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martes 5 jul 2022 | Actualizado a 23:49

Presidenciables calientan motores ante polarizadas elecciones de Brasil

/ 8 de mayo de 2018 / 22:17

Una docena de precandidatos a las elecciones presidenciales de octubre presentaron este martes propuestas para superar la grave crisis que vive Brasil, en ausencia de los dos favoritos, el izquierdista Lula, encarcelado, y el ultraderechista Jair Bolsonaro.

El acto, organizado en Niterói (zona metropolitana de Rio de Janeiro) por el Frente Nacional de Alcaldes, se vio impactado por el anuncio de que el expresidente de la Corte Suprema Joaquim Barbosa no se presentará a los comicios, que se anuncian como los más inciertos y polarizados desde la restauración de la democracia en 1985.

El antiguo magistrado, a quien muchos veían como un «outsider salvador» con capacidad de acercar varios universos -de origen humilde, de raza negra y con un historial de lucha contra la corrupción- explicó en Twitter que su desistimiento era de carácter «estrictamente personal».

Si el campo del centro y la derecha carece de candidatos fuertes, el de la izquierda está más que incierto, dado que su principal dirigente, el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva (2003-2010), cumple desde hace un mes una pena de 12 años de prisión por corrupción y está virtualmente inhabilitado para competir.

Así y todo, su formación política, el Partido de los Trabajadores (PT), insiste en que no tiene un plan alternativo. Y el propio Lula quiso estar presente en el acto a través de una carta enviada desde su prisión en Curitiba (sur), en la que afirmó que «solo escuchando y respetando la voluntad popular Brasil reencontrará su camino».

Los votos del PT

Uno de los principales aspirantes a ocupar el espacio de la izquierda, Ciro Gomes, exgobernador de Ceará (noreste) y exministro tanto de Lula como del centroderechista Fernando Henrique Cardoso (1995-2002), hizo un llamado al «diálogo», pero aseguró que no está negociando con el PT.

«El PT tiene candidato, lo ha afirmado repetidamente, y yo respeto eso con mi alma, con mi corazón, con mi cabeza, con mi cerebro, con mis palabras, con mis intenciones, con mis pesadillas y con mis sueños. Por lo tanto, basta de intrigas», zanjó Gomes.

La evangélica Marina Silva, que fue ministra de Medio Ambiente de Lula, fue prudente al ser cuestionada sobre si el retiro de Barbosa mejoraba su posición.

«Estamos viviendo un momento muy difícil, de profunda crisis económica, política y de valores (…). Tenemos que refundar la República para ser un país socialmente justo, económicamente próspero, ambientalmente sustentable, políticamente democrático y culturalmente diverso», declaró.

Para la comunista Manuela d’Ávila, la decisión de Barbosa demuestra que hay un camino «muy largo» hasta la definición del boleto electoral.

Para la derecha, una consigna: crecer

El diputado ultraderechista Jair Bolsonaro, segundo en las encuestas con un 15% de intenciones de voto, declinó la invitación al acto, en el que participaron once de la veintena de dirigentes que tienen la pretensión de ser investidos por algún partido para dirigir el país en el periodo 2019-2022.

Los candidatos de centroderecha y de derecha hicieron hincapié en la necesidad de que Brasil afiance su crecimiento, después de haber vivido la peor recesión de las últimas décadas.

«Brasil no tiene solución si no crece (…). Tenemos que tener el valor de hacer reformas y cambios», señaló el exgobernador paulista Geraldo Alckmin, en un discurso que hizo guiños al gobierno del presidente Michel Temer, que cada vez parece menos dispuesto a presentarse a las elecciones.

El acto fue abierto por el presidente de la Cámara de Diputados, el derechista Rodrigo Maia. El último orador fue el exministro de Hacienda Henrique Meirelles, quien cuenta con un amplio apoyo de los mercados, aunque con apenas 1% de intenciones de voto. (08/05/2018)

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En medio del caos, la familia imperial de Brasil sueña con volver a reinar

"Si la monarquía volviera, sería un alivio. Los brasileños lo celebrarían con una gran fiesta nacional, porque están hartos de la República", asegura, con voz pausada, el tataranieto de Don Pedro II, el último emperador de Brasil.

