Monday 22 Apr 2024 | Actualizado a 03:24 AM

Mi hermano primo Ramón

/ 24 de diciembre de 2023 / 06:09

El viernes 15 de diciembre fue el homenaje a mi hermano primo, el escritor Ramón Rocha Monroy en la Fundación Simón I. Patiño de Cochabamba.

Ch’enko total

El viernes 15 de diciembre fue el homenaje a mi hermano primo, el escritor Ramón Rocha Monroy en la Fundación Simón I. Patiño de Cochabamba. La sala escogida para el evento no era la adecuada, con capacidad para unas 80 personas sentadas, se vio rebasada por la cantidad de gente que asistió, quedándose afuera la mitad de los espectadores. Luego de una hora de retraso, por fin se inició el evento con ponencias literarias a cargo de escritores como Gonzalo Lema, Vilma Tapia, Antonio Terán, Xavier Jordán, Alex Aillón y Ricardo Bajo. Ramón ingresó a la sala como un rockstar: la gente quería tocarlo, abrazarlo, besarlo… sorprendido estaba por tanto amor desbordado. Sí, este evento rebalsaba de amor.

Luego de los literatos ingresaron tres grandes actores paceños: Cristian Mercado, un gran artista y mejor persona; Pedro Grossman, renovado, maduro; y la hermosa Erika Andia, con su sonrisa cautivadora. Fue lo mejor de la noche. Casi sin tiempo, montaron una obra virtuosa basada en la novela El Run Run de la calavera (1983), un lujito de performance poblada de cariño por el autor. Inmediatamente ingresó mi persona, decidí tocar la canción El Olvidado, tema que cuenta la historia de nuestros abuelos comunes, Manuel Monroy y Conchita Block, canción complicada que se me hizo aún más difícil pues no había luz en escenario, se apagaba la luz de sala y todo era obscuridad. Ahí estuvo el apoyo de mi amigo Cristian Mercado, que ingresó con una linterna salvadora alumbrando la letra, por cierto, difícil de memorizar, más aun por los coctelitos que circulaban clandestinos fuera de escena. Seguidamente leí el texto dedicado a Ramón, que en sus partes destacadas indica:

“Tengo pues mi hermano primo, un cochala fornido, de gran humor, inteligencia rápida, escritor de verdad. Yo tenía 12 años, el dictador Banzer perseguía a mi padre, mi mamá me presionaba con el estudio de la guitarra clásica, el universo musical se acababa en los preludios de Tárrega y Sor. Entonces apareció en nuestro depto. de Sopocachi un veinteañero con su barbita rala, manso de provincia, quijada romana, jopo de galán, con aire de mi hermano mayor. Nos sentamos en la cama, agarró la guitarra y cantó afinadísimo una canción de Litto Nebbia… ‘Ámame o déjame, nena…’, cantaba con gesto de parto, este mi hermano primo Ramón. Cuando acabó la piecita, sentí que el Ramón me había abierto las ventanas aladas de la canción. Como algo ilegal, le pedí por favor el pase de los acordes. Mi madre, siempre rigurosa, académica, exalumna de Andrés Segovia, no apoyaba que yo cante, pero el Ojo de vidrio plantó nomás en mi alma la semilla de la insurrección. El Ramón apareció unos años después como revolucionario perseguido por el narcodictador García Meza, con toda la familia tuvimos que salir al destierro mexicano y nos fuimos a vivir a una ladera que se llamaba Tlalpan. A veces, cuando la sobrevivencia se distraía, nos veíamos y cantábamos. Un viernes fuimos a un bar azteca bien popular a tomar pulque, en la puerta de ingreso había un letrero que decía: ‘prohibido el ingreso a perros, lustrabotas y señoritas’. Sonreímos cómplices, brindamos y cantamos rancheras hasta el amanecer. En la mañanita, tomamos un pesero hasta Coyoacán, eufóricos le tocamos el timbre a René Zavaleta Mercado, que abrió la puerta con un tequila en la mano y su hijo Pablo abrazado a la guitarra trasnochada: era el chaqui perfecto. El exilio pasó —menos mal— rápido, el Ramón hizo su maestría en ciencias políticas, que lío el que armamos en el aeropuerto mexicano cuando el añorado retorno, no podíamos pagar el sobrepeso de tanto libro, nos pusimos a regalar tomos de Kant y de El Capital a los pasajeros.

