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Cochabamba 2090, la herida colonial

/ 16 de junio de 2024 / 06:01

‘Tríptico de Kanata’ es una novela distópica/catastrofista de Claudia Michel sobre la venganza.

Claudia Michel se imagina una Bolivia sin ciudades, un país sumergido en apagones y crisis de energía. Imagina rebeliones de antiguas trabajadoras del hogar quechuas. Imagina la desaparición del Estado Plurinacional y el regreso al campo, a la comunidad. Lo hace desde la mirada de una niña, quizás no contagiada del racismo y del clasismo. Tríptico de Kanata es la nueva apuesta de una editorial como Mantis, donde las voces de las mujeres se hacen oír. Claudia Michel imagina sarcasmos e ironías contra el mundo académico/intelectual y su altivez, contra los malditos “papers” y su soberbia. Claudia Michel ha imaginado todo eso. Ahora son los lectores los que se tienen que hacer cargo de sus miedos y fobias. Tríptico de Kanata es una obra sobre la venganza de todas las Asuntas.

El libro arranca como un diario de infancia (otra vez la memoria como en tu anterior obra Chubascos aislados) y un recuerdo culposo respecto a la figura de Asunta, la trabajadora del hogar quechua. Luego pega un volantazo y se va por la novela distópica/futurista atravesada por formas dispares, como el informe académico. ¿Cómo se originó ese quiebre?

— Me parece que parte del deseo de libertad y el interés por el divertimento. Al menos de la idea de poder escribir cualquier cosa que quisiera, que no había límites, ni en formato, ni en tema. Este libro nadie lo estaba esperando, nadie lo estaba pidiendo, no tenía que responder a nada, entonces podía ser cualquier cosa, podía incluso no ser una novela, irse lejos del formato. A partir de esa idea de “libertad”, me permití pensar varias posibilidades. También pasó que en ese entonces, cuando inició la idea de la novela, yo estaba leyendo mucho a Lorrie Moorey. El hecho de que sus textos sean y estén escritos en formato de manuales de instrucciones me parecía un ejercicio genial. Notaba que podía usarse mucho de ironías y sarcasmo sutiles que daban gran belleza a los textos.

Estaba muy interesada en la forma, más que en la historia. Me acuerdo de que por ese entonces transcribí a mano un cuento largo de Moore, porque vi en un video que cuando haces ese ejercicio, que es muy lento, puedes ver detalles del lenguaje que en la lectura no se notan. Ese ejercicio me costó mucho, pero también me hizo pensar en las posibilidades de la forma.

La idea de las instrucciones, tomada de Moore, derivó en escribir manuales, como instrucciones de uso, pero literarios. Usar un formato de instalación de un equipo electrónico, por ejemplo, para contar un hecho mínimo. Entonces pensé en la electricidad, en que podría usar todas las palabras técnicas de la electricidad para dar indicaciones que en un segundo plano cuenten algo.

Leí varios manuales de instalaciones eléctricas y pensé que el proyecto se llamaría Trifásico (el cuaderno de notas donde comenzó todo tiene ese título) y que por ese nombre tendría tres partes, como la corriente trifásica que tiene tres ondas que funcionan en conjunto.

Quería que sean tres partes muy distintas entre sí. Cuando pensé la segunda parte pensé en cómo cada vez que se quiere dar solidez a un argumento se parte diciendo “en la universidad de xxxx” o “según expertos de Harvard…” Le damos muchísimo crédito a cualquier información que empiece así. Lo que diga la academia, parece de por sí, la verdad.

Entonces qué pasaría si la academia dice una mentira, pero una grande, además en el futuro. Esa posibilidad de escribir un “paper” académico del futuro, me hizo mucha gracia y reafirmó el sentido de burla que era mi más grande pretensión en esta parte del libro. 

Con sus libros en la FIL Santa Cruz, las escritoras Yolanda Reyes, Claudia Michel y Ximena Santaolalla.
Con sus libros en la FIL Santa Cruz, las escritoras Yolanda Reyes, Claudia Michel y Ximena Santaolalla.

—En la segunda parte de la novela, damos dos saltos a la Cochabamba de 2039 con la Rebelión Kanata y a la Cochabamba de 2090. El Estado Plurinacional de Bolivia ha desaparecido, las ciudades han sido abandonadas, hay apagones/crisis energética y un retorno al campo con naciones indígenas reconfiguradas. Asunta Yucra (y su rostro zapatista) lidera una rebelión y surgen colectivos ecoanarquistas “tendientes a lo salvaje”. A ratos parece que estamos inmersos en una novela de Alison Spedding. ¿Cuáles han sido tus referentes literarios/cinéfilos para construir ese mundo distópico antiurbanita?

—Ninguno, nunca me gustó la ciencia ficción. No me gusta ahora. Yo quería escribir un “paper” académico del futuro para hacer un chiste sobre la academia. Para burlarme de cómo todo lo que dice parece tener cierto peso, solo por el tono o por usar normas APA. Supongo que es una forma de odiar un poco porque yo fui una muy buena alumna en la universidad y sentí fuertemente el gozo de aprender cosas muy complejas.

De verdad que entender teorías muy elaboradas me hizo muy feliz, y cuando vi que todo ese saber se usaba muchas veces, solo para mandarse la parte o hacer sentir miserables a los demás, tuve un gran desencanto. Mi interés por escribir esa segunda parte de Tríptico de Kanata no tiene que ver con la ciencia ficción sino con una burla de la domesticación del conocimiento por parte de la academia y sus modos tan funestos.

— “Asunta no dice nada”. ¿Se puede construir un personaje a partir de sus silencios, de su “calidez muda”?

—Sin duda. Me interesa mucho usar el silencio y entenderlo como una forma más de decir. Se reprocha mucho el silencio. Siempre me han parecido muy interesantes las personas calladas, creo que la no respuesta es muy elocuente. Las palabras pueden ser engañosas, por eso quizá las acciones, el hacer, es lo que más define a una persona, de ahí que sí se pueda construir personajes desde lo que no dicen.

