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Latinoamérica corre a blindarse contra el coronavirus

El primer enfermo conocido de covid-19 en Latinoamérica apareció en Brasil el 26 de febrero, de un hombre que había llegado de Italia.

/ 12 de marzo de 2020 / 01:14

El coronavirus llegó más tarde a Latinoamérica que al resto del mundo pero su irrupción dio pie a medidas drásticas como la prohibición de entrar extranjeros en El Salvador o la cuarentena obligatoria para viajeros dictada por Argentina, Colombia, Chile y Perú, o el cierre de escuelas en Panamá.

El primer enfermo conocido de covid-19 en Latinoamérica apareció en Brasil el 26 de febrero, de un hombre que había llegado de Italia.

Desde entonces, el coronavirus se ha manifestado en 12 países, murieron dos personas -en Argentina y Panamá-, y se cuentan casi 200 casos, siendo Brasil el país más afectado con 52 pacientes, seguido de Chile con 23 (todos importados), mientras que Cuba anunció el miércoles sus tres primeros casos, tres turistas italianos que llegaron el lunes a la isla.

Las cifras aún están lejos de los más de 800 muertos y 12.000 infectados de Italia, o los más de 2.000 contagiados de España, pero varios gobiernos latinoamericanos tomaron nota de las medidas draconianas adoptadas en el mundo y optaron por la contundencia.

El gobierno colombiano anunció este miércoles "el aislamiento preventivo" -en palabras del presidente Iván Duque- por 14 días de quienes lleguen de China, España, Francia e Italia.

La medida se toma cinco días después de la aparición del primer caso en Colombia, que totaliza nueve, entre ellos el de una viajera de 19 años que llegó a Bogotá desde Milán.

Argentina subió la apuesta al sumar entre los países de procedencia a Estados Unidos, Alemania, Corea del Sur, Japón e Irán; y estudia prohibir la entrada de personas de Italia.

"Si no lo cumple, estará incurriendo en un delito", advirtió el presidente argentino, Alberto Fernández. También se suspendieron muchos eventos deportivos, entre ellos el Gran Premio de motociclismo que se disputaría en abril.

El Salvador, aún sin casos detectados, fue más allá que todos y cerró sus fronteras a todos los extranjeros. Guatemala, mientras, prohíbe la entrada de europeos, coreanos e iraníes. Paraguay, Perú y Panamá optaron por suspender o retrasar el inicio de clases.

Son de esperar más medidas, teniendo en cuenta que el director de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom Ghebreyesus, denunció este miércoles los "niveles alarmantes de propagación e inacción" en todo el mundo, antes de declarar el coronavirus como pandemia.

Pocas camas de hospital por habitante

Después de que el mundo presenciara en tiempo real la construcción de un megahospital en Wuhan, la ciudad china donde irrumpió el nuevo coronavirus, para albergar a cientos de pacientes, los principales temores respecto a la región apuntan a la capacidad de hacerle frente con una infraestructura sanitaria desigual y, en muchos casos, precaria e insuficiente.

En América Latina el sector público solo gasta en promedio 3,7% del PIB en salud, frente al promedio de los países de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) de 6,6%, apunta Lígia Bahia, profesora asociada del Instituto de Estudios de Salud Colectiva de la Universidad Federal de Rio de Janeiro (UFRJ), en un reciente artículo en Americas Quarterly.

En caso de estallar un brote más agresivo, los países, algunos ya azotados por el dengue, podrían no dar abasto.

Según los últimos datos disponibles de la OMS, de Latinoamérica solo Cuba (5,2), Argentina (5) y Uruguay (2,8) superan el promedio mundial de camas hospitalarias, de 2,7 cada 1.000 habitantes, de acuerdo con el Banco Mundial. La precariedad aumenta hasta llegar al 0,8 en Venezuela o el 0,6 en Guatemala.

