Tuesday 6 Dec 2022 | Actualizado a 00:00 AM

El papirri: 43 años de canciones

EL PAPIRRI

/ 2 de octubre de 2022 / 00:42

CH’ENKO TOTAL

Sinceramente se me puso difícil este año, incluyendo el retorno al escenario. El 23 de abril mi esposa tuvo un problema de salud tan serio que la muerte pasó rozando. A partir de allí empezaron las suspensiones de los conciertos, no quiero contarlos porque me viene el bajón. Cuando quise retornar en agosto vía Café Efímera, apareció Mr. Herpes Zoster a tomar mis territorios. Hoy, a dos meses de ser invadido, sigue Zoster manteniendo algunas trincheras en mi espalda, trato de no darle pelota, es una especie de Guantánamo que ninguneo. Hace unos días empecé a ensayar, toqué la guitarra luego de casi cinco meses, fue como cantar sobre ruinas de guerra. Canto y lloro a la vez. Nunca me pasó. Recién cumplí 62 años y ando lagrimeando y moqueando como wawita de pecho, una vergüenza. La emoción de volver a cantar y tocar me rebalsa. El asunto es que el próximo sábado 8 y domingo 9 de octubre vuelvo a dar conciertos en el mayor escenario de nuestro país, el Teatro Alberto Saavedra Pérez de La Paz, mi ciudad.

Decidí iniciar el concierto yo solito con mi guitarra, estrenaré tres canciones así en pelado, no me puedo poner nervioso pues Zoster saca sus agujas. La primera canción está dedicada a mi compañera Carolina, extrañamente suena un son atrás, describe semejante evento con marco medio salsero, me es difícil cantarla sin lagrimear: debo lograrlo. La segunda canción me atacó en súbito el año pasado en mi programa de tele Ch’utis, mi amigo el cineasta Mauricio Durán era el entrevistado. Un día antes había visto un documental de Durán que es desgarrador, investiga los pasos de su hermano asesinado por un milico en el servicio militar. Aquel día en el programa de tele apareció solita la canción El Murucullu, una cueca compuesta en 1987 y que nunca la había cantado en público. Es el misterio de las canciones. Me acordé todita la letra de este Muru, sarnita conquistador, linda cuequita es. La tercera canción tiene en el texto forma de décima, se llama Décima vez, es un ejercicio artístico académico nacido de las clases que dictaba en la Maestría de Producción Musical de la UPEA.

Yo mismo me complico la vida iniciando así este concierto, no es por masoco, es como tirarse un balde de agua helada y salir a la cancha, con esa sensación de vértigo de verte solito en un proscenio enorme, el ingreso al tablado con la gente y su murmullo de abejitas, solo-solito, como la primera vez, hace 43 años en mi estreno como compositor. Porque como guitarrista son 55 años que toco. Hay colegas que no sé cómo definen sus inicios y celebraciones, hay uno que festeja 60 años de carrera y no toca hace 20, hay otro que dice 40 años de carrera artística y tiene 50 años de edad, medio chacota el asunto. Yo decidí marcar la fecha de partida desde que presenté en público una primera canción mía, nada menos que en un concurso batiéndome en duelo en 1979 con los mejores cantautores de la época.

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Luego de estas tres canciones cantaremos composiciones del último CD 60A, que presentamos el año pasado. Haciendo un paréntesis bailaremos cantando el Pepino Pandillero en homenaje a los 474 años de la fundación de La Paz. En esta primera parte ya estarán en escena Heber Peredo y sus magníficos teclados; mi percusionista y amigo leal Vico Guzmán; en Amartelo aparece el bajista Raúl Flores, que acaba de llegar de gira por Europa; el talentoso Mauricio Segalez me hará el aguante con su voz y guitarrita; surgirá Diana Azero siempre segura e inteligente; el charango de Ariel Choque brotará en el caporal bilingüe Camote bailado por el Ballet Folklórico La Paz (Bafopaz), cerrando la parte con la cumbia posmoderna Ch’utis.

