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miércoles 22 jun 2022 | Actualizado a 22:22

‘Estamos sufriendo’: los rostros del descontento en las protestas de Ecuador

Margarita Malaver, de 35 años, recorrió unos 270 km en camión desde la capital amazónica de Puyo hasta Quito porque la vida "está dura".

/ 22 de junio de 2022 / 22:21

Más de 10.000 indígenas de Ecuador dejaron sus territorios y llevaron su descontento hasta Quito. En diez días de protestas le reclaman al gobierno del presidente Guillermo Lasso, un exbanquero de derecha, por el alto costo de la vida.

Convocados por la poderosa Confederación de Nacionalidades Indígenas (Conaie), los manifestantes exigen la reducción del precio del combustible, suspender concesiones mineras en territorios nativos y el control del precio de los productos agrícolas.

Cuatro manifestantes le contaron a la AFP sus razones para protestar en la capital:

En «guerra»

Margarita Malaver, de 35 años, recorrió unos 270 km en camión desde la capital amazónica de Puyo hasta Quito porque la vida «está dura».

Es una indígena kichwa-sarayaku, oriunda de la aldea selvática de Sarayaku, provincia de Pastaza (sureste), una región que dejó hace 15 años en busca de trabajo. Ahora lava ropa de otros para sobrevivir juntos a sus tres hijos en Puyo.

Quiero «que bajen los precios, que no sea muy cara la vida», dice la mujer que trae el rostro pintado con figuras negras como símbolo de «guerra», según cuenta.

Al mes recibe un bono estatal de 50 dólares destinado a los más pobres que «alcanza para la comida». Con el dinero de su trabajo junta para los útiles escolares y el arriendo de vivienda, por la que paga 80 dólares.

La canasta básica en Ecuador, para un hogar de cuatro miembros, es de 735 dólares. Hace un año era de 710 dólares.

En Sarayaku «no hay trabajo», dice Malaver.

Como ella, miles claman por mayor empleo y presupuesto para salud y educación.

Sin cuadernos

La inseguridad obligó a Carlos Nazareno, de 31 años, a abandonar su natal provincia costera de Esmeraldas (norte) para buscar mejores días en Pastaza. Ahí se unió a la guardia indígena, con quienes protesta en Quito, lanza en mano y cara pintada.

El afroecuatoriano fabrica y vende muebles de bambú. Cuando le va bien gana unos 300 dólares, menos que el salario básico (425 dólares).

Alcanza «apenas para comer, no alcanza para la lista de útiles de mis hijos (…) van apenas con dos cuadernos» a la escuela, relata Nazareno, padre de cuatro.

Y a veces en «una semana entera no se vende» nada.

«Los hijos piden y yo no tengo cómo, mi moto (está) parada porque no tengo para combustible ni para ir a buscar comida en otro lado», sentencia.

En casi un año, el diésel subió un 90% (a 1,90 dólares) y la gasolina corriente un 46% (a 2,55). La Conaie exige reducir los precios a 1,50 y 2,10 dólares, respectivamente.

Hambre

La indígena kichwa Nele Cuchipe, de 52 años, cuida a dos nietos desde que murió el mayor de sus siete hijos. Su misión, dice, es darles educación en medio de la situación precaria que vive la aldea de Insiliví, en la andina Cotopaxi (sur), sumida en la pobreza.

El resto de sus hijos no tiene empleo.

Y aunque tiene cultivos de papa, un tipo de grano llamado chocho y cebada, apenas le permiten subsistir por el aumento de precios de productos como el aceite, la manteca y el abono para la tierra.

Ahora reniega del voto que le dio a Lasso en las elecciones de 2021.

Pensamos que «como es banquero, es empresario, ha de ser conveniente y nosotros hemos apoyado con voto, pero llegado el caso nos va a matar de hambre», lamenta.

La mujer se queja porque el gobierno no atiende el pliego de diez demandas que ha planteado la Conaie para dialogar.

