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Viento, agua y roca: la fuerza de la montaña

‘En las alturas’ es la muestra de 14 piezas que exhibe el reconocido fotógrafo en Khofisuyo

/ 9 de enero de 2023 / 07:15

VASSIL ANASTASOV: ‘En las alturas’ es la muestra de 14 piezas que exhibe el reconocido fotógrafo en Khofisuyo

Las montañas de la Cordillera Real de Los Andes que rodean La Paz, “aquellas envueltas en neblina y viento, de aguas escondidas, personajes líticos y luminosidad enceguecedora”, según describe el fotógrafo Vassil Anastasov —Sofía, Bulgaria (1965)—, son protagonistas de la exposición En las alturas, que se exhibirá hasta el 31 de enero en Khofisuyo Artesanal (Calle 16 de Calacoto 8215).

El fotógrafo y artista que ganó en 2004 el Gran Premio del Concurso Municipal de Artes Plásticas Salón Pedro Domingo Murillo presenta una serie de 14 fotografías digitales impresas a microinyección de tinta sobre papel Epson Legacy Etching de 314 g,100% fibra de algodón.

“Con una mirada sensible y poética, Vassil Anastasov trabaja su arte y a través de sus fotografías nos invita siempre a contemplar lo que muchas veces para nosotros es desconocido o pasa desapercibido. Narrador de imágenes y de diversos ensayos fotográficos, Vassil nos lleva a recorrer la silueta de la montaña delineada o conquistada por la neblina, la fuerza de sus estructuras, lo misterioso de su atmósfera”, dice Tania Aneiva (Lúmina Galería) sobre la muestra del artista formado en dibujo y pintura en la Escuela de Arte FORUM y en Historia de arte y Fotografía en la Universidad de Lund, Suecia.

— ¿Cómo surge esta exposición?

— Puedo afirmar con toda certeza que con la llegada de la pandemia del COVID-19 empecé a sentir una mayor necesidad de escapar de la ciudad: A cualquier lugar fuera de ella, lejos de ella, que sea distante de las contaminaciones ambientales, acústicas y paranoicas de la ciudad, pero con especial preferencia hacia las cumbres andinas de La Paz. A lugares donde no necesitabas portar el barbijo, obligatorio en toda la urbe, incluso en tu propio coche. En una de esas primeras salidas hacia la cumbre me pararon en un control policial por la Avenida Periférica, observándome que no usaba barbijo en mi coche. Argumenté que no estaba en un espacio público, pero me contestaron que si voy con un acompañante, y aunque esté en mi propio auto, todos los ocupantes debíamos usar barbijo para no contagiarnos. Hasta ese punto llegaba la histeria pandémica en esos primeros meses tras su llegada. Justamente esa histeria y la paranoia colectiva en la ciudad me convencieron de que los escapes hacia la libertad en las montañas era una necesidad imperante.

Vassil-Anastasov

— ¿Por qué las montañas?

— Las montañas siempre han sido parte de mi vida desde una edad muy temprana; ya desde mi niñez, cuando hacíamos con mi papá caminatas en las montañas en Bulgaria, país donde nací y viví mis primeros 14 años. Ese amor a las montañas y la naturaleza en sí se lo debo, por lo tanto, a mi difunto padre. Y, como es de suponer, en todas mis subidas a las montañas me acompañaba, y lo sigue haciendo, mi cámara fotográfica. Es así que después de muchas visitas a las cumbres andinas, y con un material bastante extenso, decidí hacer una exposición fotográfica en la que apenas puedo mostrar una fracción del sinfín de maravillas que esconden las alturas paceñas. La exposición fue posible gracias al constante apoyo moral de Tania Aneiva, quien también fue la curadora.

— ¿Cuáles son los desafíos de la fotografía de montaña?

— Hay varios. En primer lugar está el clima, que en época de invierno llega a bajo cero y muchas veces es acompañado de fuertes vientos, lo que provoca una sensación térmica más baja aún, con dedos congelados y gafas empañadísimas por consecuencia, como también resequedad de ojos con consecuente enrojecimiento y lagrimeo excesivo. También te puede tocar una tormenta de nieve con ráfagas de viento repentinas que golpean tu cara y que dificultan el uso del equipo fotográfico. Hace poco fui con mi compañera y nuestros dos perros, que siempre me acompañan en las aventuras montañosas, a Pampalarama, donde escalé hasta un glaciar que está ya en estado de descongelación, es decir, de desaparición. Al regreso, hacia la represa de Pampalarama, donde estaba el coche estacionado, ya casi anocheciendo, nos tocó una espectacular tormenta eléctrica con rayos que caían en los montes alrededor nuestro, acompañados de estruendos truenos y nevada. Admito que fue un poco aterrador.

Otro gran desafío es el tipo de terreno que debes atravesar, que puede ser muy pedregoso, variando desde rocas bastante grandes hasta piedras medianas pero extremadamente filosas hasta terreno de piedra muy menuda y resbaladiza —en muchas ocasiones son terrenos pendientes que varían de inclinación y pueden llegar a tener más de 45º de ángulo— todo aquello dificulta muchísimo más el traslado al lugar de meta, que puede ser un glaciar, laguna o cascada de agua, que en época de invierno se vuelve una cascada de hielo.

También te puede tocar terreno demasiado suave y mojado, como bofedales donde los pies se hunden en la suave vegetación y en ocasiones puedes caer en un pozo pequeño de agua escondido entre los bancos de vegetación.

Viento, agua y roca: la fuerza de la montaña

Fotos: Vassil Anastasov

Fotos: Vassil Anastasov

— ¿Qué ha encontrado en la Cordillera Real que le ha cautivado?

— No hay nada en la Cordillera Real de Los Andes que no me provoque algún estado emocional peculiar: imponentes “apus” (señores) que emergen de las nubes, neblinas que juegan a escondidas con las rocas, lagunas prístinas que son formadas por el deshielo de hermosos e imponentes glaciares, abismos rocosos embriagantes, cascadas que súbitamente se te aparecen entre rocas o alguna ave solitaria que atraviesa la neblina que recorre las montañas; solo para dar algunos pocos ejemplos.

— Ya entrando en la impresión de las fotografías ¿Cuáles son las bondades del papel de algodón para un resultado óptimo en la exhibición?