Además está el tema de la representatividad que es complicado, más en literatura. Escribimos sobre personas que no existen en realidad, pero se parecen mucho a seres de carne y hueso que hemos visto, hemos sido o conocemos. Supongo que se teme el reproche: “¿cómo puedes hablar de una niña del campo si tú no lo fuiste?”. Todo el tiempo se nos está pidiendo credenciales de autenticidad que a la literatura no le sirven en absoluto.

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No creo que lo auténtico exista, me parece más interesante ejercitar el “desde dónde” se escribe y explorar sus posibilidades. Quien narra puede ser otra que no soy yo, casi siempre es así, al menos en mi caso, y esa es una de las grandes gracias de la literatura. El silencio, la omisión, es una estrategia, y a su modo también una gran forma de construir personajes. 

— Son varias obras literarias y cinematográficas que en los últimos años han volcado la mirada hacia el rol invisibilizado de las trabajadoras/niñas del hogar que llegan a servir a casas de clase media en la ciudad. ¿Crees que hay una necesidad de hablar de ellas? ¿Es por una mala conciencia?

— Es un gran tema, que me parece se tiende a ver solo desde una forma condescendiente. Es decir, poniendo como víctimas a estas niñas y como verdugos a sus patrones. Creo que el asunto es mucho más complejo, pero ahora en la época de la cultura del buenismo y lo políticamente correcto, la visión resulta siendo muy simplista.

El tema puede leerse desde el trabajo infantil, desde el acceso a la educación, desde el clasismo, desde el ingreso de las mujeres de clase media al mercado laboral, desde Bolivia como país con una economía basada en la venta de materia prima que promueve la migración campo ciudad.

Las ópticas son muchas y creo que es necesario entender el fenómeno desde distintas miradas. Pero más allá de las luces que puedan dar las ciencias sociales, me interesa mucho cómo ciertos asuntos sociales son internalizados y naturalizados en una sociedad como la boliviana. En esa naturalización de las cosas y de repetir sin cuestionar, los niños tienen una visión nueva que no entiende esas lógicas y entonces preguntan. Ponen en evidencia barrabasadas que nos parecen normales o necesarias.

Esa mirada es una a la que me interesa prestar atención. Los comentarios y las conversaciones con mis hijos han sido un gran alimento para esta novela. He visto mejor con sus ojos. 

Claudia Michel participó junto con otras autoras en la Feria Internacional del Libro en Santa Cruz.

— Confieso como lector que me atrapa más la primera parte del tríptico que las dos futuristas. La relación entre Asunta –“una wawa que cuida wawas”- y Clara (la “niña de familia”) está atravesada por marcas de dolor y una complicidad extraña. ¿En algún momento pasó por tu cabeza que esa historia podría tener mayor recorrido?

— No, yo quería hacer tres partes muy distintas, provocar dislocación. Es una maniobra riesgosa pero asumo las consecuencias. Algunos lectores amigos me han dicho esto mismo, que la primera parte les atrapa más, pero es un proyecto de tres partes, es un tríptico y estoy contenta con los quiebres. En Chubascos Aislados escribí historias cortas, y en algún punto me costó salir de ese formato de brevedad que me sigue pareciendo muy atractivo.

En Tríptico de Kanata quería desafiarme a escribir algo más sustancioso, o al menos articulado. Me siento contenta de haber podido lograr una novela, aunque resulte breve y hecha de pedazos muy distintos. 

— A ratos aparece la prosa poética con figuras como esos sueños de papel y miga de Asunta.

— Esas figuras ayudan a componer al personaje y a crear una atmósfera a ratos nostálgica. La infancia de todos está llena de recuerdos sensoriales. Aunque nunca se relatan los sueños de Asunta, sí hay elementos de la vida cotidiana como los animales de miga y de papel, que pueden aparecer muy fácilmente en la cabeza del lector.

El ejercicio de traer del pasado la sensación de las manos o del olfato, modelando con miga o sintiendo el olor a mandarinas en invierno, pueden crear el clima de nostalgia que dices. Recordamos con nuestros dedos y nuestra nariz. A veces en conversaciones con mis hermanas nos acordamos de un juguete que teníamos y que hace treinta años no vemos. Hablamos entre nosotras y cada quien trae un detalle que lo hace aparecer de nuevo en nuestra mente.

Así hemos recuperado sillitas rojas de alasitas, rompecabezas y hasta revistas. Solo con un ejercicio de nostalgia, el objeto material, sí está perdido para siempre. 

— Todavía sientes vergüenza cuando ves a la clase media (incluso alta) “disfrazarse” un día con vestimentas indígenas para bailar danzas (“las trenzas por un día”) y al otro día discriminar con racismo. Clara siente angustia (y un nudo en el pecho) cuando se ve vestida como Asunta. ¿Qué nos dicen esos “gestos” como sociedad?

— Yo no siento vergüenza, yo no soy mis personajes. Mi interés era dar cuenta de lo que ve el personaje que es una niña, cómo su mirada puede ver lo que se ha naturalizado, plantearse la duda y sentir la incomodidad, un malestar que no entiende y que apenas puede nombrar, que casi solo describe.

Esa sensación no dura mucho en la niñez, pero existe. Eso es lo que yo quería evidenciar, esa mirada, otra vez, un desde dónde se mira. Eso en el tema de esta propuesta literaria. Por supuesto que hay una gran hipocresía respecto del orgullo por lo folklórico y tradicional en nuestra sociedad y un uso convenenciero.

Por una parte están a quienes solo les interesa mientras les acomode y sirva como tema de conversación con amigos extranjeros o porque bailan caporales. Por poner ejemplos que grafiquen el punto. También están quienes abogan por el folklore como lo puro y tradicional como única fuente posible de identidad, en un mundo donde los procesos de hibridación y fusión no tienen retorno, y no siempre para mal. 

Bolivia es un país complicado, abigarrado diremos para usar un término intelectualoide, en este país hay muchas niñas y yo quería que el libro hablara, en parte de esa mirada. 

— Hay una frase que me deja pensando. Y que puede decir más que muchos ensayos. Es esta: “esa sensación de no ser y de usar al otro para ser”. ¿Es ese nuestro verdadero drama nacional?

