domingo 31 may 2020 | Actualizado a 21:41

Al Sur de la cuarentena

Varias personas en el mercado Rodríguez. Foto: Pedro Laguna

/ 7 de abril de 2020 / 12:35

Las recomendaciones de la OMS parecen haber sido diseñadas pensando en una clase media que es una fracción muy pequeña de la población mundial.

Traducción de Antoni Aguiló y José Luis Exeni Rodríguez

Cualquier cuarentena es siempre discriminatoria, más difícil para unos grupos sociales que para otros. Es imposible para un amplio grupo de cuidadores cuya misión es hacer posible la cuarentena al conjunto de la población. En este texto, sin embargo, atiendo a otros grupos para los que la cuarentena es particularmente difícil. Son los grupos que tienen en común una vulnerabilidad especial que precede a la cuarentena y se agrava con ella. Esos grupos conforman lo que llamo el Sur. En mi concepción, el Sur no designa un espacio geográfico. Designa un espacio-tiempo político, social y cultural. Es la metáfora del sufrimiento humano injusto causado por la explotación capitalista, por la discriminación racial y por la discriminación sexual. Me propongo analizar la cuarentena desde la perspectiva de quienes más han sufrido debido a estas formas de dominación. En su conjunto, estos colectivos sociales constituyen la mayoría de la población mundial. Selecciono unos pocos.

Las mujeres. La cuarentena será particularmente difícil para las mujeres y, en algunos casos, incluso puede ser peligrosa. Las mujeres son consideradas “las cuidadoras del mundo”, predominan en el ámbito de la prestación de cuidados dentro y fuera de las familias. Predominan en profesiones como la enfermería o la asistencia social, en la primera línea de batalla de la prestación de cuidados a enfermos y ancianos dentro y fuera de las instituciones. No pueden defenderse en cuarentena para garantizar la cuarentena de los demás. También son ellas las que siguen estando a cargo, exclusiva o mayoritariamente, del cuidado de las familias. Puestas en cuarentena, uno podría imaginar que, con más brazos disponibles en casa, las tareas podrían estar más distribuidas. Sospecho que no será así frente al machismo que impera y tal vez se refuerce en momentos de crisis y de confinamiento familiar. Con los niños y otros miembros de la familia en casa durante las veinticuatro horas, el estrés será mayor y sin duda recaerá más sobre las mujeres. El aumento del número de divorcios en algunas ciudades chinas durante la cuarentena puede ser un indicador de lo que acabo de decir. Por otro lado, es bien sabido que la violencia contra las mujeres tiende a aumentar en tiempos de guerra y de crisis (y ha ido en aumento ahora).  Una buena parte de esta violencia se produce en el espacio doméstico. El confinamiento de las familias en espacios pequeños y sin salida puede ofrecer más oportunidades para el ejercicio de la violencia contra las mujeres. Basándose en información del Ministerio del Interior, el periódico francés Le Figaro informaba el 26 de marzo de que la violencia conyugal había aumentado un 36% la semana anterior en París. El Ministro de Policía de Sudáfrica, Bheki Cele, informó el 2 de abril que en la primera semana de cuarentena se registraron 87.000 denuncias por violencia de género.

Los trabajadores precarios e informales, llamados autónomos. Después de cuarenta años de ataques a los derechos de los trabajadores en todo el mundo por parte de las políticas neoliberales, este grupo de trabajadores es globalmente predominante, aunque las diferencias de un país a otro son muy significativas. ¿Qué significa la cuarentena para estos trabajadores, que tienden a ser los más rápidamente despedidos cada vez que hay una crisis económica? El sector servicios, en el que abundan, será una de las áreas más perjudicadas por la cuarentena. El 23 de marzo, la India declaró la cuarentena durante tres semanas, afectando a 1.300 millones de habitantes. Teniendo en cuenta que en la India entre el 65% y el 70% de los trabajadores pertenecen a la economía informal, se estima que 300 millones de indios se quedarán sin ingresos. En América Latina, alrededor del 50% de los trabajadores se emplean en el sector informal. En África, por ejemplo en Kenia o Mozambique, debido a los programas de ajuste estructural de los años 1980-90, la mayoría de los trabajadores son informales. La indicación de la OMS de trabajar en casa y en aislamiento es impracticable, pues obliga a los trabajadores a elegir entre ganarse el pan diario o quedarse en casa y pasar hambre. Las recomendaciones de la OMS parecen haber sido diseñadas pensando en una clase media que es una fracción muy pequeña de la población mundial. ¿Qué significa la cuarentena para los trabajadores que ganan día a día para vivir día a día? ¿Se arriesgarán a desobedecer la cuarentena para alimentar a su familia? ¿Cómo resolverán el conflicto entre el deber de alimentar a la familia y el deber de proteger su vida y la de ella? Morir de virus o morir de hambre, esa es la opción.

Trabajadores de la calle. Los trabajadores de la calle son un grupo específico de trabajadores precarios. Los vendedores ambulantes, para quienes el «negocio», es decir, la subsistencia, depende exclusivamente de la calle, de quiénes transitan en ella y de la decisión, siempre impredecible para el vendedor, de detenerse y comprar algo. Hace mucho tiempo que los vendedores viven en cuarentena, en la calle, pero en la calle con gente. El impedimento de trabajar para quienes venden en los mercados informales de las grandes ciudades significa que potencialmente millones de personas ni siquiera tendrán dinero para acudir a las instalaciones de salud si se enferman o para comprar desinfectante y jabón para manos. Los que tienen hambre no pueden darse el lujo de comprar jabón y agua a precios que están comenzando a sufrir el peso de la especulación. En otros contextos, los uberizados [de Uber, que trabajan con esta plataforma vía intenet por celular] de la economía informal que entregan alimentos y pedidos a domicilio garantizan la cuarentena de muchos, pero por eso no pueden protegerse con ella. Su «negocio» aumentará tanto como su riesgo.

Los sin techo o población de calle. ¿Cómo será la cuarentena para aquellos que no tienen hogar? Personas sin hogar, que pasan las noches en viaductos, estaciones abandonadas de metro o tren, túneles de aguas pluviales o túneles de alcantarillado en tantas ciudades del mundo. En los Estados Unidos los llaman tunnel people. ¿Cómo será la cuarentena en los túneles? ¿No han estado toda su vida en cuarentena? ¿Se sentirán más libres que aquellos que ahora son obligados a vivir en casa? ¿La cuarentena verá una forma de justicia social?

