Monday 15 Jul 2024 | Actualizado a 11:18 AM

Jerarquía de campeón… y Messi

Jorge Barraza, columnista de La Razón

/ 21 de junio de 2024 / 22:41

Debemos dar vuelta la media del comentario y empezar por Canadá. Un equipo físicamente muy duro. Y lo hace sentir: raspa. Siete de sus once titulares afrodescendientes, que ya sabemos son atléticamente fantásticos, ágiles, fuertes, rápidos, resistentes.

El Canadá que en Catar compuso un partido sensacional ante Bélgica y el Canadá que hace 13 días empató 0 a 0 con Francia en Burdeos. Ese día, Deschamps alineó completo el once que debutó en la Eurocopa ante Austria. Todos, Kanté, Camavinga, Dembelé, Griezmann, Thuram, salvo Mbappé, que entró en el segundo tiempo por Giroud.

Con un agregado: jugó a fondo Francia, pero no lo peloteó, fue parejo. Ese Canadá evolucionado y que dejó la piel en el estreno de la Copa América fue el rival de Argentina. El Canadá de Alphonso Davies y de Jonathan David, quien marcó 26 goles y dio 7 asistencias esta temporada en el Lille.

El que tiene a todos sus jugadores actuando en Alemania, Inglaterra, España, Italia, Escocia o en la Premier League. Y que posee, además, un técnico de prestigio, Jesse Marsch, quien entrenó en Austria, Alemania e Inglaterra (salvó del descenso al Leeds en la última fecha de 2022).

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Mucha repercusión, escasa recompensa

Para muchos, por desconocimiento, Canadá es un rival para hacerle cinco. Pero no. Puede que Perú y Chile le ganen al equipo de la hoja, pero les va a costar un poco.

A Argentina le costó, debió trabajar el partido más de la cuenta, sin embargo, impuso su jerarquía de campeón y superó el debut, siempre difícil en todo torneo. Aunque a los 8 minutos Di María quedó sólo con el arquero Crépeau y definió apurado, al cuerpo, dando la primera señal de peligro a favor, se vio sorprendido en el primer tiempo el equipo de Scaloni por la desenvoltura y la potencia física de los americanos del norte.

“Finaliza el primer tiempo en el que Canadá estuvo mucho, mucho más cerca del gol que Argentina”, dijo el relator de la televisión. No fue así. El computo de las situaciones claras de gol, que es la más importante de todas las estadísticas, dice que Argentina tuvo 8 (aparte de los dos goles), frente a 3 de los canadienses, que debutaban en la Copa América y lo hicieron muy bien.

«Tuvimos una gran actuación, creamos ocasiones, aunque también cometimos errores tontos en defensa», dijo Jesse Marsch en conferencia. Y aseguró que, en general, su equipo estuvo mejor incluso de lo que esperaba. Luego, se refirió al partido de Lionel Messi y lo elogió: «Creo que hemos tenido un buen plan de partido (contra el juego de Leo) y hemos ejecutado muchas cosas bien, pero es tan bueno que sigue haciendo esas jugadas. Las dos pelotas que dio en los dos goles son de clase mundial».  

Efectivamente, el genio de Rosario definió el partido en dos pases notables, uno a Mac Allister y otro a Lautaro Martínez. Insólitamente, falló en lo que nunca falla: dos ocasiones clarísimas, que tratándose de él son goles seguros, se le escaparon. Pero luego inventó los dos tantos del triunfo. “Si Messi está feliz, todos estamos felices”, dijo hace muchos años Pep Guardiola. Entendía que, si lo tenía a gusto, el Barcelona disfrutaría. Así fue. Así es con Argentina desde hace tiempo, se lo ve radiante dentro de la selección, con el grupo, con el cuerpo técnico (Scaloni es otro Guardiola en el trato especialísimo con el 10). Desde lo deportivo, lo habíamos advertido en los últimos partidos con el Inter Miami y, sobre todo, en el cotejo preparatorio ante Guatemala: está bien en lo físico, Leo, rápido, aguanta la pelota en los cuerpo a cuerpo y, si puede hacer eso, desnivela desde lo mental. Su inteligencia, su magia, su técnica, pero especialmente la velocidad con que procesa las jugadas es muy superior al resto de los futbolistas, infinitamente más que Bellingham, Vinicius o Mbappé, los tres candidatos al Balón de Oro. Mapea la cancha y decide en el acto. Y siempre con brillantez.

Arrancó bien la Copa. En líneas generales, bello espectáculo, sobre todo por el grado de oposición que presentó Canadá, que se ganó el respeto de todos. Bien plantado, generando riesgo al rival. Lo inentendible es que el DT norteamericano Marsch alineara de entrada a Buchanan, jugador limitadísimo, y dejara en el banco a Shaffelburg, un puntero derecho a la antigua, de raya, con habilidad y desborde a pura gambeta, que complicó seriamente a Argentina cuando entro, tanto que obligó a Scaloni a cambiar toda la defensa: Tagliafico por Acuña (no lo podía parar a Shaffelburg) y Otamendi entró por Paredes para hacer una línea de cinco atrás y cuidar la ventaja, hasta ese momento, de 1 a 0.

