios?

—No creo eso, o al menos lo plantearía de otro modo: que su pasión por el trabajo cinematográfico se puso por delante, aunque ambas actividades caminaban juntas.

AUTOR. El escritor y antropólogo Álvaro Díez Astete está a cargo de la antología sobre la narrativa de Óscar Soria.

—¿Es necesario un estudio profundo de la academia/crítica para valorar sus cuentos y novelas?

—No es necesario ningún estudio académico profundo para valorar sus obras, pues ellas hablan con claridad por sí solas. Nunca las han puesto bajo la lupa tal vez porque la ceguera ha sido mayor que lo que una lupa pueda corregir.

—¿Cómo afrontaba Cacho la recopilación de historias a la manera de un cronista de los de antes?

—Sí, la imagen es buena, porque el Cacho me dijo una vez que escribía así como un pintor realista pintaba un retrato o un paisaje, registrando todo lo posible para el sentido que debía tener su obra, pero en el plano de los sentimientos e ideas, no de las formas o coloridos. Además lo dejó escrito y lo pongo en el prefacio señalado.

—¿Qué rol jugaba el humor en sus textos? Incluso en los más comprometidos textos éste se cuela por la ventana. ¿Cómo era su sentido del humor?

—Tú ya has visto, al leer sus cuentos siempre te encuentras con una y muchas situaciones humorísticas, que nacen de los contrastes de la vida cotidiana, sin convertirse en chiste alguno. El Cacho tenía un gran sentido del humor, inteligente y crítico muchas veces.

—¿Alguna vez te contó sus recuerdos como cadete en la Guerra del Chaco?

—No, y lamento mucho no habérselo preguntado, lo mismo pasa según sé con los pocos que quedan que lo conocieron.

—Dijo Carlos Mesa en su libro La aventura del cine boliviano (1985) que la obra de Soria era silenciosa y estaba poco reconocida, ¿cómo explicas este vacío/ausencia?

—No sé lo que dijo Mesa en ese sentido, pero por ahí va el punto. Yo pienso que el repudio que Óscar sentía por los autobombos y las apariciones públicas se traducía en un constante silencio sobre sí mismo, que estaba más cerca del pudor y la decencia que de la timidez.

—A pesar de estos silencios y desconocimientos sobre su obra, en la Cinemateca Boliviana la sala 2 se llama “Óscar Soria” e incluso tiene una estrella en su “paseo de la fama”.

—Creo que la principal razón es la trascendencia de su calidad humana indisoluble de su solvencia creadora, que involucró positivamente a todos quienes lo conocieron y que formaban parte del mundo del cine, en su época gloriosa de formación que se hizo contra viento y marea  y balas.

—¿Cómo estás afrontando la tarea de recopilación siendo su obra tan dispersa y fragmentada por su vida itinerante?

—Con resignación, por lo que se haya perdido definitivamente y con alegría por lo alcanzado.

—Se ha calificado la escritura y estilo de Óscar Soria Gamarra como riguroso. Lo conociste y trataste y ahora eres su gran lector. ¿Cómo calificas al Cacho narrador?

—Por lo que vi de él, era una persona muy disciplinada, cauta y sobria. No tenía un aire demoniaco creador como el de Saenz, pero su ángel interior era furioso a la hora de enfrentar las injusticias, sea a través del cine, sus cuentos o en la vida misma.

ESCRITURA. Óscar Soria (28 de diciembre de 1917-14 de marzo de 1988) guionizó importantes películas como Chuquiago

—Don Pepe Ballón, en el prólogo del citado libro Sentir ese andar, lo califica como “rebelde insobornable, revolucionario de verdad e hijo predilecto del pueblo”, ¿cómo fue su vida comprometida?

—El compromiso del Cacho con su pueblo ilustra lo que Jaime Saenz dijo de la poesía y el poeta: “vida y obra son una misma cosa”. No escatimaba esfuerzos y padecimientos en la lucha social que se concentraba en su obra cinematográfica, lo que significaba prolongados periodos de penurias económicas en todo sentido.

—¿Ha envejecido bien su literatura autocalificada por el mismo como “pintura social”, ora dulce y cruda, ora acre y risueña?

—Su literatura no envejece en tanto los problemas de los que trata —la miseria y pobreza campesina y urbana del pueblo indígena— aún siguen vigentes.

—En tu proceso de recopilación e investigación, ¿crees que hay todavía obra oculta o inédita de Cacho por descubrir?