Moradores en las periferias pobres de las ciudades, favelas, barriadas, slums, caniço, etc. Según datos de ONU Hábitat, 1,6 mil millones de personas no tienen una vivienda adecuada y el 25% de la población mundial vive en barrios informales sin infraestructura ni saneamiento básico, sin acceso a servicios públicos, con escasez de agua y electricidad. Viven en espacios pequeños donde se aglomeran familias numerosas. En resumen, habitan en la ciudad sin derecho a la ciudad, ya que, viviendo en espacios desurbanizados, no tienen acceso a las condiciones urbanas presupuestas por el derecho a la ciudad. Dado que muchos habitantes son trabajadores informales, se enfrentan a la cuarentena con las mismas dificultades mencionadas anteriormente. Pero además, dadas las condiciones de vivienda, ¿podrán cumplir con las normas de prevención recomendadas por la OMS? ¿Serán capaces de mantener la distancia interpersonal en los pequeños espacios de vivienda donde la privacidad es casi imposible? ¿Podrán lavarse las manos con frecuencia cuando la poca agua disponible se debe guardar para beber y cocinar? ¿El confinamiento en una vivienda tan pequeña no tiene otros riesgos para la salud tan o más dramáticos que los causados ​​por el virus? Muchos de estos barrios ahora están fuertemente vigilados y, a veces, sitiados por las fuerzas militares con el pretexto de combatir el crimen. ¿No es, después de todo, la cuarentena más dura para estas poblaciones? ¿Los jóvenes de las favelas de Río de Janeiro, a quienes la policía siempre les impidió ir a la playa de Copacabana el domingo para no molestar a los turistas, no sentirán que ya vivían en cuarentena? ¿Cuál es la diferencia entre la nueva cuarentena y la original que siempre ha sido su modo de vida? En Mathare, uno de los suburbios de Nairobi, Kenia, 68.941 personas viven en un kilómetro cuadrado. Como en muchos contextos similares en el mundo, las familias comparten una habitación que también es cocina, dormitorio y sala de estar. ¿Cómo se les puede pedir autoaislamiento? ¿Es posible el autoaislamiento en un contexto de heteroaislamiento permanente impuesto por el Estado?

Cabe señalar que para los habitantes de las periferias pobres del mundo, la actual emergencia sanitaria se une a muchas otras emergencias. Según nos informan los compañeros y compañeras de Garganta Poderosa, uno de los movimientos sociales más notables en los barrios populares de América Latina, además de la emergencia de salud causada por la pandemia, los moradores enfrentan varias otras emergencias. Es el caso de la emergencia sanitaria resultante de otras epidemias aún no resueltas y la falta de atención médica. Este año ya se registraron 1.833 casos de dengue en Buenos Aires. Solo en la Villa 21, uno de los barrios pobres de Buenos Aires, hubo 214 casos. “Por coincidencia”, el 70% de la población en la Villa 21 no tiene agua potable. Este es también el caso de la emergencia alimentaria, porque hay hambre en los vecindarios y los modos comunitarios de superarlo (comedores populares, refrigerios) colapsan ante el dramático aumento de la demanda. Si las escuelas cierran, la comida escolar que garantiza la supervivencia de los niños termina. Finalmente es el caso del surgimiento de la violencia doméstica, que es particularmente grave en los vecindarios, y el surgimiento permanente de la emergencia por la violencia policial y la estigmatización que conlleva.

Los ancianos. Este grupo, que es particularmente numeroso en el Norte global, es generalmente uno de los grupos más vulnerables, pero la vulnerabilidad no es indiscriminada. De hecho, la pandemia requiere que seamos más precisos sobre los conceptos que usamos. Después de todo, ¿quién es anciano? Según Garganta Poderosa, la diferencia en la esperanza de vida entre dos barrios de Buenos Aires (el barrio pobre de Zavaleta y el barrio exclusivo de Recoleta) es de unos veinte años. No es casual que los líderes comunitarios sean considerados de “edad madura” por la comunidad y “jóvenes líderes” por la sociedad en general.

Las condiciones de vida prevalecientes en el Norte global han llevado a que una gran parte de los ancianos se depositen (la palabra es dura, pero es lo que es) en hogares, casas de reposo, asilos. Dependiendo de sus posesiones propias o familiares, estos alojamientos pueden ir desde cajas fuertes de joyería de lujo hasta vertederos de desechos humanos. En tiempos normales, los ancianos comenzaron a vivir en estos alojamientos como espacios que garantizaban su seguridad. En principio, la cuarentena causada por la pandemia no debería afectar en gran medida su vida, dado que ya están en cuarentena permanente. ¿Qué sucederá cuando, debido a la propagación del virus, esta zona de seguridad se convierta en una zona de alto riesgo, como está sucediendo en Portugal y España? ¿Estarían más seguros si pudieran regresar a las casas donde vivieron toda su vida, en el improbable caso de que aún existan? ¿Los familiares que, por su propia conveniencia, los dejaron en asilos, no sentirán remordimiento por someter a sus ancianos a un riesgo que puede ser fatal? ¿Y los ancianos que viven en aislamiento no estarán ahora en mayor riesgo de morir sin que nadie se dé cuenta? Al menos, los ancianos que viven en los barrios más pobres del mundo pueden morir por la pandemia, pero no morirán sin que nadie se dé cuenta. También se debe agregar que, especialmente en el Sur global, las epidemias anteriores han significado que los ancianos tengan que prolongar su vida laboral. Por ejemplo, la epidemia del SIDA ha matado y sigue matando a padres jóvenes, dejando a los abuelos con la responsabilidad del hogar. Si los abuelos mueren, los niños corren un riesgo muy alto de desnutrición, hambre y, en última instancia, de muerte.

Los internados en campos de refugiados, inmigrantes indocumentados o poblaciones desplazadas internamente. Según cifras de la ONU, hay 70 millones. Son poblaciones que, en su mayor parte, viven en cuarentena permanente, y para las cuales la nueva cuarentena significa poco como regla de confinamiento. Pero los peligros que enfrentan si el virus se propaga entre ellos serán fatales e incluso más dramáticos que los que enfrentan las poblaciones de las periferias pobres. Por ejemplo, en Sudán del Sur, donde más de 1,6 millones de personas están desplazadas internamente, lleva horas, si no días, llegar a los centros de salud, y la principal causa de muerte a menudo se puede prevenir, causada por enfermedades que ya tienen remedios: malaria y diarrea. En el caso de los campos de refugiados a las puertas de Europa y de Estados Unidos, la cuarentena causada por el virus impone el deber ético humanitario de abrir las puertas de estos campos de internamiento siempre que no sea posible crear en ellos las condiciones mínimas de habitabilidad y seguridad exigidas por la pandemia.

