Tuesday 9 Aug 2022 | Actualizado a 12:14 PM

Un solo cuerpo, distintas pulsiones

/ 20 de junio de 2022 / 11:58

‘Pulso’ es la obra de teatro que presenta el taller Ser y Estar de la actriz y educadora Patricia García

Caerse, romperse y levantarse. Soltarse, quebrarse, después amarrarse. Se repite hasta sanar o hasta dejar de sangrar, mientras ese cálido arroyo recorre dentro, a veces como jugo de naranja tibio y otras como cristales de hielo, pero siempre acompañado de ese estruendo latente que te recuerda estar aquí y que debes seguir, ese sonido intermitente llamado Pulso.

Ésta es la propuesta teatral del taller Ser y Estar 2022, dirigida por la actriz Patricia García y puesta en escena por más de 30 actores y actrices que compartieron su energía para la creación de esta obra colectiva que se estrenará el 26 de junio a las 19.30 en el Teatro Nuna (21 de Calacoto).

“Pulso nace de la vibración que nos une, como grupo. Al momento de decidir sobre lo que vamos a hablar, a veces no es necesario que lo saquemos en palabras, es una energía que se visualiza en todas las propuestas, en el mundo creativo del taller. De pronto nos abordan los mismos fantasmas y comenzamos (a crear)”, confiesa García.

La palabra pulso, según el diccionario, es una serie de pulsaciones perceptibles en algunas partes del cuerpo, como el tórax o la muñeca, debidos al movimiento alternativo de contracción y dilatación de las arterias y el corazón.

Normalmente, el corazón es símbolo del amor, sin embargo, en Pulso no se abordará solamente esa mirada, sino también se hablará de las arterias que lo envuelven y que nos conectan con otros seres o con uno mismo y cómo éstas se rompen para mostrarnos un nuevo camino o muchas veces, para abandonar el recorrido.

“Sacamos ese corazón, lo arrancamos y ya no es tan romántico como esa figura preciosa y bonita que nos remite al amor, sino éste que nos remite a estar vivos, y esto puede atravesar pulsiones muy diferentes, incluida la pulsión que nos acerca a la muerte, esa pulsión que comienza a apagarse”, explica la actriz.


El taller Ser y Estar trabaja de forma virtual y presencial. De estos salen a la luz las obras

Formas de latir

Para la creación de esta obra dejamos a un lado el color de la piel, y abordamos netamente las raíces, el color de la sangre como común denominador de un ser que piensa distinto y que tiene algo que decir, algo que mostrar. De esta manera se obtuvo un sin fin de material para formar un solo torrente sanguíneo.

“En la obra (…) hay un verse hasta la raíz, la bolivianidad también está presente, el ser boliviano, desde un sentido del humor, un humor negro, (salen a flote) las cosas que nos unen a nivel grupo y también se potencian las que nos diferencian”, sustenta la directora boliviana/española. “Pulso atraviesa las vísceras de uno, es como poner las tripas sobre la mesa, poder encontrarnos con nosotros de una manera más cruda”.

Para Irán Zeitún, cruceña que reside en La Paz, estudiante y actriz, “pulso es el todo que nos mueve, desde el palpitar de nuestro corazón que nos mantiene vivos. Es el paso del tiempo en las manijas del reloj y el constante movimiento del universo que nunca para”.

Para Paolo Iotti, paceño que reside en Berlín, miembro online del taller, “es como un ímpetu, como un llamado a entregar algo, aunque no sabes bien qué es. Te deja en cierto sentido descubierto, como vulnerable. Ahí es donde se hace Pulso”.

Como resultado de todas las igualdades y diferencias se crea una atmósfera roja, donde hilos vienen y van sujetando cuerpos, algunos caminando con objetivos y otros que solo están varados, respirando en automático, como un camión de cerveza con el conductor ebrio en los Yungas, que quizá se estrelle o por suerte, quizá no, o cuerpos que deambulan perdidos como una alemana en un barrio paceño.

Pulso y la dramaturgia

En versiones anteriores del Ser y Estar se solía trabajar con textos de Diego Aramburo, Camila Urioste, Claudia Eid, Jorge Alaniz, Laura Derpic, Denisse Arancibia, entre otros; sin embargo, hoy es la primera vez que no se trabaja con el texto de algún dramaturgo y que las palabras nacen de los mismos participantes.

