La Revista

miércoles 23 jun 2021 | Actualizado a 10:07

Fabricio Lara expone: «La mujer es la base de la sociedad»

El pintor orureño Fabricio Lara incorpora en sus cuadros la seda, inspirado en los bailes folklóricos. 

Lara aúna un contraste de azul y magentas con la sutileza de una tela sobre el cuerpo. Foto: Fabricio Lara

/ 29 de octubre de 2019 / 15:46

El artista orureño Fabricio Lara incorpora en sus cuadros la seda, un elemento que tomó inspirado de los trajes folklóricos. La exposición de 30 cuadros de temática femenina se exhibe en la galería Mérida Romero.

“Me interesa la temática femenina por su fuerza y profundidad, pero, sobre todo, por la armonía desde un punto formal… y también social, pues la mujer es la base y pilar de la sociedad”.

  • Figuras femeninas en pausa y equilibrio. Fotos: Fabricio Lara

Sin embargo, en la obra de Lara “el tema es un pretexto, el objetivo es el estudio del color”, recalca él mismo hace años, en cada entrevista donde se busca comprender el alma de su arte.

En esta exposición “plasma una visión diferente del estudio de la figuración femenina, ya que no solo es importante el aspecto morfológico del tema en sí,  sino que es más importante el factor morfológico de la composición de valores y texturas, especialmente el uso de técnicas mixtas usando pigmentos puros,  texturantes, telas, etc”, detalla la nota de prensa de galería Mérida Romero.

El pintor “ingresa en la experimentación del collage en diferentes materiales propios de nuestro folklore pagano religioso, pero encarando su trabajo con una visión contemporánea del mismo”, complementa el texto.

  • La base de este cuadro es el dibujo.

Sobre el uso novedoso de la seda, Lara revela a La Razón: “me interesa la transparencia, tonalidad y atmósfera que puede dar (la seda) al color”.

Su paleta se inspira en las culturas precolombinas y el contraste de colores es explorado y buscado, así como la profundidad y la armonía de la composición.

“El objetivo en primera instancia es el de poder transmitir una sensación ya sea pétrea, acuosa, lítica, solar, rupestre o cósmica y transportarme o transportar al espectador a diversos contextos, galaxias y/o universos”, dice el artista sobre esta particular muestra.

  • ‘Ángel y Esfera’. Obra que evoca a la creación.

La exposición está abierta hasta el jueves 31 de octubre en la calle Gabriel René Moreno Nº1223,  bloque E de San Miguel. Informes mediante el teléfono: 2798580.

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Las zapatillas contra el sistema de los ‘manteros’ de Barcelona

Las zapatillas fueron bautizadas Ande Dem que significa 'caminar conjunto' en Wolof, la lengua más hablada de Senegal.

Fábrica de la firma.

Por AFP

/ 23 de junio de 2021 / 08:44

Lamine Sarr no quería ser «mantero», dice que nadie sueña con pasar horas vendiendo productos falsificados en la calles de Barcelona a escondidas de la policía. Y menos cuando, como él, te has jugado la vida en el mar para llegar a Canarias desde Senegal.

Por eso Lamine ayudó a fundar el Sindicato Popular de Vendedores Ambulantes, que ahora lanza unas zapatillas con las que quieren cambiar las reglas.

«Como siempre vendíamos productos falsificados, teníamos la rabia de crear una marca, crear nuestros propios diseños y nuestra propia ropa», cuenta este senegalés de 38 años desde la tienda que regenta el sindicato en el barrio del Raval de Barcelona.

Las zapatillas, bautizadas Ande Dem, que significa «caminar conjunto» en wolof, lengua más hablada de Senegal, son el último lanzamiento de Top Manta, la firma de ropa que idearon en 2017, retomando como se conocen popularmente los productos que inmigrantes, principalmente subsaharianos, venden expuestos sobre mantas.

«Cuando creamos la marca, pensamos en sacar las zapatillas. Creíamos que era fácil, pero no teníamos los medios porque empezamos con cinco camisetas», recuerda.

Han sido dos años de trabajo para crear junto a dos artistas locales estas deportivas veganas y sostenibles, que se fabrican en pequeños talleres de calzado de España y Portugal. Cuestan $us 136 y se presentaron con un impactante video en Instagram, donde el sindicato tiene 63.000 seguidores.

