Saturday 22 Jun 2024 | Actualizado a 14:31 PM

Klopp es todo lo que está bien

Jorge Barraza, columnista de La Razón

/ 19 de mayo de 2024 / 22:12

Lidera, inspira, alienta, contagia, alegra, motiva, respalda, enseña…

Lloraron los del Mainz en 2008, lloraron los del Dortmund en 2015, lloran hoy los del Liverpool. Sólo en tres clubes ha estado Jürgen Klopp en sus 24 temporadas como entrenador, en los tres hay un denominador común: amaron tenerlo, lamentaron despedirlo.

Lloraremos, también, los hinchas de todos los equipos. Klopp es patrimonio de todos, lo queremos, queremos que esté siempre ahí, al borde del campo dando indicaciones, riendo con su sonrisa Kolynos, palmeando a sus jugadores, estrechando la mano del técnico rival.

¿Es el mejor entrenador de la historia…? Posiblemente debiera ser incluido en ese análisis, quizás subiría al podio. Los ha habido más eficaces, más revolucionarios, con mejor verbo, pero nunca deberá ser considerado apenas como un notable estratega o un genio táctico.

Klopp es mucho más que eso: es un líder espiritual, un amigo de sus jugadores, un increíble fabricante de mística, el sujeto que dará esperanza a los hinchas apenas llegar y los hará felices durante toda su estadía.

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Ni Guardiola ni Ferguson ni Ancelotti, por ganadores que sean, son capaces de generar la atmósfera de entusiasmo que crea este alemán de 57 años. Él simplemente mejora todo lo que toca. Guardiola es sin duda el número uno de todos los tiempos, pero no establece este tipo de relaciones afectivas con los hinchas ni deja la estela de cariño que riega Klopp.

Imaginemos la tristeza liverpooliana. Hoy, cuando acabó el partido ante el Wolverhampton, Jürgen dijo adiós después de casi nueve años de romance con Anfield. Ha decidido tomarse un año sabático para descansar, disfrutar de su esposa, ver fútbol por la tele, tomar clases de cocina y de baile. Anhela ser un hombre común, ir al supermercado, al cine, estar muchas horas en su casa, jugar con su perro. «Esta será la primera vez en mi vida en la que no tengo una idea real de lo que haré, y eso es exactamente lo que quiero».

El público no sabe que un entrenador de élite ejerce a tiempo completo 24/7. Sir Alex Ferguson comenta en su libro Liderazgo que, todos los días, 6,30 de la mañana ya estaba sobre el césped de Old Trafford, con un té en la mano, inspeccionado con el canchero el estado de la hierba. Y terminaba cada jornada muy, muy tarde por la noche. Lo mismo podría contar Klopp. O Guardiola. En ese nivel es así.

Se quedó sin energías, reveló. Han sido 24 años seguidos de entrenamientos, partidos, charlas, viajes, planificación, videos, concentraciones, ruedas de prensa…

Después de ser un discreto futbolista de Segunda División del modesto Mainz 05, le confiaron la dirección técnica del equipo, que parecía condenado a Tercera. Ganó seis de sus primeros siete juegos y se salvaron del descenso en la última fecha. Tras dos años intentando estabilizarlo, consiguió ascenderlo por primera vez a los 99 años de vida del club.

Ya en Primera, lo clasificó a la Copa UEFA 2005-2006, lo que para los hinchas era como ser campeones del mundo. En 2007 perdieron la categoría, pero apareció el Klopp que veríamos más tarde, el de la lealtad: se quedó a remarla en Segunda. Y ahora el Mainz es un equipo permanente de la Bundesliga 1.

Tras ocho años en Mainz, ya había ganado un prestigio y subió varios escalones: en 2008 lo contrató el Borussia Dortmund, que había tenido una temporada de espanto: decimotercero entre dieciocho. Pero llegó el optimista de Klopp y empezaron a remontar. Y una vez hechos los retoques necesarios al plantel y darle su impronta, ganaron dos ligas seguidas, en 2011 y 2012. Al curso siguiente llegaron a la final de la Champions. Fue una época de oro del club amarillo, le pelearon el reinado al Bayern Munich, de presupuesto mucho mayor.

Luego de siete años con los borusser, decidió tomarse un descanso, como ahora, pero apenas cuatro meses después de dejar el Signal Iduna Park apareció el Liverpool. Y nadie le dice no al club con más hinchas de Inglaterra. Luego de ser el dominador casi dictatorial del fútbol inglés (y europeo), al Liverpool se le habían juntado las vacas flacas, las brujas enterraron sapos en el césped de Anfield y las lechuzas anidaron en el vestuario. Y quedó entre tinieblas. Treinta años sin ganar una liga. Conste que en ese lapso el Liverpool fue dos veces campeón de Europa, lo cual es muy festejable, naturalmente, pero el hincha quiere el trono local, para mirar a los vecinos desde lo alto del orgullo. Para peor, su archirrival, Manchester United, ganó en ese lapso ¡13 ligas…! Y lo pasó en el historial.

Treinta años de sequía, hasta que un día apareció el Rey Sol. Nunca pensaron esos ingleses que amarían tanto a un alemán. Klopp es la confirmación absoluta de que, hoy, todo proyecto futbolístico que aspire al éxito pasa primero por el entrenador, luego por los jugadores. Hace cincuenta o sesenta años, cuando el técnico era un personaje paternal o caudillesco, o con buen verbo, los futbolistas estaban por delante y el DT podía triunfar si contaba con un plantel virtuoso. Hoy el fútbol es más sofisticado, infinitamente más complejo, los futbolistas son los dueños del vestuario, el exitismo roza el límite de la intolerancia y la competencia es feroz por lo equilibrada. Se necesita un conductor inteligente, estudioso, capaz tácticamente, trabajador, persuasivo, con mando y manejo de grupo, que absorba la presión. Por eso un gran entrenador cobra ahora entre 20 y 25 millones de euros al año. Y cuando aparece uno, se lo pelean los clubes de élite.

