Tuesday 16 Jul 2024 | Actualizado a 09:17 AM

Lucía y Gabriel, ningún desorden

Desorden ganó el premio a mejor libro-álbum

/ 2 de junio de 2024 / 07:50

‘Desorden’ ganó el premio a mejor libro-álbum de literatura infantil de la Fundación Patiño y ayer se presentó en la Feria Internacional del Libro de Santa Cruz

Una media “ch’ulla” y una depresión. En medio de una pandemia. No es el “mejor” argumento o gancho para un libro de literatura infantil. O sí. Desorden (de la ilustradora cochabambina Lucía Mayorga Garrido y el escritor paceño Gabriel Mamani Magne) ganó en diciembre el VII Concurso Libro Álbum Ilustrado para Niñas y Niños de la Fundación Patiño y ayer sábado fue presentado en la Feria Internacional del Libro de Santa Cruz. Charlamos con sus dos autores, con Lucía y Gabriel. La obra (un objeto-libro de tapa dura y gran tamaño) se puede comprar en la librería de Plural editores (Sopocachi, calle Rosendo Gutiérrez, a media cuadra subiendo desde la Avenida Ecuador).

– Astrid Lindgren escribió un “manifiesto” titulado Reglas básicas para escribir un libro para niños donde hablaba de lo sencillo. Opuesto a lo trivial o lo pobre. ¿Cómo se encara una obra de literatura infantil?

– Gabriel Mamani Magne (GMM): Quizás escribir pensando en un público infantil es deshacerse de varios adornos/”warawas” que con la que los adultos pensamos la vida. Ese desprenderse ayuda a la escritura en general. A veces el desborde puede ser una trampa para los narradores. Pienso que hay historias que, cuando se construyen en tu cabeza, van creando una estructura y una voz que a veces puede tener forma/esencia de novela, guion, cuento para niños, o lo que sea. Intento ser fiel a esa voz. Quizá por eso no siento mucha presión a la hora de escribir para niños.

El trabajo de la ilustradora Cochabambina Lucía Mayorga Garrido en el libro ‘Desorden’.
El trabajo de la ilustradora Cochabambina Lucía Mayorga Garrido en el libro ‘Desorden’.

Tu trabajo con Lucía Mayorga viene de atrás. Hicieron juntos un mini cómic publicado en La Pulga Digital. ¿Cómo se complementan un escritor y una  ilustradora y viceversa?

– Lucía Mayorga Garrido (LMG): En La Pulga surgió la idea de sacar material periodístico diferente, una especie de crónica breve ilustrada y pedimos a Gabriel trabajar con uno de sus textos inéditos sobre su experiencia en la pandemia. Desde aquel trabajo, descubrimos que nuestros intereses iban por el mismo lado, los sociales y los artísticos, y después fue surgiendo la idea de realizar otras obras en conjunto. Por suerte, tuvimos afinidad también respecto a nuestra visión de la literatura infantil y el deseo de hacer un libro que interpele a quien sea que lo lea.

En el caso del libro álbum, un género poco explorado en el país, la relación entre texto e imagen y, por lo tanto, entre escritor e ilustrador, es simbiótica, pues no existe historia sin imagen y viceversa (aunque hay casos de libros álbum silentes). En este sentido, ambos nos inmiscuimos en el área del otro, Gabriel también pensó en las imágenes y yo también pensé en el texto, además, juntos pensamos en la idea del libro como un mundo en sí mismo, tanto en forma como en contenido, pues esa es una de las características del género.

Gabriel está siempre muy dispuesto a escuchar, y gracias a eso el proceso de creación del libro fue un diálogo y un intercambio, aprendimos mucho uno del otro. Además es un gran lector de cómics y tiene mucho respeto por el trabajo de los ilustradores, ambos estamos muy involucrados con el lenguaje que maneja el otro. A mí me gusta mucho leer la obra de Gabriel, tiene una palabra ligera con mucha sonoridad, hay frases de sus novelas que hasta ahora no se me olvidan, creo que ser lectora de su obra ha permitido que podamos entendernos bien.

La obra de Mayorga Garrido y Mamani Magne ganó el concurso de la Fundación Patiño.
La obra de Mayorga Garrido y Mamani Magne ganó el concurso de la Fundación Patiño.

– GMM: Creo que las búsquedas deben ser comunes en los trabajos colectivos, y eso abarca desde lo formal hasta lo político. La labor del escritor es muy solitaria, y por ende bastante libre y a veces autosuficiente y arrogante. “Negociar” con una compañera te pone en un lugar en el que debes interpelar tu punto de vista todo el tiempo. La otra mirada alimenta el trabajo final. 

– ¿Influye en un autor/ilustradora de literatura infantil la convivencia con hijos y sobrinos para acercarse al universo de los niños y niñas? ¿Cómo se imaginan a estos lectores?

– LMG: Además de la convivencia con las infancias, también hace mucho la relación que una tiene con el recuerdo de cuando era pequeña. Para hacer el libro tuve que pensar como niña, un ejercicio algo difícil si no lo practicas mucho. Los lectores pequeños son muy creativos: cuando uno lee junto a una niña o niño, sobre todo si es un libro álbum, esta o este va a descubrir cosas que probablemente los adultos no vamos a llegar a ver, haces otro tipo de asociaciones y produces otros sentidos. Son lectores activos, se adelantan a los finales y se involucran mucho en la historia.

– GMM: La infancia de mi hermano menor, que hoy ya es mayor de edad, me inspiró bastante. Cómo un niño se mete en el lenguaje es fascinante. O capaz es al revés: la lengua se apodera de todo lo que mira, crea marcos mentales con los que piensa y va a pensar el mundo. He estado rodeado de niñas y niños en varias etapas de mi vida. En el fondo creo que a veces escribo para ellas y ellos. Incluso las novelas o los guiones son pensados, en el fondo, para la persona adulta que un día serán.

– Muchas veces abordamos los libros infantiles desde la superioridad moral. Creemos saber lo que necesitan. ¿Desorden ha evitado conscientemente ese terreno resbaladizo?

– LMG: Algo que desde el inicio evitamos fue caer en esta idea que dice que los libros infantiles deben ser moralistas o aleccionadores, queríamos contar una buena historia, que lleve al lector a hacerse preguntas más que a buscar respuestas. Como me decía una profesora, se suele asociar lo infantil a lo alegre, simple y superficial, y por ende se la subestima, cuando en verdad es una etapa compleja, confusa y triste, un misterio para los adultos. Por lo tanto, no es fácil hacer libros infantiles, no es fácil saber qué puede llamar la atención a una niña o niño, qué va a dejarle una marca que recordará hasta la adultez.

– GMM: Creo que cuidar el lenguaje no es sinónimo de cuidar la imaginación. Quizá por eso Desorden pueda parecer un poco crudo para algunos lectores. Pero esa crudeza es mucho mejor que un paliativo moralista.

– El libro va a contrarruta de esas modas (de “feng shui”) donde el desorden es sinónimo de dejadez y depresión, donde el desorden es el primer enemigo.

