La Revista

viernes 28 ene 2022 | Actualizado a 18:46

A su paso por La Paz Scorpions hizo historia

La banda alemana Scorpions movilizó a miles de fans, técnicos, comerciantes en la escala paceña de su gira de despedida Get you sting and Blackout. Los rockeros hicieron gala de profesionalismo; Bolivia demostró que es plaza de espectáculos de primer nivel.

/ 19 de septiembre de 2010 / 05:00

La banda alemana Scorpions movilizó a miles de fans, técnicos, comerciantes en  la escala paceña de su gira de despedida Get you sting and Blackout. Los rockeros hicieron gala de profesionalismo; Bolivia demostró que es plaza de espectáculos de primer nivel.

«Lo hemos hecho.. estamos en Bolivia, disfrutando de la altura».  Klaus Meine, cantante de Scorpions, saludó a La Paz rodeado de sus cómplices de 40 años de música: Matthias Jabs (guitarra), Rudolff Schenker (guitarra), Pawel Maciwoda (bajo) y James Kottak (batería) ¿Son sesenteros ? No se nota y menos en su rock que suena como portento, «igual que en los discos».

La banda había llegado a La Paz el miércoles en un avión privado y en medio de un operativo de seguridad fue trasladada en automóviles Audi del aeropuerto de El Alto a el hotel Europa.

Allí esperaban a los rockeros ocho pisos, un equipo dispuesto a satisfacer sus deseos, cientos de fans y la prensa. En la conferencia, pese a la mala traducción, los Scorpions dejaron claro que carisma no les falta. «Esta ciudad quita el aire, pero no por la altura sino por su belleza», dijo un diplomático Maine,  Kottak brindó con cerveza nacional y Schenker prometió un concierto inolvidable en su despedida.

Confirmaron esas palabras los más de 25.000 espectadores que se dieron  cita en el estadio Hernando Siles la noche del jueves. La mayoría había esperado durante horas, algunos incluso habían dormido en las aceras o llegado desde el interior. A las 21.00 muchos recobraban el aliento por la carrera obligada tras superar el férreo y lento control en la entrada.  Las puertas tenían que haberse abierto temprano.

Pero de cara al megaescenario construído en la cancha del estadio ya nada importaba: Scorpions, la banda alemana maestra de heavy metal, la que logró armonizar la fuerza del riff con el romace de la balada, la mítica, la histórica, cantaba en vivo  y directo. «He soñado toda mi vida con verlos», dijo Juan Alberto Cruz, conteniendo la emoción de sus 40 años en una chamarra de cuero y sujetando una pancarta: «There is no one like you, Scorpions», rezaba el cartel hecho con su trazo de arquitecto. A su lado, su hijo de 15 años daba brincos.

A las 21.20,  apenas 20 minutos después de lo previsto, la banda se apropió del escenario y a partir de ahí Scorpions no dejó el mínimo lugar a dudas de su poderío musical.

«Finalmente lo hicimos, estamos aquí, Bolivia», se presentó Meine y cantó A Sting in the tail y continuó con The zoo, Loving you sunday morning.  Jab brillaba con el riff de su guitarra junto a un Schenker más serio, quizás más diestro. Maciwoda, correcto, se lucía en el bajo y, desde la altura de su batería, como rey que mira a sus súbditos: Kottak, el maestro Kottak.

Las largas colas habían desaparecido pero las inmediaciones del estadio seguían atestadas de gente: grupos de jóvenes y adultos escuchaban el concierto al calor de un combo; policías en cuadrillas corrían de aquí para allá y cientos de vendedores ofertaban comida, discos, poleras, souvenirs.

Enormes pantallas transmitían en circuito cerrado el recital dentro del Siles. Las tomas de los músicos se fundían con espectáculares efectos especiales e imágenes de video clips, de esos que se hicieron antes de que exista MTV.

A estas alturas, la banda ya había tocado una decena de temas. Entonces Meine tomó dos enormes banderas de Bolivia y Alemania y las ató con respeto en señal de hermandad, ante la aprobación unánime del público. Después, envuelto en la tricolor, cantó Send me an angel, Holy day y Wind Of Change. Una paloma blanca voló desde el escenario. El público de las rectas y las curvas se unió entonces en un potente coro: «¡Scorpions, Scorpions!».

