Wednesday 17 Aug 2022 | Actualizado a 19:13 PM

Todos los estilos son válidos, pero…

Jorge Barraza, columnista de La Razón

/ 10 de abril de 2022 / 21:04

Con todos los estilos se gana, con todos los jugadores no. Y todos los estilos son válidos dentro del reglamento. Sin trampas, un técnico puede alinear once defensas en torno a su arco si le parece adecuado para obtener un resultado. Debe respetarse. De ahí a vanagloriarse de esa táctica es otra canción. Viene a cuento del choque entre el Manchester City y el Atlético de Madrid, ganado finalmente por el conjunto inglés por 1 a 0.

Como todos sabemos, el City de Pep Guardiola domina y ataca los 90 minutos buscando el triunfo de ese modo, intentando conseguir el objetivo con la mayor cantidad de goles posible. Todos sabemos también del esquema ultradefensivo del Atlético, con el cual ha conseguido grandes resultados. Pero, a ver… desmenucemos.

El partido del martes era el duelo de dos formas completamente opuestas de ver el fútbol. Durante décadas se habló de líricos (los guardiolistas o menottistas) versus picapiedras (cholistas o bilardistas). También se los identificó —erróneamente— como pechos fríos a los primeros y aguerridos a los segundos. Cualquiera que se haya puesto un pantalón corto en su vida sabe que lo más valiente de este juego es tomar la bola y llevarla hacia adelante, encarar al adversario para superarlo. Y lo más difícil es crear juego, romper la barrera defensiva rival. A su vez, lo básico es meterse atrás, resistir, tirar la bola a cualquier parte. También es la antítesis del coraje. Cuando un equipo se sabe menos que su oponente o es muy superado por éste, se refugia en su área o pegado a ella. No obstante, si el aguante consigue el empate, o a veces el triunfo mediante un afortunado contraataque, se enarbola la teoría del coraje y la inteligencia.

Cuando se trata de un club chico, con chequera pobre y plantel modesto, se suele ser indulgente y decir, “bueno, son las armas que tiene, hay que disculparlo”. En cambio, en el caso del Atlético de Madrid no hay defensa posible. Es uno de los clubes con mayor inversión en jugadores. Sólo por João Félix pagó 138 millones de dólares. El valor total de su nómina es de 7,182 millones de dólares. El argumento de la humildad no le cabe. Es un club hipermillonario. Tiene elementos de igual o mejor calidad que el City. Practica un fútbol arratonado y avaro porque es de preferencia de su entrenador, no por su situación financiera. Y porque los hinchas le disculpan las formas en tanto los devolvió al primer plano después de décadas sombrías, en las que incluso descendió de categoría (año 2000). No es osadía atacar con cinco efectivos, osadía es pedir que te fichen a João Félix por 138 millones y después ponerlo a defender con el pelotón. ¿Cómo miras a la cara al dirigente al que le pediste a João Félix…?

Hemos celebrado los triunfos del Atlético de Simeone porque se trata de una institución histórica, que un día ingresó en un oscurísimo túnel de decadencia y se convirtió en perdedor. Y el Cholo lo exhumó de ultratumba, lo devolvió a los títulos, al primer plano europeo y, sobre todo, recuperó la alegría para su gente, que es, seguramente, la hinchada más encantadora de España por seguidora y alegre. Pero no adherimos a su fútbol, no es fácil entender cómo alguien neutral puede invertir dos horas de su vida para ver un partido ordinario del Atleti en liga. En Champions es diferente, los rivales ilustres dan sentido al partido.

Frente al City, Simeone dispuso un planteo extremo para aguantar el cero en su arco: dos líneas de cinco defensores (5-5-0), todos bien pegados en las inmediaciones de sus 18 yardas. Y no lo logró. Hubo una posesión de balón de 70% a 30 en favor del elenco inglés, el colchonero no remató al arco y no tuvo córners ni tiros libres a favor. Fue como echar llave, poner tres candados, trabas, alarmas, perros, alambre de púas y que te roben igual. Muchas veces este planteamiento le dio magníficas utilidades, esta vez se fue con las manos vacías. Ni en Italia gustó. Arrigo Sacchi fue cáustico: “Tienen un catenaccio de los años 60, una idea vieja: ¿qué fútbol es esto? No te da alegría ni cuando ganas. Triunfas sin merecerlo, solo con astucia. No me gusta y me extraña que los españoles, gente acostumbrada a la belleza del fútbol, lo acepten. Simeone tiene valores morales importantes, es un líder, debería hacer más, creer más en sí mismo».

Frente a tal grado de oposición, el local jugó con la grandeza que es marca registrada en los equipos de Guardiola: tener la bola, tocar de un lado a otro esperando el hueco por donde meterse y atacar sin pausa, contra los que fueran. Y tuvo la fortuna de poder ganarlo, por la mínima, pero al menos dejó sin premio la mezquindad adversaria. Sin embargo, no cabe lloriquear. El “se metieron todos atrás” no es más excusa hace años en el fútbol. Si el rival espera con los once, hay que tratar de romper el cerco. En tanto sea legal, cualquier táctica es admisible. Puede que no agrade, pero se debe aceptar. Cada quien elige la estrategia que mejor le calza. Pero desde el punto de vista del espectáculo es indefendible. Y para el hincha, ver que su equipo sale a jugar con esa actitud, defendiendo con diez y renunciando a cualquier posibilidad de triunfo, es indigerible.