La segunda parte será iniciada con la presencia del tenor Mauricio Clavijo, una novedad en mis conciertos. Cantaremos Sacudite y Alasita, apareciendo seguidamente en escena el gran Bladi Morales (Efecto Mandarina, Vinilo 54), uno de los mejores bajistas de la actualidad. Bladi se inició profesionalmente conmigo hace unos 21 años, será un reencuentro muy lindo. Luego llegará el turno de David Portillo, que le da un aurea especial a la escena. El concierto acabará con jóvenes y niños, lindo final de esperanzas con Los Bolitas y el Papirri’s Kid. Es que no podré estar en los 500 años de La Paz, mi ciudad, serán pues estos jóvenes y niños quienes interpretarán mis canciones en mi ausencia. Esito sería. Vayan, pues. Con tanta suspensión ya no se sabe cuándo nos encontraremos de vuelta. La venta de entradas está disponible en Superticket, de manera digital, ingresando a la web de la empresa. También puede reservar con Iris al celular 705- 43667.  ¡Ahhh! Bien le cascaremos estará como bis. ¡Ahh! Estará a la venta el DVD El Papirri Sinfónico que salió en agosto. ¡Ahh! Manden nuevas metafísicas populares ¡Ahhh… chís! Me resfrié de nuevo…

(*) El papirri: personaje de la Pérez, también es Manuel Monroy Chazarreta

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Ch’akatao

Por El Papirri

/ 4 de diciembre de 2022 / 00:01

CH’ENKO TOTAL

Se acabao, ch’akatao. No queda ni un ejemplar de El Papirri: 40 años de canciones, un hermoso libro aniversario que se hizo realidad gracias a que ganamos el Fondo Excelencia Artística de la Cooperación Suiza en Bolivia en 2019. ¿Quiénes ganamos? El Papirri, el Manuel y el equipo técnico del libro, al frente de la diseñadora Laurita Mercado y del compositor Manuel Rocha, ambos artistas cochabambinos. El Manu transcribió 40 canciones del que suscribe al pentagrama, en melodía y cifra armónica. Con Laurita trabajamos mucho el cuidado de los textos, fotos, ilustraciones, trabajamos nueve meses en este bello libro, me siento orgulloso de ese texto que se acabao. No hay. Ch’akatao. Recuerdo aquel acto en el Ministerio de Educación en septiembre de 2019 cuando la jefa de la Cooperación Suiza en Bolivia regaló a las Normales de Música 500 libros. Esa sensación de que hay haaartos libros es hermosa, regalábamos de 50 en 50, todo un acto de generosidad que ojalá sea valorado por los estudiantes de las Escuelas Superiores de Música, exnormales. Luego la cooperación concedió permiso para que el suscrito saque una segunda edición y así ganar pues alguito, yo y el Papirri, porque el fondo aquel se fue en pagar al equipo técnico y la imprenta. Esta segunda edición se acabao. Ch’akatao. Uno dice al inicio: ¡Qué belleza, ya no hay libros! Pero pasa el tiempo y ves que los necesitas, que llegó un colega famoso, internacionalmente desconocido como yo y deseas obsequiarle un libro, o regalarle a alguna autoridad que te recibe por pena o a algún médico para que sea un poco más misericordioso, entonces compruebas que es una huevada no tener libros, te arrepientes de haber vendido tan barato y de haber regalado tantos libros a tantos giles que ni siquiera los han hojeado, por la necesidad de vender pues, señora, nosotros también vivimos al día, vivimos del día, morimos de noche y resucitamos.

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Ch’akatao

Se acabao, ch’akatao. El libro Crónicas del Papirri Volumen I no hay cawallero, digo con aquel gesto de poner focos. Aquel librito que me alegró el alma, que me hizo dar un ataque de risa cuando sale bestseller de la FIL La Paz 2008, y este mi primo Enrique que decía, jodiendo: “Che, tu librito le ha ganado en ventas al mío, ¡a mí!, que soy un escritor consagrado, qué falta de respetooo…” Este librito es así, mucho humor tiene, viajes, jodas y el asombro hermoso de descubrir que podía escribir más allá de las estrofas de una canción: no había sido tan gil de abril ese Papirri, decían los ociólogos. Las Crónicas Volumen I salieron en supuestos 500 ejemplares vía editorial La Hoguera, se vendió rápido y fluido, en la época yo tocaba mucho y los vendía, de pronto en la FIL Santa Cruz de septiembre no había ni uno más, entonces empecé a joder a la editorial: “Ya pues saquen nueva edición, saquen pues jóvenes, ya puej”. Pasó un año y naranjas, pasó otro año y tampoco, yo no entiendo hasta ahora por qué. El asunto es que recién en 2010 la editorial Plural se animó a sacar una nueva edición y luego en 2013 una edición más, y en Ecuador la editorial alternativa J y G sacó una edición de imprenta digital que desapareció rapidito. El libro, no la imprenta. No hay, shempre. Ch’akatao, joven. Ni a La Hoguera, ni a Plural, ni a J y G les interesa sacar una nueva edición de Crónicas I.