Cada uno de los músicos presentó un solo pero el que, a su turno, ejecutó a  James Kottak hizo estallar a la multitud. Este enorme rubio revivió la historia de su banda con su batería e interactuando constantemente con la gente. «Kottak attack» decía la leyenda estampada en su polera que dio paso a un «You kick ass» en una segunda prenda. Pero el batero tenía más que decir y sus mensajes se desplegaban como cebolla. «Rock & roll for ever» se leía en su camiseta y cuando se despejó de ésta dejó ver las mismas palabras tatuadas en su espalda.

El público —desde adolescentes con pinta emo pasando por cuarentones ejecutivos, seguro salidos de la oficina, hasta veteranos rockeros que desempolvaron sus chamarras de cuero— estaba extasiado cuando la banda interpretó Black out y Big city nights mientras en la pantalla gigante se proyectaba en letras gordas: «La Paz».

«Thank you, Bolivia», gritó el cantante y la banda dejó el escenario. Ovaciones, gritos, cántaticos exigieron su retorno. «There is not one like you, Bolivia», gritó Meine de nuevo en el escenario y dedicó su famoso tema There is not one like you. Las guitarra se lucieron, a continuación, en Rock you like a Huricane. 

Faltaba aún el himno del romance de los 80. Maine cantaba a capela Still loving you cuando las puertas de cancha se abrieron y una multitud ingresó a empujones. Todos esperaban que la versión vocal dé paso a la balada completa; pero no. Scorpions cantó la primera parte y educadamente se fue:  «Good bye, Bolivia».

«¿No van a terminar la canción?», se preguntaba incrédula Marisa Aponte, rockera de hueso colorado de 23 años, quien había venido desde Cochabamba. El público, resignado pero feliz, comenzó a irse. Eran las 23.10. Hubo aglomeraciones a la salida y cuentan que algún disturbio creció cuando la policía uso gases lacrimógenos. Lo cierto es que no se registraron mayores incidentes.

Hubo errores de organización, cierto, pero La Paz mostró que es plaza viable para grandes shows. Esta puerta la abrió Scorpions.

Operativo
La llegada

La banda alemana llegó el miércoles a La Paz y se presentó jovial a la prensa.

Recital
En Miraflores

Mr. Queen abrió. Scorpions cantó desde las 21.20 hasta las 23.10.

Pawel, en busca de la  Pachamama

Carla Hannover-Iblin Linarez
«¿Qué es la Pachamama?», preguntó el bajista de Scorpions… Una hora antes incrédulas observamos cómo Pawel Maciwoda se acercaba a nosotras. Eran cerca de las 23.30 del miércoles en el Hotel Europa y acabábamos de enviar la crónica de la conferencia de prensa que horas antes la banda alemana había brindado en La Paz.

Con un beso en la mano, el Scorpion amablemente nos saludó y nos invitó a tomar un shot de tequila dorado, su bebida favorita.  «Quiero saber cómo se divierten en La Paz», dijo. Minutos después, pese al pedido de su mananger de que no saliera, ingresábamos a la Costilla de Adán.

Curioso por el lugar, Pawel lo recorrió de principio a fin. «Este sitio se parece a uno que visité en Krakovia», recordó el rock star. «Aquí no hay tanta contaminación ¿no? Se respeta el medioambiente, el equilibrio entre la naturaleza y la gente», comentaba luego de practicar el brindis al estilo boliviano: «primero para la Pachamama y luego seco». 

A pocas horas de haber aterrizado en La Paz, Pawel estaba sorprendido por la euforia de los fans que fueron a recibirlos, a él y a su banda, al aeropuerto. «Aquí la gente es muy expresiva. En Alemania ya nadie hace eso. Puedo salir por la calle y soy uno más», afirmó.

Durante la velada, respondimos sus curiosidades sobre el país y nuestras costumbres. «Hablando de ello les voy a enseñar cómo se brinda en Alemania», comentó el bajista. Las horas habían pasado, cerca de las 03.00,  Pawel se despidió llevándose algo del ajayu paceño y dejandonos una certeza: el Scorpions ya conoce a la Pachamama… y ella quizás lo adoptó.

A su paso por La Paz, Scorpions hizo historia
-viene en la página 36

La banda alemana Scorpions movilizó a miles de fans, técnicos, comerciantes en  la escala paceña de su gira de despedida Get you sting and Blackout. Los rockeros hicieron gala de profesionalismo; Bolivia demostró que es plaza de espectáculos de primer nivel.