Los discapacitados. Han sido víctimas de otra forma de dominación, además del capitalismo, el colonialismo y el patriarcado: el capacitismo. Se trata de cómo la sociedad los discrimina, no reconoce sus necesidades especiales, no les facilita el acceso a la movilidad ni las condiciones que les permitirían disfrutar de la sociedad como cualquier otra persona. De alguna manera, las limitaciones que la sociedad les impone hacen que se sientan viviendo en cuarentena permanente. ¿Cómo vivirán la nueva cuarentena, especialmente cuando dependen de quien tiene que romper la cuarentena para darles alguna ayuda? Como se han acostumbrado desde hace mucho tiempo a vivir en condiciones de cierto encierro, ¿ahora se sentirán más libres que los «no discapacitados» o más iguales en relación con ellos? ¿Verán tristemente alguna justicia social en la nueva cuarentena?

La lista de los que están al Sur de la cuarentena está lejos de ser exhaustiva. Basta pensar en los prisioneros y en las personas con problemas de salud mental, es decir, depresión. Pero el elenco seleccionado muestra que, al contrario de lo que transmiten los medios y las organizaciones internacionales, la cuarentena no solo hace más visible, sino que refuerza, la injusticia, la discriminación, la exclusión social y el sufrimiento injusto que causan. Resulta que tales asimetrías se vuelven más invisibles frente al pánico que afecta a los que no están acostumbrados al mismo. A la luz de las experiencias de estos grupos sociales durante la cuarentena, se hace particularmente evidente la necesidad de imaginar y concretar alternativas a los modos de vivir, de producir, de consumir y de convivir en estos primeros años del siglo XXI. De hecho, la pandemia y la cuarentena revelan cruelmente que las alternativas son posibles y que las sociedades se adaptan a las nuevas formas de vida cuando esto es necesario y sentido como correspondiente al bien común.

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La arquitectura de la desigualdad

El #QuédateEnCasa también puede ser sinónimo de desigualdad y de privilegio

/ 27 de mayo de 2020 / 08:35

La pandemia que por estos días golpea al mundo no solo ha dejado al descubierto la fragilidad de las economías sudamericanas, sino que ha develado la debilidad de la seguridad social de los trabajadores, la precariedad sanitaria de los sectores populares y la total irresponsabilidad de los grupos acomodados del país frente a las medidas adoptadas por el Ejecutivo para contener el contagio por coronavirus. Lejos de respetar la cuarentena o de tomar resguardos sobre el autocuidado y la distancia social, los sectores de ingresos altos de Santiago viven en una realidad paralela.

Traslados en helicópteros a segundas viviendas, fiestas en medio de la restricción de reunión y hasta comulgación en plena vía pública. Probablemente hay una seguridad mayor frente a la amenaza que representa el COVID-19, quizás motivada por contar con un mayor acceso económico a implementos de salubridad que reduce (en parte) el contagio. Sin embargo, lo que expone este comportamiento social son dos cuestiones centrales que han marcado el devenir histórico de Chile en los últimos 45 años: individualismo y desigualdad.

Tras el golpe cívico militar (1973), la sociedad chilena se transformó en un centro de experimentación social para la incubación de un mal llamado modelo económico, el cual se sustentó en la individualización, en la competencia y en la indiferencia social. El formato de interacción cambió y lo importante era fortalecer el animal económico interno y arrinconar al sujeto colectivo, para que el nuevo proyecto económico lograra éxito y expandiera la autorrealización de los individuos. Por tanto, el leitmotiv de esta nueva forma de expresión económica no fue fomentar el trabajo colectivo, sino más bien se preocupó de estimular el aislamiento personal y esterilizar todo rasgo de sensibilidad social y pensamiento crítico. Los vasos comunicantes se debilitaron, el tejido social se destruyó y la sociedad transitó hacia el supuesto paraíso del consumo y la adulación desenfrenada. Ese país sumido en la desesperanza y en la desorientación, dio paso (en apariencia) a un oasis en medio del caos y una supuesta paz social, que más bien fue un espejismo del cual se despertó un 18 de octubre de 2019.

Tras la revuelta popular que ha marcado a Chile desde ese momento, la arquitectura de la desigualdad nuevamente fue motivo de crítica y de revelación, advirtiendo los movimientos sociales que era una costra en estado gelatinoso necesaria de remover. Si ya la sociedad movilizada intentó por distintos medios alterar el mal sentido de las cosas, motivada en muchos casos por sus propias experiencias de vida, el coronavirus visibilizó aún más que ese individualismo y esa desigualdad eran el verdadero enemigo poderoso. Un enemigo acostumbrado a ramificarse por cada rincón, bajo total impunidad y protección burguesa.

Lo que hace el COVID-19 es hacernos cuestionar ambos comportamientos sociales, insistiendo una y otra vez que para poder derrotarlo hay que cumplir el distanciamiento social, atender el llamado de #QuédateEnCasa y siempre lavándose las manos. Bueno, resulta claro el mensaje, pero para lograrlo hay que tener una casa con ciertas condiciones de espacio, además de contar con acceso total al agua. Es decir, es fácil decir #QuédateEnCasa cuando se cuenta con varios metros cuadrados a nuestra disposición y el agua es un recurso ilimitado para una cuenta corriente abultada. Con esas condiciones resulta sencillo seguir las recomendaciones de la autoridad, parar las labores diarias y asumir el encierro de forma lúdica. Pero lamentablemente eso también es sinónimo de desigualdad y de privilegio, pues solo unos pocos y pocas pueden hacerlo.

Los medios de comunicación han invadido sus noticiarios con notas diarias de cómo ciertas familias viven la cuarentena. Algunas practican fútbol, otras arman pistas de bicicross, otras improvisan canchas de tenis y otras se ejercitan en sus gimnasios privados. Pero si hasta esa realidad personal e íntima es una manera de profundizar la desigualdad.

Mientras algunos o algunas pueden paralizar sus actividades sin ver disminuidos sus ingresos, otros en cambio no pueden darse esos lujos. El acto de la desaceleración también es desigual y revela las graves diferencias sociales presentes en Chile y en la región. Lo que ha hecho el COVID-19 es visibilizar esa desigualdad oculta y romantizada por los grupos de poder, interesados siempre en conseguir la negación de ella, más que la alteración de fondo. Por ende, ese slogan #QuédateEnCasa también es desigual, pues mientras unos pocos pueden frenar sus actividades, el grueso de la población, golpeada sistemáticamente por el sistema, debe seguir adelante para dar una imagen de falsa normalidad.

