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Alerta Roja

/ 12 de septiembre de 2021 / 18:19

La película surcoreana de desastres dirigida por Lee Hae-jun y Byungseo Kim se centra en la erupción de un volcán en la montaña Baekdu

CINE

Gracias a una de esas carambolas impensadas desembarcó en las pantallas locales esta producción surcoreana, traída por una distribuidora independiente con sede en Tarija: otra rareza en los tiempos que corren, marcados por un ensanchamiento del monopolio de las películas comercializadas por las sucursales de las empresas punta de la industria fílmica made in USA.

La puesta en circulación de Alerta roja en 2019 (Bajo el título  en inglés Ashfall/Lluvia de cenizas), coincidiendo con el lanzamiento de Parásitos (Bong Joon-ho), película de la misma procedencia, ganadora del Oscar al mejor film extranjero y de la Palma de Oro en Cannes, cuyo suceso, de crítica especialmente, opacó la recepción de este emprendimiento de calidad claramente inferior a la de su connacional pero tampoco desprovista de algunos (pocos) rasgos interesantes y que en su país de origen fue el mayor éxito taquillero de los últimos años —la vieron 8 millones y medio de espectadores—, gracias, entre otras cosas, a incluir en su elenco a varios de los actores allí más populares, pero de igual manera por la ambiciosa envergadura de la superproducción, cuyo presupuesto rondó los 20 millones de dólares.

Inscrita en el género de películas de catástrofe, con cierta tradición en la filmografía surcoreana de los últimos 15 años —en 2009 Haedudae mostró un tifón devastando Busan; Pandora de 2016 abordó un desastre nuclear inspirado en el de Fukushima; Exit de 2019 describió una nube tóxica de misterioso origen infectando Seúl—, inclinada asimismo a incluir en los argumentos referencias más o menos explícitas al largo conflicto político con su par del Norte, en algunos casos dejando traslucir algunas posibilidades de una pronta reunificación, como, en otros, develando los enormes escollos para que ello pueda efectivizarse a plazos más o menos próximos. El trabajo a dúo de los realizadores Byung-seo Kim y Lee Hey-jun oscila entre ambas tendencias sin tomar claramente partido por una de ellas, no obstante algunas insinuaciones, un tanto crípticas, que mencionaremos más adelante.

Jo In Chang, el protagonista central, es un capitán especializado en desactivar bombas de todo calibre. La súbita erupción del monte Baekdu, localizado justo en la frontera entre Corea del Norte y China, entraña un inminente peligro para el territorio de las dos Coreas. Su disparatada misión, la cual de todas maneras solo tiene un 4% de posibilidades de éxito, consiste en detonar una bomba atómica en una de las minas subterráneas cercanas al volcán a fin de que la lava en lugar de salir por la cumbre fluya hacia el conducto artificialmente habilitado impidiendo así la catástrofe provocada por dicha erupción. El problema mayor estriba empero en conseguir el explosivo nuclear, encargo que Jo In tratara de cumplimentar negociando con Lee Joon Pyeong, un alto funcionario del Ministerio de las Fuerzas Armadas del régimen norcoreano. Si tal estrategia falla, no queda otra sino robar una ojiva, justo cuando Estados Unidos viene ejecutando un programa de desnuclearización, con el concurso del desertor Ri Jun-pyong, quien reniega de su nacionalidad.

Evitando demorarse en prolegómenos el relato entra pronto en materia. A los cinco minutos de metraje, Baekdu vomita sus primeras descargas de fuego y lava desencadenando un temblor cuyas réplicas destrozan media ciudad de Seúl en secuencias pródigas en espectaculares efectos especiales hechos, no podía ser de otra manera, por computación. Que el monte causante de semejante hecatombe sea un símbolo insistentemente enarbolado por la dinastía de los Kim, a cuya cabeza se encuentra Kim Jong-un, el temible líder de esa nación, es desde luego un guiño, difícilmente discernible empero para el grueso de los públicos del mundo desconocedores de los entretelones políticos del país asiático.

