Sunday 3 Mar 2024 | Actualizado a 23:54 PM

Daniel Álvarez Veizaga y el Premio ‘Carlos Guastavino’

/ 19 de noviembre de 2023 / 05:58

El músico orureño ganó el tercer lugar en el concurso de composición del festival Sonus, en Denver, EEUU

En más de 30 años de carrera musical como compositor, director de orquesta e investigador he vivido, visto y sentido desde adentro la evolución de la música boliviana, no solo de la contemporánea, sino de la música boliviana en general, llámese barroca, clásica, erudita, popular, etc. El círculo musical académico en Bolivia ha crecido y se ha desarrollado considerablemente de manera muy positiva; no obstante, sigue siendo pequeño, no solamente visto desde afuera, sino también en el contexto mismo de la música boliviana. Del mismo modo, vemos que son pocos los músicos que nos representan en el exterior, ya sean compositores, intérpretes, cantantes, investigadores, directores de orquesta u otros.

A partir de este breve preámbulo, debo comentar que, por circunstancias absolutamente azarosas de la vida, conocí al joven pianista y compositor Daniel Álvarez Veizaga cuando guardábamos un estricto encierro durante los primeros meses de la cuarentena del coronavirus. Días antes yo había publicado, en mi canal de YouTube, mis Dos Canciones Op. 29 y este joven compositor, de quien no sabía casi nada, había realizado un comentario acerca de estas canciones que me pareció muy pertinente. No recuerdo con exactitud de qué modo, pero terminamos conversando largamente a través de una llamada telefónica. Le llamaba la atención, y comparaba con una pieza suya, una de mis canciones, Círculo, en la que parecían estar superpuestas dos estructuras rítmicas tradicionales: un vals y una cueca. Y la comparaba con sus propias búsquedas, en especial con una pieza titulada Ninguna Cueca, en la que realizaba esta misma combinación.

Este fue el inicio de una buena amistad y de sorpresas constantes por los descubrimientos que iban ocurriendo, tanto de mí hacia su música como de él hacia la mía. De esta época resultó premiada una obra suya en el concurso de la Fundación del BCB “Ideas Creativas”. Más adelante, invité a Daniel a participar en mi primer concierto Monográfico Virtual, como pianista, tocando dos de las Meditaciones sobre el Sagrado Amor, que yo siempre consideré las más difíciles obras mías para piano solo.

Fue así que, conocí su proyecto de las Fugas Bolivianas, las cuales, en mi entender son una de las colecciones de música boliviana para piano más importante de las últimas décadas. Este pensamiento ha sido compartido por otros actores de nuestra cultura como la Mtra. Grace Rodríguez Radic, quien realizó la grabación de todas ellas en un nivel de excelencia técnica y expresiva.

En el lapso de un muy corto tiempo se ha dado a conocer en el medio musical boliviano, consiguiendo el respeto de colegas y público aficionado a la música. Ha interactuado desde su rol de pianista con una serie de intérpretes locales, interpretando obras suyas o de otros compositores bolivianos, solo por citar algunos de ellos: Carla Derpic, Grace Rodríguez, Diego Sarmiento, Priscila Rodríguez, Susana Renjel, Giovanna Montaño, Pablo Iturry, Andrés Guzmán, Alejandro Argollo, Luis Alarcón, Fidel Ramírez, etc. Tocó y estrenó obras de Ramiro Soriano Arce, Juan Andrés Palacios, Eduardo Caba, Gabriel Revollo, Canela Palacios y mías. Participó de solista en las Jornadas de Música Contemporánea de Cochabamba (2021), fue invitado por diversos programas radiales, participó en los Festivales de Piano de Totora y en el Festival Encuentros de Santa Cruz (2021), en el I Festival de Música Boliviana del CEM Santa Cruz, etc. Demasiado para tan corto tiempo.

Premio Internacional de Composición ‘Carlos Guastavino’

Hace pocos días recibimos la noticia de que el compositor que nos ocupa en este artículo había sido partícipe del Premio Internacional de Composición “Carlos Guastavino” 2023, habiendo llegado a la final del mismo y obteniendo el tercer lugar.

Se trata, como se puede leer en su sitio web, de un Festival Internacional de Música denominado “Sonus”, el cual es un colectivo de artistas dedicados a la difusión de la música de Carlos Guastavino y a la obra de artistas que respaldan esfuerzos creativos arraigados en el espíritu universal de las tradiciones populares.

Es así que la obra Para (Lluvia), canción quechua, de Daniel Álvarez fue seleccionada finalista y obtuvo el tercer premio entre 80 obras de compositores de todo el mundo, lo cual representa un gran mérito para la obra de este autor orureño. El primer lugar fue para el compositor argentino Fernando Altube y el segundo lugar para el compositor chino Mao Hao.

Lograr la trascendencia artística más allá de nuestras fronteras no ha sido una constante dentro de la cultura nacional, por tal motivo, un logro como éste resulta altamente significativo. Luego del Premio “Reina Elizabeth” de Bélgica, obtenido por Jaime Laredo a finales de los 50, muy pocos músicos bolivianos han logrado distinciones de parecida magnitud.

El concierto llevado a cabo en Denver, Estados Unidos, tuvo como intérpretes de la obra de Álvarez a Andrew Garland, tenor y Alejandro Cremaschi como pianista.

Proyectos futuros

Como no puede ser de otro modo, ni bien se culmina un proyecto, el artista se ve asaltado por otros tantos, se anhelan nuevos desafíos. De desamor es el nuevo reto de Daniel Álvarez Veizaga. Es una colección de siete cuecas para piano, desde el estilo y la mirada de este compositor. La obra ha sido concluida y espera su pronta publicación dentro de la serie de Compositores Bolivianos impulsada por los esposos Jan y María Teresa Rivera de Stahlie.

De desamor consiste en siete cuecas cuyos títulos son: 1. Sin Sol; 2. En el Mal; 3. Aquesta; 4. Hasta; 5. Quedamente 1; 6. Quedamente 2; 7. Esperar. Se trata de una propuesta novedosa en la que Álvarez, sin dejar escapar la esencia de la más tradicional de las danzas bolivianas, las proyecta hacia la modernidad a través de gestos y sonoridades propias de las músicas contemporáneas.

Del mismo modo se encuentra en camino el álbum de cuecas bolivianas que incluirá cuecas de autores como Ramiro Soriano Arce, Nicolás Suárez, Jaime Mendoza Nava y las De desamor. El acceso a la grabación de este álbum a través de las plataformas digitales de música será de gran utilidad para que toda esta música de autores bolivianos se difunda beneficiando, en primer lugar, a nuestra propia música.

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Si de proyectos se trata, con la obra de Daniel Álvarez se anuncia que el primero de diciembre de 2023, junto al destacado tenor Carlos Diego Sarmiento, el sello discográfico argentino Virtuoso Records lanzará el álbum Historias quechuas de la naturaleza y el amor, ciclo de canciones sobre textos quechuas para tenor y piano, una de las cuales es la obra que mereció el tercer premio en el concurso mencionado.