Tal como lo dije en mi columna titulada ¿Podrá el coronavirus acabar con la tiranía del mercado?, este virus revela que no es posible mantener el actual estado de las cosas sin transformaciones de fondo del sistema económico. La economía debe estar al servicio de las personas y no las personas al servicio de la economía. La política debe cambiar, pues hoy es una forma más de dominación que de movilidad social. Un instrumento para la mejora de la vida de las personas y no como una estrategia de control social, pues de seguir así, los estallidos sociales no serán solo locales, sino también globales.

Máximo Quitral es historiador y politólogo, UTEM de Chile

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Mapa electoral plurinacional

La representación plurinacional combina criterios de población y de equidad

/ 27 de mayo de 2020 / 08:30

Las luchas por la representación en el Órgano Legislativo han sido históricas, asumiendo que es precisamente esta representación la considerada el primer Órgano del Estado Plurinacional, porque en ella está todo el pueblo que participa en los procesos electorales, mecanismo fundamental de la democracia representativa.

La nueva Constitución, con relación a la representación, en el artículo 146, numerales 5 y 6, nos dice que el total de escaños departamentales estará establecido por el número de habitantes de acuerdo al último censo nacional y que se dará un número de escaños mínimo a los departamentos con menor población y menor desa-rrollo económico, también que las circunscripciones uninominales deben guardar relación de continuidad geográfica, afinidad y continuidad territorial, y basarse en criterios de población y extensión territorial. Establece que será el Órgano Electoral Plurinacional (OEP) quien delimitará las circunscripciones uninominales en base a dichos criterios.

Entonces, tras el Censo de 2012, el Tribunal Supremo Electoral (TSE) en 2014 asume su responsabilidad de reorganizar las circunscripciones.

Por una parte, como país unitario y plurinacional y respetando la organización territorial departamental, donde se deben dividir las circunscripciones respetando los principios de población y territorio, se consensuó con los demandantes regionales; bajo el principio de unidad y de respeto igualitario a los nueve departamentos. De esta manera, no tomar en cuenta solo el criterio poblacional, pues los departamentos del eje, y particularmente Santa Cruz, podrían absorber gran parte de la representación; así como departamentos como Potosí, que ha perdido gran parte de su población producto de la migración, o Pando, que tiene una escasa población, ya prácticamente no tendrían representación.

Entonces, el criterio territorial se convierte en una variable de equidad, cuando los porcentajes por departamento no son iguales en número de ciudadanos votantes, pero son equitativos en el respeto a la territorialidad. Así, las demandas poblacionales del eje son asumidas con este criterio, para dejar de lado los números que aparentemente solo dan representación a los más grandes. Por eso, si nos quedamos solo con la cantidad de habitantes, parece injusto que para elegir a un diputado uninominal en La Paz se necesiten 50.000 votos, mientras que en Pando el número de votos necesario para ello solo sea de 5.000.

Otro criterio de mirada plurinacional es el de las circunscripciones especiales indígenas. Siendo que inicialmente el debate constituyente de la mayoría apuntaba a 36 representaciones existentes, producto del debate con las representaciones departamentales y partidarias, se fueron reduciendo para finalmente quedar y aprobarse en siete representantes. Es la representación de la plurinacionalidad, e independientemente del número de indígenas que representan, los elegidos son representantes de los pueblos indígenas en los departamentos donde son minorías, y donde los asientos y recintos electorales no necesariamente cuentan con continuidad territorial. Una vez más tenemos que ver más allá de los números: lo que representan en un país que históricamente ha sometido colonialmente a los pueblos indígenas y que hoy los reivindica en una representación directa, que no es proporcional al número de pueblos y naciones que son, pero sí de lo que históricamente son y seguirán siendo en nuestra identidad plurinacional.

Esta demás decir que el actual cuestionamiento a las circunscripciones uninominales vigentes tienen no solo un fin electoral, que busca posponer el proceso eleccionario, sino que también se pretende, una vez más, reivindicar la prevalencia urbana sobre lo rural como ocurrió en el pasado inmediato producto del racismo y la discriminación de las oligarquías que manejaban el país. Hoy creen que es el momento de volver al pasado, reivindicando la prevalencia urbana. No nos dicen que precisamente el proceso de cambio detonó el valor del voto para el nivel rural, para el sujeto indígena originario campesino, que acudió masivamente a votar para cambiar el país.

Hoy, en medio del golpismo vigente, se creen con el derecho de volver atrás; todavía más: inventan que “un voto campesino equivalen a tres urbanos”, o que “el MAS ha manipulado las circunscripciones para favorecerse electoralmente”. Lo que no podrán explicar, más allá de la distorsión que realizan producto del monopolio en las vocerías oficialistas en los medios de comunicación, es que fue el voto rural IOC que masivamente acudió a sufragar el que completó la victoria del MAS, llegando la votación a cifras nunca soñadas en los procesos neoliberales, hablamos de porcentajes que bordean el 85 y 90% frente a cifras en épocas neoliberales que no pasaban del 40%, llegando a tener presidentes hasta con el 18%.

Entonces, no es que se inventó o “fraguó” votos, sino que Bolivia cambió porque las mayorías optaron por participar electoralmente y, más allá de eso, ser protagonistas de la política oficial del proceso de cambio. Otro criterio a compartir es que en el actual mapa electoral de las circunscripciones uninominales, unas son fundamentalmente urbanas por el grado de concentración poblacional, pero hay muchas otras que son urbano-rurales, manteniendo no solo el porcentaje poblacional, sino también la continuidad territorial que hace a una circunscripción, de esta forma se rompió la dicotomía neoliberal y republicana de lo rural a costa de lo urbano.

Finalmente, debemos abogar una vez más porque el número igual no representa necesariamente equidad, como pretende argumentar las interpelaciones opositoras para cambiar el mapa de las circunscripciones, ya que el resultado en un país plurinacional como el nuestro sería el retorno a la inequidad, que fue la norma republicana del voto censitario, y que al parecer hoy es la plataforma política de los actuales gobernantes. Defender la constitucionalidad del Estado Plurinacional, como ocurre con la equidad entre los departamentos pero también con las circunscripciones especiales indígenas, es un tema de principio: en democracia, la mayoría debe estar representada no solo por el número sino también por la representación de quienes nunca tuvieron históricamente posibilidad de participar y decidir, por eso nuestro sistema electoral es mixto, proporcional y de mayoría, y busca combinar lo territorial, poblacional, buscando la inclusión de minorías y de género, invisibilizadas por toda la historia anterior a la actual Constitución.

