Wednesday 8 Feb 2023 | Actualizado a 07:30 AM

El primer órgano en Bolivia renace en la Catedral de Sucre

/ 22 de enero de 2023 / 07:10

La pieza que data de la Colonia tiene dos fuelles de madera y cuero. Una persona aparte del músico los acciona a mano

El silencio en la Iglesia Catedral de Charcas —de un día especial del siglo XVI— termina cuando los monaguillos se abren camino entre la multitud y, desde la parte superior del templo, se escucha la música del primer órgano que llegó al territorio que años después iba a llamarse Bolivia.

Un jueves de finales de 2022, a las nueve de la mañana, las campanas de la ahora Catedral Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe resuenan en toda la plaza 25 de Mayo como anuncio de buenas nuevas. El órgano antiguo volverá a dejar escuchar sus notas gracias a un laborioso trabajo de restauración.

A esa hora, la mayoría de las tiendas y repositorios de la capital de Bolivia abre sus puertas para atender a los estudiantes y turistas. Entre ellas se encuentra el Museo de la Catedral de Sucre, que resguarda, en sus pasadizos parecidos a un laberinto, una infinidad de joyas arquitectónicas, artísticas y musicales, como la capilla musical.

La capilla de música o capilla musical surgió durante el Renacimiento con el objetivo de brindar el acompañamiento sonoro a las misas tridentinas, que se caracterizaban por los sacerdotes que hablaban en voz baja, en latín y de espaldas a los asistentes.

órgano-catedral
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En Charcas (ahora Sucre), la capilla musical de la Catedral fue creada en 1551 con un coro pequeño que interpretaba obras del sacerdote español Cristóbal de Morales, informa Gabriel Campos Arandia, actual maestro de capilla de la Catedral de Sucre y de la Basílica Menor de San Francisco.

“La Catedral ha sido el centro de irradiación cultural en toda América, ha sido el punto más importante en la Colonia y ha tenido a los maestros de capilla más importantes de todo el continente”, afirma Campos, organista, pianista, clavecinista, cantante lírico y compositor de varias obras de música barroca.

Carmen García Muñoz, en su libro Un archivo musical americano, indica que Charcas albergó a la escuela de música más importante de la región y que pasaron grandes maestros como los españoles Gutierre Fernández Hidalgo y Juan de Araujo, y los potosinos Antonio Durán de la Motta, Andrés Flores, Manuel Mesa y Julián de Vargas, entre muchos otros.

“El repertorio escuchado incluía misas, villancicos, juguetes, sinfonías, música dramática, cantantes, letanías, salmos, vísperas, lamentaciones, magnificat, conciertos, salves, rorros,  himnos y muchas otras formas donde cantantes, instrumentistas y organistas concertaban su arte con maestría y boato únicos en el continente”, resalta García Muñoz.

En aquellos tiempos de esplendor en la Catedral había un órgano de tipo renacentista, posiblemente traído desde España entre los años 1567 y 1570. “Según los expertos, se trata de un órgano que se encontraba en el coro alto de la capilla de San Juan de Mata, anexa a la Catedral”, indica Campos.

Pan de oro decora este órgano color verde que ha sido restaurado y que se volverá a escuchar en Semana Santa.

El Museo de la Catedral de Sucre se ubica en la calle Nicolás Ortiz 61, en la esquina de la plaza 25 de Mayo.

CATEDRAL. El instrumento llegó a Charcas durante la época colonial. Está en el Museo de la Catedral.

Después de la independencia de Bolivia, Charcas cambió su nombre a Sucre. También se fue perdiendo la suntuosidad de los templos católicos, lo que ocasionó, por ejemplo, que el primer órgano que había llegado al país y otros instrumentos musicales fueran olvidados durante muchísimos años.

Lo mismo pasó con la capilla musical, que dejó de funcionar durante la Guerra del Chaco, a mediados de la década de los 30. No obstante, esta heredad artística no podía quedar en el olvido, por lo que la Comisión Arquidiocesana de Arte Sacro y Patrimonio —con el apoyo del padre Bernardo Gantier y del arzobispo emérito, monseñor Jesús Juárez— decidió volver a dar vida a la capilla musical de la Catedral de Sucre.

La enorme estructura blanca, que fue construida en 1551 —de estilo renacentista, adornada en la parte superior con figuras de los 12 apóstoles y los cuatro evangelistas—, resguarda una importante colección de arte sacro que destaca pinturas, objetos religiosos, tallados y, obviamente, instrumentos musicales.

“No era un instrumento musical, era un mueble parecido a un ropero. Los tubos estaban en el piso, rotos y aplanados; el teclado no estaba nivelado, el conducto del fuelle al órgano no existía; los cueros de los fuelles estaban perforados, tenían filtros. El instrumento estaba, realmente, en el peor estado”, rememora el actual maestro de capilla.

Hace dos años, con el apoyo económico de  Adveniat —organización de ayuda de católicos en Alemania—, Campos y Ricardo López (encargado de Conservación y Restauración del Museo de la Catedral) iniciaron el largo y fatigoso trabajo de volver a dar vida a la reliquia artística.

“La intervención ha sido interesante porque no es nada diferente a una obra de arte antigua, porque tiene los mismos elementos, tiene policromía, soporte de madera. Fueron repuestos los elementos decorativos gracias a vestigios que encontraron en la investigación”, explica López.

Campos admite que la restauración fue complicada, pues primero hubo que trasladar el órgano al taller para desarmarlo por completo, para después componer los 210 tubos hechos de aleación de plomo y estaño y trabajar la madera de cedro y el teclado de ébano y cedro.

“No se ha incluido ningún elemento electrónico ni mecánico, sino que está tal cual fue fabricado y funciona gracias a la fuerza humana”, afirma López, refiriéndose a que este instrumento no tiene ventilador ni motor, sino que funciona con dos fuelles hechos de madera y cuero que deben ser activados de manera manual.

Después de tantos meses de trabajo, Gabriel se acomoda ante el órgano verde con adornos de pan de oro, mientras que Ricardo se sienta frente a los dos fuelles para moverlos de manera intercalada, con el objetivo de mandar aire de manera constante al instrumento musical.

Concentrado, con una postura parecida a los maestros de música clásica que admira, Gabriel empieza de mover los dedos con una habilidad que se transforma en agradables notas de tonadillas del archivo de la Catedral, que datan del siglo XVII.

La Catedral tiene otros dos órganos que necesitan ser restaurados: uno que se encuentra en la epístola y está en condiciones deplorables, y otro de color celeste que se mantiene desde hace varios años en el coro alto.

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La intención, ahora, es poner en funcionamiento los tres instrumentos para que resuenen durante alguna actividad religiosa importante, que lleve otra vez al templo más importante de la antigua Charcas a su época de gloria.

¿Cuándo podrá el público volver a apreciar el sonido de este órgano?

La capilla musical era escuchada en misas importantes, como el día de la Virgen de Guadalupe, en la víspera, en las novenas y como parte de obras de teatro con música barroca y poesía. De acuerdo con Gabriel Campos, el órgano volverá a ser ejecutado en público durante la Semana Santa en un concierto especial.

