Tuesday 6 Dec 2022 | Actualizado a 00:24 AM

Asia crece, Sudamérica no avanza

Jorge Barraza, columnista de Marcas

/ 24 de noviembre de 2022 / 22:02

El espectacular Metro de Doha llega a los ocho estadios mundialistas. Su nivel de confort, comodidad y modernismo es de asombro. Se construyó para el magno torneo futbolístico, pero ya lo utilizan diariamente 600.000 personas, en especial para ir a sus trabajos. Forma parte del vasto plan de desarrollo nacional de este mínimo territorio que busca convertirse en un polo empresarial y financiero. Todo está calculado. Hasta aumentar la población local.

De los 2.650.000 habitantes actuales, menos del 20% son nacionales. En veinte años el mapa humano cambiará radicalmente, los hijos de los cientos de miles de inmigrantes serán cataríes nativos y los porcentajes se invertirán. Como se han invertido cientos de miles de millones de dólares provenientes de ese mar de petróleo y gas que subyace bajo la arena del desierto.

Lo que hasta hace 30 años era un páramo de dunas con tiendas y camellos es ahora un fenomenal centro de oportunidades de negocios y prosperidad. La plata está en la calle, se ve en las autopistas, en los hospitales, en las escuelas, en el parque automotor, en el consumo, en el nivel de vida general. Y en cuarenta años, cuando se agoten los hidrocarburos, será un país muy avanzado que vivirá de sus inversiones.

“Venimos acá porque hay mucho dinero y empleo”, nos dice Anuar, paquistaní, chofer de Uber. Hay más de dos millones de extranjeros provenientes de India, Bangladesh, Nepal, Kenia, Sudán, Filipinas, Túnez, Argelia y, en general, África y Asia. Había alta escasez de profesionales, pero han traído arquitectos, ingenieros, médicos, y crearon cantidad de universidades. En una generación, habrá miles de profesionales. Y serán cataríes puros. Bolivia tiene un nuevo tesoro: el litio. Ojalá su extracción y producción se vuelque en mejorar la calidad de vida de su gente. ¿Lo harán…?

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Es verdad que recién terminó la primera fecha de la fase de grupos y es aventurado pronosticar o sacar conclusiones. Sin embargo, el comentario de los periodistas en general pasa por el despertar futbolístico de Asia. Por primera vez ubicó seis selecciones en el Mundial.

Sudamérica, que siempre tuvo más representantes, esta vez quedó en cuatro porque Perú cayó frente a Australia. Ya en la participación hay una diferencia importante. Luego llegaron, los inesperados triunfos de Arabia Saudita y Japón nada menos que sobre Argentina y Alemania. Y el empate de Corea ayer frente a Uruguay. Con un agregado inquietante: la totalidad del plantel saudita juega en su liga local. No tiene jugadores en Europa. Y con eso venció incuestionablemente a Argentina, cinco veces finalista del mundo.

Nunca nos creímos eso del favoritismo argentino (está escrito), pero de todos modos confiábamos en una actuación importante, nos ilusionaba pensar que Argentina y Brasil redimirían al alicaído fútbol sudamericano. Ahora la esperanza va toda en la mochila brasileña.

Uruguay quedó en deuda de juego. Un equipo gris, frente a una Corea a la que siempre se consideraba menor para los sudamericanos. Ya no. Mucho futbolista en Europa, pero poco lucimiento individual y colectivo.

Japón no sólo dio la nota venciendo a Alemania, además le dio vuelta el marcador. No recordamos partidos en los que fueran ganando los alemanes y los rivales tuviesen el temple para mandarlos a la lona. Habla no sólo de buen juego, también de temperamento y personalidad. La misma que mostraron los muchachos de Arabia Saudita para voltearle el partido a los Messi Boys.

Quien sacó la cara por nuestro continente (aparte de Ecuador, que venció a Catar flojísimo), fue Brasil. Bella actuación ante un rival que se sintió menos ya en el vestuario. Desde el primer minuto se atrincheró y le dio toda la iniciativa, el campo y la pelota a Brasil. Una estrategia que casi nunca da resultado.

Equipo que se mete abajo del arco, pierde. Más ante la Verdeamarilla, que te machaca sin piedad. Y con recursos. Desbordes por fuera, paredes por dentro, hasta que pase una, hasta que la bola entre una vez. Y entró dos, ambas por Richarlison, un leopardo siempre listo para devorar. Gustó Brasil.

Difícil jugar ante un equipo tan ultradefensivo y encontrar espacios, huecos por donde penetrar. Pero se sabía que ganaría, era cuestión de ser pacientes y seguir intentando. Y lo hizo. El partido se jugó en los últimos 25 metros de campo de Serbia, una Serbia muy pobre de espíritu que aguantó revoleándola a cualquier parte durante 62 minutos el cero. Bastante.

Excelente Richarlison, mariscal Casemiro, bien Raphina, importante Paquetá, poco trascendente Neymar, aparatoso Vinicius, ofensivo Alex Sandro… Muy buen Brasil.

El fútbol actual muestra una clarísima tendencia ofensiva. Todos se encolumnan detrás de tres consignas: intensidad, posesión y ataque. A eso juegan España, Inglaterra, Brasil… Y aunque parezca loco, agregamos a Canadá. Es la hora de los Luis Enrique. Los técnicos que se abroquelan o que piensan defensivamente se quedaron en el tiempo.

