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jueves 16 sep 2021 | Actualizado a 21:34

La casa de Fidel Castro en México, inesperada protagonista de la Revolución

La fachada blanca da paso al hogar de Irma Vanegas, de 84 años, y sus hijos; una estampa que no distaría de cualquier familia capitalina si no fuera porque hace seis décadas estas paredes sirvieron de refugio a 45 de los cubanos que más tarde embarcarían en el Granma.

Foto tomada en casa de María Antonio González en la colonia Tabacalera. Foto: Sinembargo

/ 14 de diciembre de 2016 / 15:15

En la calle Penitenciaria, a pocas cuadras del centro histórico de la Ciudad de México, hay una casa detenida en el tiempo, reticente a olvidar el momento en el que se convirtió en una inesperada protagonista del futuro de Cuba con el encuentro entre Fidel Castro y el luchador Arsacio Vanegas.

La fachada blanca da paso al hogar de Irma Vanegas, de 84 años, y sus hijos; una estampa que no distaría de cualquier familia capitalina si no fuera porque hace seis décadas estas paredes sirvieron de refugio a 45 de los cubanos que más tarde embarcarían en el Granma.

«Si este piso hablara…», dice a Efe Irma, quien desde junio de 1955 y hasta noviembre de 1956 convivió, en la que es su casa de toda la vida, con personajes como Fidel, Raúl Castro y Antonio «Ñico» López.

Durante esos meses, ella y su familia se convirtieron en cómplices mientras se preparaba el caldo de cultivo de la Revolución. Solo abrían la puerta cuando se oían los tres toques acordados; las vigas de madera del suelo escondían las armas.

La Policía, asegura Irma, nunca entró en la casa porque una de sus hermanas era novia de un agente que guardaba silencio cuando sus compañeros le preguntaban si el inmueble escondía alguna actividad inusual.

Lo que parecería una complicada convivencia no es considerada como tal por Irma, quien explica que la organización a la hora de dormir era simple: «el que alcanzaba catre, catre, el que no, pues al suelo».

En la casa, replegado, todavía se conserva uno de los cuatro catres que se emplearon durante esos meses.

No es el único objeto que guardan de ese periodo; entre otros recuerdos, la familia todavía atesora una mochila que dejó Ernesto «Che» Guevara, así como su mate. También una camisa de Fidel de color azul oscuro e incluso su pijama.

La llegada de los revolucionarios a la casa no se habría dado si Arsacio Vanegas, hermano de Irma, no hubiese conocido al también luchador Dick Medrano y a su esposa, la cubana María Antonia González.

Gracias a María Antonia, Arsacio entró en contacto con los Castro. En un paseo por el Monumento a la Revolución, quedó forjada la alianza entre el mexicano y Fidel.

El conocido como «Kid» Vanegas era el aliado perfecto para los cubanos: en su casa, en la que podía alojarse un grupo de compañeros, también había una pequeña imprenta -que permanece en la actualidad- que serviría para publicar manifiestos revolucionarios.

Además, Arsacio podía proporcionar a los inquilinos entrenamiento físico. El cine Lindavista se convirtió en el punto de encuentro en los días en los que el grupo marchaba al Cerro del Chiquihuite, para desarrollar su resistencia y aprender defensa personal.

Cuando iban al volcán Popocatépetl, donde los cubanos ascendían hasta el primer refugio, el «Che» se quedaba de último debido a su asma; una condición que intentaba ocultar a Fidel.

La historia la cuenta Raúl Cedeño, hijo de Irma, quien a pesar de no tener memoria de la estancia de los cubanos, porque entonces era un bebé, atesora los recuerdos que su familia le han ido contando a lo largo de su vida.

Su nombre se lo dieron en honor a Raúl Castro, quien le llevó a bautizar. De haber sido niña, se habría llamado María Antonia, comenta delante de la fotografía que preside el recibidor, en la que se ve a un joven Fidel con traje y corbata rodeado de un grupo de personas, entre ellas Arsacio y su esposa Elvira Belmonte.

En el salón, cuyas puertas están adornadas con carteles que celebran el 90 cumpleaños del líder revolucionario, Irma se pierde en los recuerdos: cómo sus tías, que no cocinaban con la estufa de gas porque les daba miedo, hacían que los cubanos avivaran el fuego; cómo su madre, en la máquina de coser, les preparaba las cananas verde oliva.

Una carta enmarcada en la estantería, enviada por Fidel a la muerte de Arsacio, atestigua el agradecimiento del grupo revolucionario hacia el luchador, considerado en el escrito como «uno de los hijos» del pueblo cubano y «otro de sus combatientes».