— Es misterioso cómo se escribe. Una va a tiendas, procurando agarrarse de técnicas, o de autores y libros amados, pero luego creo que los temas ya están dentro de una y solo queda abrirles la puerta. Yo no tuve mucha conciencia de lo que estaba escribiendo sino hasta el final. Tenía algunas claves como la infancia, el reírme de la academia y los silencios. Pero todo se fue armando, ahora me doy cuenta recién, en torno al tema de la herida colonial.

Sin duda esa herida es profunda y existe en Bolivia, y creo que es el tema gravitacional de la novela. Todos llevamos dentro esa herida, de una forma u otra, hacemos transas para que nos duela menos, para vivir con ella, pero no se cierra nunca. Duele más en ciertos momentos, pero una herida es también la constatación de que sentimos dolor, y por ende de que estamos vivos.

¿Quién soy? es una pregunta que puede buscar respuesta toda la vida. Y en el caso boliviano está muy ligada al ser con el otro, un otro muy distinto con el que solo nos une un territorio en común y signos nacionales casi arbitrarios (una bandera, un himno y un par de pérdidas territoriales).

Tal vez no solo hay que ser, sino y sobre todo, estar. En las expresiones populares hay bellezas que nos ayudan a priorizar lo transitorio “estar” (como un estado temporal que puede tomar otras formas) antes que “ser”, que es algo definitivo y rígido. Tal vez necesitamos permitirnos más estar que ser. 

— ¿No está idealizado/romantizado en extremo el regreso al campo, al primitivismo?

— Claro, es lo que se proclama ahora en la cultura de volver a la naturaleza. Todo bien con el discurso del cuidado del medio ambiente, pero otra vez, no es tan simple. Exagerar ese retorno, hacer que hallan jukumaris y cielos cyan, etc. eran parte de esa exageración, procurando un sarcasmo que evidencia el “paper”. Al menos en mi cabeza funciona así. 

— ¿La novela distópica indigenista/neo-ludita es una moda?

— Seguramente. Supongo que tendría que decir que escribí algo absolutamente diferente, sin clasificación posible, pero la verdad es que la originalidad nunca me preocupa demasiado. Soy hija de este tiempo, pensar en el futuro catastrófico puede ser más una señal de época que una marca de interés por escribir distopías.

Tal vez es solo como ese ejercicio pesimista en el que prefieres pensar lo peor, hacerte ideas de panoramas terribles solo por si acaso, para que si no es así, que es lo más seguro, cualquier otro panorama sea más amable. 

— ¿Se puede interpretar la novela como una obra sobre la venganza (de las Asuntas de nuestro país) y de miedo (a una Bolivia indigenista)?

— Me gusta lo de la venganza, es una linda lectura. Los libros hacen muchas veces de espejo, uno lee reflejos de uno mismo. De los reflejos de los lectores, no me hago cargo.

— ¿Qué importancia tiene publicar en un sello como Mantis que edita tanto a autoras bolivianas como latinoamericanas?

— Es un gran aliciente para mí. Cuando una escribe, aplicable a cualquier otra actividad humana, necesitas que alguien crea en vos. Y eso es lo que hicieron en Mantis. Su lectura fue generosa y me hicieron propuestas de edición que respetaron la novela y la mejoraron. La mayor importancia es que la novela cierra un ciclo conmigo, la dejo en las manos de Mantis, que son buenas manos, y yo ya quedo liberada de ella, que ese es mi objetivo con la publicación.

— Para terminar, hablemos del inicio. La novela está dedicada a tus padres con un “perdón y gracias”. El gracias se adivina pero ¿el “perdón” por qué es?

— Es una broma familiar, un chiste interno que de explicarlo pierde gracia. Mi intención era que ellos se rieran al leerla y ese objetivo fue logrado. Por lo general las dedicatorias suelen ser muy solemnes, yo quería que este libro tuviera un lugarcito para ellos, en un código mínimo y sutil que solo ellos y mis hermanas pudieran entender. En el fondo es gracias por la vida y perdón por las molestias.

Texto: Ricardo Bajo H.

Fotos: Lucía Ferrufino Michel y Editorial Mantis

Fotografía contemporánea desde El Alto

El artista responde una entrevista basada en el ‘Bingo del artista contemporáneo boliviano’ de Vicente Mollestad

Por Marisabel Villagómez Álvarez Plata

/ 21 de julio de 2024 / 07:21

Antes de hacer su apología del artista indígena en una discusión sobre la selección de artistas residentes en Gasworks 2024, el boliviano Vicente Mollestad, hace un par de años atrás, lanzaba de manera mucho más lúdica un Bingo del artista contemporáneo boliviano a través de los fanzines publicados por el colectivo de investigación artística “El Alto Aesthetics”. En ese bingo se proponen argumentos que, para este artículo, hemos convertido en preguntas. Este pequeño instrumento que sirve lúdicamente a esta publicación como guía crítica para las apuestas o provocaciones de artistas, también puede ser, lamentablemente, una guía para medir la indigeneidad de hoy. ¿Es así tan lúdico como absurdo el procedimiento de aceptación de nosotros mismos? ¿Tenemos que “mesurarnos” en indigeneidad antes de ser artistas? ¿Quién puede levantar ese nombre, a nombre de quién o de qué cuerpo colectivo? Para entender el razonamiento detrás de semejante propuesta, pasamos a continuación cada una de las casillas del Bingo propuesta al formato de entrevista para adentrarnos en la obra del fotógrafo alteño Santos Miranda, quien inaugura Ande, una exposición de fotografía contemporánea e instalación en la galería comercial Miranda (Avenida 16 de Julio, #78 entre calles Catacora y Álvarez Plata, El Alto) el 27 de julio de 2024.

Aplicación del Bingo del artista contemporáneo boliviano en forma de entrevista a Santa Miranda la exposición Ande:

— ¿Usa cuerpos indígenas en su obra?

— Sí.

— ¿Puede pasar como europeo?

— No.

— ¿Ocupa espacios de artistas indígenas?

— Mi propuesta es entrar a los cholets y galerías de El Alto. Soy citadino y pertenezco a la lógica de la ciudad.

