Sunday 25 Feb 2024 | Actualizado a 17:58 PM

Gabriela Durán: ‘Para que haya cultura tiene que haber dinero’

Abrió un espacio comercial para el diseño y las culturas.

/ 19 de diciembre de 2013 / 04:00

¿Cómo nació tu pasión por el diseño?

Crecí en entornos muy creativos. Mis padres me inscribían en clases de artes plásticas y música. El día que tomé un curso de diseño mediático entendí que el proceso de diseño no solamente se aplica a objetos, sino también a plataformas interactivas, festivales, eventos, planeamiento urbano, intervenciones en espacios públicos, turismo, etc.

¿Cuáles son tus curiosidades artísticas?

A nivel profesional me es gratificante explorar trabajos en producción audiovisual, documental, musical y videoarte, además de la realización de experiencias creativas, como festivales que desarrollen nuevas narrativas, aborden temas de educación y género, y planteen la apreciación de una estética más orgánica y compatible con el medio ambiente. Siempre me nutro de propuestas creativas que utilizan medios de expresión, sean low tech o high tech (tecnología simple o sofisticada), cualquiera que ayude a mejorar la comunicación y que le dé alma a una situación, ayude a abrir diálogo en la sociedad y proponga alternativas para vivir bien y de manera sustentable.

¿Cómo comenzó el Mercadito Pop?

Cuando llegué a Bolivia, me costó mucho reintegrarme al sistema. Vi que aquí se da poca atención al desarrollo artístico, creativo, cultural y que apenas se toca el concepto de economía creativa. Me junté con unas amigas artistas y artesanas para participar y organizar ferias pequeñas. Pero siempre sentí que algo les faltaba. Ahí caí en cuenta de que no se le daba importancia al diseño, a la creatividad ni al valor agregado que estos productos merecen tener con respecto a la artesanía genérica.

¿Cómo ves el mercado para el diseño y la cultura alternativa en Bolivia?

Está súper limitado. Por un lado, el concepto de diseño apenas se toca. La educación sobre éste en las universidades se limita al de moda, al gráfico y al de interiores. Tampoco se profundiza en el aspecto de la funcionalidad que el diseño le da a las cosas, a las actividades, a todo. Sobre el mercado de la cultura, por mucho tiempo se ha limitado a lo folklórico. Ahora está con ganas de cambiar, pero todavía no lo logra, porque a nivel institucional no hay un entendimiento básico. Para que haya cultura tiene que haber dinero; si hay cultura, entra plata. Esta noción viene de la economía creativa, el paraguas que acoge a las industrias culturales.

¿Cuáles son tus influencias?

Mis más grandes influencias, aunque suene cliché, son mi padre y mi madre. Mi padre es Jesús Durán, músico y compositor. Y mi madre Cecilia, es mi maestra, quien desde que era niña me enseñó a ver el arte como una herramienta de expresión y de terapia. Otras influencias que tengo son la cantidad de amigos y amigas creativos que tengo esparcidos por el mundo, que siempre están ahí, haciendo de las suyas e inspirándome. De las cosas que más me gustan están la música, propuestas de arte sonoro, los híbridos entre cine documental y el cine ficción, cocinar, coleccionar cuentas para hacer joyas, ir de cool hunting (buscar tendencias), ver y hacer videoarte, artes electrónicas, festivales, fiestas y ferias.

El Perfil

Es consultora audiovisual, produce eventos multimedia y es artista. Estudió antropología, cine y artes mediáticas en EEUU. En paralelo tomó clases de artes visuales, música, etnomusicología, danza contemporánea, videoarte y actuación. Vivió en Nueva York por cuatro años, hizo una maestría en cine y artes mediáticas en la New School. Es una de las creadoras del Mercadito Pop.

Feria y cultura alternativa

El Mercadito Pop nació en 2012 como una plataforma artístico-cultural. Promueve la microeconomía creativa, el  arte y diseño independiente local.  Apunta por una estética arte pop y arte urbano, incorporando aspectos del imaginario boliviano.  En 2013 se expandió por Cochabamba y Santa Cruz y cerrará su exitosa gira en La Paz, del 21 al 24 de diciembre en la calle 10 de Achumani 135.

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Giselle Monzón, el cartel cubano se luce en Bolivia

La diseñadora gráfica hizo carteles para las principales instituciones culturales de Cuba.

/ 1 de noviembre de 2017 / 05:32

Cuba, país con una gran tradición en la elaboración de carteles, tiene una vasta producción gráfica iniciada en la segunda mitad del siglo XX tras la revolución castrista, de donde emanaron diferentes corrientes ligadas a la política, a la función social y con mayor fuerza hacia la cultura, siendo la música, el cine y el arte sus protagonistas.