Ese título no fue de los jugadores, como suele decirse con demagogia. Fue todo de él, del gran artesano de Stuttgart, ya ciudadano ilustre de Liverpool. Nunca en la patria de Bobby Charlton un campeón se coronó 7 fechas antes del final, récord en los 137 años del torneo. Y con 23 puntos de ventaja sobre el segundo, nada menos que el Manchester City de Guardiola. Un registro fabuloso; tal vez pase un siglo para que se repita. O quizás nunca.

Intenso, dinámico, ofensivo, potente, agresivo, duro, mentalizado, eficaz, práctico. Así ha sido en estas nueve estaciones el Liverpool de Klopp. De buscar, buscar y golpear. Atacando con vocación, defendiendo con fervor. El carácter de un equipo lo transmite el capataz. Y detrás de la sonrisa permanente de Klopp hay un comandante firme, convencido de su plan. Se ha ganado definitivamente el olimpo del fútbol internacional por capacidad, sin regalos mediáticos ni campañas marketineras.

Y en el medio de tantas tardes y noches de gloria hubo tres finales de Europa, dos perdidas ante el Madrid, una ganada sobre el Tottenham. Y una Copa Inglesa, una Copa de la Liga, un Mundial de Clubes, una Supercopa de Europa… Todos los títulos posibles.

“A Klopp le faltaron el Bernabéu y Messi”, titula su columna Aritz Gabilondo, de As. “No ha habido otro técnico que haya sabido contrarrestar a Guardiola igual de bien que él”, escribe. Y agrega: “Hubiera sido fascinante descubrir, en cualquier caso, el rol de Klopp en un contexto más dominante. Un Klopp con dinero y opulencia, como el PSG y el City; con grandeza y gloria, como el Madrid o el Bayern; o con el mejor jugador de la historia, como el Barça. Klopp ha sido Klopp por cómo es Klopp. Sin un Bernabéu o sin un Messi. Simplemente entendiendo el fútbol por lo que le dicta el corazón”.

La pelota pierde un protagonista esencial. Lo vamos a extrañar.

Jerarquía de campeón… y Messi

Jorge Barraza, columnista de La Razón

/ 21 de junio de 2024 / 22:41

Debemos dar vuelta la media del comentario y empezar por Canadá. Un equipo físicamente muy duro. Y lo hace sentir: raspa. Siete de sus once titulares afrodescendientes, que ya sabemos son atléticamente fantásticos, ágiles, fuertes, rápidos, resistentes.

El Canadá que en Catar compuso un partido sensacional ante Bélgica y el Canadá que hace 13 días empató 0 a 0 con Francia en Burdeos. Ese día, Deschamps alineó completo el once que debutó en la Eurocopa ante Austria. Todos, Kanté, Camavinga, Dembelé, Griezmann, Thuram, salvo Mbappé, que entró en el segundo tiempo por Giroud.

Con un agregado: jugó a fondo Francia, pero no lo peloteó, fue parejo. Ese Canadá evolucionado y que dejó la piel en el estreno de la Copa América fue el rival de Argentina. El Canadá de Alphonso Davies y de Jonathan David, quien marcó 26 goles y dio 7 asistencias esta temporada en el Lille.

El que tiene a todos sus jugadores actuando en Alemania, Inglaterra, España, Italia, Escocia o en la Premier League. Y que posee, además, un técnico de prestigio, Jesse Marsch, quien entrenó en Austria, Alemania e Inglaterra (salvó del descenso al Leeds en la última fecha de 2022).

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Para muchos, por desconocimiento, Canadá es un rival para hacerle cinco. Pero no. Puede que Perú y Chile le ganen al equipo de la hoja, pero les va a costar un poco.

A Argentina le costó, debió trabajar el partido más de la cuenta, sin embargo, impuso su jerarquía de campeón y superó el debut, siempre difícil en todo torneo. Aunque a los 8 minutos Di María quedó sólo con el arquero Crépeau y definió apurado, al cuerpo, dando la primera señal de peligro a favor, se vio sorprendido en el primer tiempo el equipo de Scaloni por la desenvoltura y la potencia física de los americanos del norte.

“Finaliza el primer tiempo en el que Canadá estuvo mucho, mucho más cerca del gol que Argentina”, dijo el relator de la televisión. No fue así. El computo de las situaciones claras de gol, que es la más importante de todas las estadísticas, dice que Argentina tuvo 8 (aparte de los dos goles), frente a 3 de los canadienses, que debutaban en la Copa América y lo hicieron muy bien.

«Tuvimos una gran actuación, creamos ocasiones, aunque también cometimos errores tontos en defensa», dijo Jesse Marsch en conferencia. Y aseguró que, en general, su equipo estuvo mejor incluso de lo que esperaba. Luego, se refirió al partido de Lionel Messi y lo elogió: «Creo que hemos tenido un buen plan de partido (contra el juego de Leo) y hemos ejecutado muchas cosas bien, pero es tan bueno que sigue haciendo esas jugadas. Las dos pelotas que dio en los dos goles son de clase mundial».  