No fue la Argentina irresistible de la Copa del Mundo, sí tuvo solidez y supo cambiar en el entretiempo para ganar el partido. Nos dijo una vez Bolillo Gómez: “La diferencia entre Argentina y Brasil y los demás sudamericanos es que lo que ellos hacen mal en el primer tiempo lo corrigen en el segundo, nosotros al partido siguiente”.

Los números son contundentes: 65% a 35 de posesión en favor de Argentina, 8 situaciones de peligro a 3, 7 córners a 4, 9 remates a portería contra 2. Y 2 goles a 0. Mucha diferencia. Igual, algunas lucecitas amarillas en la Albiceleste para prestarles atención: se sostuvo una vez más en Messi, en Dibu Martínez, que salvó un gol en notable tapada, y en Cuti Romero, zaguero extraordinario, de cualquier época. El resto acompañó, no todos bien. Argentina tiene un promedio de edad de 28,5 años. Para esta Copa le da, más adelante debe rejuvenecerse. Lo bueno: de los últimos 40 partidos, Dibu lleva 29 vallas invictas, de lo que se infiere que no es fácil convertirle. Otro positivo: marcaron sus dos delanteros, Julián Álvarez y Lautaro.  

Lo bueno: la imponencia del Mercedes Benz Stadium de Atlanta, Georgia, y la puesta en escena inaugural dieron tinte de Copa Mundial. Lo malo: el campo es de piso sintético, lo cambiaron a césped natural 48 horas antes. Para hacerlo rápido plantaron los panes de pasto sobre el artificial. No pegó bien y los jugadores resbalaban. Una falla gruesa, hace siete meses que se sabía que el juego de apertura era allí.

La parábola inversa

Jorge Barraza, columnista de La Razón

/ 13 de julio de 2024 / 21:29

En Argentina se discute (y en general se aprueba) si la actual es la mejor selección de su historia. En Colombia lo mismo. Significa que estamos frente a dos formidables equipos.

Por extensión, esto nos lleva a pensar que veremos una superfinal, y no sólo atractiva, también menos bélica que los duelos de Colombia ante Brasil y Uruguay. No más amable, sí más civilizada. Y mejor jugada.

Finales hay muchas, siempre llegan dos, algunos buenos, otros no tanto. Acá ambos son inmejorables: el campeón mundial de un lado, el mejor del momento del otro. Preguntamos comedidamente: ¿quién en el mundo juega hoy mejor que Colombia…? ¿España…? Lo vemos a la par. ¿Quién más…? No avizoramos.

En el último año y medio la máquina de Néstor Lorenzo derrotó a Alemania, España, Rumania, Japón, Brasil, Uruguay, México, Estados Unidos…  A todo lo que le salió al paso. Y con fútbol, atacando, convenciendo. El largo invicto habla de la personalidad: no les gusta perder.

Es, pues, la final soñada. Y ojalá sea la imaginada, de juego brillante y ganador indiscutible. Pero no llegan igual. La parábola de ambos apunta en sentido contrario. La flecha de Argentina está en bajada, la de Colombia, en subida. Son los momentos de los equipos. Acontece en toda actividad humana: luego de que se llega al cénit comienza el descenso.

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Y Argentina hizo cumbre al alcanzar la corona en Catar. El carácter de sus jugadores, los puntos altos como Messi, Dibu Martínez, Cuti Romero lo mantuvieron en un nivel competitivo considerable, que en números impresiona: ha perdido sólo 2 de sus últimos 61 partidos. Encabeza la clasificatoria para el 2026 y ha llegado sin derrotas a esta definición. De modo que, respeto.

Sin embargo, ha bajado su producción. Todos los partidos le cuestan. Le cuesta Canadá, le cuesta Chile. Se dice que llegó a la final por la ruta de la seda (Chile, Perú, Ecuador y Canadá), pero nadie pensó que Perú y Chile serían tan famélicos (no marcaron un gol) y Ecuador no tiene nada de sedoso. Sus defensas y delanteros son atletas que cumplen el lema olímpico: más rápido, más alto, más fuerte. Los canadienses, igual.

Esta Argentina modelo 2024 genera menos situaciones de gol y pasa algunas zozobras atrás. Ha perdido frescura, su circulación de pelota, esas combinaciones de pases que fueron su virtud y fortuna no se dan tan seguido ni con aquella fluidez. Falta chispa en la media cancha, que es la cocina del fútbol. No están finos algunos de sus elementos clave como Mac Allister, aunque levantó en el último juego. Le va decididamente mal a Enzo Fernández, parece desgastado De Paul. Lo bueno, Messi está un poco mejor físicamente y, sin molestias, hace diferencia siempre.

Su fuerte: aún mantienen el hambre de gloria. Scaloni, un joven sabio, magnífico conductor de grupo, ha logrado preservar el ojo del tigre de la tropa, su idea futbolística está internalizada y, como dice Messi, “una final es un partido aparte”. Todo puede suceder. Es altamente probable que salga con Dibu en el arco; Montiel, Romero, Lisandro Martínez y Tagliafico en defensa; De Paul, Mac Allister y Enzo Fernández (porque no hay otro) al medio; Messi, Julián Álvarez y Di María para lastimar.

Es fácil advertir que los once son del Mundial. No ha habido recambio. Scaloni ha llamado y probado una docena de nuevos, ninguno dio el nivel para meterse en el equipo. O sea, a veinte meses de la final ante Francia, tienen que seguir los mismos. Pero, cuidado, este perro muerde. Saben que están a un escalón de enhebrar un collar histórico: Copa América – Mundial – Copa América. Dejarán la sangre en el intento.