La directora, manifiesta que “en esta oportunidad, a la hora de enfrentar la palabra, se tuvo que acudir a la dramaturga Katty Bustillos para que asesore a llevar la palabra de una manera dramatúrgica”.

De esas confesiones, nació un sin fin de historias con derroche de dolor y de fuerzas distintas, de sangre y carne, de renovación y de autodegradación, de vivencias familiares y vecinales, de salteñas vacías en formas de corazón, de huesos picados, de la vida, la muerte y el entremedio.

Ser y Estar nació de un sueño, “desde la intuición” de “Pati” —como la llaman los alumnos— y desde la necesidad de “querer compartir conocimiento”, sueño que ya tiene más de 10 versiones en la que se inscribieron alrededor de 30 a 50 seres, es decir, centenares de energías que atravesaron el proceso. 

El taller ya tiene cinco años de vida y su creadora lleva enseñando más de 20. Personalmente, como actor y aprendiz, recorrí más de tres talleres del Ser y Estar, y cada experiencia fue enriquecedora, con cada compañero se aprende algo nuevo y la Patricia que enseña, también cambia, se renueva.

“Es el lugar donde me recargo de energía. La Pati actriz se desgasta mucho y la Pati (maestra) del Ser y Estar está constantemente en retroalimentación”, es la motivación que, según la mentora, le ayuda a seguir enseñando en el mundo de las tablas.

Miedo fue el resultado del primer Ser y Estar el 2017, y el mismo año llegó As you choose it (Como tú elijas); en 2018 nacen Salvavidas y Resistiré, Normal y Bloque el 2019. En plena pandemia, el 2020, se genera la primera obra virtual, Vulnerables y la segunda de la misma gestión, de manera semipresencial, con streaming desde el teatro, La Mentira. En 2021 vuelve de manera presencial con El Propósito y en diciembre del mismo año, Horizonte con una muestra de todo el recorrido del taller.

La última versión estará protagonizada por Daniela Aguayo, Ximena Alba, Juan Pablo García, Lua P. P. G. Guardia, Nicole Gonzales, Mateo Gonzales, Pricila Gorena, Céu, Marcelo Huarachi, Paolo Iotti, Lorena Iturralde, Karenine Jordán, Inés Langosch, Nathan Leaño, Martina Leaño, Candy Lizarraga, Andrés Maldonado, Devin Mercado, Valeria Miranda, Anna Montevilla, Fabricio Murillo, Francisco Ormachea, Jaime Ortiz, Camila Peralta, Andrei Pérez, Andrés Pérez, María Cristina Pol, Ariana Rodríguez, Óscar Romero, Mariana Santa Cruz, Cintya Vertiz, Irán Zeitún y Luis Zubieta.

Cada uno de estos cuerpos con nombre se volverán uno solo, y mostrarán, de alguna manera, que también se puede morir por dentro o que el dolor también es bueno, que el rojo sangrante tiene distintas tonos y pulsiones que ayudan a seguir latiendo.

* Este texto fue escrito por un integrante del Ser y Estar, con una playlist de fondo que contiene canciones como Marinero de Luces de Isabel Pantoja, Enjoy The Silence de Depeche Mode o Corazón Encadenado, de Camilo Sesto.

DISEÑO Y FOTOS: DANIELA GANDARILLAS

Bolivia, su cine

El crítico e investigador Claudio Sánchez repasa el trabajo fílmico de realizadores nacionales exhibido este año

La cinta ‘Utama’ de Alejandro Loayza

/ 8 de agosto de 2022 / 11:57

Es posible afirmar que el año 2022 para el cine boliviano empezó el sábado 22 de enero, cuando tuvo a lugar el estreno mundial de Utama (Alejandro Loayza) durante el Festival de Sundance que se lleva a cabo en Park City (Utah, Estados Unidos). La película logró hacerse del Gran Premio del Jurado en la sección World Cinema Dramatic, en este que es considerado el festival de cine independiente más importante del mundo. Desde entonces, Utama ha cosechado más de 25 premios en diferentes festivales y en distintas categorías. Con esto el cine boliviano ha ido convocando la atención de propios y extraños ya no solo en el país, sino más allá de nuestras fronteras.

