lunes 12 abr 2021 | Actualizado a 08:44

La orquesta del Titanic toca en Cataluña

Jorge Barraza, periodista argentino

/ 14 de diciembre de 2020 / 14:55

Cantidades de fichajes inútiles y ultramillonarios erosionaron al club y lo fueron endeudando

Le s llevó años, pero tal vez se recuerde como la más prolija y paciente tarea de destrucción de un equipo maravilloso. Y de un club fantástico. Hablamos del FC Barcelona. A comienzos de siglo y por una vez se alinearon los planetas: un gran presidente —Joan Laporta—, un técnico joven, inquieto e inteligente —Pep Guardiola— y un plantel rebosante de talento con Xavi, Iniesta, Puyol, Piqué, Valdés, Busquets, Pedro, todos de inferiores, con el ADN futbolístico de la casa; a ellos se agregaban los foráneos Ronaldinho, Yaya Touré, Dani Alves, Abidal, Thierry Henry, Eto ’o… Y en lo alto de la torta, la joya: Messi.

El resultado fue un excepcional ballet de fútbol asociado, preciosista, ofensivo y letal que aplastó a sus rivales por varias temporadas e hilvanó título tras título. Unió espectáculo y eficacia, que rara vez contraen matrimonio. Sólo el Santos de Pelé, otra bella y contundente maquinaria, resiste la comparación. Ambos duraron mucho tiempo y en ello también superan a cualquier otro recordable.

Pero en 2010 entró un nuevo presidente —Sandro Rosell— y aunque la compañía continuaba dando funciones estelares, comenzó un lento pero persistente proceso de descomposición institucional que fue corrompiendo lo deportivo. Para empezar, Guardiola, desconfiado de Rosell y sin empatía con él, anunció su indeclinable adiós. Rosell ni intentó convencerlo, al contrario, quedaba libre para fichar él a placer. Ahí comenzó un desfile de entrenadores sin estatura para sucederlo.

La corrosión interna fue poco advertida desde fuera, disimulada por las proezas de un Messi joven, sus Balones de Oro y algunas coronaciones que llegaron por los restos de grandeza de aquel cuadrazo. El agua seguía entrando y el deterioro se vio fuertemente acelerado cuando Rosell, acosado por diversos procesos judiciales en su contra, dio paso a su mano derecha, el vicepresidente Josep María Bartomeu. Éste, hombre del baloncesto, minó definitivamente el poderío del equipo con decisiones futbolísticas calamitosas.

Cantidades de fichajes inútiles y ultramillonarios que erosionaron el poderío del equipo y fueron endeudando al club, concediendo además los salarios más desorbitados del mundo. Ejemplo: el caso Griezmann. El club pagó 135 millones por él al Atlético de Madrid, más 15 de comisiones y le hizo un contrato por cinco años de 40 millones brutos anuales. Total: 350 M€ por un jugador que, año y medio después, puede catalogarse de fiasco colosal. Lo mismo sucedió con Coutinho y Dembelé. Eso, entre los más resonantes. Solo el Atlético de Madrid le sacó 175 millones por Arda Turan y Griezmann. No hace falta agregar nada sobre el rendimiento de ambos. Ahora, para quitárselos de encima, deberá regalarlos como hizo con Luis Suárez, Arturo Vidal, Iván Rakitic y Rafinha. Y encima, para extirparlos, pagarles la mitad del contrato en el club que acepte recibirlos, pues de otro modo nadie los querría. Eso hizo con Suárez. Es la única forma de reducir la voluminosa masa salarial.

“Han desfilado cantidades de directores deportivos que llenaron de paquetes al Barça, los llevas a cualquier mercado y es imposible colocarlos, te los devuelven por malos y el Barça no sabe qué hacer con ellos. Además, hay que añadir los que aún quedan aquí, Junior Firpo, Griezmann, Braithwaite, Dembelé, Umtiti, Pjanic, Coutinho, Aleñá, Trincao, Matheus Fernandes, etc. En cambio, se regaló a Suárez, Rakitic y Arturo Vidal”, afirma David Amador, periodista de La Xarxa.

El resultado es un plantel pésimo, desbalanceado, corto y sin calidad. Y aún así, carísimo. Messi lo venía anunciando en cada conferencia de prensa: “No estamos bien, con lo que hay no nos alcanza”. Recomendó recomprar a Neymar, no le hicieron caso y gastaron una fortuna en Griezmann, a quien todo el plantel le había bajado el pulgar. La directiva posiblemente actuó por despecho, pues se le había fugado Neymar teniéndolo atado y cobrando millonadas.

Luego de despedir a Ernesto Valverde llegó Quique Setién, un capitán sin currículum y sin manejo para semejante transatlántico. Y tras separarlo del cargo (luego del 2-8 ante el Bayern Munich) echaron mano a Ronald Koeman, llegado en medio de un gran incendio. Pero Koeman es más grato como recuerdo por su pasado de futbolista que como entrenador. Pese a todo, no es culpable del presente, sí otra pieza más que no era la adecuada. Ahora, dicen, el vestuario estaría molesto con el holandés por el planteo táctico, pero el problema real es la desmotivación; se lo nota un grupo desganado, abatido, desunido. Alguien dijo “hay que echar a Koeman”; es que tampoco existe una autoridad para hacerlo, el club está acéfalo luego de la moción de censura que reunió más de 20.000 firmas (en plena pandemia) y eyectó a Bartomeu de su sillón. Hay una junta gestora encargada de llamar a elecciones. Se esperaba lo hiciera con urgencia por la situación delicadísima del club, pero permanecerá tres meses. Mientras, las llamas se agrandan. Fijó comicios para el 24 de enero, con lo cual el presidente entrante no tendrá tiempo de concretar salidas o arribos del plantel pues el mercado de invierno cierra el 31.

