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El último invento de los futbolistas: el respeto

/ 4 de noviembre de 2019 / 08:48

Los que ganan y pierden los partidos son los jugadores”… “Los de afuera son de palo”… “No cayó bien en el vestuario”… “La parte más noble del fútbol son los futbolistas”… “La pelota no se mancha”…

El vestuario… Ni el Vaticano posee un recinto más sagrado. Los futbolistas poseen una insuperable habilidad para generar frases que suenan antológicas, se convierten en axiomas y se perennizan. Sin haber estudiado mercadeo ni publicidad, son maestros del eslogan. También se arrogan un invento universal: los códigos. Se refieren a la lealtad. En rigor, la lealtad tiene 300.000 años de historia, apareció con el homo sapiens, pero ellos reclaman autoría. Parecieran ser los únicos que la conocen y la profesan. Tienen otras creaciones. Últimamente han patentado el respeto. Exigen permanentemente respeto, a directivos, periodistas, hinchas… De allí se colige que son sus propietarios en exclusividad. “Lo único que pedimos es respeto”. Suena bien.

En un momento de la humanidad donde todo el mundo está expuesto en los medios y en las redes sociales, los futbolistas logran parapetarse detrás de la barrera del respeto y ser intocables.

“¿Qué códigos…? Cada vez que iba a buscar al Conejo a los entrenamientos, sus compañeros me embarazaban con la mirada”, arremetió en un programa de Tv Pata Villanueva, una exmodelo argentina que era pareja de Alberto Tarantini. A Pata no le va la hipocresía.

En una autoentrevista para The Player’s Tribune, Marcelo, el lateral izquierdo del Real Madrid, fantástico en la proyección ofensiva, discreto defendiendo, se sintió ofendido por un comentario radial de Jorge Valdano. The Player’s Tribune es un novedoso e impactante sitio web creado por el ex beisbolista estadounidense Derek Jeter. Allí, los deportistas se entrevistan a sí mismos y cuentan historias en primera persona. Una nueva forma de periodismo, por los propios protagonistas.

“Unos días antes de la final, un antiguo futbolista del Real Madrid expresó algo sobre mí que se me grabó en la cabeza. Le preguntaron qué pensaba sobre la final y señaló que Marcelo debería comprarse una foto de Salah, ponerla en la pared y rezar todas las noches”, relató el brasileño. “Después de 12 años y tres Champions League ganadas, me faltó el respeto así y en directo”, continuó. “El comentario quería hundirme, pero lo que me dio fue mucha motivación”.

En rigor, la expresión exacta de Valdano, bastante respetuosa, por cierto, fue: “Que le den a Marcelo una foto de Salah para que lo empiece a tener en sus oraciones y sea más cuidadoso por su banda”. La dijo tras un clásico ante el Barcelona, en el cual Marcelo fue un colador por su punta. Se avecinaba la final de Europa ante el Liverpool. Valdano es un sujeto educadísimo, muy comedido en sus juicios. Lo que no pudo Marcelo es espetarle el tradicional “¿de qué habla…? si nunca pateó una pelota”, que los jugadores utilizan para referirse a los periodistas. Valdano pateó alguna, fue un muy buen delantero, ganó un Mundial, se coronó campeón con el Real Madrid como jugador y entrenador. Y es el escritor más brillante surgido de un camarín con olor a linimento.

No fue una frase injuriosa ni agresiva, mucho menos desestabilizadora (“quería hundirme”). Y de ninguna manera irrespetuosa. Tampoco lo centralicemos en Marcelo. Él habla desde el poder total alcanzado por los futbolistas en la actividad. Son jugadores, entrenadores, dirigentes, representantes, comentaristas, están en la FIFA, en las empresas deportivas… Coparon todo. Desde ese absolutismo se sienten en capacidad de amonestar o censurar. Los futbolistas son sujetos especiales, no necesitan devolver una llamada, un mensaje, decir “buen día”, “permiso”, “muchas gracias”, “por favor”, “pase bien”, pero son generosos enseñando lealtad y respeto a los semejantes.

Cuando la última fecha FIFA, se difundió un video en el cual los integrantes de la selección de México bajan del autobús para entrar a un hotel y en la puerta del mismo los esperan dos aficionados —hombre y mujer— con sendas banderas tricolores al grito de “Mé-xi-co, Mé-xi-co…” No había nadie más. Quién sabe cuántas horas estuvieron aguardando el arribo para alentarlos. Los seleccionados pasaron a centímetros de los hinchas, no solo no se pararon o saludaron, ninguno de los veintipico los miró; fue una indiferencia indignante, rayana en la crueldad. Son los sujetos que luego exigen respeto. El respeto no se exige, se gana. Los aficionados quedaron estupefactos, mirándose entre sí.

“No me importa si dicen que jugué mal, pero no se metan con mi vida privada”, reclaman a diario los jugadores. Mienten: sí les importa, sí les duele; de hecho, en muchísimos casos cortan su relación con el periodista o con el medio tras una crítica. Y esta de Marcelo es una comprobación. Le dolió la valoración deportiva, compartida además por varios técnicos del Real Madrid: ha ido al banco (Reguilón le quitó el puesto en un momento), le han traído varios sustitutos (Theo Hernández, Mendy) pues no ofrece garantías de marca. Termina jugando porque los otros no dan la talla o por formar parte del núcleo duro del vestuario (Sergio Ramos, Carvajal, Benzema, Lucas Vázquez, Casemiro).

