miércoles 8 dic 2021 | Actualizado a 12:03

Concierto presencial

/ 24 de octubre de 2021 / 18:25

Lo logramos. No solo grabamos un nuevo CD en plena pandemia y golpe, lo presentamos de manera presencial en dos noches memorables en el Teatro Municipal

CH’ENKO TOTAL

Lo logramos. No solo grabamos un nuevo CD en plena pandemia y golpe, lo presentamos de manera presencial en dos noches memorables en el Teatro Municipal Alberto Saavedra Pérez de La Paz, mi ciudad, los días 8 y 9 de octubre, en honor a los 473 años de fundación de la capital de los Andes. Habíamos ido a La Paz en busca de la segunda dosis de la vacuna, llegamos posverbena juliana, luego de esperas y amaneceres conseguimos la vacuna juuuusto el mismo día que tenía que tocar para el Moncada por invitación del Embajador de Cuba. Con algo de fiebre toqué en la Casa del Pueblo por primera vez, estaba la plana mayor del Estado Plurinacional. Salí jadeando, sudando frío, pero compromiso era pues, como hace 42 años cuando Don Pablo Ramos me invitó por primera vez en 1979 a cantarle a ese hecho histórico revolucionario.

Julio pasó raudo con artistas orureños, cochabambinos, potosinos cantándole a La Paz… ¿y nosotros, los paceños?, me pregunté cómo cholita. Hay que solicitar el Teatro, rompamos este karma de no poder tocar en el Municipal hace dos años, instruyó el Papirri. Así fue que hicimos la solicitud con poca fe, como para no desilusionarse. Entonces llegaron las grabaciones para el programa de televisión Ch’utis que hago para Abya Yala y que sale los sábados a las 19.00. Todo agosto y septiembre le cascamos duro al asunto, grabando lindos programas, sobre todo los que hicimos en el Thelonious Jazz, gracias al amigo Juanqui Carrasco, coordinador de este Centro Cultural ubicado en la zona de San Jorge, quien nos permitió usar su set. Mientras grababa los programas, convocaba a los músicos a ensayar, recordar partituras y letras. Fueron fundamentales los ensayos con Mauricio Segalez, joven cantautor y guitarrista alteño que poco a poco se fue volviendo mi guitarrista, fue la primera vez que toqué con otro guitarrista, es que quería bailar, librarme del peso armónico en mis espaldas. El kaluyo del retorno lo ameritaba, más aún porque decidió iniciar el concierto. “¿El kaluyo va con bajo y charango como en el disco?, preguntó Segalez. “No sé”, le dije mirando al Tata Illimani, hipnotizado. Así, poco a poquito, me fui quedando tres meses en La Paz, mi ciudad.

Dos eventos fuertes sucedieron en septiembre: mi cumpleaños y el día del hincha stronguista. Luego de varios meses tomé unos tragos con amigos de la infancia y familia festejando el 61A. Entonces llego la invitación para tocar nada menos que en la Curva Sur del estadio Hernando Siles. Ronald Crespo, presidente del Tigre, me convenció nomás y aquello fue espectacular, tocar frente a 5.000 Tigres eufóricos de la Ultra Sur fue algo único y arrasador. A la sazón llegaron las entrevistas para  difundir los conciertos, me di cuenta en muchas de ellas que debía fortalecer el concepto primogénito de mi música: la integración… en un país dividido, dolido, emputado. “La ciudad se derrumba y yo cantando”, decía Silvio en mi cabeza. Un par de entrevistas fueron difíciles, pero la mayoría muy lindas. Después de todo era un milagro, una bendición poder ir a los canales y radios a difundir los conciertos que llegaron como una carga pesada. Solo se pudo dos ensayos presenciales con la banda, demasiados músicos, como siempre. Lo que más me dio fuerza fue la buena onda de Los Bolitas, jóvenes músicos roqueros, ir a ensayar con ellos a su estudio de Següencoma fue un bálsamo, fue como retroceder unos 20 años, agarrar energía y ensayar con todo. Terminamos montando cuatro canciones.