/ 4 de junio de 2018 / 22:22

Muchos podrían tomarlo a broma, pero Don Bertrand de Orleans y Bragança es un hombre serio. A sus 77 años, el príncipe imperial de Brasil tiene claro que el «caos» del país solo tiene una solución: la vuelta al poder de su familia.

«Si la monarquía volviera, sería un alivio. Los brasileños lo celebrarían con una gran fiesta nacional, porque están hartos de la República», asegura, con voz pausada, el tataranieto de Don Pedro II, el último emperador de Brasil.

Lo cierto es que el gigante latinoamericano vive tiempos convulsos y, entre huelgas y una desconfianza hacia los políticos cada vez mayor por los constantes escándalos de corrupción, el regreso al pasado no suena tan descabellado para algunos.

Aunque el Imperio brasileño terminó oficialmente en 1889 con la proclamación de la República, los herederos de esa extinta corona siguen reclamando su papel en un encuentro monárquico anual en Rio de Janeiro.

La mayoría de brasileños apenas saben de su existencia, pero el suyo es un público fiel. Y este año, un centenar de personas de todas partes del país acudieron al evento el domingo.

Vestidos con sus mejores galas, jóvenes y ancianos saludaban con reverencias a «Su Alteza» antes de entrar a la misa conmemorativa en la antigua capilla imperial, en lo alto del barrio de Gloria.

Casi todos blancos y luciendo un pin de la bandera monárquica, esperaban ansiosos el apretón de manos del príncipe -de traje clásico y corbata granate, alto, flaco- frente a la hermosa iglesia de estilo portugués.

Muchas mujeres y niñas cubrían su pelo con mantillas: las solteras de color blanco y las casadas de negro. «íAve, Imperio!», gritó una sacudiendo una gran bandera monárquica.

«Hoy hay mucha gente pidiendo incluso la intervención militar porque el brasileño no tiene a quién recurrir. Cuando los políticos te dejan de representar, no hay nada que hacer. Yo creo que la familia real tiene personalidades fantásticas, sin comparación con los políticos», defendía Graciane Pereira, una anestesista de 37 años de Porto Alegre (sur).

Tiempos de gloria

El tiempo parecía ir hacia atrás durante la «misa imperial» en la iglesia donde fueron bautizados don Pedro II (1825-1891) y la princesa Isabel (1846-1921).

El cura, con hábitos especiales dorados y un bonete, estaba acompañado de monaguillos que lanzaban incienso con botafumeiros. Y aunque hizo parte de la ceremonia de espaldas y en latín, alabó en portugués el «pasado glorioso de reyes, emperadores y santos» que, a su ver, encarnan los descendientes imperiales.

Muchos asistentes reivindicaban también con nostalgia esa época «de oro» y estaban convencidos de que países como Noruega, Bélgica, España o Suecia son mucho más avanzados gracias a sus reyes.

«Brasil, en realidad perdió el norte a partir de la caída de la monarquía. A partir de ahí, todo comenzó a ir mal», dijo Uilian Martins, un pedagogo de 33 años del estado amazónico de Rondonia (oeste).

La familia imperial es «muy buena, gente seria, honesta. Es lo que Brasil está necesitando, pero muchos creen erróneamente que si vuelve la monarquía es como si volviese la esclavitud», abolida en 1888 por la princesa Isabel, afirma Jose Dearimatea, un jubilado de 83 años, vestido con un elegante traje negro.

Casi como si viera una película, Ana Paula Logrado, una administradora de 41 años que quería visitar la iglesia, no daba crédito al evento y ofrecía un contrapunto a la retórica imperial: «Creo que la corrupción que vivimos empezó, en realidad, en esa época».

El «charm»

Aunque solo un 10% de los brasileños se pronunciaron por la restauración de la monarquía en una consulta popular en 1993, Don Bertrand está convencido de que hoy en día esa opción sería mayoritaria.

El brasileño, dice, es «indirectamente» monárquico y prueba de ello son ‘O Rei’ Pelé o las ‘reinas’ de batería de las escuelas de samba.

La propuesta que hace la Casa Imperial de Brasil es implantar una monarquía parlamentaria que dé «estabilidad» y «unión» al país.

«La monarquía tiene cierto ‘charm’ que la República no tiene», defiende Don Bertrand, que considera que el PT de Lula es «una secta». En cuestiones de sociedad, se declara contrario al matrimonio gay y cree que el racismo no existe en Brasil.