– GGM: No sé qué es “feng shui” y de repente el libro se agarra de él. De cualquier forma, pienso que no estaría mal que el libro se viera a través del cristal terrorífico y borroso que es la depresión. Es un tema del que no se habla. Muchos hablan que de la depresión como “una moda o excusa”. Pienso que mientras más se problematice y reflexione el asunto, mucho mejor para todos, en especial para los que padecen esa enfermedad. 

Mamani Magne en la presentación de su libro Seúl Sao Paulo en portugués en Goiania (Brasil).
Mamani Magne en la presentación de su libro Seúl Sao Paulo en portugués en Goiania (Brasil).

– ¿Siente una como ilustradora que cuando crea libros de literatura infantil tiene incluso mayor responsabilidad pues puede ser una primera historia para un pequeño lector que le puede llevar con suerte a otros libros, a otros autores, a otros mundos?

– LMG: Somos responsables de que las niñas y los niños quieran leer más, por eso también la importancia de las buenas historias, que hagan que la lectura sea una experiencia en sí misma. Yo no recuerdo ningún libro que leí en mi escuela católica, ninguna parábola o fábula, pero recuerdo muy bien un cuenta cuentos que ví en el teatro, porque fue toda una aventura en la que descubrí por qué los elefantes son plomos, y de eso no me quedó ninguna moraleja, solo supe que quería escuchar más historias fascinantes.

–  Como ilustradora, ¿cuáles son tus señas de identidad? ¿Y qué papel juega que también seas escritora/artista, periodista y estudiosa de la literatura boliviana?

– LMG: Las cosas a las que me dedico además de la ilustración influyen en esta, como el periodismo, en muchos casos lo que ilustro tiene contenido social, intervengo fotos de hechos históricos para transformar su significado. También influye cierto modo de ver la vida: encontrar lo extraordinario de lo ordinario (lo “infraordinario” en palabras de Perec), que es una manera de soportar este mundo de la sobreinformación, de la espectacularización y de la ausencia de la posibilidad de aburrirse. Siempre me la he pasado transformando basuritas en otra cosa, como cajas en casas, ramas en animales o lo que sea, algunas de mis ilustraciones recuperan ese gesto o al menos eso creo.

Creo que las herramientas que me proporcionó la literatura son esenciales para la ilustración, pues en ambos artes se narra, en uno con palabras y en otro con imágenes, y a mí se me da más lo segundo. Al narrar con imágenes uno también piensa en los elementos o características de un cuento clásico, como la elipsis, la peripecia, la tensión o la brevedad, también recurro a figuras retóricas como la repetición o la metáfora. Además, aprendí a leer, algo que es esencial para ilustrar, porque como ya había mencionado, la ilustración es una manera de interpretar el texto.

– Como escritor, vives un gran momento. Has presentado este mes en Brasil la versión portuguesa de Seúl-Sao Paulo. Ocho años de tu llegada a Brasil para estudiar. ¿Los sueños se cumplen?

– GMM: Lo bonito y terrible de los sueños es que, siempre que se cumple uno, se desbloquea mentalmente otro. Algo así como un “Sísifo del deseo”. Sin embargo, más allá de eso, el objetivo de la escritura es la misma escritura. Estoy muy satisfecho con el momento que estoy viviendo, pues puedo dedicarme casi exclusivamente a hacer lo que más amo. También soy consciente de que todo esto puede presentar algunos problemas. Es parte del trabajo. Por cada logro hay alguien que sufre desde una alcantarilla digital

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– Lucía, ¿cuáles son tus referencias en el mundo de la ilustración?

– LMG: Nombraré solo algunas, porque son muchas. Durante gran parte de mi niñez fui a un taller de pintura en el que poco importaba la técnica y mucho la creatividad, así que crecí viendo dibujos de otros niños, despreocupados por las convenciones y que buscan contar historias, y obviamente las obras de mi maestra Michelle. Ya más grande me identifiqué mucho con la obra de Melchor María Mercado, que hacía dibujos sencillos de trazo, ingenuos en perspectiva y que representan una cotidianeidad inusual.

También está la obra del maestro “Al-Azar” (Alejandro Salazar) y de Jorge Dávalos, que crean mundos propios con personajes que son mezclas de humanos y animales. Salazar tiene además un universo de ilustraciones políticas, que es un género con el que me relaciono a través de mi trabajo en La Pulga. Finalmente, quiero mencionar a Claudia Illanes, una ilustradora boliviana que vive en México de la que aprendí mucho sobre este oficio, que es una gran ilustradora, reconocida en el exterior pero poco conocida aquí. 

– Gabriel, ¿cuál fue el primer libro infantil que recuerdas y cómo influyó para que fueras escritor?

– GGM: Recuerdo dos lecturas con gran cariño: Las fábulas de Esopo y Mi libro de historias bíblicas. Aunque ambos libros tenían un tono moralizante, las imágenes que me quedan son verdadera ficción. Hay ratos en los que me gustaría tener las agallas de escribir cosas como las de esas páginas: hablar de gigantes, plagas, zorros parlanchines, gallinas envidiosas.

– Lucía, ¿cuáles son los mayores desafíos a la hora de llevar a las imágenes textos ajenos?

– LMG: Cuando se ilustra un texto se piensa en aportar sentidos más que en replicar las palabras. La ilustración no repite, amplía. No son representaciones mudas de las cosas, sino que crean, dicen algo, multiplican sentidos. Así que no se trata de llevar el texto a la imagen, sino de interpretar con la imagen, por eso para ilustrar debes ser un buen lector o lectora.

El caso de los libros álbumes va aún más allá, el mundo de la ilustración está a la par que el del texto y a veces incluso prescinde de él. Hay libros de este género que son silentes (sin texto) hay otros en los que la imagen y el texto se contradicen, hay otros en los que el texto es una ilustración. Las posibilidades que aporta este género híbrido para contar historias son muchas, y las maneras en que se puede leer también.

Desorden fue resultado de un proceso largo en el que estudiamos las características del libro álbum, leímos teoría sobre el género y experimentamos formas de creación conjunta. Hicimos varias versiones del guion gráfico, adaptamos el texto y transformamos las imágenes, siempre entrando al “terreno” del otro.

En la ilustración, el tema me permitió experimentar con otros elementos además del dibujo, el desorden no está solamente en los objetos sino en la mezcla de estilos: fotografía, técnica digital, técnica manual, acuarela o lápiz. También fue importante considerar el manejo del espacio, el orden frente al desorden, el espacio en blanco frente al espacio lleno, la ausencia de color frente al desborde de color. En ilustración todo significa: la técnica que se elige usar, la disposición del espacio o el manejo del color.

–¿En qué proyectos literarios anda Gabriel Mamani Magne?

– GMM: Hace poco terminé de escribir una pieza teatral que tendrá intervención musical de la Sociedad Boliviana de Cámara. Es una adaptación de la Historia del soldado, escrita por Ramuz y musicalizada por Stravinski. El texto está en portugués y se desarrolla en un contexto migratorio. La obra se presenta junio en Sao Paulo. Al mismo tiempo edito un libro de cuentos y escribo una nueva novela. He estado leyendo mucha poesía. Ahorita, al lado de mi computadora, están Donde hay agua de la venezolana Cristina Gutiérrez Leal y “Vendedoras de humo” de Esperanza Yujra.

