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Piñera critica a políticos de la dictadura por violaciones de DDHH

El presidente de Chile, Sebastián Piñera, aseguró que "ninguna circunstancia" justifica las violaciones de los Derechos Humanos cometidas en Chile durante la dictadura de Augusto Pinochet.

/ 31 de agosto de 2013 / 20:31

El presidente de Chile, Sebastián Piñera, aseguró este sábado que «ninguna circunstancia» justifica las violaciones de los Derechos Humanos cometidas en Chile durante la dictadura de Augusto Pinochet, y señaló a las autoridades del régimen y a sus cómplices pasivos como responsables políticos de los hechos.

«No hay ninguna circunstancia, de ninguna naturaleza, en ningún tiempo o lugar que justifique atropellar los derechos humanos de ningún ciudadano», dijo Piñera en un acto público, a días de que Chile conmemore el 40 aniversario del golpe de Estado de 1973.

Piñera, el primer mandatario de derecha desde la llegada de la democracia, recalcó que «las máximas autoridades del gobierno militar que sabían o debían saber del atropello a los derechos humanos tienen una responsabilidad política y también muchos otros que tenían conocimiento o que debieron haberlos tenido».

«Hubo muchos que fueron cómplices pasivos: que sabían y no hicieron nada o no quisieron saber y tampoco hicieron nada», dijo en una entrevista con La Tercera, citando el caso de periodistas y jueces de la época.

El golpe de estado que derrocó al presidente socialista Salvador Allende el 11 de septiembre de 1973, dio paso a una dictadura liderada por Augusto Pinochet, que culminó en 1990, y que reprimió con fuerza a sus opositores, dejando 3.200 muertos y 38.000 torturados.

«(El golpe de Estado) se produjo porque las fuerzas políticas no fueron capaces de cuidar nuestra democracia, (…) pero también es cierto que después del golpe militar se cometieron graves, reiterados y sistemáticos atropellos a los derechos humanos por parte de agentes del Estado y eso, sin duda, es una situación que todos debemos condenar en forma firme, clara y permanente», agregó el mandatario.

El mandatario reiteró que organizará un acto «republicano y sobrio» de conmemoración del 40 aniversario del golpe militar para «aprender de los errores y evitar repetirlos» a futuro.

Pedido de perdón de la derecha

Por otro lado, Piñera afirmó en una entrevista con el diario La Tercera publicada este sábado, que el pedido de perdón de la derecha chilena en la conmemoración del 40 aniversario del golpe de Estado es «un tema personal».

«El perdón es un tema personal. Si alguien tiene pecados, culpas, ya sea de acción u omisión, está arrepentido y siente que tiene que pedir perdón, que lo haga. Pero no creo lógico que empecemos unos a otros a exigirnos actos de perdón», dijo Piñera.

Esta semana el senador de la ultraconservadora UDI, Hernán Larraín, pidió disculpas por no haber colaborado de forma suficiente a la reconciliación de los chilenos tras la dictadura.   La candidata de la derecha, Evelyn Matthei, hija de un general de la Fuerza Aérea que participó del gobierno de la dictadura, aseguró esta semana que ni ella ni el sector político que representa debían pedir perdón.

Matthei dijo este sábado que espera que la jornada del 11 de septiembre sirva a los chilenos para reflexionar y «tener claro» que «nunca jamás se pueden violar los derechos humanos».

«Como chilenos debemos reflexionar muy profundamente, sacar lecciones del pasado, no olvidar el pasado, mirar cada uno dentro de sí mismo, (…) como decía el Presidente, si tenemos errores ya sea por acción o por omisión y ese es el el tema que cada uno debe mirar al interior», dijo la candidata de la derecha.

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Chile conmemora 40 años de la muerte de Neruda e investiga si fue envenenado

Neruda, quien además de poeta fue diplomático y senador por el Partido Comunista, murió en 1973, doce días después del golpe de estado que derrocó a su amigo, el presidente socialista Salvador Allende.

/ 20 de septiembre de 2013 / 21:41

Chile conmemora este lunes 40 años de la extraña muerte del  Nobel de Literatura Pablo Neruda, con sus restos exhumados y un proceso judicial en marcha para averiguar si fue asesinado por la dictadura de Augusto Pinochet.

