Sunday 14 Aug 2022 | Actualizado a 17:09 PM

La opinión del señor Mbappé

Jorge Barraza, columnista de La Razón

/ 12 de junio de 2022 / 20:21

Dijo Mbappé: «Argentina y Brasil no juegan partidos de mucho nivel para llegar al Mundial. El fútbol no está tan avanzado como en Europa». Y despertó el indio que llevamos dentro los sudamericanos. César Luis Menotti, cabreado, le respondió: “Que Mbappé venga a jugar a Chacarita. Que vaya a San Martín (N. del A.: donde está la cancha de Chaca, equipo de la segunda categoría argentina con fama de bravo). Nosotros hemos invadido los grandes tesoros del fútbol de Europa”. Y dio en un clavo: a fines de los años ’30, escapando del franquismo, una generación dorada de futbolistas vascos salió de España y formó la Selección Vasca que realizó una recordada gira por América. Varios se radicaron en México y otros en la Argentina. Quizás sus dos mejores intérpretes recalaron en San Lorenzo de Almagro y fueron ídolos: Ángel Zubieta, defensa de clase y capitán azulgrana por doce años, e Isidro Lángara, fantástico goleador que arribó a Buenos Aires un domingo por la mañana. Es un caso célebre: bajó del barco, lo llevaron a un hotel y de allí al estadio del Ciclón, que esa tarde jugaba contra River. Le preguntaron si se animaba a jugar y dijo que estaba presto. El suyo fue el debut más estruendoso de que se tenga noticia: San Lorenzo pisó a River: 4 a 0 con cuatro goles de Lángara. Lo sacaron en andas.

Pero fuera de esos dos casos, no se recuerdan otros talentos europeos que hayan hecho historia en el fútbol sudamericano. Podría agregarse a Sekularac, crack yugoslavo que causó sensación en Colombia a fines de los ’60. No obstante, apenas un puñadito de ellos jugó aquí. Sin embargo, miles de cracks de nuestro continente invadieron Europa desde 1910, cuando arribaron los primeros argentinos a Italia y, desde entonces, son la fruta más codiciada de los clubes del Viejo Continente. En 1934, Italia ganó su primer título mundial con el aporte de cuatro argentinos (Orsi, Monti, Guaita y Demaría) y un brasileño (Guarisi). Ni falta hace enumerar lo que representaron en aquello lares Di Stéfano, Sívori, Kempes, Maradona, Batistuta, Messi, Schiaffino, Forlan, Suárez, Cavani, Falcao, Ronaldo, Ronaldinho, Romario, Rivaldo, Neymar y centenares más.

Ellos nos enseñaron las reglas hace ciento cincuenta años, nosotros les mostramos cómo era la técnica a partir de 1924, cuando Uruguay se coronó campeón olímpico deslumbrando al público parisino. Seguramente, Mbappé no hizo su declaración con mala fe, aunque es necesario remarcar que demerita por desconocimiento. Los cuatro ases del olimpo son de acá: Di Stéfano, Pelé, Maradona y Messi.

Por lejanía, el atacante francés tal vez no sabe lo que es una Eliminatoria Sudamericana, jugar en la altura de La Paz, en el húmedo sopor de Barranquilla, ignora lo que es ser visitante en La Bombonera, enfrentar el biotipo físico ecuatoriano en Quito, tener que vérselas seguido contra Brasil en Río o San Pablo, toparse con los uruguayos…

Para ilustrarlo a Kylian: Argentina y Brasil se midieron 110 veces desde 1914. Francia apenas tuvo enfrente 16 veces a la Verdeamarilla. ¿dónde está lo fácil…? Francia pierde en los historiales con Brasil y con Argentina. O sea, está debajo de quienes considera inferiores. Sin contar con que Francia es una neopotencia. Hasta la aparición de Platini y hasta que decidió convertirse en multicultural y nacionalizar extranjeros, la selección francesa no protagonizaba, hacía número nomás. Era una Bélgica, una Hungría.

Un buen ejemplo es el de Cristiano Ronaldo y Messi. Cristiano marcó 117 goles a nivel de selecciones, Leo 86, aunque con 26 partidos menos. Pero, ¿cuántos goles tendría Messi si defendiera a una selección europea…? La UEFA tiene 55 miembros, siete de ellos poseen selecciones poderosas, como Alemania, Italia, España, Francia, Inglaterra, Holanda, Portugal. Luego viene un segundo estrato de considerable fortaleza: Bélgica, Dinamarca, Croacia, Suecia, Serbia, Suiza, Polonia, Escocia, Rusia, República Checa, Austria, Hungría. En un tercer lote ubicaríamos a Noruega, Rumania, Grecia, Ucrania, las Irlandas, Turquía, Islandia, Eslovenia, Macedonia del Norte. Y detrás se apelotona una veintena a las que podríamos definir como simpáticas o entusiastas, caso Gibraltar, San Marino, Chipre, Malta, Luxemburgo, Lichtenstein, Islas Feroe, Andorra, Albania, Montenegro, Kosovo, Estonia, Armenia, Azerbaiyán, Letonia, Lituania, Moldavia, Kazajistán, Georgia, Bielorrusia.

Si Messi le hace cinco goles a Venezuela, “no jugó contra nadie”, si Cristiano Ronaldo le marca cinco a Chipre, “es un animal competitivo”. La diferencia es la óptica, la fuerza política y mediática, el prisma eurocentrista. Además, Cristiano tiene a disposición decenas de enfrentamientos contra esos rivales del cuarto escalón. Porque además en Europa hay más partidos: Eurocopa, clasificatorias de Eurocopa, Mundiales, clasificatorias de Mundiales, Liga de Naciones. Y la UEFA arma las Eliminatorias de modo tal que faciliten la clasificación de los grandes. Un ejemplo: en el reciente Premundial, a Inglaterra le tocó con Polonia, Albania, Hungría, Andorra y San Marino. El primero va directo al Mundial, más sencillo, imposible. En ese grupo, a diez partidos, Messi podría anotar veinte goles, sin despeinarse. Frente a esos adversarios, Argentina y Brasil posiblemente ganarían los diez juegos y marcarían 40 ó 50 goles.