Colombia tuvo un día menos de descanso y viene de dos partidos volcánicos ante Brasil y Uruguay. Podría jugarle en contra, pero tiene a favor el optimismo, el jugador número doce. Una pastilla de optimismo quita el cansancio, los dolores, todo.

Es un equipo fenomenal. Si hoy fuera el Mundial nos atreveríamos a decir que está para campeón. Respetamos todas las opiniones y adoramos el pasado, pero esta es la mejor Selección Colombia que este cronista vio. Tiene todo: juego, garra, fuerza, mente, carácter, gol, individualidades, pasión. Puede revertir un resultado. Es un extraordinario finalista como no se da en todas las ediciones. El que mejor ha jugado en esta Copa. Una posible victoria sería consagratoria para el fútbol colombiano, ingresaría en otra dimensión.

Colombia, por sí sólo, puede hacer un top seis de los mejores del torneo: James Rodríguez, Jefferson Lerma, Muñoz, Dávinson Sánchez, Mojica y Lucho Díaz. La carga de estos muchachos es que necesitan concretar, levantar la Copa. Es casi obligatorio. Eso sí puede pesarle. Argentina deberá cuidarse de una fórmula letal de Colombia: los centros de James y las cargas de la fuerza aérea: Lerma, Dávinson y Córdoba. No tiene gente alta Scaloni, el que sacaba todo de arriba era Otamendi, pero ahora está grande y es suplente, ya va para 37. Se puede llegar a impedir que James levante centros en jugadas, en pelotas paradas no. Colombia lamentará la ausencia de Muñoz, un lateral de novela, el mejor del torneo, pero no tanto, Santiago Arias es un férreo marcador también. No hay secretos: es casi un hecho que Colombia saldrá con Vargas; Santiago Arias, Dávinson, Cuesta y Mojica (jugó el partido de su vida ante Uruguay); Richard Ríos y Lerma; John Arias, James Rodríguez y Luis Díaz; John Córdoba.

Junto con Xabi Alonso en el Bayer Leverkusen, Scaloni y Lorenzo son los dos máximos descubrimientos técnicos a nivel mundial. No hay mejores. Los dos tienen un estilo similar: estimular el buen fútbol, presionar alto y jugar en campo contrario. ¿Quién lo logrará…?

Sensaciones… Están cincuenta y cincuenta. Puede que Scaloni vuelque a Di María por derecha para contener las subidas de Mojica, que, si se junta con Luis Díaz, complicarían en exceso a Montiel. Éste ya tendrá demasiado con parar a Lucho. Puede que De Paul encime a James para coartarle libertad. Argentina debe impedir los centros. Por esa vía lo complicaron Ecuador y Canadá. La movilidad de Julián Álvarez hará que Cuesta y Dávinson también se cuiden atrás. Colombia tiene un biotipo físico superior a Argentina y eso gravita en las divididas, en el salto, en la carrera. Quizás la única ventaja de Argentina hoy es que, si empatan y van a penales, tiene a Dibu Martínez, un gigante del arco con tremenda influencia psicológica sobre rivales y compañeros, sobre el escenario mismo.

Está todo dado para que veamos una final inolvidable. Incluso mejor que la de Europa. Ojalá, prestigiaría al fútbol sudamericano.

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Opinión

Una Copa sacatécnicos

Jorge Barraza, columnista de La Razón

/ 12 de julio de 2024 / 23:06

En los años noventa algunas selecciones acudían a la Copa América con equipos alternativos, muchos jugadores que actuaban en Europa “gambeteaban” el convite, los entrenadores decían que era un buen tubo de ensayo para las Eliminatorias. No la tomaban muy en serio. Eso cambió por completo. El grado de exigencia ha aumentado extraordinariamente. El prestigio de la Copa da alto reconocimiento a quienes la ganan o a quienes cumplen buen papel.

Esta Copa es redentora para James Rodríguez, que volvió a sus estándares del Mundial 2014 y alcanzó niveles de superhéroe en Colombia. Jeyland Mitchell, el zaguero costarricense que se devoró a Vinicius ante Brasil ya fue fichado por el Feyenoord de Holanda. Y cuatro técnicos fueron cesados por la mala actuación de sus equipos. Tales indicadores reflejan la importancia actual de la Copa.

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* Disyuntiva. El interés y la significación alcanzada por la centenaria competencia lo ratifica una declaración de Orlando Ascensio, subeditor de Deportes del diario El Tiempo. Se le preguntó qué elegirían hoy los hinchas colombianos si tuvieran una sola opción: ganar esta Copa América o ir al Mundial. “Creo que la mayoría prefiere ser campeón de América”. Un sondeo en Twitter lo ratificó: un 78% escogió ganar esta Copa, que sería un logro histórico, consagratorio para el fútbol colombiano, por el momento del equipo, por la escalera de rivales (Brasil, Uruguay, Argentina) y por las formas: jugando un gran fútbol.