Ya en democracia, mi hermano primo Ramón fue viceministro de Culturas, se casaba, se divorciaba, teníamos unas tertulias intensas, apuntalaba generosamente mis canciones. De pronto se nos cruzaba la misma idea, la misma frase, ya no sabíamos quién era el autor, por ejemplo, lo de hermano primo, o bobalización o aquella metáfora del anticucho enamorado. Aquella época aguda de mi canción Metafísica Popular lo trae a mi memoria llamándome a las dos de la mañana para decirme: ‘tengo una, escucha ps el minuto de silencio’… De ese final de los ‘90 nace la novela Ladies Nigth que Ramón tuvo la generosidad de dedicármela.

Moriremos cantando, Ramón. Pero, sobre todo, viviremos cantando, mi hermano primo, tú bien sabes, los parientes cercanos son bien lejanos, ¿no ve? ¿Te puedo citar? Mañana a las 6.00 nos vemos en aquella nube, la del tío Sixto. Porque es mejor que te lo diga ahora que podemos olernos y no cuando seamos una piel envuelta en huesos: te kero sin i”. Entonces emprendí con mi huayño Bien le cascaremos.

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La velada continuó con las bellas cuecas de Willy Claure y con el ensamble Run Run integrado por Manu Rocha, Nico Suárez, Miguel Crespo, Chelita Rivera y la impresionante voz de una joven cantante cochabambina, Viviana Cardozo. Al final, todos cantamos Devuélveme la piel, una gran canción compuesta en música y letra por el entrañable Ojo de Vidrio.

Bueno, ahora sí: les deseo a todos Uds. una Navidad repleta de amor y comprensión y un año 2024 llenito de sabiduría y mucha alegría de vivir. Ingresamos en receso hasta nuevo aviso.

El papirri: personaje de la Pérez, también es Manuel Monroy Chazarreta

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Tigre campeón 2023

Con tanto lío en el fútbol boliviano, chicanas, peleas, dirigentes y negociados, una federación de fútbol impresentable.

Por El Papirri

/ 3 de diciembre de 2023 / 06:48

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Con tanto lío en el fútbol boliviano, chicanas, peleas, dirigentes y negociados, una federación de fútbol impresentable, guerra sucia, campeonatos paralizados, técnicos que vuelven y se van; sinceramente ya no pude dar seguimiento pulcro a la campaña de mi equipo, el gran The Strongest. Entonces mi nieto adoptado instruye: vamos al partido.

–Papito, tengo que volver a Cochabamba, tu abuelita está solita, no voy a poder.

–¿Cuándo vuelves?– dice el súper nene de seis años masticando algo.

–El viernes, papito, la próxima vamos a la cancha.

De pronto, llamada de mi amigo Tigre, el Weimar, hermano, vamos al partido el domingo, si empatamos o ganamos somos campeones.

–¿Quééé? ¿En seriooo? ¿De qué liga, pues?

–De la liga boliviana, Papirri, le vamos a ganar al Bolívar 2…

–¿Cuál es, pues?

–El Always, voy a comprar las entradas– dice y cuelga antes de que le hable de mi presión. Ya estaba tres días en La Paz, tenía pase a bordo para retornar a la llajta. Incertidumbre.

–A mí no me crees y a ese tipo sí. Qué pasa, pues, abue. Para qué cantas entonces “negro y amarillo, te llevo en el alma” – dice el nene precoz en un lenguaje de grandes. Entonces llamo a la esposa.

–Parece que el asunto es serio, amor. Hoy es jueves, tendría que viajar mañana, pero parece que el domingo somos campeones– le digo implorando.

–Abuela, no molestes, vamos a ir a la cancha– grita el Matías comiéndose un moco. Entonces me empiezan a salir las garras de Tigre viejo, siento que mis dientes se hinchan, sobre todo los caninos, el pecho surge grandioso con pelaje blanco, veo mis brazos ahora musculosos, aurinegros, con índole de varias batallas, me lamo la última herida debajo de la costilla izquierda, la del último campeonato cuando salimos segundos otra vez, mis piernas se vuelven troncos pulidos, mi cabellera se enciende de negro y amarillo.