Pero no es oro todo lo que reluce, ni siquiera en la Casa Imperial: el príncipe vive desde hace años en Sao Paulo principalmente de donaciones y apoyado por el trabajo voluntario de seis personas, porque el «laudemio» fue concedido a otra rama de la familia que les disputó el trono inexistente hace años.

En realidad, si su sueño se cumpliera, no debería ser Don Bertrand quien reinara. Teóricamente, lo haría su hermano mayor, Don Luiz, soltero y sin hijos como él.

Pero Don Luiz, cuyos 80 años fueron festejados con un banquete tras la misa en su ausencia, hace tiempo que no participa en actos públicos por motivos de salud. Los ojos de los monárquicos están puestos en Don Bertrand.

Y para el principal interesado, el sueño no parece tan lejano. «Esto es un fruto que está madurando. Nadie sabe cuándo se concretará, pero yo estoy seguro que veré el regreso de la monarquía con mis ojos», vaticina el príncipe. (04/06/2018)

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En medio del caos, la familia imperial de Brasil sueña con volver a reinar

"Si la monarquía volviera, sería un alivio. Los brasileños lo celebrarían con una gran fiesta nacional, porque están hartos de la República", asegura, con voz pausada, el tataranieto de Don Pedro II, el último emperador de Brasil.

/ 4 de junio de 2018 / 22:22

Muchos podrían tomarlo a broma, pero Don Bertrand de Orleans y Bragança es un hombre serio. A sus 77 años, el príncipe imperial de Brasil tiene claro que el «caos» del país solo tiene una solución: la vuelta al poder de su familia.

«Si la monarquía volviera, sería un alivio. Los brasileños lo celebrarían con una gran fiesta nacional, porque están hartos de la República», asegura, con voz pausada, el tataranieto de Don Pedro II, el último emperador de Brasil.

Lo cierto es que el gigante latinoamericano vive tiempos convulsos y, entre huelgas y una desconfianza hacia los políticos cada vez mayor por los constantes escándalos de corrupción, el regreso al pasado no suena tan descabellado para algunos.

Aunque el Imperio brasileño terminó oficialmente en 1889 con la proclamación de la República, los herederos de esa extinta corona siguen reclamando su papel en un encuentro monárquico anual en Rio de Janeiro.

La mayoría de brasileños apenas saben de su existencia, pero el suyo es un público fiel. Y este año, un centenar de personas de todas partes del país acudieron al evento el domingo.

Vestidos con sus mejores galas, jóvenes y ancianos saludaban con reverencias a «Su Alteza» antes de entrar a la misa conmemorativa en la antigua capilla imperial, en lo alto del barrio de Gloria.

Casi todos blancos y luciendo un pin de la bandera monárquica, esperaban ansiosos el apretón de manos del príncipe -de traje clásico y corbata granate, alto, flaco- frente a la hermosa iglesia de estilo portugués.

Muchas mujeres y niñas cubrían su pelo con mantillas: las solteras de color blanco y las casadas de negro. «íAve, Imperio!», gritó una sacudiendo una gran bandera monárquica.

«Hoy hay mucha gente pidiendo incluso la intervención militar porque el brasileño no tiene a quién recurrir. Cuando los políticos te dejan de representar, no hay nada que hacer. Yo creo que la familia real tiene personalidades fantásticas, sin comparación con los políticos», defendía Graciane Pereira, una anestesista de 37 años de Porto Alegre (sur).

Tiempos de gloria

El tiempo parecía ir hacia atrás durante la «misa imperial» en la iglesia donde fueron bautizados don Pedro II (1825-1891) y la princesa Isabel (1846-1921).

El cura, con hábitos especiales dorados y un bonete, estaba acompañado de monaguillos que lanzaban incienso con botafumeiros. Y aunque hizo parte de la ceremonia de espaldas y en latín, alabó en portugués el «pasado glorioso de reyes, emperadores y santos» que, a su ver, encarnan los descendientes imperiales.

Muchos asistentes reivindicaban también con nostalgia esa época «de oro» y estaban convencidos de que países como Noruega, Bélgica, España o Suecia son mucho más avanzados gracias a sus reyes.

