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El ‘gringo’ que cambió el rock por la toga, convertido en héroe en Bolivia

La historia del "gringo" Becker, como él mismo se denomina, con Bolivia y en particular con las víctimas de la "guerra del gas" comenzó en 2005, cuando llegó "como turista" a El Alto, ciudad vecina de La Paz.

/ 8 de abril de 2018 / 17:24

Thomas Becker, un abogado estadounidense que cambió el rock por la toga para asumir la causa de las víctimas de la «guerra del gas» en Bolivia, logró algo que nadie pudo en quince años, poner en el banco de los acusados a un poderoso expresidente del país.

La historia del «gringo» Becker, como él mismo se denomina, con Bolivia y en particular con las víctimas de la «guerra del gas» comenzó en 2005, cuando llegó «como turista» a El Alto, ciudad vecina de La Paz.

«Llegué al aeropuerto con mi mochila y tuve que caminar no sé cuántos kilómetros por bloqueos, protestas y gas. Quería conocer la cultura, los movimientos sociales», dijo en una entrevista con Efe el ahora jurista de 39 años.

Ese primer contacto con Bolivia hizo que conociera la cultura política del país y la historia de las víctimas del también llamado «octubre negro» de 2003, en el que murieron más de medio centenar de personas en protestas contra el Gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada (1993-1997 y 2002-2003).

«Conocí a víctimas del 2003 y conocí sus historias, esto me impactó mucho, para mí Goni (sobrenombre del exgobernante) escapó, estaba usando mí país como refugio», enfatizó sobre la salida a Estados Unidos de Sánchez de Lozada tras renunciar al puesto por aquel conflicto.

Sin embargo, aquella atracción final de Becker tuvo que pasar por un periodo de discernimiento, cuando después de ingresar a la famosa universidad estadounidense de Harvard para estudiar leyes, tuvo que elegir entre el derecho y la música.

El joven Becker estudiante de leyes fue también el guitarrista de una banda emergente de punk rock, los Beautiful Bodies, rasgos de esa etapa que todavía se perciben hoy en el estilo de su pelo y su forma de vestir.

«Era músico profesional, viajaba como músico, teníamos contrato, teníamos videos, viajamos a varios países tocando conciertos, esta fue mi profesión, por un rato», recordó.

Tras su ingreso a Harvard, Becker aprovechó algunos recesos para volver a Bolivia y escudriñar en la historia de la «guerra del gas» hasta el punto de fijar residencia en el país, mientras al mismo tiempo componía para su banda.

«Técnicamente estaba en clases, pero estaba aquí preparando el juicio», rememoró.

Entonces aprovechó los recesos y las impugnaciones en el caso para hacer giras con el grupo en las visitó 18 países en Europa, además de Canadá y varias ciudades de su natal Estados Unidos.

La banda en ese tránsito compartió escenario con grupos de renombre como Smashing Pumpkins, My Chemical Romance, Jane’s Addiction, TV on the Radio y The Yeah Yeah Yeahs, estuvo en el cartel de festivales masivos como el Warped Tour y ganó la famosa Batalla de las Bandas de su país.

«Creo que la música y ser abogado son cosas casi iguales, los dos son caminos para el cambio, la música puede ser revolucionaria, entonces es una otra forma de cambiar el mundo, con el arte o en la corte», explicó sobre lo que hasta un determinado momento parecían dos ocupaciones compatibles.

Sin embargo, la inflexión llegó cuando la demanda civil contra Sánchez de Lozada y su exministro de Defensa Carlos Sánchez Berzaín «avanzó de una forma muy rápida» en un tribunal estadounidense.

«Dije que no puedo hacer las dos y decidí que la prioridad es este juicio», expresó.

La banda se disolvió hace dos años y sus integrantes decidieron seguir proyectos personales, pese a que firmaron un contrato para hacer otras dos producciones musicales tras sacar su primer disco en 2015.

Perviven en internet sus videos con varios miles de visualizaciones.

«Amo Bolivia, es una de las razones por las que estoy aquí», señaló convencido de que también dejó varias oportunidades en su país por una mayor, la defensa de las víctimas de la represión contra quienes se oponían al proyecto gubernamental de exportar gas a bajo precio a través de Chile.

Becker forma parte del grupo de abogados, entre bolivianos y extranjeros, constante en el proceso judicial que contó con la colaboración de al menos un centenar, señaló.

El pasado martes el jurado del tribunal que juzga el caso en el Estado de Miami (EE.UU.) consideró culpables a Sánchez de Lozada, de 87 años, y Sánchez Berzaín, de 58, por las muertes de ocho de las víctimas en las protestas sociales reprimidas por Ejército y Policía.

El veredicto estableció un resarcimiento de unos diez millones de dólares a las familias de las víctimas, que promovieron la demanda civil durante un largo proceso iniciado en 2007.

Aunque la sentencia final depende del juez y se conocerá a partir de mayo próximo, las familias y sus abogados fueron recibidos el pasado jueves a su regreso de Miami a El Alto como auténticos héroes por lo que ya consideran una victoria histórica.