Voy corriendo a BOA, el corazón se me sale y no me importa, doy zancadas de Tigre africano. “Señorita, deseo cambiar mi pasaje, mañana viajaba, pero el Tigre va a salir campeón, para el lunes a primera hora, o mejor a segunda, ¿a las 10? Ok, ok”. Salgo de BOA, me baño con la lluvia paceña, todo me vale madres, el Tigre, mi club The Strongest, va a salir campeón. Al día siguiente el Weimar dice: “estoy filando en Achumani, parece que no hay entradas, vas a tener que ver otro camino, disculpas Papirri”. Desánimo. Entonces aparece el Matías con su tabla de skate aurinegro, me pasa rozando el hocico, mi lomo le sirve de pista, vuelve y va, toma en el aire una galleta: “¡Viva el Tigre Campeón!”, grita.

–Papito no hay entradas, qué hacemos, ya cambié el pasaje…

–No lloriquees, abue, vamos a conseguir. Somos del Tigre, además vos eres el Papirri, ¿nooo?

Volamos agarrados de su skate aurinegro, vamos a dejar flores a la tumba de mis padres, devoro pasto, mucho pasto, tomo agua del Choqueyapu como antes, seguimos planeando y riendo. Llega el día del partido, mis garras tiemblan, es domingo nublado. Voy a la cancha, llego a la curva sur, son las 9.30 y ya hay cola, recorro, olfateo tigres, nada de entradas, llego desalentado hasta el inicio de la general, veo un enjambre de tigres devorando a un pitufo, salto el charco de sangre celeste, aparece un revendedor: “entradas, entradas”. “Dame una curva”, le digo en africano. “No hay –contesta en aymara– solo general a 70 bolivianos”, el precio normal es 40. “Ya, dame dos”, le digo en siberiano. Feliz con mis dos entradas devoro una salteña prohibida: ya tengo entradas, carajo.

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Entonces vuelvo a mi guarida, me pongo mi chamarra atigrada, mi camiseta amada firmada por el Pájaro. Tocan el timbre, es el Marraketa Blindada cargando el skate aurinegro con el Matías en el hombro. “Compré una entrada demás pensando en ti”, le digo en abrazo atigrado. Saca su celular, filma todo. Llegamos a la cancha, esta full tigres, todos quieren sacarse una foto conmigo, un grupo de tigres jóvenes me hace brindar un trago terrible, otro me da un beso en el ojo, una señora me abraza y suena la costilla, así… unas 50 fotos. Cuando nos íbamos a la general aparecen dos tigres de la Ultra Sur: “Dónde estás yendo Papirri, na’k ver general, vamos a la Ultra”. En aquel momento me abren cancha con una trompeta y aparezco con el Matías y el Marraketa en el corazón de la Ultra Sur, estallan los polvos amarillos, los cuetes encienden la tarde, se inflama la bandera aurinegra gigante, entra el Tigre a la cancha, cantamos “Por suerte soy atigrado”. Emoción, pura emoción, el Matías vuela con su skate aurinegro llegando al arco del Viscarra, lo abraza, vuelve volando. El Marraketa me pide las entradas, “voy a venderlas, Papirri, necesito kibo”, buscamos y buscamos en mi mochila, no hay las entradas, las habíamos dejado en la otra mochila… nos cagamos de risa. Entonces… goooollll del Tigre, nos abrazamos, nos besamos, saltamos de emoción, mis garras se exaltan, la tarde es aurinegra, me siento joven, me cago en la presión. El Bolívar 2 nos empata. Llego al final del partido, literal, al borde del infarto, cierro la tarde con el grito de guerra: “¡Stronguistas: Kaaalatakaya warikasaya!”. “¡Hurra, hurra!”, responde la Ultra Sur y hace temblar el stadium. ¡¡Que viva el poderoso Strongerrr!! ¡¡Que viva carajooo!!

Somos campeones. Luego de siete años. Somos campeones carajo.

Texto y Foto El papirri: personaje de la Pérez, también es Manuel Monroy Chazarreta

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Jaker

Luego de 15 días en La Paz más que intensos, llegaba a Cochabamba a descansar, a ver la Champions, a rascarme todo

Por El Papirri

/ 19 de noviembre de 2023 / 06:57

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Luego de 15 días en La Paz más que intensos, llegaba a Cochabamba a descansar, a ver la Champions, a rascarme todo, a rumiar el último concierto en el Municipal, a dormitar suave. Con un ojo miraba el partido, con el otro miraba la tarde. De pronto aparece un mensaje en mi WhatsApp con código internacional: “Somos de la empresa WhatsApp, hay otro teléfono que está queriendo utilizar este número, ponga el SMS que le mandamos, son 4 dígitos, comprobaremos así que usted es el propietario, tiene 30 segundos”. ¡Justo goool de Atlético Madrid! Veo el SMS, lo copio, lo mando a ese número y listo: me cagaron. Me jodieron el descanso, el partido y la tarde; todo se volvió tensión, desesperanza…