«Brasil, en realidad perdió el norte a partir de la caída de la monarquía. A partir de ahí, todo comenzó a ir mal», dijo Uilian Martins, un pedagogo de 33 años del estado amazónico de Rondonia (oeste).

La familia imperial es «muy buena, gente seria, honesta. Es lo que Brasil está necesitando, pero muchos creen erróneamente que si vuelve la monarquía es como si volviese la esclavitud», abolida en 1888 por la princesa Isabel, afirma Jose Dearimatea, un jubilado de 83 años, vestido con un elegante traje negro.

Casi como si viera una película, Ana Paula Logrado, una administradora de 41 años que quería visitar la iglesia, no daba crédito al evento y ofrecía un contrapunto a la retórica imperial: «Creo que la corrupción que vivimos empezó, en realidad, en esa época».

El «charm»

Aunque solo un 10% de los brasileños se pronunciaron por la restauración de la monarquía en una consulta popular en 1993, Don Bertrand está convencido de que hoy en día esa opción sería mayoritaria.

El brasileño, dice, es «indirectamente» monárquico y prueba de ello son ‘O Rei’ Pelé o las ‘reinas’ de batería de las escuelas de samba.

La propuesta que hace la Casa Imperial de Brasil es implantar una monarquía parlamentaria que dé «estabilidad» y «unión» al país.

«La monarquía tiene cierto ‘charm’ que la República no tiene», defiende Don Bertrand, que considera que el PT de Lula es «una secta». En cuestiones de sociedad, se declara contrario al matrimonio gay y cree que el racismo no existe en Brasil.

Pero no es oro todo lo que reluce, ni siquiera en la Casa Imperial: el príncipe vive desde hace años en Sao Paulo principalmente de donaciones y apoyado por el trabajo voluntario de seis personas, porque el «laudemio» fue concedido a otra rama de la familia que les disputó el trono inexistente hace años.

En realidad, si su sueño se cumpliera, no debería ser Don Bertrand quien reinara. Teóricamente, lo haría su hermano mayor, Don Luiz, soltero y sin hijos como él.

Pero Don Luiz, cuyos 80 años fueron festejados con un banquete tras la misa en su ausencia, hace tiempo que no participa en actos públicos por motivos de salud. Los ojos de los monárquicos están puestos en Don Bertrand.

Y para el principal interesado, el sueño no parece tan lejano. «Esto es un fruto que está madurando. Nadie sabe cuándo se concretará, pero yo estoy seguro que veré el regreso de la monarquía con mis ojos», vaticina el príncipe. (04/06/2018)

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El improvisado ‘fortín’ de Lula: resistencia y samba en una sede sindical

"Ayudar a Lula es ayudar al pueblo. Vamos a resistir con él", dice Nagela Royani, una joven del Movimiento de Trabajadores Sin Techo (MTST) de 25 años, tendida en un colchón frente a la sede sindical.

/ 8 de abril de 2018 / 02:46

Fue la institución que lo vio crecer como líder sindical durante la dictadura militar, la que lo acabó propulsando a la presidencia de Brasil y, más recientemente, el escenario para el velorio de su esposa.

El Sindicato de Metalúrgicos de Sao Bernardo do Campo, en el cinturón obrero de Sao Paulo, está íntimamente ligado a la vida del expresidente Luiz Inácio Lula da Silva y, en uno de sus momentos más difíciles, se ha convertido ahora en un improvisado «fortín» donde intenta protegerse de la cárcel.

«Ayudar a Lula es ayudar al pueblo. Vamos a resistir con él», dice Nagela Royani, una joven del Movimiento de Trabajadores Sin Techo (MTST) de 25 años, tendida en un colchón frente a la sede sindical.

Custodiado por centenares de seguidores que tratan de hacer un cordón humano a su alrededor, el líder de la izquierda, de 72 años, está aislado en la segunda planta del edificio desde que un juez emitió el jueves su orden de encarcelamiento de más de 12 años por corrupción, ignorando su invitación a entregarse.

Donde está Lula solo pueden entrar dirigentes políticos, sus abogados, algunos representantes de movimientos sociales, familiares o aquellos que logren convencer a los vigilantes después de hacer una larga cola y, con suerte, quizás llevarse una ‘selfie’ de regalo.

