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lunes 18 oct 2021 | Actualizado a 06:20

Obama quiere descansar, escribir y estar en familia, pero no va a desaparecer

Este jueves, en su última jornada completa como presidente de EE.UU., cargo que abandonará este viernes exactamente al mediodía, Obama almorzó con su vicepresidente, Joseph Biden, a quien considera un "hermano", y se mantuvo alejado de los focos.

Obama, el miércoles, en su última conferencia de prensa en la Casa Blanca.

/ 20 de enero de 2017 / 02:00

Necesita tiempo para procesar la «increíble experiencia» de ser durante ocho años el presidente de EE.UU. y, por ello, Barack Obama quiere dedicarse en los próximos meses a descansar, escribir y pasar tiempo con su familia, pero no va a desaparecer y avisa que aún tiene mucho por hacer y decir.

«Quiero escribir un poco. Quiero estar tranquilo un tiempo y no escucharme a mí mismo hablar tanto. Quiero pasar un tiempo preciado con mis hijas», explicaba Obama este miércoles desde la Casa Blanca en su última rueda de prensa como presidente.

También va a celebrar en este 2017 sus 25 años de matrimonio con Michelle, de quien quiere que esté dispuesta a «aguantarle» un tiempo más.
«Esas son mis prioridades este año», resumió Obama ante los periodistas que abarrotaron la sala de prensa de la Casa Blanca.

Este jueves, en su última jornada completa como presidente de EE.UU., cargo que abandonará este viernes exactamente al mediodía, Obama almorzó con su vicepresidente, Joseph Biden, a quien considera un «hermano», y se mantuvo alejado de los focos.

No obstante, envió una última carta al Congreso para dejar claro que los legisladores tienen la culpa de que la cárcel de Guantánamo siga abierta y estableció un nuevo récord al conmutar las sentencias de 330 presos condenados por delitos no violentos relacionados con las drogas, con lo que ha acortado más penas que sus 13 predecesores juntos.

También quiso mandar una última carta a los estadounidenses en la que ante todo les da las gracias por el «honor» de haberles servido como su presidente número 44.

«Porque todo lo que he aprendido en mi tiempo en el cargo lo he aprendido de ustedes. Me han hecho un mejor presidente, y un mejor hombre», afirma en la carta.

«Y cuando el arco del progreso parezca lento, recuerden: Estados Unidos no es el proyecto de una sola persona. La palabra más poderosa de nuestra democracia es la palabra ‘Nosotros’. ‘Nosotros el pueblo’, ‘Nosotros venceremos’, asegura Obama.

Tras participar este viernes en la ceremonia de investidura de su sucesor, Donald Trump, Obama y su familia dejarán Washington por última vez a bordo del avión presidencial y se irán a descansar a Palm Springs (California).

Habrá un pequeño acto de despedida en la base aérea de Andrews, a las afueras de Washington, donde se reunirán personal de la Casa Blanca, asesores y amigos para dar un último adiós a los Obama.

A la vuelta de California la familia se instalará en una mansión que han alquilado en el exclusivo barrio de Kalorama, en el noroeste de Washington, y prevén quedarse en la capital hasta que la menor del clan, Sasha, termine la educación secundaria.

Obama tiene también ya alquilada una oficina para trabajar en Washington, muy cerca de la embajada de España y a unos 30 minutos a pie de la Casa Blanca.

Seguro de que «las cosas van a ir bien», frase con la que cerró su última rueda de prensa, Obama cree que sus hijas, Malia y Sasha, forman parte de una generación joven que le hace ser «muy optimista» sobre el futuro del país.

La victoria de Trump «decepcionó» a ambas, de 18 y 15 años, pero «les hemos enseñado la importancia de la resistencia y la esperanza, y que lo único que supone el fin del mundo es el mismo fin del mundo», subrayó Obama.

Además, agregó que las dos saben que «tienen una responsabilidad» de implicarse en la vida cívica de su país para mejorarlo.