Se acabao, ch’akatao, el libro Crónicas del Papirri Volumen 2 que sacó en 2012 la editorial El Cuervo, del chapaco conquistador Fernandito Barrientos, parece ser que se animó a hacer mil libros de una y se fueron vendiendo como gotera. Aquel, el de la tapa del Papirri con la camiseta del Tigre en una tabla de salvación, aquel de la crónica La Hilariashon que le gusta mucho a mi amigo el actor Sergio Caballero, aquel el del escrito Los Coaquira que le gusta mucho a mi cuate literato Jimmy Iturri. Se acabao, se ha cavao, su tumba. Ya no hay más discos 60A, y no es que se acaben los CD, se acaban los impresos que tenían un cuadernillo de 10 hojas full color tamaño carta, raro en un disco, con su sobre de carta verde, verde como la esperanza en plena cuarentena, con el diseño de Laurita que lo hizo de taquito, aquel disco de Ch’utis, de Mamita Cantila, del caporal bilingüe Camote. Asimismo, ch’akatao el CD Cara Conocida, ya era hora, aquel del cuadernillo diseñado por mi amigo querido Rolito Costa en 2002, en la tapa la hermosa caricatura del maestro Ricardo Pérez Alcalá, aquel disco con el maestro Litto Nebbia en teclados, con el bajo de otro maestro,  César Franov (ex Spinetta Jade), aquel de Morenada nada, de Zamba para Anita, de Pa ques decir, aquel disco binacional grabado en Argentina por Litto Nebbia y su trío y en Bolivia por el Panchi de Atajo en Bobalización, con el Álvaro Montenegro en la canción Al Che, entre otros grandes cuates musicales. Se acabao, ch’akatao, el CD Helado Propicio, ya no hay casero, ni va a haber, se terminó aquel cuadernillo con el Heladero, aquel con la Diawadacapotaquitonada, aquel de Migración y Ego, aquel disco de 2009 que alguna vez existió, y que ahora está en la nube, dónde será eso, ese CD que corea que hay que tomar partido, el de la vida y el del singani. Y yo ahora escribiendo esto con saudade, porque se  acabao, caserito,  ch’akatao el formato CD con cuadernillos a full color, se acabao, ch’akatao el público aquel que compraba y leía las letras y olía el CD al sacarlo del celofán. Se acabao, ch’akatao, la manera urgida y valiente de sobrevivir vendiendo libros y discos en físico… Y en qué cosa sino pues …

—  O qué te voy a regalar en Navidad: ¿Un link?

*Ch’akatao, paceñismo, del aymara chhaqhatawa, perdido, acabado. Fuente: mi amigo el Dr. Esteban Ticona.

(*) El papirri: personaje de la Pérez, también es Manuel Monroy Chazarreta

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En el Laredo

El papirri en el Laredo

Por El Papirri

/ 20 de noviembre de 2022 / 00:01

CH’ENKO TOTAL

En el mes de julio visité el Instituto de Educación Integral y Formación Artística “Eduardo Laredo”, un gran proyecto educativo creado por el arq. Franklin Anaya Arce en 1961. Me recibió con gran amabilidad el actual director, nieto del fundador. El lic. Franklin Anaya Giorgis, el gran Kilin, me instruyó indicando que el Instituto aplica la  educación integral con una simbiosis de la enseñanza por doble vía, por un lado en las mañanas se llevan las asignaturas de humanidades y en la tarde las asignaturas de las artes, impartidas a niños seleccionados por sus aptitudes desde tercero de primaria. En las artes tienes la posibilidad de escoger las especialidades de teatro, música y danzas, es un centro educativo diferente, los estudiantes pasan cerca de 10 horas al día estudiando las asignaturas, este año el Laredo tiene 460 estudiantes en primaria y secundaria.