— El papel de 100% de fibra de algodón tiene una superficie mate aterciopelada de agradable apariencia y sensación orgánica debido a la ligera textura que presenta el papel, lo que lo hace óptimo para la reproducción de fotografías con elementos de la naturaleza. Otra gran ventaja: este papel es libre de ácido y lignina, dos factores que aceleran el envejecimiento del papel y pueden alterar los tintes de larga duración, que son usados para la reproducción de las imágenes. Tampoco hay que olvidar que, a pesar de ser un papel de aspecto mate, tiene una amplia gama de tonalidades (rango dinámico), desde negros muy profundos hasta grises intermedios y claros muy sutiles.

— La luz en cada lugar hace que las imágenes obtenidas sean únicas ¿Cómo es su experiencia con la luz de los paisajes en Bolivia?

— En general la luz en las alturas es de gran intensidad, lo que resulta en muchos casos en imágenes de alto contraste, que en este caso de fotografías que contienen paisajes y elementos de la naturaleza, ayuda a resaltar sus texturas. Eso ocurre en las ocasiones de tener un cielo despejado con un sol resplandeciente. Pero lo increíble de las montañas es que tienes situaciones de luz muy variadas; desde una luminosidad y contrastes intensos hasta luz tenue y de poco contraste por la causa del filtro natural de reducción de densidad de la neblina.

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Texto: Miguel vargas

Fotos: Vassil Anastasov

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Mario Aguirre, el fuego del teatro

El actor/director paceño de teatro lleva 30 años en el oficio. Los últimos ocho, en Francia

Por Ricardo Bajo Herreras

/ 7 de julio de 2024 / 06:20

“He venido a conocer la tumba de mi madre”. Parece el inicio de una novela de Rulfo. Esa que comienza así: “Vine a Comala, porque me dijeron que acá vivía mi padre…”. El que habla así es Mario Aguirre Pereira, actor, director de teatro, técnico y diseñador de iluminación de espacios escénicos. Ha regresado a La Paz desde París. Su madre falleció hace tres años y estos días ha cumplido. Ha bajado directo del aeropuerto al Cementerio Jardín de la zona de Llojeta. Su madre era Olga Pereira, modista. Su padre, Wilfredo Aguirre, coronel de policía.

Cuando Mario deja la carrera de Medicina para dedicarse al teatro, su padre no le habla durante seis meses. Su madre apoya. Mario Aguirre ha regresado ahora para decirle que las cosas van bien en París, que dirige una obra con más de cien funciones en salas francesas, que actúa en la “ciudad de la luz”, que trabaja en un teatro, que no sabe lo que deparará el futuro.

Mario es del 74. En septiembre, el 28, cumplirá 50 años. Estudia primaria y secundaria en el Colegio La Salle (primero en sus locales de la calle Loayza, donde ahora está la Facultad de Derecho de la UMSA, y luego en la zona sur, en La Florida). Se mete al Centro de Estudiantes donde se habla de cultura y política. En el centro cultural del colegio comienza a hacer teatro, su pasión, junto a Marcelo Sosa, hoy también actor y director.

FOTOS: RICARDO BAJO HERRERAS, MARIANA BREDOW VARGAS, BIA MÉNDEZ PEÑA Y MARIO AGUIRRE PEREIRA

Su primera “obra” (en 1995) es un musical (con fonomímica) Jesucristo Superstar. Todavía no la tiene clara, así que comienza a estudiar para ser médico. El fútbol es su (otra) pasión. Llega a la primera del Club Always Ready en 1994 y luego milita en Fígaro, en ambos equipos entrenado por el recordado Juan Américo “El Tanque” Díaz. Es arquero, como Albert Camus. No sé si Aguirre puede decir lo mismo que el novelista/ensayista francés (nacido en Argelia): “Lo que más sé acerca de la moral y de las obligaciones de los hombres, se lo debo al fútbol”.

No se ve de médico, no se ve pasando noches enteras en largos pasillos de hospital. Al tercer año lo deja. Quiere estudiar teatro pero no hay dónde. Lo único que existe a mediados de los noventa en La Paz es la biblioteca del Teatro de Cámara junto al Municipal. Y talleres, que actores/actrices dan de vez en cuando. Mario pasa los días leyendo libros de teatro y viendo cintas de obras en video. Su taller iniciático es con Marta Monzón.

Su primer grupo se llama La Rodilla del Telón. El nombre nace de una sombra. “En el teatro de La Salle, junto a Marce Sosa, vimos la silueta de una persona o de un fantasma apoyado en la mezzanine detrás de escena y se marcaba en el telón de fondo. El nombre del elenco salió de esa rodilla o fantasma que vimos”. Por aquel entonces el grupo está formado por la dupla (Mario y Marcelo), Joselyn Espinoza, Natalia Wilde, Angelo Martínez, Pablo Vargas y Reynaldo Pacheco. Su primera obra se llama Agonía (1996) sobre sonetos de Shakespeare. Hay mucha tierra sobre el escenario. Y cadáveres.

El segundo taller (de puesta en escena) lo toma con Erick Priano, el técnico de iluminación y escenografía de Marcos Malavia que ha llegado desde París para participar en el II Festival Internacional de Teatro de La Paz (Fitaz, 2000). Sus compañeros de taller son David Mondacca, Maritza Wilde, Marta Monzón, Cristian Mercado, Percy Jiménez (que traduce el francés de Priano), Tamara Scott Blacud, el peruano Miguel Blásica…

—¿Quién quiere hacer las luces?—, pregunta un día Malavia.

Arriba, una foto familiar de Mario en la niñez.
Una foto familiar de Mario en la niñez.

A Mario Aguirre subir a lo más alto del Teatro Municipal (inaugurado en 1845) le da vértigo. Malavia redobla la apuesta: “van a operar la iluminación de la obra”. La consola que trae Antonio Peredo Gonzales es un “avión”. Su segunda obra (basada en el Come and go de Beckett) gira por espacios alternativos de La Paz.

En 2003 llega su primera gran puesta. Se llama Nuestro último refugio, con dirección de Marta Monzón. Actúan —junto a Mario— Marcelo Sosa, Francia Oblitas y Diego Haisch. Está basada en el cuento Aguas (1991) del escritor venezolano Humberto Mata. “La granizada del 19 de febrero de 2002 nos había marcado. Todos teníamos una historia personal. Yo vivía en esos tiempos por el stadium, tuve que bajar a la zona sur para cuidar a los hijos de mi hermana y su perro que estaban sin ayuda. En aquella época pensamos: hagamos algo con el agua”.