Susan Sontag dedicó buena parte de su famoso ensayo de 1970, Posters: Advertisement, Art, Political Artifact, Commodity, a según ella la paradoja “particularmente satisfactoria” que presentan: “Los cubanos hacen carteles para publicitar la cultura en una sociedad que busca no tratar a la cultura como un conjunto de productos básicos: eventos y objetos diseñados, ya sea conscientemente o no, para su explotación comercial. Entonces, el mismo proyecto de publicidad cultural se convierte en algo paradójico, si no gratuito. Y, de hecho, muchos de estos carteles realmente no satisfacen ninguna necesidad práctica”, indicó la escritora estadounidense.

Quizás debido a las condiciones socioeconómicas de la isla es que en pleno siglo XXI sigue siendo un referente artístico para el cartel y hasta el momento, la serigrafía nunca se ha perdido como medio principal de impresión de carteles y afiches.

El trabajo del diseñador en Cuba está muy vinculado a la cultura, se hace poco diseño comercial y es justo en esta rama que se destaca Giselle Monzón, que representa a una nueva generación de diseñadores latinoamericanos emergentes que son reconocidos por su talento y creatividad.

Bach, Rostgaard, Ñiko y Reboiro, entre otros, son los maestros referentes del cartel cubano para Monzón que aunque nació en Santa Clara se trasladó a La Habana para establecerse allí y seguir su pasión. Desde pequeña siempre mostró interés hacia el arte y la ilustración y se siente privilegiada por ser una cartelista.

“Es algo que disfruto mucho, aunque es un ejercicio de esfuerzo y no pocas frustraciones. Amo la libertad creativa que amerita y la posibilidad de autoexpresión que te ofrece, algo poco común en nuestra profesión”, indica Monzón, quien se desempeña como docente en la universidad de La Habana y como pedagoga adjunta del Instituto Superior de Diseño (ISDI).

Parte elemental en la trayectoria de Monzón es su colaboración como diseñadora del Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), la institución que maneja todo el cine cubano.

El cartel para la película José Martí: El ojo del canario, le dio popularidad: con él ganó el Premio Coral en el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano. “El filme aborda una parte de la vida de este héroe cubano desde una perspectiva muy diferente a lo habitual. La foto de Martí, por otro lado, es tan familiar para todos los cubanos que habría sido un cliché incluirla en el cartel. De manera que me decidí por un concepto que resumía la película: la libertad de Cuba. La manera de representarla fue otro reto”.

Monzón tiene un especial interés por el trabajo colaborativo, ha realizado obras a cuatro manos y es parte del Club de Amigos del Cartel (CACa) y el proyecto CartelON Gráfica Cubana. “Somos una gran familia de amantes del cartel y la serigrafía. Por lo general nuestros proyectos son totalmente inclusivos y cualquier amante de la gráfica puede formar parte de ellos”, explica Monzón. Los colectivos a los que pertenece son apoyados por instituciones como la Cinemateca de Cuba, la Casa de las Américas, la Fábrica de Arte Cubano (FAC) y de manera especial el taller de serigrafía René Portocarrero que promueve proyectos, imprime sus obras y realiza exposiciones en su espacio.

Pese a que existen algunos pesimistas que vaticinan la muerte de lo impreso, para Monzón esta es una idea prematura, ya que ella cree que todavía sigue siendo “infinitamente más placentero” hojear un libro que leerlo en una pantalla.

“Creo que el cartel está mutando, no muriendo. Cambiará de medio y de forma, pero su función de deleite y comunicación se mantendrá. Somos muchos los encargados de mantenerlo vivo, dentro y fuera de las bienales”.

Este 2017 Monzón hizo el cartel del Festival Internacional de Cultura Pirineos Sur en Huesca, España y se encuentra trabajando en la imagen de la fiesta de cultura cubana, Artes de Cuba: From the island to the world, para el Kennedy Center en Washington, Estados Unidos.

En paralelo la artista sigue realizando afiches para documentales de cine independiente, participó recientemente en una muestra de carteles para filmes clásicos restaurados por la Cinemateca de Cuba y trabaja en su estudio Nocturnal, desde donde salen proyectos de ilustración y cartel que realiza con cinco de sus colegas.

Monzón fue la ganadora del premio al Mejor Cartel Cultural en una anterior versión de la Bienal del Cartel Bolivia, de esta manera se evidencia a la BICeBé como una plataforma importante que acompaña el desarrollo de los profesionales emergentes.

