Wednesday 22 Mar 2023 | Actualizado a 18:50 PM

‘Desde ahora ficho yo’

Jorge Barraza

/ 12 de marzo de 2023 / 21:00

Fue en julio del 2000. Un exitoso empresario de la construcción de nombre Florentino Pérez era electo por primera vez presidente del Real Madrid.

A poco de asumir se reunió con Vicente Del Bosque, por entonces entrenador del primer equipo, para delinear los posibles refuerzos de cara a la temporada 2000-2001.

Barajaron varios nombres, Del Bosque pidió con insistencia a Flávio Conceição, discreto centrocampista brasileño del Deportivo La Coruña. A Florentino mucho no le agradaba y empezó a deslizar algunos reparos. “¿Le parece…?”. Del Bosque: “Que sí, que sí…” Florentino no terminaba de tragar la píldora, pero Vicente se plantó firme: “Le quiero”.

-¿Está seguro…?-, preguntó el flamante presidente.

-Totalmente.

Bien, como buen dirigente, respaldó el pedido de su técnico e inició conversaciones con sus pares del Depor. Le pidieron un platal: 4.000 millones de pesetas, moneda todavía en circulación. Equivalía a unos 26,5 millones de dólares, una locura para la época por un volante de marca. Florentino dio un respingo.

Entre que no le convencía Conceição y el fortunón que costaba, le dolía hacer la operación. Pero hablaba con Del Bosque y este se mostraba más convencido cada vez. Finalmente se concretó el fichaje: 4.000 millones de pesetas y 5.000 millones más el contrato del jugador.

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En septiembre comenzó el campeonato, el Madrid no lucía bien y Del Bosque no alineaba al brasileño. Florentino fue al entrenamiento y, en medio del campo, conversaba con el Míster. La pregunta se caía de madura:

-¿Y Conceição por qué no juega…?

-No le veo-, respondió con una mueca de desaprobación el bueno de Vicente.

Florentino no dijo una palabra. “¿Me haces gastar nueve mil millones de pesetas y no le ves…?”, pensó. Subió a su despacho y, conversando con su gente de confianza, sentenció: “Desde ahora ficho yo”. Y, 23 años después, sigue haciéndolo.

Desarticuló la dirección deportiva (posiblemente sea el único club, entre los primeros quinientos de Europa, sin secretario técnico ni director deportivo). No le fue tan mal: ha ganado 31 títulos, entre ellos, 6 Copas de Europa. Y tiene algunos aciertos personales notables como el de Benzemá.

Lo cuentan en el Bernabéu: “Florentino estaba en su casa mirando un partido del Lyon, lo vio ahí y quedó deslumbrado. Dijo: a este hay que traer”. Y lo llevó por 38 millones, cifra módica comparada con la de otras transferencias y, sobre todo, con su descomunal rendimiento. Contrató a Sergio Ramos del Sevilla, a Modric del Tottenham, a Courtois del Chelsea, a Casemiro por 5 millones al São Paulo FC, a Valverde por idéntico valor a Peñarol, a Vinicius, a Rodrygo, y una veintena de bombas más. También la pifió con Hazard y alguno más, pero en general es un francotirador fantástico, donde apunta…

Flávio Conceição no tuvo un buen rendimiento, jugó poco y, en cuanto pudieron, lo colocaron a préstamo hasta vencer su contrato. El presidente no le da el mango de la sartén a nadie. Así ha hecho del Madrid el club más ganador de la tierra.

Es impensable que, sin conocerlo, Florentino le aprobara 198 millones de euros a Luis Campos para gastarlos a voluntad en jugadores sin rendimiento contrastado. Es lo que ha hecho el Paris Saint Germain con su director deportivo portugués.

Llegó en junio y le dio vía libre. Y Campos contrató a Vitinha (44,1 M$us), Ekitike (préstamo con opción obligatoria de compra por 41 M$us), Nuno Mendes (estaba en el PSG cedido y fue aprobada su opción de 40,2 M$us), Fabián Ruiz (24 M$us), Carlos Soler (19,1 M$us), Renato Sanches (15 M$us), Mukiele (12 M$us). Son los siete refuerzos que recomendó Campos para ganar la Champions. Ninguno destacaba en su club y ninguno ha rendido ni siquiera mínimamente a satisfacción, por lo que el descontento con Campos es monumental.