El estreno —ante una veintena de espectadores, eso no ha cambiado— ocurre en la pequeña sala del Teatro de Cámara. En el centro hay una piscina artificial de nueve metros por dos. Dentro de ella, una “casa” con los personajes a punto de naufragar. Cuando el cuarteto actoral se retira del escenario, no vuela una mosca. “La hemos cagado”, piensan todos detrás de bambalinas. Cuando, totalmente empapados y muertos de frío, salen a saludar, los espectadores —algunos— están llorando. La obra gana el premio Peter Travesí de Cochabamba, sube a escena en el Fitaz de 2004 y gira por Santa Cruz, Córdoba (Festival Internacional de Mercosur) y Puerto Montt (Temporadas Teatrales).

Las anécdotas que recuerda Mario para montar la obra con piscina se pueden alargar toda una tarde, toda una noche. Los turriles que se necesitaban levantan sospechas en la policía y en las fronteras. “Volviendo de Chile nos bajaron del avión, llevábamos los turriles de vuelta con sustancias viscosas. En algunas puestas en escena nos ponían el agua helada, en otras muy caliente, a veces teníamos que sacar el agua con nuestras manos, a veces rebalsaba”.

en las funciones de Microteatro en 2014.
En las funciones de Microteatro en 2014.

2004 es el año de fundación de la Escuela Nacional de Teatro (ENT) de Santa Cruz, en el Plan 3.000, en la Ciudad de la Alegría, con el apoyo de la Universidad Católica Boliviana y la Fundación Hombres Nuevos. Nacida de la cabeza/pasión de Marcos Malavia, pasarán cientos de hombres y mujeres dispuestos a formarse con cursos regulares y talleres. Este mes de marzo la “Escuela” ha cumplido 20 años.

Egresaron de ella casi 400 profesionales, entre ellos Mario, Licenciado en Artes Dramáticas con mención en Dirección. “En mi familia no podían creer, licenciado”. Aguirre tiene todavía hoy gratos recuerdos de maestras como Muriel Roland, confundadora y de Carmen Parada, la profesora de canto.

En el cuarto año, como obra de tesis, Mario participa en Antígona de Bertolt Brecht (hace de mensajero y actúa en el prólogo) junto a una treintena de colegas en escena: los Sabrina Medinaceli, Hugo Francisquini (director académico de la ENT), Elina Laurinavicus, Fred Núñez, Mariela Morales, Glenda Rodríguez, Ariel Muñoz, Francia Oblitas, Gabriela Unzueta, Diego Paesano, Yovinka Arredondo, Mayte Haiek, Selma Valdivieso… Dirige: Malavia. Es la puesta de largo de la segunda generación de actores/actrices de La Escuela. Estamos en diciembre de 2008.

El regreso a La Paz es difícil. Los grupos/elencos abundan y la herencia de las viejas peleas siguen. Eran (y son) comunidades endógenas que vivían (viven) de espaldas las unas con las otras, incomunicadas. Cada una alaba su pan.

Aguirre —junto a otros como “Toto” Torres— tratan de reagrupar y re/fundan la Comunidad Teatral Imákina, un colectivo de artistas provenientes de varios grupos paceños. Creen en el apoyo mutuo, la colaboración, el beneficio común, la valoración del oficio teatral. Buscan gestar/gestionar proyectos, enganchar/formar públicos. Como tantos otros, actuarán como verdaderas escuelas de formación.

Aguirre en ‘Banderas’ Foto Mariana Bredow

El teatro contemporáneo boliviano está en los noventa/principios de siglo en plena efervescencia: se respira un intento de crear una dramaturgia con identidad nacional; se sueña con una profesionalización de actores, dramaturgos y directores; se apuesta por el rigor estético y la construcción de un público fiel (a partir de la ENT y los festivales en La Paz, Santa Cruz y Cochabamba). “Había una urgencia por hacer cosas, ahora nos hemos dejado, nos hemos auto-arrinconado”.

En marzo de 2011 Imákina pone en escena la primera de sus cuatro obras: En silencio, otra vez Beckett. El Ir y venir de hace unos años y Actos sin palabras I y Actos sin palabras II. Lugar: teatro de la Casa de la Cultura. 40 minutos de un silencio escéptico (“beckettiano”). Estamos unos 100 espectadores callados, escuchando lo esencial.

Bajo la dirección de Mario Aguirre Pereira, los chicos y chicas de Imákina abren el telón del Fitaz de 2012 (la octava edición) con la obra El Horacio (leyenda romana en versión del alemán Heiner Müller). Actúan Francia Oblitas, Gino Ostuni, Lucho Caballero y Luis García Tornel. Entonces Mario se ve haciendo más gestión cultural/teatral que actuando. Funge como coordinador general del Fitaz.

También trabaja como coordinador de producción para el Festival Internacional Escénica: 30 elencos ocupan 11 escenarios de La Paz y El Alto: plazas, calles, parques y cárceles. Participa en el elenco de una de las obras más recordadas de la primera década: Mis Muy Privados Festivales Mesiánicos, junto a Soledad Ardaya, Miguelángel Estellano y Pedro Grossman, bajo la dirección de Percy Jiménez. Y organiza un encuentro/claustro teatral en una casa de Cota Cota. “Éramos 60, en régimen de disciplina de cuartel, nos levantábamos a las siete de la mañana, calentábamos, ejercicios, almuerzo, ensayos, lectura”. La pregunta sigue rondando su cabeza, día y noche: “¿Y cuándo voy a hacer teatro?”.

‘Tango’, con Carola Urioste. Foto Mariana Bredow

En 2016 llega la (gran) decisión. Junto a su compañera/actriz Carola Urioste (con ella pone en escena Tango con texto de Patricia Zangaro) se marcha a vivir a Francia, París. Se unen a otros teatreros y teatreras que viven y trabajan en ese país: Malavia, Tamara Scott, Marta Monzón. Ya son varios de esa generación noventera que han partido a Europa (Eduardo Calla Zalles y Wara Cajías Ponce viven en España; Lucas Achirico, en Polonia; César Brie, en Italia, Bia Méndez Peña, en Cataluña). Nota mental: la lista de escritores y escritoras bolivianas exiliadas es (aún) más larga.