La cartelista cubana dará en La Paz un taller de simulación en serigrafía y una conferencia dentro del Congreso Internacional de Diseño, el miércoles 22 de noviembre, a las 16.00 en el Campo Ferial Chuquiago Marka.

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La intensidad de ‘Vulnicura’

Pero es su nuevo trabajo el que nos ocupa hoy. “Moments of clarity are so rare—I better document this” (Momentos de claridad son tan raros, que serán mejor que este documento) dice Stone Milket, canción que abre este noveno disco de estudio repleto de Björk.

/ 8 de febrero de 2015 / 04:01

Vulnicura es un trabajo íntimo y emocional que, aunque no se aparta del estilo único de la islandesa Björk, se posiciona como un disco mayor en la obra de la cantante islandesa. Su trayectoria artística es sorprendente. Björk Guðmundsdóttir (Islandia, 21 de noviembre de 1965) sacó su primer álbum a los 11 años, pero saltó a la escena internacional como vocalista de la banda de rock alternativo The Sugarcubes.

Pero es su nuevo trabajo el que nos ocupa hoy. “Moments of clarity are so rare—I better document this” (Momentos de claridad son tan raros, que serán mejor que este documento) dice Stone Milket, canción que abre este noveno disco de estudio repleto de Björk. Con nueve composiciones intensas, en las que la cantante muestra sus destrezas como arreglista, logra composiciones tan vivas que narran el sonido mismo que tiene la soledad: Vulnicura aborda el rompimiento a través de una historia personal que aquí la intérprete hace pública.

Con momentos exuberantes y tristes, en la atmósfera de Vulnicura habita un cuarteto de cuerdas (siempre presente) que pelea protagonismo con arreglos corales superpuestos, como astillas que cortan las melodías —y corazones—. Este es el aporte más evidente de Arca, productor del disco, joven venezolano conocido por sus trabajos con Kanye Wests (Yeezus) y FKA twings (LP1).

Con aullidos de violonchelos, terremotos de percusión electrónica y las palabras que salen de la boca de la creadora islandesa, cual si cada una hubiera sido previamente saboreada. Vulnicura es una obra maestra del equilibrio de elementos. La madurez que ha logrado esta cantante en sus 30 años de carrera se hace evidente en su último álbum.

“When we’re broken we are whole and when  we’re whole we’re broken” (Cuando estamos rotos somos todo y cuando estamos todo estamos rotos) explica Quicksand, así cierra un trabajo que versa sobre los avatares de la separación, nueve canciones que te tocarán las fibras más profundas de la pérdida amorosa.

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Pero es su nuevo trabajo el que nos ocupa hoy. “Moments of clarity are so rare—I better document this” (Momentos de claridad son tan raros, que serán mejor que este documento) dice Stone Milket, canción que abre este noveno disco de estudio repleto de Björk.

/ 8 de febrero de 2015 / 04:01

Vulnicura es un trabajo íntimo y emocional que, aunque no se aparta del estilo único de la islandesa Björk, se posiciona como un disco mayor en la obra de la cantante islandesa. Su trayectoria artística es sorprendente. Björk Guðmundsdóttir (Islandia, 21 de noviembre de 1965) sacó su primer álbum a los 11 años, pero saltó a la escena internacional como vocalista de la banda de rock alternativo The Sugarcubes.

Pero es su nuevo trabajo el que nos ocupa hoy. “Moments of clarity are so rare—I better document this” (Momentos de claridad son tan raros, que serán mejor que este documento) dice Stone Milket, canción que abre este noveno disco de estudio repleto de Björk. Con nueve composiciones intensas, en las que la cantante muestra sus destrezas como arreglista, logra composiciones tan vivas que narran el sonido mismo que tiene la soledad: Vulnicura aborda el rompimiento a través de una historia personal que aquí la intérprete hace pública.

Con momentos exuberantes y tristes, en la atmósfera de Vulnicura habita un cuarteto de cuerdas (siempre presente) que pelea protagonismo con arreglos corales superpuestos, como astillas que cortan las melodías —y corazones—. Este es el aporte más evidente de Arca, productor del disco, joven venezolano conocido por sus trabajos con Kanye Wests (Yeezus) y FKA twings (LP1).

Con aullidos de violonchelos, terremotos de percusión electrónica y las palabras que salen de la boca de la creadora islandesa, cual si cada una hubiera sido previamente saboreada. Vulnicura es una obra maestra del equilibrio de elementos. La madurez que ha logrado esta cantante en sus 30 años de carrera se hace evidente en su último álbum.