Hay, sí, una realidad, las cosas han cambiado radicalmente en los últimos veinte años. Hasta 2002, en los duelos directos entre europeos y sudamericanos por Mundiales, América del Sur ganaba 16 a 9. Alemania 2006 fue una bisagra; desde allí en adelante se impone Europa 15 a 4. También ha bajado la cantidad de estrellas que se exportan desde aquí hacia allá. Y los títulos, que desde ese 2006 han ido a parar a manos de la UEFA. Pero eso puede cambiar en Catar 2020. Brasil y Argentina, incluso Uruguay, mejoraron y lucen fuertes, podrían dar el zarpazo de nuevo. Tienen tradición, buenos planteles, entrenadores actualizados y capaces, sus asociaciones están organizadas y casi todas sus figuras son triunfadoras en los mejores clubes de Europa. El delantero del PSG ubicó a las dos mayores potencias sudamericanas por debajo de las europeas, sin embargo, no hay ningún ítem en el cual pueda aseverarse que Francia, Alemania, España, Portugal, Inglaterra u Holanda estén por encima de nuestros colosos del Atlántico. Si ganan aquellos es porque tuvieron una mejor tarde, un día más inspirado, no porque deban considerarse superiores.

Mbappé hizo su particular evaluación el 24 de mayo, siete días después se midieron en Londres los campeones de Europa y Sudamérica: Argentina venció 3 a 0 con un baile memorable. Sobre todo, con una calidad que debe haber deslumbrado al propio Mbappé. Inmediatamente después, por la Liga de Naciones, Italia empató con Alemania 1-1 y venció 2-1 a Hungría, que venía de derrotar a Inglaterra 1 a 0.

Mbappé tiene 23 años, vio poco fútbol y juega mejor de lo que opina.

Fútbol de ciencia ficción

Jorge Barraza, columnista de La Razón

Por Jorge Barraza

/ 7 de agosto de 2022 / 19:22

Dinámica total, velocidad, presión (presión hasta tocar al adversario para no darle un solo centímetro de libertad de movimientos), agresividad de marca y de juego, entradas fuertes, potencia física, ida y vuelta, ataque tras ataque, fuego graneado, prestación atlética al límite del esfuerzo.

Un fútbol de ciencia ficción que nos recordó a Rollerball (1975), aquella película con el recientemente fallecido James Caan en el protagónico. Rollerball constituía un deporte posmoderno, ficticio y violento, feroz, deshumanizado, con jugadores equipados con armaduras que se desplazan sobre patines e intentan meter una bola de acero en un pequeño agujero que es la portería contraria en medio de deliciosas villanías.

En ese menester chocan, se golpean durísimo y se muestran crueles. Caan, el inolvidable Sonny Corleone de El Padrino, encarnó perfecto el papel. Villanísimo

¡Uuuuffff… qué arranque de Premier…! El sábado muy temprano (7.30 hora boliviana), el ascendido Fulham recibía al Liverpool en su célebre guarida de Craven Cottage, al borde del Támesis, estrenada hace “apenas” 128 años, en 1896, o sea, recién. Y le dio una áspera bienvenida al campeón de la Copa Inglesa. Acostumbrado a atosigar a sus rivales, a acosarlos para quitarles la pelota primero y atacarlos después, el Liverpool de Klopp, la más acabada muestra del fútbol moderno, se vio avasallado de entrada por el Fulham, que lo hizo sentir verdaderamente incómodo, mal. ¡Qué Klopp ni Klopp…! El Fulham se plantó con una actitud intimidante en cada trabada, en cada choque. Y salió un partido frenético, ultrafísico, casi de ciencia ficción como en Rollerball. Y demás se jugó bien, se vieron cosas buenas, esto es lo notable: con tan alto grado de oposición, el futbolista actual igual se ingenia para crear, armar juego, dibujar combinaciones geométricas a un toque, fabricar situaciones de gol. Y goles.

Fue 2 a 2, pero hubo peligro suficiente como para 3-3, 4 a 3. Los dos pudieron ganarse, aunque siempre flotó la sensación de que el Fulham ladraba más alto. Sobre todo, cada vez que entraba en acción ese fantástico 9 que es el serbio Aleksandar Mitrovic, quien nunca suena en el mercado de pases, pero sería también estelar en cualquier otro equipo. Mitrovic logró el año pasado dos proezas memorables. En Championship (segunda división) marcó 43 goles en 44 partidos. El ascenso es casi suyo. Y en el último partido de la Eliminatoria hizo el histórico gol a Portugal en Lisboa. Con empatar, Portugal iba al Mundial. Serbia caía frente a los lusos, pero igualó y en el minuto 90 Mitrovic metió un cabezazo mortal para el 2-1 que le dio la clasificación directa a Qatar 2022.

Ayer le anotó dos al empinadísimo Liverpool, el primero, con un salto magnífico, cabeceando sobre la misma cabeza de Alexander Arnold, y la clavó arriba. El segundo, de penal, que Van Dijk le cometió a él mismo. Nadie lo duda, habrá estatua para Mitrovic en Craven Cottage en un futuro cercano.