«Lo hemos hecho.. estamos en Bolivia, disfrutando de la altura».  Klaus Meine, cantante de Scorpions, saludó a La Paz rodeado de sus cómplices de 40 años de música: Matthias Jabs (guitarra), Rudolff Schenker (guitarra), Pawel Maciwoda (bajo) y James Kottak (batería) ¿Son sesenteros ? No se nota y menos en su rock que suena como portento, «igual que en los discos».
La banda había llegado a La Paz el miércoles en un avión privado y en medio de un operativo de seguridad fue trasladada en automóviles Audi del aeropuerto de El Alto a el hotel Europa.

Allí esperaban a los rockeros ocho pisos, un equipo dispuesto a satisfacer sus deseos, cientos de fans y la prensa. En la conferencia, pese a la mala traducción, los Scorpions dejaron claro que carisma no les falta. «Esta ciudad quita el aire, pero no por la altura sino por su belleza», dijo un diplomático Maine,  Kottak brindó con cerveza nacional y Schenker prometió un concierto inolvidable en su despedida.

Confirmaron esas palabras los más de 25.000 espectadores que se dieron  cita en el estadio Hernando Siles la noche del jueves. La mayoría había esperado durante horas, algunos incluso habían dormido en las aceras o llegado desde el interior. A las 21.00 muchos recobraban el aliento por la carrera obligada tras superar el férreo y lento control en la entrada.  Las puertas tenían que haberse abierto temprano.

Pero de cara al megaescenario construído en la cancha del estadio ya nada importaba: Scorpions, la banda alemana maestra de heavy metal, la que logró armonizar la fuerza del riff con el romace de la balada, la mítica, la histórica, cantaba en vivo  y directo. «He soñado toda mi vida con verlos», dijo Juan Alberto Cruz, conteniendo la emoción de sus 40 años en una chamarra de cuero y sujetando una pancarta: «There is no one like you, Scorpions», rezaba el cartel hecho con su trazo de arquitecto. A su lado, su hijo de 15 años daba brincos.

A las 21.20,  apenas 20 minutos después de lo previsto, la banda se apropió del escenario y a partir de ahí Scorpions no dejó el mínimo lugar a dudas de su poderío musical.

«Finalmente lo hicimos, estamos aquí, Bolivia», se presentó Meine y cantó A Sting in the tail y continuó con The zoo, Loving you sunday morning.  Jab brillaba con el riff de su guitarra junto a un Schenker más serio, quizás más diestro. Maciwoda, correcto, se lucía en el bajo y, desde la altura de su batería, como rey que mira a sus súbditos: Kottak, el maestro Kottak.

Las largas colas habían desaparecido pero las inmediaciones del estadio seguían atestadas de gente: grupos de jóvenes y adultos escuchaban el concierto al calor de un combo; policías en cuadrillas corrían de aquí para allá y cientos de vendedores ofertaban comida, discos, poleras, souvenirs.

Enormes pantallas transmitían en circuito cerrado el recital dentro del Siles. Las tomas de los músicos se fundían con espectáculares efectos especiales e imágenes de video clips, de esos que se hicieron antes de que exista MTV.

A estas alturas, la banda ya había tocado una decena de temas. Entonces Meine tomó dos enormes banderas de Bolivia y Alemania y las ató con respeto en señal de hermandad, ante la aprobación unánime del público. Después, envuelto en la tricolor, cantó Send me an angel, Holy day y Wind Of Change. Una paloma blanca voló desde el escenario. El público de las rectas y las curvas se unió entonces en un potente coro: «¡Scorpions, Scorpions!».

Cada uno de los músicos presentó un solo pero el que, a su turno, ejecutó a  James Kottak hizo estallar a la multitud. Este enorme rubio revivió la historia de su banda con su batería e interactuando constantemente con la gente. «Kottak attack» decía la leyenda estampada en su polera que dio paso a un «You kick ass» en una segunda prenda. Pero el batero tenía más que decir y sus mensajes se desplegaban como cebolla. «Rock & roll for ever» se leía en su camiseta y cuando se despejó de ésta dejó ver las mismas palabras tatuadas en su espalda.

El público —desde adolescentes con pinta emo pasando por cuarentones ejecutivos, seguro salidos de la oficina, hasta veteranos rockeros que desempolvaron sus chamarras de cuero— estaba extasiado cuando la banda interpretó Black out y Big city nights mientras en la pantalla gigante se proyectaba en letras gordas: «La Paz».