Es indudable que el salto de estas dos últimas décadas dentro de la música boliviana ha sido no solamente cuantitativo sino también cualitativo y trabajos como los de Daniel Álvarez Veizaga resultan muy significativos dentro de este panorama. Por otro lado, resulta interesante apreciar que sus intereses musicales son complejos, pues transitan principalmente dentro de los ritmos y modos de la música boliviana, pero los supera a través del uso de diversos recursos técnicos de la música actual. Un ejemplo de esto puede ser la curiosa combinación y decidido acierto, en el caso de las Fugas Bolivianas, del sometimiento de temas tradicionales a una estructura tan rígida como la fuga, con un resultado fuertemente expresivo, en que la complejidad discursiva de la pieza se ve atenuada por la presencia constante de los temas populares. Las cuecas saltan de la elegancia del propio ritmo a la agresividad de los clusters y armonías disonantes o no tonales. En definitiva, se espera la cristalización de estas búsquedas en nuevas propuestas y, sobre todo, en una mayor motivación hacia las nuevas generaciones de compositores en Bolivia que permitan pensar en una verdadera evolución de nuestra música académica, en el concierto internacional definitivamente globalizado.

Sobre el autor

Gastón Arce Sejas es compositor, director de orquesta e investigador paceño. Fundó la carrera de Música de la Universidad Loyola en 2000. Fundó el Ensamble Contemporáneo del CNM, la Camerata Moderna, la Sinfonietta Loyola, el Ensamble PETRA, el Ensamble TAKY y fue cofundador de la orquesta Virtuosos de Bolivia junto a Eduardo Rodríguez Campadello. Ha sido profesor invitado y conferencista en universidades y conservatorios de Argentina, Alemania, Suecia, España y otros.

Su música consta de más de 70 obras. Ganó el Premio Nacional de Composición «Orlando Alandia Pantoja» (2016) y en 2017 la Orquesta Sinfónica de Venezuela estrenó Gritos de cóndor, mención de Honor del mismo concurso (2012). Es Académico Correspondiente de la Academia Valenciana de la Música y miembro de número del Colegio Latinoamericano de Compositores de Música de Arte (México). Escribió el libro Los Avatares de la Música Contemporánea en Bolivia (2017).

Texto: Gastón Arce Sejas

Fotos: Landesmusikakademie nrw, icba-Sucre, felzy lima y sonus archive

Wak’añ wak’a. Fajas protectoras y formadoras de la vida

Musef y ONU Mujeres presentarán el catálogo ‘Wak’añ Wak’a’ el 8 de marzo a las 11.30 en el auditorio del museo

Wak’añ w’aka. Usos de las fajas

El presente catálogo gira en torno a la funcionalidad de la wak’a ‘faja’ como el ser que forma, protege y sostiene el qamasa ‘fuerza y energía’ de los seres humanos. Esta investigación fue realizada con base en los diferentes bienes culturales de la colección de textiles que son custodiados por el Museo Nacional de Etnografía y Folklore (Musef). Se realizaron las lecturas correspondientes de los bienes para comprender las diferentes formas y uso que presentan las wak’anaka ‘fajas’ en el transcurso de la vida.

El término wak’a hace referencia, por un lado, a los lugares relacionados con la religiosidad, espiritualidad y las divinidades andinas. Es decir, a los sitios protectores de los seres que habitan en el akapacha, esto tomando en cuenta a una determinada población. Por otro lado, wak’a también se refiere a la prenda de vestir que las personas utilizan a la altura de la cintura wak’t’ata ‘fajada’ o ‘ceñida’ para formar, proteger y sostener el cuerpo, ya que este es el centro de la vida donde se cubre el pupu o kururu ‘ombligo’ de los seres humanos. Teniendo en cuenta estas dos referencias, resulta complicado definir si la palabra wak’a presenta una homonimia o polisemia. En caso de tratarse de una homonimia, el origen etimológico de cada referencia sería distinto, lo que es complicado precisar por falta de registros anteriores al siglo XVII. Por otro lado, si fuera una polisemia requiere de algunos rasgos comunes, por ejemplo, tendría que existir una secuencia en el origen del significado de ambas referencias del lexema, es decir, primero el sitio protector, posteriormente como prenda de vestir, o viceversa. El punto en contra es que el significado de los dos no tiene ninguna relación salvo que se tomara en cuenta el significado común que refiere a la protección; ya que en ambos casos tiene la función de proteger:  uno de manera colectiva, desde el territorio y hacia la comunidad, y la otra de manera individual, en cada persona en el propio cuerpo. 

A su vez, el léxico wak’a ‘faja’, como prenda de vestir, tiene diferentes derivaciones de acuerdo a las acciones e interacciones que se concreta en el cuerpo, por ejemplo: wak’aña ‘fajar’, wak’t’asiña ‘fajarse’, wak’t’ayaña ‘fajarlas’; todo esto alude a fajar o ceñir a la altura de la cintura. Pero también tiene relación con k’iruña-k’iluña o llawuña ‘envolver’, con referencia a la acción de enfundar todo el cuerpo, ya sea para formar el mismo o bien para que viaje a wiñay pacha ‘vida eterna’ con todas sus pertenencias.

Para comprender cómo la wak’a ‘faja’ interviene en el ciclo de la vida, es necesario considerar los procedimientos de su elaboración y de la participación en la crianza de los seres, desde la identificación de la materia prima, el preparado de la misma, el uso de los instrumentos, la convivencia en la elaboración de la wak’a y su acabado. Durante todo este proceso, se reconocen valores inmersos de la crianza mutua con los seres de la Pachamama, y también de acuerdo al ciclo agropastoril. Es considerada crianza mutua porque la convivencia y el diálogo se generan en todos los procesos y en todas las actividades que se tiene en la cadena operatoria de la elaboración de las wak’anaka ‘fajas’.

Como todo textil, la wak’a tiene identificación cultural; estos están constituidos a partir de sus partes: pampa, jalaqa-sikhaqa, sawuqa, wit’u y laka. En el medio de la wak’a aparecen también las saltanaka ‘figuras’ que son los componentes que expresan el sistema territorial y hacen referencia a las situaciones y los contextos de uso. Las saltanaka también son mensajes que se expresan de manera metafórica y, a través de este medio, se transmite la información cultural, mítica y/o cósmica que está codificada en forma de escritura no tradicional. Existe una gran diversidad que define el tipo de uso que tiene la wak’a ‘faja’, entre ellos podemos identificar fajas de uso ina pacha wak’a ‘cotidiano’, ajay pacha wak’a ‘ceremonial’ y ‘ritual’ y anat pacha wak’a-illa pacha wak’a ‘festivo’. De acuerdo a las figuras se distinguen también los usos en los ciclos agrícola y ganadero. Entre las saltanaka se logran evidenciar las conocidas como q’iru saltanaka ‘íconos geométricos’ y liq’u saltanaka ‘íconos figurativos’. A partir de ellas se tienen vivos el amuyu ‘pensamiento’, yati ‘sabiduría’, qamasa ‘fuerza y energía’ y jakawi ‘crianza mutua’ o ‘convivencia’ de toda una región.