Se queda un mensaje congelado que dice que ponga un pin, que si no lo sabía me mandarían uno nuevo a mi correo electrónico… Nada. Nunca había yo puesto un pin en el WhatsApp. Nunca llega el famoso mensaje al e-mail. Se pudre ahí mi mirada colectiva: siento la agresión en los ojos, habían penetrado en mi privacidad, me viene un ataque de ansiedad. Ken merda será, una desconfianza atroz atrapa mi alma. De pronto suena el teléfono, es mi querida cantante: —Manu, ¿tú me estás pidiendo plata? —Nooo, cómo pues Diana… —¡Están pidiendo plata por vos! Ponen la foto con tu hermano, mandan un QR…—Qué gran put’s.

Dejo el partido, prendo la compu emputado, ingreso a mi face, puedo ingresar sin dramas. ¡Uf, menos mal! Escribo un mensaje póstumo: “Algún imbécil a jakeado mi watsap, por favor no les den plata, están pidiendo dinero a mi nombre con QR, no les hagan caso…” Suena el teléfono, es mi sobrina hippie amada —¿Tío, te pasa algo? Me están pidiendo dinero, 10 mil bolivianos que precisas urgente. Ahorita no tengo, pero conseguiré, dame unos días, tío. —No, no, hijita, son jakers…—¿Quién, qué?, te escucho entrecortado. —Son hakers, con “h”, entonces. No necesito dinero, son estafadores, ¿dónde estás hijita? —En Río Abajo, pues, tío, no te escucho bien, te llamare más tarde”.  Silencio…

Entonces llega la semana de angustias, reboto del técnico cubano a Entel, de allí al técnico cubano. En Entel una señorita comiendo un silpancho me dice algo así como nosotros na’k ver con watsap. El técnico cubano, radical, dice en Caribe: “no hay otra, tendrá que ser otro número, chico, no hay nada más que hacer”. Un joven amigo que sabe de estas cosas me aconseja que marque **//++60*, sale un chorizo de número, se lo leo, —hay un 1 al final… Uy, te clonaron el teléfono Papirri… han hecho un espejo con tu teléfono. —Y ahura.

Desesperado compro un chip en cualquier tienda, lo pongo apenas, cada vez veo peor. Al día siguiente vuelvo a la compañía de fonos. —Este chip está mal, dice un joven maduro con pinta de japonés, voy a mantenerle el número, pero hay que cambiar de chip. Salgo cabizbajo con un nuevo número que nunca pude recordar.

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—Por favor, me jakearon el watsap, este es un numero de emergencia, le escribo a una compañera de trabajo. —¿Lo agendo o no?, contesta de mal humor. —No sé —le digo— y la tarde lanza un eructo a chicharrón que casi voltea un molle viejo. Rápido y concreto, el jefe de mi trabajo pone el nuevo número en la red de watsap. Escribo a un colega siempre amable a su watsap personal desde el nuevo número contándole el drama, es un caballero setentón intelectual, se asusta… nunca contesta mi mensaje en ninguneada total. Al cuarto día sin watsap me llega un hálito de ángel, una calma sospechosa. Esta calma me está estresando digo, siento que talvez podría ser interesante tener un nuevo número. Le escribo a un amigo querido contándole lo sucedido. —¿Y cómo sé que eres vos?, responde en carcajadas de emojis. Al quinto día pido socorro a un pariente de mi mujer que alguna vez había trabajado en Viva, viene al depto., mira todo, muy desactualizada tu compu, tienes que poner nuevo World, dice, asquiento. Entra a unos tutoriales, leyendo fúnebre dice: Tienes que esperar siete días. —Desde cuándo? —, le imploro. —Desde el día del jaker—, dice con cara de Halloween mientras una nube gris se choca con el cerro lanzando un granizo plomizo. Le quiero pagar. “Jamás, viejito”, dice, pellizcando mis cachetes.