«Thank you, Bolivia», gritó el cantante y la banda dejó el escenario. Ovaciones, gritos, cántaticos exigieron su retorno. «There is not one like you, Bolivia», gritó Meine de nuevo en el escenario y dedicó su famoso tema There is not one like you. Las guitarra se lucieron, a continuación, en Rock you like a Huricane. 

Faltaba aún el himno del romance de los 80. Maine cantaba a capela Still loving you cuando las puertas de cancha se abrieron y una multitud ingresó a empujones. Todos esperaban que la versión vocal dé paso a la balada completa; pero no. Scorpions cantó la primera parte y educadamente se fue:  «Good bye, Bolivia».

«¿No van a terminar la canción?», se preguntaba incrédula Marisa Aponte, rockera de hueso colorado de 23 años, quien había venido desde Cochabamba. El público, resignado pero feliz, comenzó a irse. Eran las 23.10. Hubo aglomeraciones a la salida y cuentan que algún disturbio creció cuando la policía uso gases lacrimógenos. Lo cierto es que no se registraron mayores incidentes.

Hubo errores de organización, cierto, pero La Paz mostró que es plaza viable para grandes shows. Esta puerta la abrió Scorpions.

 

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Documental sobre Janet Jackson ofrece un relato profundo del ascenso de la superestrella

El documental, producido por Jackson y su hermano Randy, presenta imágenes de películas caseras que se hacen públicas por primera vez, junto con entrevistas con estrellas como Tyler Perry, Samuel L. Jackson y Missy Elliott.

Por AFP

/ 28 de enero de 2022 / 18:15

Un nuevo documental sobre Janet Jackson que se estrenará el viernes ofrece una estrecha mirada a los primeros años de vida de la ferozmente reservada superestrella y su ascenso a la fama.

Pero en lugar de la jugosa revelación que supondría la serie, «Janet Jackson» ofrece un recuento de su historia dictado por la propia estrella de «Rhythm Nation», y hasta ahora no llega a ser revelador.

En la primera mitad de la serie de cuatro horas, que se transmitirá los viernes y sábados por la cadena estadounidense Lifetime, Jackson, de 55 años, habla sobre sus complejas relaciones con su padre y su hermano Michael, su reticencia a unirse a la industria del entretenimiento y sus matrimonios precoces.

El documental, producido por Jackson y su hermano Randy, presenta imágenes de películas caseras que se hacen públicas por primera vez, junto con entrevistas con estrellas como Tyler Perry, Samuel L. Jackson y Missy Elliott.

Comienza con Jackson y Randy visitando la pequeña casa de su infancia en Gary, Indiana, que sirve como telón de fondo mientras ella relata el ascenso de los Jackson 5.

Ella recuerda el amor «duro» de su padre Joe, quien durante años fue acusado de abusar física y emocionalmente de sus hijos. Jackson no niega explícitamente el abuso, sino que dice que la «disciplina» de su padre se debió a su deseo de que sus hijos tuvieran éxito, y asegura que le debe su carrera a él.

La ganadora del Grammy, cuyo álbum «Control» llegó a definir la música dance de la década de 1980 y sirvió de modelo para los artistas que vendrían, detalla cómo creció como una estrella infantil y habla de que quiso asistir a la universidad y estudiar negocios.

Aunque su padre, quien murió en 2018 a los 89 años, dijo que no, según Jackson, lo que la empujó más hacia una carrera en el mundo del espectáculo.

«Me ha abierto muchas puertas (…) tener ese nombre», confiesa en un momento. «[Pero] quería mi propia identidad».

Narra que se casó joven, se fugó con su amigo de la infancia James DeBarge en 1984, cuando tenía 18 años, para escapar del control de su padre y hacer sus propios cambios en su carrera.

El matrimonio fue anulado un año después, y Jackson citó el frecuente consumo de drogas de él.

Jackson también analiza brevemente cómo ella y su hermano Michael se distanciaron cuando el Rey del Pop encontró un éxito mundial inconmensurable.

También reitera sin muchos detalles adicionales que su familia negó durante mucho tiempo que ella tuviera un bebé secreto que, según rumores, se lo dio a su hermana para que lo criara o lo dio en adopción.

La serie gira en torno a su segundo matrimonio con Rene Elizondo en 1991, quien documentó gran parte de la vida de la pareja en videos caseros, imágenes que ocupan un lugar destacado en la primera mitad de la docuserie.