Ambos, Carola y Mario, fundan en 2017 la compañía de teatro Spirale. Su primera puesta en escena en el país galo es Fando y Lis del dramaturgo español Fernando Arrabal. La segunda es Le journal intime de Adam et Eve, adaptación de textos de Mark Twain; estrenada en 2021 en el teatro La Croisée des Chemins. Dirigida por Mario y actuada por Carola y el actor francés Julien Grisol sube a escena en el Festival Off de Avignon, donde es seleccionada por la prensa como una de las 10 mejores del certamen, entre 1.600 presentaciones. Le journal intime de Adam et Eve lleva más de 100 representaciones desde su estreno en 2022 en el teatro Théo Théatre de París.

“Para mí, el teatro es un camino sagrado, un fuego interior. El trabajo del actor es el de ser un profeta guardián del fuego sagrado para la humanidad y que cada gesto, cada sonido o simplemente la presencia de un actor en escena debe estar en diálogo permanente con el ser profundo tanto propio como de cada persona del público”, me dice Mario mientras se clava dos expresos en el café Wayruru de la plaza Abaroa.

“La diferencia entre Bolivia y Francia es el público. Acá, en La Paz, te van a ver los familiares, ni siquiera los amigos y los colegas de profesión acuden. Ahora están de moda los musicales y los ‘stand up’. Es una cuestión de número. En los musicales son 50, multiplica por tres o cuatro familiares y ya tienes el teatro lleno. En Francia el ‘folklore’ es ir al teatro. Existe un hábito. En París no paro nunca, no te lo puedes permitir, he aprendido a sobrevivir, es ensayar y trabajar como jefe técnico, es el rigor extremo. Vivo el presente para estar preparado”.

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Foto Ricardo Bajo

Regresará estos días a Francia, donde acaba de ganar la ultraderecha en la primera vuelta de las elecciones legislativas (hoy domingo se vota en segunda). Vuelve preocupado (y combativo): “Es una sensación de alerta, porque el ascenso de la extrema derecha (en cualquier país) pone en peligro la cultura propia, la diversidad cultural y los derechos de muchas personas. El hecho de que ocurra en Francia, que es el país de los derechos del hombre, de la libertad, igualdad y fraternidad, me dice que estamos en peligro todos y que tenemos que resistir cada uno desde su lugar y a quienes nos toca hacerlo desde la escena. abriendo diálogo, ampliando horizontes, diciendo alto, claro y fuerte: ¡no pasarán!”.

Mario Aguirre ha pasado un mes en la ciudad de La Paz. Ha impartido un taller de teatro (en Casa Grito) a media docena de chicos y chicas que eran/son como él hace 30 años. Los ha dirigido en el trabajo final del curso, han puesto Bodas de sangre de Federico García Lorca. Siempre soñó con vivir del teatro y ahora lo ha logrado, después de barrer muchos escenarios. No sabe lo que viene por delante. Solo sabe que el aprendizaje no tiene fin; que el teatro seguirá iluminando su vida. Solo sabe que ha visitado la tumba de su madre.

Texto: Ricardo Bajo Herreras

Fotos: Ricardo Bajo Herreras, Mariana Bredow Vargas, Bia Méndez Peña y Mario Aguirre Pereira

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Hasta la muerte

Will Smith Y Martin Lawrence vuelven a protagonizar la cuarta entrega de la saga iniciada en 1995

Por Pedro Susz K.

/ 7 de julio de 2024 / 06:10

Bad Boys, o Dos policías rebeldes en español, es una franquicia cuya entrega de arranque está próxima a cumplir 30 años. En efecto, ese eslabón inicial de una cadena que se fue volviendo cada vez más enredada fue la película rodada en 1995 por Michael Bay, gran éxito de taquilla pero no tanto en cuanto a la crítica. Sin embargo, como ocurre a menudo con las rehechuras, los números mandaron y en 2003 Bay reincidió con Bad Boys 2 consiguiendo nuevamente muy buenos ingresos sin que las recensiones se hubiesen mostrado más enfervorizadas con el producto. En 2020 el dúo de directores marroquí-belga Adil y Billal tomó la posta en Bad Boys para siempre, otra vez con muy apetecibles réditos monetarios y duros cuestionamientos en buena parte de los comentarios que acompañaron el estreno.

En gran medida el gancho masivo de la franquicia en cuestión se debía a la faena del dúo de protagonistas, Mike Lowrey y Marcus Burnett, los dos graciosos guardianes del orden público apartados por entero de las reglas de su profesión, respectivamente personificados con soltura por Will Smith y Martin Lawrence, entre los cuales la inocultable química ayudaba en cierta medida a disimular las flaquezas de los guiones y la desatención de los realizadores a la credibilidad de las alocadas aventuras que enfrentaban a tiro limpio sin atenerse en absoluto a las normas legales ni pensar en los daños colaterales de su manera de actuar, no obstante las frecuentes llamadas de atención de los superiores. Es una forma, poco imaginativa de  travesear, como a menudo puede visualizarse en el género de acción y aventura, con los supuestos buenos, mutados durante ciertos momentos y con el propósito de acentuar su, en definitiva, textura moral, digamos, aun cuando las cuestiones éticas se hallen muy lejos de interesar a los artesanos reclutados para estirar al infinito y más allá las sagas. 

Cuando en la entrega de los Oscar 2022 Smith perdió totalmente el control al momento de recibir la estatuilla a mejor actor por su trabajo en King Richard lanzando al aire, en vivo y directo, un sinfín de palabrotas y abofeteando al presentador Chris Roca, pareció haber llegado el fin de la carrera del actor y por ende asimismo el de la serie. Por eso sorprendió que hace algunos días hubiese desembarcado en las pantallas de muchos países, incluido el nuestro, la cuarta rehechura del asunto titulada Bad Boys: hasta la muerte. Y tampoco fue ajeno a la sorpresa el hecho de que Smith y Lawrence, otra vez a cargo de los papeles centrales, tengan ya 55 y 59 años, edades únicamente adecuadas, era posible anticipar, para tornar más inverosímiles las desenfrenadas correrías de sus personajes. 