Y de pronto la arbitrariedad del tiempo no permite determinar cuándo termina o acaba un año para con estas cuestiones. Porque Utama no es “una golondrina que hace verano”, sino que forma parte de toda una camada de películas que se insertan en un contexto internacional, posicionando a Bolivia en pantallas donde había estado ausente por largo tiempo. El antecedente mayor de la película de Loayza es, sin lugar a duda, El gran movimiento (2021) de Kiro Russo, que se estrenó en septiembre del año pasado durante la Mostra de Venecia y donde consiguió el Premio Especial del Jurado en la Sección Horizontes.

Ellas dos, que sí son excepcionales por el recorrido internacional que han tenido, el cual les ha permitido tener estrenos comerciales en países de Europa —por ejemplo— y generar interés por parte de otros productores en futuros proyectos, son parte de algo mucho mayor. Se trata del apoyo a la producción audiovisual boliviana por parte del Estado.

En 2019 el Gobierno del Estado Plurinacional de Bolivia, a través del Ministerio de Planificación del Desarrollo, lanzó el Programa Intervenciones Urbanas (PIU) que entregó 9 millones de bolivianos para la producción audiovisual en el país. En esa oportunidad se presentaron 47 proyectos y fueron seleccionados ocho. El fomento que representó esto dio como resultado la finalización de películas en diversos géneros, y permitió que se pudieran beneficiar —en diferentes etapas— las producciones más diversas. Entre ellas, las dos películas ya mencionadas, como también otras producciones que forman parte de una auténtica muestra representativa de las intenciones y preocupaciones de sus realizadores.

Ante la ausencia de fondos económicos para la producción audiovisual, el impacto del PIU representa una de las más importantes decisiones políticas por desarrollar un sector siempre activo y de meritoria existencia, pero muy pocas veces respaldado institucionalmente por el Estado. La demora para con el estreno de estos títulos, muchos de los cuales debieron llegar a las pantallas en 2020, se debe a motivos circunstanciales, y fundamentalmente a lo que significó la pandemia del COVID-19 en el mundo. El resultado de las restricciones que existieron en estos años, sumado a la irresuelta situación de vulnerabilidad todavía existente frente a los contagios de las diversas variantes que prevalecen hasta hoy, han hecho que mucho de este cine sea poco visto y difundido. Toda una contradicción, parte del mejor cine boliviano de los últimos años, ha sido muy poco visto en salas comerciales o de circuito alternativo.


‘El gran movimiento’ (Kiro Russo)

Óperas primas como Cuidando al sol (Catalina Razzini) o Gaspar (Diego Pino), son muestras de un cine de cuestiones más íntimas —como las relaciones familiares— y consiguen posicionarse en un lugar de privilegio dentro de las pequeñas nuevas joyas de nuestro cine. Ambas películas fueron estrenadas comercialmente en los primeros meses del año, pero pasaron inadvertidas en las carteleras locales. 98 Segundos sin sombra, adaptación del libro homónimo de Giovanna Rivero, dirigida por Juan Pablo Richter y estrenada a finales del año pasado, es otra de las películas que contó con el apoyo del PIU, también es —dentro de la filmografía de su director— una obra representativa de un cine que va consolidando su distancia con cierto centralismo andino y urbano.

Mención aparte merece el estreno de Cómo duele ser pueblo de Hugo Roncal (figura central del cine boliviano de los años 60 y 70) la cual pudo ser montada y restaurada para llegar a la pantalla grande 40 años después de su realización. Un ejercicio particular de recuperación de materiales dispersos, y su posterior puesta en valor desde sus registros originales, en una filmación (¿inconclusa?) que aporta a la comprensión de un tiempo como eslabón de los años 80 que empieza a tener en el video su tierra más fértil.

Asimismo subrayar el hecho de que durante el primer semestre del año hubo tres películas de ficción, dirigidas por mujeres,  exhibiéndose simultáneamente. Se trata del largometraje de Razzini, además de La casa del sur de Karina Oroza (aún pendiente su estreno comercial) y Chicas bien de Stephanie del Carpio. Este último caso es también representativo de la buena salud de la cinematografía boliviana, porque en su condición de “independiente” y con características de “cine comercial” logró tener su estreno en las principales salas del país.