La estrepitosa caída ante Arabia Saudita derrumbó a Argentina en las apuestas. En todas las casas de Europa, la Albiceleste estaba segunda pagando 6,50 euros. Ahora está séptima y devuelve 10. Brasil era el favorito pagando 6,50, pero tras el triunfo sobre Serbia su dividendo es de 3,30. Y España, que no figuraba para nada, tras su 7 a 0 se coloca cuarta detrás de Brasil, Francia e Inglaterra.

Las que no despegan son las selecciones africanas. Perdieron Senegal, Marruecos, Camerún y Ghana. Apenas empató Túnez. Un punto de quince. Hace treinta años se viene proclamando el surgimiento del fútbol de África, que siempre queda en lo mismo. No por mala materia prima, porque luego van a Europa y tienen éxito, o los nacionalizan las selecciones multiculturales (Francia, Suiza, etcétera) y les va bien.

Suiza le ganó a Camerún 1 a 0 con gol de Embolo, delantero nacido en Camerún, criado en Francia y Suiza por motivos de inmigración. Como él, hay cientos con historias similares. De modo que el estancamiento permanente de África es por motivos organizacionales, no futbolísticos. Y conste que tienen el mejor biotipo físico en un momento en que la incidencia de ese rubro es muy gravitante.

Un rumor desilusionante que llega del campamento argentino: Messi, que volvió a entrenarse diferenciado de sus compañeros, no está bien físicamente. Ya llegó mal a Catar y se le agravó un dolor en el aductor. “Está físicamente en cuatro puntos”, aunque va a jugar igual, dicen en su entorno. Una pena, pensábamos que podía hacer un buen Mundial. 

(24/11/2022)

Brasil juega al billar con Corea

Jorge Barraza, enviado especial a Qatar 2022

Por Jorge Barraza, enviado especial a Qatar

/ 5 de diciembre de 2022 / 23:11

Crimen de lesa fútbol: Primero escaló el Himalaya, luego tropezó con una piedra y cayó. Tras tumbar nada menos que a España y Alemania, dos pesos pesados, Japón estuvo cerca de eliminar también al subcampeón mundial, Croacia, pero falló en los penales.

El mundo estaba con Japón, esperaba celebrarle otra proeza. No se dio, igualaron 1-1, fueron al alargue, a los penales y Japón ejecutó mal tres disparos sobre cuatro, los tres parados por el magnífico arquero Dominik Livaković, a quien ya le habíamos visto una actuación consagratoria en el Dínamo Zagreb ante el Chelsea por Champions.

Experto en penales, en el Mundial anterior Croacia avanzó a cuartos de final y a semifinales ganando también por la vía de los doce pasos. Entonces, dejó fuera de carrera a Dinamarca y a Rusia, en aquel choque en que el público se desmayaba de emoción.

No hay duda posible: tiene oficio para este tipo de definición, tan atrapante y emotiva. O práctica. Japón pareció no hacerlo.

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“Termina el suplementario y vamos a la lotería de los penales…”, informa el narrador radial o televisivo.

Lo de lotería es un clisé sin fundamento: pocas cosas tienen menos contenido de azar que el disparo de los doce pasos. Siempre decimos que si “la definición por tiros desde el punto del penal” (tal su denominación correcta) fuese una lotería, el entrenador elegiría a los cinco jugadores de más suerte que tiene en el equipo.

Pero no, elige a los cinco que mejor patean. Y, sobre todo, a los que más confianza se tienen. Incluso cuando se avizora que se va irremediablemente a definir por esa vía, si aún le queda un cambio y hay un buen ejecutante en la banca, el técnico lo pone y se asegura un disparo de calidad.

Lo que se omite decir es que la definición por penales suele no ser similar a las capacidades y a los méritos que dos equipos exhibieron durante el partido.

El que peor jugó puede ser el mejor en los lanzamientos. Incluso un futbolista con menos condiciones que otro puede ser superior en esta instancia que conlleva una carga emocional tremenda. Más en un Mundial sabiendo que carga la ilusión del país en sus hombros. En el penal, la cabeza manda. Y Croacia es fuerte de arriba.

El Estadio 974, construido con contenedores, cierra sus puertas para siempre tras el Brasil-Corea del Sur de anoche. Ahora será desarmado completamente y desaparecerá. Es el de más bajo costo de los ocho que presentó Qatar: 230 millones de dólares. Albergó cinco partidos de la Copa Árabe en noviembre de 2021 y siete de este Mundial. ¿Será el más efímero de la historia…? Fue construido para este torneo y duró catorce días.

Ahora habrá condominios allí. Al menos se despidió con una goleada de lujo: Brasil 4 – Corea 1. Que pudo ser ocho a cuatro, por la cantidad de situaciones generadas por ambos. Las chicas coreanas suspiran por Son, el crack que juega con el antifaz y es figura en Inglaterra. Es el ídolo nacional. Pero la TV no enfocaba más que brasileños.