Por fin llega el día siete. Lloriqueando extraño los mensajes de mi comunidad de Tigres, sollozo saudade de los reclamos de la red del edificio, extraño los avisos de la red de artistas. Ya sin esperanza llamo al sobrino empresario que instruye: “consúltale a nuestro técnico de computadoras”. Adjunta el número de William Gonzales, quien llega el día ocho a las nueve armado de susurros. Se sienta frente a la compu, saca una foto del mensaje congelado, parece que está orando, pidiéndole al cibersanto del ciberespacio compasión entre susurros, pasa una hora mientras doy vueltas como huayronko (¿es un ave?). De pronto se enciende el mundo, el sol pasa rebotando de techo en techo, todo se inflama de luces. El amigo Gonzales —capo bárbaro— logra destrabar aquella imagen congelada que pedía un pin inexistente. Lo abrazo, le beso la pajla, grito retrasado el gooool del Atlético. El técnico mira sabiamente el número del jaker y en tres clics mágicos lo denuncia y desaparece tragado por la cibervida y sus algoritmos. Fue así que se enciende el mundo con mis amados contactos cultivados en años, beso mi watsap histórico. Entonces suena el teléfono. —Tío, te he depositado 3 mil al QR que me mandaste, por ahora tengo eso—, dice mi sobrina hippie amada con una voz ahogada en álamos desde Río Abajo.

El papirri: personaje de la Pérez, también es Manuel Monroy Chazarreta

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Hashimete

Luego de la gira Mirando al Sur me siento agotado y emocionado.

/ 8 de octubre de 2023 / 06:45

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Luego de la gira Mirando al Sur me siento agotado y emocionado. Hacía años que no tragaba tantas horas de carretera en bus, viajar 10 horas, llegar a una terminal al amanecer, no saber qué hacer, esperar a los organizadores, etc. Los japoneses llaman a esta primera experiencia el hashimete, y —según lo que pude percibir en cuatro años en Japón— es muy importante. El hashimete abre derroteros, disipa calzadas, es la sorpresa, la angustia, la incertidumbre del no saber bien, es la primera vez. Por ejemplo, el hashimete en Salta, pues no la conocía, bella ciudad repleta de música popular. Pero antes, en Tarija, el hashimete fue tocar con músicos tarijeños, el baterista Subirana venía del rock, habíamos tocado con Octavia alguna vez, pero montar todo un concierto fue difícil. Tocamos por primera vez con el violinista Beto Vidal y con los bombos de Milton Achá. Este año 2023 cada uno de mis conciertos fue un hashimete, he dado 20 conciertos diferentes unos de otros, siempre con nuevos músicos, he tocado cerca de 80 canciones mías, todas diferentes. En Tarija me gustó mucho volver a cantar la canción que hicimos con Robertito Echazú, Camino y cal, sobre un poema del vate tarijeño. También emocionó homenajear a Nilo con mi cuequita Un día con el Nilo. Y homenajear al gran guitarrista Fernando Arduz con una cueca mía que le gustaba: Tengo serias intenciones. Bella está Tarija. 

Hashimete el viaje en bus Tarija-Salta. Llegamos un domingo a las cinco de la mañana, era de noche. Nos fuimos nomás al hotel y estuvimos como búhos rondando hasta que nos permitieron ingresar al cuarto. Festejar mi cumpleaños 63 en Salta fue chistoso. Hashimete un cumpleaños en Salta. La charla conferencia que di el martes 19 de septiembre fue importante para algunos alumnos de la Escuela Superior de Música que en hashimete se enteraron de los Pioneros de la canción en el sur de América. Fue emocionante conocer a Juan Pablo Zamora, un joven cuarentón que llegó a la charla con mi segundo LP Cuenta cantos, con mi primer libro de crónicas y con un afiche de los ochentas de un concierto mío que en la parte de atrás contenía una carta para su recordado padre, un gestor cultural que conocí en el año 1984 y que me llevó a tocar a Tarija en su centro cultural llamado El Portón de la Palmera. Pablo era niño cuando me conoció aquella vez, mis canciones fueron la banda sonora de su infancia. El guitarrista y amigo salteño, Nicolás Vaca, fue el productor del concierto que realizamos en el auditorio Pro Cultura en el centro salteño el miércoles 20 de septiembre, con asistencia de decenas de migrantes bolivianos que aparecieron con la Morenada Mejillones de Salta, interpretamos juntos mi morenada Mamita Cantila en hashimete.