«Estamos sufriendo por este gobierno que no quiere entender, que no reacciona nada. Hace sufrir a todos los indígenas que estamos luchando», afirma.

Sin ahorros

El trabajo como albañil no es suficiente para vivir, cuenta Rubén Chaluisa, de 30 años, habitante de la localidad de Zumbahua, en Cotopaxi. Los diez dólares diarios que le pagan se hacen agua el mismo día que los cobra.

Con su producción de papa, haba y un tubérculo conocido como melloco apaña el hambre de su esposa y dos hijos.

«No se alcanza a tener ahorros como las demás personas», se queja Chaluisa, que se protege del frío de la andina Quito con un poncho rojo.

Le preocupa que sus hijos repitan su historia de penurias. Chaluisa empezó a trabajar a los 12 años y apenas pudo terminó la escuela primaria.

Deseo «que no sufran como nosotros, que sean un poquito más avanzados (preparados) que nosotros para no estar sufriendo», sostiene.

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Lasso rehúsa levantar estado de excepción y aviva protesta indígena en Ecuador

Este miércoles el gobierno de Ecuador rechazó el pedido indígena de derogar el estado de excepción que rige en seis de las 24 provincias y en la capital ecuatoriana.

Choques en Quito. Foto: AFP

/ 22 de junio de 2022 / 18:59

Ríos de manifestantes aumentan la presión en las calles militarizadas de Quito. Los indígenas y el gobierno ecuatoriano miden fuerzas sin que aún se vislumbre una salida a diez días de crisis con protestas que dejan dos muertos y decenas de heridos.

Este miércoles el gobierno de Ecuador rechazó el pedido indígena de derogar el estado de excepción que rige en seis de las 24 provincias y en la capital ecuatoriana.

Ante la negativa oficial, el movimiento de protesta volvió a la carga para exigir una reducción de los precios de los combustibles, entre otras acciones que amortigüen el costo de la canasta básica.

Llegados de varios puntos, cerca de 10.000 indígenas están en Quito desde el lunes. A su paso van quemando neumáticos y armando barricadas con troncos de árboles. Alambres de púas, vallas y militares protegen la sede presidencial. La ciudad está semiparalizada.

El gobierno del presidente Guillermo Lasso tiene las «manos manchadas de sangre», lanzó el indígena Leonidas Iza, líder de la movilización, frente a la represión que denuncian los manifestantes.

Entre lunes y martes han muerto dos personas en medio de las protestas, según la Alianza de Organizaciones por los Derechos Humanos, que además registra 90 heridos y 87 detenidos desde el 13 de junio. De acuerdo a la policía, hay 101 efectivos y soldados heridos.

No obstante Iza, presidente de la poderosa Confederación de Nacionalidades Indígenas (Conaie), dijo que está dispuesto al «diálogo» sin intermediarios y bajo «veeduría» que garantice «resultados».

«Vivimos en crisis»

Como punto de partida, la Conaie quiere que se levante el estado de emergencia bajo el cual militares salieron de los cuartes y se decretó un toque de queda nocturno en Quito.

Pero el ministro de Gobierno, Francisco Jiménez, fue rotundo: «No podemos levantar el estado de excepción porque eso es dejar indefensa a la capital, y ya sabemos lo que sucedió en octubre de 2019 y no lo vamos a permitir», advirtió en entrevista con el canal Teleamazonas.

Con los acercamientos en puntos muertos, las protestas avanzan en el resto del país. El martes, un ataque a instalaciones policiales en la localidad amazónica de Puyo dejó un muerto y seis uniformados con heridas graves, según el ministerio del Interior.

Dieciocho policías están «desaparecidos» y tres más fueron «retenidos» por indígenas, añadió el jefe de la cartera, Patricio Carrillo, en rueda de prensa este miércoles.

Estamos «demasiado enojados con el gobierno», dijo a la AFP Olmedo Ayala, un indígena de 42 años que llegó a Quito desde la provincia de Cotopaxi.