Y la película, nuevamente dirigida por Adil y Bill no hace sino confirmar que esas sospechas eran fundamentadas, lo que no parece haber preocupado en absoluto a los realizadores, según queda constancia por el sinsentido total de este agregado a una tendencia prevaleciente en la producción comercial, que en la gran mayoría de sus ejemplos y a falta de ideas nuevas sigue focalizando su mirada sobre las cifras a fin de elegir cuál de los campanazos taquilleros de antaño será retomado con una reiteración sin otro respaldo o justificación que la necesidad de continuar engullendo una tajada del mercado de la industria del entretenimiento. Y penosamente la respuesta del respetable les da la razón superando incluso los pronósticos más optimistas —en su primer fin de semana en cartelera Bad Boys 4 recaudó 105 millones de dólares—. De modo que no nos resta la mínima esperanza de una pronta cura de la pandemia de las sagas.

Desde los primeros minutos de proyección Bad Boys: hasta la muerte induce a preguntarse si se está viendo una película, un videojuego trasladado a la pantalla grande o una sucesión de videoclips. De hecho los trascendidos, que nunca faltan, decían que los guionistas Chris Bremner y Will Beall limitaron su quehacer al uso de la inteligencia artificial para armar un collage, movido eso sí, pero ayuno de cualquier sustancia.

Luego de haberse repuesto, vaya uno a saber cómo, del disparo aparentemente letal que recibió en la anterior entrega, Mike contrae matrimonio con la infaltable presencia de su compadre Marcus. Y en la ocasión es este quien, a consecuencia de su insaciable apetito por la comida chatarra, sufre, en plena celebración de la boda, un paro cardiaco, del cual igualmente se repondrá por un milagro atribuible a los guionistas y en virtud del cual ahora presupone ser inmortal. Como por otra parte le indujo a creer su extinto excapitán Howard al aparecérsele en plena agonía susurrando que su hora no había llegado. Y al parecer tenía razón, porque instantes después Marcus aparece corriendo en medio de una baleadura sin dificultad para sortear a los vehículos que circulan a toda velocidad.

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Ese descuajeringado arranque de la trama anticipa cómo seguirá el asunto, sumando infinitas escenas desconectadas unas de otras. Las pausas entre tales escenas ruidosas y con el acelerador a fondo  están dedicadas al parloteo, igualmente excesivo y falto de cafeína entre los ya no tan muchachos, pero siempre  lanzados a terminar con los malos de turno: cejijuntos y caricaturescos narcotraficantes, liderados por el matón McGrath, que al parecer tenía turbios acuerdos con Howard y en la actualidad los tiene con un casi seguro futuro alcalde de Miami, donde transcurre la historia, apellidado Lockwood.

Sin embargo resistiéndose a dar por cierta esa incriminación póstuma, que no ahorra tampoco alusiones a los carteles colombianos de la droga, los otrora subordinados del capitán que los eximió en varias ocasiones de ser puestos en la calle por haber obrado de manera absolutamente caprichosa se afanan en salvar la imagen de aquel, develando que todo no es sino una argucia montada por el exmilitar Ranger, ahora cabecilla de una organización mafiosa dedicada al tráfico de estupefacientes.

Ese apunte, puesto en medio del corre corre, daría la impresión de haber sido puesto con calzador en la trama a fin de compensar de alguna manera a los espectadores que se atrevan a activar por unos minutos su cerebro, que el resto mantendrá en pausa durante todo el film, y se sientan insatisfechos con lo que están viendo. O sea, el propósito de tal aderezo de corrección política sería sembrar en aquellos la duda sobre si la trama no mete de alguna manera el dedo en la llaga de los oscuros entretelones del poder estadounidense.

A similar intención, en este caso apuntando, de igual modo, con escasísima puntería, al machismo y las quejas femeninas contra el maltrato,  parecieran atender las escenas de tortura de McGrath a varias de las protagonistas. Que ese apunte es pura simulación oportunista queda evidenciado por el regodeo de la cámara en las imágenes de las playas de Miami llenas de bañistas ataviadas con exiguos bikinis.

La mezcla de varios géneros, sobre todo la acción y la comedia, trastabilla especialmente cuando el guion intenta parecer gracioso apelando a chistes de muy opinable comicidad. Y en cuanto a la acción, esta es manejada con un apabullante show del dron. Cada una de las escenas violentas es vista desde un dron que gira alrededor del sitio donde aquellas transcurren, sin que los realizadores consideren la posibilidad de que tal reiteración vaya sumiendo a quienes están frente a la pantalla en un sopor, del cual no podrá recuperarlos ni siquiera el trepidante montaje, uno de los escasos, si no el único, recurso narrativo digno de mención, no obstante caer igualmente en varios tramos del relato en una exagerada aceleración que manipula la adrenalina, buscando, sin conseguirlo, mantener en alguna medida el interés de una historia previsible hasta el hartazgo.

De seguro los protagonistas hicieron lo que pudieron para mantener a flote una realización condenada sin remedio al naufragio. Lowrey, el personaje de Smith todavía conserva algo de textura gracias a los ataques de ansiedad que exhibe cuando le confiesa de pasada a su flamante esposa sus aprensiones de que pudiese quedar viuda en cualquier rato. En cambio Burnett, el de Lawrence, ha devenido en un estereotípico payaso a secas. Y el resto del nutrido elenco simplemente deambula en el vacío, incluyendo a Bay, quien aparece como ya acontecía en el anterior capítulo de la franquicia, a cargo de un cameo sobrante.

Apenas un par de secuencias sobresalen entre los clichés  recurridos por el relato con una mediocridad y  generalizada falta de inventiva reflejada en la profusión de escenas brutales donde la sangre fluye a raudales: la del helicóptero y en particular el tiroteo final en una granja de caimanes.

En fin. Cuando uno ha podido sobrellevar, a duras penas, los 105 minutos, que se sienten como muchos más, de Bad Boys: hasta la muerte, se le viene encima lo más molesto. Como no podría ser de otro modo, al final de un capítulo de cualquiera de las antojadizas reincidencias en boga, este tampoco se arriesga a semejar una despedida. Al contrario, deja flotando tal cantidad de insinuaciones, esbozos e hilos sueltos como para que ni el espectador más despistado omita presentir que se vienen otras aventuras de los chicos malos, aun cuando ya resulta muy trabajoso anticipar cuanto más bajo se puede caer a la hora de armar, por así decirlo, un mamarracho. Pregunta por cierto ajena a los productores y realizadores obnubilados por las cifras contantes y sonantes que figuran en el balance de costos y beneficios. Para el caso más de 840 millones de dólares recaudados por los tres anteriores refritos de la historia de estos dos chicos malos a los cuáles, insinúan, deben perdonárseles las mencionadas voluntarias y torcidas decisiones fuera de la ley que toman con tal de salirse con las suyas.