El uso de la wak’a se diferencia también de acuerdo al empleo en diferentes contextos: familiar, social y ritual. Así, esta indumentaria se utiliza dentro de las prendas de vestir (no visible) o en la parte exterior a las demás, ajustada al unku o punchu, en el caso de los varones y, en el caso de las mujeres, ajustada al anaku, axsu, allmilla; actualmente, a la pullira, visible a los demás. Además, el ancho de la wak’a varía de acuerdo a sus diferentes funcionalidades, entre ellas se pueden mencionar la asu wak’a-wawa wak’a, wak’a y tayka wak’a. Generalmente, la wawa wak’a y wak’a llevan adjunto el t’isnu, que es una faja de pequeña dimensión y es utilizada para ajustar la wak’a en el cuerpo. Por esta razón, estos adjuntos son considerados como protectores de la wak’a ‘faja’. Por su parte, la tayka wak’a, en la mayoría de los casos, no tiene t’isnu, puesto que se utiliza para la sanación, donde se envuelve sobre el cuerpo, la misma es ajustada con la wak’a sujetada o protegida por el t’isnu. Por lo que, en muchos casos, la tayka wak’a es empleada durante los eventos festivos por parte de los jóvenes debido a la complejidad de sus elementos ornamentales.

En ese sentido, la wak’a no solo sostiene las prendas, sino que es un ser que tiene personalidad, que forma el cuerpo, cuida la fertilidad, protege de las malas energías y defiende de los seres malignos a las personas a quienes acompaña a lo largo de su vida, en cada momento importante del ciclo de cada persona y en los diferentes contextos sociales. A partir de allí se tiene el uso de la wak’a antes de nacer, el uso de la wak’a al nacer o nacer con la wak’a, el uso de la wak’a en el crecimiento y el uso de la wak’a en wiñay pacha ‘tiempo perpetuo’, que por siempre son recordadas.

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Cabe destacar que la escritura de este texto constituye un reto en el ámbito de lo interdisciplinario, pues al estudiar una pieza textil se recurre a la mirada arqueológica, ya que la funcionalidad de la wak’a se interpreta teniendo en cuenta el tiempo diacrónico, mientras que, desde la mirada antropológica, se interviene al observar el uso de la wak’a por un determinado grupo social, tomando en cuenta las raíces culturales. Y desde la historia aporta grandemente al buscar comprender la funcionalidad de la wak’a en el ciclo de la vida y, finalmente, la lingüística permite comprender el uso de la terminología en diferentes tiempos: sincrónico y diacrónico. A su vez, fomenta el fortalecimiento de las lenguas nativas y promueve el conocimiento y puesta en valor de las propias denominaciones en el ciclo de la vida de la wak’a.

Texto: Edwin Usquiano y Elvira Espejo

Fotos: Musef

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De ‘Hacia la gloria’ a ‘La Guerra del Chaco (1932-1935)’: el estallido bélico que rompió el silencio

Toda guerra trae consigo avances tecnológicos y un despertar nacionalista, por lo que la del Chaco dio paso a la primera película boliviana con sonido

Por Mitsuko Shimose

/ 3 de marzo de 2024 / 06:48

En la entrega anterior, se analizó el libro Arturo Posnansky y el cine. El argumento de ‘La gloria de la raza’, del crítico de cine e investigador Claudio Sánchez. Entre los varios aspectos abordados, se vio que La gloria de la raza (1926), de Posnansky, nunca figuró como parte de “la época dorada del cine silente boliviano”, como sí lo estuvo, por ejemplo, Hacia la gloria (1932), de Mario Camacho, José Jiménez y Raúl Durán, siendo esta última, el puente de transición hacia lo sonoro. 

Antes de empezar con este abordaje, es necesario mencionar que contrariamente a La gloria de la raza, que conserva su Argumento, mas no así la película; Hacia la gloria conserva los rollos de registros fílmicos en los Fondos de la Fundación Cinemateca Boliviana, pero no existe un Argumento con el cual trabajar su posible montaje dentro de una reconstrucción y posible restauración. En ese marco, solo se conoce la sinopsis de Hacia la gloria, que es básicamente la historia de un amor no correspondido entre un piloto héroe abandonado de niño y criado por campesinos, y una muchacha que resulta siendo su hermana.

Para empezar, el investigador afirma, pues, que Hacia la gloria no se encontraría completamente dentro de la categoría silente, pero tampoco podría ser considerada la primera película sonora como era presentada en la época, porque “incorporaba el sonido, lo sincronizaba, a partir de artefactos distintos a la propia proyectora, como parlantes y un disco que reproducía la música que acompañaba la película”. Entonces, como en los rollos de la película el sonido no estaba incorporado, Hacia la gloria estaría dentro del cine silente, aunque sea una transición a lo sonoro, más que por el sonido, por el “qué dice” la película, afirma Sánchez en su ponencia titulada ‘Hacia la gloria’. El falso final del silencio total, llevada a cabo el año pasado en la Reunión Anual de Etnología (RAE), organizada por el Museo Nacional de Etnografía y Folklore (Musef).

Sánchez resalta que existen guiños en los intertítulos que contienen un discurso político antibélico. Recordemos, pues, que Hacia la gloria fue estrenada en 1932, justo en los albores de la Guerra del Chaco. En esta película, entonces, “tenemos un escenario pacifista dentro del contexto bélico con el Paraguay”, señala el investigador. Esto podría deberse a que Arturo Borda, anarquista de la época, codirige la película, además de ser el escenógrafo. Muchas de las secuencias de las escenas muestran la posición de los estudiantes frente a la de un Estado que quiere ingresar rápidamente a la guerra con el Paraguay. Llegado este punto, el crítico de cine asegura que, a pesar de tener título y personaje militarista, Hacia la gloria dice en su subtexto que hay que ser pacifista.

El quiebre del silencio

Es con la explosión del conflicto bélico entre Bolivia y Paraguay que se rompe el silencio. Es sabido que toda guerra trae consigo avances tecnológicos, además de un profundo despertar nacionalista, razón por lo que esta dio paso a la primera película boliviana con sonido: La Guerra del Chaco 1932-1935 (1936), también conocida como Infierno Verde, de Luis Bazoberry.

Antes de entrar de lleno al mediometraje de 39 minutos de duración, lo primero que llama la atención es que Bazoberry tuvo “la posibilidad de rodar su película siendo parte del Ejército Boliviano y no como uno de los encargados externos de hacer tal registro”, según cuenta Sánchez en su artículo ‘La Guerra del Chaco 1932-1935’. La primera película sonora del cine boliviano.

Bazoberry comenzó fotografiando los hospitales de retaguardia, pero apenas habían transcurrido ocho días, cuando fue llamado por el General Sanjinés, quien le transmitió la orden telegráfica de presentarse ante el Comando Superior. Una vez allí, el General Peñaranda y el entonces Coronel Toro encomendaron a Bazoberry que se hiciese cargo de la Sección Aerofotogramétrica en reemplazo del Coronel Alemán Gundewiter. Ese trabajo desempeñó Bazoberry en los meses siguientes, volando con los aviadores Santalla, Jordán, Nery y otros, apunta el investigador citando a Alfonso Gumucio-Dagrón, en su libro Historia del cine en Bolivia (1982).

La Guerra del Chaco 1932-1935 es la forma en la que se presenta la película, que, como sostienen los créditos iniciales, está “fotografiada” por Bazoberry. Citando el libro La campaña del Chaco, el ocaso del cine silente boliviano (1990), de Pedro Susz, Sánchez resalta que Bazoberry aprovechó la disponibilidad de una pequeña cámara de filmación a cuerda, con escasos 25 segundos de capacidad de carga, para rodar también una gran cantidad de imágenes en movimiento.