Hasta cierto punto, Irma, quien aparece en otra fotografía sonriente junto a un Fidel ya de barba canosa, no fue del todo consciente de los planes que los cubanos tramaban para derrocar a Fulgencio Batista.

La anciana rememora cómo «no entendía nada» de las charlas de los cubanos, que sacaban al patio, ahora desierto y soleado, la mesa y la silla para conversar.

«Quién sabe de qué hablarían», comenta pensativa. (14/12/2016)

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Ley de Aborto cumple 10 años en capital mexicana rompiendo ‘mitos’

Esta norma, aprobada el 24 de abril del 2007 en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, legalizó el aborto hasta la semana doce de gestación, convirtiendo a la capital -hasta el día de hoy- en la única región con una legislación semejante.

/ 24 de abril de 2017 / 19:29

La Ley del Aborto de la Ciudad de México cumple 10 años con una cifra de 174.024 interrupciones legales del embarazo y rompiendo los «mitos» defendidos en su momento por los grupos conservadores, de acuerdo con el Grupo de Información en Reproducción Elegida (Gire).

Esta norma, aprobada el 24 de abril del 2007 en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, legalizó el aborto hasta la semana doce de gestación, convirtiendo a la capital -hasta el día de hoy- en la única región con una legislación semejante.

Desde el mes de la aprobación hasta el 28 de febrero de este año se han practicado 174.024 abortos, la mayoría de ellos (72,5 %) a mujeres de la Ciudad de México. El resto del porcentaje se lo reparten habitantes del aledaño Estado de México (24,1 %) y del resto del país y extranjeras (3,3 %).

Durante este tiempo se han desmontado varios mitos que algunos grupos conservadores presagiaban que ocurrirían, el «más fuerte» de ellos, que iba a haber mujeres que querrían «seis o siete abortos» o que la opción del aborto iba a «ser el método anticonceptivo de todas», afirma a Efe Regina Tamés, directora de Gire.

Sin embargo, el índice de reincidencia, de acuerdo con los datos de la organización , es de un 6,3 %, ya que después de la intervención las mujeres reciben asesoría sobre métodos anticonceptivos.

Además, la cifra de abortos se ha mantenido estable a lo largo de la década y, de hecho, desde el 2013 ha habido una disminución de las cifras año tras año.

Cerca de la mitad de personas que abortaron (47,3 %) tenían entre 18 y 24 años, y el 7,4 % del total era menor de 18 años.

Del total de mujeres, 34,5 % no tenía hijos, el 26,4 % tenía un hijo y el 39,1 % restante era madre de dos hijos o más.

Actualmente, las campañas de los grupos antiaborto continúan haciendo presión para que no se permita la interrupción voluntaria del embarazo.

Para el próximo 28 de abril hay convocada en la capital una «marcha por la vida», para pedir que se detenga el «genocidio prenatal» y contra «la tragedia» que representa el aborto.

Además, asociaciones católicas han promovido este año la campaña «40 días por la vida», invitando a la «oración y el ayuno» frente a clínicas donde se practican abortos.

Pese a esto, el 41,6 % de las mujeres que interrumpió su embarazo se declaró católico y el 4,1 % de ellas cristianas.

Tamés expresa su preocupación por el hecho de que las estrategias de los grupos «antiderechos» se hayan modificado, ya que antes «no se veían manifestaciones en las clínicas privadas y ahora sí».

«Vale la pena analizar por parte del Gobierno de la Ciudad qué estrategia de protección van a tomar para las mujeres que quieran entrar en las clínicas para no ser acosadas», valora.

El Código Penal Federal prevé que la mujer puede interrumpir el embarazo sin ser criminalizada cuando el embarazo es fruto de una violación o cuando está en peligro de muerte la mujer o el producto de la concepción.

Añadido a esto, en el resto de estados mexicanos existen legislaciones dispares que contemplan de dos a cinco supuestos para interrumpir el embarazo.

Al Gire le preocupa la «discriminación» que esto implica, ya que «depende de dónde vivas tienes más o menos derechos», apunta Tamés.

La asociación ya apenas trata casos en la capital, ya que se centran en el resto de estados, donde hay víctimas de violación, incluso niñas, que «todavía tienen que enfrentar problemas y obstáculos para no continuar con el embarazo, pese a que la ley las respalda».

En definitiva, la aprobación de la ley supuso un «cambio radical y fundamental, que salvaguarda las libertades de las mujeres como nunca lo habíamos visto», asegura Tamés.