En Inglaterra, el fútbol más vertical que existe, donde los hinchas celebran que su equipo vaya al frente aunque pierda, acusaron al Atleti de juego sucio. No es tal. Jugar sucio es pegar, hacer tiempo, ser mañero, buscarle pelea al contrincante. Y el Atleti no lo hizo. Simplemente, opuso una defensa exagerada. Incluso para aquellos males hay una herramienta: el reglamento. Sin embargo, ninguna de las 17 reglas prohíbe defenderse.

Lo que hay es, como dice Ángel Cappa, “una degeneración del gusto”. Cuando apareció el Estudiantes de Zubeldía en 1967, que además de tener excelentes jugadores defendía, pegaba, demoraba el juego y exponía todas las mañas imaginables, la opinión pública lo condenó. Hoy sería idolatrado. Millones de jóvenes, alentados por cierto periodismo tacticista y cientifizoide, aman ese fútbol rácano, pequeño y especulativo. Al que, además, definen como guerrero, batallador, lo identifican con la palabra huevos, cuando es todo al revés, poner diez a defender es justamente lo contrario, rehuir el combate, sentirse inferior.

Se da por supuesto que obtener un empate o una victoria colocando dos líneas de cinco a defender “es un planteo inteligente». Y, aunque pierda, sigue siendo inteligente para sus enarboladores. Y el que busca ganar atacando y dando espectáculo es un tonto que no sabe nada, que no entrena, que hace asados. Para cientos de millones “Guardiola no ganó nada” (desde luego es el técnico más exitoso y revolucionario). Lo que agrada es ese fútbol elemental y prehistórico de atrincherarse atrás. Se valora la falta de audacia e ingenio dándole los calificativos inversos: valentía y astucia. Ser especulador es sinónimo de triunfador. Está todo dado vuelta.

Defender solamente es apenas una fase del juego. Y va contra el espíritu con que se inventó este deporte, que es ir en busca del objetivo: el gol, el triunfo. Lo demás es válido y respetable en tanto sea limpio, pero no deja de ser una expresión menor, miedosa, rudimentaria y anacrónica.

La nueva primavera de Messi

Jorge Barraza, columnista de La Razón

Por Jorge Barraza

/ 14 de agosto de 2022 / 22:40

¿Messi once goles nada más…?” Sí, once. El sujeto habituado a marcar cincuenta, sesenta, setenta y hasta 91 goles por temporada cerró el curso 2021-2022 con ese modesto guarismo en el Paris Saint Germain. ¿Qué hubo…? ¿Es el fin del genio…? ¿Expiró a los 35 años…? Pasó que en ese lapso se le juntaron las siete plagas de Egipto y todas las calamidades sueltas que acechaban por ahí.

La Copa América terminó muy tarde, cuando ya los equipos europeos habían vuelto al trabajo, Leo salió de Brasil el 11 de julio, tomó su mes de vacaciones y regresó feliz a Barcelona a firmar su contrato de renovación ya acordado, pero recibió el célebre portazo: “No te puedes quedar aquí”, le espetaron. Y se vio fuera de todo. Un mazazo que jamás hubiese esperado, lo noqueó.

En medio de la congoja le apareció un salvavidas: el PSG. Cambió de ciudad, de vida. Arregló rápido y, sin hacer pretemporada, debutó tarde, en la cuarta fecha, sin conocer el medio ni al técnico ni a sus nuevos compañeros. Y con un planteo de Pochettino que nunca terminó de carburar.

Metidos como cuña, hizo cinco viajes a Sudamérica para disputar 12 juegos de Eliminatoria. En uno de ellos recibió el terrible planchazo del defensa venezolano Luis Martínez que le hundió la rodilla hacia adentro, con su posterior inactividad. Una vez recuperado llegó el receso de 10 días por las fiestas, un periplo más, a Rosario. Y allí, otra peste sorpresa: el COVID, que lo obligó a una cuarentena de 14 días. Nunca le había pasado en diecisiete años de carrera.

Fue una sombra de sí mismo: apenas esos 11 goles y 15 asistencias. Todo el combo le costó lo inimaginable: silbidos y algún abucheo de los ultras del Paris. Y que por primera vez no estuviese ni entre los 30 nominados al Balón de Oro. Pero no ha dejado de ser el mejor futbolista del mundo. Otros pueden tener un año mejor, ninguno su calidad.

Sin embargo, volvió a salir el sol en casa de los Messi. Acortó sus vacaciones, empezó una semana antes los entrenamientos y por fin pudo hacer una pretemporada fuerte. Llegó un nuevo conductor con fama de duro a imponer orden y disciplina: Christophe Galtier. Y quedó encandilado por él: “Cuando Leo sonríe, el equipo sonríe. Es amado y admirado por sus compañeros”, dijo Míster Látigo, que se ablanda totalmente al referirse a Lionel. “Cumple con todos los entrenamientos, se involucra, sonríe, habla con sus compañeros, es una inspiración para nuestros jugadores y agradezco cada momento que tengo para verlo en la cancha, para saludarlo todos los días porque él representa el ejemplo a seguir… Lo ha ganado todo, pero no está satisfecho, ni mucho menos», agregó. En efecto, se lo ve físicamente óptimo, alegre y con autoridad dentro del equipo.

