Wednesday 1 Feb 2023 | Actualizado a 02:21 AM

Chavelita, una semilla

María Isabel Viscarra

/ 20 de noviembre de 2022 / 00:02

María Isabel Viscarra, ‘alma mater’ del Café Semilla Juvenil de San Pedro, acaba de cumplir 87 años, una vida larga y feliz de lucha y compromiso

Le dicen Chavelita. Su nombre es María Isabel Viscarra Quezada. Pocos saben que se volvió contestataria gracias a un obispo gringo. Que pasó hambre. Todos sabemos que Chavelita es una semilla. Esta es la historia de una mujer convencida de que otro mundo es posible, regando gota a gota.

Chavelita tiene un jardín lindo en su casa frente a la cancha Zapata. Es el hogar que construyeron sus padres. Un día, una embajada le mandó una invitación a esa dirección y por un error de dedo bautizó de nuevo la zona: “Ahora vivo en la chancha Zapata”. Chavelita tiene una risa fácil. Cuando padre, madre y tres hermanos se vinieron a vivir a la casa, en 1943, las aguas del Choqueyapu bañaban los sembradíos de haba, choclo y papas. El día más angustioso de su infancia es aquel que la obligan a cortarse las trenzas. En el cuarto de estar de la casa, una fotografía todavía recuerda a aquella niña hermosa/mimada con dos trenzas morenas.

Su padre, Gerardo Augusto Viscarra Illanes, es contador. Su madre, Raquel Quezada Daza, ama de casa, nacida en Sucre, como el general/presidente don Hilarión. Chavelita no pasa un día sin extrañar a la madre, sin acordarse de ella cuando escuchaba las noticias pegada a la radio. Los tres hermanos (Enrique, Jorge y Fernando) han muerto ya. Chavelita no aparenta la edad que tiene. Camina con algo de dificultad últimamente, pero su rostro (casi sin arrugas), su vitalidad, su memoria y su humor a prueba de balas son envidiables. Cuando le pregunto por su “secreto”, se pone a hablar de los jugos y las verduras de su infancia, de sus viajes y caminatas por el altiplano norte… y de su mamá, doña Raquel, que vivió hasta sus noventa años.

Chavelita habla y entiende aymara (también alemán). El primero lo aprendió en la casa natal situada en una de las esquinas de la plaza San Pedro (en la Cañada Strongest y Otero de la Vega). “Éramos todos sanpedrinos, devotos, teníamos la iglesia enfrente”. Cuando la familia, tras vivir de alquiler en otra zona del barrio, decide comprar, se va a vivir debajo de la colina de Santa Bárbara; “un barrio periférico e inestable por sus fallas geológicas”, le dicen sus amigos. La casa blanca, un siglo después, sigue en pie.

Sus tres hermanos mayores estudian en el Colegio Americano, pero un día su madre se enferma de terciana y malaria estando el padre trabajando en el río Pilcomayo. En el hospital adventista de Chulumani es curada por una monja alemana que la aconseja: “Ponga a su hijita en el Colegio Alemán”. Dicho y hecho. Es entonces cuando choca por primera vez con el racismo. La primera pregunta/disparo que recibe en su cuerpo es: “¿De qué familia eres?”. Averigua en su casa y sus padres le responden: la honestidad de una persona no depende de su apellido, ni del color de su piel, ni de su sangre.

En su curso del Alemán, donde colgaran banderas nazis en los años treinta, la misma chica “jai-jai” pregunta de nuevo a otra alumna: “¿Qué haces acá si tu mamá es una chola?”. La madre de Carmen era una señora de pollera que vendía en el mercado y se sacrificaba para que su hija pudiera estudiar en un buen colegio. Chavelita, cansada de ese racismo estúpido, valga la redundancia, encara a la preguntona: “¿Y qué tiene que su mamá sea chola?”.

En el colegio de la calle Aspiazu, Chavelita es una buena alumna, buena y valiente. Recibe una educación en valores y disciplina que rima con puntualidad. “Decían en aquella época que los del Alemán salíamos de allá acomplejados, teníamos que ser perfectos en todo”. El viaje de promoción es un descubrimiento de Bolivia: viajan en camión y tren por Cochabamba, Aiquile, Sucre, Potosí y Tarija. “Conocí mi tierra y me enamoré de ella”.

Retrato. En una exposición de arte, Chavelita junto al recordado gestor cultural Raúl Soruco.

En la casa, la madre le ha enseñado las tres palabras clave: por favor, permiso y gracias. Con su hermano aprende a bailar tango. Es una chica enfermiza, sufre de tosferina, tifus y tiroides. La medicina tradicional/ancestral acude en su ayuda: hierbas, plantas, fruta y verduras. Pero cuando el padre es estafado en un negocio maldito de minas y muere por una embolia a temprana edad (en 1959), la debacle entra por la ventana de la casa de la cancha Zapata. “No teníamos para comer, yo sé lo que es pasar hambre, sentir hambre en el estómago”. Doña Raquel apenas tiene para cocinar “lawas” de trigo y maíz. La verdura se vuelve un lujo, ni digamos la carne. Chavelita todavía hoy se acuerda cómo pegaba su nariz a las vidrieras de la avenida 6 de Agosto donde miraba y miraba las frutas y los chocolates.

Su primer trabajo, para ayudar en casa y pagar las deudas, es de asistente social en la parroquia de San Pedro. También es voluntaria en el club del libro del Colegio Alemán y recoge ayuda para los niños y niñas de las misiones de Covendo en Alto Beni. Cuando triunfa la Revolución Cubana, la madre y la hija se alegran. Las dos se convierten en columna guerrillera y discuten con familiares y amigos: “Los comunistas te quitan los cuartos, tu casa, te violan, también tu enamorado te van a quitar”. Doña Raquel responde: “Si un gobierno y un país dicen que van a luchar por mejorar los programas de salud, ese gobierno y ese país son hermosos. Se terminaron los cuentitos de esas viejas cincuentonas”. La madre se acordaba en su interior de las enfermedades pasadas. Y de lo que se sufre cuando uno no tiene salud y la plata no alcanza. Chavelita lleva a Cuba en su corazón. “Me acuerdo que mi mamá a Fidel le decía Fidelito; Fidelito es mucha cosa, decía”. 