Nada menos que cinco guionistas fueron convocados a trabajar la estructura argumental de base para Alerta roja. El resultado final entrega la impresión de que el quinteto en cuestión redujo su tarea a sumar, literalmente, ideas, pero ninguno de ellos asumió la de articularlas en una historia consistente, puesto que la dispersión de las mismas es el mayor punto flaco de la película. A menos que los directores hubiesen tenido el propósito de poner en pantalla una suerte de recopilación en sorna de los innumerables tropos de las películas de catástrofe fabricadas en Hollywood y adoptadas en varios de los arriba mencionados títulos surcoreanos del mismo género. Tal presunción choca empero contra la sensación de que el asunto se toma demasiado en serio, acogiéndose a la hipótesis, frecuentada por el cine y las series televisivas norteamericanas de que las armas nucleares, siempre y cuando sean puestas en manos de un confiable grupo de superhéroes, pueden llegar a ser la panacea perfecta para poner atajo a desastres masivos de variada envergadura. Y por añadidura son patentes las referencias a Armaggedon (Michael Bay/1998) y a 2012 (Roland Emmerich/2009), dos prototipos del referido punto de vista, con lo cual la supuesta ironía acaba puesta entre mayúsculos signos de interrogación.

El hecho es que la inicial, ponderable, decisión de dispensarnos de los circunloquios para ir cuanto antes al grano, va evaporándose a medida que avanza el relato, pues éste, quedó anotado, se desperdiga en innumerables subtramas y deja a medias sus líneas fuerza, las cuales podrían haber sido el sustento transversal de un trabajo que al igual que los otros títulos arriba señalados seguramente traducen en alguna medida las aprehensiones colectivas de los habitantes de ese medio país agobiado por la inacabable pulseada con la otra mitad y para peor aquejado de temores permanente por lo que pudiera ocurrir si Corea del Norte y China pasan de las amenazas a los hechos. Resquemores a los cuales aporta su cuota parte el permanente intervencionismo estadounidense, al que la película alude, eso sí, sin medias tintas, abandonando filones que pudieron haber sido profundizados con beneficio para el nivel de la obra acabada, tal el caso de la amistosa relación entablada entre Jo y Ri, el mandamás de la misión y el agente doble.        

Entre las flaquezas inocultables del armado narrativo destaca el pobre tratamiento del personaje de la esposa del capitán protagonista, padre en ciernes, la cual aparece y desaparece por puro arbitrio. Así en los momentos iniciales de la trama, inmediatamente después de la erupción, resulta atropellada por un tsunami, pero algunos minutos después vuelve a presentarse intacta, no obstante su avanzado embarazo. Es un ejemplo de los incontables absurdos argumentales de los cuales se desentiende el tratamiento afanado casi exclusivamente en ofrecer un divertimento sin pausa, propósito hasta cierto punto puesto en riesgo por un metraje estirado mucho más allá de lo conveniente y en el cual salen sobrando, entre otras, las bromas, los chistes excedidos de peso y los pasos en falso indecorosos en una misión a tal punto crucial que de ella depende la sobrevivencia de millones de gentes. 

Por cierto no todo resulta objetable en la película de Kim y Hey-jun. Hay un adecuado manejo artesanal de los múltiples momentos de acción,  el trabajo de los actores, pese a no contar con el soporte de papeles trabajados a fondo, es parejamente inobjetable. Y, sobre todo, resulta atrayente la textura visual elegida, absteniéndose del colorido sobresaturado y optando por una suerte de velado que aporta a densificar figurativamente la atmósfera tensa de las secuencias con una mayor carga dramática. Funcionan asimismo los cambios de ritmo, aún si los desvíos argumentales tienden a acentuar por momentos la impresión de una pérdida de rumbo del relato, que en esas instancias ahonda la impresión de estar mezclando distintos guiones.  

Si Ud. se pregunta por qué el grueso de los críticos considera que el cine coreano se encuentra en un momento pico, Alerta roja no le absolverá las dudas, al contrario, como si lo hacían Parásitos, Tren a Busan (Yeon Sang-ho/2016) o cualquiera de los eslabones de la maciza filmografía de Lee Chang-Dong (Poesía/2010; Burning/2018). Pero si su plan es pasar un buen rato distraído sumergiéndose durante 130 minutos en este despatarrado y pasado de revoluciones batido con ingredientes tan disímiles como el thriller político, el “bromance”, la distopía, el cine bélico,  la película puede servir al efecto.