«La vida no es como un anuncio de zapatillas. Sabemos que la carrera tiene trampas», narra una voz femenina en el spot, mientras se reproduce la escena de una persecución policial.

Lamine, que ha vivido muchas, incluso un juicio en el que se pedía su expulsión, cuenta que es imposible trabajar como ambulante y no tener problemas con la ley.

Sin turismo

La gran lucha del sindicato es para sacar a los «manteros» de la calle, a la que muchos se ven condenados porque las leyes migratorias españolas exigen, entre otros requisitos, una estancia de tres años en el país y un contrato laboral de un año para obtener la residencia legal.

«¿Cómo puedo estar en un sitio tres años sin hacer nada? No lo podía creer», lamenta Lamine, quien no le contó a su familia, de una zona rural de Senegal, que pensaba marcharse a Europa. Tras una travesía de una semana en el mar, en 2006 llegó a Fuerteventura y pasó por varias ciudades hasta instalarse en Barcelona.

Consiguió dejar de vender en la calle hace dos años, como otros 120 exmanteros a los que el Sindicato ha ayudado a regularizar su situación.

Actualmente hay unos cien vendedores trabajando en Barcelona, según cálculos del Ayuntamiento, lejos de los casi 700 antes de la pandemia, y de las cifras mucho mayores que denuncian algunos comerciantes.

La desaparición de los turistas acabó con el trabajo de Oumy Manga, que llevaba cinco años como «mantera».

Vestida con un colorido turbante a juego con su vestido, Oumy se concentra en la confección de una camiseta en el taller de Top Manta, donde la música africana se entrelaza con el sonido de las máquinas de coser. Allí está acabando ahora un curso de confección, y otro de español y catalán.

«No me gusta vender, por eso estamos aquí, aprendiendo cosas para no volver a la calle», cuenta esta joven de 32 años, que también colaboró en la producción de mascarillas y material médico durante la pandemia.

El bajo donde funciona este taller en el que trabajan 25 personas, a unas calles de la tienda, lo consiguieron en colaboración con el ayuntamiento, que apoya algunas iniciativas del Sindicato.

«El problema estructural viene por unos flujos migratorios y una ley de Extranjería que no es realista, y al final somos las ciudades las que tenemos que acabar gestionando la situación de una ley que nosotros no podemos cambiar», lamenta Álvaro Porro, comisionado de Economía Social del Ayuntamiento de Barcelona.

Si hubiera imaginado lo que le esperaba, Oumy no se hubiera aventurado al mar desde Senegal hacia Canarias, sin hablar español y con el único contacto de una tía en Barcelona.

«Siempre lo pienso. Si lo hubiera sabido, no hubiera venido. Es muy complicado estar aquí como cinco años sin papeles, sin trabajo», relata bajando la voz.

Todavía en situación irregular, espera comenzar a remontar ahora que cuenta con una nueva aliada, la máquina de coser.

«Me gustaría seguir cosiendo, es mi profesión», asegura con el sueño de poder crear un día su propia colección.

De momento, parece que hay futuro para Top Manta: tras la buena acogida de las primeras 400 zapatillas, ya preparan un nuevo pedido.

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Cali, el soterrado odio de clases que destaparon las protestas en Colombia

Con sus boutiques de lujo, mansiones con piscina y avenidas repletas de palmeras, Ciudad Jardín parece un pequeño Beverly Hills, donde prácticamente nadie salió a manifestarse cuando el presidente Iván Duque decretó en plena pandemia un alza de impuestos para la clase media.

Manifestaciones en Colombia

Por AFP

/ 23 de junio de 2021 / 08:35

En un barrio rico de Cali, civiles sacaron sus pistolas y fusiles para disparar contra manifestantes, con policías a su lado. Querían cuidar sus «bienes» de la ira popular. Tras 50 días de protestas, el odio de clases se instala en la tercera ciudad de Colombia.

Ya fracturada por la desigualdad y el racismo, la capital del Valle del Cauca (suroeste) se encontró con una realidad soterrada.

El 28 de mayo, una turba de barrios marginales arribó al exclusivo sector de Ciudad Jardín e intentó incendiar una estación de policía. Los vecinos respondieron a tiros.

«Se vivió algo como una guerra civil en la cual, en un bando, estaban civiles preocupados por sus hogares y sus bienes y la policía, y por el otro lado manifestantes (…) queriendo imponer esa anarquía y ese caos en nuestro barrio», dijo a la AFP Andrés Escobar, un publicista de 30 años.