«Vivimos en crisis económicamente en el campo, ahí no hay desarrollo, no tenemos fuentes de trabajo, solo somos agricultores y nuestras mujeres (viven) de sacar la leche» pero cada vez reciben menos dinero por ello, contó.

El diésel subió un 90% y la gasolina corriente un 46% en casi un año, lo que aumentó el costo de los fletes. Los indígenas aseguran que están cosechando a pérdida. Desde octubre pasado los precios están congelados por la presión social.

Al cabo de días de protestas, con corte de vías y movilizaciones, comienza a haber desabastecimiento, mientras en las calles retumba el grito de guerra de los indígenas: «ífuera Lasso, fuera!».

Llamado internacional

El mandatario, que asumió la presidencia en mayo de 2021, ve en las protestas un intento de sacarlo del poder. La Conaie lideró revueltas populares que forzaron la renuncia de tres mandatarios entre 1997 y 2005.

«Solo queremos Lasso fuera, porque no hace nada bueno (…) estamos sufriendo; estamos luchando», dijo la indígena María Vega (47).

En 2019, la Conaie también protagonizó marchas que duraron dos semanas y dejaron 11 muertos y más de 1.000 heridos en todo el país, así como pérdidas por 800 millones de dólares.

Sin mayor respaldo político, Lasso cuenta por ahora con el apoyo de los militares, que cerraron filas en torno al gobierno ante el «serio riesgo» que corre la «democracia en Ecuador», dijo el martes el jefe de Defensa, Luis Lara.

«Las Fuerzas Armadas no permitirán que se intente romper el orden constitucional o cualquier acción contra la democracia y las leyes», señaló el oficial en retiro rodeado de los mandos del Ejército, Marina y Fuerza Aérea.

En un tuit, el jefe de la diplomacia para América Latina de Estados Unidos, Brian Nichols, hizo un «llamado a todas las partes para que se abstengan de la violencia».

De su lado, la secretaría general de la Organización de los Estados Americanos (OEA) llamó a las partes a «entablar un diálogo» a partir del cual «se aborden los reclamos» de la Conaie.

«Es necesario que el sistema político dé inmediata respuesta en mejoras de subsidios, en la condonación de créditos vencidos, así como resolver el estado de emergencia en el sector salud y mejoras en el presupuesto de educación intercultural», añadió en un comunicado.

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ONU cree que terremoto en Afganistán destruyó 2.000 viviendas

El sismo sacudió una remota región fronteriza del este de Afganistán el miércoles, matando al menos a 1.000 personas, aunque se espera que el número de víctimas aumente

Edificios dañados tras el terremoto en el distrito de Gayan, provincia de Paktika, Afganistán

Por AFP

/ 22 de junio de 2022 / 13:05

La ONU calcula que el terremoto de Afganistán ha destruido unas 2.000 viviendas, y la falta de maquinaria está dificultando la búsqueda de supervivientes, dijo el miércoles un enviado de la organización.  

«Creemos que cerca de 2.000 casas han quedado destruidas», dijo a periodistas desde Kabul el coordinador humanitario de las Naciones Unidas para Afganistán, Ramiz Alakbarov.

El terremoto sacudió una remota región fronteriza del este de Afganistán el miércoles, matando al menos a 1.000 personas, aunque se espera que el número de víctimas aumente.  

Al informar a los periodista destinados a la sede de la ONU, en Nueva York, Alakbarov resaltó que el número de personas desplazadas sería mucho mayor, ya que «el tamaño medio de una familia afgana es de al menos siete u ocho personas» y que a veces varias familias viven en una sola casa.  

Alakbarov dijo que las «autoridades de facto» de Afganistán, los talibanes, habían desplegado más de 50 ambulancias y cuatro o cinco helicópteros en la provincia de Paktika, gravemente afectada, además de dar ayuda en efectivo a las familias de los fallecidos.  

Sin embargo, sugirió que la falta de maquinaria dificultaba los trabajos de rescate en la zona.