Desde luego Marcelo y todos los protagonistas merecen respeto. No se trata de ser irreverentes, sino de indicar lo que se ve sin limitaciones; es el pedido del público. El jugador es un artista que, en el alto nivel, cobra sumas millonarias para actuar y está expuesto al elogio o al reproche. Y es obligación del periodista comentar con veracidad y rigor los acontecimientos.

El argumento de que el periodista nunca jugó a la pelota es falaz y también erróneo. No es preciso ser director de cine para comentar una película. Como dice el queridísimo César Augusto Londoño, “desubicado el futbolista que le exige al periodista haber jugado fútbol profesional para poder desarrollar su profesión. Muchos jugadores no tienen idea de la concepción del juego y hay grandes técnicos que nunca jugaron: Rueda, Pinto, Mourinho y otros”.

Los exfutbolistas han copado los medios. En algunos casos, como Diego Latorre, el mismo Valdano, lo hacen con brillantez, en otros no agregan nada. Son convenientes para el gremio, pues tienen la opinión blandita, no se comprometen ni dicen verdades evidentes, dejan ese trabajo sucio para los periodistas. Pero visto lo de Marcelo, también ellos deberán cuidarse.

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Más aspirantes a youtubers que a futbolistas

Jorge Barraza, periodista argentino

Por Jorge Barraza

/ 4 de abril de 2021 / 19:01

Macedonia del Norte estrenó su nombre en una Eliminatoria dando un sartenazo inesperado: venció a Alemania de visita 2 a 1. Es el país 149 del mundo en territorio y el 144 en población. El PBI de Alemania es 50.801 dólares por habitante, el de Macedonia apenas llega a 5.916. Pero en fútbol están menos alejados. ¿Cómo puede suceder una cosa así siendo la patria de Gutenberg una superpotencia y teniendo al actual campeón europeo y mundial, Bayern Munich…? No es descabellado: el fútbol es el único deporte donde absolutamente todo puede suceder. Que Brasil pierda en casa 7 a 1 con Alemania y que Macedonia derrote a los alemanes. Es parte de su encanto irresistible: la imprevisibilidad. Nunca nada es seguro. Y existen factores que todos pueden enarbolar a pesar de su modestia: la actitud, la preparación y la táctica. También la mística. Eso no tiene que ver con el presupuesto y puede equiparar el desbalance de calidad.

Al margen de ello, hay un punto adicional: el fútbol está cada vez más igualado. En especial a nivel de selecciones, donde sesenta o setenta representativos pueden reunir once elementos aptos. Hay mucha información del rival, los entrenadores estudian cada vez más y trabajan hasta el mínimo detalle. Los cuerpos técnicos son ahora un ejército de profesionales que enfocan todos los aspectos. Por eso, hasta Luxemburgo puede ser peligroso. Y los jugadores vienen cada día más con un perfil colectivo antes que individual.

En el caso de Alemania, posee muy buenos futbolistas (Kimmich, Goretzka, Sané, Gnabry, Werner), pero revela una escasez evidente de superestrellas que puedan definir un partido equilibrado, como a lo largo de la historia fueron Beckenbauer, Gerd Müller, Overath, Breitner, Matthäus, Klinsmann, Rummenigge… Para lograr el éxito precisa alcanzar un alto nivel de precisión y armonía de conjunto. Si no está superaceitada la máquina, puede perder con Macedonia. O con México y Corea del Sur, como aconteció en Rusia 2018.

Alguien preguntará: ¿Y por qué el Bayern es campeón de todo…? Porque un porcentaje mayoritario de su plantel es extranjero: Lewandowski, Alaba, Alphonso Davies, Pavard, Lucas Hernández, Coman, Tolisso, Javi Martínez, Douglas Costa, Choupo-Moting…

Pero ¿es un problema de Alemania esta escasez de grandes talentos…? No, es mundial. No están apareciendo los auténticos monstruos como el fútbol siempre tuvo, astros indiscutibles. Desde luego siempre habrá unos que destaquen más que otros, pero desnivelan por eficiencia, no por genialidad. Hay buenos normales, no grandiosos. La prueba es que los cinco o seis clubes más poderosos que siempre buscan un crack diferencial miran a los dos únicos que aparecen en esa lista, Haaland y Mbappé, dos topadoras que sobresalen por potencia física, velocidad, ambición y gol, pero no derrochan ni técnica ni ingenio ni fantasía. No hay poesía en su juego. (Mbappé jugó los tres partidos de la Eliminatoria -Ucrania, Kazajstán y Bosnia- sin convertir. Haaland enfrentó a Gibraltar, Turquía y Montenegro, tampoco marcó y fue reemplazado en los tres).

Brasil y Argentina, que fueron siempre los más fecundos semilleros del mundo, tienen la fábrica paralizada. La última perla encontrada en estas costas fue Neymar, que por una cuestión de mentalidad nunca pudo alcanzar el trono y consolidarse en la cima. España disfrutó de la brillante camada de Xavi, Iniesta, Puyol, Piqué, Busquets, Villa, Ramos, Casillas pero luego se secó el árbol que daba esos frutos. No tuvieron reemplazo del mismo nivel. Pasa lo mismo en todo el mundo. Por eso vemos jugadores comunes ser transferidos en millones de dólares.

