Monday 22 Jul 2024 | Actualizado a 02:03 AM

Sabe ser campeón

Jorge Barraza, columnista de La Razón

/ 2 de junio de 2024 / 22:14

Ganar una Champions es una proeza, ganar quince una epopeya. Es la dictadura más gloriosa de la historia del fútbol: la del Real Madrid. Comenzó en Europa en 1956 y sigue hasta este 2024.

Son siete décadas de dominio en el máximo nivel posible. El término impresionante queda chico, se necesita algo más fuerte, más adecuado. De 69 ediciones coronó en 15, un descomunal 22%.

El 78 restante es para todos los demás clubes europeos juntos. Lo insólito de esta supremacía es que el Madrid no necesita ni jugar bien ni merecer ganar.

Simplemente, gana. No seamos inocentes: la suerte y los árbitros constituyen una parte de la explicación de tantos éxitos, también hay otro costado, cuyos argumentos son la jerarquía, la combatividad, el temple, la grandeza.

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El Madrid siempre se impone ser el club número uno del mundo, empieza por ahí. No entra a los campeonatos a ver cómo le va, interviene para ganarlos. Todos. Contrata para tal fin a los galácticos, pero les deja claro que galáctica es la camiseta.

Cristiano Ronaldo pensó, en algún momento, que estaba por encima del escudo. Que la razón de los triunfos era él. “Quiero tanto o me voy”. Florentino Pérez le hizo saber de inmediato lo que es el Real Madrid: “Consíguete club y te vas”.

Se fue, hace justo seis años. El portugués sintió la crudeza del invierno fuera del Bernabéu, va desnudo de títulos últimamente, en cambio el club blanco sigue arropado: alzó 2 Champions, 3 Ligas, 1 Copa del Rey, 1 Mundial de Clubes, 3 Supercopa de España, 1 Supercopa de Europa. El mismo ejemplo vale para Mbappé, que llega nuevo: eres bueno y puedes ayudarnos, pero nosotros te haremos campeón a ti, no al revés.

Quien supo esta vez de la dimensión del Madrid fue el Borussia Dortmund. Jugó un magnífico primer tiempo, maniató al equipo de Ancelotti, lo superó claramente en juego (como lo superaron el Leipzig, el Manchester City y el Bayern Múnich), pero se necesita algo más que buen funcionamiento y situaciones de gol para eliminarlo. Cuando el Madrid está sentido hay que noquearlo, de lo contrario se levanta y mata. Al minuto 20, ese futbolista excepcional que es Mats Hummels puso un pase messiánico para Karim Adeyemi. Tan sólo quedó el puntero frente a Courtois que se asustó, lo invadió un miedo escénico y no supo definir, se abrió tanto hacia la izquierda que permitió que Carvajal le tapara el remate, ya sin fuerza, ya sin posibilidades reales. Ahí empezó a perder el Dortmund. “Quem não faz, leva”, dicen en Brasil, en esa maravillosa brevedad de la lengua portuguesa.

En ese primer tiempo el Madrid no generó ninguna situación de gol, el cuadro alemán tuvo cuatro claras, no metió ninguna. Sí, en la del palo de Fullkrug jugó el infortunio, era para gol. Sin embargo, le faltó la contundencia del campeón. No existe ninguna instancia del fútbol donde quede más reflejada la jerarquía que en la definición. El crack tiene una y va adentro, al bueno o al regular se la tapan, pega en el poste, se le va afuera.

Lo habíamos manifestado repetidamente: si la final era sana, si era limpia arbitralmente, el Dortmund tenía altas posibilidades de vencer. Y en esos 45 minutos iniciales quedó demostrado, fue mucho más protagonista en la trama de la película. Esa primera parte de los amarillos habla muy bien de Edin Terzic, el joven técnico germano. Con menos material que su rival lo superó tácticamente. Si cambiaba cuatro figuritas con el Madrid, la Champions viajaba a Alemania, sin ninguna duda. Vaya un homenaje para el Dortmund, quinto en la Bundesliga, pero meritorio finalista. Mención de honor para Hummels, que se devoró a Vinicius en el primer acto y le sobró personalidad para salir jugando. Un grande. Vale una ponderación para Nico Schlotterbeck, zaguero de futuro, y aplausos para el tanque Fullkrug, alemán de la vieja estirpe de los gladiadores germanos.

«Ancelotti no nos habló en el descanso. Normalmente nos da unos minutos para que descansemos y después habla, pero esta vez no. Nada. Cuando salimos, ya en el túnel del vestuario, nos llamó y nos dijo: ‘¡Perdón, me olvidé! Si se la siguen dando a los de amarillo vamos a perder'». Lo confesó Jude Bellingham. Y definió al multicampeón entrenador italiano. Un hombre de pocas palabras, excepcionalmente calmo, paternalista, de escasas elucubraciones tácticas, aunque con fabulosa comunicación con sus jugadores. Es el conductor que, cuando hace un cambio, el que sale lo abraza con una sonrisa. Todas las batallas se pueden ganar con un general así. No es de los que gritan alocadamente al costado del campo ni de los que dibujan flechitas en planillas, le alcanza con dos palabras y una palmada. Con esas herramientas emocionales lleva 29 coronaciones, cinco de ellas en Champions.