Neruda, quien además de poeta fue diplomático y senador por el Partido Comunista, murió en 1973, doce días después del golpe de estado que derrocó a su amigo, el presidente socialista Salvador Allende.

El acta de defunción establece un agravamiento del cáncer de próstata que Neruda padecía como la causa de su muerte.

Pero el pasado mes de abril, sus restos fueron exhumados para esclarecer si fue asesinado con una misteriosa inyección inoculada en la misma clínica en que fuera asesinado años después el ex presidente Eduardo Frei, como denuncia su exchófer, Manuel Araya.

Al día siguiente de su muerte, Neruda debía emprender un viaje a México, donde pretendía exiliarse y movilizar a la oposición de Augusto Pinochet.

Según Araya, la tarde del 23 de septiembre de 1973, Neruda, quien hasta ese momento se encontraba lúcido y estable, les dijo a él y a su esposa Matilde Urrutia que un médico le había inoculado una inyección que había empeorado su estado.

El chófer fue enviado por otro médico a buscar un medicamento, y en el camino fue detenido y torturado por agentes de la dictadura, que lo interrogaron por sus nexos con el Partido Comunista y lo dejaron preso en el Estadio Nacional, junto a otros miles de detenidos.

Casi seis horas después, el poeta falleció en la Clínica Santa María, donde había sido trasladado por razones de seguridad, según Araya.

Este aniversario «lo vivimos con mucha tensión. Estamos muy atentos a los resultados de los exámenes toxicológicos», dijo a la AFP Rodolfo Reyes, sobrino de Neruda, y abogado querellante en el caso.

Los restos del poeta fueron enviados para ser analizados tanto al Servicio Médico Legal de Chile, como a la Universidad de Murcia (España) y a la Universidad de Carolina del Norte (Estados Unidos).

De momento, han confirmado que Neruda padecía un cáncer de próstata en el momento de su muerte, pero aún se esperan los resultados de los análisis toxicológicos.

«Todos queremos saber de qué murió», afirmó Reyes.

El fantasma de las armas químicas

Otros casos han reforzado las sospechas. En la misma clínica en la que murió Neruda pero nueve años después, falleció el expresidente Eduardo Frei Montalva (1964-1970) a causa de la «introducción paulatina de sustancias tóxicas», según ha determinado la justicia en un caso que sigue abierto.

Frei, que en ese entonces se perfilaba como uno de los mayores opositores a Pinochet, ingresó a la clínica Santa María para tratarse de una hernia mediante una cirugía menor, y murió sorpresivamente poco después a causa de una septicemia.

El juez que investiga el caso de Neruda, Mario Carroza, decidió interrogar a los médicos acusados por la muerte de Frei, y a su vez, sigue en la búsqueda del supuesto médico que le aplicó la inyección al poeta, un doctor de apellido Price, cuya identificación no corresponde a ningún individuo registrado en Chile, según la investigación.

«Hemos tenido poca colaboración de la Clínica Santa María. Hay personas que saben y no dicen», dijo a la AFP el sobrino de Neruda, quien criticó la «falta de colaboración e interés» en el caso por parte de la Fundación Pablo Neruda -que gestiona su legado- y del gobierno.

Los servicios secretos de la dictadura de Pinochet (1973-1990) desarrollaron armas químicas como sarín, soman y tabun, para usar contra países enemigos y opositores.

La dictadura brasileña proveyó a la chilena entre los años 70 y 80 de neurotoxina butolínica, una potente arma química que provoca la muerte por asfixia. Restos de esta sustancia fueron encontrados en el Instituto de Salud Pública chileno cinco años atrás, según su entonces directora Ingrid Heitmann.

Chile investiga aún el alcance de este tipo de armas en los 3.200 muertos que dejó la dictadura.

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Matthei, otra hija de un exgeneral que peleará la presidencia de Chile

Al igual que su contendora Michelle Bachelet, la exministra de Trabajo Evelyn Matthei, quien será designada como candidata única del oficialismo chileno para competir por la presidencia, es hija de un exgeneral de la Fuerza Aérea de Chile.

/ 25 de julio de 2013 / 01:21

Al igual que su contendora Michelle Bachelet, la exministra de Trabajo Evelyn Matthei, quien será designada como candidata única del oficialismo chileno para competir por la presidencia, es hija de un exgeneral de la Fuerza Aérea de Chile.