Así, el mediometraje comienza con Bazoberry como narrador, mostrándolo en plano medio con dicha cámara en mano, quien se exonera por la falta de técnica en la película poniendo de relieve que “no es una tragedia escrita en un papel, sino un documento histórico”. Así, Bazoberry se convierte en un personaje más del filme, siendo su cámara fotográfica la narradora “de un documental que se aproxima al reportaje de guerra… de una historia que no es en lo absoluto una ficción”. El film comienza con un mapa para ubicar al espectador en el frente de batalla; de ese modo, en la cinta se hace alusión que la pelea más dura es la que se da con la naturaleza, el hambre y la sed.

A continuación se escuchan las notas del Himno Nacional de Bolivia que acompañan fotos y breves biografías de los muertos en batalla. “Ahí está el Teniente Antonio Arévalo, a quien se lo reconoce como primera víctima de la Guerra del Chaco, y en esta misma presentación de los héroes caídos en combate, no podía faltar la figura de Rafael Pabón”, observa el investigador. En este pequeño reconocimiento, Bazoberry se pone del lado de las víctimas. A este homenaje le sigue la presentación de los principales dirigentes y colaboradores tanto en la guerra como en la paz. “Ahí están Peñaranda, Busch, el aviador Jorge Jordán y el Canciller Tomás Elío”, enfatiza Sánchez.

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Para continuar el relato, Bazoberry mantiene la cámara fija en un plano general para mostrar las posiciones de los combatientes bolivianos en batalla, sus trincheras y sus torres de control, además de sus cañones y ametralladoras, “armas dignas de la selva”, como se lee en el intertítulo, haciendo referencia a la barbarie que implica todo conflicto bélico: “La guerra estalló para asesinar la razón, la alegría y la esperanza”, se lee en otro intertítulo. En este punto, es el encargado de radio —filmado en primerísimos primeros planos y con la voz doblada, lo cual brinda profundidad— quien “teje la acción” del relato a través de las órdenes e instrucciones que da al frente de batalla.

Con el desarrollo de la película se nos presenta a la aviación, entonces vemos a una parte de la flota boliviana de aviones listos para despegar y empezar un bombardeo aéreo. Las tomas de aviones se combinan entre aquellas que son rodadas desde tierra, con las otras que son imágenes de avión a avión, esa es una de las más grandes ventajas que tiene Bazoberry para elaborar su obra, la posibilidad de poder volar y la técnica que desarrolla en su labor de aerofotogrametrista, dice el investigador.

La Guerra del Chaco 1932-1935 termina con la desmovilización de las tropas bolivianas, y en este sentido es que el Alto Mando Militar abandona Villamontes a bordo del famoso avión Juan del Valle, que se dirige hacia la ciudad de La Paz, donde los soldados serían recibidos.

En el siglo XXI, la película fue reestrenada por primera vez en 2015 y, en 2019, la Fundación Cinemateca Boliviana estrenó la versión restaurada de la primera película sonora boliviana. El proyecto de restauración fue financiado a través del Fondo Concursable Municipal de Promoción al Desarrollo, Salvaguarda y Difusión de las Culturas y las Artes (Focuart), que fue otorgado mediante concurso a la Cinemateca. La labor estuvo a cargo de los profesionales Luis Tapia para la imagen y Alberto Velasco en el sonido.

Texto: Mitsuko Shimose

Fotos: Claudio Sánchez e internet

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Bendita Locura

En su amplio menú podemos encontrar especialidades fast food pero también de la cocina árabe, italiana, asiática y tex mex

Por Fernando Cervantes

/ 3 de marzo de 2024 / 06:43

Crónicas gastronómicas

Jesús Kadir Patroni Aguirre, después de varios años de una ajetreada vida laboral en campos petroleros, descubrió que lo que realmente le apasionaba era la gastronomía y el servicio hacia los demás. 

Es así que en el año 2018 se estableció en la ciudad de La Paz y junto a su hermano emprendieron en una pizzería en el barrio de Miraflores, que lamentablemente tuvo que cerrar luego, debido a la pandemia. Sin embargo, y luego de muchas vicisitudes, este incansable cocinero tiene ahora su propio emprendimiento de delivery (servicio de comida a domicilio) llamado Bendita Locura, que cumple además una destacada función social, ya que parte de sus ganancias son destinadas a dar de comer a personas en situación de calle, ayuda que es canalizada a través de fundaciones.

En su amplio menú podemos encontrar especialidades fast food pero también de la cocina árabe, italiana, asiática y tex mex, con opciones tanto veganas como vegetarianas y carnívoras, pudiendo elegir entre verdaderas delicias como las empanadas árabes lllamadas sfihas (rellenas de carne de res, vegetales, hierbas frescas, especias y acompañadas de limón fresco), hamburguesas de quinua, pollo, res, camarón y pescado o la hawaiana (con doble carne de res),  lasañas, chilis, ñoquis, pastas, dumplings, milanesas, sándwiches y ensaladas,  destacando especialmente su Bandeja Árabe, que puede pedirse para tres  o seis personas.

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En cuanto a la razón de su nombre comercial, Kadir comenta con entusiasmo que “Bendita” tiene que ver con su deseo de realizar cosas buenas para la gente y “Locura” representa la creatividad puesta en cada una de sus recetas, las que espera queden gratamente grabadas en los buenos recuerdos de cada uno de sus satisfechos comensales.

Bendita Locura

  • Rango de precios: Bs 27 – 65  
  • Horarios: Miércoles y jueves de 19.00 a 22,00, viernes de 19.00 a 22.30 horas, sábados de 12.00 a 15.00 y de 19.00 a 22.30, y domingos de 12.00 a 15.00 y de 19.00 a 22.00.
  • Pedidos: 77548989 (pedidos con tres horas de anticipación) 
  • Producto estrella: Bandeja Árabe

Contáctenos: Fernando  recomienda, Fernandorecomienda @fernandorecomienda Correo: [email protected]

Texto: Fernando Cervantes

Fotos: Bendita Locura

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El orgullo boliviano en imágenes desde Buenos Aires

En su 25 aniversario el periódico Renacer abre su archivo para mostrar dos acontecimientos trascendentales en la historia de la colectividad boliviana en Argentina

Por Guillermo Mamani Mamani

/ 3 de marzo de 2024 / 06:31

Uno en las fotografías ve recuerdos, un momento grabado a fuego “para la inmortalidad” o también desde “asepsia intelectual”, ve documentos históricos. La fotografía como hecho social me recuerda una de las primeras clases en la carrera de la que después me gradué, donde entendí que todos podemos ver cosas distintas, por más que “miremos lo mismo” y que todo depende del lugar (geográfico o social) de donde miremos.

El que aprieta el click de la fotografía tiene una intención de mostrar algo, pero a veces esa intención se pierde en los vericuetos de los receptores de la imagen. Adentrarse en alguna foto a veces es transportarse al pasado. No soy muy amigo de ese ejercicio, pero cuando pensamos en una actividad para brindar a nuestros compatriotas en nuestro 25 aniversario, recurrir a ese tesoro en imágenes nos pareció adecuado.

Las imágenes

Mirando los archivos me di cuenta de que el año 2009 había sido además de vertiginoso para nuestro equipo, histórico para la colectividad boliviana en Argentina. Ese año el equipo de Renacer viajó a La Paz para celebrar los 10 años de nuestro medio. Hicimos una actividad en el Ministerio de Culturas del Estado Plurinacional de Bolivia y en diciembre hicimos lo propio en el Congreso de la Nación Argentina.