Las individualidades del Madrid y sus valores espirituales dieron vuelta el bote. La categoría de varios (Carvajal, Vinicius, Kroos) y la fuerza mental de todos, aplacaron el dominio del Dortmund y voltearon el desarrollo para terminar ganando sin discusión, porque el fútbol también es de goles. Al minuto 65, un córner ejecutado con maestría por Toni Kroos fue a la cabeza de Dani Carvajal, que se anticipó a la defensa rival en el primer palo. Pasó apenas arriba del travesaño. El Dortmund no tomó nota. A los 73’, la misma acción, calcada, tuvo final distinto: Carvajal sacudió la red. Un golpe al corazón del Borussia. Uno a cero para el Madrid. Y al Madrid es difícil darle vuelta el resultado. Con el botín en la mano, no lo suelta.

A partir de allí se afianzó el blanco y, sobre todo, se desanimó el amarillo. Le entró el cansancio, el apuro, estaba vivo, pero ya sintiendo el calor del horno. Y en ese estado de turbación, el holandés Maatsen regaló el segundo gol al Madrid. Dio un mal pase atrás con todo el equipo saliendo, le fue a los pies de Bellingham, este simplemente alargó el recorrido hacia Vinicius y el brasileño, sólo y con la defensa alemana desparramada, definió a placer ante el buen arquero Kobel.

A propósito, fantasmal actuación de Bellingham. Era su primera final de Champions, pero sin magia ni gambetas ni talento. Hasta un minuto antes de la final, el inglés era candidato central al Balón de Oro, después se le desinfló la candidatura. En cambio, creció el favoritismo de Vinicius para alcanzar la estatuilla. No lo achica ningún escenario, ninguna circunstancia a Vini. Si juega tranquilo, sin armar guerras, desnivela. La Champions te sube al podio, la Eurocopa y la Copa América definirán el resto.

Igual que en 2022 en París, en la definición ante el Liverpool, la clave de la victoria fue Dani Carvajal. Nacido para jugar este tipo de partidos, metiendo, apretando a los rivales, yendo hacia adelante. Una garra impresionante. Y lo que contagia… El gol va de yapa. Una anécdota lo define como jugador de club, que quiere ganar por encima de todo y que sabe dónde está. Se le vencía el contrato y aleccionó a su representante: “Ni se te ocurra pedir aumento”. Priorizaba seguir allí, juntar más gloria, no más plata. Un marcador fiero, antipático, a veces antideportivo, pero ganador mil por mil. Carvajal entiende como nadie lo que es vestir esa camiseta.

Lo mejor de la final: esta vez el arbitraje no incidió en el resultado. ¿Si es justo el 2 a 0…? Dejémoslo ahí. Hay que saber ser campeón y el Madrid sabe. Sabe sufrir y sabe ganar.

(02/06/2024)

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Opinión

Ránking de la felicidad de la Copa

Jorge Barraza, columnista de La Razón

/ 21 de julio de 2024 / 22:48

Es lo habitual, cuatro o cinco se van contentos o al menos conformes de un torneo, los demás se vuelven entre broncas y caras largas. Nos propusimos hacer un ranking de satisfacción de la Copa América de acuerdo a la actuación de cada uno. ¿Cuántos se fueron con buen sabor de boca…? ¿Tres, cuatro…? A ver…

1) Argentina. El campeón siempre se va satisfecho o feliz, es lógico. No obstante, no fue una conquista tan celebrada como otras pese a que ganó 5 partidos y empató el restante, incluso pese a recibir un solo gol.

Fue su triunfo más burocrático. Pero engarzó un collar extraordinario que nunca se había logrado en Sudamérica: Copa América – Mundial – Copa América. Un equipo granítico, mentalmente superior al resto.

Tiene juego, pero sobre todo carácter e inteligencia. Posee la astucia del cazador de campo, sabe esperar a la presa, manejar los momentos, sobre todo los adversos, hasta acomodarse y lastimar.

Lo demostró en la final: pasó un par de sofocones al comienzo, emparejó, empezó a prevalecer y definió sobre el final con un gol de altísima factura.

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2) Colombia. Naturalmente, el que pierde la final queda con un regusto amargo. Pero en cuanto a exhibición futbolística, a funcionamiento, a solidez colectiva, Colombia es el que se va más robustecido. También es el que hizo más goles, el más ofensivo, el de individualidades más destacables.

Ha sido un reflorecimiento espectacular de la selección cafetera, que se ubica sin debate alguno en el grupo de potencias continentales junto a Argentina, Brasil y Uruguay. Se despintó en la final, aunque esto no la desmerece en absoluto. Ojalá el fútbol colombiano siga esta línea marcada por el técnico Néstor Lorenzo. En cualquier selección ideal de la Copa no pueden faltar James Rodríguez, el zaguero Dávinson Sánchez, el centromedio Jefferson Lerma y el lateral Daniel Muñoz.

3) Venezuela. Ganó su grupo invicto y con puntaje ideal. Y se fue de la competencia sin perder, apenas eliminado en los penales por Canadá. Una evolución notable, sin hacer cáscara, en silencio, demostrando en la cancha. Esto le permitió ubicarse en el puesto 37° del Ránking Mundial y ser la selección de mayor evolución entre las 211 que componen el universo fútbol. Escalafón en el que ya dejo atrás a Perú (42°), Chile (43°), Paraguay (62°) y Bolivia (89°). Inimaginable unas décadas atrás. Fue quinto en la Copa y terminó con el 83,33% de rendimiento. Mostró algunos jugadores nuevos muy promisorios como el lateral Jon Aramburu (21 años, de la Real Sociedad) y el armador Telasco Segovia (también 21, en el fútbol portugués). Una infatigable hormiguita que crece mientras otros duermen.