La prensa, recibida con reservas en este ‘bunker’ donde casi todos culpan parcialmente de esta situación «injusta» a los medios conservadores brasileños, se tiene que contentar con tomas de Lula en sus saludos esporádicos a través de la ventana.

El silencio que mantiene el que fue el presidente más popular de la historia de Brasil (2003-2010), y favorito para las elecciones presidenciales de octubre, contrasta con el barullo del funk, la canción protesta y los discursos que salen a toda hora del carro de sonido a las puertas del sindicato, hoy un verdadero hervidero.

Prepararse para la vigilia

Militantes de izquierda, del Movimiento de trabajadores rurales Sin Tierra (MST) o estudiantes llegados de todas partes de Brasil entran y salen sin restricciones de este edificio de cristal, casi sin muebles y completamente empapelado de carteles que dicen «No a la prisión de Lula».

Tendido en el suelo del ‘hall’ y usando su mochila como almohada, Flavio Bento, un estudiante de historia de 25 años, trata de reponerse del viaje de más de siete horas que hizo de madrugada desde Rio de Janeiro en un autobús de la Unión de Juventudes Socialistas.

En su mochila, solo lleva unas camisetas, un jersey y banderas que usará como colchón. Otros trajeron reservas de ‘leche de magnesio’ para protegerse de eventuales bombas lacrimógenas, en caso que llegara la policía.

«Siempre hay que estar preparados. Vivimos en un estado de excepción en el que la Constitución fue rasgada. Y nosotros siempre decimos: no tenemos miedo de morir, la revolución debe seguir», asegura este joven, el primero en su familia en acceder a la universidad, gracias a las becas que Lula creó.

Indignadas, pero más tranquilas estaban -escaleras arriba- las mujeres del grupo de Clara Piñol, una jubilada de 64 años que discutía la situación de Lula en unas mesas de plástico de la tercera planta, de las cuatro que tiene el sindicato, comunicadas todas con un gran patio interior.

«Este rincón aquí ya es como si fuera mío. Muchos jóvenes duermen en el escenario de madera, pero si yo lo hago ya no me levanto. Así que, simplemente, no duermo pero quiero estar aquí», explica Piñol, que se turnó la vigilia del jueves con otros compañeros del Partido de los Trabajadores (PT).

Pese a la preocupación por una eventual incursión policial para detener a Lula, una roda de samba en vivo empieza a sonar en el escenario, y resuena incluso en el restaurante repleto de la última planta.

Ulises de Castro, un operario de una fábrica de automóviles, de 50 años, baila animadamente con dos compañeros en la pista.

«Es una manera del sindicato de llevar alegría al pueblo. Aquí hay gente que lleva muchas horas sin descansar, sin comer, sin asearse… estamos muy preocupados y momentos como este nos ayudan a estar más unidos», aseguró.

Como un bálsamo, de fondo, el estribillo de un famoso samba dice: «Tristeza, por favor vá embora (Tristeza, por favor, vete)». (07/04/2018)

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Recursos judiciales y movilizaciones intentan impedir la detención de Lula

Sus defensores solicitaron a la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas que intervenga ante el gobierno brasileño para impedir el encarcelamiento de Lula hasta que sus objeciones sean analizadas.

/ 6 de abril de 2018 / 16:14

La defensa de Luiz Inácio Lula da Silva pidió este viernes ante la justicia brasileña y ante la ONU medidas cautelares que impidan que el expresidente brasileño sea arrestado si no se presenta antes de las 17.00 (16.00 hora boliviana) en Curitiba para empezar a cumplir una pena de más de doce años de cárcel por corrupción.  

El exmandatario de izquierda, favorito de cara a las elecciones de octubre pasó la noche en el Sindicato de Metalúrgicos de Sao Bernardo do Campo (en el cinturón industrial de Sao Paulo), frente al cual permanecieron en vigilia decenas de simpatizantes durante toda la noche.

En varias ocasiones, Lula se asomaba a una ventana para saludarlos, levantando gritos de «íLula inocente, Lula presidente!».

A media mañana, el grupo se fue incrementando, hasta llegar a unas dos mil personas, comprobó una periodista de la AFP.

«Estaremos aquí el tiempo que haga falta. Hay gente decidida a todo», dijo Luciano Oliveira, de 24 años. «El presidente no debe entregarse, porque uno se entrega cuando hizo algo errado y él no es culpable».