La Organización Panamericana de la Salud anunció el envío a partir de esta semana de misiones de apoyo a países de la región que "conllevan un mayor riesgo", entre ellos Haití y Venezuela. El listado incluye además a Surinam, Guyana, Nicaragua, Honduras, Guatemala, Bolivia y Paraguay, así como las islas del Caribe oriental.

En Venezuela, sumida en una profunda crisis económica y social y que hasta ahora no ha reportado ningún caso de covid-19, el 53% de los hospitales no tiene tapabocas, el 90% no tiene protocolo de acción para pacientes con enfermedades de transmisión respiratoria y ninguno tiene zona de aislamiento, según la ONG Médicos por la Salud.

Según la encuesta nacional de hospitales (ENH) de 2019, que realiza la ONG, un 70% de los hospitales de Venezuela reportó intermitencia en el suministro de agua y solo el 9% cuenta con suministro de agua continuo.

"Si no hay agua no te puedes lavar las manos, que es la herramienta básica más importante, más universal de control de coronavirus en infecciones respiratorias", dijo a periodistas el infectólogo Julio Castro, director de la ONG.

El calor, ¿freno a la expansión?

Brasil, con sus 209 millones de habitantes, se mantiene cauto con las restricciones. Su presidente, Jair Bolsonaro, ha minimizado el riesgo y dijo que se está "sobredimensionando el poder destructor" del virus.

David Uip, infectólogo y coordinador del centro de contingencia para el coronavirus en Sao Paulo, cuestiona la eficiencia de las cuarentenas o el cierre de escuelas.

"No tengo ninguna duda de que va a aumentar el número de países y el número de casos, para mí es una pandemia desde hace tiempo", dijo en una entrevista con AFP horas antes de que la OMS catalogara así la situación.

Y aunque el virus SARS-CoV-2 aparece como sensible al calor, su comportamiento en zonas cálidas es algo que aún está por confirmarse, advierte Uip.

"Estamos esperando ver cómo el virus se comporta en un clima tropical. Teóricamente le gusta el frío y la aglomeración, pero vamos a ver cómo se porta en Sao Paulo, que es como un país intercontinental con varios climas en un mismo día", dijo en relación a la megaurbe de 12 millones de habitantes.

Buena parte de los países de la región disfrutan de clima cálido con pocos cambios, mientras los que están más al sur se adentran en la temporada invernal, lo que podría atizar la crisis. (12/03/2020)

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Latinoamérica enfrenta el futuro con energía

América Latina y el Caribe tiene un alto potencial para la producción de fuentes de energía primaria. Economía, sociedad y medio ambiente son los tres pilares sobre los que se tiene que asentar el sector energético.

/ 10 de enero de 2020 / 00:20

Los países de América Latina y el Caribe tendrán que aumentar su capacidad de generación eléctrica en un 70% para el 2030, y para eso hace falta mucha energía e inversión. El aumento de la población, la mejora de las condiciones de vida de sus habitantes y el crecimiento de la actividad económica están multiplicando la demanda energética en la región. Pero, para ser capaces de alcanzar el nivel de inversión económico suficiente, el sector energético y los gobiernos de los países latinoamericanos necesitan colaborar con el sector privado.

Este es uno de los temas principales que se trató en la III Cumbre Empresarial de las Américas, promovida por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), y que se celebró el año pasado en la capital de Perú (Lima). El tema central, Hecho en las Américas, reunió a los principales directivos empresariales y a los jefes de Estado de la región para analizar oportunidades que promuevan el crecimiento económico y las inversiones a través de una interacción público-privada.

Gracias a abundancia de recursos naturales en los países de América Latina y el Caribe la región tiene un alto potencial para la producción de fuentes de energía primaria. Aunque la población latinoamericana representa solamente el 8,5% del total de habitantes en el mundo y el 8,7% del Producto Interior Bruto (PIB) global, esta región produce más del 20% de la hidroelectricidad, lo que le permite tener la mayor participación de fuentes renovables de energía y una de las generaciones de electricidad más limpias del planeta.