—Creo que no queda nada de Óscar Soria Gamarra como obra escrita por descubrir, a juzgar porque todos sus parientes cercanos ya han muerto y no queda nadie para responder a esa pregunta.

—¿Cuál es tu cuento/relato preferido?

—Aquí me agarraste más resfriado aún de lo que estoy: es que tengo varios cuentos en los que puedo pensar y mejor leerlos todos cuando logremos sacarlos. Pero no hago el quite y el primero que se me ocurre decir es Muertos.

—Escribió todo tipo de géneros desde cuentos a novelas breves, pasando por guiones y artículos periodísticos, ¿se atrevió con la poesía al estar rodeado siempre de poetas?

—No escribió nunca poesía, me lo dijo explícitamente que no era su medio de expresión, aunque la apreciaba mucho, en particular de autores de su generación como Julio de la Vega, Luis Luksic, Jaime Saenz, Guillermo Viscarra Fabre, etc. Aparte de cuento y novela corta (la llamada “nívola” de Miguel de Unamuno) y los guiones de las películas, no escribió en otros géneros.

—Hemos hablado ya de la antología publicada en 1991, tres años después de su muerte, ¿cómo hicieron junto a Antonio Eguino para seleccionar los cuentos de Sepan de este andar?

—No hubo una selección. Cuando Antonio Eguino, como oficial mayor de Cultura, me invitó a realizar el trabajo de edición de los cuentos acepté gustoso y me puse en campaña. Entregué para su edición 35 cuentos inéditos y dos recogidos de periódicos, más los cuentos del libro publicado en 1966 Mis caminos, mis cielos, mi gente que sumaban en total 59 cuentos: este libro no fue integrado en el conjunto antológico, posiblemente por razones de presupuesto (la publicación se hizo en la UMSA donde ya se había impreso en 1966 el libro señalado). Ahora se quiere reparar esta falta.

—No nos vamos a ir sin hablar un poco de tu obra. En el último número de la revista La Mariposa Mundial se anuncia la publicación de un nuevo libro tuyo llamado Un paseo aforístico. Alégranos el día con buenas nuevas.

Un paseo aforístico podría salir en agosto, espero. Un libro de antropología filosófica espera su turno, al igual que otro de poesía. Bolivia es el paraíso de los inéditos.

A pesar de las masacres

Óscar Soria Gamarra (*)

“Largo y penoso andar el de mi pueblo. Su gente más sufrida (el campesino que mira y pide al cielo, y se agacha sobre la tierra; el ferrocarrilero que vence los distancias; el fabril que transforma los materias en cosas útiles para los otros; el caminero que obre rutas y tiende puentes, el constructor que construye casas en las que no ha de vivir; el garzón de hotel que ofrece mil viandas y no se sirve ninguna; el minero que horado la noche de la roca; el empleado que pasa toda su vida detrás de un escritorio…) la humilde gente de mi pueblo, digo, de tiempo en tiempo se cansa de andar mal pagada, mal vestido y hambriento, de no tener escuelas, de que sus hijos se le mueran, de ser engañado, de vivir poco y mal… y un día se rebela.

Amenaza, lanza gritos, hace huelgas, se echa a las calles. Y, entonces, lo matan, o quedan sus manos en muñones y sus piernas trozadas o torcidos; o se humilla y se vende; o le viene un deseo inmenso de estarse inmóvil y callado, y se hace mendigo o vago, y queda en los caminos o en las calles, muriéndose a poquitos, para siempre fuera del sistema económico y del sistema del amor.

Pero, o pesar de sus muertos, de sus lisiados, de sus heridos, de sus enfermos y de sus desviados; a pesar de la propaganda, de la calumnia, de la dádiva y de las masacres y la sangre, mi pueblo se renueva siempre. Y se levanta, y crece, y avanza. Es un difícil e interminable caminar. A veces, tropieza; otras cae y hasta retrocede. Puede ser que se desaliente, se atemorice y calle, y haya hasta quien se envilezca. Será para rehacerse, levantarse y andar, una vez más. ¡Andar, andar, para siempre!

*Este texto está incluido “a manera de prólogo” en el libro ‘Sepan de este andar-Antología de cuentos’ de Soria Gamarra, UMSA, 1991.