¿Por qué no surgen fenómenos nuevos…? ¿No se trabaja a nivel de juveniles…? Sí, y los centros de entrenamiento son cada vez mejores, los profesores también. La razón deberemos buscarla en un hecho cultural, de esta época: estamos frente a una juventud cibernética, enganchada las veinticuatro horas con el WhatsApp, las redes sociales, la tableta, el youtuberismo. Y el sedentarismo. Una era donde es más importante tener conexión a Internet que una pelota, con cientos de millones de chicos que están recostados en su cama o en un sillón chateando o con los videojuegos. Estos jóvenes digitales son más cómodos. No es una juventud de a pie, de campito, de potrero, de donde antes surgían los cracks. Uno se pasaba horas y horas en la canchita. Allí, en el libre albedrío, dándole y dándole se pulía la técnica y aparecían los prodigios. La pasión los iba formando. La madre debía sacarlos de una oreja del partidito en la calle o en el hueco.

Eso no existe más. Ahora son jugadores de academia, que es un negocio como cualquier otro, se cobra por adiestrar. Les hacen correr alrededor de la cancha, unos tiritos al arco y jugar un picado, pero en general son incubadoras, producen jugadores de laboratorio, robotitos sin creatividad. No obstante, la falta de espacios libres en las ciudades hace de las academias un lugar necesario para que los niños hagan allí el jardín de infantes futbolístico y puedan pasar luego, si muestran condiciones, a un club federado. Debemos asumirlo: hoy hay más aspirantes a youtubers que a futbolistas.

Otra razón que conspira contra la aparición de figuras es el dinero en exceso que sobrevuela el fútbol. Muchos juveniles del Barcelona “B” ya son potentados sin haber debutado en Primera. Desde la novena división tienen representante y empiezan a recibir retribuciones: primero ropa y botines, luego el agente les da un auto para ir a entrenar y, a quienes muestran cualidades, desde los quince o dieciséis años, contrato. Trincao (21 años), el joven portugués del Barça, aún no había podido lanzar un centro y ya presumía en redes sociales de su Lamborghini de 274.000 dólares. El dinero en cantidad quema los sueños.

En su libro autobiográfico, Ricardo Bochini cuenta que, al llegar de Italia, donde había marcado su golazo a la Juventus que le dio un título mundial a Independiente, una multitud los fue a esperar, los trasladaron desde el aeropuerto en caravana, recibieron todo tipo de homenajes, los reportearon los diarios, las radios, la televisión, recibió miles de palmadas y abrazos. Al caer la noche estaba exhausto; la realidad le recordó que no tenía ni auto ni casa: alguien lo acercó hasta la pensión del club. Vivía debajo de la tribuna, junto a otros diecinueve muchachos, en un gran espacio compartido donde tenía un armarito y una cama. Sus compañeros de ilusiones lo recibieron como a un héroe. Pasada la efusividad, se desplomó sobre el colchón flaco a soñar glorias nuevas. Estaba feliz, le habían dado 200 dólares a cada uno por ganarle a la Juve. Iría a su pueblo y le compraría algunas cosas a su familia. Si seguía brillando habría más recompensas, quien sabe hasta comprar una casa grande para sus padres y sus ocho hermanos.

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Luxemburgo pone color en la carrera hacia Qatar

Jorge Barraza, periodista argentino

Por Jorge Barraza

/ 29 de marzo de 2021 / 07:55

Sin público, sin ruido y sin atractivos especiales, con Estonia 2 – República Checa 6 y Turquía 4 – Holanda 2 se largó el miércoles la carrera europea hacia Qatar 2022. Que no presentó choques estelares en la primera fecha ni los presentará porque los 55 competidores se agrupan en diez zonas y está armada de modo tal que los grandes no se junten en la fase de grupos y se les facilite la clasificación. Sí hubo un par de novedades en los extremos etarios: Zlatan Ibrahimovic, cercano a los 40 años, volvió a la selección sueca -en la que tenía 116 presencias con 62 goles- después de casi cinco años de haberse retirado, enojado tras una derrota ante Bélgica. Suecia venció a Georgia y Kosovo y Zlatan aportó dos asistencias. En la antípoda generacional, Pedri, el chico que viene asombrando en el FC Barcelona con apenas 18 calendarios, debutó en el magro empate de España frente a Grecia. Volante cerebral y de exquisito manejo, se puso la camiseta del Barça a los 17 y fue figura desde el primer día. No tembló por calzarse la Roja, ya tiene la grandeza adentro. Pedri nació en diciembre de 2002; para entonces, Zlatan llevaba cuatro años en Primera y quince juegos internacionales con la amarilla de Suecia. Tal es la diferencia. Lo bonito es que, con 22 años de por medio, Pedri e Ibra podrían enfrentarse hasta dos veces próximamente: el 14 de junio por la Eurocopa y el 2 de septiembre en el premundial. España y Suecia comparten el grupo B, uno de los más difíciles. Ellos dos y Grecia pueden hacerse mucho daño.

El retorno de Ibrahimovic fue muy emotivo para él, lloró en la conferencia de prensa previa, pero divide aguas en su país. Mucha gente, una mayoría, está encantada, otra aborrece su genio efervescente y su egocentrismo. El exitosísimo escritor Jonas Jonasson (El abuelo que saltó por la ventana y se largó), muy futbolero, no lo ve con buenos ojos: “Para mí, Ibra tiene un carácter demasiado fuerte. La única opción que tenemos de ganar a España en la Eurocopa es nuestro estilo colectivo, no con estrellas individuales. No sé si merece mucho la pena que vuelva a la selección. Si además se le permite que vuelva a mandar en el vestuario, habrá problemas”. Luego agregó: “Yo prefiero a once Henrik Larsson que a un Ibrahimovic. Con once Larsson ganas a cualquier equipo. En cambio, no sé si con once Ibras puedes ganar a alguien, sinceramente”.

