viernes 22 oct 2021 | Actualizado a 14:16

El campo de juego no es un centro de detención

Jorge Barraza, periodista argentino

/ 6 de septiembre de 2021 / 07:52

“El gobierno brasileño no se tomó en serio la pandemia y, como consecuencia, muchos murieron innecesariamente», declaró el virólogo estadounidense Charles Rice, premio Nobel de Medicina 2021.

«Brasil es el ejemplo de todo lo que podía salir mal en una pandemia. Tenemos un país con unos dirigentes que, además de no implementar medidas de control, minaron las medidas como la distancia social, el uso de mascarillas y, durante mucho tiempo, también las vacunas. Ha sido una amenaza global». Opinión de Denise Garrett, epidemióloga que trabajó durante más de 20 años en el Centro para el Control de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) del Departamento de Salud de EE.UU. y ahora vicepresidenta del Instituto de Vacunas Sabin (Washington).

“Un grupo de expertos australianos del Instituto Lowy concluyó que Nueva Zelanda es el país que mejor gestionó la pandemia de Covid-19, mientras que Brasil fue el peor, está en el fondo de la lista tras ser analizados 98 países”, dice un despacho del canal de noticias internacionales France24, firmado por Ángela Gómez. Hay cien, doscientos testimonios similares o más condenatorios de expertos sobre el tratamiento dado por el Gobierno de Brasil a la peste del Covid. Peste que le ha costado hasta ahora 583.628 muertos y 20.890.779 de infectados a la nación amazónica, muchos de esos  sobrevivientes con secuelas importantes. Brasil es el segundo país con más fallecidos en el mundo por el temible coronavirus. Como el planeta entero sabe, el presidente brasileño Jair Bolsonaro ignoró los peligros de la epidemia y se mofó de ella, tomando escasos recaudos.

No obstante ello, el ministerio de salud del país amazónico puso un celo inédito, diríamos excepcional, como cuestión de Estado, para cazar a cuatro futbolistas argentinos que iban a ser parte del clásico sudamericano ante Brasil y logró suspender el cotejo que ya estaba en juego -iban apenas 5 minutos-. Un hecho insólito, jamás visto en la historia de este deporte. Un señor de particular, vestido con vaquero y en camiseta, con un arma en la cintura, supuestamente del departamento de sanidad o de un organismo de seguridad, irrumpió en el campo de juego y obligó al juez a abortar el partido. Aducía que el arquero Emiliano Martínez, el zaguero Cristian Romero, el volante Giovani Lo Celso y un suplente, Emiliano Buendía, habían infringido una norma del departamento de salud al ingresar al país y debían salir inmediatamente del campo y ser deportados. El juez venezolano Jesús Valenzuela permitió la intrusión y decretó la suspensión. Un suceso de inusitada gravedad, sin contar el papelón tercermundista: ¿Y si no era funcionario ni policía ni nada…? ¿Lo suspendía igual…?

Las autoridades brasileñas esgrimieron que la norma incumplida por ellos era que toda persona proveniente de Inglaterra debe hacer una cuarentena obligatoria y que los nombrados no la habían hecho, falseando la declaración jurada. Efectivamente, Martínez, Romero, Lo Celso y Buendía actúan en la Premier League y lograron permiso de sus clubes para estar presentes en esta triple fecha de la Eliminatoria. No obstante, y aunque pueda parecer un tecnicismo, provenían de Venezuela, donde habían disputado el encuentro anterior.

La Selección Argentina llevaba tres días alojada en San Pablo y no fue notificada de la posible deportación hasta unas horas antes del clásico, cuando se difundió la especie de que los cuatro futbolistas serían expulsados del territorio brasileño. No obstante ello, ningún funcionario se hizo presente en el hotel ni en el vestuario del estadio de Corinthians para efectivizar la medida antes del juego. Esperaron el inicio de las acciones e irrumpieron con carácter intimidatorio ordenando la salida de los cuatro elementos citados, con lo cual acabó el partido.

Nadie entendía nada. Ni los jugadores ni el árbitro ni el público. Sólo perplejidad. Brasil-Argentina es un clásico mundial, estaban Neymar y Messi en cancha, las imágenes iban a diversas latitudes y un sujeto armado irrumpe en el césped, se manotea con los jugadores argentinos y obliga a dar por concluidas las acciones. Se le escuchó decir a Tite, entrenador brasileño, con pesadumbre: “¡El espectáculo que estamos dando…!” Entre los actores de ambos bandos no hubo problema ninguno, sólo conversaciones respetuosas. El particular que ingresó, presuntamente de la policía de San Pablo, habría dicho que los cuatro atletas argentinos debían ser deportados en ese mismo momento y debían salir. No obstante, los cuatro viajaron sin problemas con el resto de la delegación rumbo a Buenos Aires.

La AFA había hecho en lo previo consultas a Conmebol y a FIFA y le respondieron que estaban resguardados por el protocolo sanitario acordado por ambas entidades con los gobiernos de los diez países sudamericanos para que el fútbol pudiera desarrollarse. FIFA lo hizo en realidad con todas las asociaciones del mundo. Ese protocolo incluye una rigurosa burbuja que aísla a los protagonistas. Por ello se han podido disputar normalmente en plena pandemia, aunque sin público, la Eliminatoria y las copas Libertadores y Sudamericana. Muchos equipos entran y salen de Brasil semanalmente sin inconvenientes, amparados por ese convenio. De allí el asombro de tal ensañamiento con estos cuatro jugadores, que además entraron en Brasil con PCR negativo y que no ponen en riesgo a nadie porque tienen absolutamente vedado cualquier contacto con personas externas a la delegación, lo cual hemos comprobado personalmente. El presidente del Barcelona SC de Ecuador (el exjugador argentino Alejandro Alfaro Moreno) vino a Buenos Aires encabezando la delegación de su club para enfrentar a Boca y la guardia apostada en el hotel no le permitía salir del hotel para ir a visitar a su madre. Es extremadamente riguroso.

