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miércoles 24 feb 2021 | Actualizado a 19:24

Destrucción y solidaridad en un México golpeado por dos terremotos en 2017

Los terremotos generaron un impacto temporal en la economía, que registró una desaceleración en el tercer trimestre de 2017 al crecer un 1,5 % respecto al mismo periodo del año anterior, después del aumento del 1,9 % a tasa anual reportado en el periodo abril-junio.

/ 26 de diciembre de 2017 / 13:51

México sufrió en septiembre pasado dos fuertes terremotos que causaron más de 400 muertos, enormes pérdidas económicas y una reacción popular de solidaridad que aparcó temporalmente los graves problemas de inseguridad y corrupción que vive el país.

Al filo de la medianoche del 7 de septiembre un movimiento telúrico de magnitud 8,2 sacudió México, el más potente desde 1932, y causó 98 fallecidos; 78 de ellos en el estado de Oaxaca, 16 en Chiapas y 4 en Tabasco.

El istmo de Tehuantepec fue la zona más golpeada por el terremoto -cuyo epicentro se localizó frente a las costas del suroriental estado de Chiapas-, en especial la localidad de Juchitán de Zaragoza, donde cerca de 40 personas perdieron la vida entre los escombros.

El rostro de esta urbe del sureño estado de Oaxaca de 100.000 habitantes cambió por completo en segundos. El 70 % de las viviendas resultaron dañadas, dejando a la población en la intemperie y sin servicios básicos como agua y luz.

Mientras se llevaban a cabo las labores de rescate de sobrevivientes, la ayuda comenzó a fluir a cuentagotas. El presidente Enrique Peña Nieto se desplazó a los estados afectados y puso a miembros de su gabinete a atender la emergencia desde el lugar de la tragedia.

La seguridad se reforzó con el despliegue de militares para resguardar a damnificados que se negaban a alejarse de sus viviendas derruidas para evitar el robo de lo que aún quedaba de ellas.

  • Los méxicanos lloran por la pérdida de vidas debido al Terremoto del pasado martes 19 de septiembre. Foto: AFP – Archivo

Todavía las autoridades efectuaban el recuento de daños cuando otro poderoso terremoto sacudió el país el 19 de septiembre, solo dos horas y 14 minutos después de que la población realizara un simulacro para conmemorar los 32 años de otro trágico temblor que dejó miles de víctimas mortales en la capital mexicana.

Aunque el sismo fue de magnitud 7,1, frente a los 8,1 de 1985, se sintió con gran fuerza debido a que el epicentro se localizó en los límites de los estados de Puebla y Morelos, a solo 120 kilómetros de la Ciudad de México.

En pocos minutos la capital se cubrió de polvo, en un anuncio de la dimensión de la tragedia. Se derrumbaron 38 edificios en distintas zonas, incluida una escuela con decenas de niños en su interior, y servicios de luz y agua potable quedaron cortados en buena parte de la urbe.

El tráfico se volvió un caos en poco tiempo, miles se dirigieron hacia las escuelas de sus hijos o sus hogares, mientras los vecinos se lanzaron en masa a rescatar sobrevivientes entre ruinas, en una muestra de solidaridad que duró varias semanas, con los jóvenes a la cabeza.

Un total de 228 personas murieron en Ciudad de México, pero el balance final ascendió a 369 incluyendo las víctimas mortales de los estados Morelos, Puebla, Guerrero, Oaxaca y México.

Doce millones de personas resultaron damnificadas por los dos sismos y 250.000 perdieron sus hogares, la mayoría de los cuales viven con familiares o amigos, en el mejor de los casos, o en precarias tiendas de campaña, en el peor, a la espera de recibir las ayudas prometidas para recuperar su patrimonio.

  • Un poderoso terremoto de magnitud 7,1 en la escala abierta de Richter sacudió el martes la Ciudad de México, causando pánico entre los 20 millones de habitantes. Foto: AFP – Archivo

Según cifras oficiales, los sismos generaron daños parciales o totales de 184.000 viviendas, la mayoría en Chiapas y Oaxaca, donde la población se queja de que el flujo de ayuda se detuvo con el segundo terremoto, que desvió la atención hacia el centro del país.