Tenemos un nuevo país que aún no terminamos de construir, pero que las oligarquías están desesperadas por volcarlo hacia atrás, no solo con toda la política económica desplegada, sino también buscando atropellar la Constitución y transformar la representación plurinacional para volver al pasado.

Juan Carlos Pinto es sociólogo

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El Gobierno no tiene capacidad para cumplir sus retos

El candidado critica el accionar de Áñez, tanto en el mandato de las elecciones como en la gestión de la crisis sanitaria

/ 27 de mayo de 2020 / 08:15

Remarca el carácter transitorio del gobierno de la presidenta Jeanine Áñez. Si bien reconoce las acciones positivas o aciertos que tuvo en la gestión de la emergencia por el coronavirus, deja en claro que en muchos aspectos la situación está rebasando al Ejecutivo. Reclama que a las cartas que envió desde principios de mayo a la Mandataria, proponiendo un diálogo nacional por la crisis sanitaria y política, ella no haya tenido “la gentileza de dar ni siquiera acuse de recibo”.

—En el debate sobre los transgénicos, usted dijo que el Gobierno transitorio está tomando decisiones que no le competen.

—Estamos hablando de un gobierno que tiene un solo mandato, y lo estamos viendo ahora, estamos viendo que el Gobierno apenas puede con el mandato de la elección, está siendo desbordado completamente por el tema de la pandemia del coronavirus. El Gobierno tiene el mandato, y no ha sido elegido para tomar decisiones de mediano y largo plazo, decisiones que son de efectos importantes desde el punto de vista económico y del agroambiental. Y, por si fuera poco, el Gobierno ha aprobado un decreto supremo cuando la Constitución tiene dos artículos, el 255 y el 409, referidos a los transgénicos; el primero, que no se puede aprobar nada que sea dañino para la salud humana, y el segundo, que cualquier aprobación que se haga tiene que hacerse a través de ley, no a través de un decreto; y el tercer elemento es un tema muy polémico: estamos entrando en terrenos como el del trigo, que no tiene muchos elementos comparativos en el mundo, y el del maíz, en el que Bolivia es un país originario en su producción, lo cual es tener una gran riqueza genética, en particular el caso del maíz. Por donde se mire, es una decisión equivocada.

—En definitiva, tiene que revertirse la disposición.

—En definitiva, el Gobierno no puede seguir tomando decisiones en los transgénicos, en lo de YPFB, en el tema tierras, en el minero, como si fuera un gobierno elegido en las urnas; este es un gobierno transitorio, un gobierno que además está enfrentando gravísimos problemas de irregularidades, de falta de transparencia, de acusaciones de corrupción. Es increíble que en seis meses estemos viendo a un gobierno vinculado a tantos temas de irregularidades y falta de transparencia.

—Las medidas económicas, de auxilio a las empresas, señaló que son inaplicables.

—Sí, de lo que se trata en el caso de las medidas estructurales, no los bonos, que están bien y que hay que llevarlos adelante, tienen que ser medidas que sean realmente eficientes y rápidas, el desembolso rápido, que no planteen cosas imposibles, hay casos en que te piden papeles o documentos de oficinas que están cerradas y que no te atienden y por lo tanto no puedes conseguir la información o los documentos que te piden para poder llevar adelante el trámite. Pero bien, estas son medidas que se han tomado para préstamos, para pagar salarios y para respaldo económico a pequeñas y medianas empresas, no se habla en absoluto de las grandes empresas, que también están enfrentando problemas, y eso nos lleva a la conclusión obvia: un gobierno de transición puede tomar algunas medidas parciales pero no puede comprometer bienes del Estado ni comprometer recursos del Estado en el mediano y largo plazo. Lo que necesitamos al más breve plazo es un proceso electoral que resuelva estructuralmente también el tema político.

—La cuarentena hace aguas, dice usted. Ya varios sectores están presionando por volver al trabajo, incluso en esta lógica están quienes protestan.

—La protesta es un derecho que no se detiene en ningún momento, el derecho a la protesta es un derecho que tiene cualquier comunidad y sociedad que no puede ser restringido en términos de que ‘estamos en emergencia’, pero de ahí a que la protesta se convierta en violencia, en bloqueo, en restricción de derechos, se convierta en atacar la salud, como en el caso de Cochabamba impidiendo el paso de carros basureros, o en el caso de Yapacaní generando una gravísima dificultad de distribución de recursos para el país en términos alimentarios, eso es lindante en lo criminal. Hay que hacer un distingo entre el derecho a la protesta y las acciones violentas que vulneran la ley de una manera descarada, propiciadas por el Movimiento Al Socialismo (MAS). Ese es un tema distinto del que puede tener el ciudadano común, de la dificultad de la necesidad de salir a la calle para el día a día, para conseguir el ingreso, para poder comer mañana; hay que distinguir una cosa de la otra. Con ese criterio estamos en una dificultad seria, el incremento de los casos es muy significativo: si ves, los últimos 10 días estamos prácticamente duplicando el número de contagios y de fallecimientos y eso nos indica que estamos entrando en la curva más crítica de contagios de la enfermedad. En consecuencia, la línea te diría que hay que mantener la cuarentena, pero por otra parte la cuarentena está perforada por muchos puntos, es decir, hay muchos sectores desesperados económicamente, no solamente el pequeño productor o el cuentapropista, sino el transportista, los sectores productivos, etcétera, que ya no resisten más. En consecuencia, tenemos que empezar a pensar en una salida ordenada de la cuarentena. Lo que estamos encontrando es que el Gobierno está siendo desbordado por la situación, y cada vez está con menos condiciones de control y además su credibilidad se está desmoronando terriblemente por los ejemplos de irregularidades y de acusaciones de corrupción que tiene en contra.

—En lo de las protestas, ¿todo se reduce a una supuesta acción conspirativa del MAS?, ¿no hay un descontento en lo cotidiano?

—Vuelvo sobre el punto. Cuando tú haces una protesta expresándote libremente y diciendo que estás en contra, y eso lo hemos vivido y lo estamos viviendo en algunas ciudades del país, es un derecho que nadie puede discutir, y no tengo dudas de que hay un malestar en la sociedad; pero por favor, no hay que confundir una cosa con la otra, una cosa es una protesta legítima, no estoy negando, y otra cosa es el activismo masista que está llevando las cosas a la violencia.

—Libertad de expresión, está bien que hayan suprimido ciertos artículos que atentaban, pero desde antes ya se penalizó la desinformación y el “generar incertidumbre”.