No obstante, un hecho puntual desarticula la encarnizada obstinación de deportar a Martínez, Romero, Lo Celso y Buendía: hace 57 días apenas finalizó la Copa América en Brasil, los tres primeros la disputaron e ingresaron varias veces al País del Carnaval porque Argentina jugaba, retornaba a Buenos Aires, volvía para el siguiente duelo y así. Jair Bolsonaro pidió expresamente organizar la Copa cuando Colombia y Argentina no se decidieron a realizarla y ofreció todas las garantías sanitarias así como también respetar el protocolo firmado con Conmebol que permite el ingreso de los equipos.

Hay un trasfondo importante: Brasil decidió desafectar a nueve de sus seleccionados que militan en Inglaterra (Ederson, Alisson, Thiago Silva, Fabinho, Fred, Raphinha, Gabriel Jesús, Firmino y Richarlison) debido a la negativa de los clubes ingleses de liberarlos para estos tres compromisos, pero los argentinos sí lograron el permiso, entre otras cosas porque estaban decididos a viajar sí o sí, pasara lo que pasara. Eso creó un resquemor: ¿por qué ellos sí y los nuestros no…? Pero eso fue un arreglo individual de cada futbolista con su club. No tienen nada que ver las asociaciones ni los técnicos. El colombiano Dávinson Sánchez también gestionó y consiguió que el Tottenham le permitiera viajar. Se dijo que los brasileños no vinieron porque no hubiesen podido entrar a Brasil: falso.

¿Si los querían deportar por qué no lo hicieron antes del partido…? ¿O por qué no se esperó a que terminara…? No pocas veces una comisión policial esperó a un futbolista a la salida del estadio y se lo llevó detenido por causas diversas, pero jamás irrumpió en una cancha en medio de un partido. Y menos de un partido así. Estaba muy claro: no querían que jugaran los cuatro argentinos. Más después de haber perdido, hace menos de dos meses, la final de la Copa América frente a esta misma representación albiceleste.

Es un escándalo gigantesco, con una imagen lamentable transmitida al mundo. Deportivamente, los jugadores cuestionados estaban habilitados para actuar. Si incumplieron las normas migratorias brasileñas, el campo de juego no era el ámbito punitorio. La FIFA deberá decidir, aunque en este caso no hay mucho para pensar: la ley del fútbol establece que el local siempre es el responsable del espectáculo y en este caso es quien provocó la suspensión y el bochorno.

Bolivia tiene derecho a soñar

Jorge Barraza, periodista argentino

Por Jorge Barraza

/ 17 de octubre de 2021 / 22:37

Según Opta Sports, compañía británica de análisis deportivo, el Colombia 0 – Ecuador 0 del jueves duró 109 minutos, pero se jugaron 44 minutos y 15 segundos de tiempo neto. O sea, 64 minutos y 45 segundos fueron a parar al canasto, eran basura futbolística: discusiones, manoseos, demoras deliberadas, VAR, pelotas afuera, simulaciones, festejos inútiles… Todo muy sudamericano, muy Libertadores años ’80. En el palco, en Barranquilla, estaba Gianni Infantino, presidente de la FIFA, quien degustaba bocaditos y sonreía como diciendo “¡Qué partidazo…!”. ¿Qué va a decir…? Él viene a buscar los votos para hacer el Mundial cada dos años, tiene que disimular. Pero lo que vio de lo que fuera antiguamente el reino del buen fútbol y los jugadores geniales lo debe haber dejado pensativo.

Las Eliminatorias nunca fueron poéticas, son guerras sin muertos; ahora hay menos broncas y tensiones que antes, pero se está jugando feo y mal. Y salvo en Brasil y Argentina, no hay paz en ninguna parte. En todos lados llueven críticas. Va un relevamiento…

* ¡Bem vindo, Raphinha…! El zurdo del Leeds es la gratísima revelación de Brasil. En tres partidos se metió a la torcida y la prensa en el bolso. Brasil está virtualmente clasificado, le sobran puntos, pero el entusiasmo pasa más por haber descubierto a este crack, un volante fino que juega por derecha, con mucha llegada al arco rival. Entró frente a Venezuela cuando perdían 1 a 0 y arregló todo enseguida con dos asistencias. Bien ante Colombia (Ospina le sacó un zurdazo que iba adentro y luego le puso un pase-gol a Antony), y dos goles ante Uruguay. Un hallazgo de cara a Catar 2022.

* Alta cosecha. Seis puntos en septiembre -más el partido interrumpido por Brasil que seguramente le dará otra victoria en el tribunal-, y 7 en octubre, diez goles a favor y uno en contra (de penal). Con el fallo de la FIFA se iría a 28, ya tiene asegurado el boleto al Mundial. En su caso, las noticias son dos: 1) la confirmación de que encontró un zaguero notable en Cristian Romero, un extraclase con anticipo, quite, firmeza, prestancia, salida, cabezazo y determinación. Le da para diez años de selección. 2) La sensacional actuación ante Uruguay, lujosa y contundente, que alimenta esperanzas para Catar. Aunque no pudo repetirla ante Perú.

* Encaminado. El empate conseguido en Barranquilla le permitió a Ecuador no ser superado por Colombia y seguir en excelente posición. Si consigue siete puntos de los nueve que se juega ante Venezuela, Perú y Paraguay habrá dado un paso gigante para clasificar. A causa de la campaña arrolladora de Brasil y Argentina y de la mayor cantidad de empates en este premundial, es factible que alcance con menos puntos que en Eliminatorias anteriores. Se pensaba que serían necesarios 27 ó 28 puntos para lograr el objetivo, ahora podría ser con 25, incluso 24.