Fue un entrenamiento con público. Apenas 6 minutos 43 segundos necesitó Brasil para quebrar la guardia coreana. Y cuando entró el primero quedó la puerta abierta. A los 35’ ya estaban 4 a 0 y, aunque uno no quiera, la mente se relaja. La fiera se ablanda, levanta el pie del acelerador y el partido pierde la tensión que supone un duelo equivalente. Las combinaciones de los hijos de Pelé sobre el rectángulo verde semejaban al billar, a pegarle a tres bandas. La inventiva brasileña es demasiado indescifrable para la rígida estructura mental coreana. Es la improvisación talentosa frente a la táctica férrea y el espíritu de combate. No hay color. Porque los brasileños también luchan. Y tienen esa larga amistad con la pelota. “Cuando juegan bien, juegan bien”, dice un colega imitando a Perogrullo. Pero se le entiende: cuando le suenan los violines, ¡qué orquesta…! Inglaterra inventó el fútbol, Argentina es la capital de la pasión y Brasil la patria del “jogo bonito”. El país que mejor lo ha interpretado.

Llevan el juego a un nivel inalcanzable para las otras 210 selecciones que el mundo tiene.

Uruguay protestó acremente por su eliminación en primera fase, pero podría estar contento: no debió enfrentar a este Brasil (si pasaba, le tocaba en lugar de Corea).

Lo mismo que Ecuador gambeteó el posible choque con Inglaterra. Se salvaron los dos. El problema con Brasil es que si se marca a Neymar quedan Raphinha, Vinicius, Richarlison y Paquetá. Si se marca a Neymar y Raphinha están los otros tres. Y así. Son cinco problemas y ninguna solución. Y está la histórica letalidad brasileña frente al arco rival.

Llegan 5 veces y anotan cuatro. Corea dispuso de cinco situaciones netas de gol, marcó uno solo. Le pasa lo que a Argentina, debe producir ocho jugadas de gol para ganar 2 a 1, así fue con Polonia y Australia. Eso se paga ante una máquina de producir fútbol como esta de Tite. Ahora le toca Croacia en cuartos y no debería tener problemas de avanzar. Si Argentina vence a Países Bajos se encontrarían en semifinales, una pena porque desde hace décadas el fútbol espera una final del mundo entre los “hermanos”.

Un Argentina-Brasil en la final es un acontecimiento como el cometa Halley, pasa una vez cada 75 años. No hay clásico mayor en el planeta, ni un Alemania-Inglaterra. Ahí, en las tribunas ganaría Argentina, en la cancha es favorito Brasil.

La mejor noticia para Tite, además del triunfo, es la vuelta de Neymar. No brilló, pero corrió sin dificultades. Su tobillo de cristal pareció recuperado. Cuando nos preguntan a quién vemos para ganar la Copa respondemos: ¿Cómo haría Brasil para no ser campeón? Parece imposible. Juega mucho.

A los cinco jinetes del Apocalipsis se agregan el mariscal Casemiro en el centro del campo, y tres centrales fantásticos atrás, Militão, Marquinhos y Thiago Silva. Y un arquero de garantías como Alisson. Grandes actores, sentido de equipo, mentalidad ganadora, estilo ofensivo. Mención aparte para Militão: es tan fantástico atléticamente, que se nos antoja el jugador perfecto para intentar anular a Mbappé en un duelo futuro. Tiene sus mismos atributos: velocidad, potencia, elasticidad. ¿Se verán en la final…?

Las casas de apuestas pagan cada día menos por una eventual coronación brasileña. Devuelven apenas 2,85 por cada euro invertido. No es mucho, pero es tan candidato que igual seduce. Francia paga 5,50, Argentina 7, Inglaterra 8, España 9 y Portugal 15. Para mejor, en la ruta de abajo del cuadro chocarán Inglaterra y Francia, uno de los dos empezará a pensar en el siguiente Mundial. Tite acuñó en 2019 una frase para el libro de citas: “Es imposible eludir el favoritismo, somos Brasil”. Tiene razón.

(05/12/2022)

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RESULTADO FINAL

Agárrense fuerte: ¡Inglaterra-Francia…!

Jorge Barraza, enviado especial a Qatar 2022

Por Jorge Barraza, enviado especial a Qatar

/ 4 de diciembre de 2022 / 20:29

Cristiano Ronaldo es más rico que nunca, sus ingresos por diferentes rubros están calculados por expertos de marketing en 210 millones de dólares anuales. Y cuentan que la marca ‘CR7’ puede seguir facturando en el futuro en diversos rubros.

El portugués es un metrosexual tipo David Beckham, ideal para publicitar ropa, relojes, perfumes, anteojos, automóviles. Está siempre acicalado, impecable, atlético, es el rey en la industria de la imagen y de las redes sociales.

Sin embargo, el crepúsculo de su carrera no le ha sentado bien. Ha tenido una declinación abrupta en su juego. Está en forma, pero duro, y nunca se le cayó la técnica del bolsillo. Durante 20 años ha vendido un producto apetecido: goles.

Pasa que ahora los sigue vendiendo, pero no los entrega. Y el cliente —el público— protesta. El diario deportivo A Bola, de Portugal, en lugar de afirmar que no debe jugar, le pasó la pelota a los lectores a través de una encuesta.

Preguntó si el goleador debe seguir siendo titular. El 70% de los votantes, su propia gente, opinó que no. Le pasa en la selección lo mismo que en el Manchester United: ya no lo ven para jugar. Por eso le rescindieron el contrato. Entre otros, está taponando a Rafael Leão, de 23 años, quien brilla en el Milan. Igual, no descartemos que mañana se destape ante Suiza.