Cuando fui, los chicos estaban en vacación de invierno, sin embargo el gran Kilin estaba en su despacho ordenando miles de papeles. “Te voy a mostrar el teatro”, me dijo, y fuimos caminando por el patio en una tardecita cochabambina plácida. Ingresando al Teatro pude constatar un escenario bien puesto, con parrilla de luces, 270 butacas bien mantenidas, caminamos con ese placer de respirar el arte en un teatro vacío. Detrás del teatro, el Kilin me mostró el piano Steinway & Sons Model A que adquirió la institución en 2019, un majestuoso piano muy bien cuidado por alumnos y docentes. El Laredo tiene mi edad, 62 años, me hubiera encantado estudiar en esta institución que tiene un plantel de docentes de alto nivel, tanto en lo humanístico como en lo artístico. Además, egresas del colegio con un título en técnico medio y eso ayuda un montón. En 2021 el presidente del Estado Plurinacional, Luis Arce Catacora, entregó la Resolución 06/2021 del Parlamento Andino, que declara a esa entidad como Patrimonio Cultural y Educativo de la Región Andina. “Esto es muy significativo por el relacionamiento internacional del instituto”, me dijo el Kilin orgulloso.

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Entonces decidí preguntarle si podía dar un concierto en el teatro. “Haz tu solicitud, Papirri”; “sería para octubre”, le dije, nos abrazamos y despedimos. Salí contento de la visita, más aún considerando que el Teatro Achá estaba cerrado casi tres años y recién hace unos días abrió sus puertas. Entonces en agosto llegó sorpresivamente Mr. Herpes Zoster y puso en duda todo, sin embargo, con paciencia y salivita lo fuimos superando, siendo que el viernes 21 de octubre entraba al escenario del Teatro del Instituto Laredo. Tuve la suerte de que la productora cochabambina Toc, que dirige Raquelita Rocha, se interesara en producir el evento denominado El Papirri: 43 años de canciones. Todo sería más fácil si yo contara con el mismo staff de músicos del concierto 43 años de canciones, realizado en el Teatro Municipal de La Paz el 8 y 9 de octubre, pero no… había que montar el show todo de nuevo, con músicos de la Llajta, pues no teníamos auspicio alguno para transportar a los músicos paceños hasta Cochabamba. El problema se volvió oportunidad cuando empecé a ensayar con los músicos cochalas Mauricio Cardona en batería, Inti Medina en bajo y contrabajo, Fabiana Fiorilo en voz; Juan Ernesto Saavedra en la guitarra eléctrica, Arpad Debreszeni en violín; Sebastián Loredo en trompeta, ¡todos ellos exlaredistas!, músicos con estudios superiores en sus especialidades y sobre todo grandes hermanos del arte. A los laredistas se sumaron la voz hermosa del cantautor Chelo Arias y el piano de Karlos de la Torre, el Teatro estuvo casi lleno con la sorpresa especial del Papirri’s Kid versión cochabambina, hermosos niños que Raquelita hizo ensayar en la canción Qué Tal Metal. El sonido estuvo muy bien manejado por Manu Rocha. Mil gracias a todos estos amigos cochalas, gracias Kilin por el Teatro, gracias productora Toc por el gran esfuerzo que incluyó danza con el Ballet de Edson Ontiveros en el caporal bilingüe Camote. Un bello concierto. Los músicos de gran nivel. El público bastante exigente. Las piezas más aplaudidas fueron las obras instrumentales Achocalla y Zamba Geisha, pude verificar esto gracias al video producido con una cámara por Al Tadic, otro gran artista cochabambino que me regaló las imágenes con una generosidad muy pocas veces vista. Fue muy lindo estar en el Laredo aquel 21 de octubre en la tarde, en la prueba de sonido y ver en los patios a niños y jóvenes estudiando sus partituras, ensayando sus obras de teatro, bailando coreografías, formándose con alegría y entusiasmo. Mil gracias Instituto Laredo de Cochabamba.

(*) El papirri: personaje de la Pérez, también es Manuel Monroy Chazarreta

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Fiesta de Todos los Santos

Fiesta de Todos los Santos

Por El Papirri

/ 6 de noviembre de 2022 / 00:02

CH’ENKO TOTAL

Fiesta de Todos los Santos. Vuelvo a casa de un viaje complicado, me siento achachi galán, arribo eructando chorizos, vuelvo de Sucre.

Estuve en Potosí en un ida y vuelta comprimido. “¿Qué novedades?”, le digo a la Carito que me toca la frente, preocupada por mi presión.

Siempre tuve presión alta, me presiono pues mucho, yo solito, en vez de descansar del viaje terrible, en vez de estirar las patas arriba, me complico la vida, como siempre, alta presión, presión alta.

Hay que escribir para La Razón. ¿Y contar qué? Cosas que te impresionan pues, dice alguien que baja de la escalera.