Recién en el minuto 64 pudieron emparejar los Reds. Y fue por la entrada de Darwin Núñez, quien está llamado a ser un grande. El uruguayo entró a los 51’ y rápidamente mostró los dientes. Igualó con un taquito, pero además fue el que le revolvió los papeles al Fulham. Se hablará harto de él. Luego bajó la bola para el gol que cerró el telón, a cargo del egipcio Salah. Dato aparte: más allá de un bonito desborde con remate al palo, fue otra actuación no destacada de Luis Díaz, y está Darwin Núñez en el banco. ¡Ojo, Lucho…! Al colombiano le dieron hasta para vender; primero una entrada rigurosísima de Tete y luego otra de Kebano, con codo incluido. Rollerball puro.

El resultado, sin embargo, es anecdótico. Lo impresionante fue el nivel de intensidad total del partido, en especial del primer tiempo. En el segundo amainó la furia porque, desde luego, los actores son seres humanos. Estamos yendo cada vez más hacia ese fútbol enérgico, hiperdinámico. Y en esa dirección van todos los demás. Así es hoy. Liverpool tiene un plantel valuado en 885 millones de dólares, el del Fulham en 196. En la cancha no se notaron diferencias porque sigue habiendo tres aspectos que no están relacionados con el presupuesto: la actitud, la preparación y la táctica. Llevada a un plano de excelencia, esa trinidad puede igualar muchas otras virtudes adversarias. Podría agregarse una cuarta: la mística. Si un líder o un plantel logra crearla en su propio beneficio, todos rendirán el doble. En eso, el Fulham fue igual o mejor que el Liverpool.

Cuenta Claudio Vivas, técnico argentino, que cuando le mostró por primera vez a Marcelo Bielsa un video de un juvenil llamado Lionel Messi, por entonces de 17 años, Bielsa le dijo “ponga el video en velocidad normal”. Le pareció que era demasiado rápido. “Está en normal”, respondió Vivas. Si le mostramos este Fulham-Liverpool a un futbolista de los ’50, los ’60 o los ’70 posiblemente pida lo mismo que Bielsa: “desacelérelo”. Por eso es mucho más difícil sobresalir hoy. A cualquier crack del pasado le hubiese costado hacer lo mismo que Mitrovic. Por el altísimo nivel de obstáculo. Solamente la velocidad lo llevaría más frecuentemente al error. Sin contar la presión y la movilidad del rival.

Vemos mucho fútbol, varios partidos por semana, de Europa y Sudamérica. La tendencia va por ahí. El miércoles apreciamos Vélez 3 – Talleres 2, volcánico también. El fútbol argentino, achicado por la economía, vaciado de figuras que emigran a todas partes, sigue siendo de una intensidad atrapante. Son todos Fulham. Corren, luchan y traban sin parar, se mueven como enzimas y además intentan jugar. Y todos buscan ganar. Patronato golea a Boca 3 a 0 y River cae en el Monumental con 70.000 partidarios frente a Sarmiento. Todos se ganan. Palmeiras conquistó la última Libertadores perdiendo un solo juego: ante Defensa y Justicia, en San Pablo, 4 a 3. Con nada, buscan ganar. Es la mentalidad imperante.

El viernes asistimos por TV al sensacional inicio de la Bundesliga: Eintracht Frankfurt, flamante campeón de la Europa League, recibía en su Waldstadion abarrotado al Bayern Munich y el descomedido visitante le hizo seis. ¡Seis a uno…! El club de Müller y Beckenbauer ha tiranizado el fútbol alemán a base de excelencia y superioridad. El miércoles, el Frankfurt jugará la Supercopa Europea frente al Real Madrid y ya el Bayern le aplastó la ilusión. También allí observamos, además de goles y buen fútbol, un duelo electrizante, de notable movilidad. Los veintidós actores se movieron durante 96 minutos como el conejito de Duracell, sin pararse nunca, con llamativa vivacidad. Todos van a hacia eso, caso contrario no pueden competir.

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Liverpool-City, mejores enemigos

Jorge Barraza, columnista de La Razón

Por Jorge Barraza

/ 31 de julio de 2022 / 17:51

Se ha transformado en un clásico moderno, pelean cabeza a cabeza cada campeonato, tienen a los dos mejores entrenadores del mundo y lo demuestran en todos los duelos, intensísimos, espectaculares, sea la instancia que sea. Liverpool y Manchester City aceleran el pulso del fútbol.

El City le birló dos ligas a los Reds por apenas un punto, pero últimamente Klopp tiene a maltraer a Guardiola. Y este sábado volvió a ganarle 3 a 1 en otra final sin respiro, de ida y vuelta, con ambos volcados al ataque y generando situaciones de gol. Proponen un fútbol sincero Liverpool y City, frontal, limpio, a ver quién es mejor y no más guapo. No incurren en peleas ni fricciones. La pelota no se va nunca afuera, eso habla del nivel del juego. Que es muy equilibrado, prevalece el Liverpool últimamente por una cuestión de carácter, se nota en la presión, en cada corrida, salto o trabada. Se le advierte una pizca más de energía.

Europa arrancó formalmente el fin de semana la temporada 2022-2023 jugando las supercopas de tres países, nada menos que de Inglaterra, Alemania (Bayern 5 – Leipzig 3) y Francia (Nantes 0 – PSG 4). Trofeo a partido único donde rivalizan campeón de liga versus ganador de copa. Que en el caso del fútbol inglés se denomina Community Shield o, en su nombre comercial, Carabao Cup, por la bebida energizante tailandesa que patrocina el duelo. Y abrieron el fuego nada menos que los dos capos de la Premier League. Los debuts de Darwin Núñez en el Liverpool y de Erling Haaland y Julián Álvarez en el City duplicaban el interés de la cita. ¿Cuántos goles hará Haaland en un equipo tan ofensivo como el de Guardiola?, se preguntaban todos. ¿Y Julián Álvarez, el chico de River, podrá destacar en este nivel…? ¿Será tan bueno el uruguayo Núñez que lo han pagado 76,6 millones de dólares más 25 en variables…?