Él mismo ha prometido que no se quedará callado si considera que los «valores principales» del país se ven amenazados durante el mandato de Trump.

En concreto, Obama ha dicho que alzará su voz si ve «discriminación sistemática», «obstáculos» para que las personas puedan votar, «esfuerzos institucionales para silenciar la disidencia o a la prensa» o para deportar a los jóvenes indocumentados que llegaron al país de niños y son conocidos como «dreamers» («soñadores»).

Porque «todos nosotros, sin importar el partido, debemos lanzarnos a ese trabajo – el trabajo gozoso de la ciudadanía. No solo cuando hay elecciones, cuando nuestro propio interés está en juego, sino durante toda la vida», enfatizó en su última carta a los estadounidenses.

Y «yo estaré con ustedes en cada paso del camino», prometió. (19/01/2017)

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Trump nomina a Christopher Wray para dirigir el FBI

Wray, de 50 años, encabezó la división criminal del Departamento de Justicia de 2003 a 2005, durante el mandato del entonces presidente George W. Bush.

El exfiscal federal Christopher Wray, el elegido por Trump para comandar el FBI. Foto: AFP

/ 7 de junio de 2017 / 18:08

El presidente de EEUU, Donald Trump, anunció este miércoles la nominación del exfiscal federal Christopher Wray para dirigir el FBI, un día antes del esperado testimonio ante el Senado del anterior jefe de esa agencia, James Comey, despedido mientras investigaba posibles nexos de la campaña del magnate con Rusia.

«Nominaré a Christopher A. Wray, un hombre de credenciales impecables, para ser el nuevo Director del FBI. En breve los detalles», adelantó Trump en su cuenta personal de Twitter, de la que ha hecho su principal vía de comunicación con los medios y los ciudadanos.

Horas después del tuit de Trump, la Casa Blanca confirmó la elección de Wray en un comunicado en el que el mandatario destacó que su nominado lideró importantes investigaciones de fraude en su etapa en el Departamento de Justicia, además de ser figura «clave» del equipo que supervisó «la guerra contra el terrorismo» tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 contra EEUU.

Wray, de 50 años, encabezó la división criminal del Departamento de Justicia de 2003 a 2005, durante el mandato del entonces presidente George W. Bush y cuando Comey era, como vicefiscal general de EEUU, el «número dos» de la agencia.

En la actualidad, Wray es uno de los socios del bufete de abogados King & Spalding, donde preside su grupo dedicado a investigaciones gubernamentales, y también fue el abogado personal del gobernador de Nueva Jersey y aliado de Trump, Chris Christie, en el caso conocido como «Bridgegate».

En el proceso de entrevistas a candidatos para dirigir el Buró Federal de Investigaciones (FBI), Trump se reunió en la Casa Blanca con Wray hace apenas una semana, el pasado 30 de mayo.

Durante ese proceso uno de los favoritos fue el exsenador de tendencia independiente Joe Lieberman, quien finalmente comunicó a la Casa Blanca que no estaba interesado en el puesto porque quería evitar un posible conflicto de interés derivado de sus contactos con Marc Kasowitz, un abogado de confianza de Trump.

Wray deberá ser confirmado por el Senado para encabezar el FBI, que se quedó sin director el pasado 9 de mayo por la decisión de Trump de despedir de manera fulminante a Comey, quien lideraba la investigación sobre los supuestos nexos entre funcionarios rusos y la campaña presidencial del magnate.

Comey está llamado a testificar este jueves ante el Comité de Inteligencia del Senado en una audiencia pública muy esperada.

Además, el vicefiscal general de EEUU, Rod Rosenstein, y el director nacional de Inteligencia, Dan Coats, testifican hoy ante ese mismo comité, uno de los que investiga en paralelo al FBI la supuesta injerencia rusa en las elecciones presidenciales de 2016 y los posibles contactos del equipo de Trump con el Kremlin.

Después de que la Casa Blanca confirmara que Trump no va a usar sus poderes ejecutivos para impedir el testimonio de Comey, el mandatario deseó ayer «suerte» al exdirector del FBI de cara a su esperada comparecencia.