«Soy gringo, muy gringo, pero la gente boliviana me ha tratado con mucho cariño, me ha aceptado como compañero, como hermano», concluyó el roquero que dejó su banda por esta causa de derechos humanos. (08/04/2018)

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Dos historias retratan la violencia sexual dentro de familias en Bolivia

Los casos de Edith y Lucía, nombres ficticios para proteger sus identidades, son especiales puesto que después de varios años ven la luz al final del túnel gracias al apoyo de la Fundación Munasim Kullakita, que en aimara significa quiérete hermanita y que trabaja en la reconstrucción de sus vidas.

/ 18 de agosto de 2018 / 21:17

La violencia física y especialmente la sexual tienen casos extremos en familias de bolivianas, en los que las historias de Edith y Lucía retratan el tránsito por la senda de la prostitución, la violación y la vida en la calle a temprana edad.

Los casos de Edith y Lucía, nombres ficticios para proteger sus identidades, son especiales puesto que después de varios años ven la luz al final del túnel gracias al apoyo de la Fundación Munasim Kullakita, que en aimara significa quiérete hermanita y que trabaja en la reconstrucción de sus vidas.

Edith, de 20 años, contó a Efe que su vida cambió cuando tenía 11, momento en que su madre, después de haberla abandonado cuando era pequeña, decidió pedir su custodia a una tía con la que vivía desde que tenía «uso de razón», recordó.

El reencuentro implicó un cambio de residencia, de La Paz a la ciudad boliviana de Oruro, y la ilusión de conocer «el calor de madre», afirmó.

«Las primeras semanas era bien, estaba contenta, feliz, me daba todo mi mamá (…), me trataba bien, me sacaba a pasear», rememoró.

Sin embargo, las cosas cambiaron después de algunos meses, ya que su madre se volvió «agresiva» y la llenó de obligaciones, para primero lavar ropa y después cocinar.

La joven dijo creer, en su inocencia, que lo que su madre le ordenaba era por su bien.

«Lavaba la ropa de ella, de mis hermanastras y de mi sobrina, después poco a poco ya me hacía cocinar, después me exigía que trajera dinero», sostuvo Edith.

Consultada sobre en qué consistía traer dinero, dijo que implicaba conocer chicos y después de algún tiempo aceptar tener relaciones sexuales con ellos para luego pedirles dinero.

Los jóvenes daban «lo que tenían», el equivalente entre 7 y 14 dólares.

Con ello buscaba conseguir «lo más que podía», pero si su hermana mayor conseguía más dinero que ella, su madre la agredía. «Me gritaba y me golpeaba», dijo.

Aquella rutina hizo que Esther decidiera escapar y regresar donde su tía, pero su madre fue tras ella para exigir su custodia con autoridades de defensa de la niñez.

La chica evitó su regreso al contar los abusos que sufría, desde entonces vive en el hogar de la fundación Munasim Kullakita y ahora es madre de una bebé de 1 año.

La historia de Lucía tiene algunos rasgos parecidos, ya que desde pequeña comenzó a trabajar con su madre, una vendedora de cerveza, dueña de un carácter duro y en contacto con hombres de toda naturaleza.

Ella contó a Efe que a los 8 años fue víctima de una violación y que a partir de ello, después de que contara a su madre lo que le pasó, el maltrato empeoró con insultos y golpes.

«Lo conocía, mi mamá siempre le vendía cerveza», indicó al referirse a su agresor.

Lucía señaló que su madre la consideraba responsable de lo que le había pasado y que la acusaba de que «solo quería estar con hombres».

La solución que encontró a los 11 años de edad fue escapar de su casa en La Paz para vivir en las calles de El Alto, la ciudad vecina.

«He conocido la calle, he aprendido a beber con mis amigos (…), vivía en un alojamiento», indicó.

En ese grupo tuvo a su primera pareja y ambos se dedicaban a robar, mientras que las chicas solían «hacer pieza», prostituirse por más o menos 3 dólares.

La joven relató que los hombres que buscan sexo con niñas de la calle «son mayores» y que pueden ser «tu papá o tu abuelo», que para convencerlas les muestran varios billetes de 100 bolivianos, unos 14 dólares, que son unos de los de mayor valor en el país.

«Viejos asquerosos, por qué no piensan que podemos ser sus hijas o sus nietas», reflexionó con molestia Lucía.

Sin embargo, los abusos hacia las niñas de la calle no solo provienen de esos hombres mayores, sino también de algunos policías que las hostigan y que lo hacen para luego «hacer pieza» con alguna de ellas, manifestó.

Lucía ya tiene 19 años y a esa edad ya es madre de dos niños, el primero de 5 y el segundo de un poco más de 1, de distintos padres.

«Si no hubiese estado embarazada iba a estar mal o muerta, porque la calle es así, o bien vives o bien mueres», enfatizó.

Edith y Lucía actualmente estudian y ambas sueñan con tener pronto su propio negocio de comida o peluquería, mientras luchan contra su pasado para que sus hijos no pasen por el camino que les ha tocado caminar.

Según datos facilitados a Efe por la ONG Educo, colaboradora de Munasim Kullakita, en El Alto los niños son forzados a mantener relaciones sexuales sin protección por entre 11 y 14 dólares.

La exposición de un niño a abuso sexual durante una noche puede costar hasta 28 dólares y su virginidad puede llegar a costar hasta 100.

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