Empecemos por lo último: Núñez, que puede ser sensación en Qatar 2022, vale cada centavo que costó. Empezó en el banco, entró en el minuto 59 y mostró su terrible peligrosidad con tres cabezazos. En uno consiguió el penal (mano de Ruben Días) que Salah transformó en el 2 a 1 parcial. En otro anticipó a los defensas y el remate se le fue apenas desviado. Y en el tercero hizo el gol del 3-1 con gran definición. Jugó poco más de media hora, sacudió la red, ganó su primer título en Inglaterra y quedó como la luminaria de la tarde. Más, imposible. Con él, nadie se acordará del adiós de Mané, por magníficos que hayan sido los seis años del senegalés en la ciudad de Los Beatles. Núñez nos remite una vez más al milagro futbolístico uruguayo, un país de 3,4 millones de habitantes que procrea jugadores y técnicos en cantidad y calidad.

Julián Álvarez, también de estreno oficial, se mostró movedizo, como en River, muy enchufado en el juego colectivo. Marcó el empate parcial del equipo ciudadano. Un APROBADO con mayúsculas. Y, aunque parezca increíble, el fiasco fue Haaland. Sin gol, como perdido en el área, sin participar del toque que siempre propone el City. Apareció poco; le cayó una en el primer tiempo y, aunque encimado, definió al cuerpo del arquero Adrián. Y a los 97’ fue autor del blooper de la final: le quedó un rebote a tres metros de la línea, sin rivales a la vista, con Adrián caído, era soplarla y gol, le pegó mal, la bola le salió alta, pegó en el travesaño y se fue desviada. Por su vigor anímico, cabe creer en él, además es apenas un partido, pero quedó la sensación de que el juego de posesión y traslado del City lo ahoga contra la defensa rival, no le quedan espacios. Y un grandote como él los necesita.

El otro sudamericano, Luis Díaz, sumó su tercera corona en el escaso semestre que lleva en el Liverpool, aunque compuso su partido más intrascendente desde que arribó a Liverpool. Apático, sin desnivelar en el uno contra uno, que es su fuerte. No encaró nunca. Klopp lo sigue considerando titular, sin embargo, debe levantar.

Los detractores de Guardiola, alineados incondicionalmente con Klopp, felices. En el historial individual entre ambos, éste fue el encuentro número 25, con 10 triunfos para el de Stuttgart, 8 para el de Cataluña y 7 empates. Pero hay que recordar que, de las últimas cinco ediciones de la Premier League, Pep se quedó con cuatro y una sola fue para Klopp. Aunque en este lapso también el alemán puede ufanarse: levantó una Champions League y el catalán, ninguna. Son tan brillantes como parejos. Lo de Klopp es sencillamente fantástico: luego de una larga travesía en el desierto, el Liverpool encontró en él al redentor. Con este trofeo ya ganó los siete posibles para cualquier club inglés: Premier, Copa Inglesa, Copa de la Liga, Community, Champions League, Supercopa de Europa y Mundial de Clubes. En casi todos, el club de Anfield Road llevaba añares sin conseguirlos. En el caso de la Premier League, tres décadas exactas. Y le quedan cuatro años más de contrato a Jürgen. Habrá más vueltas olímpicas con él, seguro.

El Liverpool está bien, pasó la prueba inicial de la temporada con nota alta, su carácter, agresividad e intensidad siguen intactos. No sería extraño que vayan por otro delantero, pues se desprendió de tres: Mané, Minamino y Origi. Y sólo llegó Núñez. Le falta uno más por afuera, que pueda hacer las dos bandas. Pero con lo que tiene peleará otra vez todos los frentes.

El City es exactamente al revés de lo que piensan millones, que es un equipo de estrellas. Para nada. Estrella es Kevin De Bruyne, buenos-buenos son João Cancelo y Rodri, Haaland sigue siendo una promesa grande, los demás son buenos normales.

Hay mejor funcionamiento que intérpretes. Lo que le da competitividad es el sistema, la preparación de élite que garantiza Guardiola, no las individualidades. Seguimos pensando que Pep no es el mejor ojeador del mercado. Ya no lo era en el Barcelona. Haber pagado 119,4 millones de dólares por Grealish puede que, con el tiempo, sea considerado un disparate importante. Y haber dejado ir a Gabriel Jesús, otro. El brasileño se despachó el sábado con un triplete en el 6-0 del Arsenal al Sevilla. Partido amistoso, vale aclararlo, aunque ahora hasta los amistosos se juegan a fondo. No sería descabellado que Guardiola salga de compras y contrate a alguien más. Alguien con desequilibrio individual en tres cuartos de cancha. Con esta dotación le da para aspirar a la Premier, para lo internacional deja dudas.

Una vez más, el VAR estuvo fantástico. El juez Craig Pawson no había dado penal al Liverpool tras una mano clamorosa del portugués Días. La cabina lo corrigió oportunamente. Y había anulado el gol de Julián Álvarez por offside, la tecnología demostró que estaba habilitado. Bien utilizada, con criterio y decencia, es la mejor herramienta que se aplicó al fútbol en un siglo.

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¿Quién les gana a los clubes brasileños…?