Esta clasificatoria europea que acaba de arrancar marca un nuevo récord de participación: 55 equipos en procura de uno de los 13 cupos que FIFA otorga a la UEFA. Para el Mundial 2018 fueron 54, pero entonces no intervino Rusia pues estaba clasificado de hecho como anfitrión. Ahora Rusia participará, pero ad referéndum, bajo amenaza de quedar afuera aún cuando conquiste una plaza. ¿El motivo…? en diciembre de 2019, la Agencia Mundial Antidopaje (AMA) sancionó a Rusia, prohibiéndole participar por cuatro años en todos los eventos deportivos más importantes, luego de que no cumpliera con los requisitos para enviar datos de laboratorio de sus deportistas, los cuales fueron manipulados, según los investigadores. No obstante, la selección rusa puede tomar parte de la Eliminatoria, ya que la medida solo es aplicable a la fase final del Mundial. Incluso si Rusia clasificara, los futbolistas rusos aún podrían participar en el torneo, a la espera de una decisión de la FIFA. Sin embargo, un equipo que represente a Rusia, use su bandera y su himno no puede jugar por la decisión de la AMA. Y FIFA está afiliada a la agencia antidopaje, debe respetar sus decisiones. Sin pensar en posibles sanciones, Rusia ganó sus dos primeros juegos con el fenómeno Dzyuba marcando tres goles.

Mientras todo el fútbol mundial sigue disputándose sin público, Holanda fue autorizada a recibir a Letonia con 5.000 personas en las gradas a manera de experimento. En otros casos se jugó en terreno neutral. Portugal, con varios futbolistas en la Premier League, recibió a Azerbaiján en Turín, donde Cristiano Ronaldo fue local y apenas ganó 1-0 con un gol en contra. La razón es que muchos de sus integrantes militan en la Premier League y Gran Bretaña exige una severa cuarentena al regreso tras viajar a ciertos países, uno de ellos Portugal. Si jugaran en Lisboa, por ejemplo, al reingresar a la isla deberían hacer estricto confinamiento de diez días en un hotel designado por el Gobierno, sin siquiera poder entrenar.

El sistema de disputa: habrá diez grupos, 5 de 5 equipos y 5 de 6. Los ganadores de cada zona van directo a Qatar. Los 10 que queden segundos más 2 de la Liga de Naciones formarán seis semifinales a partido único. Allí quedarán 6. Estos se medirán en tres finales únicas. Los tres triunfadores irán también al Mundial. Una idea interesante del Viejo Continente: para recuperar fechas, en cada una de estas primeras jornadas se jugarán tres jornadas por parón, en lugar de dos, como antes.

UEFA, que siempre quiere un cupo más, mira con recelo a Sudamérica pues el Viejo Continente clasifica 13 equipos (24% de sus asociaciones), en tanto Conmebol pone 4,5, con la posibilidad siempre de que sean 5 (50%). El resquemor europeo se basa en que actualmente son amplios dominadores del fútbol universal, en tanto Sudamérica está viviendo de sus historiales, ricos antes, pobres ahora.

Prueba de esa riqueza es Francia. Didier Deschamps convocó para estos tres primeros juegos (Ucrania, Kazajstán y Bosnia) a 26 jugadores. Entre ellos están Lloris, Sissoko y Ndombélé (Tottenham), Pavard, Coman y Lucas Hernández (Bayern Munich), Mbappé y Kimpembe (PSG), Kanté y Zouma (Chelsea), Varane y Mendy (Real Madrid), Pogba y Martial (Manchester United), Digne (Everton), Dembelé (Barcelona), Rabiot (Juventus), Lemar (Atlético de Madrid) y un largo etcétera. Y se da el lujo de dejar fuera a Benzema (Real Madrid), Fekir (Betis), Theo Hernández (Milan), Lacazette (Arsenal), Doucouré (Everton), Kurzawa (PSG), elementos valiosos que serían titulares en cualquier otra selección. Francia podría armar tres combinados competitivos. Es el campeón vigente y leyendo esta nómina da para pensar que puede repetir el título en la península arábiga. Pero apenas empató con Ucrania…

Luxemburgo dio el gran sartenazo al vencer como visitante a Irlanda, lo que refleja cómo todo se va igualando. Turquía tuvo un arranque arrollador con dos victorias y siete goles, nada menos que ante Holanda y Noruega (con Haaland). Y a Cristiano Ronaldo no le convalidaron un gol en el que la pelota había entrado claramente, al menos treinta centímetros. Era el triunfo de Portugal ante Serbia (quedaron 2-2). Con el VAR era muy sencillo advertirlo, pero no hay VAR en la Eliminatoria europea. ¿La razón…? Se necesitan mínimo ocho árbitros por partido para atender el VAR, cuatro en campo y otros cuatro en la cabina. En 25 enfrentamientos serían doscientos profesionales del reglamento, y no hay tantos.

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El Bayern busca extender su reinado en Europa

Jorge Barraza, periodista argentino

Por Jorge Barraza

/ 21 de marzo de 2021 / 22:38

Tres ingleses, dos alemanes, un francés, un portugués y un español. Es la configuración de los cuartos de final de la Liga de Campeones. Que ofrece una pintura -parcial, es verdad, quizás momentánea- de cómo está el fútbol de cada país. Refleja que entre los ocho que dirimirán el título no hay italianos, y queda apenas un español. El Calcio fue la meca del fútbol por casi tres décadas desde 1982; en 2003 puso tres de los cuatro semifinalistas -Milan, Juventus, Inter- sin embargo, hoy, sin poder económico y deportivo, sin cracks propios o importados, está lejos de la cima. El testimonio lo recogió España, que dominó completamente durante quince años entre clubes y selecciones a partir de 2006. Al punto de ganar, en ese lapso, 8 Champions, 7 Europa League, 2 Eurocopa y un Mundial, incluso atrajo a todas las estrellas futbolísticas. Pero también parece entrar en el ocaso. O al menos dejar el trono.