Texto: Ricardo Bajo Herreras

Fotos: Ricardo Bajo Herreras, Gabriel Mamani Magne y Lucía Mayorga

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Antonio Eguino, cinco escenas de un ‘pecador’

El cineasta Antonio presentó el pasado lunes en la Cinemateca Boliviana su libro de memorias

Foto.Ricardo Bajo Herreras, Antonio Eguino Arteaga, Danielle Caillet, Antonio Pacello y libro “Memorias de un cineasta ‘pecador’”.

/ 14 de julio de 2024 / 06:59

Las (auto)biografías son un género poco cultivado en nuestras letras. Y no es por falta de personalidades y alturas, sino por (falso) pudor. Toda biografía conlleva refrescar la memoria, saldar cuentas y ajustes, olvidar pasajes y personajes, contar medias verdades y medias mentiras. Y algún que otro “pecado”. Ernesto Sábato iba a más lejos: “Dada la naturaleza del hombre, una autobiografía es inevitablemente mentirosa”. Las memorias son eso, alteraciones de la imaginación.

Toda autobiografía debe provocar alguna que otra polémica, desvelar alguna que otra “pepa” (primicia periodística). Memorias de un cineasta ’pecador’ (grandes fotos, texto endeble) no es la excepción. Eguino —que se autodefinía antes como “ateo” y ahora como “no creyente” — confiesa: “tomé decisiones personales de las que me arrepiento o que haría de manera diferente si pudiera, una de ellas es mi segundo matrimonio con María Luisa Mercado” (página 110). Eguino también revela por qué no hizo la película sobre la Chaskañawi con Carla Ortiz (como productora y actriz): “invertimos tiempo en la escritura del guion pero a medida que avanzábamos en el trabajo —a finales de 2022— nos dimos cuenta tanto Paolo Agazzi como yo que Carla Ortiz quería utilizar nuestra participación principalmente para conseguir fondos y mantener el control total del proyecto” (página 109).

El director de Chuquiago lamenta —en cierta manera— no haber hecho más películas (tiene cuatro largometrajes en su haber) y reconoce que quería rodar un filme sobre “el totalitarismo del gobierno del MAS: “a lo largo de los años me sorprendió la cantidad de amigos de izquierda que apoyaban al MAS (…). A pesar de que inicialmente trabajé en el guion con la esperanza de que no duraría ese gobierno más de una década, constaté que no había suficiente oposición para lograr un cambio significativo. Esto disminuyó mi entusiasmo y gradualmente abandoné ese proyecto. Espero superar esta crisis creativa en el futuro y retomar mi trabajo en este guion o en otro proyecto con la esperanza de que en algún momento se convierta en mi próxima película” (página 111). 

Antonio Eguino Arteaga —con sus 86 años y la salud deteriorada tras sendas/recientes operaciones de próstata y cadera— presentó el pasado lunes su biografía en la Cinemateca Boliviana: un hermoso libro (precio, 150 bolivianos) sazonado de numerosas fotografías inéditas (algunas de ellas forman parte del archivo de su Estudio Fotográfico Eguino). Nota mental: en unos meses se inaugurará en la Cinemateca una exposición con los mejores retratos de dicho estudio fotográfico que hace dos años cumplió medio siglo.

En las memorias vemos instantáneas de su boda con la francesa (cineasta y escultora) Danielle Caillet y cuatro fotografías en gran formato/blanco y negro de su amigo Jorge Sanjinés Aramayo (del que recuerda su origen de clase media alta y su pasado familiar falanguista); de su colega Paolo Agazzi; del inolvidable “Cacho” Soria, megáfono en mano; y del querido Isico (el rol interpretado por Néstor Yujra en Chuquiago).

En la galería de la Cinemateca, esta semana han estado expuestas —con motivo de la presentación del libro— diez fotografías en blanco y negro de Eguino y otras diez de Danielle Caillet. Han estado a la venta y hasta el miércoles el “marcador” (fotos vendidas) estaba así: Danielle 5, Antonio 2. Debajo de cada foto, el nombre del comprador (a 150 bolivianos, cada una). A saber: Yarnila Mariaca, Diego Gullco, Dante Chumacero, Eduardo Quintanilla… En una costado de la galería, un pequeño “mausoleo” del Estudio Fotográfico Eguino expone retratos de personalidades como Simón Reyes, Alberto Villalpando, Julio Garret Ayllón, Carlos Rosso, la familia Dueri, Donato Espinoza, el propio Daniel Quintana (actual dueño del estudio y exmiembro del grupo La Escalera), Beba Rocha (de la orquesta Swingbal), William Centellas, Tito Yupanqui, Jaime Paz, “Jota Jotita” Torres, Pepe Eguino y bandas como Climax, Tabú, Proyección (de Cochabamba), Savia Andina, Los Grillos…

Van acá —a modo de aperitivo— cinco escenas (y una yapa) para no olvidar la autobiografía de Eguino Arteaga: para los viejos amigos, “Antuan” (así le bautizó Mario Mercado por su esposa francesa); para los conocidos, Toño; para todos, don Antonio.

Foto Danielle Caillet

Escena uno: la película que no fue

Los caminos de la muerte es una película de Sanjinés inacabada. Su título original era más largo (así lo contaba el propio Jorge en sus memorias): Viaje a la independencia por los caminos de la muerte. Se rodó en 1970 tras el éxito de Yawar Mallku (1969). Narraba las peleas entre comunidades mineras/campesinas en el norte de Potosí, la intromisión del gobierno norteamericano y la idea del gobierno de Paz Estenssoro de tomar Siglo XX y apresar a sus dos líderes mineros más combativos, Federico Escobar (Partido Comunista, línea pro soviética) y José Pimentel (partido maoísta). La idea/historia de la película fue del productor chuquisaqueño Ricardo Rada. En el filme actuaba la legendaria Domitila Chungara.

En el proceso de revelado en Alemania (pues era una coproducción de la televisión de la RFA), todo el material fílmico se arruinó por completo. Eguino —director de fotografía y operador de cámara de aquel filme— cuenta en el libro lo que pasó. Sanjinés siempre pensó que fue un sabotaje. “Lo que parecía un proyecto prometedor se vio empañada por problemas inexplicables desde el principio de la preproducción hasta el rodaje en el norte de Potosí. Jorge había conseguido la participación de la televisión alemana occidental en coproducción y en principio todo hacía ver que íbamos a tener una nueva película de impacto social y análisis político dentro de la línea que ya tenía Sanjinés. Elegimos como escenario una región conocida por las rivalidades entre dos grupos indígenas: los Laimes y los Jucumanis.

“Por causas misteriosas, toda la preproducción, producción e inicio del rodaje estuvieron llenos de problemas. Lo que es bastante incomprensible es por qué nos fue tan mal, teniendo gran entusiasmo, dinero y equipo cinematográfico nuevo. La relación del equipo humano en la producción y el rodaje no fue muy buena, siempre teníamos discusiones fuertes. Sanjinés y su esposa (nota de edición: Eguino se refiere a la chilena Consuelo Saavedra Quiroga, madre de sus cuatro hijos) no estaban nada bien. La situación se volvió aún más confusa, cuando varios artefactos, así como vehículos y generadores de electricidad, tenían constantes fallas y no funcionaron bien.