Según informaciones reveladas hace unas semanas, Comey escribió unos memorandos en los que detalla que Trump le instó a poner fin a la investigación contra Michael Flynn, quien fue el principal asesor de seguridad nacional de la Casa Blanca hasta que dimitió en febrero tras mentir sobre sus contactos con funcionarios rusos.

Y, de acuerdo con The Washington Post, Trump también pidió al director nacional de inteligencia, Dan Coats, que convenciera a Comey de abandonar la investigación sobre Flynn.

La presión que sentía era tal que Comey llegó a pedir al fiscal general de EEUU, Jeff Sessions, que no lo dejara a solas con Trump para protegerlo de encuentros «inapropiados», según ha revelado The New York Times.

La cadena CNN ha anticipado, por otro lado, que Comey defenderá ante el Senado que nunca le dijo a Trump que él no está siendo investigado por la trama rusa, tal como sostiene el presidente.

Trump ha comentado que Comey le aseguró hasta en tres ocasiones, una en persona y dos por teléfono, cuando le preguntó directamente al respecto que él no estaba bajo investigación.

Tras la polémica del despido de Comey y ante una gran presión de la oposición demócrata, el Departamento de Justicia nombró al exdirector del FBI Robert Mueller como fiscal especial encargado de investigar la supuesta injerencia rusa en las elecciones y si hubo coordinación del Kremlin con la campaña de Trump.

Según una encuesta de la cadena ABC y The Washington Post publicada hoy, 61% de los estadounidenses cree que Trump despidió a Comey para «protegerse a sí mismo», mientras que 27% opina que lo hizo «por el bien del país».

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Trump honra promesa de campaña y retira a EEUU del Acuerdo climático de París

Al iniciar un proceso para la retirada del acuerdo climático, EE.UU. se quedará solo junto a Nicaragua y Siria, los únicos dos países no firmantes de los compromisos adoptados en París por casi 200 naciones a finales de 2015 y ratificados por un total de 147.

/ 1 de junio de 2017 / 21:53

El presidente de EE.UU., Donald Trump, honró hoy una de sus promesas de campaña al anunciar la retirada del país del Acuerdo climático de París, al argumentar que ese pacto pone en «permanente desventaja» a la economía y los trabajadores estadounidenses, en línea con su filosofía nacionalista.

«Nos estamos saliendo. Pero vamos a empezar a negociar y veremos si podemos llegar a un acuerdo que sea justo», declaró Trump en un esperado discurso de una media hora desde la Rosaleda de la Casa Blanca.

Así, el mandatario dejó la puerta abierta a que el país se reintegre en el pacto climático en un futuro o a negociar otro acuerdo «enteramente» nuevo, «mejor» y «más justo» para EE.UU.

Al iniciar un proceso para la retirada del acuerdo climático, EE.UU. se quedará solo junto a Nicaragua y Siria, los únicos dos países no firmantes de los compromisos adoptados en París por casi 200 naciones a finales de 2015 y ratificados por un total de 147.

El punto 28 del Acuerdo de París indica que cualquier país que haya ratificado el acuerdo, como es el caso de EE.UU., solamente podrá solicitar su salida tres años después de su entrada en vigor, esto es, el 4 de noviembre de 2019.

Una vez hecha formalmente esa petición, tiene que pasar otro año para que la salida del acuerdo sea efectiva, por lo que si el proceso sigue su curso habrá que esperar hasta el 4 de noviembre de 2020, el día siguiente de las próximas elecciones presidenciales en EE.UU.

Con la decisión anunciada hoy, EE.UU. «cesará todas las implementaciones» de sus compromisos climáticos en el marco de París, que incluyen la meta propuesta por el expresidente Barack Obama de reducir para 2025 las emisiones de gases de efecto invernadero entre un 26 y un 28 % respecto a los niveles de 2005.