* Adiós. Las pobres campañas de sus selecciones y el descontento de los hinchas provocó el despido o la renuncia de cuatro de los dieciséis entrenadores que llegaron al torneo: Greg Berhalter (Estados Unidos), Daniel Garnero (Paraguay), Félix Sánchez Bas (Ecuador) y Heimir Hallgrímsson (Jamaica). La Federación de EE.UU. fue concisa y clara: “No se cumplieron las expectativas”. Eso vale para todos. A su vez, quedaron malheridos Jaime Lozano (México) y Dorival Junior (Brasil). Y muy tocados Antonio Zago (Bolivia) y Jorge Fossati (Perú). El 50% cesanteados o cuestionados. Ahora, la Copa no perdona.

* Cachet. Se especula que Shakira, que cantará mañana en el entretiempo de Argentina-Colombia como telón de la Copa América, cobrará alrededor de 500.000 dólares por sus diez minutos de actuación. En comparación, sería bastante más que los 667.000 que percibió por partido cada selección en la primera fase del torneo. No es que Shakira cobre mucho, los equipos reciben poco.

* Precios. Argentina-Messi es el equipo más convocante del mundo y Colombia tiene una colonia de inmigrantes gigante en el país de Washington. El Hard Rock Stadium de Miami, escenario de la final, tiene aforo para 75.540, pero no alcanzará para la expectativa despertada. Está claro que, si hubiese un estadio para 300.000, rebalsaría igual. Y los precios son estratosféricos. La entrada más económica para el choque por el título en el sitio oficial de venta concesionado por la Conmebol -Ticketmaster- es de 2.249,48 dólares y la más elevada 11.903,95. Sólo quedaban unas pocas. En reventa seguro se podrán conseguir todavía, pero a costos mucho más onerosos. La taquilla, como todos los demás rubros, será ultramillonaria. Tantos ingresos no tienen correlato con la pobre recompensa que se llevan las selecciones.

* ¿Popular…? Ir a un solo partido de la Copa por intrascendente que éste sea, al menos en Estados Unidos, supone un gasto gigantesco en boleto, transporte y comidas. No sólo va el que quiere sino el que puede. La comercialización del futbol ha cambiado radicalmente, ya no es un deporte para el pueblo. En Europa no se permite poner cualquier número al valor de las localidades, hay límites. Por eso la Eurocopa es mucho más democrática y accesible. Hay cuatro niveles para la final de Berlín: 300 euros, 600, 1.000 y 2.000. La taquilla en Alemania tal vez no llegue ni a la mitad de la de Estados Unidos.

* Clima. Se prevé una temperatura media de 28 grados a las 8 de la noche del domingo en Miami. Tolerable. Sin embargo, las altas temperaturas fueron uno de los puntos inquietantes de esta Copa. El pasado sábado 6 se registró en California un pico de 53 grados. En Arizona llegó a 45. Ambas ciudades albergaron partidos de la Copa América. La FIFA, que ha enviado una delegación para estudiar los distintos aspectos de esta competencia, seguro lo tendrá en cuenta y es posible que solicite climatizar todos los estadios para el Mundial 2026. Eso le obligaron a hacer a Catar en 2022, además de cambiar la fecha de disputa.

* Edad. Los finalistas están parejos en promedio de edad: Colombia (28 años y 2 meses), Argentina (28,5). El fútbol está signado actualmente por la intensidad y no es posible competir con posibilidades sin frescura física. Lo acaba de explicar Ricardo Gareca, al comentar por qué decidió excluir de la Selección Chilena a Arturo Vidal, Gary Medel y Charles Aránguiz: “El recambio siempre es algo que se da naturalmente, no porque uno quiera. Tiene que ver con el rendimiento y otras cosas puntuales, porque si contás con mayoría de muchachos de 36 ó 37 años, hay un promedio de edad que sí o sí tenés que bajar, porque si no se complica el nivel de competencia. Si te cargás de gente demasiado grande, lógicamente vas a tener problemas a la hora de disputar con intensidad en la parte física, más allá de que lo técnico también importa”.

* Candidato. Colombia ha jugado claramente mejor que Argentina en lo que va de la Copa, incluso enfrentó rivales más complejos, no obstante, en todas las casas de apuestas la Albiceleste casi dobla en favoritismo a su rival de mañana: El once de Scaloni paga en casi todas 2,10 ó 2,15 por cada dólar apostado, Colombia devuelve entre 4,15 y 4,33.

* Despedida. La de Uruguay, entre golpes, corridas y broncas. Del Mundial de Catar se fue con varios futbolistas increpando gravemente al árbitro, rompiendo la cabina del VAR que utiliza el juez, casi tomando del cuello a un juez de línea. Era la rabia por no concederle un penal. De esta Copa América sale envuelto en un disturbio pleno de violencia en el que los jugadores pelearon con hinchas colombianos. Se argumenta que agredieron a sus familiares. Es posible, pero es una antigua costumbre. Un fútbol respetado, admirado y hasta temido como el uruguayo no se puede ir de los torneos entre agresiones cada vez que pierde. Hay 11 futbolistas celestes sumariados por la Conmebol. En Sudamérica, por lo general las sanciones quedan en nada.

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La batalla de Charlotte

Jorge Barraza, columnista de La Razón

/ 11 de julio de 2024 / 21:20

Uruguay es el cuco del campeonato, Colombia el que mejor juega, se sabe que es una final anticipada porque son los dos mejores del momento.

Brasil es un bello recuerdo, Argentina no está como en el Mundial. Colombia, si gana la partida, debe tener una escalera real en la mano: Brasil, Uruguay, Argentina. Terrible prueba, nunca una corona habrá costado tanto. Ya pasó a la Verdeamarela. Toca Uruguay, que tiene asustados a todos.