Fernando Quiñovel presenta las tendencias en peinado para novias

Los recogidos, en su amplia variedad y con novedosos toques, marcan tendencia entre las novias en este retorno de las fiestas matrimoniales

/ 17 de octubre de 2021 / 19:42

Muchas parejas se quedaron con las ganas de una gran celebración a causa de la emergencia sanitaria por el COVID-19. Sin embargo, con el retorno a las actividades presenciales, llegó la oportunidad perfecta de darse el sí y ya han surgido las propuestas para que ese día sea realmente inolvidable. El estilista Fernando Quiñovel y el equipo de Hair Studio Q (edificio Quiñovel, Montenegro Bloque J -13, San Miguel), proponen los looks para novia que serán tendencia en la temporada 2021-2022.

Los peinados recogidos son la principal recomendación para destacar en esta ocasión. “Son clásicos y elegantes, una opción femenina que estiliza y es versátil”, comenta Quiñovel, estilista que permanentemente actualiza su técnica en los más importantes institutos de Estados Unidos y Europa.

En cuanto a los estilos que imperan en esta temporada se pueden observar desde los recogidos trenzados, pasando por moños simples y clásicos basados en peinados icónicos, hasta llegar incluso a modelos de inspiración francesa para aquellas que buscan un look más osado.

Quiñovel muestra al público no solo peinados tradicionales, sino tendencias vanguardistas de carácter renovador, en las que el uso del color y de los accesorios juegan un papel importante. Detrás de cada creación se pone en práctica variadas técnicas que buscan lograr texturas y volúmenes diferentes para cada propuesta.

Hair Studio Q también sugiere reinventar algunos peinados tradicionales, de acuerdo a las facciones y los gustos de cada novia. El desafío es encontrar un equilibrio entre lo armónico y lo sobresaliente para obtener un resultado con el que las novias se sientan cómodas, pero sin dejar de resaltar lo mejor de sus rasgos.

El complemento indispensable para cada peinado es el maquillaje y, según Cinthia Quiñovel, esta temporada viene con pieles luminosas, pestañas y ahumados que profundizan la mirada, además de labios en tonos nude con un toque de brillo. La idea es que la novia luzca vibrante y fresca en el día de su matrimonio.  

Estas propuestas se mantendrán hasta el próximo año entre los estilos más populares, por lo que estos estilistas sugieren dar un paso más y crear innovadoras combinaciones que hagan juego con el vestuario de cada novia. Para hacer reservas, llamar al teléfono 2773736.

Fotos: Alan Rodríguez Tapia/ Asistencia: Samuel Hulen. Angie Zeballos

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Durmiendo en el espacio

Los astronautas ven desde la Estación Espacial Internacional (ISS) días de 90 minutos terrestres, lo que dificulta su sueño

Los crew quarters son los nuevos espacios en que los astronautas tienen oscuridad total durante ocho horas

Por Claudia Fernández

/ 17 de octubre de 2021 / 19:37

Son 16 amaneceres en 24 horas. Desde la Estación Espacial Internacional, la única tripulada que orbita la tierra, los astronautas pueden ver 16 puestas de sol en un día terrestre mientras realizan investigaciones o filman una película, como sucede en este momento. Tienen una vista privilegiada del planeta Tierra con “días de 90 minutos”. Este ciclo de tiempo es uno de los factores que afecta el sueño de los tripulantes. Y en el espacio no pueden haber personas somnolientas.

El “hogar” de los astronautas está a 400 kilómetros de distancia de la Tierra, en ese lugar viven varios meses investigando y realizando ensayos de biología y física, entre otros. Además, la Estación Espacial Internacional genera imágenes que asisten en la agricultura y desastres naturales. Y durante 12 días la ISS, por sus siglas en inglés, recibe a una inédita tripulación que tendrá que adaptarse a vivir en el espacio.

Es la primera vez en la historia que un director de cine (Klim Shipenko) y una actriz (Yulia Peresild), guiados por un veterano cosmonauta (Anton Shkaplerov) filman el primer largometraje ruso de ficción rodado en el espacio: El desafío. Los nuevos huéspedes de la estación experimentarán los beneficios y dificultades de la microgravedad, y de los 16 amaneceres. 

“La ISS rodea la Tierra cada 90 minutos. Esto significa que los astronautas experimentan un ‘día’ de 45 minutos y una ‘noche’ de 45 minutos”, dice a ESCAPEErin FlynnEvans, directora del Laboratorio de Contramedidas a la Fatiga del Centro de Investigación Ames de la NASA.