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“Ante esta incertidumbre, igual que en la producción de Yawar Mallku, decidimos hacer una ceremonia con los yatiris de la zona para que realizaran una “mesa” tradicional indígena y ‘vieran’ qué podría estar yendo mal. (Nota de la edición: Eguino participó en dos mesas más: para ver cómo iría su película Chuquiago y para averiguar dónde estaba una cámara que le robaron). Se llevó a cabo la ceremonia durante toda la noche y al amanecer los yatiris nos dijeron: ‘Todo lo que ustedes están haciendo está mal, no va a mejorar; han violado lugares sagrados de nuestras comunidad y cultura y no van a terminar lo que se han propuesto hacer’.  Por esta grave situación decidimos suspender el rodaje y procesar el material en Alemania para ver qué resultado íbamos a obtener. Dentro de nuestro equipo humano trabajó un buen amigo maestro pintor, Atilio Carrasco, y su esposa, que eran conocedores de esta zona. Su familia tenía una mina en explotación en el norte de Potosí. Lo curioso fue que en la ceremonia de la ‘mesa’ de los yatiris que habían pedido hacer en total oscuridad excepto por una vela que ellos encendieron, este amigo pintor deliberadamente encendió su linterna varias veces, lo que para mí era una provocación o una intención de ocultar algo.

“Una vez en Alemania entregué todo el material filmado a la empresa que estaba en coproducción con nosotros, ellos hicieron procesar en un laboratorio de Alemania Occidental. En cuanto se procesó, me dieron una terrible noticia, que hubo un accidente en la máquina procesadora de negativos, que se sobrecalentó y que la película fue dañada con una especie de ampollas y manchas en la imagen. Cuando se proyectó el material, pude verlo y esto fue el punto culminante de los problemas que afectaron al proyecto. El material estaba dañado irremediablemente. Informar esta tremenda noticia a Jorge y al equipo fue muy duro”.

La muestra en la Cinemateca Boliviana mostró algunas imágenes del archivo del estudio Eguino.
La muestra en la Cinemateca Boliviana mostró algunas imágenes del archivo del estudio Eguino.

Escena dos, el mago Ackerman

Por el libro de memorias de Antonio Eguino pasan muchas figuras; otras son simplemente ignoradas. El más enigmático de todos es “el señor Ackerman”. Definido por el cineasta como “el técnico mago”, es un personaje de película. Ackerman es un manitas, un especialista en arreglar cosas; ora una cámara fotográfica o de cine (por sus manos pasaron la cámara francesa

Beaulieu y la suiza Bolex de Eguino), ora una cerradura inexpugnable. “Algún tiempo después me enteré de que el señor Ackerman había participado en una operación en el Banco Central de Bolivia cuando la puerta de la caja fuerte principal se averió y nadie podía abrirla. Ackerman acudió y la abrió en muy corto tiempo. Cuando le preguntaron cuánto debían pagarle, él respondió: cinco mil dólares. Los funcionarios se sorprendieron y dijeron que era mucho dinero.

“Ackerman se dio la vuelta y cerró la puerta de la bóveda diciendo que si querían abrirla nuevamente tenían que pagarle diez mil dólares. Poco tiempo después fue contratado nuevamente y le pagaron ese monto. Años después me contaron que se quedó sin trabajo, vivía en la pobreza y decidió robar el Banco Central. Entró al banco, se ocultó y durante la noche desactivó el sistema de alarma de seguridad y abrió la bóveda, retirando una suma importante de dinero. Cuando los funcionarios del banco se dieron cuenta comenzaron las investigaciones hasta que uno de ellos mencionó que la única persona que podría haberlo hecho era el señor Ackerman. Los policías lo buscaron, él confesó, estuvo en la cárcel y poco tiempo después murió. Así fue el Mago”.

Foto. RICARDO BAJO

Escena tres, Espinal en el prostíbulo

Rodaje de Chuquiago (1977). Luis Espinal Camps trabaja junto al guionista “Cacho” Soria y se encarga de la continuidad del filme. Paolo Agazzi es asistente del director. Danielle Caillet y Pedro Susz hacen la foto fija. Se rueda en un prostítulo del barrio de Villa Fátima, sobre el Puente Minasa. Nombre del “putero”: El Redondo. Guillermo “Gordo” Aguirre siempre contaba que el nombre era “El Zepelín”. Lo regentaba una señora chilena. “Alrededor de la medianoche, hicimos una pausa para tomar café y comer empanadas obsequiadas por las chicas. Lucho Espinal salió a tomar aire. Cuando regresó nos contó que se había parado en la entrada del local. Al poco rato, pasó un taxi, se detuvo, bajó la ventanilla y el taxista lo reconoció y dijo: ‘Padre Espinal’. Luis respondió: ‘hola hijo, ¿cómo estás?’. El taxista respondió sorprendido: ‘Padre, ¿qué hace usted aquí?’. Y Luis respondió muy seriamente: ‘Estoy trabajando’.  En una escena improvisada, el grupo de David Santalla estaba bailando eufóricamente una cumbia alrededor de una joven, gritando que se desnudara. La chica accedió, marcando así el primer desnudo en el cine boliviano.

“(…) La amistad que tuve con Espinal era fuerte y de gran respeto a pesar de que yo me manifestaba como un ateo, Luis jamás intentó cambiarme. En una época invitaba a Luis a almorzar los domingos en mi casa. También estaban mi padre y mi madre, una mujer ultracatólica que le pedía a Luis que hiciera algo para cambiar mi pensamiento. Luis le respondió: ‘deje que su hijo tenga su propio pensamiento’. 

“Fue algo terrible cuando supe de su secuestro y posterior asesinato. Las hordas fascistas de García Meza cometieron este terrible crimen para que la gente lo sintiera con mucho dolor porque Luis era una persona muy querida. Cuando llegó a La Paz era un total desconocido, cuando se lo enterró toda la gente que asistió paralizó la ciudad.

“Tengo la sensación de que en la madrugada de su fallecimiento, él se me despidió. Fue una experiencia extraña que yo podría llamar paranormal. Volvía a mi departamento tarde después de un festejo por la inauguración del edificio de Mutual La Primera. El festejo se prolongó con los amigos arquitectos y cuando subí los últimos peldaños de mi departamento dúplex en Los Pinos sentí un ruido muy fuerte de algo que se rompía.

“En la mañana siguiente, temprano, mi esposa Danielle me despertó muy molesta acusándome, de que por el estado en el que llegué, había roto una cerámica que Luis me había obsequiado. Esto no era posible porque no acerqué a la estantería donde estaba la cerámica pero sentí un dolor enorme en aquel momento. Supe que Luis había muerto. En la tarde encontraron su cadáver, torturado y maltratado. Este episodio me entristeció enormemente y lloré”.