  • Simpatizantes del expresidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva se manifiestan este viernes al interior del sindicato de los metalúrgicos en Sao Bernardo do Campo. Foto: EFE

Unos metros más cerca de la entrada principal del sindicato, Renata Swiecik, una cajera desempleada de 31 años y madre de cuatro hijos, está igualmente determinada. «Estamos aquí para resistir hasta el fin. Lula no será encarcelado y volverá a ser presidente para ayudar al pueblo».

Lula, de 72 años, fue condenado a doce años y un mes de cárcel por corrupción pasiva y lavado de dinero, como propietario de un apartamento ofrecido por una constructora para obtener contratos en Petrobras.

Pero el exmandatario (2003-2010) se declara inocente y denuncia una conspiración político-judicial para impedir que vuelva al poder.

El exsindicalista se encuentra ahora ante una de las disyuntivas más dramáticas de su vida, desde que el juez anticorrupción Sergio Moro emitiera la víspera una orden de detención, concediéndole, «en consideración de la dignidad del cargo que ocupó, la oportunidad de presentarse voluntariamente» ante la Policía Federal de esa ciudad en un plazo de 24 horas.

Pero sus defensores presentaron al Supremo Tribunal de Justicia (STJ) una medida cautelar que bloquee la orden de arresto, alegando que ésta fue emitida sin que el tribunal de apelación de Porto Alegre analizara las objeciones presentadas contra el rechazo inicial de los recursos.

También solicitaron a la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas que intervenga ante el gobierno brasileño para impedir el encarcelamiento de Lula hasta que sus objeciones sean analizadas.

Lula estuvo 31 días detenido en 1980, cuando dirigía las grandes huelgas obreras contra la dictadura militar (1964-1985).

Movilizaciones

El Partido de los Trabajadores (PT), del exmandatario, convocó a una «movilización general» contra la detención de su líder.

El Movimiento de Trabajadores rurales Sin Tierra (MST) inició por su lado una campaña de cortes de carreteras, para expresar su «indignación contra la inminente detención del compañero Lula».

Informes de prensa señalaron piquetes de carreteras en varios estados, como Minas Gerais o Sao Paulo.

«Lula va a tener que resistir hasta el fin. No huirá. Y este pueblo no lo entregará. Vamos a cerrar la calle, permanecer en la puerta y enfrentar a la policía. ¿Por qué no?», dijo a la AFP Adimir José da Silva, de 57 años, miembro del sindicato ferroviario ABC.

Otros manifestantes se mostraban más prudentes.

«Lula tendrá que resistir, pero en algún momento tendrá que entregarse. Los militantes aceptaremos cualquier decisión que él tome», afirmó Michelle Baza, una farmacéutica de 37 años, militante del PT.    

¿Candidato entre rejas?

Paradójicamente, la ley brasileña permitiría que Lula hiciera precampaña desde la cárcel, ya que su postulación solo podría ser invalidada en agosto por la justicia electoral, que impide participar en comicios a personas condenadas en segunda instancia, como es su caso desde enero.

El PT podría verse forzado a cambiar de candidato a último momento.

En ese caso, quedaría por ver cuál es su capacidad de transferir votos a otros candidatos de izquierda, para unas elecciones que se anuncian como las más inciertas desde la restauración de la democracia en 1985. (06/04/2018)

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El cerco judicial se cierra sobre Michel Temer en Brasil

Brasil vive en estado de conmoción política desde que el miércoles el diario O Globo reveló una conversación entre Temer y Joesley Batista, en la que el jefe de Estado da su "anuencia" al pago de un soborno para comprar el silencio del exdiputado Eduardo Cunha, encarcelado por corrupción.

/ 19 de mayo de 2017 / 21:39

El presidente Michel Temer fue acusado por la Fiscalía de Brasil de tentativa de obstrucción a la justicia, en un nuevo golpe para el mandatario conservador que el viernes trataba de impedir una desbandada de aliados para permanecer en el cargo.

Según la Fiscalía General, Temer habría actuado en coordinación con el senador Aécio Neves, suspendido el jueves, para poner palos en las ruedas de la Operación Lava Jato, que investiga una vasta red de sobornos en la estatal Petrobras.