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Pese a todo, está a punto de firmar un contrato de dos años y medio con el Al-Nasrr, de Arabia Saudita, a cambio de 200 millones. Una jubilación dorada.

Estamos en Inglaterra-Senegal, estadio Al Bayt, que significa “la casa”, puesto que semeja una tienda beduina en homenaje a los habitantes del desierto. Luce prácticamente a tope (68.895 asientos), aunque el clima del público no tiene ni el 10% de efervescencia del de Argentina-Australia.

Apenas unos tambores senegaleses con hinchas pintados a la usanza tribal hacen un poco de bulla. Pero muy lejos del atronador “Muchachos… esta noche me emborracho bien…” y del espectáculo que dio la hinchada argentina un día antes.

Por suerte ya no vienen los peligrosos hooligans, en verdad no existen más, los exterminó el Gobierno inglés en combinación con la Football Association, sin embargo, metían calor y el “En-gland” (que sonaba “in-ga-lan, i n-ga-lan, in-ga-lan…” atronaba. Los fans actuales no cantan ni en el baño.

Dirige Iván Barton, árbitro salvadoreño señalado por Javier Castrilli como la revelación del Mundial en cuanto a referato. Otro con nota alta es el venezolano Jesús Valenzuela. Todo ha cambiado. Antiguamente, el silbato era un tópico de ingleses, alemanes, suizos… Es el Mundial con mejor comportamiento, casi no hay expulsados.

Apenas 2 en 52 partidos, o sea, nada. Al principio pensamos en una deliberada mano blanda de la FIFA para publicitar el juego limpio, pero en verdad no dio para expulsar. Uno de los que recibió la roja fue el autor del gol de Camerún a Brasil, Aboubakar, por sacarse la camiseta y festejar, el otro el arquero de Gales porque se le iba un delantero y lo bajó fuera del área. Juego brusco, poquito.

Inglaterra en un Mundial siempre es buen programa. Siempre les estaremos agradecidos, inventaron el fútbol y no cobraron derechos de autor. Y más contra Senegal, que venía precedido de cierta fama de equipo sorpresa, sobre todo por su potencia física. Aunque es Senegal sin Mané, que es bastante decir. Sadio es el distinto, el goleador, el líder, el pensador de este grupo.

Empezó mejor el conjunto africano. Como siempre, con corridas, con esfuerzo, pero sin precisión en la elaboración, sin ingenio. Nunca tienen “el” crack que haga la diferencia los africanos. Tuvieron una clarísima para ponerse arriba en la cartelera con un zurdazo de Boulaye Dia que iba adentro, pero lo paró el temperamental Jordan Pickford, el eficiente arquero del Everton.

Pero esa preeminencia senegalesa se derritió apenas Inglaterra marcó el gol. Minuto 40, preciso y precioso pase de Harry Kane (pasador fantástico) a Jude Bellingham, entró como cohete por izquierda y sirvió un centro atrás que encontró justo a Henderson, quien llegaba cabalgando y la tocó de zurda. El centro atrás sigue siendo tan letal como siempre, tiene ciento cincuenta años de existencia y es la última moda.

Desapareció Senegal y no lo encontraron más. De ahí al final fue cuestión de coser y cantar para los herederos de Bobby Charlton. Kane, con una bomba de derecha, puso el segundo, el más lindo de la noche. Luego Saka decoró el resultado después de un bonito centro de Phil Foden. Senegal, que apeó del torneo a Ecuador, casi no compitió frente a Inglaterra. Lo atacaron poco y le convirtieron mucho. “Se vive con la esperanza de llegar a ser un recuerdo”, dijo el poeta, nadie recordará a este equipo.

Tiene gatillo fácil Inglaterra. Le sale el gol por cualquier lado. Delanteros ligeros y todos llegan al área. Un pensante —Kane— dos puntas rápidos —Saka y Foden— y un talento detrás que desequilibra por habilidad y velocidad —Jude Bellingham—. Y algún volante que siempre acompaña. Tiene gran cambio de ritmo en tres cuartos de cancha y sorprende.

Por la tarde, en un duelo más apretado de lo que canta el marcador, Francia emitió el pasaje de retorno de Polonia, que tal vez hizo su mejor presentación.

Mbappé sigue en modo Terminator, ya suma 5 goles y casi tiene el Botín de Oro en la maleta. Es el hombre bala. Cualquier mortal con semejante poderío físico, si sabe un poquito de fútbol, ya es figura.

La Copa promete unos cuartos de final de locura: ya están seguros Argentina-Holanda, con toda la historia que tienen detrás (chocaron en final, semifinal y cuartos de distintas ediciones), e Inglaterra-Francia, un clásico con más rivalidad entre naciones que futbolística. Solamente la enunciación de sus nombres torna imperdible el choque.

Solo dos veces se miraron feo en un Mundial y en ambas ganó Inglaterra: 2-0 en 1966 y 2-1 en 1982. Incluso en el historial, los de la Rubia Albion van arriba 17 victorias a 9. Pero eso fue antes, ahora es otra Francia, potentísima, evolucionada, campeona, fuerte mentalmente. El personaje clave allí será Kyle Walker, el lateral derecho del Manchester City.