— ¿Está disponible para trabajar con personas/instituciones cuestionables para avanzar en su propia carrera?

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— Sí.

— ¿Se beneficia de la concentración del poder blanco?

— No. Justamente en mi caso la élite que apoya mi espacio no es considerada una élite blanca.

— ¿Su principal ambición es dejar Bolivia o ya vive fuera?

— No, pero sí me gustaría trabajar más fuera.

— ¿Usa la palabra ‘descolonización’ para describir su práctica?

— No, de hecho, yo no me siento colonizado.

— ¿Su trabajo no tiene relevancia para el boliviano común?

— Tiene. Mi trabajo oscila entre la discusión modernista de hombre y paisaje y una figuración del habitar urbano a través del comercio. Creo que añade valor a la posibilidad de la construcción identitaria comercial a través de la foto, si se quiere llamar documental, de ese habitar las galerías, los cholets.

— ¿Se considera pionero y/o sobresaliente a nivel nacional pero sería mediocre a nivel internacional?

— No siento competencia en fotografía porque creo que estamos todavía encontrando propuestas en ese ámbito y no es que hayan maneras muy claras de medir eso.

— ¿Odia a Mamani Mamani?

— No, pero me pregunto cuál es su autoridad.

— ¿No hace nada por la diversidad cultural en la escena artística?

— No.

— ¿Tuvo recursos para estudiar arte en el exterior?

— No.

— ¿Sus principales referencias/ídolos son artistas blancos?

— Mi principal refencia es Gastón Ugalde, de hecho quiero a través de esta exposición hacerle un guiño, pero quizás él tampoco era considerado blanco en todo lugar.

— ¿Su red de artistas y círculo social son blancos/jailones?

— No niego que tengo ciertos privilegios, pero en mi entorno, nadie es estrictamente blanco.

— ¿Se apropia de la estética, del imaginario, del lenguaje, de las ideas de los pueblos indígenas, etc.?

— En esta exposición me apropié de Gastón y, bueno, de su apropiación de lo indígena.

— ¿Ha votado por Carlos Mesa?

— No.

— ¿Su clase es la razón principal por la que se puede dedicar al arte contemporáneo?

— No y sí.

— ¿Reproduce la antropología occidental en su investigación y trabajo?

— Yo parto del poder de la avenida La Paz, eso me permite no victimizarme, aunque suene duro, y así también no me auto-exotizo.

— ¿Se apropia de la lucha de un grupo marginado?

— Sí, en el sentido en que somos supuestos marginados, pero no.

— ¿Su arte se vende a una audiencia primeramente blanca?

— Sí. En Santa Cruz me compran.

A partir de este juego frenomenológico propuesto por Mollestad, quiero hacer dos apuntes sobre la posibilidad de entrar en las galerías y cholets de la ciudad de El Alto, en tanto artistas contemporáneos. Uno, que la arquitectura comercial de esa ciudad nos sirva como metáfora de contención. En este momento en el que nos invanden unas conversaciones de tintes supremacistas, debemos recurrir a esta expresión humana como vehículo transmisor de conocimiento sobre el actuar indígena o el no-indígena boliviano. Al final, la expresión de la arquitectura de cholet tiene ya tres generaciones en las que estamos reflejando categorías “modernas” de pensamiento social “descolonizado” o “post-colonizado” donde nos estamos planteando cuestiones de clase, raza y género; subjetividades, ontologías y agendas emancipatorias en un dominio que es tanto público como privado y que finalmente constituye el dominio de lo político. Permitir que la arquitectura comercial de la ciudad de El Alto contenga múltiples narrativas pictóricas o narrativas políticas aseguran que el microcosmos simbólico que representa (atravesado por la economía popular transnacional de la que hablan Verónica Gago, Alfonso Hinojosa, Nico Tassi y Tara Daly, entre otros) pueda extrapolar estéticas diversas: entradas, protocolos; performatividad y transgresión; miradas y auras. En suma, se pueden recoger y representar dentro de los cholets el juego del deseo y el juego del poder.

Mi segundo apunte sobre la posibilidad de entender la aquitectura comercial como una metáfora de conocimiento. Tanto nos hemos enfocado en el debate de colonialismo, decolonialidad y postcolonialidad que hemos agotado el discurso. Si entendemos que la arquitectura permite la expresión de una “cognición encarnada” podremos permitirnos una transformación en el conocimiento de nosotros mismos y de los paisajes externos a nuestros cuerpos. El punto mediador puede ser la arquitectura comercial de la ciudad de El Alto.

Ambos apuntes que definen esta arquitectura como metáfora de contención y de conocimiento están atravesados por fenómenos transnacionales que son evidentes para cualquiera. Creo que es el momento de que podamos explorarnos desde esta narrativa, más allá de las medidas propuestas por Mollestad.

Perfil

Santos Winston Miranda Ramos nació el 6 de noviembre de 1993 en El Alto. Licenciado en Arquitectura por la Universidad Mayor de San Andrés, es artista y fotógrafo autodidacta. Participó en diferentes exposiciones colectiva y ganó el 3er Premio Internacional de Paisajismo IFLA AMERICAS, 2º Premio Nueva Facultad de Artes UMSA Tiwanaku, Premio Nuevo Palacio de Convenciones de Cochabamba, Premio Plurinacional Eduardo Abaroa (2021), Premio Departamental de Ilustración de La Paz (2021), Premio Concurso Fotografía Friedrich Ebert Stiftung (2023) y Premio Concurso Fotografía Wikimedia Commons (2023).

Texto: Marisabel Villagómez Álvarez Plata

Fotos: Santos Miranda

Bingo: Vicente Mollestad

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Q’aytu: Un hilo que une fuegos, cócteles y sabores

Por Fernando Cervantes

/ 21 de julio de 2024 / 06:17

Crónicas gastronómicas

Apenas uno toma la carta de este restaurante se entera de que la palabra quechua q’aytu significa “lana o hilo”. El concepto de este establecimiento, ubicado en la ciudad maravilla, queda evidenciado en sus primeras líneas: “El hecho de que estés leyendo este párrafo en este momento es el resultado de una única historia, una serie de sucesos improbables, que nos trajo imperativamente a este momento específico, esa es la prueba irrefutable de que todos somos el resultado de un único hilo de continuidad del espacio y tiempo, y que todos somos parte de un mismo tejido y estamos bordados con el mismo Q’aytu”.