Es la hora de la Premier y la Bundesliga. El sorteo del viernes de cuartos de final y semifinal de la Champions determinó el siguiente cuadro: Bayern Munich-Paris Saint Germain y Manchester City-Borussia Dortmund en la llave de arriba y Porto-Chelsea, Real Madrid-Liverpool en la de abajo. Excepto por el FC Barcelona, están todos los mejores del mundo, es dable esperar un tramo final apasionante de la competición reina en materia de clubes. Las bolillas reprodujeron por un lado la final de 2018 (Madrid-Liverpool) y por el otro la de 2020 (Bayern-PSG). Puede parecer casualidad, pero es que siempre llegan los mismos, por eso se repiten los duelos.

El azar aglutinó en la misma ruta hacia la final a los tres equipos más fuertes del momento: Bayern-City-PSG. Sólo uno podría llegar a Turquía. Si el joven Haaland no se opone con su Dortmund… Ya es hora de ponerle un buen apodo al noruego: La Bestia Haaland, SuperHaaland, El Vikingo, Martillo Haaland… Algo que honre su ferocidad goleadora.

Y en la vereda de enfrente… el Real Madrid. Que venía de una temporada pobre, en juego y en resultados, pero ha levantado mucho, sostenido por un mediocampo veterano, pero sabio y eficaz (Kroos-Casemiro-Modric) y ya ha recuperado a su líder Sergio Ramos, que será fundamental para este último envión. El Madrid, de pensar en despedir a Zidane se encuentra ahora con que si pasa al Liverpool puede tener allanado el camino a Estambul, sede de la final el 29 de mayo. Y se habrá ahorrado de verse cara a cara con dos de los cucos de arriba. El resultado del sorteo ha despertado euforia en el madridismo. “Se huele la catorce”, celebraron muchos periohinchas, en tanto Tomás Roncero, un hiperfanático madridista que escribe en el diario As, tituló su columna: “¡Nos vamos a Estambul, chin pum!”. “El Madrid ha tenido relativamente suerte, no nos vamos a engañar -analizó Julio Maldonado ‘Maldini’-. El Liverpool no tiene el mismo nivel de los últimos tres años”. Lo cual es rigurosamente cierto, una nefasta cadena de lesiones importantes lo ha diezmado: Van Dijk, Joe Gómez, Matip -tres zagueros- y el capitán Henderson llevan tiempo en la enfermería. Ha perdido solidez e invencibilidad, pero de allí a saltar de alegría… No se puede estar feliz cuando se enfrenta a un club que disputó nueve finales y ganó seis. El Liverpool es el Liverpool siempre. Y Klopp sigue siendo Klopp.

Quienes no deben estar bailando son los franco-cataríes del PSG. Tener que encontrarse en una esquina, de noche, con el Bayern Munich es inquietante. Tampoco para Mbappé debe ser gracioso, esa defensa (Neuer, Pavard, Süle, Alaba, Davies) no se parece a la del Barça. Es más resistente. El club de la torre Eiffel recupera a Neymar para esta instancia y está muy sólido en su trío posterior Keylor Navas-Marquinhos-Kimpembe. Sin embargo, deberá subirse al cuadrilátero con un peso pesado como el campeón alemán y europeo. El Bayern es todo confiabilidad, ambición, intensidad de ritmo y de lucha. Un equipo que parece tener un solo estado de ánimo: arrollador. Aparte, el Bayern no declama nunca previamente, habla en la cancha. Y la propina es Lewandowski, una máquina de hacer goles. Lleva 40 esta temporada, en la que falta bastante.

El Manchester City debe estudiar bien cómo sujetar a Haaland, anticiparlo siempre y no darle espacios. Fuera de eso, tiene aprendido a la perfección su libreto: presión muy alta, toque, toque, dinámica, mover la bola para allá, para acá, jugarla siempre al pie hasta encontrar el hueco y lastimar. Todo jugador de Guardiola sabe a qué entra al campo: a dominar los 90 minutos en campo adversario, contra el rival que sea y en el estadio que fuera. Guardiola está en posición de ganar siete títulos en una temporada, lo que sería récord mundial. Pero si no levanta la Champions le caerán encima; el mourinhismo (con alto componente madridista) siempre está al acecho, esperándolo. Para él es Champions o fracaso. A propósito de Mou, está por ligar otra ultramillonaria indemnización, esta vez del Tottenham.

Queda el choque menos rutilante, pero igualmente bonito: Porto-Chelsea. El club de Londres ha mejorado tantísimo desde la llegada del alemán Tuchel (en lugar de Lampard). Desde su asunción, los Azules han disputado 13 partidos sin derrotas, 9 triunfos y 4 empates, 15 goles a favor y ¡sólo 2 en contra…! Y en esos trece cotejos venció al Liverpool, al Tottenham, al Everton, dos veces al Atlético de Madrid… Cuidado con ellos. Pero ante sí tendrá a un cuadro que nos encantó en las topadas frente a la Juventus: el Porto de los colombianos Uribe y Díaz. Que es mucho más que Uribe y Díaz. Está lleno de buenos jugadores, no muy mediáticos, sí rendidores. Posee una defensa aguantadora, liderada por un Pepe magistral a sus 38 años. Cómo estará el brasileño que el presidente del Porto acaba de anunciar que cuando acabe su contrato, con 40 años, se lo renovarán por dos más. En la zona de gestación tiene dos elementos en estado de gracia: Sergio Oliveira, autor de dos goles ante la Juve, y el mexicano Tecatito Corona, imparable. No obstante, lo que más impresiona de estos Dragones es su espíritu de combate. Un equipo que hizo 13 puntos en la fase de grupos y venció de ida y de vuelta al Olympique de Marsella.