Su segundo trabajo la lleva al Colegio Loreto, es secretaria de la monja del programa de cristianismos y también da clases de castellano e inglés. Luego pasa al Alemán y colabora también en la parroquia de María Auxiliadora. Entonces, el Concilio Vaticano II cambia el siglo XX. La Teología de la Liberación nace con alma, vida y corazón; alma para conquistar al pueblo, corazón para quererlo y vida para entregarla junto a él. Los jesuitas van a poner el pecho a las balas, miles de jesuitas en todo el mundo, contra un millón de balas.

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Chavelita lee a Ernesto Cardenal

(poeta, cura, revolucionario nicaragüense, sandinista): Homenaje a los indios (1969), Fidel Castro, cristianismo y revolución” (1974). Devora un libro al día. La patria latinoamericana unida está por (re)nacer y hay que cantar(la). A La Paz han llegado a finales de los años cincuenta unos cuantos curas gringos, misioneros. Vienen de la diócesis de Saint Louis, Missouri. Entre ellos, Andrés Bernardo Schierhoff, futuro obispo auxiliar de La Paz (en 1968) y Vicario Apostólico en Pando (en 1982). Ya pueden adivinar, Bernardo es el obispo gringo que vuelve (más) contestataria a nuestra querida Chavelita.

Junto a Schierhoff arriban a Chuquiago Marka los “padres” David A. Ratermann, Andrés Kennedy y Daniel Strech. Todos juntos construyen la Parroquia de Cristo Rey, su templo, el colegio San Luis y el templo de la parroquia María Reina en Tembladerani, entre otras obras, todas en los barrios paceños. Chavelita termina de secretaria de Bernardo Schierhoff. Las capas doradas y moradas del monseñor acaban en su casa. “’Hágase unas lindas faldas con ellas”. Aquellos curas no respetaban la propiedad privada. Definitivamente. “El gringo Bernardo me hablaba de socialismo. Era muy sobrio y austero, aborrecía los gastos superfluos de la jerarquía eclesiástica. Me confesaba que le daba vergüenza haber nacido en Estados Unidos sabiendo todo lo que hacía su país. Con él, recorrimos las provincias —Omasuyos, Muñecas y Camacho—; fueron los años más hermosos de mi vida, contemplar las montañas, la majestuosidad de nuestro altiplano, su gente linda”.

En la catequesis de Cristo Rey, un joven de doce años se apunta a los cursos de la comunión dos veces. Todos creen que es por el chocolate caliente. “Me enamoré de usted”, dice el chango. Chavelita era, es y será un sortilegio. Por aquel entonces, renuncia a ser maestra en el Saint Andrew’s. Otra vez, racismo y colegio riman con privilegio. “Los niños y niñas eran fi-fís, todo conjugaban con mi-mi, yo-yo, no sabían lo que significaba compartir”. Los curas rojos y extranjeros eran señalados (después de las palabras iban a llegar las balas). A Chavelita la palabra “extranjero” para sus sacerdotes queridos no le gusta. “Ellos vinieron a servir, no a matar”.

Cuando recuerda el asesinato del jesuita canadiense Mauricio Lefébvre (en 1971 con 49 años) y del catalán Luis Espinal Camps (en 1980 con 48 años) se emociona, nos emociona. 40 curas asesinados, 11 desaparecidos, 485 arrestados, 46 torturados, 256 expulsados: el “Plan Cóndor”, en números fríos. Enrique Angelelli, Lefébvre, Espinal, los curas Palotinos en la Argentina, algunos de los nombres. La muerte cruel de Lucho la deja tiesa: “Pasó soledad, pero era muy fuerte; flacucho, pero de gran fortaleza interior. Espinal era escándalo para los jerarcas de la iglesia. Cuando no llegó aquel sábado a su programa de cine en Radio Fides, nos preocupamos. Nos dijeron en el colegio de los jesuitas que había huido porque había hecho una estafa. Una mentira canalla, otra. A las cuatro de la tarde nos avisaron que habían encontrado el cadáver torturado. Oscar Eid delante de mí, al lado del Teatro Municipal, llamó al presidente Siles Zuazo y le dijo que convenía que viniera al velorio. Cuando lo enterramos en el cementerio, al lado de Lefébvre, había paramilitares argentinos. Tres días después, el 24 de marzo del 80, asesinaron a Óscar Arnulfo Romero en El Salvador, ambos mártires de una iglesia liberadora, asesinados por el mismo imperio, los gringos malditos”.

Chavelita ha sido “cohetillo” toda su vida. La solidaridad ha corrido siempre por sus venas. Pone unas velitas cuando los sandinistas entran en Managua y se pone triste cuando pierden las elecciones después de la guerra de la Contra auspiciada por Estados Unidos. Con el golpe de García Meza vive la represión en primera persona: “Vi cómo la gente se tiraba al lago Titicaca antes de caer presa, cantamos el Jacha Uru y años después llegó nuestro día: amuya sipxañani jutaskiway”.

1986 es el año de apertura del Café Semilla Juvenil, a una cuadra de la plaza del barrio de San Pedro, antiguamente conocido como Nueva La Paz. La fecha: 25 de octubre. La idea de abrir centros para jóvenes viene de los cafés cristianos de Canadá. “Había una voluntaria canadiense, se llamaba Liss y estaba en la parroquia de Santa Rita, detrás del cementerio. Ella y el padre Daniel Strech tenían la idea de inaugurar un café en cada barrio. Estábamos imbuidos todos de la teología de la liberación”.