Efectivamente, el genio de Rosario definió el partido en dos pases notables, uno a Mac Allister y otro a Lautaro Martínez. Insólitamente, falló en lo que nunca falla: dos ocasiones clarísimas, que tratándose de él son goles seguros, se le escaparon. Pero luego inventó los dos tantos del triunfo. “Si Messi está feliz, todos estamos felices”, dijo hace muchos años Pep Guardiola. Entendía que, si lo tenía a gusto, el Barcelona disfrutaría. Así fue. Así es con Argentina desde hace tiempo, se lo ve radiante dentro de la selección, con el grupo, con el cuerpo técnico (Scaloni es otro Guardiola en el trato especialísimo con el 10). Desde lo deportivo, lo habíamos advertido en los últimos partidos con el Inter Miami y, sobre todo, en el cotejo preparatorio ante Guatemala: está bien en lo físico, Leo, rápido, aguanta la pelota en los cuerpo a cuerpo y, si puede hacer eso, desnivela desde lo mental. Su inteligencia, su magia, su técnica, pero especialmente la velocidad con que procesa las jugadas es muy superior al resto de los futbolistas, infinitamente más que Bellingham, Vinicius o Mbappé, los tres candidatos al Balón de Oro. Mapea la cancha y decide en el acto. Y siempre con brillantez.

Arrancó bien la Copa. En líneas generales, bello espectáculo, sobre todo por el grado de oposición que presentó Canadá, que se ganó el respeto de todos. Bien plantado, generando riesgo al rival. Lo inentendible es que el DT norteamericano Marsch alineara de entrada a Buchanan, jugador limitadísimo, y dejara en el banco a Shaffelburg, un puntero derecho a la antigua, de raya, con habilidad y desborde a pura gambeta, que complicó seriamente a Argentina cuando entro, tanto que obligó a Scaloni a cambiar toda la defensa: Tagliafico por Acuña (no lo podía parar a Shaffelburg) y Otamendi entró por Paredes para hacer una línea de cinco atrás y cuidar la ventaja, hasta ese momento, de 1 a 0.

No fue la Argentina irresistible de la Copa del Mundo, sí tuvo solidez y supo cambiar en el entretiempo para ganar el partido. Nos dijo una vez Bolillo Gómez: “La diferencia entre Argentina y Brasil y los demás sudamericanos es que lo que ellos hacen mal en el primer tiempo lo corrigen en el segundo, nosotros al partido siguiente”.

Los números son contundentes: 65% a 35 de posesión en favor de Argentina, 8 situaciones de peligro a 3, 7 córners a 4, 9 remates a portería contra 2. Y 2 goles a 0. Mucha diferencia. Igual, algunas lucecitas amarillas en la Albiceleste para prestarles atención: se sostuvo una vez más en Messi, en Dibu Martínez, que salvó un gol en notable tapada, y en Cuti Romero, zaguero extraordinario, de cualquier época. El resto acompañó, no todos bien. Argentina tiene un promedio de edad de 28,5 años. Para esta Copa le da, más adelante debe rejuvenecerse. Lo bueno: de los últimos 40 partidos, Dibu lleva 29 vallas invictas, de lo que se infiere que no es fácil convertirle. Otro positivo: marcaron sus dos delanteros, Julián Álvarez y Lautaro.  

Lo bueno: la imponencia del Mercedes Benz Stadium de Atlanta, Georgia, y la puesta en escena inaugural dieron tinte de Copa Mundial. Lo malo: el campo es de piso sintético, lo cambiaron a césped natural 48 horas antes. Para hacerlo rápido plantaron los panes de pasto sobre el artificial. No pegó bien y los jugadores resbalaban. Una falla gruesa, hace siete meses que se sabía que el juego de apertura era allí.

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Mucha repercusión, escasa recompensa

Jorge Barraza, columnista de La Razón

/ 20 de junio de 2024 / 21:43

Organizar la Copa América en Estados Unidos es una idea atractiva como caja de resonancia y por su efecto multiplicador.

La competencia crece en importancia, se expande, pasa a dieciséis competidores, une a las tres Américas y adquiere una dimensión similar a la Eurocopa, que no es poco decir.

Europa es el continente más próspero y engloba a 55 asociaciones, Sudamérica apenas tiene diez y en naciones con sempiternas crisis. Gran mérito de nuestro querido fútbol sudamericano, muy superior a sus países. Sin ir demasiado lejos, es más prestigioso el fútbol argentino que la Argentina.

Aunque en casi todos es igual. De modo que hay un rédito intangible que no se discute. Pero vender las joyas de la abuela amerita un resarcimiento considerable. Llevar la Copa a Estados Unidos suponía obtener grandes réditos económicos para nuestras asociaciones. Para eso la exportábamos, entre otras cosas.

No parece ser así. Fuentes de Conmebol informaron que los premios de la Copa América para las dieciséis selecciones participantes ascienden a 72 millones de dólares en total. Cada equipo recibirá un fijo de 2 millones por participar, o sea por disputar la primera fase. Eso significa que cada asociación cobrará unos 667.000 por partido. Como mínimo, sorprende.

Es una Copa que posiblemente genere ingresos por 2.000 millones de dólares entre taquillas, parqueo, comidas, mercadeo, publicidad y derechos de televisación (este certamen se transmite a 130 países comunicó el presidente de la Conmebol). En Estados Unidos los estadios están rodeados de gigantescos playones para estacionamiento pues todos los aficionados llegan en auto.