Jorge Barraza, columnista de La Razón

Por Jorge Barraza

/ 17 de julio de 2022 / 20:08

Cuartos de final de la Copa Libertadores. Quedó conformado el cuadro: cinco clubes brasileños, tres argentinos. Afuera Boca y River, afuera uruguayos, colombianos, paraguayos, chilenos, ecuatorianos… El año anterior, el fútbol de Brasil había logrado el récord de clasificar cinco representantes en cuartos, esta vez estuvo cerca de colocar seis, finalmente Fortaleza cayó frente a Estudiantes. ¿Otra vez el campeón será brasileño como en los últimos tres años…? Desde el comienzo del nuevo milenio van 22 ediciones de Libertadores con este reparto: 10 conquistó Brasil (el 45,45%), 8 Argentina (36,36%), 2 Colombia (9%) y una cada uno Paraguay (4,5%) y Ecuador (4,5%). Los otros, ni las migas.

En la Copa Sudamericana “apenas” aparecen cuatro brasileños entre los ocho finalistas. En esta competición los hijos de Pelé no eran dominadores, no está claro si porque no podían o porque no les interesaba. Ahora también la dominan y comenzaron a dar vueltas olímpicas. El fútbol argentino sigue estando arriba en el historial de ambos torneos (25 a 21 en Libertadores), la pregunta es ¿hasta cuándo…?

La supremacía de los pentacampeones del mundo se viene acentuando año a año y el resto del continente mira como asustado: ¿Cuándo parará esto…? ¿Tendremos chance de ganar una Copa en un tiempo cercano…? Palmeiras viene de ser bicampeón y se aproxima a otra corona, en ocho presentaciones logró ocho victorias con 33 goles a favor y 3 en contra. Hasta la palabra impresionante queda chica. Flamengo le hace siete goles al Tolima, considerado el mejor equipo colombiano del último lustro. En Sudamericana, el modesto Ceará ganó los 8 encuentros disputados, con 22 goles a favor y 2 en contra. Y entre esas victorias están dos sobre el Rey de Copas, Independiente.

Si los conjuntos brasileños vuelven a coronarse en ambos certámenes, el año próximo tendrán otra vez 9 cupos en Libertadores y nuevamente será muy difícil batirlos. Porque al poderío debe sumársele el número. Uno puede caer, dos, tres, nueve ya parece imposible. Debe recordarse siempre que, mientras en otras naciones hay dos o tres cuadros grandes (Peñarol y Nacional, Olimpia y Cerro, Colo Colo, Universidad de Chile y Católica), en Brasil son doce los históricos: Flamengo, Fluminense, Vasco y Botafogo por Río, Corinthians, Palmeiras, São Paulo y Santos entre los paulistas, Gremio e Inter en Porto Alegre, Cruzeiro y Atlético en Belo Horizonte. Y siempre están los emergentes, los Athletico Paranaense, los Ceará, los Bahía…  Los clubes brasileños durmieron durante décadas en el campo internacional y dejaron hacer a los otros, ahora se muestran voraces por las copas.

¿Cuál es la razón de tal superioridad…? Primero: nunca olvidar lo futbolístico, hablamos del país número uno del mundo en fútbol a través de la historia. Tuvo, tiene y tendrá siempre calidad y cantidad de jugadores (acaso no ha generado entrenadores de tanta clase como los futbolistas). Luego hay una fuerte razón económica: los presupuestos que se manejan en la patria de Jorge Amado son infinitamente superiores a los de sus vecinos. “La Copa do Brasil, segundo torneo más importante del país, reporta 14 millones de dólares al campeón”, informa Jorge Luiz Rodrigues, jornalista carioca que ha cubierto varios Mundiales. Y añade: “A su vez, el Campeonato Brasilero de Serie A reparte muchísimo dinero. Los derechos de televisivos se venden por tres vías: TV abierta, que los tiene Globo; por cable, que son de SporTV, y el sistema de pagar para ver, cuyo contrato es con Premiere. Por los tres conceptos, Flamengo y Corinthians, los dos más populares, reciben unos 200 millones de reales por cada edición, casi 40 millones de dólares”.

Luego están las regalías internacionales por los países del exterior que reciben los partidos del Brasileirão. Y, por último, los estaduales. “El Paulista es el más fuerte, luego el Carioca. TV Record detenta los derechos por sistema abierto y también se pasan los juegos por Youtube, Facebook, Twitter e Instagram. Antes de entrar Record, la Globo pagaba casi 25 millones de dólares por todo el torneo Paulista. En los demás estaduales, menos”.

Y aunque Jorge Luiz no lo mencione, están los ingresos por las copas de Conmebol. Palmeiras percibió 28.550.000 dólares por obtener la Libertadores 2021. Y a esos conceptos deben agregarse los patrocinios. Crefisa, entidad financiera, paga alrededor de 20 millones de dólares a Palmeiras por poner su nombre en la camiseta. Y, además, el mercadeo, las cuotas societarias, las taquillas…

“Flamengo y Palmeiras tienen muchos socios cotizantes, no tanto como Boca (N. del A.: el club argentino pasó los 300.000), pero ambos superan los 130.000 -informa Jorge Luiz-. Y las recaudaciones son otro factor importante de recursos. Flamengo registra un promedio de asistencia de 50.000 espectadores, muy alto. Con Corinthians pasa igual”. El viernes justamente, Globoesporte publicó un artículo de Guilherme Maniaudet y Leandro Silva en el que dicen: “Corinthians es el de mayor billetería hasta ahora en 2022. En sus primeros veinte partidos como local embolsó más de 48 millones de reales (US$ 9,2 millones)”.

“Pero hay otro elemento de peso en este auge del fútbol brasileño: el trabajo en las divisiones formativas. Es muy bueno -cuenta Rodrigues-. En la reciente Copa São Paulo de Fútbol Junior, categoría Sub-20, Palmeiras fue campeón mostrando algunos juveniles fantásticos, como Endrick”. Endrick, de 15 años, ya tiene una lista de pretendientes europeos, entre ellos -el principal-, el Real Madrid.