Foto. RICARDO BAJO

Escena cuatro, el ‘pecador’

“En una de las escenas de ruptura entre los dos personajes principales (de Los Andes no creen en Dios), la Miskki Simi y Joaquín (interpretados por Carla Ortiz y Milton Cortez), escuché en mis audífonos una voz masculina muy extraña que decía: ‘pecador’. Me molesté mucho y dije: ‘Corte’. Luego grité enojado: ‘¿quién habló?’. Los actores y el personal aseguraron que nadie había hablado pero el sonidista informó que la voz estaba grabada.

Inmediatamente escuchamos la palabra ‘pecador’ para sorpresa de todos. El sonidista siempre usaba dos micrófonos para grabar las voces de los actores. Lo curioso es que la palabra se grabó en un solo canal en lugar de ambos. Técnicamente esto no era posible ya que la conexión de los dos micrófonos estaba sincronizada. Nunca pudimos averiguar de dónde provino la voz y el sonidista no pudo dar una explicación razonable al problema.

Por lo tanto, la voz que decía ‘pecador’ quedó en el aire y es porque la llamamos ‘la voz del fantasma’. Una vez que terminamos la película hicimos una versión en DVD e incorporamos esta extraña manifestación. Nos preguntamos a quién iba a dirigida la acusación de la voz del fantasma. ¿A Milton Cortez? Nadie lo creyó. Nadie tenia dudas que la voz acusaba al director, es decir, a mí”.

Escena cinco, en la tumba de un (ex)amigo

“No soy una persona vengativa y no alimento odios, lo que me permite vivir en paz y dormir tranquilo. Un episodio que me marcó fue la pérdida de un amigo intelectual con quien había tenido serias desavenencias que llevaron a la ruptura de nuestra amistad. Un día, por casualidad, pasé por su tumba en el Cementerio Jardín. Me detuve y hablé en voz alta, reflexionando sobre la futilidad de las peleas y la importancia de la comunicación. Reconocí que algunos errores no pueden corregirse, ya que la vida es efímera”.

Antonio con su hermano Pepe Eguino.

Eguino y ‘Cacho’ Soria; Antonio y Danielle Caillet

Rodaje de ‘El coraje del pueblo’.

Fotografía tomada en el rodaje de ‘Yawar Mallku’.

Y la yapa, Eguino pornógrafo

Alfonso “Moro” Gumucio y Paolo Agazzi fueron los encargados de los comentarios en la presentación del pasado lunes. Gumucio lamentó —con razón— la ausencia de más detalles y anécdotas. “Es un recuerdo telegráfico de síntesis extrema, hubiese sido ideal un relato completo de todas sus picardías”.

Agazzi, a su turno, prometió desvelar los “pecados” no contados. Y así lo hizo, levantando las risas de una abarrotada sala uno de la Cinemateca Boliviana. “Antonio Eguino, con nombre falso, ha filmado un montón de películas pornos. Lo que más me ha dolido es que no me llamó para colaborar en ninguna de ellas. Hay pruebas de todo esto. En los locales de Foto Eguino están todas las fotos de las protagonistas de estas películas pornográficas”. Ahora entendemos, caro Paolo, porque Eguino solo rodó cuatro largometrajes a lo largo de su carrera.

Texto: Ricardo Bajo H.

Fotos: Ricardo Bajo Herreras, Antonio Eguino Arteaga, Danielle Caillet, Antonio Pacello y libro “Memorias de un cineasta ‘pecador’”.

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IntensaMente 2

La segunda entrega de la exitosa película animada de Pixar está dirigida por Kelsey Mann

Por Pedro Susz K.

/ 14 de julio de 2024 / 06:48

Nueve años atrás, conservando empero aún algunos resabios de los propósitos iniciales,  impulsores en 1995 de su entrada en escena, Pixar había dejado de ser un estudio independiente afanado en sacar a la animación del estancamiento al cual lo había llevado Disney, prácticamente desde sus inicios, a partir de la falsa premisa de que se trataba de un género fílmico que sólo interesaría a los niños, considerados adicionalmente humanos a medias, seres incapaces de pensar por sí mismos y, ni se diga de lidiar con los sentimientos y desafíos propios de los sapiens, como el sexo.

De allí que los personajes típicos de la factoría Disney fueran siempre asexuados, ya que el universo del tío Walt se encontraba poblado de ejemplares sin el menor  asomo de deseo erótico y vetados hasta de la más ínfima posibilidad de aludir a dicho, pecaminoso y borrado de los manuales protocolares de las gentes decentes, asunto, tal cual puntualizaron en su momento con punzante acierto Ariel Dorfman y Armand Mattelart en Para leer el Pato Donald, publicado en 1972, escrito que se convirtió en uno de los textos políticos acerca de la comunicación de masas más comentados de aquella movida década, sobre todo debido al énfasis puesto por los citados autores en el desmentido de la existencia de creaciones ajenas por entero a la influencia de la ideología, pretensión exhibida por Disney dando a entender que sus producciones apuntadas al público infantil se hallaban exentas de cualquier sesgo, ideológico precisamente.

Pues bien, Pixar, ajeno a la preocupación por fingir tales falacias, revolucionó radicalmente la animación consiguiendo poner en pantalla clásicos inmediatos como Toy Story (John Lasseter/1995), Monsters, Inc (Pete Docter/2001), Buscando a Nemo (Andrew Stanton y Lee Unkrich/2003), Los increíbles (Brad Bird/2004) y, la mejor de todas: Intensamente (Pete Docter y Ronnie Del Carmen/2015), a dicha data me refería con lo de los nueve años atrás.

Para entonces, 2006, Disney incómoda con la competencia de Pixar, había activado  sus tentáculos y desembolsando 7400 millones de dólares, fagocitó el estudio, aun cuando manteniendo el staff, lo cual, permitió que por un tiempo más las películas, hechas por ese grupo de cineastas, para entonces subordinados a las estrategias de marketing de los herederos del tío Walt, siguieran respetado las reglas creativas originales.

No obstante con la crisis sufrida por la industria cinematográfica a consecuencia de la pandemia del COVID-19 y el cierre de las salas de exhibición, una vez que estas volvieron a funcionar se tradujo en crecientes presiones para priorizar los éxitos de taquilla. Así pues los productos de la subsidiaria bautizada como Disney/Pixar —ejemplo además de cómo en ocasiones el orden de los factores altera ¡y vaya cuanto!, el producto—, fueron sumándose a la otra pandemia, la de las secuelas, resignando originalidad y calidad.

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Esto último se advierte en buena medida en Intensamente 2, hechura que fluctúa entre dianas y yerros, si bien ha conseguido colocarse, en términos de recaudación a la cabeza de todos los estrenos del género de animación en la historia del cine, ingresando 295 millones de dólares en su primer fin de semana de exhibición. Por el contrario, a diferencia de las unánimes loas recibidas en su momento por el original, la acogida crítica se dividió en la oportunidad entre quienes consideran este como un tropezón demostrativo de la decadencia de Pixar, alineada ahora a la referida moda de las redundantes secuelas huecas de creatividad y significado, frente a quienes juzgan que en una temporada muy pobre en películas de real valor, esta no se encuentra totalmente falta de atractivos, tanto en el contenido como en la forma.