La segunda mitad, que se transmitirá el sábado, promete discutir las acusaciones de abuso sexual infantil contra su difunto hermano Michael.

También se espera que ofrezca su versión de la historia que rodea la infame «falla de vestuario», cuando Justin Timberlake expuso brevemente un seno de la artista en televisión en vivo durante el Super Bowl de 2004.

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El artista francés Invader celebra su ‘invasión’ 4.000 en Potosí

Invader eligió a Potosí por estar a 4.000 metros de altura.

Invader saludó a los mineros con el personaje de videojuegos Dig Dug.

Por Giannina Machicado

/ 28 de enero de 2022 / 16:12

El artista francés Invader estuvo en el país recientemente para celebrar su “invasión” número 4.000 en Potosí, debido a que esa ciudad está a similar altura. Las coloridas obras, de arte pixelado, son 53 y están ubicadas en varios puntos de esa ciudad.

El artista mantiene su identidad en el anonimato y su obra se basa en la pixelación de los videojuegos de los años 70 y 80. Aunque la “invasión” —como él llama a sus intervenciones artísticas— empezó el último día de diciembre de 2021, el francés publica de a poco fotos de las obras en su cuenta de Instagram: @Invaderwashere.

Realizó 4.052 “invasiones” en 80 ciudades del mundo. En Sudamérica, solo Sao Paulo y Potosí aparecen en su mapa, que puede verse en www.space-invaders.com. La elección de la ciudad boliviana no fue casual, ya que quiso realizar su intervención 4.000 en el lugar con similar altura.

“Invader es un artista urbano que lleva más de 30 años creando arte callejero. Se ve a sí mismo como un hacker que está infectando al mundo con un virus invasor”, refirió Adrián Nieve, director y editor de la página web especializada Malditos Bots.
Las obras se forman en base a mosaicos de cerámica con los que Invader “hace pixel art de personajes del famoso juego Space Invaders de 1978”, agregó.

búsqueda. “Potosí es la ciudad 80 que tengo la oportunidad de invadir. Una vez allí, habría sido una pena no instalar más piezas, así que traje más de media tonelada de equipo conmigo. Su ubicación, historia y paisajes son impresionantes y es sin duda una de las invasiones más intensas e increíbles que he podido hacer hasta ahora”, escribió el artista el 20 de enero.

Varios internautas de esa ciudad, al encontrarse con las figuras, van sumándolas en las redes sociales para ver si logran ubicar las 53. Incluso, hay una app —FlashInvaders— a través de la cual los habitantes pueden tomar fotos de los mosaicos y sumar puntos.

Hace cuatro días, el artista que tiene 675.000 seguidores en Instagram, dedicó un mensaje al Tío de la mina. Mientras que el pasado lunes se refirió al personaje de videojuego Dig Dug, que cava laberintos bajo tierra, para enviar sus respetos a los mineros potosinos.

Ayer, subió una imagen en la que recreó la portada de London Calling, el mítico álbum de la banda inglesa The Clash. Pero en ella, el bajista fue reemplazado por un minero pixelado.

Como esas, varias otras hacen referencia a la cultura boliviana, como el cóndor, la llama, el Cerro Rico, entre otros.

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Cantante Diego Verdaguer muere en EEUU por complicaciones de COVID-19

La también cantante Ana Victoria, hija de la pareja, rindió homenaje a su padre colocando en Instagram una foto de 2021 de Verdaguer con su nieto recién nacido.

El artista argentino Diego Verdaguer.

Por AFP

/ 28 de enero de 2022 / 15:51

El cantante argentino-mexicano Diego Verdaguer falleció el jueves en Los Ángeles a los 70 años por complicaciones relacionadas al covid-19, informó la familia en un comunicado.

«Toda la familia estamos sumergidos en este dolor, por lo que apreciamos su comprensión en estos momentos tan difíciles», dice el extracto del texto que fue publicado en las redes sociales de Verdaguer, y de su esposa, la también cantante Amanda Miguel.

Verdaguer fue hospitalizado en diciembre tras haber contraído COVID-19.

Su esposa compartió en varias ocasiones mensajes cuestionando la eficacia de las vacunas contra el covid-19.

«Quizás ‘la vacuna sea el famoso Covid !!! No gracias ni el microchip para naaaaddddaaaa'», tuiteó en abril de 2020 la intérprete de «Él me mintió».