Con los Canarios del Chaco no pudimos ensayar, llegaron desde el Chaco sudados y nerviosos directo a tocar. Hasta me hicieron bailar una chacarera con una joven bailarina del Ballet Folklórico La Paz, Bafopaz, bailarines que hicieron vibrar a la gente con el caporal Camote y el célebre Pepino pandillero. Tocamos frente a 600 personas en las dos noches, un público hermoso en sus barbijos. Y para aumentar la cosa, tocamos en Villa Copacabana el domingo, en una feria municipal a cambio de la liberación del alquiler del Teatro. Todavía me duele el cuerpo. Pero estoy conforme. La Papirri’s Band estuvo sólida. Los hermosos del Papirri’s Kinder la rompieron. La presencia del cantautor y cantante David Portillo le dio un ajayu especial a las dos noches. Muchas gracias a Rodney Miranda, antiguo amigo, Secretario de Culturas de La Paz, que nos concedió el Teatro y nos hizo entrega de un lindo certificado que resalta mi obra musical paceña. Gracias a LA RAZÓN, ATB, Bolivia TV por el apoyo. Lo logramos. Solo quedan 30 discos 60A para Santa Cruz, voy solito con mi guitarringa a tocar el 6 de noviembre. Qué será. Cómo será. Lo logramos. Grabamos nuevo disco. Lo presentamos en vivo. Con pandemia más. Bien, che. Pa’ qués decir.

(*) El Papirri: personaje de la Pérez, también es Manuel Monroy Chazarreta

Diálogo postmarcha

Por El Papirri

/ 6 de diciembre de 2021 / 20:14

CH’ENKO TOTAL

El Papirri se encuentra con su compadre. — ¿Cómo es Papirri?, te he visto tocando en la Marcha por la Patria. Qué pasa pues, otra vez te estás manchando con la política, medio masoquista eres, ¿no?— increpa el compadre Silverio en su llamada mañanera.

 — Sí, compadre, el viernes, quinto día de marcha, ya no pude con el escozor, viendo todo por la tele como “ociólogo”, una vergüenza, hasta que vi a una awicha marchando y me dije : ¡Jallalla, basta ya! Entonces fue naciendo una canción de emergencia para esta marcha valiente. El sábado empezó a nacer la idea, apareció la letrita: “Ya llega la marcha, vida y, por la democracia / polleras, wiphalas, k’epis de la vida…”.

— ¿Y para qué pues te metes en problemas? Estabas bien, tranquilo caminabas, otra vez la zozobra. Mi comadre, preocupada, seguro bien te insultan en las redes, ¿eso querías? ¿No querías que te quieran?

— Compadre, bien clarito te digo, esta marcha es en defensa de la democracia, te guste o te asuste. Lucho ganó con el 55 por ciento, un 15 por ciento quiere otra vez entrar a la fuerza al palacio, ya sabemos cómo son los fascistas, en un año han destruido al país, han negociado con los respiradores para los enfermos, han saqueado Entel, mejor no me hagas renegar…

— Sí, pero tu habías dicho que no eres del MAS, que no tienes militancia…

— Así es, yo no soy de ningún partido, soy de izquierdas, apoyo a las organizaciones sociales, no tengo gremio ni sindicato, tal vez puedes decir que soy del Instrumento…

— Yaaaa, quéspseso… solo te digo que después no estés pidiendo favores cuando te persigan… ¿Por qué te jodes tanto la vida, compadre?  Ya estás mayorcito, deberías retirarte y cantar de vez en cuando, hacer reír con la Metafísica, estar con tus artistas, acaso te han dado algo estos? ¿Acaso tienes un buen trabajo?

— Yo no he compuesto ni he cantado en la marcha en busca de pegas, compadre. Es mi ideología, mis sentimientos, ¿o no te acuerdas cuando tocaba en la Marcha por la Vida? En el Teatro al Aire Libre cantábamos  Los mineros volveremos, vos también cantabas, éramos changos. Sé que has cambiado tus ideas, pero yo no… sigo nomás como me conociste…

— Lo que pasa es que al Evo no lo queremos en La Paz, sabes ¿no ve?

— ¿Y quién ha hecho el teleférico? ¿El Murillo ha hecho el teleférico? Han entrado a robar al teleférico, a BoA la estaban destruyendo, han  puesto a sus queridas de personal con ítem, a sus compadres en impuestos para no pagar…

— Y vos ni siquiera le consigues una pega a tu ahijado, ¿no? Tu ahijado ya es profesional, hasta ahora no lo puedes acomodar. Háblale pues al Evo, tanto se lo cantas. Bien ingenuo eres, compadre, ya me da rabia, pareces chango, uno se preocupa por vos y te enojas todavía.