Al frente de este emprendimiento se encuentra Pedro Moscoso Cortez, un bartender de amplia experiencia tanto nacional como internacional que también ha sido fundador de ABBAR, la primera asociación de bartenders de Bolivia. Pedro, junto a su pareja y chef ejecutiva del lugar, Kydian Castillo, inauguraron un 14 de febrero de 2023 este espacio que tiene como principal característica una privilegiada vista de la ciudad de La Paz (está ubicado en la calle Modesta Sanjinés, entrando media cuadra de la avenida La Bandera, justo a los pies del mirador de Killi Killi), con un menú creación enfocado en la experiencia y el cuidado de cada detalle.

En su carta podemos encontrar muy buenas creaciones saladas como la Hamburguesa no Vegetariana, a base de hamburguesa de lenteja, cebolla caramelizada, tomate, camote, queso, salsa de la casa y tocino, acompañada con palitos de yuca con queso, una salsa y un topping; el Sangucho de carne, que contiene carne asada salteada con queso mozzarella y abrazada por una marraqueta horneada en mantequilla, acompañada de palitos de yuca con queso, una salsa y un topping. Destaca especialmente la denominada “mejor carne asada de la ciudad”, que contiene 300 gramos de carne de res preparada a cocción lenta durante 36 horas y masajeada con ají de Padilla, k’hoa y sal gruesa; viene acompañada de palitos de yuca con queso, una salsa y un topping. También muy digno de destacar es el Chicharrón en tu Salsa, a base de 300 gramos de panceta de cerdo elaborado a cocción lenta por 36 horas, sofrito y salteado en salsa agridulce o ají colorado de Padilla, acompañado de chuño con queso, una salsa y un topping.

En cuanto a las pizzas, las opciones incluyen la pizza Margarita (con tomate y salsa de albahaca), la pizza de las carnes (con jamón, salame, tocino, chorizo y carne asada) o la estrella de la casa, la Pizza Indecisa, en la que cada una de sus ocho porciones tiene un sabor diferente, lo que permite disfrutar de una pizza con sabor a choripán, sándwich de huevo, charque, chicharrón al ají, chicharrón agridulce, carne asada, hamburguesa y salchipapa.

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A la hora de los dulces, las alternativas son dos: el brownie de la casa, a base de chocolate amargo, quinua y avena acompañado de helado de chirimoya con papaya, tierra de chipilo salado, jalea de airampo con naranja y quinua, o el tiramisú de la casa, con galletas de vainilla infusionadas con un jarabe de café y ron de 12 años con crema de cheesecake infusionada con licor de menta espolvoreada con cacao, chocolate y canela.

Si hablamos de bebidas, Q’aytu tiene una excelente coctelería donde destacan clásicos como el Negroni, a base de gin, vermouth rosso, campari y twist de naranja o creaciones como el Jacha Supay, que lleva singani, quirquiña, pulpa de frutos rojos, jugo de tumbo, jugo de naranja y bitter. También está el té de la abuela, un contundente ponche caliente servido en taza que trae singani, maracuyá, infusión de té negro, anís estrella, clavo de olor, cardamomo, canela y sultana, por citar algunos ejemplos.

Para finalizar, hay que resaltar que Q´aytu tiene un staff sumamente amable y, además, varias estufas a leña que hacen que sus ambientes se mantengan agradablemente cálidos, todo lo cual brinda una placentera experiencia con el marco del majestuoso Illimani de fondo.

Q’aytu

  • Dirección: Calle Modesta Sanjinés N° 1373  
  • ☎ Contacto: 67055993
  • Producto estrella: La Pizza Indecisa
  • Rango de precios: Bs 15 (Tiramisú de la casa) a Bs 90 (Pizza Indecisa)
  • Horarios de atención: Martes a sábado de 17.00 a 22.00.  

Contactenos: Fernando recomienda .Fernandorecomienda . @fernandorecomienda . Correo: [email protected]

Texto: Fernando Cervantes

Fotos: Restaurante Q’aytu

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Mi villano favorito 4

La cinta de animación del estudio Illumination retoma, con un cuestionable resultado, sus exitosos personajes

Por Pedro Susz K.

/ 21 de julio de 2024 / 06:12

La pandemia del caprichoso estiramiento de las sagas sin otro motivo que el de seguir agregando ingresos a las productoras ofrece un nuevo deplorable ejemplo en Mi villano favorito 4 producida por Illumination, otra empresa independiente que al igual que Pixar, dueña de los derechos de Intensamente dio pie al espejismo de que serían las encargadas de sacar al cine comercial fabricado en Hollywood del sopor que muestra hace ya buen tiempo. Y el dato de que Mi villano favorito 4 ya había recaudado en dos días 25 millones de dólares en varios países, antes de su estreno en Estados Unidos donde se calculaba que en dos días ingresaría una suma superior a los 125 millones de la misma moneda permite presagiar, sin temor a equivocarse, que en el horizonte asoman Mi villano favorito 5, 6, 7, y así, cómo se ha hecho usual hasta el infinito y más allá.

El rollo había comenzado a desenvolverse en 2010 con Mi villano favorito a secas, vista por la relativamente modesta cantidad de 580.000 espectadores. Un trienio más adelante, en 2013, Mi villano favorito 2 dio un salto a 2 millones 600 mil entradas vendidas. El engorde continuó el 2015 con Minions, derivación de la misma serie, que trepó a 4 millones 949 mil espectadores, y el engorde continuó sucesivamente con Mi villano favorito 3 en 2017 y Minions. Nace un villano en 2022.