Los ocho son buenos y están en condiciones de avanzar, aunque todas nuestras fichas están puestas en el Bayern. En los últimos treinta años del torneo, sólo el Real Madrid logró repetir la corona al año siguiente. Los bávaros pueden ser los segundos.

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España, en la ruta descendente de Italia

Jorge Barraza, periodista argentino

Por Jorge Barraza

/ 14 de marzo de 2021 / 20:54

El sábado 6, el clásico alemán (“Der Klassiker”) entregó un partido atractivo y cambiante, Bayern Munich perdía 0-2 a los 12 minutos y terminó ganándolo 4-2. Dejaron propina: 3 goles de Lewandowski y 2 del chico Haaland. Se lo rotuló como “duelo de goleadores” y cumplieron. El domingo 7, ya en un cotejo mucho más chato, Atlético de Madrid y Real Madrid animaron el “Derby madrileño” y apenas compusieron un discreto 1-1. ¿Las figuras…? Luis Suárez, de 34 años, y Karim Benzema, de 33, autores de los tantos. Una buena radiografía de la liga española: dos de las tres grandes estrellas mundiales -Neymar y Cristiano- emigraron y los pocos nombres rutilantes que quedan -Suárez, Benzema, Modric, Messi- están grandes.

En la semana volvió la Liga de Campeones de Europa, donde al fútbol español se le cayó otra mano de pintura. Los juegos de ida de octavos de final fueron muy reveladores. En ocho encuentros hubo siete victorias visitantes: Borussia Moenchengladbach 0 – Manchester City 2, Lazio 1 – Bayern Munich 4, Atlético de Madrid 0 – Chelsea 1, Leipzig 0 – Liverpool 2, Barcelona 1 – PSG 4, Sevilla 2 – Borussia Dortmund 3 y Atalanta 0 – Real Madrid 1. El único triunfo local fue el del Porto sobre Juventus por 2 a 1. Esto deja tres confirmaciones: 1) la ausencia de público en los partidos aumenta las posibilidades de la visita, que no siente presión de los hinchas locales; esto se viene reflejando en todas las competiciones. 2) Con más o con menos, todos los equipos se atreven a ganar en cualquier cancha. 2) Hay pocos empates, porque no se los busca como negocio, al uso antiguo, empatar afuera y ganar adentro. El gol de visitante ayudó mucho.

El último martes quedó eliminado el Barcelona, como era previsible, y el miércoles el Sevilla. Esto nos traslada a la comprobación principal: el retroceso del fútbol español, gran dominador universal en los últimos quince años. En ese lapso, España ganó un título mundial (2010), dos Eurocopas (2008-2012) y los clubes españoles conquistaron 8 Champions (4 Barcelona y 4 Real Madrid) y 7 Europa League (4 Sevilla y 3 Atlético de Madrid). Más allá de los laureles, dio una camada excepcional de jugadores como Casillas, Puyol, Piqué, Sergio Ramos, Busquets, Xavi, Iniesta, David Villa, el Niño Torres… De ser un fútbol eminentemente importador pasó a ser fuerte exportador, de jugadores y técnicos. Y la gema que coronó tanto esplendor: el Barcelona de Guardiola, el mejor equipo de la historia del fútbol, la exquisitez de la mano de la contundencia, acompañadas por la regularidad: no duró seis partidos, fueron años de festivales, goleadas magistrales y el toque con precisión en velocidad como culto. Virtuosismo al máximo nivel. Eso generó un estilo: el tiqui taca, que logró sepultar para siempre a la Furia, aquella forma basada en el músculo, el sudor y la reciedumbre.

Pero viene en bajada el fútbol español. De sus cuatro representantes en Champions, tres perdieron – los tres de local- y tienen muy reducidas posibilidades de revertirlo en la revancha. La del Barça directamente es remota. Y el Real Madrid, para ganar al modesto Atalanta por la mínima, se benefició de su eterna fortuna con los arbitrajes (en Italia prefirieron calificarlo como “robo”, “vergüenza”, “indecencia”). El juez alemán expulsó a un jugador italiano al minuto 18 por una falta normal que se saldaba con una amarilla. Atalanta debió afrontar 76 minutos con un hombre menos, que con la incidencia física actual es demasiada ventaja. 

La Liga Española, número uno del mundo por más de una década y la más apetecida en TV junto con la inglesa, estaba llena de estrellas. Ahora, sin Neymar y Cristiano Ronaldo, sólo queda Messi como atracción. Las otras luminarias actuales -Lewandowski, Haaland, Mbappé, Salah- iluminan en otras latitudes. Incluso los entrenadores de mayor prestigio como Guardiola, Klopp, Flick, Mourinho, Conte, Pochettino ejercen fuera de la península ibérica.

Los clubes, especialmente los dos acorazados -Barcelona y Real Madrid- han gastado toneladas de millones en fichajes que no funcionaron y no hacen diferencia ni contra equipos de ligas menos potentes en juego y en presupuesto. (Hay un tufillo raro en esos pases galácticos).