— No me enojo, compadre. Solo deseo que entiendas, todo fluyó con esa canción, la compuse el sábado, el domingo lo llamé a mi amigo Álvaro…

— Al Lineras?

— Nooo, al Álvaro Montenegro. Tiene su estudio en Achocalla, hasta allí me fui a grabar el tema todito el domingo, tuve que tocar todos los instrumentos, mezclar, masterizar… Mientras trabajaba en eso pensaba en las marchistas, seis días de marcha, valientes warmis, durmiendo en el altiplano, entonces nacía: “ya llega la marcha, jajay, contra los fascistas/ con lluvia, con trueno, viday, marcha por Bolivia…”

– Y ahora… ¿Qué has ganado, pues? Ni siquiera te pagan, te haces odiar, insultar, una vergüenza están hablando de vos en las redes, nadies va a ir a tus conciertos, después vas a estar puteando de que el teatro está vacío; y mi comadre, preocupada…

— Tu comadre me dijo que estaba orgullosa de mí… — ¿Orgullosa de que te jodas la vida? Lo único que te pido es que no me busques si te buscan…

— Ya, compadre, ni modo Cuasimodo, ideales son, democracia, una Bolivia digna, con autodeterminación, un país más igualitario…

—Ya, ya, ya, esa cantaleta todo el día en los spots y contigo más… mejor hablemos del Tigre, parece que va a salir campeón, compadre, ¿vamos al partido? Después de ocho años vamos a saltar…

— Ya, compadre Silverio, vamos al partido.

— No, mejor no, compadre, no quiero que me vea la gente con vos, me van a decir “masista” y eso no me gusta. Yo soy librepensante, además soy de la iglesia de todos los santos vivos, estamos bien ahí con mi familia, con el pastor Kevin.

—Ya, compadre, andá nomás solito al partido entonces.

— Cuando se pase esto te llamo, saludos a la comadre. No te olvides de tu ahijado, una pega pues  en el Estado Plurinacional, ya que has cantado…

Mientras, en la radio suena mi canción:

“Es el pueblo unido, con su wardat’ojo/ lluch’us y chicote, jajay, son los ponchos rojos/ Polleras al viento, pidiendo justicia/ Senkata, Huayllani, viday, no se nos olvida”…

(*) El Papirri: personaje de la Pérez, también es Manuel Monroy Chazarreta

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Otra Santa Cruz

No vayas a tocar a Santa Cruz, hermano, es un momento difícil, no va a ir nadies”, me decía mi amigo Rixi preocupado por la situashón

Por El Papirri

/ 22 de noviembre de 2021 / 11:25

CH’ENKO TOTAL

No vayas a tocar a Santa Cruz, hermano, es un momento difícil, no va a ir nadies”, me decía mi amigo Rixi preocupado por la situashón. El Centro de la Cultura Plurinacional me había invitado a dar un concierto el 6 de noviembre, con presupuesto mínimo, por lo tanto iba yo y mi guitarringa. “El CCP tiene un teatro de cámara muy bonito, bien equipado, multifuncional, con 100 butacas”, me informaba Pablo, eficiente servidor cultural. “Sin embargo, hay demanda, llamadas diarias, es posible que saquemos el escenario al patio, creemos vendrán más de 100 personas”, se entusiasmaba. Empezaron los ensayos conmigo para montar el unipersonal, en el camino me di cuenta de que había compuesto tres taquiraris en diferentes épocas, siempre me gustó el taquirari, desde niño este género era parte del repertorio del Conjunto Guitarras que dirigía mamá.

