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domingo 25 jul 2021 | Actualizado a 04:14

Murió Fidel Castro: ¿Y ahora, qué?

Mientras el país trata de captar inversión extranjera para apuntalar la economía, la llegada del volátil Donald Trump a la Casa Blanca tampoco pinta el mejor escenario.

Fotos del líder revolucionario llenaron el Homenaje póstumo a Fidel castro en Santiago de Cuba. Foto: EFE

/ 4 de diciembre de 2016 / 20:59

La muerte de Fidel Castro no supondrá cambios inmediatos ni radicales en la Cuba socialista, pero podría acelerar reformas económicas más audaces y un estilo de Gobierno más pragmático e institucional que asuma la importancia del relevo generacional y de una cultura y periodismo más abiertos.

«¿Qué ocurrirá ahora en Cuba?». La pregunta ha resonado desde que este 25 de noviembre falleció el hombre que rigió los destinos de la isla por más de medio siglo.

De inmediato, en lo político, «probablemente nada», señala a Efe el analista y exdiplomático cubano Carlos Alzugaray, quien sí percibe «tensiones en el ámbito cultural y del periodismo, y habrá que decantarse por más apertura».

«Como tantos casos similares, y más en este, en que el fallecimiento ha estado precedido por un largo período de transición de 10 años, muchos cambios ya se han ejecutado. Sin embargo, la partida definitiva de Fidel probablemente permita al presidente Raúl Castro y a los dirigentes más cercanos actuar con más autonomía», sostiene.

En contra de la creencia generalizada, Raúl Castro no consultaba a su hermano Fidel cada paso, pero tampoco lo ignoró.

Alzugaray cree que «muchos cambios se pospusieron por respeto a una figura que puede ser vista como el patriarca respetado de una familia que sabe que tiene que cambiar, pero no quiere darle un disgusto al fundador en vida».

Descentralización, unificación monetaria, ley de pequeña y mediana empresa y una reforma migratoria más flexible para los que se fueron son algunos de los temas pendientes que podrían ganar velocidad.

La vieja guardia del Partido Comunista, agrega, «puede haberse escudado en la presencia física de Fidel para evitar los cambios más audaces», pero «ahora ya no está».

Ni siquiera en forma de estatua, calles o plazas, porque siguiendo su voluntad, la Asamblea cubana prohibirá por ley el uso del nombre de Fidel para esos fines.

No habrá pues culto personalista hacia la figura vertebradora de una Revolución que ahora se enfrenta al reto de ser sostenible sin su «soldado de las ideas».

«Su ideario no desaparecerá. Sin embargo, Raúl ha revertido formas de gobernanza que formaban parte intrínseca del modus operandi de Fidel al abandonar los grandes discursos y los golpes de timón que caracterizaron la forma de dirigir de su hermano», señala Alzugaray.

Y enumera: «Poner límites a los mandatos, hacer que las cosas funcionen más por canales institucionales».

Raúl Castro deja la Presidencia en 2018 pero seguirá tres años más como primer secretario del PCC y quienes lleguen, aventura el analista, se inspirarán más en su forma de gobernar que en la de Fidel.

«La presencia de Raúl hará más fácil la transición hacia algo parecido a lo sucedido en China», donde Mao Tse Tung tiene todo el reconocimiento pero las políticas reales son muy distintas.

La sangre nueva puede llegar en forma de jóvenes, civiles, mujeres y afrodescendientes promovidos en los próximos meses, aventura.

El actual presidente está poco o nada interesado en ser un mito. Lo que busca «es la sostenibilidad de un sistema, basada en soluciones prácticas a los problemas de la economía y del modelo social», con la palabra «prosperidad» como sinónimo de supervivencia.

Fidel apostó a «sembrar conciencia» y Raúl, con sus reformas aperturistas, lo ha hecho a la eficiencia porque «sabe que sin prosperidad el modelo cubano entrará en crisis», asegura el experto.

No será fácil. Cuba enfila hacia la recesión por primera vez en una década, arrastrada por la crisis en Venezuela, que proveía a la isla de petróleo subsidiado y pagaba por el envío de profesionales cubanos -sobre todo médicos-, capital humano que constituye la primera fuente de ingresos para la isla.