«No queremos que nada se interponga en nuestro camino», subrayó Trump al destacar la recuperación económica de EE.UU. y situar al Acuerdo de París como un obstáculo para la creación de empleos.

El pacto contra el calentamiento global «es menos sobre el clima y más sobre otros países que obtienen una ventaja financiera» sobre Estados Unidos, según Trump, que anotó que Washington dejará de contribuir al Fondo Verde para el Clima.

Además, el presidente aseguró que París significa «una «redistribución masiva de la riqueza de Estados Unidos hacia otros países».

Trump habló también del «inaceptable riesgo legal» de permanecer en el acuerdo en indicó que quiere que EE.UU. siga siendo un «líder» global en la protección del medioambiente, pero de manera «justa», al denunciar que los compromisos de París no han sido lo suficientemente estrictos para países como China o India, tan contaminantes como el suyo.

«Fui elegido para gobernar Pittsburgh», una ciudad del cinturón industrial estadounidense, y «no París», enfatizó Trump en línea con su máxima en política exterior de anteponer siempre los intereses de EE.UU. («America First»).

Los ganadores con la decisión anunciada hoy son, además de los votantes más fieles de Trump, la industria del carbón, a la que el mandatario ha prometido revitalizar; el director de la Agencia de Protección Medioambiental (EPA, por su sigla en inglés) y conocido escéptico del cambio climático, Scott Pruitt; y el estratega jefe de la Casa Blanca, Steve Bannon.

Del otro lado, el de los perdedores, están quienes habían presionado a Trump para mantener a EE.UU. en el acuerdo, entre ellos su secretario de Estado, Rex Tillerson, y el matrimonio formado por su hija Ivanka y Jared Kushner, además de ecologistas, líderes empresariales y mandatarios de todo el mundo.

El pasado fin de semana, mientras participaba en la cumbre de líderes del G7 en la ciudad italiana de Taormina (Sicilia), Trump anticipó que tomaría esta semana su «decisión final» sobre el Acuerdo de París.

Según la Casa Blanca, Trump quería escuchar a sus socios en el G7 antes de tomar una decisión, pero al final no sirvió de nada la presión que ejercieron en esa cumbre a favor del acuerdo líderes como la canciller alemana, Angela Merkel, o el mandatario francés, Emmanuel Macron.

Durante su campaña electoral, Trump criticó duramente el Acuerdo de París y el cambio climático, un fenómeno que llegó a calificar en el pasado de «invento» de los chinos, y hoy insistió en que su única «obligación» es con las promesas que lo llevaron a la Casa Blanca y con «proteger» los intereses estadounidenses. EFE

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Obama quiere descansar, escribir y estar en familia, pero no va a desaparecer

Este jueves, en su última jornada completa como presidente de EE.UU., cargo que abandonará este viernes exactamente al mediodía, Obama almorzó con su vicepresidente, Joseph Biden, a quien considera un "hermano", y se mantuvo alejado de los focos.

/ 20 de enero de 2017 / 02:00

Necesita tiempo para procesar la «increíble experiencia» de ser durante ocho años el presidente de EE.UU. y, por ello, Barack Obama quiere dedicarse en los próximos meses a descansar, escribir y pasar tiempo con su familia, pero no va a desaparecer y avisa que aún tiene mucho por hacer y decir.

«Quiero escribir un poco. Quiero estar tranquilo un tiempo y no escucharme a mí mismo hablar tanto. Quiero pasar un tiempo preciado con mis hijas», explicaba Obama este miércoles desde la Casa Blanca en su última rueda de prensa como presidente.

También va a celebrar en este 2017 sus 25 años de matrimonio con Michelle, de quien quiere que esté dispuesta a «aguantarle» un tiempo más.
«Esas son mis prioridades este año», resumió Obama ante los periodistas que abarrotaron la sala de prensa de la Casa Blanca.

Este jueves, en su última jornada completa como presidente de EE.UU., cargo que abandonará este viernes exactamente al mediodía, Obama almorzó con su vicepresidente, Joseph Biden, a quien considera un «hermano», y se mantuvo alejado de los focos.