4) Canadá. Era el único debutante de la competición y de un medio poco futbolero, pero se dio el gusto de jugar los seis partidos y terminar cuarto. Ya tenía el tercer puesto en el bolsillo, ganaba 2-1, pero Uruguay le empató en el minuto 92 y luego lo dejó afuera en la tanda de penales. Sólo ganó un partido (a Perú), sin embargo, mostró cualidades y jugadores interesantes, como el puntero Jacob Shaffelburg (24, Nashville SC), el volante Ismaël Koné (22, Olympique de Marsella), el zaguero Moïse Bombito (24, Colorado Rapids). Un equipo de coraje, cayó dos veces ante Argentina, pero sin mostrar miedo, haciéndole frente. Muy ponderable.

Los cuatro nombrados cumplieron con las expectativas o dieron incluso más. Aquí es preciso hacer un corte y dividir entre los que se fueron con sonrisas y los que no. En verdad, este pasaría a ser el ránking de descontento.

5) Uruguay. En lo previo era el cuco del campeonato, por su andar arrasador en las fechas finales de la Eliminatoria. Y arrancó demoliendo: 3-1 a Panamá y 5-0 a Bolivia, aunque comenzó a despintarse ante Estados Unidos, al que venció 1 a 0 con un gol que aún se discute por fuera de juego. Ahí ya no fue tan convincente. En el turno siguiente empató a cero con Brasil y lo eliminó en penales en un choque en el que propuso una guerra y la ganó. Y quedó fuera de la lucha por el título en otro fragoroso duelo ante Colombia, que terminó derrotándolo con un hombre menos durante 56 minutos. De excelentes jugadores, aunque dejaron la impresión de que les agrada más la batalla que el juego. Llegó como serio candidato a campeón, no cumplió. Hasta Bielsa quedó chamuscado.

6) Brasil. Si un aspirante eterno a la corona termina quinto, no hay nada para festejar. No le salió una. Hasta Vinicius, que llegaba con su cartel de “Balón de Oro Inminente” se fue frustrado. Sin juego y sin fuego esta selección de Dorival Junior, al que sus jugadores marginaron de la ronda previa a los penales ante Uruguay en una escena patética. Muy lejos de cualquier Brasil que recordemos. Sin monstruos.

7) Ecuador. Sus máximos referentes anunciaron que iban a Estados Unidos a ser campeones, terminaron octavos. Como en el Mundial 2022, ganaron un sólo partido, antes a Catar, ahora a Jamaica, los dos peores exponentes de cada torneo. Lo positivo: hizo su mejor partido ante el campeón, al que no estuvo lejos de vencer. Pero nuevamente se quedó en promesa. Lo más auspicioso: la confirmación de Jeremy Sarmiento y de que Alan Minda y John Yeboah pueden ser dos valores importantísimos de ahora en adelante. Otra buena: se fue Sánchez Bas, un DT que no transmitía. Ya se sabía que no iba a andar en el mismo instante en que lo anunciaron, igual que con Jordi Cruyff.

8) Chile. Se fue sin ganar un partido y sin siquiera marcar un gol, queriendo justificar su fracaso en los arbitrajes. Ni siquiera alcanzó a ser el Chile anterior a sus dos Copas América ganadas. Esas conquistas de 2015 y 2016 conseguidas por la Generación Dorada elevaron el nivel de exigencia de su público, que ahora pide actuaciones similares. Los actuales seleccionados no están en condiciones de corresponder. 

9) Perú. Ídem que el anterior: cero victorias, cero gol, cero juego, cero renovación del plantel. Terminó jugando con Paolo Guerrero de 9, un hombre de 41 años sin movilidad alguna. Como dijo el colega limeño Fernando Jiménez: “Ya cumpliste tu ciclo, Paolo, no es tu chacra. Es el equipo que representa al país, no está a tu merced, por más que hayas hecho faenas fabulosas en antaño…” Fossati no tuvo la energía para decirle a él, a Cueva, a Carrillo que ya no están para la camiseta nacional.

10) Bolivia. De Bolivia se pensaba que ni siquiera podría empatar un partido. Y no lo empató. Al menos hizo un gol. Otro que eyectó a su entrenador, Antonio Carlos Zago.

11) Paraguay. Mostró algunos jóvenes interesantes como Julio Enciso y Ramón Sosa, no parece tener malos elementos, pero algo pasa en la Albirroja y no es bueno. El gran capitán Gustavo Gómez, multicampeón con Palmeiras, máximo referente del equipo, fue al banco y no tuvo un minuto en toda la Copa. Tres derrotas, ocho goles en contra. Números lapidarios. Otro que voló a su DT, Garnero.

12) Estados Unidos. Era el local, venía precedido de un crecimiento futbolístico. No lo mostró. También despidió a su conductor. 

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Opinión

Lo bueno, lo malo, lo lindo, lo feo

Jorge Barraza, columnista de La Razón

/ 16 de julio de 2024 / 21:04

¿Buena, mala, regular…? Definir la Copa América que acaba de terminar es complicado. Quienes estuvieron presentes no bajan de la palabra desastre, aunque es verdad que mezclan lo deportivo con las peripecias personales soportadas en los extensos viajes, los altísimos costos y todo tipo de incomodidades. Realizar un torneo en 14 sedes en un territorio tan gigantesco como Estados Unidos parece, de antemano, una idea temeraria. Y eso para sólo 32 partidos. Lo aconsejable tal vez era agrupar todo en un solo estado.  

