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Las elecciones de Estados Unidos, ante la justicia

Los republicanos alegan que algunos de esos cambios se aplicaron indebidamente y para favorecer a los demócratas.

Joe Biden, en conferencia de prensa. Foto: AFP

/ 4 de noviembre de 2020 / 22:41

Demócratas y republicanos se preparaban el miércoles para librar una batalla judicial para determinar el ganador de las elecciones entre el presidente Donald Trump y su rival, Joe Biden.

Ya en las primeras horas del miércoles, cuando los resultados aún no eran muy claros en varios estados, Trump dijo estar listo para pedir a la Corte Suprema de Justicia que resuelva las disputas sobre el recuento de los votos.

Su equipo de campaña pidió un recuento de votos en Wisconsin, donde según la prensa ganó Biden, e impugnó las votaciones en Michigan y Pensilvania, tres estados claves para las aspiraciones de ambos candidatos.

La determinación de Trump de cuestionar resultados reavivó la hipótesis de que, como en 2000, la justicia decida cómo los estados pueden escrutar los sufragios o hacer recuentos.

Pandemia y voto por correo

Las acciones legales del equipo de Trump atacan un aspecto característico de los comicios de este año: el hecho de que decenas de millones de electores recurrieran al voto por correo debido a la pandemia de covid-19.

El coronavirus obligó a los estados, responsables de fijar sus normas electorales, a promover el sufragio postal y a cambiar las reglas sobre cómo y cuándo se iban a recoger, verificar y contabilizar.

Para responder al flujo de millones de votos emitidos por correo, congresos estatales y autoridades electorales extendieron el plazo de recepción de sufragios debido a la sobrecarga del servicio postal, prolongaron el tiempo de conteo de esos votos y dieron otros pasos para facilitar el proceso.

Los republicanos alegan que algunos de esos cambios se aplicaron indebidamente y para favorecer a los demócratas.

En Pensilvania, la campaña de Trump anunció que se iba a sumar a una demanda presentada por los republicanos antes de las elecciones sobre la extensión del plazo para recibir el voto postal en ese estado.

Si ganan esa batalla legal, podrían descalificarse decenas de miles de votos entregados a las autoridades electorales después del día de las presidenciales.

La Corte Suprema de Pensilvania ya dictaminó que era legal la extensión de plazo, y el caso llegó la semana pasada a la Corte Suprema federal, que se negó a implicarse en ese asunto.

El alto tribunal dejó, sin embargo, la puerta abierta para un recurso después de las elecciones.

El equipo del Presidente también anunció que presentó una demanda para detener temporalmente el escrutinio en Pensilvania, alegando que el proceso estaba siendo ocultado por los demócratas. En Filadelfia, sin embargo, el conteo se difundía en directo.

En Michigan, la campaña del presidente también pidió parar el recuento porque, según afirmó, no se le había dado un «acceso significativo» al proceso.

¿Puede decidirse una elección en las cortes?

Sí. En el año 2000, las elecciones entre el republicano George Bush y el demócrata Al Gore dependieron del estado de Florida.

Bush tenía una ventaja de apenas 537 votos sobre seis millones en el estado y hubo numerosos problemas con las papeletas, una tarjeta que los votantes tenían que perforar. El equipo de Gore solicitó por tanto un recuento de los sufragios en Florida.

La campaña de Bush llevó el caso a la Corte Suprema de Estados Unidos, que decidió detener el recuento de los votos, lo que le dio la victoria definitiva al republicano.

Los expertos aseguran que esas demandas sólo pueden resultar útiles si se centran en un problema real y la distancia entre los dos candidatos es reducida.

Derek Muller, profesor de derecho de la Universidad de Iowa, cree que ningún candidato presentará demandas si está significativamente a la zaga en varios estados.

«Si eso ocurre en un solo estado», dice, «entonces sí espero litigios». Pero si el margen de diferencia es de dos o tres puntos porcentuales -unos 100.000 votos en el caso de Pensilvania- «es bastante difícil litigar», añade.

Una Corte cautelosa

La Corte Suprema ha sido muy cautelosa en cuanto a involucrarse en asuntos electorales que son regidos por leyes de los estados.

Y su decisión de 2000 que definió la presidencia en favor de George W. Bush dejó muchas preguntas sin respuesta sobre el sistema de votación de Florida, por lo que la Corte se cuida ahora de dañar su imagen ante la sociedad.

Un pleito electoral pondría bajo los reflectores a los seis miembros conservadores y tres progresistas de la Corte Suprema.

Esas luces expondrían especialmente a la jueza Amy Coney Barrett, que fue escogida por Trump y se sumó al cuerpo hace escasos días.

Trump dijo reiteradamente que apuró la designación de Barrett en parte para que estuviera en funciones en caso de problemas en las elecciones.