Galtier parece haberle encontrado la posición en la que más jugo le sacará: por el centro, delante de la línea de volantes de corte y detrás de los dos atacantes (Neymar y Mbappé). Oficia de orquestador y pasador, pero llega de frente al arco y no está tan lejos del área. Ahora tiene mayor contacto con la bola y más posibilidades de toque. Está jugando de 10, de armador. Lleva 3 goles y 2 asistencias en los tres primeros cotejos oficiales, pero da para aventurar que tal vez alcance los treinta. A los veinte años era la bomba atómica, a los 35 perdió velocidad y potencia, algo biológicamente lógico, pero está cerebral como nunca y se puede hacer un festín poniéndoles bolas con ventaja a Neymar y Mbappé. O tocando con ambos. El sistema Galtier (3-4-1-2) lo respalda, le cubre bien las espaldas. Tres centrales atrás (Sergio Ramos-Marquinhos-Kimpembe), una línea de cuatro con dos laterales-volantes (Hakimi-Nuno Mendes) junto a dos medios de corte (Verratti-Vitinha), Messi delante para manejar el balón y dos puntas bien definidos (Neymar-Mbappé). Este esquema le permite a Leo desentenderse de tareas defensivas —para eso ya hay siete— y dedicarse a crear, a abastecer a los dos cracks de arriba e intentar arribar él al área para definir.

Galtier le cambió la cara al PSG en solo dos partidos. Se lo vio sólido defensivamente, con mayor presión, más fuerte de la cabeza, con dominio del juego. Levantó mucho Neymar, está recuperado en lo físico Sergio Ramos y parece una revelación el joven portugués Vitinha. Es una versión mejorada.

Leo fue la sensación en la gira por Japón por su juego, además, marcó dos goles en tres amistosos, uno al Kawasaki Frontale y otro al Gamba Osaka, anotó el primero ante el Nantes en la Supercopa de Francia siendo la figura y sumó otros dos frente al Clermont, en el arranque de la liga. Con los últimos tres contribuyó con 1.002 goles en clubes, 684 anotaciones propias y 318 asistencias. Y si le sumamos la Selección son 1.140, divididos en 772 conversiones y 368 pases concretados en gol. Todo en 976 partidos. Una auténtica animalada. Nadie lo hizo. Y sin ejercer de delantero puro hace años, sin haber sido jamás jugador de área. 

También dio vuelta a la exigente y peculiar hinchada parisina, siempre en su estilo, sin demagogias, en silencio y por lo que hace en la cancha. Tras los goles en Clermont la tribuna empezó con la sinfonía que atronaba en sus tiempos del Barça: “Meee-ssi, Meee-ssi…”

Joan Laporta, presidente del Barcelona, reconoció el deseo de reficharlo en 2023 para suturar la puñalada: “Espero y deseo que el capítulo de Messi en el Barça no haya terminado. Moralmente, estoy en deuda con él”. Messi no se manifiesta. Ya no tiene empatía con el titular azulgrana y se adaptó a París. Es muy difícil el retorno porque, además, el PSG quiere ofrecerle una extensión de contrato hasta mediados de 2024. La llegada de Leo a París representó un negocio fabuloso para el club franco-qatarí, que por primera alcanzó los 717 millones de dólares de facturación anual y empezó a codearse en ese rubro con los Madrid, Barça, Liverpool, los dos Manchester. Marc Armstrong, director del área comercial del PSG, reveló que el club creció un 40% en todos los rubros. Llegaron diez nuevos patrocinadores con contratos un 70% más altos que los que se hacían antes de Messi (AM). Sobrepasaron por primera vez el millón de camisetas vendidas, el 60% de ellas con el número 30 de la Pulga. Solo en las primeras tres horas de anunciarse el fichaje se recaudaron 956.000 dólares en la tienda oficial de Champs Elysées. “Lamentablemente, no puedes producir un montón de camisetas de más, no podemos satisfacer la demanda de camisetas de Messi, nadie puede hacerlo. Hemos tocado techo. Ya estamos vendiendo muchas camisetas, más quizá que cualquier otro equipo del mundo por un jugador”, señaló Armstrong.

Se registró un crecimiento excepcional en redes sociales, alcanzando por primera vez el PSG los 150 millones de seguidores en redes. Y las taquillas… “Ya no hay entradas en cada partido, con un récord de ingresos entre los clubes europeos por localidad, con ocho veces mayor el número de aficionados que se quedan sin entradas o VIP”, agrega.

Pero el verdadero negocio de tener a Leo está en el verde césped. Y este año promete grandes ganancias.

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Fútbol de ciencia ficción

Jorge Barraza, columnista de La Razón

Por Jorge Barraza

/ 7 de agosto de 2022 / 19:22

Dinámica total, velocidad, presión (presión hasta tocar al adversario para no darle un solo centímetro de libertad de movimientos), agresividad de marca y de juego, entradas fuertes, potencia física, ida y vuelta, ataque tras ataque, fuego graneado, prestación atlética al límite del esfuerzo.

Un fútbol de ciencia ficción que nos recordó a Rollerball (1975), aquella película con el recientemente fallecido James Caan en el protagónico. Rollerball constituía un deporte posmoderno, ficticio y violento, feroz, deshumanizado, con jugadores equipados con armaduras que se desplazan sobre patines e intentan meter una bola de acero en un pequeño agujero que es la portería contraria en medio de deliciosas villanías.

En ese menester chocan, se golpean durísimo y se muestran crueles. Caan, el inolvidable Sonny Corleone de El Padrino, encarnó perfecto el papel. Villanísimo

¡Uuuuffff… qué arranque de Premier…! El sábado muy temprano (7.30 hora boliviana), el ascendido Fulham recibía al Liverpool en su célebre guarida de Craven Cottage, al borde del Támesis, estrenada hace “apenas” 128 años, en 1896, o sea, recién. Y le dio una áspera bienvenida al campeón de la Copa Inglesa. Acostumbrado a atosigar a sus rivales, a acosarlos para quitarles la pelota primero y atacarlos después, el Liverpool de Klopp, la más acabada muestra del fútbol moderno, se vio avasallado de entrada por el Fulham, que lo hizo sentir verdaderamente incómodo, mal. ¡Qué Klopp ni Klopp…! El Fulham se plantó con una actitud intimidante en cada trabada, en cada choque. Y salió un partido frenético, ultrafísico, casi de ciencia ficción como en Rollerball. Y demás se jugó bien, se vieron cosas buenas, esto es lo notable: con tan alto grado de oposición, el futbolista actual igual se ingenia para crear, armar juego, dibujar combinaciones geométricas a un toque, fabricar situaciones de gol. Y goles.

