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martes 2 jun 2020 | Actualizado a 04:28

Exagerado optimismo por el fin de la crisis

La cuarentena obligatoria tiene efectos que matarán entre 10 y 100 veces más personas que por la pandemia

/ 8 de abril de 2020 / 07:13

Como anticipó el Dr. Stephen Smith, quien recomienda la hidroxicloroquina, ha comenzado el principio del fin de la pandemia del coronavirus COVID-19, y como lo avisamos muchos desde hace tiempo, se da naturalmente y con menos muertes que por causa de la influenza. El martes China anunció el primer día sin muertos y la situación allí se normaliza. En países como Italia o regiones como New York la pandemia se está nivelando, según su gobernador. Esto ha traído un exagerado optimismo, y las Bolsas han cerrado con incrementos de más del 10% en dos días. Exagerado optimismo porque la crisis económica se debe a la represión del mercado por parte de algunos gobiernos en términos de paralizar la producción. Y no está claro que esta política terminará una vez controlado el coronavirus; por el contrario, hasta podría aumentar.

Ahora, ¿cómo se llegaron a tomar estas medidas represivas cuando los especialistas serios, como Howard Markel, dicen que la cuarentena obligatoria es contraproducente? La clave la da el mejor especialista de Corea del Sur, país exitoso en el tema, Kim Woo-Joo: mi país “es una República democrática… un bloqueo no es una opción”. 

Ante el pánico de la opinión pública, gobiernos como el de Italia copiaron la receta del Partido Comunista chino, que ha controlado la pandemia como siempre ha controlado todo: con violencia, represión, cuarentena policial. Y esta “solución” totalitaria ha sido recomendada por la OMS, que es un organismo de la burocracia estatal —política— internacional, cuyo presidente es Tedros A. Ghebreyesus, militante del marxista y guerrillero Frente Democrático Revolucionario Etíope. Así, politizaron la solución, desviándola de la ciencia, violando el enunciado moral de no violencia y el derecho humano a la libertad, desoyendo la lógica cuyo primer principio, el de no contradicción, supone que de un mal (la violencia) no puede salir un bien.

Obviamente, los países con cuarentenas (v.gr. Italia y España) tienen muchos más muertos que Corea del Sur y Japón. Además, la cuarentena obligatoria tiene efectos que matarán entre 10 y 100 veces más personas que por la pandemia. Leyó bien: los efectos directos de la cuarentena forzada provocarán entre 10 y 100 veces más muertos que este virus; por causas incontables. El encerramiento debilita al organismo y a la psiquis. En Francia, los feminicidios aumentaron un tercio. Si hasta muchos venezolanos vuelven a su país por la situación de hostilidad y xenofobia.

Como sistema marxista, la cuarentena no solo ha establecido violencia y denuncias incluso entre familiares, sino que además decidió de hecho la muerte de las religiones y prohibió las celebraciones de Semana Santa en muchos países. Según el IFES, 39 países “postergaron” procesos electorales. La paralización de las economías podría dejar hasta 22 millones de personas más en pobreza extrema en Latinoamérica, según la Cepal. Muchos de ellos morirán por desnutrición o malas condiciones de vida, amén de engrosar el delito. Así como la crisis económica no se termina con el coronavirus, sino cuando los Estados dejen de reprimir, la humanidad no tendrá futuro sin un “Nüremberg”. No creo que encarcelar a nadie sea una solución, pero tiene que ocurrir una fuerte condena dejándole claro a los ciudadanos que el pánico no puede ser el motor de sus votos, que el periodismo terror no es ético y, sobre todo, que los dirigentes no pueden actuar con sus criterios políticos violando el Estado de derecho, la moral y los derechos humanos.

Alejandro A. Tagliavini, asesor senior en The Cedar Portfolio, y miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California. Twitter: @alextagliavini; www.alejandrotagliavini.com

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¡‘Chapeau’ Suecia!

La vía sueca amenaza con desmentir el relato que muchos políticos y expertos querrían leer en los libros de historia.

/ 9 de mayo de 2020 / 06:15

A pesar de las duras críticas, Suecia sigue sin confinamiento, fronteras abiertas, libertad de movimiento, niños asistiendo a la escuela, comercios, bares y restaurantes atendiendo clientes en tanto no permanezcan parados; solo recomendaciones, sin imposiciones, prohibiendo únicamente reuniones de más de 50 personas. Algunos parecen desear que surja un fuerte rebrote de la pandemia que los induzca a decretar el confinamiento. Pero pasan semanas, y la curva sueca no diverge de la media europea. Y por cierto, sus unidades de cuidados intensivos nunca estuvieron ni cerca de saturarse.

Juan M. Blanco pregunta “¿por qué tanta contrariedad al comprobar que la COVID-19 no explota en Suecia?… La vía sueca amenaza con desmentir el relato que muchos políticos y expertos querrían leer en los libros de historia: en 2020 unos héroes salvaron al mundo de una horrenda mortandad decretando el confinamiento”.

El país escandinavo constituye lo que se conoce en experimentos como un “grupo de control”, capaz de señalar lo que habría ocurrido sin cerrar la actividad económica. Y temen que, finalmente, alcance los mismos resultados, o incluso mejores; y que se confirme lo que escribió Cheryl K. Chumley en The Washington Times: “El coronavirus es el mayor engaño político de la historia”.

Para los suecos, en el mejor de los casos, el confinamiento podría retrasar los contagios, pero a un costo muy elevado en destrucción económica. Y todo para llegar al mismo lugar. En una entrevista en The Wall Street Journal, John P.A. Ioannidis, profesor de Stanford, epidemiólogo, matemático y uno de los 100 expertos más consultados del globo, aseguró que “poner en cuarentena (…) es irracional. Es como si un elefante fuese atacado por un gato (…), y tratando de evitarlo se lanza por un precipicio”.

El eslogan de los demagogos para justificar las cuarentenas forzadas era que preferían cuidar la salud aun a costa de la economía. Pero la destrucción de la economía está resultando tan grande que acarreará muchos más muertos que la COVID-19, enfermedad que, de momento, registra una tasa de mortalidad similar a la de la influenza. No solo porque la pobreza (en Argentina por ejemplo, pronto llegará al 50% de la población y sigue) y el hambre se están disparando dramáticamente, sino porque además se destruye el sistema sanitario. 

Por miedo o por causa de la cuarentena, se han suspendido diversos tratamientos médicos y muchos otros enfermos están siendo descuidados. Por caso, en Bogotá, hospitales de alta complejidad que tenían ingresos mensuales en torno a los $us 375 millones hoy perciben $us 180 millones. “El bajonazo es enorme”, dice César Castellanos, del Hospital San Ignacio. La ocupación en hospitalizaciones está en la mitad; tal como ocurre en muchos otros países. Y las consultas externas, cirugías y exámenes están cancelados casi en su totalidad. Hasta las urgencias, antes colapsadas, operan hoy al 70%.

Pero los políticos no son tontos. Como su recaudación impositiva cae mucho por causa de la paralización económica, en Buenos Aires empezaron a desandar el camino: “Nos tenemos que contagiar”, dijo un funcionario desdiciendo el argumento de evitar los contagios por el que se impuso la cuarentena. Ya dirán que nunca quisieron una cuarentena, sino que fueron forzados por la opinión pública. En fin, por respetar el derecho humano a la libertad —la no violencia— y consecuentemente lograr un mejor resultado, los hombres de buena voluntad en todo el globo brindamos: ¡Salud Suecia!

Alejandro A. Tagliavini, asesor senior en The Cedar Portfolio  y miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California. Twitter: @alextagliavini; www.alejandrotagliavini.com

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