Para tener la posibilidad de ver este instrumento musical, el visitante puede acudir al Museo de la Catedral de Sucre, dependiente del Arzobispado de Sucre. Se encuentra en la calle Nicolás Ortiz Nº 61, esquina plaza 25 de Mayo. Abre de lunes a viernes, entre las 09.00 y 12.00 y desde las 14.30 hasta las 18.30.

Texto y fotos: Marco fernández Ríos

El teclado es de ébano y cedro y sus 210 tubos son de una aleación de plomo y estaño.
El teclado es de ébano y cedro y sus 210 tubos son de una aleación de plomo y estaño.

Mario Sarabia, el demiurgo de Mallasa

El más grande ceramista de Bolivia cultiva el arte de la tierra y el fuego en su casa/taller de Mallasa. Alista una nueva exposición sobre el salar de Uyuni.

Mario-Sarabia

Por Ricardo Bajo

/ 5 de febrero de 2023 / 08:36

Mario Sarabia ha hecho miles de cerámicas. Cada vez que comienza una se pregunta lo mismo: “¿Para quién estoy haciendo esta?”. Nunca sabe al inicio para quién. Sarabia es un alfarero/ceramista que cree en el misterio, en el espíritu; ambos invisibles. Hay varias fotos y cuadros de Picasso en su taller. Nos ponemos a charlar del malagueño; este 8 de abril se cumplen los 50 años de su muerte.

— ¿Acaso Picasso soñó que tú y yo íbamos a estar hablando de él en esta última tarde de enero acá en Mallasa? Es el destino, son las cosas que fluyen. Picasso nunca imaginó ser tan grande, él simplemente trabajaba y trabajaba. Que Graciela Rodo Boulanger haya venido a mi taller hace 14 años y me diga maestro. Nunca lo soñé siquiera. El arte es misterio. ¿Qué te ha traído a mi casa para charlar justo ahora? Eres un mensajero del arte enviado por su espíritu. ¿Qué irás a escribir luego? En esta conversación he recordado cosas que creía haber olvidado. Yo haré ejercitar tu imaginación cuando vuelvas a tu hogar y hagas la nota.

Llevo ocho páginas escritas a mano por los dos costados. Han pasado cuatro horas de ameno diálogo, previo recorrido por el taller del más grande ceramista de Bolivia. Levanto la vista del papel y miro a Mario Sarabia después de sus enigmáticas palabras.

Misterio, espíritu invisible, destino, suerte. Sarabia habla como si fueran dioses paganos. Mario es un creyente. Cree en el arte del fuego, en el fuego del arte; en el espíritu de la cerámica. Es un demiurgo; parte del caos y lo ordena para construir su universo con un par de líneas; crea una vasija con llamitas que caminan la noche del salar a partir de un montón de barro del Valle de la Luna. Son copias de un mundo ideal, copias que nacen del fuego y la tierra, del aire y del agua. Del color. Demiurgo significa literalmente “maestro”, “supremo artesano”, “hacedor”. El demiurgo es un segundo dios. “Nunca digo que soy artista, un artista lo es después de mucho trabajo y suerte; el arte te lleva hasta donde quiere llevarte, esa es la suerte”.

Mario-Sarabia-Mallasa
Mario-Sarabia-Mallasa

Las criaturas de Sarabia son llamas, toros, pájaros, montañas, cabras, seres celestiales, pumas. Mario, a sus 70 años, tiene pinta de Noé, de patriarca de Mallasa. Vive cerca del zoológico y ha sido dirigente de la zona. Llegó al barrio hace 32 años. Y ha construido —sin ayuda de arquitectos— su particular arca. Tiene tres perros (Bola, Estrella y Nucita) y dos gatos (Bowie y Gastón). Bowie es un pequeño dios blanco que merodea sigilosamente por el taller mientras hablamos. A ratos se pone celoso (todos los dioses lo son) y se trepa al cuello del artista.

En el arca de Mario también viven cientos de llamitas, toritos y pajaritos (así los llama, en diminutivo siempre). Existen solo cuando el visitante los contempla, cuando la imaginación del que mira convierte un par de líneas y trazos en una llama/toro/pájaro. Entonces, el demiurgo se libera. Nos ha hecho creer cosas, de ahí nace su magia. Sarabia ha colocado un punto amarillo y nosotros creemos que es el sol.

Paseo la casa/arca de Mario. Tiene varios jardines, flores de todos los colores. Tiene pequeños azulejos en el piso con animales pintados del arte rupestre. Pareciera que el ceramista ha salido a cazarlos hace millones de años y ahora están ahí dibujados sobre el piso para siempre. En el umbral de la puerta interior hay un seto enorme en forma de toro con sus astas. Sarabia cultiva también el arte de la topiaria. Se necesitan años para dar con la forma deseada. En la habitación de los cuatro hornos, pregunto al maestro:

—¿Cuánto tiempo tardas en convertir la arcilla, la tierra en una vasija para luego llegar a la cerámica de los esmaltes y los colores?

Cuarenta años. El alfarero/demiurgo habla de otro tiempo. Para encontrar esas líneas, esos círculos, esas formas que parecen llamas, toritos, pájaros han tenido que pasar 40 años. Cuando la arcilla se transforma, la sensación es mágica. Dentro del horno (a más de mil grados de temperatura) se subleva la vida, nacen vasijas del fuego, vuelan cholitas como luciérnagas que fluyen del caos al mundo de Mario. Sus dedos hacen subir la tierra. Toma la palabra el poeta: “Objetos son de amor/estos reductos, diseminan/la luz y la reagrupan/mientras recobra el barro/la borrasca primaria de su fuego/. Ya está en vilo la vida: irrumpe del fondo placentario de los hornos”. (Caballero Bonald, Alquimia de la cerámica).

De los siete años que pasó en La Paz desde que nació (1953) en una clínica de Obrajes hasta que se fue a vivir a Nueva York, se acuerda poco. Es bautizado con el nombre de Marco Antonio. Estudia en el Colegio La Salle y vive entre Miraflores (cerca del estadio) y Sopocachi (por la plaza España). Tiene dos hermanos; uno mayor (Javier) y otro menor (Ramiro, muerto hace un año). Su padre, contador, es René Sarabia Yanguas. Y su madre, de larga carrera diplomática, Lourdes Sardón Pizarroso. Su abuelo es el poeta y dramaturgo Adán Sardón Zarauz; su nombre —del abuelo materno— tiene incluso un pasaje en Sopocachi.

La pareja se separa y la madre, destinada en la misión boliviana de Naciones Unidas, agarra a las wawas y se va para Estados Unidos. En los nuevos papeles gringos, su nombre se transforma (como la tierra dentro del horno); se llamará a partir de ahora, Mario.

Pieza de cerámica

Mario Sarabia en su taller en 1997. Foto. Ricardo Bajo y Archivo de Mario Sarabia

Obra. Piezas de cerámica con llamitas.