El Café Arte y Cultura en el Prado había sido un intento cuatro años antes, “pero metió las patitas el MIR”. Al final, solo un café brotó de la idea y se llamó Semilla Juvenil. “Hay que meterse en el barro, hacer cosas y ahí en San Pedro nos juntamos con Matilde Casazola, el matrimonio Villalobos y otros católicos de base. Lo inauguramos con un festival de canto y jadocs. Luis Rico estaba invitado, pero no apareció. Una de las personas que nos ayudó fue Pablo Ramos y otra nuestra querida Ana María Romero, Anamar; con ella bailamos, lloramos y festejamos en diciembre de 2005”.

Al Café Semilla Juvenil y sus impulsores los trataron de comunistas (“eran los desclasados del barrio”) y de apéndice de la Conferencia Episcopal (“así nos decían los indigenistas”). Chavelita y el Café han organizado cientos de actividades y charlas de solidaridad internacionalista con Cuba, Nicaragua, El Salvador y su Frente Farabundo Martí, la Venezuela chavista, las Malvinas argentinas, Palestina, el pueblo mapuche y el saharaui, los zapatistas, los vascos…

Por el salón de la cancha Juvenca sobre la calle Almirante Grau donde hoy se puede ver retratos de Espinal, Romero y Strech, han pasado cientos de músicos como Dagmar Dumchen, Eduardo Yánez, Álvaro Flores (un infaltable), Adolfo Manzaneda, Ronald Fox, el ballet Conadanz, el grupo Ayni, Comunidad Sagrada Coca, Música de Maestros, el cuarteto Aimi de la familia Cordero-Carrazana, la cantante Selva… Y guitarreadas, muchas guitarreadas con Silvio y Pablo, Carlos Puebla y Víctor Heredia, Chabuca Granda y Víctor Jara. Y la mexicana Chavela, “prima hermana” de la Chavelita. Los prestes para el binomio Espinal/Romero no faltan nunca.

Chavelita es muy crítica de las fallas internas de los procesos revolucionarios de América Latina, de la falta de formación política y autocrítica. Confía en un Cristo liberador, en la mística de los pueblos y arremete con dureza contra una jerarquía católica “traidora y cabrona”. Su frase favorita contra el desánimo y la desilusión me gusta: “Esperar contra toda esperanza”. Es una cita de la Biblia, de la Epístola a los romanos.

Su jardín con whipala de la calle Severino Zapata (héroe de la Guerra del Pacífico) es un regalo de vida. Habla con sus rosas, sus plantas, las mima, la escuchan. Es uno de sus “vicios”: el otro es la música, desde Schubert a Chopin, de las canciones protesta al folklore boliviano y latinoamericano. Para mantener la cabeza sana en acción, adora los “Geniogramas”. Está comenzando a regalar sus libros, incluso sus favoritos del padre vasco Gregorio Iriarte y los poemarios de Pedro Casaldáliga. Hace rato que no enciende la chimenea de leña de la casa y ya tiene en mente todas las actividades culturales/políticas del Café Semilla Juvenil hasta final de año. Su último sueño es el proyecto “Semillita”, un centro para “wawas”, una idea de la periodista Lucía Sauma. “No vamos a cambiar el mundo, eso sería arrogante de nuestra parte a estas alturas, pero gota a gota algo surgirá. Lo que no se hizo, se hará”. 

María Isabel Viscarra Quezada, Chavelita para todos y todas, viste esta tarde de noviembre con cielo rojo un poncho de color ladrillo/esperanza. Acaba de cumplir 87 años. El Presidente la ha felicitado en un mensaje de Twitter. Sus amigos se han reunido en su café para celebrarla, cantarla y besarla. Tiene una vida larga y feliz, recompensa de la virtud; un jardín con rosas que decoran su alma; y una biblioteca. Lo tiene todo.

Magenta Murillo plasma universos oníricos

‘Sueños’ es el nombre de la muestra que la artista visual paceña presenta en la Galería de Arte del hotel Los Tajibos de Santa Cruz de la Sierra

/ 29 de enero de 2023 / 07:31

Magenta Murillo tiene la capacidad de llevar a su trabajo desde las vivencias más personales y terrenales hasta sus anhelos más profundos e ideales. No solo en su trazo, sino desde los soportes que utiliza y hasta con los materiales con los que experimenta, la artista visual ha creado una obra sólida que crea un universo único lleno de colorido y de múltiples influencias.

Sueños es el nombre de la nueva exposición que la creadora nacida en La Paz y radicada en Santa Cruz de la Sierra presenta en la galería de arte del hotel Los Tajibos de la capital oriental.

Se trata de una obra gráfica, delicada y llena de detalles, trabajada en soportes exóticos y ancestrales, como papiros egipcios, papeles amate (de origen maya mexicano) y papeles japoneses de algodón. Todo este material brinda soporte a esos mundos mágicos que habita o visita la artista que estudió la carrera de Artes en la Universidad Mayor de San Andrés, donde hizo la mención de Pintura. “Fluyen, se materializan, son parte de un paralelo imaginario. Son seres que uso como referente, pero no de forma realista; son imágenes de otro mundo, de colores intensos… ¿acaso el arte no es la posibilidad de todo?”

La muestra de Magenta Murillo se caracteriza por el colorido y el trazo delicado.
La muestra de Magenta Murillo se caracteriza por el colorido y el trazo delicado.

 La artista resalta que un soporte como el papel merece y recibe materiales distintos a los que se requiere para el lienzo, a diferencia de un lienzo que, generalmente, implica acción y unas pinceladas más espontáneas. “En el papel es distinto, deben ser más delicados, requieren de una técnica paciente, de tiempo y delicadeza”, describe. Por ello, recurre a polvo de oro, pigmentos naturales, grafos, tintas, acuarelas y óleos, entre otros.

El trabajo de la artista es un laboratorio permanente y constante de creación. Con más de un centenar de exposiciones colectivas e individuales, su obra se ha expuesto en galerías de Bolivia y países como Cuba, Canadá, Rumania y Estados Unidos. 

En su trabajo, a pesar de las múltiples influencias, Murillo representa a Bolivia en varios contextos, ya sea en sus colores como en la manera de traducir las vivencias que, actualmente, se están viviendo en el país, en ese mundo creativo que la inspira, logrando piezas llenas de particularidades. “Mi obra invita al público a soñar, a creer y crear. El arte es un bien social capaz de generar puentes, lazos y nuevos pensamientos en la sociedad”, destaca.