* El juego. Apenas unas líneas por encima de discreto, como en la Eurocopa. En Europa hubo partidos más vibrantes en la primera fase, luego decayeron. Aquí se puede decir que los tres mejores espectáculos fueron aquellos en los que intervino Colombia: versus Brasil, Uruguay y Argentina. Por el fragor y la tensión imperantes en los tres. Faltaron goles: apenas 70, a 2,19 por juego, la media más baja de las últimas cinco copas.

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* La guerra. Uruguay 0 – Brasil 0. Volcánico, ríspido, con excesivo juego brusco. No gana el fútbol con duelos así.

* El equipo. En cuanto a exhibición, Colombia. El que hizo más goles, el más ofensivo, el de individualidades más destacables. Se despintó en la final, aunque no lo desmerece.

* El campeón. Un equipo granítico, que sabe manejar los partidos bravos, duro, inteligente, solidario entre sus miembros, con un arquero y tres defensas excepcionales: Dibu Martínez, Romero, Lisandro Martínez y Tagliafico. Y un goleador encendido: Lautaro Martínez.

* La ganadora. La FIFA, que mandó un contingente a Estados Unidos a tomar nota de esta experiencia de la Copa América y seguramente sabrá cuáles son los puntos altos y bajos, de cara al Mundial de Clubes 2025 y el Mundial de selecciones 2026. Las dos principales: el estado de las canchas y la climatización de los estadios. En Catar ambos aspectos fueron perfectos. Aunque igualar a Catar será difícil: fue extraordinario en todo.

* El Once ideal. No se trata de combinar jugadores de diferentes países para que quede salpicadito sino de incluir a los que jugaron realmente bien, que lo hicieron en la mayor cantidad de partidos y que llegaron más alto. Bajo estos preceptos, es difícil salirse de Argentina y Colombia. Dibu Martínez (Argentina); Daniel Muñoz (Colombia), Cuti Romero (Argentina), Dávinson Sánchez (Colombia), Nicolás Tagliafico (Argentina); Richard Ríos (Colombia), Jefferson Lerma (Colombia), Alexis Mac Allister (Argentina), James Rodríguez (Colombia); Jacob Shaffelburg (Canadá), Lautaro Martínez (Argentina).

* Lo increíble. El notable rendimiento de James Rodríguez. Nadie podía esperarlo dadas sus actuaciones en los últimos años. Incluso había disputado apenas 265 minutos en el São Paulo desde enero hasta junio. Pasó de la inactividad total a ser la estrella de la Copa. Se lo vio feliz, enfocado, lúcido, decisivo para llevar a Colombia a la final, en la que no brilló, pero ya el premio al mejor jugador lo había logrado con lo anterior. Su pegada del balón, sobre todo en jugada detenida, es fantástica. Elige a quien destinar el centro y posee una precisión quirúrgica. Relanzó su carrera. “¿Y los que lo criticaban, qué dicen ahora…?” Nada, lo hacían con absoluta razón. James cambió.

* La mancha. La organización. La Conmebol informó en un comunicado que contó con 42.000 colaboradores (¿42.000, seguro…? ¿No es mucho…?) Pese a tal número, hubo quejas por los campos de juego, en los que se levantaban los panes de césped puestos sobre el piso artificial; de los periodistas que no tuvieron condiciones mínimas para desarrollar su trabajo (nunca olvidemos que la prensa se encarga de difundir el torneo); del calor agobiante en las sedes adonde se llevaron partidos (53 grados en California, 45 en Arizona). Y la bochornosa y casi trágica jornada final en la que hubo desmanes, desmayos, golpes, detenciones y escenas horrendas en lo que debió ser una fiesta deportiva maravillosa. Gente que pagó miles de dólares para estar ahí y sufrió un destrato insólito. La final comenzó 1 hora y 22 minutos después de lo programado y el entretiempo tuvo 28 minutos en lugar de 15 para dar cabida a una gala musical que pasó inadvertida.

* El éxito. Los ingresos. La Copa América es un negocio fabuloso que moviliza centenares de millones de dólares. Sólo un dato: para la final en el Hard Rock Stadium de Miami había 75.540 entradas disponibles. El sitio oficial designado por Conmebol para la venta de boletos -Ticketmaster- ofrecía en los últimos días las más baratas a 2.500 dólares y las más caras a 20.000. Obviamente quienes las compraron hace dos meses pagaron bastante menos. Pero si se hiciera un promedio a la baja, digamos 800 dólares, nos daría una taquilla de 60 millones. Y es apenas unos de los tantos rubros. Luego están los parqueos (en la final costaban de 60 a 100 dólares), el mercadeo, las comidas, los patrocinadores, la venta de derechos de televisación…

* ¿Volverá…? Semejantes volúmenes de dinero obligan a preguntarse si la Copa América 2028 retornará a su lugar de origen, Sudamérica. Sólo un ejemplo: en Estados Unidos 2024 se vendieron 1.571.878 localidades a una media de 49.121 por juego. En Chile 2015 fueron 655.801 (58,3% menos) y un promedio de 25.223 pagantes, de por sí muy bueno. Además, en nuestro subcontinente las entradas valen un 300% menos. Pregunta: ¿En qué otro país se encuentra una clientela de 65 millones de latinos ávida de ver a nuestras selecciones…? ¿Los dirigentes de Conmebol le van a dar la sede a Venezuela, Perú, Chile, Ecuador, Uruguay, Bolivia, Uruguay, Paraguay…? Huuuuuummmm…

* Irrisorios. Los premios para las selecciones. Es verdad que se aumentaron en más de un 100% respecto a la edición anterior de Brasil 2021, pero en virtud de la facturación global parecen bajos. Los 16 equipos recibieron 2 millones de dólares por participar. Y luego están las recompensas por ubicación. El campeón cobra 16 millones, el segundo 7, el tercero 5 y el cuarto 4. Es cierto que desde la presidencia de Alejandro Domínguez los premios de todos los torneos se han aumentado en más de un 350%. Pero en esta Copa suenan a poquito.