Si, en la primera entrega Riley, la niña protagonista de Intensamente, experimentaba las iniciales incertidumbre del paso a la madurez a lo largo de un relato atenido a los códigos de las películas del camino que abordaba ese periplo mirado desde la inteligencia de la protagonista en compañía de una alegre pandilla, en la segunda entrega, con todos los guiños de las secuelas, Riley ya es una adolescente de 13 años acosada por todos los sobresaltos de la pubertad. Y si bien en San Francisco, su nueva ciudad de residencia a donde se mudó con su familia al final del primer capítulo, sigue acompañada de sus cinco antropomorfizadas emociones o, si se prefiere, amigas y amigos imaginarios: Alegría, Tristeza, Ira, Temor y Asco, nuevos posibles vínculos asoman en el relato que sigue pendulando entre dos escenarios: la vida real junto a sus padres, aquí reducidos a pasajeros bocetos, y la vida fantaseada que discurre, dentro de su mente, en el denominado cuartel general.

El grupo de flamantes compinches se encuentra conformado por Ansiedad, maniaca lideresa del mismo que pareciera ser la villana del asunto debido a los repentinos cambios de humor que provoca en Riley, pero acaba forzadamente como una gentil acompañante. Los otros amigos emergentes son Vergüenza, Envidia y Ennui, término tomado del francés que alude tanto a la depresión como al tedio, dos reacciones emocionales muy propias justamente de ese complejo tránsito evolutivo de la niñez a la adultez. Recordando empero lo anotado respecto a la rígida, cuanto tramposa, autocensura imperante en Disney, uno se pregunta porqué entre esos nuevos posibles compañeros no figura Deseo, cuando ese es precisamente uno de los sentires,  que las hormonas propician asome con mayor insistencia  en ese capítulo de la existencia diseminando dudas al por mayor en los adolescentes desorientados por la contradicción entre sus impulsos frente a las rígidas normas sociales.

El director debutante de Intensamente 2 es Kelsey Mann quien tiene una relativamente larga trayectoria como diseñador de guiones gráficos y guionista. En la ocasión entrega un relato asediado a cada instante por el tedio debido a la esquemática linealidad de la progresión dramática y sobre todo por el énfasis puesto en el hockey sobre hielo, deporte del todo ajeno al conocimiento, ni se diga al interés, de los espectadores de latitudes fuera de norteamérica.

En efecto, el grueso de la trama transcurre a lo largo de tres días dedicados por Riley y sus acompañantes a un torneo escolar del deporte en cuestión, donde conoce a la campeona Valentina Ortiz, a tiempo de enterarse que Alegría y Tristeza ya no cursarán junto a ella la secundaria. Pero ello no le preocupa como se suponía acontecería, ya que ahora Ansiedad le muestra la importancia de ser triunfadora y famosa, maniobrando junto a Envidia y Ennui a fin de  copar el cuartel general, desalojando a los sentimientos infantiles de la mente de la protagonista, no obstante sus momentáneas resistencias a dejar atrás esos sentimientos.

Estamos entonces en una lucha por el poder, agregado del cual los guionistas Meg LeFauve, Dave Holstein se valen para darle al relato un plus de interés por si acaso los demás ingredientes de la historia le resulten insuficientes al público frente a la mayor parte de las ofertas en cartelera mayormente pletóricas de efectos visuales, sonoros y demás aderezos recurridos para ocultar la pobreza de las historias. Y no es que los aspirantes sean villanos de una sola pieza. Por ejemplo, Ansiedad se muestra sinceramente preocupada ante las debilidades que Alegría comporta para una Riley a punto de acceder a la competitiva sociedad sin tener la suficiente ambición necesaria a fin de no quedar relegada en la dura y agresiva contienda existencial que le tocará afrontar a diario de allí en adelante. 

Al igual que en la entrega precedente, desde el punto de vista visual por cierto Intensamente 2  exhibe un plausible manejo de los colores y densidad de las imágenes contrastando, a fin de que el espectador se ubique sin dificultades en el lugar donde transcurre cada situación, aquellas escenas localizadas en el pensamiento de Riley que son mostrados con una gama cromática limpia, casi transparente, y las que aluden, mediante un manejo icónico de texturas densas y a su vez hasta cierto punto sucias, al mundo real de una ciudad llena de graffitis, basura, ruidos, trancaderas y no poca violencia.      

En el cine de animación la tarea de quienes ponen sus voces a los personajes tiene una importancia especial ya que están obligados a encontrar las modulaciones, inflexiones y acentuaciones adecuadas para acompañar los gestos, los ademanes, las reacciones de los dibujos, puesto que por muy creativo que sea el diseño de estos están limitados en cuanto se trata de impregnar los textos de sentido, pues no es cuestión únicamente de repetir o leer los diálogos o las cavilaciones escritas en el guion sino de transmitir su alcance significante y de tal modo seducir la empatía del espectador. 

Por eso las películas de animación dobladas, para su proyección, a otro idioma que el del original suelen empobrecerse bastante. Anoto esto porque los encargados de esta tarea en Intensamente 2 entregan una labor ejemplar, evitando que el pedestre estilo narrativo del director Mann malogre del todo una película muy por debajo, en términos de fluidez y emotividad, del original, frente al cual uno quedaba de inmediato magnetizado sin posibilidad de escapar del encanto de las figuras, sus andanzas y la socarronería que salvaba al film de precipitarse en la impostación retórica. Dicho sea de paso, en cuanto al humor Mann recurre a dicho acento con idéntica torpeza a la mostrada en el manejo de los demás herramientas del armado dramático.

Según cuales sean los aludidos pros y contras considerados prevalecientes por cada quien, este se alineará en una de las dos posiciones elegidas por la crítica para su valoración de Intensamente 2. Espero haya quedado claro que a mi parecer el cine no hubiese experimentado una pérdida relevante si no se sumaba a la lista de emprendimientos en un ámbito, el de la producción cinematográfica actual, ya suficientemente maltrecho.

Y como Docter, único sobreviviente del equipo inicial de Pixar, aunque ahora se mimetice, por vergüenza quizás, en una función secundaria, abrió el paraguas declarando: “Todo el mundo reclama: ¿Por qué no hacen cosas más originales? Y luego, cuando lo hacemos, la gente no lo ve porque no está familiarizada con él. Con las secuelas, la gente piensa: ‘Oh, ya he visto eso. Sé que me gusta. Las secuelas son muy valiosas en ese sentido’”, es de temer que se ya se tengan en carpeta las próximas caprichosas recaídas en Intensamente cada vez más lejos empero de la atrapante, codirigida por Docter justamente, primera visita a la mente de Riley.

Ficha técnica

Título Original: Inside Out 2 – Dirección: Kelsey Mann – Guion: Meg LeFauve, Dave Holstein – Historia: Kelsey Mann, Meg LeFauve – Fotografía: Adam Habib, Jonathan Pytko – Montaje: Maurissa Horwitz – Diseño: Jason Deamer – Arte: Rona Liu,  Laura Meyer,  Keiko Murayama, Joshua West, Bill Zahn – Música: Andrea Datzman – Efectos: Amy L. Allen,  Trevor Barrus,  Antony Carysforth,  Peter Demarest, Christina Garcia Weiland – Producción: Pete Docter, Mark Nielsen, Jonas Rivera, Dan Scanlon – Voces:  Amy Poehler, Maya Hawke, Kensington Tallman, Liza Lapira, Tony Hale, Lewis Black, Phyllis Smith, Ayo Edebiri, Lilimar, Grace Lu, Sumayyah Nuriddin-Green,  Adèle Exarchopoulos, Diane Lane, Kyle MacLachlan – EEUU/2024

Texto: Pedro Susz K.