* No gana, pero sube. Pese al descontento general, Reinaldo Rueda lleva ocho partidos invicto desde su asunción en Colombia, con dos triunfos y seis empates. No brilla, le falta generación de juego y convierte muy poco (tres 0 a 0 consecutivos ante Uruguay, Brasil y Ecuador), pero el no perder le rinde: fue subiendo lentamente desde el séptimo al cuarto puesto. Le queda un calendario favorable: juega contra los cuatro últimos. Y defensivamente está sólido. Frente a la Tri, el público pidió a gritos a James Rodríguez, que llevaba cinco meses sin jugar (ayer debutó en el Al-Rayyán de Catar). Es un reflejo de cómo juega el equipo, mucho más apto para defender que para atacar. Su único rival directo es Uruguay. Si consigue los mismos puntos que los celestes, mantendrá ese cuarto lugar.

* Terrible. El momento de Uruguay. No pudo contra Colombia como local (0-0) y luego recibió dos cachetazos afuera contra Argentina y Brasil. En Buenos Aires le dieron el baile de su vida. No creemos que en 119 años de actuaciones la Celeste haya sido vapuleada de esa forma. Y en Manaos pudo recibir la goleada de todos los tiempos. Brasil le creó una tonelada de situaciones de gol. Una Selección Uruguaya extraña, arrasada, vulnerable. Fue “apenas” 0-3 y 1-4. Óscar Tabárez se parapetó: “No voy a renunciar”. Entre los hinchas es un clamor: este ciclo no va más. En la dirigencia estaban las dudas sobre si respetar al venerable Maestro o intentar un golpe de timón que salve la clasificación. El Mundial aporta mucho dinero que se reparte entre la asociación y los clubes, muy necesitados, por cierto.

* “¡Está vivo…!” Cuando le estaban dando la extremaunción, Chile dio signos vitales: se movió y ganó inesperadamente ante Paraguay y Venezuela. Y reflotó su ilusión. Pero igual corre de atrás y tiene por delante un recorrido que ni el tren fantasma: Paraguay (V), Ecuador (L), Argentina (L), Bolivia en La Paz, Brasil (V) y Uruguay (L). Si consigue 13 puntos de esos 18 es una proeza como ganar el Mundial. De llegar ambos con posibilidades a la jornada final, ese juego ante Uruguay puede ser la Tercera Guerra Mundial.

* Todo mal. Paraguay consiguió un trabajoso y valorado empate ante Argentina en Asunción, pero luego cayó sin atenuantes en Chile (0-2) y estrepitosamente en Bolivia (0-4). Quedó séptimo y con pésimo saldo de goles. Un equipo correlón, pero sin fútbol, sin ideas ofensivas, puro esfuerzo. De los últimos ocho partidos, en seis no marcó goles; una ineficacia alarmante. El DT Eduardo Berizzo fue cesado y se busca reemplazante. Cualquiera que llegue es difícil que reflote el barco, aunque en puntos no está tan lejos.

* El remedio infalible. No se conoce un tónico más curativo que ganar; en medio de una lógica desazón de su gente porque marchaba noveno, Bolivia hilvanó dos triunfos al hilo: versus Perú (1-0) y la goleada sobre Paraguay (4-0). Esta tuvo sabor a triunfo grande, con fútbol y autoridad. Tiene algunos jugadores jóvenes la Verde que generan esperanza como Jairo Quinteros, Roberto Carlos Fernández, Ramiro y Henry Vaca, Víctor Ábrego y Carmelo Algarañaz. Igualó la línea de Paraguay (12 unidades) y con eso sueña con pelear hasta el final. El gol de Rodrigo Ramallo, un modelo de lo que debe hacer un carrilero: anticipo en mediocampo, toque con Justiniano y subida a buscar la devolución, pared con Martins y zurdazo al ángulo. Por concepción y definición, un gol espectacular.

* ¿Gareca 2025…? . Perú, el próximo rival de Bolivia, quedó muy lejos en la tabla y prácticamente se despidió del Mundial. Debería obtener al menos catorce de los dieciocho puntos que restan y eso parece misión imposible. No obstante, el hincha desearía que siguiera Ricardo Gareca otros cuatro años en la Bicolor.

* Retrocede diez casilleros. Como en el juego de la oca, Venezuela despilfarró toda su evolución en esta Eliminatoria. Demasiados desaguisados dirigenciales (como dejar ir al técnico portugués José Peseiro), cambios permanentes de todo tipo, errores organizativos. Una magnífica camada de futbolistas desperdiciada. Ya está eliminada. Y se dio el lujo de tumbar a Ecuador…

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Neymar: ¿Qué pasó con este fenómeno…?

Jorge Barraza, periodista argentino

Por Jorge Barraza

/ 11 de octubre de 2021 / 08:01

“Es un exjugador”… “Está quemado físicamente”… “Está gordo”… “Ya es ultramillonario y no le interesa más el fútbol”… “Un juerguero”… “Lo inflaron”… “La pasa peleando con los rivales”… “Exagera cualquier golpe”… “Es un niñato”… “Puro marketing”… “Vive para las fiestas, no para el fútbol”… “No está ni entre los primeros cien cracks de todos los tiempos”… “Nunca ganará el Balón de Oro”…

Además de los millones que recoge por sus contratos varios, Neymar cosecha animadversión en iguales proporciones de los hinchas de todo el mundo, un caso insólito por tratarse de un jugador fascinante que, efectivamente, no ha logrado las cotas que se esperaban de él dadas sus extraordinarias habilidades futbolísticas. Lo increíble es que la inmensa mayoría de esas críticas provengan de Brasil, su país, y de Francia, donde acomete su quinta temporada y donde semana a semana tiene roces con rivales y árbitros. ¿Cuál es la razón de tanta animosidad contra él…? Posiblemente el exceso de prensa del personaje y su propia altísima exposición. Pasa con James Rodríguez. Es tanta la propalación de noticias sobre su figura que luego termina jugándole en contra. Porque no puede devolver con fútbol y éxitos el nivel de expectativa que genera. Aunque, al menos, Neymar juega.