Va a ser el encargado de frenar a Mbappé. Un duelo de aquellos, porque Walker también es una maza físicamente, un portento de músculos y tendones. Y con cara de portero de discoteca. Dos toros. Veremos si para al bólido de París. Y tranquilamente podría darse un España-Portugal. Tres-Grandes Duelos-tres.

(04/12/2022)

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Enviado especial

Silencio, genio trabajando

Jorge Barraza, columnista de Marcas

Por Jorge Barraza, enviado especial a Qatar

/ 3 de diciembre de 2022 / 20:02

Se vació de mexicanos, Qatar. Pena, aportaban color y número. En verdad quince hinchadas se fueron con la eliminación de sus equipos, y hoy emprenden el retorno los estadounidenses.

También el Centro de Prensa adelgazó de periodistas. Muchos se volvieron al perder sus equipos. Pero otros se embarcaron ilusionados al ver que sus selecciones avanzan.

Es posible que lleguen unos 10.000 holandeses más de aquí al viernes. El país recibió dos millones de solicitudes del Hayya Card, registro mediante el cual se sabe con exactitud la cantidad de aficionados que vinieron. Y, a pesar de que se alojaron en un radio de 10 km, todos encontraron lugar, no hubo encimamiento ni problemas ni peleas.

Ellos han sido testigos del fenómeno Qatar. Que sí, que tiene plata, pero no la acumula el emir en el palacio, la convierte en calidad de vida.

El Mundial es una excusa, brillante, por cierto, dentro del plan maestro Visión Nacional de Qatar 2030, cuyo objetivo central es que, para ese año, el pequeño emirato “se convierta en una sociedad avanzada capaz de sostener su desarrollo y brindar un alto nivel de vida a su gente”. Los visitantes podemos dar fe de que se está cumpliendo, Lo notable es que el tránsito hacia el mañana se realiza preservando su cultura, su religión y sus tradiciones.

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Eso es innegociable. Se palpa el orgullo por lo árabe. Hay un salto decidido al futuro sin occidentalizarlo. Parte del plan era que el resto del mundo lo visibilizara. Se ha cumplido.

Holanda fue el primer cuartofinalista del campeonato. A primera hora despachó al entusiasta Estados Unidos, un equipo animoso y ofensivo, aunque con cierto candor en la marca. Y en fútbol el que defiende mal pierde.

Holanda es parecido a la cara de su técnico, digamos aburrido pero atildado. Es más Mecánica que Naranja. Y eficiente en ataque. Con eso le alcanzó para sortear la valla y descansar hasta el próximo viernes a la espera de Argentina.

En Uruguay aún saltan chispas por su eliminación. Hay una queja nacional por el arbitraje del alemán Daniel Siebert. Se reclama un penal. Pero la forma en que se retiró del campo la Celeste fue poco deportiva, violenta, con manoseos al juez y sus asistentes, insultos, Cavani derribó de un puñete el monitor del VAR, Giménez golpeó de atrás a un oficial de FIFA…

Todo muy Copa Libertadores años ’60. Puede costarle caro con vistas a la próxima Eliminatoria. Diego Alonso, el entrenador charrúa, finalizó su contrato con la AUF y en Uruguay dan por sentado que no sigue, pero el presidente de la asociación le ofrecerá renovarlo. Los hinchas no quieren más técnicos nacionales “porque son defensivos”, dicen. Sonó el nombre de Marcelo Bielsa, pero Bielsa es argentino, algo indigerible para los uruguayos.

El Mundial ha sido una guillotina para una quincena de directores técnicos. Ya se fueron Gerardo Martino (México), Roberto Martínez (Bélgica) y Otto Addo (Ghana). Están en el precipicio el mencionado Alonso (Uruguay), Jalel Kadri (Túnez), Félix Sánchez (Catar), Carlos Queiroz (Irán), Kasper Hjulmand (Dinamarca), Hervé Renard (Arabia Saudita), Rob Page (Gales), Rigobert Song (Camerún), Luis Fernando Suárez (Costa Rica), Gustavo Alfaro (Ecuador) y Hansi Flick (Alemania). Ni el crac del ’29 generó tantos despidos.

Pero ni eso ni ninguna otra cosa importa cuando juega el mejor de la historia y estamos en la cancha, sólo interesa que la toque él. Que le llegue la pelota y proceda. Pero no le llega porque Australia es un bloque defensivo compacto y duro. Dan leña hasta para vender. El partido no se quiebra por ningún lado. Argentina no puede atravesar esa aduana y entonces toca hacia los costados, hacia atrás, da vueltas y vueltas. Y ya van 35 minutos de bailar con la hermana hasta que el genio aparece y, de la nada, inventa un gol colosal, y el Ahmad Bin Alí, un estadio también colosal, explota. Literalmente, revienta.

Es el poder de lo sobrenatural, de lo antiterrenal que tienen estos sujetos a quienes Dios les confirió poderes que a nosotros no. Tiró una pared larga con Mac Allister, el 20 se la devolvió, pero le cayó a Otamendi, que quiso pararla y le rebotó, Messi casi que se la robó del pie y le dio como venía entre medio de un bosque de piernas australianas. Y la bola entró, entró, sí… Y se rompió el partido. Y ahí empezó el genio a componer una oda mundialista. Y treinta o cuarenta mil comenzaron el clásico “Meeeessi… Meeeessi…” haciendo la reverencia, una creación catalana de cuando el 10 deleitaba en el Barcelona.