Jordi Moix, tesorero saliente, admitió una deuda de 488 millones de euros, pero dado que los ingresos serán bastante menores de lo pensado por el COVID, crecerá mucho. Otras voces sitúan el pasivo real en 800 millones y algunos más en 1.200. Se solicitó un préstamo al fondo de inversión Goldman Sachs para remodelar el envejecido y descuidado Camp Nou (ni pintura tiene), la obra debió iniciarse hace cuatro años, nunca comenzó. Algunos sospechan que parte de ese crédito ya se usó para pagar sueldos. Ahora se avisó que no se podrán abonar los salarios en enero. Nadie quiere imaginar lo que podría encontrar una auditoría cuando ingresen los nuevos dirigentes. Todos los desaguisados fueron posibles gracias al amparo de un robusto sector de la prensa catalana, no ya complaciente sino cómplice, tapadera. Esa prensa habla de que ”podría escaparse la liga” cuando la realidad es que están bajando los botes salvavidas.

El martes último regaló virtualmente el primer puesto del grupo a la Juventus, que debía ganarle 3-0 en Cataluña para invertir el orden de clasificación. Y fue 3-0. Por ello deberá enfrentar en octavos al Liverpool o el Chelsea o el Bayern o el PSG o el City o el Dortmund, con lo cual los hinchas temen otro papelón europeo.

Frente a la Juve pareció jugar Messi sólo, intentó todo, pero enfrente tenía un equipo entero, ordenado, sólido. A propósito, dentro de 19 días Messi ya podrá negociar como agente libre con cualquier otro club. Y el 30 de junio podría irse sin traba alguna. Barcelona deberá pagarle, además, un bono de 50 millones adicionales por una cláusula de fidelidad. Los nueve precandidatos a la presidencia han manifestado que intentarán convencer a Messi de quedarse, por lo deportivo y porque temen lo peor: una espantada de patrocinantes. “Cuando tú vendes la marca Barcelona por el mundo pones la cara de Messi. Ninguna firma se atrevería a renovar por tres o cuatro años más porque se desconoce cuál será el valor del club sin este jugador”, augura Cinto Ajram, responsable de activación de patrocinios del Barça en los últimos años.

Se huele un fuerte olor a destrucción. El equipo, que juega un poco peor cada vez, está noveno en el campeonato a 12 puntos del líder (Atlético, al que le obsequió a Suárez) pero a sólo 3 de puestos de descenso. Es cierto, falta mucha liga, pero así empiezan los naufragios, entre el desinterés, la apatía, la indolencia y el confiar que nunca pasará. Te avisan que hay icebergs adelante, pero no les haces caso, eres el Titanic. Y la orquesta sigue tocando.

(14/12/2020)

La grandeza no se mide por resultados

Jorge Barraza, periodista argentino

Por Jorge Barraza

/ 11 de abril de 2021 / 22:12

Primero, vaya un homenaje a los veintiocho futbolistas que entraron al campo en el maravilloso Bayern Munich 2 – Paris Saint Germain 3. Saltaron al césped ya con una intensa nevada y se entregaron con extraordinario fervor durante 94 minutos pese al frío y la mojadura. Nadie lloriqueó, hubo fragor y limpieza. Compusieron un partido que honra al juego, lo prestigia. Y con tribunas vacías, no había gente alentando ni pidiendo huevos. No hacía falta. El jugador cuando entra al campo deja todo. Es su parte más noble.

“El que gana siempre es el mejor”, dice una frase hecha, una de tantas que se acuñan en el fútbol y quedan. Porque suenan redondas, sentenciosas, no por sabiduría. No concordamos con ella. El miércoles, el mejor fue el derrotado. El Bayern dio una exhibición de buen fútbol, coraje y determinación. ¿Y por qué recibió tres goles si jugó bien…? Porque esto es fútbol, donde dos más dos son siete. Una vez le dijeron a Alfio Basile que paraba mal a sus jugadores y respondió con una ironía de salón: “Yo los paro bien, el problema es que después se mueven”. Los técnicos proponen, luego la dinámica dispone. No se juega sentado, como en el ajedrez.

Se le dio todo mal al multicampeón alemán, a los tres minutos ya estaba 0-1 abajo tras una excelente maniobra de Neymar, que arrastró todas las marcas y dejó sólo a Mbappé, quien definió bastante mal, al cuerpo, donde nunca debe apuntar un delantero; o simplemente le salió ahí, pero la pobre defensa de Neuer permitió que la pelota se colara igual (entre sus piernas). A partir de allí, el cuadro de Hansi Flick debió tomar la ruta del salmón, siempre contra la corriente. Cada avance rojo era como remontar río arriba, con diez esperando atrás y rechazando de cualquier manera. En tal persistencia, otra genialidad de Neymar (digan lo que quieran, pero como talento es indiscutible) puso a Marquinhos en soledad total frente a Neuer. El zaguero y mediocentro brasileño -cada vez más jugador- sí finalizó fantástico, a una punta, y ahí Neuer nada que hacer.

La corriente se embraveció y el Bayern sacó a relucir su historia, su grandeza, la chapa de club gigante, el que refundaron Gerd Müller y Beckenbauer en 1965, el que nunca se entrega y riega el pasto con sudor y sangre. Siguió dominando y martillando. ¿No estaba Lewandowki, el supergoleador…? No importa, vamos con todo igual. Pareció ser la consigna. Eric Choupo-Moting, el camerunés nacido en Hamburgo, clavó un cabezazo impecable, de pique al suelo y calentó el ambiente: 1-2.