No obstante, envió una última carta al Congreso para dejar claro que los legisladores tienen la culpa de que la cárcel de Guantánamo siga abierta y estableció un nuevo récord al conmutar las sentencias de 330 presos condenados por delitos no violentos relacionados con las drogas, con lo que ha acortado más penas que sus 13 predecesores juntos.

También quiso mandar una última carta a los estadounidenses en la que ante todo les da las gracias por el «honor» de haberles servido como su presidente número 44.

«Porque todo lo que he aprendido en mi tiempo en el cargo lo he aprendido de ustedes. Me han hecho un mejor presidente, y un mejor hombre», afirma en la carta.

«Y cuando el arco del progreso parezca lento, recuerden: Estados Unidos no es el proyecto de una sola persona. La palabra más poderosa de nuestra democracia es la palabra ‘Nosotros’. ‘Nosotros el pueblo’, ‘Nosotros venceremos’, asegura Obama.

Tras participar este viernes en la ceremonia de investidura de su sucesor, Donald Trump, Obama y su familia dejarán Washington por última vez a bordo del avión presidencial y se irán a descansar a Palm Springs (California).

Habrá un pequeño acto de despedida en la base aérea de Andrews, a las afueras de Washington, donde se reunirán personal de la Casa Blanca, asesores y amigos para dar un último adiós a los Obama.

A la vuelta de California la familia se instalará en una mansión que han alquilado en el exclusivo barrio de Kalorama, en el noroeste de Washington, y prevén quedarse en la capital hasta que la menor del clan, Sasha, termine la educación secundaria.

Obama tiene también ya alquilada una oficina para trabajar en Washington, muy cerca de la embajada de España y a unos 30 minutos a pie de la Casa Blanca.

Seguro de que «las cosas van a ir bien», frase con la que cerró su última rueda de prensa, Obama cree que sus hijas, Malia y Sasha, forman parte de una generación joven que le hace ser «muy optimista» sobre el futuro del país.

La victoria de Trump «decepcionó» a ambas, de 18 y 15 años, pero «les hemos enseñado la importancia de la resistencia y la esperanza, y que lo único que supone el fin del mundo es el mismo fin del mundo», subrayó Obama.

Además, agregó que las dos saben que «tienen una responsabilidad» de implicarse en la vida cívica de su país para mejorarlo.

Él mismo ha prometido que no se quedará callado si considera que los «valores principales» del país se ven amenazados durante el mandato de Trump.

En concreto, Obama ha dicho que alzará su voz si ve «discriminación sistemática», «obstáculos» para que las personas puedan votar, «esfuerzos institucionales para silenciar la disidencia o a la prensa» o para deportar a los jóvenes indocumentados que llegaron al país de niños y son conocidos como «dreamers» («soñadores»).

Porque «todos nosotros, sin importar el partido, debemos lanzarnos a ese trabajo – el trabajo gozoso de la ciudadanía. No solo cuando hay elecciones, cuando nuestro propio interés está en juego, sino durante toda la vida», enfatizó en su última carta a los estadounidenses.

Y «yo estaré con ustedes en cada paso del camino», prometió. (19/01/2017)

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Ajenos al duelo, algunos cubanos pasaron página antes del entierro de Fidel

Nelkis, de 19 años, dice que sí ha visto "todo" por la televisión junto a su madre, pero no quisieron ir a la Plaza de la Revolución al homenaje del martes porque "había demasiada gente".

La bandera cubana brilló en el Homenaje póstumo a Fidel castro en Santiago de Cuba. Foto: EFE

/ 4 de diciembre de 2016 / 15:12

Los cubanos cierran hoy una etapa de sus vidas con el entierro en Santiago de Cuba del líder de la Revolución, Fidel Castro, aunque algunos ya decidieron pasar página desde el momento de la noticia de su muerte y se han mantenido al margen de los homenajes al fallecido expresidente.