Este recuento rápido de películas bolivianas está incompleto, no solo porque hay ciertos títulos que no se consignan en esta reseña, sino también porque el audiovisual nacional ha ido evolucionando y poniéndose a tono con tendencias más actuales, es el caso de la serie documental Noviembre rojo de Verónica Córdova emitida por televisión y puesta a disposición a través de plataformas digitales, por ejemplo, además de todo el cine indígena-campesino que no ha dejado de producirse y reflexionar sobre lo que somos hoy como país desde nuestras propias comunidades.

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Notas para unos cuentos sin moraleja

El escritor Rodrigo Urquiola escribe sobre su viaje por el cuento hasta su más reciente libro, ‘Ayer el fuego’

Escritor. Rodrigo Urquiola Flores (1986, La Paz), en las calles de su barrio, Santa Fe de Khessini

Por Rodrigo Urquiola

/ 8 de agosto de 2022 / 11:47

El cuento, para mí, no es un género menor, es un objetivo. Si bien la novela es la epopeya de la modernidad, pienso que —en estos tiempos en los que lo digital no solo invade nuestros ojos, dañándolos, y nuestras mentes, llenándolas de ruido— el cuento será el lugar donde podamos encontrarnos (encontrar algo de paz en la lectura, encontrar discusión, vernos en el espejo, alejarnos del pesado escándalo de imágenes del presente), en el futuro, con mayor facilidad.

Mi primer libro, Eva y los espejos, publicado en 2008, es uno de cuentos. En ese entonces, con el impulso que me daba estar descubriendo la literatura como algo maravilloso, como el único camino que quería (o tal vez sea más acertado decir: podía) seguir, escribí aquellos cuentos con cierta ingenuidad juvenil y algo de apremio por llegar al final de las historias. Mis inquietudes eran otras a las que tengo ahora. Buscaba reflexiones existenciales que se confundieran con elementos fantásticos u oníricos, en el mejor de los casos, alejándome mucho de la realidad nacional que, en aquel momento, me avasallaba hasta el cansancio, pero que no podía razonar con las armas del presente. Mi manera de escaparme de esa terrible Bolivia era ocultándome de ella en la ficción.

Desde que le puse punto final a mi cuarto libro, otro de cuentos, La memoria invertebrada, que se publicó en 2016, me propuse continuar el camino que me señaló la construcción de este: acercar los escenarios a los que yo conociera en mi vida cotidiana, hablar un poco más de la historia nacional (hay en ese libro un cuento que transcurre en la Guerra del Chaco u otro en alguna de nuestras tantas dictaduras) y situaciones humanas, en las que la encrucijada del momento diera lugar a una historia que, aparentemente, no terminaría nunca. Aquel libro, hecho de aprendizajes como todos los libros, se dividió en dos partes, una en la que lo real fuera determinante y otra en la que la figura de un monstruo (que podía ser cualquier cosa, en realidad: lo político, lo fantasmagórico, la locura) desencadenara los sucesos que afectaban a los protagonistas. Ya no estaba tan obsesionado con un final artificial, como he visto que muchos cuentos buscan, sino uno, digamos, más natural, más cercano a la realidad que habitamos, donde no siempre existen los finales redondos.


Foto: Juan Quisbert

Ayer el fuego busca internarse todavía con más fuerza en esa realidad nacional. Por eso, vi apropiado que los diez relatos que lo conforman se disfrazaran de una autobiografía. Por eso recomiendo que se lo lea en orden (aunque, por supuesto, el lector siempre será libre de leer como le plazca). Todos los cuentos están escritos en primera persona. Hay un Yo que sobrevuela sobre todos ellos sin identificarse. En realidad, Él no es lo que importa, sino Lo que le ha sucedido o ha visto que le ha sucedido a los Demás. A lo largo del libro, se narra una Infancia, una Juventud y una Adultez.

Todos los cuentos transcurren en los lugares que mejor conozco: los márgenes de la ciudad de La Paz; para ser más específico, en los barrios que circundan al centro de la zona Sur, donde vive la gente, tradicionalmente, mejor acomodada económicamente.