—Por supuesto no estoy de acuerdo, lo he dicho públicamente una, dos, tres, 10 veces. Y me ha alegrado el saber que el Gobierno haya echado pie atrás por la presión de la ciudadanía y por la presión internacional; es obvio que el derecho a la información, tanto a ser informado como el de informar no se puede cortar nunca, ni en el peor estado de excepción que podamos vivir; en consecuencia, no se puede aceptar ningún tipo de restricción, sobre todo habiendo heredado a un gobierno como el de Evo Morales, que ha sido un gobierno que sistemáticamente ha atacado a los medios de comunicación a partir de mecanismos muy evidentes, como acusaciones contra periodistas, forzar a la autocensura, quitar publicidad, atacar con impuestos; tenemos una tradición de 14 años de confrontación y de vulneración de los derechos de la libre expresión como para que este gobierno los repita.

—En cuanto a las elecciones, ¿qué opina de la lógica del Gobierno: la vida o las elecciones?

—Nadie puede estar en desacuerdo con la defensa de la vida y con la prioridad de la salud por encima de cualquier otra consideración en un momento de crisis, de una pandemia como el coronavirus, eso está claro. Ahora, la teoría de que eso va a durar seis, siete, ocho meses me parece inaceptable; el conjunto de los países del mundo que han enfrentado antes que nosotros la pandemia la han sufrido, en el peor de los casos, cuatro meses; si tú le das seis, estamos hablando de marzo hasta septiembre; en septiembre tendríamos resuelto el tema crítico; el virus se quedará, es un enfermedad que va a ser permanente en la vida humana; por lo tanto, suponer que la existencia del virus impide la elección, no tiene sentido. Una vez que se supere el tema más crítico, que todavía estamos atravesando, tiene que definirse una fecha que, como había establecido el Tribunal Constitucional, cuando le prolongó el mandato a la Presidenta y a la Asamblea Legislativa el 22 de enero, debe llevarse a cabo en 2020; y no por un capricho, no porque uno diga que tiene que ser en 2020 per se, sino porque estamos hablando de las graves dificultades y cada vez mayores problemas del Gobierno para llevar adelante su tarea, porque es un gobierno transitorio; tiene que resolverse el tema electoral y la transmisión del mando en 2020 para tener un gobierno electo que sea capaz de enfrentar con responsabilidad de largo aliento y, con el respaldo del voto popular, las consecuencias dramáticas que nos va a dejar, en lo económico y en lo social, la crisis del coronavirus.

—El tema da para largo y se necesita un gobierno nacido de las urnas.

—Así es. Por cierto, aquí hay algo muy importante que decir. Como tú sabes, tenemos una ley, la del MAS, que equivocadamente ha colocado el 2 de agosto para la elección, pero no es una ley definitiva porque hay una demanda de inconstitucionalidad ante el Tribunal Constitucional Plurinacional (TCP). Yo le quisiera pedir a través de este medio al TCP que su fallo, aceptando la constitucionalidad o diciendo que es inconstitucional la ley de la Asamblea Legislativa, salga lo más rápido posible. Lo peor que nos podría pasar es que ese fallo salga una semana antes del 2 de agosto, porque eso nos genera una gran incertidumbre; no se puede tomar una decisión política ni de carácter administrativo; el propio Tribunal Supremo Electoral está en problemas si el TCP tarda en dar respuesta. Yo creo que la crisis obliga al TCP a un fallo lo más rápido posible para que sepamos los bolivianos a qué atenernos.

—Claro, acomodarse al momento crítico en que estamos.

—Que nos diga lo que sea, pero que nos diga rápidamente. Tiene que ser ya, porque en función de eso es que el país entero va a adecuarse a las circunstancias en términos electorales.

—Usted planteó un acuerdo nacional. ¿Persiste en eso, qué viabilidad cree que tenga?

—Nosotros hemos hecho lo que teníamos que hacer; le hemos mandado una carta a la Presidenta que no ha tenido la gentileza de dar ni siquiera acuse de recibo; asumimos que no considera ni siquiera el respeto de mandar una carta a quien se la envía, no por lo personal, no es un tema personal el tema que tiene que ver con la propuesta. Nosotros hemos creído y creemos que en un momento tan duro como el que vive el país, la unidad es crucial, el acuerdo nacional es crucial, y el aceptar políticas de Estado de todas las partes es crucial. La evidencia de que teníamos razón es que se ha producido ya una acción política muy clara del Movimiento Al Socialismo, tanto en la Asamblea Legislativa como en la calle, que muestra que cuando no buscas un acuerdo, (encuentras) lo que encuentras. Esto lo hicimos el 4 de mayo. Nosotros hemos hecho la propuesta para que sea la Presidenta la que haga una convocatoria al diálogo nacional. El Gobierno está enfrentando dificultades que lo están superando claramente, y estamos viendo que no tiene la capacidad de llevar adelante sus retos, ni el electoral ni el de la lucha contra el coronavirus, pero ya hemos hecho lo que teníamos que hacer; la Presidenta y el Gobierno sabrán lo que tienen que hacer y veremos cómo reaccionan.

—¿No insistirá?

—Mira, hemos insistido el 4, el 5, el 8, el 10, el 15, hace pocos días, pero ya la Presidenta conoce nuestra propuesta y ella sabrá a qué atenerse.

Carlos Mesa Gisbert. Recuerda que desde antes propuso un tratamiento especial a los departamentos de Santa Cruz y Beni en lo relativo a la pandemia; la idea es, dice, evitar las dos cabezas, nacional y subnacional, ocupándose del tema; demanda mayor coordinación por la crisis sanitaria.

Datos

Nombre: Carlos Diego Mesa Gisbert

Ocupación: Escritor y periodista, a la fecha es el candidato presidencial por la alianza Comunidad Ciudadana.

Perfil

Fue el 63 presidente de Bolivia, desde el 17 de octubre de 2003 hasta el 9 de junio de 2005. En las elecciones generales anuladas de 2019 fue candidato a la presidencia.

Iván Bustillos, es periodista de La Razón

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El descenso vertiginoso

El mantra de Áñez, ‘mi única tarea es llamar a elecciones, yo no voy a ser candidata’, le está pasando factura.

/ 27 de mayo de 2020 / 08:15

Hace casi siete meses asumió la dirección del Estado el gobierno liderizado por Jeanine Áñez, nominado por ella misma y sus acólitos como “de transición”. Al inicio y con gran consenso en el conjunto de los opositores a Evo Morales como principal antagonista político-ideológico, actuó con desmedida fuerza en el uso del poder coercitivo y la persecución política para con sus detractores.