En Bolivia se construyen escaleras de pan para ayudar a nuestros espíritus superiores a bajar del cielo hacia esta estratosfera sin el riesgo de que quieran quedarse.

La escalera también es de retorno. Lo esperamos al ausente el 1 del 11 a las 12 con su traguito preferido, con el platito de comida que más le gusta.

Ahí tienes a mi papá, baja de la escalera directo a tomar su wiskicito con tres hielos y dos dedos de agua, se sienta jadeante, fuma feliz su Big Ben.

Me gustaría invitarle una guacataya, pero mejor no, mi papá es pues, lo amo, lo respeto y lo recibo con su sajta rebosante, con sus amadas sarnitas y aquel rollo de queso que lo deja sin habla.

Mi mamá baja la escalera con los ojos brillosos, se emociona al verme, me abraza temblando y se va rápido a tomar su cafecito royal.

¡Sorpresa! Baja de la escalera mi tío Lalo tocando el bandoneón, llega con mi primo Enrique cantando a Gardel con su wiskicito eterno en la mano.

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Mi primo enternado con voz de tenor cochala canta emocionado: “percanta que me amuraste, en lo mejor de mi vidaaaa…”

¡Sorpresa! Mi padre llega custodiado por un amigo, es nada menos que René Zavaleta, acaricia mis rulos y dice: “¡A ver! Tocá pues una de tu abuelo…”

Y se lo canto la Pérez Velasco, perdón, La López Pereyra que René canta tropezándose en la letra, está algo mareadito.

Habían estado antes estos bandidos en la casa del Pato Cárdenas que con su esposa, la Pata, bailan el mejor tango arrabalero.

Tocado en su mejor versión por mi tío Lalo en bandoneón, yo en la guitarra y mi primo Enrique en la voz gardeliana. Se armó la joda en la casa…

“¡Viva el movimiento, gloria a Villarroel!”, baja cantando por la escalera el Chueco Céspedes, besa la mano de mi madre, cuelga su sombrero.

Se saca el abrigo de caballero y con su terno plomo camina, bien rosquito, a cascarle rosquetes de Loreto.

¡La abuelita ya había estado aquí! Llegó desde Manogasta trayendo rosquetes, es mi abuelita Ana, que se sienta serena y no habla más.

Mi mamá dice “prestame la guitarra, papitu” y ahí nomás empieza una intro virtuosa, villalobiana, que concluye como cascada cósmica en una especie de bolero.

Mi madre acompaña de lujo a mi papá, que canta parado y con la mano en el bolsillo, estilo Nath King Kole: “wat in di naigth of di level, trei livinstan old dar yuuuu…”

Entonces mi mamá dice: “Chiquito, tocate una zamba con acordes modernos, la última que te enseñó tu tío Dardo”.

Que baja la escalera siempre atorado de risa, en camiseta y pantalón de pijama , cargando su bombo leguero.

 “No da ganas de volver”, grita el Amarito, papito, guagüita de pecho, hermoso ángel en su joven deceso.

A medianoche baja de la escalera y llega a la fiesta tarareando una cumbia colombiana, en su cabecita nomás está la música, pero contagia.

Entonces agarro la guitarra y le dedico a mi padre mi versión de Chorra, que lo deja pasmado.

“Hijo de Tigre, overo ai de ser”, dice brindando, orgulloso, y yo no le entiendo bien.

“¡Ya llegó Don Andrés!”, grita mi hermano, que está cebando mate, habla en quechua con mi otra abuelita, la Conchita.

Que había estado adentro, cocinando pichones para su hijo Germancito y para el otro, el Lalito, con la mejor ayudante de esta fiesta de muertos vivos, mi tía Carmelita.

La hermana mayor, que despluma los pichones con virtuosismo, toda ella está envuelta en plumas y sangre. 

Mi abuelo Andrés baja la escalera ceñido en su poncho de alpaca, me pide la guitarra y emprende con el vals Santiago del Estero, todos en silencio aplauden fuerte.

Entonces llega la tía Gloria bailando con su alegría incandescente, llega cargada de mistura, tíaaa.

Es día de todos los santos, no de todos los diablos, “faaalta para Carnaval”, grita mi abuelo masticando un choclo.

Cuando estamos en lo mejor de la fiesta y en tutti orquestal, llega el mediodía del día 2, y nos tenemos que ir despidiendo.