Para ejemplificar: Boca ganó en diciembre la Copa Argentina 2021 y recibió, por esa instancia, un cheque de 7,5 millones de pesos, unos 37.878 dólares al cambio del día. Atlético Mineiro, vencedor de la Copa do Brasil 2021, obtuvo 11 millones de dólares (en total por las cinco instancias). Independiente Petrolero ganó el campeonato boliviano 2021 con un presupuesto de 970.000 dólares para toda la temporada. Las diferencias son abismales. Una estimación refleja que Palmeiras rebasó largamente los cien millones de dólares de ingresos el año anterior. Semejante volumen de dinero les permite fichar o mantener los mejores futbolistas del continente, lo que se traduce en un dominio casi insultante en el campo internacional. Y sumado a los otros factores antedichos hacen un combo casi imposible de superar. Los únicos que han logrado salirles al cruce y arrebatarles algunos laureles, con ingenio, garra y no poca capacidad, han sido los equipos argentinos. Boca mereció mucha mejor suerte ante Corinthians. Fuera de ellos, valga remarcarlo, Emelec compitió muy dignamente ante Atlético Mineiro.

No hay ningún indicio de que esta radiografía se vea diferente en un futuro cercano.

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OPINIÓN

Cristiano se ofrece a toda Europa

Jorge Barraza, columnista de La Razón

Por Jorge Barraza

/ 10 de julio de 2022 / 20:25

Cristiano Ronaldo fue presentado oficialmente por el Manchester United el 31 de agosto del año pasado. Era el regreso de quien se transformara en estrella mundial con la camiseta de los Diablos Rojos. Aunque ya no era el muchacho triunfador que se fue a los 24, igual los hinchas se mostraron felices de recuperarlo después de 12 años. Y él, siempre tan pertinente desde lo comunicacional, emitió declaraciones políticamente impecables:

«Todos los que me conocen saben mi infinito amor por el Manchester United. Los años que pasé en este club fueron absolutamente increíbles y el camino que recorrimos juntos está escrito con letras de oro en la historia de esta gran e increíble institución», señaló en las redes oficiales del club. Y agregó: «No puedo ni siquiera empezar a explicar mis sentimientos ahora que veo mi regreso a Old Trafford anunciado en todo el mundo. Es como un sueño hecho realidad; después de todas las veces que he vuelto a jugar contra el Manchester United siempre he sentido mucho cariño y respeto por parte de los aficionados en las gradas». Amor de los buenos…

El United venía de conseguir el subcampeonato detrás del City y por encima del Liverpool y el Chelsea. Se esperaba, con su aporte, dar el gran salto en la Champions, y volver al título en la Premier. Sobre todo, porque al ya costoso plantel existente se le sumaron Jadón Sancho, un pase de 86 millones de dólares, y Raphael Varane, de 40,7 $us. O sea, ellos tres más De Gea, Maguire, Pogba, Bruno Fernandes, Mc Tomminay, Rashford… El resultado fue lamentable: eliminado rápidamente en la Champions, en la Copa Inglesa, en la Copa de la Liga y, en sexto lugar en la Premier, a 35 puntos del campeón, que para más sal volvió a ser el Manchester City, su odiado rival ciudadano. Sexto duplicando las derrotas del año anterior. Y quedando fuera de la próxima Liga de Campeones de Europa.

El efecto Ronaldo no funcionó, como no terminó de funcionar en sus tres años anteriores en Juventus. El de Madeira marcó la cifra más baja de goles de sus últimas 15 temporadas: 24. Pero, más allá de eso, no hizo mejor al equipo. No contribuyó a alcanzar ningún objetivo. Su altísimo ego chocó con el técnico alemán Ralf Rangnick y el nuevo, el holandés Erik Ten Hag, no lo tiene en sus planes. Este sería el gran motivo por el que busca irse a toda costa: evitar ser suplente. El United salió en gira por Tailandia, Australia y Noruega, y CR7 no se presentó aduciendo “problemas familiares”.

Pese a que su contrato es por dos años con opción a uno más, Cristiano ya manifestó a su agente que quiere irse en este mismo mercado de pases. Diez meses después de aquel idílico retorno. No desea seguir en un equipo que disputará la poco mediática Europa League. Y le ha dado la orden a su todopoderoso empresario Jorge Mendes que le consiga de nuevo club. Mendes ya salió con la valija y lo ha ofrecido al Bayern Munich, al Chelsea, al Napoli, a la Roma, al Barcelona y ahora al Atlético de Madrid. Pero nadie pica. Y él pretende seguir cobrando 30,5 millones de dólares limpios por año. El único parcialmente interesado es el Chelsea, y tiene explicación: el ultramillonario Todd Bohely, nuevo propietario de Stamford Bridge (compró el club al deportado Roman Abramovich) quiere a Cristiano como golpe publicitario y comercial, pero el técnico Thomas Tuchel mira lo futbolístico y se opone.

Los entrenadores piensan en el conjunto, quieren once al servicio del equipo y saben que con Ronaldo son 10+1, él es una isla. Va donde vaya para engrosar sus números personales y quedar en la historia. Si de paso le sirven al equipo, bien. Un caso parecido al de Ibrahimovic, de quien Arrigo Sacchi dejó una frase antológica: “Si el fútbol fuera un deporte individual, como el tenis, Zlatan sería el mejor del mundo, pero es colectivo”.