En el interín Gru, el villano de la primera entrega, pasó al bando contrario convirtiéndose en agente de la Liga Anti-villanos comandada por Silas Ramsbottom, aparte de haber formado familia adoptando a Margo, Edith y Agnes, tres adolescentes que, pensaba, le serían útiles en su intento de robar la luna, a las cuales se suman ahora Gru Junior, bebé capaz de provocar sin transición  risas a granel, lo mismo que hartazgos instantáneos del mismo calibre en papá, al cual se parece mucho, con un poco más de pelo, eso sí, y de igual manera entra en escena, más solo a modo de personaje secundario, Lucy. la esposa del exmalo.

En la secuencia introductoria conoceremos al antagonista de ocasión: Maxime Le Mal, un mega bellaco híbrido entre humano y cucaracha, quien compartió algunos años de adolescencia con Gru, al cual odia desde entonces, al punto de haber prometido que acabaría cuanto antes con su vida en complicidad con su refinada novia Valentina.

Inicialmente encerrado en una prisión de máxima seguridad, Le Mal, ayudado por su ejército de cucarachas, consigue fugar redoblando su promesa de liquidar esta vez sin falta a su otrora compañero de internado o escuela para villanos. La huida de su contrincante obliga a Gru y su parentela, más algunos minions, a trasladarse a un vecindario, cambiando de identidad por decisión de la referida Liga Anti-villanos, bajo el supuesto de que el anonimato los pondrá a salvo de todo riesgo, lo cual desde luego adivinamos al tiro que no será cierto.

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Para entonces habrán corrido, a un ritmo narrativo desenfrenado, apenas 10 de los 95 minutos de la duración de la película, invitando a sospechar que de allí en adelante prevalecerán los rellenos, como en realidad acontece. En efecto, todo lo que sigue es una deshilachada acumulación de sucesos y personajes, en muchos momentos puras copias de otras películas de persecución como, entre otras, Terminator 2, 007, Spider-Man o Los 4 Fantásticos. Esas alusiones pretenden ser una irónica tomadura de pelo a los superhéroes que atiborran otras sagas que en el presente compiten en la taquilla con las hechuras de la productora Illumination y si bien a momentos resultan un tanto graciosas, en definitiva ponen en evidencia una notoria falta de originalidad, aparte de solo poder ser descifradas por los adultos, más no por lo espectadores de temprana edad, a quienes apunta Mi villano favorito 4, calculando que, como es obvio, no irán solos a las salas, de modo que, por si acaso y para evitar, sin conseguirlo, que los padres sean víctimas de un aburrimiento casi instantáneo, la trama apela a dichos aderezos.

A medida que el relato avanza, a ratos uno se pregunta si avanza realmente, se van multiplicando las anécdotas inconclusas y los personajes secundarios. Como salida de la nada, aparece una vecina obstinada en cometer alguna fechoría solo para perturbar a sus copetudos progenitores y muy pronto los tres volverán a la nada. Lo propio acontece con otra habitante del lugar que sirve de refugio a Gru y los suyos, a la cual la película le dedica, vaya uno a adivinar con qué objeto, varios minutos mostrando cómo persiste en ingresar a la peluquería errónea. No son menos indescifrables la reaparición de la malhumorada directora de la escuela, las andanzas de unos tejones adictos a la miel y las causas que provocaron el experimento para achicar a un quinteto de minions súbitamente metamorfoseados en una suerte de supermanes en miniatura.

Y hablando de esos pequeños, a menudo graciosos y simpáticos personajes redondos y amarillos de ojos saltones que se comunicaban en un indescifrable lenguaje chillón, al parecer han tomado algunos cursos que les permiten manejarse en un lenguaje convencional, su participación en la historia ha quedado reducida al mínimo, quizás porque han perdido buena parte de la magnética simpatía y el encanto que sus multitudinarios fans menores de diez años disfrutaban a mandíbula batiente. O, con mayor probabilidad porque ellos de igual manera seguirán teniendo el protagonismo en los redundantes episodios que la productora de seguro tiene en el refrigerador en espera de ser horneados y puestos a la venta, entretanto asimismo se les dedican algunos videojuegos, así como proliferan sus réplicas físicas comercializadas en las jugueterías. No falta quién cree posible que pronto hasta circulen supositorios con forma de minions precisamente.

Los coguionistas Mike White y Ken Daurio no parecieran haberse percatado de que no resulta suficiente acumular muchas buenas ideas en el libreto si luego los directores, para el caso Chris Renaud, uno de los creadores de los minions, y Patrick Delage no encuentran, o tal vez ni siquiera pretendieran buscar, la manera de articularlas durante el rodaje, en lugar de solo amontonarlas, haciendo que el resultado final tenga la apariencia de una sucesión de cortometrajes, inconclusos para peor.

Los dibujos mantienen la calidad del original y la banda sonora es uno de los pocos logros de esta rehechura falta de cualquier atisbo innovador que abunda en chistes escasamente risibles y frenéticas secuencias de acción que se suceden a un ritmo de igual manera apresurado al máximo sin que ello consiga empero encubrir cuán deshilvanada es la historia, dado que su forma de avanzar deja en todo momento la impresión de no ir hacia ninguna parte.

Acabada la proyección uno se queda con la duda acerca de dónde encajaban las escenas de las hijas de Gru practicando artes marciales o qué aportaban las de Lucy, la esposa de Gru, empeñada en ganarse la vida como peluquera sin tener ninguna aptitud para el oficio.

En buenas cuentas tales incertidumbres, entre otras, persisten debido al insuficiente desarrollo emocional de los personajes, fácticamente el propio Le Mal es el villano más endeble de la serie, Gru junior semeja un boceto inacabado y a las muchas inconclusas situaciones argumentales o subtramas que parecen simple relleno sin aportar un ápice a la dubitativa coherencia de la historia de Mi villano favorito 4 semejante a un pastiche cuyo principal gancho siguen siendo los minions, en gran medida subutilizados, como si únicamente estuviesen en pantalla insinuando sin disimulo que ya vendrán nuevas entregas tan solo destinadas, como dije antes, a proseguir sumando millones a los ingresos de la empresa productora.