Foto. El papirri

El viaje Salta-Santiago se diluyó todo el jueves, entre calores y carreteras. Hashimete este viaje que por suerte lo hicimos de noche al retorno. Llegamos a Santiago del Estero y todo se iluminó. Mi madre y mi abuelo en su energía cósmica nos esperaban en la terminal y nos llevaron en auto al Hotel Libertador. Azorados supimos que quedaba al lado de la Capilla de la Montonera, lugar donde se casaron mis padres. Allí pude divisar el recuerdo que había dejado la pareja en la puerta de la Capilla, una virgen de la Merced labrada en piedras de colores, con la frase: “Recuerdo del matrimonio de los esposos Monroy Chazarreta, 21 de octubre de 1951”. Pura emoción. Entonces apareció el organizador del evento, un santiagueño gran tipo, un ángel del camino que yo no conocía personalmente, le dicen el Sensei (Miguel Aeie), es amigo de todos los músicos. Sensei tiene un almacén con el que lleva adelante el hogar con esposa y tres hijas. “Hashimete, Sensei”, le dije cuando nos encontramos. El concierto del 22 de septiembre en el espacio cultural Sixto fue muy hermoso, tocamos con tres bandas de Santiago muy reconocidas: Los Hermanos Simón, La brasita de mi chala y el interesante cantautor Enrique Marquetti. Ese viernes 22 en la mañana fui a reconocer la casa de mi abuelo: me esperaba mi madre sudando en su vestido de nubes celestes. La portada de la casa está hermosa, bien restaurada. En la verja —el patio de entrada— está mi abuelo, siempre serio y profundo en su reciente busto. Al ingresar pude ver los dos cuartos delanteros de la Casa Museo Andrés Chazarreta, declarado el Padre del Folklore Argentino. A la izquierda, una vitrina con sus guitarras, su bombo, su poncho. En la pared, seis iPads contienen en digital información valiosa, varios discos, imágenes de la compañía de arte nativo, fotos históricas. En el segundo cuarto están 400 discos de vinilo de 35 revoluciones, el escritorio del abuelo, la vitrola, decenas de diplomas de mi infancia. Los patios internos son ahora el Archivo de la Provincia de Santiago del Estero. Creo que una de las cosas más importantes que hice en mi vida fue luchar por la preservación de esta memoria. Bueno, el retorno fue difícil, hashimete todos los kilómetros de nuevo, todo en una semana. Valió la pena. 

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Deseo invitarles este sábado 14 y domingo 15 de octubre a mis conciertos en el Teatro Municipal de La Paz, mi ciudad, celebrando 44 años en la canción boliviana y 475 años de la fundación paceña. Hashimete para algunas canciones, como la dedicada a Chabelita Viscarra. Los esperamos. Vengan pues. Le cascaremos como si fuera hashimete.

El papirri: personaje de la Pérez, también es Manuel Monroy Chazarreta

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Mirando al sur

Me enteré de que te vas de viaje, Papirri. ¿En qué consiste la gira Mirando hacia el Sur?

/ 17 de septiembre de 2023 / 06:06

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Me encontré con un amigo periodista en El Prado paceño, quien me agarró del brazo, me hizo sentar en un banco, encendió su grabadora y comenzó a preguntar.

— Me enteré de que te vas de viaje, Papirri. ¿En qué consiste la gira Mirando hacia el Sur?

— Recibí una invitación del director del Festival de Guitarras de Salta, Argentina, para tocar en el Auditorio de Pro Cultura de esa ciudad el 20 de septiembre. Me emocionó la invitación. Luego de conversar con el guitarrista de nombre Nicolás Vaca, quedamos además en tener un encuentro-charla con músicos salteños que estudian en la Escuela Superior de Música, y repasar la ponencia que presenté a la Reunión Anual de Etnología (RAE 2023), que destaca a los Pioneros de la canción urbana en el Sur de América. Este encuentro-charla será el martes 19 de septiembre en ese centro de estudios. A partir de allí, decidí retroceder y tocar antes en Tarija, el 15 de septiembre en el Teatro de la Cultura, iniciando la gira Mirando al Sur. Luego, el Centro Cultural Sixto Palavecino de Santiago del Estero se enteró de mi estadía en Salta y me invitó a tocar allí el viernes 22 de septiembre. Es muy emocionante volver a la tierra de mi madre.

— Esta gira pasa por la casa museo en honor a tu abuelo, Andrés Chazarreta. ¿Cómo fue la gestión para que este espacio sea un museo dedicado al folklore?