En Chupacabras se narra cómo transcurre la primera infancia de un niño que debe permanecer a solas en un territorio hostil y solitario que recién está poblándose, está tan solo que se fabrica un amigo imaginario para conversar. Dysneyworld narra cómo este niño deja su barrio para vivir en la elegante casa donde su abuela es la empleada doméstica de una familia de apellido inglés. También habla de la soledad, pero vista desde otro enfoque. En algún momento, mientras en el comedor de los patrones hablan inglés y en el de los empleados hablan aymara, él le pregunta a su abuela si acaso puede enseñarle su lengua, porque en ambos comedores la gente se ríe, pero él no puede comprender nada. No, hijo, le dice la abuela, tú tienes que aprender inglés, tienes que ser mejor que nosotros. Y quizás lo que suceda luego, ese desesperado intento por agradar al amigo jailón, hasta simular un teatro donde todos están involucrados, sea por esa primera educación también.

En Árbol asistimos a una voz adulta que recuerda un episodio de la infancia en el barrio cuando, un niño, junto a otros, se reúne cada tarde a jugar fútbol en las calles polvorientas. Hay un loco que camina por la zona creyéndose el macho alfa de una jauría. Sospechan que él es el padre de un perro con expresión humana, que, por el bien de todos, debe eliminarse. Ashley cuenta la historia de un colegial que se aventura a las lejanas calles del centro de La Paz (es que la zona Sur es casi una burbuja para muchos que viven ahí. No es raro que te digan: “Los jailones no van más allá de la 2 de Obrajes porque les da sorojchi” y los otros habitantes, los de los márgenes, cuando se ven obligados a salir de sus barrios lo hacen por trabajo o distracción). Allí, descubre que su compañera, vecina suya, trabaja de prostituta.


Foto: Juan Quisbert

Senkata narra cómo la amistad de un grupo de futbolistas de canchas de tierra, que han sido campeones en Ovejuyo, se ve destrozada por la llegada de la adultez y, con ella, de las pasiones. Huérfanos es otro relato sobre la amistad. Esta vez la de un niño —que ha preferido vivir en una cueva en las montañas de Achumani junto a un hermano al que la locura le ha invadido el cerebro— y una buena señora que quiere adoptarlo porque se le ha muerto el hijo.

La muerte de Lennon narra el amor entre un embolsador de supermercado y una señorita de familia rica con conciencia de clase. Un amor que no termina para nada bien. Canario es la historia de una venganza, ocasionada por otro amor terrible que busca vengarse en los padres de un desaparecido. La venezolana se aproxima más al presente, se habla de la crisis política que sufrió Bolivia en 2019 junto a la llegada de la pandemia, y, en medio, el drama de los venezolanos que llegaron a nuestro país a sobrevivir muy difícilmente.

Ayer el fuego, el cuento que le da el título al libro, marca el final de una búsqueda estilística. Y también, bajo el disfraz de un cuento de amor, habla de la venganza, de la estupefacción ante el racismo entre personas de una misma condición, y de ese afán tan nacional de quemar las cosas, como si se quisiera borrar las palabras o los hechos.

Hace algunos meses leí a una crítica literaria inglesa —que, imagino, no se animaría a vivir algunos meses en nuestros barrios periféricos, como no lo haría la mayor parte de nuestros propios críticos y escritores nacionales— decir que la narrativa del yo, o la de la violencia, la del realismo, estaba definitivamente passé, pasada de moda.

¿Cómo le explicamos a esa señora que las cosas que pasan en nuestras calles latinoamericanas no entienden de modas? Ojalá pudiéramos, por ejemplo, decirle, al ladrón que nos quiere quitar el celular: “señor, no lo haga, baje su cuchillo, no me golpee, que eso es passé”, y él nos hiciera caso y nos dijera: “qué tonto fui, lo siento, buscaré una manera más adecuada de asaltar”. Y es que uno escribe desde donde le duele. La realidad inevitablemente lastima, si la observas a profundidad o si te amenaza con un cuchillo y te golpea de cuando en cuando. Y es sobre eso que habla este libro. No hay moralejas en sus páginas. No hay una voz que te guíe sobre lo que debes pensar o qué no o sobre qué es lo correcto y qué no. Pienso que el escritor no es un predicador. No debe serlo jamás. He intentado que Ayer el fuego sea un trabajo honesto y que el lector, ese ser de libertad, sea el único que decida en qué creer luego de sentir la narración como si, en el mejor de los casos, le hubiera pasado a él mismo.