Fue 2 a 2, pero hubo peligro suficiente como para 3-3, 4 a 3. Los dos pudieron ganarse, aunque siempre flotó la sensación de que el Fulham ladraba más alto. Sobre todo, cada vez que entraba en acción ese fantástico 9 que es el serbio Aleksandar Mitrovic, quien nunca suena en el mercado de pases, pero sería también estelar en cualquier otro equipo. Mitrovic logró el año pasado dos proezas memorables. En Championship (segunda división) marcó 43 goles en 44 partidos. El ascenso es casi suyo. Y en el último partido de la Eliminatoria hizo el histórico gol a Portugal en Lisboa. Con empatar, Portugal iba al Mundial. Serbia caía frente a los lusos, pero igualó y en el minuto 90 Mitrovic metió un cabezazo mortal para el 2-1 que le dio la clasificación directa a Qatar 2022.

Ayer le anotó dos al empinadísimo Liverpool, el primero, con un salto magnífico, cabeceando sobre la misma cabeza de Alexander Arnold, y la clavó arriba. El segundo, de penal, que Van Dijk le cometió a él mismo. Nadie lo duda, habrá estatua para Mitrovic en Craven Cottage en un futuro cercano.

Recién en el minuto 64 pudieron emparejar los Reds. Y fue por la entrada de Darwin Núñez, quien está llamado a ser un grande. El uruguayo entró a los 51’ y rápidamente mostró los dientes. Igualó con un taquito, pero además fue el que le revolvió los papeles al Fulham. Se hablará harto de él. Luego bajó la bola para el gol que cerró el telón, a cargo del egipcio Salah. Dato aparte: más allá de un bonito desborde con remate al palo, fue otra actuación no destacada de Luis Díaz, y está Darwin Núñez en el banco. ¡Ojo, Lucho…! Al colombiano le dieron hasta para vender; primero una entrada rigurosísima de Tete y luego otra de Kebano, con codo incluido. Rollerball puro.

El resultado, sin embargo, es anecdótico. Lo impresionante fue el nivel de intensidad total del partido, en especial del primer tiempo. En el segundo amainó la furia porque, desde luego, los actores son seres humanos. Estamos yendo cada vez más hacia ese fútbol enérgico, hiperdinámico. Y en esa dirección van todos los demás. Así es hoy. Liverpool tiene un plantel valuado en 885 millones de dólares, el del Fulham en 196. En la cancha no se notaron diferencias porque sigue habiendo tres aspectos que no están relacionados con el presupuesto: la actitud, la preparación y la táctica. Llevada a un plano de excelencia, esa trinidad puede igualar muchas otras virtudes adversarias. Podría agregarse una cuarta: la mística. Si un líder o un plantel logra crearla en su propio beneficio, todos rendirán el doble. En eso, el Fulham fue igual o mejor que el Liverpool.

Cuenta Claudio Vivas, técnico argentino, que cuando le mostró por primera vez a Marcelo Bielsa un video de un juvenil llamado Lionel Messi, por entonces de 17 años, Bielsa le dijo “ponga el video en velocidad normal”. Le pareció que era demasiado rápido. “Está en normal”, respondió Vivas. Si le mostramos este Fulham-Liverpool a un futbolista de los ’50, los ’60 o los ’70 posiblemente pida lo mismo que Bielsa: “desacelérelo”. Por eso es mucho más difícil sobresalir hoy. A cualquier crack del pasado le hubiese costado hacer lo mismo que Mitrovic. Por el altísimo nivel de obstáculo. Solamente la velocidad lo llevaría más frecuentemente al error. Sin contar la presión y la movilidad del rival.

Vemos mucho fútbol, varios partidos por semana, de Europa y Sudamérica. La tendencia va por ahí. El miércoles apreciamos Vélez 3 – Talleres 2, volcánico también. El fútbol argentino, achicado por la economía, vaciado de figuras que emigran a todas partes, sigue siendo de una intensidad atrapante. Son todos Fulham. Corren, luchan y traban sin parar, se mueven como enzimas y además intentan jugar. Y todos buscan ganar. Patronato golea a Boca 3 a 0 y River cae en el Monumental con 70.000 partidarios frente a Sarmiento. Todos se ganan. Palmeiras conquistó la última Libertadores perdiendo un solo juego: ante Defensa y Justicia, en San Pablo, 4 a 3. Con nada, buscan ganar. Es la mentalidad imperante.

El viernes asistimos por TV al sensacional inicio de la Bundesliga: Eintracht Frankfurt, flamante campeón de la Europa League, recibía en su Waldstadion abarrotado al Bayern Munich y el descomedido visitante le hizo seis. ¡Seis a uno…! El club de Müller y Beckenbauer ha tiranizado el fútbol alemán a base de excelencia y superioridad. El miércoles, el Frankfurt jugará la Supercopa Europea frente al Real Madrid y ya el Bayern le aplastó la ilusión. También allí observamos, además de goles y buen fútbol, un duelo electrizante, de notable movilidad. Los veintidós actores se movieron durante 96 minutos como el conejito de Duracell, sin pararse nunca, con llamativa vivacidad. Todos van a hacia eso, caso contrario no pueden competir.