“Los seres humanos tenemos un reloj interno llamado ritmo circadiano. El ritmo circadiano determina cuándo se debe dormir y despertar de manera óptima. La palabra ‘circadiano’ proviene del latín, que significa ‘aproximadamente un día’. El ritmo circadiano de todos es un poco más largo o un poco más corto que 24 horas. Sin embargo, la luz a la que estamos expuestos en la Tierra interactúa con el ritmo circadiano para ayudarnos a estar listos para dormir por la noche cuando está oscuro y para ayudarnos a mantenernos despiertos durante el día cuando hay luz”, explica Flynn-Evans.

Para los investigadores de la NASA es importante brindar las mejores condiciones a los tripulantes, y hay avances a 52 años del lanzamiento del Apolo 11.

“Durante las misiones anteriores —como Apolo, Skylab, el transbordador espacial y Mir— los astronautas no tenían un ambiente de sueño tan agradable como el que tienen ahora. Durante muchas de esas misiones, los astronautas tenían que dormir en la misma área, lo que significaba que podían interrumpirse más fácilmente. Los astronautas informaron que se habían despertado debido al ruido, la temperatura incómoda o también por la contaminación lumínica”, dice Flynn-Evans.

Era 16 de julio de 1969 cuando unas 650 millones de personas vieron la imagen televisada del Comandante Neil Armstrong, y escucharon su voz que describía la llegada a la Luna, y quedaba grabada para la historia la frase: “… un pequeño paso para un hombre, un gran salto para la humanidad”. Desde entonces las condiciones de trabajo de los astronautas han cambiado. 

NASA

¿Dónde y cómo duerme un astronauta?

“Los astronautas de la Estación Espacial Internacional tienen compartimentos para dormir que se denominan ‘crew quarters (CQ)’. Estos CQ son bastante agradables y brindan a los astronautas condiciones ambientales que incluyen privacidad, oscuridad, temperatura fresca y buen flujo de aire”, explica  Flynn-Evans.

Los CQ son similares al tamaño de una cabina de teléfono. Además de bolsas de dormir, tienen computadoras desde las que se puede hacer llamadas personales, escuchar música o ver películas.   

Los astronautas duermen ocho horas diarias en estas cápsulas verticales que contienen un saco de dormir atado a la pared. Sin embargo, no duermen totalmente estáticos.

“Los CQ tienen un saco de dormir que se adhiere a la parte posterior del CQ con velcro — gancho de terciopelo— . Los sacos de dormir también tienen correas para que los astronautas puedan apretarlos o aflojarlos según su preferencia de flotar o sentirse contenidos mientras duermen”, explica Flynn-Evans.

Desde abril de 2021, la Estación Espacial Internacional tiene siete cuartos permanentes para la tripulación o espacios personales para que los astronautas duerman o trabajen durante su estadía en la estación. Este espacio exclusivo permitió mejorar el descanso de los astronautas. Y también fue resuelto el problema de la luz de los 16 amaneceres.

“Nuestros cuerpos no pueden adaptarse a un ‘día’ de 90 minutos y, por lo tanto, este tipo de patrón de luz-oscuridad puede causar interrupciones del sueño y somnolencia durante periodos de vigilia. Este sería un gran problema si fuera la única fuente de luz del astronauta. Sin embargo, en la ISS, los astronautas tienen acceso a las luces mientras están despiertos y pueden experimentar una oscuridad total, lo que ayuda a minimizar este tipo de interrupciones”, asegura Flynn-Evans.

La Estación Espacial Internacional empezó a construirse a finales de 1998 y tras dos años llegaron los primeros tripulantes. Para su construcción se requirió la colaboración de 15 países y actualmente las principales agencias a cargo son la NASA (EEUU), Roscosmos (Rusia), Jaxa (Japón), la Agencia Espacial Europea (ESA)y la Agencia Espacial Canadiense (CSA).

Actualmente es la única estación espacial con tripulación permanente, y tiene un tamaño similar al de una cancha de fútbol y está dividido en pequeños espacios. Otras de las estaciones lanzadas fueron las del programa Salyut entre 1971 y 1982. Cinco de ellas fueron civiles, mientras que otras dos fueron militares.