Renato Sánches viene de fracasar en varios equipos y no fue convocado por Portugal para el reciente Mundial. Christophe Galtier casi no lo tiene en cuenta. Soler no ha cuajado en absoluto, Nuno Mendes tiene graves errores de marca… Pero el peor de los casos es Ekitike, de bajísima prestación y por quien deberán pagar 41 millones a fin de temporada.

No saben qué hacer con él. Jean-Pierre Caillot, presidente del Stade Reims, que lo transfirió, salió en defensa del delantero: “No hemos estafado al PSG, Ekitike va a ser un gran jugador”. Lo insólito es que Luis Campos cumple la misma función simultáneamente en dos clubes: también recluta los jugadores para el Celta de Vigo, decimosegundo en la liga española, a tres puntos de la zona del descenso.

El PSG fue eliminado de la Champions por el Bayern Munich sin mostrar juego ni carácter. Y fue apeado de la Copa de Francia por el Olympique de Marsella. Le queda apenas la Liga, en la que aún lleva buena ventaja sobre el equipo marsellés, pero está sostenido casi exclusivamente por los 44 goles y 27 asistencias en conjunto de Mbappé, Neymar y Messi. El resto del equipo no está a la misma altura. Con lo que tiene le da para liga nomás.

El PSG es un club rico con un equipo pobre. Esto, a causa de sus consuetudinarios malos fichajes. Ahora Galtier está en el precipicio, pero es un excelente entrenador, su error fue aprobar las compras de Campos. Suena el nombre de Zidane para sustituirlo, aunque Zinedine habría puesto como condición que se aleje el polémico Campos, quien en el partido ante el Lille, hace tres semanas, viendo que el equipo era una lágrima, bajó del palco fuera de sí y se puso a dar indicaciones al borde del campo de juego, ridiculizando a Galtier.

“La historia le ganó a los millones”, titularon en Europa acerca del triunfo del Bayern sobre el PSG. Error. El Bayern también gastó 154 millones en incorporaciones. En Europa hay diez o doce clubes que erogan ese dinero en cada mercado. Y algunos, como el Chelsea, más.

La diferencia es que gastan bien. El Bayern contrató, entre otros, a dos consagrados: Sadio Mané y Matthijs de Ligt. En enero, por la lesión de Mahuel Neuer (se accidentó esquiando), trajeron de urgencia al excelente arquero de la selección suiza Yann Sommer por apenas 8 millones. Imposible escoger un reemplazo mejor.

Como Florentino, tampoco Rummennigge o Uli Hoeness, que han luchado una vida para hacer del Bayern el club mejor gobernado del mundo, le darían a Campos licencia para tirar por la alcantarilla 198 millones para debilitar al equipo. Esas cosas no pasan ahí. Cuando el bosnio-alemán Hasan Salihamidžić (director deportivo) se presenta ante el directorio de Bayern Munich AG, sociedad anónima compuesta por el club (75,01% del paquete accionario), Audi (8,33), Adidas (8,33) y Allianz (8,33) debe explicar minuciosamente a quién piensan traer, por qué, los antecedentes, mostrar videos, todo.

Si el Bayern necesita un arquero trae a Neuer, del Schalke, diez años seguido el mejor del mundo; cuando precisa un goleador ficha a Lewandowski, y si se va Lewandowski llega Mané. Si se jubila Lahm viene Kimmich, del Leipzig, el mejor futbolista alemán de los últimos años. Y si se necesita un creativo va por Ribery. Cuando se busca un punta, lleva a Robben. Quiere un 8 y ficha a Goretzka. Busca un lateral y se asegura a Davies, una motosierra. Todo es así. La historia no tiene nada que ver, gana la inteligencia, el saber de fútbol.

Antiguamente, cuando los campeonatos en la Argentina iban de marzo a diciembre, había una frase que resumía la importancia del libro de pases: “En marzo se sale campeón, no en diciembre”.

(12/03/2023)

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Al final, a América la conquistó Alemania

Thomas Müller, Klose, Hummels, Kroos, Schweinsteiger, Neuer, Lahm, Schurrle, Gotze… demasiados cracks juntos…

Quedaban apenas siete minutos para ir a penales. El mundo entero intuía que ése era, a esa altura, el destino inmodificable de la final, sin embargo, Mario Gotze se opuso. Quebró la inercia del juego y la paridad del resultado con un gol extraordinario y dijo penales no, Alemania campeón. Amortiguó con el pecho una habilitación de Schurrle, mitad centro, mitad pase, y cuando bajaba, sin dejarla tocar el césped, la mandó de zurda a la red de Romero, que ya se estaba vistiendo de héroe para la tanda de los 12 pasos. Golazo, una joya técnica, perfecta concepción y ejecución, la maniobra más portentosa del partido lo definió. Y Alemania campeón; el país de Beckenbauer, de Gerd Müller, de Paul Breitner, Wolfgang Overath, Uwe Seeler y tantos otros, logra su cuarta corona del mundo tras ocho finales. Siempre estará Alemania definiendo, siempre habrá once alemanes que jueguen bien a la pelota y costará ganarles por capacidad, mentalidad, confiabilidad, insistencia. Honor al campeón.