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Magenta Murillo

ARTISTA. Murillo pinta en papiros egipcios, papeles amate mayas y papeles japoneses de algodón.

La muestra de Magenta Murillo se caracteriza por el colorido y el trazo delicado.

La exposición Sueños, que cuenta con más de 30 obras en exhibición, permanecerá abierta hasta el 17 de febrero.

Texto: Miguel Vargas

Fotos: Magenta Murillo

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M3GAN: terror para toda la familia

La combinación de comedia con suspenso logra una película que hace reír y saltar del asiento

/ 29 de enero de 2023 / 07:13

En sus inicios como género era impensable que exista una película de terror “para toda la familia”. Pero con su evolución —pues cuenta con uno de los públicos más nutridos y exigentes— se ha logrado establecer que el nicho más rentable para el horror es el de adolescentes y jóvenes. Y este es el público al que apunta principalmente M3GAN, dirigida por Gerard Johnstone, con guion de Akela Cooper y James Wan.

Es justamente Wan —que además produce la cinta— quien ha dado con este exitoso y rentable filón. Fue el director, productor y guionista malayo que pasó de las sangrientas entregas de Saw, con un gore en el sentido más clásico de este subgénero, a la mirada más que adolescente de la última entrega de Anabelle, la que de ser una muñeca aterradora que hacía poner los pelos de punta en la primera entrega de El Conjuro, pasó a ser uno de los disfraces favoritos para Halloween.

 El público infantojuvenil siempre ha sido amante del terror y el misterio. Basta repasar series de Tv dirigidas para éste, desde los inocentes fantasmas de Scooby Doo hasta las inquietantes historias de ¿Le temes a la oscuridad? El gran acierto de M3GAN es reconocerse entretenimiento puro y duro para toda la familia, recurriendo a diversos géneros para ofrecer una historia que, si bien no cuenta nada nuevo, combina la ciencia ficción con el terror y el humor negro para alternar entre la risa y los jump scare de forma alternada y hábil. Es algo así como una película de la hechura de Disney: tiene la acción y los sustos para divertir a los niños mientras lanza también mensajes para adultos.

ACTORES. En una escena de M3GAN: Jen Brown, Brian Jordan Alvarez y Allison Williams.
ACTORES. En una escena de M3GAN: Jen Brown, Brian Jordan Alvarez y Allison Williams.

La trama va así: Gemma (Allison Williams) es una ingeniera en robótica que trabaja para una empresa de juguetes que usa inteligencia artificial. Ella desarrolla  M3GAN, una muñeca realista programada para ser la mejor compañera de los niños y la mejor aliada de los padres. Cuando muere su hermana, obtiene la custodia de su sobrina Cady (Violet McGraw), para lo que recurre a la ayuda del prototipo M3GAN, que traerá de todo menos paz y tranquilidad a su hogar.

Siguiendo el estilo de Wan, Johnstone ofrece una cinta de acción trepidante que no da tiempo para grandes reflexiones, apenas dejando apuntes sobre cómo se ve amenazado lo “humano” por el desarrollo asombroso de la inteligencia artificial, así como la dependencia actual que tenemos de una multitud de gadgets.

Quien espera terror más filosófico, baños de sangre o salir aterrado de la sala, se equivocó de cinta. M3GAN responde al fenómeno de la tendencia, del baile viral en TikTok y del personaje que se presta para bromear. Eso se asume en una campaña mediática que con la inteligencia artificial, por ejemplo, va “corrigiendo” las malas reseñas en Twitter.

¿Y por qué no da miedo? Pues porque no hay mayor exorcista que la risa. Y las risas no faltan, entre susto y susto, en esta cinta que no te hará helar la sangre, pero sí pasar un momento muy entretenido.   

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Texto: Miguel Vargas

Fotos: Internet 

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Vivarium Industry crea un salón para la imaginación

El curador Luis Vedia reseña la exposición de arte fantástico en honor del artista Manuel Nogales

Escultura, dibujo, pintura y más técnicas se pueden ver en esta exhibición.

/ 29 de enero de 2023 / 07:00

La productora Neo Babilonia (Multimedia Post-Humanista) crea en el año 2004 Vivarium Industry como una sociedad de Ilustradores y Artistas de Arte Fantástico a cargo de Edwin Álvarez y Manuel Nogales, egresados de la Academia Nacional de Bellas Artes Hernando Siles, realizando talleres y conferencias. A partir de la invitación de la asociación Viñetas con Altura participa en 2006 con una exposición colectiva y al año siguiente se establece dentro de las actividades del Encuentro Internacional de Historietas el primer salón dedicado a la ilustración y la fantasía, que continuó hasta su séptimo salón, siendo ésta su última participación en el encuentro de historietas.

En 2014 se crea Imaginarium Aeterno (Asociación Boliviana de Arte Fantástico) a cargo de Edwin Álvarez y se organiza Vivarium Industry, el 1er Simposio de Arte Fantástico y Realismo Imaginativo en el Museo Tambo Quirquincho, incorporando a la muestra talleres, demostraciones y conferencias ligadas al arte, la fantasía y la ilustración, logrando llegar a su sexto salón en el año 2020. Debido a la pandemia por COVID-19, el simposio estuvo en pausa.

Vivarium Industry

PIEZAS. Se eligieron 40 obras de diferentes artistas para ser parte de este primer salón de honor.

FOTOS: VIVARIUM INDUSTRY

HOMENAJE. La exposición lleva el nombre de Manuel Nogales, artista de arte fantástico fallecido en 2022.

Ahora Vivarium Industry, renovado tras el largo descanso, nos trae el primer Salón de Honor, que está dedicado de forma póstuma al artista plástico Manuel Nogales, cofundador de esta sociedad, como un homenaje a su trabajo y su pasión por el dibujo, la ilustración y al mundo de la fantasía oscura.