Tras el programa Salyut, la Unión Soviética lanzó en 1986 la Estación Orbital Mir, siendo la primera estación espacial en ser habitada de forma estable. Tras 15 años en uso, en 2001 fue destruida de forma controlada cayendo en el océano Pacífico. También se lanzaron la estación espacial Tiangong-1 de China que tuvo una reentrada en 2016, y Tiangong-2 lanzada el 15 de septiembre de 2016.

En la ISS se investiga el cuerpo y la microgravedad. Por ejemplo, un estudio descubrió que los astronautas perdieron masa muscular paraespinal significativa durante una misión de larga duración. Además, realizan la demostración de una nueva tecnología para eliminar el dióxido de carbono de las naves espaciales.

Y durante estos días la Estación Espacial Internacional no solo será escenario de investigaciones, sino también un escenario cinematográfico.

Fotos: NASA

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Recoleta: Un mall ecosustentable late en Sopocachi

Comida, ropa, productos de belleza, libros, café, tragos artesanales y música en vivo conforman la nueva propuesta ecosustentable paceña

MARCAS. Tiendas ecosustentables y que buscan el cuidado del medioambiente se han instalado en los dos pisos y los patios de la casona

Por María José Richter

/ 17 de octubre de 2021 / 19:33

Yo siempre he creído en las alianzas”, cuenta con entusiasmo Martina Eguino (26), dueña de la idea de la Recoleta en La Paz, el nuevo ecoespacio ubicado en la avenida Sánchez Lima (en el pasaje Carranza) y abierto todos los días de 10.00 a 21.00. El proyecto, sin embargo, tiene su precedente en el otro extremo del país: Recoleta Santa Cruz, instalado en el barrio de Equipetrol desde julio del año pasado, ofreciendo desde aromaterapia y degustación consciente, hasta vestimenta sustentable y comida vegetariana. Las pioneras de la propuesta en la ciudad cruceña son Cinthia Zeballos de Salvé Bolivia y María Laura Castedo, Valeria Hinojosa y María Julia Castedo de Ecomentalízate, una tienda multiproducto eco friendly. 

Rodwy Cazón

Por aquella creencia en los lazos, Eguino decidió trasladar aquella novedosa oferta a la ciudad de La Paz. “El año pasado les escribí a las personas de Ecomentalízate apenas supe de su tienda. Fuimos junto a mi tía Victoria Ossio, del refugio de animales Senda Verde a conocer Recoleta. Cuando llegamos, dijimos ‘esto es más que una tienda eco, esto es una casa’. Mi cabeza explotó y les dije que me gustaría hacer una alianza, que es en lo que creemos”, recuerda. Hoy, Recoleta Santa Cruz, decorado completamente con elementos reciclados, tiene más de 60 submarcas que ofrecen sus productos.

Una antigua casa de Sopocachi acoge esta nueva propuesta. Cada marca, con su propia decoración, se acomoda en un ambiente del inmueble en específico. Música de fondo. Un café en el living. Espacios cerrados, y otros abiertos, resguardados por los árboles. Dos pisos de oferta y los patios. “No quisimos cerrarnos al nicho de la zona Sur. Esta fue la primera casa que vimos, nos encantó la vibra, que sea retro y que tenga grandes espacios. Decidimos tomarla de inmediato”, relata Eguino. Hoy Botanika, Salvé, Ayurveda, Ecomentalízate, Bru Coctelería Artesanal, Ágape por Green Salad, Senda Verde y Lectura son algunas de las tiendas que acomodaron sus productos en la residencia de antaño.

Rodwy Cazón

Propuestas locales y sustentables

Las marcas están tejidas por un mismo hilo: los productos sustentables. “La idea nace de la necesidad de la ciudad de tener espacios donde el gasto sea más reflexivo. Quieres comer local, hay productos para ello; quieres comprar ropa de segunda mano, pero modernizada, está Salvé; y así sucede con las diversas marcas”. Pero el consumo consciente es solo el plus. El objetivo mayor es que Recoleta sea un rincón donde la gente coincida.

“Que sea un lugar de encuentro, que la gente venga porque le gusta el ambiente, los productos, los tragos, el café y la comida; en fin, que se sienta en casa. Las personas pueden quedarse horas trabajando y estar cómodas”, explica Eguino. A ello se suma una propuesta que se irá forjando paulatinamente: una agenda cultural con arte completamente local y, en algunas ocasiones, con un propósito mayor.