Más allá de la relación público-atleta, el mundo del fútbol se pregunta qué pasa con Neymar, por qué es tan bajo su nivel. Sólo Ney podría responderlo. Pero está convertido en un jugador común. Bueno, pero normalísimo. Un auténtico monstruo de la gambeta (esto es indiscutible) no puede superar una marca, lo enciman y se la quitan. Un crack del pase no logra meter una bola filtrada para dejar sólo a un compañero de cara al gol. Un muchacho velocísimo como era, acelera, pero no consigue superar la línea del rival. Y cada vez menos y menos goles. Un atacante que llegó a marcar 43, 42, 31 goles en otras temporadas, en las dos últimas sumó 19 y 17. Siete de estos 17 fueron de penal. Y en lo que va de este curso, apenas un tanto, también de penal. Lo mismo acontece con las asistencias: llegó a servir 27, 25, 22 goles a sus compañeros; esa cifra ha bajado dramáticamente a 13, 12, 11. Ahora lleva 2.

Eso, en sus distintos clubes (Santos, Barcelona, PSG). En la selección verdeamarilla es un calco. Alcanzó años de 15 y 9 goles con Brasil, luego cayó a 3, 1, 3, ahora lleva 5, tres de ellos mediante la pena máxima. Una caída de estrépito, casi inexplicable. Se fue alejando del arco rival y también fue cediendo protagonismo en el armado. Hoy seguramente Tite alistará a Everton Ribeiro (de gran presente en Flamengo) y a Lucas Paquetá, para que lo ayuden en la construcción de juego.

Estamos hablando de un deportista de élite con apenas 29 años, una edad perfecta para ser el rey del fútbol. A los 29, Di Stéfano estaba empezando su leyenda con el Real Madrid, Pelé todavía era una máquina, Messi y Cristiano Ronaldo pasaron las 60 anotaciones. Es como que Ney se cansó de correr detrás de Messi y Cristiano por el número uno y se echó a un costado del camino. Y es perfectamente entendible, los dos son animales competitivos como el fútbol nunca vio, irrenunciables a la idea de seguir en lo más alto pese al almanaque. “Estuvo diez años peleando contra el mejor de la historia (Messi) y contra un individuo que tiene la cabeza de titanio (Cristiano), es lógico que pueda haber abandonado esa carrera. No le dio, pero Neymar era más que Romario, Rivaldo, Ronaldo, tenía más cosas. Incluso está como segundo goleador de la historia de la Selección Brasileña detrás de Pelé. Y lo puede pasar, sólo le faltan diez goles”, nos dice Héctor, seguidor en Twitter y agudo analista del juego. También es factible que cediera a la presión que le impusieron sus propios compatriotas, ávidos de tener un sucesor de tantos fenómenos anteriores. Incluso que lo abrumaran las constantes predicciones de Pelé, Kaká, Cafú, Roberto Carlos, Thiago Silva de que sería el rey del fútbol. Durante años fue algo semanal. Ahora acallaron sus voces.

Hoy está en el puesto 12 entre los favoritos al Balón de Oro, y eso que juega en Francia, donde entregan el premio. Claro que ahí lo ven semana a semana y pueden palpar su rendimiento de primera mano, que es menos que discreto..

Este declive lleva ya demasiado tiempo como para denominarlo “un bajón momentáneo”. Y se entiende que, rumbo a los 30 calendarios, puede alcanzar todavía una óptima condición atlética, pero ya no tendrá la velocidad ni el deslizamiento de los 19 ó 20. Siempre decimos que, cuando él tenía 21 ó 22 años, enfrentaba zagueros de 29, ahora se invirtió: él tiene 29 y debe cuerpear y desnivelar a zagueros de 21 ó 22. Al momento de llegar al Barcelona, a mediados de 2013, Ney era un avión, una gacela, parecía andar en patines, tiraba el balón hacia adelante y pasaba como un rayo entre tres, ahora lo adelanta y no puede sacar ese medio metro que necesita el atacante para desnivelar. Por eso mismo se fue retrasando en el campo. Manuel Pellegrini nos dijo en una entrevista en 2002: “Hay dos cosas que un delantero no puede ser: lento y cobarde. Sino no desequilibra nunca”.

“Se me falta el respeto”, declaró al llegar a París tras la triple fecha eliminatoria de septiembre, en la que sus actuaciones fueron tan pobres que le llovieron palos en Brasil, incluso de exjugadores hoy dedicados a comentaristas, siempre muy benévolos entre colegas. Walter Casagrande, centrodelantero corintiano de los ‘80, muy escuchado en TV, es particularmente duro con Ney: “No es el jugador que precisamos para la Copa del Mundo”.

Ayer, la sombra de Neymar deambuló por Barranquilla. No pesó en absoluto, los volantes y defensores de Colombia le quitaban la pelota con facilidad de asombro. Dos días antes había anunciado en su propia cuenta de Twitter que quizá el de Catar sea su último Mundial. Olió a retiro cercano.

No será fácil que se repita un futbolista de virtudes tan infrecuentes: técnica suprema, gambeta frontal, velocidad, excelente disparo de derecha, vocación ofensiva, fantasía, gol, alegría para jugar y combinar. Pero está escrito que con las condiciones solas no se llega a la cima, hay que acompañarlas con actitud, mentalidad, constancia. El mejor parámetro de comparación es Cristiano: siendo muchísimo menos dotado futbolísticamente ha logrado diez veces más.