Exposición. La próxima muestra del artista estará dedicada al salar de Uyuni. Foto.

La niñez en el oeste de Manhattan es feliz; o por lo menos así la recuerda. Aprende inglés sin darse cuenta. En la calle 83 no juegan todavía muchos hispanos; desde su casa camina solito junto a sus hermanos hasta el “Public School”. Hasta los 12 años juega béisbol, es primera base por su rapidez y agilidad. De la escuela, recuerda el olor a sopa de tomate a la hora del almuerzo. Andy Warhol está a punto de convertir la lata Campbell en un símbolo del flamante arte pop.

De la casa, en un edificio bajito con calle bonita y árboles, recuerda el primer televisor y sus imágenes borrosas. Cuando tiene 14 años, llegan algunos vecinos argentinos y ecuatorianos al barrio. Todos quieren jugar “soccer” (nuestro fútbol), chau béisbol. Mario es lateral derecho (con la tres en la espalda) en la German-American Soccer League. Llegará a jugar en junio de 1968 con la juvenil de los New York Generals el partido preliminar antes del Santos vs. Nápoli (4-2, con tres goles de Toninho y otro de Pelé) en el mítico Yankee Stadium del Bronx. “Había cuarenta y tres mil hinchas aquel día, sentí que todos me estaban mirando a mí, recuerdo que todos los chicos esperamos el saludo de Pelé y al final no nos saludó por todo el ajetreo”.

La “High School” la pasa en el barrio de Queens. Estamos en pleno auge del hipismo, inicios de los 70. Sarabia se va al campo a estudiar Agronomía (en la St. Lawrence University, estado de Nueva York). “Duré un año, estaba de moda volver a la tierra, cultivar tus propios alimentos, montar a caballo, fumar marihuana, intentar descubrir quién eras, mandar todo a la mierda, cambiar el mundo, hacer algo diferente con tu vida”.

Entonces, Mario conoce a una chica. Se llama Cynthia, se apellida Thompson, es pelirroja, es de Pensilvania. Pinta y hace fotos. El mundo del arte y de las galerías de Nueva York está por abrirse de par en par. Deja la agronomía y comienza a estudiar Museografía en el Museo Americano de Historia Natural en el Upper West Side de Manhattan. Es el barrio tantas veces retratado en las películas de Woody Allen. Es el barrio que todos conocemos sin haber caminado nunca por sus calles. “Una vez vimos a Dalí con su capa y su bigote, alto y flaco, caminando cerca del MOMA. Tengo un humor parecido al judío, mi esposa Lourdes a veces no lo entiende, pero tipos como Woody Allen, en esa época, había cientos por Manhattan. Salíamos a caminar de noche por Nueva York para admirar su arquitectura y descubrir una gárgola tras otra”.

En el Museo de Historia Natural, Sarabia está a cargo de la sala de México y Mesoamérica. Se encarga de armar los escenarios de las exposiciones, de montar las luces, de guiar al público, de enseñar a los chicos y chicas de los colegios. Las cerámicas olmecas comienzan a hacerle guiños, pero Mario todavía no se da cuenta.

En 1975 hace el viaje de su vida, todo un clásico “hippie”: junto con Cynthia viajará de Barranquilla a La Paz por tierra y luego subirá de Riberalta a la frontera brasileña-venezolana en callapo, vía Manaos. Cynthia será una amiga para toda la vida y llegará a ser madrina de una de sus hijas. Escribirá un libro (todavía inédito) sobre esta aventura y volverá a Bolivia para tomar fotografías a lo largo de nuestros ríos amazónicos.

Cuando regresa a Nueva York, comienza a extrañar la lluvia, la neblina, el viento frío del Illimani. Ahora es profesor de “soccer” en una escuela de ricos donde estudian los hijos de Rockefeller. Siente una rara nostalgia por la ciudad donde ha nacido y apenas ha vivido. Experimenta la llamada de la tierra, de su tierra. Es algo misterioso, como la vida misma de Mario Sarabia. Volverá a La Paz como volverá su madre (que aún vive con 91 años).

Antes conoce a una chica judía llamada Teru Simon, pintora. Su familia no aprueba la relación con un chico latino de tradición católica. Mario vive dentro de una película de Woody Allen. La novia va a ser la primera persona que le ponga un pedazo de arcilla en la mano. “Me encantó tocar la tierra, trabajar la arcilla, mi primera obra fue un marinero con su loro, todavía no sé por qué hice esa figura”. Un pirata, Mario es un pirata; no corta el mar, sino vuela.

Antes del anhelado regreso a la patria, vivirá un tiempo en Miami (donde se ha ido su hermano menor). Con su currículum, logra una “pega” en el Museo de Ciencias de Miami. Toma uno de sus cursos libres, de cerámica. Cuando se coloca frente al torno, siente el poder. Un espíritu invisible le dicta una frase en la cabeza: “Con esto voy a comer el resto de mi vida”. Dicho y hecho. Roba un libro, el “robo más grande de mi vida”. Es Ceramics of Picasso de Georges Ramié. Sarabia descubre la cerámica como pasión, se entera de que Picasso hace cerámica ya siendo un artista consagrado, con 67 años; como Gauguin o Matisse. “Me aferré a ese libro, Picasso me mostró el camino, me enseñó a poner algo mío en la cerámica, a diseñar, a no tratar la cerámica como lienzo, como pintura. Amo y sigo amando su búsqueda”.

Viene a La Paz de vacaciones por dos semanas y se queda. “Llevo 40 años de vacaciones acá”. Conocerá a su esposa de Sucre (Lourdes Giménez), se casará, tendrá tres hijos (María Julia, Francisco y María José Churka). Las hijas heredarán la pasión por el arte (trabajarán la joyería y la cerámica; montarán una galería con el padre en San Miguel). El hijo será fiel stronguista como su padre.

Cuando llega, se instala en Viacha, en una fábrica abandonada de cacao con un horno de adobe. Ni ventanas tiene la casa. De verdad quiere ser ceramista. Necesita saber más de él mismo. Sentir el miedo de no sobrevivir, experimentar la certeza de poder hacer algo diferente, como lo soñó en su época “hippie”. La familia pronuncia la frase maldita: te vas a morir de hambre. Quiere transformar la cerámica artesanal en el arte del fuego. Quiere entrar con sus objetos a las prohibidas galerías. Quiere abrir senderos. Se topa con rechazo, con perjuicios; apenas Inés Cordoba le tira algo de pelota. La tradicional división entre artes mayores y menores continúa desgraciadamente hasta hoy. Todavía algunos hablan de “decoración de vasijas”. Aún se ignora al (gran) arte popular; su sencillez, su rudeza, su belleza, su fantasía.