«Nuestros equipos no disponen de equipos específicos para sacar a la gente de debajo de los escombros. Esto tiene que depender principalmente de los esfuerzos de las autoridades de facto, que también tienen ciertas limitaciones en ese sentido», precisó. 

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Petro conversa con Venezuela para normalizar la situación fronteriza

El primer izquierdista en llegar a la presidencia de Colombia, no dio detalles sobre los alcances de su diálogo con Caracas.

Gustavo Petro (izq.) y Nicolás Maduro

Por AFP

/ 22 de junio de 2022 / 11:14

El presidente electo de Colombia, Gustavo Petro, dijo este miércoles que dialogará con el gobierno de Venezuela para abrir las fronteras entre ambos países, dónde hoy no se permite el paso de mercancías.  

«Me he comunicado con el gobierno venezolano para abrir las fronteras y restablecer el pleno ejercicio de los derechos humanos en la frontera», tuiteó el mandatario que asumirá el 7 de agosto.  

En campaña, Petro había anunciado que normalizaría las relaciones con el gobierno de Nicolás Maduro, que rompió relaciones con Colombia en 2019 luego de que Bogotá reconociera como presidente de Venezuela al opositor Juan Guaidó.  

En ese entonces, los pasos fronterizos oficiales quedaron clausurados y los ciudadanos de ambos países quedaron en manos de grupos ilegales que controlan peligrosos caminos clandestinos que abundan en la frontera de 2.200 kilómetros.

A finales de 2021 se reanudó el tránsito peatonal y fluvial, pero el paso de vehículos y mercancías sigue cerrado en la ciudad colombiana de Cúcuta, donde se encuentran los principales puentes fronterizos. 

Petro, el primer izquierdista en llegar a la presidencia de Colombia, no dio detalles sobre los alcances de su diálogo con Caracas.  

En los últimos años la frontera fue escenario de múltiples ataques de rebeldes contra la fuerza pública colombiana y de un atentado con ráfagas de fusil contra un helicóptero en el que viajaba el saliente mandatario conservador, Iván Duque.  

Duque ha acusado en varias ocasiones a Maduro de dar refugio a guerrilleros colombianos en su territorio, lo que Caracas niega.  

Colombia acoge a dos de los seis millones de venezolanos que han migrado por la crisis de su país, a los que Duque ha regularizado para que puedan trabajar y acceder a servicios públicos.

(22/06/2022)

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El futuro del Papa genera preocupación y especulaciones

Desde principios de mayo, el Papa de 85 años utiliza una silla de ruedas o un bastón, debilitado por un fuerte dolor en su rodilla derecha

Por AFP

/ 22 de junio de 2022 / 11:05

El frágil estado de salud del papa Francisco, que aplazó su viaje a África, alimenta los rumores sobre una posible dimisión, pero los expertos advierten que no hay que darla por sentada.

Su visita a República Democrática del Congo y a Sudán del Sur, prevista para inicios de julio, fue postergada indefinidamente, y muchos se preguntan si podrá cumplir con su viaje a Canadá, a finales de ese mes, tras vérsele haciendo muecas de dolor durante algunas apariciones públicas.  

El Vaticano dice que el viaje a Canadá se mantendrá «hasta nuevo aviso».  

Desde principios de mayo, el Papa de 85 años utiliza una silla de ruedas o un bastón, debilitado por un fuerte dolor en su rodilla derecha.  

Para aliviarlo, Francisco recibe regularmente inyecciones y sesiones de fisioterapia, según el Vaticano, que mantiene un perfil bajo sobre su salud.

El tratamiento «sigue su curso y está dando sus frutos», asegura una fuente del Vaticano. Sin embargo, estos raros cambios de última hora en la agenda de la Santa Sede han reavivado las preocupaciones sobre la capacidad de Jorge Bergoglio para gobernar y han despertado los rumores de una posible dimisión.