Más arreció el dominio alemán, más atrás se refugió el PSG y más se agigantaó la figura de Keylor Navas, magnífico arquero (grueso error del Real Madrid dejarlo ir). De tanto machacar, Thomas Müller alcanzó el empate con otro testazo inatajable. Y la justicia pareció sobrevolar entre la nieve. Pero ocho minutos después Mbappé pateó otra vez el tablero del Bayern, ahora sí con una definición brillante. Di María le dio un pase al espacio, se hamacó entre dos rivales, se perfiló como para darle combado al segundo palo (lo pensamos todos, incluido Neuer) y le pegó bajo al primero. Letal, 3 a 2. Testarudo, enorme, el Bayern volvió a la carga los 24 minutos finales con más ahínco pero ya no pudo. Hubo al menos 85 minutos de asedio alemán. Careció de eficacia, la que le sobró al PSG. Quince córners forzó, contra uno del equipo francés; 31 remates, de los cuales 12 fueron al arco. Simplemente, no se le dio. El PSG pateó 5 veces y ganó.

“Se impuso el planteo de Pochettino”, escuchamos. ¿Cuál planteo…? Ningún técnico de la tierra planifica algo así. “Vamos a dejar que nos dominen todo el tiempo, defenderemos muy atrás, esperaremos que aparezca algún contraataque para nosotros y que ellos hagan un gol menos. Y tu, Keylor, debes ser la figura. ¿Entendido…? Bien, a la cancha…”

¿Así fue la charla técnica de Poche…? Si el partido se juega cien veces de este modo, en noventa y nueve gana el Bayern. En esta triunfó el PSG por la maravilla de la imprevisibilidad de este deporte. Como hincha de fútbol (nunca dejamos de serlo) así quiero que me represente mi equipo. Imaginamos el orgullo que sentirán los hinchas del Bayern, que siempre juega igual. Y el partido en Paris será similar. El Bayern se sabe más, lo irá a buscar. Y no le va tan mal con ese estilo: ha ganado 30 ligas, 20 Copa de Alemania, 6 Champions, 4 Mundiales de Clubes. Sin hurgar demasiado, hace ocho meses, este mismo plantel y cuerpo técnico derrotaron al PSG en la final de Europa. 

Esto no va en desmedro del PSG. De ningún modo. A veces uno no se atrinchera, lo atrinchera el adversario. Fue lo que aconteció. Al club franco-catarí hay que aplaudirle el oportunismo, la contundencia y el ardor con que defendió. Los amantes del resultadismo están felices. Pero la grandeza no se mide por el resultado. A este cronista le importan las formas. Es como elegir entre riqueza y dignidad. Vamos por la segunda.

Párrafo final para Mbappé. “Cualquiera que disponga de cinco metros de espacio parece un buen futbolista, porque no está sometido a ninguna presión”, dice Johan Cruyff en su libro “14 La autobiografía”. Y vemos que cuando Kylian encuentra esos cinco metros es un tsunami futbolístico, un genocida de equipos descuidados. Su velocidad y potencia física son devastadoras. Es un sensacional contraatacante, sí. Ahora: ¿qué pasa cuando debe atacar y lo esperan diez atrás, como le pasó al Bayern contra su equipo…? ¿También arrasa defensas…? Huuummmm… En zonas congestionadas no es igual. En Europa brilla más porque lo conocen menos, en la liga de Francia también destaca, pero lo toman mejor. Los entrenadores miran los partidos y se habrán dado cuenta que cuando su equipo está atacando frente al PSG y jugando cerca del área rival deben encimarlo y anticiparlo, no dejarlo recibir. Ahí se reduce su importancia.

¿Es un monstruo del fútbol…? Paciencia, el tiempo nos responderá.

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Más aspirantes a youtubers que a futbolistas

Jorge Barraza, periodista argentino

Por Jorge Barraza

/ 4 de abril de 2021 / 19:01

Macedonia del Norte estrenó su nombre en una Eliminatoria dando un sartenazo inesperado: venció a Alemania de visita 2 a 1. Es el país 149 del mundo en territorio y el 144 en población. El PBI de Alemania es 50.801 dólares por habitante, el de Macedonia apenas llega a 5.916. Pero en fútbol están menos alejados. ¿Cómo puede suceder una cosa así siendo la patria de Gutenberg una superpotencia y teniendo al actual campeón europeo y mundial, Bayern Munich…? No es descabellado: el fútbol es el único deporte donde absolutamente todo puede suceder. Que Brasil pierda en casa 7 a 1 con Alemania y que Macedonia derrote a los alemanes. Es parte de su encanto irresistible: la imprevisibilidad. Nunca nada es seguro. Y existen factores que todos pueden enarbolar a pesar de su modestia: la actitud, la preparación y la táctica. También la mística. Eso no tiene que ver con el presupuesto y puede equiparar el desbalance de calidad.

Al margen de ello, hay un punto adicional: el fútbol está cada vez más igualado. En especial a nivel de selecciones, donde sesenta o setenta representativos pueden reunir once elementos aptos. Hay mucha información del rival, los entrenadores estudian cada vez más y trabajan hasta el mínimo detalle. Los cuerpos técnicos son ahora un ejército de profesionales que enfocan todos los aspectos. Por eso, hasta Luxemburgo puede ser peligroso. Y los jugadores vienen cada día más con un perfil colectivo antes que individual.