Idéntica situación vivieron los clubes italianos. El Inter ya había decepcionado siendo último en la fase de grupos, ahora cayeron Juventus, Lazio y Atalanta. Por eso, Iván Zazzaroni, director del Corriere dello Sport ironizó sobre la expulsión del zaguero Freuler, del Atalanta: “UEFA, somos capaces de eliminarnos solos”, escribió en su editorial. Italia fue la cumbre del fútbol a partir de 1982, cuando reabrió sus fronteras a los futbolistas extranjeros -cerradas muchos años-. No hubo crack que surgiera en el mundo que no recalara en la península. Maradona, Passarella, Gullit, Van Basten, Platini, Zidane, Rummenigge, Batistuta, Crespo, Matthäus, Klinsmann, Zico, Junior, Aldair, Falcão, Ronaldo, Kaká, Shevchenko, Bergkamp, Ibrahimovic, Michael Laudrup, Preben Elkjaer Larsen (¡Qué dos fenómenos los daneses…!), Asprilla. El sueño era llegar al Calcio. Allí estaba el poder económico y deportivo. Y también Paolo Rossi, Baresi, Maldini, Roberto Baggio, Pirlo… Nos levantábamos tempranito los domingos para ver los grandes partidos. Ya había declinado completamente el nivel futbolístico del país del catenaccio cuando obtuvo su cuarta medalla mundialista gracias más a la genialidad del técnico Marcello Lippi que a la de sus Materazzis y Cannavaros. El Milan de Arrigo Sacchi, Juventus, Inter, Napoli, Parma fueron perdiendo luz y ahora miran con la ñata contra el vidrio. Incluso la Juve, con todo su poder financiero, político y mediático, ve pasar la gloria en manos extranjeras.

El fútbol, como la vida, es dinámico, va mutando. Sus movimientos semejan a los de la rotación de la tierra o el de las agujas del reloj, no se perciben, tampoco se detienen. Primero fue el tiempo del fútbol húngaro, luego del brasileño, hubo un fulgor argentino entre los ’70 y los ’90, volvió Brasil hasta 2002, la meca italiana y, por último, el dominio español. Ahora hay un panorama diversificado. El Paris Saint Germain hace punta por Francia, siempre segundona (o tercerona) en lides internacionales. El Bayern clava con fuerza la bandera alemana, a veces acompañado por el Dortmund; se le ve con energía al cuadro de Müller y Beckenbauer para mantenerse por años en la élite. Y está la Premier, el riquísimo fútbol inglés que cuenta, como ningún otro, con muchos grandes, los dos Manchester, el Liverpool, el Chelsea, Tottenham, Arsenal. El zarpazo que pueda dar cada tanto el Ajax y el Porto, que a veces muestra las uñas también, como ahora eliminando a la Juventus. Pese a ser un medio pequeño, produce muchos jugadores, Portugal, y suele dar sus tarascones. Ha tenido dos campeones europeos -Benfica y Porto- y es el último campeón de la Eurocopa.

No hay un dominador actual. Sí está claro que España ya dejó el timón.

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La patria de Di Stéfano, Maradona y Messi

Jorge Barraza, periodista argentino

Por Jorge Barraza

/ 7 de marzo de 2021 / 20:09

Apenas estaba festejando sus primeros goles en River y le preguntaron a Alfredo Di Stéfano por sus aspiraciones en el fútbol. Respondió: “Para todo pibe argentino el sueño es jugar en Primera, salir en la tapa de El Gráfico y llegar a la Selección”. Se le dio todo y con yapa: por décadas fue el máximo goleador de la Selección Española. Alfredo es el símbolo de cantidades futbolistas argentinos que triunfaron en el mundo y defendieron los colores de otros países. Ya en 1934, Orsi, Monti, Guaita y Demaria fueron artífices esenciales del título mundial ganado por Italia. Eran los “oriundi”, jugaban bajo la figura de oriundos por ser hijos de italianos. Orsi había sido ídolo de Independiente, Monti de San Lorenzo, el “Indio” Guaita de Estudiantes y Demaria de Estudiantil Porteño. Mismo en Bolivia hubo una cantidad de compatriotas que vistieron la Verde, como Espinoza, Cainzo y Vargas, coronados campeones de América en el ’63.

“Si se hiciera una lista con los diez mejores futbolistas de la historia seguramente podría llenarse sólo con brasileños y argentinos”, nos dice Danilo, colombiano, hiperfutbolero, amigo. ¿Será…? Lo elucubramos y sí, es posible, Brasil aportaría más, sin duda, ha tenido fenómenos en abundancia. Argentina podría incluir tres en esa nómina, aunque estarían en los puestos altos: Messi, Maradona y Di Stéfano. Si armáramos un combinado entre ambos sería diferente, de arquero entraría Ubaldo Fillol, fabuloso, al nivel de Casillas como los dos mayores evitadores de goles. Y en defensa quizás ganaría un puesto Passarella, un comisario que haría empequeñecer al mismo Sergio Ramos con la mirada. Pero sólo aparecerían integrando un once. En una lista de diez monstruos, seis o siete serían de Brasil: Pelé, Ronaldo, Ronaldinho, Romário, Garrincha, Zico… Esos, fijos, y el séptimo tal vez Tostão, Jairzinho, Rivelino, Gerson…