Fotos: Archivo La Razón, Biblioteca del Bicentenario de Bolivia y Eabolivia.Com

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Ferchy, el ángel de los peluditos

Sumaya Prado y Claudia Cárdenas, dos amigas de Fernando Kushner, recuerdan el legado del guardián de los perros callejeros, a los que alimentaba cada noche

Fernando Kushner lo dejaba todo por su misión de amor con los animales

/ 6 de junio de 2021 / 19:14

IN MEMORIAM DEL ÁNGEL DE LOS PELUDITOS

“Lo que das, recibes”, esas eran las palabras más frecuentes de un hombre que hizo suya una misión enorme: evitar el sufrimiento de los animales en situación de calle. Se llamaba Fernando Kushner y lo dejó todo, hasta la vida, por seguir una misión de amor: dar cariño y alimentar diariamente a perritos callejeros que llegaron a ser más de 3.000. Concientizó a una sociedad que se acostumbró a invisibilizar los derechos de estos nobles seres sin voz. Promovió las esterilizaciones para evitar la sobrepoblación animal, impulsó la adopción de mascotas y la prohibición de la venta de animales. Y su sueño más grande fue establecer un santuario donde los animales pudieran vivir en condiciones dignas, rodeados de cuidados y amor.

Dicen que hay que vivir la vida de modo tal que aunque tu presencia no se note, tu ausencia se sienta. Y Fernando lo logró con creces. Después de 15 días de cadenas de oración y vigilias por su recuperación, ahora cientos de animalistas lloran su partida y abundan los homenajes. Un ser humano maravilloso y ejemplar ha dejado este plano terrenal para guiarnos desde donde la luz de su alma maravillosa siga mostrándonos el camino. Sus dos fundaciones: “Abril y Ariel” y “Ferchy´s Dogs Inc” son su legado. Se fue uno de los mejores animalistas cuya bondad fue reconocida a nivel nacional e internacional… pero también se fue mi amigo, mi héroe, mi Ferchy.

Se fue la persona más honesta que he conocido, franca hasta la molestia, ese que conocía a todos y a quien todos querían, ese que en silencio era capaz de conseguir milagros si le pedías ayuda, ese que se te aparecía sin previo aviso con su “hola, bruja, tengo algo que contarte”, ese que empezaba a hablar de una cosa y terminaba hablando de cien más, el caprichoso renegón que por su nobleza siempre conseguía lo imposible, ese a quien su dislexia le dificultaba escribir pero no dar amor, porque aunque nunca pidió nada para él, era capaz de mover montañas por sus perrhijos. Esa persona se ha ido, pero no el ejemplo de lealtad y compromiso con el que su corazón sigue hablando.

Descansa Ferchy. Tu ejemplo no será olvidado: Jorge, yo y el ejército de amor que hoy empieza a construirse seguiremos tu obra y no pararemos hasta alcanzar tus sueños que ahora son nuestros. Descansa loquito querido, cientos de generosas personas sacarán platos de comida y agua a sus puertas para que tus wawitas no sientan tanto tu ausencia. Descansa mi ángel, cruza tranquilo el puente del arcoíris y reposa en ese lugar donde miles de peluditos deben estar batiéndote la cola y llenándote de lengüetazos y pelitos. Te quiero, amigo. (Sumaya Prado)

A QUIEN DIO VOZ A CIENTOS DE ANIMALITOS

Últimamente mi optimismo no me permite pronosticar que algunas personas tienen que partir porque siempre tuvieron un lugar reservado allá en el cielo esperándolos antes que otros.

Por alguna extraña razón estaba segura de que Ferchy Kushner saldría bien de todo esto y pronto sería una anécdota más. Sin embargo, partiste el último día de mayo dejando un legado que para muchos servirá de inspiración sobre cómo se puede marcar la diferencia para hacer del mundo un lugar mejor.  

Son más de 25 años de amistad que comenzaron en las fiestas y eventos, para después compartir el sueño de dejar un mundo mejor. En tu caso la manera fue muy clara desde el principio: alimentar perritos de la calle, luego esterilizarlos y finalmente el más grande: visibilizar esta problemática en las agendas del sector público y privado para convertirte en la voz de cientos de miles de peluditos que ya no estarían solos nunca más.

Tus noches parecían solas y sacrificadas, pero no era así: tú disfrutabas, te emocionabas y sobre todo veías más allá que los demás.

Cumpliste tu sueño, sembraste la satisfacción de ayudar en miles de corazones que hoy se ven preocupados y toman acción sobre las vidas de otros.