“When we’re broken we are whole and when  we’re whole we’re broken” (Cuando estamos rotos somos todo y cuando estamos todo estamos rotos) explica Quicksand, así cierra un trabajo que versa sobre los avatares de la separación, nueve canciones que te tocarán las fibras más profundas de la pérdida amorosa.

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‘St. Vincent’, dice St. Vincent

St. Vincent es el nombre del hospital donde murió el poeta inglés Dylan Thomas. Annie Clark usó el mismo nombre en su proyecto musical, inspirada en una canción de Nick Cave.

/ 11 de enero de 2015 / 04:00

St. Vincent es el nombre del hospital donde murió el poeta inglés Dylan Thomas. Annie Clark usó el mismo nombre en su proyecto musical, inspirada en una canción de Nick Cave. Éstas son las primeras referencias artísticas necesarias después de escuchar el tercer disco de St. Vincent, Strange Mercy, que en 2011 levantó muchos pulgares entre los críticos y que en 2014 presentó el material St Vincent. ¿Qué hay detrás de esa voz que emerge como algo puro y original?

Con cuatro discos en su haber, la cantante compone una obra que se sostiene tras una búsqueda sonora sin referente exacto o línea estilística.

Ella logra encontrarse como artista sonando exactamente a ella. Su formación musical temprana la nutrió de lo mejor de la música de los últimos 50 años (referencias al jazz, además de su amor confeso por David Bowie) y le permitió apoderarse de las herramientas sonoras digitales propias del siglo XXI.

St. Vincent salió a la venta tras una pausa de dos años, en los que Clark trabajó con David Byrne (Talking Heads), quien le contagió ese toque especial de groove que le faltaba a sus temas. Pero lo que vuelve fenomenal al disco es que esa exquisitez sonora es sencilla de escuchar: suena simple, con momentos de oscuridad que se funden en un big bang de estructuras instrumentales, en los que intervienen voces, violines, flautas, clarinetes y una guitarra perita que dialoga con sintetizadores.

El trabajo tiene 11 canciones que construyen una tensión entre melodías pegadizas, con espasmos sorpresivos de una furiosa guitarra que impregna de diferentes texturas todo el disco. Rattlesnake abre las puertas de un laberinto dominado por latigazos de percusión que se confinan en una especie de ternura vocal. En Huey Newton o Prince Jonny, la armonía encaja con la idea de la canción, que sumerge al escucha en una reflexión metamusical sobre la época digital. Así, Digital Witness puede explicar el puente que explica toda la atmósfera robótica del disco, que deviene en solos de guitarra que devuelven a la compositora una naturaleza análoga.

We’ll be heroes on every bar stool (seremos héroes en cada barra de un bar”), concluye Clark en la hipnótica Severed Crossed Fingers, que cierra el disco.

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Apps para papás deportistas

Actualizaciones instantáneas, curiosidades y seguimiento a las estrellas deportivas.

/ 13 de marzo de 2014 / 04:00

Toda la actualidad en deportes es lo que ofrecen estas aplicaciones (Apps), especialmente para aquellos papis que aunque ya no hacen ejercicio muy seguido, son verdaderos fanáticos del tenis, fútbol, Fórmula 1, básquet y hasta de algunos deportes extremos. En Google Play y en iTunes Store se pueden encontrar aplicaciones para seguir diversos torneos, además de enterarte de novedades y curiosidades de tus estrellas del deporte favoritas. La mayoría de estas ‘apps’ son gratuitas y solo las más especializadas se pagan.

Para seguir cualquier disciplina o liga, por muy recóndito que sea el lugar donde se practican, solo hace falta un smartphone. Para acceder a las aplicaciones, busca en las plataformas de los  distintos sistemas operativos el deporte que desees. Aquí te damos algunas opciones de las más populares y vistas.

Por ejemplo, LiveScore no puede faltar en el móvil de un aficionado al fútbol mundial. Para los amantes del básquetbol, la NBA dispone de su  aplicación propia para seguir la liga. Si tu papá sigue la Fórmula 1, hay una ‘app’ tan completa que incluso permite conocer lo que está pasando en las carreras de una forma más exhaustiva que una retransmisión televisiva.

Todas estas sugerencias que te damos tienen el plus de que ofrecen datos rápidos e instantáneos, así tu papá podrá jactarse de ser el mejor informado de todos sus amigos.

Datos de: www.softonic.com, https://itunes.apple.com, http://blogs.elconfidencial.com/, https://play.google.com/

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