Vamos a retroceder siglos para explicar de dónde viene todo esto. “La conquista eliminó la cerámica de los pueblos originarios. Trajeron un dios diferente y lo impusieron con pólvora y arte. Extirparon idolatrías. Si ves menos de tus dioses, ves menos de tu arte y de tu cultura, de tu identidad. El arte es tan peligroso como la pólvora, o más. Eliminaron los dioses que se representaban en las cerámicas, en las piedras. Solo se permitieron vasijas para comer, utensilios para la cocina y todos tenían que llevar la cruz. La cerámica ceremoniosa con sus dioses para contar tus propias historias se eliminó a golpe de espada y cruz. No hay arte mayor o menor. Cuando miras algo y te entra directo al espíritu; eso es arte. Es la búsqueda. La artesanía reproduce, no busca; puedas hacer una taza, pero tiene que tener un alma por dentro”.

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Sarabia trabaja con las manos, con la tierra, con el fuego; es un alquimista. Moldea su mundo. Cree que lo que hace es bueno. Cree que la arcilla es un ser, que la arcilla lo ha escogido, que ella permite su trabajo. Es algo misterioso, llámalo destino, espíritu invisible. Comienza a vender sus pequeños objetos en una tienda del Prado paceño que exhibe artesanía peruana. Es Algo Más, propiedad de Flavia Giménez, prima hermana de la que será su esposa. Llámalo destino. Conoce a Javier Núñez del Prado que tiene un horno jailón. “Es la primera persona que me llama ceramista, que me respeta; me visitaba en Viacha, tomábamos vino, es por aquel tiempo que empiezo a creer que soy ceramista”.

Recuerdo. Mario Sarabia en Central Park en Nueva York en los años 70 junto a Ana María Jordán.
Recuerdo. Mario Sarabia en Central Park en Nueva York en los años 70 junto a Ana María Jordán.

La primera exposición colectiva se monta en la casa de Gil Imaná e Inés Cordoba en la avenida 20 de Octubre, esquina Agustín Aspiazu (en Sopocachi). La primera individual, en el Centro Boliviano Americano de la avenida Arce. “Un primo de Emiliano Luján me prestó sus pedestales, pues nadie tenía”.  A Jorge Ortiz, responsable cultural del CBA, le da un ataque de pánico escénico y Sarabia se queda sin palabras de presentación. Se lo pide a Gil Imaná, pero le dice que no. Después, el maestro ve la obra y dos minutos después le dice que sí: “En Bolivia exportamos harto estaño, pero no hay libra de estaño que pueda comprar estas cerámicas; en la obra de Sarabia hay algo, no pensé encontrar magia”. Gil, Inés y Mario van a ser grandes amigos hasta la muerte de la gran pareja del arte boliviano.

Después de esas dos primeras exposiciones vendrán muchas más. Ha protagonizado muestras en Porto Alegre, París (tres veces), Nueva York, México, Buenos Aires, Londres, Chicago. La revista más prestigiosa del mundo sobre cerámica contemporánea, Ceramics Month, fundada en 1953, le ha dedicado en septiembre de 1997 un reportaje especial escrito por Ryan Taylor. Sarabia tiene regada su obra por medio mundo. Ha recibido en su taller de Mallasa a cientos de aprendices y a grandes maestros que se han interesado por su disciplina: a Graciela Rodo Boulanger, a Alfredo La Placa, a Mamani Mamani, a Yolanda Bedregal. En 2005 recibe el premio de “Maestro de las Artes” por parte del Estado Plurinacional de Bolivia.

Mario prepara estos días una nueva exposición después de una visita al salar de Uyuni en 2022. Las llamitas caminan en la noche en la oscuridad del desierto blanco. Lo hacen en platos, vasijas, jarrones, láminas. El demiurgo de Mallasa escarba con la técnica milenaria de la arcilla y busca nuevas mezclas en el óxido, en los materiales cerámicos, en el esmalte y el color, en los engobes y vidriados. Selecciona la arcilla, más rojiza cerca de su casa, más pura en el altiplano. Vigila el momento sagrado de la cocción de las piezas, imagina líneas y perfiles, texturas y colores, busca un hallazgo.

Hace una semana, una pareja de Nueva York ha comprado un bello jarrón en su alfar. Han ido directamente por él. Los gringos creen que han escogido la vasija, pero ha sido al revés. Ahora es el logo de una prestigiosa página web sobre cerámica contemporánea. Ese jarrón ha buscado dónde quiere estar en el mundo. Es el misterio del arte del fuego, el fuego hipnótico, el fueguito que da vida, el fuego que siempre tiene la última palabra.Sarabia tiene razón: nunca sabe para quién hace sus cerámicas. Ni donde vivirán.

El arte de la tierra y el fuego nunca será menor; Mario, tampoco. Cuando dejo el taller en pleno atardecer —con la Muela del Diablo perfilada en el horizonte— volteo la mirada y leo una frase pintada sobre la pared. Es una cita del cubano Silvio Rodríguez: “Solo el amor convierte el milagro en barro”. Solo las manos del demiurgo de Mallasa convierten la arcilla en misterio.

TEXTO: Ricardo Bajo

FOTOS: Ricardo Bajo y Archivo de Mario Sarabia

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Araña Sagrada

La cinta del premiado director Ali Abbasi se inspira en la historia real de los crímenes de un asesino serial de 16 prostitutas iraníes

Por Pedro Susz K.

/ 5 de febrero de 2023 / 08:15

Es sabido: las arañas atrapan a sus víctimas en las redes tejidas previamente justo con tal propósito. A eso alude la mitad del intrigante título de esta película dirigida por el iraní Ali Abbasi, nacionalizado danés. La otra mitad va quedando aclarada a medida que transcurre la trama de esta brutal recreación de hechos ocurridos en la vida real, en Irán precisamente, donde entre 2000 y 2001 el asesino serial Saeed Hanaei —en el film, el apellido nunca es mencionado— ultimó a 16 trabajadoras sexuales en Mashhad (“el lugar de los mártires”), la segunda ciudad iraní por número de habitantes y la primera como lugar de veneración de los  musulmanes chiitas, así como centro de masivas peregrinaciones anuales.

El tenebroso sujeto en cuestión, violentado cuando niño por su madre, era de día un eficiente, amable, albañil, excombatiente de la guerra entre Irán e Irak, de la cual regresó frustrado por la derrota, ansiando tener en algún momento la oportunidad de reivindicarse por no haber muerto como mártir defendiendo a su país. Padre de una hermosa niña y un inquieto adolescente, así como fiel y atento esposo servidor de Fátima, su atractiva pareja, de noche, luego de haber dejado a los niños  al cuidado de los parientes de ella, abordaba su motocicleta y salía en busca de prostitutas y/o drogadictas, las rendía con seductoras promesas para llevarlas a su casa, donde las estrangulaba utilizando sus propios hiyab —los velos con que las mujeres están, en los países musulmanes, obligadas a cubrir su cabeza para evitar seducir a los varones, cargando de tal suerte toda la responsabilidad moral sobre aquellas, sus gestos y vestimentas—. Luego procedía a deshacerse de los cadáveres arrojándolos en los descampados de la ciudad. Al parecer toda esa psicopática violencia criminal recibió un gatillazo el día en el cual Fátima fue acosada por un peatón confundiéndola con una trabajadora sexual.