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‘Romeo y Julieta’, en danza contemporánea

Para celebrar sus 10 años de trabajo, la Compañía de Danza SHA lleva a escena la emblemática obra de William Shakespeare

Por Miguel Vargas

/ 8 de agosto de 2022 / 11:28

Han pasado 10 años desde que los coreógrafos, bailarines y profesores de danza Haru Beltrán y Sergio Valencia conformaran la Compañía de Danza SHA, un espacio para explorar y crear a través de la danza contemporánea, además de brindar formación. Una década después, tras obras como Piel (2015), Locura (2016), Salvaje (2017) y Caminantes (2018), el grupo presenta Romeo y Julieta, una adaptación a la danza contemporánea de la afamada obra del inglés William Shakespeare.

La compañía SHA se ha caracterizado por explorar las emociones y las relaciones interpersonales a través de la corporalidad. “Estos 10 años son la bendición y la certeza de haber cumplido un sueño, pero al mismo tiempo de reafirmar el compromiso de la responsabilidad que tenemos como artistas de seguir generando espacios de aprendizaje colectivo e individual, de revalorización del arte de la danza, cultivando disciplina y pasión en la gente que pasa por SHA”, explica Valencia.

Es la primera vez en Bolivia que se adapta la obra de Shakespeare en danza contemporánea. “Hemos respetado la esencia de la historia, pero hay algunas sorpresas en medio e interpretaciones muy interesantes. Se trata de un proyecto autogestionado y autofinanciado, por lo que nos gustaría poder tener más temporadas en La Paz y mostrarla en el interior del país. Deseamos que la gente celebre junto a nosotros con esta obra”, agrega el director.

Son 50 artistas los que participan en esta gran puesta en escena que se podrá ver los días 13 y 14 de agosto en el Teatro Auditorio Illimani del Campo Ferial Chuquiago Marka desde las 19.30.

“Magia. Hechizo. Nudos irrompibles. / Imposibles de desatar. Rojo. / Es ahí donde se dieron cuenta que / Hay lugares mágicos que no necesitan explicación. / El amor, el amor es uno de ellos”, dice parte del texto que sustenta la obra, para la que se pueden comprar ya las entradas ingresando en la plataforma de SuperTicket.

Y como las artes escénicas se pueden apreciar mejor a través de la vista más que del texto, ofrecemos estas imágenes de los ensayos, tomadas por el fotógrafo especializado en danza Alberto Schwartzberg, a manera de invitación.

La Compañía de Danza SHA durante los ensayos de la puesta en escena

Fotos: Alberto Schwartzberg

Fotos: Alberto Schwartzberg

Fotos: Alberto Schwartzberg

Fotos: Alberto Schwartzberg

Fotos: Alberto Schwartzberg

FOTOS: ALBERTO SCHWARTZBERG

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Ira fecunda, las emociones femeninas desde la danza

La danza contemporánea se usa para transformar la energía de la violencia a través de la expresión y el movimiento

Por Miguel Vargas

/ 1 de agosto de 2022 / 15:32

Ira fecunda y Amar U son dos obras de danza contemporánea que cuestionan, movilizan y encarnan la vivencia de las emociones femeninas, sobre todo ante la violencia, a través del cuerpo. Ambas piezas se presentarán hoy domingo 31 de julio a las 19.00 en el Teatro Nuna (21 de Calacoto, Parada PumaKatari). 

Ira fecunda —interpretada por Carmen Collazos, Adriana Iturralde y Tania Carafa, dirigida por Yumi Tapia Higa— forma parte del proyecto Quiero Gritar, que nace de la necesidad de visibilizar la emoción de la ira desde el mundo femenino.

“A partir de círculos de mujeres que propiciaban expresar en sororidad vivencias en relación a la ira y el elemento fuego a través del trabajo corporal y la palabra, tomamos herramientas que permitieron expresar y validar el enojo que en muchas situaciones es reprimido o descontrolado”, explica Tapia Higa.

Los hallazgos de este trabajo inspiraron la obra, que además permitió proponer nuevos ejercicios desde el cuerpo, los que serán compartidos en el taller presencial que se dará gratuitamente después de la función. El objetivo es “transformar la energía de la violencia a través de la expresión y el movimiento, encauzando la energía de la rabia en energía de voluntad de acción constructiva”.