Este Salón será anual y temático y se realizará meses antes del simposio.  En esta ocasión, la muestra reúne más de 40 obras entre pinturas, dibujos y esculturas de varios artistas de trayectoria que se integraron en los anteriores salones del simposio de arte donde impera lo fantástico, lo onírico, lo mitológico y lo biomecánico, caracterizándose por la entrega y su amor por lo académico en el extenso mundo de las artes.

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* La exposición estará abierta en el Museo Tambo Quirquincho (Evaristo Valle) de La Paz hasta la  primera semana de febrero.

Texto: Luis Vedia Saavedra

Fotos: Vivarium Industry

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Siempre será 1908

Esto es un viaje a 1908, un recorrido por la ciudad de La Paz a principios del siglo pasado cuando 12 changos fundaron un club para siempre, The Strongest

/ 29 de enero de 2023 / 06:51

Las piedras de la fuente de la plaza Murillo están desapareciendo una a una. Los lectores de periódico se quejan de que los espectáculos del Teatro Municipal (desde ópera y biógrafo Edison hasta boxeo y lucha romana) son caros. Y malos. En la “Granja de los Manzanos”, hacienda Calacoto, se ponen a la venta ejemplares de toretes Durgau y Holstein, así como vaquitas. El vendedor asegura que sus animalitos están perfectamente aclimatados a la altura. Dice también que no se tarda casi nada en llegar a la hacienda desde el centro, jura que son 30 minutos a coche o a caballo. Una deliciosa cena en el Park Hotel en la avenida principal de la Alameda (futuro Prado) sale a cinco bolivianos el cubierto; con “caviar sur canapé”, de entrada.

El Casino Internacional ha dejado su local en la plaza San Francisco y se ha trasladado a la plaza Murillo. “Solo tendrán ingreso las personas que tienen costumbres de respeto y consideraciones recíprocas y prácticas de roce social”.

Los paceños acuden a las grandes corridas extraordinarias de gala en la Plaza de Toros del barrio de Santa Bárbara. Ha vuelto a la ciudad el primer “espada” del momento, el español Manuel Pomares, más conocido como Troni. El Club de La Paz ha elegido nuevo presidente, es Ventura Farfán (su hermano es el jugador de “foot-ball” más famoso de la urbe); y lleva como tesorero a Abdón Saavedra; futuro vicepresidente de la República, futura calle de Sopocachi.

El presidente José León López Villamil. Abajo: la casa donde se firmó el acta de fundación del club The Strongest.

El monumento a Murillo que se esculpe en Roma cambia de escultor: sale Cantele, entra Biondi. Parecen apellidos de jugadores de la “azzurra”. Los duelos, a las afueras de la ciudad, son el pan nuestro de cada día. En una de las encrucijadas del camino de Obrajes, un joven de buena familia reta a duelo a un osado gacetillero por un artículo publicado en uno de los vespertinos. La sangre no llega al río.

Hoy es 8 de abril de 1908, penúltimo año del primer gobierno de Ismael Montes, el prohombre/caudillo del liberalismo, el terrateniente, el propietario de la hacienda Taraco. Bolivia cambia (carreteras, líneas férreas, escuelas, bancos…), Montes cumple. El jefe de Meteorología y Exploración Agrícola del Ministerio de Colonización y Agricultura, Víctor E. Marchant, anuncia para este octavo día del cuarto mes una mínima de cuatro grados y una máxima de 20. La nubosidad, de cero a diez, será de seis. Dicen que va a llover por la tarde y por la noche.

El mayor general José Manuel Rendón Camacho, héroe de la Guerra del Pacífico, se acaba de suicidar en Iquique a sus 82 años. El Tratado de 1904 con Chile es un doloroso puñal en el corazón de tantos y tantos bolivianos. Nos ahoga, nos hace doler el pecho de angustias. Hasta hoy. 

Estamos en el mes de nacimiento de un nuevo equipo “sportivo” en la ciudad; se va a llamar The Strongest Football Club. En estos días se leen anuncios como este en los diarios de la mañana: “Se necesita un pongo, calle Pichincha, casa de la señora Benita, viuda de Daza”. El estudio Fotografía Cordero anuncia la llegada de lentes especiales para retratos de grupo a su taller de la calle Ayacucho, esquina Mercado (al lado de la Botica Boliviana).

No van a tardar en ponerse delante de la cámara unos adolescentes que juran haber fundado un club de “foot-ball” para siempre. Don Julio Cordero no les cree. Lleva tomadas decenas de fotografías de equipos efímeros que han desaparecido, que han caído en el olvido.

—¿Acaso se acuerdan, changos, del club 6 de Agosto, de los Bolivian Rangers? Del club 20 de Octubre y de los Thunders creo que se acuerdan todavía, algunos de ustedes, caballeros, jugaban ahí de infantiles. ¿Cómo dicen que se llaman, ustedes?

— Strong Foot Club. Aunque el Perucho y Cochichi quieren cambiar y que nos llamemos “Los más fuertes”, en inglés pero, para que suene más lindo. “The Strongest” nos llamaremos y nadie se va a olvidar de nosotros en La Paz. Promesa, don Julio.

El que ha tomado la palabra frente al señor Cordero (que compite con Luigi Doménico Gismondi por ser el mejor retratista de la ciudad) es Pepe León López Villamil. Es el mayor de todos, con apenas 18 añitos. Juega en el medio y será el primer presidente. Vivirá 97 años (hasta 1987). Y morirá en abril, después del ocho. Será una leyenda. Las paredes de la ciudad serán pintadas con su rostro. Recordará por siempre a sus once amigos de juventud (todos más jóvenes que él, todos muertos antes que él). Y partirá a la eternidad con el deber cumplido, con aquella promesa hecha al mejor fotógrafo de la ciudad. “Nada de club efímero, hemos llegado a quedarnos en el corazón de los paceños más fuertes, promesa don Julio”.

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Cordero tenía razón. Uno a uno, como las piedras robadas de la fuente de la plaza Murillo, desaparecen todos: los jailones de Nimbles Sport Association, los abogados de The Law Players F.C., los obreros de Workmen F.C., los artesanos de The New Fighter’s, los ingleses y chilenos de la Bolivian Railway F.C.