Lo que pudimos evidenciar, como muestra de este consenso alrededor del “Gobierno de transición” fue el cerco mediático casi unísono y total durante el golpe de Estado y en los primeros meses de gobierno. Toda la derecha boliviana coincidía en el papel político que debía jugar el Gobierno durante la transición y ese era el de llamar a elecciones, pero implícita y principalmente el de sentar las bases materiales para que en las futuras elecciones ni Evo Morales ni el MAS-IPSP puedan retornar al poder. Para esto se barajaban diversas opciones, la más radical, anular la personería jurídica del MAS-IPSP acusándolo de fraude electoral; otra, inhabilitar a sus futuros candidatos; incluso, la opción más intrépida, crear fracturas y divisiones dentro del MAS (ala radical versus ala concertadora) para lograr influir en la designación del candidato masista y poner uno funcional a sus intereses, llegando incluso Óscar Ortiz a recomendar explícitamente a una senadora para candidata a presidenta del MAS-IPSP.

Mientras el uso de la fuerza coercitiva para tratar de acallar las protestas se traducía en decenas de muertos y dos masacres, las de Sacaba y Senkata, casi el total de los medios bolivianos callaba y solo reproducía las versiones oficiales del Gobierno, la más célebre de Arturo Murillo: “¿Cómo han podido recibir un tiro en la nuca? O sea, el compañero de atrás es el que está disparando…”. Incluso, durante las protestas, al ser rebasada la Policía, el periodista John Arandia pidió en un tweet que las Fuerzas Armadas salgan a reprimir; cito: Gral. Kaliman saque a los militares, no necesita disparar, el pueblo garantiza “no tendrá represalias ni juzgamiento”.

Gramsci define a la hegemonía como la capacidad de dirección, de conquistar alianzas, de proporcionar una base social al Estado; en Lenin, la hegemonía es concebida no solamente como dirección política, sino también como dirección moral, cultural e ideológica. La base social (actores políticos contrarios a Evo Morales, “pititas”, medios de comunicación), era la que proporcionaba al Gobierno, la legitimidad como dirección hegemónica del Estado y la capacidad de actuar, sobre todo coercitivamente (Fuerzas Armadas y Policía Boliviana) en contra de sus detractores políticos, persecución generalizada contra el que se atreviera a contrariar o cuestionar el accionar del Gobierno de transición, legitimidad que desde el inicio fue insuficiente porque no había la más importante que es la lograda en las urnas, pero que fue solventada por la coerción de la fuerza y la instrumentalización política de la justicia.

Esta base social se empezó a deteriorar en el momento en que Jeanine Áñez ya no solo es presidenta del Gobierno transitorio, sino que decide oficializar su candidatura a la presidencia en las próximas elecciones, causando una gran molestia entre los otros frentes políticos con candidaturas ya definidas, que veían en ella solo el papel de garantía de las condiciones materiales para su futuro triunfo; consecuentemente, los ataques empiezan a suscitarse y cada vez más el Gobierno transitorio comienza a hacer aguas, el equilibrio entre consenso y coerción nunca fue una prioridad para el Gobierno de facto, ningún gobierno se puede sostener indefinidamente solo con el uso de la fuerza, si no existe cierto consenso entre los gobernados, una suerte de acumulación de fuerza contrahegemónica evidenciada en la pérdida del miedo entre los detractores; la disminución de alianzas entre el Gobierno y la sociedad civil ha ido en ascenso, el incremento de voces críticas, el gran aumento de los casos de corrupción, todo esto está provocando una caída vertiginosa en los niveles de popularidad y aceptación del gobierno de Áñez; incluso hemos sido testigos de cómo el fiscal general, Juan Lanchipa, que en un inicio fue de los primeros en ponerse a las órdenes del Gobierno de transición ahora, claramente en un sitial imparcial, anuncia investigaciones por corrupción en YPFB, Entel y uso indebido de bienes del Estado que vinculan a la propia hija de la presidenta, Carolina Ribera.

El mantra repetido hasta el cansancio en el inicio por Jeanine Áñez, “mi única tarea es llamar a elecciones, yo no voy a ser candidata…” le está pasando factura, los escándalos y cambio de ministros y autoridades son el pan de cada día; ahora mismo están en una carrera contra el tiempo, tratando de recuperar alianzas o de sostener las que todavía le quedan. Aprobaron 500 millones de dólares para el sector financiero a través del BCB, tratan de acelerar el uso de transgénicos en la agricultura para favorecer a los exportadores, y ahora van por el litio. Pese a todos los esfuerzos por retrasar las elecciones hasta 2021 y el favor casi providencial de la pandemia mundial por el COVID-19, se encontraron con una bancada del MAS-IPSP en la Asamblea Legislativa Plurinacional que asestó un golpe certero, aprobando la realización de las elecciones en no más de 90 días, o sea hasta inicios de agosto.

Así que, según el desarrollo de los hechos, lo más probable es que muy pronto tengamos elecciones en Bolivia; lo que los hechos no están dejando claro, por el momento, es que si Jeanine Áñez llegará a éstas como candidata o como presidenta o como ninguna de las dos.

Mauricio R. Leigue es politólogo

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Entrevista al ‘piojo’

El Piojo Cabrón es un activista digital que reveló varios hechos cuestionados.

/ 27 de mayo de 2020 / 08:00

Se presenta como periodista y se reconoce como un “terrorista digital”, militante de lo Nacional Popular que calificaría en Bolivia como masista, o afuera como peronista, lulista, chavista o sanderista. En el mundo online, las y los pititas lo odian. Los masistas lo aman. Sus publicaciones sobre corrupción provocaron renuncias de autoridades y muchas aclaraciones del gobierno transitorio de Jeanine Áñez. Sin revelar su identidad, se declara enemigo de clase del gobierno de Áñez. Dice que no coordina nada con la alta dirigencia del MAS y mucho menos le pagan.

—¿Quién es El Piojo Cabrón?

—Es solo una personalidad de las tantas que hay en Facebook y en redes sociales en general.

—¿Cuántas veces cerraron su página o sus páginas y cómo lo lograron?

—Uy… no sé. Unas 30 será (ríe). Es con denuncias masivas y a veces el mismo Facebook retira las páginas cuando considera el contenido ofensivo.

—¿Haces periodismo, activismo-periodismo o terrorismo digital?