Aun así, uno de los próximos retos a mediano o largo plazo para el grupo es atender a aquellas que tienen la necesidad de abortar más allá de la semana 12, porque se enteran después o tienen un problema de salud: «El sistema de plazos es muy útil, pero sí deja fuera a otras mujeres», concluye la directora de Gire. (24/04/2017)

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Ley de Aborto cumple 10 años en capital mexicana rompiendo ‘mitos’

Esta norma, aprobada el 24 de abril del 2007 en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, legalizó el aborto hasta la semana doce de gestación, convirtiendo a la capital -hasta el día de hoy- en la única región con una legislación semejante.

/ 24 de abril de 2017 / 19:29

La Ley del Aborto de la Ciudad de México cumple 10 años con una cifra de 174.024 interrupciones legales del embarazo y rompiendo los «mitos» defendidos en su momento por los grupos conservadores, de acuerdo con el Grupo de Información en Reproducción Elegida (Gire).

Esta norma, aprobada el 24 de abril del 2007 en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, legalizó el aborto hasta la semana doce de gestación, convirtiendo a la capital -hasta el día de hoy- en la única región con una legislación semejante.

Desde el mes de la aprobación hasta el 28 de febrero de este año se han practicado 174.024 abortos, la mayoría de ellos (72,5 %) a mujeres de la Ciudad de México. El resto del porcentaje se lo reparten habitantes del aledaño Estado de México (24,1 %) y del resto del país y extranjeras (3,3 %).

Durante este tiempo se han desmontado varios mitos que algunos grupos conservadores presagiaban que ocurrirían, el «más fuerte» de ellos, que iba a haber mujeres que querrían «seis o siete abortos» o que la opción del aborto iba a «ser el método anticonceptivo de todas», afirma a Efe Regina Tamés, directora de Gire.

Sin embargo, el índice de reincidencia, de acuerdo con los datos de la organización , es de un 6,3 %, ya que después de la intervención las mujeres reciben asesoría sobre métodos anticonceptivos.

Además, la cifra de abortos se ha mantenido estable a lo largo de la década y, de hecho, desde el 2013 ha habido una disminución de las cifras año tras año.

Cerca de la mitad de personas que abortaron (47,3 %) tenían entre 18 y 24 años, y el 7,4 % del total era menor de 18 años.

Del total de mujeres, 34,5 % no tenía hijos, el 26,4 % tenía un hijo y el 39,1 % restante era madre de dos hijos o más.

Actualmente, las campañas de los grupos antiaborto continúan haciendo presión para que no se permita la interrupción voluntaria del embarazo.

Para el próximo 28 de abril hay convocada en la capital una «marcha por la vida», para pedir que se detenga el «genocidio prenatal» y contra «la tragedia» que representa el aborto.

Además, asociaciones católicas han promovido este año la campaña «40 días por la vida», invitando a la «oración y el ayuno» frente a clínicas donde se practican abortos.

Pese a esto, el 41,6 % de las mujeres que interrumpió su embarazo se declaró católico y el 4,1 % de ellas cristianas.

Tamés expresa su preocupación por el hecho de que las estrategias de los grupos «antiderechos» se hayan modificado, ya que antes «no se veían manifestaciones en las clínicas privadas y ahora sí».

«Vale la pena analizar por parte del Gobierno de la Ciudad qué estrategia de protección van a tomar para las mujeres que quieran entrar en las clínicas para no ser acosadas», valora.

El Código Penal Federal prevé que la mujer puede interrumpir el embarazo sin ser criminalizada cuando el embarazo es fruto de una violación o cuando está en peligro de muerte la mujer o el producto de la concepción.

Añadido a esto, en el resto de estados mexicanos existen legislaciones dispares que contemplan de dos a cinco supuestos para interrumpir el embarazo.

Al Gire le preocupa la «discriminación» que esto implica, ya que «depende de dónde vivas tienes más o menos derechos», apunta Tamés.

La asociación ya apenas trata casos en la capital, ya que se centran en el resto de estados, donde hay víctimas de violación, incluso niñas, que «todavía tienen que enfrentar problemas y obstáculos para no continuar con el embarazo, pese a que la ley las respalda».

En definitiva, la aprobación de la ley supuso un «cambio radical y fundamental, que salvaguarda las libertades de las mujeres como nunca lo habíamos visto», asegura Tamés.

Aun así, uno de los próximos retos a mediano o largo plazo para el grupo es atender a aquellas que tienen la necesidad de abortar más allá de la semana 12, porque se enteran después o tienen un problema de salud: «El sistema de plazos es muy útil, pero sí deja fuera a otras mujeres», concluye la directora de Gire. (24/04/2017)

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La casa de Fidel Castro en México, inesperada protagonista de la Revolución

La fachada blanca da paso al hogar de Irma Vanegas, de 84 años, y sus hijos; una estampa que no distaría de cualquier familia capitalina si no fuera porque hace seis décadas estas paredes sirvieron de refugio a 45 de los cubanos que más tarde embarcarían en el Granma.