«He vivido toda esta euforia» sobre la figura de Fidel «como una extranjera en mi propio país», resume a Efe Albertina, de 40 años y trabajadora por cuenta propia, sobre un sentimiento experimentado por otros cubanos estos días, aunque han sido una minoría frente a las despedidas masivas al comandante a lo largo de toda la isla.

Y eso «no quiere decir que no lo sienta, era una persona al fin y al cabo, muy querida, pero que a mí ni fu ni fa, aunque pueda parecer un sacrilegio para muchos», puntualiza.

Albertina remarca que Castro «ya estaba viejito y no se le veía desde hace tiempo», y agrega que su muerte, ocurrida el 25 de noviembre a los 90 años, no la ha vivido como en 2006, «cuando sí causó conmoción» su renuncia a causa de una grave enfermedad y el traspaso del poder a su hermano Raúl.

Escritora de 31 años, Ana cuenta que no lloró ni se rasgó las vestiduras cuando se enteró de la muerte de Castro.

Tampoco fue a la Plaza de la Revolución de La Habana al multitudinario homenaje celebrado el martes ni salió a la calle al día siguiente para ver partir de la capital la caravana con las cenizas de Fidel hacia Santiago de Cuba, donde desde hoy descansan en el cementerio de Santa Ifigenia.

«Me siento un bicho raro dentro de tanta muestra de dolor», admite Ana. «Pero no puedo demostrar algo que no siento. Me pueden llamar malagradecida, pero no puedo llorar por alguien al que ya no siento cercano», añade.

Ana se declara sorprendida por la «tranquilidad» con la que está viviendo este momento histórico, «después del choque inicial».

Y recuerda que ella fue «uno de los niños del Periodo Especial», como se conoce al colapso económico de la isla tras la caída del bloque soviético, «de las que lo vio todavía cuando era Fidel, no un viejito que salía de vez en cuando en fotos y a veces en la televisión» tras su retirada del poder en 2006.

Desde la muerte de Castro, en la mayoría de los hogares cubanos la televisión estatal está puesta ininterrumpidamente, con imágenes del recorrido de la caravana fúnebre, entrevistas y todo tipo de tributos al líder revolucionario.

Pero Pedro, de 35 años, explica que él «ha mantenido apagada la televisión durante todos estos días» y se ha gastado «bastante dinero comprando series y películas» de los paquetes de contenidos pirateados que se venden por las calles.

«No me interesa nada de lo que ponen (en la televisión estatal).

Solo quiero que todo vuelva a la normalidad, si eso es posible a partir de ahora en Cuba», indica Pedro.

Nelkis, de 19 años, dice a Efe que sí ha visto «todo» por la televisión junto a su madre, pero no quisieron ir a la Plaza de la Revolución al homenaje del martes porque «había demasiada gente».

La muerte de Fidel «es triste», pero «por favor, pasemos ya la página», pide esta joven a continuación.

Incluso los que han querido mantenerse al margen de los homenajes póstumos a Fidel no han podido ignorar las restricciones impuestas por el Gobierno cubano debido a los nueve días de luto oficial, entre ellas la ley seca o la ausencia de música, y que estarán vigentes hasta la medianoche de hoy.

«A mí lo que me molesta es lo de la ley seca. Lo de la música lo entiendo, pero ¿que tiene de malo tomar?», se pregunta Yusnier.

Pero, más allá de la falta de alcohol y música, ni siquiera los más desapegados hacia la figura de Fidel pueden evitar escuchar su nombre en cada conversación de cada rincón de Cuba.

(04/12/2016)

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Trump salva el debate con Clinton tras el peor escándalo de su campaña

La tensión se palpó desde los primeros instantes del debate, celebrado en la Universidad de Washington de San Luis (Misuri) con dos moderadores y preguntas de votantes indecisos presentes entre el público, y no hubo ni apretón de manos entre los candidatos.