«La Corte Suprema no tiene que intervenir», dijo Muller. «Creo que se necesitaba en 2000 pero no está necesariamente claro que sea lo mismo ahora», afirmó.

(04/11/2020)

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Flynn, un general de EEUU caído en desgracia por sus mentiras

El ex director de inteligencia militar, conocido su indulgencia con Rusia, su línea dura contra el extremismo islámico y su respaldo al presidente turco Recep Tayyip Erdogan, era una de las escasas figuras de la defensa estadounidense que apoyó a Trump en la campaña presidencial de 2016.

Michael Flynn despues de su declaración.

/ 1 de diciembre de 2017 / 19:43

Michael Flynn, exconsejero de Seguridad Nacional del presidente Donald Trump, era un brillante oficial de inteligencia cuya reputación se derrumbó tras revelarse que mantuvo contactos con funcionarios rusos y que mintió al respecto.

El ex director de inteligencia militar, conocido su indulgencia con Rusia, su línea dura contra el extremismo islámico y su respaldo al presidente turco Recep Tayyip Erdogan, era una de las escasas figuras de la defensa estadounidense que apoyó a Trump en la campaña presidencial de 2016.

«Estoy encantado de que el general Michael Flynn esté a mi lado ahora que trabajamos para vencer al terrorismo islámico radical», había dicho Trump al anunciar la nominación del militar como consejero de Seguridad Nacional en noviembre de 2016.

Pero la luna de miel duró poco. Tras asumir el cargo casi a la par que Trump asumía la presidencia el 20 de enero, Flynn fue obligado a renunciar el 13 de febrero debido a sus contactos secretos con el embajador de Moscú en Washington, Sergei Kislyak, antes y después de las elecciones de 2016.

Por esa época, cuando el gobierno de Barack Obama ordenaba nuevas sanciones contra Rusia por su presunta injerencia en las elecciones estadounidenses, Flynn también habría asegurado al diplomático ruso que Trump sería menos severo con Moscú una vez que llegara a la Casa Blanca. 

Con Moscú contra los yihadistas

Este viernes, Flynn se declaró culpable de mentir a los investigadores del FBI ante un juez. El fiscal especial, Robert Mueller, lo acusó de mentir «obstinadamente y a sabiendas».

El militar siempre fue partidario de un acercamiento a Rusia y China, incluso apareciendo junto al presidente Vladimir Putin durante una cena en Moscú en diciembre de 2015, organizada por el canal de televisión ruso RT.

«Derrotamos a Hitler debido a nuestra relación con los rusos, entonces verla como una relación necesaria para nuestros intereses comunes y contra el grupo Estado Islámico (…) es la verdadera posición que tengo sobre Rusia», dijo Flynn en una entrevista con The Washington Post a principios de 2016.

De rasgos duros y nariz aguileña, Flynn defendió también una línea más agresiva contra el islamismo, acusando al gobierno de Obama de haberse mostrado poco enérgico ante esa amenaza, e incluso llegó a ser calificado de islamofóbico por sus detractores.

«Tenemos un problema con el islamismo radical y podemos trabajar» con los rusos «contra este enemigo», expresó.

En un libro publicado en 2016, el general también defendió la idea de que los países musulmanes deberían ser forzados a identificar y erradicar los movimientos islamistas radicales que, según él, están haciendo «metástasis» en todo el mundo.

Apoyo a Erdogan

Hijo de un banquero de la costa oeste y nacido en diciembre de 1958, Flynn tuvo una carrera militar muy diversa, pasando de trabajar en inteligencia a servir en Irak y Afganistán, donde dirigió la unidad de inteligencia de las fuerzas de la coalición internacional dirigida por Estados Unidos.

En 2012, el entonces presidente Obama lo nombró jefe de la inteligencia militar (DIA, en inglés), con unos 16.500 funcionarios. Pero fue obligado a renunciar a sus funciones menos de dos años después, debido a problemas en la entidad y a sus conflictos con el Ejecutivo.

Tras ese episodio arremetió incansablemente contra el gobierno de Obama y, más tarde, contra la entonces candidata demócrata a la presidencia Hillary Clinton, llegando a pedir que la encarcelaran ante los simpatizantes de Trump durante la campaña.

Los expertos de seguridad nacional critican a Flynn por sus posturas monolíticas, con las que debilitó relaciones muy estables y beneficiosas para Estados Unidos. Asimismo fue criticado por su apoyo al presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan.

A inicios de noviembre, la prensa estadounidense reveló que los investigadores del fiscal Mueller estaban interesados particularmente en una reunión entre Flynn, su hijo Michael y altos responsables del gobierno turco.