/ 14 de diciembre de 2016 / 15:15

En la calle Penitenciaria, a pocas cuadras del centro histórico de la Ciudad de México, hay una casa detenida en el tiempo, reticente a olvidar el momento en el que se convirtió en una inesperada protagonista del futuro de Cuba con el encuentro entre Fidel Castro y el luchador Arsacio Vanegas.

La fachada blanca da paso al hogar de Irma Vanegas, de 84 años, y sus hijos; una estampa que no distaría de cualquier familia capitalina si no fuera porque hace seis décadas estas paredes sirvieron de refugio a 45 de los cubanos que más tarde embarcarían en el Granma.

«Si este piso hablara…», dice a Efe Irma, quien desde junio de 1955 y hasta noviembre de 1956 convivió, en la que es su casa de toda la vida, con personajes como Fidel, Raúl Castro y Antonio «Ñico» López.

Durante esos meses, ella y su familia se convirtieron en cómplices mientras se preparaba el caldo de cultivo de la Revolución. Solo abrían la puerta cuando se oían los tres toques acordados; las vigas de madera del suelo escondían las armas.

La Policía, asegura Irma, nunca entró en la casa porque una de sus hermanas era novia de un agente que guardaba silencio cuando sus compañeros le preguntaban si el inmueble escondía alguna actividad inusual.

Lo que parecería una complicada convivencia no es considerada como tal por Irma, quien explica que la organización a la hora de dormir era simple: «el que alcanzaba catre, catre, el que no, pues al suelo».

En la casa, replegado, todavía se conserva uno de los cuatro catres que se emplearon durante esos meses.

No es el único objeto que guardan de ese periodo; entre otros recuerdos, la familia todavía atesora una mochila que dejó Ernesto «Che» Guevara, así como su mate. También una camisa de Fidel de color azul oscuro e incluso su pijama.

La llegada de los revolucionarios a la casa no se habría dado si Arsacio Vanegas, hermano de Irma, no hubiese conocido al también luchador Dick Medrano y a su esposa, la cubana María Antonia González.

Gracias a María Antonia, Arsacio entró en contacto con los Castro. En un paseo por el Monumento a la Revolución, quedó forjada la alianza entre el mexicano y Fidel.

El conocido como «Kid» Vanegas era el aliado perfecto para los cubanos: en su casa, en la que podía alojarse un grupo de compañeros, también había una pequeña imprenta -que permanece en la actualidad- que serviría para publicar manifiestos revolucionarios.

Además, Arsacio podía proporcionar a los inquilinos entrenamiento físico. El cine Lindavista se convirtió en el punto de encuentro en los días en los que el grupo marchaba al Cerro del Chiquihuite, para desarrollar su resistencia y aprender defensa personal.

Cuando iban al volcán Popocatépetl, donde los cubanos ascendían hasta el primer refugio, el «Che» se quedaba de último debido a su asma; una condición que intentaba ocultar a Fidel.

La historia la cuenta Raúl Cedeño, hijo de Irma, quien a pesar de no tener memoria de la estancia de los cubanos, porque entonces era un bebé, atesora los recuerdos que su familia le han ido contando a lo largo de su vida.

Su nombre se lo dieron en honor a Raúl Castro, quien le llevó a bautizar. De haber sido niña, se habría llamado María Antonia, comenta delante de la fotografía que preside el recibidor, en la que se ve a un joven Fidel con traje y corbata rodeado de un grupo de personas, entre ellas Arsacio y su esposa Elvira Belmonte.

En el salón, cuyas puertas están adornadas con carteles que celebran el 90 cumpleaños del líder revolucionario, Irma se pierde en los recuerdos: cómo sus tías, que no cocinaban con la estufa de gas porque les daba miedo, hacían que los cubanos avivaran el fuego; cómo su madre, en la máquina de coser, les preparaba las cananas verde oliva.

Una carta enmarcada en la estantería, enviada por Fidel a la muerte de Arsacio, atestigua el agradecimiento del grupo revolucionario hacia el luchador, considerado en el escrito como «uno de los hijos» del pueblo cubano y «otro de sus combatientes».

Hasta cierto punto, Irma, quien aparece en otra fotografía sonriente junto a un Fidel ya de barba canosa, no fue del todo consciente de los planes que los cubanos tramaban para derrocar a Fulgencio Batista.

La anciana rememora cómo «no entendía nada» de las charlas de los cubanos, que sacaban al patio, ahora desierto y soleado, la mesa y la silla para conversar.

«Quién sabe de qué hablarían», comenta pensativa. (14/12/2016)

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