En el caso de Alemania, posee muy buenos futbolistas (Kimmich, Goretzka, Sané, Gnabry, Werner), pero revela una escasez evidente de superestrellas que puedan definir un partido equilibrado, como a lo largo de la historia fueron Beckenbauer, Gerd Müller, Overath, Breitner, Matthäus, Klinsmann, Rummenigge… Para lograr el éxito precisa alcanzar un alto nivel de precisión y armonía de conjunto. Si no está superaceitada la máquina, puede perder con Macedonia. O con México y Corea del Sur, como aconteció en Rusia 2018.

Alguien preguntará: ¿Y por qué el Bayern es campeón de todo…? Porque un porcentaje mayoritario de su plantel es extranjero: Lewandowski, Alaba, Alphonso Davies, Pavard, Lucas Hernández, Coman, Tolisso, Javi Martínez, Douglas Costa, Choupo-Moting…

Pero ¿es un problema de Alemania esta escasez de grandes talentos…? No, es mundial. No están apareciendo los auténticos monstruos como el fútbol siempre tuvo, astros indiscutibles. Desde luego siempre habrá unos que destaquen más que otros, pero desnivelan por eficiencia, no por genialidad. Hay buenos normales, no grandiosos. La prueba es que los cinco o seis clubes más poderosos que siempre buscan un crack diferencial miran a los dos únicos que aparecen en esa lista, Haaland y Mbappé, dos topadoras que sobresalen por potencia física, velocidad, ambición y gol, pero no derrochan ni técnica ni ingenio ni fantasía. No hay poesía en su juego. (Mbappé jugó los tres partidos de la Eliminatoria -Ucrania, Kazajstán y Bosnia- sin convertir. Haaland enfrentó a Gibraltar, Turquía y Montenegro, tampoco marcó y fue reemplazado en los tres).

Brasil y Argentina, que fueron siempre los más fecundos semilleros del mundo, tienen la fábrica paralizada. La última perla encontrada en estas costas fue Neymar, que por una cuestión de mentalidad nunca pudo alcanzar el trono y consolidarse en la cima. España disfrutó de la brillante camada de Xavi, Iniesta, Puyol, Piqué, Busquets, Villa, Ramos, Casillas pero luego se secó el árbol que daba esos frutos. No tuvieron reemplazo del mismo nivel. Pasa lo mismo en todo el mundo. Por eso vemos jugadores comunes ser transferidos en millones de dólares.

¿Por qué no surgen fenómenos nuevos…? ¿No se trabaja a nivel de juveniles…? Sí, y los centros de entrenamiento son cada vez mejores, los profesores también. La razón deberemos buscarla en un hecho cultural, de esta época: estamos frente a una juventud cibernética, enganchada las veinticuatro horas con el WhatsApp, las redes sociales, la tableta, el youtuberismo. Y el sedentarismo. Una era donde es más importante tener conexión a Internet que una pelota, con cientos de millones de chicos que están recostados en su cama o en un sillón chateando o con los videojuegos. Estos jóvenes digitales son más cómodos. No es una juventud de a pie, de campito, de potrero, de donde antes surgían los cracks. Uno se pasaba horas y horas en la canchita. Allí, en el libre albedrío, dándole y dándole se pulía la técnica y aparecían los prodigios. La pasión los iba formando. La madre debía sacarlos de una oreja del partidito en la calle o en el hueco.

Eso no existe más. Ahora son jugadores de academia, que es un negocio como cualquier otro, se cobra por adiestrar. Les hacen correr alrededor de la cancha, unos tiritos al arco y jugar un picado, pero en general son incubadoras, producen jugadores de laboratorio, robotitos sin creatividad. No obstante, la falta de espacios libres en las ciudades hace de las academias un lugar necesario para que los niños hagan allí el jardín de infantes futbolístico y puedan pasar luego, si muestran condiciones, a un club federado. Debemos asumirlo: hoy hay más aspirantes a youtubers que a futbolistas.

Otra razón que conspira contra la aparición de figuras es el dinero en exceso que sobrevuela el fútbol. Muchos juveniles del Barcelona “B” ya son potentados sin haber debutado en Primera. Desde la novena división tienen representante y empiezan a recibir retribuciones: primero ropa y botines, luego el agente les da un auto para ir a entrenar y, a quienes muestran cualidades, desde los quince o dieciséis años, contrato. Trincao (21 años), el joven portugués del Barça, aún no había podido lanzar un centro y ya presumía en redes sociales de su Lamborghini de 274.000 dólares. El dinero en cantidad quema los sueños.

En su libro autobiográfico, Ricardo Bochini cuenta que, al llegar de Italia, donde había marcado su golazo a la Juventus que le dio un título mundial a Independiente, una multitud los fue a esperar, los trasladaron desde el aeropuerto en caravana, recibieron todo tipo de homenajes, los reportearon los diarios, las radios, la televisión, recibió miles de palmadas y abrazos. Al caer la noche estaba exhausto; la realidad le recordó que no tenía ni auto ni casa: alguien lo acercó hasta la pensión del club. Vivía debajo de la tribuna, junto a otros diecinueve muchachos, en un gran espacio compartido donde tenía un armarito y una cama. Sus compañeros de ilusiones lo recibieron como a un héroe. Pasada la efusividad, se desplomó sobre el colchón flaco a soñar glorias nuevas. Estaba feliz, le habían dado 200 dólares a cada uno por ganarle a la Juve. Iría a su pueblo y le compraría algunas cosas a su familia. Si seguía brillando habría más recompensas, quien sabe hasta comprar una casa grande para sus padres y sus ocho hermanos.