Explotó el canto también. “Vení, vení, canta conmigo… Que un amigo, vas a encontrar… Que de la mano, de Leo Messi… Todos la vuelta vamos a dar…” Y eran decenas de miles que trasladaron el ritual dominguero de allá para acá. No era la cancha de Boca o de River, era Qatar. La noche que cumplía 1.000 partidos oficiales le regaló él una fiesta al país. “Está acabau”, dicen en España. El acabau dio un recital con Calamaro y juntos enloquecieron a la gente.

Otra vez, como ante México, Messi desahogó a toda la Argentina. Ahí el equipo se soltó y comenzó a jugar liberado. Y llegó el segundo por una picardía de Julián Álvarez que le robó el balón al arquero Ryan (no el soldado) y rapidísimo la mandó a la red: 2-0. Y siguió el festival de Messi, pero en una contra de Australia, un tiro desde fuera del área se desvió en Enzo Fernández y descolocó a Dibu Martínez, el gran custodio de los palos argentinos.

Insólitamente, Australia se ponía 1-2 y empezó a agrandarse. A su vez, Leo se agrandaba más, por minuto hacía una maniobra más hermosa y profunda que otra. Gambeteó a toda Australia, le sirvió dos goles a Lautaro Martínez que éste falló inexplicablemente (o explicable viendo cómo juega). Y en el último suspiro, con 97 minutos en el reloj, el moreno y fornido Kuol tuvo el empate en sus pies, remató, se congeló el corazón de millones de argentinos, paquistaníes, bengalíes, indios y asiáticos en general que son hinchas de Messi, y el desfachatado pero notable Dibu Martínez hizo una tapada de milagro.

Los compañeros se le echaron encima para agradecerle como se agradece a la virgen. Evitó el infarto masivo. Y ganó Argentina. Y está en cuartos de final después de aquella tarde aciaga contra Arabia Saudita. Y celebró como nunca.

Cuando un genio está en su noche es posible hacer felices a cientos, a miles de millones. Se llama Leo Messi y es oficial: no está acabau.

(03/12/2022)

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El fin del miedo

Jorge Barraza, columnista de Marcas

Por Jorge Barraza, enviado especial a Qatar

/ 3 de diciembre de 2022 / 00:05

Ya se fueron tres cuartos de Mundial. Una brisa del golfo se llevó 48 de los 64 partidos y hoy arranca la recta final hacia el título con los octavos de final. La yema del huevo.

La nota más alta de esta primera fase se la lleva el anfitrión. Un Mundial tiene cuatro patas: a) el país, b) la organización, c) el juego propiamente dicho, d) el público.

Qatar país ha sido la revelación del campeonato. Todavía una nación en desarrollo, pero con altas posibilidades de ser un faro en cercano oriente por crecimiento, modernismo y posibilidades económicas. Deslumbró a los visitantes y cumplió como organizador.

Nos encontramos en una cafetería con Nassib Neme, presidente histórico del Emelec, poderoso empresario, hombre viajado. Dice entre sorprendido y exultante: “Este Mundial ha sido un espectáculo en todo sentido. He estado en seis Copas: México, Italia, Estados Unidos, Francia, Alemania y Brasil…! Pero esto es inimaginable…No hay forma de encontrarle un pero a nada. Infraestructura, logística, alimentación, servicio al turista, seguridad, estadios, organización, belleza arquitectónica por doquier, nada librado al azar, me he quedado boca abierta, tienes buses, trenes, Uber, atención médica, hotelería y restaurantes para albergar a todos, y el fútbol que han mostrado varias selecciones así como la organización de los partidos raya casi en la excelencia”.

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En consonancia con los clarines que sonaban en sus países, buena parte del periodismo europeo llegó con el cuchillo bajo el poncho, anidaba la esperanza de poder criticar.

No ha podido. Se encontró con un país asombrosamente moderno, seguro y ordenado, en el que todo camina bien. El montaje del torneo es perfecto, ni una mancha, ni un atisbo de error.

La grandeza aflora en cada detalle. Y no hay obreros con tarros de pintura dando las últimas pinceladas, terminaron hace rato.

Un centro de prensa principal de 40.000 metros cuadrados con dimensiones colosales y todas las posibilidades tecnológicas. “Los estadios son los mejores que se hayan visto en los Mundiales, los mejor hechos, los más bonitos, Luisail es increíble”, dice Diego Torres, del diario El País, de Madrid, con cinco Copas en el currículum.

No obstante, lo verdaderamente revolucionario fue la refrigeración de los recintos, que garantiza a los jugadores un clima de 20 grados en el césped, es decir la temperatura perfecta para correr. Ojalá se repita en los próximos torneos.

“¿Lo mejor…? El país”, dice sin un átomo de duda César Augusto Londoño, figura de la TV colombiana, presente en 11 Mundiales. “Dentro de eso, la seguridad, que es total, y la libertad para caminar sin temores”, agrega. “Y en lo que atañe al campeonato, el poder ver dos partidos el mismo día por la cercanía de los estadios, que en otros lados era imposible”.