* La esperanza. Que la Copa siga creciendo. Aún con todas las críticas, Estados Unidos le dio un marco de supertorneo, por la importancia de país, por los megaestadios y por los millones de inmigrantes que le dan colorido. Por tradición, la Copa América es uno de los grandes orgullos del fútbol sudamericano, hay que cuidarla y enriquecerla cada vez más.

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Opinión

Se trata de che con la gloria

Jorge Barraza, columnista de La Razón

/ 15 de julio de 2024 / 20:41

El Obelisco se vuelve a llenar, las plazas de todo el país también. Encienden sus luces y se escucha bullicio, gritería. Pese al frío cruel de este invierno y ser muy pasada la medianoche, la gente sale a las calles a celebrar y desfoga su emoción, su orgullo. Argentina campeón, otra vez…

Ya suma 16 títulos de Copa América, la copa que creó en 1916 vuelve a ser suya. Es un pueblo que necesita triunfos futbolísticos, se alimenta de ellos, porque es un país de fútbol. La gente vive para este deporte, come y piensa fútbol.

Alguien podría decir “¡qué banalidad… El fútbol es un hecho menor, secundario en la vida de una comunidad”. Pero ser campeón mundial o ser campeón de América en esto genera prestigio. Un periodista alemán, comentando la nueva conquista celeste y blanca, dijo: “Esta nación está en la cima del mundo, en la cima del fútbol”.

Él posiblemente ignore los problemas económicos que atraviesa el país, pero no ignora que ser campeón en fútbol requiere de enormes facultades, más que de habilidades. Una nación no puede ganar tantos títulos en fútbol sin una serie de atributos espirituales.

Siempre decimos que Inglaterra es la cuna del fútbol, Brasil la patria del jogo bonito y Argentina la capital de la pasión. Esa pasión es una marca país y reporta una buena imagen desde el exterior. Por eso no es en absoluto una frivolidad la importancia que su gente le da.

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No alcanza con jugar bien, no alcanza con habilidad, fuerza o talento. Ser campeón exige de una serie de virtudes o elementos agregados: temple, carácter, aplomo, resistencia, inteligencia, liderazgos, unión, colectivismo, amistad, conducción. Por eso es tan difícil coronar. Un buen partido lo hacen muchos, un gran torneo, algunos, campeón es uno solo. Todo ese conjunto de que hablamos le dio a Argentina un nuevo título continental.

Copa América – Mundial – Copa América. Una trinidad tan difícil que en un siglo de fútbol sudamericano se consigue por primera vez. Y se logra más por las virtudes intelectuales y anímicas que futbolísticas. Tiene buenos jugadores, desde luego, pero su fuerte está en la cabeza y en el pecho más que en las piernas. Cómo piensa los partidos, cómo los trabaja, cómo los saca adelante, la energía interior que pone en cada jugada, en cada salto o carrera. Es ese “no nos van a ganar” que los hace trabar con la cabeza si es preciso.

Eso le agradece el pueblo a sus gladiadores cuando sale a celebrar pese al clima, la hora y las inclemencias: la forma en que los representa, cómo defienden la camiseta, la ilusión de sus compatriotas. Con pasión, con amor.

Luego de los desmanes generados por la caótica organización, tras una hora y 22 minutos de espera hubo un partido. Colombia prevaleció en el primer cuarto de hora. Lo que se preveía, pasó: más activo, más rápido, más ofensivo, dominante y buscando el área rival. Ahí se dio su mejor y única acción de riesgo de todo el partido: el tiro de John Córdoba que tocó el palo del lado de afuera y se fue por línea de fondo. Un casi, casi… Eso le hizo pensar a Colombia que lo tenía. Sin embargo, lentamente Argentina comenzó a nivelar las acciones y volcarlas de a poco a su favor.

Se fue el primer acto, vinieron 28 minutos de entretiempo para que Shakira hiciera un poco de ruido y se llevara 2 millones de dólares, y luego regresó la final. Ya Colombia se fue apegando como una vela. James Rodríguez, sin dudas el mejor jugador del torneo, esta vez no incidió en absoluto, lo taparon. El eléctrico, velocísimo e impredecible Luis Díaz no fue ni eléctrico ni veloz, aunque sí predecible. El corpulento John Córdoba no pudo contra una defensa casi feroz en los anticipos y cierres. Richard Ríos se perdió entre la bruma y el equipo de Lorenzo, sin duda el que más brilló englobando toda la competencia, quedó sustentado en la fuerza mental y física de dos colosos: Jefferson Lerma y Dávinson Sánchez. Se lo notó cansado a Colombia, Argentina tomó nota, se adelantó en el campo y comenzó a ver de cerca la cara de Camilo Vargas.

Un gesto de Richard Ríos, excelente volante colombiano, pasó casi inadvertido para el público, no para sus rivales: corría el minuto 89, aún iban 0 a 0 y estaba siendo reemplazado; antes de salir del campo se paró para quitarse las canilleras, bajarse las medias, aflojarse los botines, algo que los futbolistas hacen en el banco, pero dentro el rectángulo conllevaba una sola intención: hacer un poco de tiempo, dar un respiro al equipo. Los jugadores argentinos, cazadores expertos, seguro captaron la escena en su real dimensión: “estos están muertos, vamos por ellos”. Y se fueron con la escopeta encima de Colombia en el suplementario.