Sin embargo, tocar solo con mi guitarringa en territorio cruceño generaba cierta tensión, había trabajado en la década de los ‘90 con un trío en el Tapecuá, un bar restaurante cuyos clientes eran de tener, carito el trago y la comida, eran conciertos duros, llegar al cruceño blancón “cívico” no era fácil. Recuerdo un trío histórico, Wladimir Morales en el bajo, Carlos Salazar en batería y El Papirri. Linda época, el periódico El Deber nos quería, publicaba las crónicas del Papirri, todo empezó a podrirse hacia el 2005 por el tema político. Fue una noche de emergencias cruceñas que compuse el taquirari Enay puej en un hotel, para lanzar puentes, la canción trata del migrante colla que pone su tiendita en el oriente, le conquista el corazón a una damita de Porongo, vendedora del mercado, se enamoran y nace la familia camba colla o colla camba, como quiera su mercé. La estrené en el boliche aquel sin pena ni gloria, sin puentes ni nada, era una historia de pobres. Luego en 2008 compuse el Taquirari para Gladys Moreno, pero ya no toqué más en Santa Cruz. En Quito nació No quiero perderte, un taquibossa, que me gusta bastante. Esto del taquibossa nació en mí, en realidad, en 1993, cuando compuse Carnaval taquibossa dedicado a Fernando Jiménez, el Huevo, un gran zampoñero, lo grabamos juntos en el disco Bien le cascaremosretornando de Japón. El taquirari y la bossa nova unidos, tejidos en interculturalidad, seguramente articulados por los aires del Amazonas.

Entonces aterricé en Santa Cruz, la humedad me dio un sopapo y para colmo se me ocurrió complicar la estadía realizando un par de entrevistas para mi programa de tele Ch’utis, que va por Abya Yala Tv los sábados a las 19.00. Un amigo me ayudó con las cámaras, pude realizar una entrevista con el gran muralista Lorgio Vaca, quien me recibió un viernes en la mañana con su hermosa sonrisa en su taller repleto de árboles y luz, pero esto merece una crónica aparte. El sábado, día del concierto, logré hacer una entrevista en la mañana con Edson Hurtado, escritor, poeta y comunicador, además de director del CCP, súper entrevista que también merece otra crónica.

Volviendo al concierto, convencí a la gente del CCP de hacerlo adentro, en el teatro: muy buena decisión. La prueba de sonido fue rápida, mi guitarra la Sevillana sonó muy segura en sala. Las dos semanas anteriores, en los ensayos, había cambiado cinco veces el programa. Fue así que a las 19.00 había cola en el CCP para ingresar a mi concierto, descubrí un público cruceño diferente, otra Santa Cruz, un territorio mestizo de migración. Hacía fila para ingresar al concierto del Papirri y su guitarringa un papá nacido en Potosí, bancario, con el hijo quinceañero cruceño: ambos del Tigre… La señora paceña casada con el señor de Vallegrande recordaba a sus hijos, ahora migrantes en España, en la canción Qué tal metal. El repertorio fluyó muy bien, ciertamente eran 100 personas bien sentaditas, todo en su lugar, la oscuridad del teatro, sus luces, la solemnidad del escenario, el sonido pulcro, público atento y yo sin tragos. Fue uno de los mejores últimos conciertos, disfruté mucho escuchar mi guitarra sin tanto alboroto de músicos, hasta  leí un par de crónicas, la Historia de Maribel transcurrió virtuosa y enérgica con guitarringa, al final de la primera parte hice dos pistas con Camote y Ch’utis, haciendo bailar a la gente. En el intermedio, me quedé en el hall a firmar discos, grave error el no sentarme, fueron más de 40 minutos parado firmando libros y discos, sacándome fotos con un público cariñoso, piel morena, piel zanahoria, ojitos de guapurú. En la segunda parte, el público solicitó las canciones que fui tocando, Hasta ahurita, Enay puej fueron pedidas por la gente, esta bella gente que une a Bolivia quizá sin darse cuenta, con el amor del diario vivir, levantando sus familias mix con sus wawitas: Chairo y Cuñapé. Esa Bolivia plurimultituttifrutti que soñamos florezca estable y constante, esa otra Santa Cruz sin racismos, sin complejos, sin intereses, sin terratenientes, una tierra camba de amor e integración de verdad. Gracias, público cruceño. Volveré prontito. Pa’ su verdá.