Ningún jugador se termina a los 29. Hay que esperar -y desear- que vuelva a niveles de excelencia, hoy mismo puede empezar ante Venezuela. No obstante, ya es un crimen de lesa fútbol, un desperdicio. Debutó en 2009, por aptitudes podría haber alcanzado niveles estratosféricos. Pero le fueron pasando los años y no se le dio. Y ahora está irreconocible. Quizás logre coronar en el Mundial del año que viene. Está a tiempo.

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Goleadores eran los de… ahora

Jorge Barraza, periodista argentino

Por Jorge Barraza

/ 3 de octubre de 2021 / 19:06

El fútbol está asistiendo a un extraordinario auge de los grandes goleadores en todo el mundo: Haaland, Lewandowski, Cristiano, Messi, Lukaku, Suárez, Falcao, Mbappé, Benzema… Ibrahimovic y Agüero alejados un tiempo por lesión… Incluso Neymar, a quien habitualmente no se considera goleador pero ya toca los 400 goles (van 399) y seguro hará cien o doscientos más, le dan los años y la calidad. Cavani (422)… No hay partido que no se anoten. Toda la vida hubo delanteros letales: Puskas, Di Stéfano, Pelé, Eusebio, Spencer, Gerd Müller, Cruyff, Romario, Zico, Kempes, Hugo Sánchez… Pero sólo algunos fueron contemporáneos entre sí. Ahora estamos viendo trece o catorce artilleros que comparten época y todos lucen encendidos.

“Hubo otros: el Gordo Ronaldo, Zamorano, Salas, Vieri, Adriano, Raúl y puedo continuar”, nos dice Karib Gómez, un seguidor en Twitter. “Batistuta, Kluivert, Del Piero, Crespo, Trezeguet, Henry, Van Nistelroy…”, agrega Miguel Tolmos en la misma red social.

Buen aporte. Pero la mayoría de los que nombran dichos lectores están a cientos de goles de los actuales. Ejemplo 1: Adriano se retiró con 197 goles, Haaland, que recién está empezando, suma ya 175 impactos. Ejemplo 2: Ronaldo Nazario, a quien todos creen un bombardero letal, ocupa el puesto 36 en la tabla histórica con 429 tantos.

Cristiano Ronaldo anotó 790, Messi 752, Ibrahimović 564, Lewandowski 544, Suárez 508… Los otros fueron buenos, pero con cifras muy inferiores. Y los enunciados al inicio continúan en actividad, pueden aumentar sus números. De hecho lo hacen casi todas las semanas.

Amigos del gol hubo toda la vida, sin embargo el fenómeno actual no pasó en otra época del fútbol. Lo que no deja de ser notable porque hoy los dispositivos defensivos son muy superiores a los de antaño. En los tiempos de Puskas, Di Stéfano, Pelé, Eusebio, atacaban cuatro y defendían tres, había enormes espacios, y abundante tiempo para resolver y ejecutar. Si se eludía a un rival, el siguiente estaba a cuatro o cinco metros, ahora está encima. Tampoco existía la presión. Hoy es todo al revés. Pocos atacantes, muchos defensas, la presión impide maniobrar con libertad, hay menos huecos por donde pasar. Y hasta el equipo más ofensivo pone sus once hombres a defender en el área en cada córner o tiro libre en contra. Antes, ni remotamente bajaban los delanteros a marcar, se quedaban arriba esperando. Alfredo Di Stéfano cuenta en su autobiografía Gracias, Vieja que, por sus características y afán de cooperación, en sus comienzos en River solía bajar hasta el mediocampo, pero los mayores del equipo lo sacaban corriendo: “¿Qué hacés acá…? ¡Andá arriba…!”. Ahora, atacante que no baja a colaborar en la recuperación no juega.

Asimismo, hasta los años ’80 los equipos eran dirigidos por un técnico y un preparador físico, sólo dos profesionales. En nuestros días los cuerpos técnicos cuentan con hasta 25 preparadores y ayudantes, se analiza detalladamente al rival, hay un mar de información y se sabe hasta cómo remató los últimos veinte penales un ejecutor, dato que se pone al alcance del arquero para facilitar su posibilidad de atajar el tiro. El grado de oposición es infinitamente mayor, y aún así los matadores del área alcanzan cifras asombrosas de goles.

Antiguamente, cuando un artillero llegaba a 30 ó 35 goles en el campeonato era una cifra de escándalo, hoy ese número sigue siendo atractivo, pero no conmueve en absoluto. Messi hizo 91 goles en una temporada. No existe una explicación racional de por qué estos fenómenos marcan tanto.

“La pelota es más liviana”, se argumenta. Error. La pelota pesa y mide lo mismo que toda la vida, incluida la presión atmosférica, el reglamento nunca cambió: entre 410 y 450 gramos al momento de comenzar el juego. Y entre 68 y 70 centímetros de circunferencia. Sí es verdad que, si antes llovía, al ser de cuero y absorber el agua, se ponía más pesada. Pero en campo seco pesaba igual que ahora. Y medía lo mismo. Sin embargo, lo más extraordinario del tiempo actual son los arqueros. Todos, todos son de alto nivel, muchos excepcionales. Porteros desconocidos que uno ve en la Champions y que hacen proezas. Antes se le hacían goles inocentes a los arqueros. Es el puesto que más evolucionó y hacen verdaderos milagros en el arco. Un buen ejemplo es Diego Alves, golero del Flamengo, un hombre de 36 años, ya de vuelta del fútbol europeo, que hace tapadas de asombro como lo hemoscomprobado en las semifinales de Libertadores ante Barcelona. Pero se puede nombrar a Neuer, Oblak, Handanovic, Ospina, Emiliano Martínez, Lloris, Sommer, Alisson, Donnarumma, Ter Stegen, Keylor Navas, Claudio Bravo y decenas más. Pese a ellos, los romperredes la meten igual. Y en altísimo número.