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Hay lugar para decenas de miles de carros y eso cuesta entre 40 y 100 dólares, por lo tanto genera recaudaciones casi tan importantes como las taquillas. Para este choque inaugural entre Argentina y Canadá, según adelantó Conmebol, se agotaron las 70.000 entradas entre todos los rubros. De modo que, sin contar hotelería y demás gastos fuera del estadio, posiblemente alcance los 50 millones de dólares. Uno sólo de los 32 encuentros.

Luego, al pasar de cuartos de final en adelante hay una escala de recompensas económicas. El campeón obtendrá 16 millones (aparte de los 2 iniciales), el subcampeón 7, el tercero 5, el cuarto 4 y así en orden decreciente. No obstante, y sólo por poner un ejemplo, parece insólito que Argentina, que presenta a Messi, quien llena todos los escenarios y moviliza cientos de millones, sea retribuida con 667.000 dólares por cada partido de primera fase. Si queda eliminada, eso es todo lo que obtendrá en la Copa. Es cierto que la retribución de este torneo reparte más del doble que el anterior, el de Brasil 2021, cuando la bolsa de cuartos de final en adelante fue de 19,5 M (en esta es 40) y el campeón se llevó 6,5 M. También cabe reconocer que en la gestión de Alejandro Domínguez los premios de las competiciones aumentaron alrededor del 350%. Realmente ponderable. Pero lo de esta Copa no cierra en función de los grandes ingresos. No condice. 

La campaña electoral para la reelección del presidente Joe Biden está muy enfocada en los residentes latinos, que ya suman 65 millones en Estados Unidos. Y su comité de promoción, entre otras vías, ha escogido muy especialmente la Copa América, que es un imán para los latinoamericanos. Decenas de millones de dólares invertirán en publicidad para convencer a los votantes latinos de las benignas políticas de Biden para los inmigrantes de esta parte del mundo.

“Biden planea un esfuerzo de organización y publicidad para latinos durante la Copa América. Un plan de gasto multimillonario durante el torneo internacional de fútbol apunta a conectar con votantes difíciles de alcanzar”, escribió ayer el colega Michael Scherer en el Washington Post. “Los planes incluyen la venta de camisetas de fútbol de la campaña de Biden, así como una batería de anuncios en televisión y digital en inglés y español en Fox, Univision, radio y otros medios digitales que cubren el torneo”, dice Scherer. Esto da una idea de la relevancia de nuestra Copa.

También, el hecho de que 14 ciudades solicitaran ser subsedes del torneo indica la apetencia que provoca la legendaria Copa y el negocio que representa. Además, es un tubo de ensayo para el Mundial 2026.

“No hay clima de competencia, para nada”, comenta Rafael Crisóstomo, fotorreportero peruano residente en Key Biscaine, península de la Florida. “Llegamos a Atlanta en avión esta mañana y la única referencia al torneo era un pasajero venezolano que llevaba puesta la camiseta argentina. Acá es así. Y en las calles tampoco se ve euforia”, completa Rafa.

Pese a ello, la Copa promete ser espectacular, por el fútbol y por la puesta en escena, con estadios espectaculares y rebosantes de público. Este es un torneo para la televisión, y eso es lo que verá el televidente: alegría, confort, grandes jugadores, selecciones mundialistas, Messi… La trastienda no le interesa demasiado. Pero hay una trastienda. Una vez que hizo pie en Estados Unidos, es difícil que la Copa retroceda en ciertos aspectos. Las federaciones sudamericanas no querrán que los premios bajen de esos 72 millones (que muchos piden a cuenta uno o dos años antes). Y nadie aceptaría volver a jugar con diez equipos, esto achicaría los ingresos. No será fácil devolverla a América del Sur. Pasó con la Copa Oro de la Concacaf. Al comienzo se jugó en El Salvador, Guatemala, Honduras, Costa Rica, Trinidad Tobago, Haití, México… Cuando llegó a Estados Unidos en 1991, no salió más de allí. Las últimas 17 ediciones se realizaron en la patria de Washington. Algunas, compartidas con Canadá o México, para democratizar un poco.

Eso puede suceder con la Copa América.

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Siento ruido de pelota…

Jorge Barraza, columnista de La Razón

/ 19 de junio de 2024 / 21:27

Adoro la Copa América, sus historias y personajes, las estadísticas, las predicciones, las fotos antiguas. He visto catorce in situ y otras por televisión, ya estoy mentalmente en zona de campeonato, ansioso por ver esta edición que arranca en horas.

La Copa es uno de los orgullos cumbre del fútbol sudamericano en tanto es la competencia continental más antigua del mundo. Y es nuestra. Ya está, llegó. Esta noche levantarán el telón y Argentina y Canadá (debutante) aparecerán ante 71.000 personas en Atlanta, Georgia. Y toda América estará pegada a las pantallas.

Nunca la vieja Copa había adquirido dimensión tan planetaria.