Nadie recuerda tampoco el primer clásico de La Paz. A patadas y puñetes se agarraban en la plaza de San Pedro (donde ahora está el busto de Sucre) los Bolivian Rangers y los Thunders. Los Rangers fue fundado en 1901 por bolivianos que venían de las minas y los ferrocarriles de Chile, reforzado con ingleses de paso. El mítico gualdinegro (casaca negra con franja amarilla) The Thunders Football Club había nacido en 1904, capitaneado por Max de la Vega, el primer campeón paceño. ¿Por qué un nombre queda en la memoria del pueblo y otros se pierden en las hemerotecas? ¿Por qué en un medio tan proclive a la falta de constancia subsistió esta excepción notable llamada The Strongest? Ni don Pepe lo supo nunca.

Los changos que se han juntado, a ratos en el Prado, a ratos en la plaza Murillo —a la espera de la nueva estatua— son 12, como los apóstoles: Ramón El Gran Pachacha Gonzales (será el primer gran capitán), Armando Perucho Elío (será el primer tesorero), César Andrade  (al que perderemos la huella al irse detrás de un circo que pasará por La Paz), Víctor Manuel Franco, Isaac Gonzales, Juan Gonzales Quint, Francisco Cochichi Guachalla (hermano de uno que va a ser presidente efímero del país), José León López Villamil (será el primer presidente), Alberto Requena Crespo (será el primer arquero), Luis Rivera, Alberto Tavel (será el primer “vice”) y Manuel Valle.

Solo faltan dos que han viajado: Hugo Alípaz Solares (empleado de la prestigiosa librería Cervantes) y Adrián Deheza, que ha viajado a Santiago de Chile por motivos de estudio. Casi todos se conocen del Colegio Ayacucho. Se hacen llamar los “gallos” y acostumbran a chocar en plaza Murillo con los “pollos”, los “jai-jai” del Colegio San Calixto; los que fundarán el Nimbles Sport Association un año después (1909). Por copiones, por “monos”.

El segundo clásico que conocerá La Paz será éste precisamente: los gualdinegros de The Strongest versus los blanquinegros de Nimbles (se hicieron mandar las camisetas desde las minas de carbón de Newcastle, norte de Inglaterra). Nadie se acordará de que los muchachos de Nimbles serán los primeros en viajar al extranjero y ganar un “match”. Lo harán en Arequipa un 29 de julio de 1918 contra el Deportivo Arequipa con goles de Gemio, Villarroel, Sarabia y Lugones.

Los fundadores stronguistas son todos hijos del victorioso liberalismo. Años más tarde, se acuñará la famosa leyenda: stronguista, paceño y liberal. Aunque el club que se solidarizará siempre con los raleados clubes obreros, negará cualquier simpatía política (y más cuando el liberalismo empieza a clonarse como pipoca).

Los 12 “discípulos” firman la (desaparecida) acta de fundación de The Strongest Football Club durante la noche del 8 de abril en la casa familiar de los Requena Crespo, en la calle Buenaventura Bueno y Juan de la Riva, en pleno casco viejo de La Paz, muy cerca del antiguo puente Riverilla. Otros dirán, con el paso del tiempo, que fue en la casa de Guachalla. Cuenta la leyenda que las primeras camisetas de “franela” serán cosidas por la madre de Alberto, doña Victoria Crespo. Buenaventura y Victoria, nombres que aparecen desde los inicios del gualdinegro. 12 “apóstoles” para una religión/sentimiento. 30 años después, en 1938, estos chicos serán venerados por la hinchada gualdinegra y pasarán a la historia como la “Guardia Vieja”.

Los primeros colores pensados no son el amarillo y el negro; sino el negro y el verde. El padre de Adrián Deheza, a la postre gerente en Guaqui de la Compañía Recaudadora de Alcoholes, ha traído unas camisetas con esos colores desde Alemania. La simpatía de la mayoría por The Thunders Foot-Ball Club hace cambiar de idea. Los viejos hinchas de “Los Truenos” alentarán por siempre a los stronguistas en recuerdo de su franja horizontal amarilla sobre negro.

Dicen que los jóvenes fundadores celebran el nacimiento en la Confitería París de la plaza Murillo, charlando de “sport” con el pastelero que acaba de ser contratado, recién llegado de Europa. Dicen que luego bajan a la flamante pastelería Amat de la calle Comercio para degustar los helados más suaves y los caramelos (Amat, por supuesto) más ricos de la ciudad. Dicen que todo el día hablan del flamante “foot-ball”, pero también del “Corre Volando”, el ratero más famoso que ha llegado a su “mansión” de San Pedro tras ser detenido por vigésima vez. Sería un veloz “wing” para el nuevo “team”, piensa alguno. ¿Y todavía no han agarrado al que envenenó al párroco Alfredo H. Jordán, el cura de Tiahuanacu?, se pregunta otro gualdinegro.

UN VIAJE A 1908

FÚTBOL. Arriba: la vieja guardia, los fundadores en los años 50. Abajo: The Strongest Foot ball Club en 1911. Derecha: el equipo en la cancha de la Plaza del Óvalo en 1916.

Estos jóvenes stronguistas son “la nueva bohemia paceña, no la bohemia tuberculosa, sino la bohemia musculosa, ágil, movediza y deportiva, aquella que ha antepuesto a toda otra obligación, la obligación con el compañero, con el amigo, con el socio, con el camarada; la sinceridad en el afecto, la efusión en la ternura y la más estricta solidaridad en toda circunstancia”.

El que no podrá jugar nunca en el nuevo “team” es Irineo Limachi; acaba de fallecer tras ganar la carrera de resistencia entre Tiahuanacu-La Paz. Una pena, hubiese sido un motorcito en el medio, piensa aquel. Mientras tanto, otro vecino, Luis Gutiérrez Cuenca, propone al Concejo Municipal la construcción de una torre Eiffel de 40 metros y ocho pisos en la Plaza del Óvalo (actual plaza Isabel la Católica). Cada loco con su tema.