Mientras el país trata de captar inversión extranjera para apuntalar la economía, la llegada del volátil Donald Trump a la Casa Blanca tampoco pinta el mejor escenario.

El nuevo presidente de EE.UU. celebró con júbilo la muerte de Fidel Castro, ha insistido en que revertirá el deshielo impulsado por su antecesor, Barack Obama, y ha situado en cargos estratégicos de su equipo de transición a furibundos anticastristas como Mauricio Claver-Carone (tesoro) e Yleem Poblete (Seguridad Nacional).

Alzugaray sostiene que el Gobierno de la isla «ha dado todos los síntomas de mantenerse sereno y no va a dejarse provocar», y subraya que Trump aún no ha concretado nada.

Con el bloqueo aún vigente, Washington y La Habana aceleran la cooperación mientras Obama siga al frente. Uno de los negociadores cruciales del deshielo, Ben Rhodes, fue el enviado de EE.UU al funeral de Fidel, y aprovechó el viaje para concretar nuevos acuerdos, parece que con implicación de gigantes como General Electric, Google, y Norwegian Cruises.

Siendo prácticos, dice Alzugaray, «¿para qué va a cerrar Trump una puerta que Obama le abrió cuando sabe que reabrirla le va a costar políticamente?».

Otra incógnita es la «inevitabilidad biológica», la expresión que siempre usaba Fidel para referirse a la muerte, y que también atañe a Raúl Castro, de 85 años: ¿hay una hoja de ruta ante una eventual desaparición del presidente antes del 2018?  El analista recuerda que el mandatario es militar, al igual que sus colaboradores más cercanos.

«Los militares en cualquier parte del mundo siempre se están preparando para lo imprevisto, así que pienso que lo han considerado y han hecho planes», concluye. (04/12/2016)

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Murió Fidel Castro: ¿Y ahora, qué?

Mientras el país trata de captar inversión extranjera para apuntalar la economía, la llegada del volátil Donald Trump a la Casa Blanca tampoco pinta el mejor escenario.

/ 4 de diciembre de 2016 / 20:59

La muerte de Fidel Castro no supondrá cambios inmediatos ni radicales en la Cuba socialista, pero podría acelerar reformas económicas más audaces y un estilo de Gobierno más pragmático e institucional que asuma la importancia del relevo generacional y de una cultura y periodismo más abiertos.

«¿Qué ocurrirá ahora en Cuba?». La pregunta ha resonado desde que este 25 de noviembre falleció el hombre que rigió los destinos de la isla por más de medio siglo.

De inmediato, en lo político, «probablemente nada», señala a Efe el analista y exdiplomático cubano Carlos Alzugaray, quien sí percibe «tensiones en el ámbito cultural y del periodismo, y habrá que decantarse por más apertura».

«Como tantos casos similares, y más en este, en que el fallecimiento ha estado precedido por un largo período de transición de 10 años, muchos cambios ya se han ejecutado. Sin embargo, la partida definitiva de Fidel probablemente permita al presidente Raúl Castro y a los dirigentes más cercanos actuar con más autonomía», sostiene.

En contra de la creencia generalizada, Raúl Castro no consultaba a su hermano Fidel cada paso, pero tampoco lo ignoró.

Alzugaray cree que «muchos cambios se pospusieron por respeto a una figura que puede ser vista como el patriarca respetado de una familia que sabe que tiene que cambiar, pero no quiere darle un disgusto al fundador en vida».

Descentralización, unificación monetaria, ley de pequeña y mediana empresa y una reforma migratoria más flexible para los que se fueron son algunos de los temas pendientes que podrían ganar velocidad.

La vieja guardia del Partido Comunista, agrega, «puede haberse escudado en la presencia física de Fidel para evitar los cambios más audaces», pero «ahora ya no está».

Ni siquiera en forma de estatua, calles o plazas, porque siguiendo su voluntad, la Asamblea cubana prohibirá por ley el uso del nombre de Fidel para esos fines.

No habrá pues culto personalista hacia la figura vertebradora de una Revolución que ahora se enfrenta al reto de ser sostenible sin su «soldado de las ideas».