En ese contexto que debiera serles adverso, cada uno se destaca por algo en particular. Cristiano Ronaldo es el oportunismo, no participa del juego, pero está al acecho y se sitúa al borde de los 800 goles con casi 37 años. Y en la Premier League; o sea, no hay nivel más arriba. Messi es un milagro: el único de los supergoleadores de la historia que no es delantero, volante de armado. Lewandowski muestra una regularidad de asombro en una liga durísima, juega siempre y, aunque ya tiene 34 largos años, pinta para alcanzar las 700 conversiones, sobre todo si en los próximos años pasa a un fútbol menos exigente que el alemán. Lo de Suárez es fabuloso porque mostró su olfato con la red en Holanda, Inglaterra y España, siendo cañonero en todas. Un demonio difícil de marcar para los zagueros.

Haaland es una tromba humana, una fuerza de la naturaleza que convierte de las maneras más diversas: atacando, contragolpeando, de cabeza, reboteando, de zurda, de derecha, de media distancia. Benzemás es un artista, un exquisito que tanto puede concretar él como servírselo a un compañero. Lukaku, un oso con botines y camiseta, un gigante con un apetito voraz por hacer red. Mbappé es velocidad y potencia puras. Tenemos que celebrarlo, los goleadores de 300 y 400 goles quedaron muy atrás, ahora estamos viendo a los de 500, 600 y 700. Y siguen. Enhorabuena.

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Jugadores en redes sociales

Jorge Barraza, periodista argentino

Por Jorge Barraza

/ 27 de septiembre de 2021 / 12:01

Nadie desea lo que ya tiene… Excepto James Rodríguez. Es un hombre inmensamente rico, pero va por más. El Al Rayyan le permite incrementar su ya fabuloso salario con menos responsabilidades y, naturalmente, sin demasiado esfuerzo. El Everton le pagaba honorarios de superstar, pero había que demostrar, en cambio la liga catarí, notablemente menos rigurosa que la inglesa, compra notoriedad: le ofrece tres años relajados con un opíparo contrato. Fuentes evertonianas afirmaron que James percibía 200.000 libras semanales, unos 14.248.000 millones de dólares anuales, sueldo de superestrella. En Catar se lo habrían mejorado.

Su agente, Jorge Mendes, lo tiene claro: lo que cotiza es la fama, no el rendimiento. Su método infalible para mantener su mercadería en el estante de arriba es que se hable todo el tiempo de ella, en los medios y en las redes. Da resultado: hay millones que disfrutan leyendo cada artículo sobre su héroe. Aunque no juegue, eso no tiene la menor importancia. Pero que se hable, de sus contratos, del número de seguidores en Instagram, del yate, de la modelo, de los autos de lujo… Esto explica que aparezcan tres, cuatro, cinco notas de prensa diarias de un futbolista que no actúa hace casi cinco meses (aunque cobra puntualmente, de aquí o de allá). Ni Messi ni Cristiano Ronaldo gozan de tales caricias de la prensa.

Su decisión de irse de Inglaterra a los 30 años es incomprensible a los efectos deportivos, pero perfectamente respetable desde lo personal. Es dueño de su carrera. Lo significativo es que, inversamente proporcional al declive de su rendimiento en el campo, aumentan su salario y su popularidad. Ya van seis años que la flecha de su parábola futbolística desciende sin parar. Es la curiosa realidad de los jugadores de redes sociales: gran éxito de la raya de cal hacia afuera, pobre respuesta dentro. Un caso similar al de José Mourinho, cuanto peor le va, más rico es: a la par de cobrar estruendosas indemnizaciones por despido (a causa de malas campañas), lo contrata otro club por una suma sideral en la esperanza de que vuelva a ser el técnico ganador de antaño.

Esa parábola no sólo marca su escasa aportación en el campo, también dice que juega poquito, mucho menos que la mayoría. En sus 12 temporadas en Europa, desde octubre de 2010 hasta hoy (esta ya empezó), el volante cucuteño disputó 24.417 minutos en sus cinco clubes: Porto, Mónaco, Real Madrid, Bayern Munich, Everton. Esto se traduce en 271,3 partidos reales, o sea de 90 minutos. A su vez registra 80 presentaciones en Selección Colombia. Total: 351 cotejos. Cristiano Ronaldo, ya cercano a los 37 años, contabiliza en el mismo lapso 520 juegos en clubes más 104 en la Selección de Portugal. Redondeando: 624. Casi no ha tenido lesiones CR7 porque se cuida científicamente, tiene alma de número uno. Por su parte Messi, con 34 calendarios encima, suma 534 en clubes y 97 con la camiseta nacional, o sea 631. Otro que llega dos horas antes al entrenamiento y tiene un gimnasio en su casa y una cancha para practicar tiros libres. Cotejado con dos profesionales de mucha más edad y ultramillonarios, pero con hambre de gloria, James pierde feo: los viejitos lo doblan en presencias y siempre están disponibles, no se quieren perder ni un minuto de ningún partido.

La gélida despedida del Everton, a donde lo llevaron como estrella, es similar a su salida del Madrid y del Bayern. No lo extrañarán. Los medios no afines a Mendes hablan sin rodeos: “fracaso”, “Calamity James”. Culpar a Rafa Benítez de su salida tiene poco sustento, como no lo tenía demonizar a Zinedine Zidane o Niko Kovač. Ningún técnico juega en contra de sus propios intereses; el que tiene un crack, lo pone. Quien no la va a tener fácil ahora será Reinaldo Rueda. El entorno James y el grupo Mendes lo someterán a una presión feroz para que lo incluya en la Selección y esté en Catar 2022, porque desde ahora la Selección será su único canal de visibilidad. Y porque no se puede jugar el Mundial en el pequeño emirato con el 10 en la tribuna. Deberá incluirlo o las redes sociales hostigarán duro al técnico caleño.