En octubre fue la primera Entrada Folclórica de los bolivianos en la histórica Avenida de Mayo y casi dos meses más tarde los bolivianos en Argentina participaron por primera vez en las elecciones de Bolivia 2009.

La muestra del periódico Renacer se exhibe en el museo Inés Córdova-Gil Imaná.
La muestra del periódico Renacer se exhibe en el museo Inés Córdova-Gil Imaná.

Cayó de maduro mostrar esa efervescencia, invitar a un túnel del tiempo a ese 2009 para ejercitar el músculo de la tan olvidada memoria. Darle nombre no fue complejo, recuerdo en la cobertura de ese festivo 17 de octubre de 2009 enfrente del Cabildo que un compañero dijo: “este es el día del orgullo boliviano”.

Es así que para armar la muestra que denominamos 2009, el año del orgullo boliviano en Argentina, la idea fue invitar a sentir a los bolivianos que la visiten algo de lo vivido tan intensamente en esa primavera de nuestra colectividad.

No quieren quedarse afuera de la refundación del país

No fue casualidad que en diciembre de 2009, a pesar de las restricciones que quisieron poner los partidos de derecha a la participación de los bolivianos en el exterior (no podían superar el 6% del padrón de Bolivia), los bolivianos desperdigados en la inmensa geografía argentina salieron en masa a llenar de votos las urnas. Fue una marea de quechuas y aymaras que en algunos casos recorrieron el Área Metropolitana de Buenos Aires (Conurbano y Capital) para ver si podían votar.

Pero cristalizar esta primera participación no fue una dádiva del gobierno de Evo Morales, fue producto de una lucha y movilización inédita en Argentina y por supuesto también en Bolivia de exigencia de ciudadanía por parte de una población enorme que era una suerte de parias, ya que no podían participar de las elecciones en Argentina ni en Bolivia.

El punto cúlmine de este reclamo por ser parte de Bolivia se dio el 10 de agosto de 2008, cuando todas las organizaciones barriales, culturales y medios de comunicación decidieron realizar un “voto simbólico”, ya que no estaban incluidos en ese referéndum revocatorio que se daba en Bolivia.

Con sus propios recursos, sacando fotocopias; a mano, con cajas de cartones haciendo de urnas y con una logística bien aceitada geográficamente nos organizamos e hicimos oír nuestra voz. De esa gesta que nos tocó también registrar, hicimos un documental que llamamos No nos boten, queremos votar, donde quedaron plasmados esos días hasta que se efectivizó el derecho que estaba siendo birlado.

Varios de los residentes que participaron activamente de esa gesta viajaron a Bolivia e instalaron una huelga de hambre para hacer visible el reclamo en La Paz.

La fiesta de esa lucha refrendada en acción se vio ese 6 de diciembre donde nos tocó hacer una cobertura nacional de las elecciones, pero antes hubo un empadronamiento, una campaña de difusión para esa elección.

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Vimos cómo las organizaciones de residentes desperdigadas por el territorio argentino ofrecieron sus sedes sociales en forma gratuita para que los connacionales pudieran emitir su voto a falta de otros espacios. Así como también desde Renacer facilitamos nuestra base de datos para concretar la tarea de la participación electoral de la mayoría de nuestros connacionales al Tribunal Supremo Electoral.

Estábamos conscientes de que los personeros llegados desde La Paz no tenían la menor idea de la enorme geografía que tenían que abarcar hasta llegar a nuestros compatriotas y no era para menos, a nosotros nos llevó décadas tener esa información. Es que nuestra ventana fue la Festividad de Charrúa, un barrio en el sur de la ciudad de Buenos Aires, el barrio donde nací.

Charrúa y el nacimiento de la colectividad

Unas 300 familias bolivianas a comienzos de los años 60 se instalaron en forma precaria en una zona de bañados adyacentes al Riachuelo, en el límite entre los barrio de Nueva Pompeya, Villa Soldati y Flores, en la Capital. Después de sufrir varios incendios por la precariedad del material de las viviendas, los vecinos mayoritariamente quechuas de Cochabamba se organizaron en ayni y con ayuda de materiales del municipio a fines de los 60 levantaron un barrio con materiales mucho más firmes. Un grupo de madres, al ver que esa organización lograda comenzó a desvanecerse, idearon la Festividad de la Virgen de Copacabana en octubre de 1972.

Con los años esa festividad dejó de ser barrial y el barrio pasó a ser una suerte de aeropuerto donde aterrizaba todo boliviano que llegaba a esa inmensa ciudad, allí no solo tenían acogida, sino que los fines de semana se preparaban las comidas que se extrañaban.

Fue a comienzos de los años 80 que recuerdo que siendo niño con un compañero de escuela nos divertíamos juntando las lentejuelas que se le caían a los danzarines y todavía siento esa sensación de ver pasar la fiesta y la letanía de los sonidos desde el terraplén del ferrocarril Belgrano Sur. Los bolivianos en los 90 llegaron en masa a Buenos Aires, expulsados económicos como mis padres, atraídos por el 1 a 1, o convertibilidad.

Para el provincialismo porteño, los bolivianos son todos iguales: usan lluchu, viven entre montañas con llamas, tocan zampoñas y mascan coca. Por suerte me compré una cámara filmadora, de esos aparatos que funcionaban con cassettes VHS y empecé a registrar todo lo que mi curiosidad me indicaba y allí fui conociendo la intimidad de mis paisanos, las tradiciones quechuas por el barrio donde nací más o menos las fui aprendiendo, pero en los 90 aparecieron los aymaras y empecé a entender la diversidad de Bolivia.

Cámara en mano me hice un coleccionista de festividades, barrios donde se instalaban bolivianos se hacían la forma de armar una fiesta con grupos de danzas del barrio e invitaban a otros paisanos de otros barrios para compartir. Ese fue el modelo antiguo, allí en los estandartes estaba el nombre de los grupos y las localidades y empecé a armar mi mapa.

Era en esos barrios del conurbano bonaerense donde las calles eran de tierra y vi bailar a los grupos de jóvenes que en esa acción reivindicaban su pertenencia cultural y por lo tanto era un acto político.

La reivindicación cultural como acto político

Durante casi 40 años Charrúa fue el epicentro donde todos los grupos querían estar, hasta que llegó la “wawa de Charrúa” y esos grupos de morenada que invertían fortunas para traer vestuario y banda junto con los jóvenes, mayoritariamente hijos de bolivianos, gestionaron trasladar toda esa militancia folclórica al centro político del país.

Un día antes del primer domingo de la Festividad de Charrúa fue el día elegido para ese desfile que no dejó de hacerse hasta el presente, por más cambios de gobierno o de conflictos entre las organizaciones folclóricas. Allí, en sus muros de Facebook, vi como otra generación mostraba con orgullo sus trajes, su identidad, por más que algunos ni conocieran Bolivia, ya que eran nietos de bolivianos.

Pasaron 25 años y estamos a meses de la celebración del bicentenario de Bolivia. Es una oportunidad para incluir en el relato de la nueva Bolivia a los bolivianos en el exterior que a veces se los ve con una mirada economicista, como proveedores de remesas o de votos en el cálculo electoral.

Así como los cambas, kollas y chapacos tienen su propia idiosincrasia, el casi millón de bolivianos en Argentina y unos 4 millones de hijos de bolivianos son un actor no reconocido que pide pista.