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Liverpool-City, mejores enemigos

Jorge Barraza, columnista de La Razón

Por Jorge Barraza

/ 31 de julio de 2022 / 17:51

Se ha transformado en un clásico moderno, pelean cabeza a cabeza cada campeonato, tienen a los dos mejores entrenadores del mundo y lo demuestran en todos los duelos, intensísimos, espectaculares, sea la instancia que sea. Liverpool y Manchester City aceleran el pulso del fútbol.

El City le birló dos ligas a los Reds por apenas un punto, pero últimamente Klopp tiene a maltraer a Guardiola. Y este sábado volvió a ganarle 3 a 1 en otra final sin respiro, de ida y vuelta, con ambos volcados al ataque y generando situaciones de gol. Proponen un fútbol sincero Liverpool y City, frontal, limpio, a ver quién es mejor y no más guapo. No incurren en peleas ni fricciones. La pelota no se va nunca afuera, eso habla del nivel del juego. Que es muy equilibrado, prevalece el Liverpool últimamente por una cuestión de carácter, se nota en la presión, en cada corrida, salto o trabada. Se le advierte una pizca más de energía.

Europa arrancó formalmente el fin de semana la temporada 2022-2023 jugando las supercopas de tres países, nada menos que de Inglaterra, Alemania (Bayern 5 – Leipzig 3) y Francia (Nantes 0 – PSG 4). Trofeo a partido único donde rivalizan campeón de liga versus ganador de copa. Que en el caso del fútbol inglés se denomina Community Shield o, en su nombre comercial, Carabao Cup, por la bebida energizante tailandesa que patrocina el duelo. Y abrieron el fuego nada menos que los dos capos de la Premier League. Los debuts de Darwin Núñez en el Liverpool y de Erling Haaland y Julián Álvarez en el City duplicaban el interés de la cita. ¿Cuántos goles hará Haaland en un equipo tan ofensivo como el de Guardiola?, se preguntaban todos. ¿Y Julián Álvarez, el chico de River, podrá destacar en este nivel…? ¿Será tan bueno el uruguayo Núñez que lo han pagado 76,6 millones de dólares más 25 en variables…?

Empecemos por lo último: Núñez, que puede ser sensación en Qatar 2022, vale cada centavo que costó. Empezó en el banco, entró en el minuto 59 y mostró su terrible peligrosidad con tres cabezazos. En uno consiguió el penal (mano de Ruben Días) que Salah transformó en el 2 a 1 parcial. En otro anticipó a los defensas y el remate se le fue apenas desviado. Y en el tercero hizo el gol del 3-1 con gran definición. Jugó poco más de media hora, sacudió la red, ganó su primer título en Inglaterra y quedó como la luminaria de la tarde. Más, imposible. Con él, nadie se acordará del adiós de Mané, por magníficos que hayan sido los seis años del senegalés en la ciudad de Los Beatles. Núñez nos remite una vez más al milagro futbolístico uruguayo, un país de 3,4 millones de habitantes que procrea jugadores y técnicos en cantidad y calidad.

Julián Álvarez, también de estreno oficial, se mostró movedizo, como en River, muy enchufado en el juego colectivo. Marcó el empate parcial del equipo ciudadano. Un APROBADO con mayúsculas. Y, aunque parezca increíble, el fiasco fue Haaland. Sin gol, como perdido en el área, sin participar del toque que siempre propone el City. Apareció poco; le cayó una en el primer tiempo y, aunque encimado, definió al cuerpo del arquero Adrián. Y a los 97’ fue autor del blooper de la final: le quedó un rebote a tres metros de la línea, sin rivales a la vista, con Adrián caído, era soplarla y gol, le pegó mal, la bola le salió alta, pegó en el travesaño y se fue desviada. Por su vigor anímico, cabe creer en él, además es apenas un partido, pero quedó la sensación de que el juego de posesión y traslado del City lo ahoga contra la defensa rival, no le quedan espacios. Y un grandote como él los necesita.

El otro sudamericano, Luis Díaz, sumó su tercera corona en el escaso semestre que lleva en el Liverpool, aunque compuso su partido más intrascendente desde que arribó a Liverpool. Apático, sin desnivelar en el uno contra uno, que es su fuerte. No encaró nunca. Klopp lo sigue considerando titular, sin embargo, debe levantar.

Los detractores de Guardiola, alineados incondicionalmente con Klopp, felices. En el historial individual entre ambos, éste fue el encuentro número 25, con 10 triunfos para el de Stuttgart, 8 para el de Cataluña y 7 empates. Pero hay que recordar que, de las últimas cinco ediciones de la Premier League, Pep se quedó con cuatro y una sola fue para Klopp. Aunque en este lapso también el alemán puede ufanarse: levantó una Champions League y el catalán, ninguna. Son tan brillantes como parejos. Lo de Klopp es sencillamente fantástico: luego de una larga travesía en el desierto, el Liverpool encontró en él al redentor. Con este trofeo ya ganó los siete posibles para cualquier club inglés: Premier, Copa Inglesa, Copa de la Liga, Community, Champions League, Supercopa de Europa y Mundial de Clubes. En casi todos, el club de Anfield Road llevaba añares sin conseguirlos. En el caso de la Premier League, tres décadas exactas. Y le quedan cuatro años más de contrato a Jürgen. Habrá más vueltas olímpicas con él, seguro.