(*) El Papirri: personaje de la Pérez, también es Manuel Monroy Chazarreta

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Muertos vivos

Cada 1ro de noviembre a mediodía es el momento para recibir, recordar, conversar, reír, compartir a nivel espiritual con los que se fueron

Por El Papirri

/ 8 de noviembre de 2021 / 07:47

CH’ENKO TOTAL

Cada 1ro de noviembre a mediodía es el momento para recibir, recordar, conversar, reír, compartir a nivel espiritual con los que se fueron. Llegan a esta tierra dolorosa, a esta vida nuestra, a este nivel de existencia que es tan poco espiritual, nos visitan un día y retornan a su espacialidad. Sin embargo, yo siento que convivo diariamente con mis espíritus  superiores, todos los días les agradezco su protección, me han salvado de cosas terribles, de tragedias jodidas, me ayudan en momentos de desesperación, me guían y dan el camino: mis muertos me dan vida.

Son asuntos inexplicables los que me pasan a menudo, recién mi esposa tuvo un accidente doméstico, que si no intervenían mis madres (mi mamá y mi suegra), hubiera sido difícil el chistecito, con ambulancia, operación. Pero ahí estaban ellos, los espíritus superiores interviniendo de manera prodigiosa. No hay explicación posible. Mis muertos nos dan vida. Mi abuelo Andrés siempre está por aquí, me ayudó mucho en un pleito interminable legal para proteger su memoria, ahora la casa de mi infancia que iba a ser derrumbada, su casa, está hermosa, paradita, risueña, tengo ganas de ir. Mi abuelo Manuel es el que me ayuda en los temas de autos y transportes, el otro día se cruzó una vaca, íbamos a alta velocidad, el choque fue tremendo, el bus quedó abollado y nosotros protegidos por el abuelo Manuel. En cuanto a mi padre, siempre interpuso sus buenos oficios en los problemas de la noche y de la política; el año pasado en Buenos Aires nos guio de manera mágica, debía tocar en el Teatro Vinilo, mi padre logró que nos alojáramos en un hostal a pocas cuadras de los músicos que me acompañaban, en una ciudad gigante.

iHoy quiero recordar a los ajayus que no están conmigo todos los días y que partieron hace poco. Don Pablo Ramos, espíritu superior reciente, el silencio de los “ociólogos” es alarmante al respecto, ni un homenaje, solo una noticia hueca. Don Pablo me llamó el año pasado en mi cumpleaños, todavía los fascistas lo amenazaban, me dijo que El kaluyo del retorno, que justo salió ese día, le había conmovido, “Manuelito, es un gran aporte al acervo musical del país”, dijo con su voz de joven. Don Pablo fue como un padre para mí, no por su presencia cotidiana, sino como referencia viva de ética, de firmeza intelectual, por su consecuencia a prueba de balas. Venía del Chaco profundo. En 2018 nos dimos un abrazo recóndito cuando lo visité en su despacho, estaba de presidente del Banco Central de Bolivia. Lo vi como siempre, intacto, lúcido. Ahí surgió el guiño de los espíritus superiores. Yo le había llevado como obsequio mis croniquitas del volumen uno, las hojeó. De pronto vio la foto de la crónica Un amor de verdad sobre el amor de mis padres: “¡ese soy yo”, dijo en sorpresa. Me sobresaltó su alegría. Se paró del sillón y me mostró la foto de mis padres bailando, el señor joven de bigotitos del fondo de la foto era Don Pablo. Nos volvimos a abrazar. Contó que él hacía su maestría en Chile y la Embajada de Bolivia lo había invitado a celebrar el Día Patrio, la foto era entonces del 6 de agosto de 1961, mi padre era Embajador de Bolivia en Chile, el notable joven intelectual había asistido a la celebración y los veía bailar a mis padres. Don Pablo hablaba de mi padre con gran cariño, como yo ahora hablo de él. Me contó ese día que escribía poemas caminando, nos acordamos de nuestro viaje histórico a Pyong Yang, nos reímos y despedimos para siempre. Cuando los golpistas trataron de apresarlo el año pasado me desesperé. Sin embargo, él se manejó como siempre, digno, impecable en sus descargos, el fascismo no pudo con la decencia y sapiencia de Don Pablo Ramos. Estuve el 1 de noviembre con él intensamente.