El objetivo de la reunión, realizada tras la victoria de Trump en las presidenciales, era negociar la extradición del opositor turco Fethullah Gulen, quien es acusado por Ankara del fallido golpe de estado de 2016 y reside en Estados Unidos.

Pero la embajada de Turquía en Washington consideró que las acusaciones son «ridículas». (01/12/2017)

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Expertos advierten que política energética de Trump puede hacer caer los precios

A diferencia de su predecesor demócrata Barack Obama, que priorizó las energías renovables, el próximo mandatario republicano promete relanzar la extracción de carbón y facilitar aún más la explotación de combustible fósil.

Donald Trump pretende relanzar la extracción de carbón durante su gobierno. Foto: Economía chilena

/ 15 de noviembre de 2016 / 14:08

La estrategia del presidente electo Donald Trump en materia de política energética, en favor de reimpulsar la producción estadounidense de petróleo, gasolina y carbón, podría hacer caer los precios, señalan los analistas.

A diferencia de su predecesor demócrata Barack Obama, que priorizó las energías renovables, el próximo mandatario republicano promete relanzar la extracción de carbón y facilitar aún más la explotación de combustible fósil.

Trump también garantizó eliminar las leyes que limitan el «fracking», apoyar la construcción del oleoducto Keystone XL entre Canadá y Estados Unidos que Obama bloqueó, permitir la explotación de más áreas –principalmente en Alaska– y acabar con la ley sobre la contaminación atmosférica (Clean Power Plan, en inglés).

«Producir más energía estadounidense es una parte central de mi plan para que Estados Unidos vuelva a ser rico», dijo Trump durante una conferencia sobre «fracking» (fracturación hidráulica) en septiembre.

«Voy a eliminar las restricciones sobre la energía estadounidense y permitir que esta riqueza llegue a nuestras comunidades», señaló.

 Superproducción mundial     

Los expertos advierten que esta estrategia puede exacerbar la actual superproducción mundial. Los precios del petróleo cayeron en 2014 por la alta producción estadounidense alentada por el «fracking», que permite llegar a reservas de difícil acceso.

La producción nacional pasó de 5,5 millones de barriles por día en 2010 a 9,6 millones en 2015. Esto provocó que el país redujera sus importaciones y que los precios en el mercado mundial se deshincharan de forma automática.

La producción de Estados Unidos se sitúa desde entonces por debajo de los 9 millones de barriles por día, pero las cotizaciones del crudo siguen bajas por el alto rendimiento de países como Irak, Libia, Arabia Saudita e Irán.

Abrir más áreas para la explotación impulsará de nuevo la producción y, por ende, conllevará otra bajada de precios.

«El petróleo de esquisto puso en el mercado una cantidad increíble de crudo nuevo», subraya Sam Ori, director del instituto de estudios energéticos de la Universidad de Chicago.   «El principal reto de la industria del petróleo son los precios», insiste.

Para el analista Carl Larry, de la firma Frost & Sullivan, en cambio, la producción de petróleo estadounidense sólo tiene futuro si se reducen las importaciones. En su opinión, una manera de hacerlo sería a golpe de impuestos.

Pero la explotación de esquisto puede penalizar también al carbón porque el gas natural así producido es más limpio y más fácil de transportar que la hulla que generaba el 50% de la producción eléctrica hace unos 15 años.

Unos 100.000 puestos de trabajo desaparecieron en las minas de los Apalaches, cordillera en el este de Estados Unidos, donde también sufrieron la competencia de yacimientos más fáciles de explotar, sobre todo en el estado de Wyoming (oeste).

Sin embargo, Trump prometió reactivar el sector de la hulla, una iniciativa que posiblemente lo ayudó para su victoria frente a su rival demócrata Hillary Clinton en varios estados del noreste del país.

Lo mejor que puede ocurrir es ralentizar el declive del carbón, afirma Ori. «Nada de lo que haga el gobierno de Trump cambiará eso», apunta.

¿Renovables amenazadas?     

Las energías verdes pueden sufrir las consecuencias de las políticas que adopte Trump desde la Casa Blanca, después de haber recibido grandes incentivos fiscales y subvenciones federales durante la era Obama.

De todas formas, algunos expertos reiteran que las renovables ya pueden garantizar su rentabilidad sin ayudas. Texas, principal productor de petróleo en Estados Unidos, recurre con frecuencia a la energía eólica y solar para obtener electricidad.

«El sector de las renovables es realmente competitivo en materia de precios», destaca Greg Wetstone, presidente del consejo estadounidense sobre las energías renovables. «La elección [de Trump] no cambiará nada».

El principal riesgo para las renovables, sector que emplea a unas 300.000 personas, sería una nueva caída de los precios del gas natural.   «Es un sector importante y no hay motivo para sacarle importancia a su crecimiento y a su tasa de empleo», cuenta Wetstone.

(15-11-2016)

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