“Indisciplinado”, “farrero”, “agrandado”, “no entrena”… Son algunas de las etiquetas que sus críticos le cuelgan a James. No adherimos. No nos consta. Y nunca, en más de cuarenta años de periodismo, nos hemos permitido cuestionar la vida privada de un deportista. ¿Quiénes somos los periodistas para hacerlo…? ¿Quién cuestiona nuestras vidas…? Pero el rectángulo es otra cosa. Allí salta el atleta a ofrecer su espectáculo y el trabajo del hombre de prensa es opinar de lo que ve, es libre de hacerlo. Desde aquel gol sensacional a Uruguay en Brasil 2014 -todos saben cuál-, se instaló en el imaginario popular que estábamos frente a un grande del fútbol; todos supusimos en ese mismo instante que había un nuevo supercrack (también el Real Madrid). Nunca lo refrendó. Esa maniobra bellísima y perfecta lo depositó en la élite, y Mendes se encargó de amplificarlo, le consiguió sueldo de élite, pero en el césped no logró demostrar ser parte de ella. No tuvo la actitud, se fue apoltronando. Y la actitud es una de las condiciones esenciales. No tiene nada de malo, simplemente no es aplaudible. Se conformó con la fama y los ingresos. Está bien, es su elección.

Nunca un gol facturó tanto. Porque lo que todos compramos fue ese gol. Nadie hace semejante gesto técnico si no es muy bueno. Sin embargo, resultó como el escritor de una sola novela, que asombró al público y luego no volvió a sentarse ante la máquina de escribir.

Liverpool Echo, un medio seguramente vinculado a Mendes, hablaba de números excepcionales de James en Everton. Una irrealidad (por no decir otra cosa). La verdad es que con el paso de los años cada vez fueron menos partidos jugados, menos minutos, menos goles y asistencias, menos recorrido en campo y menos incidencia en el juego. Sólo algunos de sus centros fantásticos, algunas pelotas filtradas brillantes, chispazos y poco más.

La última: Falcao. Tiene el mismo representante que James. También pudo haberle dicho: “No seas malo, conseguime Catar a doce kilos por año”. Pero eligió el Rayo Vallecano, una opción más deportiva, volver a una liga de máxima resonancia como la española. Cada gol ahí vale por cinco en el mundo árabe. Y con toda seguridad ha resignado mucho dinero. El Rayo apenas llega a fin de mes. Pero se lo ve feliz al goleador. Y cada gol suyo lo festejamos como nuestro. Ojalá las lesiones no lo damnifiquen. Y ojalá James lea esta nota, se llene de rabia y nos quiera demostrar. Lo celebraremos también.

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Hasta las redes lo lloran

Jorge Barraza, periodista argentino

Por Jorge Barraza

/ 19 de septiembre de 2021 / 20:15

Sin conocerlo, nadie lo hubiera elegido para número 9. No daba, era rechoncho y no muy alto. Gordito, le decían. Pero sus piernas eran dos árboles. Su colocación, su velocidad mental y sobre todo sus cuádriceps de acero fueron determinantes para el fútbol alemán. Cuando él clavaba la zurda en el suelo para darle espacio al derechazo, contra esa estaca podía chocar un pueblo: no la movería un centímetro. Y con la diestra facturaba. ¡Sesenta y cuatro centímetros de cuádriceps le midieron los médicos…! Sólo con eso ya podía ser futbolista. Sin embargo, tenía mucho más… Un instinto casi animal para el gol, la fuerza y el carácter indomable de un jabalí. Así defendía la pelota. Luego giraba y pum, adentro…

“Lo pondría al nivel de Van Basten, aunque Müller desequilibra por ser campeón mundial”, nos escribió un amigo peruano desde Canadá. Error: Müller tal vez fuera menos elegante que el holandés, pero casi lo triplica en goles y lo aplasta en títulos. Van Basten fue un artillero excepcional, Müller además era feroz. Vivía pastando en el punto del penal hasta el momento de entrar en acción. Allí liberaba la fiera montañesa que llevaba dentro, anticipaba con impresionante decisión de cabeza o con el pie y definía con potencia y justeza. Poseía, como los muy grandes, un grado de concentración absoluto. Marcado por auténticos carceleros, a veces tocaba dos pelotas en todo un partido. No obstante, seguía al acecho, atento, esperando una bola. Y en esa definía el pleito. Todo ello a pesar de que, cuentan, padecía un problema crónico: sufría de insomnio; no dormía bien antes de los partidos.

Gerd Müller es, seguramente, el máximo romperredes de la historia del fútbol si computamos cantidad de goles, torneos donde fueron marcados, importancia de los mismos, títulos que posibilitaron y promedio por partido. Sólo un puñadito de próceres estaría en condición de discutirle el trono: hablamos de Pelé, Di Stéfano, Puskas, Eusebio, Romario, Messi, Cristiano Ronaldo. Y quién sabe…

Hace un mes falleció el verdadero Müller, los demás son copias. Es increíble, hay muertes de ídolos que impactan más que la de un tío o de alguien cercano. Me pasa con este señor al que nunca conocí. En muchos otros países hubiese recibido funerales de estado, en Alemania su partida no mereció ni una tapa de los grandes diarios nacionales. El popular Bild al menos le dedicó un recuadrito con una foto en portada y la leyenda “Gracias por todo, Gerd”. Y algún que otro periódico regional publicó su foto en la primera plana. Son menos pasionales. “Es realmente muy pobre el homenaje que le hizo la prensa alemana -nos dice Hernán Jorge, argentino y futbolero que lleva muchos en la patria de Goethe-. El Spiegel apenas le sacó un obituario de una columna, algo ínfimo. Yo entiendo que ya se dijo y se escribió todo sobre Gerd Müller, no pedía un suplemento especial, pero sí que saliera en la tapa de todos los diarios”.