Argentina ha tenido menos clase AAA, en cambio procreó cientos de muy buenos que conquistaron todos los mercados futbolísticos. “¿Cuál sería tu selección ideal argentina?”, vuelve Danilo. Bonito ejercicio. No es difícil, apenas hay dudas en un par de puestos. Antes que nada, dos nombres que son dos comodines, infaltables en mi equipo de los sueños por utilidad, técnica, rendimiento, versatilidad y despliegue: Burruchaga y Olarticoechea. Burru fue multifacético: jugó de zaguero, de lateral derecho y en los tres puestos de volante, incluso podía desempeñarse bien como puntero diestro. Tenía una dinámica natural fantástica, corría sin parar 95 minutos, marcaba, creaba y definía de modo notable. No se le conoce un gol errado. Y el Vasco fue extraordinario, con un corazón que equivalía al de los diez compañeros. Empezó como 8, pero jugó de todo. ¿Faltaba el 4…? Iba Olarticoechea y era la figura de la cancha. ¿Se lesionó el lateral izquierdo…? Va el Vasco. En la final del campeonato de 1981, ante Ferro, Alfredo Di Stéfano, técnico de River, le confió la banda izquierda y ganaron 1-0 con gol de Olarticoechea. En México ’86 tuvo una salvada milagrosa ante Inglaterra que suponía el empate a dos de los ingleses. Con su brazo derecho contuvo a Lineker, que buscaba empujarla, y con la nuca despejó para atrás la bola que estaba entrando, ya sobre la raya. Hablar del Vasco es emocionarse.

Aclaración indispensable: tomo en cuenta el fútbol desde 1966 en adelante; por norma personal, no hablo de lo que no vi. La excepción es Di Stéfano, al que admiré en videos. Pero son tantos los testimonios sobre él que es imposible discutirlo. Atrás quedan José Manuel Moreno, Pedernera, Sastre, De la Mata, Pontoni, Martino, Orsi, Seoane, Tucho Méndez, etcétera. Para nuestros mayores, eran elementos sensacionales, artistas del juego. Incluso después de haber debutado Maradona, la gente grande seguía opinando que Moreno o Antonio Sastre habían sido superiores a él. Y se respeta.

Nuestra alineación ideal es con FILLOL; ZANETTI, RUGGERI, PASSARELLA y OLARTICOECHEA; DI STÉFANO, BURRUCHAGA y MARADONA; MESSI, BATISTUTA y KEMPES. Basamos la escogencia en tres aspectos fundamentales: 1) alta condición técnica, 2) fuerte personalidad y 3) mucho gol. Sin sumar a Passarella, entre los cinco de arriba (Messi, Di Stéfano, Kempes, Maradona y Batistuta, en ese orden) reúnen 2.395 goles.

Pese a tantos grandes del arco como Amadeo Carrizo, Rogelio Domínguez, Cejas, Roma, Santoro, Andrada, Gatti, Marín, Falcioni, Pumpido o Goycochea, el Pato Fillol es indiscutible, y creemos que unánime. Un ganador de reflejos felinos y determinación de asombro. Paraba el viento. Zanetti sumó 145 presencias con la selección -un número increíble- y es una gloria del Inter de Milán, donde fue titular y capitán por 19 temporadas. Bueno en la marca, excelente saliendo con la pelota. A Argentina no le sobran marcadores de punta como para discutirle la titularidad al Pupi. (Entre 1968 y ’69 jugó varios partidos con la albiceleste Luis Gregorio Gallo, jugadorazo de Vélez que más tarde emigró al Bolívar).

Ruggeri fue un zaguero de aguante y fuerte personalidad, óptimo en el juego aéreo y como líder en el campo y en el vestuario. Sin elegancia, pero muy exitoso. Bicampeón de América y campeón y subcampeón del mundo, de la Libertadores y la Intercontinental, dio vueltas olímpicas con Boca, River, San Lorenzo, Real Madrid, América de México. Muchos prefieren a Perfumo en ese sitio, pero a Roberto no brilló nunca en la Selección, desde el juvenil hasta en los Mundiales. Passarella era un zaguero casi salvaje, cabeceador infernal, tenía un misil en el pie izquierdo y un poder de gol terrible. Es el segundo defensa más anotador de la historia detrás de Ronald Koeman.

Messi, Maradona y Di Stéfano no necesitan explicación. Hay una mesa y cuatro sillas en el cielo del fútbol, en tres están sentados ellos. El restante es Edson Arantes de Nascimento. Batistuta fue una fuerza de la naturaleza, devastador. Paraba la bola, clavaba la zurda en el piso cual estaca para que no se le acercaran y sacaba el bombazo con derecha que terminaba en gol. Tremendo en el cabezazo también. Y con un carácter ideal para no achicarse ante zagueros duros. Kempes era tan goleador como Bati, aunque poseía más técnica. Y con igual potencia. En carrera era imparable, arremetía contra todos. También a prueba de marcas violentas.

El jugador número doce sería Ricardo Bochini, genio absoluto del fútbol, que debió ser bicampeón mundial si Menotti no lo hubiera dejado de lado en 1978. Pero en las convocatorias de selección hay que tener suerte o saber convencer a los entrenadores. En inteligencia y genialidad, Bocha está a la altura de Diego o de Leo; simplemente no dispuso de ocasiones para exhibirlo ante el gran público internacional. Jugó apenas siete minutos frente a Bélgica en el Mundial ’86, insólitamente insuficiente para un talento colosal.

Afuera queda otra tonelada de cracks como Sivori (Balón de Oro 1961), Corbatta, Grillo, Houseman (otro genio), Verón, Bianchi, Bertoni, Brindisi, Caniggia, Redondo, Marangoni, Riquelme, Tevez, Agüero… Y siguen las firmas.

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