Sin embargo, para que el sector energético pueda ser uno de los motores del desarrollo económico de América Latina y el Caribe, y contribuya a aumentar la productividad y la competitividad económica de la región, tiene que hacer frente a una serie de retos inherentes a la transición energética que se experimenta en todo el mundo.

Mejorar la eficiencia es uno de los desafíos más acuciantes y una de las formas más efectivas de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. La modernización de las redes eléctricas permite introducir tecnologías inteligentes a lo largo de la cadena de suministro de la energía y corregir algunas de esas ineficiencias. Cambiar los hábitos de consumo en los hogares, la industria y los servicios públicos adoptando tecnologías más eficientes también tiene un efecto muy positivo en la reducción del gasto de energía.

La seguridad energética se puede incrementar con una matriz diversificada que combine varias fuentes. La mayoría de los países de Centroamérica y el Caribe dependen altamente de las importaciones de derivados del petróleo, especialmente para la generación eléctrica. Solamente Costa Rica tiene una matriz diversificada y casi 100% renovable.

En países como Brasil, Colombia, Venezuela y Paraguay domina la generación hidroeléctrica, la cual, aunque es positiva para el medio ambiente, incrementa su vulnerabilidad ante eventos climáticos extremos. Las energías renovables no convencionales, especialmente la eólica y la solar, siguen presentando un nivel muy bajo de participación en la generación eléctrica, con porcentajes de consumo del 3,6% y del 0,4%, respectivamente, pero un estudio del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) estima que para 2030 su aumento se multiplicará por cuatro.

Para subsanar deficiencias y potenciar sus ventajas comparativas, los países de este hemisferio deberían profundizar en la integración energética regional. Existen diversas iniciativas, como el Sistema de Interconexión Eléctrica de los Países de América Central (Siepac), que conecta con una misma línea de transmisión a todos los países de Centroamérica, y que creó el mercado eléctrico regional más robusto y maduro en toda Latinoamérica y el Caribe, que complementa a los mercados eléctricos nacionales.

El Sistema de Integración Eléctrica de los Países Andinos (Sinea), el Arco Norte (integración entre Brasil, Surinam y las dos Guyanas), y la interconexión Colombia-Panamá se encuentran en etapas de diálogo entre los gobiernos involucrados y con una recepción muy positiva. Una mayor integración permitiría agregar mercados, aspecto importante en un sector en donde la viabilidad de los proyectos es particularmente sensible a las economías de escala, y podría potenciar una mayor participación de las energías renovables de la región.

La capacidad que tenga el sector energético en la región para atraer inversiones hacia las actividades más competitivas y eficientes, y para armonizar su desarrollo con la preservación del medio ambiente, marcará su sostenibilidad financiera, ambiental y social, condiciones necesarias para mantener la viabilidad del sector en el tiempo.

La superación de todos estos desafíos regionales requiere la participación del sector privado como movilizador de recursos humanos, financieros y materiales. Su papel es clave para formar e incorporar personal cualificado, crear productos financieros adaptados a las realidades de la región, identificar y transferir las tecnologías más eficientes, desarrollar proyectos o diseñar modelos de negocios innovadores, entre otras cosas.

En líneas generales, el sector privado ha sabido aprovechar las oportunidades que se le han presentado, y eso se refleja en una organización industrial con una presencia cada vez más relevante de agentes privados, especialmente en el subsector eléctrico. Por ejemplo, la participación privada en inversiones en energías renovables en el mundo superó el 90% del total de las inversiones en 2016. Ello permite estimar que la participación del sector privado seguirá consolidándose en el futuro y que irá acompañada de regulaciones que aseguren la sostenibilidad jurídica y financiera de las inversiones.

Según estimaciones de las Naciones Unidas, “la energía es el hilo de oro que une el crecimiento económico, el aumento de la equidad social y un medio ambiente que permita que el mundo prospere”. Economía, sociedad y medio ambiente son los tres pilares sobre los que se tiene que asentar el sector energético en América Latina y el Caribe para seguir avanzando en la dirección adecuada.

* Jefe de la división de energía del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Gador Manzano es especialista sénior de comunicación del BID.

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