El Liverpool está bien, pasó la prueba inicial de la temporada con nota alta, su carácter, agresividad e intensidad siguen intactos. No sería extraño que vayan por otro delantero, pues se desprendió de tres: Mané, Minamino y Origi. Y sólo llegó Núñez. Le falta uno más por afuera, que pueda hacer las dos bandas. Pero con lo que tiene peleará otra vez todos los frentes.

El City es exactamente al revés de lo que piensan millones, que es un equipo de estrellas. Para nada. Estrella es Kevin De Bruyne, buenos-buenos son João Cancelo y Rodri, Haaland sigue siendo una promesa grande, los demás son buenos normales.

Hay mejor funcionamiento que intérpretes. Lo que le da competitividad es el sistema, la preparación de élite que garantiza Guardiola, no las individualidades. Seguimos pensando que Pep no es el mejor ojeador del mercado. Ya no lo era en el Barcelona. Haber pagado 119,4 millones de dólares por Grealish puede que, con el tiempo, sea considerado un disparate importante. Y haber dejado ir a Gabriel Jesús, otro. El brasileño se despachó el sábado con un triplete en el 6-0 del Arsenal al Sevilla. Partido amistoso, vale aclararlo, aunque ahora hasta los amistosos se juegan a fondo. No sería descabellado que Guardiola salga de compras y contrate a alguien más. Alguien con desequilibrio individual en tres cuartos de cancha. Con esta dotación le da para aspirar a la Premier, para lo internacional deja dudas.

Una vez más, el VAR estuvo fantástico. El juez Craig Pawson no había dado penal al Liverpool tras una mano clamorosa del portugués Días. La cabina lo corrigió oportunamente. Y había anulado el gol de Julián Álvarez por offside, la tecnología demostró que estaba habilitado. Bien utilizada, con criterio y decencia, es la mejor herramienta que se aplicó al fútbol en un siglo.

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¿Quién les gana a los clubes brasileños…?

Jorge Barraza, columnista de La Razón

Por Jorge Barraza

/ 17 de julio de 2022 / 20:08

Cuartos de final de la Copa Libertadores. Quedó conformado el cuadro: cinco clubes brasileños, tres argentinos. Afuera Boca y River, afuera uruguayos, colombianos, paraguayos, chilenos, ecuatorianos… El año anterior, el fútbol de Brasil había logrado el récord de clasificar cinco representantes en cuartos, esta vez estuvo cerca de colocar seis, finalmente Fortaleza cayó frente a Estudiantes. ¿Otra vez el campeón será brasileño como en los últimos tres años…? Desde el comienzo del nuevo milenio van 22 ediciones de Libertadores con este reparto: 10 conquistó Brasil (el 45,45%), 8 Argentina (36,36%), 2 Colombia (9%) y una cada uno Paraguay (4,5%) y Ecuador (4,5%). Los otros, ni las migas.

En la Copa Sudamericana “apenas” aparecen cuatro brasileños entre los ocho finalistas. En esta competición los hijos de Pelé no eran dominadores, no está claro si porque no podían o porque no les interesaba. Ahora también la dominan y comenzaron a dar vueltas olímpicas. El fútbol argentino sigue estando arriba en el historial de ambos torneos (25 a 21 en Libertadores), la pregunta es ¿hasta cuándo…?

La supremacía de los pentacampeones del mundo se viene acentuando año a año y el resto del continente mira como asustado: ¿Cuándo parará esto…? ¿Tendremos chance de ganar una Copa en un tiempo cercano…? Palmeiras viene de ser bicampeón y se aproxima a otra corona, en ocho presentaciones logró ocho victorias con 33 goles a favor y 3 en contra. Hasta la palabra impresionante queda chica. Flamengo le hace siete goles al Tolima, considerado el mejor equipo colombiano del último lustro. En Sudamericana, el modesto Ceará ganó los 8 encuentros disputados, con 22 goles a favor y 2 en contra. Y entre esas victorias están dos sobre el Rey de Copas, Independiente.

Si los conjuntos brasileños vuelven a coronarse en ambos certámenes, el año próximo tendrán otra vez 9 cupos en Libertadores y nuevamente será muy difícil batirlos. Porque al poderío debe sumársele el número. Uno puede caer, dos, tres, nueve ya parece imposible. Debe recordarse siempre que, mientras en otras naciones hay dos o tres cuadros grandes (Peñarol y Nacional, Olimpia y Cerro, Colo Colo, Universidad de Chile y Católica), en Brasil son doce los históricos: Flamengo, Fluminense, Vasco y Botafogo por Río, Corinthians, Palmeiras, São Paulo y Santos entre los paulistas, Gremio e Inter en Porto Alegre, Cruzeiro y Atlético en Belo Horizonte. Y siempre están los emergentes, los Athletico Paranaense, los Ceará, los Bahía…  Los clubes brasileños durmieron durante décadas en el campo internacional y dejaron hacer a los otros, ahora se muestran voraces por las copas.

¿Cuál es la razón de tal superioridad…? Primero: nunca olvidar lo futbolístico, hablamos del país número uno del mundo en fútbol a través de la historia. Tuvo, tiene y tendrá siempre calidad y cantidad de jugadores (acaso no ha generado entrenadores de tanta clase como los futbolistas). Luego hay una fuerte razón económica: los presupuestos que se manejan en la patria de Jorge Amado son infinitamente superiores a los de sus vecinos. “La Copa do Brasil, segundo torneo más importante del país, reporta 14 millones de dólares al campeón”, informa Jorge Luiz Rodrigues, jornalista carioca que ha cubierto varios Mundiales. Y añade: “A su vez, el Campeonato Brasilero de Serie A reparte muchísimo dinero. Los derechos de televisivos se venden por tres vías: TV abierta, que los tiene Globo; por cable, que son de SporTV, y el sistema de pagar para ver, cuyo contrato es con Premiere. Por los tres conceptos, Flamengo y Corinthians, los dos más populares, reciben unos 200 millones de reales por cada edición, casi 40 millones de dólares”.