Dieciséis selecciones, el campeón del mundo presente con Messi, Brasil con sus cinco estrellas, Uruguay y su increíble historia, Colombia y su anhelo de ganar un título consagratorio, Estados Unidos queriendo demostrar por qué es el 11° del mundo, México que será local en todos sus encuentros, Chile intentando volver a la huella que marcó la Generación Dorada, Ecuador buscando por fin un podio en esta competencia…

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La disputa en paralelo con la Eurocopa le pone la vara bien alta, sin embargo, pronosticamos una competencia triple A: atractiva, atrapante, apasionante. De grado mundialista. Hay mucha evolución en el juego. Si hace 60 años hubiesen podido jugar un partido Rumania y Ucrania no les habría agradado ni a los que estuvieran jugando. El del lunes pasado resultó un espectáculo hermoso, con técnica, intensidad, velocidad, ambición, sentido ofensivo y goles magníficos. Si, ya sabemos, “los campos ahora son espléndidos, la pelota es de otro material, la preparación, la alimentación…” Lo que quieran, pero los encuentros tienen una vibración y emotividad notables. Y todos han crecido como medio.
«Esta Copa América será la más competitiva de la historia -pronostica Alejandro Domínguez, presidente de Conmebol-. Si alguien me pregunta qué selección es la favorita, no podría decir cuál porque será una Copa sumamente competitiva. Esperen partidos de altísima tensión», se ufanó. Pensamos ídem.

Hay dos elementos que llevan el análisis a esa conclusión: 1) la mejora general del juego (la Eurocopa así lo demuestra); todos han subido el nivel técnico, de intensidad y ya no existe el fútbol ultradefensivo de otras épocas, hoy todos van adelante, con lo que tengan. 2) Una serie de factores concurrentes: a) los dieciséis equipos acuden con lo máximo que tienen porque entienden que da un inmenso prestigio ganarla, como nunca, se la toma con total seriedad; b) los jugadores se anotan para venir desde Europa, no como antaño que muchos esquivaban el convite; c) ningún entrenador mira la Copa como tubo de ensayo para la Eliminatoria, como hace décadas, la Copa reviste un interés propio; d) la incorporación de los equipos de Centroamérica y del Norte le dan un aire a Mundialito; e) que se realice en Estados Unidos le otorga un carácter neutral, no habrá ventaja para un local tipo Argentina, Uruguay, Brasil; esto da posibilidades a otros.

«Es una muy linda competencia. A diferencia de otras Copa América, hay varias selecciones por fuera de Argentina y de Brasil que vienen muy bien, con mucho potencial y dispuestos a pelear el título, como Colombia y Uruguay, así que me parece que va a estar buena», considera Gerardo Martino, quien dirigió a Paraguay y Argentina en ediciones anteriores.

¿Por qué en el país del norte…? Un día, hace ya treinta años, los amistosos de nuestras selecciones comenzaron a jugarse en Estados Unidos. Era negocio, hay mucho latino deseoso de ver a la selección de su país. Los dirigentes (piensan ellos) no deben desgastarse organizando en casa, pagan más en EE.UU. y se regalan un paseo de una semana. Ahora el 95% de los juegos entre selecciones latinoamericanas tienen lugar en suelo norteamericano.

La Copa América también viajó una vez -experimentalmente- en 2016, esta será la segunda. Puede que se haga costumbre, el dinero que se genera en Nueva York, Miami, Houston, Las Vegas, San Francisco, jamás se embolsaría en ningún país sudamericano. No importa si hay clima de copa o si el ciudadano gringo no sabe que se juega semejante torneo en su casa. Es una satisfacción que la vieja competición se dispute en un lugar que es epicentro mundial, y que la misma Concacaf le dé más trascendencia que a su propio torneo (la Copa Oro). Pero en adelante va a ser difícil sacarla de Estados Unidos y devolverla a América del Sur. Hay un abismo económico entre ambos. Y otra realidad: ¿qué naciones sudamericanas están en posición de montar un evento con esta envergadura…?

Argentina comparte un grupo interesante con Chile, Perú y el debutante Canadá. A México y Ecuador les tocó un bloque agradable con Venezuela y Jamaica. Uruguay, el gran cuco de esta Copa, no debería tener problemas con Estados Unidos, Bolivia y Panamá. En tanto, Brasil y Colombia lucharán por el primer lugar ante Paraguay y Costa Rica. Si gana su grupo, Argentina tiene, a priori, una ruta más accesible para llegar a la final que Brasil, Uruguay y Colombia, que deberían cruzarse entre sí.

La Albiceleste de Lionel Scaloni sale al ruedo a defender su corona y coquetea con el favoritismo. Paga 2,75 dólares si retiene el título. Brasil está ahí nomás en las preferencias: 3,25. Uruguay devuelve 6 dólares por cada uno apostado, México 12 y Colombia 13. Los demás, lejos.
Vuelve el Tata Martino: «Argentina jugará con la tranquilidad de lo conseguido. Haber cumplido con el objetivo de ser campeón del mundo libera a los futbolistas y se empieza a ver en su mejor expresión… Y tanto Messi, como toda la Selección, tienen una postura, sea amistoso u oficial, que la verdad es de un equipo que te cuesta pensar cómo van a perder un partido».

¿Y Canadá…? Se estrena con Jesse Marsch en el banco, un técnico que estuvo en Austria, Alemania y en la Premier League, donde salvó al Leeds del descenso en la última fecha de 2022. El equipo de la hoja de arce, pese a perder, tuvo una actuación notable ante Bélgica en el Mundial de Catar. Y hace apenas unos días empató a cero con Francia en Burdeos. Tiene mayormente un biotipo afro, con alto poder físico. Y a Alphonso Davies, una motosierra, un arado. Veremos si le alcanza para jugar ante un equipo virtuosísimo en circular el balón. Si va ganando es muy difícil quitarle la pelota a Argentina. La empieza a circular y el rival se desgasta corriendo sin tocarla. Encima, mantiene muy seguido su arco en cero, su defensa es un muro.
Su otra grandísima virtud se llama Lionel Messi. Todos pensamos que Catar 2022 era su despedida de la selección, pero año y medio después sigue deleitando y jugará su séptima Copa América. Tanto en el Inter Miami como en los partidos preparatorios mostró un nivel fantástico. Cerebralmente está dos o tres escalones arriba de cualquier otro futbolista. Él tiene el mapa de la cancha en la cabeza, nosotros la suerte de ser sus contemporáneos

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Batman y Robin

Jorge Barraza, columnista de La Razón

/ 16 de junio de 2024 / 22:45

Doscientos mil escoceses llegaron a Munich llevando su euforia, su vestimenta ancestral. Se volvieron con cinco goles. Y borrachos. No importa si perdieron, se emborrachan hasta por las dudas.