Los conceptos del autocuidado y el cuidado comunitario y colectivo son piezas clave de la propuesta, que cuenta con el apoyo del Fondo Apthapi Jopueti. A través de este trabajo con el cuerpo se pretende potenciar la fuerza creadora, transformadora y sanadora femenina.

Amar U es la segunda obra que se presentará esta noche. Interpretada por Jessica Velarde y Tapia, conjuga danza contemporánea y teatro, desmenuzando interrogantes sobre negación, vivencia y sanación de aquellas mujeres que han sufrido violencia física, psicológica o han sido víctimas de feminicidio, resaltando además la diversidad e interseccionalidad de la vivencia femenina.

¿Por qué me sucede esto a mí? ¿Yo tengo la culpa? ¿Qué caminos he recorrido para llegar a esta situación? Estas son algunas preguntas que se hacen las mujeres víctimas de violencia. “Amar U es un momento filosófico-retrospectivo hasta el impacto con la violencia, pero a partir de entonces nace también un legado, una hermandad, no estamos solas: ‘Por nuestras muertas, ni un minuto de silencio, toda una vida de lucha’.

Para más información sobre esta presentación, comunicarse con Par Mil Productora Artística al teléfono 76558885.

IMÁGENES DE LAS OBRAS DE DANZA CONTEMPORÁNEA ‘IRA FECUNDA’ Y ‘AMAR U’

FOTOS:  IMMANUEL TAGGER

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Alberto Chimal: ‘El humor es una forma de descuadrarnos del mundo’

El escritor mexicano presentará ‘La ciudad imaginada’ en la Feria Internacional del Libro de La Paz el sábado 13 de agosto a las 18.00

El escritor Alberto Chimal

Por Roberto Oropeza

/ 1 de agosto de 2022 / 15:20

La urbe latinoamericana está reflejada en estos cuentos escritos en diferentes momentos y que se hacen una sola pieza en La ciudad imaginada, libro del escritor mexicano Alberto Chimal que la editorial Yerba Mala Cartonera presentará en la edición 26 de la Feria Internacional del Libro de La Paz, el sábado 13 de agosto a las 18.00 en el salón Emma Villazón (Campo Ferial Chuquiago Marka, Següencoma).

El autor nacido en Toluca, México (1970), ha publicado las novelas Los esclavos (Oaxaca: Almadía, 2009), Shanté (Monterrey: Regia Cartonera, 2010) y La torre y el jardín (México: Océano, 2012); además de cuentos, minificciones y literatura infantil y juvenil. También trabaja en traducciones literarias, guionización, dramaturgia,narrativa gráfica, enseñanza de escritura creativa y tiene además un canal de YouTube de difusión literaria.

—Si bien los textos de La ciudad imaginada han sido escritos a lo largo de varios años y sin un propósito común, ¿qué logra articularlos y darles un sentido?

—La idea de la ciudad. Seleccioné textos que tuvieran alguna relación con ella, desde entornos urbanos explícitos hasta comunidades o formas individuales de pensar que se relacionaran con ellos. Y por encima de todo ello está la imaginación fantástica, o por lo menos la de lo improbable y lo extraordinario.

—¿Cuáles son las fuerzas que rigen La ciudad imaginada?

—Por una parte, las de la naturaleza y el poder humano. Por la otra, las de la imaginación.

—¿Qué importancia tiene el territorio en estos cuentos?

—Mucha, porque el territorio es al mismo tiempo el espacio físico y una proyección de nuestro pensamiento. Lo que definimos como nuestro y de nuestros semejantes afecta todo lo que hacemos como seres humanos, y algo de eso se refleja en los cuentos.

—¿Por qué La ciudad imaginada puede ser cualquiera de Latinoamérica?

—Porque la imaginación fantástica que me interesa emplear en estos cuentos tiene un origen latinoamericano. Aquí usamos etiquetas usualmente importadas (“ciencia ficción”, “fantasía”, etcétera), pero necesitamos adaptarlas a nuestras circunstancias: a contextos sociales y políticos que no son los del norte global.

—¿Cómo fue el proceso de escritura de uno los cuentos más oscuros? Estamos hablando de Mogo.