Mi amigo el Gato vino un ratito por lo menos, tuvimos una amistad breve pero intensa en Quito, allá por 2015. En 2016 pasamos dos navidades intensas, ya con algunos tragos encima lo nombré mi hijo adoptivo. El Gatito (David Crespo) era el mejor alumno de las maestrías FLACSO, brillante, joven de 30 años, con recursos económicos muy limitados tenía la energía del maíz y la inteligencia de los valles. Se enamoró con locura de una bella colombiana. En 2019 lo encontré en el centro cochabambino poblado de hijitos, dando clases en la Universidad del Chapare, era un brillante agrónomo, nos fuimos a tomar un par de cervezas, brindamos por la vida y después se fue pertinente y enramado de hijos. El Gatito falleció hace unos meses, no fue el COVID, fue la flota que lo llevaba a dar clases al Chapare que se desbarrancó. Lloré semanas. Estuve el Día de Difuntos con él, tomamos el wiskicito que le gustaba y comimos aquel pique que quedó pendiente.

No me quiero morir sin verte, me dijo mi amigo Gonzalito desde Aguascalientes. No lo veo desde hace 40 años, lo llamé de emergencias la semana pasada pues se nos murió en súbito nuestro hermano cantor Ismael Durán, un trovador chileno que me dio de comer de sus manos en el exilio mexicano y me prestó unos zapatos para que toque en el Teatro Morelos. Con Ismael estuvimos cascándole aquel tequila solidario con sus tacos y chilaquiles. Con el Eddy Chuquimia tocamos la Garota. Con mi Yolita del alma bailamos una cuequita. Mis abuelos, mis padres, mis suegros, mi cuñado el Tormentas fueron los anfitriones pues siempre están en casa. Es hermosa esta festividad de encuentros. Sentir en el pecho que la vida y la muerte son circulares y que nuestros muertos nos dan vida.

(*) El papirri: personaje de la Pérez, también es Manuel Monroy Chazarreta

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Ser Tigre

Por El Papirri

/ 4 de octubre de 2021 / 08:04

CH’ENKO TOTAL

Cuando la cosa empieza a flaquear, cuando la desesperanza invade, cuando la flojera manda, liwi liwi el espíritu se deshilacha, el examigo ataca, el amor se desvanece, el pesimismo inflama y repite: ¿para qué? Cuando la tristeza profunda irrumpe con un muerto tan vivo como Don Pablo, cuando la angustia de los billetes te hace trastabillar pidiendo descanso, cuando el desaliento no quiere tomar ni sopa, cuando los músicos fallan, ya no quieren tocar, cuando la desunión reina con sus banderas, cuando te tapas los ojos por no ver a la mujer golpeada, cuando la taza de café no consigue calentar, cuando el imbécil insulta en las redes, cuando la peste se lleva gente amiga, es en ese momento de arrastrar piernas, de relamer heridas; que aparece rugiendo lentamente, primero como un gemido de muerto gigante, luego como un andar de olas cósmicas, la sangre late y bulle en volcán marítimo, el corazón se hincha blader inflamado, nace un bosquejo de bostezo con chillido de bisagras encalladas, se transforma en una bocaza que despide chorros de luz; entonces truena el rugido, se matizan las rayas, levanto la cabeza, corro, troto, corro como una estampida aurinegra, derroto la mala leche y renace el Tigre, el Tigre del pueblo rejuvenecido de sus cenizas, corro encendido de negro y amarillo a abrazar a Don Chupa que dice “al Manuelito cómo lo voy a alentar”, y arranca con el grito de guerra en el idioma de los abuelos, con el grito de las piedras místicas aymaras. Don Chupita me empuja con su aliento, sigo corriendo, llego a Miraflores, las sienes laten, las orejas pican, las garras florecen en melodías, crece el lomo, se inflama el pecho, aparezco trotando por la pista de los atletas, se despliegan las piernas, cada vez más extensas estan las braceadas, se escucha en la curva sur un coro mítico: “¡Tigre, Tigre!”. Es un rugido de 5 mil como yo, somos un ejército oro y negro inundando la noche paceña. Un volcán de Tigres me reciben, llega un mareo por la emoción, freno lentamente, calculo el salto, la mirada fija en el objetivo: es una tarima de 3 x 6 que puso algún dirigente ahorrador al borde del precipicio de la curva sur. Huelo el pantallazo, respiro hondo y doy el salto preciso cayendo en la tarima como Tigre baleado, me levanto rugiendo, dos jóvenes Tigres me ayudan con amor, me ponen el micrófono en la bocaza, los colmillos brillan, la mirada se alimenta con las miles de miradas. Entonces, desde las estrellas lo veo, está rozando al lucero, es Don Chupita Riveros levantando el pulgar. Encumbro las garras doradas y brota el bramido:

“¡¡¡Stronguistas!!! ¡¡¡Kaaaaalatakaya Huarikasayaaaaa!!!… ¡¡¡Hurra, hurraaa!!!”, responden 5 mil Tigres… Acomodo los colmillos: “¡¡¡Viva el Strongerrrr…. Que viva, carajo!!!”, vibra la Ultra Sur como vibraron los Tigres Héroes del Chaco, como resucitaron los mártires de Viloco.

Entonces emprendo con el ritmo de la tun tuna gloriosa, mi guitarra alteña se estrena, se ch’alla en esta jornada memorable, suena poderosa la murga de Tigres que acompaña la tun tuna tun tuna, tun tuna, tun tuna… “¡Tigre! ¡Tigre! ¡Tigre! ¡Tigre!”. Me sale del alma una voz nueva, mezcla de voz y rugido, la afinación viene de la tierra, el ánimo de los cielos: “Por suerte soy atigrado, soy stronguista de corazón/ yo llevo el Tigre en las venas y soy paceño de tradición/ Negro y amarillo/ te llevo en el alma/ yo soy gualdinegro, ¡ja jay! orgullo del pueblo/ Garra del Strongest, envidia del frente/ yo soy Gualdinegro, jajay/ Yo gano en la cancha… ¡Tigre! ¡Tigre! ¡Tigre! ¡Tigre!”.

¿Dónde quedó la tristeza?, ¿dónde la amargura?, ¿dónde la traición? ¿El insulto dónde, liwi  está? La bocanada de stronguistas me arropa, saltamos rítmicos, marchamos a la gloria, es Cañada Strongest que truena y yo, con la guitarrita alteña ch’allada en guerra, parado en una minitarima que empieza a zarandear, qué importa, que se rompa: están ahí los Tigres para alzarme de nuevo, para resucitarme otra vez. Vuelve el bramido: “24 de diciembre del 2016, todos los stronguistas no lo olvidamos jamás, jamás/ campeones de Bolivia nuestro regalo de Navidad…Soy del Strongest, tengo un grito de guerra, ¡warikasya, kalatakaya Viva!”.

Así fue este 27 de septiembre glorioso en el stadium Hernando Siles en el Día del Hincha Stronguista. Así será siempre, para siempre, no importa ganar o empatar, el Tigre levanta muertos, qué virus ni qué virus, el Tigre es la vitamina cósmica poblada de valores nobles que hacen posible vivir, revivir, amar de la manera más pura, salvaje, sincera, masiva, total.

(*) El Papirri: personaje de la Pérez, también es Manuel Monroy Chazarreta

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Se acerca

El camino se hace difícil, moroso, con zancadillas y virus, pero ahí está, la luz al final de un cielo majestuoso paceño.

El cantautor paceño Manuel Monroy Chazarreta

Por El Papirri

/ 20 de septiembre de 2021 / 10:35

CH’ENKO TOTAL

Ya está cerca, se acerca, se lo ve como una luz bendita, ahí al fondo, un ruidito de gentes como grillos se avecina, es como un fueguito ardiendo a lo lejos, la altipampa sigue con sus porrazos, el camino se hace difícil, moroso, con zancadillas y virus, pero ahí está, la luz al final de un cielo majestuoso paceño.

Se acercan los niños cantando, felices: “si tu equipo es puntero de la cola”, “mañana hay paro movilizado”; sus caritas de luna se encienden de luces, uno se tropieza con el micrófono, a la hermosa de ocho años le encanta cantar Qué tal metal. Se acerca la historia del teatro, su fantasma preferido, el ingresar a la sala vacía, hacer reverencia, dos años hemos esperado, saludamos a los antiguos técnicos del teatro que mueven tarimas, alistan los pedestales. Los amigos músicos enrolan sus cables, saludan rápido, corretean en el fondo de la luz, son la luz misma. El Vico Guzmán, gran batero histórico, se olvidó unas baquetas, llama a alguien para que las traiga, “falta un monitoooor”, grita el Heber Peredo desde su trono de teclados.