«Su ideario no desaparecerá. Sin embargo, Raúl ha revertido formas de gobernanza que formaban parte intrínseca del modus operandi de Fidel al abandonar los grandes discursos y los golpes de timón que caracterizaron la forma de dirigir de su hermano», señala Alzugaray.

Y enumera: «Poner límites a los mandatos, hacer que las cosas funcionen más por canales institucionales».

Raúl Castro deja la Presidencia en 2018 pero seguirá tres años más como primer secretario del PCC y quienes lleguen, aventura el analista, se inspirarán más en su forma de gobernar que en la de Fidel.

«La presencia de Raúl hará más fácil la transición hacia algo parecido a lo sucedido en China», donde Mao Tse Tung tiene todo el reconocimiento pero las políticas reales son muy distintas.

La sangre nueva puede llegar en forma de jóvenes, civiles, mujeres y afrodescendientes promovidos en los próximos meses, aventura.

El actual presidente está poco o nada interesado en ser un mito. Lo que busca «es la sostenibilidad de un sistema, basada en soluciones prácticas a los problemas de la economía y del modelo social», con la palabra «prosperidad» como sinónimo de supervivencia.

Fidel apostó a «sembrar conciencia» y Raúl, con sus reformas aperturistas, lo ha hecho a la eficiencia porque «sabe que sin prosperidad el modelo cubano entrará en crisis», asegura el experto.

No será fácil. Cuba enfila hacia la recesión por primera vez en una década, arrastrada por la crisis en Venezuela, que proveía a la isla de petróleo subsidiado y pagaba por el envío de profesionales cubanos -sobre todo médicos-, capital humano que constituye la primera fuente de ingresos para la isla.

Mientras el país trata de captar inversión extranjera para apuntalar la economía, la llegada del volátil Donald Trump a la Casa Blanca tampoco pinta el mejor escenario.

El nuevo presidente de EE.UU. celebró con júbilo la muerte de Fidel Castro, ha insistido en que revertirá el deshielo impulsado por su antecesor, Barack Obama, y ha situado en cargos estratégicos de su equipo de transición a furibundos anticastristas como Mauricio Claver-Carone (tesoro) e Yleem Poblete (Seguridad Nacional).

Alzugaray sostiene que el Gobierno de la isla «ha dado todos los síntomas de mantenerse sereno y no va a dejarse provocar», y subraya que Trump aún no ha concretado nada.

Con el bloqueo aún vigente, Washington y La Habana aceleran la cooperación mientras Obama siga al frente. Uno de los negociadores cruciales del deshielo, Ben Rhodes, fue el enviado de EE.UU al funeral de Fidel, y aprovechó el viaje para concretar nuevos acuerdos, parece que con implicación de gigantes como General Electric, Google, y Norwegian Cruises.

Siendo prácticos, dice Alzugaray, «¿para qué va a cerrar Trump una puerta que Obama le abrió cuando sabe que reabrirla le va a costar políticamente?».

Otra incógnita es la «inevitabilidad biológica», la expresión que siempre usaba Fidel para referirse a la muerte, y que también atañe a Raúl Castro, de 85 años: ¿hay una hoja de ruta ante una eventual desaparición del presidente antes del 2018?  El analista recuerda que el mandatario es militar, al igual que sus colaboradores más cercanos.

«Los militares en cualquier parte del mundo siempre se están preparando para lo imprevisto, así que pienso que lo han considerado y han hecho planes», concluye. (04/12/2016)

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La intensa gastronomía boliviana se alía con la «Pachamama» en la feria Tambo

La intensidad de la desconocida cocina boliviana se despliega desde hoy en la feria gastronómica Tambo, donde a casi 4.000 metros de altura los rituales culinarios se entrelazan con los ritos andinos y el culto a la fértil "Pachamama", la madre tierra.

/ 16 de octubre de 2013 / 22:13

La intensidad de la desconocida cocina boliviana se despliega desde hoy en la feria gastronómica Tambo, donde a casi 4.000 metros de altura los rituales culinarios se entrelazan con los ritos andinos y el culto a la fértil «Pachamama», la madre tierra.