Descansa en paz querido amigo, nosotros velaremos por tus amigos, los perritos. Tu amiga, Claudia Cárdenas.

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¡Agua para todos!

Una familia construye un mecanismo para acumular agua potable que servirá para ayudar a las poblaciones que sufren por la falta de este recurso natural

Por Marco Fernández

/ 6 de junio de 2021 / 19:08

Esta agua nos servirá para cocinar, para que tomemos y para bañar a mis hijos. Ya no se van a enfermar, porque antes tomábamos del pozo y les daba infección estomacal”, comenta Bertha Yujra, quien por muchos años sufrió la escasez de este recurso natural en su pueblo, Cuniri (distante casi dos horas de la urbe paceña), una víctima más de la escasez mundial de agua.

Para muchos es una actividad normal y rutinaria abrir el grifo para beber o para asearse; no obstante, para millones de personas es complicado debido a la escasez cada vez mayor de agua. Según World Resources Institute (WRI), en la actualidad más de 1.000 millones de personas carecen de este recurso, y se prevé que para el año 2025 haya 3.500 millones de individuos que sufran por la falta de líquido.

Entre los principales factores para que la población sufra este problema están la contaminación de aguas dulces y el uso descontrolado de este recurso, según destaca la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR). En el caso boliviano, aproximadamente 2,7 millones de personas no cuenta con un acceso seguro y permanente a este recurso natural.

A este panorama se suma la pandemia del COVID-19, pues ha ocasionado más contaminación por el uso masivo de plástico, un sistema de salud que ha colapsado, problemas en la gestión educativa y una alarmante tasa de desempleo.

Además de ello, Bolivia sufre sequías, inundaciones e incendios, lo que afecta la producción agrícola. Las poblaciones de Coroico y Mecapaca —ubicadas en el departamento de La Paz— son un ejemplo de este fenómeno, ya que si bien tienen riqueza vegetal y son áreas ideales para la agricultura, carecen de líquido para consumo humano, por lo que se debe esperar la época de lluvias para su almacenamiento en tanques. Gracias a ello, en tiempo de sequedad, los vecinos reciben el recurso de dos a cinco horas diarias. En algunos casos, solo dos días a la semana.

Ante esta dificultad que crece cada vez más no solo en el país, sino en todo el orbe, Reynaldo Rodríguez y su hijo José iniciaron un proyecto para ayudar a las familias que deben enfrentarse con la escasez de este recurso natural.

SISTEMA. El reciclaje de botellas PET es parte clave del sistema implementado por Reynaldo y José Rodríguez. Foto: Salvador Saavedra

“Junto a mi padre hemos tomado conciencia de todo el contexto que estamos atravesando, por lo que hemos generado una alternativa económica-responsable, con el objetivo de beneficiar a personas desempleadas y contribuir a mitigar impactos ambientales que nosotros mismos hemos generado en el planeta”, afirma José, que es profesional en turismo y además activista por el medio ambiente.

Gracias a su trabajo como ingeniero en telecomunicaciones, Reynaldo ha visitado varias poblaciones rurales. En aquellos lugares se dio cuenta de que muchas personas empleaban animales para transportar agua. En el caso de los menores de edad, varios suelen ir a su colegio con al menos una botella llena para lavarse y beber. En esta perspectiva, entre padre e hijo surgió el desafío: ¿Qué tal si hacemos algo para ayudar a la población?

Como resultado de días de intensos análisis, Reynaldo y José mejoraron un diseño de recolección de agua de lluvia. Botellas plásticas, una prensa, tarrajas, cañerías, acoples, uniones y otros materiales de plomería…, todos estos elementos sirvieron para empezar a hacer realidad este plan, que consiste en la construcción de muros hechos con botellas PET y unidos por cañerías, en las que se acumula el líquido, con una capacidad para retener entre 50 y 100 litros.

“Este proyecto quiere fomentar el reciclaje en unidades educativas rurales que carecen de agua y apoyar a personas necesitadas, con la adquisición de botellas PET, para la construcción de los tanques de almacenamiento. En una primera etapa, todo esto beneficiará a 15 colegios del área rural, a través de asesoramiento técnico correspondiente, traslado del personal, material y herramientas, además del desarrollo de talleres de educación ambiental para la conservación y aprovechamiento de nuestros recursos naturales”, explica José.