Vuelan estos celestes, atacan como no lo hicieron en más de cien años. Aunque ante Estados Unidos se olvidaron del bielsismo y ganaron ahí nomás, con un gol discutido.

Y ante Brasil se acordaron que son Uruguay y metieron leña como para un invierno entero. Ahora prometen más, aunque no estará Nández, capaz de hachar un bosque él solo.

Las tribunas son un gran mosaico amarillo con puntos celestes. Son 70.644 que han pagado boleto. Esta Copa es un negocio pingue para muchos, menos para los animadores, los que entrarán al campo. Los que ya se fueron a casa se llevaron dos milloncitos de dólares.

Hay clima de fiesta, aunque todos saben que en el rectángulo habrá roces, empujones, broncas, palabrotas, amenazas, o sea, el variado menú sudamericano en este juego de la pelota.

Tocan los clarines, se enarbolan las banderas y empieza la lid. Conociendo a Bielsa, es obvio que Uruguay mandaría la caballada al frente, conociendo a Lorenzo era seguro que no se achicaría. Y el primer café lo sirve Muñoz: centro de Luis Díaz, cabezazo apenas desviado del mejor lateral del torneo. Era para gol.

Pero Uruguay es joven, fuerte, se siente favorito y ese potro indomable que es Darwin Núñez se escapa tres veces seguidas, a los 17, 21 y 27 minutos y tira las tres afuera desde buena posición. Tino Asprilla le había arrojado unos dardos en la previa (“Se controla solo, necesita que le pongan seis balones para meter uno”, había dicho). Y Núñez parece querer responderle con un par de goles, pero tiene el caño de la escopeta torcido. Siguen 0 a 0.

Colombia contesta a los 33’ con otro cabezazo, esta vez de Córdoba, que se le va por centímetros. Y cuando las agujas de Cronos daban los 39’, gol de Colombia. Perdón, golazo. Córner de James, el mejor centrador del mundo, a la cabeza de Jefferson Lerma, porque James hasta te elige el parietal. Lerma es el Coloso de Rodas, se eleva imperial entre Ugarte y Josema Giménez, y mete el cabezazo perfecto, de pique al suelo, como dictan las sagradas escrituras del fútbol. Se mete por un estrecho hueco entre el arquero Rochet y el palo.

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Ugarte no salta, Giménez sí, pero poco, y Rochet no sale. Entre los cuatro decretarían que Uruguay pase a perder. Es un gol de gladiador el de Lerma. Un gol psicológico. Uruguay lo sintió como un palo en la nuca, no entraba en sus cálculos. Como el boxeador que va dominando el combate, se nota confiado y de pronto recibe un gancho al hígado que lo paraliza.

Inmediatamente después llega la acción que daría un vuelco a la historia. En una reyerta de las varias, Ugarte le da un pellizcón en la cintura a Daniel Muñoz y este reacciona enfurecido con un codazo. Ugarte cae retorciéndose y Muñoz recibe tarjeta roja. Inesperado. Resulta sorprendente la reacción de Muñoz, sobre todo teniendo amarilla, pero hay que estar ahí, en ese mar de nervios y emociones fuertes.

Ugarte, el rey del pase atrás, es un jugador menos que discreto, pero un virtuoso en el arte de calentar rivales a la vieja usanza. Lo hizo con Messi y De Paul en cancha de Boca. Le dijo a De Paul “mamadera de Messi”. Enloqueció a ambos. Messi, fuera de sí, tomó del cuello a Mathias Olivera, capitán uruguayo. No lo echaron porque es Messi. Ugarte sonrió, los sacó del partido, Uruguay ganó 2-0.

Se iba el primer tiempo y millones pensamos lo mismo: no va a aguantar Colombia un tiempo entero con un hombre menos, esto es mucho Uruguay. Néstor Lorenzo, el mayor descubrimiento mundial a nivel de dirección técnica junto con Scaloni y Xabi Alonso, rearmó el equipo: salió John Arias, volante mixto, y entró Santiago Arias, lateral puro.

El gol ya estaba hecho, había que defenderlo. Pero ¿cómo…? Uruguay vendría con toda metralla. Y vino. Dominó, empujó, cascoteó, convirtió el partido en el Sitio de Alejandría. Colombia, amurallado, tirando aceite hirviendo desde las torres. Lorenzo refrescó el equipo, exhausto de tanto rechace. Sacó al 9, John Córdoba, y puso un 2 neto, Yerry Mina, un metro 95, un individuo que puede estar una semana cabeceando sin parar. Colombia alineó cinco atrás, casi tocando al arquero, y otros cuatro delante de ellos. Una línea Maginot.

Bielsa sacó del armario a Luis Suárez: “entrá y arreglá esto”. Y el Pistolero, apenas ingresado, mandó un pelotazo al palo. En Colombia casi muere la mitad de la población. El dramatismo aumentaba por minuto. Era el ansia contra el aguante. Y era hermoso, la belleza tiene muchos rostros y esto hacía rato había dejado de ser un cotejo de fútbol para convertirse en una batalla. Uruguay con flechas, con palos, con piedras lo intentó todo, pero Colombia no aflojó nunca. Cuando ya el reloj se acercaba a los 90 todos intuíamos que podría caer un gol uruguayo, no podía resistir más Colombia. Pero a medida que lo peloteaban, más se agrandaban los de amarillo. Nunca la habíamos visto tan aguerrida. Lo que jugó el lateral izquierdo Johan Mojica fue antológico. Ponerle 10 puntos es casi insultar su esfuerzo, su moral, regó todo el campo con su sangre.