Fotos: Internet

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Se escribe para habitar

Un análisis sobre el más reciente libro del escritor boliviano Benjamín Chávez, llamado ‘Para alguna vez cuando oscurece’

Por Christian J. Kanahuaty

/ 14 de julio de 2024 / 06:38

El último libro de Benjamín Chávez, Para alguna vez cuando oscurece (Plural, 2022), está dividido en tres secciones: 1) Caja versalita, 2) Opúsculos sobre un país realmente mejor y 3) Para alguna vez cuando oscurece. El libro podría haberse llamado “Estancias”, dado que el recorrido que nos plantea el autor es eso, estancias a través de una forma de habitar el mundo y la escritura.

Ya sabemos que mucha de la poesía contemporánea que se cultiva en Bolivia y en la región es una larga y sostenida meditación sobre el arte de la escritura poética. Es la manera en que el poeta intenta hacer partícipe al lector de un oficio repleto de mitologías. La noche, el alcohol, las drogas, la promiscuidad, la soledad, etc., el repertorio es amplio y la canción ya la conocemos. Pero lo que no se reconoce con facilidad es el trabajo que implica trazar una emoción, un recuerdo o un instante observado desde el lenguaje.

El trabajo con el lenguaje está a su vez lleno de reminiscencias, resonancias, ecos, escrituras y reescrituras. Aquello que por facilidad ciertos entendidos llaman “intertextualidad”. Y que no es sino el ejercicio de poner a pie de página una anotación sobre algo que fue leído o entendido. Porque el principio motor de toda escritura es conectar. Y quizá ese aliento es el que nutre la segunda parte de este libro que está atravesado por distintas intensidades. Esta, que aparece en su segunda parte, es la intensidad intelectual. Una que remite a los pormenores de ciertas lecturas que dieron lugar a la escritura de los poemas que leemos. Luego esas lecturas se combinan con recuerdos de cosas, lugares y personas. Pero nunca está exento el registro de lo literario. El libro que remite a la persona, la persona que remite al momento, el momento que remite al libro.

Este orden de situación en el sentido en que todo está a punto de ser complementado y contemplado es el lugar sobre el cual se mueve la primera parte del libro. Y es también, donde encontramos los poemas más largos del libro. Poemas que bajo la forma del verso libre cuestionan tanto el oficio poético como el sentido del poema. Pero lo hace en un registro muy único y muy sincero. Chávez entiende que lo que está al medio de la lectura y la escritura (de poesía, se entiende) es cierto estilo de estar solo. Se sugieren ciertas renuncias y sus costos. Hay un entendimiento sobre que la palabra no aparece así nomás en el texto. Que se necesita tiempo, meditación, espera y calma para que la palabra aparezca en el poema como una flor en un jardín. Todo germina, sí, porque hay un ciclo de la vida que lo permite, pero también porque hay un esfuerzo en el cuidado constante que permite que el mundo no dañe el nacimiento de aquello que antes no solo no existía, sino que ni siquiera se podría imaginar que era necesario.

Los poemas de este libro son necesarios porque, en primera instancia provocan su relectura. En segunda, porque remiten a otros libros, otras lecturas, y tercero porque da un golpe sobre los supuestos de que cualquiera que escriba versos es un poeta. Aquí el resultado de la lectura puede ser desalentador para aquel que crea que escribir poesía es un vano afán del tiempo y la memoria. Se resuelve en esta primera parte del libro lo siguiente: todo oficio que es creativo poco a poco se encamina a relacionarse con la palabra y una vez que se la encuentra no queda más que su exploración y no hay otra forma mejor de explorarla que a través del poema. El poema es el artefacto que nos permite reencontrarnos con lo maternos como lengua y con lo divino en tanto encarnación de una sabiduría que nos precede y que, sin embargo, se hace presente en el poema. Entonces, el poema que vive en el interior del poeta es más sabio y más viejo que el poeta que porta momentáneamente la palabra para darle forma.

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Esa gratificante forma de entender la poesía es la que atraviesa todo el libro, pero se halla en el centro de esa primera parte. Y como se habla de intensidad, no hay como aquella que el poeta reconstruye a través de la memoria de las personas que le son importantes en su oficio y en el (a la Cesaré Pavese) oficio de vivir: este recuento se presenta en la tercera parte.

Y como recuento es también un canto. Canta con fervor, pero con la cautela que lo caracteriza a las personas que le son importantes. Hay momentos de gran emoción, otros de ternura insondable y aquellos que bien podrían ser robados porque son lo que alguna vez hubiéramos deseado decir antes del fin.

Son poemas que se cierran sobre sí mismos, pero que nos llevan de la mano a la primera parte. Y es que el mensaje se anuncia: toda vida está acompañada de personas ejemplares y con ellas se aprendió tanto a caminar como a hablar, pero solo una de ellas nos dio el verbo y con él se escribe la poesía que nombrará el mundo que conocemos y habitamos. El poema es como en uno de los poemas finales del libro, una lectura de las líneas de la mano del territorio sobre el cual desenvolvemos la vida. Y ese acto es libre. Es suficiente y primitivo, se nos dio la vida, luego la palabra y finalmente la libertad para hacer con ellas lo que quisiéramos. Y elegimos la poesía.

Benjamín Chávez, nació 1971 en Santa Cruz y se crió en Oruro. Ganó el Premio Nacional de Poesía 2006 por ‘Pequeña librería de viejo’.
Benjamín Chávez, nació 1971 en Santa Cruz y se crió en Oruro. Ganó el Premio Nacional de Poesía 2006 por ‘Pequeña librería de viejo’.

Quizá este libro resuma una trayectoria poética y pueda funcionar como un fin de ciclo. Y por consiguiente como la apertura de una nueva etapa. Quizá estos libros estén realmente hermanados con los demás poemas de Chávez. Puede ser que incluso, estos poemas sean reescrituras de viejos poemas, de antiguas lecturas; por lo que, no dejaría de ser importante subrayar el hecho de que reordenando la bibliografía este libro bien podría estar luego de Y allá en lo alto un pedazo de cielo (2003), porque de esa manera los anteriores se leen como un camino para llegar a este y Para alguna vez cuando oscurece sería el puente que nos conduce a los demás.

Siendo leídos de este modo los libros, más que poesía, lo suyo es una conversación larga y profunda sobre las contingencias de la existencia que algún erudito con ascendencia filosófica, solo para aligerar el mensaje que intenta dar decidió transmitirlo en forma de poemas.

