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China tiene 3,3 millones de hectáreas demasiado contaminadas para cultivar

Según la FAO el gigante asiático cuenta aproximadamente con apenas un 12 por ciento de su vasto territorio como terreno cultivable.

/ 2 de enero de 2014 / 13:30

China, el país más poblado del mundo, con más de 1.300 millones de personas, a pesar de su rápido desarrollo económico de las últimas décadas sufre ahora las contrapartidas de su masiva actividad industrial, ya que tiene 3,33 millones de hectáreas demasiado contaminadas para cultivar.

El viceministro de la Tierra y los Recursos Naturales, Wang Shiyuan, reconoció esta semana la envergadura del problema y dijo que su Gobierno destina ya «decenas de miles de millones de yuanes» anuales a combatirlo y a rehabilitar los terrenos y cauces subterráneos de agua contaminados.

Hasta ahora la contaminación del aire y de las aguas de gran parte del país causaron que no se hablara tanto de los efectos de los vertidos industriales en la calidad y la salubridad de la propia tierra, que pese al tamaño de China suma tan sólo el 7 por ciento de los terrenos cultivables del planeta.

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el gigante asiático cuenta aproximadamente con apenas un 12 por ciento de su vasto territorio como terreno cultivable, para alimentar a una población rural de 900 millones de personas, además de a los cerca de 500 millones de sus ciudades.

El problema empieza a salir a la luz en los medios locales por escándalos alimenticios de arroz y otros cultivos contaminados, sobre todo en el este, el centro y el sureste del país, donde más intenso ha sido el desarrollo industrial y económico que hicieron de China la «fábrica del mundo» en las últimas décadas.

Zonas como el delta del río Yangtsé (en torno a Shanghái, este), el delta del Perla (en la provincia de Cantón, sureste), la provincia central de Hunan o la más antigua base industrial del noreste de China, con ciudades como Pekín, Tianjin, Shenyang y Dalian, son las más afectadas por el problema.

Según Wang, China no permitirá que se vuelva a plantar en terrenos contaminados, ya que Pekín desea evitar por todos los medios que las sustancias químicas y tóxicas de los desechos industriales entren en la cadena alimenticia local.

Sin embargo, cumplir esto no será fácil en un país donde la necesidad de aprovechar al máximo todo terreno disponible ha dado lugar a que miles de granjas y campos de cultivo de todo el territorio acaben situados muy cerca de minas, plantas químicas, acerías o fábricas de industria pesada.

El objetivo del Gobierno es garantizar que al menos haya 120 millones de hectáreas cultivables anuales (hubo 111,59 millones en 2011, según las cifras más recientes de la FAO, con una superficie récord de 124,36 millones en 1992, y con su cantidad anual más baja registrada hasta ahora fijada en 96,94 millones, en 1980).

Para conseguirlo será necesario rehabilitar los terrenos afectados, aunque el Gobierno ha detectado en algunas zonas la presencia de metales tóxicos de origen industrial de hace incluso un siglo, así como de pesticidas prohibidos en los años ochenta.

Los investigadores oficiales temen que hasta el 70 por ciento del suelo de todo el país pueda sufrir en la actualidad este tipo de problemas.

A pesar de estar «estrictamente prohibidos», en 2013 han salido al mercado, y después a la luz, partidas de arroz contaminadas con niveles peligrosos de cadmio en la ciudad suroriental de Cantón, aunque el cultivo procedía de Henan, una provincia gran productora de metales pesados.

El plan económico quinquenal 2011-2015 prevé reducir las emisiones de la industria pesada y limpiar las zonas contaminadas, lo que podría hacerse, aunque a más largo plazo, plantando árboles o vegetación que absorba esos metales pesados de la tierra pero no sea consumida por seres humanos.

Con todo, la cadena alimenticia de la fauna local se verá inevitablemente afectada durante generaciones.

Un estudio de las autoridades chinas, llevado a cabo entre 2007 y 2009, asegura que el país contaba en realidad con 135 millones de hectáreas de cultivo, 13,5 millones más que en su anterior estudio nacional de 1996.

Sin embargo, indicó también que en ese tiempo se habían perdido 10,67 millones de hectáreas de praderas en todo el país, ante la degradación de su vegetación o su uso para la construcción o el cultivo.