El juez mexicano (ecuánime, por cierto) dio 7’ de adición, una vida para los corazones colombianos. ¿Soportaría siete más…? Lo hizo, sin problemas. El arquero colombiano Camilo Vargas no tuvo una sola parada de riesgo, fueron tiros por arriba, centros conjurados por Yerry Mina o Dávinson Sánchez, pelotas muy pasadas o mal dirigidas… Colombia tuvo tres en que era más difícil errar el gol que hacerlo, dos de ellas en los pies de Matheus Uribe.

Respetamos todas las opiniones, adoramos el pasado, pero esta es la mejor Selección Colombia que este cronista vio. Tiene todo: fútbol, garra, fuerza, carácter, mente, gol, individualidades, pasión, resistencia. Extraordinario finalista. Por si acaso, que no venga el Tino Asprilla a decirnos que ellos jugaban mejor. No, Tino.

Reflexiones finales… El mejor duelo de la Copa América. Y de la Eurocopa también. Tuvo emociones, drama, juego, tensión. Los partidos no tienen que terminar 5 a 4 para que el fútbol guste. Con 1 a 0 sobra si tiene los ingredientes necesarios. Excepcional triunfo de Colombia. Es por mucho el equipo sobresaliente de esta Copa América hasta aquí. Uruguay no sabe ser favorito, para ganar tiene que ir de punto. Ojalá veamos una final para la historia.

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Messi y Argentina quieren más

Jorge Barraza, columnista de La Razón

/ 10 de julio de 2024 / 21:35

Francia fulmina a Mbappé por su lamentable Eurocopa (L’Equipe lo calificó con un 2 ante Portugal y con un 3 frente a España). Romario y Ronaldo le dieron duro a Vinicius (“no es ese jugador del que dices ‘si juega bien, Brasil será campeón’, no es un joga bonito”). Bellingham no brilla en Inglaterra pese a marcar un par de goles.

 Los tres candidatos al Balón de Oro 2024 se deshilachan a nivel selección, pero asombra Lamine Yamal, siendo la luz que más ilumina la Eurocopa ¡con 16 años…! A la edad en que todavía un chico le pide permiso a su madre para ir a jugar a la placita, Lamine le mete golazos a Francia para llegar a la final. Y cruzando el océano, con 21 años más, Messi también llega a otra definición por el título, una más, la número 43 de su inigualable carrera. La palabra impresionante queda chica en él. Messi ya no debe ganar el Balón de Oro, pero los que vienen reclamando el trofeo no hacen mucho por ganarlo.

* Trabajoso. Así ha sido el camino de Argentina para llegar a buscar un nuevo título. Triunfos sin brillo ante Chile, Perú, Canadá, empate dramático con Ecuador… Está claro que no es el mismo equipo que ganó el Mundial de Catar. Han pasado veinte meses, y eso es bastante en fútbol. Así como Uruguay y Colombia están en subida, Argentina está en bajada. Se nota. Y no es una crítica, le sucede a cualquier grupo que ha logrado altos objetivos. Se llega a la cima y luego comienza el descenso.

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* Oficio. Con ese atributo sacó adelante la semifinal contra Canadá. Un equipo que parece menos de lo que realmente es. Por algo llegó ahí, complica, batalla. Un delicioso pase profundo de De Paul a Julián Álvarez que el joven del City finalizó por debajo de las piernas del arquero Crepeau decidió tres cuartas partes del juego, porque el equipo de la hoja de arce. Sintió el impactó. Ese gol machacó su ilusión. El segundo fue más producto de la insistencia que de la virtud.

* Previsible. Mantiene el carácter, pero se ha convertido en un equipo desabrido, sin chispa, sin frescura, sin cambio de ritmo, ya no tan potente adelante y sí más vulnerable atrás, aunque ese fenomenal arquero que es Dibu Martínez disimula dificultades. No tiene recambio de jugadores. Scaloni se ha cansado de buscar, pero no aparecen cracks nuevos como reemplazo inmediato. Los que dan garantías son siempre los mismos. La formación titular es igual a la del Mundial. No tiene nombres afuera que deban estar. Son esos y no hay más. Deberá levantar mucho si quiere ganar en la final. Es, sobre todo, un equipo cansado. Y ya hay varios que están grandes. Messi, Otamendi, Di María, De Paul…

* Poco. “Hoy apoya sus ilusiones en el arquero, el Cuti Romero y el respeto que sigue imponiendo Messi… pero es poco. El medio perdió músculo e ideas”, opina con acierto Héctor Pérez, consumado tuitero. “McAllister bajó el nivel que supo mostrar. De Paul y De María tienen muchísimos kilómetros encima y Enzo Fernández está volviendo de una operación, aunque nunca fue un imprescindible. Tendrá que apelar a la garra si quiere repetir el domingo. Con lo exhibido hasta acá no creo que le alcance”.