—Este cuento es el más antiguo de la colección: ya casi cumple los 20 años. Y lo que quería hacer con él era retomar elementos de historias todavía más anteriores, en las que había ese entorno familiar (urbano, claro) y también esas presencias oscuras. Recuerdo que el primer borrador fue difícil, pero las revisiones lo fueron cada vez menos.

—En Cuerpo hay un placer por los comportamientos extraños, la desviación o metamorfosis en el ser humano. ¿Por qué le interesó trabajar esos temas?

—Parte del horror de nuestra época está en nuestro conflicto al parecer insoluble con el entorno natural. Lo que a veces se llama el body horror (otra etiqueta importada, qué remedio) usa la distorsión del cuerpo como símbolo de males interiores. En el cuento me interesaba hacer algo distinto a partir de esa misma noción.

—Existe un manejo del humor de manera sutil en muchos de los cuentos, sobre todo en Variación sobre un tema de Coleridge y Veinte de Robots. ¿Qué puede decirnos acerca de ese aspecto en su narrativa?

—Me gusta mucho el humor. El que suelo usar es muy mío, a veces muy enredado o muy surrealista, pero lo empleo porque me divierte (además de la obvia motivación de usarlo para criticar o señalar defectos de la vida real, que es importante, sí, pero me disgustan mucho los textos que solo intentan predicar). Me gustaría creer que el humor es también una forma de descuadrarnos del mundo, de cambiar nuestra percepción.

—Hablemos sobre los finales de sus cuentos, que a ratos se dan de manera abrupta, sin concesiones para el lector. ¿Cuándo se acaba una historia?

—Este es otro aspecto de lo que escribo, porque en esos finales interviene mucho mi propio gusto. He hecho finales convencionales, ¿por qué seguir haciéndolos? ¿Por qué no poder experimentar con diferentes formas y estructuras al escribir?

—En todos estos años como escritor, ¿cómo ha logrado pulir un estilo hasta llamarlo suyo? ¿Cómo es su proceso de edición?

—Mi proceso de edición es la parte más complicada de cualquier proyecto. A veces me siento como cineasta, porque al editar, montar, agregar y quitar es donde aparecen muchos aspectos interesantes (para mí, al menos) de mis textos.

—Ha incursionado en la novela gráfica y los guiones. ¿Qué valor le da a otros géneros literarios en su narrativa?

—Constantemente estoy buscando nuevas influencias, nuevas fuentes de ideas para escribir. Así que me gusta conocer (y crear) obras fuera del campo de la narrativa en “estado puro”. Empecé a encontrar esas influencias hace 30 años, cuando por un tiempo escribí muchos textos teatrales e híbridos. Sigo en eso.

 —Sabemos que dicta cursos y talleres en México. ¿Qué jóvenes autores puede recomendar?

—Ahora tenemos nuevas generaciones muy buenas por aquí. Un puñado de autores y autoras que (creo) darán mucho de qué hablar: Olivia Teroba, Andrea Chapela, Enrique Urbina, Aura García Junco, Luisa Reyes Retana, Atenea Cruz…

—¿Cuál es su relación con la tecnología para escribir, dar talleres o en el día a día?

—Desde la adolescencia, cuando estaba de moda la idea de la informática como una tecnología que iba a traer una especie de futuro utópico, me interesé por lo que entonces eran nuevas herramientas, nuevos sustratos para crear. Así que hay una influencia prolongada que está en mucho de lo que he escrito. En cuanto a las clases, actualmente trabajo principalmente en línea por diversas razones, así que esas otras tecnologías se me han vuelto indispensables.

—¿Sus planes en un futuro próximo?

—Espero terminar de reponerme de una cirugía de rodilla por la que estoy en rehabilitación prolongada. Acabo de terminar una novela que saldrá probablemente el año próximo, y me gustaría que el siguiente proyecto fuera otro libro de cuentos: textos —ahora— totalmente nuevos.

—¿Por qué publicar en una editorial cartonera como Yerba Mala?

—Porque me encanta el proyecto y el espíritu de las editoriales cartoneras. He publicado textos en varias de ellas y espero poder seguir haciéndolo.

Portada. El libro ‘La ciudad imaginada’ (ed. Yerba Mala Cartonera) se presentará en la Feria Internacional del Libro de La Paz

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