Son fantásticos los hinchas escoceses, siempre poniendo color y calor en los torneos, pero su selección nunca corresponde a tanto apoyo. Es curioso, Escocia es un fútbol pletórico de tradición, país fundador del juego. Hace 152 años -en 1872- Escocia e Inglaterra disputaron en Glasgow el primer partido internacional de la historia (igualaron 0 a 0).

Solamente pensar en aquel Celtic de 1967 y en Jimmy Johnstone se siente un respeto reverencial por Escocia, incluso en los grandes técnicos como Alex Ferguson y Jock Stein. Sin embargo, cuando se unen en selección carecen de la alegría de sus hinchas, tienen cero creatividad, cero ingenio y ello les compromete las posibilidades ofensivas.

Siempre es bueno tener un par de escoceses en tu equipo, es sangre buena, guerrera, pero no saben estar once juntos.  

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Para esa Escocia del viernes, hubo demasiada Alemania. Una Alemania nueva con nombres viejos (Neuer, Kimmich, Gundogan, Kroos, Can, Rudiger, Thomas Müller), con la seriedad competitiva de siempre y con la frescura que le dan esos dos chicos con el cuerpo y la mente llenos de fútbol: Musiala y Wirtz, Batman y Robin, 21 años cada uno y ya campeones en sus clubes, ya titularísimos en una selección grande como Alemania, a la que vienen a devolverle la ilusión, la fe de conquistar más títulos.

Siempre que aparecen dos cracks de tanta proyección, juntos, y que además empatizan y se conectan con generosidad, sin celos, pueden suceder cosas trascendentes. Recuerdan a Pelé y Coutinho, Bochini y Bertoni, Xavi e Iniesta, Gullit y Van Basten, Romario y Bebeto. Una pequeña sociedad como Musiala y Wirtz eleva directamente a la cima a Alemania. El resto es más sencillo: defender bien, apoyarlos, abastecerlos, ellos se encargarán de desequilibrar y ganar los partidos.

Musiala es habilidad, Wirtz es talento, ambos tienen desequilibrio y gol. Debieran juntarse más en el campo, tocar, triangular. Al menos por ahora, van por cuerda separada. En ninguno de los cinco goles se unieron en la maniobra. No obstante, se buscarán y se encontrarán, el buen jugador sabe con quién puede dialogar, quién puede ser su interlocutor sobre el césped. Toni Kroos, un sabio de la distribución de juego, giraba hacia la izquierda, lo veía a Mittelstädt solo, se daba vuelta de nuevo y prefería dársela a Kimmich. Pensaría: ¿qué puede hacer Mittelstädt con la pelota…?

La inteligencia artificial (¿por qué hay que designarla con mayúsculas…?) computó las predicciones de 28 casas de apuestas y eso dio como resultado que el favorito al título es Francia con una probabilidad del 19,2%, seguida de Inglaterra con el 16,7% y Alemania con un 13,7%. Sin embargo, eso fue hasta el momento de comenzar la Eurocopa.

En el primero de los 51 partidos Alemania pateó el tablero y pasa al primer puesto por presunción, por demostración y por esos dos jóvenes maravilla que le dan el plus de la clase aunada al atrevimiento. Representan un nuevo fútbol alemán, menos acartonado, más chispeante, igual de ganador y contundente.

El verdadero hincha del fútbol celebra cuando aparece un binomio así. Son una bendición. Ni Francia ni Inglaterra ni España cuentan con un dúo explosivo como Musiala y Wirtz. ¿Cuál es Batman y cuál es Robin…? El tiempo determinará.

La inteligencia artificial tiene futuro en muchos campos, pero en futbol dos más dos son siete. En esto todo puede suceder. Mil veces ha pasado que ha ganado el menos opcionado. Ejemplos: Dinamarca 1992, Grecia 2004. Aparte, mientras exista la vida lo más relevante del análisis será la OBSERVACIÓN, y eso es privativo de los humanos. La pelota que pega en el palo y sale no está comprendida dentro de la inteligencia artificial.

Los laberintos de la mente tampoco. Hay demasiado imponderable en este juego físico, técnico, intelectual y emocional, donde lo escénico juega un rol determinante. Nunca debiera suceder, aunque seguro acontecerá algún día, que un futbolista deba ejecutar un penal en el último segundo de una final del mundo para decidir el campeonato, con tres o cuatro mil millones de personas esperando el desenlace. Nadie merece semejante carga. De fallar, podría ser un muerto en vida como Moacir Barbosa Nascimento, el arquero de Brasil al que culparon del segundo gol de Uruguay en el Maracanazo.