Fue la final que imaginábamos: pareja, dura, de alto nervio técnico, con gran intensidad, velocidad y marca, mucha disciplina táctica. El único desliz costó el gol y el título: Demichelis, tal vez inconscientemente, se fue hacia la derecha, donde Schurrle estaba marcado por dos, descuidando su marca, le dio tres metros libres a Gotze a espaldas suyas y el alemanito definió como los grandes jugadores.

Es lo que el público normal suele no percibir y por ello no entender: estos partidos son cerrados no porque falte talento, sino al revés, es tal la categoría del adversario que la menor distracción, el mínimo fallo, se paga con la derrota. Miren en el video la acción de Demichelis. Dio apenas tres pasos a su derecha, suficiente para tener que ir a buscarla al fondo del arco.

El mejor elogio para Argentina es decir que no jugó cómodo Alemania, no pudo repetir el show de bola del 7 a 1. Porque Brasil ese día fue un equipo de oficinistas un domingo a la mañana. No tuvo la menor seriedad defensiva. Argentina se le plantó como a Holanda y le dio pocas chances. Es más, las mejores del partido las tuvo el equipo de Sabella. La de Higuaín que tiró afuera, la de Messi, la de Palacio… Pero en un duelo ajustadísimo, la eficacia es la que determina al campeón. La mejor de Alemania fue ese cabezazo de Howedes que devolvió el palo. No hubo muchas. No tienen que terminar 6 a 5 los partidos para ser bonitos. Bonito es ver dos grandes que se estudian, se miden, se calculan antes de embestirse. Alejandro fue el mejor capitán de la historia, y a veces estaba diez días sitiando una ciudad antes de decidir el ataque final. Y nadie decía “batalla fea”. Era Alejandro, nadie sabía más de la guerra.

Thomas Müller, Klose, Hummels, Kroos, Schweinsteiger, Neuer, Lahm, Schurrle, Gotze… demasiados cracks todos juntos… Este título es el corolario de una generación alemana copiosa y notable, que aún tiene edad para más.

Ha ganado el que fue mejor al cabo del torneo. Y cuando ello sucede quedan pocos argumentos para rebatir. Apenas la jugada del minuto 54, cuando Higuaín fue a buscar un envío largo de Zabaleta y al entrar el área Neuer le fue de manera brutal con la rodilla en la cabeza. Casi lo mata. Nadie puede salir a cazar de ese modo a un adversario. Ni con la excusa de ir a la pelota ni con el argumento de ser arquero. El reglamento no dice que el arquero tiene licencia de caza. Pudo haberlo lastimado muy mal. Es un portero fenomenal Neuer, pero rezuma en sus actitudes un tufillo de mala intención; de que tiene fuerza y la ejerce. No es un ángel, le sale el origen bárbaro en ciertas acciones. No hay inocencia ninguna en él. Y esto se va a dar muchas veces más, porque recién empieza su carrera; estemos atentos. Esa jugada era penal y expulsión. El juez cobró tiro libre a favor de Alemania.

Enfrentando a cinco europeos le tocaron a Argentina cuatro jueces de ese continente, algo que no parece estar bien. Pero no hay que llorar. Muy lindo fue ver a los jugadores argentinos ir a recoger sus medallas sin llanto; aquí, el Brasil entero quedó asqueado de tanto lloriqueo de sus jugadores. Cantan el himno y lloran, pierden un partido y lloran, fallan un penal y lloran. Tienen razón los hinchas, los periodistas: “¡Basta de llorar, jueguen al fútbol…!” Éste es un juego, no una guerra, no muere nadie (salvo que te agarre Neuer a la carrera), y la gloria es una dama hermosísima, pero si se va con otro hay que hacerle frente a la realidad, la vida sigue, en todo caso, volver a intentarlo, como lo intentó este calificado grupo de muchachos alemanes a quienes les fue esquiva en los dos mundiales anteriores, pero volvieron a la carga y son campeones. Lo merecen por calidad y por perseverancia. Estos alemanes tienen, además, una suerte maravillosa, los esperan unas buenas vacaciones con esas novias y esposas esculturales, preciosas…