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China empieza a ser un mercado clave para carne y alimentos de Mercosur

El país asiático empieza a ser percibida cada vez más claramente como un mercado clave para los grandes exportadores de carne.

/ 10 de mayo de 2013 / 04:46

Hace una década hubiera parecido impensable, pero China empieza a ser percibida cada vez más claramente como un mercado clave para los grandes exportadores de carne, así como de otros alimentos, del Mercosur.

Así se puede comprobar esta semana en el Salón Internacional de la Alimentación de Shanghái (SIAL 2013), una de las dos grandes citas anuales del sector en el país asiático, junto a la feria Food & Hotel (FHC) de cada noviembre, también en Shanghái, esta más especializada en hostelería que en distribuidores como la SIAL.

A pesar de la notable ausencia, este año, de países latinoamericanos como Chile o México -representado por una sola empresa-, la región impresiona en la decimocuarta edición de esta feria con una presencia mayor que nunca de los tres grandes productores de bovino del Mercosur: Brasil, Uruguay y Argentina.

El caso más llamativo es el de Uruguay, que acude con medio centenar de empresas, como Brasil, y que en los últimos meses, coincidiendo con recientes escándalos de seguridad alimentaria internacionales y en China, ha visto cuadruplicar sus ventas de carne de máxima calidad al país oriental de un año para otro.

«Si hasta ahora China importaba entre un 4 y un 5 por ciento de nuestra producción (unas 400.000 toneladas anuales de vacuno), en menos de un año han pasado a comprarnos un 20 por ciento de toda la producción uruguaya», explicó a Efe el presidente del Instituto Nacional de Carnes de su país (INAC), Luis Alfredo Fratti.

Para Fratti, que hace cinco años afirmaba en esta misma feria que China suponía, entonces, apenas un «complemento» para las exportaciones globales de este producto clave en la economía de Uruguay, el mercado chino en este tiempo «se ha transformado» hasta convertirse, desde diciembre, en su principal comprador por volumen.

El éxito se debe, recordó, a que «Uruguay se ha venido posicionando en un nicho de mercado de alto valor», con ganado criado al aire libre, alimentado de pasto, y con innovaciones como la llamada «trazabilidad» (seguimiento del origen de cada pieza de carne), que ofrece estándares de calidad difíciles de igualar.

Esto «ha permitido que Uruguay hoy se ubique entre los países que venden la carne al mayor precio internacional», dijo Fratti, y tras constantes esfuerzos, desde su introducción en la SIAL de 2005, esa posición empieza a confirmarse también en el mercado chino.

Si antes vendía sobre todo vísceras, de las que China aún compra la mitad de las que produce Uruguay, ahora el 80 por ciento de lo que exporta al país oriental son cortes de carne.

La tendencia es similar en Brasil, que diversifica sus exportaciones agroalimentarias a China: el 80 por ciento son soja, pero está incrementando sus ventas de carne (de la que es el segundo exportador mundial), así como de café, azúcar, y también vino, cachaza brasileña, zumos y miel.

«Brasil, por el tamaño de su cabaña y por la calidad de sus productos, es un socio confiable», destacó Marcelo Junqueira, director de Promoción Internacional del Agronegocio del Ministerio de Agricultura brasileño.

«Cualquier país que quiera tener seguridad alimentaria, no sólo de inocuidad, sino del volumen de la oferta, necesita tener socios que garanticen siempre el suministro en cualquier situación», y el tamaño y la producción de las firmas brasileñas les permite ser muy competitivos para garantizar tanto la calidad como la entrega, dijo.

Argentina, por su parte, tras años sin poder exportar carne a China por problemas fitosanitarios, empezó a hacerlo en octubre pasado, y en pocos meses ha notado un gran interés de los distribuidores chinos, aseguró a Efe el presidente del Instituto de Promoción de la Carne Vacuna de Argentina (IPCVA), Gonzalo Álvarez.

La entidad acude respaldando a 10 empresas cárnicas, ya que considera que China puede ser un «mercado potencial» por el peso que espera que llegue a tener su mercado de carne internacional.

Los distribuidores chinos saben que la carne argentina es de alta calidad, afirmó, así como que el país está ya libre de sus problemas de fiebre aftosa de 2006, según la Organización Internacional de Epizootias (OIE).

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