* Sin magia. “Argentina tendrá 24 horas más de descanso que su rival para la final. Ante Canadá fue un partido tranquilo, suave, de intensidad intermedia. Creo que ese es un plus que físicamente lo pondrá en condiciones más equilibradas para la final, pero es un equipo que se ve repetido, agotado y sin magia”, dice Andrés Magri, director de la revista Fútbol Total, de Colombia.

* Penales. Scaloni es joven, aunque con la sabiduría de un anciano. Y es consciente de que ganar en los 90’ será complicado. Con cualquier rival le costará horrores. Incluso llegar a penales no sería una pretensión descabellada. Y en esa instancia tiene un arquero mágico.

* Convocatoria. En el rubro que aplasta Argentina es en público. Ninguna selección se le acerca siquiera. Juegue donde juegue, es a estadio completo. En sus cinco cotejos vendió 366.200 entradas a un promedio de 73.240 por juego. Con este desglose: Canadá (70.564), Chile (81.106), Perú (64.972), Ecuador (69.456) y Canadá (80.102). No vende más por la capacidad de los estadios. Conste que es apenas la decimoquinta colonia de inmigrantes en Estados Unidos. Antes están México, Puerto Rico, El Salvador, Dominicana, Guatemala, Colombia, Ecuador, Venezuela, Perú, etcétera.

* Mérito. A lo largo de 108 años y 48 ediciones, la Albiceleste llega por 30ª. vez a la definición del torneo, es récord. En 15 fue campeón, en 14 subcampeón, queda por dilucidar la del domingo. Eso se llama grandeza.

* Camino I. “Siempre le acomodan la ruta para que llegue a la final a Argentina, es la mimada de la Conmebol y la FIFA”, insisten. Muy por el contrario, siempre le ha sido adverso. Sólo basta recordar dos ejemplos. Los Mundiales de 1986 y 1978. En el Mundial de México, Argentina debió enfrentar a cuatro campeones del mundo: Italia, Uruguay, Inglaterra y Alemania. Único caso. Y ganó el título.

* Camino II. Peor fue lo del Mundial ’78. Como todo anfitrión, se esperaba un sorteo sencillo, sin embargo, nunca un local debió sortear tantos escollos. Cayó en un grupo terrible: una poderosa Italia, que le ganó 1 a 0 y que obtendría el Mundial siguiente, con Zof, Scirea, Gentile, Cabrini, Causio, Bettega, Paolo Rossi; la Francia de Platini, Lacombe, Giresse, Rocheteau, Bossis, Battiston, Genghini, Six, Tressor. Con esa camada lograría la Eurocopa 1984. Y la última Hungría fuerte después de los Magiares Mágicos. En adelante debió vérselas con la Polonia que deslumbró en Alemania, la de Lato, Szarmach, Deyna, Zmuda, Tomaszewski. Y ante un Brasil con Zico, Dirceu, Batista y otros guitarristas. Luego, enfrentar a un Perú pleno de figuras como Cubillas, Cueto, Velásquez, Oblitas, Muñante, Chumpitaz… Aunque a este lo agarró cansado y ya eliminado. Y en la final, la Naranja Mecánica, una Holanda tremenda de juego y carácter, que había arañado el título cuatro años antes sin ser menos que Alemania. Conservaba ocho titulares de 1974: Jongbloed, Krol, Jansen, Suurbier, Neeskens, Haan, Rep y Rensenbrink. Un noveno -Rijsbergen- quedó en el banco. Con el agregado de René y Willy Van der Kerkhof, los mejores gemelos que el fútbol haya visto. También dio la vuelta olímpica Argentina.

* Protagonismo. Desde el 2000 hacia acá, Argentina ha llegado a 2 finales mundialistas, a 6 de Copa América, a 2 de Juegos Olímpicos y 3 del Mundial Sub-20. Algún mérito debe tener.

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Enviado especial

Jorge Barraza, columnista de La Razón

/ 9 de julio de 2024 / 20:07

“Estoy en el aeropuerto de Kansas, hago conexión en Las Vegas para llegar a Fort Lauderdale a las 9 de la noche porque el próximo partido de Perú es en Miami y estaré cerca. Esto es muy agotador, dormí en el aeropuerto y hace diez horas estoy acá”, contaba Fernando Jiménez, director de Todo Sport, de Lima, cuando lo llamamos por WhatsApp hace dos semanas.

Fernando es uno de los pocos kamikazes que se arriesgó a ir a Estados Unidos a cubrir está Copa América esparcida por catorce ciudades en un gigantesco país de 9.147.593 km2. Faltó darle un partido a Alaska y otro a Hawái. Los periodistas, o sea los encargados de difundir el torneo, se quejan de desatención, desamparo, desorganización, falta de comodidades mínimas para desarrollar su trabajo. Las selecciones tampoco están muy contentas de viajar miles y miles de kilómetros.

Es el anticoncepto de torneo, como si los Juegos Olímpicos se anunciaran en París, pero el atletismo tuviera sede en Moscú, las regatas en Suecia, la natación en España y las pesas en Turquía. No hay carácter aglutinador.

Las grandes cadenas esquivaron el bulto. ESPN eligió la Eurocopa antes que la Copa América y mandó todas sus estrellas a Alemania, con Mariano Closs y Diego Latorre a la cabeza. Caracol y RCN, dos enormes conglomerados periodísticos, toda la vida acompañando a la Selección Colombia, compraron los derechos, pero no enviaron un equipo, relator y comentarista cubrieron las alternativas desde estudios en Bogotá como hicieron casi todos los canales latinoamericanos.