Y Verdaguer dijo en una ocasión durante una entrevista que el coronavirus «es algo que han creado mentes perversas, que es algo manipulado».

No fue informado si la pareja se había finalmente inmunizado contra el virus.

La también cantante Ana Victoria, hija de la pareja, rindió homenaje a su padre colocando en Instagram una foto de 2021 de Verdaguer con su nieto recién nacido.

«Papi, gracias por todo, absolutamente todo lo que eres y con ello todo lo que nos diste. Estoy eternamente agradecida. Esta imagen permanecerá para siempre en mi corazón», escribió Ana Victoria.

Verdaguer nació en Buenos Aires el 26 de abril de 1951 y comenzó a cantar aún adolescente. Su carrera estuvo marcada con canciones como «Volveré» y «La ladrona», y junto a Amanda Miguel, su esposa desde los años 1970, formó uno de los duetos más exitosos del mercado hispano.

La pareja estaba a punto de iniciar la gira «Toda una vida» en varias ciudades de Estados Unidos.
«Por el profundo dolor que ha causado su partida, su familia ha decidido despedirlo en privado y pasar este difícil momento en tranquilidad y recogimiento. Posteriormente organizarán un acto público», detalló el comunicado.

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La tercera temporada de El Show del Pezón arrancará en febrero

Gustavo Riveros cumplirá 24 años de trayectoria en abril.

Gustavo Riveros 'El Pezón' en La Razón Radio.

Por Marcela Ossio

/ 28 de enero de 2022 / 15:37

La tercera temporada de El Show del Pezón arrancará en febrero a través de su página de Facebook Gustavo Riveros ‘El Pezón’. Las dos temporadas previas, compuestas por 65 programas, están en la misma página disponibles para el público, comentó el humorista, locutor y actor Gustavo Riveros este viernes por la mañana en La Razón Radio.

“Hemos tenido que reinventarnos por la cuestión de la enfermedad, ya que no podíamos hacer nada en ninguna parte. Tratamos de hacer algún tipo de show a través del Facebook, así que estamos con eso, en febrero arrancará la tercera temporada de El Show del Pezón a través del Facebook en la Página Gustavo Riveros ‘El Pezón’ , dijo el locutor.

Al comenzar la entrevista, el humorista señaló que «es importante tomar las cosas con humor, ya que el humor es un privilegio de la inteligencia, así que todo lo que voy a decir es con humor, no se vayan a rayar, a imaginar cosas, simplemente es humor nada más”.

Durante su visita a La Razón Radio «El Pezón’ habló de sus inicios como comediante, contó varios chistes y cantó dos temas musicales acompañado por su guitarra. La primera canción que tocó titula La chacarera del COVID y la segunda fue otra chacarera que se llama Andá sálvate, de autoría de un humorista conocido como El Duende Salteño.

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Carnet de vacunación será indispensable para danzarines y público del Carnaval de Oruro 2022

Las reuniones interinstitucionales de coordinación se llevarán a cabo desde el próximo miércoles.

Bailarinas danzan Diablada con barbijos.

Por Marcela Ossio

/ 28 de enero de 2022 / 11:12

La exigencia principal para participar en el Carnaval de Oruro 2022, ya sea como danzarines y/o espectadores, es el carnet de vacunación contra el COVID-19 con la segunda dosis, afirmó este viernes Jacinto Quispaya, presidente de la Asociación de Conjuntos Folklóricos de Oruro (ACFO), esta mañana en una entrevista en La Razón Radio.

“Se sostuvo una reunión con los presidentes y delegados de los 52 conjuntos que participan en el carnaval donde indicamos que los danzarines tienen que presentar el carnet de vacunación con la segunda dosis. Es un requisito indispensable para participar en el carnaval”, afirmó el presidente de la ACFO.

También comentó que la participación de los danzarines en el carnaval es completamente voluntaria y que el público tiene toda la libertad de ver el carnaval cumpliendo los protocolos de bioseguridad.

“Una de las exigencias que hemos pedido desde el Centro de Operaciones de Emergencia Municipal (COEM) y el Centro de Operaciones de Emergencia Departamental (COED) es la presentación del carnet de vacunación con la segunda dosis mínimamente en todas las instancias, incluso en el ingreso a la ciudad de Oruro de parte de quienes visitarán esta ciudad en el carnaval”, resalto Quispaya.

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