Premio. Zar Amir- Ebrahimi ganó como mejor actriz en el Festival de Cannes 2022 por este papel.
Premio. Zar Amir- Ebrahimi ganó como mejor actriz en el Festival de Cannes 2022 por este papel.

Si bien el director evita apegarse por entero a los estereotipos de los innumerables homicidas seriales mostrados en sociedad en películas y series televisivas, ello con el obvio afán de presentarnos a un individuo cuyas motivaciones se mantengan hasta cierto punto en el misterio, hay una escena donde discute airadamente con su hijo, la cual pareciera querer insinuar que, más allá de las aseveraciones religiosas que exponía para justificar su yihad personal contra esas mujeres acusadas de inobservar los mandamientos más estrictos de su religión, se encontraba hondamente afectado por un TEPT (trastorno de estrés postraumático) de guerra, a cuya causa, después de cada asesinato cometido, su cólera no hacía sino crecer.

En contraste con las condiciones de vida de Saeed, que sin ser óptimas cumplen con algunos de los parámetros que las hacen soportables, las de las rameras son expuestas en tono siempre (algo demasiado) enfático en la narración como insoportablemente denigrantes. La secuencia con la que arranca el relato sigue los pasos callejeros de una ellas, enganchada a la anfetamina. Repentinamente, una motocicleta se detiene y es convencida de abordarla. Mientras ambos se dirigen a su destino, un corte en la programación del televisor que asoma en pantalla da paso a la información de los atentados del 11 de septiembre. Procedimiento elegido a fin de datar de manera indirecta lo que antecede y seguirá, pero, asimismo, para alertar al espectador distraído que Abassi no pretende limitarse a entregar una mera realización de género encuadrada en los cánones de los thrillers enfocados sobre desvelos detectivescos afanados con poner coto a los desmanes de algún pillo.

Pero es en la secuencia dedicada a Somayeh, otra de las atrapadas en la red del exterminador, donde la película explaya detalles casi morbosos de las dichas condiciones existenciales. La miramos acicalar su estropeado físico antes de darle un beso a su pequeño hijo y salir a su parada usual. Presta sus servicios después a varios clientes, incluyendo uno muy pudiente en cuyo baño hurta una buena porción de la loción de su esposa. A continuación, adquiere los narcóticos que necesita para aguantar la noche. Luego de ingerir alguno, quedando algo atolondrada, es abordada por Saeed y el resto ya se sabe.         

Actriz. Zar Amir Ebrahimi (Teheran, 1981) interpreta a una periodista que enfrenta a un asesino en serie. Foto. INTERNET

Mientras la familia de Saeed no alberga la más mínima sospecha respecto a la doble vida de aquel, un par de periodistas emprenden la búsqueda de la identidad del feminicida, dado que la deliberada desidia policial la hace mirar hacia otro lado, entre otros motivos debido al empaque heroico que va envolviendo los actos del homicida en el imaginario colectivo al exponerse como el cumplimiento de una encomienda divina, figuración apuntalada a media voz por los Imanes (los clérigos de aquellas latitudes) y, en algún caso de manera explícita, como cuando el propio Saeed declara: “Estoy loco por Dios”.

En la realidad, efectivamente, la reportera Roya Karimi se afanó durante cierto tiempo el armado del rompecabezas relativo a la historia de quien pasó a ser denominado Spider Killer aludiendo a las celadas puestas en acto para sujetar a las víctimas en su red mortal. Libremente, inspirada en Karimi, poco a poco Rahimi (estupenda interpretación de la actriz iraní Zar Amir-Ebrahimi que le valió el premio a Mejor Actriz en el último Festival de Venecia), reportera de ficción llegada desde Teherán, va ocupando el centro de la trama. Cuando la conocemos está intentando conseguir espacio en un hotel, pero el recepcionista, disgustado por tener que acomodar a una mujer soltera, primero pretexta que el lugar se encuentra copado, y a renglón seguido vocifera su irritación contra el hecho, afirma, de que lleva mal puesto el hiyab y ello podría acarrear problemas con la guardia moral. Por añadidura, si bien lo sabremos más tarde, Rahimi acaba de tener problemas con su editor, quien la acosaba y al ser rechazado la despidió bruscamente, y luego también tendrá idéntico tipo de forcejeo con Rostami, el mismísimo comandante policial de Mashhad.

Incidentalmente: lo del hiyab cobró notoriedad meses atrás cuando las “fuerzas del orden” detuvieron a la joven Masha Amini, arguyendo precisamente que su pañuelo en la cabeza se hallaba desajustado, lo cual permitía ver su rostro y cabellera, pecado mortal. Pocas horas después  trascendió que la detenida había muerto en la comisaría, noticia que de allí en más provocó masivas movilizaciones lideradas por mujeres contra la brutalidad policial.

Que el machismo en Irán no se halla limitado a ciertos sectores sociales, denuncia transversal en el relato de Araña sagrada, resulta remarcado en las reticencias de Sharifi, el colega local de Rahimi, poseedor de grabaciones enviadas por Saeed comentándole sus ajusticiamientos y dándole las pistas para hallar los cadáveres. Rahimi no demora en deducir que tales suspicacias se deben al “atrevimiento” de haber denunciado públicamente el acoso de su exjefe.

En el tono de una airada vindicación del rol femenino, el personaje de Rahimi es perfilado y detallado como el de una mujer decidida a sortear cualquier obstáculo. Pero en parte, ello resulta desdibujado con la ingenua vuelta de tuerca argumental, usada hasta el hartazgo en las películas del género detective vs. maleante, que permite la aprehensión de Saaed mediante el simple expediente de que ella se le aproxime simulando ser una de las candidatas a morir en sus manos. Tal jugada fue, asimismo, concebida por el director. En verdad una mujer que consiguió escapar en el último suspiro de sus manos fue quien develó donde ocurrían los homicidios, permitiendo así la captura del sujeto. 

Si bien el dato del ascendiente iraní del realizador daría a suponer que el cuadro que presenta de los hábitos y comportamientos de la sociedad donde ocurren los hechos narrados estaría exento de los sesgos prejuiciosos recurrentes cuando el cine occidental se da a la tarea de echar una ojeada a las realidades de otras circunscripciones cultural e históricamente distintas, ello no ocurre con la realización de Abbasi debido a las formas narrativas y de puesta en imagen optadas para su inmersión en aquellos acontecimientos, acentuados en el modo de una puesta en sintonía, forzada a ratos, con las alegaciones feministas en boga. Y, con ello, no pretendo desvalorizar estas últimas, tampoco minimizar el horror vivido por las 16 víctimas de Saeed, mucho menos dar por lícitos los dogmas religiosos que condujeron al grueso de la sociedad iraní a convertir al homicida poco menos que en un héroe nacional gracias a haber “limpiado” las calles de Mashhad de esa “escoria” que las contaminaba.