Registros de ventas de distribuidoras de gaseosas y agua mineral en Bolivia indican que la población utiliza al menos 8.500 botellas cada mes, en las que, con el proyecto de los Rodríguez, se puede almacenar 17.000 litros de agua.

Después de un arduo trabajo, el sueño se hizo realidad en una primera prueba en una vivienda de la comunidad Cuniri, en el municipio de Viacha, ubicada a aproximadamente dos horas de viaje en vehículo desde la ciudad de La Paz.

“Cuando no llueve, sufrimos por agua en noviembre y diciembre. Entonces sacamos de los pozos, aunque a veces no hay y el ganado puede dejar de beber dos a tres días, por eso tenemos que caminar de una a dos horas para llevar el líquido”, cuenta Bertha Yujra, ama de casa que debe cuidar a sus dos hijos.

Con mucha paciencia y precisión, Reynaldo y su esposa, Gloria Quisbert, terminan de armar una pared de 1,4 metros de largo y 1,5 de alto, con botellas PET (tereftalato de polietileno). De a poco, los envases de plástico, que cotidianamente suelen contaminar terrenos fértiles o el agua de ríos, lagos y mares, se transforman en un muro con tuberías que terminan en un grifo, que da esperanza a la familia de Bertha.

“Si hubiese más recursos se podría fabricar un tanque de 1.000 litros”, comenta Reynaldo, alegre porque ayudó a una familia y esperanzado por llegar a más poblaciones rurales del territorio boliviano. Por esa razón, la familia Rodríguez ahora está buscando apoyo económico, con el firme objetivo de llevar su proyecto a más viviendas de zonas alejadas de las capitales de departamento.

El movimiento Earth Overshoot Day llama a la reflexión sobre el cuidado de los recursos naturales y la lucha contra la contaminación, ya que la humanidad ha sobrepasado la explotación de recursos.

En este ámbito, Bolivia es uno de los países con mayor biodiversidad en el mundo, por lo que “necesita el apoyo de todos para promover ésta y otras acciones que mitiguen la contaminación y la escasez de los recursos naturales”, reflexiona Rodríguez.

Después de ver instalado el mecanismo en su vivienda, las caras de alegría de Bertha y su hijo John son insuperables. Reynaldo también sonríe: la satisfacción de hacer felices a las personas no tiene comparación. Por ello quiere apoyo para este proyecto, para que haya agua para todos.

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PRINCE, UN ÍCONO DE LA MÚSICA POP, FALLECIÓ POR EL FENTANIL

El fentanil es un opiáceo y se lo conoce desde la antigüedad. Fue Paracelso quien sintetizó un derivado, el láudano, que ya se utilizaba para tratar dolores y con fines recreativos

El cantante Prince Roger Nelson

Por Redacción

/ 6 de junio de 2021 / 19:01

ESCAPES

El cantante norteamericano Prince Roger Nelson nació en Minesota hacia 1958. Su padre fue músico y tocaba el piano en una banda de jazz, se divorció de su madre y dejó el piano en su casa, con el que Prince comenzó a echar sus primeras notas.

En la década de los 80 comenzó su carrera musical con la grabación Purple rain y Sing of the times, en que combinó muchos estilos de música. Trató de cambiar su apelativo, lo que desencadenó el rompimiento del contrato con su disquera y al final su trabajo The black álbum se distribuyó casi de forma pirata.

Realizó otros trabajos con igual éxito hasta que fue hallado en su residencia inconsciente, se le auxilió pero no se pudo salvar su vida, la causa de muerte fue una sobredosis accidental de fentanil. Ocurrió el 21 de abril 2016, cuando tenía 57 años.

El fentanil es un opiáceo y se lo conoce desde la antigüedad. Fue Paracelso quien sintetizó un derivado, el láudano, que ya se utilizaba para tratar dolores y con fines recreativos. Y es así que su abuso suele causar dependencia física y psicológica. Se considera abuso cuando su uso va en detrimento del bienestar del paciente, la dependencia se manifiesta cuando se interrumpe de forma abrupta la administración de este fármaco, lo que causa un cuadro llamado síndrome de abstinencia.

La intoxicación se presenta generalmente de forma accidental, esto puede provocar depresión del sistema nervioso central, que va desde adormecimiento hasta el coma profundo, además de depresión respiratoria, que es usualmente la causa de muerte.

(*) Dr. Aníbal Romero Sandoval En esta sección se abordan patologías relacionadas con personajes célebres.

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