“Che, hermano, —le digo a mi hermano— yo me voy nomás con ellos, allá están todos, aquí no hay nadies, no es para ofender, pero prefiero tocar mi guitarra con esta banda de ángeles”.

El Amarito trae la escalera de retorno, ayuda a subir a todos, mis padres se van abrazados, al Chueco le cuesta subir la escalerita de pan.

El Amarito me mira con sus ojos de alpaca, “ven pues”, dice con sus cejas.

Yo cargo mi guitarra al hombro y cuando me estoy por ir, mi hermano me jalonea fuerte de la camisa.

“No seas jodido, estaremos todavía en este mundo de soledades un rato más, qué put’s, después de todo, todo hay…”

“Cómo será la estratosfera de ellos, dejá de joder, por qué no tocas esa de Víctor Jara que te nombra”.

Y yo, hipnotizado con las razones del exalcalde, decido quedarme todavía por aquí, solo que ya no hay trago.

La tropue acabó con todo, entonces poco a poco llega la siesta, me voy durmiendo, divagando en circular con las curvas de la carretera Sucre-Potosí , soñando en circular entre los vivos y los muertos.

(*) El papirri: personaje de la Pérez, también es Manuel Monroy Chazarreta

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Conciertazo

Conciertazo del artista El papirri

Por El Papirri

/ 23 de octubre de 2022 / 00:01

CH’ENKO TOTAL

Conciertazo. Me di nomás el gusto de volver a tocar en el Teatro Municipal Alberto Saavedra Pérez de La Paz, mi ciudad, y levantarme de una época difícil.

Los conciertos del 8 y 9 de octubre son ahora inolvidables.

En una semana armamos ensayos y entrevistas. Decidí hacer ensayos seccionales que se convirtieron en encuentros personales para así poner nuestra amistad al día.

Raúl Flores me dio la bella noticia del nacimiento de su tercer hijito, qué hermoso saber de nacimientos en este tiempo.

Lo que más destaco de Raúl Flores es la seguridad que transmite, contiene este sereno moreno, gran bajista boliviano que acaba de llegar de una gira por Europa junto a la banda de Carlos Fisher.

Vico Guzmán, siempre con su guapa sonrisa, hace renegar riendo; siempre dispuesto al ensayo trajo su bata estilo ragtime a mi depto y le dimos lindo a las figuras y a los cortes.

Me contó que está pensando hacer un disco como solista producido por su hijo Iván, otro gran baterista. Mauricio Segalez, puntual y estudioso, es un soporte técnico y también de expresión.

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Conciertazo

Muy profesional y sensitivo, su guitarra, la viajerita, se insertó sin problemas en el estreno de la canción Para Carolina y en el Murucullu, otra canción ch’allada en este concierto.

Segalez es para mí emoción y confort en simultáneo: emofort.

Tiene ganas de irse del país, desea otros aires, yo le dije Buenos Aires, él me dijo mejor Madrid… “pero no dejes de componer”, le aconsejé.

Heber Peredo llegó tarde a los ensayos, salir de su pueblito sureño le cuesta pero cuando se sienta en el teclado pinta de jazz mis canciones.

Fue un placer tocar con Heber mi Zamba para Anita. En La Paz, mi ciudad volví a llorar en vivo y en directo.

Esta canción es lacrimógena para mí.

Y cada vez pior, pues ahora vivo en Cochabamba. Menos mal que apareció la voz de Diana Azero, gran cantante y compañera de viaje, nos elevamos cantando a simple unísono.

La nueva versión mestiza de Bailando saya me encantó.

Fueron entonces tres canciones dedicadas a los 474 años de Fundación de La Paz: la saya, la lacrimógena y Pepino pandillero, bailada bien riquito por el Ballet Bafopaz.

Me gustaron esos pepinos, había uno, el más pícaro, era stronguista.

El Papirri’s Kid ya no es más Kid: ¡Tu wawa chiquita bien grande está! Ahora creo será el Papirri’s Teen, o sino El Papirri’s University, mis niños son hoy jóvenes simpáticos y afinadísimas señoritas, un placer cantar Qué tal metal y Metafísica Popular con estos bellos.

El papá del Amaru me contó que el ch’ete ya está yendo a la premilitar, “uy cará”, le dije, y la Warita con sus 10 añitos es campeona de tenis, representando al glorioso Club The Strongest. Ariel Choque, hábil charanguista, me contó que todo el día da clases en la universidad, toca un charango caribeño en las noches paceñas, es una gran persona, se lució en el caporal bilingüe Camote. 