En atletismo y en cuestión de goles es difícil contrariar los números. Pero, aunque otros marcaron un poquito más, Gerd Müller fue el más extraordinario hombre de área que este cronista haya visto. No malgastaba un segundo en hacer un amague o una finta, era simple, práctico y letal. Asolaba defensas. La media vuelta, el cabezazo y el remate punteado eran su marca. Resultaba imposible marcarlo. Si había que volar para conectar una pelota de aire, literalmente volaba. Y si había una remota posibilidad de llegar a la pelota un centímetro antes, era gol de Müller. No se acomodaba ni demoraba una milésima de segundo en patear al arco, lo tenía claro: pronto es más efectivo que lindo. “Hay que hacerlo rápido o ya no lo haces”, decía. Nadie reaccionaba con más presteza. Con zurda, con derecha, de puntín, desde el suelo, cayéndose, con perfil o desacomodado, si pescaba la pelota, ésta iba al arco. Y entraba, era más rápido que la reacción de los arqueros y los defensas. Recomendamos un video para apreciar su virtud: bit.ly/3CYmglt

Beckenbauer lo adoraba. Lo va a sufrir mucho. Siempre ha dicho: «La grandeza del Bayern no me la deben a mí, todos se la debemos a él, a sus goles». Y es cierto. Fue una máquina goleadora, marcó 735 tantos en 793 partidos, a un asombroso promedio de 0,93 por juego, exactamente el mismo que Pelé. «Aunque ya hace tiempo lo veíamos venir, la noticia me cae como un rayo. Era un tipo fino y mucho más sutil de lo que muchos piensan. Gerd y yo éramos como hermanos”, comentó el Kaiser al diario Bild. “Antes de los partidos, Gerd me pasaba a buscar para después irnos en el micro con el equipo. Si me retrasaba me decía ‘Apúrate que llegamos tarde’. Y yo le replicaba: ‘Gordito, sin nosotros el Bayern no va a ninguna parte’».

La revista Kicker publicó una larga entrevista a Rummenigge acerca del Bombardero de la Nación: Dice Karl-Heinz: “Cuando lo vi a Müller por primera vez, me salió tratarlo de usted, pero él me dijo ‘Chico, jugamos en el mismo equipo. Soy Gerd’». También él recordó las palabras de Beckenbauer: “Franz dice que si no fuera por Müller, el Bayern todavía estaría jugando en su viejo estadio de tablones”. Y agrega: «Nunca voy a olvidar su positivismo, su sonrisa, su sentido del humor y por supuesto sus grandiosos goles. El área era su lugar. Un paso adelante, uno para atrás, otra vez para adelante, otra vez para atrás, hasta encontrar los pocos centímetros que necesitaba para meterla en la red. Eso, además de las paredes que hacía con Beckenbauer».

Todos sus compañeros lo idolatraban, incluso por encima del gran capitán. Rainer Bonhof es contundente: «La importancia de Gerd es gigantesca. Él convirtió a Alemania en una potencia del fútbol mundial. En la final del ’74 le di el pase para que haga el gol del triunfo, y después le dije en broma: ‘Vos eras el único que podía hacer algo con esa pelota’. Típico gol de Gerd, de la nada». Günter Netzer, aquel gran centrocampista que brillara en el Real Madrid, lo mismo: «El mejor jugador alemán de todos los tiempos fue Beckenbauer, pero Gerd Müller fue el fenómeno más grande. A veces hacía cosas que ni él mismo entendía. Era puro instinto.»

A diferencia de todos los demás futbolistas del mundo, Gerd ganó todos los títulos posibles siendo el héroe en cada uno de ellos. Nunca “participó”, siempre “protagonizó”. Bayern Munich era, hasta 1964, un club de orden regional. Ese año ganó el ascenso a la Bundesliga gracias, en buena medida, a los 33 goles de un retacón jovencito de 19 años, de gesto siempre adusto, casi hosco: Gerd Müller.

A partir de allí marcó todos los goles que fueron necesarios para que el Bayern se transformara en el club más fuerte de Alemania, de Europa y del mundo durante años. En 15 temporadas en el club muniqués anotó 365 veces sólo en la Bundesliga (ganó cuatro). Siete años fue máximo artillero de Alemania (67-69-70-72-73-74-78). En seis temporadas registró más goles que partidos jugados. Siempre con cifras bonitas: 30, 33, 36, 38, 40.

Sumó 78 tantos en la Copa de Alemania (obtuvo también cuatro) y 66 en las Copas de Europa (tres veces seguidas logró lo que hoy es la Champions). Es el único artillero del mundo de selecciones que tiene más goles que partidos jugados: registra 68 gritos en 62 salidas al campo. Ni Pelé ni Di Stéfano ni Eusebio pueden mostrar estas credenciales.

Paul Breitner se emociona al evocarlo: «Para mí, Gerd Müller fue el más grande jugador de mi vida. El fútbol pierde a un goleador único, capaz de hacer desde la nada los goles decisivos. Gerd es el cimiento sobre el que está construido el Bayern de nuestro tiempo. Lo llevó al nivel de los clubes más grandes. Jugar con él fue lo máximo que me pasó como jugador”.

Y era cero marketing, cero prensa; nunca hablaba. Sólo abría la boca para gritar “Goooollll”.

(19/09/2021)

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