¿Cómo será la visión de un cubano, no tan habituado al fútbol…? Jhonah Díaz González, de Prensa Latina, hace su debut en la Copa del Mundo. “Lo que más me gustó es que Qatar 2022 marca el fin de las enormes distancias entre chicos y grandes —opina—. Todas las selecciones tienen las mismas capacidades, algunas con mejores nóminas. Todos tienen opción de ganar”. Y en otro sentido, agrega: “Me enamoré de Lusail, la ciudad isla creada para albergar el gran estadio de la final y como parte del plan Qatar 2030. Se respira modernidad allí. La belleza de su arquitectura la veo incluso superior a Doha, que es preciosa, pero Lusail será maravillosa una vez terminada”.

Andrea Guerrero, periodista colombiana de Win Sports —cuarto Mundial asistido— habla de tres puntos: “Me impactó ver materializado el proyecto de país trazado hace tantos años con el Mundial como epicentro y el deseo de agradar al mundo después de tanto desprestigio recibido. Hicieron todo.

Segundo, las enormes proporciones de todas las cosas, calles, estacionamientos, veredas, centros comerciales, todo es gigante y espacioso. Como esto era desierto, tenían lugar e hicieron cada cosa así.

Lo tercero es la angustia del extranjero o del mismo qatarí por querer demostrar que el país es bueno. Muchos extranjeros me dicen ‘por favor cuenta lo bien que te han tratado aquí, da una imagen distinta de Qatar’”. También tiene un punto negativo: “El choque cultural es impactante en cuanto al rol de la mujer. He experimentado una sensación de vulnerabilidad como mujer, de cuáles son mis alcances, sobre todo porque venimos de occidente, de países donde la mujer tiene un papel muy importante, puede alzar la voz y sentirse respaldada y protegida. Eso aquí no lo he sentido”.

Adelantamos el ítem cuatro: el público. 2.369.516 espectadores en 48 encuentros, a una media de 49.364 por cotejo. Fantástico, pues se trata de uno de los estados más pequeños del mundo (puesto 140 en población) y no tan futbolero, significa que a esa cifra se llegó fundamentalmente con los hinchas foráneos.

Que pudieran llegar sin problemas. Y, en ese contexto, Argentina copó Qatar, por eso le llaman “la segunda anfitriona”.

Nadie puede entrar aquí sin el Hayya Card, una tarjeta de identificación con la que cada visitante queda registrado y puede ser ubicado. Todo ha sido muy pacífico porque, entre otras cosas, no es gratuito generar desmanes aquí, la Policía funciona…

Volvemos un casillero atrás, al punto tres: el juego. Es el Mundial de las sorpresas, de la intensidad, del vértigo, de los batacazos, donde los chicos perdieron el temor reverencial a los grandes. Ganan o pierden, pero archivaron el miedo.

Arabia Saudita noqueó a Argentina, Japón tumbó a Alemania y España, Marruecos hundió a Bélgica, y hubo triunfos inesperados de Australia sobre Dinamarca, Túnez sobre Francia y Camerún ganándole a Brasil.

Muchos. Siguen las malas noticias para los latinoamericanos: de seis que llegaron a Qatar, cuatro ya se volvieron en primera fase. Se ven lentos frente al resto. Pareciera como que éstos se comunicaran por fax y los otros por WhatsApp. Solo queda en carrera Brasil y Argentina. A ver qué logran…

No obstante, ninguna decepción puede compararse a la de Alemania, por segunda vez consecutiva eliminado en fase de grupos. La cátedra fue durísima: “Vergüenza, se tocó fondo”, escribió el Bild. Y continuó: “Tres torneos seguidos en los que no hemos conseguido nada (en la Eurocopa lo apearon en octavos). El mundo del fútbol temblaba ante nosotros.

Ahora Alemania es solo un enano futbolístico”. Kicker opinó: “La debacle es total”. Y el Velt fue cáustico: “Alemania ya no es un equipo de torneos grandes. Se necesitan cambios fundamentales”. Son los medios principales en deportes.

¿Habrá llegado el fútbol a su límite físico…? Es difícil responderlo, pero nunca se vio el despliegue actual, los africanos, asiáticos y americanos del norte (Canadá y Estados Unidos) son aviones. Hay tres parámetros en los que se basa el juego de casi todos: intensidad, posesión y ataque. Ya no se ve a nadie presentar un equipo defensivo, esos de poner el bus delante del arquero. Todos buscan ganar, es el gran avance.

Siempre tuvimos como referencia tope a Italia ’90 en la organización y a Brasil 2014 por el fútbol. Éste se acerca mucho a ambos. O los supera en los dos sentidos.

(02/12/2022)

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Frappart hizo historia, Japón también

Jorge Barraza, columnista de Marcas

Por Jorge Barraza, enviado especial a Qatar

/ 1 de diciembre de 2022 / 20:35

¿Destino, casualidad…? Tuvo que ser en Qatar, donde es tan cuestionado el rol secundario que se adjudica a la mujer, que Stephanie Frappart, francesa de 38 años, plantara la bandera de su género.

La Neil Armstrong del referato femenino dirigió ayer Alemania 4 – Costa Rica 2 y se convirtió en la primera de su sexo en conducir un partido de la Copa del Mundo masculina.

Que, como nos dijo Javier Castrilli, “no la designaron para quedar bien con nadie sino porque es verdaderamente excepcional como árbitra, un talento que está por encima de gran parte de los réferis varones”. Ella dio el silbatazo inicial, ahora vendrán otras.