Luego están las regalías internacionales por los países del exterior que reciben los partidos del Brasileirão. Y, por último, los estaduales. “El Paulista es el más fuerte, luego el Carioca. TV Record detenta los derechos por sistema abierto y también se pasan los juegos por Youtube, Facebook, Twitter e Instagram. Antes de entrar Record, la Globo pagaba casi 25 millones de dólares por todo el torneo Paulista. En los demás estaduales, menos”.

Y aunque Jorge Luiz no lo mencione, están los ingresos por las copas de Conmebol. Palmeiras percibió 28.550.000 dólares por obtener la Libertadores 2021. Y a esos conceptos deben agregarse los patrocinios. Crefisa, entidad financiera, paga alrededor de 20 millones de dólares a Palmeiras por poner su nombre en la camiseta. Y, además, el mercadeo, las cuotas societarias, las taquillas…

“Flamengo y Palmeiras tienen muchos socios cotizantes, no tanto como Boca (N. del A.: el club argentino pasó los 300.000), pero ambos superan los 130.000 -informa Jorge Luiz-. Y las recaudaciones son otro factor importante de recursos. Flamengo registra un promedio de asistencia de 50.000 espectadores, muy alto. Con Corinthians pasa igual”. El viernes justamente, Globoesporte publicó un artículo de Guilherme Maniaudet y Leandro Silva en el que dicen: “Corinthians es el de mayor billetería hasta ahora en 2022. En sus primeros veinte partidos como local embolsó más de 48 millones de reales (US$ 9,2 millones)”.

“Pero hay otro elemento de peso en este auge del fútbol brasileño: el trabajo en las divisiones formativas. Es muy bueno -cuenta Rodrigues-. En la reciente Copa São Paulo de Fútbol Junior, categoría Sub-20, Palmeiras fue campeón mostrando algunos juveniles fantásticos, como Endrick”. Endrick, de 15 años, ya tiene una lista de pretendientes europeos, entre ellos -el principal-, el Real Madrid.

Para ejemplificar: Boca ganó en diciembre la Copa Argentina 2021 y recibió, por esa instancia, un cheque de 7,5 millones de pesos, unos 37.878 dólares al cambio del día. Atlético Mineiro, vencedor de la Copa do Brasil 2021, obtuvo 11 millones de dólares (en total por las cinco instancias). Independiente Petrolero ganó el campeonato boliviano 2021 con un presupuesto de 970.000 dólares para toda la temporada. Las diferencias son abismales. Una estimación refleja que Palmeiras rebasó largamente los cien millones de dólares de ingresos el año anterior. Semejante volumen de dinero les permite fichar o mantener los mejores futbolistas del continente, lo que se traduce en un dominio casi insultante en el campo internacional. Y sumado a los otros factores antedichos hacen un combo casi imposible de superar. Los únicos que han logrado salirles al cruce y arrebatarles algunos laureles, con ingenio, garra y no poca capacidad, han sido los equipos argentinos. Boca mereció mucha mejor suerte ante Corinthians. Fuera de ellos, valga remarcarlo, Emelec compitió muy dignamente ante Atlético Mineiro.

No hay ningún indicio de que esta radiografía se vea diferente en un futuro cercano.

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Cristiano se ofrece a toda Europa

Jorge Barraza, columnista de La Razón

Por Jorge Barraza

/ 10 de julio de 2022 / 20:25

Cristiano Ronaldo fue presentado oficialmente por el Manchester United el 31 de agosto del año pasado. Era el regreso de quien se transformara en estrella mundial con la camiseta de los Diablos Rojos. Aunque ya no era el muchacho triunfador que se fue a los 24, igual los hinchas se mostraron felices de recuperarlo después de 12 años. Y él, siempre tan pertinente desde lo comunicacional, emitió declaraciones políticamente impecables:

«Todos los que me conocen saben mi infinito amor por el Manchester United. Los años que pasé en este club fueron absolutamente increíbles y el camino que recorrimos juntos está escrito con letras de oro en la historia de esta gran e increíble institución», señaló en las redes oficiales del club. Y agregó: «No puedo ni siquiera empezar a explicar mis sentimientos ahora que veo mi regreso a Old Trafford anunciado en todo el mundo. Es como un sueño hecho realidad; después de todas las veces que he vuelto a jugar contra el Manchester United siempre he sentido mucho cariño y respeto por parte de los aficionados en las gradas». Amor de los buenos…

El United venía de conseguir el subcampeonato detrás del City y por encima del Liverpool y el Chelsea. Se esperaba, con su aporte, dar el gran salto en la Champions, y volver al título en la Premier. Sobre todo, porque al ya costoso plantel existente se le sumaron Jadón Sancho, un pase de 86 millones de dólares, y Raphael Varane, de 40,7 $us. O sea, ellos tres más De Gea, Maguire, Pogba, Bruno Fernandes, Mc Tomminay, Rashford… El resultado fue lamentable: eliminado rápidamente en la Champions, en la Copa Inglesa, en la Copa de la Liga y, en sexto lugar en la Premier, a 35 puntos del campeón, que para más sal volvió a ser el Manchester City, su odiado rival ciudadano. Sexto duplicando las derrotas del año anterior. Y quedando fuera de la próxima Liga de Campeones de Europa.