En la Copa América la inteligencia artificial tiene mejores posibilidades porque los batacazos son más infrecuentes. O menos probables. Sobre todo, porque no habrá una localía manifiesta como en otras ocasiones. Estados Unidos es terreno neutral. Las diferencias que establecen en este continente Argentina y Brasil son más amplias. Y está Uruguay, con su misterio de garra y compromiso. ¿Quién puede alzar la bellísima copa forjada en una joyería de Buenos Aires en 1916…? Nos inclinamos a pensar que podría ser Argentina. Posee el mismo plantel que ganó el Mundial hace dieciocho meses, sin ausencias por lesión, con el libreto de Scaloni completamente internalizado, sin presiones de fracasos anteriores, Y aún con ilusión, con hambre de triunfo, que es lo más complicado de conseguir en un grupo que ha logrado altos objetivos: mantener el ojo del tigre.

Algo más: hay varios elementos en un nivel excepcional como Mac Allister, Cuti Romero, Tagliafico, Dibu Martínez y con un Messi espléndido, que hace todo perfecto con la pelota. Desde el día de la coronación ante Francia en Catar hasta hoy, los jugadores campeones marcaron en conjunto 300 goles en sus clubes y selección, de modo que siguen en modo avión.

¿Quién puede tumbar al campeón defensor…? Brasil. Siempre es Brasil, aún con su declive de los últimos años. Aún sin Neymar y con técnico nuevo. Pero están Vinicius (primer candidato al Balón de Oro, hoy), Rodrygo, Endrick, Lucas Paquetá, Militão, Marquinhos… Hay nombres fuertes y el respaldo de la camiseta.

Y Uruguay, que puede hacer saltar los fusibles. Tiene a todos asustados este Uruguay de Bielsa que corre, vuela, mete pierna como siempre y ataca como nunca. Es un aluvión y juega como jamás lo había hecho la Celeste, con todo hacia adelante. Con grandes figuras como Luis Suárez, que pese a la edad sigue siendo un león en el área y con Darwin Núñez, delantero de cualquier época, goleador voraz. Ya les ganó a Brasil y Argentina en el camino al Mundial, con notable autoridad.

Los tres -Argentina, Brasil, Uruguay- prometen llegar arriba y ampliar su currículum. Pero, si nos permiten una última apuesta, le ponemos unas fichas a Colombia. Es otra Colombia, nueva, fresca, con una mente distinta, que quiere ganar, pero esencialmente se obstina en no perder. Tiene una nómina de alta calidad, con dos figuras por puesto y un entrenador que es la revelación de la Eliminatoria. Lorenzo quiere que se juegue siempre en campo contrario, lo que revela el carácter ofensivo de su idea.

Como Argentina, tampoco lamenta lesionados y llega con viento de popa. Y, como Uruguay, ha volteado muñecos grandes: Alemania, España, Brasil. Aparte, no tiene que ir a ganarle a los tres grandes de visitante, por el contrario, jugará a estadio repleto alentándolo. En Estados Unidos, sólo México puede presumir de más público. El título sería absolutamente consagratorio para un fútbol importante, que necesita llamarse ganador.

Ya se siente ruido de pelota.

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Una Copa de sofá

Jorge Barraza, columnista de La Razón

/ 9 de junio de 2024 / 19:12

Tu puedes asistir al duelo Ecuador-Venezuela el 22 de junio en el Levi’s Stadium de Santa Clara, California, y al día siguiente ver el Uruguay-Panamá en el Hard Rock Stadium de Miami.

Claro, primero deberás hacer unos 80 km en carro desde Santa Clara a San Francisco, allí pescar un vuelo directo hasta la joya de la Florida y desandar 5 horas y 35 minutos en el aire. Bajas, rentas otro auto y haces los casi 29 km desde el aeropuerto hasta el coliseo.

Claro, ello te significará en total unas doce o quince horas de traslado y alrededor de 1.000 dólares de costo. Pero podrías intentarlo. Es más o menos como ver en vivo un partido el sábado en Buenos Aires y otro el domingo en Guayaquil. Por el mismo torneo…

Así será, a grandes trazos, seguir la Copa América en Estados Unidos. No deja de ser un orgullo que nuestro torneo continental, primero en el mundo, se expanda y se importe a otras latitudes.

Sin dudas, la locación en la patria de Lincoln aumenta su prestigio. Es una caja de resonancia universal. No obstante, seamos claros: será una copa para la televisión. Y para los latinos residentes en Estados Unidos, que ya suman 65 millones. Ellos aman el fútbol y seguirán a sus selecciones.

El colombiano a Colombia, el peruano a Perú y así. De Sudamérica irán muy poquitos, mínimos. Quien esté en condiciones de erogar unos cuantos miles de dólares tal vez pueda acompañar a su equipo nacional en tres o cuatro juegos, no más.

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“Será la mejor Copa América de la historia”, anunció el presidente de Conmebol, Alejandro Domínguez. Tal vez. Y la que genere mayores ingresos, eso sin dudas. Los calculamos en unos 2.000 millones de dólares, algo inimaginable si se realiza en Sudamérica. No obstante, será incómoda aún para quienes viven en Estados Unidos.

Una Copa dispersa, con 32 encuentros en 14 subsedes, en algunos casos ciudades con un partido, otras con dos. Y todo ello en un territorio gigantesco como el de EE.UU., con distancias enormes entre un emplazamiento y otro. En cada sitio concurrirá en su mayoría público local. Difícil trasladarse. Y completamente inviable para el periodismo. Sólo para aquellos que deban relatar y transmitir los encuentros de la selección de su país.