Parecen tener historias paralelas, pero el golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973 separó el rumbo en la vida de las dos mujeres que se disputarán el poder el próximo 17 de noviembre.

Mientras Bachelet padeció la detención y muerte de su padre, Alberto Bachelet, y debió partir al exilio, el padre de Evelyn, Fernando Matthei, formó parte de la junta militar de la dictadura de Augusto Pinochet.

«Vivieron vidas paralelas, determinadas por las decisiones que tomaron sus padres», afirma a la AFP el analista Cristóbal Bellolio.

La lealtad de su padre al derrocado Salvador Allende marcó el devenir de Bachelet, mientras que Matthei «se crió en el círculo íntimo de poder del régimen» de Pinochet, agrega Bellolio.

A 40 años del inicio de la dictadura ambas se enfrentarán en una «contienda histórica», según el analista: por primera vez, dos mujeres pelearán por la presidencia de Chile.

De 59 años, casada y con tres hijos, Matthei es economista, «no tan dogmática» como sus colegas de la ultraconservadora Unión Democrática Independiente (UDI), dice Bellolio.

Su nombre como candidata de la derecha surgió, primero, tras el retiro en abril del exministro Laurence Golborne -por un escándalo financiero- y la posterior renuncia de su reemplazante, Pablo Longueira, por depresión, luego de haber obtenido la candidatura única del sector en primarias.

Al igual que Bachelet, Matthei tampoco buscó la candidatura: «Yo no tenía deseos de ser candidata y fui la primera que propuso a Golborne. Yo quería ya tener una vida un poco más tranquila y dedicarme a la educación», dijo en una reciente entrevista a radio Cooperativa.

La reconciliación con Piñera

Evelyn Matthei inició su militancia política en Renovación Nacional, donde formaba parte de un grupo conocido como «Patrulla juvenil», integrado también por el actual presidente Sebastián Piñera, y el candidato derrotado en primarias, Andrés Allamand.

Los tres eran la joven promesa de renovación de la derecha chilena postdictadura, pero todo se truncó por un escándalo de escuchas telefónica en 1992 que implicó directamente a Matthei y a Piñera, en momentos en que ambos buscaban ser proclamados como candidatos presidenciales.

En medio de un programa en vivo de televisión fue exhibida una grabación en que Piñera pedía dejar como una «cabra chica (niña) despistada» a Matthei cuando fuese entrevistada. Tiempo después se supo que se trataba de una interceptación telefónica ilegal realizada por las Fuerzas Armadas.

Tras el escándalo, las aspiraciones de ambos quedaron sepultadas. Matthei renunció a RN y se inscribió en la UDI. El episodio la distanció de Piñera por más de 20 años, hasta que, convertido en mandatario (a partir de 2010), él decide incluirla en su gabinete. Desde el ministerio, tal como en el caso de Bachelet, su popularidad despega.

Tras la renuncia de Longueira, Piñera hizo públicamente una última señal de reconciliación al expresar de inmediato su respaldo a Matthei como candidata presidencial.

Una ministra lenguaraz

Matthei fue diputada por Santiago y el vecino puerto de San Antonio. Luego fue elegida senadora en la norteña ciudad de Coquimbo, desde donde saltó al ministerio del Trabajo, un cargo en el que destacó por sus mediáticas fiscalizaciones en favor de los trabajadores, pero también por su carácter fuerte y sus enfrentamientos a groserías con parlamentarios.

Tras una de sus salidas de tono, la senadora socialista Isabel Allende dijo que Matthei no reunía «las condiciones psicológicas» para ser ministra.

«Es buenamoza y simpática (…), un poquito mal hablada, pero esto también se puede mejorar», resaltó el senador y presidente de RN, Carlos Larraín.

Según el analista de la Universidad de Santiago, Bernardo Navarrete, uno de los puntos que más va a calar en su campaña es su historial de improperios. «Uno de sus desafíos» es revertir esta imagen, dice.

«Voy a procurar portarme como una dama», prometió la candidata.

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Biblioteca privada de Pinochet, una de las mayores de Latinoamérica, según libro

Repartida entre sus distintas casas, la existencia de esta colección salió a la luz pública recién en 2004, cuando se descubrió que Pinochet mantenía una fortuna oculta de más de $us 20 millones en Estados Unidos.