Lo comentó Giorgio Chiellini, su compañero en la Juventus: “Cristiano necesita un equipo que juegue para él”. Y el exfutbolista del Madrid y la Roma, Antonio Cassano, convertido en irreverente comentarista, fue más duro: “Sólo piensa en sus goles y récords”.

Que haya bajado de 50 goles promedio a 24 no es criticable. Se debe en buena medida a la edad. Un tópico es lucir un óptimo estado físico y otro es conservar los reflejos. Esto no hay gimnasio ni abdominales que puedan mantenerlo como a los veinte años. Y el portugués ya está encaminado a los 38. Incluso 24 anotaciones son una cifra muy respetable dada su veteranía. Lo que no tiene es juego, asociación, combinaciones, desborde, pases gol. Pero tampoco esto sería cuestionable. Quien lo contrata debe saberlo y tenerlo claro.

Lo poco elegante es salir a tocar timbre en todos los clubes importantes de Europa teniendo contrato vigente en el United, club que le abrió las puertas de Inglaterra a los 18 años y lo lanzó a la cúspide, y que volvió a recibirlo cuando salió huido el año anterior de la Juventus. El club de los Agnelli había apostado fuerte por él, pagando 119 millones de dólares al Madrid (cifras de Transfermarkt, la página número uno del fútbol en cuestiones de mercado). Pero dijo “me voy” un martes y se subió a un avión el miércoles. Juventus recuperó apenas 15 millones, que le pagó el Manchester. Y no alcanzó tampoco el objetivo buscado: ganar la Champions con él. Al revés, había alcanzado la final europea en 2017 y en las tres temporadas con Ronaldo fueron eliminados una vez en cuartos de final y dos en octavos. Y perdieron el Scudetto después de haberlo conquistado nueve años consecutivos. Dejó un regusto ácido en Turín y las opiniones de los medios tras su adiós fueron cáusticas: «Ronaldo no logró la hazaña para la que había sido contratado, la conquista de la Champions». «Nunca lo hemos escuchado hablar como un jugador de la Juventus convencido». «Nunca se expuso en favor de la Juve». «El equipo de Ronaldo es Ronaldo y eso también se aplica al Manchester United». “Nunca llegó a estar implicado al 100%”. «Ronaldo fue un solista, jamás estuvo integrado en el vestuario».

En España, pese a la maquinaria de prensa madridista que siempre lo defendió a cuchillo, ya han comenzado a esbozarse críticas a la actitud del divo. “Se adivinaba su decadencia y un jugador así, tan singular, tan imposible de encajar en cualquier sistema que no consista en todos para él, compensa cuando marca incesantemente. Cuando sus cifras se reducen a las de un simple buen goleador aparecen los problemas”; escribió Alfredo Relaño, presidente de honor del diario As. Y profundizó: “Ahora se quiere ir del United porque no se ha clasificado para la Champions. Me parece un planteamiento egoísta. Podría pensar que el año anterior, sin él, el United sí se clasificó”.

 Carlos González, de Marca, fue respetuoso pero punzante: “Cristiano Ronaldo tira por la borda su grandeza en el césped”, tituló. Y desgranó: “Estos últimos años los está gestionando mal y saliendo de una manera que no debería de los equipos por los que pasa, clubes legendarios, que también le han dado todo. Ya se equivocó en su manera de marcharse del Real Madrid. Una leyenda como él no puede decir que se quiere ir del club segundos después de ganar una Champions, como hizo el portugués tras la final de Kiev”.

Cristiano dispara un debate: ¿qué es mejor, ser un gran futbolista o un gran deportista…?

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Eliminatoria: todos contra todos y desde marzo

Jorge Barraza, columnista de La Razón

Por Jorge Barraza

/ 3 de julio de 2022 / 17:28

Circuló en estos días una especie según la cual la Eliminatoria para el Mundial 2026 se disputaría en un nuevo y extraño formato: dos zonas de cinco equipos, que no se enfrentarían entre sí sino con los del otro grupo, y que los dos primeros de cada segmento irían directo al Mundial, en tanto los terceros y cuartos disputarían luego un cuadrangular para determinar a otros dos representantes. Y que la FIFA estaba estudiando la viabilidad.

El presidente de una importante asociación de fútbol sudamericana nos puso luz al respecto desmintiendo la noticia: “Sinceramente, eso es una desinformación que no sé de dónde pudo haber salido, nunca se habló de tal esquema y no tiene ninguna veracidad. Hoy hay ocho países que siguen firmes con la idea de continuar en el sistema de todos contra todos, exactamente como hasta ahora. Sólo Argentina quiere cambiar, y un poquito Brasil. Pero pienso que va a seguir todo igual. La decisión se tomará en la reunión de Conmebol prevista para los primeros días de julio en Cali, el día anterior a la inauguración de la Copa América femenina”.

La FIFA no interviene en la modalidad de disputa, lo deja a criterio de las confederaciones, por eso las seis clasificatorias mundialistas son diferentes en cada continente. Porque estas se adaptan al número de participantes, a las distancias y peculiaridades de cada región. “Lo que sí está confirmado es que a partir del próximo Mundial habrá 6 cupos y medio para nuestro continente”, nos confió la misma fuente. Y que, al igual que el Premundial pasado, comenzará en marzo. Serán, pues, otras 18 fechas y con el mismo calendario con que se han venido disputando las últimas dos carreras mundialistas. Los seis primeros ganarán un boleto y el séptimo irá a un repechaje con rival a designar.

Lo curioso es que sean justamente Argentina y Brasil quienes se opongan al todos contra todos, pues para ellos es la vía más segura. En cualquier sistema por eliminación podrían correr algún riesgo, de este modo no. Deberían salir octavos para quedar fuera de Estados Unidos, México y Canadá. Y eso parece ciertamente de ciencia ficción. Menos cuando están los dos atravesando un óptimo momento en sus selecciones.