Escobar fue uno de los que sacó su arma. Asegura que hizo «unos disparos al aire» con una pistola automática, en la más sangrienta jornada del llamado paro nacional, que dejó 13 muertos en la ciudad.

Fue la más clara manifestación de «un conflicto (…) atravesado por las diferencias de clase, por las diferencias de raza y por las diferencias étnicas» que agudizó la pandemia, asegura Luis Castillo, sociólogo de la Universidad del Valle.

Con sus boutiques de lujo, mansiones con piscina y avenidas repletas de palmeras, Ciudad Jardín parece un pequeño Beverly Hills, donde prácticamente nadie salió a manifestarse cuando el presidente Iván Duque decretó en plena pandemia un alza de impuestos para la clase media, que luego retiró.

Ni tampoco contra la represión policial, que avivó el malestar.

Racismo

Quienes se movilizaron el 28 de abril fueron sindicatos y estudiantes que exigen un cambio de rumbo al gobierno conservador desde 2019.

Pero también y por primera vez, jóvenes negros y mestizos de sectores populares como Siloé en las laderas de la montaña del suroeste, o Aguablanca en el este, arrinconados por la pandemia que arrojó tres veces más personas a la pobreza en Cali (+67%) que en el resto del país.

En esta ciudad existe una clara «segregación racial» de jóvenes afrodescendientes que viven en barrios desfavorecidos, afirma Castillo. Lo que explica que se rebelaran cuando el confinamiento reventó la economía informal.

Aunque la desigualdad ya venía empeorando incluso antes de la pandemia, se agigantó entre 2019 y 2020, cuando cayeron en pobreza 375.990 personas en la urbe de 2,2 millones de habitantes.

Sin nada que perder, estos mismos jóvenes escalaron el pulso cerrando calles enteras para instalarse en verdaderos campamentos urbanos que exasperan a una parte de la población.

Pero «nosotros estamos hablando de un paro» nacional, «entonces (…) tenemos que hacer que nada funcione», justifica Cero, líder del «punto de resistencia» conocido como Puerto Madera, bajo una máscara antigás.

Los manifestantes con los que habló la AFP tienen entre 15 y 35 años, son trabajadores informales, estudiantes o desempleados por la pandemia. Piden trabajo, educación y salud, y no se sienten representados por el Comité del Paro que negocia con el gobierno en Bogotá.

Algunos cocinan, otros dibujan siluetas de compañeros fallecidos en el suelo, escuchan reggaetón o fuman para matar el tiempo. Aseguran tener armas pero solo dejan ver escudos de factura casera, palos y piedras.

Es gente cansada «de ver familias en la miseria», explica Plein, coordinador de la «primera línea» en Puerto Madera, herido de bala en una confrontación con la policía. «Queremos que los mismos derechos que tenga alguien con un poco de plata sean lo mismo que el pobre», exige.

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El apretón de manos regresa lentamente tras 16 meses de pandemia

Cada vez más empresas y oficinas gubernamentales locales utilizan ahora un brazalete de color para permitir a los empleados, clientes o visitantes señalar su grado de apertura al contacto: rojo, amarillo o verde, del nivel más desconfiado al más cómodo.

Apreton de manos.

Por AFP

/ 23 de junio de 2021 / 08:30

Desapareció con la pandemia de coronavirus, pero gracias a la vacunación masiva y el levantamiento progresivo de las restricciones en Estados Unidos y Europa el apretón de manos está de regreso. El futuro de la tradición, no obstante, es incierto.

Una de las imágenes que marcaron el encuentro entre el presidente ruso Vladimir Putin y su homólogo estadounidense Joe Biden en Ginebra fue su apretón de manos, tanto por su dimensión diplomática como sanitaria.

Unos días antes, los invitados del G7 en Cornualles, entre ellos Biden, se habían saludado chocando codo con codo.

Las restricciones impuestas por el COVID-19 fueron levantadas en casi todo Estados Unidos, las recomendaciones sanitarias son menos estrictas, no hay órdenes específicas en las empresas y cada uno maneja a su manera los contactos físicos.

Jesse Green, un técnico en telefonía de Nueva York, se niega aún a estrechar la mano de sus clientes, y limita el gesto a las personas conocidas que sabe que se han vacunado.