Hace unas semanas, Recoleta reunió a los músicos Vero Pérez, Prana, Agadá, Piel Morena, Nia Cole y Poche Ponce en beneficio de los bomberos voluntarios que combaten los incendios en la Chiquitanía. El evento fue organizado por el movimiento juvenil en Bolivia Fridays For Future.

“El objetivo fue que la gente sepa que se puede ayudar así, pasando un momento ameno, y ser conscientes de lo que sucede en el país”, comenta Eguino.

“Si hay gente de teatro, si hay poesía… la idea es tener siempre algo, desde actividades para niños hasta música en vivo. Estamos intentando ser un centro donde siempre haya eventos. Lo ideal sería tener una lista de acontecimientos mensuales, pero por ahora soy solo yo y se me hace difícil. Que venga una banda, por ejemplo, implica varias cosas: el sonido, los instrumentos y demás, que iremos trabajando de a poco”, señala.

Mientras tanto, Recoleta espera a sus visitantes paceños para una renovada experiencia sustentable.

LA GRÁFICA

GESTORA. Martina Eguino, parte del directorio de Recoleta La Paz

Foto: Rodwy Cazón

Foto: Rodwy Cazón

Foto: Rodwy Cazón

Foto: Rodwy Cazón

Fotos: Rodwy Cazón

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‘La Paz Diseña’, moda emergente que cuida el medio ambiente

Diecinueve diseñadores consagrados y emergentes pasaron por la curaduría para el evento que destacará la moda circular

Por Adrián Paredes

/ 17 de octubre de 2021 / 19:27

Se decía que las modas pasan rápido. Que cuando una prenda entra en boga, ya está por salir otra que le quitará el glamour de la novedad. Hoy en día, nada podría estar más lejos de la verdad. Eso afirma Brígida Vidangos Aguilar, presidenta de la Asociación Paceña de Diseñadores de Moda (APDM), que celebró la curaduría de su evento La Paz Diseña.

 Juntando diseñadores consagrados y emergentes, La Paz Diseña tendrá una temática especial: fomentar la moda circular, una nueva filosofía mundial que busca crear y diseñar prendas de alta gama utilizando materiales amigables con el medio ambiente.

Lana, lino, algodón y fibras extraídas de plantas, la moda circular abandona la creación y el consumo vertiginoso de prendas y opta por una moda lenta, de diseños que, además de ser creados reciclando creativamente prendas antiguas y con una política de cero residuos, tienen también el reto de mantenerse relevantes por dos o tres años desde su estreno.

“Rescatamos lo mejor de las prendas y así nace algo nuevo”, asevera Vidangos. “Queremos mostrar al público que hay muchos materiales con los que se pueden hacer prendas de calidad, pese a que hayan tenido ya un tiempo de vida”.

APDM

El mundo de la moda paceña

De convocatoria abierta y sin cuotas de inscripción, participaron ocho diseñadoras emergentes, nueve consagradas de la APDM y dos más independientes, también consagradas dentro del mundo de la moda paceña.

“Varinia Vera mostró una mezcla de materiales y aguayo; Alexandra Bravo, que realiza arte plumario con plumas recicladas de gallina, como parte de estar en contra del uso de plumaje de animales exóticos, también mostró sus diseños.

Vimos tejidos con cintas de jean por Belen Iñiguez y Hugo Mejía transformó sacos de hombres en prendas femeninas”, detalla Vidangos. La diseñadora está contenta por el hecho de que casi todos los participantes pasaron a la segunda curaduría y, eventualmente, al desfile y a la exhibición, tras la evaluación de un jurado que incluyó a la diseñadora colombiana Juliana Flores, la argentina Denisse Nardini y el joven fotógrafo Miguel Ángel Flores, entre otros.

“La experiencia en la curaduría fue muy gratificante, por el nivel de compromiso y organización de la Asociación”, expresó Nayana Patón, una de las diseñadoras emergentes que sorprendieron a la APDM en el evento realizado en septiembre.

Sin fecha fija, por la pandemia, el fomento a la moda circular  continuará en octubre.

APDM

Fotos: APDM

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Tres pasos al frente

La cinta del boliviano Leonardo Pacheco se acerca al grupo de 13 jóvenes que se ofrecieron a luchar en la Guerra del Chaco

Por Pedro Susz K.