El hecho de que comiencen los partidos en marzo, con tanta antelación (más de tres años antes del Mundial 2026), responde a que es un año que ha quedado en blanco en cuanto a competencias oficiales, de modo que se aprovecharían las fechas FIFA de 2023 para adelantar la Eliminatoria y descomprimir la Copa América 2024, que se supone debería realizarse en Ecuador, de acuerdo al cronograma estipulado hace años. Y porque existe la idea de que en esa misma temporada Sudamérica juegue la Liga de Naciones con Europa.

Que la maratón para el Mundial 2026 empiece apenas tres meses después de Catar 2022 conmina a las asociaciones a tener asegurado a su entrenador nacional. Eso explica por qué Chile y Colombia se apresuraron a contratar uno, y por qué Argentina, Ecuador y Perú están ansiosos por renovarles a los que tienen en funciones. Todos buscan comenzar el nuevo proceso cuatrienal de selección con los cuerpos técnicos ya armados con meses de anticipación para no dar ventajas.

En este rubro, el más importante, porque sin un conductor capaz no se llega a nada aunque haya buenos jugadores, el panorama no está claro. Tite acaba de anunciar que su objetivo máximo es ganar el título el 18 de diciembre. “Ahora toca llegar a la final y ser campeones, no hay más”, se sinceró. “Y si eso se da, puedes elegir. Mi idea definitivamente no es seguir trabajando en Brasil“. Pero, en todo caso, triunfe en Catar o no, se olfatea que se despediría. Tampoco se sabe qué ocurriría con Lionel Scaloni. AFA tiene toda la intención de que siga y ya le ofrecen renovar, pero él podría querer continuar su profesión en Europa, puesto que vive en Mallorca y hace años se lo pasa viajando constantemente. Uruguay está muy satisfecho con Diego Alonso, que le dio el pasaje mundialista al dirigir los últimos cuatro partidos eliminatorios y ganar los cuatro. Es joven y le ha inyectado un giro más técnico y menos defensivo al estilo de la Celeste. Chile optó por Eduardo Berizzo, quien viene de estar al frente de Paraguay. Berizzo dejó un gran nombre en Chile cuando en 2013 se coronó con el modesto O’Higgins haciendo un trabajo impecable con recursos mínimos, según todo el medio.

Colombia ya se decidió por Néstor Lorenzo, exasistente de Néstor Pekerman en la selección amarilla. En su primera experiencia en solitario, Lorenzo está a punto de lograr una hazaña: ser campeón con el inopinado Melgar FC, de Arequipa. Aparte, colocó a Melgar en los octavos de final de la Copa Sudamericana ganándole el grupo a Racing. Y esto en un año nefasto para los clubes peruanos en lides internacionales. José Pekerman liderará, esta vez desde el inicio, la ilusión venezolana de llegar por primera vez a un Mundial. Y con el aumento de cupos, ahora puede darse. No es ningún imposible. Más allá de cómo le vaya en Catar, Ecuador busca extender el vínculo con Gustavo Alfaro, que ha resultado para ellos toda una revelación. Se metió en la piel de los ecuatorianos.

Paraguay, como Uruguay, cambió de jinete antes de finalizar la carrera anterior. Le pidió la renuncia a Berizzo y contrató al mellizo Guillermo Barros Schelotto, quien está llevando a cabo una profunda renovación en el alicaído fútbol guaraní. Ya veremos con qué resultados. Perú ruega al Señor de los Milagros y espera casi con angustia que Ricardo Gareca dé el sí a la renovación y permanezca otros cuatro años. Para ello le han ofrecido incluso mejorar su contrato, muy alto de por sí (2.300.000 dólares anuales para todo el comando técnico). Pero todo indica que, sin otras opciones en la mano ahora mismo, el Flaco firmaría de nuevo en la nación inca.

La preeminencia de entrenadores argentinos en clubes y selecciones resulta abrumadora. Es muy marcada desde hace décadas, aunque nunca como ahora. En principio, siete de ellos comandarán a las diez selecciones del continente, un récord mundial que quizás nunca se iguale. Si se da lo de Batista o algún otro compatriota suyo en Bolivia, serían ocho, algo que entraría en el terreno de lo insólito. El goleador colombiano Rafael Borré explicó el por qué: “La tendencia es por la mentalidad, por la competitividad del fútbol argentino, de sus entrenadores”.

El único sin técnico, y sin conversaciones por ahora, es Bolivia. Se mencionaron algunos posibles candidatos (Miguel Ángel Portugal, Beñat San José, Erwin Sánchez, Sergio Batista), pero sin profundizar en el tema. El vicepresidente de la FBF, Ronald Paz, aclaró que abordarán la cuestión del técnico una vez hayan cerrado el contrato por los derechos de televisación de la Eliminatoria. “Cuando sepamos cuánto se percibirá por ese rubro, tendremos claro a quién podremos contratar -dijo en la transmisión de La-Razon.com-. Por la Eliminatoria pasada Bolivia cobró 12 millones de dólares, ahora estamos negociando una cifra mayor”.

Aún sigue el debate sobre si debe ser un nacional o un extranjero. El ingeniero Guido Loayza, histórico expresidente del Bolívar y de la Federación Boliviana, sin duda el factótum de la campaña que consiguió un lugar en Estados Unidos 1994, declaró: “No se trata de nacional o extranjero, sino de traer lo mejor, y lo mejor no está acá”. Él fue quien descubrió -y acertó- a Xabier Azkargorta cuando en Sudamérica nadie lo conocía. Guido se decantó: si fuera por él, elegiría al español Beñat San José.

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