/ 26 de junio de 2013 / 16:28

El exdictador chileno Augusto Pinochet atesoró a costa del erario público lo que podría ser una de las mayores bibliotecas privadas de América Latina, alimentada por un afán compulsivo con el que buscó tapar su precariedad intelectual, según una investigación periodística publicada en Chile.

Su monumental biblioteca «es como una suerte de escenografía que Pinochet hace para sí mismo, para reconocerse como un hombre importante y culto», afirma a la AFP el periodista Cristóbal Peña, autor del libro «La secreta vida literaria de Augusto Pinochet».

Repartida entre sus distintas casas, la existencia de esta colección salió a la luz pública recién en 2004, cuando se descubrió que Pinochet mantenía una fortuna oculta de más de 20 millones de dólares en bancos de Estados Unidos, abriéndose por primera vez una investigación judicial sobre sus bienes.

Esa investigación logró contabilizar cerca de 50.000 libros, que fueron valorados -de forma prudente, según Peña- en unos tres millones de dólares.

«Cuando se supo, fue sorpresivo que este personaje, que se supone que leía poco y nada, un inculto en apariencia, apareciera con esta biblioteca que es una de las más importantes de Chile y probablemente de Latinoamérica», explica a la AFP Peña.

Pinochet, según Peña, acaparaba compulsivamente libros. No los compartía, ni dejaba entrar prácticamente a nadie a sus bibliotecas.

Esa obsesión habría surgido de un íntimo reconocimiento de su mediocridad intelectual, que contrasta con la brillantez de sus pares, agrega el autor.

«Él mismo explicaba que era alguien que tenía dificultad para el estudio. Fue dos veces rechazado en la Escuela Militar, sufría de jaquecas severas cuando estudiaba en exceso, y tenía calificaciones regulares que estaban en la medianía», cuenta Peña.

«Pinochet era consciente que era menospreciado por sus pares. Cuando asalta el poder a partir de septiembre de 1973, se empeña en eliminar a quienes le podían hacer sombra», asegura el periodista, quien ganó el premio Nuevo Periodismo Iberoamericano por una crónica sobre la biblioteca de Pinochet.

Libros de historia, geografía… y marxismo

La mayoría de los libros de la biblioteca de Pinochet fueron adquiridos por el exdictador a antiguos libreros del centro de Santiago, a través de fondos públicos y hoy están bajo embargo judicial.

En su gigantesca biblioteca no hay nada de literatura de ficción, ni poesía. Pinochet sólo coleccionaba libros de historia, geografía y también de marxismo, la ideología que su dictadura buscó aniquilar, según Peña.

Pinochet coleccionaba además enciclopedias, atlas y diccionarios. Tenía bastantes libros en francés y obras de Napoleón -su máximo ídolo-, junto a libros de historia de Chile, que eran los que más le apasionaban.

Peritos que analizaron su biblioteca encontraron también varias cajas de libros sin abrir, títulos sin clasificar y «miles de libros antiguos y en apariencia valiosísimos que se hacían un lugar entre adornos, recuerdos, chocolates y objetos personales», reseña el libro de Peña.

Entre las obras más valiosas figuran la «Histórica relación del Reyno de Chile», escrito por el jesuita Alonso de Ovalle a mediados del siglo XVII, y dos ejemplares de 1733 y 1776 de «La Araucana», de Alonso de Ercilla.

El dictador, quien fue profesor de la academia castrense, escribió también libros de geopolítica. Según Peña, fueron obras «bastante mediocres, que no fueron un aporte ni resistieron el paso del tiempo, y que si bien volvieron a publicarse, fue porque Pinochet se empeñó e ello cuando llegó al poder».

Algunas de las obras requisadas por su dictadura, llegaron a manos de libreros que más tarde los revenderían al mismo Pinochet, «que reunió una colección bien importante de textos de marxismo y de izquierda», según Peña.

Pinochet nunca catalogó los libros que acumuló, y el peritaje de la justicia se limitó a analizar una muestra de toda su colección. «Nunca vamos a llegar a saber qué tuvo Pinochet y cuánto tuvo», dijo Peña.

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