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Luxemburgo pone color en la carrera hacia Qatar

Jorge Barraza, periodista argentino

Por Jorge Barraza

/ 29 de marzo de 2021 / 07:55

Sin público, sin ruido y sin atractivos especiales, con Estonia 2 – República Checa 6 y Turquía 4 – Holanda 2 se largó el miércoles la carrera europea hacia Qatar 2022. Que no presentó choques estelares en la primera fecha ni los presentará porque los 55 competidores se agrupan en diez zonas y está armada de modo tal que los grandes no se junten en la fase de grupos y se les facilite la clasificación. Sí hubo un par de novedades en los extremos etarios: Zlatan Ibrahimovic, cercano a los 40 años, volvió a la selección sueca -en la que tenía 116 presencias con 62 goles- después de casi cinco años de haberse retirado, enojado tras una derrota ante Bélgica. Suecia venció a Georgia y Kosovo y Zlatan aportó dos asistencias. En la antípoda generacional, Pedri, el chico que viene asombrando en el FC Barcelona con apenas 18 calendarios, debutó en el magro empate de España frente a Grecia. Volante cerebral y de exquisito manejo, se puso la camiseta del Barça a los 17 y fue figura desde el primer día. No tembló por calzarse la Roja, ya tiene la grandeza adentro. Pedri nació en diciembre de 2002; para entonces, Zlatan llevaba cuatro años en Primera y quince juegos internacionales con la amarilla de Suecia. Tal es la diferencia. Lo bonito es que, con 22 años de por medio, Pedri e Ibra podrían enfrentarse hasta dos veces próximamente: el 14 de junio por la Eurocopa y el 2 de septiembre en el premundial. España y Suecia comparten el grupo B, uno de los más difíciles. Ellos dos y Grecia pueden hacerse mucho daño.

El retorno de Ibrahimovic fue muy emotivo para él, lloró en la conferencia de prensa previa, pero divide aguas en su país. Mucha gente, una mayoría, está encantada, otra aborrece su genio efervescente y su egocentrismo. El exitosísimo escritor Jonas Jonasson (El abuelo que saltó por la ventana y se largó), muy futbolero, no lo ve con buenos ojos: “Para mí, Ibra tiene un carácter demasiado fuerte. La única opción que tenemos de ganar a España en la Eurocopa es nuestro estilo colectivo, no con estrellas individuales. No sé si merece mucho la pena que vuelva a la selección. Si además se le permite que vuelva a mandar en el vestuario, habrá problemas”. Luego agregó: “Yo prefiero a once Henrik Larsson que a un Ibrahimovic. Con once Larsson ganas a cualquier equipo. En cambio, no sé si con once Ibras puedes ganar a alguien, sinceramente”.

Esta clasificatoria europea que acaba de arrancar marca un nuevo récord de participación: 55 equipos en procura de uno de los 13 cupos que FIFA otorga a la UEFA. Para el Mundial 2018 fueron 54, pero entonces no intervino Rusia pues estaba clasificado de hecho como anfitrión. Ahora Rusia participará, pero ad referéndum, bajo amenaza de quedar afuera aún cuando conquiste una plaza. ¿El motivo…? en diciembre de 2019, la Agencia Mundial Antidopaje (AMA) sancionó a Rusia, prohibiéndole participar por cuatro años en todos los eventos deportivos más importantes, luego de que no cumpliera con los requisitos para enviar datos de laboratorio de sus deportistas, los cuales fueron manipulados, según los investigadores. No obstante, la selección rusa puede tomar parte de la Eliminatoria, ya que la medida solo es aplicable a la fase final del Mundial. Incluso si Rusia clasificara, los futbolistas rusos aún podrían participar en el torneo, a la espera de una decisión de la FIFA. Sin embargo, un equipo que represente a Rusia, use su bandera y su himno no puede jugar por la decisión de la AMA. Y FIFA está afiliada a la agencia antidopaje, debe respetar sus decisiones. Sin pensar en posibles sanciones, Rusia ganó sus dos primeros juegos con el fenómeno Dzyuba marcando tres goles.

Mientras todo el fútbol mundial sigue disputándose sin público, Holanda fue autorizada a recibir a Letonia con 5.000 personas en las gradas a manera de experimento. En otros casos se jugó en terreno neutral. Portugal, con varios futbolistas en la Premier League, recibió a Azerbaiján en Turín, donde Cristiano Ronaldo fue local y apenas ganó 1-0 con un gol en contra. La razón es que muchos de sus integrantes militan en la Premier League y Gran Bretaña exige una severa cuarentena al regreso tras viajar a ciertos países, uno de ellos Portugal. Si jugaran en Lisboa, por ejemplo, al reingresar a la isla deberían hacer estricto confinamiento de diez días en un hotel designado por el Gobierno, sin siquiera poder entrenar.

El sistema de disputa: habrá diez grupos, 5 de 5 equipos y 5 de 6. Los ganadores de cada zona van directo a Qatar. Los 10 que queden segundos más 2 de la Liga de Naciones formarán seis semifinales a partido único. Allí quedarán 6. Estos se medirán en tres finales únicas. Los tres triunfadores irán también al Mundial. Una idea interesante del Viejo Continente: para recuperar fechas, en cada una de estas primeras jornadas se jugarán tres jornadas por parón, en lugar de dos, como antes.

UEFA, que siempre quiere un cupo más, mira con recelo a Sudamérica pues el Viejo Continente clasifica 13 equipos (24% de sus asociaciones), en tanto Conmebol pone 4,5, con la posibilidad siempre de que sean 5 (50%). El resquemor europeo se basa en que actualmente son amplios dominadores del fútbol universal, en tanto Sudamérica está viviendo de sus historiales, ricos antes, pobres ahora.