Y como muestra, en la inauguración de este encuentro el corte de la cinta fue sustituido por una tradicional ofrenda a la «Pachamama» en la que no faltaron los fetos de llama y la hoja de coca, que ardieron regados con alcohol en agradecimiento a los alimentos de todo el país que se cocinarán estos días en Tambo.

Con la vecina Perú convertida ya en una potencia gastronómica y con México y Brasil a la zaga, Bolivia ha decidido no quedarse atrás en la carrera por conquistar los paladares de todo el mundo.

Su mejor baza es, sin duda, la enorme variedad de productos con los que cuenta un país con una de las biodiversidades más ricas del mundo, de la exuberante amazonía a las llanuras o el altiplano, cuna de la quinua.

Esta riqueza hace que en Tambo y sin salir de Bolivia, el visitante pueda probar truchas del lago más alto del mundo, el Titicaca (3.800 metros sobre el nivel del mar), atreverse con la carne de lagarto procedente del amazónico Beni y regarlo todo con cerveza de quinua real.

«Estamos ahora en la investigación de las recetas de nuestros ancestros y en enfocar nuestra cocina al exterior. Antes era algo tabú, que provocaba rechazo, olvidando los valores de la cocina boliviana», explicó a Efe el cocinero Humberto Chavarría, de la Asociación de Chefs de Bolivia.

Más de 90 platos diferentes y 150 expositores son las cifras de una feria que en su primera edición, el año pasado, recibió a 90.000 visitantes, y que presume en esta nueva convocatoria de ser la primera en el mundo que usa platos y vasos biodegradables.

Pero quizá su principal reclamo es que plasma fielmente la idiosincrasia boliviana y la celebración de la vida a través de la comida.

Tambo huye de la pompa y circunstancia de otros encuentros gastronómicos y ofrece al visitante un cien por cien de autenticidad, con una fiel representación de la comida de la calle, porque es en los puestos callejeros de comida tradicional donde cada día miles de bolivianos llenan el estómago.

Y por eso no podían faltar las mejores «comideras» del país, mujeres que se ganan la vida vendiendo comida casera en humildes puestos y que estos días ofrecen sus viandas en Tambo, tras recibir formación sobre manipulación de alimentos.

Allí está, por ejemplo, doña María Luisa Quino de Bazán ofreciendo su pantagruélico puchero carnavalero de Cochabamba, a base de frutas, chuño (patata desecada), arroz y «unos garbanzos con juguito».

La cocinera explicó a Efe que este guiso debe acompañarse de «garapiña», una bebida de fresa, coco, especias y maíz morado macerado en alcohol que por fresca y sabrosa entraña cierto peligro si el propósito es mantenerse sobrio.

Tampoco falta en Tambo el tradicional «chancho a la cruz» del sur y el oriente bolivianos, un cerdo entero cocinado en cruceta durante siete horas capaz de sacar los colores al célebre cochinillo segoviano.

Para regar la comida, la feria ofrece desde el clásico singani, un licor de uva comparable al pisco, a la novedosa cerveza de quinua o los atrevidos licores de «mocochinche» (bebida a base de durazno seco y canela) que elabora «Warisñaqui», palabra que en quechua significa «caerse de nariz».

Otros de los expositores presentes en este encuentro prefirieron dar un giro vanguardista al recetario boliviano.

Así, los seguidores de las últimas técnicas pueden probar el «huacataya roll», una suerte de sushi de lagarto frito, arroz, palta y vinagreta de locoto (ají), o el «churrasquito roll», con lomo de res al punto, tomate, lechuga, yuca frita y salsa chimichurri.

De postre, el restaurante Gustu de Klaus Meyer, copropietario del danés Noma (número dos del mundo según la revista Restaurant), ofrece en Tambo pastelería tradicional con un toque boliviano, como los etéreos «macarons» franceses que ellos han rellenado con achote y banana.

Como colofón, una banda de chefs desfilaba por la feria aporreando el tambor y otros instrumentos, porque si hay algo que los bolivianos adoran además de la comida, es el baile.