El efecto Ronaldo no funcionó, como no terminó de funcionar en sus tres años anteriores en Juventus. El de Madeira marcó la cifra más baja de goles de sus últimas 15 temporadas: 24. Pero, más allá de eso, no hizo mejor al equipo. No contribuyó a alcanzar ningún objetivo. Su altísimo ego chocó con el técnico alemán Ralf Rangnick y el nuevo, el holandés Erik Ten Hag, no lo tiene en sus planes. Este sería el gran motivo por el que busca irse a toda costa: evitar ser suplente. El United salió en gira por Tailandia, Australia y Noruega, y CR7 no se presentó aduciendo “problemas familiares”.

Pese a que su contrato es por dos años con opción a uno más, Cristiano ya manifestó a su agente que quiere irse en este mismo mercado de pases. Diez meses después de aquel idílico retorno. No desea seguir en un equipo que disputará la poco mediática Europa League. Y le ha dado la orden a su todopoderoso empresario Jorge Mendes que le consiga de nuevo club. Mendes ya salió con la valija y lo ha ofrecido al Bayern Munich, al Chelsea, al Napoli, a la Roma, al Barcelona y ahora al Atlético de Madrid. Pero nadie pica. Y él pretende seguir cobrando 30,5 millones de dólares limpios por año. El único parcialmente interesado es el Chelsea, y tiene explicación: el ultramillonario Todd Bohely, nuevo propietario de Stamford Bridge (compró el club al deportado Roman Abramovich) quiere a Cristiano como golpe publicitario y comercial, pero el técnico Thomas Tuchel mira lo futbolístico y se opone.

Los entrenadores piensan en el conjunto, quieren once al servicio del equipo y saben que con Ronaldo son 10+1, él es una isla. Va donde vaya para engrosar sus números personales y quedar en la historia. Si de paso le sirven al equipo, bien. Un caso parecido al de Ibrahimovic, de quien Arrigo Sacchi dejó una frase antológica: “Si el fútbol fuera un deporte individual, como el tenis, Zlatan sería el mejor del mundo, pero es colectivo”.

Lo comentó Giorgio Chiellini, su compañero en la Juventus: “Cristiano necesita un equipo que juegue para él”. Y el exfutbolista del Madrid y la Roma, Antonio Cassano, convertido en irreverente comentarista, fue más duro: “Sólo piensa en sus goles y récords”.

Que haya bajado de 50 goles promedio a 24 no es criticable. Se debe en buena medida a la edad. Un tópico es lucir un óptimo estado físico y otro es conservar los reflejos. Esto no hay gimnasio ni abdominales que puedan mantenerlo como a los veinte años. Y el portugués ya está encaminado a los 38. Incluso 24 anotaciones son una cifra muy respetable dada su veteranía. Lo que no tiene es juego, asociación, combinaciones, desborde, pases gol. Pero tampoco esto sería cuestionable. Quien lo contrata debe saberlo y tenerlo claro.

Lo poco elegante es salir a tocar timbre en todos los clubes importantes de Europa teniendo contrato vigente en el United, club que le abrió las puertas de Inglaterra a los 18 años y lo lanzó a la cúspide, y que volvió a recibirlo cuando salió huido el año anterior de la Juventus. El club de los Agnelli había apostado fuerte por él, pagando 119 millones de dólares al Madrid (cifras de Transfermarkt, la página número uno del fútbol en cuestiones de mercado). Pero dijo “me voy” un martes y se subió a un avión el miércoles. Juventus recuperó apenas 15 millones, que le pagó el Manchester. Y no alcanzó tampoco el objetivo buscado: ganar la Champions con él. Al revés, había alcanzado la final europea en 2017 y en las tres temporadas con Ronaldo fueron eliminados una vez en cuartos de final y dos en octavos. Y perdieron el Scudetto después de haberlo conquistado nueve años consecutivos. Dejó un regusto ácido en Turín y las opiniones de los medios tras su adiós fueron cáusticas: «Ronaldo no logró la hazaña para la que había sido contratado, la conquista de la Champions». «Nunca lo hemos escuchado hablar como un jugador de la Juventus convencido». «Nunca se expuso en favor de la Juve». «El equipo de Ronaldo es Ronaldo y eso también se aplica al Manchester United». “Nunca llegó a estar implicado al 100%”. «Ronaldo fue un solista, jamás estuvo integrado en el vestuario».

En España, pese a la maquinaria de prensa madridista que siempre lo defendió a cuchillo, ya han comenzado a esbozarse críticas a la actitud del divo. “Se adivinaba su decadencia y un jugador así, tan singular, tan imposible de encajar en cualquier sistema que no consista en todos para él, compensa cuando marca incesantemente. Cuando sus cifras se reducen a las de un simple buen goleador aparecen los problemas”; escribió Alfredo Relaño, presidente de honor del diario As. Y profundizó: “Ahora se quiere ir del United porque no se ha clasificado para la Champions. Me parece un planteamiento egoísta. Podría pensar que el año anterior, sin él, el United sí se clasificó”.

 Carlos González, de Marca, fue respetuoso pero punzante: “Cristiano Ronaldo tira por la borda su grandeza en el césped”, tituló. Y desgranó: “Estos últimos años los está gestionando mal y saliendo de una manera que no debería de los equipos por los que pasa, clubes legendarios, que también le han dado todo. Ya se equivocó en su manera de marcharse del Real Madrid. Una leyenda como él no puede decir que se quiere ir del club segundos después de ganar una Champions, como hizo el portugués tras la final de Kiev”.

Cristiano dispara un debate: ¿qué es mejor, ser un gran futbolista o un gran deportista…?

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