Se necesitan políticas públicas para que no nos limitemos a incluirlos solo en el discurso o recordar a algún familiar que todos tenemos y que vive en el exterior.

Texto: Guillermo Mamani Mamani

Fotos: Periódico Renacer

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Cuatro goles y una boda

El 9 de noviembre de 1941 The Strongest logró su victoria más recordada (3 a 1 vs Independiente de Avellaneda). La máxima figura argentina estaba de boda

Una foto del cotejo del Archivo Núñez del Prado

Por Ricardo Bajo H.

/ 3 de marzo de 2024 / 06:19

La gran figura de Independiente de Avellaneda no está en el gran partido. Han pasado cinco días desde que el club The Strongest venciera por tres a uno al campeón argentino y Antonio “El Maestro” Sastre aterriza en el aeropuerto de la ciudad de El Alto en un avión bimotor Douglas de la Panagra procedente de Buenos Aires. Llega con su flamante esposa, una joven porteña. Se han casado el viernes pasado, tiene 27 años de edad.

Su viaje de bodas no será un viaje de bodas. La pareja está de camino a Lima para que Sastre pueda sumarse a la gira de su equipo por el Perú y Chile. ¿Pudo la presencia de Sastre cambiar el resultado en el estadio La Paz? No lo sabremos nunca. Han pasado más de 80 años desde aquel 9 de noviembre de 1941 y todavía se habla de aquel “match” en la ciudad de La Paz. Sastre no era un jugador cualquiera. Era el “hombre orquesta”, era el ídolo de Independiente. Para algunos estudiosos, fue el inventor del fútbol moderno en Sudamérica.

El “Maestro” Sastre —el popular Cuila— lleva 10 años jugando para el “Rojo de Avellaneda”. Ha debutado en 1931. Pasa por todos los puestos (incluso fue arquero) hasta que llega a la posición de “insider” izquierdo. Es el primero que se atreve a dar pausa, a gambetear, crear y marcar goles.

El equipo ganador con la vicuña
El equipo ganador con la vicuña

El Independiente que llega a La Paz en noviembre de 1941 no es cualquier equipo. Viene de ser (bi)campeón de la Argentina en las temporadas de 1938 y 1939. Y de lograr la mayor goleada frente a su histórico rival (Racing). Aquel 7 a 0 de noviembre de 1940 todavía no ha sido superado.

Sastre convierte 115 goles en 32 partidos en el 38 y 103 en 34 “matches” en el 39. Un récord goleador que todavía hoy sigue en pie. La AFA (Asociación de Fútbol Argentino) lo considerará muchas décadas después como “el jugador más completo de la historia del fútbol argentino”.  Incluso será motivo de un tango famoso, aquel compuesto por otro maestro, don Isabelino Espinosa, que dice así: “Antonio Sastre, jugador completo / gran delantero y gran defensor / todos los puestos del fútbol nuestro / él ocupaba y siempre el mejor”. 

El ”Maestro” Sastre también será figura en Brasil, en el Sao Paulo (campeón en el 43, 45 y 46). Todavía hoy un busto suyo da la bienvenida en la entrada del Morumbí. Pelé llegará a decir que Sastre fue mejor que él. Nacido en Lomas de Zamora, panadero en el barrio de Flores y antiguo empleado de una fábrica de jabones, se casa en su mejor momento. Lo hace el primer viernes de noviembre de 1941. El equipo está en receso, a punto de iniciar una gira por Bolivia, Perú y Chile. Pide permiso para perderse el primer partido (en La Paz) y se compromete a viajar directamente a Lima para la etapa peruana y chilena del “tour”. Con él en cancha, Independiente perderá pocos partidos. Por eso, cinco días después de la derrota ante The Strongest, Sastre baja las escalinatas del avión bimotor Douglas de la Panagra en la ciudad de El Alto.

El periodista de El Diario que firma bajo el pseudónimo de “Ele Jota” sube al aeropuerto. Es el único. Fotografía y entrevista al “crack” argentino, vestido con impoluto traje, corbata y sombrero, como manda la moda de la época. Su flamante esposa —una joven porteña— viste un abrigo largo, un sombrero extravagante (no lo era en aquellos tiempos) y una melena rizada de color castaño. Ambos tienen gestos de cariño y complicidad del uno para el otro.

Titular de El Diario el 10 de noviembre de 1941 (arriba). La delantera de Independiente
Titular de El Diario el 10 de noviembre de 1941 (arriba). La delantera de Independiente

Sastre volverá a La Paz exactamente un año después. Esta vez sí llegará al partido y esta vez Independiente no caerá derrotado. Claro está que el rival no será el club The Strongest sino el club Bolívar, que perderá 3 a 7 con dos goles de Sastre. Pero esa es otra historia.

“Fue grande sorpresa la victoria de The Strongest en la hinchada de mi club y en las esferas deportivas bonaerenses. Consideramos que el nivel del foot-ball boliviano ha progresado enormemente ya que llegamos con nuestros jugadores titulares a excepción del centro half Raúl Osvaldo “El Negro” Leguizamón que está lesionado y sin mi persona. Pensamos que la derrota pudo ser por la fatiga del viaje y tal vez por la altura. Aunque yo en ningún momento he sentido ahora la menor alteración por la altura y creo que no es un factor muy importante en el desarrollo del juego. Lamento mucho no haber estado en el partido de La Paz y espero que el club The Strongest nos ofrezca la revancha”, dice Sastre.

El año 1941 no está siendo bueno para The Strongest. En el mes aniversario del club, abril, don Max de la Vega usa por primera vez el calificativo de “Tigres”. El rival del enfrente, el club Bolívar, sale campeón; van ya tres al hilo (desde el 39). Los gualdinegros están en una mala racha después de su último título en 1938.

Los cotejos amistosos internacionales son otra cosa; traerán las únicas alegrías a la hinchada del oro y el negro, incluso una victoria recordada en una y mil noches de nostalgia stronguista. El flamante “Tigre” jugará en el 41 ocho partidos contra equipos extranjeros que visitan La Paz; ganará seis y perderá dos.

La media docena de triunfos arrancan contra Aurora de Arequipa (2 a 1 en abril) y siguen con Nacional de Asunción (4 a 2, en mayo); Universitario de Deportes de Lima (4 a 0, en julio, por la Copa Presidente Peñaranda); Santiago Wanderers de Valparaíso (4 a 0 en septiembre); y la selección de Jujuy (5 a 2, en octubre). La primera derrota llega a finales de octubre contra los azulgranas del Foot Ball Club Piérola de Arequipa (por 2 a 3). El gualdinegro es conocido desde septiembre de 1931 (cuando derrotara a Almagro FBC de Buenos Aires) como el “Derribador de campeones”.  En diciembre caerá también contra Cerro Porteño (por la Copa Nuestra Señora de La Paz, por 2 a 3). Nota mental uno: ¿dónde estará la Copa Presidente Peñaranda?

Estamos ahora en noviembre del 41. Los diarios anuncian repentinamente la llegada del campeón Club Atlético Independiente de Avellaneda. Es el equipo más laureado que ha llegado al país en medio siglo de historia de fútbol boliviano. El “Rojo” va camino de una gira por el Perú (Lima y Arequipa) y Santiago de Chile. Pasa por la ciudad de La Paz y busca rival. Son muchos los equipos que quieren enfrentar al campeón. En un principio se anuncia que el club Bolívar —del gran Mario Alborta— será el elegido para chocar contra los “Diablos Rojos”. 