Ficha técnica

Titulo Original: Despicable Me 4 – Dirección: Chris Renaud, Patrick Delage – Guion: Mike White, Ken Daurio – Animación: Pierre-François Duhamel, Alex Angelis, Renaud Buvat, Carter Goodrich, Sergio Lopez, Nicholas Olivieri, Jim Sweeting, Raymond Ross, Nicolas Reimer – Arte:  Scott Cooper, Daniel Fernandez Casas, Gregory Georges – Montaje: Tiffany Hillkurtz – Música: Heitor Pereira – Efectos:  Emmanuelle de Amézaga, Cédric Burkarth, Jérémy Gurdal, Jade Gachet, Pierre Legargeant, Pablo Penchansky, John Hreich, Maxime Poron, Michael Alcover, – Producción: Jean-Luc Florinda, Brett Hoffman, Christopher Meledandri, Helena Muzi Cohen, Sandrine Lagareste – Voces:  Steve Carell, Pierre Coffin, Will Ferrell, Sofía Vergara, Chris Renaud, Dana Gaier, Madison Skyy Polan, Miranda Cosgrove, Kristen Wiig, Steve Coogan, John DiMaggio,  Stephen Colbert, Chloe Fineman, Joey King – EEUU/2024

Texto: Pedro Susz K.

Fotos: Internet

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Las Illas e Ispallas en el Musef

Un libro y una exposición explican estas figuras sagradas de las culturas andinas

/ 21 de julio de 2024 / 06:08

El Museo Nacional de Etnografía y Folklore (Musef)  presentará la exposición Illanakan, Ispallanakan Ajayu y el lanzamiento del libro homónimo, el 24 de julio a las 19. 00 en las instalaciones del repositorio, en la calle Ingavi.

Este evento, fruto de años de investigación rigurosa y colaboración interdisciplinaria, ofrece una visión integral del mundo de las illas e ispallas, figuras sagradas de las culturas andinas que simbolizan protección y abundancia. A través de una combinación de estudios etnográficos y arqueológicos, los autores Ireneo Eloy Uturunco Mendoza, Aida Acarapi Cahuana, Byron Silvester Alarcón Romero y Luis Isaac Callizaya Limachi han logrado una obra que no solo documenta estas prácticas ancestrales, sino que también resalta su relevancia en la actualidad.

El proceso de investigación que dio vida a la muestra es un viaje que recorre desde el período prehispánico hasta nuestros días. Los autores han trabajado estrechamente con comunidades locales, participando en ceremonias rituales y recolectando testimonios orales que enriquecen el contenido del libro. Además, la obra está complementada con una colección de fotografías y gráficos que ilustran los objetos culturales y su contexto sociocultural.

La exposición que acompaña el lanzamiento del libro presenta una colección de 70 bienes culturales, cada uno con su propia historia y significado. Esta muestra ofrece al público la oportunidad de interactuar con piezas que han sido fundamentales en las prácticas ceremoniales y la vida cotidiana de las comunidades andinas. La curaduría de la exposición ha sido diseñada para crear un recorrido inmersivo que conecta a los visitantes con las tradiciones y creencias que han perdurado a lo largo del tiempo.

SENTIDOS DE ILLA

En el marco del pensamiento andino, la cualidad de los seres es muy dinámico, principalmente de aquellos vinculados a los fenómenos naturales, como la intervención del rayo o illapa, por ejemplo. A partir de las lenguas puquina, aymara y quechua, la acción del rayo estaría relacionado con todo lo luminoso (la luz, el fuego, lo que brilla), principalmente, mediante su centelleo (relámpago), transfiriendo energías en los seres alcanzados por su resplandor, los cuales serían considerados como illa/illi, cuya esencia animadora determinaría la renovación de los seres.

De acuerdo con Federico Aguiló (1997), históricamente la construcción del sentido y significado de illa, estaría vinculada a la lengua pukina y subsistirá relacionado con lo luminoso, la luz y el fuego. Con estos significados habría pasado a las lenguas aymara y quechua. En tal sentido, su definición abarcaría variados elementos.

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“Illa, illi, illn = Pensamiento. Iluminación de la mente. Hay una clara referencia a la luz y el fuego, a lo que brilla. Lo que está dentro. Algo vacío. Las ‘illas’ son las piedras bezoar, que se sacan del hígado de las llamas y sirven para hechizos y encantamientos de los yatiris… Illapa (rayo, relámpago). Illimani, Illampu (Bol.) Illiniza (Ecuador), nevados andinos son de raíz claramente puquina”, según Aguiló (1997: 262).

En este mismo sentido, Aguiló menciona que, en la lengua aymara, los topónimos en illa e illi, desplegarían varios significados, como brillo, luz, claridad. Henriette Szabó (2008), citando a Aguiló (1988), menciona que el término illa sería de origen puquina y significaría “estrella, luz que parpadea”, también, “peña tocada por el rayo o moneda preciosa”. La autora menciona, también, el uso del término en el norte andino boliviano, es decir la zona Kallawaya, en donde “designa a ciertas especies de ‘plantas’, a veces silvestres, que son consideradas cuidadoras de las especies domésticas, y se llama también ‘estrella’”.

Diferentes tipos de illas

Uno de los conjuntos más destacados en el libro y la exposición son las illas de animales. Estas pequeñas figuras, a menudo elaboradas en piedra o metal, representan llamas, alpacas y otros animales domésticos cruciales para la subsistencia de las comunidades andinas. Utilizadas en rituales de ofrenda, las illas de animales buscan asegurar la protección y la abundancia del ganado. Cada figura no solo es una obra de arte, sino también un testimonio de la profunda conexión entre los pastores andinos y sus rebaños.

Otro grupo de objetos fascinantes son las ispallas de cultivos. Estas representaciones de mazorcas de maíz, papas y otros productos agrícolas, talladas en piedra o madera, son esenciales en los rituales que piden buenas cosechas y la fertilidad de la tierra. Las ispallas destacan la relación simbiótica entre los agricultores andinos y la Pachamama, la Madre Tierra, de la cual dependen para su sustento.

Entre los objetos catalogados, las figuras humanas ceremoniales ocupan un lugar especial. Estas pequeñas estatuillas, usadas en rituales de agradecimiento y peticiones a los espíritus ancestrales, simbolizan la comunicación continua entre los vivos y sus antepasados. Cada figura es una manifestación tangible de la reverencia y el respeto que las comunidades andinas tienen por sus mayores y la sabiduría ancestral.