No es casual ni muy usual que en nuestra poesía nacional existan proyectos consolidados antes de la muerte del autor, pero tenemos ante nosotros un caso extraño. Algo similar al de Eduardo Mitre, Jorge Campero o Marcia Mogro o Vilma Tapia. Poetas que han encontrado su lenguaje al mismo tiempo que su universo. Y cuando logran eso, la información que arrojan a través de sus libros ya no es sólo estética, ni poética. Es una información vital, emocional, sensorial y altamente física.

Los poetas que responden a esta genealogía saben que su cuerpo es transitorio, pero su arte no. Porque es un arte solo prestado. Antes le perteneció a otro, luego le pertenecerá a alguien más. La palabra pasa de mano en mano y como en este libro, el poema circula para habitar.

Texto: Christian J. Kanahuaty

Fotos: Archivo La Razón e Internet

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Lolo: Alta pastelería de autor

Lolo tiene también excelente cafetería, cervezas artesanales y vinos de bodegas nacionales, así como jugos de temporada.

Por Fernando Cervantes

/ 14 de julio de 2024 / 06:25

Crónicas gastronómicas

Christian Gutiérrez es un experimentado cocinero tarijeño especializado en pastelería, con estudios en Argentina y pasantías en algunos de los mejores restaurantes de Europa.

En mayo de 2016 se incorporó a Gustu, en la ciudad de La Paz, y desde el 22 de diciembre de 2022 está al frente de su propio emprendimiento llamado Lolo, pastelería de autor, un establecimiento que combina técnicas de alta cocina y productos de primera calidad para crear una experiencia única.

En su carta podemos encontrar delicias como el croissant de masa madre relleno de crema de ron, vainilla y pimienta negra; la tarta de chocolate con caramelo salado y frutos de temporada; la galleta de chocolate con caramelo salado y nueces; el sándwich de pollo, romesco y vegetales; la tarta de queso, puerros y pimentón asado; el sándwich de pastrami con emulsión de ajo y encurtidos, o la tarta de naranja ácida, zanahoria y orégano.

Lolo tiene también excelente cafetería, cervezas artesanales y vinos de bodegas nacionales, así como jugos de temporada.

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Lolo , Pastelería de autor

  • Dirección: Avenida Sánchez Bustamante entre la calle 13 y 14 de Calacoto. 
  • Reservas: 65531010
  • Atención: Martes a sábado de 8.00 a 21.30
  • Rango de precios: Bs 8 (galleta de chocolate) Bs 40 (sándwich de pastrami)    
  • Producto estrella: Croissant de masa madre 

Contáctenos: Fernando  recomienda, Fernandorecomienda,@fernandorecomienda,   Correo: [email protected]

Texto: Fernando Cervantes

Fotos: Christian Gutiérrez 

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Erika Ewel: El arte que contiene

En el libro ‘Diario Visual de un tratamiento AC-T’, la artista boliviana ha registrado a través del dibujo el proceso de quimioterapia que vivió

/ 14 de julio de 2024 / 06:10

Desde sus primeras obras, la artista visual Erika Ewel ha sabido llevar sus vivencias y sus pensamientos a piezas capaces de transmitir fuertes sensaciones, recuerdos y reflexiones en que la poesía —en sus múltiples formas— siempre está presente. La ofrece a través de palabras, de texturas, de evocaciones, de color. En su más reciente libro, Diario Visual de un tratamiento AC-T (A ediciones), ha optado por el dibujo para compartir emociones y pensamientos sobre su trayecto por un proceso de quimioterapia.

“Este libro nace a partir de los dibujos que realicé durante mi tratamiento de quimioterapia el año pasado. Desde el inicio de este proceso, cuando apenas tenía fuerzas y energías decidí realizar un diario visual de esta experiencia. El resultado fueron 30 dibujos donde ilustré esta lucha, mientras que paralelamente escribía frases que me venían a la cabeza durante este tiempo”, describe Ewel.

La artista presentó este libro el 27 de junio de 2024 en el Centro Cultural de España en La Paz (Av. Camacho1484, entre Bueno y Loayza) y exhibió las piezas que lo conforman. La pieza estuvo a cargo de A ediciones, dirigida por Eloísa Paz, casa que se especializa en la concepción y elaboración de libros de artista.

Ewel ya tiene tres libros monográficos publicados en que se puede apreciar su obra y en su producción artística también trabaja con el libro de arte como objeto único, sin embargo este es el primer libro de artista que realiza; ha sido editado y publicado con un tiraje de 50 ejemplares para su primera edición. La artista Daniela Rico ha sido la editora invitada para este trabajo diseñado por la curadora Eloísa Paz.

“Fue gracias a la colaboración de Eloísa, de A ediciones, que se ha materializado el libro”, comentó la artista que ha combinado frases con dibujos en las páginas, en una pieza en que se juega con diferentes texturas, todas de gran delicadeza, que dan aún más fuerza a esta vitácora.

La memoria, el registro de esta y la consciencia del paso del tiempo están presentes a lo largo de la propuesta de Ewel. Y en este caso, los sentimientos, sensaciones y reflexiones durante la quimioterapia se comparten en una obra valiente, profunda, fuerte y hermosa. Porque Ewel es capaz de mostrar la belleza escondida también en los momentos más duros, en las reflexiones más existenciales; ofrecen lucidez . En este libro se plasma este duro proceso, interpelando directamente allector. Imposible quedarse indiferentes, pues la belleza de sus páginas también golpea.

Los nuevos trabajos

Además de la presentación del libro, Ewel ha mostrado su más reciente producción en pintura Neo Galería (San Miguel calle José María Zalles Nº19), denominada Botánica y otros seres.

 La muestra está conformada por 30 obras de pequeño formato, en su mayoría, y tres pinturas grandes al óleo. Muy afecta a referirse a la cartografía y a la aproximación de la memoria como una geografía, Ewel recurrió a la técnica mixta para estos cuadros, trabajando en una zona gris entre la pintura y ciertos elementos formales de la decoración, lo cual la llevó a crear planos mixtos con la entretela, los tapices y el bordado.

Neo galería, ubicada en San Miguel, en La Paz, expuso las más recientes obras de Erika Ewel.

El libro de artista ‘Diario Visual de un tratamiento AC-T’ de Ewel fue producido por A ediciones.

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“Me interesa en mi trabajo la superposición de planos, las diversas capas de color que se sobreponen. Para ello no sólo he pintado, sino que acudí a diversos materiales y a través del collage y del bordado los hice componerse”, explica Ewel. 

Una de las variantes que Ewel utilizó consiste en apoyarse en imágenes florales a través de láminas botánicas del siglo XIX. Constantemente la artista indaga en su pintura sobre una biografía personal y un árbol genealógico, pero no a modo de una regresión en el tiempo, sino de una exploración actual en el espacio, para descubrir los bloques de memoria que la acompañan en el presente.

Erika Ewel nació en Santa cruz en 1970; vive y trabaja en La Paz. Artista visual con una trayectoria de más de 30 años, representó a Bolivia en la I, II y III Bienales Internacionales de arte del Mercosur, en Brasil; IX Bienal Internacional de Cuenca, Ecuador; II Bienal Internacional de Estandartes en Tijuana, México; y en la VII Bienal de Arte Textil, en Montevideo, Uruguay.

Texto: Miguel Vargas

Fotos: Erika Ewel

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