Empezamos, tiemblan las rodillas, la gente aplaude, hay silbidos pero de alegría, Segalez con su guitarra me hace la seña de positivo, es la primera vez que tengo un guitarrista en 42 años, es que quiero bailar, librarme de ser base de esta construcción sonora compacta en su desorden. Le respondo la seña de positivo, estreno una guitarra que compré hace aaaños y que estaba en el ropero, tiene cuerdas de metal, salgo de mi zona de confort, las cuerdas de nylon son el confort, uta che, debería nomás tocar con la Sevillana, ¡ya, carajo! Sin llorar, Papirri. Entro a la luz de la escena y emprendo con el Kaluyo del retorno, sentida canción valluna sobre el migrante y su sueño de retorno. “Es que yo no tengo preciooo”, digo casi en lagrimón y me repongo en “tanto lío para eeestooo”. Antes, en el camerino, la productora me dice: “No hay una entrada, quedan todavía para mañana”. “Ufff”, digo pensando en la cantidad de músicos que tocarán en este concierto de presentación del disco 60Aen el Municipal de La Paz.

Ya está cerca, se acerca, se ve como luz bendita, el rito del recital, el calor del circo, el show y sus cabecitas anónimas, la fuerza que hay que sacar desde donde no hay fuerza, mucho le he dado a este cuerpo, che, está lleno de moretes, el hígado tiembla en sus humores, el corazón está hinchado, duele un poco el pecho, rezo a mis padres, debo sonreír, he perdido la sonrisa, ¿dónde se ha metido el humor? Bueno, menos mal las cancioncitas del final de la primera parte son para bailar, tengo que bailar, no me responde bien la pierna izquierda, se me acalambra, “trankilo, kilo”, dice la Carito desde el fondo de la escena. Entonces llega El barrilito, qué linda melodía hizo mi abuelo, en forma de gato, le puse la letrita en plena pandemia del año pasado, la magia del arte es efectiva, lo veo a mi hermano bailando a los tres añitos este gato que le regaló el abuelo. Entonces aparece el otro abuelo, El Olvidado, “mi abuelo nació en un puerto, navegante de la maarr”, digo y se me vuelve a quebrar la voz. Aparece el gran David Portillo con su figura mítica, siempre en sonrisas, y le cascamos tensos, emocionados a la Mamita Cantila, “estrellita de la mañana, madre de la luz, estrellita de la mañana, madre de Jesús”, otro asunto espiritual, bien, che. Llega la declaración de amor a La Paz, mi ciudad y otra vez se me quiebra la garganta, por suerte está Diana Azero, siempre lúcida, firme, apuntalando mas allá de su ego, atenta a todo. Raúl Flores se luce en su bajo, otro asunto espiritual, “yo te amo, mi La Paz, por su gente y su bondad, yo te kerooo”. Entonces a levantar el show, vamos a bailar, ya que no hay chistes, arriba las caderas, llega la cumbia suavita A casa de Gabo, arremetemos con un caporal bilingüe con las churras del Ballet Folklórico La Paz y su mini pollera, suena el charango de Ariel, fuerza ese caporal, “¡Camote! ¡Camote!”, grita la gente desde sus asientos, otro acto de amor este Camote. Terminamos la primera parte con el tema Ch’utis, danzando bien riquito.

Lo que viene en la segunda es la fiesta a la vida, el homenaje a respirar, el recuerdo como bálsamo, llega Alasita con su abundancia, Maribella insurrecta, aquellos Polvos del olvido que estremecen, los nenes suben de sus butacas a escena a cantar Qué tal metal, uyyyy, son muchos, demasiados, nos van a putear los del teatro, “La guacataya, la guacataya!” grita el público feliz, nos zapateamos en Bien le cascaremos, entonces me doy cuenta de que en la Metafísica popular ya no preciso estar, la cantan todos, los niños, los viejos, los jóvenes, las chicas lindas, las abuelitas y yo me voy calladito a mi casa mientras la gente sigue en el teatro, se prendieron con Los Canarios del Chaco que salieron a chacarerear. Todo esto pasará el 8 y 9 de octubre a las 18.00  en el Teatro Municipal de La Paz. Bien que has ido, che.

(*) El Papirri: personaje de la Pérez, también es Manuel Monroy Chazarreta

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