Prueba de esa riqueza es Francia. Didier Deschamps convocó para estos tres primeros juegos (Ucrania, Kazajstán y Bosnia) a 26 jugadores. Entre ellos están Lloris, Sissoko y Ndombélé (Tottenham), Pavard, Coman y Lucas Hernández (Bayern Munich), Mbappé y Kimpembe (PSG), Kanté y Zouma (Chelsea), Varane y Mendy (Real Madrid), Pogba y Martial (Manchester United), Digne (Everton), Dembelé (Barcelona), Rabiot (Juventus), Lemar (Atlético de Madrid) y un largo etcétera. Y se da el lujo de dejar fuera a Benzema (Real Madrid), Fekir (Betis), Theo Hernández (Milan), Lacazette (Arsenal), Doucouré (Everton), Kurzawa (PSG), elementos valiosos que serían titulares en cualquier otra selección. Francia podría armar tres combinados competitivos. Es el campeón vigente y leyendo esta nómina da para pensar que puede repetir el título en la península arábiga. Pero apenas empató con Ucrania…

Luxemburgo dio el gran sartenazo al vencer como visitante a Irlanda, lo que refleja cómo todo se va igualando. Turquía tuvo un arranque arrollador con dos victorias y siete goles, nada menos que ante Holanda y Noruega (con Haaland). Y a Cristiano Ronaldo no le convalidaron un gol en el que la pelota había entrado claramente, al menos treinta centímetros. Era el triunfo de Portugal ante Serbia (quedaron 2-2). Con el VAR era muy sencillo advertirlo, pero no hay VAR en la Eliminatoria europea. ¿La razón…? Se necesitan mínimo ocho árbitros por partido para atender el VAR, cuatro en campo y otros cuatro en la cabina. En 25 enfrentamientos serían doscientos profesionales del reglamento, y no hay tantos.

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El Bayern busca extender su reinado en Europa

Jorge Barraza, periodista argentino

Por Jorge Barraza

/ 21 de marzo de 2021 / 22:38

Tres ingleses, dos alemanes, un francés, un portugués y un español. Es la configuración de los cuartos de final de la Liga de Campeones. Que ofrece una pintura -parcial, es verdad, quizás momentánea- de cómo está el fútbol de cada país. Refleja que entre los ocho que dirimirán el título no hay italianos, y queda apenas un español. El Calcio fue la meca del fútbol por casi tres décadas desde 1982; en 2003 puso tres de los cuatro semifinalistas -Milan, Juventus, Inter- sin embargo, hoy, sin poder económico y deportivo, sin cracks propios o importados, está lejos de la cima. El testimonio lo recogió España, que dominó completamente durante quince años entre clubes y selecciones a partir de 2006. Al punto de ganar, en ese lapso, 8 Champions, 7 Europa League, 2 Eurocopa y un Mundial, incluso atrajo a todas las estrellas futbolísticas. Pero también parece entrar en el ocaso. O al menos dejar el trono.

Es la hora de la Premier y la Bundesliga. El sorteo del viernes de cuartos de final y semifinal de la Champions determinó el siguiente cuadro: Bayern Munich-Paris Saint Germain y Manchester City-Borussia Dortmund en la llave de arriba y Porto-Chelsea, Real Madrid-Liverpool en la de abajo. Excepto por el FC Barcelona, están todos los mejores del mundo, es dable esperar un tramo final apasionante de la competición reina en materia de clubes. Las bolillas reprodujeron por un lado la final de 2018 (Madrid-Liverpool) y por el otro la de 2020 (Bayern-PSG). Puede parecer casualidad, pero es que siempre llegan los mismos, por eso se repiten los duelos.

El azar aglutinó en la misma ruta hacia la final a los tres equipos más fuertes del momento: Bayern-City-PSG. Sólo uno podría llegar a Turquía. Si el joven Haaland no se opone con su Dortmund… Ya es hora de ponerle un buen apodo al noruego: La Bestia Haaland, SuperHaaland, El Vikingo, Martillo Haaland… Algo que honre su ferocidad goleadora.

Y en la vereda de enfrente… el Real Madrid. Que venía de una temporada pobre, en juego y en resultados, pero ha levantado mucho, sostenido por un mediocampo veterano, pero sabio y eficaz (Kroos-Casemiro-Modric) y ya ha recuperado a su líder Sergio Ramos, que será fundamental para este último envión. El Madrid, de pensar en despedir a Zidane se encuentra ahora con que si pasa al Liverpool puede tener allanado el camino a Estambul, sede de la final el 29 de mayo. Y se habrá ahorrado de verse cara a cara con dos de los cucos de arriba. El resultado del sorteo ha despertado euforia en el madridismo. “Se huele la catorce”, celebraron muchos periohinchas, en tanto Tomás Roncero, un hiperfanático madridista que escribe en el diario As, tituló su columna: “¡Nos vamos a Estambul, chin pum!”. “El Madrid ha tenido relativamente suerte, no nos vamos a engañar -analizó Julio Maldonado ‘Maldini’-. El Liverpool no tiene el mismo nivel de los últimos tres años”. Lo cual es rigurosamente cierto, una nefasta cadena de lesiones importantes lo ha diezmado: Van Dijk, Joe Gómez, Matip -tres zagueros- y el capitán Henderson llevan tiempo en la enfermería. Ha perdido solidez e invencibilidad, pero de allí a saltar de alegría… No se puede estar feliz cuando se enfrenta a un club que disputó nueve finales y ganó seis. El Liverpool es el Liverpool siempre. Y Klopp sigue siendo Klopp.