«Con la pandemia las personas se tornaron más conscientes de lo que hacen con las manos», dijo.

Cada vez más empresas y oficinas gubernamentales locales utilizan ahora un brazalete de color para permitir a los empleados, clientes o visitantes señalar su grado de apertura al contacto: rojo, amarillo o verde, del nivel más desconfiado al más cómodo.

Abogado sexagenario, William Martin ya no estrecha más la mano de nadie, estén o no vacunados. Y seguirá así «hasta que sea seguro» hacerlo, afirmó, dando a entender que podrían pasar años.

El abrazo, frecuente entre los estadounidenses, es menos practicado actualmente, y menos aún el beso, que nunca prendió en Estados Unidos.

«Regresar a las costumbres anteriores no cambiará las tasas de infección», estima sin embargo Jack Caravanos, profesor de salud pública en la Universidad de Nueva York (NYU), que recuerda que según investigaciones el virus no se transmite mayormente por el contacto físico.

«Dicho eso, sabemos que el resfrío, la gripe y varias otras infecciones circulan por el contacto», dijo. «Así que eliminar el apretón de manos tendría pese a todo un impacto positivo desde un punto de vista de salud pública».

Confianza en el otro

Muchos consideran al apretón de manos como un riesgo sanitario.

«Pienso que no deberíamos nunca estrecharnos las manos, para ser honesto con ustedes», dijo el experto en inmunología Anthony Fauci, consejero de la Casa Blanca para la pandemia, en abril de 2020.

«Siempre hay gente con fobia a los gérmenes, que no quieren tocar a las personas porque ven el contagio en todos lados», sostiene Allen Furr, profesor de sociología en la Universidad de Auburn. «Podríamos tener más» gente así luego de la pandemia, añadió.

La desconfianza podría incluso ser moneda común entre los muy jóvenes. «Son años en los cuales los niños se forman», explica Andy McCorkle, auxiliar de enfermería de 33 años. «Tengo la impresión de que esto va a fijar psicológicamente la necesidad de mantener la distancia».

Estrechar la mano «es un ritual» que los adultos enseñan a los niños, señala Allen Furr. Pero tras 16 meses traumatizantes, la transmisión de esta tradición puede ser cuestionada.

Al efecto covid se agrega una tendencia de fondo de intercambios menos formales que ya afectaba al apretón de manos, señala el sociólogo.

La pandemia trajo los saludos codo con codo, puño con puño, «namasté» al modo indio (uniendo ambas palmas de las manos)… ¿Enterrarán al viejo apretón de manos?

«Perderíamos mucho» si lo abandonamos, opina Patricia Napier-Fitzpatrick, fundadora de la Escuela de Etiqueta de Nueva York.

Desde hace siglos con ese gesto «uno muestra que tiene confianza en el otro», destacó.

Además «uno comprende mucho de alguien con su apretón de manos», dijo la profesora, para quien el gesto permite «decodificar su lenguaje corporal».

Progresivamente, algunos como Richard Vaughn, obrero de la construcción en Nueva York, con fobia a los gérmenes pero tranquilo gracias a su gel hidroalcohólico, recuperan la vieja costumbre.

En Estados Unidos, donde la pandemia alimentó la polarización, estrechar la mano también «se ha tornado en algo político», una señal de desafío de las restricciones sanitarias, observa el auxiliar de enfermería McCorkle.

«Pienso que seguiremos estrechándonos las manos, pero habrá más tolerancia hacia aquellos que no se sienten cómodos haciéndolo. Es un ritual demasiado importante en nuestra cultura», concluyó Furr.

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Una osa panda da a luz a mellizos en un zoológico de Tokio

Los restaurantes cercanos al zoológico aumentaron las existencias a principios de mes en cuanto se supo que Shin Shin estaba preñada, debido a que se espera un auge de visitantes en la zona después del parto.

Oso panda Foto: www.taringa.net

Por AFP

/ 23 de junio de 2021 / 08:23

Una osa panda del zoológico de Ueno, en Tokio, dio a luz a mellizos este miércoles, semanas después de que la noticia de que Shin Shin estaba preñada disparara las existencias en los restaurantes cercanos.

Los oseznos nacieron a primeras horas de este miércoles, informó el zoológico en un comunicado, en el que añade que aún no ha confirmado su sexo.