Ficha Técnica

Titulo Original: Bad Boys: Ride or Die – Dirección: Adil El Arbi, Bilall Fallah – Guion: Chris Bremner, Will Beall – Personajes creados por : George Gallo – Fotografía: Robrecht Heyvaert – Montaje: Asaf Eisenberg, Dan Lebental – Diseño: Jon Billington – Arte: Shawn D. Bronson, Tom Reta, Laura C. Cox, Sean Ryan Jennings, Anshuman Prasad – Música: Lorne Balfe -Efectos: David J. Barker, Darrell Burgess, Ilya Churinov, Sanjna Banik, Matt V. Parenti, David Entin, Eric Frazier, Lee R. LaCaille, Wayne Rowe, Tom Spera, – Producción: Jerry Bruckheimer, Will Smith, Martin Lawrence, Chad Oman, Doug Belgrad. Chris Bremner, John K. Campbell – Intérpretes: Will Smith, Martin Lawrence, Vanessa Hudgens, Alexander Ludwig, Paola Núñez. Eric Dane, Ioan Gruffudd, Jacob Scipio, Melanie Liburd, Tasha Smith, Rhea Seehorn, Tiffany Haddish, Joe Pantoliano – EEUU/2024

Texto: Pedro Susz K.

Fotos: Internet

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Gustu: Un hito en la alta cocina boliviana

Gustu ( sabor, en quechua), un restaurante que trabaja exclusivamente con productos bolivianos a través de relaciones directas y transparentes

Por Fernando Cervantes

/ 7 de julio de 2024 / 06:07

Crónicas gastronómicas

“ Creemos que podemos cambiar el mundo a través de la comida”,  es el lema y desafío de Gustu ( sabor, en quechua), un restaurante que trabaja exclusivamente con productos bolivianos a través de relaciones directas y transparentes con pequeños productores, comunidades rurales y naciones indígenas, guiando su accionar con la premisa de que la riqueza y diversidad natural, cultural y geográfica de Bolivia ofrece un universo infinito de posibilidades que deben aprovecharse y compartirse en beneficio de los bolivianos, aplicando para ello la filosofía del “Kilómetro Cero”: es decir, que trabajan únicamente con productos plantados, nacidos, crecidos, criados, transformados o procesados en territorio boliviano.

Fundado en 2013 por el empresario danés Claus Meyer, con la firme convicción de que una gastronomía respetuosa, responsable y socialmente comprometida puede convertirse en un potente motor de progreso socioeconómico nacional, Gustu es una plataforma de puesta en valor de la diversidad de productos nativos y promoción del talento local, priorizando en todo momento su respeto por el patrimonio gastronómico boliviano.

Es de esta manera que cada uno de los platos de este establecimiento, ubicado en la calle 10 de Calacoto (un agradecimiento a Sumaya Prado, la gerente general de Gustu, por abrir sus puertas a ESCAPE), destaca con sencillez el valor y las características especiales de cientos de productos nativos, combinando aromas, colores y sabores de forma magistral. De igual manera, la bodega de Gustu es un espacio de culto y homenaje a Bolivia, que apuesta por dar visibilidad a los productores nacionales de vinos, singanis, cervezas y licores de altísima calidad. 

Gustu ostenta numerosos reconocimientos, tanto nacionales como internacionales, siendo considerado como el mejor restaurante de Bolivia, según Latin America’s 50 Best Restaurants y número 23 en la lista de los 50 mejores restaurantes de América Latina en el año 2023.

Al frente de esta cocina está Marsia Taha, una chef boliviana de amplia experiencia reconocida entre los 100 mejores cocineros del mundo por la plataforma The Best Chef Award en el año 2022. Un año antes recibió el premio a la mejor chef de Latinoamérica, otorgado por la prestigiosa lista World’s  50 Best Restaurants.

En su carta se puede encontrar entradas a base de llama, papalisa y vainilla amazónica o tubérculos, isaño y maca, platos principales como el de pescado amazónico, chilto y chivé o cerdo y frutos del valle. También postres, como el de tumbo, cucurbitáceas y ají gusanito o el de helado de manzanilla con kiswaras.

Ahora bien, si se desea visitar todas las geografías del territorio boliviano, la recomendación es el Menú Bolivia, con ocho pasos de degustación que va cambiando de acuerdo a la creatividad e inspiración de su jefa de cocina y los productos de temporada de las diversas regiones del país. Este menú incluye una selección de snacks, entradas, fuertes y postres.

En cuanto a los cócteles, destacan especialmente el Andino #5 —a base de Killa, Eneldo y pimienta negra— o el Piel Morena, a base de singani, destilado añejado C.F., mandarina y chancaca.

Para finalizar, Gustu no solamente es uno de los mejores restaurantes de América Latina y que está presente en la ciudad maravilla, sino que es principalmente un restaurante de cocina investigativa, indagadora, que ha puesto a Bolivia en el mapa de la gastronomía mundial.

La chef Marsia Taha es la responsable del menú de Gustu.

Gustu

  • Dirección: Calle 10 de Calacoto #300 (entre Av. Costanera y Los Sauces)
  • Reservas: 2-2117491 – 69830327   
  • Precios: Bs 55 (entradas), Bs.95 (principales), Bs 50 (postres), Bs.50 (cócteles), Bs 435 (Menú Bolivia de ocho pasos).  
  • Plato estrella: Menú Bolivia
  • Atención: Martes a sábado de 12.30 a 15.00 y de 18.00 a 22.00. 

Contáctenos: Fernando recomienda, Fernandorecomienda, @fernandorecomienda, Correo: [email protected]

Texto: Fernando Cervantes

Fotos:  Restaurante Gustu

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Revisita a la obra de Alfredo Domínguez

El 9 de julio de 1938 nació el emblemático cantautor, poeta, y pintor tupiceño

Por J. Augusto Yañez Vargas

/ 7 de julio de 2024 / 06:05

Alfredo Domínguez Romero ha quedado dentro de la memoria colectiva de gran parte de la población boliviana que lo recuerda, principalmente, como uno de los mejores exponentes de la guitarra. Igualmente es conocido el aspecto multifacético que tuvo el “Genio Salvaje” al haberse distinguido en pintura, grabado y fútbol, entre una diversidad de capacidades y destrezas que pudo desarrollar. De esta manera, ha dejado una herencia que se manifiesta en diferentes espacios del día a día en nuestro país y en el exterior, ya que el reconocimiento llegó más allá de las fronteras nacionales, destacándose en países como Francia y Suiza. De forma complementaria, se debe considerar el desarrollo de su obra enmarcada en un contexto y coyuntura llena de bemoles, como ser la Revolución Nacional o los años de dictadura, que marcaron facetas de su pensamiento y que perviven hasta nuestros días en las letras de sus canciones.