Quienes no deben estar bailando son los franco-cataríes del PSG. Tener que encontrarse en una esquina, de noche, con el Bayern Munich es inquietante. Tampoco para Mbappé debe ser gracioso, esa defensa (Neuer, Pavard, Süle, Alaba, Davies) no se parece a la del Barça. Es más resistente. El club de la torre Eiffel recupera a Neymar para esta instancia y está muy sólido en su trío posterior Keylor Navas-Marquinhos-Kimpembe. Sin embargo, deberá subirse al cuadrilátero con un peso pesado como el campeón alemán y europeo. El Bayern es todo confiabilidad, ambición, intensidad de ritmo y de lucha. Un equipo que parece tener un solo estado de ánimo: arrollador. Aparte, el Bayern no declama nunca previamente, habla en la cancha. Y la propina es Lewandowski, una máquina de hacer goles. Lleva 40 esta temporada, en la que falta bastante.

El Manchester City debe estudiar bien cómo sujetar a Haaland, anticiparlo siempre y no darle espacios. Fuera de eso, tiene aprendido a la perfección su libreto: presión muy alta, toque, toque, dinámica, mover la bola para allá, para acá, jugarla siempre al pie hasta encontrar el hueco y lastimar. Todo jugador de Guardiola sabe a qué entra al campo: a dominar los 90 minutos en campo adversario, contra el rival que sea y en el estadio que fuera. Guardiola está en posición de ganar siete títulos en una temporada, lo que sería récord mundial. Pero si no levanta la Champions le caerán encima; el mourinhismo (con alto componente madridista) siempre está al acecho, esperándolo. Para él es Champions o fracaso. A propósito de Mou, está por ligar otra ultramillonaria indemnización, esta vez del Tottenham.

Queda el choque menos rutilante, pero igualmente bonito: Porto-Chelsea. El club de Londres ha mejorado tantísimo desde la llegada del alemán Tuchel (en lugar de Lampard). Desde su asunción, los Azules han disputado 13 partidos sin derrotas, 9 triunfos y 4 empates, 15 goles a favor y ¡sólo 2 en contra…! Y en esos trece cotejos venció al Liverpool, al Tottenham, al Everton, dos veces al Atlético de Madrid… Cuidado con ellos. Pero ante sí tendrá a un cuadro que nos encantó en las topadas frente a la Juventus: el Porto de los colombianos Uribe y Díaz. Que es mucho más que Uribe y Díaz. Está lleno de buenos jugadores, no muy mediáticos, sí rendidores. Posee una defensa aguantadora, liderada por un Pepe magistral a sus 38 años. Cómo estará el brasileño que el presidente del Porto acaba de anunciar que cuando acabe su contrato, con 40 años, se lo renovarán por dos más. En la zona de gestación tiene dos elementos en estado de gracia: Sergio Oliveira, autor de dos goles ante la Juve, y el mexicano Tecatito Corona, imparable. No obstante, lo que más impresiona de estos Dragones es su espíritu de combate. Un equipo que hizo 13 puntos en la fase de grupos y venció de ida y de vuelta al Olympique de Marsella.

Los ocho son buenos y están en condiciones de avanzar, aunque todas nuestras fichas están puestas en el Bayern. En los últimos treinta años del torneo, sólo el Real Madrid logró repetir la corona al año siguiente. Los bávaros pueden ser los segundos.

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España, en la ruta descendente de Italia

Jorge Barraza, periodista argentino

Por Jorge Barraza

/ 14 de marzo de 2021 / 20:54

El sábado 6, el clásico alemán (“Der Klassiker”) entregó un partido atractivo y cambiante, Bayern Munich perdía 0-2 a los 12 minutos y terminó ganándolo 4-2. Dejaron propina: 3 goles de Lewandowski y 2 del chico Haaland. Se lo rotuló como “duelo de goleadores” y cumplieron. El domingo 7, ya en un cotejo mucho más chato, Atlético de Madrid y Real Madrid animaron el “Derby madrileño” y apenas compusieron un discreto 1-1. ¿Las figuras…? Luis Suárez, de 34 años, y Karim Benzema, de 33, autores de los tantos. Una buena radiografía de la liga española: dos de las tres grandes estrellas mundiales -Neymar y Cristiano- emigraron y los pocos nombres rutilantes que quedan -Suárez, Benzema, Modric, Messi- están grandes.

En la semana volvió la Liga de Campeones de Europa, donde al fútbol español se le cayó otra mano de pintura. Los juegos de ida de octavos de final fueron muy reveladores. En ocho encuentros hubo siete victorias visitantes: Borussia Moenchengladbach 0 – Manchester City 2, Lazio 1 – Bayern Munich 4, Atlético de Madrid 0 – Chelsea 1, Leipzig 0 – Liverpool 2, Barcelona 1 – PSG 4, Sevilla 2 – Borussia Dortmund 3 y Atalanta 0 – Real Madrid 1. El único triunfo local fue el del Porto sobre Juventus por 2 a 1. Esto deja tres confirmaciones: 1) la ausencia de público en los partidos aumenta las posibilidades de la visita, que no siente presión de los hinchas locales; esto se viene reflejando en todas las competiciones. 2) Con más o con menos, todos los equipos se atreven a ganar en cualquier cancha. 2) Hay pocos empates, porque no se los busca como negocio, al uso antiguo, empatar afuera y ganar adentro. El gol de visitante ayudó mucho.