El lanzamiento del libro y la inauguración de la muestra será en el Musef el 24 de julio.

Amuletos y rituales

El libro también destaca una colección de amuletos y talismanes, pequeños objetos hechos de metales preciosos o piedras semipreciosas que se llevan como protección personal. Estos amuletos, diseñados para atraer buena suerte y salvaguardar la salud y el bienestar, son una prueba de la creencia persistente en las energías y fuerzas espirituales que influyen en la vida diaria.

Durante la feria de Alasita, los objetos ritualísticos en miniatura juegan un papel fundamental. Las miniaturas de bienes materiales como casas, vehículos y dinero, utilizados para pedir prosperidad y éxito en el nuevo año, son representaciones tangibles de los deseos y aspiraciones de las personas. Estas miniaturas capturan la creatividad y la esperanza de las comunidades andinas, reflejando sus sueños y metas para el futuro.

Finalmente, las vasijas ceremoniales, decoradas con motivos simbólicos, destacan en la colección. Estas vasijas, utilizadas para ofrecer chicha y otras bebidas a los dioses y espíritus, son esenciales en las ceremonias andinas. Cada vasija no solo es un recipiente, sino también un medio de conexión con lo divino, subrayando la importancia de las ofrendas líquidas en las prácticas rituales.

Este proyecto ha sido posible gracias al apoyo de la embajada de Suiza en Bolivia, que ha contribuido significativamente en la impresión del libro. Esta colaboración internacional subraya la importancia de la preservación y difusión de las culturas ancestrales y fortalece los lazos culturales entre Bolivia y Suiza.

Texto: Meztly Pacassi

Fotos: Archivo MUSEF

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Bomba Viral combate los discursos de odio y la desinformación

Esta experiencia inmersiva y gamificada creada por la Fundación Muy Waso busca promover la Alfabetización Mediática e Informacional (AMI)

Por Mitsuko Shimose

/ 21 de julio de 2024 / 06:05

Una puma, un borochi, una capibara y un cóndor forman parte de los Centinelas AMI (Alfabetización Mediática e Informacional) del juego de mesa Bomba Viral, cuya misión principal es evitar la explosión de una “bomba viral” de desinformación y discursos de odio. Los participantes de este juego cooperativo deben formar equipos para acompañar a los centinelas en un recorrido a través de cuatro dimensiones en las que desarrollan distintas habilidades comunicacionales, periodísticas y digitales, explica Michelle Nogales, fundadora CEO y parte de la dirección operativa de la Fundación Muy Waso.

Enfatiza además que este juego, diseñado para personas mayores de 16 años, tiene “el objetivo de fortalecer la forma en la que nos relacionamos y reaccionamos frente a los contenidos y las noticias que nos rodean”.  Sin embargo,  afirma que más allá de todo, la idea es pasar un buen rato, resolviendo misiones en colectivo, discutiendo e intercambiando ideas en un entorno lúdico.

“Desde hace casi dos años, desde Muy Waso, como medio de comunicación y como organización de la sociedad civil, trabajamos en nuevos formatos y nuevas formas de contar historias y noticias, nuevas formas de compartir conocimiento. Nuestra apuesta es por la diversión, por el disfrute y por la imaginación”, señala Nogales.

La búsqueda de conocimiento a través de lo lúdico y recreativo desembocó en la idea del juego Bomba Viral, que nació a partir de esa necesidad de llevar ciertos aprendizajes sobre habilidades informacionales, comunicacionales y digitales, que pueden ser bastante enredadas o teóricas, de una manera sencilla, práctica, atractiva y entretenida.

Ese propósito reunió a un equipo de trabajo comprometido con la creación de Bomba Viral, conformado por Mijail Miranda (diseño conceptual y gamificación), Laura Balderrama – Santa Gata (diseño e ilustración de personajes y escenarios), Salvador Pomar (diseño de packaging, asistente de ilustración y diseño gráfico), Jhoselin Granados (producción general), Michelle Nogales y Mijail Miranda (dirección creativa) y Michelle Nogales (dirección general).

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Nogales enfatiza que el juego pasó por un proceso de diseño, prototipado y testeo continuo, durante alrededor de nueve meses. En noviembre de 2023, el equipo que creó el juego visitó la ciudad de Tarija para poner a prueba los primeros prototipos de esta experiencia. En esa presentación participaron activistas feministas y LGBTIQ+, comunicadoras, periodistas y universitarias. “Este proceso iterativo fue constante y dio como resultado esta primera versión del juego, que es también la que pudimos presentar en el Global Media Forum en Bonn, Alemania”.

Gracias a esto, la fundación logró una sociedad con DW Akademie. Nogales subraya que esta colaboración se debe a que desde 2018 el trabajo de Muy Waso llegó a tener cierta visibilidad a nivel regional. La fundación fue ganadora de diversas convocatorias, fondos y becas, lo que les permitió crear una importante red de colaboraciones y contactos. En todas sus participaciones, la innovación periodística y comunicacional fue una de las exigencias que se impusieron como equipo.

“Creemos que la innovación periodística y comunicacional fue un factor clave, ya que la DW Akademie no solo impulsa el desarrollo de medios en decenas de países en prácticamente todas las regiones del mundo, sino que también contribuye con el desarrollo de ese tipo de innovaciones. Quizás la colaboración era inevitable. Estamos muy contentas con su apoyo y toda la libertad que nos brindan. Durante los próximos meses seguiremos trabajando en un proyecto multidimensional en el que también participa CEPRA”.

Así concluye la experiencia vivencial y lúdica de este juego de mesa educativo, cuyo resultado es un universo narrativo transmedia en el que se entrecruzan talleres presenciales y seguimientos virtuales; un juego en cuyo espacio se fortalecen los conocimientos y habilidades mediáticas, informacionales y digitales para hacerle frente a la desinformación y los discursos de odio.

Texto: Mitsuko Shimose

Fotos: Muy Waso

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