Maril, De la Mata, Erico, Sastre y Zorrilla
Maril, De la Mata, Erico, Sastre y Zorrilla

Los periódicos calientan el partido y comienzan a publicar fotografías, palmarés y costo de las transferencias de los grandes jugadores que van a llegar. La lista y los montos apabullan. Arquero Fernando Bello, 29 años. Conocido con el sobrenombre de “Tarzán”. Internacional. Su transferencia costó a Independiente 25.000 pesos argentinos. Ha recibido por concepto de prima 10.000 pesos. Cobra por sueldos y premios un promedio mensual de 800 pesos. Estamos en el inicio del profesionalismo en el fútbol argentino.

Arsenio Erico, “centre forward, 24 años. Transferencia, 50.000 pesos; prima, 10.000 pesos; sueldo y premios, 800 pesos. Vicente De La Mata, “insider” derecho, 23 años. Transferencia, 37.500 pesos. Sabino Coletta, “back” izquierdo, 28 años. Transferencia, 20.000 dólares. Los días siguientes se publican los datos de Manuel Sanguinetti, Celestino Martínez, Juan Maril y José Battagliero.

El periódico El Diario sugiere que el partido del año sea arbitrado por Julio Borelli, a la sazón director de fútbol del Comité Nacional de Deportes y “referee” de amplia trayectoria. Radio Nacional de Bolivia anuncia la transmisión radial del “plato fuerte” de la temporada 1941 mediante sus estaciones C.P. 3 en onda larga y C.P. 2 y C.P. 38 en onda corta. Radio Illimani hace lo propio en la voz del primer gran relator de fútbol, el olvidado “Chalo” Suárez. Finalmente el club elegido por “La Paz Foot Ball Association” (organizadora del “match”) es The Strongest. En un principio, sin refuerzos.

La delegación de Independiente formada por 22 personas sale el cinco de noviembre de Buenos Aires, vía ferrocarril. Se alojarán en el Sucre Palace Hotel del Prado. La organización del partido (visas y alojamiento) tiene un costo de dos mil dólares, al cambio de la época, 120.000 bolivianos. “Para financiar la visita, La Paz Foot Ball Association, ha gestionado un préstamo de dos mil dólares. Si no se obtienen las divisas del Banco Central tendrá que adquirirlos de la bolsa negra”, dice el periódico El Diario. En la ciudad de La Paz está esos días para actuar en el cine Ebro el famoso Trío Calaveras, los “reyes de la canción mexicana”, el conjunto musical que acompaña al mítico Jorge Negrete.

Una foto del encuentro
Una foto del encuentro

En las prácticas del “Tigre” en el estadio La Paz aparecen los primeros refuerzos. Llega el arquero de Club Always Ready el chileno Horacio Amaral (para ser suplente del titular gualdinegro Vicente Arraya) y su compañero del CAR Rosell. Y se presentan jugadores del club Bolívar como el “back” Rojas, los “halves” Calderón, Terrazas y Martín Saavedra y los delanteros Plaza y Romero. Junto a ellos Ríos y Arce. Nadie quiere perderse el acontecimiento. Finalmente se decide que el plantel titular será de puro stronguista y los refuerzos de otros clubes irán a la banca junto a los suplentes gualdinegros para ingresar a lo largo del encuentro.

El “eleven” titular sonará así: Arraya; los “Albertos” en la zaga, Bautista y Achá; Emilio “Chato” Grájeda, Raúl Balderrama y Carlos Morales al medio; “El Negro” Gamarra, Hugo “Pichín” Viscarra (el único sobreviviente del partido contra Almagro del 31), Serapio Vega, “Pisa” Rodríguez y Zenón González. Reservas: Amaral, Rosell, Ezequiel “El Mudo” Calderón, Remberto López, “Calichín” Morales y Plaza.

El Tren Panamericano que trae al campeón argentino llega a las 19.50 a la Estación Central de los Ferrocarriles de Viacha. Han sido tres largos días de viaje. Son recibidos por miles de aficionados y autoridades del Comité Nacional de Deportes, representantes de la Federación Boliviana de Fútbol y “La Paz Football Association”, amén de instituciones públicas paceñas y el cónsul general de la Argentina, Carlos Alberto Goñi Demarchi. El “Negro” Fernández, el hincha número uno del club The Strongest, también se hace presente como buen anfitrión.

El presidente de la delegación de los “Diablos Rojos”, Antonio Jauregui, dice nada más llegar: “estamos encantados de visitar Bolivia y muy agradecidos por todas las atenciones recibidas. Bolivia es un país maravilloso, necesita de una inmigración beneficiosa para alcanzar el progreso que le corresponde. Independiente ha salido de “jira” para colaborar al incremento del fútbol en Bolivia, Perú y Chile. No perseguimos como finalidad el lucro. Eso de la altura me parece exagerado, les diré que me siento muy bien”.

Los vítores a la Argentina y a Independiente se escuchan en toda la estación de Viacha. Los 17 jugadores y el director técnico (y kinesiólogo) José Cuesta Silva (ex boxeador y jugador de rugby) reciben ramos de flores. El flamante fichaje paraguayo Bienvenido Paranza es el último en incorporarse a la “jira” del “Rojo”. En automóviles particulares y del servicio público son trasladados hacia El Alto para luego bajar al hotel Sucre en pleno Prado paceño. Cuando llegan a la Ceja, los argentinos quedan maravillados por el espectáculo de la Hoyada. El arquero Bello declarará después en el hotel: “La Paz es la ciudad que más me ha gustado de todas las que conocí por sus líneas quebradas”.

La venta de entradas va rumbo a toda vela. Se terminarán y el estadio La Paz (inaugurado hace 11 años en 1930 como “Gran Stadium Presidente Siles”) estará repleto. Una foto panorámica del fotógrafo Muñoz (para el estudio de A. Núñez del Prado de la calle Sucre) quedará como documento para todos los tiempos. La hinchada stronguista/paceña agota las entradas que se venden en el Sucre Palace Hotel, en la sede del club Bolívar de la plaza Pérez Velasco, en la plaza Murillo y en el propio estadio miraflorino. La preferencia está a 25 bolivianos con la media a 12; y la General, a 15 con la media a ocho. Se recaudarán 303.686 bolivianos.

Delantera de Independiente: Sastre, Erico y De la Mata
Delantera de Independiente: Sastre, Erico y De la Mata

Conocida la ausencia de Sastre, todos quieren ver al paraguayo Arsenio Pastor Erico Martínez, asunceño de abuelos italianos. La FIFA lo reconocerá —décadas después— como el mejor futbolista de toda la historia del Paraguay. Hasta hoy tiene el récord de máximo goleador de toda la primera división argentina con 293 goles. “El saltarín rojo”, por su potencia a la hora de elevarse para los testarazos, atiende a la prensa deportiva de La Paz en el “hall” del hotel Sucre. “Quiero hacer llegar a los stronguistas las expresiones de mi más cordial afecto y saludar a su hinchada que domingo a domingo contribuye al incremento del foot-ball boliviano”.