Entonces estrenamos Décima vez, otra vez con el gran Segalitos y el Vico Guzmán, que en vivo está tocando muy bien.

Ch’allada está la canción.

En cuanto a la versión de Sacudite, el tenor Mauricio Clavijo ingresó a escena siendo ovacionado por un teatro lleno, o casi lleno, digamos que en un 90% (estito dedicado a los envidiosos).

Me impresionó el cariño que le tiene el público papirresco al tenor.

Nació la idea en camerinos de hacer todo un concierto en marzo en el Teatro Nuna de re-versiones cantadas por el tenor.

Sí, hay canciones que merecen una segunda versión, Clavijo quiere cantar Espumita, por ejemplo: A veeer, ¿quién sabe? nadiessss… por eso hay que re-versionarla. Sacudite en mis 43 años de canciones fue de las mejores interpretaciones.

Llegó el encuentro con Bladimir Morales, hoy un extraordinario bajista.

El Bladi se inició conmigo hace 20 años, nos acordamos de aquel jovencito multiinstrumentista que vino al primer ensayo con saxo, teclado y bajo.

Le dije que precisaba un bajista, allí se definió su carrera. Tocamos Maribel y Hasta ahurita con mucha emoción, dedicadas a su dos hermosos hijitos.

Entonces apareció el Jach’a David Portillo y la noche se encendió con fuegos de dragón, esta versión de Polvos del olvido me pareció memorable.

La amada Mamita Cantila, que siempre nos protege, fue homenajeada de gran manera con la voz de David y su baile impresionante de la morenada.

En cuanto a Los Bolitas, son mis amigos musicales y traen mucha luz a la escena. Gracias a todos ellos, en especial al Bilo, al Poncho y al Kicho, quien ingresó con su zampoña magnífica desde la primera parte a tocar a mi lado.

Mil gracias, chicos.

 Un agradecimiento especial a todas las bellas personas que apoyaron con su asistencia a esta celebración de 43 años de canciones. Gracias a los técnicos del Teatro Municipal.

A Iris por la producción. Al Astroboy y al Panchito por su hermoso apoyo. Gracias a La Razón, ATB y Bolivia Tv por la difusión del evento. Seguimos. Nos vemos en marzo.

Bien le hemos cascado.

(*) El papirri: personaje de la Pérez, también es Manuel Monroy Chazarreta

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El Avesol

/ 18 de septiembre de 2022 / 01:43

CH’ENKO TOTAL

La década de 1990 fue muy intensa en la noche paceña, el Avesol fue uno de los epicentros de aquella movida que parecía imperecedera y que ahora me suena a otra vida. Tal vez era mi segunda vida acelerada, con noches que se volvían días y días que retornaban a la noche, en un círculo altamente peligroso. A mí me salvaguardó una especie de compromiso por mantenerme en vilo, de cumplir con mi entonces primer matrimonio, de marcar tarjeta, el arrojo de tratar de salir del alquiler y llegar algún día a tener un anticrético. Encontré esta foto buscando paradójicamente mi libreta de servicio militar; muy raro tener una foto de aquellas noches mágicas en el Avesol: no había celular, nadie fregaba con la selfie, todos estábamos interesados en todos, en los poemas del Fernando, en las lecturas del Cáceres, en el mimo francés que conquistaba paceñas desconsoladas, en el Rolito y su bondad a cuestas. El primer plano de Fernando Lozada es asombroso… ¿quién tomaría la foto? Con máquina de rollo, por supuesto.

Recuerdo a Fernando con su magistral voz presentando mi debut en la canción. Lo conocí 15 años antes en el Paraninfo de la UMSA, habíamos derrotado a Natusch Busch en las calles, era el 20 de noviembre de 1979, mi padre me había sugerido estudiar Derecho, pues el Conservatorio de ese entonces era una vetusta institución sin pénsum y en total decadencia. Fue así que me presenté al Festival de la Canción Social, organizado por Extensión Universitaria de la época. El maestro de ceremonias, Fernando, anunció: “Representando a la Carrera de Derecho, este joven cantautor propone la canción Dialéctica de la flecha a la bala. Su nombre, Manuel Monroy Chazarreta, tiene 19 años, en concurso”. Así me inicié en la canción de autor, ganando el segundo lugar hace 43 años. El primer lugar lo ganó el gran Jechu Durán. Meses después, en julio de 1980, nos volvimos a encontrar con el Fernando, esta vez muy apretados, asustados, asilados en el Consulado de México: García Meza arremetía con todo, asesinaba a mansalva. Y nos fuimos nomás a México. Allí lo perdí de vista, casi una década. Hasta que apareció el gran Avesol.