/ 17 de octubre de 2021 / 19:23

CINE

Si bien el cine boliviano se acercó a la Guerra del Chaco desde los mismos años del enfrentamiento con el Paraguay entre 1932 y 1935, en principio documentando in situ los acontecimientos (La campaña del Chaco, Juan Peñaranda Minchín/1933; Infierno Verde, Luis Bazoberry/1932-1935), Tres pasos al frente, primer largometraje del joven director cochabambino Leonardo Pacheco (21 años) a la cabeza de un elenco igualmente bisoño, se suma a Boquerón (Tonchy Antezana/2015), Fuertes (Óscar Salazar Crespo, Franco Traverso Chueca/2019), Chaco (Diego Mondaca/2020), trilogía de las más recientes miradas retrospectivas de nuestro cine sobre aquel crucial momento de inflexión en la historia del país. Y, tal cual ocurre casi siempre con las óperas primas,  el ambicioso apuro por decirlo todo de una vez, y con el mayor despliegue de efectismos a mano, desemboca en algunas demasías atribuibles a la inexperiencia de sus responsables. Sin embargo, es justo apuntarlo, el director hace, intermitentemente, gala de una puntería escasa en ese tipo de primeras obras.

Los códigos instituidos por la industria del entretenimiento en relación al género del cine bélico entrañan un desafío ineludible: someterse a esas recetas, repitiendo los sobados estereotipos frecuentados en incontables títulos apuntados a mostrar las contiendas armadas como el non plus ultra del arrojo varonil, o bien zafar de semejante corsé para develar la profunda estupidez de semejantes eventos, mayormente propiciados, a lo largo de la historia universal,  por los dueños del poder para legitimarlo o acrecentarlo. Al comulgar con la glorificación patriotera de algunos episodios instalados en el imaginario colectivo por la historia oficial en el modo de paliativos al desencanto que trae consigo la enumeración de los traspiés de los cuales se encuentra plagada la historia republicana, Pacheco no sale muy indemne del auto-envite que asumió al asomarse a la descabellada aventura a la cual fueron empujados Bolivia y Paraguay por los intereses de algunos países vecinos y las empresas petroleras, puntas de lanza del modelo neocolonial implantado desde los albores de la República en complicidad con las oligarquías nativas.

Pacheco aborda lo sucedido el 6 de agosto de 1933 cuando al constatarse la enorme cantidad de bajas en las tropas bolivianas, a instancias del obcecado entonces presidente Daniel Salamanca y de su improvisado asesor estratégico traído desde Alemania, el Gral. Hans Kundt, los cadetes de primer, segundo y tercer año del Colegio Militar, muchos de ellos adolescentes de entre 13 y 18 años, fueron instados a dar tres pasos al frente para acudir voluntariamente a las trincheras. Los más de 160 cadetes dieron unánimemente, en igual número de ocasiones, esos tres pasos adelante y 10 días más tarde partieron hacia aquellas lejanas tierras asoladas por el calor y la sequía, de donde solo retornaron vivos algo menos de 110.

El relato está seccionado en tres bloques, un  tanto desbalanceados. El primero, que se alarga a 52 de los 107 minutos del metraje, se detiene en el resaltado de la dimensión humana de los personajes y en un exhaustivo repaso a las minucias de la rutina castrense. En el segundo, Pacheco se toma un par de licencias (la composición de los oficiales “pilas” Cabrera y Martínez)  para acomodar el conflicto dramático a opinables sentencias proferidas por los jefes: “La guerra exige hombres no niños”, “vivir es un acto de cobardía”, entre otros, creyéndose así eximido de poner en cuestión el absurdo esencial de cualquier guerra. El tercero cumplimenta su mirada al sacrificio como el paso a la inmortalidad histórica, echando mano de la pormenorizada inmolación de los voluntarios sin escatimar ningún detalle de la crueldad a la que es capaz de llegar, en esas circunstancias extremas, el hombre: el “otro”, claro —lo que Eco denomina “construir al enemigo”—, permitiendo, con tal inventario, de atrocidades, parece suponer asimismo el realizador, añadir unos centímetros a la estatura heroica de los personajes. 

Película Tres pasos al frente

Es ambigua la caracterización de Salamanca, a cuya tozuda irresponsabilidad camarillera cabe endilgarle, sin la menor duda, el desastre de aquella guerra con su altísimo costo en pérdidas humanas y no se advierte asomo alguno de  contextualización geopolítica, anclándose en un miope ombliguismo, par de inadmisibles, a estas alturas, omisiones compartidas con los títulos colacionados en el primer párrafo, salvo en algunas instancias del film de Mondaca.