Los primeros partidos de la institución del oro y de la noche se juegan en el “field” de la avenida 12 de Diciembre (futura avenida Arce), en los terrenos propiedad de la familia Ernst (actual plaza Bolivia). Es la segunda cancha de la ciudad tras aquellos primeros “matches” en la plaza de San Pedro. El “tercer tiempo” se festeja siempre con licores legítimos en El Centenario (antiguo American Club House) donde se juega al palitroque. Los changos stronguistas y sus rivales esporádicos no paran de comentar la sorprendente detención de Otto Krause por intentar matar nada más y nada menos que al mismísimo Arturo Posnansky. Por un quítame unas vetas de estaño en el cantón Ichoca, provincia Inquisivi. Durante los primeros años, los partidos son simplemente de “desafío”. Las señoritas más lindas y cotejadas acuden a las chacras de la 12 de Diciembre, son las “madrinas” de trofeos, medallas, camisolas, pelotas y tragos. El desconocimiento de las reglas y el ímpetu convierte a ratos los “matches” de “foot-ball” en combates abiertos de box.

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Las calles de La Paz en este mes de abril para la gloria son también un campo de batalla. Hay denuncias contra algunos choferes de tranvía por manejar ebrios. Y las pocos señores que transitan en los novedosos automóviles sufren las arremetidas furiosas de los jinetes que todavía van a caballo. Se padece una inusitada crisis de peluqueros. Como lo oyen. La ciudad cuenta con 80.000 almas y solo alberga a 22 peluquerías. Y dicen que solo tres de ellas son decentes. Válgame, Dios. Será más fácil ganarse la vida como “fígaro” que como “player” de “football”. Dichoso mortal el que lograse afeitarse.

El primer “eleven” del club, aprendido de memoria por la hinchada comandada por “El Gran Pablito”, reza así: Alberto Requena de “goalkeeper”; de “backs”, “El Gran Pachacha” y Luis Rivera V.; de “half” Alberto Tavel (primer secretario del club), el presidente López Villamil y Juan González Quint; y de “forwards”, el quinteto temido formado por Víctor Manuel Franco, Armando Elío, Francisco Guachalla (primer capitán y goleador con su habitual “tonguito” o “pajizo” en la cabeza para rematar), Issac Gonzales y César Andrade.

En tres años van a conquistar la primera Copa para las vitrinas del club. Será en 1911, será la Copa que organiza el prefecto Luis Zalles para las fiestas julianas, la primera de la historia del fútbol paceño; será la primera de muchas. Aquellos 12 muchachos no sabían en 1908 qué camino iba a aparecer en el horizonte, solo sabían que The Strongest había aparecido para siempre. Promesa, don Julio.

*Este texto formará parte del libro ‘Cuando el Tigre era joven (la historia del Club The Strongest 1908-1938)’ de Ricardo Bajo Herreras a ser publicado/presentado el 8 de abril de 2023.

Texto: Ricardo Bajo H.

Fotos: Ricardo Bajo, Foto Cordero del libro ‘Rugido centenario’ de Iván Aguilar Murguía y de ‘El libro de Oro de The Strongest’ de Freddy Oporto Lens

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Un vecino gruñón

Tom Hanks interpreta a un viudo que no tiene ganas de vivir, en la cinta dirigida por Marc Forster

Por Pedro Susz K.

/ 29 de enero de 2023 / 06:17

La soledad y el sentimiento de haber quedado ayuno de razón alguna para seguir viviendo, que suelen apoderarse con frecuencia de quienes acaban de perder a su compañera de vida, le toca experimentar en la ocasión a Otto, avinagrado cascarrabias e intratable adulto mayor de alrededor de sesenta y pico años,  protagonista de esta, insípida, copia de la producción sueca dirigida en 2015 por Hannes Holm con el título de Un hombre llamado Ove, adaptación a su vez de la novela de Fredrik Backman (2012). Aquel traslado original a la pantalla, ninguna maravilla por cierto, fue candidata finalista al Óscar a la mejor película de habla no inglesa y convirtió al texto de Backman en un inesperado best seller. Era pues previsible que tarde o temprano Hollywood le echara el ojo.

Otto Anderson, conocido en el barrio como “el vecino amargo que vino del infierno”, quedó viudo seis meses atrás, al fallecer, víctima de un cáncer, su esposa Sonya. Para peor, por la misma época del óbito, la empresa donde desarrollaba su trabajo como ingeniero resolvió jubilarlo. Mudado a un típico suburbio de Pittsburgh donde todas las casas, pegadas unas a otras, son idénticas, alterna sus días planificando con toda meticulosidad quitarse la vida, apelando a todos los métodos imaginables, desde el gas hasta la escopeta, lo cual, cree, es lo único que pondrá fin a esa monótona existencia, con los intentos de ordenar de oficio la convivencia del barrio consiguiendo a gritos y gruñidos que sus vecinos respeten los lugares de parqueo o los depósitos donde debe depositarse la basura, eso cuando, a tiempo de argüir que el cliente siempre tiene la razón, no está vociferando contra el dueño de la ferretería que pretende cobrarle 33 centavos más por la cuerda que acaba de adquirir para ahorcarse.

La mexicana Mariana Treviño interpreta a Marisol, la vecina de Otto Anderson, interpretado por el premiado Tom Hanks. Foto. INTERNET

Justo en el momento en el que se encuentra a punto de llevar a cabo tal propósito irrumpe en la vecindad una nueva pareja de “latinos” con sus dos hijas. Marisol, la madre con un avanzado embarazo a cuestas, empeñada, al parecer, sin ningún motivo, en conseguir activar una corriente de simpatía con ese inaguantable rezongón, perseverará en su intento hasta conseguir transformar su actitud existencial. De pronto, Otto deja algunos resquicios en su malhumorada agresividad. Repentinamente, aquejado de un raro mal cardiaco, sin percatarse, salva a un extraño de morir, entretanto, alrededor todo el mundo permanece indiferente, pegado a las pantallas de sus móviles, manido guiño cuestionador.