/ 10 de octubre de 2016 / 11:02

El candidato republicano a la Presidencia de EEUU, Donald Trump, salió airoso este domingo del segundo cara a cara con su rival demócrata, Hillary Clinton, quien no fue capaz de atacarle de manera eficaz pese a que el magnate llegó al debate dañado por el peor escándalo de su campaña.

Las polémicas han acompañado a Trump desde el inicio de su campaña en junio de 2015, pero ninguna le había granjeado tantas críticas de sus colegas republicanos como la que estalló el viernes con la difusión de un vídeo de 2005 en el se ve y escucha al magnate haciendo comentarios denigrantes sobre las mujeres, en un tono vulgar y ofensivo.

Para dar un golpe de efecto, Trump compareció poco antes del debate con varias mujeres que acusaron en su día al expresidente Bill Clinton de acoso sexual y a las que llevó luego de invitadas al cara a cara.

La tensión se palpó desde los primeros instantes del debate, celebrado en la Universidad de Washington de San Luis (Misuri) con dos moderadores y preguntas de votantes indecisos presentes entre el público, y no hubo ni apretón de manos entre los candidatos.

El vídeo protagonizado por Trump salió a relucir ya en la primera pregunta y el magnate se defendió calificándolo de «charla de vestuario», dijo no sentirse «orgulloso» de él y negó haber atacado sexualmente a mujeres, a quienes «respeta».

Esa grabación muestra «quién es Donald Trump», pero no es lo único que plantea preguntas «acerca de su calificación para ser nuestro presidente», porque él también ha atacado «a inmigrantes, afroamericanos, latinos, personas con discapacidad, prisioneros de guerra, musulmanes y tantos otros», enfatizó Clinton.

Lea además: Trump y Clinton cruzan ataques sobre escándalos sexuales en su segundo debate

La respuesta del magnate fue mencionar al esposo de su rival, Bill Clinton, de quien afirmó que «nunca ha habido nadie en la historia política de este país que haya abusado más de las mujeres».

A Trump se le notaba nervioso en los primeros compases del debate, moviéndose por el escenario mientras Clinton hablaba, pero poco a poco fue recomponiéndose, especialmente tras pronunciar la que fue, para muchos, la frase de la noche.

Cuando Clinton afirmó que se alegraba de que «alguien con el temperamento de Donald Trump no esté a cargo» del país, el magnate replicó: «Porque entonces estarías en la cárcel».

El candidato republicano amenazó con nombrar a un fiscal especial que investigue a Clinton por su uso de un servidor privado para manejar sus correos electrónicos profesionales cuando era secretaria de Estado (2009-2013) si llega a la Casa Blanca. (10-10-2016)

Para Aaron Kall, experto en debates de la Universidad de Michigan, Trump «se mantuvo a la ofensiva» y «fue capaz de sacar provecho» de temas como ese escándalo de los correos de Clinton, las críticas a la reforma sanitaria o las declaraciones de su rival acerca de los «deplorables» seguidores del magnate.

Kall comentó a Efe que Trump tuvo una actuación «mucho mejor» a la del primer debate y ofreció «más líneas memorables» que Clinton.

Estrategia Clinton

La candidata demócrata usó la estrategia de dejar hablar a su rival, como en el primer debate, para que él mismo se pusiera en evidencia y dejó pasar así la oportunidad de incidir, por ejemplo, en las sombras alrededor de las declaraciones de impuestos del multimillonario.

Trump reconoció hoy incluso haber eludido impuestos tras declarar 916 millones de dólares en pérdidas en 1995, como reveló recientemente The New York Times.

No obstante, «la principal cuestión es si los votantes indecisos vieron algo esta noche que les hará más propensos a apoyar a Trump» y la respuesta es «probablemente no», de acuerdo con Kall.

Mientras, Seth Masket, jefe del departamento de ciencias políticas de la Universidad de Denver, comentó a The New York Times que la actuación de esta noche probablemente no hará tanto daño a su campaña como la del primer debate, pero Trump «necesitaba mucho más» para inclinar la contienda por la Casa Blanca a su favor.

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