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Va un reportero, el que está en las puertas del estadio y le hace notas a los hinchas que van llegando enfundados en su camiseta. La logística en Estados Unidos es imposible y cara. La inversión no tenía retorno, hubiese sido todo a pérdida. En cambio, en Alemania las distancias son cortas y les permite a los periodistas ir a todos los estadios y pintar el espectáculo.

Vuelve Fernando Jiménez: “Para que tengas una idea, el partido de Perú y Canadá, en Kansas, terminó a las 7 de la tarde, hasta escribir, las ocho, hasta salir, las nueve, un calor infernal de 39 grados, pedimos un Uber que demoró unos quince minutos, nos fuimos a un parque a hacer un poco de tiempo y llegamos al aeropuerto a las diez y media de la noche. Vacío totalmente el aeropuerto. Dormimos como pudimos ahí en bancos porque el vuelo salía 9,40 de la mañana para Las Vegas, una hora de vuelo en un avión pequeño. No hay tantos vuelos. Esperar allí unas tres horas y trasbordar para Fort Lauderdale, donde llegamos 8 y 30 de la noche. A cuarenta minutos de allí, en Miami, iba a jugar Perú con Argentina. Así es todo en esta Copa. No te permite nada, es un agotamiento total. Yo vi los tres partidos de Perú y nada más, ni Eurocopa ni otros de Copa América, estoy en blanco. Y en los hoteles, llegas y quieres ver un partido y no lo pasan en la televisión abierta ni en el cable, debes comprarlo aparte”.

El enviado especial como se estiló siempre, que llega a un torneo, acompaña a los equipos, hace entrevistas y cuenta lo que ve desde adentro para trasladarlo al público de su país, aquí no existe, no tiene la menor posibilidad física ni económica de hacerlo. Perdería todo su tiempo en viajes sin mayor sentido. La Copa es una suerte de conejillo de indias del Mundial, que es el premio gordo. Estados Unidos albergará 78 de los 104 encuentros del Mundial 2026. “Acá hay muchos aspectos que no están bien en el torneo y es difícil solucionarlos porque no hay una cultura futbolística ni siquiera mínima en la ciudadanía. Los que no son latinos no saben ni lo que es el offside. Pienso que la FIFA va a arreglar algunas cosas porque tiene mayor autoridad y trae un ejército de gente. Como el tema de las canchas. Se ufanan de poder cambiar el piso sintético por el de césped en un día, pero luego los panes se levantan. Hay infinidad de cosas como esas para resolver y mejorar”, dice Sergio Levinsky, periodista argentino que también asistió a la Copa y lamenta haberlo hecho.

Estados Unidos es un país maravilloso, no tiene la cupa de ser tan vasto. Y lo bueno es que siempre está dispuesto a montar un torneo cuando las demás naciones no tienen posibilidades de organizarlo. Sólo hay que llevar al trapecista, el domador y los leones. Tiene la infraestructura lista y, por la peculiaridad de albergar 65 millones de inmigrantes latinoamericanos, puede llenar los escenarios. Pone la casa y se queda con la recaudación que dejan los invitados, pero de la parrilla y el asado que se encarguen otros. Ese no es su problema, no organiza estos torneos ni los pide, se los ofrecen, aunque este le vino de perlas como preparativo del Mundial de Clubes 2025 y del de selecciones 2026. El negocio grande lo hacen los dueños de los equipos de fútbol americano, que por lo general son propietarios de los estadios. No se puede jugar en la calle, hay que ir al pie de ellos y se llevan la tajada gruesa.  

No hay clima de Copa porque la Copa es un evento más entre miles en Estados Unidos. El señor que vive enfrente del estadio en Houston o en Kansas no sabe por qué están las luces prendidas ni qué hace toda esa gente allí. Tal vez piense que es un recital de rock. Distinto a cuando se juega en Sudamérica, que es una fiesta popular y el país entero está inmerso. Los organizadores venden los derechos de televisación, una empresa envía las imágenes al mundo y ahí, más o menos, termina todo. Es un torneo de televisión. Pero dados los volúmenes de dinero que genera en Estados Unidos es posible que no vuelva a Sudamérica.

“Los pasajes no son caros si los sacás con anticipación, pero ocurre que la Conmebol te avisa un día antes si estás acreditado”, dicen los cronistas, que son pocos en relación a otras copas anteriores. Lo mismo los fotógrafos. “En una semifinal o final de los Mundiales somos entre 600 y 800 fotógrafos en campo y otros 300 en tribuna, acá no pasamos de cuarenta porque es muy difícil todo y finalmente no vienen”, dice Rafael Crisóstomo, ex del Washington Post. “No hay un centro de prensa general. En los estadios ponen una mesita con un mantelito y un voluntario detrás. Y unas mesas para trabajar. Hasta el más humilde centro de prensa de nuestros países es un lujo al lado de esto”, cuentan los colegas sudamericanos.

La prensa ha ofrendado al fútbol cientos de miles de millones de páginas de diarios y revistas, miles de millones de horas de radio y televisión, han fabricado la popularidad que este deporte tiene. Y lo han llevado a ser un negocio colosal, tan grande como el petróleo, el turismo, las finanzas. La organización del fútbol le ha soltado la mano, la ha abandonado.

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