«Actualmente el personal hace todo lo posible para proteger y vigilar a la madre y los bebés», agrega.

El zoológico dará una rueda de prensa el miércoles por la mañana y publicará imágenes de los dos retoños.

Los restaurantes cercanos al zoológico aumentaron las existencias a principios de mes en cuanto se supo que Shin Shin estaba preñada, debido a que se espera un auge de visitantes en la zona después del parto.

Las acciones de un restaurante chino cercano se dispararon casi un 30% durante el embarazo y subían en torno al 6,4% en las primeras operaciones del miércoles.

Los cuidadores del zoológico estaban en alerta por un posible embarazo después de que Shin Shin y Ri Ri se aparearan a principios de marzo.

Ambos eran padres ya de Xiang Xiang, una osa panda que nació en junio de 2017 y que se convirtió en el centro de todas las miradas en el zoológico.

Estaba previsto repatriarla a China dos años después del nacimiento, pero los japoneses negociaron prolongar el plazo. Se supone que partirá a finales de año.

Los medios de comunicación japoneses cubren regularmente los pandas de Ueno, que antes de la pandemia atraían a hordas de turistas nacionales y extranjeros.

Se calcula que quedan unos 1.800 pandas gigantes en libertad, que viven principalmente en bosques de bambú de las montañas de China, según el grupo ecologista WWF.

Otros 600 viven en zoológicos y centros de reproducción de todo el mundo.

La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza clasifica los pandas gigantes como «vulnerables».

Estos mamíferos blancos y negros despiertan mucho interés en el mundo y China aprovecha la ocasión para desplegar un programa de «diplomacia panda» con el que fomenta los lazos en el extranjero.

Los osos tienen problemas de reproducción pero el año pasado nacieron varios en el mundo.

A principios de junio, una osa panda de Malasia dio a luz a su tercera cría desde que se halla en el país.

Y una cría nacida en Washington DC embelesa a los estadounidenses desde agosto de 2020. En tan solo unos meses más de un millón de personas se han conectado a una «Panda Cam» para ver a Xiao Qi Ji (Pequeño Milagro).

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Twitter busca usuarios estrella para incursionar en contenidos pagos

Además de querer aumentar la cantidad de usuarios y fidelizarlos, Twitter busca aumentar ingresos sin interferir en el flujo normal de mensajes que es parte de su atractivo.

Twitter

Por AFP

/ 23 de junio de 2021 / 08:15

Twitter anunció el martes que un pequeño grupo de usuarios de Estados Unidos de alto perfil probará una herramienta que hará que sus seguidores paguen por acceder a contenidos exclusivos.

La plataforma comenzó a aceptar los pedidos de usuarios interesados en hacer dinero a partir de «Ticketed Spaces» o «Super Follows».

«Ticketed Spaces ayuda a crear experiencias de audio únicas y exclusivas en Twitter Spaces, por las que la audiencia quiera pagar», dijeron en una publicación Ellen Havlicek y Esther Crawford, encargadas del producto.

Las redes sociales batallan para acoger a personalidades populares que atraen audiencia, lo cual, a su vez, permite luego vender más anuncios o promociones.

Además de querer aumentar la cantidad de usuarios y fidelizarlos, Twitter busca aumentar ingresos sin interferir en el flujo normal de mensajes que es parte de su atractivo.

Ticketed Spaces permitirá que estrellas de Twitter vendan acceso a contenidos como eventos de audio en vivo por precios que van de $us 1 a dólares, dijeron Crawford y Havlicek.

Los usuarios creativos podrán ofrecer a «super» seguidores contenidos especiales o interacciones exclusivas por una tarifa mensual de $us 3, 5 o 10.

«Queremos hacer que Twitter no sea solo un espacio divertido para conseguir audiencia sino un lugar en el que se pueda ganar dinero con grandes conversaciones», dijeron Crawford y Havlicek.

Twitter se llevará 3% de los primeros $us 50.000 que genere un usuario vendiendo entradas o suscripciones y luego de eso su tajada llegará a 20%, según informaron.

«Buscamos un pequeño número de personas para ser las primeras en probar con Ticketed Spaces y Super Follows con sus audiencias y compartir la experiencia», dijeron Crawford y Havlicek .

«Ayúdennos a probar y mejorar estas experiencias antes de lanzarlas más vastamente en los próximos meses», añadieron.

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