En 1967, cuando Domínguez estaba presentándose en Suiza, se enteró de la masacre de San Juan ocurrida en Bolivia; entonces, según se relata, hizo una pausa para componer una canción que fue presentada luego de algún tiempo en ese mismo espacio. De esta manera surgió la composición No fabriquen balas, presentada al público suizo, ya que las armas del Ejército boliviano eran fabricadas en dicho país. Así, podemos rescatar fuertes críticas al contexto dictatorial de aquel momento, indicando: “No fabriquen balas/ya no por favor/mueren mis hermanos/y causa dolor/en este momento/allá en mi país/hay mucho tormento/también de raíz”. Entonces podemos identificar el profundo sentido crítico que tuvo, en aquellos complejos años de crisis democrática enmarcada en problemáticas como las desigualdades sociales, discriminaciones y violencia frontal. Incluso cuestionó al mismo orden establecido, en el marco del chauvinismo patriotero, en su propio país, Bolivia, con frases como: “Ese cóndor rey del ande / venerado por poetas / es enemigo mayor / de cualquier niño pastor// Si el civismo lo atesora / en el escudo nacional / me resisto a que un traidor / simbolice liberta” (canción Los corderos).

La tumba de Alfredo Domínguez

Actualmente, Domínguez es uno de los elementos centrales de la identidad de los Chichas, sobre todo de Tupiza, esto debido a ser su lugar de nacimiento. Es por ello que dentro de su obra se encuentran plasmadas gran parte de las escenas tradicionales que se desarrollan en esta parte del país, de lo cual se puede desglosar y entender las formas de expresión de la población chicheña, plasmada en letras como “El mundo se reservau / un campito muy sagrau / los genios de la tierra / lo han modelau / con cerros colorados / a cada costau // En la brisa se ha asociau / con su alegre sonrisa / y el silvo del wichico / ha colaborau / pa’ llamarle Tupiza / pueblito encantau”. De esta forma, podemos abordar el pensamiento de Alfredo y su forma de entender la realidad de su pueblo que se refleja a la totalidad de Bolivia, por su aspecto de representatividad en los rostros de obreros, indios y migrantes. Entonces, al considerarlo como nuestra proyección identitaria debemos analizar su obra musical haciendo énfasis en las letras que reflejaban sus pensamientos y reflexiones que después se publican mediante canciones, vigentes hasta nuestros días, denunciando la situación actual de la mayoría de la población en el país, con afirmaciones de reivindicación contundente como el “sí, señora, soy un indio”.

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Desde este punto de vista, para todas y todos nosotros, es importante brindar atención especial a las letras, las cuales resultan muy relevantes, complementando la interpretación solo musical, porque aquí están implícitas las formas representativas de lo que debemos recuperar en la construcción de nuestra identidad, significado y significantes. Esta tarea también sigue latente porque dentro de toda su obra, lo que es más conocido son los álbumes Algo más de Alfredo Domínguez y Juan Cutipa, donde se dio una atención especial a la interpretación de la guitarra con gran capacidad de ejecución. En contraposición, se ha dejado de lado, y en desconocimiento, otros álbumes donde una mayoría de interpretaciones tienen letra que devela y permite adentrarnos en la forma de entender la realidad de aquel tiempo. A esta capacidad analítica del contexto se suma la opción que tuvo por hacerla pública mediante sus interpretaciones y que estas sirvan como una forma de manifestarse contra los aspectos negativos de una sociedad compleja en uno de sus momentos críticos.

su casa

escultura con la guitarra del músico

Al recordar un nuevo aniversario del nacimiento de Domínguez (Tupiza, 9 de julio de 1938) recuperamos los profundos mensajes contenidos en las letras que escribió y cantó, fundamentado en toda su vivencia con mensajes de interpelación, mostrándonos que la cultura y la música deben servir para develar la realidad superando la mera folklorización que se presta a manejos instrumentales y vacíos. En una entrevista radial, reencontramos la visión que nos plantea en respuestas como: “Entonces para hacer una pequeña reseña puedo decir que hice la escuela primaria; dos meses y tres días de colegio secundario, gracias a un profesor de inglés que nos trataba de indios, de cholos, mugrientos, sucios. […] Tal vez en este caso el mejor maestro que tuve, era el contacto con el pueblo. […] Tal vez esa tenacidad ha hecho que yo tenga más contacto con gente, con los borrachos, con gente del bajo fondo, con intelectuales, con campesinos, con mineros, etc. entonces ahí he aprendido realmente lo que uno tiene que ser, uno mismo y no otro, para llegar a ser sencillo, amigo; sobre todo amigo” (programa radial La Llajua).

Domínguez, el “Genio Salvaje”, demuestra así que la gente ha olvidado su condición humana, que se pierde entre academicismos y arrogancias que no dicen nada de las personas a lo cual suman miradas raciales que, hasta la actualidad, continúan siendo una compleja problemática en nuestro país y se manifiestan desde prácticas cotidianas hasta hechos estructurales e institucionales. Queda mucho por conocer, dentro del carácter multifacético de nuestro artista, superando incluso su mayor reconocimiento como guitarrista, para ingresar a un análisis del discurso en sus letras y la cosmovisión implícita. Alfredo es más que una biografía, por lo que debemos revisitar, recurrentemente, su obra para superar la simplonería identitaria y culturalista a la que estamos acostumbrados. Con lo mencionado, es posible que cuando alguien pretenda profundizar, solo un poco más, en lo que Domínguez realmente era y proponía, no faltará alguien que refunfuñe diciendo, “vos seguí nomás tocando tu charango, sin molestar a la gente decente”.