Y la mutación llega a tal extremo que a cierta altura del relato lo veremos empatizando solidariamente con un joven vecino transgénero echado de su casa por sus padres; leyendo cuentos a las niñas de Marisol; enseñando a esta última a conducir su vehículo o, en el colmo de la metamorfosis, haciéndose cargo de la crianza de un gato sin dueño que deambula por el lugar y al que antes solo le apetecía espantar. Adicionalmente, el guion —plagado de tropiezos sorteados a pura arbitrariedad y  abrazado a todos los lugares comunes posibles—, se ocupa pronto de poner en claro que Otto dista de ser el malo infaltable en cualquier película de esta índole, papel reservado a una especuladora empresa inmobiliaria dispuesta a reubicar a todos los pobladores en el hospicio, el geriátrico, o donde sea, con tal de iniciar cuanto antes la demolición de las casas para levantar un moderno condominio y beneficiarse de las apetecibles rentas consiguientes.

De alguna manera, tales inflexiones parecerían querer remar a contracorriente de una época en la cual el cinismo, el pesimismo y la falta de horizontes se apropian de las actitudes de los colectivos. Solo que las maniobras narrativas y dramáticas ensayadas con tal fin son, sin excepciones, inconvincentes.

Marc Forster, director y guionista suizo, lleva en el oficio 27 años durante los cuales inscribió en su filmografía 16 largometrajes, tentando suerte en todos los géneros posibles, inclusive en Quantum (2007) una de las innumerables vueltas de tuerca en la saga James Bond, sin haber develado estilo propio alguno, así como tampoco ningún empeño visible en alcanzarlo y pese a haber conseguido cinco nominaciones a los premios Globo de Oro y siete al Óscar por Descubriendo el país de nunca jamás (Finding Neverland/2004) no pasó de ser uno de los tantos artesanos del montón, resignados a faenar aquello que le caiga entre manos. Era pues predecible que su acercamiento a esta historia, más propicia para un drama que para una comedia, distaría mucho de comportar alguna sorpresa.

Y, en efecto, su tratamiento de la historia de Otto es una suma de trivialidades, cuyo mayor enigma pasa por averiguar cómo es que Tom Hanks aceptó personificar a un individuo que contrasta definitivamente con los que el aclamado actor compuso con mayor afinidad a lo largo de su carrera. Pudiera ser, así filtraron algunas noticias, que, luego de meterse en la piel del turbio excoronel Tom Parker, manipulador entre sombras de Presley en Elvis (Bazz Luhrman/2022), otro papel en la misma medida discordante con las usuales encarnaciones de Hanks, el cual al aceptar ser Otto supuso estar equilibrando así la figura de villano de una sola pieza que le tocó asumir en la completamente fallida película de Luhrman. Fácticamente, los pocos instantes en los que el protagonista de Forrest Gump (Robert Zemeckis/1994) consigue empatar con la fuerza de aquella personificación son aquellos cuando, evitando los fingidos mohines recurridos para enfatizar los diálogos y la depresión que dice sentir, la cámara se detiene en su mirada y en sus gestos faciales, dejando aflorar algo escondido bajo esa máscara de pesadumbre, desdén y antipatía hacia todo cuanto lo circunda.

Foto. INTERNET

Para peor en Un vecino gruñón la faena de Hanks queda en gran medida opacada por la de la actriz mexicana Mariana Treviño como una Marisol llena de matices e inflexiones, una mujer vital y luchadora, que contrastan con la linealidad de Otto, previsible desde el primer minuto en un relato que tampoco termina de levantar vuelo, limitándose a seguir las fórmulas de infinidad de producciones con temática cercana a la de esta desorejada inmersión en las tribulaciones de un anciano asomado al borde de la abismática sensación de estar sobrando en este mundo.

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Los sobreabundantes flashbacks, nada sutiles, a los que apela Forster para indagar en el pasado de Otto, con el propósito de mostrar que no siempre fue el tipo insoportable que es en el presente, nos ponen en presencia de un joven —interpretado por el hijo de Hanks— ya con dificultades para socializar, pero aún simpático, interesado en la ingeniería. Solo que esas vueltas al pasado están puestas en pantalla con un estilo visual más propio de algún spot de la línea de cosméticos Carolina Herrera, hasta llevarnos al lindero con  el empalago. Y tal frontera resulta, definitivamente, sobrepasada con los en exceso azucarados flashbacks acerca de la relación entre el protagonista y su difunta esposa, la literata Sonya, quien no dista de ser un esbozo monocromo e inconvincente debido a la falta absoluta de peso y espesor dramático.

Así, las procuras de Forster pretendiendo agilizar un relato, al igual que tantísimos otros en tiempos recientes con metraje por demás sobrante, lo único que consiguen es aguar una historia merecedora de otro manejo. Por cierto, los repetitivos guiños, fingidamente impregnados de humor negro, que el relato desparrama a menudo, en buena medida centrados en los abortados intentos de suicidio, tampoco aportan a darle mayor vuelo a este remake bastante más manipulador que la versión sueca. Puesto a pensar en algún parentesco de la trama abordada, maltratada, en Un vecino gruñón, me vinieron a la memoria Gran Torino (Clint Eastwood/2008) y Cuento de Navidad escrito en 1843 por Charles Dickens. Mala idea. La comparación, sabiendo que siempre es cuestionable, no hace más que exacerbar la impresión de estar en presencia de un guion simplista, pedestre, tratado en modo por demás rutinario y baladí, con una indisimulable, falta de ritmo por una realización ejecutada ateniéndose a las sobadas recetas manipuladas hasta el hartazgo en tantas películas atenidas al afán de convencernos que en el fondo somos todos nobles y buenos. Solo es cuestión de afanarse un tanto en el intento de redención o, mientras derramamos algunas lágrimas, esperar de que el destino resuelva enderezar milagrosamente las cosas.

Texto: Pedro Susz K.

Fotos: INTERNET

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