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La muerte de Chávez abre incógnitas en la emergente economía de Bolivia

Un día después de que el Gobierno de Venezuela anunciara la muerte de su presidente a causa de un cáncer, los medios de comunicación bolivianos comenzaron a especular sobre las repercusiones que tendrá la desaparición del "comandante", cuyo respaldo económico a su amigo Morales fue incuestionable.

/ 6 de marzo de 2013 / 20:42

La muerte del líder venezolano Hugo Chávez deja políticamente huérfano al presidente boliviano, Evo Morales, y abre incógnitas sobre el futuro de la emergente economía del país andino, que además de recibir numerosas subvenciones, gozaba de condiciones ventajosas en la compra de gasóleo venezolano.

Un día después de que el Gobierno de Venezuela anunciara la muerte de su presidente a causa de un cáncer, los medios de comunicación bolivianos comenzaron a especular sobre las repercusiones que tendrá la desaparición del «comandante», cuyo respaldo económico a su amigo Morales fue incuestionable.

Según datos del Banco Central de Bolivia, la deuda con Venezuela a diciembre de 2012 era de casi 160 millones de dólares, aunque un año antes el saldo de los créditos llegó a rozar los 417 millones de dólares.

El BCB ha destacado que en el último año la deuda se ha amortizado considerablemente.

Esta cifra convierte a Venezuela en el segundo acreedor de Bolivia y sólo por detrás de China, país al que las arcas bolivianas adeudan 291,4 millones de dólares, según dicha institución financiera.

La mayor parte de esa balanza deficitaria proviene de las importaciones de diesel venezolano a Bolivia, país al que Chávez otorgó en el año 2008 condiciones preferentes de suministro directo de combustible, con un interés del 2 por ciento anual y un periodo de pago de hasta 25 años (23 años más otros dos de gracia).

En la actualidad, Bolivia recibe 350.000 barriles mensuales del hidrocarburo venezolano.

A su vez, las exportaciones de Bolivia a Venezuela alcanzaron el año pasado un valor de 350 millones de dólares.

El país de Chávez se convirtió en uno de los principales mercados alternativos para las exportaciones textiles bolivianas en 2008, cuando Bolivia quedó fuera del programa APTDEA de Estados Unidos (Ley de Promoción Comercial Andina y Erradicación de Droga) y los exportadores de manufacturas dejaron de beneficiarse de las exenciones arancelarias con el gigante norteamericano.

Sin embargo, las asociaciones de empresarios bolivianos se han quejado de que el mercado venezolano no compensó las pérdidas por la salida del APTDEA, debido a las trabas burocráticas y arancelarias del país caribeño.

Además, según datos del Ministerio de Exteriores boliviano citados por la agencia estatal ABI, el Gobierno venezolano destinó a Bolivia alrededor de 214 millones de dólares entre 2006 -año en que Morales asumió la presidencia- y 2008.

Las aportaciones tuvieron como destino programas médicos, educativos y científicos y de innovación tecnológica, así como la agricultura, la seguridad alimentaria y mejora de cuarteles.

Venezuela fue también, entre 2007 y 2010, la fuente de financiación del programa propagandístico oficial «Bolivia cambia, Evo Cumple», con una inversión de 290 millones de dólares para unos 4.000 proyectos de infraestructura en áreas rurales.

Esos fondos eran distribuidos directamente por el presidente boliviano sin ningún tipo de control oficial previo, ya que Morales considera que la burocracia retrasa la ejecución de los proyectos.

En enero de 2011, Morales anunció que el programa pasaría a financiarse con fondos estatales.

Para el secretario general de la gobernación de la región oriental de Santa Cruz, Roly Aguilera, es indudable que la muerte de Chávez tendrá repercusiones políticas en

Bolivia por la cercanía que tenía el presidente Evo Morales con el líder venezolano.

Santa Cruz es la región más rica de Bolivia y el motor de la economía nacional, principalmente por su producción agrícola.

En el ámbito económico, Aguilera llamó la atención en rueda de prensa sobre el hecho de que Bolivia haya cancelado un 62 % de su deuda con Venezuela en los últimos meses.

«Esto llama la atención porque hasta ahora lamentablemente no es transparente y no tenemos conocimiento público de las condiciones en las que Venezuela ha prestado, donado u otorgado estos fondos a nuestro país», sostuvo el funcionario.

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