Solo quiero apuntar que el brutal estilo recurrido me da la impresión de haberse dejado tentar por la demasía. ¿O no lo es, por ejemplo, el haber reincidido en cuatro escenas en la exhibición al detalle del modo en cómo el criminal estrangula a las mujeres por él enredadas en la tela de sus tramposos ofrecimientos de dinero o estupefacientes? ¿U otra escena en la cual Saeed tiene relaciones con su esposa, al lado del cadáver envuelto en una alfombra de la mujer recién estrangulada? Al fin y al cabo, no obstante, las exaltadas proclamas del fundamentalismo religioso que lo presentaban como un enviado directo de Alá, no pudieron impedir que las autoridades de su país, reticentes con mucha probabilidad, condenaran a Saeed a ser ejecutado en la horca, ejecución que tuvo lugar el 8 de abril de 2002. Cierra sí el círculo que comenzó a recorrer citando, antes de la primera imagen, una frase tomada de la Biblia, cuya inclusión solo entonces cobra sentido: “Cada hombre encontrará lo que desea evitar”. Valga otra aclaración, con lo dicho tampoco me sumo a la desdeñable creencia de que la pena de muerte sea un procedimiento efectivo para impedir que se sigan cometiendo atrocidades como las exhibidas en Araña sagrada.

Era obvio: una película con semejante carga erótica, lindante en algunas escenas con la pornografía, no iba a conseguir apoyo a la producción en Irán. Ni siquiera a obtener el permiso para filmar en la ciudad donde acontecieron los hechos narrados, pero gracias a la granizada de elogiosas recensiones que empapó el estreno de Border (2018), anterior largo de Abbasi, no le resultó muy problemático recaudar el financiamiento requerido para el rodaje en Dinamarca, Alemania, Suecia y Francia. Eligió, además, para ambientar la película filmarla en Jordania, logrando gracias a la fotografía de Nadim Carlsen un parecido asombroso con los lugares de Mashhad, aseveraron quienes conocen ambos sitios. No es el único aporte relevante del fotógrafo. A lo largo de toda la puesta en imagen, los tonos oscuros, con luces de neón entremezcladas con sombras, prevalecen acentuando la sensación de claustrofobia no obstante que buena parte del relato transcurre en exteriores. Y a tal impresión suma, asimismo, la elogiable banda sonora de Martin Dirkov.

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La bajada de telón es una escena tan ruda como muchas otras de las precedentes,  en la cual el hijo del asesino añade su alegato reivindicatorio a los de otros múltiples personajes apostrofando que su padre contribuyó de manera eficiente a liberar a la sociedad de “mujeres corruptas”. Que pueda resultar inverosímil oír a un muchacho, casi un niño aún, profiriendo semejante afirmación es uno de los tantos acentos forzados que el acento discursivo recurrido por Abassi incluye, a pesar de socavar con tales excesos y subrayados (en particular el detallismo panorámico de la inmolación de las mujeres victimadas) la solidez de su tramado fílmico. Comprometido de igual manera por la, a momentos, turbada y desmañada personificación de Mehdi Bajestani en el rol del sicópata.

Si bien en el último tercio de la película los clisés del thriller policial dejan paso a una suerte de reflexión ético legal acerca de las inmundicias frecuentes en las sociedades atenazadas por el dogmatismo religioso o cualquier otra declinación del determinismo heterónomo: la ley escrita de una vez para siempre; el destino inmodificable; etc., ello no permite maquillar que la riqueza expresiva y estética del cine iraní han sido reemplazadas en la ocasión por las fórmulas y estereotipos de la industria del entretenimiento, en especial por la ferocidad exhibicionista de tantas realizaciones enganchadas al policial pedestre, con la mira puesta en primer lugar en la taquilla. No es que Araña sagrada sea una oferta opinable en su totalidad, pero queda siempre la impresión de que pudo haber sido mucho mejor.

TEXTO: Pedro Susz K.

FOTOS: Internet

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Castillo Oscuro celebra un ‘Baile de máscaras’

El diseñador Hamid Kalani Molina presentó una nueva colección que reinterpreta los aires victorianos.

/ 5 de febrero de 2023 / 07:39

Una nueva etapa para el diseñador paceño Hamid Kalani Molina (25 años) ha comenzado: dejó atrás la marca con la que se inició, para comenzar un camino renovado con Castillo Oscuro, sello que presentó su nueva colección: Baile de máscaras.

“La colección está inspirada en escenas de películas de vampiros, basadas en la época victoriana. Los colores de la colección son morado, rojo, negro y también tiene toques metálicos en dorado. En las telas destacamos las redes, el encaje y las transparencias”, señala el creador que lleva seis años en el mundo de la moda.

El sábado 4 —en instalaciones de la Corporación Arte, en la calle Jacinto Benavente 2230, entre Fernando Guachalla y Rosendo Gutiérrez, en La Paz— se presentaron en un desfile 16 propuestas para la temporada primavera verano 2023. “Diseño para gente que no tiene miedo de llamar la atención a su paso con lo que lleva puesto. Al contrario, le gusta salir del molde y tiene una personalidad arrolladora”.

Kalani empezó en este campo gracias a unos talleres de diseño con instructores internacionales, lo que despertó su curiosidad por la moda y gracias a esto siguió formándose y perfiló su discurso artístico.

‘Baile de máscaras’

FOTOS: NICKOL VELASCO

Foto. NICKOL VELASCO

Foto. NICKOL VELASCO

Hoy, su atelier se denomina Castillo Oscuro. “Me gusta mucho el misterio de lo abandonado por redescubrir. Un castillo se va descubriendo poco a poco, a manera que vaya mostrando nuevas colecciones, se irá revelando también todo su potencial”, señala el diseñador.

La Corporación Arte, ubicada en Sopocachi, es el espacio donde trabaja Kalani junto a otros creadores de diferentes disciplinas. “Aquí trabajamos con otros artistas y diseñadores, la idea es que se nutran nuestras propuestas”, dijo. En este lugar solía funcionar una fábrica donde se fundía metal. “Hoy es un centro cultural que está revitalizando el espacio en otro sentido: la idea es que sea una fábrica de arte”.

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FICHA TÉCNICA.

Fotografía: Nickol Velasco Maquillaje: Keymi Cordero Moruno Modelos: Óscar Castellón, Thais B. Lafuente, Salem Arce, Jairo Buchman, Cristian Choque y Sergio Cárdenas.

TEXTO: Miguel Vargas

FOTOS: Nickol velasco

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Ciudad Líquida, rock y experimentación

La banda paceña de rock alternativo lanzará su nuevo sencillo en un concierto en Inni Espacio el 11 de febrero.