— La Casa Museo Andrés Chazarreta estuvo muchos años en abandono. Fue el epicentro donde se inicia el movimiento folklorista de Santiago desde 1900, cuando mi abuelo Andrés organiza su Compañía de Arte Nativo, con una orquesta con sonido propio y un cuerpo de baile muy original para la época. Era la puesta en escena de sus investigaciones en la campiña santiagueña. En esa casa ensayaban músicos populares las chacareras, zambas, escondidos… siendo alrededor de 30 géneros musicales y coreográficos que mi abuelo fue ordenando, dando forma. Era una locura para la época, nadie le tiraba pelota. Le negaban los teatros, pues sus músicos y bailarines eran paisanos de verdad, algunos gauchos semiesclavos con un talento natural, como Antu Puncu, un gran bailarín de 70 años que inicia el malambo. O la señora Narcisa Ledesma, una matrona de 75 años que bailaba la zamba de una manera excelsa. Ellos viajaban horas de sulky para ensayar en esa casa. Las tres hijas de Chazarreta heredaron la casa, la mayor era mi madre Anita, quien además fue la mano derecha de don Andrés, le transcribía y ordenaba todo su trabajo. Cuando murieron las hijas, los descendientes no pudieron con la obra y la casa. El año 2012 hubo un intento de remate del inmueble. Ahí intervino el nieto menor, o sea yo, para evitar el derrumbe de la casa: primero para evitar el remate; luego, para sentar nuestros derechos y después gestionar que la Gobernación de Santiago la compre. Todo fue complicado, pero logramos que la gobernación compre la casa museo. Ahora es un repositorio oficial: en la parte delantera continúa la Casa Museo Andrés Chazarreta y en la parte de atrás se construyó  el Archivo Histórico de la Provincia.

— En lo personal, ¿qué significa para ti la figura de don Andrés Chazarreta y este espacio de homenaje?

— He decidido mirar al sur, encontrarme con la aloja, el sauce llorón, el mate, el chipaco, las parras y sus uvas colgantes. Mirar al Sur es acercarme a la figura épica de mi abuelo materno, Andrés Chazarreta, con sus ojos tristes, su bigote de héroe, su guitarra labrada, su voluntad de hierro, su caballo montaraz, sus apuntes en papelitos varios, anotando desde el caballo las danzas y la música de su territorio, Santiago del Estero, repleto de música y danzas. Chazarreta fue el héroe de mi infancia. No lo conocí,  falleció en abril de 1960 y yo nací en septiembre. Pero todas las vacaciones escolares me la pasaban mirando sus fotos, su guitarra en la vitrina, hojeando las partituras y sobre todo tocando algunas de sus piezas como la Zamba de Vargas, La Telesita, la Criollita Santiagueña. Por supuesto, mi madre Anita está presente  en todo ello.

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— ¿Qué repertorio podrá escuchar el público?

Desde Tarija ya interpretaré en el programa un sector dedicado a mi abuelo Andrés. Cantaré esas zambas y chacareras de mi niñez. En el medio de mis canciones aparecerá Don Andrés y sus melodías infinitas.

— ¿Cómo recibe el público sureño tu trabajo?

— Eso iré a ver, soy bien paceño, pues, por ahí ni me tiran pelota. Pero voy cargado de recuerdos, nostalgias, voy con el pecho encendido de haber logrado que la casa museo esté en pie. Hubiera sido horrible volver a Santiago y ver que la casa era ahora un parqueo de autos, cosa que deseaban las otras partes. Vuelvo agradecido con la gente que me ayudó a conservar la memoria de Chazarreta. Creo que el espíritu de mi abuelo me ayudó a encontrar por internet un buen abogado, conocer un par de periodistas amigos que me ayudaron a difundir la posición que triunfó, mantener la casa museo con todas las cosas fundamentales de mi abuelo, su guitarra, su poncho glorioso, las partituras originales, 400 discos originales que completaron 50 años de grabaciones en RCA Víctor, el sello mas importante de la época.

— Una última pregunta: ¿Y qué me lo vas a traer?

— Unos alfajores, un sándwich de miga y una chacarera. ¿Te parece?

El papirri: personaje de la Pérez, también es Manuel Monroy Chazarreta

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Diálogo en el Sauna

Voy al sauna en Cochabamba, preciso urgente relajarme, tengo dolores en todo el cuerpo, mis pies son un verdadero dolor de cabeza.