Lerma estaba exhausto, debieron masajearlo ya antes de ser sustituido. También salieron otras tres columnas del equipo como James, Lucho Díaz y Ríos. Y Argentina, sin Messi desde el minuto 66 por un fuerte entorsis de tobillo, también refrescó la tropa y exhibió su decisión de ganar antes de llegar a penales. Y los tres que entraron juntos en el minuto 97 construyeron el gol de la victoria: una sensacional barrida de Paredes cortó una salida de Colombia, gran pase profundo a Lo Celso, notable asistencia de primera a Lautaro Martínez y el goleador del Calcio y de esta Copa mandó un balazo cruzado que Vargas ni alcanzó a ver. Iban 112 minutos. Colombia ya no tenía resto para levantar ese cheque.

Los números revelan elocuencia: se quedó con la corona un equipo que ganó cinco partidos y empató el restante, que marcó 9 goles y sufrió apenas uno, el de Ecuador, que llegó al minuto 91. Este de Argentina es un grupo de futbolistas con grandes condiciones, pero sobre todo inteligentes para manejar los partidos y llevarlos a su mejor hacer, con una defensa de acero, un carácter y una solidaridad que pocas veces se da en los grupos humanos. Lionel Scaloni, el notable gestor de este proceso exitoso dejó una radiografía de lo que es esta Argentina: “El equipo no deja de sorprender, se repone a las dificultades de un partido difícil, con un rival muy complicado y sin hacer un primer tiempo bueno, en el segundo mejoramos y merecimos ganar. Y en la prórroga siempre da un plus. Es gratificante verlos jugar y estoy eternamente agradecido por cómo se brindan”.

No fue el festival de fútbol que muchos esperaban por el estilo de los técnicos, como en toda final reinaron la cautela y la tensión, sin embargo resultó atractivo y, sobre todo, limpio. Tampoco hubo que lamentar fallos arbitrales que perjudicaran a ninguno. Argentina genera un espejismo, parece un equipo ganable, aunque es casi imposible hacerlo. Lleva dos derrotas en 62 partidos.

El país del fútbol (el verdadero) celebra una nueva corona. ¡Salud, campeón…!

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La parábola inversa

Jorge Barraza, columnista de La Razón

/ 13 de julio de 2024 / 21:29

En Argentina se discute (y en general se aprueba) si la actual es la mejor selección de su historia. En Colombia lo mismo. Significa que estamos frente a dos formidables equipos.

Por extensión, esto nos lleva a pensar que veremos una superfinal, y no sólo atractiva, también menos bélica que los duelos de Colombia ante Brasil y Uruguay. No más amable, sí más civilizada. Y mejor jugada.

Finales hay muchas, siempre llegan dos, algunos buenos, otros no tanto. Acá ambos son inmejorables: el campeón mundial de un lado, el mejor del momento del otro. Preguntamos comedidamente: ¿quién en el mundo juega hoy mejor que Colombia…? ¿España…? Lo vemos a la par. ¿Quién más…? No avizoramos.

En el último año y medio la máquina de Néstor Lorenzo derrotó a Alemania, España, Rumania, Japón, Brasil, Uruguay, México, Estados Unidos…  A todo lo que le salió al paso. Y con fútbol, atacando, convenciendo. El largo invicto habla de la personalidad: no les gusta perder.

Es, pues, la final soñada. Y ojalá sea la imaginada, de juego brillante y ganador indiscutible. Pero no llegan igual. La parábola de ambos apunta en sentido contrario. La flecha de Argentina está en bajada, la de Colombia, en subida. Son los momentos de los equipos. Acontece en toda actividad humana: luego de que se llega al cénit comienza el descenso.

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Una Copa sacatécnicos

Y Argentina hizo cumbre al alcanzar la corona en Catar. El carácter de sus jugadores, los puntos altos como Messi, Dibu Martínez, Cuti Romero lo mantuvieron en un nivel competitivo considerable, que en números impresiona: ha perdido sólo 2 de sus últimos 61 partidos. Encabeza la clasificatoria para el 2026 y ha llegado sin derrotas a esta definición. De modo que, respeto.

Sin embargo, ha bajado su producción. Todos los partidos le cuestan. Le cuesta Canadá, le cuesta Chile. Se dice que llegó a la final por la ruta de la seda (Chile, Perú, Ecuador y Canadá), pero nadie pensó que Perú y Chile serían tan famélicos (no marcaron un gol) y Ecuador no tiene nada de sedoso. Sus defensas y delanteros son atletas que cumplen el lema olímpico: más rápido, más alto, más fuerte. Los canadienses, igual.

Esta Argentina modelo 2024 genera menos situaciones de gol y pasa algunas zozobras atrás. Ha perdido frescura, su circulación de pelota, esas combinaciones de pases que fueron su virtud y fortuna no se dan tan seguido ni con aquella fluidez. Falta chispa en la media cancha, que es la cocina del fútbol. No están finos algunos de sus elementos clave como Mac Allister, aunque levantó en el último juego. Le va decididamente mal a Enzo Fernández, parece desgastado De Paul. Lo bueno, Messi está un poco mejor físicamente y, sin molestias, hace diferencia siempre.