MÚSICOS. Daniel Pietro Andrade, Álvaro Cuevas Tellería, Julie Marín García y César Lugones Alcázar son Ciudad Líquida. Foto. Archivo Ciudad Líquida

Por Miguel Vargas

/ 5 de febrero de 2023 / 06:49

Nuestro Universo es el primero de los sencillos que la banda de rock Ciudad Líquida presentará a lo largo de 2023. “La nueva canción es muy enérgica, explora una sonoridad electropop, nueva para la banda, fusionada con los instrumentos tradicionales del ensamble de rock y tiene una letra más provocativa y ligeramente poética”, describen los músicos. Este trabajo ha sido producido por el chileno Cacho Romero y grabado en Sonic Boom (La Paz, Bolivia) y Audionautas (Santiago, Chile). Se trata de la cereza sobre la torta que se presentará en el concierto del sábado 11 de febrero a las 20.00 en Inni Espacio (Av. 6 de Agosto 2570, entre Pinilla y Pedro Salazar) de La Paz. Las entradas están a la venta en La Viñeteca (Shopping V Centenario, en la planta baja).

Aunque la palabra “solidez” contrasta con el nombre del grupo —conformado por Álvaro Cuevas Tellería, César Lugones Alcázar, Daniel Prieto Andrade y Julie Marín García—, es la característica lograda en el camino recorrido, aunque siempre estará abierta a nuevas sonoridades.

—¿Cómo nació Ciudad Líquida?

—Álvaro Cuevas: Ciudad Líquida fue el resultado de un grupo de alumnos del colegio paceño San Calixto que empezaron a tocar punk, post punk y también a componer canciones entre 1999 y 2000. Ellos eran Sergio Doria Medina en el teclado, Fernando Hurtado en el bajo, Christian Goitia en la batería, Alejandro Ustárez en la guitarra rítmica, voz y letras y yo en la guitarra. Julie Marín entró en 2002 a raíz de que el Ale Ustárez había dejado la banda para irse a Chile a estudiar ingeniería de sonido y curiosamente Julie llegó desde Chile a La Paz, con mucho interés en tener una banda. De hecho, unas amigas chilenas conocieron a la banda cuando estaba Ustárez todavía y se enteraron de que él la dejaría y nos contaron que Julie cantaba y le gustaba el mismo estilo de música. Así que de esa forma se coordinó el primer encuentro en la casa de Goitia para conocerse y ver si había química. Eso pasó la primera semana que Julie llegó a La Paz, en abril de 2002.

Trayectoria. Concierto en Equinoccio con una de las primeras formaciones.
Trayectoria. Concierto en Equinoccio con una de las primeras formaciones.

—¿De dónde viene el nombre?

—Cuevas: El nombre nace del apuro, ya que cuando la banda recién comenzaba, tuvo que tocar en un festival y todavía no se la había bautizado de ninguna manera. Por ahí estaba el dibujo de un amigo llamado Juan Avilés, que fue pintor, dibujante y también estuvo haciendo música 8 bits, pero que lamentablemente ya no está con nosotros. Ese dibujo se llamaba Ciudad Líquida y era de estilo manga, futurista. Antes de partir a tocar, dijeron: “Nos llamaremos Ciudad Líquida mientras tanto y después lo cambiaremos”.

—¿Cuáles han sido los hitos en la carrera de la banda en este tiempo?

—Julie Marín: Los hitos de la banda, desde nuestra propia mirada, son varios. Fue un gran arranque ganar una categoría de la Marathon Rock el 2004, en que se realizaba en el legendario pub Equinoccio, y gracias a eso se pudo hacer el primer disco, ya que por ese entonces era muy caro y complicado tener una grabación. En la también legendaria radio Stereo 97 de La Paz, que estaba entonces bajo la dirección de Patricio Peters, tuvimos la primera recepción del material, de hecho, él fue quien escogió el primer corte Los días se consumen del primer disco. Y no pasó mucho con el tema hasta que la productora Invisible y Karim Patón nos hicieron el video de esa canción y se volvió el primer hit de la banda, porque el video empezó a rotar en el mítico programa de rock nacional Axesso, a cargo de Leonardo Chumacero, en tiempos en que todavía el internet no se apoderaba de todo y la televisión nacional era vista en todos los departamentos de Bolivia. Para ese momento, era una canción con un estilo novedoso, poco común en el país y el hecho de que hubiese una mujer al frente de la banda era también algo que no se veía mucho; de hecho, en muchas ocasiones los sonidistas sin preguntar asumían que yo era la corista de la banda.

—También hubo premios…

—Marín: Ganamos los Rockandbol de 2005 como mejor álbum debut y mejor canción debut, tocamos en el evento de premiación y lo recibimos de manos de los grandes Octavia. De ahí ya vinieron muchas cosas: tocar en nuestro primer festival internacional abriendo a Los Enanitos Verdes y Rata Blanca, poder grabar el disco Entre luz y sombras en un estudio muy bueno de esa época, que es ProAudio, y aprender muchas cosas sobre grabación, sonido y producción de Gonzalo Gómez (GoGo Blues) y el director del estudio, el legendario Óscar García. Nos hicimos bastante conocidos y cuando llegamos a tocar por primera vez a Potosí, la gente nos seguía por las calles y nos pedían autógrafos. En la presentación del Entre luz y sombras llenamos el Teatro Modesta Sanjinés y en 2012 presentamos nuestro disco El Gran Jardín en un teatro lleno también.

Los integrantes en la actualidad.
Los integrantes en la actualidad.

—Cuevas: Nuestro trabajo más ambicioso hasta la fecha es el disco Frecuencias Fantasma, lanzado en 2016, en el que trabajamos la producción con Mayo Ávila y Álvaro Gaviota e incorporamos un cuarteto de cuerdas, cuyos arreglos estuvieron a cargo de Patricia Bedregal y nos lanzamos a hacer canciones más experimentales, como Nómada. También tocamos en el Dakar en 2015, conocimos a la gran banda de Perú Dolores Delirio y tocamos con ellos tanto en La Paz como en Arequipa y Juliaca; creamos una linda amistad con ellos. También estuvimos en dos festivales en Chile, compartiendo el escenario con bandas importantes de allá.

El camino de la música

Si bien la banda ha logrado forjar un sello propio de identidad, también es cierto que las personas son las que hacen a un grupo, cada quien con sus particularidades. La formación actual —que presentó el fin de semana este mismo concierto en La Muela del Diablo en Cochabamba—, ha visto cambiar los modos de la producción musical y se ha sabido adaptar a éstos.

Álvaro Cuevas, guitarrista, es el único miembro original de la banda que queda. Es un tipo tranquilo, intelectual, enamorado de la música, el cine, es detallista y siempre está pendiente de todo lo relacionado con la banda.

En la batería está César Lugones, el deportista. Es un amante de la naturaleza y además tiene mucho sentido del humor, es pacífico y ya es papá: el único de la agrupación hasta el momento.

Daniel Prieto, el bajista, también es actor. Él dedica gran parte de su tiempo al teatro, conoce a toda la gente de ese ámbito. También tiene mucho sentido del humor, le gusta dar discursos y es el más crítico y detallista del grupo.

La voz de la banda es Julie Marín, quien además escribe las letras. Ella suele estresarse con facilidad; pero es entusiasta, tiene inquietudes espirituales y le gusta filosofar sobre muchas temáticas —“como a todos los de la banda”, apuntan— es alegre y a la vez introvertida aunque no lo parezca, igual que Álvaro.