Texto y Fotos: J. Augusto Yañez Vargas

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Hotel Pelícano

El relato Hotel Pelícano es rápido, certero, erótico, fuerte. Efectivamente, el último relato es Esta noche, Papirri en Tokio. Fue jodido leerlo

/ 7 de julio de 2024 / 06:00

Ch’enko total

El 9 de septiembre de 2023 me llega un mensaje vía watsap. Hola, Manuel, me llamo Agustín Calderoni. Soy un escritor argentino, conocí de casualidad en Buenos Aires a María Bolivia, que vino a comprar libros a la librería donde trabajo, es una compatriota tuya, le pregunté por vos, me dijo que me podía contactar. Un gusto saludarte y espero no molestar con mi mensaje. Supe de vos hace varios años, por un libro tuyo de crónicas, me pareció una literatura muy fresca, potente y espontánea; además el ambiente paceño que describís sumó para que me gustara más tu libro. Viajé varias veces a Bolivia, es un país que quiero mucho. Después conocí tu música y me encantó. Estoy por publicar un libro donde apareces como protagonista de uno de los relatos. Es mi versión de un Papirri perdido en las calles de un Tokio futurista. Me gustaría que lo leas.

¡Te mando un abrazo  y espero saber de vos!

Al día siguiente le respondí: “¡Qué Super! ¿Cómo podría tener el libro?” Adjunté un afiche de la gira Mirando al Sur, que yo iniciaba en Tarija el 15 de septiembre de 2023, luego Salta el 19, Santiago del Estero el 22. Entonces me mandó un audio: Así lo hacemos más fluido, un gusto saludarte. Hace mucho quería contactarte, soy un admirador tuyo, escribí un libro donde sos el protagonista de uno de los relatos. Debe ser raro para vos eso, pero creo te gustará. Es un relato existencialista, divertido, tiene sus partes sombrías, no es un relato realista, es mi versión del Papirri, es un arquetipo de un músico con aventuras en Tokio, sé que estuviste de pibe por allá, eso me motivó, en la pandemia se me ocurrió meterle. Vi en el Youtube una entrevista en que contabas que de joven fuiste a tocar al Japón y me agarró un flash de inspiración. Es el último relato, el que cierra el libro. Tengo varios libros publicados, este  ya está en imprenta, sale en dos semanas a la calle para venderse. Cuando salga te mando a Bolivia, y si vos quieres me pasas un correo electrónico y te  envío el relato tuyo en PDF. Yo vivo en Buenos Aires, me encantaría ir a verte en vivo, pero estoy complicado de llegar al norte. Si llegas a Buenos Aires, avísame y hacemos un recorrido por la capital. Me encantaría conocerte, sería un honor, te mando un abrazo, para mí sos un titán, la verdad

“Gracias”, le respondí en audio el 10 de septiembre. “Querido Agustín: estoy ensayando el repertorio argentino, cada concierto es diferente, voy a cumplir mi cumpleaños 63 en Salta, ahí daré una charla también. De ahí visito el Museo de mi abuelo materno, Andrés Chazarreta, hace 25 años que no voy a Santiago, tierra de mi madre. Me gustaría volver a Baires, tocar de nuevo en el teatro Vinilo, el próximo año sería lindo, mis opiniones políticas me meten en problemas por aquí, soy un izquierdista sin remedio. Sería lindo hacer las mejores crónicas del Papirri de las tres ediciones en un solo libro y que salga en Buenos Aires, ojalá”.

Respondió luego: Hola, Manuel, no sé si decirte Papirri. Bueno, qué cosa que estés sin libros, ojalá se reediten. Encantado de darte una mano acá, están escritos en un estilo muy potente. Me pone contento que estés vivo, tocando, con fuerza y acá en Argentina. Hermoso. Avísame cómo te envío el libro.

Y así fue transcurriendo esta nueva amistad de watsap. El 6 de octubre me llega el afiche de presentación con la tapa verde de Hotel Pelícano, libro de relatos  de Agustín Calderoni, presentación  en Buenos Aires, en La flor azul, calle Delgado Nº 1501. Pusimos canciones del Papirri de fondo, qué lindo que mi público te conozca acá. El Papirri está como protagonista, sos un superhéroe futurista, armemos algo en La Paz con el libro, tengo un amigo, Andrés, que es productor de tele, por ahí podemos ver de organizar algo tuyo acá. Hotel Pelícano se puede conseguir en Arcadia Libros, Librería Ghandi, Borges 1975. Espacio Cultural, Atlántica , La Libre Arte y Libros, y a domicilio por El Fatalista Editorial.

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El 28 de noviembre le puse el pésame. “Siento mucho que haya ganado la ultraderecha en Argentina. Hay que tener más fuerza ahora”. Agustín respondió:  estoy muy mal, hermano, me cuesta creerlo, seguiremos dando batalla. Súbitamente se fueron cayendo los proyectos de encuentro. Bueno, el asunto es que gracias a mi amigo Loncho, que vive en Baires, el libro llegó en Enero a La Paz no sé en qué, un librito tengo de Hotel Pelícano, de la editorial  El Fatalista, tiene 190 páginas y ocho relatos. El primer relato, Obertura paceña, ya declara su amor por Bolivia.

El relato Hotel Pelícano es rápido, certero, erótico, fuerte. Efectivamente, el último relato es Esta noche, Papirri en Tokio. Fue jodido leerlo. Es un Papirri en decadencia, sesentón y monedas, que se rasca la panza viendo tele y de pronto le sale una gira al Japón. De verdad hay partes sombrías, otras regadas de trago, el olor es el esqueleto guía. Dice por ejemplo: Takeo, con los ojos en lágrimas, se tapaba la boca con dos dedos, como si hubiese hecho una travesura. Sacó un portafolio de cuero y vació su contenido en la mesa. Le contó que habían tenido una amistad durante el primer viaje de Papirri a Japón, contó anécdotas, aventuras juntas, noches de confidencias, pero él no recordaba nada. Cuando Papirri retornó a Bolivia, Takeo siguió a la distancia los éxitos musicales de su presunto amigo y se volcó a estudiar su música. Vio a la distancia su crecimiento artístico y sintió la necesidad de compartir la obra del astro boliviano. Logró contagiar su pasión a otros y con el transcurso de los años, Papirri tuvo un grupo de fanáticos oriundos de Fukuoka que se dedicaron con pasión a venerar su trabajo musical, a editar discos, a reversionarlo, y hacer un culto de su figura. Se volvió un fetiche.

Bien, che, pibe, ahora vi tu foto en la solapa, sos un pibe de 40 años, gracias en realidad por los buenos deseos sobre un futuro que ya no existe.

Autor El papirri: personaje de la Pérez, también es Manuel Monroy Chazarreta

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