Hace unos meses comenzamos este viaje grupal, solo de ida, con Pati García, en la formación del Taller Ser y Estar. Muchos de nosotros no sabíamos donde nos metíamos y nos sorprendimos al vernos a nosotros mismos el primer día persiguiendo un objeto imaginario que nos llevó a un mundo de sensaciones fuertes y más reales que la propia realidad, en el que nunca habíamos estado. Otros, que ya venían de anteriores talleres, se han hecho “teatro-adictos” por estas sensaciones, y por el gran compañerismo y magia que se generan.

Cuando viajamos, a todos nos ha pasado, parece que el tiempo se expande: salimos de nuestra zona habitual, de nuestros referentes espaciales y temporales, de nuestras costumbres, de nuestra normalidad. El Ser y Estar ha sido un viaje y una aventura interior en los que cada uno de nosotros ha saltado al “aquí” y al “ahora”, dejando a un lado, por cada dos horas de taller, los traumas del pasado o las preocupaciones del futuro. La preocupación por un posible futuro que aún no llega se ha vuelto en ocupación y presencia en el cierto e ineludible cruce entre el “aquí” y el “ahora” que constituye el presente. Y el presente, como su propio nombre indica, es un regalo.

Cuando viajamos estamos más abiertos a los demás y menos ensimismados en el espejo de cada uno de nuestros “yo”, fuente de tantas dudas e inseguridades. Miramos más a la ventana que a nuestro celular, hablamos con gente diversa, de diferentes edades, orígenes o condiciones, algunos con los cuales nunca pensábamos que fuésemos a hablar, menos aún a conocer. El viaje en el Ser y Estar también nos ha ofrecido el regalo de salir fuera de nosotros dando una voltereta, como Omar (integrante del taller), para encontrar al “otro” en cada uno de los compañeros que teníamos enfrente, cada uno de ellos con sus sombras, sus luces, sus fantasmas, y sus dones, todo lo que otorga a cada uno su personalidad y su fuerza —su regalo —, en el escenario y en el mayor de los escenarios, que es la Vida.

Daniela Gandarillas

Cuando viajamos, siempre se dice que el viaje de retorno resulta más largo. Tal vez sea por el miedo a volver a enfrentar nuestros problemas cotidianos, nuestros miedos y arrepentimientos de cada día, nuestras relaciones manifiestamente mejorables con familia o amigos, nuestros trabajos que hace mucho dejaron de ser la posible materialización de un sueño de niñez.

Tal vez por eso haya aflorado la historia de Ulises, Odiseo, como eje vertebrador del fruto final de este taller: la obra Cósmico.

Y hablo de fruto final porque el taller ha sido una planta que ha ido creciendo y dando sus frutos con cada día de riego y sol.

Para mí ha sido una de esas sincronías mágicas que ocurren en la vida, pero que también hay que poder percibir. Desde mi juventud siempre me fascinó la historia de Ulises, la Odisea: sus interacciones con los dioses, los héroes, los monstruos y el propio Destino, su voluntad inquebrantable de volver al hogar, incluso si para ello debía descender al propio Averno o navegar contracorriente a los divinos soplos de Poseidón. Ulises, “fecundo en ardides”, siempre se las arreglaba para, a través de su astucia, hacer frente al (Kaos – desorden – destino) a través de su (Logos – orden – voluntad), animando a cada uno de nosotros a ser dueños, actores y directores de nuestra propia e única vida.

Con el tiempo, la vida y también el guion de la vida que vamos coescribiendo con el destino me hizo salir a mí mismo de mi propia Ítaca, a enfrentar yo mismo diferentes cantos de sirena, lotos adormecedores, monstruos varios y cíclopes miopes. Cada uno de nosotros y nosotras, ha enfrentado o enfrentará, despedidas con diosas, descensos a los infiernos, retornos de maridos que se daban por muertos, o añoranzas de Penélopes que seguramente ya no destejan por las noches lo que tejían por el día.

Con el tiempo, la fuerza de la Odisea, para mí, se ha ido desplazando, desde las aventuras y dificultades del viaje al propio deseo de volver, a la propia materialización del retorno 20 años después de su partida: al reencuentro de Ulises con su padre Laertes (ya con cataratas), a la caricia de Ulises a su perro Argos (que muere de alegría nada más reconocerle), al abrazo de Ulises con su esposa Penélope (que aún le quiere, pero que tal vez ya no le quiere).

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Con el tiempo, la fuerza de la Odisea, para mí, se ha ido desplazando también desde el retorno de Ulises a lo no escrito por Homero: al “después de volver”. ¿Podrá perdonar Penélope a Ulises su larga ausencia? ¿Tras unas semanas en el hogar, en la rocosa y monótona Ítaca, añorará Ulises la adrenalina de sus aventuras, las victorias en la batalla, los años pasados junto a la diosa Calipso?

A través de Cósmico invitamos al espectador a ser partícipe de este retorno, de este volver, de esta aventura, que no nos pertenece a los miembros del Ser y Estar, ni tampoco a Homero o a Ulises, sino a todos los que somos parte de esta humanidad desde hace ya casi 30 siglos. Deseamos que esta obra les toque a ustedes, espectadores, en alguna parte propia de cada uno, como nos ha tocado a nosotros, pues esta es la adaptación de una historia eterna y universal, de la historia de esas luchas, esos deseos y contradicciones que a veces nos llenan y a veces nos atormentan.

Ser y Estar Teatro XV presentará Cósmico, el viaje de retorno de Odiseo a través de las estrellas el domingo 23 de junio a las 19.30 en Teatro Nuna (parada Pumakatari San Miguel), dirigido por Pati García, con foto y arte de Daniela Gandarillas, luces de Diego Ayala y video de Mateo Gonzales  y Chelo Huarachi.

Actúan: Alba Castedo, Alejandra Pareja, Alejandra Quevedo, Alejandra Virreira, Andrés Chive, Andrés Ramírez, Anna Montevilla, Ariel Cortez, Artista del Hambre, Danny Moscoso, Diego Zurdo, Dunia Ramjem, Fabiana Ga Taboada, Félix Larriba, Guillermo Flores, Guillermo Gómez, Guille Sáinz, Jonathan Gómez, Karen Gumiel, Luna León, Matías Ortuste, Natalia Viviani, Nathan Leaño, Nicole Marín, Omar Mamani, Orlando Gutiérrez, Paolo Lotti, Rayner Escobar, Rodrigo Vélez, Sabrina Eavan, Samuel Rueda, Sofia Carriquiriborde, Vale Miranda, Valeria Villalba, Vania Salcedo, Virnia Patzi y Wenceslao Urquizo.

Entradas en www.nunaespacioarte.com  o en boletería, de miércoles a domingo, de 16.30 a 20.30.

Texto: Diego Zurdo

Fotos: Daniela Gandarillas