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Wendy, la campeona heredera del apellido Soria

De los tres hijos de Vladimir, los varones no le sacaron a su padre los atributos futbolísticos como lo hizo Wendy, quien, sin embargo, comenzó a patear la pelota para seguir lo que hacía uno de ellos.

Los Soria: Wendy con su padre Vladimir en su hogar de La Paz. Foto: Álvaro Valero

Los Soria: Wendy con su padre Vladimir en su hogar de La Paz. Foto: Álvaro Valero

La Razón (Edición Impresa) / Jaime Ayllón / La Paz

15:25 / 11 de diciembre de 2019

Tiene buen manejo de pelota y una fuerte pegada. Además, un carácter importante. Son algunos atributos que Wendy Soria Amusquivar heredó de su progenitor, Vladimir Soria, notable mediocampista en su época, hombre de Bolívar y la selección nacional.

Wendy acaba de consagrarse campeona del torneo femenino de la Asociación de Fútbol de La Paz junto con sus compañeras de la Academia del Balompié Boliviano (ABB).

De los tres hijos de Vladimir, los varones Cristian y Leonardo no le sacaron a su padre los atributos futbolísticos como lo hizo Wendy, quien, sin embargo, comenzó a patear la pelota para seguir lo que hacía uno de ellos.

“Desde niña veía a mi hermano mayor Cristian jugar en el coliseo cerrado al futsal y aquello me llamó la atención, entonces empecé a jugar junto con él y sus amigos. Luego me enteré de que había una escuela de fútbol donde concurrían niñas, así que me hice inscribir y llegué de esa manera a ABB en 2005, donde mejoré bastante en todos los aspectos”.

Contra lo que se pudiera pensar, no hubo influencia directa de su padre, que era un gran jugador de fútbol.

“No, para nada influyó mi papá, incluso de pequeña no me llamaba la atención el ir a verlo al estadio. Recién pude verlo a los 13 años, a veces iba a Tembladerani, a sus entrenamientos, pero no me interesaba mucho. Mi papá no influyó en nada, pero sí me apoyó al igual que mi mamá Sara y mis hermanos, todos estuvieron de acuerdo con que jugara. Lo que sí, creo que me hice bolivarista porque mi papá jugo muchos años en ese club”.

Llegó a la selección paceña en 2007, jugó en los torneos nacionales. Fue convocada a la selección nacional en 2008, aunque no pudo quedarse porque, al margen del fútbol ya estaba dedicada a sus estudios universitarios. “Fue un periodo de exámenes y como de antemano había la promesa de no descuidar los estudios preferí cumplir con ese compromiso con mi familia. Hoy, pensar en volver a la selección ya es complicado por mi edad, además considero que hay que darles opción a las chicas jóvenes”.

Desde hace mucho tiempo disfruta de jugar al fútbol. En ese trajín ha podido ver los cambios. “Si hubiera crecido tanto el fútbol femenino antes como hoy, creo que para mí hubiera significado una gran opción para, a través del fútbol, salir a estudiar al exterior, hubiese sido mi sueño y mi objetivo”.

En cambio, cuando ella se inició “era raro ver jugar a las mujeres, ya que todos en su generalidad tenían el pensamiento de que el fútbol solo era para varones. Decían que las mujeres no deberían jugar porque en el fútbol hay mucho roce, que no era para las señoritas; sin embargo, quede sorprendida cuando fui a inscribirme a la Academia porque había un gran número de chicas, lo que me alentó más”.

Con los años las cosas han cambiado. Hoy en día “todas quieren ser futbolistas, hay más apertura, creo que ya no hay prejuicios, se ha evolucionado en todo sentido y sobre todo ha generado una nueva opción para ser profesional. Creo que es otra oportunidad que se le presenta a la mujer”.

E insiste: “A mí particularmente me hubiese gustado que llegara un poco antes, porque ahora ya es complicado para mí querer jugar a nivel profesional, seguramente lo haré un par de años más para luego alejarme del fútbol”.

Jugar es su pasión. Le enseñó muchas cosas, “desde tener personalidad, formar carácter, tener disciplina y sobre todo la importancia de practicar deporte. Ahora las chicas incluso creo que por su capacidad pueden buscar becas para ir a estudiar al exterior, por ello considero que es un gran paso el hecho de que haya crecido y evolucionado la participación de las mujeres en esta disciplina deportiva que tiene mucho futuro. Ojo, para jugar al fútbol se debe tener mucho apoyo y compresión de la familia, y las chicas no deben dejar de estudiar. Es un gran ajetreo jugar y estudiar, pero ahí debe salir a relucir el apoyo del entorno familiar”.

Su padre era mediocampista. Un volante de contención notable. No se quedaba ahí. Iba al frente, se metía en el área contraria y alguna vez hacía goles. Fue uno de los mejores volantes de su época.

Ella es delantera. “Si bien mi estatura no me ayuda bastante, me hice atacante porque tengo buen manejo de pelota, me gusta encarar, tengo velocidad y sobre todo buena pegada”.

  • El plantel de ABB, campeón del fútbol femenino paceño, posa en la cancha de Calacoto. Foto: Miguel Carrasco

‘Nunca le corregí o le enseñé nada’

Vladimir Soria, innumerables veces campeón boliviano con Bolívar y mundialista con la selección nacional en Estados Unidos 1994, hoy disfruta de ver jugar a su hija.

“Para mí es una alegría verla haciendo deporte y más aún fútbol, que le gustó desde muy chiquita. En casa siempre les decía a mis hijos que primero estaban los estudios y luego el deporte, pero a Wendy le nació esa pasión por el fútbol y familia la apoyó en todo sentido y entre todos le acompañamos para que recorriera ese camino”.

Wendy Soria logró el título de campeona de la AFLP hace dos semanas como integrante de la Escuela ABB, su club desde siempre. Fue ahí donde por primera vez se inscribió para darle al balón.

“Desde antes la íbamos a ver jugar los partidos a la cancha de ABB o de la Asociación de Fútbol y ahí nos dimos cuenta de que tenía condiciones para jugar, entonces le inculcamos para que siguiera sin descuidar los estudios que también tuvieron un final exitoso; felizmente ella ya es profesional”.

Vladimir ratifica lo que en algún momento declaró su hija. No influyó directamente en ella, ni la entrenó ni la corrigió en el ámbito futbolístico.

“En ningún momento la formé, al contrario, ella aprovechó muy bien las enseñanzas de su hermano mayor y su incursión en la escuela de fútbol ABB. Yo nunca le corregí o enseñé nada. Lo que ella tiene en cuanto a capacidad técnica es natural, creo que tiene condiciones, simplemente la familia le apoya porque todos hacemos deporte. A mi esposa Sara le gusta mucho el voleibol, el ráquet y el wally”.

Soria padre apoya el fútbol femenino. Le parece bien que vaya creciendo en el país, que haya más opciones para las niñas y jóvenes que quieren practicarlo.

“Creo que ahora de a poco va ingresando el fútbol femenino con más fuerza en nuestro país, las autoridades tienen que apoyarlo y buscar que se profesionalice porque de esa forma será otra opción para aquellas chicas a quienes les gusta practicar esta disciplina”.

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