Carlos Valderrama dijo una frase magnífica al comienzo de la Copa: “Messi es un genio, pero para ser campeón necesita un equipo”. Muy certero. Y porque Argentina fue eso, un equipo, estuvo cerca de coronar. No lo logró porque le faltaron laderos con los que poder tocar, triangular, desequilibrar al rival. Está solo en la creación, así es difícil. Tiene al número uno, Argentina, le falta un número dos, un tres. Pasa del uno al ocho. En este fútbol del nuevo milenio, nadie gana solo un campeonato. El juego está totalmente colectivizado.

Se va con la cabeza erguida la Celeste y Blanca. Vino con un equipo desacreditado, se va subcampeón. Llegó a su quinta final, revalorizó su nombre como potencia futbolística, mostró toda la personalidad del jugador rioplatense. Todo es gane. Se dijo que le había tocado el camino más sencillo: es al revés, le tocaron cinco rivales europeos: Bosnia, Suiza, Bélgica, Holanda y Alemania. ¿Quién quiere enfrentar a europeos…? ¿O son más sencillos los asiáticos, los africanos, los de Concacaf…?

Una gruesa porción de Latinoamérica celebró ese gol de Gotze. Respiró con él. Si iban a penales eran capaces de ganar esos argentinos…

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Razones que explican un Mundial espectacular

Disputado el 50% de la Copa, son tantos los puntos positivos que, si no decae, es el Mundial más atractivo de la historia

Advertimos dos mundiales, el de afuera y el de adentro, muy distintos ellos. El primero —organizativo— muestra grandes deficiencias y pierde lejos en la comparación con muchos otros, pero es motivo de un artículo aparte. El de adentro —el juego— es espectacular: fútbol ofensivo, partidos vibrantes, mínimos empates, muchos goles, luminarias que iluminan, nada de especulación, juego limpio… Disputado el 50% de la Copa (32 encuentros), son tantos los puntos positivos que, podemos afirmarlo, si no decae en la segunda parte, es el Mundial más atractivo de la historia. Hemos visto 13 torneos y asistido a nueve, estamos persuadidos de que en ningún otro se jugó, en líneas generales, mejor. Todos tuvieron algún puñado de figuras y choques inolvidables, pero éste es más homogéneo en ese sentido, la impresión es más robusta. La gente espera de los mundiales un show de fútbol, y lo está viendo.

EN COMPARACIÓN CON EL 70. La de México también fue una Copa muy bonita, pero con un ritmo ostensiblemente más lento que ésta, no se conocía la presión en la marca. Lo admitió Francisco Varallo, quien jugó el Mundial del 30. Cuando Martín Palermo estaba por batir su récord de goles en Boca Juniors, señaló: “Ahora es más difícil hacer goles, hay que reconocerlo. En mi época, yo paraba la pelota, me acomodaba, elegía el lugar adonde quería mandarla y le pegaba ahí”. Eso no existe más.

Quienes están en contra de jugar con 32 equipos argumentan que eso responde a la necesidad del negocio (apelar al tema del negocio da credibilidad a cualquier postura, aunque esté equivocada). Y que muchos equipos son de relleno. En 1970 se jugaba con 16 equipos, y había al menos siete de relleno: El Salvador, México, Bulgaria, Rumania, Israel, Marruecos, Bélgica, que entonces no era nada (ese año logró su mejor ubicación mundialista siendo 10° entre 16). Por cierto, quienes sostienen esta tesis consideraban a Costa Rica un relleno en esta Copa.

LA BÚSQUEDA DE LA VICTORIA. Ésta ha sido siempre una receta maravillosa para conferir emoción al juego. Aún sin que abunde el talento, el espíritu ofensivo es la llave que abre el corazón del hincha. Hasta Irán, aún con un esquema cauteloso, pensó seriamente en vencer a Argentina; y le creó tres situaciones netas de gol, las tres mejores de la tarde. Antiguamente, Costa Rica hubiese salido a perder por poco con Italia o Uruguay, ahora vino decidido a ganarles. Lo que mata al fútbol es la especulación. A nadie le interesa el empate. Si se da, se acepta, pero ya no se busca deliberadamente. Y todos se atreven a ganar, están convencidos de que pueden.