Lo mismo pasó con las periodistas mujeres. Ver una relatando partidos por radio, como nos pasó con la paraguaya Estela Marecos en la Copa América de 1999, resultó al menos curioso para muchos, pero Estela posee tal personalidad que dejó boquiabiertos a todos. Narraba mezclando español con guaraní, apretujada en medio de la platea (no le habían dado cabina, como a los hombres) con una garra sobrecogedora.

Julio César Romero, el gran Romerito del Cosmos y de la Selección Paraguaya, le oficiaba de comentarista y parecía un pollito a su lado. Sentimos tanta admiración por ella que la entrevistamos. Hoy, afortunadamente, las Estelas son lo más normal.

El Centro de Prensa, donde entran y salen 12.500 enviados de los medios del mundo, tiene mayoría de hombres, es cierto, pero hay cantidad de mujeres. Está absolutamente naturalizado. Este cronista comparte en la televisión con dos de ellas y son supercapaces para analizar fútbol. Stephanie fue la estrella de la noche en el Alemania – Costa Rica. La iluminó.

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Es encantador viajar en el Metro de Doha. Por su modernismo y porque allí comparten todas las nacionalidades y se palpa en pulso humano de la Copa. Y ha venido un gran número de mujeres, las cuales van vestidas a su gusto, con faldas cortas, blusas breves, y nadie las molesta. Hay un respeto casi reverencial con el visitante. La gente local está feliz de colaborar y la calidez borra las diferencias culturales o idiomáticas.

Cuando el público empieza a hacer la ola es porque el partido es como bailar con la hermana. La gente se abstrae y se divierte sola. Como si se pusiera a jugar a la mancha. Se fue el primer tiempo con un triunfo casi administrativo de Alemania por 1 a 0 con gol de cabeza del siempre eficaz Serge Gnabry. Pero el segundo fue cumbres borrascosas, un volcán de pasiones.

Todo lo que pasó en este Alemania – Costa Rica en Jor da para un fascículo más que para una columna. Alemania no solo necesitaba el triunfo, también goles para superar la mejor diferencia de tantos de Japón. No obstante, estaba tranquilo porque, en el estadio Khalifa, España vencía a los hijos de Hirohito.

Hasta que llegaron noticias del Khalifa: gol de Japón, 1 a 1. Y tres minutos otra mala nueva, esta sí, un mazazo: nuevo gol japonés, 2 a 1 sobre España. No podía estar pasando, no a ellos. Ahí hubo de apretar el acelerador el equipo de Hansi Flick, pero pasó lo increíble: a los 58’ gol de Costa Rica: 1 a 1. Y si eso fue un balde agua helada, doce minutos después le tiraron un iceberg encima: otro gol de los ticos: 2-1.

El estadio Al Bayt explotó, porque al grupito de costarricenses se sumó el neutral. Estábamos frente a otra de las increíbles sorpresas de este campeonato mágico en el que todos van para adelante y los jugadores corren como poseídos porque están frescos, están con 20 grados en el césped. Por eso y porque este torneo marca un despertar de los abajo, todos quieren ser, creen que pueden, se atreven, perdieron el miedo y encontraron el atrevimiento. Es hermoso. Los partidos son trepidantes y de una emoción infrecuente.

Flick hizo cinco cambios, Alemania se vio en peligro de eliminación y se acordó de ser Alemania. Empezó a atacar por aire, mar y tierra. Desbordó por todos los flancos a Costa Rica, cuyo héroe deportivo nacional, Keylor Navas, estuvo heroico una vez más, salvando situaciones extremas.

No obstante, llegaron tres goles alemanes, tres balas que perforaron el pecho centroamericano. Pero no lo mataron, vive Costa Rica, puso el alma, su gente ovacionó el espíritu, el valor de los muchachos. Joel Campbell, como siempre, estuvo finísimo, Yeltsin Tejeda, Brian Oviedo Keysher Fuller, todos se jugaron enteros con gigantesca dignidad. Aún perdiendo, borraron de la memoria colectiva el 0-7 ante España.

Fue un partido inolvidable, que, combinado con el resultado de Japón-España, alcanzó altas cotas de dramatismo. Cuando el fútbol se juega así no queda ninguna duda, es el espectáculo más grande del mundo.

El día previo, Lothar Matthaeus advirtió que había que posar los ojos en Musiala, el chico del Bayern Munich. “Será el nuevo Messi”, anunció. Y es cierto, a Jamal lo vemos seguido en la Bundesliga y en Champions, tiene pasta de grande.

Sabe Dios si será un nuevo Leo. Messi a los 19 años era la bomba atómica. Sin embargo, el chico de Sttutgart jugó un partido colosal, quería ganar, apiló rivales por docena, tiene una gambeta corta indescifrable. Puede ser quien tome el relevo. De acá se va porque le tocó estar con una generación un tanto envejecida. Pero para 2026 llegará siendo ya una estrella.

El siempre ponderado fútbol alemán de la eficiencia y la confiabilidad debe revisar algo, dos veces seguidas queda eliminado en primera fase en los Mundiales, Y frente a rivales superaccesibles. ¿Qué le pasa…? Lo estudiarán en las universidades, seguramente.

“El fútbol es un deporte donde juegan once contra once y en el que siempre gana Alemania”, acuñó Jorge Valdano hace unos años. Ya no corre.

(01/12/2022)

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