También resultaron afectados 14.000 comercios, 16.000 escuelas y 1.800 edificios de once estados con valor arqueológico, artístico e histórico.

Según Peña Nieto, cuya popularidad mejoró ligeramente -pasó de 16 a 23 % en el cuarto trimestre- por el manejo de la emergencia, la reconstrucción requerirá una inversión de 48.000 millones de pesos (unos 2.500 millones de dólares).

Los terremotos generaron un impacto temporal en la economía, que registró una desaceleración en el tercer trimestre de 2017 al crecer un 1,5 % respecto al mismo periodo del año anterior, después del aumento del 1,9 % a tasa anual reportado en el periodo abril-junio.

Según la Secretaría de Hacienda, el efecto de los desastres naturales ya se desvaneció, por lo que mantuvo su pronóstico de crecimiento en el rango de 2 a 2,6 % para 2017, pese al contexto de volatilidad e incertidumbre elevados por la renegociación del TLCAN y las próximas elecciones presidenciales.

Al contrario, según la mayoría de expertos, la reconstrucción permitirá una recuperación del ritmo de crecimiento en los próximos meses, en los que el país estará inmerso en un proceso electoral que culminará el 1 de julio de 2018 con la renovación de 3.416 cargos.

  • Reportan daños en la capital de México, Puebla y Morelos por terremoto. Foto: EFE – Archivo

En ese proceso hay dos temas que pesarán entre los votantes: la rampante corrupción y la fallida estrategia de seguridad en un país que está a punto de cerrar 2017 con la cifra más alta de homicidios en dos décadas, tras sumar 20.878 asesinatos de enero a octubre, cerca del récord de 22.855 homicidios en 2011. (26/12/2017)

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‘El Noa, Noa’, el bar que marcó la vida de Juan Gabriel y de muchos juarenses

"El Noa, Noa" abrió sus puertas en 1964. "Era la época del rock, Rollings Stone, Beatles" y un grupo local comenzó a interpretar los éxitos de aquel entonces; "esa fue la base del éxito".

El artista Juan Gabriel en medio de una de sus presentaciones. Foto: whenintime.com

/ 5 de septiembre de 2016 / 16:05

«El Noa, Noa», el mítico salón de baile que Juan Gabriel inmortalizó cuando le compuso una canción, no solo marcó la vida del cantautor fallecido el 28 de agosto, sino la de muchos juarenses que recuerdan con nostalgia aquellos años.

En ese salón ubicado a escasas manzanas del puente fronterizo Santa Fe, que conduce a la localidad estadounidense de El Paso, Alberto Aguilera Valadez, verdadero nombre de Juan Gabriel, tuvo la oportunidad de cantar por primera vez cuando tenía solo 16 años.

«Meche (Mercedes Álvarez, cliente del bar y amiga de Juan Gabriel) fue la que lo metió de contrabando porque él era menor de edad», y eso podía acarrear problemas, incluido el cierre del salón, cuenta David Bencomo, hijo del propietario.

«El Noa, Noa» abrió sus puertas en 1964. «Era la época del rock, Rollings Stone, Beatles» y un grupo local comenzó a interpretar los éxitos de aquel entonces; «esa fue la base del éxito», apunta en una entrevista con Efe.

La ciudad estaba inundada de estadounidenses porque en ese entonces, durante la Guerra de Vietnam, había una base cercana con 20.000 soldados «y los dejaban venir a divertirse aquí y gastaban todo lo que tenían porque no sabían si iban a volver», señala.

En 1966, Meche solicitó a los músicos que acompañaran a Alberto; «le gusta cantar y tiene buenas canciones», dijo, y «la misma gente que le tocó participar en ello le pidió a mi papá que le dejara más aquí», apunta el dueño del bar Yankees, ubicado a escasos metros de lo que era «El Noa, Noa».

«Él llegó e hizo lo que sabía hacer y de esa manera se le abrieron las puertas e inició una gran carrera»; «El Noa, Noa» fue el primer lugar donde tuvo un público y ganó un salario que ascendía a cinco dólares diarios, recuerda.

Estuvo «unos 18 meses, calentándose, preparándose, agarrando la mayoría de edad y, en el momento que se sintió fuerte, empezó a salir del Noa Noa» y a conseguir contratos a nivel local.