LA INTENSIDAD DEL JUEGO. La vibración, el ardor, la velocidad, la entrega, mejoran visualmente al fútbol, le dan más espectacularidad. Se juega con el alma los 95 o 96 minutos cada partido. El Argelia 4 – Corea del Sur 2 de ayer es un paradigma de lo que han sido los cotejos hasta ahora: no se dieron un segundo de tregua, fue palo y palo de comienzo a fin. Otro ejemplo de esto fue Colombia 2 – Costa de Marfil 1. Hay muchos más: Italia-Inglaterra, Uruguay-Inglaterra, Brasil-México, Chile-España, Alemania-Ghana… En Suecia 1958 un futbolista corría cuatro kilómetros en 90 partidos. Hoy está bordeando los 13. Serge Aurier, el número 17 marfileño, recorrió 19.342 metros en el juego frente a Colombia. Siempre habrá un purista que encuentre el pelo en la leche, pero se deja todo en el campo, y eso se valora.

NADIE TRAJO EL AUTOBÚS. Brasil 2014 supone el fin de los esquemas ultradefensivos. Ningún entrenador salió con la táctica del autobús. Con menos o con más, todos intentan ir al frente.

JUEGO LIMPIO. Nadie vino con el garrote. Apenas hay cinco expulsados en 32 partidos. También muy baja cantidad de amarillas. Éste es el máximo escenario del fútbol, están los ojos del mundo mirando y los jueces están muy aleccionados. Algunos se les escapan, como Thiago Silva, de temeraria entrada de atrás a Chicharito Hernández, pero es una excepción. Pegar es un recurso del pasado. Con el reglamento actual, dejó de ser negocio: te echan.

EL UNIVERSO COMPETITIVO. Brasil 2014 marca un retraso asiático en cuanto a Corea y Japón: decayeron. Pero más parece una cuestión estacional, de camada de jugadores. Tampoco han subido mucho los africanos, de quienes siempre se espera un despegue definitivo. Igual, Costa de Marfil, Argelia y Nigeria mostraron matices interesantes. Otras regiones mostraron avances. Muy ponderable lo de Concacaf, que después de este Mundial tendrá derecho a reclamar cuatro plazas fijas (Europa debería bajar de 13 a 12; al menos en este torneo están sobrando Bosnia, Rusia, Grecia, equipos sin creatividad). Concacaf ha presentado tres competidores fuertes: México, Costa Rica y Estados Unidos. Los dos primeros, excelentes. También Sudamérica viene creciendo (merece una quinta plaza fija). Lo de Chile y Colombia es simplemente magnífico. Están en la más alta consideración internacional.

LA PREPARACIÓN. El avance que mencionamos en el ítem anterior está muy ligado a la excelente preparación con que llegan las selecciones. FIFA entrega a cada asociación 9,5 millones de dólares solo por clasificar al Mundial. Eso permite un alistamiento de máximo nivel. Todos los equipos cuentan con técnicos de prestigio y dedican mucho tiempo para entrenar y disputar amistosos. No hay más lugar para improvisaciones ni criollismos como antes.

Lo único verdaderamente flojo han sido los arbitrajes. Pero de esto no tienen culpa los jugadores ni los entrenadores. Ni el público.

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EN COMPARACIÓN CON EL 70. La de México también fue una Copa muy bonita, pero con un ritmo ostensiblemente más lento que ésta, no se conocía la presión en la marca. Lo admitió Francisco Varallo, quien jugó el Mundial del 30. Cuando Martín Palermo estaba por batir su récord de goles en Boca Juniors, señaló: “Ahora es más difícil hacer goles, hay que reconocerlo. En mi época, yo paraba la pelota, me acomodaba, elegía el lugar adonde quería mandarla y le pegaba ahí”. Eso no existe más.

Quienes están en contra de jugar con 32 equipos argumentan que eso responde a la necesidad del negocio (apelar al tema del negocio da credibilidad a cualquier postura, aunque esté equivocada). Y que muchos equipos son de relleno. En 1970 se jugaba con 16 equipos, y había al menos siete de relleno: El Salvador, México, Bulgaria, Rumania, Israel, Marruecos, Bélgica, que entonces no era nada (ese año logró su mejor ubicación mundialista siendo 10° entre 16). Por cierto, quienes sostienen esta tesis consideraban a Costa Rica un relleno en esta Copa.

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