Detrás de la foto el Fernando escribe: “Manuel, tu estancia en el Avesol es tan linda y trascendente que, de las pocas tomas de tantas maravillas, aparece esta”. Ahora que me acuerdo, la foto me la regaló una noche asombrosa, eran ya las dos de la mañana, había terminado alguien de leer poesía, se iban los intelectuales, nos quedábamos los de verdad. En el baño nos encontramos con el Fer, lloré en su hombro por la Margarita de la Cabeza de Zepita; él me contenía callado, solidario; salimos repuestos, alguien me prestó una guitarra y estrené la canción. A las tres, más o menos, apareció el Jach’a Flores con su ternito y su chalina de alpaca bebé, calladito se sentó en una mesa del fondo. De pronto resucitó y dijo: “Escucha esta melodía, Manuelito”. Todos en silencio escuchamos una morenada que el Jach’a también estrenaba esa noche, nadie se atrevió a acompañarlo ni con un vaso, el silbido perfecto del Jach’a y su expresión dolorosa imponían respeto. A las cuatro ya éramos unos cinco. Jamás escuché una queja del Fer, un váyanse yendo. Jamás me cobró una cuenta, para eso estaba la Negrita, que con gran cariño me acariciaba la melena y me decía: “¿te lo anoto, Manuelito?”. Y yo feliz le decía: “¡Ya! Una jarrita más, quiero invitarle al Jach’a”.

A las cinco ya éramos cuatro: el Fer, el Jach’a, yo y el Víctor Hugo que acababa de llegar. Raro verlo en el Avesol, estaba con un libro a cuestas, emputado, renegando, yo lo calmaba ofreciéndole un caj. “Ya, niño Manuelito, cántamelo esa, la del coba”, y yo emprendía con Qué tal metal. Se reía con su k’asa y su nariz torcida. El Fer se había dormido, el Jach’a comenzaba con una k’onaneada célebre un tanto reiterada sobre su ex, el Víctor Hugo se volvía a enfurecer, “ya no jodas con tu disco rayado, oyes”. Entonces aparecía de la nada el Ladrillo, un joven pelirrojo simpático, siempre con la sonrisa al frente, había sido mi alumno de tarkas en el Taller de Música de la UMSA, nos hacía despertar con sus bolsitas mágicas, ya era sábado. “¡A ver, culitos blancos! ¿quién me sigue?”, inquirió el Víctor Hugo. Aquella vez lo seguimos el Ladrillo, el Jach’a, y yo, en fila india detrás del Víctor Hugo Viscarra. Nos trepamos a un taxi rumbo al cementerio, el sol empezaba a joder, el ave cantaba taladrando. “Vamos a cascarle un Pierre cardán caldo”, gritó el Viscarrita, o un wallake navegante suspiró el Jach’a, el paganini era yo previa parada en un cajero, era pues un empleado de la Casa de la Cultura, el lunes tenía que marcar.

Ese par de veces con el Jach’a y el Víctor Hugo, allá por 1996, me vacunaron para siempre. Pero esa tendría que ser otra crónica. En el Avesol estrené mis mejores canciones, sin duda. Una vez hubo una bronca con un cuate chapaco que me agarró del cuello no sé por qué, mi percusionista Hernán Ponce, mi querido Lorito, lo sacó a puntazos. El Fer observó desde sus lentes caídos el final de la escena, iniciando un solo de cajón para salir del bajón, anunciando como obertura medieval un poema suyo recitado con voz de fuego.

Por culpa de esta foto hoy me trepa la nostalgia del Avesol, el Jach’a, el Víctor Hugo, el Fer ya no están, el Ladrillo tampoco. Y yo sigo aquí, pijchando en silencio, sin saber qué hacer con esta vida, sin saber dónde ir con esta muerte, cargando con este silencio, con esta tristeza de no poder desandar el tiempo, con esta soledad sonora que observa el Mi 7 invertido en la guitarra, anhelando ese caj vital, esperando encontrarme con los tres, los que a las seis coreábamos: “Hoy día hemos abierto a puerta cerrada, yaaa”.

(*) El Papirri: personaje de la Pérez, también es Manuel Monroy Chazarreta

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