—Me encanta la palabra “terrorismo digital”. Eso de sembrar terror es algo muy bien planificado por los Estados Unidos y poder tomar esa palabra y darle la vuelta o resignificarla, como dirían los postestructuralistas en semiología, me parece algo simpático. Sin embargo, para evitar definiciones de ese tipo, soy como una especie de “tirador de bombas”. A veces la bomba puede ser periodística, a veces política o a veces como se menciona ahí: “terrorismo digital”.

—¿Qué opina de los medios tradicionales, prensa, Tv y radio?

—Me gustan mucho, quisiera hacerlo, pero me molesta eso de que se crean independientes e imparciales u objetivos, me parece de mal gusto creer que son algo así, me parece igual que esas definiciones semiabstractas son parte de un discurso propagandístico y que solo las personas poco instruidas se lo creen. Me gustaría que sean honestos y digan qué intereses defienden.

—Breve o en una palabra, qué opina de: ¿Página Siete?

—Garáfulic.

—¿El Deber?

—Mucha farándula.

—¿La Razón?

—El mejorcito.

—¿ATB?

—Hay gente buena y gente mala ahí.

—¿Unitel?

—Agroindustria

—¿Red Uno?

—Un Unitel mediocre.

—¿Abya Yala?

—Hay que trabajar más.

—¿Gigavisión-Detrás de la Verdad?

—La revelación del año.

—¿Qué medios utilizan sus denuncias e informes para construir una información?

—Hay mucha gente que tiene denuncias, pero no sabe dónde hacerlas. Esa gente me pasa información, además a veces es complicado darle un contenido político a lo que pasa y esa gente precisamente quiere eso, por eso me buscan, lo que los medios tradicionales no hacen porque quieren aún decirse “imparciales” y esas pajas.

—¿Cuáles fueron sus primicias que se volvieron noticias en los medios?

—En realidad vaaaarias, pero nunca me citarán. Por ejemplo, pocos se acuerdan pero yo destapé el abuso a las cebras en la Alcaldía o los negociados de la esposa del alcalde paceño Luis Revilla con su “Primer Amor”, cuando revelé la casa en Alto Obrajes donde se reunían. Otra que recuerde, digamos, fue la corrupción de Entel (Empresa Nacional de Telecomunicaciones) en una época donde nadie dudaba del gobierno de facto. Después ayudé en otras que sacaron otros medios, pero que yo las hice populares. Sobre todo las renuncias de ministros, viceministros, etcétera. Esa información me llega muy rápido.

Después lo de los ascensos de militares, muchos me escribieron para agradecerme porque el gobierno de Áñez está haciendo averías internas y me mostraron chats de WhatsApp del Ejército donde se puede ver eso. Al final, hay noticias que no necesariamente deben salir en medios grandes. Simplemente que la información correcta llegue a la persona correcta significa una victoria porque esas personas son poderosas y nada más sublime que ver temblar a un poderoso.

—¿Cómo hace para obtener la información que publica? ¿En la mayoría son primicias?

—El enemigo de mi enemigo es mi amigo. La política es una olla de grillos, todos se quieren atacar entre todos, se graban, se sacan screenshot, hacen amarres, etcétera. Entonces entre tantas personas malas, siempre hay una más mala que está dispuesta a vender su información a cambio de un cargo o de algunos favores y me pasan la información. Esas son las fuentes, casi todas son de dentro del gobierno de Áñez (en este caso, antes era Revilla).

—¿Qué prevé y qué pretende con sus publicaciones?

—Depende de la época, no tengo objetivos a largo plazo porque a largo plazo todos estaremos muertos. Por el momento, tengo por objetivo desenmascarar al gobierno de Áñez de su supuesto “velo democrático”, porque conozco a la gente que trabaja con ella, y son personas muy malas, no quieren a Bolivia, prácticamente la odian, y solo la ven como una finca grande con empleados, no ven un pueblo con sueños de crecimiento y desarrollo. Por el momento es eso, y lo digo abiertamente, soy enemigo de clase del gobierno de Áñez, yo siempre estoy con el campo popular porque sé lo que es no tener qué comer, ellos no, ellos siempre están mirándote desde arriba y en ningún momento quieren ayudarte a subir (como lo haría por ejemplo una burguesía nacional). Ellos solo quieren ver gente pobre para recordar que ellos no lo son.

—¿Cuáles son las páginas rivales de la derecha, pititas, camachistas, de Jeanine Áñez, Doria Medina? ¿Las sigue, confronta con esas páginas?

—Bueno, sí, las seguía, pero no tienen nada bueno que decir, los que están detrás de esas páginas (a quienes conozco en su mayoría) son personas muy mediocres. Valoraría el trabajo solo de dos de ellas, pero ahora están trabajando servilmente para Áñez, así que prefiero no mencionarlas.

—La página por la que lo contactamos tiene más de 10.000 seguidores. Se creó el 13 de noviembre de 2019, cambió de nombre de Resistencia Bolivia a Piojo Cabrón. ¿Nació en respuesta a la caída y huida de Evo Morales?

—Esa palabra “huida” no me gusta. Si tienes una pistola en tu cabeza y te vas, no es que estás huyendo, te están botando. Creo que es parte de la narrativa que instauró el golpe y que cada vez tiene más grietas por sus absurdos giros narrativos que tiene en cada situación. Sobre esta página, El Piojo Cabrón es una marca, si cae una página, saltará a otra y así a otra; hay decenas de páginas que me las dan para que las convierta. En esta ocasión es ésta que otrora se llamaba “Resistencia Bolivia”. Antes había otra página que se llamaba “El Chancho Cósmico”, y me la regalaron y la volví el Piojo. Es así, incluso algún día puede tener la página de no sé… Áñez (ríe), y en unos días diría Piojo Cabrón.

—¿El MAS o sus dirigentes financian la página? ¿Recibe un sueldo?

—Ni un peso. Quisiera (ríe), pero no, no me pagan, aunque alguien debería. ¿No crees?

—¿Si el MAS vuelve al poder dejarás de publicar su página o seguirá con sus denuncias?

—Seguiré, claro que sí. Seguiré hasta que envejezca y la gente ya no entre a Facebook (como sucederá en pocos años, parece).

—“Y va a caer y va a caer el #Piojo va a caer”, anunciaron en varias oportunidades sus enemigos en las redes, las y los pititas. ¿Cómo protege su identidad?

—Tengo muchos enemigos, siempre quieren tirarme las páginas, y siempre vuelvo, es hasta cómico. ¿Para qué gastar tanta energía denunciando una página? No sé, si no te gusta una página anda a otra.

Juan Carlos Marañón es periodista

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