Su fuerte: aún mantienen el hambre de gloria. Scaloni, un joven sabio, magnífico conductor de grupo, ha logrado preservar el ojo del tigre de la tropa, su idea futbolística está internalizada y, como dice Messi, “una final es un partido aparte”. Todo puede suceder. Es altamente probable que salga con Dibu en el arco; Montiel, Romero, Lisandro Martínez y Tagliafico en defensa; De Paul, Mac Allister y Enzo Fernández (porque no hay otro) al medio; Messi, Julián Álvarez y Di María para lastimar.

Es fácil advertir que los once son del Mundial. No ha habido recambio. Scaloni ha llamado y probado una docena de nuevos, ninguno dio el nivel para meterse en el equipo. O sea, a veinte meses de la final ante Francia, tienen que seguir los mismos. Pero, cuidado, este perro muerde. Saben que están a un escalón de enhebrar un collar histórico: Copa América – Mundial – Copa América. Dejarán la sangre en el intento.

Colombia tuvo un día menos de descanso y viene de dos partidos volcánicos ante Brasil y Uruguay. Podría jugarle en contra, pero tiene a favor el optimismo, el jugador número doce. Una pastilla de optimismo quita el cansancio, los dolores, todo.

Es un equipo fenomenal. Si hoy fuera el Mundial nos atreveríamos a decir que está para campeón. Respetamos todas las opiniones y adoramos el pasado, pero esta es la mejor Selección Colombia que este cronista vio. Tiene todo: juego, garra, fuerza, mente, carácter, gol, individualidades, pasión. Puede revertir un resultado. Es un extraordinario finalista como no se da en todas las ediciones. El que mejor ha jugado en esta Copa. Una posible victoria sería consagratoria para el fútbol colombiano, ingresaría en otra dimensión.

Colombia, por sí sólo, puede hacer un top seis de los mejores del torneo: James Rodríguez, Jefferson Lerma, Muñoz, Dávinson Sánchez, Mojica y Lucho Díaz. La carga de estos muchachos es que necesitan concretar, levantar la Copa. Es casi obligatorio. Eso sí puede pesarle. Argentina deberá cuidarse de una fórmula letal de Colombia: los centros de James y las cargas de la fuerza aérea: Lerma, Dávinson y Córdoba. No tiene gente alta Scaloni, el que sacaba todo de arriba era Otamendi, pero ahora está grande y es suplente, ya va para 37. Se puede llegar a impedir que James levante centros en jugadas, en pelotas paradas no. Colombia lamentará la ausencia de Muñoz, un lateral de novela, el mejor del torneo, pero no tanto, Santiago Arias es un férreo marcador también. No hay secretos: es casi un hecho que Colombia saldrá con Vargas; Santiago Arias, Dávinson, Cuesta y Mojica (jugó el partido de su vida ante Uruguay); Richard Ríos y Lerma; John Arias, James Rodríguez y Luis Díaz; John Córdoba.

Junto con Xabi Alonso en el Bayer Leverkusen, Scaloni y Lorenzo son los dos máximos descubrimientos técnicos a nivel mundial. No hay mejores. Los dos tienen un estilo similar: estimular el buen fútbol, presionar alto y jugar en campo contrario. ¿Quién lo logrará…?

Sensaciones… Están cincuenta y cincuenta. Puede que Scaloni vuelque a Di María por derecha para contener las subidas de Mojica, que, si se junta con Luis Díaz, complicarían en exceso a Montiel. Éste ya tendrá demasiado con parar a Lucho. Puede que De Paul encime a James para coartarle libertad. Argentina debe impedir los centros. Por esa vía lo complicaron Ecuador y Canadá. La movilidad de Julián Álvarez hará que Cuesta y Dávinson también se cuiden atrás. Colombia tiene un biotipo físico superior a Argentina y eso gravita en las divididas, en el salto, en la carrera. Quizás la única ventaja de Argentina hoy es que, si empatan y van a penales, tiene a Dibu Martínez, un gigante del arco con tremenda influencia psicológica sobre rivales y compañeros, sobre el escenario mismo.

Está todo dado para que veamos una final inolvidable. Incluso mejor que la de Europa. Ojalá, prestigiaría al fútbol sudamericano.

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Opinión

Una Copa sacatécnicos

Jorge Barraza, columnista de La Razón

/ 12 de julio de 2024 / 23:06

En los años noventa algunas selecciones acudían a la Copa América con equipos alternativos, muchos jugadores que actuaban en Europa “gambeteaban” el convite, los entrenadores decían que era un buen tubo de ensayo para las Eliminatorias. No la tomaban muy en serio. Eso cambió por completo. El grado de exigencia ha aumentado extraordinariamente. El prestigio de la Copa da alto reconocimiento a quienes la ganan o a quienes cumplen buen papel.

Esta Copa es redentora para James Rodríguez, que volvió a sus estándares del Mundial 2014 y alcanzó niveles de superhéroe en Colombia. Jeyland Mitchell, el zaguero costarricense que se devoró a Vinicius ante Brasil ya fue fichado por el Feyenoord de Holanda. Y cuatro técnicos fueron cesados por la mala actuación de sus equipos. Tales indicadores reflejan la importancia actual de la Copa.

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* Disyuntiva. El interés y la significación alcanzada por la centenaria competencia lo ratifica una declaración de Orlando Ascensio, subeditor de Deportes del diario El Tiempo. Se le preguntó qué elegirían hoy los hinchas colombianos si tuvieran una sola opción: ganar esta Copa América o ir al Mundial. “Creo que la mayoría prefiere ser campeón de América”. Un sondeo en Twitter lo ratificó: un 78% escogió ganar esta Copa, que sería un logro histórico, consagratorio para el fútbol colombiano, por el momento del equipo, por la escalera de rivales (Brasil, Uruguay, Argentina) y por las formas: jugando un gran fútbol.