«Se verifica que Aécio Neves, en articulación, entre otros, con el presidente Michel Temer, buscaron impedir que avancen las investigaciones de Lava Jato, sea a través de medidas legislativas o por medio del control de nombramientos de los comisarios de la policía que conducirían las investigaciones», afirma el fiscal general, Rodrigo Janot, en su pedido para que la corte suprema autorice la investigación, al que accedió la AFP.

«De esta manera, se vislumbra igualmente la posible práctica de delito de obstrucción a la Justicia», concluye.

Las acusaciones se basan en delaciones premiadas de ejecutivos del gigante mundial de la alimentación JBS, entre ellos sus dueños Joesley y Wesley Batista.

Brasil vive en estado de conmoción política desde que el miércoles el diario O Globo reveló una conversación entre Temer y Joesley Batista, en la que el jefe de Estado da su «anuencia» al pago de un soborno para comprar el silencio del exdiputado Eduardo Cunha, encarcelado por corrupción.

«Se desprende de los elementos recolectados el interés de Temer en mantener a Cunha controlado», señala el texto.

En esa reunión, Temer también indicó a Batista que podía contactar al diputado Rodrigo Rocha Loures, un estrecho aliado, para discutir temas de interés de su grupo empresarial. Las autoridades registraron luego a Batista y Loures discutiendo delitos como garantizar la coincidencia de versiones de acusados en el caso Petrobras o la compra de su silencio.

El jefe de Estado, de 76 años, rechazó tajantemente esas acusaciones, así como los llamados a que presente su renuncia.

Alarmas

Los mercados encendieron sus alarmas ante la posibilidad de que la agitación política bloquee el avance de las medidas de austeridad impulsadas por Temer, como la elevación de la edad de las jubilaciones y la flexibilización laboral.

La Bolsa de Sao Paulo se hundió el jueves casi un 9% y el real se devaluó fuertemente frente al dólar. Este viernes, el mercado accionario recuperó algo de terreno, llegando a subir más de 2,7%, aunque después del anuncio del pedido de investigación contra Temer redujo las ganancias a 1,8%.

El mandatario se reunió el viernes por la mañana con sus asesores legales y desplazó para la tarde una audiencia con el ministro de Defensa, Raúl Jungmann, y con los mandos militares.

«El gobierno está trabajando en tres frentes para volver a la normalidad después de la crisis: político, judicial y económico. El propio presidente forma parte de las negociaciones con la base aliada», dijeron a la AFP fuentes del Palacio presidencial de Planalto.

La crisis se produce un año después de la caída de la presidenta de izquierda Dilma Rousseff, acusada por el Congreso de manipular las cuentas públicas. Ese impeachment posibilitó la llegada al poder de Temer, que era su vicepresidente, para completar el mandato hasta fin de 2018.

Una misión que parece cada vez más cuesta arriba.

Presiones

Temer enfrenta desde el jueves ocho pedidos de impeachment, aparte de un proceso en la justicia electoral que podría anular los comicios de 2014, por presuntos aportes de campaña de la constructora Odebrecht, una de las principales implicadas en el escándalo Petrobras.

La presión social también crece. Miles de personas gritaron el jueves «íFora Temer!» en Rio de Janeiro, Sao Paulo y Brasilia y hay más manifestaciones previstas para el fin de semana.

La exministra y senadora ecologista Marina Silva, que en las presidenciales de 2014 obtuvo casi 20% de los votos, declaró que Temer «no está en condiciones de gobernar».

Y el expresidente del STF Joaquim Barbosa comentó en su cuenta de Twitter: «No hay otra salida: los brasileños tienen que movilizarse, ir a las calles y reivindicar con fuerza: la renuncia inmediata de Michel Temer».

El diario O Globo se unió al coro con un duro editorial: «La renuncia es una decisión unilateral del presidente. No es lo mejor para sí mismo, pero sí para el país».

Un eventual impeachment solo prosperará si la coalición que apoya a Temer, o al menos una parte de ella, le da la espalda.

«Por eso la primera cuestión es saber si los partidos que forman la base del gobierno dejarán el gobierno», dijo a la AFP Thomaz Pereira, profesor de derecho constitucional en la Fundación Getulio Vargas en Rio.

Por ahora, su gabinete solo sufrió una baja: el ministro de Cultura, Roberto Freire, que renunció al cargo el mismo jueves. (19/05/2017)

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