 Será la antípoda total del “concepto Qatar”, que organizó un Mundial en una sola urbe -Doha-, donde todo estaba a mano, los ocho estadios próximos y conectados por autopistas y el metro. Una maravilla que tal vez no se repita nunca. Qatar, cada día lo tenemos más claro, fue la mejor Copa del Mundo con diferencia. Toda vez que venga un nuevo torneo lo evocaremos con nostalgia. En Qatar hubo hinchas y periodistas que presenciaron hasta tres partidos en directo en un mismo día. Querían probar esa experiencia. Era posible por la cercanía y por los horarios.

“Aquí no creo que nadie pueda ver ni cinco partidos en el estadio, es muy bravo. Esto no es Qatar, donde todo era cercano, accesible, fantástico”, dice Manolo Rosero, productor televisivo ecuatoriano radicado hace años en Houston. Manolo, quien trabaja para El Universo, recorrió las 14 sedes de la Copa. Agrega: “Todos los estadios están lejos de las ciudades. Sólo a tres se puede ir en tren. Para llegar a ellos debes ir en carro, alquilando uno. El parqueo arranca desde los 40 dólares. Y eso, bien lejos del estadio, 100 si quieres un lugar próximo. Si no tienes carro, desde tu hotel hasta el estadio un taxi te cobra 100 dólares la carrera”.

El costo de las entradas es elevadísimo y los viajes internos igual. “En junio-julio, un pasaje Miami-Nueva York estará entre 800 y 900 dólares”, dice Rafael Crisóstomo, fotógrafo peruano con 40 años en el país del norte. “Iré en mi auto a cuatro juegos, los que quedan más o menos cerca de Daytona Beach, donde vivo.

No sé si me animaré ir a un quinto en Charlotte, que albergará una semifinal, es mucho sacrificio. Tengo una hora hasta Orlando, tres y media a Miami y 6 a Atlanta, donde Argentina jugará el cotejo inaugural. Hasta ahí llego, para los periodistas es muy difícil esta Copa”, dice Crisóstomo, quien trabajó añares en el Washington Post. “Y está el tema del clima, hará mucho calor durante la Copa. En la Florida llevamos semanas con 40 grados. No quiero ni pensar los que se jueguen en Arizona”.

Para quienes decidan ir a Estados Unidos y acudan a tres o cuatro juegos, luego podrán ver el resto por televisión. “Puedes quedarte a verlos cómodamente en tu hotel, pero para eso tienes que pagar, aquí todo se paga. Como ejemplo: cada juego del Inter Miami sale entre 26 y 36 dólares-, informa Rosero-.

El fenómeno Messi disparó todo, ha sido un boom extraordinario. Hay un antes y un después de Messi. Esta es una Copa pensada para la televisión y para darle más fuerza al fútbol en Estados Unidos, que ahora es el cuarto deporte detrás del fútbol americano, el béísbol y el básquet”.

Un hotel económico se puede conseguir por 150 dólares la noche. Rentar un auto cuesta entre 80 y 90 dólares diarios. “Pero a ello debes agregarle los peajes y la gasolina. De modo que tampoco es barato viajar en carro. De Nueva Jersey a Charlotte el GPS te marca nueve horas, pero nunca puedes hacerlo en menos de once, pues debes parar para descansar un poco y comer”, dice Manolo Rosero, quien hizo el trayecto.

No quedan dudas: el mejor lugar para ver la Copa es el living de casa. “Ir al fútbol acá es caro y complicado”, dice Johani Ponce, periodista venezolana con residencia en Miami. “Llevé a mi hijo a un partido de Messi, aquí en Miami, y entre entradas y demás gasté 500 dólares, demasiado”.

¿Ya hay atmósfera de Copa?, le preguntamos a Manolo. “No, muy poco, y eso entre los latinos. Para que tengas una idea, en Houston tenemos un equipo de fútbol en la MLS, el Houston Dynamo, yo les pregunto a mis vecinos gringos y no saben qué es el Dynamo, no han escuchado.

En la recorrida por los 14 estadios algunos de los administradores no sabían que se jugaba la Copa América ni de qué se trataba. Nos decían: ‘Ah, con razón nos reservaron el estadio para esa fecha’. Pero esto ayudará a popularizar más el fútbol”.

Nuestro compañero en Catar 2022 agrega: “Esto me hace acordar en cierto modo a Japón 2002, no había demasiado clima de copa, si caminabas por la calle no sentías que estabas en un Mundial. Allá los dos deportes más populares son el béisbol y el golf. A la noche veíamos los programas de deportes por TV y era media hora de béisbol, quince de golf y al final un par de minutos de fútbol”.

Pero veinticuatro años después puede decirse que la número cinco prendió en el país del sol naciente. Y lo que progresaron jugando… Pasaron de no tener la menor idea a clasificar a los últimos ocho Mundiales consecutivos. A ganarle a Alemania y a España en el 2022. Y a exportar muchos futbolistas. Lo mismo puede acontecer en Estados Unidos. Va en ese camino.

La Copa América es una marca mundial, excedió a nuestros países eternamente en desarrollo, hiperpolitizados, casi siempre en crisis económicas, con tremenda inseguridad y grandes carencias. Nos preguntamos cómo hubiese sido disputar la Copa América hoy en Ecuador, al que le correspondía hospedarla por el criterio rotativo de organización.

Ecuador renunció a montarla y probablemente fue una acertada decisión. Pero nos preguntamos: ¿qué país sudamericano estará en posición de organizarla después de los ingresos que mostrará Estados Unidos 2024…? ¿La tendremos de vuelta en 2028…? ¿Irá a México…? Quién sabe.

(09/06/2024)

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