Esta teoría «regresa de manera cíclica», analiza el vaticanista italiano Marco Politi, autor del libro «Francisco, la peste y el Renacimiento».  

«Estos rumores son alimentados por los adversarios del papa que solo quieren ver la salida de Francisco», señala.

En 2014, el propio pontífice contribuyó a alimentar la hipótesis, al considerar que Benedicto XVI había «abierto una puerta» al renunciar a su cargo.

‘Frenesí mediático’

Algunos expertos matizan la posibilidad de una próxima salida. «En el entorno del papa, la mayoría no cree mucho en la posibilidad de una dimisión», dijo a la AFP una fuente del Vaticano.

«Desde el momento en que se empieza a decir que el papa está muy enfermo, pueden pasar muchos años: la enfermedad de Juan Pablo II empezó en 1993 y terminó en 2005», recuerda Alberto Melloni, historiador del cristianismo y secretario de la Fundación de Ciencias Religiosas.

«Son cosas en las que hay ganas de entender, de especular, pero hay poco que decir», añadió, lamentando un «desmesurado frenesí mediático en torno al papa y a la Iglesia».

El estado de salud de Francisco ya había alimentado las especulaciones cuando se sometió a una operación de colon en julio de 2021. El pontífice sufre de una ciática crónica y se tuvo que extirpar parte de un pulmón en su juventud.  

«Bajo Juan Pablo II, el progreso de la enfermedad era muy visible, hubo preguntas durante años» y «también había a menudo noticias falsas», recuerda el padre Federico Lombardi, antiguo director de la sala de prensa de la Santa Sede.

 «Con Benedicto XVI, fue más bien la debilidad de la edad la que progresó y lo llevó a la renuncia, de forma gradual», añade, refiriéndose al papa emérito, que ahora tiene 95 años y vive en un monasterio del Vaticano.

(22/069/2022)

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En el Ártico, el cambio climático pone en peligro el archipiélago de Svalbard

De repente, masas de nieve cayeron por la ladera de Sukkertoppen, la montaña que domina la ciudad, y arrastraron dos hileras de casas

un muro antiavalanchas que se construyó para proteger las casas en Longyearbyen

Por AFP

/ 22 de junio de 2022 / 10:55

Tor Selnes le debe la vida a una lámpara. Puedo agarrase a ella y sobrevivir a una avalancha de nieve que puso trágicamente de manifiesto la vulnerabilidad al cambio climático del archipiélago de Svalbard, situado en la región ártica que más rápido se calienta del mundo.

El sábado 19 de diciembre de 2015, a menos de una semana de la Navidad, Selnes, un asistente educativo de 54 años dormitaba en su casa de Longyearbyen, la capital de este archipiélago noruego, a medio camino entre la Noruega continental y el Polo Norte.  

De repente, masas de nieve cayeron por la ladera de Sukkertoppen, la montaña que domina la ciudad, y arrastraron dos hileras de casas. 

La casa de Tor Selnes se desplazó de 80 metros y la habitación donde dormía queda completamente aplastada.  

Para evitar ser alcanzado por la nevada, se agarró a una lámpara del techo durante unos segundos.

«Era como estar en una lavadora, rodeado de tablas, cristales, objetos afilados, todo lo que puedas imaginar», dice.  

Logró escapar pero con cortes y magulladuras. En otra ala de la casa, sus tres hijos quedaron ilesos.  

Pero dos vecinos, Atle, con quien había jugado al póquer el día anterior, y Nikoline, una niña de dos años, perdieron la vida.  

La tragedia, que hasta entonces se creía impensable, conmocionó a esta comunidad de menos de 2.500 habitantes.

«Se ha hablado mucho del cambio climático desde que llegué (…) pero era difícil de ver o asimilar», dijo la escritora y periodista Line Nagell Ylvisåker, que vive en Longyearbyen desde 2005.  

«Cuando se vive aquí, es como ver crecer a un niño: no se ve el retroceso de los glaciares» de un día para otro, asegura.   

(22/06/2022)

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