En aquella época su nombre artístico era Adán Luna y se convirtió en «la estrellita de todos los lugares por aquí, el Boom Boom, el Malibú, la Cucharacha», detalla el empresario.

«Estaba destinado, Alberto era una persona que nació para eso», aunque en el camino tuvo que superar muchas dificultades, entre ellas una infancia alejado de su madre, Victoria Valadez, que lo internó en un orfanato de Juárez siendo muy pequeño por falta de recursos.

Aunque el artista nació en 1950 en el pueblo de Parácuaro, en el occidental estado de Michoacán, cuando aún era un bebé su familia se trasladó a la ciudad fronteriza, donde su madre trabajó como empleada doméstica en una casa que Juan Gabriel compró años después.

Juanga es «una muestra para todas las generaciones (…) de que el sacrificio, el esfuerzo y la disciplina nos puede llevar muy lejos», sostiene Bencomo, quien sueña con reabrir «El Noa, Noa».

En febrero de 2004 un incendio provocado por un cortocircuito acabó en dos horas con el centro. «Todo se perdió, yo tenía una galería inmensa de la historia del Noa, Noa», lamenta, y agrega que aguantaron «año y medio» buscando alternativas para reabrirlo.

Fue entonces cuando se enteraron que los abogados del artista ya habían registrado el nombre, por lo que el Divo de Juárez debía cederle los derechos para poder utilizarlo.

Pero la ciudad, explica, comenzó a complicarse por la disputa entre los cárteles de las drogas: «empezaron a matar, a pedir cuotas, los secuestros, las maquilas cerraron», así que era necesario salir «de esa carga para evitar» que sus otros centros nocturnos se vieran afectados.

Un vecino lo compró, liquidó lo que estaba pendiente y en 2007 lo convirtió en estacionamiento, señala el empresario, que sostiene que «el Noa, Noa» debe levantarse de nuevo y «en esta avenida (Juárez)», porque le hace «falta a la ciudad y a todos los que somos de aquí».

Del salón queda una placa conmemorativa en la acera donde estos días se han congregado sus admiradores para recordar al divo, cuyo rostro quedó plasmado en un mural cercano.

«Si levantamos el Noa, Noa», si su casa de la Avenida 16 de Septiembre se convierte en museo y «si sus cenizas se quedan ahí, le vamos a dar un empuje muy fuerte a la ciudad», asegura Bencomo, quien debe hablar con la familia o sus abogados sobre el salón.

Es el momento de hacerlo, la respuesta de sus admiradores ha sido «inmensa» en todo el mundo, sostiene el empresario, algo en lo que difiere Sergio Durán, que estuvo 13 años en el albergue infantil que el intérprete sostuvo durante casi tres décadas.

Este joven de 27 años, que ahora se dedica a la música, cree que eso debió ocurrir cuando el autor de éxitos como «Amor eterno» estaba vivo, porque fue él quien hizo famoso ese lugar. «Sin Juan Gabriel, ya no es igual», destaca. (05/09/2016)

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‘El Noa, Noa’, el bar que marcó la vida de Juan Gabriel y de muchos juarenses

"El Noa, Noa" abrió sus puertas en 1964. "Era la época del rock, Rollings Stone, Beatles" y un grupo local comenzó a interpretar los éxitos de aquel entonces; "esa fue la base del éxito".

/ 5 de septiembre de 2016 / 16:05

«El Noa, Noa», el mítico salón de baile que Juan Gabriel inmortalizó cuando le compuso una canción, no solo marcó la vida del cantautor fallecido el 28 de agosto, sino la de muchos juarenses que recuerdan con nostalgia aquellos años.

En ese salón ubicado a escasas manzanas del puente fronterizo Santa Fe, que conduce a la localidad estadounidense de El Paso, Alberto Aguilera Valadez, verdadero nombre de Juan Gabriel, tuvo la oportunidad de cantar por primera vez cuando tenía solo 16 años.

«Meche (Mercedes Álvarez, cliente del bar y amiga de Juan Gabriel) fue la que lo metió de contrabando porque él era menor de edad», y eso podía acarrear problemas, incluido el cierre del salón, cuenta David Bencomo, hijo del propietario.