/ 3 de septiembre de 2023 / 06:06

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Voy al sauna en Cochabamba, preciso urgente relajarme, tengo dolores en todo el cuerpo, mis pies son un verdadero dolor de cabeza. Escojo un lugar adecuado en estos tiempos de coronavirus, me siento en el piso, el vapor está fuerte, mi pulmón derecho chirrea. “Secuelas, secuelas”, dice en un sonido profundo de chapa sin aceite. Practico la respiración yogui, me río de algo, agradezco el momento. Entonces ingresan dos jóvenes universitarios parecidos al Ken de la muñeca Barbie. El primero es blancón, con el cuerpo trabajado en gimnasio, 1.83, tenista de buena familia, se tropieza conmigo… ni un saludo. Su compañero, un poco más moreno, trata de sonreír. “Buenasss”, dice. Se sientan al frente, el blancón tiene un arete en el oído derecho, se queja:

—Puta, boludo, qué horrible es ser boliviano, qué mierda, no entiendo a esta raza maldita— sacude la cabeza hacia atrás.

—Yaaa, no exageres, boludo, ahora qué es lo que te jode tanto— dice el moreno rascándose el t’husu en el que tiene tatuada una bandera de los states.

—En serio, boludo, no entiendo a este país. Por qué nos cagan así, boludo, cómo es posible que perdamos en todo, somos últimos en futbol viejo, nos golean…

—Sí, boludo, una huevada. Y qué quieres, estamos pues gobernados por indios, viejo…

— No entiendo cómo este indio del Evo no hizo nada desde el Estado por el fútbol. No hay que inventar nada, todo está ya hecho; qué les cuesta viejo contratar, no sé, a un técnico alemán, pagarle y ya…50 mil dólares al mes y que nos formen, que arregle esta raza de mierda, boludo.

—Sí, boludo, si solo es copiar lo que hizo Venezuela. En Venezuela boludo han contratado así a unos europeos que trabajan en las divisiones inferiores, 15 años han trabajado, y mira, son penúltimos, pero sus jugadores están en buenas ligas— dice suspirando el Ken morocho.

—No entiendo, boludo, no hay que inventar nada. Y estos indios, si quieren ser como Venezuela, entonces que hagan igual, viejo— dice Ken, comiéndose un moco.

—Pero bueno, boludo, tampoco te pongas así…

—No, viejo, ni siquiera en Colombia se tratan así. En Colombia no se dicen “cholo”, “t’hara”; todos hablan por igual, ahora no sé qué hacer boludo.

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— Por lo menos si tuviéramos unos negros de verdad— dice Ken morocho moviéndose en cuclillas.

— Eso dice mi abuelito, boludo, ni siquiera eso tenemos. Nuestros negros bolivianos, puta, todos unos flaquitos, cualquiera los pasa por encima, viejo. Eso más, viejo, no lo puedo creer, qué destino, boludo…

— Lo has visto a ese Enner Valencia, ecuatoriano es, boludo. ¿Puedes creer? De dos zancazos al defensor del Bolívar lo dejó atrás, eso es pues un negro de verdad…

— Y este indio del Evo, ni siquiera ha podido intervenir la federación de fútbol, viejo, son unos ineficientes estos masistas, hasta cuándo pues…

— Oye, boludo, y por qué estás pues tan preocupado… Relájate, viejo, nosotros somos tenistas, viejo, jugamos tenis en el Tenis desde wawas ¿Ahora te has vuelto futbolero? No jodas, boludo, el fútbol es para las masas.

— ¿Te digo la verdad, boludo? Estoy jodido. Mi viejo me dio 7 mil bolivianos para pagar el semestre de la Cato.

— Normal, boludo, mi mamá también.

— La huevada es que… ¿Has visto esa propaganda en ESPN, esa de apuestas.com?

— Uta, no boludo.

— Automáticamente me salió el link. Esa es la huevada de tener iPhone, viejo, ingresé al link y aposté los 7 mil bolivianos al Bolívar, boludo…

—¿Yyyy?

— Y nada, pues, esta raza de mierda, boludo. Han perdido contra el Inter en La Paz, era obvio que tenían que ganar ¿no? Ahora estoy jodido, voy a tener que prestarme, boludo.

— De la Daisy boludo, su papá esta ahora de gerente del Tenis, esos sí tienen plata. Tu suegro puede ser, boludo, ¿has visto el auto que maneja?

— No sé, viejo, quiero cambiarme de país, boludo, ya no aguanto más. ¿Vamos? Tengo que llevar mi Rav 4 al mecánico.

Salen los modelitos casi pisándome. Y yo que precisaba urgente relajarme.

Texto: EL PAPIRRI

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