Al día siguiente, domingo 9 de junio de 1941, el estadio La Paz ofrece un lleno absoluto: 28.000 personas. Hay gente de pie en los pasillos más altos de la General, hay personas sentadas en el edificio superior a los palcos, se ven hinchas del Tigre trepados al obelisco en la curva norte, hay personas sentadas en los muros que dan a la flamante avenida Capitán Hugo Estrada, la de circunvalación del estadio. Incluso una mujer de pollera hace malabarismos para no caerse en lo más alto de un pilar del edificio central de la cancha. Detrás del arco que defiende Bello, en la Sur, se pueden contar más de 80 personas, la mayoría policías, están prácticamente metido dentro del “field” junto a los dos jueces de gol con pantalón largo blanco.

El árbitro, finalmente, no es Borelli Vitterito. El “referee” se apellida Frankenstein, colaborado por Urquizo y Uría, como “linesmen”. Hans Walter Frankenstein. Nada que ver (más allá de su apellido) con el doctor Frankenstein, “el moderno Prometeo” que creara la escritora inglesa Mary Shelley un siglo y medio antes. Hans Frankenstein había llegado a la ciudad de La Paz unos años antes huyendo de la persecución nazi. Era árbitro, era austriaco y era judío. Después de la “Noche de los Cristales Rotos” del 38, un centenar de árbitros judíos austríacos fueron excluidos de toda competición. Hans Walter y su familia terminan en Bolivia acogidos por el gobierno boliviano. Su hermano, Gregorio Frankenstein, llega a pelear como boxeador en La Paz.

Las buenas actuaciones de Frankenstein como “referee” lo llevan a ser designado el colegiado del partido más importante del año. No por nada, el vienés es uno de los mejores árbitros europeos con más de 20 partidos internacionales de selección dirigidos. Frankenstein se había metido a “referee” tras sufrir una grave lesión como arquero. Llega a jugar en el fútbol austríaco y alemán en clubes como el Vienna Cricket and Foot Ball Club, el Wiener AF y en equipos de Frankfurt y Offenbach.

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A las 15.30 “herr” Hans Walter Frankenstein da el pitazo inicial entre serpentinas, cohetes y bombardas lanzadas desde las graderías. Antes, en el partido de reserva, Bolívar ha ganado por 3 a 1 a Deportivo Ferroviario. “El aspecto es verdaderamente bello, de un lado completamente llenas las tribunas de preferencia y enfrente la peculiar policromía que produce el contraste de los coloridos trajes de nuestras mujeres de pueblo con las vestimentas usuales del resto de la concurrencia. Reina en el ambiente una ansiedad pocas veces vista, una expectativa que por cierto tiene razón de ser”. Así arrancará la crónica de “Jota Ele” en el Diario al día siguiente.

Las escuadras, finalmente, forman así. The Strongest, dirigido por el emblema del club Froilán Pinilla, con Arraya; Bautista y Achá; Grajeda, Balderrama y Carlos Morales; “Pichín” Viscarra (capitán), Gamarra, Serapio Vega, Rodríguez y González. El ”Tigre” cumple, los 11 son todos stronguistas y posan para la prensa con la vicuña, mascota y amuleto del club.

Independiente salta así: Fernando Bello (capitán); Carlos “Cacho” Aldabe y Sabino Coletta; “Pepe” Battagliero, Toledo y Celestino Martínez; Juan Maril, Vicente De La Matta, Arsenio Erico, Jorge “Campolo” Alcalde y Bienvenido Paranza. En el intercambio de regalos, Bello obsequia a Viscarra un gallerdete (ver foto). Nota mental dos: ¿dónde estará ese hermoso recuerdo?

Foto de un gol

Viscarra luce el regalo de The Strongest, un gallardete

Las filas para el ingreso

Desde el palco oficial lo mira todo el mismísimo presidente de la República, el General Enrique Peñaranda del Castillo, nacido en Sorata (La Paz). Lleva año y medio en el cargo y en dos años más será tumbado por el mayor Gualberto Villarroel, nacido en Villa Rivero (Punata, Cochabamba). No sabemos si Peñaranda disfruta a plenitud el partido pues es socio del club Bolívar y desde su llegada al poder es presidente honorario del club celeste. Se alegrará —sin lugar a dudasù cuando tres jugadores de su equipo (Rodolfo Plaza por Gamarra; “Calichín” Morales por Rodríguez; y López por Valderrama) entren al cuarto de hora de iniciado el choque, eso sí, con camisetas gualdinegras.

El primer gol llega en el minuto cuatro. Es un pase de “Pichín” Viscarra para Serapio “Cabecita de Oro” Vega que —con pañuelo blanco anudado en la cabeza— dispara un potente “shoot” contra la valla de un impotente Bello. Rápidamente empata el paraguayo Arsenio Erico, como no podía ser de otra manera. En el espectacular salto del “Hombre de goma”, Grájeda le hace la cama, cae mal y el “crack” se va lesionado. El peruano Alcalde pasará a ser el “centro forward” y en su lugar entrará Coll. Sobre el final de la primera parte, el Tigre se pone delante del “score” de nuevo con gol del “forward” Zenón González.

La segunda arranca igual que la primera, con un gol de Serapio Vega en el minuto uno después de agarrar un rechace de Bello tras disparo de González; es el tercero y último del partido (ver foto). Muchos han llegado a ver a Erico y acaban aplaudiendo a otro goleador de leyenda, el cochabambino de Vinto Serapio Vega Saavedra. “Cabecita de Oro” había llegado ese año al equipo de la calle Colón procedente de Ferroviario tras su paso por The Strongest Catavi, una de las filiales del “Tigre”. No sabemos cuantos goles marcó en los años 40 Serapio Vega, sabemos que saldrá campeón con la oro y negro en 1943, 45 y 46.

En la valla local se luce Vicente Arraya Castro. El “goalkeeper” orureño impide en múltiples ocasiones que las estrellas argentinas acorten el marcador. Es el mejor del “match”, va vestido totalmente de negro. Todavía no le dicen “La Flecha andina”. Faltan tres años para que lo fiche Atlanta de Buenos Aires. Será el arquero indiscutible de la selección boliviana toda esa década de los cuarenta.

Cuando Frankenstein pita el final del “match”, La Paz es una fiesta. La hinchada camina hacia los lugares de diversión de la noche paceña, entre ellos el Lido Grill que acaba de abrir en el Prado. El presidente de la delegación argentina, Antonio Jauregui, comienza a poner excusas: “los muchachos jugaron cansados; faltó Sastre, que es el cerebro del equipo; se lesionó Erico y Alcalde no jugó en su lugar después. De La Matta tuvo que hacer de inter derecho y en su puesto jugó Coll, que no es un “player” experimentado. Nuestro arquero Bello jugó enfermo, lo pudo constatar el presidente de La Paz Foot Ball Association, el doctor Alfredo Mollinedo. Cuando volvamos de Lima queremos revancha”.

El periodista “Ele Jota” es categórico: “The Strongest obtuvo ayer la más grande victoria deportiva para Bolivia. Y obtuvo ese triunfo a base de inteligencia, efectividad de juego, empuje y decisión”. Al día siguiente, en autocarril expreso rumbo al puerto de Guaqui, Independiente abandona La Paz. Toman el vapor “Coya” para atravesar el Lago Titicaca, camino a Puno. En medio de la travesía por el “Lago Sagrado”, los argentinos todavía se preguntan: ¿y si el “Maestro” Sastre no se casaba?

Texto: Ricardo Bajo H.

Fotos: Archivo revista Litoral, estudio Núñez del Prado y periódicos La Razón y El Diario

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