—¿Cómo ha cambiado la propuesta de la banda, desde la idea que tenían inicialmente hasta hoy?

—Marín: La banda ha tenido varios cambios de integrantes, pero una idea que primaba para Álvaro y para mí era hacerse conocidos tanto en Bolivia como en otros países. Como muchos otros músicos, empezamos soñando con ser parte de un sello y no tener que preocuparnos por el dinero para hacer discos, la difusión del material y de los conciertos, y tener asegurado nuestro crecimiento como artistas, al tener el tiempo suficiente para dedicarnos totalmente a este fin sin tener que trabajar en otra cosa.  Pero al no ocurrir esto, el paradigma cambia. No hay ninguna presión sobre ti, salvo la que tú mismo te pones. Tienes que sacar el dinero de donde sea para seguir haciendo lo que amas, hacerlo en el tiempo que puedes, aprender de todo un poco para promocionarte, organizar conciertos, difundir tu trabajo, seguir creando, seguir apostando ya solo por amor al arte y también teniendo la libertad de hacerlo con el criterio en que cuatro personas pueden coincidir.

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—Ya con este desafío a nivel de producción, ¿cuál es el momento más difícil que han atravesado?

—Cuevas: De varios momentos difíciles en las diferentes etapas que ha tenido la banda y las distintas conformaciones, podríamos mencionar lo más actual de la última: la partida de Julie a vivir a Santa Cruz y tener que mantener la banda a distancia; también que haya caído la pandemia, que sabemos lo difícil que fue para el planeta entero. Ahora Julie vive en Chile, pero nos estamos dando modos (tenemos harta práctica) de seguir adelante y seguir haciendo material nuevo.

—¿Cómo sitúan a la banda dentro del espectro musical boliviano?

—Cuevas: En este espectro somos una banda alternativa. Sentimos que cuando comenzamos no podíamos identificarnos con ninguno de los estilos musicales de la época y eso ha provocado que forjemos nuestra carrera un poco solos, a pesar de que sí hemos recibido mucho apoyo de la gente, a la que le gusta lo que hacemos.

—¿Qué podrá escuchar el público en este concierto en el teatro Inni?

—Marín: Quienes asistan el sábado 11 de febrero al teatro Inni, en la avenida 6 de Agosto, podrán escuchar una banda más madura, con un sonido sólido y canciones de casi todos nuestros discos y además del nuevo corte Nuestro Universo, que está disponible en todas las plataformas de streaming. Hemos preparado un show hermoso para que el público baile, salte, cante los temas y nos podamos reencontrar con la gente querida de La Paz.

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PERFIL

Ciudad Líquida, rock independiente

Ciudad Líquida se formó en 2000 en La Paz. Tras ganar la Marathon Rock 2004, cuyo premio era la grabación de un disco, lanzaron su primer material autotitulado en 2005, que incluye Los Días se Consumen, El Polvo de tus Ojos y En Mí.

En 2007 salió el EP Entre Luz y Sombras, con tres nuevas canciones, una versión de Nacimiento (homenaje a Wara), y tres remixes realizados por SuperEstar y RaBeat.

Después de los singles Corazón Infinito/ Abriste (2009) y Suplantándome (2010), lanzaron su tercera producción, El Gran Jardín (2012), que incluye Respiro, Imagina Que, Siente la Gloria y Cada Día Más.

En 2014 sale el single Más que Inocencia / Insensibles y en 2016 lanzar la cuarta, Frecuencias Fantasma, con Siento Ansiedad y Amor Dual. En 2020 lanzan el single Androides y Gigantes y en  2021, en pandemia, presentan el disco grabado en vivo InDirecto. Este febrero de 2023 lanzaron el nuevo sencillo Nuestro Universo.

Texto: Miguel Vargas

Fotos: Archivo Ciudad Líquida

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Magenta Murillo plasma universos oníricos

‘Sueños’ es el nombre de la muestra que la artista visual paceña presenta en la Galería de Arte del hotel Los Tajibos de Santa Cruz de la Sierra

/ 29 de enero de 2023 / 07:31

Magenta Murillo tiene la capacidad de llevar a su trabajo desde las vivencias más personales y terrenales hasta sus anhelos más profundos e ideales. No solo en su trazo, sino desde los soportes que utiliza y hasta con los materiales con los que experimenta, la artista visual ha creado una obra sólida que crea un universo único lleno de colorido y de múltiples influencias.

Sueños es el nombre de la nueva exposición que la creadora nacida en La Paz y radicada en Santa Cruz de la Sierra presenta en la galería de arte del hotel Los Tajibos de la capital oriental.

Se trata de una obra gráfica, delicada y llena de detalles, trabajada en soportes exóticos y ancestrales, como papiros egipcios, papeles amate (de origen maya mexicano) y papeles japoneses de algodón. Todo este material brinda soporte a esos mundos mágicos que habita o visita la artista que estudió la carrera de Artes en la Universidad Mayor de San Andrés, donde hizo la mención de Pintura. “Fluyen, se materializan, son parte de un paralelo imaginario. Son seres que uso como referente, pero no de forma realista; son imágenes de otro mundo, de colores intensos… ¿acaso el arte no es la posibilidad de todo?”

La muestra de Magenta Murillo se caracteriza por el colorido y el trazo delicado.
La muestra de Magenta Murillo se caracteriza por el colorido y el trazo delicado.

 La artista resalta que un soporte como el papel merece y recibe materiales distintos a los que se requiere para el lienzo, a diferencia de un lienzo que, generalmente, implica acción y unas pinceladas más espontáneas. “En el papel es distinto, deben ser más delicados, requieren de una técnica paciente, de tiempo y delicadeza”, describe. Por ello, recurre a polvo de oro, pigmentos naturales, grafos, tintas, acuarelas y óleos, entre otros.

El trabajo de la artista es un laboratorio permanente y constante de creación. Con más de un centenar de exposiciones colectivas e individuales, su obra se ha expuesto en galerías de Bolivia y países como Cuba, Canadá, Rumania y Estados Unidos. 

En su trabajo, a pesar de las múltiples influencias, Murillo representa a Bolivia en varios contextos, ya sea en sus colores como en la manera de traducir las vivencias que, actualmente, se están viviendo en el país, en ese mundo creativo que la inspira, logrando piezas llenas de particularidades. “Mi obra invita al público a soñar, a creer y crear. El arte es un bien social capaz de generar puentes, lazos y nuevos pensamientos en la sociedad”, destaca.

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Magenta Murillo

ARTISTA. Murillo pinta en papiros egipcios, papeles amate mayas y papeles japoneses de algodón.

La muestra de Magenta Murillo se caracteriza por el colorido y el trazo delicado.

La exposición Sueños, que cuenta con más de 30 obras en exhibición, permanecerá abierta hasta el 17 de febrero.

Texto: Miguel Vargas

Fotos: Magenta Murillo

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