* Adiós. Las pobres campañas de sus selecciones y el descontento de los hinchas provocó el despido o la renuncia de cuatro de los dieciséis entrenadores que llegaron al torneo: Greg Berhalter (Estados Unidos), Daniel Garnero (Paraguay), Félix Sánchez Bas (Ecuador) y Heimir Hallgrímsson (Jamaica). La Federación de EE.UU. fue concisa y clara: “No se cumplieron las expectativas”. Eso vale para todos. A su vez, quedaron malheridos Jaime Lozano (México) y Dorival Junior (Brasil). Y muy tocados Antonio Zago (Bolivia) y Jorge Fossati (Perú). El 50% cesanteados o cuestionados. Ahora, la Copa no perdona.

* Cachet. Se especula que Shakira, que cantará mañana en el entretiempo de Argentina-Colombia como telón de la Copa América, cobrará alrededor de 500.000 dólares por sus diez minutos de actuación. En comparación, sería bastante más que los 667.000 que percibió por partido cada selección en la primera fase del torneo. No es que Shakira cobre mucho, los equipos reciben poco.

* Precios. Argentina-Messi es el equipo más convocante del mundo y Colombia tiene una colonia de inmigrantes gigante en el país de Washington. El Hard Rock Stadium de Miami, escenario de la final, tiene aforo para 75.540, pero no alcanzará para la expectativa despertada. Está claro que, si hubiese un estadio para 300.000, rebalsaría igual. Y los precios son estratosféricos. La entrada más económica para el choque por el título en el sitio oficial de venta concesionado por la Conmebol -Ticketmaster- es de 2.249,48 dólares y la más elevada 11.903,95. Sólo quedaban unas pocas. En reventa seguro se podrán conseguir todavía, pero a costos mucho más onerosos. La taquilla, como todos los demás rubros, será ultramillonaria. Tantos ingresos no tienen correlato con la pobre recompensa que se llevan las selecciones.

* ¿Popular…? Ir a un solo partido de la Copa por intrascendente que éste sea, al menos en Estados Unidos, supone un gasto gigantesco en boleto, transporte y comidas. No sólo va el que quiere sino el que puede. La comercialización del futbol ha cambiado radicalmente, ya no es un deporte para el pueblo. En Europa no se permite poner cualquier número al valor de las localidades, hay límites. Por eso la Eurocopa es mucho más democrática y accesible. Hay cuatro niveles para la final de Berlín: 300 euros, 600, 1.000 y 2.000. La taquilla en Alemania tal vez no llegue ni a la mitad de la de Estados Unidos.

* Clima. Se prevé una temperatura media de 28 grados a las 8 de la noche del domingo en Miami. Tolerable. Sin embargo, las altas temperaturas fueron uno de los puntos inquietantes de esta Copa. El pasado sábado 6 se registró en California un pico de 53 grados. En Arizona llegó a 45. Ambas ciudades albergaron partidos de la Copa América. La FIFA, que ha enviado una delegación para estudiar los distintos aspectos de esta competencia, seguro lo tendrá en cuenta y es posible que solicite climatizar todos los estadios para el Mundial 2026. Eso le obligaron a hacer a Catar en 2022, además de cambiar la fecha de disputa.

* Edad. Los finalistas están parejos en promedio de edad: Colombia (28 años y 2 meses), Argentina (28,5). El fútbol está signado actualmente por la intensidad y no es posible competir con posibilidades sin frescura física. Lo acaba de explicar Ricardo Gareca, al comentar por qué decidió excluir de la Selección Chilena a Arturo Vidal, Gary Medel y Charles Aránguiz: “El recambio siempre es algo que se da naturalmente, no porque uno quiera. Tiene que ver con el rendimiento y otras cosas puntuales, porque si contás con mayoría de muchachos de 36 ó 37 años, hay un promedio de edad que sí o sí tenés que bajar, porque si no se complica el nivel de competencia. Si te cargás de gente demasiado grande, lógicamente vas a tener problemas a la hora de disputar con intensidad en la parte física, más allá de que lo técnico también importa”.

* Candidato. Colombia ha jugado claramente mejor que Argentina en lo que va de la Copa, incluso enfrentó rivales más complejos, no obstante, en todas las casas de apuestas la Albiceleste casi dobla en favoritismo a su rival de mañana: El once de Scaloni paga en casi todas 2,10 ó 2,15 por cada dólar apostado, Colombia devuelve entre 4,15 y 4,33.

* Despedida. La de Uruguay, entre golpes, corridas y broncas. Del Mundial de Catar se fue con varios futbolistas increpando gravemente al árbitro, rompiendo la cabina del VAR que utiliza el juez, casi tomando del cuello a un juez de línea. Era la rabia por no concederle un penal. De esta Copa América sale envuelto en un disturbio pleno de violencia en el que los jugadores pelearon con hinchas colombianos. Se argumenta que agredieron a sus familiares. Es posible, pero es una antigua costumbre. Un fútbol respetado, admirado y hasta temido como el uruguayo no se puede ir de los torneos entre agresiones cada vez que pierde. Hay 11 futbolistas celestes sumariados por la Conmebol. En Sudamérica, por lo general las sanciones quedan en nada.

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