«El Noa, Noa» abrió sus puertas en 1964. «Era la época del rock, Rollings Stone, Beatles» y un grupo local comenzó a interpretar los éxitos de aquel entonces; «esa fue la base del éxito», apunta en una entrevista con Efe.

La ciudad estaba inundada de estadounidenses porque en ese entonces, durante la Guerra de Vietnam, había una base cercana con 20.000 soldados «y los dejaban venir a divertirse aquí y gastaban todo lo que tenían porque no sabían si iban a volver», señala.

En 1966, Meche solicitó a los músicos que acompañaran a Alberto; «le gusta cantar y tiene buenas canciones», dijo, y «la misma gente que le tocó participar en ello le pidió a mi papá que le dejara más aquí», apunta el dueño del bar Yankees, ubicado a escasos metros de lo que era «El Noa, Noa».

«Él llegó e hizo lo que sabía hacer y de esa manera se le abrieron las puertas e inició una gran carrera»; «El Noa, Noa» fue el primer lugar donde tuvo un público y ganó un salario que ascendía a cinco dólares diarios, recuerda.

Estuvo «unos 18 meses, calentándose, preparándose, agarrando la mayoría de edad y, en el momento que se sintió fuerte, empezó a salir del Noa Noa» y a conseguir contratos a nivel local.

En aquella época su nombre artístico era Adán Luna y se convirtió en «la estrellita de todos los lugares por aquí, el Boom Boom, el Malibú, la Cucharacha», detalla el empresario.

«Estaba destinado, Alberto era una persona que nació para eso», aunque en el camino tuvo que superar muchas dificultades, entre ellas una infancia alejado de su madre, Victoria Valadez, que lo internó en un orfanato de Juárez siendo muy pequeño por falta de recursos.

Aunque el artista nació en 1950 en el pueblo de Parácuaro, en el occidental estado de Michoacán, cuando aún era un bebé su familia se trasladó a la ciudad fronteriza, donde su madre trabajó como empleada doméstica en una casa que Juan Gabriel compró años después.

Juanga es «una muestra para todas las generaciones (…) de que el sacrificio, el esfuerzo y la disciplina nos puede llevar muy lejos», sostiene Bencomo, quien sueña con reabrir «El Noa, Noa».

En febrero de 2004 un incendio provocado por un cortocircuito acabó en dos horas con el centro. «Todo se perdió, yo tenía una galería inmensa de la historia del Noa, Noa», lamenta, y agrega que aguantaron «año y medio» buscando alternativas para reabrirlo.

Fue entonces cuando se enteraron que los abogados del artista ya habían registrado el nombre, por lo que el Divo de Juárez debía cederle los derechos para poder utilizarlo.

Pero la ciudad, explica, comenzó a complicarse por la disputa entre los cárteles de las drogas: «empezaron a matar, a pedir cuotas, los secuestros, las maquilas cerraron», así que era necesario salir «de esa carga para evitar» que sus otros centros nocturnos se vieran afectados.

Un vecino lo compró, liquidó lo que estaba pendiente y en 2007 lo convirtió en estacionamiento, señala el empresario, que sostiene que «el Noa, Noa» debe levantarse de nuevo y «en esta avenida (Juárez)», porque le hace «falta a la ciudad y a todos los que somos de aquí».

Del salón queda una placa conmemorativa en la acera donde estos días se han congregado sus admiradores para recordar al divo, cuyo rostro quedó plasmado en un mural cercano.

«Si levantamos el Noa, Noa», si su casa de la Avenida 16 de Septiembre se convierte en museo y «si sus cenizas se quedan ahí, le vamos a dar un empuje muy fuerte a la ciudad», asegura Bencomo, quien debe hablar con la familia o sus abogados sobre el salón.

Es el momento de hacerlo, la respuesta de sus admiradores ha sido «inmensa» en todo el mundo, sostiene el empresario, algo en lo que difiere Sergio Durán, que estuvo 13 años en el albergue infantil que el intérprete sostuvo durante casi tres décadas.

Este joven de 27 años, que ahora se dedica a la música, cree que eso debió ocurrir cuando el autor de éxitos como «Amor eterno» estaba vivo, porque fue él quien hizo famoso ese lugar. «Sin Juan Gabriel, ya no es igual», destaca. (05/09/2016)

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