En su debut, anotamos más arriba, Pacheco peca de los excesos usuales de las primeras incursiones en cualquier rubro creativo, sintiéndose obligado a expresarlo todo de un solo envión, aun cuando en el caso de Tres pasos al frente, exhiba, por momentos, una perspicacia inusual en los principiantes. Pero es asimismo constatable un desconocimiento de la función de las herramientas narrativas propias de los códigos cinematográficos.

Hay a lo largo del relato un abuso desmedido de los primeros planos, cuyo valor expresivo permite sacar el mejor partido de la gestualidad de los intérpretes, pero si, al mismo tiempo, estos últimos vociferan sin pausa, en vez de potenciar el alcance denotativo de los elementos icónicos tal subrayado superfluo acaba neutralizándolo. De igual manera, el forzado acento lastimero, condolido y fingidamente empático, amén de sobreactuado, de la dilatada secuencia del adiós en el momento de la salida de los personajes hacia el frente acaba siendo deslucido por los recalcados verbales. ¿No hubiese sido más eficaz tratar aquella sobrecogedora circunstancia enfocándose en los gestos de los actores y dejando a la imaginación de los espectadores las réplicas, con lo cual se hubiese franqueado de seguro una más clara empatía emocional de éstos hacia aquéllos?

La música, sin entrometerse mucho, tampoco aporta gran cosa al enriquecimiento dramático, como sí lo hace la fotografía trabajada sobre una paleta marrón que no se somete al “verde” de aquel infierno y así consigue densificar visualmente la agobiante sensación de sed, relatada con tanta puntería por Augusto Céspedes en Sangre de mestizos (1936). Los actores, por su lado, atienden su tarea apelando a la (no muy amplia) gama de sus recursos, salvo un par de fallidas caracterizaciones, en particular la de Kundt.     

A estas alturas, y sin menoscabo del sacrificio entregado por quienes marcharon al horror, no saldría sobrando preguntarse si aquel grupo de voluntarios dieron los tres pasos al frente porque amaban a la patria, o por la sabida propensión de los adolescentes hacia la aventura, en esa etapa de mutación existencial en la cual el grupo, la pandilla, la camaradería generacional en fin, se convierten en los referentes del comportamiento de los individuos urgidos de sentirse aceptados,  o, en definitiva, porque fueron víctimas del contagio con la atmósfera de la época, impregnada de una inflamación patriotera gatillada por el Partido Republicano, autodenominado Genuino, con Salamanca a la cabeza, que creyó haber topado con la oportunidad de consolidar un poder que comenzaba a flaquear.  Tanto da, se dirá, y en última instancia, es así, pero, guardando el debido respeto, el puro tributo se me antoja insuficiente para aportar a una ponderación más precisa de lo acaecido en el Chaco Boreal.

¿Y cuáles son de las destrezas insinuadas dos veces líneas arriba, impidiendo que Tres pasos al frente acabe en un capricho devenido en caricatura? se preguntará el lector. Detallo: la composición de los personajes, sin tensar la cuerda emotiva hasta romperla, y evitando convertirlos asimismo en pedazos de mármol parlante,  permite sostener la credibilidad del relato. El ojo para elegir las locaciones en Cochabamba, Cotapachi y Tarata, situadas a cientos y miles de kilómetros de la sede de gobierno y del escenario de la guerra, respectivamente, gracias al cual tampoco se pone en riesgo la fiabilidad narrativa.     

Por añadidura. En tiempos en los cuales la lectura ha pasado a ser una alternativa de los “raros”, los pocos que optan por un libro en lugar de la flamante tontería de hoy en TikTok y sabiendo por lo demás cuán poco afectos hemos sido siempre a reflexionar colectivamente acerca de nuestra historia, a revivir la memoria — menos aun con sentido crítico—, quizás el mérito principal de la película de Pacheco sea el de la invitación a sus coetáneos a ese ejercicio, aun cuando el abordaje elegido para dicha mirada retrospectiva peque de los vacíos ya mencionados. O sea: permanece abierto el crédito para Pacheco de cara a su eventual reincidencia fílmica.

FOTOS: PELÍCULA ‘TRES PASOS AL FRENTE’

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