El último martes quedó eliminado el Barcelona, como era previsible, y el miércoles el Sevilla. Esto nos traslada a la comprobación principal: el retroceso del fútbol español, gran dominador universal en los últimos quince años. En ese lapso, España ganó un título mundial (2010), dos Eurocopas (2008-2012) y los clubes españoles conquistaron 8 Champions (4 Barcelona y 4 Real Madrid) y 7 Europa League (4 Sevilla y 3 Atlético de Madrid). Más allá de los laureles, dio una camada excepcional de jugadores como Casillas, Puyol, Piqué, Sergio Ramos, Busquets, Xavi, Iniesta, David Villa, el Niño Torres… De ser un fútbol eminentemente importador pasó a ser fuerte exportador, de jugadores y técnicos. Y la gema que coronó tanto esplendor: el Barcelona de Guardiola, el mejor equipo de la historia del fútbol, la exquisitez de la mano de la contundencia, acompañadas por la regularidad: no duró seis partidos, fueron años de festivales, goleadas magistrales y el toque con precisión en velocidad como culto. Virtuosismo al máximo nivel. Eso generó un estilo: el tiqui taca, que logró sepultar para siempre a la Furia, aquella forma basada en el músculo, el sudor y la reciedumbre.

Pero viene en bajada el fútbol español. De sus cuatro representantes en Champions, tres perdieron – los tres de local- y tienen muy reducidas posibilidades de revertirlo en la revancha. La del Barça directamente es remota. Y el Real Madrid, para ganar al modesto Atalanta por la mínima, se benefició de su eterna fortuna con los arbitrajes (en Italia prefirieron calificarlo como “robo”, “vergüenza”, “indecencia”). El juez alemán expulsó a un jugador italiano al minuto 18 por una falta normal que se saldaba con una amarilla. Atalanta debió afrontar 76 minutos con un hombre menos, que con la incidencia física actual es demasiada ventaja. 

La Liga Española, número uno del mundo por más de una década y la más apetecida en TV junto con la inglesa, estaba llena de estrellas. Ahora, sin Neymar y Cristiano Ronaldo, sólo queda Messi como atracción. Las otras luminarias actuales -Lewandowski, Haaland, Mbappé, Salah- iluminan en otras latitudes. Incluso los entrenadores de mayor prestigio como Guardiola, Klopp, Flick, Mourinho, Conte, Pochettino ejercen fuera de la península ibérica.

Los clubes, especialmente los dos acorazados -Barcelona y Real Madrid- han gastado toneladas de millones en fichajes que no funcionaron y no hacen diferencia ni contra equipos de ligas menos potentes en juego y en presupuesto. (Hay un tufillo raro en esos pases galácticos).

Idéntica situación vivieron los clubes italianos. El Inter ya había decepcionado siendo último en la fase de grupos, ahora cayeron Juventus, Lazio y Atalanta. Por eso, Iván Zazzaroni, director del Corriere dello Sport ironizó sobre la expulsión del zaguero Freuler, del Atalanta: “UEFA, somos capaces de eliminarnos solos”, escribió en su editorial. Italia fue la cumbre del fútbol a partir de 1982, cuando reabrió sus fronteras a los futbolistas extranjeros -cerradas muchos años-. No hubo crack que surgiera en el mundo que no recalara en la península. Maradona, Passarella, Gullit, Van Basten, Platini, Zidane, Rummenigge, Batistuta, Crespo, Matthäus, Klinsmann, Zico, Junior, Aldair, Falcão, Ronaldo, Kaká, Shevchenko, Bergkamp, Ibrahimovic, Michael Laudrup, Preben Elkjaer Larsen (¡Qué dos fenómenos los daneses…!), Asprilla. El sueño era llegar al Calcio. Allí estaba el poder económico y deportivo. Y también Paolo Rossi, Baresi, Maldini, Roberto Baggio, Pirlo… Nos levantábamos tempranito los domingos para ver los grandes partidos. Ya había declinado completamente el nivel futbolístico del país del catenaccio cuando obtuvo su cuarta medalla mundialista gracias más a la genialidad del técnico Marcello Lippi que a la de sus Materazzis y Cannavaros. El Milan de Arrigo Sacchi, Juventus, Inter, Napoli, Parma fueron perdiendo luz y ahora miran con la ñata contra el vidrio. Incluso la Juve, con todo su poder financiero, político y mediático, ve pasar la gloria en manos extranjeras.

El fútbol, como la vida, es dinámico, va mutando. Sus movimientos semejan a los de la rotación de la tierra o el de las agujas del reloj, no se perciben, tampoco se detienen. Primero fue el tiempo del fútbol húngaro, luego del brasileño, hubo un fulgor argentino entre los ’70 y los ’90, volvió Brasil hasta 2002, la meca italiana y, por último, el dominio español. Ahora hay un panorama diversificado. El Paris Saint Germain hace punta por Francia, siempre segundona (o tercerona) en lides internacionales. El Bayern clava con fuerza la bandera alemana, a veces acompañado por el Dortmund; se le ve con energía al cuadro de Müller y Beckenbauer para mantenerse por años en la élite. Y está la Premier, el riquísimo fútbol inglés que cuenta, como ningún otro, con muchos grandes, los dos Manchester, el Liverpool, el Chelsea, Tottenham, Arsenal. El zarpazo que pueda dar cada tanto el Ajax y el Porto, que a veces muestra las uñas también, como ahora eliminando a la Juventus. Pese a ser un medio pequeño, produce muchos jugadores, Portugal, y suele dar sus tarascones. Ha tenido dos campeones europeos -Benfica y Porto- y es el último campeón de la Eurocopa.

No hay un dominador actual. Sí está claro que España ya dejó el timón.

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